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Grupo de Folklore

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 28/05/2011
La Haarlem holandesa

Cuando el avión aterriza en Holanda, en Amsterdam, el viajero debe saber que además de regalarse todas las maravillas de esta ciudad emblemática, a sólo 15 minutos de ahí se encuentra Haarlem. Nada que ver con el barrio neoyorquino, aunque suena parecido. Se trata de una pequeña ciudad antigua con canales, mercados medievales, catedrales y muchísimos bares y restaurantes. La cercanía a Amsterdam la convierte en un destino privilegiado para quienes quieren conocer otros destinos de Holanda. Además, es una buena solución para los viajeros que cuentan con un presupuesto reducido, dado que aquí el hospedaje es ostensiblemente más económico.

Las distancias en Haarlem son cortas. La estación de tren se encuentra a pocos minutos del casco histórico, donde tampoco es necesario tomar transporte para ir de un atractivo a otro.


Por la Plaza Mayor
Para comenzar el paseo, lo más conveniente es acercarse al Grote Markt o Plaza Mayor, donde se encuentra el Ayuntamiento, la iglesia Sint-Bavokerk y el antiguo mercado de la carne. Construido en el siglo XIV, reemplazando al castillo de los Condes, el Ayuntamiento de Haarlem posee una fachada de estilo neoclásico y, en su interior, alberga una magnífica muestra de pinturas de los condes de Holanda.

Frente al Ayuntamiento, aún dentro del Grote Markt, todos los sábados y lunes hay un mercado de esos que deben ser visitados ya que los locales se mezclan con los turistas y reina ese incomparable clima que distingue a las auténticas ferias populares. Los sábados, los puestos distribuidos a lo largo y ancho de la plaza se dedican a la venta de flores; los lunes, a ropa, frutas y verduras.


Un lugar histórico
Lo que no le falta a este pequeño mundo son museos. Y vaya si los hay. Uno de los más interesantes es el Corrie Ten Boom o "El lugar secreto", ya que es la casa de una familia de la resistencia que escondió a judíos en la II Guerra Mundial, antes de que cayera en manos nazis. A diferencia de la de Ana Frank, en Amsterdam, allí se conserva todo el mobiliario, lo que permite tener una sensación más real de cómo era el lugar cuando se escondían los refugiados. Otro museo reconocido es el de Frans Hals, con colecciones de estilo barroco de los Países Bajos y pintura, escultura y cerámica de arte contemporáneo. El bellísimo edificio es del siglo XVII y funcionaba allí uno de los asilos de la ciudad.


De Mozart a Moby Dick
Una de las atracciones principales es la iglesia Sint-Bavokerk, la más grande de Haarlem. Con un marcado estilo gótico y una arquitectura imponente, domina la vista del Grote Markt. Un buen consejo: tómese unos minutos para entrar a la catedral y observar el famosísimo órgano de Christiaan Müller. Su popularidad radica en diversos aspectos: al momento de su construcción, en el año 1738, era el órgano de mayor tamaño; hoy, es el más ornamentado del mundo y entre las personas más celebres que sacaron melodías de sus 60 tonos y 32 pedales se encuentra Wolfgang Amadeus Mozart.

Existe una referencia a este instrumento en Moby Dick, cuando su autor, Herman Melville, describe el interior de la boca de una ballena como el gran órgano de Haarlem. A la izquierda de la iglesia hay una curiosa estatua que pertenece a Laurens Coster, contemporáneo de Gutenberg y considerado en Holanda como el verdadero inventor de la imprenta.

El Vleeshal o Salón de la Carne, es otro de los tres edificios famosos dentro del Grote Markt. Su gran concurrencia respondía al hecho de que era el único lugar donde estaba permitido vender carne en la ciudad. Aquí se comercializaba carne fresca, mientras que para comprarla salada se debía ir a la calle Warmoesstraat, a unos metros del Vleeshal. Diseñado en estilo renacentista, su construcción data del año 1604, cuando alojaba a 40 vendedores.

Hasta 1840 funcionó como mercado de carne para después convertirse en el archivo nacional y biblioteca de la ciudad. En la actualidad alberga una dependencia del museo Frans Hals y en el subsuelo se encuentra el Museo Arqueológico de Haarlem.


Buena mesa, mejor cerveza
La gastronomía holandesa ofrece deliciosos platos tanto para los meses de invierno como para los de temperaturas menos bajas. En ambas temporadas hay exquisiteces para elegir. Entre las "obligaciones" que se deberían cumplir está la de probar quesos típicos, como el Gouda y el Edam, y en materia de platos principales, las albóndigas de carne, el pescado o las gambas. Eso sí: no se vaya sin disfrutar de la cerveza de esta ciudad. Son el alma de su industria. Su elaboración comenzó en el siglo XIV. En 1995, en el 750° aniversario de Haarlem, se recrearon dos cervezas en base a las recetas originales, la Jopen Koyt y la Jopen Adriaan, del año 1402 y 1407, respectivamente. ¡Inolvidables!

Por fin, si el paseo se encausa por el circuito de las compras, hay que ir por la peatonal Grote Houtstraat, que comienza en el Grote Markt y corre de norte a sur. Aquí están las cadenas de ropa nacionales e internacionales más reconocidas y en las callecitas de alrededor -Kleine Houtstraat y Gierstraat- predominan las boutiques y negocios más pequeños y abundan coquetos cafés, restaurantes y pubs

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 28/05/2011
Toronto - Canada: el otro sueño americano

En la plaza Nathan Phillips, punto de encuentro del céntrico City Hall, se puede alquilar patines para usar entre edificios de la zona financiera

Orgullosa de sus inmigrantes, con espíritu verde y buen vivir, la gran ciudad canadiense hace gala de su modernidad y recibe a los visitantes con propuestas para disfrutar con o sin frío

Dr. House le preguntó a un paciente si había llegado desde Canadá, porque no podía creer su extremada buena onda. Tratándose del personaje de Hugh Laurie, la pregunta no era más que una burla. El largometraje de South Park va más allá: la ironía está en demonizar al país vecino hasta declararle la guerra, algo impensado y desopilante en Estados Unidos, donde suelen bromear con su pacifismo y tildarlos de naïf. "Creen que tenemos sólo policía montada y que vivimos en un iglú", se ríe Carole, guía turística de Toronto, una ciudad que hace gala de su espíritu verde, la cultura y el respeto por la diversidad. Porque más allá de cualquier chiste hollywoodense, es Primer Mundo, en serio.

Para entender de qué se trata la integración y tolerancia basta ver el festejo callejero de alguna comunidad minoritaria, que es acompañada por las demás, o empezar el recorrido por Kensington, que fue primero un barrio inglés, después judío, más tarde portugués y caribeño, y hoy reúne a decenas de nacionalidades, además de estar junto al mayor de los tres chinatowns de la ciudad. Y no muy lejos de allí se ubican Little Italy y Little India.

Locales de rastafaris pegados a viejas sinagogas, restaurantes asiáticos con sepias, cerdos y patos colgados en las vidrieras, objetos de moda y puestos de comida barata forman parte de Kensington, que es abandonado por las comunidades que prosperan, pero siempre llegan otras para reemplazarlas. "Hay que seguir abriendo las fronteras o inventar un carnaval y dejar de vender televisores, porque no tenemos mucha reproducción", expone Carole, de madre polaca y padre inglés, en relación con las políticas que favorecen la inmigración.

Según la guía, el canadiense es respetuoso por su origen anglosajón y organizado por naturaleza. "El invierno es tan crudo que no queda otra que ser buen administrador. El frío nos formó el carácter", asegura.

Toronto ha desafiado las estadísticas que indican que, en promedio, los canadienses pasan más del 80 por ciento del tiempo libre dentro del hogar. Se hizo básicamente a fuerza de kilómetros de túneles y una nueva moda: las terrazas en bares y restaurantes.

La ciudad subterránea protege a las multitudes de la nieve, en un circuito de 25 kilómetros que se extiende por debajo de los rascacielos. Es como un gran shopping, con techos de vidrio en muchísimos sectores, para no sentir el encierro. Miles de torontorianos van así, de su casa al trabajo, sin enterarse del frío. Se puede ingresar prácticamente por cualquier edificio de la zona financiera; sólo hay que seguir los carteles que dicen Path.

En cuanto al transporte, hay apenas cuatro líneas de subterráneo, algo raro para una ciudad tan moderna y tan grande, la mayor del país. Pero se combinan con la red de trenes y autobuses, mucho más amplia.

Dundas Square, corazón del centro comercial y financiero

Con frío pero sin nieve, los ciudadanos recorren las calles con sus vasos de plástico llenos de café. En el centro, hay al menos un local por cuadra en el que se venden al paso infusiones calientes, de franquicias como Starbucks o Tim Hortons, de bandera local.

La Yonge Street había sido inscripta en el Guinness como la calle más larga del mundo, hasta que cambió su jerarquía -se independizó de la Autopista 11- y su lugar en el libro fue ocupado por la Carretera Panamericana, de Ushuaia a Bahía Prudhoe, Alaska. Pero no por eso dejó de ser la vía más importante de la ciudad. Atravesando la zona financiera, en ella se encuentran el moderno shopping Eaton Centre, salas de teatro y el Hall de la Fama del Hockey, entre otros símbolos.

Cuando uno sale de las avenidas puede fácilmente encontrar casas de estilo victoriano, parques llenos de ardillas y silencio total. También minifaldas y bermudas apenas asoma el sol, aunque la temperatura no supere los 10 grados.

Los patios y las terrazas predominan en la Queen Street, una de las calles imperdibles de la ciudad: de City Hall hacia el Oeste se pueden visitar desde canales de televisión -Much Music tiene su estudio abierto a la calle- hasta locales de discos, ropa y libros usados, entre negocios de moda, bares viejos, galerías de arte y callejones con graffiti.

La calle King, en pleno centro, es una de las vías principales del distrito de entretenimiento. A su alrededor hay variedad de pubs y discos, abiertos toda la semana, en algunos casos. Es cuestión de buscarlos entre los callejones (sin problema, es una de las ciudades más seguras del mundo) y prestar atención a las puertas metálicas con un par de hombres de seguridad , aunque sin público que espera afuera, a menos que sea de primavera a otoño.

Hacia el lado opuesto de la zona financiera está el mercado St. Lawrence, con 200 años de historia, rodeado de edificios reciclados, ladrillo a la vista, y en el interior frutas, caviar y fiambres de ciervo, además de la mayor especialidad: el peameal bacon sandwich , con ocho fetas gordas de panceta dentro de una figaza recién hecha. El puesto clásico para este plato livianito es Carousel Bakery.

Un poco más al Este se encuentra otro sector ideal para una tarde de sol, el Distillery District. Es un espacio fundado en 1832, con 44 edificios que formaron parte de una gran destilería y hoy son, mayormente, restaurantes, galerías y boutiques, con variedad de alimentos artesanales, como chocolate, cerveza y café. La zona se puede recorrer a pie o en segway ( www.segwayofontario.com/distillerytours. Htm ), un vehículo de dos ruedas que, con motor, se frena o acelera según el balanceo del cuerpo. Es un modo simpático, pero también la manera más fácil de ser identificado como turista.

Mesas en la Queens St.

Más que un set
Por la variedad de construcciones, Toronto suele ser una gran locación para el cine norteamericano. Por eso la llaman Hollywood Norte. Calles como Queens o Broadview pueden parecer las de Nueva York de los años 30, como en El luchador , filmada aquí con Russell Crowe; la Universidad de Toronto es casi igual al MIT en En busca del destino , de Gus van Sant y con Matt Damon, y el castillo Casa Loma se convierte fácilmente en la escuela de los X-Men.

Justamente en Casa Loma es donde se realizan las principales galas después de la première del prestigioso Festival Internacional de Cine, sólo uno de los megaencuentros culturales de la ciudad. Otros son, por ejemplo, el Toronto Jazz Festival y la Nuite Blanche, que este año convocó más de un millón de personas en las calles durante una noche.

Casa Loma es un castillo curioso, con 98 habitaciones, pasadizos y jardines, con audiotours en ocho idiomas, incluido el español, para conocer la historia de un nombre dispuesto a todo con tal de obtener un título de nobleza. Sir Henry Pellatt había puesto la primera piedra del lado correcto, en el extremo noreste, una cábala en la construcción de castillos. Pero no funcionó. La suerte se mantuvo lejos de este hombre, que llegó a tener 59 teléfonos en su casa, pero terminó por compartir con su chofer una pequeña habitación en un garaje.

CN Tower, símbolo de la ciudad

Una torre única, con o sin récord
Con 553 metros, el doble que la Torre Eiffel, la CN Tower es un símbolo de la ciudad. Si bien pierde ahora su récord de edificio más alto del mundo con la inauguración del Burj Al Arab, en Dubai, sus virtudes no se alteran. Es imperdible subir al mirador, en un ascensor que tarda 61 segundos, a 22 kilómetros por hora. Y si es posible, comer en su restaurante giratorio, que completa la vuelta en 72 minutos, lo suficientemente lento como para disfrutar de la comida, aunque sin abusar de los buenos vinos. La bodega mantiene su récord de ser la más alta del mundo. Comer cuesta unos US$ 150 para dos personas.

El mejor souvenir es la foto sobre los pisos de vidrio, que permiten ver la calle. No hay riesgo: resisten 22 elefantes, aseguran.

No se encienden todas las luces de la torre con el objetivo de ahorrar energía y no distraer la migración de aves. Pero se prenden las suficientes como para brindar un espectáculo único para disfrutar desde cualquier punto de la ciudad.

Cataratas del Niágara. A 130 km de Toronto, el famoso atractivo turístico en la frontera con EE. UU.

Cataratas del Niágara
Uno disfruta de las cataratas del Niágara, el paseo más importante en las afueras de Toronto, sólo un rato después de compararlas con las de Iguazú, que son, sin duda, mucho más impactantes. Es inevitable hacerlo, debido a la fama de ambos emblemas (encima uno es mitad argentino), por eso lo mejor es liberarse del tema rápidamente; en Iguazú hay 275 saltos, en medio de una selva increíble, mientras que aquí hay sólo dos, con varios edificios que aparecen en las fotos. Listo.

Ahora bien, caminar por una amplia costanera, en la calle, junto a un salto de 54 metros es, al menos, llamativo. Sobre todo si el frío congela parte de las plantas y el agua, y se forman incluso extrañas figuras de hielo, que se pueden ver en detalle recorriendo los túneles que acercan a los turistas hasta el río. Nada mal.

Pero eso no es lo único bueno de visitarlas en invierno. Los precios bajan de manera considerable; se consiguen habitaciones dobles en la zona por 40 dólares, y con vista a las Cataratas desde 150. Cuatro familias de origen italiano son las dueñas de la mayoría de los establecimientos, unos 200 en total, que albergan a 11 millones de visitantes por año.

A la noche, hay fuegos artificiales y las Cataratas se ven en colores; incluso los turistas pueden modificarlos, y se les propone combinar luces, dejar la iluminación a su gusto por unos minutos, y por eso reciben un certificado.

Comer en el restaurante Elements on the Falls con vista a los saltos; ingresar en el Niagara´s Fury si uno tiene chicos -nuevo, con animación y agua que cae sobre los espectadores, en una sala de 360°; ingresar por el túnel para ver el salto principal a unos metros, y caminar por la costanera son los puntos más atractivos del lugar. Hay paquetes de cuatro actividades por 40 dólares.

Las cataratas se pueden ver también del lado estadounidense: un gran puente conecta en este punto a ambos países. Del país vecino proviene la mayoría de los visitantes, aunque del 60 por ciento total, bajó al 35, por la crisis y porque ahora necesitan pasaporte.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 28/05/2011
Orgosolo, un pueblo de Cerdeña-Italia

Orgosolo

Orgosolo es un pueblo muy singular de la provincia de Nuoro, en el interior de Cerdeña: los muros de sus casas están cubiertos por cerca de 200 murales que representan hechos y personajes locales, de Italia y del mundo. Una inmensa pinacoteca de la historia abierta al cielo para que el color respire y el arte no quede encerrado entre cuatro paredes.

Para conocer la historia de un pueblo todos solemos acudir a libros, artículos, hablar con sus gentes, en fin, documentarnos. Pocas veces son las que llegando a un lugar nos encontramos con una especie de libro abierto al aire libre que nos explique la historia no sólo de su población si no la historia reciente del mundo. Eso es lo que sucede en Orgosolo, uno de los pueblos más grandes de la provincia de Nuoro, en el interior de Cerdeña, con sus cerca de 200 murales repartidos por los muros de sus casas.

Orgosolo fue, durante muchos años, sinónimo de apenas tres palabras: pobreza, ovejas y bandidos. Hasta bien entrado el siglo XX, la historia de quienes durante siglos se habían habituado a vivir aislados del resto del mundo podía seguirse regularmente desde las páginas de los diarios sardos y nacionales. Reyertas, secuestros, asesinatos, venganzas... Eran algo común en la Barbagia, la zona donde se ubica la población. Libros como Caccia grossa (Caza mayor), escrito por el teniente de los carabinieri Giulio Bachi en 1900, daban fe de una indómita forma de ser forjada por años de aislamiento y miseria.

La portada del libro está ilustrada con una fotografía de la época y muestra a un grupo de carabinieri posando con un bandido capturado y muerto, tendido a sus pies, como si de un trofeo de caza se tratara. Si alguien visita Orgosolo no necesita buscar esa fotografía en un libro, puede contemplar, a tamaño natural y en plena calle, una reproducción pictórica de esa foto, como un fresco de la memoria. Las calles de Orgosolo están repletas de historia, sus paredes hablan y cuentan, nos muestran las antiguas formas de vida de sus habitantes, habituados al pastoreo y la agricultura de supervivencia; nos enseñan los interiores de las viviendas y cómo las ancianas, vestidas de negro, esperan sentadas a la puerta de casa la llegada de la noche, tras la cual no habrá más que un nuevo día.


Más allá de esa cotidianidad, los muros también nos recuerdan luchas pasadas y actuales, cercanas y lejanas: la guerra de Vietnam, la Revolución Francesa, el golpe de Estado en Chile, la Guerra Civil Española, la del Golfo, la conquista de América, la represión en Tian An Men, la Intifada palestina, el 11 de septiembre en Nueva York... Junto a los episodios de la historia aparecen también los personajes que la hicieron: los políticos, los héroes, los filósofos, los mitos, los obreros y los agricultores, las mujeres que caminan hacia la compra con niños pegados a sus faldas, los cantantes comprometidos, los poetas, los pintores, las familias en sus casas, la gente, en fin. Todo está ahí, en sus muros, como una inmensa pinacoteca de la historia reciente abierta al cielo, para que el color respire y el arte no quede encerrado entre cuatro paredes.

Primeros murales Los años ’60 y ’70 fueron tiempos de efervescencia política y reivindicaciones que llegaron también a este lugar al que sólo se accede por la carretera angosta que rodea las montañas del Supramonte. Fue en 1969 cuando el grupo teatral anarquista de Milán Dionisio plasmó el abandono de la isla en un mural en Corso Repubblica, la calle principal de Orgosolo. El mural representaba un mapa de Italia, con Sicilia al sur y un signo de interrogación en el lugar que debía ocupar Cerdeña. Ese fue el primero y parecía iba a ser el último, a pesar de que otros pueblos de la zona, en especial San Sperate, estaban llevando a cabo la misma actividad. Fue años más tarde, en 1975, cuando el profesor Francesco del Casino propuso a sus alumnos orgolenses una actividad de investigación coincidiendo con el 30º aniversario de la Resistencia Antifascista italiana.


Se trataba de plasmar en diversos carteles la participación en la contienda de los habitantes de un lugar tan olvidado por el que, parafraseando la canción, “por no pasar, ni pasó la guerra”. Así descubrieron con sorpresa que fueron muchos los orgolenses que se habían incorporado a la lucha partisana en la península italiana. A raíz de esa investigación se crearon unos 200 carteles, algunos de los cuales se distribuyeron por las paredes del pueblo. Los carteles gustaron tanto que, para evitar su desaparición bajo las inclemencias meteorológicas, se propuso pintar algunos de ellos directamente en la pared. Y así, casi de casualidad, nació una práctica que aún perdura y que se ha convertido en un signo de identidad de sus habitantes.

Es cierto que la actividad política de esos años favoreció la continuidad de los murales, que en Orgosolo fueron desde el principio eminentemente políticos, y fue durante esa época que se reflejaron algunos de los acontecimientos nacionales y mundiales más destacados. También se inmortalizaron las luchas locales, como la oposición del pueblo entero, incluidas sus autoridades, a la construcción de un polígono de tiro en sus tierras comunales. Con el cambio de década, los murales dieron paso a escenas más cotidianas, a un mural más artístico que político, aunque siempre reivindicativo. Los trazos del profesor Del Casino se notan en los dibujos de inspiración más picassiana y poscubista, mientras otros artistas locales, como Pasquale Buesca o Vicenzo Floris, daban otro aire a las propuestas.

Artistas populares Durante los años ’90 y esta primera década del siglo XXI, los murales han continuado invadiendo las paredes de Orgosolo, convirtiéndolo en un lugar visitado por turistas, curiosos y estudiosos de un fenómeno que se ha mantenido durante casi tres décadas. Al contrario de otros pueblos donde se inició la actividad muralística sin que hubiera continuidad, en Orgosolo la participación ciudadana en la elaboración y restauración de los frescos ha sido esencial. Los estudiantes de las escuelas medias son casi siempre los encargados de retocar los colores desvaídos de los antiguos murales, recuperando obras que continúan vivas. Ahora, con más de 150 murales reconocibles, y otra cincuentena que lucha entre sobrevivir o dejarse arrastrar por la lluvia y el viento, la polémica se centra en si se debe continuar restaurando o es mejor dejar lugar para nuevas obras y reivindicaciones. Porque, en Orgosolo, a pesar de la belleza de los dibujos, no se ha perdido el sentido primario del mural, aquel de comunicar, mostrar, enseñar, sacar a la calle algo que debe ser conocido por todos.


El problema que se plantea hoy es que, entre tanto mural, los nuevos casi no se destacan entre aquellos que llevan años captando la atención de propios y extraños. El propio profesor Del Casino, originario de Siena pero que vivió muchos años en estas tierras y pionero de este singular movimiento, declaró una vez que la continuidad de las pinturas estaba asegurada por mucho tiempo, puesto que “la arquitectura de los últimos 50 años era de una calidad tan mediocre que una intervención mural no podía sino mejorarla”. Parece que tal afirmación ha calado hondo entre los habitantes de Orgosolo, un pueblo que destaca por su ubicación y un entorno de salvaje belleza, donde los amantes del senderismo y la montaña quedan rápidamente atrapados, pero cuya arquitectura no pasa de la funcionalidad de acoger a personas bajo un techo. Tal vez por ello, porque sus muros estuvieron tantos años desnudos, sólo cubiertos con el gris con el que se pintan tantos paisajes rurales, la aparición del color y las formas dieron un sentido nuevo a las paredes. Los murales, ayer como hoy, se han adaptado a las formas de esos muros, a sus imperfecciones, a sus curvas.

Algunos personajes descansan sobre salientes, puertas que ya no están o pegotes de cemento antiguo, y hay paisajes que parecen especialmente diseñados para esa línea curva que traza la pared. La arquitectura y el dibujo se han aliado para transformar un pueblo de apariencia anodina en algo extraordinario que genera interés y un gran número de estudios. Lo inusual, además, es que este proyecto no está en manos de unos pocos, sino que todo el pueblo asume que los murales se han convertido en seña de identidad y se siguen manteniendo como esos ritos antiguos cuyo nacimiento se pierde en la noche de los tiempos.

Orgosolo pertenece a esa categoría de lugares con una atmósfera propia y diversa, no es pueblo amable sino fiero y orgulloso. No en vano se acostumbraron durante mucho tiempo a un código propio de actuación, al aislamiento y a la incomprensión. Enclavado en mitad de las maravillosas montañas del Supramonte, los murales de Orgosolo nos muestran un pueblo luchador, que no se resigna a un destino presuntamente escrito, aunque las abuelas, aún vestidas de negro, no consientan en sonreír a los forasteros.

Maribel Herruzo
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 28/05/2011
Parque Nacional Morrocoy - Venezuela

Playa Playuelalita

El Parque Nacional Morrocoy está ubicado en el Estado Falcón, en el noroeste de Venezuela cerca de las poblaciones de Boca de Aroa, Tucacas, Sanare, Chichiriviche, Flamenco y Tocuyo de la Costa. Fue declarado parque nacional en 1974 y consta de 32. 090 ha.

El parque se extiende tanto por zonas terrestres como acuáticas del Golfo Triste, contiene una zona de manglares y gran cantidad de islotes o cayos entre los cuales se encuentran Borracho, Pelón, Sombrero, Sal, Playuela y Peraza, entre otros. En el relieve destacan el cerro Chichiriviche, con elevaciones de 250 msnm; el conjunto de ensenadas y manglares internos y los cayos e islas.


Acceso
Desde Caracas se toma la autopista regional del centro hasta llegar a Valencia (aproximadamente unos 150 km). Luego la autopista hasta Puerto Cabello, la cual empieza unos 5 km después de pasar el peaje entrando a Valencia. Al llegar a la Refinería el Palito, se toma la vía hacia Morón. Luego de 5 km aprox, se toma la salida hacia Tucacas, y 40 km después se llega al Parque Nacional Morrocoy.

Uno de los tantos Cayos en Morrocoy

Fauna
con respecto a la fauna en el parque habitan numerosas especies de avifauna, aproximadamente 266, reportadas para el Refugio de Fauna Silvestre Cuare. Debido a que el Parque Nacional Morrocoy y el Refugio de Fauna Silvestre Cuare se encuentran ubicados en una misma área geográfica, se infiere que para el parque debe existir un número similar, entre las que se destacan el águila pescadora, especies vulnerables como el flamenco , la garza paleta, el pelícano, cotúa, el paují de copete, el loro real Amazona , la corocora roja y las especies consideradas de distribución restringida como la fragata o tijereta de mar. Habitan además numerosos reptiles marinos, entre los que se destacan las tortugas marinas como la tortuga verde, la tortuga carey, la tortuga cardón así como el caimán de la costa, todas ellas consideradas por el libro rojo en peligro de extinción. Entre los mamíferos se incluyen tanto los mamíferos marinos (delfines, ballenatos) que utilizan el parque como refugio así como las diferentes especies de mamíferos terrestres entre los que se pueden mencionar el venado matacán, el oso melero, el zorro cangrejero, el mono araguato, la pereza. Los peces que se reproducen en el parque son el mero, pargo, curbina, sábalo, róbalo, el pez sapo, así como peces que habitan en los arrecifes coralinos. Entre los moluscos y crustáceos: la ostra de mangle, liebres marinas, quigua, existen 2 tipos de langostas Panulirus argus -Panulirus grettatus, cangrejos azules y rojos, jaibas, entre otras especies. Existe una variedad diversa de insectos, aunque aún no existe un levantamiento de información para la zona.



Flora
La Corresponde a la zona de vida bosque seco tropical. Se presenta una vegetación bastante variada, donde se reportan desde plantas siempre verdes como el olivo, hasta plantas deciduas como el indio desnudo. Se encuentran plantas adaptadas a suelos de alta salinidad como en el caso de la hierba de vidrio. Siguiendo hacía la vertiente Este del cerro Chichiriviche, sector Mayorquina se puede observar vegetación xerófita de la familia cactácea, tunas y cardones. También se encuentran cuatro especies de manglares reportadas para Venezuela: mangle rojo, mangle negro, mangle blanco, mangle de botoncillo. Entre la vegetación marina subacuática, existe una gran diversidad de algas entre ellas la fanerógama marina, la cual constituye uno de los alimentos predilectos de la Tortuga verde.

Isla de los Pajaros

Clima
Temperatura uniforme durante el año entre 27 y 30 °C. Escasa pluviosidad. Y un gran frio de ocilara entre 28 y 30



Actividades turísticas
Las playas de Morrocoy son espectaculares, encontramos una cantidad de ellas: Cayo Sombrero, Playuela, Playuelita, Cayo Alemán, Mayorquina, Cayo de Pescadores, Playa Mero, Punta Brava, Boca Paiclás, Boca Seca, los Juanes, Bajo Caimán, Tucupido, etc. Pero también debajo de ellas los corales y los peces ofrecen todo su esplendor a los submarinistas y en especial en tres islotes, que aunque están fuera de la zona del parque, a unas 7 millas naúticas de Tucacas, mantienen un estatus de zona de protección especial: Cayo Norte, Cayo Medio y Cayo Sur.

Dentro del Parque Nacional Morrocoy fluyen grandes cantidades de turistas de todo el territorio Nacional, quienes van a disfrutar de la variedad de playas, algunos vienen a acampar y otros vienen con sus embarcaciones (lanchas). Como es parque nacional, esta bajo la vigilancia de INPARQUES (Instituto Nacional de Parques), quienes mantiene el orden y control del mismo.

Dentro del Parque se encuentran distintas comunidades, poblaciones, negocios, posadas. Están las poblaciones de Caño Leon, Morrocoy, Lizardo y Aguasalobre. Además existen pequeñas marinas que conforman la Asociación de Marinas Deportivas del Golfo Triste, las cuales la integran: Marina El Ancla, Marina Las Canoas, Marina Puerto del Medio, Marina Indunave, Marina Costa Azul, Marina Embarcadero Morrocoy, Marina Caribe, Marina La Cazanga y Marina La Cuevita.

También se encuentran los embarcaderos, que son asociaciones de lancheros, que se dedican al transporte de los turista a las distintas playas de Morrocoy, están los embarcaderos de Las luisas, Morrocoy y Aguasalobre.

Hay posadas para el descanso de los turistas como Posada La Esmeralda, Paraíso Azul, Las Trinitarias, etc. También pequeños puestos de venta de Cocadas, empanadas, agua de coco y artesanía local.

Wikipedia

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 28/05/2011
La Rioja: El cruce de los Andes

En la cordillera riojana

A lomo de mula, como en viejos tiempos, es posible recrear la ruta del ejército sanmartiniano en La Rioja. Una aventura por la parte más asombrosa de la Cordillera.

Aun hoy, con la tecnología y los avances del nuevo siglo, cruzar la imponente Cordillera de los Andes sigue siendo un desafío de los grandes. Al fin y al cabo, en pocos lugares del mundo se encuentran montañas que superan los 6000 metros, volcanes extinguidos que vigilan los horizontes solitarios y un paisaje infinito y grandioso donde sólo reina el cóndor.

Este desafío fue el mismo que emprendió José de San Martín en 1817, cuando después del difícil trabajo de reunir el Ejército de los Andes se animó a la hazaña de enfrentar la Cordillera: una hazaña que hoy cuesta imaginar en toda su dimensión, porque a la falta de rutas -–apenas había un camino de no más de medio metro de ancho, pedregoso y desigual– hay que sumarle la falta de ropas de abrigo, de conservación de los alimentos, de remedios para atender a los enfermos. Sin embargo, pudo escribir San Martín ese mismo año: “En 24 días hemos hecho la campaña, pasamos las cordilleras más elevadas del globo, concluimos con los tiranos y dimos la libertad a Chile”.

Transitando con mulas

La Ruta Sanmartiniana
Las rutas del cruce de la Cordillera fueron seis en total: dos principales y cuatro secundarias. Dos columnas pasaron por Mendoza, tres por San Juan, y la sexta –que contó con la colaboración del ejército de Belgrano– estaba al mando de Zelada y Dávila y salió de Guandacol en enero de 1817 hacia Laguna Brava y el Paso de Come Caballos, a la altura de La Rioja. Esta misma ruta será recreada a partir de este verano, en una travesía turística que invita a recorrer las huellas sanmartinianas y a sentir nuevamente la fuerza de aquella epopeya que derrotó los obstáculos de la naturaleza y de los hombres.

El punto de partida es la localidad riojana de Villa Unión, donde el grupo realiza los últimos preparativos antes de internarse en las montañas. Al día siguiente, se parte temprano en vehículos 4x4 rumbo a la Cordillera de los Andes: allí, en el refugio del Peñón, a 3500 metros de altura, comienza el proceso de aclimatación. El día se pasa entre pequeñas caminatas y sucesivos descansos, para permitir el acostumbramiento del cuerpo a la altura: a diferencia de los esforzados soldados de Zelada y Dávila, que sólo contaban con ajo y cebolla para paliar los efectos del apunamiento, sus émulos de hoy tienen algo de tiempo para aclimatarse.

Y no faltará quien recuerde las crónicas de aquel primer cruce: “Toda la infantería iba montada hasta la primera noche de vivac en el descenso de la cordillera, para precaver o disminuir la fatiga que el soroche produjera en la tropa. No obstante esto, entre los artículos de la proveeduría se llevaban cargas de cebollas, de ajos y de vino para racionar la tropa en las jornadas peligrosas, que la experiencia ha enseñado ser antídotos poderosos que de ordinario precaven el mal o lo curan”.

Refugio El Peñon

Del tercer día al final
El tercer día de expedición comienza con la preparación de las mulas para la travesía. Es una jornada entera de cabalgata, con algunas pausas para descansar y almorzar, hasta que se llega a los Pastillos, lugar del segundo campamento. La noche en el refugio, a la luz de las estrellas y de ese cielo que de tan azul se torna negro, da pie a las fantasías y los recuerdos, y permite empezar a sentir en una dimensión más real lo que fue aquel cruce de 1817.

En la jornada siguiente, cuando se pone rumbo a Pucha Pucha, sede del próximo campamento, la Cordillera se presenta en todo su esplendor: quedó atrás aquel primer paisaje de cardones, quedó atrás la planicie de altura, y aquí empiezan a mostrarse en toda su altura y fuerza los Andes meridionales, con su cinturón volcánico y la erosión que quedó después de la última glaciación. Ya falta poco para el objetivo principal, el paso de Come Caballos: el cansancio se va haciendo sentir, porque aquí pesan la altura, la fuerza imparable del viento, el frío intenso que no se parece a nada conocido.

Refugio Los Pastillos

Pero al mismo tiempo el cansancio no tiene ninguna importancia: lo único que se impone es la montaña, la conciencia de la hazaña sanmartiniana, y la profunda compenetración con el cielo y la altura en el corazón de esta ruta de los Andes riojanos. Luego será hora de volver, de desandar los pasos ya dados y volver a bajar, a sentir que las cumbres cordilleranas están lejanas e inalcanzables. Aunque no tanto, al fin y al cabo...

Graciela Cutuli
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 28/05/2011
Viaje al archipielago Maori, el país de la larga nube blanca

Auckland

Fueron uno de los últimos lugares de la tierra en ser habitados. Los maoríes llegaron a estas islas lejanas hace aproximadamente siete siglos y los europeos hace apenas trescientos años. Mark Twain ya dejó escrito que Nueva Zelanda “no está cerca de ningún lugar, sino que se yergue, independiente y aislada, en mitad de las aguas”.

Podrá ser el último rincón del planeta, pero antes de que el director de cine Peter Jackson hiciera la mejor promoción turística del archipiélago con su trilogía del Anillo, Nueva Zelanda ya podía presumir de tener un departamento de turismo centenario. Pese a la lejanía, los kiwis (el nombre con el que se autodenominan los neocelandeses) siempre tuvieron claro el intenso atractivo de sus tierras –de las menos densamente pobladas del mundo– y sus variados y espectaculares paisajes.

Este archipiélago situado a unos 1600 km al sudeste de Australia está compuesto de dos islas mayores, la isla Norte y la isla Sur, y un conjunto de islas menores. La población es muy baja, apenas 4 millones para una extensión algo mayor a la de Gran Bretaña, la mayoría de la cual habita en las ciudades de la isla Norte, la original Aotearoa, el nombre dado por el navegante polinesio Kupe cuando llegó a las islas, en el año 950 d.C. , por su forma de nube alargada.

Cada isla posee sus propias particularidades geográficas y geológicas, y si la parte norte es volcánica, con mesetas, géiseres y espectaculares playas de arena blanca, la parte sur está atravesada en casi su totalidad por una cordillera conocida como los Alpes del Sur, con más de 20 montañas que superan los 3000 metros de altitud, y en su territorio árido y seco, casi despoblado, se encuentran fiordos y glaciares de impactante belleza.

Pocos países del mundo ofrecen tanto en un territorio tan pequeño, compacto, variado y fácil de recorrer en solitario. Este país es válido tanto para quienes vienen buscando tranquilidad y soledad como para quienes la adrenalina forma parte indispensable de sus vacaciones.

Son muchos los visitantes que se acogen a la forma de viajar más popular entre los propios locales: las autocaravanas, la mochila al hombro o el alquiler de coches para recorrer, por cuenta propia, un país largo pero estrecho y de carreteras sin apenas tráfico. Hay alojamientos para todos los gustos y bolsillos, y existe la posibilidad de pernoctar en granjas donde compartir la cotidianidad con los lugareños, e infinidad de agencias en las que contratar excursiones para llegar a aquellos lugares donde el acceso es más complicado.

Costa de Nueva Zelanda en la Isla Norte

Naturaleza y cultura
En un territorio de 1600 km de largo y donde apenas hay 200 km de costa a costa a lo ancho en la isla Sur, las posibilidades son infinitas: playas de arenas blanca y olas surferas, ensenadas, parques naturales, volcanes activos e inactivos, cuevas, montañas, glaciares, fiordos, lagos, islas recién nacidas, ciudades pequeñas pero cosmopolitas, deportes de todo tipo, cultura maorí y pakeha (la de los descendientes de los colonos británicos)... Todo en un lugar que, por su ubicación e historia, apenas ha transformado su original naturaleza.

El 15 por ciento de la población es de origen maorí, cuyo idioma comparte oficialidad con el inglés, y sus tradiciones y costumbres pueden observarse en lugares como Rotorua, en el corazón de la isla Norte, un área de gran actividad termal en cuya ciudad puede visitarse el centro cultural Te Whakarewarewa. Allí se realizan representaciones de Haka, la conocida danza y canto guerrero maorí que la selección neocelandesa de rugby ha hecho famosa en sus encuentros internacionales.

Wellington

Un país, un parque
Nueva Zelanda es en realidad un gigantesco parque natural, ya que en su territorio existen veinte parques nacionales, veinte forestales y tres marítimos. Dos de sus parques fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco: el parque nacional de Tongariro, en la isla Norte, y el parque nacional Te Waihipouna, en la isla Sur. La dificultad del viajero reside en escoger qué ver en el tiempo de su viaje. Nuestra recomendación para aprovechar mejor los días es viajar siempre en un solo sentido –de norte a sur o a la inversa–, reservar con antelación las excursiones y preguntar por las condiciones del clima, ya que en el invierno austral algunas actividades se cancelan por el mal tiempo.

Un recorrido por la isla Norte no debe excluir la visita a la región de Auckland, donde se encuentra la mayor ciudad neocelandesa y la playa de Karekare, donde se rodaron escenas de la película El Piano, así como los bosques del árbol kauri, en Waipoua. No deben perderse, tampoco, la Bahía de las Islas, con sus más de 140 islotes; el área termal de Rotorua y las impresionantes cuevas subterráneas de Waitomo; la White Island, uno de los volcanes activos más impresionantes del país; el parque nacional Tongariro, con excursiones de diferentes dificultades y posibilidad de esquiar en invierno. Y si el tiempo lo permite, Eastland, la última frontera neocelandesa, tierra de maoríes, o la península de Coromandel, dos lugares aún poco conocidos por los turistas.

Queenstown , capital mundial del deporte extremo

La Montañosa Isla del Sur
Y si la isla Norte nos había dejado boquiabiertos con sus playas, sus volcanes y fumarolas, en esta parte poco nos recordará lo dejado atrás. Podemos iniciar nuestro recorrido en Picton, y seguir hasta Kaikoura, donde la atracción principal es el avistamiento de ballenas y cachalotes. Algo más al sur se encuentra la ciudad de influencia inglesa Christchurch, y siguiendo el itinerario de la costa alcanzar Dunedim, a pocos kilómetros de la cual se encuentran la reserva natural de la península de Otago.

Al oeste de la isla se encuentra Fiordland Park, con 14 fiordos espectaculares para visitar por mar, tierra o aire, cuya parte más conocida es Milford Sounds. Desde aquí podemos desplazarnos hasta Queenstown y permanecer unos días si nos gustan los deportes de aventura. Más al norte quedan el monte Cook, el pico más alto de los Alpes del Sur, y los glaciares, como los populares Fox y Franz Josef.

El reino de la aventura La llaman la capital mundial del deporte extremo. Es Queenstown, una pintoresca y animada ciudad de la isla Sur, a orillas del lago Wakatipu y muy cerca de la cordillera The Remarkables. Tal vez por esta combinación de factores en este municipio y sus alrededores se dé la mayor concentración de diferentes deportes de aventura del planeta. Cualquier cosa que sea capaz de subir la adrenalina puede practicarse aquí: aladelta, saltos en paracaídas en solitario o en tándem, parapente, puenting (que aquí recibe el nombre de bungee jumping), rafting, snowboarding, escalada de rocas, montañas o edificios, rappel, canoa, kayac, etcétera.

Pese a la variedad infinita de deportes entre los que escoger, el verdadero rey de las islas sigue siendo el tramping, como se denomina aquí al senderismo. En Nueva Zelanda hay caminos para todos, tanto para quienes gustan de las rutas tranquilas como para quienes demandan sendas más intrincadas, en cualquiera de las regiones del país, sobre todo en parques nacionales y naturales, pero también fuera de ellos. La opinión de los viajeros es unánime: el Milford Track, en Fiorland, es el recorrido más bello del mundo.

Surfeando en Ranglan

Deportes acuaticos
Con 15. 800 kilómetros de línea costera, más una cantidad importante de lagos y ríos, no es de extrañar que se puedan practicar todo tipo de deportes acuáticos, desde la navegación en cualquier tipo de embarcación incluida la moto o el trineo acuático, a otros más arriesgados como el hydrosliding, el boogei boarding, el skydiving o el rafting. Algo de afición al mar deben tener los kiwis cuando en Auckland presumen de tener el mismo número de barcos que de habitantes en la ciudad.

Para los aficionados al surf, en Ranglan, a unos 50 km de la pequeña ciudad de Hamilton, en la isla Norte, dicen los entendidos que se encuentran tres de los mejores puntos del mundo donde las olas abren de izquierda. Los aficionados a la pesca tienen aquí la oportunidad de conseguir una pieza record en cualquiera de sus ríos y lagos, como el de Rotoura o el Taipo, y quienes prefieran ver peces sin atraparlos, Jacques Cousteau declaró que la reserva de las islas Poor Knights era uno de los mejores lugares del mundo para practicar el submarinismo.

Maribel Herruzo
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 28/05/2011
Río Negro- Argentina: Travesías por el Alto Valle

En pleno valle del río Negro –el curso de agua más cau daloso de la Patagonia– se realizan flotadas y travesías en kayak para contemplar este hermoso oasis frutal y su gran riqueza ornitológica.

El Alto Valle del Río Negro es una importante zona de producción frutihortícola que abastece, desde hace más de 50 años, tanto al mercado interno como al internacional. Se extiende entre las ciudades de Chichinales y Cipolletti y está plagado de chacras escondidas detrás de interminables filas de álamos que resguardan las más ricas peras, manzanas y duraznos. Aquí el paisaje es el resultado de la combinación entre la naturaleza y el trabajo del hombre a través de cultivos y canales de riego. Y no es casual que una de las actividades más difundidas sea el agroturismo, es decir, paseos y excursiones en las que se visitan chacras y viñedos especializados en “vinos de zonas frías” como la clásica Bodega Canale. También está la posibilidad de vivir el valle desde el río mismo haciendo travesías en kayak o gomones con avistaje de aves incluido. Esta experiencia permite apreciar el gran contraste entre la zona cultivada con frutales y la árida meseta patagónica y su flora característica.


De negro no tiene nada
Su nombre, “Río Negro”, es la traducción literal de “Curru Leuvu”, término utilizado por los habitantes originarios de la zona a pesar de que sus aguas no son de ese color sino más bien verdosas. Este río es uno de los cursos de agua más importantes de la Patagonia y da nombre a la provincia que lo alberga desde su nacimiento hasta su desembocadura. Nace en la confluencia de los ríos Neuquén y Limay y atraviesa 750 km sin recibir un solo afluente pero posee gran cantidad de meandros e islas fluviales. La más grande e importante es la de Choele Choel, en el Valle Medio. Finalmente desemboca en el océano Atlántico, 30 kilómetros al sur de Viedma, capital de la provincia. A lo largo de su extenso recorrido fluye entre las bardas (terrazas) que forma la meseta patagónica en medio de un ancho y fértil valle densamente poblado.

Algunos documentos históricos dicen que los españoles vieron tantos sauces en sus costas que lo bautizaron río de los Sauces. Además se impresionaron tanto al ver su barra que retrocedieron hacia un puerto más al sur y concluyeron que era imposible entrar por allí. Sin embargo, el piloto de la Armada Real, Basilio Villarino demostró lo contrario en 1782 y 1783. Una vez pasada la peligrosa desembocadura remontó sus aguas y llegó hasta una zona un poco más arriba de la confluencia del río Limay con el Collón Curá. Medio siglo después, en 1833, una goleta al mando de Nicolás Descalzi remontó el prácticamente desconocido río e hizo un bosquejo hasta la zona de la isla de Choele Choel. Pasó el tiempo y la idea de proseguir las exploraciones del gran río quedó en el olvido hasta que, a partir de 1869, el gobierno solicitó sucesivos reconocimientos. Quince años más tarde, el comandante Erasmo Obligado determinó con aproximada exactitud las condiciones de navegabilidad del río y dio por finalizado el período de exploraciones.


Aguas caudalosas
Con un caudal que oscila entre los 800 y los 1300 m3 por segundo el río Negro es el curso de agua más caudaloso de la Patagonia y uno de los cinco más caudalosos del país. Sin embargo, sus aguas suelen estar tranquilas y son ideales para la práctica de actividades náuticas a vela, motor o remo. Los lugareños suelen disfrutar este remanso en medio de la meseta concurriendo a los diferentes balnearios municipales y los clubes deportivos que se encuentran a la vera del río. Entre tanto, los amantes de la pesca pueden hacer salidas para tentar truchas arco iris, percas y pejerreyes patagónicos.

Los tipos de aves que se pueden observar a lo largo de una flotada en gomón cambian según las condiciones del lugar que, a su vez, varían según qué parte del río sea. En las márgenes, donde el suelo es arenoso y limoso, la vegetación suele estar representada por sauces y olivillos. Estos bosques en galería son el refugio ideal para aves como la paloma torcaza, el carpintero bataraz chico, el carpintero real, cotorras, la garza bruja y el zorzal patagónico. En cambio, en aquellas zonas donde el agua permanece gran parte del año y satura el suelo se generan ambientes pantanosos donde se desarrollan juncales y espartillares o pajonales. Aquí suelen habitar especies como las junqueras, las gallinetas, las pollonas, los varilleros y las gallaretas. Y donde la superficie tiende a ser rocosa la estepa arbustiva o monte domina el paisaje con especies totalmente adaptadas a las condiciones extremas del desierto como el halconcito colorado, el jote cabeza negra y el jote cabeza colorada.


Crónica de una flotada
Nos embarcamos en un sector cercano a Cipolletti para realizar una flotada en gomón hasta Villa Regina, a través de un ecosistema húmedo que alberga gran cantidad de aves. En la época que hicimos la excursión el río estaba mucho más bajo de lo habitual ya que los embalses estaban reteniendo agua. Sin embargo, según explicó el biólogo que nos acompañaba, por esa misma razón pudimos ver un mayor número de aves como macaes, cisnes coscoroba, entre otros. En cambio, en condiciones normales algunos sectores suelen ser muy profundos, con anchos brazos y gran cantidad de islas.

Nos pusimos los salvavidas, cada uno ocupó su lugar y la balsa se dejó llevar por la suave corriente. Enseguida comprobamos el singular marco natural en el que estábamos insertos: a un lado se veía la árida y seca margen de la meseta y al otro la costa verde de sauces. Desde que partimos por la mañana hasta que llegamos a la zona de pernocte no hubo un solo momento en el que no viéramos aves. Las primeras en asomarse fueron las elegantes garzas blancas. Estas aves, junto con otras zancudas (como la garcita blanca chica, la garza mora, flamencos, teros, teros reales y chorlos) suelen elegir aquellos sitios en que el río fluye por brazos más pequeños donde la velocidad y la profundidad es menor y de ese modo se desplazan caminando por el fondo del agua.

Mientras tanto, un inquieto grupo de gallaretas “carreteaba” sobre la superficie del agua como si fueran aviones a punto de despegar. A medida que avanzábamos fueron surgiendo cuervillos de cañada, jilgueros, benteveos, chimangos, teros y jotes que nos miraban desde la costa. Almorzamos en Allen, bajo la sombra protectora de unos sauces y antes de partir visitamos un avistadero cercano. Parecía increíble ver tal concentración de pájaros en tan pequeña laguna. Había cisnes de cuello negro, flamencos, biguaes, patos (picazo, colorado, overo, barcino, maicero, zambullidor chico, entre otros) y loros barranqueros. El plato fuerte fue, sin dudas, el atardecer. Poco a poco se fueron formando grandes y esponjosas nubes teñidas por una suave luz rosada. Entre tanto, las aves se habían transformado en siluetas estilizadas que volaban de un lado a otro mientras un Martín Pescador se zambullía y hacía su última pesca del día.


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 28/05/2011
Parque Tayrona, Colombia: Caribe para todos

Chozas de lujo, hamacas, ruinas indígenas y selva. El Parque Tayrona promete variedad pero a, fin de cuentas, lo que importan son sus incomparables playas. Postales convertidas en realidad que –con justa razón– siempre son mencionadas entre las mejores del mundo. Había una vez playas de arenas blancas y aguas transparentes donde sólo llegaban hippies. Toda la infraestructura se reducía a un boliche –donde vendían cerveza Águila, cigarros Marlboro y tallarines– y, para alojar, había un par de camas, algunas carpas y decenas de hamacas donde mochileros dormían bajo palmeras que se mecían suavemente por la brisa. Era el Parque Tayrona.

Ocho años después de la última nota de esta revista hecha "desde Tayrona" (Pura paz, por Juan Pablo Meneses, del 4 de febrero de 2001), la realidad es otra, comenzando por lo difícil que resulta escribir el comienzo de esta crónica con el ícono de Messenger parpadeando sin cesar gracias al wi-fi que cubre Cañaveral, el área turística más sofisticada del parque.

En el extremo norte de Tayrona, Cañaveral es locación de los ecohabs o "chozas al estilo indígena", como prefieren catalogar los folletos promocionales. Un vistazo rápido a los ecohabs anota jabones y cremas L'Occitane en los baños y, en los dormitorios, pantallas de plasma con televisión satelital, bases con parlantes para el iPod y, bajo el velador, aparatos que no paran de emitir un sonido tch-tch-tch-tch-tch, que impide que monos, murciélagos y serpientes entren a las flamantes chozas. Porque, es verdad, la sofisticación llegó a Tayrona, pero eso le dio lo mismo a los animales salvajes, que no se han ido.

El segundo día en Cañaveral, donde está la entrada más transitada al parque, empieza a las ocho de la mañana con el objetivo de conocer Pueblito, "la aldea indígena ancestral de los tayronas", según el guía Jorge Moreno.


Flaco como palote, de unos 25 años, Moreno balbucea unas palabras en inglés y hace gestos de pantomima para darse a entender a los cuatro holandeses que completan la expedición: "Son dos horas de caballo hasta Cabo San Juan, más otras dos de trekking, en subida, para llegar hasta Pueblito", dice.

El primer tramo de excursión es bajo un techo de árboles y sobre un barrial que –cuando los pies se mojan, a los cinco minutos de caminata– hace arrepentirse de no haber pagado 10 dólares por un caballo.

El sendero decepciona si ver monos –como prometen las guías de viaje– es la idea principal. Tampoco hay aves y, para colmo, la banda sonora es el canto destemplado de Moreno, el guía, quien estropea la gracia de pasear en un bosque tropical.

Después de 45 minutos de lodo el sendero se termina y Moreno deja de cantar, pues hay personas que aún duermen en las cabañas y carpas que se multiplican en el lugar. Se trata de Arrecifes, un área enmarcada por palmeras en la que es común oír "cachai" y "poh", y donde el promedio de edad de los turistas no supera los 25 años.


Más allá de Arrecifes el panorama se vuelve sugerente: continúa bajo cocotales y atraviesa manglares que sólo son interrumpidos por playas de aguas que parecen coloreadas por Photoshop. El mundo se convierte en postal, dando toda la razón a los lectores de esta revista que en diciembre pasado dejaron a Tayrona en el segundo lugar del ranking de las mejores playas del mundo (después de Playa del Carmen) y al diario inglés The Guardian, que también cedió a las playas de este parque el segundo puesto entre las mejores del planeta (tras las Islas Cíes, de España).

Está de más decir que las ganas de lanzarse al agua son irresistibles, pero el guía cantor dice que aún queda mucho camino hasta Pueblito. El sendero por puentes y roqueríos bordea el mar hasta Cabo San Juan.

Son las 10:30 de la mañana y todavía son muchos los que duermen sobre las hamacas de Cabo, que cuelgan a 20 centímetros de un suelo de tierra alfombrado de botellas de ron, latas de cerveza y envases de papas fritas. Más allá, los madrugadores desayunan en compañía de varias moscas y entonces toman sentido las palabras de quien antes de venir a Tayrona te dijo: "No se te ocurra comer fuera de Cañaveral o Arrecifes".

Creado en 1964, el Parque Nacional Natural Tayrona fue hasta fines de los 70 la chacra que abasteció de marihuana a Estados Unidos. El mito cuenta que casi toda la marihuana de Woodstock salió de aquí y que los gringos que llegaron se fumaron medio parque.

Al guía no le gusta ahondar en el tema y, en los descansos rumbo a Pueblito, prefiere hablar de la cultura tayrona: que la palabra significa "hombres de la tierra", que los indígenas son excelentes orfebres, que sus ciudades las construyeron en terrazas, que mantienen hasta hoy su estilo de vida en Pueblito.


Mentira
En Pueblito no hay nada más que las construcciones de piedra y un par de niños y una mujer disfrazados de indígenas, que hablan por celulares con ringtones de canciones de moda, siempre listos para fotografiarse con los gringos. Los holandeses tampoco se tragan el cuento y quieren partir cuanto antes a la playa.

En el camino hacia la playa Jorge Moreno conduce al grupo a un lugar donde unas rocas gigantes forman una gruta: "Es un lugar sagrado. Aquí los tayronas tomaban sus decisiones más importantes", dice.

Uno de los holandeses lo mira con cara de para-de-mentir y bromea: " ¿Qué tipo de decisiones tomaban: si en la cena iban a comer espagueti boloñesa o pizza margarita?". Jorge Moreno, el guía, no cantará más.

El camino de regreso es en bajada, cuestión que se agradece, aunque por la noche las rodillas recordarán el esfuerzo de un trekking no recomendable para niños ni personas que nunca hacen ejercicio.


Eso sí, justo es la playa nudista del parque y, como nadie se anima, hay que caminar otros diez minutos para testear el agua: prístina, de temperatura justa, oleaje suave, con cientos de peces de colores (ideal para el esnórquel), piso de arena regular y firme.

"La piscina" es lejos la playa más espectacular de Tayrona y, también, una de las más seguras, porque, cuidado, hay otras más abiertas donde el mar es bravo y que, de manera frecuente, figuran en las páginas policiales de los diarios de Santa Marta.

Atardece temprano en esta región de Colombia y a las cinco de la tarde es hora de sacudirse la arena y partir. La marea está alta y no queda más que meter los pies al agua para llegar hasta Arrecifes, la zona de alojamiento próxima a Cañaveral favorita entre los argentinos y chilenos de presupuesto medio que visitan el parque.

El precio de comer sin riesgos de indigestarse es alto en Tayrona: 8. 000 pesos por unos tallarines (pasados en cocción) con salsa de tomates (insípida), que no deben tener un costo superior a 300 pesos chilenos. Lo bueno es que el ambiente es relajado, con gente joven y tranquila que conversa y lee tomando Águila.

Otro aspecto positivo de Arrecifes son su cabañas, baratas y cómodas (40 mil pesos la noche hasta para cinco personas), con un ventilador perfecto para secar las zapatillas y la ropa, y una terraza techada ideal para observar la tormenta que arrasa con las carpas.

El tronar del agua contra el suelo continúa monótono y sólo es interrumpido por una estampida de burros cerca de la medianoche. Por la mañana queda la mitad de las carpas en pie, y sigue lloviendo igual de duro. Por eso, la ropa que tanto costó secar se empapa en un solo segundo.

"No es la mejor época del año. Si no quiere lluvia, tiene que venir en junio y julio", dice el conserje en la despedida de Arrecifes.

Sientes que la mochila pesa el doble, y maldices tu suerte y a las nubes por haberte privado de una linda mañana de playa. Los aullidos de los monos y el canto de los pájaros componen la banda sonora. Entonces, embarrado hasta las rodillas, te das cuenta de que estás solo en medio de la selva, que es una sensación extraña, pero liberadora, y que así recordarás a Tayrona para el resto de tu vida.

Rodrigo Cea, desde el Parque Tayrona, Colombia
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 28/05/2011
Las islas de Chiloé: El archipiélago de las leyendas

Puerto de Achao

Las islas de Chiloé y sus bellísimos paisajes. Un territorio de singular identidad, con fantásticas historias y el intenso sabor de su cocina.

Esta extensa y desolada playa en la que rompen, furiosas, las olas del Pacífico sur, parece el sitio ideal para que aparezca el Caleuche, al que, aun sin atrevernos a decirlo expresamente, ansiamos ver. Pero no, parece que hoy tampoco se deja ver. Está sí esa densa bruma que confunde los contornos del mar y el cielo, están el silbido del viento, las constantes nubes que dejan ver el sol entre chaparrón y chaparrón y la silueta de los acantilados con los que la Cordillera de la Costa se zambulle en el mar. Y están los gaviotines, que los habitantes originales llamaban chelles y que, por su paso al castellano (chillwe quiere decir "lugar de chelles" en idioma mapudungun o mapuche) terminó dando nombre a esta tierra tan extraña como fascinante: Chiloé, en el extremo sur de Chile.

Tierra de brujos, leyendas y pescadores, de campesinos y corsarios, Chiloé es un hechizo de praderas verdes, fiordos y canales; un raro paisaje que remite a las colinas de Irlanda o de las highlands escocesas, al sur del Pacífico.

Para ser exactos, hay que decir que Chiloé no es una isla sino un archipiélago que, además de la Isla Grande, comprende un gran número de otras islas e islotes de menor tamaño, que hospedan en total unos 160 mil habitantes. Y albergan, sobre todo, una particular historia, una cultura muy propia -por la mezcla de tradiciones indígenas e hispánicas, por el medio ambiente insular, por el aislamiento en que vivió la zona por mucho tiempo- y una cantidad de leyendas y mitos que asombran por su originalidad y su inventiva.

Como la del Caleuche, ese barco fantasma que, dicen todos aquí, recorre permanentemente los fiordos y canales. Tiene aspecto de velero antiguo, es de color blanco, su cubierta principal está llena de luces, y en él se oye siempre música de fiesta. Para pasar desapercibido, puede transformarse en tronco de árbol, roca o animal marino, o navegar bajo el agua. Según la versión del mito, su tripulación está formada por los brujos de Chiloé, por los muertos en el mar, por esclavos o por quienes pactaron con los brujos para obtener riquezas.

Isla Grande de Chiloé

En la Isla Grande
Es raro ver una ruta que siga derecho hasta hundirse -literalmente- en el mar. Pero es lo que pasa con la ruta 5 chilena, que nace bien al norte -límite con Perú- y recorre el país a modo de columna vertebral. Pero en el puerto de Pargua, frente a la Isla Grande de Chiloé, la lengua de asfalto se sumerge en el canal de Chacao. Allí atracan los ferries que cruzan este célebre canal -en otros tiempos temible para los navegantes, y escenario de más de un naufragio legendario-, para depositar, 35 minutos más tarde, autos, motos, colectivos, camiones y peatones en la otra orilla, donde la ruta 5 emerge de las aguas para seguir viaje hacia el sur.

Llegar a Chiloé al anochecer puede no ser recomendable si no se conoce la ruta -el tránsito de buses y camiones es intenso-, aunque puede ser una ventaja si se tiene la suerte, por ejemplo, de ver aparecer la luna tras la Cordillera de los Andes, reflejada mágicamente en las aguas. O llegar a última hora a una cabaña encaramada en la cima de una colina de las afueras de Castro, para contemplar las lucecitas tintineantes en el fiordo y sorprenderse con el paisaje de las primeras luces de la mañana: praderas verdes que se hunden en un mar azul surcado por coloridos barcos de pescadores, casas de madera como de cuento y esbeltas torres de iglesias -de madera, como todas las iglesias de la isla-. Aquí afortunadamente la modernidad parece haber llegado -asfalto, autos cero km, señal de celular en todos los rincones, bancos, servicios- suavemente, como con respeto, sin destruir lo que en tantos años logró conservarse.

Castro y los palafitos
La mayoría de los pueblos y ciudades del archipiélago se concentran en la Isla Grande, como Castro, que con cerca de 40 mil habitantes, es la capital de la provincia de Chiloé desde que, en 1982, le arrebató ese título a Ancud. Fundada en 1567 en la zona central de la isla, Castro es la tercera ciudad más antigua de Chile con existencia continuada, y su historia mezcla huilliches y chonos -habitantes originarios de la zona- con conquistadores españoles, jesuitas, franciscanos y piratas: en el año 1600, la población fue ocupada durante dos meses por el corsario holandés Baltazar de Cordes, para ser luego nuevamente arrasada por otro holandés: Hendrick Brouwer.

En Chiloé, además, se construyó la goleta Ancud, primer buque de guerra fabricado en Chile, que desde el archipiélgo partió para tomar posesión, en 1843, del Estrecho de Magallanes, a nombre de la naciente república. La tripulación, compuesta fundamentalmente por chilotes, fundó el Fuerte Bulnes, actual Punta Arenas.

Hoy, las callejuelas en subibaja de Castro concentran comercios y servicios, entre las clásicas construcciones en madera tapizadas con vistosas tejuelas de alerce, dotadas de balcones y miradores y pintadas de colores. El centro neurálgico es la plaza central, frente a la Iglesia de San Francisco -Patrimonio de la Humanidad-, cuyo templo primitivo fue destruido por un incendio en 1902 y reconstruido en 1912. Para protegerla, el exterior fue cubierto con chapas, pero su interior se conserva totalmente de madera -incluidos el vía crucis y los ornamentos-, y es deslumbrante. Sus torres se elevan a 42 metros de altura, y se ven desde varios km a la redonda.

Un encantador paseo es el que desanda la avenida Pedro Montt, a dos cuadras de la plaza pero varios metros más abajo, a orillas del mar. El paseo visita el puerto, la feria artesanal y los palafitos, singulares construcciones de madera sobre pilotes enterrados en el fondo del mar, que surgieron para aprovechar mejor la ribera durante la expansión comercial del siglo XIX, y de los que hoy sólo quedan algunos ejemplos en Castro y en Mechuque, una de las islas Chauques. Una bellísima postal de los palafitos, y del centro de Castro encaramado en la cima de la colina, se consigue desde la península de Ten-Ten, un par de km al norte.

Pero hay que ir atento, porque si a la vera del camino se aparece un hombre pequeño y deforme cuyas piernas terminan en muñones, porta un hacha de piedra o bastón de madera y luce un gorro cónico, es el Trauco. Este personaje mitológico, se dice, habita en los bosques cercanos a las casas y se dedica a enamorar a las mujeres, aunque no es tan atento con los hombres: con su aliento, puede dejarles la boca torcida o condenarlos a muerte.

El mercado de artesanías Lillo se luce con trabajos en madera, vistosos tejidos en lana y cestos y canastas hechos con fibras vegetales. Además, en el mercado del puerto se encuentra una gran variedad de mariscos, y los varios restaurantes de Castro son una buena opción para adentrarse en la rica gastronomía chilota, que utiliza la papa en casi todas sus versiones y se basa en mariscos, pescados y carnes de vacas, cerdos y corderos que se crían en el campo.

Durante el verano, y los domingos durante el resto del año, varios sitios ofrecen curanto en hoyo, el plato más típico de Chiloé. Se prepara en un hoyo en la tierra donde se colocan piedras calientes y, encima, donde se colocan piedras calientes y, encima, capas de pescados, mariscos, carnes, embutidos, vegetales y legumbres, cada capa separada por hojas de una planta típica llamada pangue o nalca o, en su defecto, de parra o repollo. Un espectáculo no sólo por su sabor, sino también por su larga y compleja preparación.

Mapa Isla de Chiloé
La ciudad de los tres pisos
La ruta 5 serpentea hacia el sur por lo alto de la meseta, y 15 km al sur de Castro, un desvío baja hasta Chonchi, un puerto conocido como "la ciudad de los tres pisos" por sus fuertes desniveles, con la llamativa iglesia celeste y amarilla de San Carlos de Borromeo, que hace equilibrio en la pendiente.

Cerca de Chonchi parte la ruta -asfaltada hace poco- que se interna 40 km hacia el oeste, hasta el Parque Nacional Chiloé, a orillas del Pacífico abierto. Desde el puesto de guardaparques parten senderos que se internan en el bosque valdiviano, una densa vegetación formada por árboles siempreverdes, arbustos y plantas trepadoras, donde habitan el pudú, uno de los ciervos más pequeños del mundo, y el zorro chilote o de Darwin, en peligro de extinción. Aquí está la extensa y desolada descripta playa en el comienzo de esta nota, que remite al fin del mundo.

Sólo 19 km al norte de Castro está Dalcahue, un encantador pueblo estirado sobre la costa, que deslumbra con la Iglesia de Nuestra Señora de Los Dolores y su portal de 9 arcos, Patrimonio de la Humanidad. Y una feria de más de cien años de tradición, donde los artesanos de las islas exhiben una gran variedad de tejidos de lana y artesanías en madera tallada.

El transbordador es el medio que todo el mundo utiliza para cruzar a la isla Quinchao -5 minutos de viaje-, con los vistosos poblados de Curaco de Velez -famoso por sus maestros carpinteros, constructores de casas y barcos- y Achao, con Santa María de Loreto, la más antigua de las iglesias chilotas que permanecen en pie, construida alrededor de 1730. En la corta avenida costanera se suceden restaurantes que, dicen, permiten saborear las mejores ostras de todo el archipiélago.

Arquitectura tipica de la Isla

Brujerías
Hace miles de años, Chiloé era tierra firme, dice la leyenda. Hasta que apareció, desde sus dominios marinos, Caicai Vilu, la serpiente del mal, enemiga de la vida terrestre, e inundó el territorio. Entonces Tenten Vilu, la serpiente del bien, diosa de la tierra y la fecundidad, elevó el nivel de la tierra. Producto de esta lucha, que duró muchos años, los valles quedaron sepultados bajo el mar, y los cerros convertidos en bellas islas.

Este origen mitológico parece haber marcado a fuego la historia del lugar. Se dice, por ejemplo, que aún hoy la Fiscalía de Castro recibe de tanto en tanto denuncias por brujerías, una práctica que en Chiloé tiene una larga tradición, que se remonta a la llegada de los españoles, cuando la zona estaba habitada por chonos, cuncos y huilliches, quienes no abandonaron completamente sus ritos pese a adoptar el catolicismo. Muchos de estos mitos, así como los conocimientos sobre el uso de las plantas como medicina o veneno, se mantuvieron en secreto.

Y tanta fue su influencia que, en 1880, el gobernador de Chiloé decidió llevar a juicio a varios acusados de integrar "La Recta Provincia", una sociedad de brujos que regulaba la hechicería en el archipiélago, que contaba con numerosos integrantes y ejercía gran influencia entre los campesinos. Acusados y encarcelados varios de sus miembros, la brujería fue perdiendo poder oficialmente, pero sus mitos perduran hasta hoy en parte de la población.

Al sur del Parque Nacional Chiloé se extienden densos bosques que, para la mente del viajero ávido de leyendas, bien pueden ser el hábitat perfecto para el Trauco, el Invunche, la Fiura, la Voladora o la Viuda, entre muchos otros personajes mitológicos.

Más al sur, la larga ruta 5 encuentra su fin en Quellón, ciudad fundada en 1905 por una compañía que extraía alcohol de la madera de los bosques. Hoy es el principal puerto de la Isla Grande, base de la poderosa industria salmonera y de la extracción de productos de mar. Habría que ver si los tripulantes del Caleuche acuerdan con el fuerte desarrollo industrial que, a partir del famoso salmón del Pacífico, está adquiriendo este mítico archipiélago.

Independencia y cultura propia
La isla de Chiloé, para muchos, poco tiene que ver con el resto de Chile. Sus fiordos, su arquitectura, sus mitos y creencias son absolutamente únicos, lo cual no sorprende, ya que su historia también es diferente. Los movimientos independentistas de comienzos del siglo XIX fueron entusiastamente abrazados por los criollos, hartos del monopolio español y de la rígida administración colonial. Chile formalmente se independizó en 1818, pero Chiloé prefirió seguirle siendo leal al rey de España. Durante seis años, fracasaron tres invasiones a la isla por parte de Lord Cochrane, del capitán Ramón Freire y del general Beauchef, y recién en 1826 Chiloé capituló. Esta resistencia le valió a sus habitantes, los chilotes, cien años de olvido por parte del gobierno central. Esta insularidad y atraso, sin embargo, crearon una identidad propia en la zona, que aún perdura. En efecto, los chilotes conservaron sus mitos, la vieja tradición brujeril y las costumbres de reunirse alrededor de la cocina a leña y recoger mariscos -mariscar- cuando baja la marea. A pesar de que se habla de construir un puente para unir la isla con el continente -proyecto algo quimérico debido a su enorme costo-, el chilote prefiere seguir como está, viviendo su propia cultura y sin las "invasiones" turísticas de la posmodernidad.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 28/05/2011
Nepal: Los secretos del reino sagrado

Plaza Durbar

El esplendor natural de Nepal y la intensa religiosidad de su gente sorprenden en un viaje de Katmandú al Himalaya.

Según la leyenda, este antiguo reino nació de una flor de loto que flotaba, solitaria, en el lago que alguna vez ocupó el valle de Katmandú. Hoy, Nepal hechiza con su cultura milenaria, con el misticismo que se percibe en la vida cotidiana de sus habitantes, con sus valles fértiles y montañas majestuosas que resultan una escalera al cielo de todas las religiones y las creencias orientales.

Ya no quedan rastros de los hippies que hicieron de Nepal un sitio de culto, allá por los alocados años 60, y colocaron a este rincón de Asia dentro del mapa del turismo internacional. Los jóvenes extranjeros que solían apoltronarse en las serpenteantes y angostas callejuelas de Katmandú, la capital de este territorio de armonía y meditación, ahora han sido reemplazados por turistas mucho más convencionales que experimentan una gran fascinación por la belleza y la historia de este país, en el que perviven leyendas como la del Yeti, el abominable hombre de las nieves, y Kumari, la diosa-niña elegida entre las jovencitas de la casta sakya.

Lo que ya no perdura es la enigmática penumbra nocturna que invadía el territorio durante la noche por falta de electricidad, una oscuridad sutil que llamaba la atención de los recién llegados cuando al salir del aeropuerto de Katmandú no se veían las casas ni las calles. En ese primer contacto, el Nepal nocturno emergía misterioso envuelto en brumas que durante el amanecer eran disipadas por los suaves rayos del sol que entibia al reino.


Maravillas de Katmandú
Un lugar imperdible en Katmandú es la plaza Durban. Sus templos de madera tallados crean un ramillete de maravillas poblado por seres de formas impensadas que atrapan la mirada de los viajeros occidentales. Entre ellos se destacan el Taleju, construido en 1549; el Hanuman Dhoka, antiguo palacio real; el Kashtha Mandap, realizado con la madera de un solo árbol; el Ashok Binayak, construido en honor al dios-elefante y el Jagannath, famoso por sus tallas de motivos eróticos. En los alrededores de la plaza hay decenas de tiendas de artesanías y muy aceptables restaurantes populares en los que probar algunas de las delicias que componen la gastronomía nepalesa, que se parece mucho a la india. La base de casi cualquier comida es el arroz, que se combina con diferentes clases de currys y vegetales saltados, además de rarezas como la carne de yak.

El hechizo que produce Nepal comienza, sin dudas, dando vueltas al azar por las callejuelas zigzagueantes de la capital y por las áreas en que que están las famosas stupas (templetes para reliquias de forma semiesférica, cuya cúpula tiene mástiles que sostienen parasoles) como la de Swayambu, decorada con ojos gigantes que evocan la mirada de Buda. A diario, los creyentes de la ciudad -que son muchísimos- se reúnen frente a los espacios de las divinidades para esperar que aparezcan sus amadas deidades y los bendigan, entretanto cantan extasiados frente a las imágenes del panteón hinduista: Krishna, Shiva, Vishnu o Ganesha.

Aunque la religión y el misticismo constituyen los elementos más sorprendentes de una visita a Nepal, las opciones van mucho más allá de los templos y los ritos populares. Gracias a su enorme belleza natural, el territorio nepalés es ideal para realizar excursiones de trekking y paseos en bicicleta por la selva o escalar alguna de las montañas que integran las cadenas del Himalaya.

Parque Chitwan

De la selva a las montañas
Nepal conserva la belleza de las construcciones antiguas y la magia de los mercados donde vendedores y paseantes marchan de un lado a otro intercambiando desde flores de alta montaña hasta chales hilados tan finamente que pasan por un la circunferencia de un anillo. Tanto la capital del reino como las otras pequeñas urbes, cuentan en la actualidad con hoteles cinco estrellas, muchos de ellos ocupados por escaladores que van a desafiar las nieves eternas y los pasos de montañas, o a recorrer con mochilas al hombro los valles y los pequeños pueblos del interior.

Más allá de Katmandú están los sembradíos y selvas vírgenes como las del Parque Chitwan, en el Terai. Esa región, plagada de bosques de bambú y arrozales, resguarda rinocerontes de un cuerno, distintas clases de cocodrilos y tigres de Bengala. Además, tiene paisajes maravillosos conformados por ríos serpenteantes, parcelas cultivadas y la majestuosa silueta de picos como el Everest y el Annapurna, que pueden ser observados desde el aires gracias a un vuelo de una hora realizados en pequeños aviones.

Reserva Natural de Sagarmartha

El valle de Pokhara
Por su parte, la Reserva Natural de Sagarmartha (declarada patrimonio mundial por la Unesco) es la puerta de ingreso a Tibet, Bhutan y Sikim, y a sitios religiosos donde es posible hacer retiros espirituales. Allí se pueden presenciar ceremonias inolvidables en santuarios donde hileras de monjes, acompañados por niños aspirantes a religiosos, permanecen en posición de loto repitiendo una plegaria matizada con el tañido agudo de una campana o un gong que rompe el monocorde sonido de la oración o del mantram.

Finalmente -y asumiendo que la idea de finitud en Nepal tiene un valor absolutamente relativo-, existe otro verdadero imperdible: se trata del valle de Pokhara. Se sugiere visitarlo.

Desde allí parten las excursiones hacia el macizo de Annapurna, y también hacia la ciudad de Namche Bazar, conocida como la capital de los sherpas, y a Kirtipur, una pequeña y encantadora urbe famosa por la milenaria tradición de los telares y su Universidad Tribhuvan.

Territorio enigmático, techo del mundo, el turista encontrará en Nepal no solamente una cultura exótica y paisajes arrebatadores, sino una forma diferente de vivir la vida.

En el reino de Shangri-la, las sonrisas son suaves y habituales. Y para visitarlo es fundamental saber usar la palabra namasté, cuyo significado es "bienvenido", "adiós" y "gracias", una palabra hermosa que se dice con las palmas unidas en el centro del pecho e inclinando la cabeza como en una reverencia.

Valle de Pokhara

Datos útiles
Lo curioso
Decenas de miles de animales se sacrifican durante la fiesta religiosa de Dasain, que tiene lugar durante octubre.
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 28/05/2011
Hechizos del altiplano

Carnaval de Oruro

El carnaval de Oruro irrumpe como un río de expresiones ancestrales y escenificaciones de invaluable significación cultural, al tiempo que invita a conocer esta antigua ciudad minera que seduce con edificios históricos, museos y aguas termales.

Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad es la categoría con la que la Unesco ha distinguido al carnaval de la ciudad boliviana de Oruro, resumiendo así la trascendencia artística, histórica y sociológica que tiene para el mundo el ancestral espectáculo en movimiento que este año tendrá lugar del 21 al 23 de febrero.

A unos 3. 700 metros sobre el nivel del mar y a unas tres horas de La Paz, este poblado minero fundado en 1606 cobrará una inusitada calidez de ritmos y colores ante la irrupción de medio centenar de agrupaciones y comparsas que se hacen presentes con una majestuosa riqueza en vestimenta y coreografías. A cada instante, en cada detalle, todo se tiñe de un profundo sentido religioso, mientras un río interminable de bailes y plegarias se sucede por las calles. Se venera a la Virgen del Socavón, cuya milagrosa aparición en una cueva dio nacimiento al actual carnaval, pero también se reza al Tío, el dueño absoluto de las riquezas del subsuelo.

Para apreciar el crisol de antiguas tradiciones inmerso en la celebración, un dato clave es que cada danza tiene su significado. Sobresale la Diablada, una lucha entre el bien y el mal realizada en dos columnas que representan a los siete pecados capitales. Adelante, en medio de osos y cóndores, aparece con ropas celestiales el Arcángel Miguel, tras él marcha Lucifer, la diablesa China Supay, y la corte de diablos arrepentidos. A ese despliegue se suma el “Relato”, la escenificación de una lucha a muerte entre los seres infernales y el destierro de la discordia.

Otra de las danzas más llamativas es la Morenaza, que surgió durante la época de la colonia. Refleja la comercialización de esclavos y, con vestimentas que pesan entre 25 y 30 kilos, la riqueza mineral de esta zona andina. A su vez, quienes lleguen a Oruro poco antes del carnaval, también podrán disfrutar de la particularidad de los preparativos, que abarcan una serie de fiestas previas denominadas “convites”, incluyendo la recepción de donaciones para compra de trajes, instrumentos de música y objetos ornamentales.

Santuario del Socavón

Paseos con historia
El festivo folklore de Oruro también invita a tomarse un tiempo para distendidos recorridos. Una visita al Santuario del Socavón es realmente imprescindible, al igual que un paseo por la calle La Paz, donde residen artesanos que se lucen con sus confecciones de carnaval. El Faro de Conchupata, donde por primera vez se izó la bandera boliviana, también ofrece las mejores vistas panorámicas de la ciudad; al tiempo que la Iglesia de San Francisco impone su figura erguida en el siglo XVII como otro de los sobrios atractivos locales.

Otra buena excusa para prolongar la estadía la otorgan los museos y las aguas termales. En el primer caso, es conveniente conocer al Museo Mineralógico, que ofrece 7. 600 muestras de minerales, además de fósiles antiguos y piedras preciosas, y al Museo Nacional de Antropología y Arqueología, con una de las más grandes colecciones de máscaras, instrumentos de percusión y de viento andinos.

Finalmente, en medio de agrestes y silenciosos paisajes, un absoluto relax espera entre vertientes famosas por sus propiedades curativas. El balneario Capachos ofrece dos piscinas techadas a 12 kilómetros al noroeste de Oruro, mientras que siguiendo 10 kilómetros más por la misma ruta, el complejo de Obrajes brinda alojamiento y una amplia piscina. En estos sitios -ambos con baños individuales-, las bajas temperaturas predominantes en el altiplano permiten disfrutar de la calidez de las aguas como un bálsamo reconfortante.

Viviendas de la comunidad Chipaya

Escapadas cercanas
Entre los sitios dignos de conocer en los alrededores de Oruro aparece la comunidad Chipaya, distante a 190 kilómetros. Se trata de una de las culturas más antiguas del mundo, ya que sus orígenes se remontan aproximadamente a 2. 500 a.C. Llaman la atención sus casas de forma circular hechas de barro, sus vestimentas y su música.

Además de la historia y las tradiciones, bien puede pensarse en los atractivos de la naturaleza. A 310 kilómetros está el Parque Nacional Sajama. Allí sobresale la figura del nevado de Sajama, considerado el volcán más alto de Sudamérica (6. 542 m.s.n. M), a la vez que puede apreciarse una nutrida variedad de fauna y flora silvestre, especialmente llamas, vicuñas, alpacas, patos, cóndores y avestruces.

Parque Nacional Sajama

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 28/05/2011
Chubut: Bahia Bustamante

Lobos marinos toman sol frente a la costa de Bahía Bustamante

Bahía Bustamante es un pueblito que desde hace medio siglo vive de la producción de algas y, últimamente, también del turismo. Está a 180 kilómetros al norte de Comodoro Rivadavia, en ese gran arco que forma el Golfo de San Jorge, recientemente declarado Parque Nacional. Excursiones por una de las regiones menos conocidas de la Patagonia, habitada por diversas especies de aves y fauna marina.

De las muchas caras de la Patagonia, existe una alejada de todo centro urbano y del turismo masivo. Es Bahía Bustamante, un apacible pueblito de 50 habitantes en la costa de Chubut, donde a la noche se corta la luz del generador eléctrico y todo se sume en el silencio más absoluto. Allí, las mañanas de verano son límpidas y radiantes, ideales para salir a navegar rumbo a los sitios donde se puede ver la nutrida fauna marina del lugar que incluye por ejemplo 60. 000 pingüinos magallánicos y 3500 lobos marinos, por sólo nombrar las especies más comunes.

El sector costero de Bahía Bustamante y la Caleta Malaspina conforman una de las mayores reservas de aves y fauna en general de toda la Patagonia. Y se lo recorre con la Atrevida, una poderosa lancha con motor fuera de borda que se interna por sus recovecos. Se parte navegando por una tranquila ría –una entrada del mar en el curso de un río– para desembocar en la Caleta Malaspina, donde se navega sobre virtuales praderas de algas marinas. En la Caleta suelen apostarse las embarcaciones que “cosechan” algas y mejillones. Y finalmente, ya lejos de la costa, se llega al archipiélago de las islas Vernacci. En el trayecto van apareciendo colonias de lobos marinos, donde el “dueño” de un harén es capaz de permanecer hasta dos meses sobre un afloramiento rocoso sin ingresar al mar a comer, por miedo a que otro lobo lo desbanque de su privilegiado lugar. También los pingüinos –todos monógamos ellos, a lo largo de su vida– aparecen por millares en la costa y nadan como torpedos a los costados de la embarcación. Además, unos llamativos delfines con aleta blanca como las orcas alegran la excursión náutica con sus saltos y piruetas mientras las aves revolotean en gran número en torno de la Atrevida.

En las oquedades de los islotes anidan tres tipos de gaviotines: el real, el pico amarillo y el sudamericano. A vuelo rasante sobre las pingüineras acechan el skua y el petrel gigante, con sus dos metros de ancho con las alas abiertas. Una especie muy valorada es el colorido pato vapor, del cual se calcula que en Argentina existe una población de apenas 600 ejemplares, todas en esta zona. Viven en pareja toda la vida, 200 de ellas en la Caleta Malaspina, 50 en Bahía Bustamante y otras 50 en el archipiélago de Camarones. Lo singular de este pato es que no puede volar, aunque corretea aleteando a toda velocidad sobre las aguas, siempre en ruidosos grupos. Cuando se ve en peligro también se sumerge en el mar para aparecer muchos metros más adelante, y sale a flote con el cuello estirado formando una misma línea con el agua para pasar desapercibido.

Entre las aves migratorias que en invierno se van al sur de Brasil se ve muy seguido a la gaviota Olrog, con una elegante cola negra que despliega durante sus vuelos.

Una numerosa colonia de cormoranes “tapiza” un islote rocoso

Travesia con historia
La Atrevida resiste el oleaje con firmeza y también tiene su historia, o en todo caso su nombre, porque La Atrevida original era una corbeta que partió del Puerto de Cádiz una mañana de 1789 comandada por el capitán José Bustamante y Guerra. Acompañando a la Atrevida iba su gemela Descubierta, al mando del capitán Malaspina. Nuestra excursión con la Atrevida dura 5 horas, pero la travesía de la corbeta original insumió cinco duros años descubriendo maravillas, bajo encomienda del rey Carlos III para explorar los confines del imperio. En 1885 se publicó el Viaje de las corbetas Descubierta y Atrevida alrededor del mundo, donde por ejemplo se describe el encuentro en la Patagonia con el cacique Junchar, “que era de alto 6 pies y 10 pulgadas de Burgos, y la anchura de hombro a hombro era de 22 pulgadas y 10 líneas”. Es decir, mediría 1,9 metro de alto y sus espaldas abarcaban 70 centímetros.

El derrotero de aquella expedición incluyó Montevideo, islas Malvinas –donde desalojaron a unos marinos ingleses que cazaban lobos–, Cabo de Hornos, isla Robinson Crusoe, Panamá, México, Alaska –donde buscaron un paso al Atlántico–, Filipinas, Australia, Archipiélago Tonga y finalmente volvieron a Cádiz vía la Patagonia otra vez. Al regreso, debido a sus ideas liberales, Malaspina se pasó siete años preso.

Casas de la Hosteria Bahia Bustamante

Pueblo alguero
Como de los 400 habitantes que llegó a tener hoy sólo quedan 50, Bahía Bustamante tiene algo de pueblo fantasma. Lo cual refuerza su tranquilidad. Sus pocas calles son de tierra y llevan nombres de algas marinas: Av. Gracilaria, calle Macrocystis, etc. Hay casas abandonadas, por supuesto, a la sombra de viejos tamarindos de tronco retorcido. En plena calle se exhibe un tractor que en otro tiempo se utilizó para trasladar los carros de algas, y detrás están la escuela, la iglesia y la plaza con el mástil donde ondea la bandera argentina. El antiguo bar López, que está justo frente al mar, es la construcción más antigua del pueblo.

Una línea de seis casas con living y dos cuartos frente al mar han sido reacondicionadas para albergar visitantes. No tienen TV y la luz eléctrica se corta a las 11 de la noche, pero –paradojas de la tecnología– tienen Internet inalámbrico satelital. A dos cuadras de allí está la proveeduría, que también oficia de restaurante donde el fuerte son los frutos de mar. Y la gran pregunta que todos se hacen aquí nos la respondió el mozo: “Las algas van a parar a una planta procesadora en Gaiman, donde se fabrican productos de salud y belleza utilizando las propiedades antioxidantes de las algas”.

En los alrededores del casco del pueblo hay unas 10. 000 hectáreas dedicadas a la producción lanera, que se pueden visitar para enterarse de los secretos del mundo de una estancia. Allí se explica que la esquila la realizan todos los años comparsas de trabajadores que pasan de estancia en estancia, trabajando en grupos con una función específica para cada persona, lo cual garantiza niveles altísimos de productividad para pelar a millares de ovejitas en pocos días (se paga por producción).

En la cercana Península Gravina hay pequeñas caletas con arena muy blanca protegida por grandes rocas que forman piletones de aguas turquesas como las del Caribe, claro que bastante más frías. Y en horas de la bajamar se puede caminar hasta unos islotes cercanos a observar aves marinas en sus propios nidos.

Por lo general, los visitantes se quedan unos cinco días, suficientes para realizar las actividades y explorar la zona. Pero a eso hay que sumarle el tiempo que uno decida quedarse simplemente descansando frente al mar.

Cabalgata por la estepa patagónica hacia el Bosque Petrificado

Bosque Petrificado
Uno de los días de la visita hay que dedicarlo al Bosque Petrificado La Pirámide, una excursión de cinco horas que se interna en el desierto estepario para ver los troncos convertidos en piedra de árboles que existieron hace 60 millones de años. En aquellos tiempos remotos –el Paleoceno– recién comenzaba a levantarse la Cordillera de los Andes por el choque tectónico de la placa de Nazca contra el continente americano. Al no existir la actual barrera andina, los vientos húmedos provenientes del Pacífico “regaban” la Patagonia, poblada en ese entonces por una tupida selva de altísimos árboles y habitada por grandes animales. Pero al conformarse la Cordillera de los Andes todo cambió “repentinamente” en unos pocos millones de años, convirtiendo al sur americano en la actual estepa patagónica, donde sólo se pueden encontrar bosques en la ladera de las montañas, lugar de descarga de la humedad debido a la altura. Luego, los volcanes se encargaron de ponerle una mortaja de lava y ceniza a aquel paraíso verde.

Como llegar
Al pueblo de Bahía Bustamante, en auto por la ruta nacional Nº 3 hasta el Km. 1774, allí tomar la ruta provincial 28 (de ripio). Si se llega desde Comodoro Rivadavia, que esta al sur, hay que desestimar un cartel verde de Vialidad Nacional que indica Bahía Bustamante, y seguir unos kilómetros más para doblar a la derecha en el kilómetro 1674. A partir de allí son 30 kms. Una vez en el pueblo hay que seguir hasta el mar y buscar la proveeduría que esta en la esquina de Gracilataria y Gelldium. Y si se llega desde las cercana Camarones, hay que recorrer 90 kilómetros por la ruta nacional 1, disfrutando increíbles panoramas costeros

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 28/05/2011
Tokio, la ciudad sin fin

Tokio, la ciudad sin finEn el horizonte del gran mar de rascacielos se destaca el monte Fuji

De los rascacielos y las tiendas de lujo, a los barrios tecnológicos y los grandes palacios, la capital japonesa se descifra con pacie ncia, pero a la velocidad del tren bala

En la línea Yamanote del subterráneo, una fila de ejecutivos de impecable estilo Armani comparte un asiento con una señora de mediana edad que habla por celular ataviada con un tradicional quimono. Afuera, espera la ciudad donde la jungla de hormigón y asfalto, plena de imponentes rascacielos, parece no tener fin. Pero el intrincado trazado encierra cantidad de sorpresas para desentrañar de a poco.

En un panorama donde el consumismo desenfrenado está presente en las mejores marcas del mundo, conviven grandes museos, galerías de arte, mercados en recónditas callecitas, espectáculos y ceremonias tradicionales junto a silenciosos templos y santuarios, e infaltables toques de verde en los jardines y parques que salpican la ciudad de tanto en tanto. Situada en la región de Kanto, en la isla de Honshu, la antigua Edo, que reemplazó a Kyoto como capital del imperio en 1603, para convertirse finalmente en Tokio en 1863, es hoy en realidad un conglomerado de 23 barrios especiales o ku, y 26 ciudades o shi, donde vive un tercio de los 34 millones de habitantes de la región, repartidos en otras prefecturas, pueblos y villas.

Es difícil imaginar que la gran urbe, la más grande del planeta, surgió hace apenas unas decenas de años después de una historia donde no faltaron devastadores terremotos y los embates de numerosos bombardeos en la Segunda Guerra Mundial.

Descubrir Tokio es una aventura a medida del gusto de cada viajero. La mencionada línea Yamanote, eficaz e impecable, recorre la ciudad y se conecta por medio de 29 modernas estaciones y un servicio de trenes que aparece cada dos minutos. Más de tres millones de personas la utilizan por día y es el mejor medio para conocer la ciudad. Moverse con este sistema y un mapa que provee el hotel de turno no es complicado una vez que se le toma la mano. En todas las estaciones hay paneles en japonés e inglés; máquinas expendedoras de tickets que aceptan billetes y dan cambio, y un amable funcionario de guante blanco siempre a la vista para solucionar cualquier problema y resolver con simpatía las dificultades del idioma.

El promedio de estada en cualquier viaje a la capital de Japón es de una semana, lo que obliga a elegir sólo algunos de los 23 barrios. Después de la inevitable visita al Palacio Imperial y sus jardines, Ueno es una buena propuesta para iniciar un recorrido y sumergirse en las raíces de Japón en los espectaculares museos que relucen en el parque del mismo nombre. En el Nacional de Tokio es posible ver reliquias milenarias y seguir la cultura del país, donde no faltan importantes testimonios samurái con teatrales armaduras y el famoso sable corto para el haraquiri, exhibido como una joya. El circuito se acerca a impactantes templos y santuarios, el Zoo de la capital y un colorido mercado callejero en Ameyokocho.

Ginza, la exégesis del lujo, es otro imperdible. El tradicional barrio tokiota, conocido como la Quinta Avenida de la ciudad, concentra los mayores shopping malls de alta tecnología y exclusivas boutiques donde es posible llenar los ojos con una infinita oferta de las más suntuosas marcas. La zona ofrece toda clase de restaurantes, y muy cerca está Teatro Kabuki. Se llega caminando al Tsukiji Market, el mercado de pescados más grande del mundo, en cuyos puestos y restaurantes se puede saborear una riquísima variedad de sushi.

Los edificios más altos en Roppongi Hills, como la Tokio Tower

Tecnología pura
Los fanáticos de la electrónica tendrán para entretenerse en Akihabara, llena de grandes almacenes y locales, donde uno encuentra hasta lo inimaginable en televisores, reproductores de DVD, cámaras fotográficas, computadoras, equipos de audio y MP3. Es recomendable ser cautos antes de comprar algo, ya que muchos productos son para consumo interno y poseen diferencias técnicas y funcionales con nuestro sistema. Hay lugares especiales de importación, adaptados a los sistemas europeos y norteamericanos. Conocida como la Electric Town, la zona debería llamarse ahora Ciudad Digital. Akihabara Crossfield le da un nuevo perfil al barrio con sus rascacielos y grandes tiendas, donde está instalada la industria de avanzada.

Para internarse en el Viejo Tokio habrá que llegar a la estación Asakusa, donde se encuentra Sensoji, uno de los templos más antiguos de Japón, visitado por más de 20 millones de persona por año. El espectacular complejo, que data del año 632 y donde se venera a la diosa Kannon, cuenta además con una bella pagoda de cinco pisos. En el acceso, hay un mercado con muchos puestos, donde se encuentra toda clase de souvenirs tradicionales, como los hachimachi (pañuelos para anudar en la frente) y variedad de yukatas, los frescos quimonos de verano. Muy cerca está Kappabashi, una zona de bazares de vajilla japonesa y famosas cuchillerías.

El último grito de la moda se pasea por Harakuru, donde en Omotesando Dori (dori significa calle) están instaladas las más reconocidas y prestigiosas etiquetas de ropa y accesorios de Japón y el resto del mundo. El sitio, favorito de las jóvenes tokiotas, consumistas impenitentes, se completa con cafés de aire europeo con terrazas desde donde es posible ver como en una pasarela las últimas tendencias de las colecciones europeas y de Estados Unidos.

Especial para noctámbulos, Roppongi se anima cada noche en su gran oferta de restaurantes, bares, karaokes y discotecas, algunas abiertas hasta la madrugada. Es el sitio elegido por los jóvenes para una copa en la barra o para comer. Durante el día el panorama es otro, especialmente en la zona de Roppongi Hills, donde se descubren los edificios más altos de la ciudad: la Tokio Tower, que remeda la Torre Eiffel de París; la Mid Town, desde donde se llega a ver el monte Fuji, y la Mori, que encierra el prestigioso Museo de Arte Moderno.

Para tener una real dimensión de lo que es una megalópolis hay que pasar por Shinjuku, la principal estación de Tokio y la mayor de Japón y del planeta, por donde circulan dos millones de personas diariamente. Allí se conecta con el Shinkasen, el tren bala, orgullo japonés y algo así como una ciudad bajo tierra, con más negocios de electrónica y comida, sus calles interiores tienen acceso directo a edificios de oficinas y grandes almacenes de la zona, lo que ofrece uno de los panoramas más contrastantes de la ciudad, con callecitas de otras épocas bajo el puente por donde corre el moderno tren, y detrás un conglomerado de rascacielos.

Y todavía queda mucho por conocer. Hay que dar una vuelta por Shibuya y su famoso cruce de calles, donde una marea humana espera el cambio de semáforos con un paisaje a sus espaldas lleno de edificios con coloridos anuncios y centelleantes pantallas gigantes de cristal líquido. Al atardecer, el paisaje parece encenderse en una pirotecnia de carteles en uno de los panoramas más representativos del Tokio de hoy.

El cruce de calles en el distrito de Shibuya, siempre muy concurrido

Imperdibles
La ceremonia del té. En algunos hoteles, especialmente los de más estrellas, se puede participar del paso a paso de este símbolo de la cultura japonesa.

Los Onsen. Compartir los tradicionales baños termales comunitarios, en grandes piletas, es toda una experiencia. Hay para hombres y mujeres, y también mixtos.

Los ryokan. Parar vivir en el más puro estilo japonés, están estos hoteles, con toda la tradición del país. Generalmente atendidos por sus dueños en un mundo de quimonos, tatamis y futones, ofrecen la cocina tradicional de la familia, y hasta un onsen para relajarse luego de un paseo.

En las vidrieras, quimonos tradicionales y también de estilo europeo

Hoteles, guías, taxis y más
Tokio es una metrópolis segura, ordenada y... Limpísima. Imposible ver una colilla de cigarrillo en las veredas, está prohibido fumar por la calle caminando, hay que hacerlo en lugares con ceniceros. Su gente es muy amable, siempre dispuesta a ayudar al visitante, y excepto por su trazado urbanístico con calles y callecitas que se entrecruzan, algunas con subidas y bajadas, nada es complicado con un mapa en mano.

Muy buena la guía gratuita Metrópolis, que proveen los hoteles. Aunque tiene fama de ser muy cara, se puede comer y alojar por precios bastante acomodados. Es cierto que tiene el restaurante más caro del mundo, de 1000 euros el cubierto, y fastuosos hoteles de seis estrellas, pero es fácil encontrar hotelitos con encanto en los que uno se puede alojar desde US$ 60 diarios con desayuno, y comer en cualquier restaurante de cocina japonesa o europea por un promedio de US$ 12 con una copa de vino francés. No se acostumbra dejar propina.

Donde los precios se disparan es en el transporte. Un viaje de quince minutos en taxi, impecable, con GPS y conductor de guante blanco, cuesta unos US$ 30, y el pasaje más barato del subterráneo, 160 yenes; es decir 1,60 dólares. Las entradas a museos y templos oscilan entre 10 y 15 dólares.

La torre de Armani en el barrio de Ginza, de lo más exclusivo

Yokohama y Kamakura
Tomar el tren bala y conocer Kyoto es parte de un paquete tradicional para conocer Japón. Pero si el tiempo no alcanza, una visita a Yokohama es una buena opción para salir de la ciudad por unas horas. Sitio preferido por los tokiotas en los fines de semana, el puerto más importante del país, que evoca la Segunda Guerra Mundial, es hoy una impactante ciudad con perfil propio.

La Landmark Tower, la más alta de Japón, se asoma a la bahía y ofrece en su base el Queen´s Square, un paseo comercial con cantidad de comercios, y Mirato Mirai 21, modernísimo complejo con el fondo del Yokohama Bay Bridge, junto a la gran terminal marítima, con barcos de gran porte. Cerca se encuentra la colorida Chinatown, el asentamiento más importante de la comunidad china en el país, lugar indicado para un almuerzo en algunos de los restaurantes o puestos al paso, con su gastronomía típica, después de recorrer calles llenas de tiendas con infinidad de ofertas de todo tipo.

Desde aquí el tren los acercará a Kamakura, imperdible vista a un mundo de templos y oratorios en la quietud de los bellos parques de la zona. El más próximo a la estación es el santuario sintoísta de Tsurugaoka Hachimangu, tradicional centro de peregrinación de los japoneses donde se celebran bodas y bautismos con rituales milenarios.

Desde la gran explanada de acceso se tiene una vista del impresionante complejo, entre la muchedumbre que se da cita allí, antes de recorrer otros templos y llegar hasta el Gran Buda de Kamakura. Materializada en bronce y de 11 metros, la venerada imagen espera al visitante después de un esforzado ascenso hasta el lugar de su emplazamiento.

Luces, carteles y compras
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 28/05/2011
Cruceros: por la ruta Sudamericana

Crucero Sinfonia
En plena temporada sudamericana de cruceros, los buques que tienen como puerto de salida o destino a Buenos Aires ofrecen a bordo una experiencia de película: deportes, galas teatrales, shows en vivo y buena gastronomía sobre las aguas del Atlántico. Además, las costas de Uruguay y Brasil.

Vivir el mar desde el propio mar, con todo el lujo a cuestas. Esa es la propuesta de las inmensas ciudades flotantes que no paran de llegar a la renovada terminal de cruceros Benito Quinquela Martín, ubicada en Puerto Nuevo, a escasos metros de Retiro. Entre las distintas compañías está previsto que lleguen este año 124 naves, 22 más que en la temporada pasada. Este incremento del 4% a nivel turístico para 2009, será aún mayor la temporada entrante, ya que son 145 los buques anotados para 2010/11. Entre el glamour y lo exótico, los colosos flotantes invitan a una experiencia donde abundan los más destacados servicios y nunca falta el detalle: fabulosas cenas con la luna flotando sobre el océano; shows musicales y teatrales en escenarios para más de 1000 personas; deportes de todo tipo en la explanada de la embarcación; piscinas, jacuzzis, masajes y una infinidad de tratamientos relajantes en el spa. Ah, y como si fuera poco, las imperdibles playas de Uruguay y Brasil.

Crucero Silver Wind

Megabarcos-Megavisitas

Las calles de Buenos Aires se “inundan” de pronto con 13. 000 turistas más, y de una sola vez. Es el saldo de la llegada de apenas cinco buques. El Infinity, el Delphin, el Silver Wind, el Norwegian Dream y el Sinfonía ya han dejado en ediciones pasadas la muestra de lo que significa un solo día de desembarco, algo así como destapar un enorme hormiguero. Entre esos gigantes, Costa y MSC se destacan por recorrer las cálidas playas brasileñas, lo que implica saborear los manjares gastronómicos de sus comidas regionales donde abunda el maracuyá, sumergirse en el clima del samba y contagiarse irremediablemente de la alegría carioca.

En su mayoría, estas travesías de placer zarpan desde Buenos Aires o llegan a ella, pasando sí o sí por los increíbles paisajes de Uruguay y Brasil. Playas espectaculares es un requisito de todo viaje en crucero: Río, Santos y Porto Belho; Corcovado, el Pan de Azúcar y todo Copacabana. Sólo o en pareja (no suelen ser viajes familiares, aunque claro que es posible), se puede disfrutar de una copa de champagne y vibrar con la música brasileña como para empezar. Desayunar en la cabina o la cubierta, y prepararse para recorrer Salvador de Bahía, el fascinante Pelourinho y el Mercado Modelo. Comprar allí algunas piezas artesanales únicas, y deleitarse con las historias del centenar de iglesias que se levantaron siglos atrás. Luego, será el tiempo de la blancura soñada para la arena, y del reparador baño en aguas tibias y transparentes. Salvador de Bahía, Buzios, Cristo Redentor, Ipanema, Blumenau, Ilha Bela, Arraial do Cabo, Ilehussiete... La lista es infinita, y siempre sorprendente.

Costa Mediterránea
Estilo Costa
El Costa Mediterránea ha sido la novedad 2009 y una de las dos embarcaciones que la firma italiana Costa Cruceros trajo a Buenos Aires, además del viejo conocido Costa Romántica. Uno de los nueve itinerarios que brinda/rá el debutante hasta marzo, propone la salida desde la terminal naviera porteña con destino a Punta del Este, y allí continuar camino al Norte para visitar las costas brasileñas, Porto Belo, Santos y Río de Janeiro. Se trata de una nave de casi tres cuadras de largo, 1057 cabinas y una capacidad para recibir a 2700 huéspedes. Además de su enormidad, el Mediterránea es sinónimo de fiesta diaria sobre el mar, y una verdadera galería de arte flotante: considerado uno de los barcos avanzados e innovadores de la industria de cruceros, los interiores han sido inspirados en palacios italianos del siglo XVII y XVIII, donde abunda el barroco siciliano a la Siena medieval, y el estilo veneciano a neoclásico. Su hall central está dedicado a la comedia y la danza italiana, con una escultura de 25 metros de alto y una exposición de 48 fotografías tomadas por Angela Cioce de Bari, fotógrafa oficial para los ballets de Maurice Béjart.

Crucero Infinity

Itinerarios y Paquetes
En cuanto a costos, si bien el imaginario popular cree que estos viajes son para un público muy reducido, hay alternativas con tarifas similares a otro tipo de viajes, y mucho más frecuentes.
Itinerarios de Costa como los que parten el 2, 10 y 18 de febrero con ocho noches (Buenos Aires, visita a las costas de Punta del Este, Porto Belo, Angra Dos Reis, Río de Janeiro y regreso a Buenos Aires), están disponibles por U$S 1341, con impuestos incluidos.

El paquete Patagonia , (14 noches) que parte el 26 de febrero e incluye Montevideo, Puerto Madryn, Punta Arenas, Ushuaia, Islas Malvinas y regreso a Buenos Aires, tiene un valor de U$S 1941, promocionando el tercer y cuarto pasajero, que sólo pagan impuestos.

Otra opción es la del mini crucero , que ofrece salir el 15 de marzo y pasar tres noches de visita en el país charrúa, con el itinerario Buenos Aires-Punta del Este-Buenos Aires, por U$S 425.

Con estos viajes Costa Cruceros continúa una ambiciosa temporada 2008-2009, triplicando la oferta de cabinas desde el puerto de Buenos Aires: la llegada del Costa Mágica a Brasil suma un total de 28 cruceros, dos minis y seis viajes transatlánticos entre diciembre y marzo. “Estamos atentos para que todo salga a la perfección, y trabajamos en conjunto con los concesionarios, armadores, agencias marítimas, Prefectura, Aduana, Migraciones y Secretaría de Turismo de la Nación. No hay que olvidar que la actividad turística es fundamental como ingreso de divisas y generación de empleo en el país”, sintetizó Luis Angel Diez, interventor de la Administración General de Puertos.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 28/05/2011
Esteros del Ibera: Viaje a la madriguera

En kayak, por los humedales que delimitan al este los ríos Aguapey, Miriñay y, al oeste, el Batel-Batelito, de origen paranaense

En el segundo humedal de Sudamérica hay un metro menos en el nivel de agua y dos redes eléctricas lo atraviesan. De noche, los carpinchos se acercan a comer entre los húespedes y los yacarés aguzan los ojos verticales. De día, el misterio de las islas flotantes.

La barca avanza silenciosa empujada por la caña que mueve el guía y barquero Sebastián. De pronto, alguien dice emocionado pero en voz baja: “Ahí hay dos yacarés”. “Son cuatro”, responde el guía acostumbrado a ver en detalle todo lo que lo rodea y señala exactamente donde se encuentran. “Y allí al fondo, lo ven, hay un ciervo. ”

Son los Esteros del Iberá, el segundo humedal más grande de Sudamérica, formado por un intrincado sistema de lagunas y canales ubicados en la provincia argentina de Corrientes , un lugar poco conocido hasta para los propios argentinos, de relativamente difícil acceso aún hoy, donde la creación de un parque provincial y el estímulo al turismo permitieron salvar a numerosas especies que en los 80 estaban al borde de la extinción.

En el Iberá hay dos tipos de yacarés, el overo y el negro, de cuero muy cotizado, lo cual hizo mermar la especie

La superficie total protegida de los Esteros (Iberá viene del idioma indígena guaraní, y significa “agua que brilla”) es de 1.300.000 hectáreas. Fueron declarados Reserva Provincial en 1983 y cuentan con 60 especies de mamíferos, 50 de reptiles, 35 de anfibios y 110 especies de peces. Sin olvidar la impresionante cifra de sus 350 especies de aves, que se pueden “cazar” con la cámara fotográfica.

Durante todo el siglo XIX y principios del XX, la dificultad para acceder a esta zona, que se recarga únicamente del agua de lluvia y no de acuíferos ni de ríos, la hicieron un lugar de refugio de los animales y también de algunos personajes fuera de la ley, hasta el punto de que la leyenda perdura, y hay quien afirma sin dudar, que todavía quedan “forajidos” que viven en las islas más apartadas.

Pero el valor del cuero de algunas especies, sobre todo del yacaré (una especie de caimán), del que existen dos tipos, el overo y el negro (el más cotizado por su cuero); el lobito de río (similar a la nutria); o el carpincho, que es el roedor más grande del mundo, hizo que las poblaciones mermaran de forma muy peligrosa. Lo mismo ocurrió con el yaguareté, una especie de felino ya extinguido en esta zona, o el aguará guazú (un cánido de patas largas y cuerpo desgarbado), que fueron perseguidos por los ganaderos para proteger a sus animales de sus ataques.

La leyenda dice que la zona, casi impenetrable, fue refugio de forajidos

Desde que se creara la reserva la situación ha ido cambiando –incluso pese a la falta de apoyo político en muchas ocasiones–, y las poblaciones se han ido recuperando, pero aun así los Esteros no están preparados para el turismo masivo, cosa que sus propios habitantes defienden, porque hacer una infraestructura mayor implicaría la destrucción del entorno, por ejemplo ante la necesidad de un nuevo tendido de luz que se sume a los dos ya existentes y que atraviesan el parque, pese a ser en teoría un área protegida.

Además, el cambio climático y el avance de la desertificación también se hacen notar aquí, pues el nivel de la laguna se encuentra actualmente un metro por debajo del que debería tener.

Las hosterías, todas con un estilo campestre, rodeadas de árboles y algunas con piscina para el caluroso verano, ofrecen paseos en lancha, en canoas, a caballo, o caminatas por la zona. El relax está garantizado, porque no hay –literalmente– nada que hacer entre las excursiones, salvo disfrutar del entorno y la tranquilidad, y el día queda pautado por las comidas que ofrecen los mismos alojamientos y las salidas.

Carpinchos, los mayores roedores del mundo, tomando un descanso

Por la noche es conveniente ir con linternas para no sorprenderse ante los animales como los carpinchos, que se acercan hasta los alrededores de las casas para comer el césped, y para poder ver los ojos de los reptiles y anfibios que se reúnen en las orillas de la laguna.

La mejor época para ir es durante el invierno y primavera australes (de mayo a noviembre), ya que durante el verano las temperaturas llegan a marcar 40 grados en un entorno húmedo y habría que convivir con nubes de mosquitos. Importante es ir protegido además del sol, incluso en épocas de frío.

Uno de los misterios de los Esteros del Iberá son sus embalsados. Se llama así a las islas flotantes formadas por camalotes y otras plantas que se enredan entre sí y forjan una plataforma sobre la que llegan a crecer plantas grandes, pero que en realidad no lo hacen en tierra firme, sino en islas de sólo centímetros o pocos metros de profundidad.

Baqueanos. Los guías y barqueros conocen mejor que nadie el lenguaje del río. Ven indicios de vida aun donde nadie podría reconocerlos

Los animales están adaptados a ello y pueden caminar sin problemas, pero para el ser humano puede ser peligroso si no se conoce dónde pisar. Cuando hay tormentas o viento las islas se mueven, formando nuevos canales y modificando cada vez el paisaje, lo que hacía en el pasado que se creyera que la zona estaba embrujada. A ello se suman leyendas como la del Pombero, un personaje pequeño que lleva un gran sombrero y que ataca a quienes dañan a los pájaros.

Otros de los atractivos son los monos aulladores o carayá, los ciervos de los pantanos, las simpáticas liebres, las comadrejas, la imponente boa curiyú y la venenosa yarará, además de innumerables garzas, patos y cormoranes.

Agua que brilla, tal el significado guaraní de Iberá. En 1,3 millón de hectáreas, hay 60 especies de mamíferos, 50 tipos de reptiles, 35 de anfibios y 350 variedades de aves que se dejan “cazar” con la cámara.

Durante el camino de llegada y partida por una carretera de ripio hacia la cercana ciudad de Mercedes (desde donde se accede), las vizcachas, roedores con rayas negras en forma de antifaz, parecen saludar desde las puertas de sus madrigueras el paso de los desconocidos, como si custodiaran un secreto camino hasta las profundidades de la laguna.

Romina Lopez La Rosa