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Grupo de Folklore

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
México-Cancún: Una mañana con delfines

Saltos, caricias y hasta barrenadas a toda velocidad empujados por estos sorprendentes animales en una enorme piscina

Desde el borde de la enorme piscina que divide en dos el complejo Dreams Cancún, María Luisa da indicaciones al grupo de ocho visitantes que se encuentran con el agua hasta las rodillas. Vestida con un traje de neoprene azul y negro, la joven y bronceada entrenadora primero les sugiere que se sumerjan muy despacio, como para aclimatarse. Luego, solicita ordenarse en una hilera siguiendo el ancho del natatorio. Finalmente, pide silencio. Un segundo después hace sonar un pequeño silbato, muy agudo, y enseguida, y como salidos de la nada, dos delfines irrumpen en la calma superficie y comienzan a moverse entre los participantes; tímidamente al principio, con más confianza a medida que pasan los minutos. "Acerquen las manos sin hacer movimientos bruscos. Aguarden que se acostumbren a ustedes. Cuando los tengan delante, acarícienlos", pide la entrenadora.

Mientras los animales se entregan a las caricias humanas, los visitantes se toman por los hombres manteniendo la hilera. Minutos después, María Luisa tocará nuevamente el silbato, y los delfines saltarán una y otra vez por encima de la fila humana.

Las caras de asombro se multiplican entre los participantes y los curiosos y familiares, que, cámaras en mano, observan desde la orilla. Y no es para menos. El nado con delfines es uno de los programas más codiciados y concurridos por quienes se acercan a la Riviera Maya, la zona costera de la península de Yucatán, hasta tal punto que ni siquiera cuando esta ciudad estaba pasando por su peor momento en cuanto a afluencia de turismo a causa de la influenza A -situación de la cual ya se encuentra casi recuperada-, era sencillo conseguir lugar sin reserva previa. Claro, la experiencia resulta muy enriquecedora tanto para grandes como para chicos, además de ser una forma de contactarse e interactuar con la naturaleza completamente nueva y distinta.


Y en el Dreams Cancún, en la punta norte de la zona hotelera, los delfines son parte de la vida cotidiana del hotel, ya que es el único en la región que se precia de contar con delfinario propio, por lo que sus huéspedes prácticamente conviven con ellos. Por eso, aquí no sólo se puede vivir esta sensacional experiencia, sino que los más entusiastas pueden aspirar a más, ya que cuenta con dos programas exclusivos: uno es el llamado Entrenador por un día , por el cual los concurrentes participan del entrenamiento de estos animales junto con los profesionales, y el otro es el denominado The One , una actividad por la cual sólo una persona se sumerge, está con los delfines y disfruta de ellos sin ningún apuro.

La experiencia continúa y llega el turno de compensar a los animalitos: cada uno recibe un puñado de pequeños peces a modo de recompensa. "Ahora vamos a quedarnos solamente con Wany, que es el más jovencito y juguetón de todos los que tenemos aquí", explica María Luisa mientras toca nuevamente el silbato y con un gesto le indica a uno de los animales que se retire. Wany se entrega ahora a los participantes: primero posará en brazos de cada uno de ellos, después les dará un beso y bajará la cabeza en espera de una retribución; bailará al ritmo de las voces humanas cuando le canten una canción, y finalmente aplaudirá contra el agua a manera de agradecimiento.

La alegría de la gente se palpa en el aire y se contagia en los alrededores entre los espectadores, que cada vez son más.

Más caricias y con los delfines panza arriba y recibiendo caricias en el vientre, vendrán las explicaciones científicas. Ante tamaña muestra de domesticidad, no falta quien sugiera que tal vez los delfines sean los antecesores marítimos de los perros? Y ante la actitud de éstos, nadie se anima a discutirlo.

" ¿Quieren oírlos hablar? ", pregunta la joven entrenadora. Ante la propuesta, invita a sumergir la cabeza para oír cómo se comunican entre ellos mientras van de un lado a otro de la piscina.

El final guarda una sorpresa inolvidable. Cada uno a su turno, los participantes se irán colocando en el medio de la piscina y quedarán flotando con las piernas extendidas hacia atrás. Repentinamente, dos de los delfines apoyarán la nariz en las plantas de los pies y los empujarán a gran velocidad, haciéndolos barrenar sobre la superficie. "Lo llamamos footpush , y siempre lo dejamos para el final porque queremos que se vayan de acá con el mejor recuerdo. Valió la pena, ¿No? ", pregunta la entrenadora. Las respuestas sobraban.


X-Caret, ecopark y espectáculo
Pocos kilómetros al sur de Playa del Carmen y a menos de una hora de viaje desde Cancún se encuentra X-Caret. Bien conocido por casi todos los que alguna vez pasaron por la zona, este parque temático no sólo es un enorme zoológico al estilo moderno (con animales sueltos en espacios que recrean sus hábitats), sino también un gran parque de atracciones siempre al estilo natural. Aquí también se puede nadar con delfines o hacer snorkeling en ríos subterráneos, buceo en medio de arrecifes de coral, sea trek (caminata por el fondo del mar) con escafandras, o simplemente disfrutar de una playa muy acogedora, entre tantas otras opciones. Una amplia oferta cultural y de espectáculos que se renueva periódicamente le agrega valor y permite conocer un poco las raíces y tradiciones de este pueblo. El último título agregado a la cartelera es México espectacular, un impresionante show en el que participan más de 250 artistas en escena, donde se recrea parte de la historia del país.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Mirada rápida a San Diego-California

ES LA CIUDAD-BALNEARIO MÁS FAMOSA DE LA COSTA OESTE POR SUS NUMEROSAS PLAYAS Y ATRACCIONES

Del 12 de junio al 5 de julio en el Del Mar Fairgrounds de San Diego se realiza la sexta feria más grande de la nación y el máximo evento del condado. En esos 22 días se llevan a cabo actividades diversas, como festivales de música, exposiciones, entre otros certámenes que atraen a expositores, compradores y visitantes de todo el país.

Si está pensando conocer algo diferente en las próximas vacaciones, San Diego es una gran alternativa. Se ubica al suroeste de California y es la segunda ciudad más grande de este megaestado estadounidense. El condado está justo al norte con la frontera mexicana, limitando con la conocida Tijuana. Es un destino con kilómetros de playas y agradable clima mediterráneo todo el año, con temperaturas promedio durante el día de 21 ºC que en el invierno raramente descienden bajo los 10 ºC.

Elegante y soleada, San Diego es en verdad una ciudad para todos. Puede pasar un día entero conociendo los diversos museos en el Parque Balboa, jugando golf, visitando el popular zoológico, gozando de una de sus playas o diversos shopping centers. También puede salir de la ciudad e ir a Torrey Pines State Reserve, una zona natural protegida para admirar las aves y los árboles más extraños. Y entre los meses de diciembre a marzo se pueden observar los maravillosos grupos de ballenas que pasan por su costa diariamente.

El transporte en San Diego es completo: sistemas de tren ligero, autobuses, tren coaster y el famoso servicio de ferrocarril Amtrak para salir de la ciudad. Además de autopistas de alto nivel interconectadas con todo el país.


ATRACCIONES
Para comenzar con la aventura no dude en pasear a través del embarcadero, donde podrá visualizar grandes embarcaciones navales y de comercio.

No puede faltar la excursión al Parque Balboa, que es el corazón cultural de San Diego, con construcciones que datan originalmente de la Exposición Universal de 1915. Este lugar alberga 15 museos, nueve teatros y centros de arte, así como el famoso zoológico de San Diego. Este último recibe más de 500 mil visitantes al año, en un horario corrido desde las 9:30 a.m. Hasta las 4:30 p.m. Todos los días, el cual se extiende algo más en el verano.

Gaslamp Quarter, con sus 16 manzanas, es una zona victoriana restaurada del centro de la ciudad. La mayoría de los edificios se han convertido en galerías, restaurantes, bares, tiendas de calidad y espacios teatrales que se pueden recorrer a pie o en una carroza halada por caballos. Al este de esta zona se encuentra el Petco Park, donde se levanta el estadio de los San Diego Padres (equipo profesional de béisbol). Otro barrio interesante para ir es el Little Italy, donde las residencias y los pintorescos restaurantes están decorados al estilo italiano.

Mission Bay Park es el parque más grande de la bahía. Ofrece una gran variedad de actividades incluyendo rutas para caminar y trotar y áreas de juego para niños. Es un sitio muy popular para volar cometa o hacer picnic. No deje atrás la diversión familiar, pues aquí podrá visitar parques de diversiones que a todos les encanta, como el Wild Animal Park o el famoso Sea World (cuyo clon en Orlando fue tema central de la semana pasada), que atrae a grandes y a chicos con sus juegos acuáticos, acuarios y espectáculos con animales.


ARENA, MAR, SOL Y MUCHO MÁS
A lo largo de sus 113 kilómetros de litoral, San Diego tiene playas y aguas inmejorables ya sea para navegar, surfear, nadar, pescar, montar a caballo o simplemente para descansar sobre la arena leyendo un buen libro. Las más bellas playas se encuentran en La Jolla y Coronado, y para los que les gusta sentir la adrenalina existen excursiones de buceo, vuelos en globos y hasta experiencias en combate aéreo.

Los amantes a las compras podrán encontrar en Coronado los mejores centros comerciales y muchos hospedajes de lujo como el histórico Coronado Hotel. La Jolla, por su parte, es una bella área con exclusivas residencias en las colinas que lo dejarán boquiabierto y numerosas tiendas y boutiques de alta calidad.

Si cuenta con más tiempo, a menos de dos horas se encuentra Los Ángeles, con todos sus atractivos que no se reducen a los muy promocionados Hollywood y Beverly Hills. Una visita a esta metrópoli dependerá de cuánto tiempo libre disponga el viajero.


Marisol Tudela Quesada
Mirta Rosa Carceles
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Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Lo mejor de Miami, los 10 imperdibles

La gran ciudad del estado de Florida seduce con play as soñad as, islas selectas y lujosos centros de compras. Es el ícono del estado de Florida y la ciudad de los Estados Unidos más hispana y caribeña. Es que en Miami s e con jugan el constante crecimiento de una urbe con rascacielos, barrios selectos y playa s seductoras; glamorosos centros comerciales y deportes acuáticos de mo da ; animada vida nocturna y propuestas para toda la familia.


1-Miami Beach
Turística por donde se la mire, Miami Beach se encuentra a la orilla del mar, plagada de hoteles y departamentos para vacaciones. Se destaca el Distrito Histórico de Art Decó, con cientos de edificios que forman un circuito artístico y arquitectónico. Con una gran diversidad de bares y centros nocturnos, en los hoteles se consigue la guía "This week in Miami Beach" para no perderse nada. En cuanto a vida nocturna, South Beach - conocido como SoBe- es un vecindario obligado, que se ganó un lugar en el mundo fashion porque allí vivió y murió el diseñador Gianni Versace. Ocean Drive es la calle más fotografiada de SoBe, frente a una concurrida playa, bordeada de históricas joyas de arte decorativo.


2-La "Pequeña Habana"
La mayor influencia que recibió Miami en la década del 60 fue de los refugiados cubanos disconformes con la Revolución. Se establecieron en el extremo sur en el área llamada "Pequeña Habana" (Little Havana). Allí predomina el ritmo de la salsa, los hombres juegan al dominó en el parque y la brisa lleva aroma de cigarro y café, que puede acompañarse con un pastelito de guayaba. Además, el arte culinario -es famoso el restaurante Versailles- y la vida artística remiten a la cultura cubana, con mezclas de otras influencias caribeñas. Por eso, la cocina floribeña en el distrito latino es una fusión única. Y se habla español en todas partes.


3- La isla de Key Biscayne
En el condado Miami-Dade, la isla de Key Biscayne tiene atracciones turísticas populares, playas fantásticas y puertos deportivos que ofrecen desde alquilar embarcaciones hasta excursiones de buceo. La navegación a vela es un clásico en Hobie Beach; y Crandon Park es un enorme parque playero que incluye paseos, tenis y ciclovías. En la punta norte de la isla, un parque estatal protege al histórico faro y a su playa. Si bien Miami Seaquarium fue una las primeras atracciones marinas de Florida, mantiene al día sus programas con delfines, orcas y exposiciones. Además, cada año se disputa aquí el prestigioso torneo de tenis Masters de Miami.


4- El antiguo Coconut Grove
Se trata de uno de los barrios más antiguos de Miami, con un animado centro comercial y bulliciosa vida nocturna. Construida en 1916, Villa Vizcaya y sus Jardines figuran entre las mayores atracciones turísticas.


5-Bayside, mercado y puerto
Bayside es la puerta de entrada de los numerosos cruceros que arriban al puerto de Miami. Aquí se encuentra Bayside Marketplace, ofreciendo una festiva atmósfera para ir de compras, cenar, o bien, abordar una embarcación turística para divisar las mansiones de las celebridades escondidas entre islas a lo largo de McArthur Causeway. Como es el caso de la famosa Fisher Island. Parrot Jungle Island y el Museo de los Chicos son atracciones cercanas y para toda la familia.


6- Los Parques Nacionales
El Parque Nacional Biscayne fue creado para preservar la bahía Biscayne, que ostenta uno de los santuarios de buceo de EE. UU. , entre islas y arrecifes de coral. También hay paseos en embarcaciones con fondo transparente y kayaks. Por su parte, el Parque Nacional Everglades cuenta con hidrodeslizadores, ideales para navegar sobre los pantanos y recorrer el manglar. Cercana, la tribu indígena Miccosukee atrae con un curioso casino y, durante el día, permiten a los turistas compartir sus comidas y danzas típicas, y exhiben su destreza frente a los cocodrilos que abundan allí.


7-El sofisticado Coral Gables
Coral Gables es un municipio poblado principalmente por las clases media-alta y alta. Conocido por sus restaurantes, galerías de arte y tiendas especializadas, figura entre las primeras urbanizaciones planificadas del país, construida con la piedra caliza del lugar. La cantera, convertida en piscina veneciana, tiene románticos puentes y cascadas.


8- Joe's Stone Crab
Este restaurante es muy conocido por sus abundantes porciones y el postre Pie de Key Lime, un clásico de Florida. Si bien la especialidad de Miami son los pescados y los mariscos, hay restaurantes de excelente calidad y diversidad. Como el Martínez, que sirve tapas, está de moda y su chef es argentina.


9-Dolphin Mall
A 8 km del aeropuerto, Dolphin Mall es ideal para hacer compras antes de partir a muy buen precio, ya que es un outlet de grandes marcas. En la "ciudad del shopping", se destacan, entre tantos otros, Ball Harbor Mall, Coconut Grove, The Falls, Aventura Mall, Bayside Marketplace y Cocowalk.


10- Bal Harbour
A mediados del siglo pasado ya era el refugio de celebridades como Frank Sinatra o Duke Ellington. Ubicado entre South Beach y Fort Lauderdale, Bal Harbour alberga en la actualidad maravillosas playas y embarcaderos, junto a suntuosas mansiones. En la Segunda Guerra Mundial las tierras estuvieron ocupadas por la Fuerza Aérea, importante ingrediente histórico del glamoroso paraíso.

Vigencia de la tentación (Alejandro Stilma)
En Miami, los cubanos aturden con su parloteo, las autopistas apabullan con sus perspectivas en fuga, los shoppings succionan con sus vidrieras y el mar imanta con sus playas abiertas al Atlántico. Todo eso y algo más: el imaginario de una «capital de latinoamericanos en los Estados Unidos. Una ciudad de oportunidades a la que la crisis le asestó, como al resto del país y del mundo, un buen llamado de atención. Pero en alguna parte, alguien debe haber escrito que a Miami no se le puede arruinar la fiesta. Tal vez por eso sigue vigente y tentadora: «tentar , justamente, es parte de su ADN. Y argumentos no le faltan para que se cumpla ese mandato.

Clarín - Viajes
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Maranhão-Brasil: la ciudad y las dunas


Atractivos de un nordeste brasileño desconocido. Sierras, dunas, mar y una ciudad Patrimonio de la Humanidad.


Siendo uno de los estados del nordeste brasileño, a Maranhao no le faltan paraísos. Idílico por donde se lo mire, las sorpresas saltan una tras otra en cada paseo, en cada recorrido, gracias a que el turismo aquí no es armado: en sus playas, la selva y la ciudad colonial de Sao Luis, capital “estadual”, no hay complejos hoteleros de lujo ni luces de neón que desvirtúen la esencia de una visita maranhense. ¿Y cuál es esta esencia? La de la rusticidad, la del descubrimiento del lugar a través de su naturaleza extrañamente intacta y la cotidianeidad en ciudades y pueblos, la de poder detenerse a tomarle una foto a un artesano callejero sin que éste, a cambio, pida un real por la instantánea, la de sentarse a beber una cerveza (Bohemia y Skol entre las mejores de una larga lista de opciones espumosamente deliciosas) en un bar o restaurante del que cualquier lugareño es habitué, o bien la de encontrarse con pescadores artesanales navegando en precarios botes impulsados por velas de lona o plásticas que, a diferencia de otros destinos verdeamarelos, no tienen publicidades estampadas de compañías de celulares, petroleras o financieras.


De cascadas, selvas y mar
En Maranhao hay cuatro destinos imperdibles. Uno de ellos, quizás el menos promocionado –injustamente– frente a las maravillas de los restantes, es el de la Chapada das Mesas, en la región sur del estado y muy alejado del mar. Allí, en medio de impresionantes formaciones rocosas y cañones rodeados de selva (o floresta, como se dice en portugués) se descubren decenas de cachoeiras o cascadas (las más destacadas son las de Santa Bárbara, Itapecuruzinho y Pedra Caída, esta última con un salto de 50 m de altura) con piletones que invitan a constantes zambullidas en increíbles aguas transparentes en medio de la soledad más absoluta, y riachos de arenas doradas que zigzaguean entre el verde tropical. Carolina, Riachao e Imperatriz son pequeñas poblados con una mínima aunque cómoda infraestructura de alojamiento, restaurantes y lojas (locales) de artesanías, que sirven de base para un recorrido que recompensará con creces el viaje.


Capital colonial
Como otras tantas ciudades del Brasil, Sao Luis es el resultado de luchas coloniales. La fundó el francés Daniel de la Touche en 1612 pero inmediatamente fue invadida por los holandeses, que la perdieron frente al reino del Portugal después de tres años de guerra en 1644. A pesar del tiempo transcurrido, la ciudad vieja (separada de la parte “nueva” por la bahía Sao José) mantiene más de 3. 000 construcciones de los siglos XVII, XVIII y XIX, obviamente con una arquitectura netamente portuguesa. Caminar por sus calles empedradas que mantienen el trazado original del siglo XVII es, nunca mejor dicho, viajar en el tiempo, ser recibido por un pasado siempre presente. Por eso, en 1997 la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad .
Los principales edificios históricos a visitar son la Catedral metropolitana o Igreja da Se (siglo XVII); el Palacio dos Leoes, actual palacio de gobierno del estado, construido en el siglo XIX en el mismo lugar donde los franceses habían levantado el fuerte de la ciudad en 1612; y la Fonte das Pedras (Fuente de las Piedras): en sus primeros años de vida, Sao Luis no tenía una red de agua potable, por lo que se construyó esta fuente. Por entonces, era común ver a los esclavos africanos llegar varias veces al día con barriles para distribuir el líquido vital en las casas, e incluso ver a las esclavas lavando la ropa de sus señores. Hoy, la Fonte das Pedras es uno de los monumentos mejor conservados de la ciudad.

Pero no hay que contentarse con conocer estos edificios. Para disfrutar de Sao Luis lo mejor es caminar sus angostas callejuelas en desnivel, admirando caserones ornamentados con los coloridos azulejos centenarios que le dan el apodo de Ciudad de los Azulejos, balcones y tejados anaranjados ennegrecidos por el paso de los años; entrar en decenas de locales de artesanías o detenerse a conversar con artesanos callejeros... Y para la noche, entre miércoles y domingos, degustar la gastronomía maranhense (guisos de camarón, cazuela de leche de coco, arroz cuxá, gallina caipira y otros) en bares antiquísimos que despliegan mesas en calles y veredas acompañando con espectáculos de música, para después divertirse en pubs desbordantes de alegría con ritmos que van del reggae al forró, pasando por el samba, la bossa y la música popular brasileña o MPB.

A tres horas en micro de Sao Luis o 45 minutos en avioneta para cuatro pasajeros, se encuentra el poblado de Barreirinhas. Rústico, pequeño, con sólo dos calles asfaltadas y las restantes de arena, es puerta de entrada a otro de los paraísos de Maranhao: el Parque Nacional Dos Lencois, un paisaje sorprendente de 150. 000 hectáreas de médanos de hasta 30 m de altura, a cuyos pies hay otras tantas miles de lagunas color esmeralda. Desde el aire se tiene una vista inmejorable: el océano Atlántico de un lado y el río Preguica y la espesa selva preamazónica que se extiende del otro, encierran a este mar de arenas doradísimas al que no se puede obviar una visita. Para llegar al parque hay que abordar una jardinera (camión 4x4 cuya caja dispone de filas de asientos) y cruzar, primero, el río Preguica a bordo de una balsa.

Luego el vehículo se interna en la selva siguiendo un camino de arena hasta que la primera duna aparece cerrando el paso. Y allí comienza el show. Los lencois reciben este nombre por la similitud que la disposición de los médanos tiene, vistos desde el aire, con las ondas de un lienzo agitado por el viento. Montaña tras otra, y entre cada una esos cálidos espejos de agua dulce que se forman en la época de lluvias, de enero a junio. No hay vegetación aquí ni puntos de referencia.


El delta del río perezoso
Junto al Parque Nacional hay otros lencois pero más pequeños, nada menos que 50. 000 hectáreas. Y justo allí existe un pequeño caserío de pescadores artesanales de río llamado Vasouras, donde pueden apreciarse sus rudimentarias chozas construidas con hojas de palmera burutí. Visitados los lencois, conviene salir de Barreirinhas para alojarse en cualquiera de las rústicas posadas ubicadas en la lengua de arena que separa el mar del Preguica. Desde sus embarcaderos parten las lanchas que navegan el río en busca de varias poblaciones en las que el turista es bienvenido con el saludo y la sonrisa de sus habitantes a cada paso.

Preguica, en portugués, significa perezoso. Y el curso tiene ese carácter: baja muy lento y calmo hasta su desembocadura en el mar. Una de las aldeas que hilvana en su recorrido es la de Tapuio, donde la familia Silva explica, en un molino artesanal comunitario, cómo es el proceso para transformar la mandioca en harina o farofa. La navegación sorprende con mil verdes increíbles en cada orilla, con pobladores bañándose y lavando ropa y vajilla en el Preguica, y con la aparición constante de botes de madera impulsados con velas de colores vivos (rojo, amarillo, anaranjado) o motores fuera de borda dedicados a la pesca de especies de río, incluidos enormes y carnosos cangrejos que capturan entre los manglares.

Y así la lancha llega a Mandacarú, otro caserío de calles de arena que se diferencia de los demás por la cantidad de artesanías confeccionadas en madera, conchas de caracol y tejidos de hoja de palmera que se ofrecen a la venta, y por el faro que con casi 40 m de altura resulta un perfecto mirador hacia los cuatro puntos cardinales. Al este, el Atlántico rompiendo contra las arenas de los lencois; al norte, el Preguica con mil meandros uniéndose al mar; al sur y al oeste, el dominio del verde selvático que se extiende tierra adentro, cobijando mil secretos y sorpresas que en los próximos días se seguirán develando. Lo dicho: a Maranhao no le faltan paraísos, lo que falta es tiempo al turista para descubrirlos.


Un mundo por descubrir ( Shirley Bosc, Guía de turismo de Maranhao)
El Brasil fascina a las personas de todo el mundo: fútbol, playas y naturaleza, cultura, la alegría de su pueblo y mucho más. Pero aún existen preciosidades intocadas. El más apasionante de esos secretos es el estado del Maranhão. Cada pedacito del Maranhão revela nuevas sorpresas. El Parque Nacional Dos Lençóis es el único desierto del mundo que cobija miles de lagunas de aguas cristalinas en un escenario indescriptible. Otra belleza es la Floresta de los Guarás, puerta de entrada para la Amazonia, un verdadero santuario ecológico donde habitan el guará, un ave de un rojo intenso que da nombre al lugar. La Chapada das Mesas es una prueba más de que la naturaleza es apasionada por Maranhão: en este paisaje de formaciones rocosas y rica vegetación se revelan decenas de cascadas, una invitación irrecusable tanto para el ocio cuanto para la aventura. Por otro lado está Sao Luís, la capital, puerta de entrada al estado. Su inestimable patrimonio histórico y arquitectónico, la expresividad de su cultura popular y la hospitalidad de su gente cautivan a los visitantes, deslumbrados por fuentes, escaleras y caserones azulejados.

Pablo Caprino
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Argentina: Los Andes a caballo

Alternativas de una nueva edición del legendario cruce de San Martín organizado por el gobierno de San Juan. Una historia nueva para contar.

Uno de los principales motivos que impulsan la realización de esta expedición a través de la Cordillera de los Andes es el de “homenajear al padre de la patria y apreciar cabalmente la magnitud de la gesta realizada 200 años atrás, con las dificultades y contratiempos propios de la época que debió sortear el general San Martín”, explica José Luis Gioja, gobernador de San Juan. También “pretendemos promover la integración con el país hermano de Chile y promocionar al turismo nacional e internacional la belleza y riqueza natural de esta región”.
De hecho, el Cruce de los Andes se realiza, sin interrupción, desde hace 5 años con una notable participación no sólo de aficionados a las cabalgatas de aventura sino también de turistas que desean conocer las vicisitudes que tuvieron que enfrentar en los albores de la independencia.

La travesía comienza en la ciudad de San Juan, desde donde nos trasladamos a la localidad de Barreal, ubicada a 150 km de Plumerillo, punto de partida del cruce sanmartiniano. Este poblado se encuentra a 1. 660 metros sobre el nivel del mar, lo que puede ocasionar, en algunos casos, un ligero apunamiento en aquellas personas no habituadas a la altura. Hicimos noche en Barreal y desde allí partimos en los vehículos hacia la estancia Manantiales (80 km), lo que llevó unas dos horas por camino de ripio. Allí se cargaron las mulas y dio comienzo la cabalgata. Para entonces ya estábamos a 3. 000 metros de altura.


El punto más alto
La primera experiencia duró unas cinco horas de marcha, donde no faltó ningún ingrediente: tuvimos calor, lluvia, granizo, frío y agua nieve (carrotillo para los lugareños). Todo esto hasta lo que sería el primer campamento en el Refugio Frías, a 3. 800 m de altura y dispuesto por el personal de Gendarmería, en tanto que el regimiento de Infantería de Montaña 22, del Ejército Argentino, nos acompañó todo el tiempo.

El segundo día de marcha hacia el Refugio Sardinas no fue menos exigente. Y si bien no hubo ni lluvias ni nieve, el frío se hizo sentir y la altura también, ya que atravesamos el Espinacito a 4. 800 metros, el punto más alto del recorrido. El consuelo fue una reconfortante cena preparada por el cocinero del refugio. El esfuerzo que significó este segundo día estaba previsto en el plan de la travesía, y el tercero fue reservado para recuperar energías. Serenatas y bebidas espirituosas en los refugios para combatir las condiciones climáticas amenizaron las noches y permitieron olvidar las tensiones del día, el cansancio, los precipicios y caminos angostos y empinados que cruzamos.


Dos banderas
Al día siguiente y ya repuestos iniciamos el camino hacia la frontera con Chile. Aquí nos encontramos con las autoridades del hermano país, y la emoción se hizo presente. Fue la conmemoración de un gran esfuerzo para un grupo tan heterogéneo que implicó 4 horas de dura cabalgata. Tras la colocación de placas conmemorativas, cantar unas coplas y homenajear las banderas de ambos países, iniciamos el camino de vuelta hacia Sardinas para pasar allí la noche y, al día siguiente, bajar hasta la estancia Manantiales.

El retorno significaba encarar la parte más peligrosa del recorrido, el descenso por un lugar llamado “La Honda”, que debió ser superado en grupos pequeños de cinco personas, cada una acompañada por un gendarme. El desgaste físico fue enorme. Tuvimos que adaptarnos al paso de las mulas que transitaban por un camino de 40 cm de ancho, y que cada cuatro pasos paraban a descansar debido a que a ellas también les costaba respirar. Todo esto al borde de un precipicio que nos hacía fluir la adrenalina por todo el cuerpo, especialmente cuando, a un lado del camino, un par de esqueletos de mulas funcionaban como una macabra advertencia. Pero toda la tensión se diluyó cuando llegamos al refugio y se armó una improvisada peña, con suficiente bebida como para calmar la sed y festejar la finalización de la extenuante jornada.

El último día camino a la estancia Manantiales fue una jornada para disfrutar. Parecía que las mulas percibían que volvían a su hogar y la bajada fue más rápida de lo esperado. En la estancia nos aguardaban las camionetas 4 x 4 que nos llevaron hasta la ciudad de San Juan con la promesa de una paella que se cumplió y fue acogida como corresponde.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Montevideo - Uruguay: pequeña guía oriental

Avda. 18 de Julio

U na visita a la amable capital uru guaya. De barrio en barrio, un itinerario por las calles montevideanas desde la Ciudad Vieja al Parque Batlle.

La mejor manera de conocer una ciudad es a pie y Montevideo no escapa a esta regla. Al ser muy extendida lo ideal es dividirla en zonas o conocerla en bicicleta. Si es su primera vez y no cuenta con muchos días, comience por la Ciudad Vieja y siga por la avenida 18 de Julio hasta el Parque Batlle (aunque seguramente le lleve dos días hacer este recorrido a pie). En Ciudad Vieja no deje de visitar el tradicional Mercado del Puerto cuyo estilo, con estructura de hierro forjado, recuerda las viejas estaciones de trenes europeas (y si puede cómase una rica parrillada).

En torno de la Plaza Matriz de la Ciudad Vieja –ubicada sobre una península a orillas del río– está el casco antiguo donde aún se conservan edificios coloniales escondidos entre bancos y oficinas. Allí están la Catedral, el Cabildo y museos como el de Torres García, artista uruguayo creador del llamado Universalismo Constructivo. También está el Teatro Solís, inaugurado en 1856, cuya fachada está inspirada en el Teatro Carlo Felice de Génova. Allí nomás surge la Peatonal Sarandí que, como todo el barrio, se convirtió en un bonito centro nocturno luego de años de abandono. La entrada a la peatonal es un vestigio del pasado colonial: la Puerta de la Ciudadela, único remanente de la muralla de Montevideo derribada en 1829. Al otro lado está la Plaza Independencia con la inconfundible estatua ecuestre de Gervasio Artigas.


Parque Rodo

Con la independencia se hicieron transformaciones urbanísticas para borrar el pasado colonial y una de ellas fue trazar la actual Av. 18 de Julio, fecha que conmemora la Jura de la Constitución de 1830. “La” avenida de Montevideo nace en Plaza Independencia y está repleta de negocios, hoteles, bares y librerías. En la esquina de la avenida y la plaza se alza un símbolo de la ciudad: el Palacio Salvo, inaugurado en 1928. Este edificio de 95 metros fue diseñado por Mario Palanti (autor del Palacio Barolo en Buenos Aires) y por mucho tiempo fue el más alto de Sudamérica. En ese solar estaba la confitería La Giralda donde Gerardo Matos Rodríguez presentó el tango uruguayo más famoso del mundo, “La Cumparsita”. Desde la plaza, la 18 de Julio recorre casi tres kilómetros hasta el Bulevar Artigas en el barrio Tres Cruces, donde está el Obelisco a los Constituyentes y uno de los accesos al Parque Batlle. En el trayecto se ven la Plaza de Cagancha (kilómetro cero de las rutas nacionales), el imponente edificio de la Suprema Corte de Justicia (antigua vivienda del empresario uruguayo Francisco Piria), el Palacio Municipal y, más allá, el Monumento al Gaucho, del famoso escultor uruguayo José Luis Zorrilla de San Martín (padre de la actriz China Zorrilla), donde nace el Bulevar España que llega a Pocitos. La avenida continúa rumbo a Tristán Narvaja (calle del tradicional “mercado de pulgas” de los domingos) y culmina en el Parque Batlle y Ordóñez donde se alza el mítico Centenario. En este estadio –erigido para el centenario de la Independencia– Uruguay ganó la final del primer Campeonato Mundial de Fútbol. El parque fue diseñado por el paisajista francés Carlos Thays y en él está el Monumento a la Carreta de José Belloni.

Estadio Centenario

A Carrasco por La Rambla
La Rambla es una larga avenida y paseo peatonal costero ideal para salir a correr, andar en bicicleta o tomar mate como hacen todos los uruguayos. A lo largo de su recorrido cambia de nombre, de playa y de barrio. Partiendo de Ciudad Vieja y Barrio Sur se llega a Palermo, barrio que alojó grandes contingentes de inmigrantes (en su mayoría italianos) hasta las primeras décadas del siglo XX. Aquí tiene su lugar la comunidad afroamericana, creadora del candombe. Sus integrantes suelen juntarse alrededor del Cementerio Central para tocar los tambores y prepararse para el desfile de Llamadas de Carnaval. Cuando la Rambla se llama Presidente Wilson se está en el Barrio Parque Rodó (homenaje al escritor uruguayo José Enrique Rodó) cuyo espacio verde ocupa gran parte del distrito. Allí están la Playa Ramírez, el ex Parque Hotel (actual sede del Mercosur) y el Teatro de Verano donde se realiza la competencia oficial del Carnaval. Como es sabido el Carnaval (el más largo del mundo porque dura casi 40 días) es el acontecimiento más importante de Uruguay ya que el total de entradas vendidas supera a la suma de todos los eventos culturales y deportivos del país en el año.

Avanzando un poco más se llega a la Rambla Gandhi y al Barrio Punta Carretas llamado así por su prominente accidente geográfico (también Punta Brava). Por largo tiempo la zona sólo era frecuentada por lavanderas y pescadores. Era un área marginal al punto tal que, en 1915, se abrió una penitenciaría que años más tarde fue testigo de varias fugas de película: la de anarquistas en los ‘30 y la de los tupamaros en los ‘70. En 1986 un gran motín hizo que la cárcel fuese desalojada y cerrada para siempre. Recién en 1994 fue transformada en centro comercial y, entre tanto, el distrito se consolidó como un barrio de clase media alta.

Vista area de Montevideo

Pocitos es un tradicional barrio con playa y se ubica a la altura de la Rambla República del Perú. Su nombre responde a los años (comienzos del siglo XIX) en que las lavanderas iban a la playa y lavaban la ropa en pozos que hacían en la arena. Nació como un poblado independiente, al crecer la ciudad se transformó en balneario y después en barrio de clase alta, con sendas residencias que luego fueron reemplazadas por edificios de 10 a 15 pisos que miran al “mar”, como llaman los montevideanos al Río de la Plata. Siguiendo por la Rambla Armenia se llega a la playa Buceo donde desembarcaron, en 1807, los ingleses que tomaron Montevideo y, como Pocitos, su crecimiento despegó como balneario en el siglo XX.

Otro barrio sobre la costa es Carrasco, nombre de uno de los primeros pobladores de Montevideo que tenía una estancia por allí. Entre 1907 y 1912 se creó el barrio jardín “Balneario Carrasco” (diseñado por Carlos Thays) pero se frenó la obra por la Primera Guerra Mundial y luego la continuó el municipio. En 1921 se inauguró el Hotel Casino Carrasco y comenzaron a surgir lujosas residencias de verano que después se transformaron en morada permanente de la elite.


El Cerro, la Fortaleza y la aguada
Rica es la historia de la Villa del Cerro surgida en 1834 para acoger a miles de inmigrantes. El barrio está en las laderas norte y este del cerro Montevideo y aquí fue tal la proliferación de saladeros en el siglo XIX y la de frigoríficos en el XX que se convirtió en un estandarte de la industria cárnica uruguaya. La edad de oro fue en 1937 (cuando casi la totalidad de sus habitantes vivía, directa o indirectamente, de la carne) y el ocaso ocurrió a mediados de los ‘50 con el fin de la inmigración y el retiro de la Swift. Luego hubo algunas cooperativas pero la estocada final llegó en 1978 cuando el gobierno dictatorial abolió el monopolio del Frigorífico Nacional (creado por el Estado en 1928) y liberó los precios. Así culminó una era en El Cerro y sus habitantes debieron buscar empleo en otros puntos de la ciudad. En los ’90 quisieron reciclar los esqueletos de los antiguos frigoríficos y en 1996 la armada uruguaya instaló su base naval en el viejo Frigorífico Swift.

Si nos remontamos a los orígenes de la ciudad, el Cerro de Montevideo fue siempre un punto estratégico de defensa. Las invasiones inglesas de 1807 motivaron la construcción –entre 1809 y 1811– de la actual Fortaleza General Artigas. La Fortaleza es uno de los símbolos de Montevideo y uno de los paseos más visitados ya que ofrece la mejor vista de la ciudad. Sin embargo, la zona no es muy segura y se aconseja ir durante el día y en vehículo, evitando subir a pie.

La Aguada está próxima al centro de la ciudad y su nombre data de mediados del siglo XVIII cuando había allí varias fuentes de agua. Algunos símbolos del barrio son la Estación Central General Artigas (principal terminal del país hoy en desuso) y la Torre de las Telecomunicaciones, cuyo modernismo y sus 162 metros contrastan con los viejos depósitos que la rodean. Sin embargo, el edificio más bello del barrio (y de Montevideo) es el Palacio Legislativo, inaugurado en 1925 y obra de Vittorio Meano (autor del Congreso de Buenos Aires). Esta monumental y armónica construcción merece una visita por dentro para apreciar hermosos vitrales, coloridos mármoles e impecable mobiliario. Desde allí, por la diagonal Avenida Agraciada, se puede ir al Parque Prado.

Playa en el tradicional barrio de Pocitos

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
San Juan - Argentina

El hongo, una de las formaciones más fotografiadas del parque Ischigualasto, que puede visitarse también de noche, en plenilunio


El hongo , principal formación rocosa del parque, se ha convertido en el símbolo turístico de una provincia cuyos atractivos no alcanzan a conocerse en una semana (ni en una vida), pero que puede ser recorrida en pocas jornadas para llevarse una gran impresión, disfrutar de sus paisajes y quedarse con ganas de volver unas cuantas veces.

La propuesta en este caso es una vuelta de 1500 kilómetros, en una semana, con San Juan capital como punto de salida y llegada. Se puede hacer el mismo viaje en cinco días, pero los caminos de montaña y tramos de ripio (pocos, pero imperdibles) dejan el cuerpo aporreado como para acelerar aún más la visita.

El primer destino es verde. Una vez afuera del aeropuerto -lo antes posible porque todos los mosquitos sanjuaninos se reúnen junto a la pista, y no precisamente para admirar los aviones-, la partida es hacia el Este, por la RN 141. A 64 kilómetros está Vallecito, con su curioso santuario de la Difunta Correa, y más allá, por la 510 hacia el Norte, Valle Fértil.

En el camino hasta San Agustín se pasa por Astica, pueblo rodeado de árboles frutales que Gabriela Guerra aprovecha para sus dulces. Desde mandarinas en coñac hasta manzanas al Curaçao Blue, ofrece más variedad que cantidad en su pequeño local, con protagonistas regionales como la sidra, de piel amarilla y carne blanca.

Es fácil orientarse en San Agustín, más aún si uno conoce la capital provincial, porque el orden de las calles principales es el mismo. Ciudad cabecera de Valle Fértil, es aquí donde se alberga la mayor cantidad de turistas que llega para conocer Ischigualasto.

Otra opción cercana para dormir o pasear es La Majadita, paraje con casas de piedra o adobe, al que se llega por un camino soñado para vehículos de doble tracción, aunque no tanto para los comunes. Dicen que se puede atravesar con cualquier auto, pero mejor averiguar el estado del camino antes de intentarlo. En la zona hay hosterías como La Media Luna, escondida entre las sierras, para pasar la noche en calma y sin señal de celular.


Ischigualasto fue declarado por la Unesco, en 2000 y junto con su parque hermano Talampaya, en La Rioja, Patrimonio Natural de la Humanidad. Vale la pena cruzar el límite provincial para conocer también el otro lado.

Además, para seguir hasta el dique Cuesta del Viento conviene salir unos kilómetros de la provincia en busca de la RN 40, y en el camino se atraviesa también parte del área protegida de La Rioja. Hacia el Sur, desde Villa Unión, por la ruta argentina más famosa, se pasa por Huaco, pueblo de Buenaventura Luna, músico popular y cronista de su época a través de sus canciones.

El Viejo Molino fue parte intrínseca de su obra. Patrimonio nacional, está en un domicilio privado y sin timbre, de manera que hay que golpear las palmas para que doña Arsenia salga a contar la historia. "Para la próxima voy a tener CD para que la gente escuche también su música", asegura la mujer, prima política del poeta fallecido en 1955.


Por la RN 150, el turquesa se impone antes de llegar a Rodeo, cuando el lago de Cuesta del Viento se presenta de golpe, como uno de los paisajes más curiosos del país.

Capital del departamento Iglesia, Rodeo cuenta con cabañas en alquiler y fincas como El Martillo, que ofrece cabalgatas, pesca y actividades náuticas, entre ellas rafting en el río Jáchal. Otra buena opción para quedarse es, a 14 km, el hotel Termas Pismanta, complejo administrado en cooperativa, con toques retro, baños termales y una piscina para disfrutar en el agua del entorno imponente.

En el camino hacia Barreal, por la ruta 149, en la zona de Calingasta, hay buenos sitios para unas fotos, como la iglesia de Catalve (en el pueblo), las ruinas de Hilario, testigos de un pasado minero, y el cerro Alcázar.

Después de recorrer la zona del Parque Nacional El Leoncito, con su gran observatorio y su extraña pampa, el retorno a la capital puede hacerse por el camino de Los Berros, hasta la RN 40, para cerrar la travesía entre cerros, sobre ripio y con paisajes que cambian todo el tiempo.


Complejo Astronómico El Leoncito

Una noche en el Observatorio
Los hombres de al lado deben ser científicos no sólo por su mayoría de barbas, sino también por el lugar donde estamos: el comedor del Complejo Astronómico El Leoncito, un sitio atípico para conocer como turistas.

Pasar la noche en este espacio es una propuesta imperdible no sólo para adultos amantes de la astronomía y niños curiosos, por supuesto, sino también para los que buscan algo distinto.

En el sur de la provincia, el Observatorio está en el Parque Nacional El Leoncito. La propuesta con noche incluida empieza a las 17, cuando llegan los turistas, comienzan a alojarse y hacen el recorrido diurno, para conocer el telescopio principal, con cascos y abrigo (fundamental). Luego hay tiempo libre hasta la comida en un pequeño comedor compartido con el personal.

A eso de las 22 comienza la parte más impactante: la visualización nocturna, tras una breve caminata, utilizando un telescopio de 14 pulgadas de diámetro. Se ven estrellas, galaxias y nebulosas. Cuando hay luna llena, la visibilidad es mucho menor, pero el lugar luce igual de atractivo.

El complejo está abierto al público por un convenio con la Universidad de San Juan. Arturo Sánchez es guía de turismo, pero su experiencia y conocimiento de astronomía lo convierten en el docente ideal para los novatos.

La opción de alojamiento es por una única noche, en habitaciones pequeñas e hiperlimpias. Todo parece una base espacial. Después del desayuno hay que dejar el lugar y aprovechar para conocer la Pampa del Leoncito, una planicie seca y extraña de 15 kilómetros por 5 de ancho, con el suelo resquebrajado y ningún tipo de arbusto. Allí se puede practicar carrovelismo, con vientos de hasta 80 kilómetros por hora, sobre vehículos comandados por don Toro.

En el complejo astronómico también pueden realizarse visitas diurnas para conocer los telescopios, aunque la actividad principal del lugar es justamente de noche. Su función es brindar servicios a la comunidad científica del mundo, ya que los astrónomos pueden realizar aquí sus programas de observación.


Puerto de Palos: parador, guardería y escuela

Cuesta del Viento, tierra del windsurf
No hay que esperar horas a que sople: el viento está garantizado todos los días. Por eso, explican, esta zona del departamento Iglesia es ideal para hacer windsurf, incluso para tomar clases, porque los ciclos climáticos se conocen de antemano y así es más fácil organizar la enseñanza. "En el país estamos más acostumbrados a las tablas grandes, porque no hay tanta regularidad e intensidad del viento como acá", cuenta Felipe Lamanuzzi, un cordobés que llegó hace diez años y directamente se quedó, sin viaje de adaptación alguno.

El dique de Cuesta del Viento le resultó el lugar soñado, por eso hizo cabecera de playa : armó un parador con su novia y hermano, montaron los palos y techos con ayuda de otros windsurfistas e instalaron la guardería. También la escuela, con pizarrón y todo, aunque con humor e informalidad. No podría ser de otra forma en un ambiente repleto de rastafaris amigos que se quedan a pasar la tarde frente al lago turquesa, en un parador con vista a otro desierto lunar y picos de más de 6000 metros. Su lugar se llama Puerto de Palos. El lago no es sólo un paraíso para los amantes del windsurf, sino también para visitantes en general, que pueden disfrutarlo con otras actividades náuticas o simplemente desde la costa.


Felipe cuenta que aún no volvió el furor de los años 80 por las tablas con velas, pero que está creciendo gracias a lugares como este que empiezan a descubrirse en el país. La propuesta principal de la escuela es un curso de 8 horas, pero también ofrece un programa reducido, de 4, "armado más para viajeros ocasionales que quieren llevarse una buena noción de la actividad".

La cancha de bochas del parque provincial conocido también como Valle de la Luna

Ischigualasto, de día o con Luna llena
El parque provincial Ischigualasto se recorre con vehículo propio, en caravanas que parten cada una hora. Tiene cinco estaciones donde un guía explica las características científicas del lugar, mientras el visitante disfruta de los variados paisajes.

Hay geoformas como El hongo en todas partes, pero las instrucciones del recorrido se dan junto a El gusano , que requiere más imaginación que las otras, porque la forma original se ha perdido. El terreno es dinámico, por eso dejaron de existir también La lámpara de Aladino , El loro y La gallina echada. Todas se desintegraron con la erosión.

El lugar es único en el mundo ya que aquí encuentra la secuencia completa del período Triásico, de la era Mesozoica. En cada pequeña roca puede haber un resto fósil importantísimo, por eso desde su declaración de Patrimonio Natural de la Humanidad, las normas son más estrictas. Antes, dicen, se llevaban elementos como las piedras redondeadas de la llamada cancha de bochas , una de las estaciones más famosas, sobre todo por la curiosidad de que las rocas sólo se hayan encontrado únicamente en este sector.

Valle Pintado es una de las zonas donde más restos fósiles se han encontrado. Sus formas y colores son los más llamativos. El rojo indica la presencia de óxido de hierro, el verde de cobre, y el gris, acumulación de ceniza volcánica. El blanco es por la bentonita, que además de impermeabilizar el terreno le da un brillo especial en los paseos nocturnos, que se realizan durante cinco días seguidos, desde las dos noches anteriores al plenilunio.

Estos paseos de luna llena se deben reservan con anticipación y duran unas dos horas, por un camino diferente al de los paseos comunes. Además de estos circuitos hay una caminata diurna de dificultad media por los cerros morados. Se asciende hasta los 1800 metros, donde suelen verse cóndores andinos que eligen los acantilados para sus nidos. Hasta El hongo se llega casi al final del recorrido. Aquí se destaca el contraste del rojo de las barrancas, de hasta 200 metros, y el gris de la formación rocosa.

Parapente agreste

Historia, bodegas y parapente, en una capital moderna
Las calles son arboladas, con acequias y, sobre todo, anchas. Así fueron reconstruidas, tras los furiosos terremotos de 1944 y 1977. Hasta su catedral es moderna, frente a la plaza principal. Una réplica de cómo eran antes las veredas puede verse frente al Museo Sarmiento ( www.casanatalsarmiento.gov. Ar ), en su casa natal, con objetos del prócer durante su período en la gobernación. En una visita a la capital, una idea es averiguar quién se presenta en el auditorio Juan Victoria ( www.auditorio.sanjuan. Gov. Ar ) para conocerlo y hacer un recorrido por bodegas. Una de ellas, Graffigna, ofrece un museo con su historia.

Junto al dique Ullum se puede volar en parapente, junto con Rodolfo Blanco, el instructor menos marketinero del mundo. La idea es disfrutar en el aire todo el tiempo que se pueda, ya que su propuesta dista mucho de las tradicionales, donde uno solo da una vuelta breve como bautismo.

Los fines de semana se reúnen los pilotos en El Castillito, parador sin príncipes, murallas ni glamour, sino con un cartel gigante de gaseosa y mesas de plástico. Pero son ellos los reyes de la colina, que suben con sus mochilas gigantes hasta la cima del cerro, por un camino que ofrece las mejores panorámicas del dique.

El parapente es aquí "una actividad artesanal, bien agreste -dice Gabriel, uno de los pilotos-. Se creó libre y tiene un formato portátil: uno va con el parapente en su mochila y se larga desde una ladera, sin una plataforma. Lo mejor es que se puede practicar en cualquier época el año"

Martín Wain (Enviado especial)
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Parque Tayrona, Colombia: Caribe para todos

Chozas de lujo, hamacas, ruinas indígenas y selva. El Parque Tayrona promete variedad pero a, fin de cuentas, lo que importan son sus incomparables playas. Postales convertidas en realidad que –con justa razón– siempre son mencionadas entre las mejores del mundo. Había una vez playas de arenas blancas y aguas transparentes donde sólo llegaban hippies. Toda la infraestructura se reducía a un boliche –donde vendían cerveza Águila, cigarros Marlboro y tallarines– y, para alojar, había un par de camas, algunas carpas y decenas de hamacas donde mochileros dormían bajo palmeras que se mecían suavemente por la brisa. Era el Parque Tayrona.

Ocho años después de la última nota de esta revista hecha "desde Tayrona" (Pura paz, por Juan Pablo Meneses, del 4 de febrero de 2001), la realidad es otra, comenzando por lo difícil que resulta escribir el comienzo de esta crónica con el ícono de Messenger parpadeando sin cesar gracias al wi-fi que cubre Cañaveral, el área turística más sofisticada del parque.

En el extremo norte de Tayrona, Cañaveral es locación de los ecohabs o "chozas al estilo indígena", como prefieren catalogar los folletos promocionales. Un vistazo rápido a los ecohabs anota jabones y cremas L'Occitane en los baños y, en los dormitorios, pantallas de plasma con televisión satelital, bases con parlantes para el iPod y, bajo el velador, aparatos que no paran de emitir un sonido tch-tch-tch-tch-tch, que impide que monos, murciélagos y serpientes entren a las flamantes chozas. Porque, es verdad, la sofisticación llegó a Tayrona, pero eso le dio lo mismo a los animales salvajes, que no se han ido.

El segundo día en Cañaveral, donde está la entrada más transitada al parque, empieza a las ocho de la mañana con el objetivo de conocer Pueblito, "la aldea indígena ancestral de los tayronas", según el guía Jorge Moreno.


Flaco como palote, de unos 25 años, Moreno balbucea unas palabras en inglés y hace gestos de pantomima para darse a entender a los cuatro holandeses que completan la expedición: "Son dos horas de caballo hasta Cabo San Juan, más otras dos de trekking, en subida, para llegar hasta Pueblito", dice.

El primer tramo de excursión es bajo un techo de árboles y sobre un barrial que –cuando los pies se mojan, a los cinco minutos de caminata– hace arrepentirse de no haber pagado 10 dólares por un caballo.

El sendero decepciona si ver monos –como prometen las guías de viaje– es la idea principal. Tampoco hay aves y, para colmo, la banda sonora es el canto destemplado de Moreno, el guía, quien estropea la gracia de pasear en un bosque tropical.

Después de 45 minutos de lodo el sendero se termina y Moreno deja de cantar, pues hay personas que aún duermen en las cabañas y carpas que se multiplican en el lugar. Se trata de Arrecifes, un área enmarcada por palmeras en la que es común oír "cachai" y "poh", y donde el promedio de edad de los turistas no supera los 25 años.


Más allá de Arrecifes el panorama se vuelve sugerente: continúa bajo cocotales y atraviesa manglares que sólo son interrumpidos por playas de aguas que parecen coloreadas por Photoshop. El mundo se convierte en postal, dando toda la razón a los lectores de esta revista que en diciembre pasado dejaron a Tayrona en el segundo lugar del ranking de las mejores playas del mundo (después de Playa del Carmen) y al diario inglés The Guardian, que también cedió a las playas de este parque el segundo puesto entre las mejores del planeta (tras las Islas Cíes, de España).

Está de más decir que las ganas de lanzarse al agua son irresistibles, pero el guía cantor dice que aún queda mucho camino hasta Pueblito. El sendero por puentes y roqueríos bordea el mar hasta Cabo San Juan.

Son las 10:30 de la mañana y todavía son muchos los que duermen sobre las hamacas de Cabo, que cuelgan a 20 centímetros de un suelo de tierra alfombrado de botellas de ron, latas de cerveza y envases de papas fritas. Más allá, los madrugadores desayunan en compañía de varias moscas y entonces toman sentido las palabras de quien antes de venir a Tayrona te dijo: "No se te ocurra comer fuera de Cañaveral o Arrecifes".

Creado en 1964, el Parque Nacional Natural Tayrona fue hasta fines de los 70 la chacra que abasteció de marihuana a Estados Unidos. El mito cuenta que casi toda la marihuana de Woodstock salió de aquí y que los gringos que llegaron se fumaron medio parque.

Al guía no le gusta ahondar en el tema y, en los descansos rumbo a Pueblito, prefiere hablar de la cultura tayrona: que la palabra significa "hombres de la tierra", que los indígenas son excelentes orfebres, que sus ciudades las construyeron en terrazas, que mantienen hasta hoy su estilo de vida en Pueblito.


Mentira
En Pueblito no hay nada más que las construcciones de piedra y un par de niños y una mujer disfrazados de indígenas, que hablan por celulares con ringtones de canciones de moda, siempre listos para fotografiarse con los gringos. Los holandeses tampoco se tragan el cuento y quieren partir cuanto antes a la playa.

En el camino hacia la playa Jorge Moreno conduce al grupo a un lugar donde unas rocas gigantes forman una gruta: "Es un lugar sagrado. Aquí los tayronas tomaban sus decisiones más importantes", dice.

Uno de los holandeses lo mira con cara de para-de-mentir y bromea: " ¿Qué tipo de decisiones tomaban: si en la cena iban a comer espagueti boloñesa o pizza margarita?". Jorge Moreno, el guía, no cantará más.

El camino de regreso es en bajada, cuestión que se agradece, aunque por la noche las rodillas recordarán el esfuerzo de un trekking no recomendable para niños ni personas que nunca hacen ejercicio.


Eso sí, justo es la playa nudista del parque y, como nadie se anima, hay que caminar otros diez minutos para testear el agua: prístina, de temperatura justa, oleaje suave, con cientos de peces de colores (ideal para el esnórquel), piso de arena regular y firme.

"La piscina" es lejos la playa más espectacular de Tayrona y, también, una de las más seguras, porque, cuidado, hay otras más abiertas donde el mar es bravo y que, de manera frecuente, figuran en las páginas policiales de los diarios de Santa Marta.

Atardece temprano en esta región de Colombia y a las cinco de la tarde es hora de sacudirse la arena y partir. La marea está alta y no queda más que meter los pies al agua para llegar hasta Arrecifes, la zona de alojamiento próxima a Cañaveral favorita entre los argentinos y chilenos de presupuesto medio que visitan el parque.

El precio de comer sin riesgos de indigestarse es alto en Tayrona: 8. 000 pesos por unos tallarines (pasados en cocción) con salsa de tomates (insípida), que no deben tener un costo superior a 300 pesos chilenos. Lo bueno es que el ambiente es relajado, con gente joven y tranquila que conversa y lee tomando Águila.

Otro aspecto positivo de Arrecifes son su cabañas, baratas y cómodas (40 mil pesos la noche hasta para cinco personas), con un ventilador perfecto para secar las zapatillas y la ropa, y una terraza techada ideal para observar la tormenta que arrasa con las carpas.

El tronar del agua contra el suelo continúa monótono y sólo es interrumpido por una estampida de burros cerca de la medianoche. Por la mañana queda la mitad de las carpas en pie, y sigue lloviendo igual de duro. Por eso, la ropa que tanto costó secar se empapa en un solo segundo.

"No es la mejor época del año. Si no quiere lluvia, tiene que venir en junio y julio", dice el conserje en la despedida de Arrecifes.

Sientes que la mochila pesa el doble, y maldices tu suerte y a las nubes por haberte privado de una linda mañana de playa. Los aullidos de los monos y el canto de los pájaros componen la banda sonora. Entonces, embarrado hasta las rodillas, te das cuenta de que estás solo en medio de la selva, que es una sensación extraña, pero liberadora, y que así recordarás a Tayrona para el resto de tu vida.

Rodrigo Cea, desde el Parque Tayrona, Colombia
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Las islas de Chiloé: El archipiélago de las leyendas

Puerto de Achao

Las islas de Chiloé y sus bellísimos paisajes. Un territorio de singular identidad, con fantásticas historias y el intenso sabor de su cocina.

Esta extensa y desolada playa en la que rompen, furiosas, las olas del Pacífico sur, parece el sitio ideal para que aparezca el Caleuche, al que, aun sin atrevernos a decirlo expresamente, ansiamos ver. Pero no, parece que hoy tampoco se deja ver. Está sí esa densa bruma que confunde los contornos del mar y el cielo, están el silbido del viento, las constantes nubes que dejan ver el sol entre chaparrón y chaparrón y la silueta de los acantilados con los que la Cordillera de la Costa se zambulle en el mar. Y están los gaviotines, que los habitantes originales llamaban chelles y que, por su paso al castellano (chillwe quiere decir "lugar de chelles" en idioma mapudungun o mapuche) terminó dando nombre a esta tierra tan extraña como fascinante: Chiloé, en el extremo sur de Chile.

Tierra de brujos, leyendas y pescadores, de campesinos y corsarios, Chiloé es un hechizo de praderas verdes, fiordos y canales; un raro paisaje que remite a las colinas de Irlanda o de las highlands escocesas, al sur del Pacífico.

Para ser exactos, hay que decir que Chiloé no es una isla sino un archipiélago que, además de la Isla Grande, comprende un gran número de otras islas e islotes de menor tamaño, que hospedan en total unos 160 mil habitantes. Y albergan, sobre todo, una particular historia, una cultura muy propia -por la mezcla de tradiciones indígenas e hispánicas, por el medio ambiente insular, por el aislamiento en que vivió la zona por mucho tiempo- y una cantidad de leyendas y mitos que asombran por su originalidad y su inventiva.

Como la del Caleuche, ese barco fantasma que, dicen todos aquí, recorre permanentemente los fiordos y canales. Tiene aspecto de velero antiguo, es de color blanco, su cubierta principal está llena de luces, y en él se oye siempre música de fiesta. Para pasar desapercibido, puede transformarse en tronco de árbol, roca o animal marino, o navegar bajo el agua. Según la versión del mito, su tripulación está formada por los brujos de Chiloé, por los muertos en el mar, por esclavos o por quienes pactaron con los brujos para obtener riquezas.

Isla Grande de Chiloé

En la Isla Grande
Es raro ver una ruta que siga derecho hasta hundirse -literalmente- en el mar. Pero es lo que pasa con la ruta 5 chilena, que nace bien al norte -límite con Perú- y recorre el país a modo de columna vertebral. Pero en el puerto de Pargua, frente a la Isla Grande de Chiloé, la lengua de asfalto se sumerge en el canal de Chacao. Allí atracan los ferries que cruzan este célebre canal -en otros tiempos temible para los navegantes, y escenario de más de un naufragio legendario-, para depositar, 35 minutos más tarde, autos, motos, colectivos, camiones y peatones en la otra orilla, donde la ruta 5 emerge de las aguas para seguir viaje hacia el sur.

Llegar a Chiloé al anochecer puede no ser recomendable si no se conoce la ruta -el tránsito de buses y camiones es intenso-, aunque puede ser una ventaja si se tiene la suerte, por ejemplo, de ver aparecer la luna tras la Cordillera de los Andes, reflejada mágicamente en las aguas. O llegar a última hora a una cabaña encaramada en la cima de una colina de las afueras de Castro, para contemplar las lucecitas tintineantes en el fiordo y sorprenderse con el paisaje de las primeras luces de la mañana: praderas verdes que se hunden en un mar azul surcado por coloridos barcos de pescadores, casas de madera como de cuento y esbeltas torres de iglesias -de madera, como todas las iglesias de la isla-. Aquí afortunadamente la modernidad parece haber llegado -asfalto, autos cero km, señal de celular en todos los rincones, bancos, servicios- suavemente, como con respeto, sin destruir lo que en tantos años logró conservarse.

Castro y los palafitos
La mayoría de los pueblos y ciudades del archipiélago se concentran en la Isla Grande, como Castro, que con cerca de 40 mil habitantes, es la capital de la provincia de Chiloé desde que, en 1982, le arrebató ese título a Ancud. Fundada en 1567 en la zona central de la isla, Castro es la tercera ciudad más antigua de Chile con existencia continuada, y su historia mezcla huilliches y chonos -habitantes originarios de la zona- con conquistadores españoles, jesuitas, franciscanos y piratas: en el año 1600, la población fue ocupada durante dos meses por el corsario holandés Baltazar de Cordes, para ser luego nuevamente arrasada por otro holandés: Hendrick Brouwer.

En Chiloé, además, se construyó la goleta Ancud, primer buque de guerra fabricado en Chile, que desde el archipiélgo partió para tomar posesión, en 1843, del Estrecho de Magallanes, a nombre de la naciente república. La tripulación, compuesta fundamentalmente por chilotes, fundó el Fuerte Bulnes, actual Punta Arenas.

Hoy, las callejuelas en subibaja de Castro concentran comercios y servicios, entre las clásicas construcciones en madera tapizadas con vistosas tejuelas de alerce, dotadas de balcones y miradores y pintadas de colores. El centro neurálgico es la plaza central, frente a la Iglesia de San Francisco -Patrimonio de la Humanidad-, cuyo templo primitivo fue destruido por un incendio en 1902 y reconstruido en 1912. Para protegerla, el exterior fue cubierto con chapas, pero su interior se conserva totalmente de madera -incluidos el vía crucis y los ornamentos-, y es deslumbrante. Sus torres se elevan a 42 metros de altura, y se ven desde varios km a la redonda.

Un encantador paseo es el que desanda la avenida Pedro Montt, a dos cuadras de la plaza pero varios metros más abajo, a orillas del mar. El paseo visita el puerto, la feria artesanal y los palafitos, singulares construcciones de madera sobre pilotes enterrados en el fondo del mar, que surgieron para aprovechar mejor la ribera durante la expansión comercial del siglo XIX, y de los que hoy sólo quedan algunos ejemplos en Castro y en Mechuque, una de las islas Chauques. Una bellísima postal de los palafitos, y del centro de Castro encaramado en la cima de la colina, se consigue desde la península de Ten-Ten, un par de km al norte.

Pero hay que ir atento, porque si a la vera del camino se aparece un hombre pequeño y deforme cuyas piernas terminan en muñones, porta un hacha de piedra o bastón de madera y luce un gorro cónico, es el Trauco. Este personaje mitológico, se dice, habita en los bosques cercanos a las casas y se dedica a enamorar a las mujeres, aunque no es tan atento con los hombres: con su aliento, puede dejarles la boca torcida o condenarlos a muerte.

El mercado de artesanías Lillo se luce con trabajos en madera, vistosos tejidos en lana y cestos y canastas hechos con fibras vegetales. Además, en el mercado del puerto se encuentra una gran variedad de mariscos, y los varios restaurantes de Castro son una buena opción para adentrarse en la rica gastronomía chilota, que utiliza la papa en casi todas sus versiones y se basa en mariscos, pescados y carnes de vacas, cerdos y corderos que se crían en el campo.

Durante el verano, y los domingos durante el resto del año, varios sitios ofrecen curanto en hoyo, el plato más típico de Chiloé. Se prepara en un hoyo en la tierra donde se colocan piedras calientes y, encima, donde se colocan piedras calientes y, encima, capas de pescados, mariscos, carnes, embutidos, vegetales y legumbres, cada capa separada por hojas de una planta típica llamada pangue o nalca o, en su defecto, de parra o repollo. Un espectáculo no sólo por su sabor, sino también por su larga y compleja preparación.

Mapa Isla de Chiloé
La ciudad de los tres pisos
La ruta 5 serpentea hacia el sur por lo alto de la meseta, y 15 km al sur de Castro, un desvío baja hasta Chonchi, un puerto conocido como "la ciudad de los tres pisos" por sus fuertes desniveles, con la llamativa iglesia celeste y amarilla de San Carlos de Borromeo, que hace equilibrio en la pendiente.

Cerca de Chonchi parte la ruta -asfaltada hace poco- que se interna 40 km hacia el oeste, hasta el Parque Nacional Chiloé, a orillas del Pacífico abierto. Desde el puesto de guardaparques parten senderos que se internan en el bosque valdiviano, una densa vegetación formada por árboles siempreverdes, arbustos y plantas trepadoras, donde habitan el pudú, uno de los ciervos más pequeños del mundo, y el zorro chilote o de Darwin, en peligro de extinción. Aquí está la extensa y desolada descripta playa en el comienzo de esta nota, que remite al fin del mundo.

Sólo 19 km al norte de Castro está Dalcahue, un encantador pueblo estirado sobre la costa, que deslumbra con la Iglesia de Nuestra Señora de Los Dolores y su portal de 9 arcos, Patrimonio de la Humanidad. Y una feria de más de cien años de tradición, donde los artesanos de las islas exhiben una gran variedad de tejidos de lana y artesanías en madera tallada.

El transbordador es el medio que todo el mundo utiliza para cruzar a la isla Quinchao -5 minutos de viaje-, con los vistosos poblados de Curaco de Velez -famoso por sus maestros carpinteros, constructores de casas y barcos- y Achao, con Santa María de Loreto, la más antigua de las iglesias chilotas que permanecen en pie, construida alrededor de 1730. En la corta avenida costanera se suceden restaurantes que, dicen, permiten saborear las mejores ostras de todo el archipiélago.

Arquitectura tipica de la Isla

Brujerías
Hace miles de años, Chiloé era tierra firme, dice la leyenda. Hasta que apareció, desde sus dominios marinos, Caicai Vilu, la serpiente del mal, enemiga de la vida terrestre, e inundó el territorio. Entonces Tenten Vilu, la serpiente del bien, diosa de la tierra y la fecundidad, elevó el nivel de la tierra. Producto de esta lucha, que duró muchos años, los valles quedaron sepultados bajo el mar, y los cerros convertidos en bellas islas.

Este origen mitológico parece haber marcado a fuego la historia del lugar. Se dice, por ejemplo, que aún hoy la Fiscalía de Castro recibe de tanto en tanto denuncias por brujerías, una práctica que en Chiloé tiene una larga tradición, que se remonta a la llegada de los españoles, cuando la zona estaba habitada por chonos, cuncos y huilliches, quienes no abandonaron completamente sus ritos pese a adoptar el catolicismo. Muchos de estos mitos, así como los conocimientos sobre el uso de las plantas como medicina o veneno, se mantuvieron en secreto.

Y tanta fue su influencia que, en 1880, el gobernador de Chiloé decidió llevar a juicio a varios acusados de integrar "La Recta Provincia", una sociedad de brujos que regulaba la hechicería en el archipiélago, que contaba con numerosos integrantes y ejercía gran influencia entre los campesinos. Acusados y encarcelados varios de sus miembros, la brujería fue perdiendo poder oficialmente, pero sus mitos perduran hasta hoy en parte de la población.

Al sur del Parque Nacional Chiloé se extienden densos bosques que, para la mente del viajero ávido de leyendas, bien pueden ser el hábitat perfecto para el Trauco, el Invunche, la Fiura, la Voladora o la Viuda, entre muchos otros personajes mitológicos.

Más al sur, la larga ruta 5 encuentra su fin en Quellón, ciudad fundada en 1905 por una compañía que extraía alcohol de la madera de los bosques. Hoy es el principal puerto de la Isla Grande, base de la poderosa industria salmonera y de la extracción de productos de mar. Habría que ver si los tripulantes del Caleuche acuerdan con el fuerte desarrollo industrial que, a partir del famoso salmón del Pacífico, está adquiriendo este mítico archipiélago.

Independencia y cultura propia
La isla de Chiloé, para muchos, poco tiene que ver con el resto de Chile. Sus fiordos, su arquitectura, sus mitos y creencias son absolutamente únicos, lo cual no sorprende, ya que su historia también es diferente. Los movimientos independentistas de comienzos del siglo XIX fueron entusiastamente abrazados por los criollos, hartos del monopolio español y de la rígida administración colonial. Chile formalmente se independizó en 1818, pero Chiloé prefirió seguirle siendo leal al rey de España. Durante seis años, fracasaron tres invasiones a la isla por parte de Lord Cochrane, del capitán Ramón Freire y del general Beauchef, y recién en 1826 Chiloé capituló. Esta resistencia le valió a sus habitantes, los chilotes, cien años de olvido por parte del gobierno central. Esta insularidad y atraso, sin embargo, crearon una identidad propia en la zona, que aún perdura. En efecto, los chilotes conservaron sus mitos, la vieja tradición brujeril y las costumbres de reunirse alrededor de la cocina a leña y recoger mariscos -mariscar- cuando baja la marea. A pesar de que se habla de construir un puente para unir la isla con el continente -proyecto algo quimérico debido a su enorme costo-, el chilote prefiere seguir como está, viviendo su propia cultura y sin las "invasiones" turísticas de la posmodernidad.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Hechizos del altiplano

Carnaval de Oruro

El carnaval de Oruro irrumpe como un río de expresiones ancestrales y escenificaciones de invaluable significación cultural, al tiempo que invita a conocer esta antigua ciudad minera que seduce con edificios históricos, museos y aguas termales.

Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad es la categoría con la que la Unesco ha distinguido al carnaval de la ciudad boliviana de Oruro, resumiendo así la trascendencia artística, histórica y sociológica que tiene para el mundo el ancestral espectáculo en movimiento que este año tendrá lugar del 21 al 23 de febrero.

A unos 3. 700 metros sobre el nivel del mar y a unas tres horas de La Paz, este poblado minero fundado en 1606 cobrará una inusitada calidez de ritmos y colores ante la irrupción de medio centenar de agrupaciones y comparsas que se hacen presentes con una majestuosa riqueza en vestimenta y coreografías. A cada instante, en cada detalle, todo se tiñe de un profundo sentido religioso, mientras un río interminable de bailes y plegarias se sucede por las calles. Se venera a la Virgen del Socavón, cuya milagrosa aparición en una cueva dio nacimiento al actual carnaval, pero también se reza al Tío, el dueño absoluto de las riquezas del subsuelo.

Para apreciar el crisol de antiguas tradiciones inmerso en la celebración, un dato clave es que cada danza tiene su significado. Sobresale la Diablada, una lucha entre el bien y el mal realizada en dos columnas que representan a los siete pecados capitales. Adelante, en medio de osos y cóndores, aparece con ropas celestiales el Arcángel Miguel, tras él marcha Lucifer, la diablesa China Supay, y la corte de diablos arrepentidos. A ese despliegue se suma el “Relato”, la escenificación de una lucha a muerte entre los seres infernales y el destierro de la discordia.

Otra de las danzas más llamativas es la Morenaza, que surgió durante la época de la colonia. Refleja la comercialización de esclavos y, con vestimentas que pesan entre 25 y 30 kilos, la riqueza mineral de esta zona andina. A su vez, quienes lleguen a Oruro poco antes del carnaval, también podrán disfrutar de la particularidad de los preparativos, que abarcan una serie de fiestas previas denominadas “convites”, incluyendo la recepción de donaciones para compra de trajes, instrumentos de música y objetos ornamentales.

Santuario del Socavón

Paseos con historia
El festivo folklore de Oruro también invita a tomarse un tiempo para distendidos recorridos. Una visita al Santuario del Socavón es realmente imprescindible, al igual que un paseo por la calle La Paz, donde residen artesanos que se lucen con sus confecciones de carnaval. El Faro de Conchupata, donde por primera vez se izó la bandera boliviana, también ofrece las mejores vistas panorámicas de la ciudad; al tiempo que la Iglesia de San Francisco impone su figura erguida en el siglo XVII como otro de los sobrios atractivos locales.

Otra buena excusa para prolongar la estadía la otorgan los museos y las aguas termales. En el primer caso, es conveniente conocer al Museo Mineralógico, que ofrece 7. 600 muestras de minerales, además de fósiles antiguos y piedras preciosas, y al Museo Nacional de Antropología y Arqueología, con una de las más grandes colecciones de máscaras, instrumentos de percusión y de viento andinos.

Finalmente, en medio de agrestes y silenciosos paisajes, un absoluto relax espera entre vertientes famosas por sus propiedades curativas. El balneario Capachos ofrece dos piscinas techadas a 12 kilómetros al noroeste de Oruro, mientras que siguiendo 10 kilómetros más por la misma ruta, el complejo de Obrajes brinda alojamiento y una amplia piscina. En estos sitios -ambos con baños individuales-, las bajas temperaturas predominantes en el altiplano permiten disfrutar de la calidez de las aguas como un bálsamo reconfortante.

Viviendas de la comunidad Chipaya

Escapadas cercanas
Entre los sitios dignos de conocer en los alrededores de Oruro aparece la comunidad Chipaya, distante a 190 kilómetros. Se trata de una de las culturas más antiguas del mundo, ya que sus orígenes se remontan aproximadamente a 2. 500 a.C. Llaman la atención sus casas de forma circular hechas de barro, sus vestimentas y su música.

Además de la historia y las tradiciones, bien puede pensarse en los atractivos de la naturaleza. A 310 kilómetros está el Parque Nacional Sajama. Allí sobresale la figura del nevado de Sajama, considerado el volcán más alto de Sudamérica (6. 542 m.s.n. M), a la vez que puede apreciarse una nutrida variedad de fauna y flora silvestre, especialmente llamas, vicuñas, alpacas, patos, cóndores y avestruces.

Parque Nacional Sajama

Mirta Rosa Carceles
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Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Chubut: Bahia Bustamante

Lobos marinos toman sol frente a la costa de Bahía Bustamante

Bahía Bustamante es un pueblito que desde hace medio siglo vive de la producción de algas y, últimamente, también del turismo. Está a 180 kilómetros al norte de Comodoro Rivadavia, en ese gran arco que forma el Golfo de San Jorge, recientemente declarado Parque Nacional. Excursiones por una de las regiones menos conocidas de la Patagonia, habitada por diversas especies de aves y fauna marina.

De las muchas caras de la Patagonia, existe una alejada de todo centro urbano y del turismo masivo. Es Bahía Bustamante, un apacible pueblito de 50 habitantes en la costa de Chubut, donde a la noche se corta la luz del generador eléctrico y todo se sume en el silencio más absoluto. Allí, las mañanas de verano son límpidas y radiantes, ideales para salir a navegar rumbo a los sitios donde se puede ver la nutrida fauna marina del lugar que incluye por ejemplo 60. 000 pingüinos magallánicos y 3500 lobos marinos, por sólo nombrar las especies más comunes.

El sector costero de Bahía Bustamante y la Caleta Malaspina conforman una de las mayores reservas de aves y fauna en general de toda la Patagonia. Y se lo recorre con la Atrevida, una poderosa lancha con motor fuera de borda que se interna por sus recovecos. Se parte navegando por una tranquila ría –una entrada del mar en el curso de un río– para desembocar en la Caleta Malaspina, donde se navega sobre virtuales praderas de algas marinas. En la Caleta suelen apostarse las embarcaciones que “cosechan” algas y mejillones. Y finalmente, ya lejos de la costa, se llega al archipiélago de las islas Vernacci. En el trayecto van apareciendo colonias de lobos marinos, donde el “dueño” de un harén es capaz de permanecer hasta dos meses sobre un afloramiento rocoso sin ingresar al mar a comer, por miedo a que otro lobo lo desbanque de su privilegiado lugar. También los pingüinos –todos monógamos ellos, a lo largo de su vida– aparecen por millares en la costa y nadan como torpedos a los costados de la embarcación. Además, unos llamativos delfines con aleta blanca como las orcas alegran la excursión náutica con sus saltos y piruetas mientras las aves revolotean en gran número en torno de la Atrevida.

En las oquedades de los islotes anidan tres tipos de gaviotines: el real, el pico amarillo y el sudamericano. A vuelo rasante sobre las pingüineras acechan el skua y el petrel gigante, con sus dos metros de ancho con las alas abiertas. Una especie muy valorada es el colorido pato vapor, del cual se calcula que en Argentina existe una población de apenas 600 ejemplares, todas en esta zona. Viven en pareja toda la vida, 200 de ellas en la Caleta Malaspina, 50 en Bahía Bustamante y otras 50 en el archipiélago de Camarones. Lo singular de este pato es que no puede volar, aunque corretea aleteando a toda velocidad sobre las aguas, siempre en ruidosos grupos. Cuando se ve en peligro también se sumerge en el mar para aparecer muchos metros más adelante, y sale a flote con el cuello estirado formando una misma línea con el agua para pasar desapercibido.

Entre las aves migratorias que en invierno se van al sur de Brasil se ve muy seguido a la gaviota Olrog, con una elegante cola negra que despliega durante sus vuelos.

Una numerosa colonia de cormoranes “tapiza” un islote rocoso

Travesia con historia
La Atrevida resiste el oleaje con firmeza y también tiene su historia, o en todo caso su nombre, porque La Atrevida original era una corbeta que partió del Puerto de Cádiz una mañana de 1789 comandada por el capitán José Bustamante y Guerra. Acompañando a la Atrevida iba su gemela Descubierta, al mando del capitán Malaspina. Nuestra excursión con la Atrevida dura 5 horas, pero la travesía de la corbeta original insumió cinco duros años descubriendo maravillas, bajo encomienda del rey Carlos III para explorar los confines del imperio. En 1885 se publicó el Viaje de las corbetas Descubierta y Atrevida alrededor del mundo, donde por ejemplo se describe el encuentro en la Patagonia con el cacique Junchar, “que era de alto 6 pies y 10 pulgadas de Burgos, y la anchura de hombro a hombro era de 22 pulgadas y 10 líneas”. Es decir, mediría 1,9 metro de alto y sus espaldas abarcaban 70 centímetros.

El derrotero de aquella expedición incluyó Montevideo, islas Malvinas –donde desalojaron a unos marinos ingleses que cazaban lobos–, Cabo de Hornos, isla Robinson Crusoe, Panamá, México, Alaska –donde buscaron un paso al Atlántico–, Filipinas, Australia, Archipiélago Tonga y finalmente volvieron a Cádiz vía la Patagonia otra vez. Al regreso, debido a sus ideas liberales, Malaspina se pasó siete años preso.

Casas de la Hosteria Bahia Bustamante

Pueblo alguero
Como de los 400 habitantes que llegó a tener hoy sólo quedan 50, Bahía Bustamante tiene algo de pueblo fantasma. Lo cual refuerza su tranquilidad. Sus pocas calles son de tierra y llevan nombres de algas marinas: Av. Gracilaria, calle Macrocystis, etc. Hay casas abandonadas, por supuesto, a la sombra de viejos tamarindos de tronco retorcido. En plena calle se exhibe un tractor que en otro tiempo se utilizó para trasladar los carros de algas, y detrás están la escuela, la iglesia y la plaza con el mástil donde ondea la bandera argentina. El antiguo bar López, que está justo frente al mar, es la construcción más antigua del pueblo.

Una línea de seis casas con living y dos cuartos frente al mar han sido reacondicionadas para albergar visitantes. No tienen TV y la luz eléctrica se corta a las 11 de la noche, pero –paradojas de la tecnología– tienen Internet inalámbrico satelital. A dos cuadras de allí está la proveeduría, que también oficia de restaurante donde el fuerte son los frutos de mar. Y la gran pregunta que todos se hacen aquí nos la respondió el mozo: “Las algas van a parar a una planta procesadora en Gaiman, donde se fabrican productos de salud y belleza utilizando las propiedades antioxidantes de las algas”.

En los alrededores del casco del pueblo hay unas 10. 000 hectáreas dedicadas a la producción lanera, que se pueden visitar para enterarse de los secretos del mundo de una estancia. Allí se explica que la esquila la realizan todos los años comparsas de trabajadores que pasan de estancia en estancia, trabajando en grupos con una función específica para cada persona, lo cual garantiza niveles altísimos de productividad para pelar a millares de ovejitas en pocos días (se paga por producción).

En la cercana Península Gravina hay pequeñas caletas con arena muy blanca protegida por grandes rocas que forman piletones de aguas turquesas como las del Caribe, claro que bastante más frías. Y en horas de la bajamar se puede caminar hasta unos islotes cercanos a observar aves marinas en sus propios nidos.

Por lo general, los visitantes se quedan unos cinco días, suficientes para realizar las actividades y explorar la zona. Pero a eso hay que sumarle el tiempo que uno decida quedarse simplemente descansando frente al mar.

Cabalgata por la estepa patagónica hacia el Bosque Petrificado

Bosque Petrificado
Uno de los días de la visita hay que dedicarlo al Bosque Petrificado La Pirámide, una excursión de cinco horas que se interna en el desierto estepario para ver los troncos convertidos en piedra de árboles que existieron hace 60 millones de años. En aquellos tiempos remotos –el Paleoceno– recién comenzaba a levantarse la Cordillera de los Andes por el choque tectónico de la placa de Nazca contra el continente americano. Al no existir la actual barrera andina, los vientos húmedos provenientes del Pacífico “regaban” la Patagonia, poblada en ese entonces por una tupida selva de altísimos árboles y habitada por grandes animales. Pero al conformarse la Cordillera de los Andes todo cambió “repentinamente” en unos pocos millones de años, convirtiendo al sur americano en la actual estepa patagónica, donde sólo se pueden encontrar bosques en la ladera de las montañas, lugar de descarga de la humedad debido a la altura. Luego, los volcanes se encargaron de ponerle una mortaja de lava y ceniza a aquel paraíso verde.

Como llegar
Al pueblo de Bahía Bustamante, en auto por la ruta nacional Nº 3 hasta el Km. 1774, allí tomar la ruta provincial 28 (de ripio). Si se llega desde Comodoro Rivadavia, que esta al sur, hay que desestimar un cartel verde de Vialidad Nacional que indica Bahía Bustamante, y seguir unos kilómetros más para doblar a la derecha en el kilómetro 1674. A partir de allí son 30 kms. Una vez en el pueblo hay que seguir hasta el mar y buscar la proveeduría que esta en la esquina de Gracilataria y Gelldium. Y si se llega desde las cercana Camarones, hay que recorrer 90 kilómetros por la ruta nacional 1, disfrutando increíbles panoramas costeros

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Arequipa-Peru: En un pueblo blanco

El mirador de la Cruz del Cóndor en el Cañón del Colca, es uno de los puntos en donde mejor ver la grieta de más de 3 mil metros que se abre en la tierra peruana.

La segunda ciudad más visitada del Perú es pionera en la producción textil y cuna de Mario Vargas Llosa, entre otros ilustres. Allí se encuentr a el Cañón del Colca, una de las mayores profundidades del planeta.


Las casonas, iglesias y conventos son el principal atractivo del centro histórico de Arequipa.

En el camino del Inca

Arequipa es la capital regional y provincial y, con 3 mil km2, el área tiene el segundo lugar por su extensión. Es la segunda más visitada del país. Su nombre deriva de la lengua quechua arequipai, que significa “sí, quédense”. Una frase que se acopla perfectamente a la realidad del lugar, ya que en las delgadas calles, en las paredes blancas y en el espíritu peruano, se percibe una extraña y potente fuerza que invita a quedarse.

Arequipa, que vio nacer al escritor Mario Vargas Llosa y a Pedro Paulet, padre de la aeronáutica moderna, fue fundada en 1540 y también recibe el apodo de “Ciudad Blanca” por sus múltiples edificaciones hechas de piedra de sillar blanco, un material de lava volcánica petrificada arrojada por el volcán Misti. Además de éste, otros dos picos dominan la escenografía: el Chachani y el Pichu Pichu.

La zona lidera la producción de lana de camélidos

El Valle del Colca es otro de los grandes atractivos de la región, donde se asentó una gran cantidad de pueblos andinos, y donde se encuentra una de las mayores profundidades del mundo: el Cañón del Colca (3. 400 m).

Sin duda, la altura de la región resulta un gran atractivo para los turistas oriundos de zonas bajas, pero también un problema para los que sufren de apunamiento. Por eso, para evitar ese malestar, los lugareños recomiendan hacer un alto de uno o dos días en Arequipa antes de continuar subiendo hacia Cusco o Macchu Pichu.

Los flamencos rosados o perihuanas son algunos de los habitantes más frecuentes de la Reserva Nacional

En el año 2000, los habitantes de Arequipa, que en la actualidad suman un millón doscientos mil almas, tuvieron un nuevo motivo de orgullo, ya que el centro histórico de la ciudad fue declarado por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

El kayac es uno de los deportes más desarrollados en los ríos y rápidos de la región

La brújula

Coordenadas
La ciudad de Arequipa se encuentra en el extremo suroeste del Perú a una altura de 2. 360 metros, enclavada en un fértil valle entre el área costera del Desierto de Atacama y los contrafuertes de la Cordillera de los Andes Occidentales. En sus alrededores, ganan fama las playas de Camaná y Mollendo, donde se encuentra Mejía, el balneario más destacado de la ciudad.

Hoteles
En un hotel 3*, la habitación doble cuesta desde US$ 45; en uno de 4*, el cuarto con base doble se consigue a partir de US$ 103.

Uno de los atractivos que más cortan el aliento de los turistas es la Catarata de Sitia, que se desploma con toda su furia en el Cañón del Cotahuasi, una hendidura de “apenas” 3. 535 metros de profundidad.

Laura Gambale
Mirta Rosa Carceles
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Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Espíritu Santo - Brasil: desde otro punto de vista

Al norte de Brasil

Al norte de Río de Janeiro, un estado no tan familiar para los viajeros argentinos, pero con playas competitivas, una curiosa oferta de ecoturismo y colonias italianas, austríacas y de otros países europeos, además
del imponente Parque Estatal de Pedra Azul

VITORIA. - Cuando la noche cae, con una regularidad tropical, alrededor de las 19, la bahía de Vitória se enciende como un gigantesco árbol de Navidad y los edificios de su skyline forman una guirnalda cuyas luces se reflejan en las aguas del Atlántico. El esplendor es aún mayor en estos días, cuando cada vecino suma a las luces de siempre su propia iluminación para celebrar Natal. El mejor lugar para apreciarlo todo es desde la Ilha do Boi, pequeña isla que forma un barrio residencial justo enfrente de Vitória, capital de Espíritu Santo, estado al norte de Río de Janeiro que reserva más de una sorpresa incluso para aquellos visitantes que suponen conocer bien Brasil.

Vitória, curiosamente, también fue emplazada sobre una isla que separa el mar de una gran albufera como una bahía interior. Sobre esa isla está la capital, y sobre el continente, del otro lado del imponente puente Terceira, se encuentra Vila Velha, municipio vecino con el cual forma una sola gran aglomeración.

Vila Velha fue fundada en 1551 por el conquistador portugués Vasco Fernandes Coutinho. Vitória, por su parte, fue creada a los pocos años por los mismos colonos que eligieron trasladarse a la isla para defenderse mejor de las incursiones de piratas franceses, holandeses e ingleses que se disputaron las costas de Brasil durante algunos años del siglo XVI.

Pedra Azul

Desde Ilha do Boi, Vitória tiene aires de metrópoli y su silueta se dibuja con elegantes torres de formas modernas. Sin embargo es más bien chiquita, aunque a escala brasileña, por supuesto. Junto con su aglomeración y Vila Velha, suma un millón de habitantes. ¿Será el famoso millón de amigos de Roberto Carlos? Es que el cantante nació en Cachoeiro de Itapemirim, a 140 kilómetros de Vitória y en el mismo estado de Espíritu Santo (hay ahí un museo dedicado a él y su carrera).

Cachoeiro está en una zona de montañas, parecida a la del Parque Estatal de Pedra Azul, comarca que se está abriendo al turismo con un circuito de emprendimientos rurales. La piedra azul que dio nombre al parque es en realidad una gigantesca roca de gneis que domina con su masa de color cambiante según las horas del día toda la región de los pueblos de Domingos Martins y Venda Nova do Imigrante. Sin duda, los brasileños con su gusto por los récords podrían calificarla como la ¿Pedra mais grande do mundo?

Playas de ensueño

Superlativos capixabas

Vitória y Vila Velha son como dos hermanas que se complementan. Sus habitantes se llaman capixabas, palabra que viene del tupi kapi´xawa (tierra de plantación) y recuerda que la colonia originalmente se dedicó al cultivo de cereales.

En Vitória, que en algunas viejas postales se conocía como Victória, el diminuto centro comercial tiene una fuerte impronta portuguesa. En torno de la plaza central algunas escaleras suben los desniveles y recuerdan a sus lejanas primas de Lisboa. Sin embargo, el mayor icono cultural de la ciudad es de inspiración totalmente diferente: se trata del teatro Carlos Gomes, diseñado y construido por un inmigrante italiano. Se encuentra justo sobre un costado de la plaza central y fue inspirado en la Scala de Milán (aunque por una vez el gigantismo brasileño no prosperó y el Carlos Gomes es de dimensiones más bien modestas).

Los edificios históricos de la ciudad están concentrados en la parte sur de la isla. Cerca del teatro, los palacios Anchieta y Domingos Martins son dos testigos de la época colonial. El palacio Anchieta fue construido por los jesuitas en el siglo XVI y pasó luego a ser la sede del gobierno del estado de Espíritu Santo. Por su parte, el palacio Domingos Martins (un hombre que luchó por la independencia de Pernambuco a principios del siglo XIX) fue construido en 1606, y luego de haber sido durante mucho tiempo la sede del Poder Legislativo es hoy la Casa de los Ciudadanos de Vitória.

En materia de arte religioso, lo mejor es visitar el Convento da Penha, sobre un cerro a orillas de la costa, en Vila Velha: no sólo porque ofrece una vista espectacular sobre la ciudad y Vitória, del otro lado del brazo del mar, sino por la exuberancia de su diminuta capilla, cargada de obras sacras. Los vecinos asisten día a día a las numerosas misas que se celebran en el convento, y en los pasillos del lugar las placas de agradecimiento de los devotos tapizan las paredes. Fundado en 1558, es uno de los santuarios más antiguos de Brasil. Para acceder al convento hay que cruzar un gran parque arbolado (trepando a pie 154 metros de desnivel o valiéndose de las combis que suben y bajan continuamente), donde se puede avistar una colonia de titís de cabeza beige. Estos monitos no son asustadizos y van y vienen en busca de bananas prácticamente posando para las fotos.

El atractivo del buceo

Desde las plataformas panorámicas del convento se puede ver, sobresaliendo de entre las casas bajas de Vila Velha, la gran masa amarilla de la fábrica de los chocolates Garoto. Los golosos quizá ya estarán informados, pero para los demás probablemente sea una sorpresa encontrarse ahí con la sede de los chocolates más famosos de Brasil (para seguir compilando superlativos). Además de sacarse fotos y hacer compras en el negocio de la fábrica, se puede presenciar los procesos de fabricación de los productos de este emporio, que empezó de manera muy modesta, cuando el inmigrante alemán Heinrich Meyerfreund se lanzó a la confección casera de dulces en 1929.

El otro símbolo industrial de Vitória son sus puertos de Tubarao y Vitória, que reciben los minerales procedentes de Minas Gerais para su exportación. Vitória es por eso uno de los mayores complejos portuarios del Atlántico Sur, y desde la Ilha do Boi se divisan también los grandes buques de carga mientras van y vienen desde los complejos portuarios. Los pescadores también conocen las aguas de Vitória porque son ricas en peces y cuentan con una gran diversidad de especies, pero también porque aquí se lograron dos récords mundiales: de aquí salió un marlín azul de 636 kilos, en 1992, y el marlín blanco más grande de su especie (82 kilos, en 1979).

Puerto de Vitória

Altos de Vitória
Otro de los atractivo de Vitória es su proximidad con la montaña. En apenas dos horas se pasa de las playas de ambiente tropical a una zona de unos 1500 metros de altura, con temperaturas mucho más frescas todo el año.

La zona del Parque Pedra Azul es una verdadera sorpresa en estas latitudes. Parece una región de los Alpes trasplantada y cultivada con café, bananas y otras plantas tropicales. Las pequeñas ciudades de Domingos Martins y Venda Nova do Imigrante son tan pulcras y cuidadas como en Suiza y Austria. No es casualidad, ya que la región fue colonizada principalmente por europeos alpinos: suizos, italianos, austríacos y alemanes.

Muchas de estas familias, que fueron agricultoras durante un par de generaciones, formaron ahora un circuito de agroturismo a lo largo de una ruta que serpentea al pie de la imponente masa de la Pedra Azul. El cerro tiene 1882 metros y es toda una rareza geográfica, como si fuera un pedazo de luna, mineral y monolítico, caído en medio de los verdes y exuberantes valles de la región, donde se cultiva de todo gracias a la clemencia del clima y la abundancia de lluvias.
Orquídeas y caballos nórdicos

El parque fue creado en la década del 90 y tiene unas 10. 000 hectáreas. Además de preservar el magnífico entorno de la Pedra Azul y su vecina Pedra das Flores (de 1909 metros), protege la fauna y la flora locales. Esta región goza de un microclima muy húmedo que favorece una biodiversidad abundante (armadillos, ocelotes, osos hormigueros, jaguares, monos, tucanes, zorzales). El parque es también un santuario de orquídeas. Para conocer mejor estas flores hay que visitar el orquideario de Marechal Floriano, uno de los pueblitos de la Rota do Lagarto, principal circuito turístico para descubrir los emprendimientos de agroturismo de la región. Florabela -así se llama el emprendimiento- es uno de los mayores centros de cultivos de orquídeas y está abierto todo los días, de 9 a 17.

En otras paradas de esta ruta se puede hacer cabalgatas con caballos Fjord, originarios de las montañas de Noruega. Estos ejemplares robustos y seguros están perfectamente adaptados a las montañas brasileñas, aunque parezcan exóticos en medio de las plantaciones de café, cañaverales y árboles de palta.

En otras etapas se puede almorzar en una granja tesinesa de 1901, probar suerte en un pesque y pague, donde se consiguen pacúes de más de 15 kilos; visitar plantaciones de frutas y fábricas de embutidos. Miles de detalles que no son tan exóticos como las playas como las que habitualmente se buscan en Brasil, pero que muestran una realidad distinta y poco conocida del gran país vecino, y por ahora muy poco frecuentada por turistas argentinos, aunque la meta de las autoridades del estado de Espíritu Santo sea convertirse en un destino de turismo familiar que combina a la vez campo, playa y montaña, todo a la vez y en un solo día si uno lo quiere? Muito diverso.

Postales coloniales

Arenas para la salud
Unos 55 kilómetros al sur de Vitória, el balneario de Guaraparí es renombrado en Brasil por su playa de arenas negras, que tienen efectos benéficos sobre la salud. Son arenas monacíticas de propiedades medicinales y radiactivas: caminar sobre ellas ayuda a tratar la gota, el reuma y la artritis. Además de sus arenas, la ciudad es conocida por sus sitios de buceo y un estuario donde se puede hacer excursiones en escuna (una ancha barcaza) para conocer un manglar. En la entrada del estuario, una estatua de San Pedro, que en otro tiempo giraba sobre su plataforma, da la bienvenida a los barcos de pescadores que entran y salen del puerto.

Platos y platillos
El plato capixaba por excelencia es la moqueca, cazuela de pescado que se prepara de manera más mediterránea e italiana que portuguesa y sin ingredientes habituales en la cocina brasileña, como la leche de coco. Esta receta se debe a los inmigrantes italianos. Es el plato más pedido por turistas y visitantes, y el más ofrecido en los restaurantes de la ciudad. Se cocina casi siempre en panelas de barro, una suerte de gran fuente honda hecha a mano por los paneleiros. Una cooperativa de artesanos que se dedica a su fabricación se puede visitar en el barrio de Goiabeiras Velha, la Associacao das Paneleiras de Goiabeiras. Tiene un sitio Web donde presentan los modelos de panelas y dan algunas recetas de moqueca y torta capixaba (hecha con mariscos y pescados), el otro plato más típico de Vitória. El sitio es www.paneleirasdegoiabeiras.hpgvip. ig.com.br. Para acompañar, se puede visitar una destilería de cachaça en Vila Velha, que comercializa la marca Reserva do Gerente, en la localidad de Ponta da Fruta. Además de visitar la bodega se puede hacer una degustación de cachaça y licores producidos en el lugar.

Mirta Rosa Carceles
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Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Toronto - Canada: el otro sueño americano

En la plaza Nathan Phillips, punto de encuentro del céntrico City Hall, se puede alquilar patines para usar entre edificios de la zona financiera

Orgullosa de sus inmigrantes, con espíritu verde y buen vivir, la gran ciudad canadiense hace gala de su modernidad y recibe a los visitantes con propuestas para disfrutar con o sin frío

Dr. House le preguntó a un paciente si había llegado desde Canadá, porque no podía creer su extremada buena onda. Tratándose del personaje de Hugh Laurie, la pregunta no era más que una burla. El largometraje de South Park va más allá: la ironía está en demonizar al país vecino hasta declararle la guerra, algo impensado y desopilante en Estados Unidos, donde suelen bromear con su pacifismo y tildarlos de naïf. "Creen que tenemos sólo policía montada y que vivimos en un iglú", se ríe Carole, guía turística de Toronto, una ciudad que hace gala de su espíritu verde, la cultura y el respeto por la diversidad. Porque más allá de cualquier chiste hollywoodense, es Primer Mundo, en serio.

Para entender de qué se trata la integración y tolerancia basta ver el festejo callejero de alguna comunidad minoritaria, que es acompañada por las demás, o empezar el recorrido por Kensington, que fue primero un barrio inglés, después judío, más tarde portugués y caribeño, y hoy reúne a decenas de nacionalidades, además de estar junto al mayor de los tres chinatowns de la ciudad. Y no muy lejos de allí se ubican Little Italy y Little India.

Locales de rastafaris pegados a viejas sinagogas, restaurantes asiáticos con sepias, cerdos y patos colgados en las vidrieras, objetos de moda y puestos de comida barata forman parte de Kensington, que es abandonado por las comunidades que prosperan, pero siempre llegan otras para reemplazarlas. "Hay que seguir abriendo las fronteras o inventar un carnaval y dejar de vender televisores, porque no tenemos mucha reproducción", expone Carole, de madre polaca y padre inglés, en relación con las políticas que favorecen la inmigración.

Según la guía, el canadiense es respetuoso por su origen anglosajón y organizado por naturaleza. "El invierno es tan crudo que no queda otra que ser buen administrador. El frío nos formó el carácter", asegura.

Toronto ha desafiado las estadísticas que indican que, en promedio, los canadienses pasan más del 80 por ciento del tiempo libre dentro del hogar. Se hizo básicamente a fuerza de kilómetros de túneles y una nueva moda: las terrazas en bares y restaurantes.

La ciudad subterránea protege a las multitudes de la nieve, en un circuito de 25 kilómetros que se extiende por debajo de los rascacielos. Es como un gran shopping, con techos de vidrio en muchísimos sectores, para no sentir el encierro. Miles de torontorianos van así, de su casa al trabajo, sin enterarse del frío. Se puede ingresar prácticamente por cualquier edificio de la zona financiera; sólo hay que seguir los carteles que dicen Path.

En cuanto al transporte, hay apenas cuatro líneas de subterráneo, algo raro para una ciudad tan moderna y tan grande, la mayor del país. Pero se combinan con la red de trenes y autobuses, mucho más amplia.

Dundas Square, corazón del centro comercial y financiero

Con frío pero sin nieve, los ciudadanos recorren las calles con sus vasos de plástico llenos de café. En el centro, hay al menos un local por cuadra en el que se venden al paso infusiones calientes, de franquicias como Starbucks o Tim Hortons, de bandera local.

La Yonge Street había sido inscripta en el Guinness como la calle más larga del mundo, hasta que cambió su jerarquía -se independizó de la Autopista 11- y su lugar en el libro fue ocupado por la Carretera Panamericana, de Ushuaia a Bahía Prudhoe, Alaska. Pero no por eso dejó de ser la vía más importante de la ciudad. Atravesando la zona financiera, en ella se encuentran el moderno shopping Eaton Centre, salas de teatro y el Hall de la Fama del Hockey, entre otros símbolos.

Cuando uno sale de las avenidas puede fácilmente encontrar casas de estilo victoriano, parques llenos de ardillas y silencio total. También minifaldas y bermudas apenas asoma el sol, aunque la temperatura no supere los 10 grados.

Los patios y las terrazas predominan en la Queen Street, una de las calles imperdibles de la ciudad: de City Hall hacia el Oeste se pueden visitar desde canales de televisión -Much Music tiene su estudio abierto a la calle- hasta locales de discos, ropa y libros usados, entre negocios de moda, bares viejos, galerías de arte y callejones con graffiti.

La calle King, en pleno centro, es una de las vías principales del distrito de entretenimiento. A su alrededor hay variedad de pubs y discos, abiertos toda la semana, en algunos casos. Es cuestión de buscarlos entre los callejones (sin problema, es una de las ciudades más seguras del mundo) y prestar atención a las puertas metálicas con un par de hombres de seguridad , aunque sin público que espera afuera, a menos que sea de primavera a otoño.

Hacia el lado opuesto de la zona financiera está el mercado St. Lawrence, con 200 años de historia, rodeado de edificios reciclados, ladrillo a la vista, y en el interior frutas, caviar y fiambres de ciervo, además de la mayor especialidad: el peameal bacon sandwich , con ocho fetas gordas de panceta dentro de una figaza recién hecha. El puesto clásico para este plato livianito es Carousel Bakery.

Un poco más al Este se encuentra otro sector ideal para una tarde de sol, el Distillery District. Es un espacio fundado en 1832, con 44 edificios que formaron parte de una gran destilería y hoy son, mayormente, restaurantes, galerías y boutiques, con variedad de alimentos artesanales, como chocolate, cerveza y café. La zona se puede recorrer a pie o en segway ( www.segwayofontario.com/distillerytours. Htm ), un vehículo de dos ruedas que, con motor, se frena o acelera según el balanceo del cuerpo. Es un modo simpático, pero también la manera más fácil de ser identificado como turista.

Mesas en la Queens St.

Más que un set
Por la variedad de construcciones, Toronto suele ser una gran locación para el cine norteamericano. Por eso la llaman Hollywood Norte. Calles como Queens o Broadview pueden parecer las de Nueva York de los años 30, como en El luchador , filmada aquí con Russell Crowe; la Universidad de Toronto es casi igual al MIT en En busca del destino , de Gus van Sant y con Matt Damon, y el castillo Casa Loma se convierte fácilmente en la escuela de los X-Men.

Justamente en Casa Loma es donde se realizan las principales galas después de la première del prestigioso Festival Internacional de Cine, sólo uno de los megaencuentros culturales de la ciudad. Otros son, por ejemplo, el Toronto Jazz Festival y la Nuite Blanche, que este año convocó más de un millón de personas en las calles durante una noche.

Casa Loma es un castillo curioso, con 98 habitaciones, pasadizos y jardines, con audiotours en ocho idiomas, incluido el español, para conocer la historia de un nombre dispuesto a todo con tal de obtener un título de nobleza. Sir Henry Pellatt había puesto la primera piedra del lado correcto, en el extremo noreste, una cábala en la construcción de castillos. Pero no funcionó. La suerte se mantuvo lejos de este hombre, que llegó a tener 59 teléfonos en su casa, pero terminó por compartir con su chofer una pequeña habitación en un garaje.

CN Tower, símbolo de la ciudad

Una torre única, con o sin récord
Con 553 metros, el doble que la Torre Eiffel, la CN Tower es un símbolo de la ciudad. Si bien pierde ahora su récord de edificio más alto del mundo con la inauguración del Burj Al Arab, en Dubai, sus virtudes no se alteran. Es imperdible subir al mirador, en un ascensor que tarda 61 segundos, a 22 kilómetros por hora. Y si es posible, comer en su restaurante giratorio, que completa la vuelta en 72 minutos, lo suficientemente lento como para disfrutar de la comida, aunque sin abusar de los buenos vinos. La bodega mantiene su récord de ser la más alta del mundo. Comer cuesta unos US$ 150 para dos personas.

El mejor souvenir es la foto sobre los pisos de vidrio, que permiten ver la calle. No hay riesgo: resisten 22 elefantes, aseguran.

No se encienden todas las luces de la torre con el objetivo de ahorrar energía y no distraer la migración de aves. Pero se prenden las suficientes como para brindar un espectáculo único para disfrutar desde cualquier punto de la ciudad.

Cataratas del Niágara. A 130 km de Toronto, el famoso atractivo turístico en la frontera con EE. UU.

Cataratas del Niágara
Uno disfruta de las cataratas del Niágara, el paseo más importante en las afueras de Toronto, sólo un rato después de compararlas con las de Iguazú, que son, sin duda, mucho más impactantes. Es inevitable hacerlo, debido a la fama de ambos emblemas (encima uno es mitad argentino), por eso lo mejor es liberarse del tema rápidamente; en Iguazú hay 275 saltos, en medio de una selva increíble, mientras que aquí hay sólo dos, con varios edificios que aparecen en las fotos. Listo.

Ahora bien, caminar por una amplia costanera, en la calle, junto a un salto de 54 metros es, al menos, llamativo. Sobre todo si el frío congela parte de las plantas y el agua, y se forman incluso extrañas figuras de hielo, que se pueden ver en detalle recorriendo los túneles que acercan a los turistas hasta el río. Nada mal.

Pero eso no es lo único bueno de visitarlas en invierno. Los precios bajan de manera considerable; se consiguen habitaciones dobles en la zona por 40 dólares, y con vista a las Cataratas desde 150. Cuatro familias de origen italiano son las dueñas de la mayoría de los establecimientos, unos 200 en total, que albergan a 11 millones de visitantes por año.

A la noche, hay fuegos artificiales y las Cataratas se ven en colores; incluso los turistas pueden modificarlos, y se les propone combinar luces, dejar la iluminación a su gusto por unos minutos, y por eso reciben un certificado.

Comer en el restaurante Elements on the Falls con vista a los saltos; ingresar en el Niagara´s Fury si uno tiene chicos -nuevo, con animación y agua que cae sobre los espectadores, en una sala de 360°; ingresar por el túnel para ver el salto principal a unos metros, y caminar por la costanera son los puntos más atractivos del lugar. Hay paquetes de cuatro actividades por 40 dólares.

Las cataratas se pueden ver también del lado estadounidense: un gran puente conecta en este punto a ambos países. Del país vecino proviene la mayoría de los visitantes, aunque del 60 por ciento total, bajó al 35, por la crisis y porque ahora necesitan pasaporte.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Parque Nacional Morrocoy - Venezuela

Playa Playuelalita

El Parque Nacional Morrocoy está ubicado en el Estado Falcón, en el noroeste de Venezuela cerca de las poblaciones de Boca de Aroa, Tucacas, Sanare, Chichiriviche, Flamenco y Tocuyo de la Costa. Fue declarado parque nacional en 1974 y consta de 32. 090 ha.

El parque se extiende tanto por zonas terrestres como acuáticas del Golfo Triste, contiene una zona de manglares y gran cantidad de islotes o cayos entre los cuales se encuentran Borracho, Pelón, Sombrero, Sal, Playuela y Peraza, entre otros. En el relieve destacan el cerro Chichiriviche, con elevaciones de 250 msnm; el conjunto de ensenadas y manglares internos y los cayos e islas.


Acceso
Desde Caracas se toma la autopista regional del centro hasta llegar a Valencia (aproximadamente unos 150 km). Luego la autopista hasta Puerto Cabello, la cual empieza unos 5 km después de pasar el peaje entrando a Valencia. Al llegar a la Refinería el Palito, se toma la vía hacia Morón. Luego de 5 km aprox, se toma la salida hacia Tucacas, y 40 km después se llega al Parque Nacional Morrocoy.

Uno de los tantos Cayos en Morrocoy

Fauna
con respecto a la fauna en el parque habitan numerosas especies de avifauna, aproximadamente 266, reportadas para el Refugio de Fauna Silvestre Cuare. Debido a que el Parque Nacional Morrocoy y el Refugio de Fauna Silvestre Cuare se encuentran ubicados en una misma área geográfica, se infiere que para el parque debe existir un número similar, entre las que se destacan el águila pescadora, especies vulnerables como el flamenco , la garza paleta, el pelícano, cotúa, el paují de copete, el loro real Amazona , la corocora roja y las especies consideradas de distribución restringida como la fragata o tijereta de mar. Habitan además numerosos reptiles marinos, entre los que se destacan las tortugas marinas como la tortuga verde, la tortuga carey, la tortuga cardón así como el caimán de la costa, todas ellas consideradas por el libro rojo en peligro de extinción. Entre los mamíferos se incluyen tanto los mamíferos marinos (delfines, ballenatos) que utilizan el parque como refugio así como las diferentes especies de mamíferos terrestres entre los que se pueden mencionar el venado matacán, el oso melero, el zorro cangrejero, el mono araguato, la pereza. Los peces que se reproducen en el parque son el mero, pargo, curbina, sábalo, róbalo, el pez sapo, así como peces que habitan en los arrecifes coralinos. Entre los moluscos y crustáceos: la ostra de mangle, liebres marinas, quigua, existen 2 tipos de langostas Panulirus argus -Panulirus grettatus, cangrejos azules y rojos, jaibas, entre otras especies. Existe una variedad diversa de insectos, aunque aún no existe un levantamiento de información para la zona.



Flora
La Corresponde a la zona de vida bosque seco tropical. Se presenta una vegetación bastante variada, donde se reportan desde plantas siempre verdes como el olivo, hasta plantas deciduas como el indio desnudo. Se encuentran plantas adaptadas a suelos de alta salinidad como en el caso de la hierba de vidrio. Siguiendo hacía la vertiente Este del cerro Chichiriviche, sector Mayorquina se puede observar vegetación xerófita de la familia cactácea, tunas y cardones. También se encuentran cuatro especies de manglares reportadas para Venezuela: mangle rojo, mangle negro, mangle blanco, mangle de botoncillo. Entre la vegetación marina subacuática, existe una gran diversidad de algas entre ellas la fanerógama marina, la cual constituye uno de los alimentos predilectos de la Tortuga verde.

Isla de los Pajaros

Clima
Temperatura uniforme durante el año entre 27 y 30 °C. Escasa pluviosidad. Y un gran frio de ocilara entre 28 y 30



Actividades turísticas
Las playas de Morrocoy son espectaculares, encontramos una cantidad de ellas: Cayo Sombrero, Playuela, Playuelita, Cayo Alemán, Mayorquina, Cayo de Pescadores, Playa Mero, Punta Brava, Boca Paiclás, Boca Seca, los Juanes, Bajo Caimán, Tucupido, etc. Pero también debajo de ellas los corales y los peces ofrecen todo su esplendor a los submarinistas y en especial en tres islotes, que aunque están fuera de la zona del parque, a unas 7 millas naúticas de Tucacas, mantienen un estatus de zona de protección especial: Cayo Norte, Cayo Medio y Cayo Sur.

Dentro del Parque Nacional Morrocoy fluyen grandes cantidades de turistas de todo el territorio Nacional, quienes van a disfrutar de la variedad de playas, algunos vienen a acampar y otros vienen con sus embarcaciones (lanchas). Como es parque nacional, esta bajo la vigilancia de INPARQUES (Instituto Nacional de Parques), quienes mantiene el orden y control del mismo.

Dentro del Parque se encuentran distintas comunidades, poblaciones, negocios, posadas. Están las poblaciones de Caño Leon, Morrocoy, Lizardo y Aguasalobre. Además existen pequeñas marinas que conforman la Asociación de Marinas Deportivas del Golfo Triste, las cuales la integran: Marina El Ancla, Marina Las Canoas, Marina Puerto del Medio, Marina Indunave, Marina Costa Azul, Marina Embarcadero Morrocoy, Marina Caribe, Marina La Cazanga y Marina La Cuevita.

También se encuentran los embarcaderos, que son asociaciones de lancheros, que se dedican al transporte de los turista a las distintas playas de Morrocoy, están los embarcaderos de Las luisas, Morrocoy y Aguasalobre.

Hay posadas para el descanso de los turistas como Posada La Esmeralda, Paraíso Azul, Las Trinitarias, etc. También pequeños puestos de venta de Cocadas, empanadas, agua de coco y artesanía local.

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