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TURISMO POR AMERICA

Mirta
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011

mapa america

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
América latina: el lujo de viajar

Viñak, a seis horas de Lima

Pequeños hoteles con estilo, grandes y exclusivos resorts, spa reparadores, sofisticadas experiencias gourmet, playas de ensueño y paisajes para pocos en una región que sabe cómo tratar a sus huéspedes

Perú: encanto salvaje en la sierra andina
Llegar a un refugio en la altura, rendirse ante el Valle del Colca y ver la selva pasar desde un crucero, tres aventuras en versión deluxe

El camino no es para nada sencillo. Son sólo 280 kilómetros los que separan Viñak de Lima, pero uno tarda casi 6 horas en llegar hasta allí. Partiendo de la capital se debe tomar el desvío hacia Lunahuaná, en Cañete. Hasta allí todo es ruta asfaltada en perfectas condiciones. Pero luego de Lunahuaná comienza el trajín.

El camino es cuesta arriba y no es recomendable emprenderlo si no se cuenta con una 4x4. En el camino, de 4 horas, los trucos contra la altura deberán ser sacados de inmediato de la guantera, pues nuestro destino nos espera a casi 3200 metros sobre el nivel del mar.

Cuando empieza a preguntarse si tanto esfuerzo vale la pena, Viñak le tapará la boca de golpe. El poblado parece estar enclavado en el Cuzco, rodeado por cerros verdes, un maravilloso cielo azul y una tranquilidad totalmente ajena a la capital. Sin embargo, ¡Aún estamos en el departamento de Lima! Si quiere ser parte de una experiencia de lujo, entonces tiene que descubrir El Refugio.

El Refugio
Luego de un trayecto tan severo resulta más que paradisíaco ingresar en una casa de madera y piedra con todas las comodidades de un hotel 5 estrellas. Un comedor con amplios ventanales que permiten apreciar el valle desde más de 3000 metros de altura; habitaciones en las que no falta una bolsa de agua caliente; chimeneas para espantar el frío serrano y, lo más destacado, un jacuzzi en medio del jardín en el que el turista se puede sumergir para desafiar el frío de la noche u observar, con un trago en la mano, el maravilloso paisaje.

Pero como no se pretende que el visitante se quede todo el tiempo en el hotel, hay diversas actividades personalizadas. El lugar cuenta con un establo con caballos cuarto de millas y una entrenadora que guiará a los huéspedes en las rutas por los lugares aledaños, y bien puede terminar la travesía en una pachamanca al borde del río.

Para los que estén más en forma, hay bicicletas de montaña y equipos para salir a dominar los apus.

Valle del Colca
Un sol que encandila o un cielo despejado que reluce por las noches, estrellas por doquier y un verde valle que tiene como testigos a los volcanes Hualca Hualca, el Ampato y el Sabancaya.

El Colca se ha convertido en uno de los destinos con mayor potencial del sur del país. A lo largo de sus dos márgenes, el cañón con sus tierras fértiles muestra un legado patrio en el que andenerías preincaicas y villas fundadas en el siglo XVI por los españoles lo dotan de una gran diversidad.

Para un turista más exigente, las actividades son lo primordial. Por eso las alternativas del Colca han tenido que diversificarse, igual que las caminatas, antes obligatorias porque era el único medio de ingresar en la zona. Actualmente, parte del objetivo es admirar el paisaje y los animales. Los niveles de dificultad pueden ser de todo tipo y para todo físico. El principal es el que sale desde el mirador de la Cruz y finaliza en el mirador del Cura. Este es de sólo una hora a paso tranquilo y resulta ideal para los principiantes. Aquí, la idea es poder estar más cerca del vuelo de los cóndores y apreciar la flora de la zona.

Año tras año aumenta el número de hospedajes en ambas márgenes del valle. El refugio Las Casitas del Colca se convertirá en el recinto de lujo de la zona, con 20 lujosas cabañas construidas en armonía con la arquitectura de la zona.

Cruceros en Iquitos
Imagínese el viaje perfecto por la selva amazónica del Perú: está a bordo de una acogedora embarcación de madera y lo que ve es un río inmenso que serpentea en un manto verde. Por la noche, cientos de miles de estrellas.

El aire tibio roza la piel y los sonidos que cortan el silencio provienen de animales salvajes. La siesta es parte de la rutina, las dietas se olvidan frente a la buena comida, hay agua limpia y se puede bañar en su camarote cuantas veces quiera.

Los guías son biólogos y nativos que le cuentan los misterios de los tímidos delfines rosados, de los extraños shanchos, cerdos salvajes, y de los martín pescadores que surcan los aires. Gran parte de la tripulación tiene conocimientos de música y cuando cae la tarde regala canciones que salen de los límites del barco para ser parte de este magnífico mundo. Este viaje no es ficción.

Roberto Rotondo, de Jungle Expeditions, comenta que hace una década bordea la Reserva Natural Pacaya Samiria, con unos 6000 pasajeros por año, el 99% extranjeros. Posee cinco embarcaciones que navegan 1100 kilómetros durante 7 días.

Los cruceros parten de Iquitos y recorren el Ucayali hasta el río Sapote, luego regresan e ingresan en el Marañón, para llegar a la comunidad Monte Alegre, donde está el lodge de la empresa. Desde allí navegan por el Marañón hasta el Gran Amazonas, para volver a Iquitos.

La Posada de Mike Rapu en la Isla de Pascua

Chile: en los extremos y frente al mar
Rincones que combinan naturaleza, aventuras intensas, hotelería de lujo y gastronomía de excelencia

San Pedro de Atacama, Isla de Pascua y Puerto Natales combinan excelencia y sofisticación, con propuestas para reponer energías y salir listo para enfrentar una nueva vida.

San Pedro de Atacama
Tanta fama tiene este pueblito andino metido en el desierto de Atacama, en el norte de Chile, que hay gente que ni siquiera se detiene en Santiago, la capital del país, con tal de llegar lo más pronto posible.

San Pedro es una aldea como tantas del Altiplano, en la que un día comenzaron a concentrarse jóvenes mochileros y aventureros. Encontraban casas de barro, precios bajos y un entorno natural alucinante: el pueblo está rodeado de volcanes, salares, termas y lagunas, todo en medio del desierto más seco del mundo.

Ahora, San Pedro es uno de los destinos turísticos más potentes y famosos de Chile, y centro de operaciones de una inagotable oferta que mezcla naturaleza y aventura. En los últimos años ha sumado una creciente muestra de hotelería de primera categoría, con varios de los proyectos mejor diseñados y lujosamente atendidos del país.

Entre ellos se encuentra Awasi, con sólo 8 cabañas, cada una con su propio vehículo y guía; si prefiere, hay servicio de avión privado.

Tierra Atacama es un hotel lleno de estilo, con maravillosa y silenciosa ubicación en las afueras del pueblo, vista al volcán Licancabur, spa y sólo 32 habitaciones.

A tres kilómetros del pueblo, AltoAtacama está rodeado por la bella Cordillera de la Sal, y detalles que se agradecen: sin teléfono ni televisión en las habitaciones, pero con piscinas, spa y un interesante proyecto de cocina fusión.

Isla de Pascua
Conocida por el nombre nativo de Rapa Nui, la Isla de Pascua es un pedazo de Polinesia en medio del oceáno Pacífico, bajo soberanía chilena desde 1888, aunque muchos turistas perfectamente llegan sin darle importancia al dato.

Es famosa por sus legendarios moais, gigantescos torsos esculpidos en piedra por los antepasados de los actuales rapanui; sus fiestas tradicionales, como Tapati, donde se recrean varias costumbres nativas y que se realiza en verano; algunos buenos sitios de buceo y playas que están entre las mejores del país: Anakena y Ovahe.

The New York Times la incluyó en su lista de sitios que hay que visitar durante 2008. Y desde hace poco la isla cuenta con su primer proyecto hotelero de lujo, la Posada de Mike Rapu, iniciativa conjunta del legendario buceador pascuense Mike Rapu y de Explora, una minicadena de hoteles de lujo, con proyectos en San Pedro de Atacama y, el más famoso de todos, a los pies de Torres del Paine, conjunto montañoso que es otro de los hitos naturales chilenos con fama propia en el mundo.

Puerto Natales
Las Torres del Paine son un grupo de "columnas" de roca, en medio del Parque Nacional del mismo nombre, en la Patagonia chilena. Un bloque de montañas y praderas salpicado con lagunas de colores insólitos, especialmente famoso entre los amantes de la naturaleza y los circuitos de trekking; W es el nombre del sendero más conocido, porque recorre los piedemontes de estas torres.

Puerto Natales fue por años sólo el último pueblo antes de este hito natural hasta que empezó a brillar con luz propia; se llenó de proyectos turísticos, tiendas, restaurantes más o menos sofisticados y hasta cervezas artesanales propias, y, claro, hoteles con estilo.

Hay al menos tres proyectos que llaman la atención: el Remota, un hotel pensado por un conocido arquitecto chileno, Germán del Sol, que cuenta con programas todo incluido, desde alojamiento a excursiones y aventuras, atendidas con equipos y guías propios, y generosos espacios para descansar y disfrutar del paisaje.

El hotel Altiplánico Sur, hermano del Altiplánico original, en San Pedro de Atacama, y vecino al Remota. Cuenta con sólo 22 habitaciones, cuidado diseño y buen servicio, además posee una apariencia curiosa: está prácticamente enterrado.

Concepto Indigo es uno de los hospedajes pioneros en la zona, partió como un íntimo y acogedor hostal, y ahora es un hotel lleno de estilo, con habitaciones acogedoras, spa en el piso superior, buen restaurante, programas de actividades y notable vista sobre el Seno de Ultima Esperanza.

Muelle de La Esperanza - Vieques

Puerto Rico: fantasías en la isla
Propuestas chic para comer, beber, dormir y gozar de la isla, muy cerca del Viejo San Juan o en la villa Rincón y la increíble Vieques

Un boom de restaurantes y bares guapos animan la costa metropolitana de Puerto Rico. Reinventan lo mejor de la comida caribeña para cuando el viajero se canse del tradicional arroz con habichuelas, y ponen copas en bares decorados con lo último en diseño.

En Vieques se disfruta de las mejores playas y de una experiencia natural única: nadar en una bahía que brilla. Al extremo oeste del país, en el famoso pueblo de Rincón, una villa mediterránea se acurruca en medio de una arboleda. Y cerca del histórico San Juan, dos restaurantes únicos.

Vieques
Esta pequeña isla, 13 kilómetros al este de la isla mayor, combina lujo con actividades al aire libre. Los viajeros llegan en ferry o en avioneta para descubrir algunas de las mejores playas de Puerto Rico, hoteles de diseño y un estallido de restaurantes de cocina creativa que están comenzando a competir con los del área metropolitana.

En el Malecón, en el barrio La Esperanza, al sur de la isla, el restaurante El Quenepo combina la cocina criolla con ingredientes exóticos para hacerla más divertida. El filete de atún, vestido de ajonjolí y algas orientales wakame, está montado en una salsa que permite apreciar en cada bocado cómo se suceden el gusto del mango, el jengibre, el cítrico y el wasabi. Es un espacio con velas y manteles que no presume en demasía de su elegancia para no alienar al turista en traje de baño y sandalias.

La mejor manera de explorar la isla es alquilar un vehículo todoterreno, para sortear los huecos de las carreteras sin pavimentar que conducen a las playas más prístinas, localizadas en el Sur, como Blue Beach, para quienes buscan un lugar apartado y bucear con snorkel.

Asimismo, el viajero puede llegar en kayak o en bote a la famosa Bahía Bioluminiscente, uno de los pocos lugares del planeta donde vive un microorganismo inofensivo, el torbellino de fuego ( Pyrodinum bahamense ), que emite luz al contacto con otro organismo u objeto. Vale la pena planificar el viaje para los días de luna nueva, cuando se aprecian mejor. Es un placer zambullirse en el agua y brillar como un meteoro.

San Juan
Ningún restaurante capitalino reinterpreta con tanta creatividad la cocina caribeña como Koco, en el San Juan Hotel & Casino, en la ciudad costera de Carolina. Su aperitivo más lúdico: croquetas de batata, rellenas de pernil con jengibre y mojada en soja endulzada, pero clavadas en un palito como una paleta de caramelo.

Blandas y jugosas vieiras frescas se distinguen como plato fuerte, en salsa espesa de melaza, acompañadas de plátano maduro, setas shitake y habichuelas edamame. Es uno de los pocos restaurantes en Puerto Rico con una carta especializada en ron; tiene 50 de los mejores ejemplares del Caribe.

La oferta de cafés y restaurantes de la zona turística atesora el famoso Hotel La Concha, en El Condado. Es la joya de la arquitectura tropical moderna de mediados del siglo XX, que se reinauguró en marzo último, luego de haber estado cerrado durante 11 años. El primer nivel es un gran lounge que acoge un público adulto, de alto nivel adquisitivo.

Rincón
Si Rincón se jacta de tener los mejores atardeceres de la isla, también suele hacerlo con su hotel más distinguido. El Horned Dorset Primavera, en el área oeste la región, tiene un estilo de villa mediterránea y es parte de la lujosa cadena Relais & Châteaux.

Cada una de las 39 suites tiene piscina privada y mobiliario de Italia, Filipinas y Marruecos, que exhibe tejidos de colores, fina madera tallada, puertas con arco y lámparas mozárabes, además de baños con paredes revestidas en mármol y bañeras de patas al estilo antiguo, con espacio para dos personas.

La dirección se encarga de preguntar por los gustos de los huéspedes desde el momento de la reservación, para satisfacer sus gustos gastronómicos. Aquí se ofrece un servicio a la medida sin resultar intrusivo. El chef Aaron Wratten crea variados platos internacionales sin olvidar los ingredientes criollos. Destaca el mousse de salmón con caviar como aperitivo o un lomo de cerdo relleno de plátano en salsa de tamarindo como plato fuerte.

Lo prefieren personalidades Hillary Clinton, que acaba de hospedarse en él. No se permiten menores de 12 años ni usar celulares en áreas comunes. No hay radios ni televisores. Los pájaros, la brisa y el sonido de las olas del mar serán sus constantes compañeros.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
EE. UU - California: 36 horas en Los Angeles City

Ciudad de los Angeles

En la costa oeste de los Estados Unidos, la meca de la industria cinematográfica tiene un barrio japonés por descubrir, muchas ofertas de moda y una renovación que invade la zona céntrica.

Su extensión, su escala, todo ese tiempo en la autopista hacen que, para muchos, Los Angeles sólo sea un placer adoptivo. Pero no pasa eso cuando se visita el centro. Similar a Nueva York en su densidad y mezcolanza, el centro, arruinado desde hace mucho, se ha convertido en un destino accesible y amigable para los turistas durante los últimos años. Los “angelenos” se desplazan en masas, y realmente caminan muchísmo.

El inmenso complejo de entretenimiento L.A. Live es uno de los principales responsables de este cambio, pero los bares clásicos tipo estudios y los imaginativos restaurantes que parecen abrir casi cada tres días también son parte de esta resurrección. Skid Row y los amontonamientos de campamentos de vagabundos no han desaparecido por completo, y el ambiente sórdido sigue variando de una cuadra a otra. Pero esta parte de la ciudad está viva otra vez, bajo formas que tienen sentido incluso para un foráneo.

Chung King Road, un callejón peatonal del barrio chino adornado con lámparas

Mirta Rosa Carceles
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Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011

La mayoría de las galerías permanecen abiertas hasta las 6 pm; los viernes, Jancar cierra a las 5.


Museo Grammy

7. 30 pm. Lo más radiante
Ya sea para ver un juego de los Lakers, visitar el Museo Grammy o asistir a un concierto en el Nokia Theater, siempre hay algo llamativo que hacer en el monstruo deportivo y de entretenimientos que es el L.A. Live (800 West Olympic Boulevard; 213-763-5483; lalive. Com), que abarca casi 11 hectáreas y cuya construcción costó 2. 500 millones de dólares. Sólo caminar la Plaza Nokia (de estilo Tokio) es divertido, gracias a los 6. 600 metros cuadrados de anuncios en pantalla LED. En su periferia se aglutina una gama de restaurantes y bares, pero, como sucede con Times Square, muchos visitantes simplemente prefieren caminar por esta gigantesca zona peatonal, intentando ver un poco de todo.


Gorbals

10 pm. Bocado nocturno
Gorbals (501 South Spring St. ; 213-488-3408; thegorbalsla. Com) es una de las opciones más fantásticas –y raras, vamos a decirlo– para cenar en el centro. Su dueño y chef, que alguna vez ganó el premio “Top Chef”, es parte escocés y parte israelita, y sus mezcolanzas híbridas son excelentes. Mi poutine banh mi fusionó lo québécoise y vietnamita en formas criminalmente descuidadas hasta ahora. ¿A alguien se le antojan albóndigas matzo enrolladas con panceta? Los platos chicos valen entre 6 y 16 dólares. Este restaurante casual está escondido en el vestíbulo del viejo Alexandria Hotel, un sitio histórico desgastado, aunque encantador, donde Bogart, Chaplin y Garbo alguna vez caminaron sus salas.

Nickel Diner

Sábado 9 am. Sobre el “Nickel”
Las roscas fritas con miel de arce y panceta destacan en el menú del desayuno en el nuevo pero eterno Nickel Diner (524 South Main St. ; 213-623-8301; nickeldiner. Com). El resto es comida regular casi toda bien presentada; entre 7 y 10 dólares por plato. Lo notable es su ubicación –hasta hace poco, esta cuadra era una de las más notorias de Skid Row–. Es un testamento de la resurrección céntrica que la intersección de las calles Main y Fifth (de ahí “Nickel”) ahora sea casa de un sitio donde la gente hace fila para esperar una mesa.

En el distrito de la moda

10. 30 am. Buena ropa
El Distrito de la Moda, de cien cuadras, mezcla impecablemente lo fino y lo barato. Aunque muchas tiendas únicamente venden al mayoreo, aun así se puede encontrar una amplia selección de ropa de diseñador con grandes descuentos, telas y accesorios. Las desordenadas tiendas y almacenes de las calles Ninth y Los Angeles son un buen sitio para empezar (no dude en regatear). Y no se pierda el callejón Santee Alley, más populachero (thesanteealley. Com), donde lo barato se topa con lo raro en una forma cabalmente de Los Angeles. En este caótico bazar al aire libre, vigorosos vendedores ofrecen a los cuatro vientos lo impresionante (bolsos de mano perfectos y espectaculares) y lo raro (ranas de juguete adornadas con insignias de bandas). Si busca una expedición más organizada al Distrito de la Moda, Christine Silvestri, de Urban Shopping Adventures (213-683-9715; urbanshoppingadventures. Com), organiza correrías de tres horas, personalizadas según su agenda particular y con radar interno para las mejores ofertas; los recorridos cuestan 36 dólares por persona, con un mínimo de dos.

Filarmónica de Los Angeles

1 pm. Arquitectura accesible
La llegada del director Gustavo Dudamel a la Filarmónica de Los Angeles ha atraído nuevo público a la sinfonía, pero la Sala de Conciertos Walt Disney (111 South Grand Ave. ; 323-850-2000; laphil. Com) –la celebración deconstructivista de Frank Gehry a todo lo grande, curvilíneo y brillante– merece una visita aun sin boleto de entrada. Traiga comida para un día de campo y suba por la semioculta escalera externa que lleva a un oasis de jardín de azotea con excelentes vistas de la ciudad. La mayoría de los días hay disponibilidad gratuita de recorridos guiados y opciones de caminata propia con ayuda de audio. Revise primero los horarios (musiccenter. Org/visit/tours. Html), para evitar sorpresas.

Lazy Ox Canteen

7 pm. Huesos lazy
Desde 2010, Lazy Ox Canteen (241 South San Pedro St. ; 213-626-5299; lazyoxcanteen. Com), en Little Tokyo, ha sido el tipo de “gastro pub” oculto que a la gente le gusta insistir que es el mejor de la ciudad. Casual y bullicioso, el extenso menú del bistró cuenta con exquisiteces aventureras, desde patas y orejas crujientes de cerdo hasta salpicón de cuello de cordero. Se dificulta identificar la cocina con un origen específico, pero es evidente su propensión a la comida confortable bien definida centrada en la carne. Ordene varios platos chicos, la mayoría de entre 7 y 15 dólares.

Redcat Theater

8. 30 pm. Un espectáculo
Si se va al centro en busca de un espectáculo, es probable que termine la búsqueda en el desparramado L.A. Live. Pero un puñado de escenarios más chicos ofrece alternativas más raras. Redcat Theater (631 West Second St. ; 213-237-2800; redcat. Org) presenta todo tipo de funciones experimentales –un sábado reciente hubo una función de teatro, danza, marionetas y música en vivo de una colaboración de arte eslovena-letona–. Club Mayan (1038 South Hill St. ; 213-746-4287; clubmayan. Com; 12 dólares la entrada antes de las 22. 30 y 20 dólares después), que la mayoría de las noches es un adornado y viejo salón de baile, ocasionalmente auspicia eventos locos como Lucha VaVoom, que combina lo burlesco y la lucha libre. Y Smell (247 South Main St. ; thesmell. Org; 5 dólares la mayoría de las noches), un espacio agradablemente oloroso y desprolijo, está administrado por voluntarios y presenta grupos muy chicos circundados por adolescentes que se mecen al ritmo de la música.

Seven Grand

10. 30 pm. Beber como antes
¿Era Los Angeles un paraíso durante la Ley Seca, esa vieja prohibición de beber alcohol? No hay necesidad de adivinar, gracias a un montón de bares nuevos decorados con estilo retro, que explotan la historia de la ciudad. Desde elegantes tabernas clandestinas (The Varnish; 118 East Sixth St. ; thevarnishbar. Com) hasta plantas eléctricas remodeladas con onda chic (Crocker Club; 453 South Spring St. ; 213-239-9099; crockerclub. Com), estos espléndidos antros decorados en forma imponente. Y los cócteles deliciosos y artesanales son tan abundantes como podría esperarse, la mayoría en el rango de 9 a 14 dólares. Los pulcros también disfrutarán el ostentoso Seven Grand (515 West Seventh St. ; 213-614-0737; sevengrand. La), mientras que para los desalineados será mejor La Cita Bar (336 South Hill St. ; lacitabar. Com).

La Plaza Bambú

Domingo, 9 am. Diamante en bruto
La Plaza Bambú no es tan elegante como su nombre, pero en el segundo piso de este descuidado centro comercial del barrio chino se encuentra Empress Pavilion (988 North Hill St. , local 201), la oscura meca que sedujo a los “angelenos” desde mucho antes de la resurrección del centro. El vasto salón comedor tiene todo el atractivo de una sala de conferencias de hotel, pero siempre hay mucha gente y lo justifican el har gow de camarones, los emparedados de cerdo y docenas de especialidades, de 2 y 5 dólares la pieza.

Museo de Arte Contemporáne

11 am. Arte grande
Siendo parte de esa rara casta de gente que ha pasado de dueño de galería a director de un espacio de arte, Jeffrey Deitch ha estremecido (e irritado) a los críticos desde que el año pasado tomó el mando del estimado Museo de Arte Contemporáneo. La colección se renovó, incluyendo obras de Rothko, Oldenburg, Lichtenstein y Rauschenberg. El museo tiene tres sedes, pero en el centro está la principal (250 South Grand Ave. ; moca. Org).

Chris Colin
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Catamarca (Argentina): La ruta de los volcanes


Paso de San Francisco, limite internacional con Chile

Crónica de un recorrido desde la capital provincial hasta las alturas de la Cordillera. Una fascinante travesía entre pueblos encantadores, salares inmensos, desiertos y montañas de más de 6 mil metros de altura. Naturaleza deslumbrante en un escenario poco explorado.

Un hombre baja de su camioneta, apila piedras en la tierra, mira al cielo y mantiene los brazos abiertos durante un largo rato. Por alguna extraña razón, o simplemente por su sonrisa, el rito se nos antoja un amplio abrazo a la naturaleza. Será porque, como él, atesoramos cada uno de los paisajes atravesados durante los 516 kilómetros recorridos hasta llegar aquí, al noroeste de la provincia de Catamarca , donde están Los seismiles, las míticas montañas que superan los 6. 000 metros de altura.

Por encima de la cabeza del desconocido, un cartel indica que estamos en el Paso San Francisco , que delimita la frontera con Chile: es el fin de la Ruta de los Volcanes.

Este espléndido recorrido, que se abre paso entre inmensos salares, lagunas, aguas termales y pueblos encantadores, despliega 19 volcanes que fueron venerados por las culturas andinas, antiguas habitantes de la zona.

Habían denominado a estas elevaciones como “Apus”, morada de espíritus protectores a quienes ofrecían sacrificios y ofrendas. Hoy son los andinistas, provenientes de todo el mundo, quienes le rinden culto a este “santuario de altura”.

También los menos avezados pero aventureros pueden llegar hasta estas figuras majestuosas. Sólo hace falta un vehículo 4x4, un guía local, ya que es fácil perderse, y capacidad de sorpresa para apreciar escenarios vírgenes, unos de los pocos del planeta.

La espectacular travesía comenzó mucho antes, en San Fernando del Valle de Catamarca , cuando los mareos y dolores de cabeza, producto del “mal de altura”, eran apenas una advertencia. Y cuando La Ruta de los Volcanes era sólo una serie de puntos negros dibujados en un mapa, que nuestra mirada había transitado con anhelo tantas veces.

Copacabana, antigua Estación de Ferrocarril

Rumbo al oeste
Poco después del desayuno, tomamos la Ruta Nacional 60, que se inicia al oeste de la capital catamarqueña y culmina en el Paso San Francisco. El calor húmedo va quedando atrás pero aún persisten los rastros de verde entre los cerros multicolores que señalan parte de lo que fue el antiguo Camino del Inca, que conducía a la localidad chilena de Copiapó.

Antes de llegar a Tinogasta vale la pena hacer un alto en los pueblos agrícolas Copacabana y La Puntilla , que conforman una “pequeña Italia”: las residencias de estilo neoclásico, con amplios jardines y galería central, se suceden a lo largo del camino.

La mayoría –como era tradición a principios del siglo pasado– tienen anexados oratorios familiares que resguardan imágenes religiosas antiquísimas.

En ambos pueblos se encuentran tejedoras artesanales que elaboran en sus telares hermosas colchas bordadas con flores de colores vivaces, el souvenir típico de la región.

Al fin, en el vasto valle de Abaucán , a la vera del río homónimo, aparece Tinogasta, una de las localidades fundamentales del oeste de Catamarca, rodeada de olivares, viñedos, alfalfares y árboles frutales. Aquí comienza la llamada “Ruta del Adobe”, un circuito que recorre una serie de edificios de varios siglos de antigüedad, construidos con madera y adobe.

Algunas iglesias de ese conjunto albergan imaginería religiosa de Chuquisaca (Bolivia) y pinturas de Cusco (Perú), verdaderas perlas. Son 55 kilómetors que transitan por los pueblos El Puesto , La Falda y Anillaco –fue el centro económico y religioso más importante de la región– y culminan en el pueblo de Fiambalá.

Antes de partir hacia la localidad famosa por sus aguas termales, visitamos la Finca de los Pereyra, un clásico de la zona, donde nos espera un suculento almuerzo: empanadas de carne, locro y buen vino, ideal para mitigar el incipiente frío que ya se hace sentir en las alturas de Catamarca.

La sobremesa nos encuentra sentados debajo de los olivos a algunos, y a otros, muy alegres, ensayando pasos de folclore al aire libre.

Termas de Fiambalá

Patrimonio arqueológico
En Fiambalá puede verse gran parte del patrimonio arqueológico de la provincia. Lo demuestra la visita al Museo del Hombre, donde se exhiben piezas de las culturas originarias de los valles, como los pituiles, batungastas y mahupacas y los cuerpos momificados de un hombre y una mujer, con su ajuar funerario, de más de 500 años de antigüedad, que fueron hallados en los alrededores de Loro Huasi , un pueblo cercano.

En esta ciudad, también los viñedos son marca registrada. Ocupan grandes extensiones de tierra y le otorgan un color especial al paisaje, además de dar a luz exquisitos “vinos de altura” (a 1. 505 metros sobre el nivel del mar).

El relajante paseo entre los cultivos, iluminados por los últimos rayos de sol, culmina en la Finca de Don Diego para degustar sus exclusivos vinos de uva cereza.

Continuamos camino hasta una fantástica quebrada entre las serranías, donde se encuentran las renombradas Termas de Fiambalá. Las aguas emergen a 1. 750 metros sobre el nivel del mar y se concentran en 14 piletas de piedra cordillerana con temperaturas que varían entre los 28 y 51 grados centígrados. Justo lo que necesitábamos tras recorrer los primeros 322 kilómetros en busca de Los seismiles.

Volcán Pissis

Los colores del desierto
Partimos de Fiambalá antes de la salida del sol. La ruta 60 gira abruptamente al oeste y se coloca de cara a la Cordillera. En el valle de Chaschuil se hace evidente la increíble gama de colores y texturas de los desiertos de altura: las llamadas “pampas de coirones” pintan un horizonte amarillo intenso, enmarcado por las sierras rojizas y el cielo azul.

Se habla mucho de las fabulosas noches estrelladas de Catamarca –quien haya viajado alguna vez a la provincia puede dar cuenta de ello– pero poco se dice de sus cielos diurnos, límpidos, azules y brillantes como pocos.

Tras dejar atrás al poblado de Chaschuil , la carretera vuelve a colocarse paralela a la Cordillera. Antes de ingresar al dominio de los volcanes, el paisaje vuelve a sorprendernos con médanos gigantes, de arena blanquísima.

¿Cómo conformarse con verlos desde la camioneta? A pesar de que no llevamos tablas de sandboard, la sensación de echarse a rodar por la arena es impagable. Y la imagen de esas montañas radiantes recortadas contra el cielo es arrolladora.

Durante el viaje, el guía nos cuenta que después del Cordón del Himalaya, la cordillera catamarqueña es la segunda área más importante en altura del mundo. Lo confirmamos cuando pasando la Cuesta Brava asoma el volcán Pissis , que se halla justo en la frontera con la provincia de La Rioja.

Sus imponentes cinco cumbres, anheladas por muchos andinistas, alcanzan una altura aproximada de 6. 682 metros.

Así que no sólo es el volcán inactivo más alto del mundo sino que se disputa el segundo lugar en la lista de montañas más altas de América (el primero es el Aconcagua) con el cercano Ojos del Salado.

Hasta el momento, los especialistas no se han puesto de acuerdo sobre la altura definitiva de cada uno, ya que la diferencia es de unos pocos metros.

Este último, cuya altura se calcula en 6. 864 metros, es el volcán activo más alto del planeta, en cuyas paredes las nieves y los glaciares son perpetuos.

En su interior se advierten fumarolas, que dan cuenta de la actividad volcánica. A pesar de ello, es uno de los mayores desafíos para los escaladores.

Avanzando hacia el corazón de la Cordillera algunos integrantes del grupo manifiestan fuertes mareos y dolores de cabeza, que atribuyen a las sendas degustaciones de vino del día anterior. Pero no es resaca, sino “soroche” (mal de altura), que se mitiga en pocos minutos tras mascar hojas de coca.

Volcán Incahuasi

El reino de los colosos
Pronto asoman varios de los más importantes “seismiles”, como el cerro de los Patos y el Tres Cruces. También el Walter Penck, ubicado al sur del final del sistema del Ojos del Salado, hasta hace poco una de las cumbres menos visitadas ya que está rodeado de varios volcanes, lo que hace difícil su acceso.

Entre ellos, el que mejor se ve desde la ruta es el Incahuasi, uno de los favoritos de los montañistas, donde se encontró una estatuilla de un ajuar funerario indígena.

Entre estos colosos, se abren lagunas solitarias e infinitos salares, que conforman uno de los paisajes más prístinos y sorprendentes del noroeste argentino.

Los guanacos y llamas nos observan atentamente cuando el vehículo 4x4 se acerca hasta los dominios de las Salinas de la Laguna Verde.

Con su forma de volcán invertido, aparece como un mar esmeralda en medio del desierto, habitado por flamencos rosados. Ya la habíamos visto como una panorámica desde la base del volcán Pissis, donde está el balcón de la Laguna Verde (a 4. 200 metros de altura), al que se llega desafiando al viento: desde allí, hacia abajo, puede verse el verde y azul de las lagunas andinas, rodeadas de cerros negros y salares.

Cerca del Paso San Francisco están las aguas azul zafiro de la laguna del volcán Peinado y hacia el norte, el espectacular Salar del Hombre Muerto.

De regreso en la ruta 60, al girar hacia el oeste se ve el majestuoso cerro San Francisco, el más visitado de Los seismiles, ya que se encuentra muy cerca de la carretera y del paso homónimo, que une el territorio argentino con el chileno.

Es el punto final de un fascinante recorrido de casi 200 kilómetros de desiertos, en los que la presencia humana se advierte sólo por las “apachecas” –piedras apiladas– que aparecen de tanto en tanto, una ofrenda de los viajeros a la Pachamama en agradecimiento por haber dejado atrás un sitio para emprender una nueva travesía.

Campo de Piedra Pómez

El Campo de Piedra Pómez
Desde San Fernando del Valle de Catamarca, la mítica ruta 40 lleva a distintos circuitos del noroeste de la provincia. El Peñón, un pequeño pueblo de casas de adobe rodeadas de álamos –ubicado a 490 kilómetros de la capital provincial– es el punto de partida para conocer uno de los sitios más deslumbrantes de la puna catamarqueña: el Campo de Piedra Pómez, que se encuentra ubicado en la zona dominada por los volcanes Galán, La Alumbrera y Antofagasta, entre otros, en el departamento de Antofagasta de la Sierra.

La ruta 36 rumbea hacia el norte y asciende hasta los 3. 600 metros sobre el nivel del mar, donde las vicuñas corretean en manadas. Al llegar a la Loma del Panteón, donde se encuentra una cancha de fútbol –la pasión deportiva desafía a la altura-, se tiene la primera vista, lejana, de una gran mancha blanca en el horizonte. Luego retomamos la carretera y unos pocos kilómetros más adelante, en un recodo del camino, aparece un inesperado Sahara en plena Puna: dunas blancas, gigantes, que se extienden hasta donde llega la vista, se recortan en diagonales tajantes contra el cielo azul. Este universo blanco, que unos pocos descubrieron para practicar sandboard, es también un exótico mirador desde el que se divisa, ya más claro, un extraño paisaje que se asemeja a un encrespado mar de crema en el que flotan grandes copos de merengue.

Arena y piedras calcáreas, de origen volcánico, conforman este escenario surealista –de 25 kilómetros por 10 de extensión- que es el Campo de Piedra Pómez. Los últimos rayos del sol proyectan las sombras de las deidades porosas, que se multiplican hasta el infinito, como los inmensos médanos que las rodean. Nuestros pies se hunden hasta el tobillo en la arena pero, aún así, nos lanzamos a recorrer este paisaje labrado por el viento y el tiempo, que parece un planeta deshabitado y fantástico.

María Zacco
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Guatemala: En la ruta maya


Ciudad de Guatemala (Su nombre completo es La Nueva Guatemala de la Asunción)

Con la mochila a cuestas, a pie o en las coloridas guaguas, un amplio recorrido entre ruinas precolombinas y también coloniales, mercados interminables, volcanes, lagos y más

Guatemala en lengua azteca significa lugar de muchos árboles, algo que se ratifica desde el momento que se pisa este país. Con variados ecosistemas y paisajes en una superficie de 108. 889 kilómetros cuadrados, las dos terceras partes del territorio están formadas por montañas de origen volcánico.

Moverse por Guatemala no es fácil. Mucho menos para quienes, como en este caso, lo hacen con bajo presupuesto. Su principal medio de transporte público son las guaguas, también conocidas por la comunidad internacional de mochileros como chicken bus. Estos micros tienen el mismo tamaño que los clásicos y amarillos escolares norteamericanos, esos que vemos en las películas de Hollywood o en los capítulos de Los Simpson, pero pintados de mil colores y repletos de pasajeros, valijas y hasta animales.

En un asiento para dos fácilmente se acomodan cuatro y los choferes manejan rápido sin importar el estado de la ruta. El viajero debe prestar mucha atención al subir. Por lo general es necesario hacer combinaciones en las que, entre otras cosas, hay que rezar para que, en el momento de cambiar de bus, alguien se acuerde de alcanzarnos el equipaje que va en el techo, todo a tiempo para abordar el próximo vehículo.

Mercado de Chichicastenango

Chichicastenango
El primer destino de este viaje fue Chichicastenango. En el centro del país, a 145 kilómetros de la capital, esta ciudad es sede de un famoso mercado. Los jueves y domingos, la feria más grande de América Central se extiende por calles y más calles, al aire libre, con puestos de ropa, comida, artesanías en cerámica, madera, máscaras, flores, joyerías y mucho más, donde los precios no existen, todo depende de la habilidad para regatear.

Más allá de las compras, el pueblo de Chichi da muestras de una asombrosa fusión de ritos católicos e indígenas. En la iglesia de Santo Tomás, por ejemplo, muy cerca del mercado y construida en el siglo XVI sobre estructuras mayas, los locales arrodillados rezan en la oscuridad de pisos cubiertos por velas y ramas venerando la cultura chamánica; en el cementerio, donde aún hoy en ciertas ocasiones se sacrifican animales, se puede apreciar una cantidad de colores fascinantes alejados del negro o gris de la tradición católica.

Guatemala antigua: El arco de Santa Catalina Pila de la Unión

El hit turístico
Desde Chichi, bastaron dos tramos en chicken bus para llegar a Antigua Guatemala, principal destino turístico guatemalteco, designado patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1979.

En la pequeña ciudad hay mucho para ver y los guías ofrecen sus servicios en cada punto de atracción. Así fue como conocimos a Raúl y, a través de sus palabras, un poco de la historia de Antigua.

La ciudad, que comenzó a construirse en 1543, fue la capital del entonces Reino de Guatemala. Pero luego de una serie de fuertes sismos, recordados como los terremotos de Santa Marta, la capital fue trasladada, en 1773, a la actual ciudad de Guatemala. Así es como hoy Antigua, detenida en el tiempo, cuenta con un gran número de ruinas de iglesias, entre otras construcciones barrocas, muchas obra del arquitecto De Porres. Entre ellas, la catedral, frente a la Plaza Mayor, con paredes que datan del 1600, una cúpula sin techo y una hermosa fachada.

El Palacio del Ayuntamiento, junto a la catedral, hoy sede de museos. El Convento de las Capuchinas, claustro de aspirantes a monjas de clausura, fundado en 1725, hoy está ocupado por el Consejo Nacional para la Protección de la Antigua Guatemala. El Convento de la Recolección, fundado en 1700 como el Colegio de Cristo Crucificado de los Misioneros Apostólicos, aún en ruinas, no fue reconstruido. La iglesia y convento La Merced, con su maravillosa fachada amarilla de mínimos detalles y estilo barroco, contiene una de las fuentes más grandes de la ciudad en medio de su patio interno.

El arco de Santa Catalina Pila de la Unión, creado con el fin de que las monjas de su convento no sean vistas al cruzar de un lado al otro del predio, es hoy ícono del centro de la ciudad. El palacio de los capitanes, edificado en el siglo XVI con arcos de medio punto a lo largo de la Plaza Mayor, ocupa una manzana completa, hoy con oficinas de la policía y de asistencia turística. También las iglesias de Santa Lucía, San Sebastián, San Agustín, San José, Santa Teresa, del Carmen, San Pedro, del convento Santa Clara, de San Francisco, de la Concepción, de la Santa Cruz, de Candelaria, de Santa Rosa de Lima, de Santo Domingo, de San Jerónimo.

Aparte de tan amplia colección arquitectónica, está el cerro de la Cruz. Para conocerlo, una opción es escalarlo en grupos guiados para apreciar las vistas de la ciudad y el volcán de agua en el fondo.

A la noche hay variedad de restaurantes, desde comida japonesa, francesa, italiana hasta mexicana y guatemalteca, todos ambientados con luz tenue y amarilla acompañando la magia de las antiguas construcciones de la ciudad y sus calles de piedra. También hay bares con música bailable donde se puede tomar algo y conocer gente. Lo recomendable de todas formas es salir temprano ya que a las 22 los lugares comienzan a cerrar y la gente se retira a descansar.

Vista del Lago Atitlán

Panajachel, portal del Atitlán
Otro día, más guaguas. Nos alejamos de las ruinas de la ciudad hacia el verde y azul de los volcanes y los lagos. Emprendimos camino a Panajachel, portal del lago Atitlán formado por un accidente hidrográfico que hoy muchos agradecemos. Alrededor de él se alzan volcanes y distintas poblaciones de nombres religiosos como Santa Catarina, Santa Cruz, San Marcos, San Juan, San Lucas y San Pedro, al que una lancha nos llevó por dos dólares.

Pocas palabras existen para describir la armonía, la felicidad y el agrado que provoca este lugar. Al llegar, un niño nos guió hasta un hostal llamado Luna Azul frente al lago. Allí nos recibió Alex, un joven norteamericano que alquila este espacio para vivir viajando. Nos sentimos como en casa en este sitio donde cada huésped, con libertad y respeto, puede sacar de la heladera una cerveza, agua o gaseosa y luego anotarla a su nombre en un cuaderno.

Por la mañana María, la cocinera, sirve scones caseros con manteca o mermelada y café con leche calentito. También esto se anota a cuenta en el cuaderno, al igual que el almuerzo o la cena. Además, todas las tardes, a las 17, se sabe que llega Olivia, la vecina, con una exquisita torta de chocolate.

La noche en San Pedro es tranquila. Hay un bar donde se proyectan películas los miércoles; alguno sirve tragos y otro ofrece bandas en vivo los viernes. Durante el día se disfruta del paisaje y la paz: jugar a las cartas, pintar, leer, escribir, nadar, caminar, escalar el volcán, alquilar un kayak, o salir de visita para conocer otros pueblos.

Antes de irnos, a la noche, pagamos las cuentas pendientes. No podíamos creer que habíamos comido, dormido y disfrutado cinco días por un total de... ¡40 dólares!

Sólo hay una guagua para salir de San Pedro, a las 5. 30 A.M. Así que temprano seguimos viaje, con parada en Guatemala City, pero con destino Cobán, donde contratamos una camioneta para ir hasta Semuc Champey, ubicado en el municipio Lanquín.

Semuc Champey es mágico. El río Cahabón fluye y choca contra piedras calizas formando pozas de entre uno y tres metros de profundidad, con aguas tranquilas y cristalinas rodeadas de un bosque húmedo subtropical y unidas por pequeñas cataratas. La entrada al parque cuesta 4 dólares. Además de disfrutar del paisaje y bañarse en las pozas se puede escalar hasta el mirador y observar la totalidad del parque, una vista imperdible.

Otra excursión realmente aventurera es a las cuevas Kan-Ba. Estas cuevas escondidas en la piedra sobre un río templado requieren sacarse los zapatos y ponerse el traje de baño. El tour guiado provee velas y un salvavidas para quien no pueda nadar. Dura aproximadamente una hora y cuesta 6 dólares. Dentro de las cuevas se observan estalactitas y estalagmitas, también cascadas que sorprenden en este mundo subterráneo. Al finalizar el tour volvimos por el río Cohabón hasta la posada donde nos alojábamos, Las Marías.

Ruinas de Tikal

RECUERDOS DE LA CIVILIZACIÓN
Tikal, que significa lugar de las voces, fue la ciudad más grande del período clásico de la civilización maya. Llegó a extenderse hasta una superficie de 576 km2, de los cuales sólo 16 se pueden apreciar hoy y están entre los sitios más visitados por los turistas que llegan a Guatemala. Distintas investigaciones concluyen que la ciudad se habría originado hacia el 600 a.C. Se estima que llegó a tener una población de 100 a 150 mil habitantes. Los primeros científicos la encontraron en 1848. Y entre 1950 y 1970 la Universidad de Pensilvania realizó importantes excavaciones, aunque en 1979 el gobierno guatemalteco decidió iniciar un proyecto arqueológico que hoy sigue en desarrollo.

La Plaza Mayor es el centro del parque que hoy se visita, rodeada de los templos I y II, la acrópolis norte y la central. Además existen otros cuatro templos piramidales (siempre en busca del cielo) y el palacio real.

Además de los restos arqueológicos de lo que un día fue la ciudad de Tikal, el predio es un buen lugar para observar la fauna. Desde una incontable variedad de aves hasta tarántulas gigantescas, pasando por los sorprendentes monos aulladores, cuyos fuertes rugidos se suelen confundir con los de un animal feroz y carnívoro, a pesar de que come frutas y hojas.

Catedral de la ciudad de Guatemala
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Salt Lake City: Estados Unidos, lado B


Vista de la ciudad de Lago Salado

Sir Arthur Conan Doyle la denostó en su famoso cuento Estudio en escarlata, pero la sede central de los mormones se abrió paso como una genuina ciudad multicultural que ofrece ayuda humanitaria a los países en crisis. Con veranos tórridos e inviernos de nieve, tiene una villa olímpica y la tirolesa más empinada del mundo.

En Salt Lake City se está viviendo una nueva fiesta. Las leyes de licor de Utah fueron normalizadas el año pasado por primera vez desde 1935, permitiendo que los clientes simplemente entren a un bar y ordenen un trago, como si estuvieran en cualquier otra ciudad. Además, el prometedor paisaje cinematográfico (un efecto derrame del cercano Festival de Cine Sundance), una fresca floración de galerías y boutiques y una actitud de puertas abiertas hacia los refugiados y los inmigrantes han hecho que la ciudad fuera más cosmopolita. La urbe incluso aprobó el año pasado una ley antidiscriminatoria que protege a sus residentes homosexuales, bisexuales y transexuales, con respaldo de la Iglesia Mormona.

Coro del Tabernáculo

Recuerdos creativos
Con alquileres relativamente accesibles y el caraterístico “hágalo usted mismo”, Salt Lake City es un bastión de la creatividad. Para sondear el paisaje de diseño, visite Frosty Darling (177 East Broadway), una caprichosa tienda de regalos atestada con caramelos retro y ropa, accesorios y utensilios para el hogar hechos a mano por el dueño del negocio, Gentry Blackburn, y otros diseñadores de Utah. Signed & Numbered (2100 East 2100 South) se especializa en estampados artísticos de edición limitada hechos a mano y posters de conciertos, que cuestan entre 8 y 150 dólares. Y en Salt Lake Citizen (210 East 400 South), en el atrio del edificio de la Biblioteca Principal, encontrará ropa y accesorios de inspiración callejera de cuarenta diseñadores de la ciudad, incluyendo pantalones bordados acampanados y joyería de acrílico cortado a láser.

Agricultura de Utah
Las cadenas de restaurantes solían dominar el paisaje culinario de Salt Lake City, pero actualmente están surgiendo lugares íntimos, dirigidos por jóvenes chefs inspirados por la munificencia de los productores locales orgánicos y proveedores artesanales. Encabezando el grupo está Pago (878 South 900 East), un bullicioso lugar de encuentro vecinal en un edificio de ladrillo de 1910. El chef Mike Richey elige productos orgánicos locales en platos como filete bagna cauda wagyu bavette, acompañado con las clásicas papas chicas y arugula local (29 dólares), servidos en una sala rústica iluminada por velas con capacidad para 50 personas. Otro recién llegado es Forage (370 East 900 South), que ofrece platillos salvajemente creativos como vieiras con esencia de vainilla acompañadas de lentejas beluga. Una cena de tres platos cuesta 45 dólares.

Ciudad abierta
Toda la ciudad celebra la anulación de las leyes que exigían que los bares operaran como clubes privados y cobraran cuotas de membresía. The Red Door (57 West 200 South) tiene poca iluminación, una excelente lista de martinis. Squatters Pub Brewery (147 West Broadway) sirve cervezas de alta graduación de la maestra cervecera Jenny Talley, como la India Pale Ale, que llega a los 6º de alcohol. Club Jam (751 North 300 West) es un bar gay friendly, con sensación de fiesta privada y parrillada improvisada en el patio trasero.

Dicha botánica
El Jardín Red Butte, anidado en las estribaciones sobre el campus de la Universidad de Utah (300 Wakara Way), tiene un rosedal recién plantado, más de 5,5 kilómetros de sendas para caminar y yoga matutino en el perfumado jardín. Para una caminata vivificante, pregunte en la recepción cómo llegar a La Sala, un punto panorámico nombrado así en honor a las rocas planas color naranja que se asemejan a sillones. Siéntese y absorba las extensas vistas del valle, las montañas y el Gran Lago Salado.

Más que templos
Trace su recorrido arquitectónico. La Biblioteca Principal de la ciudad (210 East 400 South), una curvilínea estructura de vidrio construida en 2003 por el arquitecto Moshe Safdie, tiene chimeneas en cada piso y un jardín en la azotea con vistas a la ciudad y las montañas Wasatch. Si busca edificios más viejos, visite el Distrito Histórico Marmalade, hogar de muchas casas originales del siglo XIX, o haga un recorrido a pie con la Fundación Utah Heritage.

Paladar étnico
Aunque la información del último censo dice que la población de la ciudad es 75,3% de raza blanca, hay una creciente presencia étnica de latinos y de originarios de las islas del Pacífico (particularmente samoanos y tonganos), y de refugiados del Tíbet, Bosnia y Somalia. Deguste su influencia en sitios como Himalayan Kitchen (360 South State Street), un sencillo comedor con paredes amarillo cúrcuma y mesas de manteles rojos, donde las especialidades incluyen curry de cabra nepalés (15,95 dólares) y momo de Himalaya, bolas de masa al vapor rellenas de pollo y servidas con salsa de ajonjoli (10,95 dólares).

Un poco de azúcar
El distrito Sugarhouse es famoso por sus tiendas únicas y minivecindarios respetuosos de los peatones cercanos a las intersecciones de 900 East y 900 South (que los locales llaman “9 y 9”) y 1500 East y 1500 South (“15 y 15”). Se destaca el Tea Grotto (2030 South 900 East; 801-466-8255; teagrotto. Com), una original casa de té especializada en mezclas de hojas sueltas y comercio justo, y la encantadora libreria King’s English Bookshop (1511 South 1500 East), una crujiente casa antigua repleta de libros y acogedores rincones de lectura.

Hora italiana
Salt Lake City tiene numerosos y atractivos restaurantes italianos. Cucina Toscana y Lugano son parte de los favoritos perpetuos, pero Fresco Italian Café (1513 South 1500 East) discute ser el más romántico. Es un sitio privado de 14 mesas escondido en la calle principal en una cabaña de la década de 1920. El menú es escaso pero seleccionado, con platos sencillos del norte de Italia con toques personales. Los ravioles rellenos de calabaza, por ejemplo, vienen rociados con sidra de manzana reducida y avellanas finamente rayadas (18 dólares). Tiene una chimenea, luz de velas y, en el verano, se puede cenar en el patio de ladrillos.

Órgano del tabernáculo

En vivo desde Utah
Como única ciudad grande entre Denver y el norte de California, Salt Lake City recibe muchos grupos de música en gira. Hay bandas locales en sitios como Urban Lounge (241 South 500 East) y Kilby Court (741 South Kilby Court). Si quiere deleitarse con su propia música, visite Keys on Main (242 South Main), un piano bar donde la audiencia canta.

Templo de Lago Saldo

Misión secular
Los mormones son activos, y no sólo misionando. El Centro Humanitario Santo de los Ultimos Días (1665 South Bennett Road) es una institución humanitaria que envía mantas, ropa de segunda mano y materiales educativos y médicos desde su gigantesco complejo tipo fábrica a lugares necesitados de todo el mundo. Si tiene curiosidad por ver cómo funciona, tome un recorrido de 45 minutos por el desparramado almacén, donde trabajadores y voluntarios clasifican las más de 100 mil prendas que llegan diariamente al centro. Si siente la inspiración por ayudar, puede quedarse después de la visita y asistir en la preparación de los paquetes humanitarios que se envían normalmente a Haití, Zimbabue y otros países en crisis.

Parque Olímpico Utah de Park City

Fantasmas olímpicos
Para los amantes de las emociones fuertes, 45 kilómetros al Este se encuentra el Parque Olímpico Utah de Park City, (3419 Olympic Parkway, Park City), donde se realizaron 14 especialidades de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2002. Incluso durante el verano, puede hacerse el medallista y bajar volando una pendiente a más de 112 kilómetros por hora en un trineo Comet, jugar carreras en un moderno tobogán alpino de acero o recrear un salto con esquí considerado como la tirolesa más empinada del mundo. La cultura floreciente y la sofisticación culinaria tienen sus beneficios, pero nada mejor que un golpe de adrenalina para experimentar emoción pura.

Jaime Gross
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Patagonia chilena: Aysen, ruta bien austral


En 1984, pobladores descubrieron las cavernas de mármol del lago Carrera

La XI Región de Chile es una isla dentro del país. En Chile, sólo se accede por agua o aire, desde Puerto Montt la Carretera Austral marca el camino. Bosques, cuevas de mármol, fiordos y glaciares.

Se escucha tronar, un bloque de hielo se desprende del glaciar Montt; miles de témpanos flotan por el fiordo y el canal Baker; el río Bertrand transporta 900 mil metros cúbicos de agua transparente por segundo; en Coyhaique llueve, y unos cuantos milímetros se suman a los 1. 200 que caen cada año; un nuevo coigüe crece en el bosque caduco que tapiza las laderas del cerro Castillo; las truchas saltan en la calma turquesa del lago Carrera. Un día normal en la zona sur de Aysén, la XI Región de Chile.

Hace cincuenta años, ninguna ruta llegaba hasta estas latitudes. Los pobladores, herederos de la cultura tehuelche –y a la vez gauchos que tomaban mate, jugaban al truco y bailaban chamamé–, circulaban a caballo por senderos trazados por el uso o se movían por el archipiélago, entre fiordos y glaciares, con embarcaciones de madera de lenga o ciprés. Llevar ganado desde Puerto Ibáñez, en el valle homónimo y a pocos kilómetros del paso fronterizo Pallavicini, hasta la ciudad de Coyhaique, la capital regional ubicada 116 kilómetros al noroeste, podía demorar hasta dos meses.

Recién en 1976 se impulsó definitivamente la construcción de la Carretera Austral que la dictadura de Pinochet terminó de delimitar; en 1999 se concluyó el último tramo y finalmente Puerto Montt (Región de los Lagos) se conectó vía terrestre con Villa O’Higgins. Hoy, recorre 1. 240 kilómetros, 800 dentro de Aysén. Sin embargo, esta ruta hacia el confín del continente está asfaltada tan sólo hasta la localidad de Villa Cerro Castillo, un pueblo de 800 habitantes situado a los pies de la montaña que comparte su nombre, a 72 kilómetros –de pavimento– desde Coyhaique.

La ciudad de Balmaceda (a 56 kilómetros de Coyhaique), aeropuerto oficial de la región, recibe dos vuelos diarios desde Santiago (que hace escala en Puerto Montt, donde se llena), y cada dos o tres días desde Punta Arenas. Parece mucho para una zona que tiene sólo 100 mil habitantes y es la más vasta en territorio del país. Pero todo tiene su porqué: desde el norte de Chile, Aysén es accesible sólo por agua o por aire. O por Argentina, claro. A esta altura, la cordillera ya no es el límite internacional natural sino el fin accidentado del continente que se hunde en el mar formando archipiélagos y fiordos. Desde este aeropuerto, mirando hacia el este, sólo 300 metros separan de la estepa argentina, casi en el límite entre las provincias de Chubut y Santa Cruz.

Aysén una usina de oxígeno, los turistas son responsables del cuidado del ambiente

Hacia el sur
Desde Coyhaique empieza el recorrido a través de la Carretera Austral hacia el sur de la región. A 50 kilómetros de allí, antes de que el Campo de Hielo Norte empiece a cubrir los picos de la cordillera, la Estancia Punta del Monte ofrece jornadas de turismo rural que arrancan bien temprano con el avistaje de cóndores. El campo de la familia Galillea es una usina de restos arqueológicos tehuelches y un espacio en donde las actividades de una finca patagónica están al alcance del turista: esquila de ovejas y alpacas, cabalgatas, arreo de ganado con perros y el infaltable cordero cocido a la cruz para degustar con la suavidad del cabernet sauvignon chileno.

Todavía quedan lugares en el mundo donde no hay señal de celular y los Blackberrys no reciben mails laborales. Suelen ser espacios con mucho horizonte y silencio, como los que se encadenan entre lagos y valles desde Coyhaique hacia Villa O’Higgins o Caleta Tortel, las dos terminaciones de la Carretera.

El ripio serpentea entre lagos, ríos y montañas hasta la siguiente gran parada, el lago General Carrera, y su primera puerta de entrada, Puerto Tranquilo. Pueblo rutero, este rincón al costado del segundo lago más grande de Sudamérica después del Titicaca (lago Buenos Aires del otro lado de la frontera), ofrece la constante postal del celeste del agua planchada, que, a los ojos, más que en la Patagonia hace sentir en el Caribe, pero con unos cuantos grados menos. Desde Tranquilo salen excursiones hacia el glaciar Exploradores, sobre el que se camina con grampones y, después del estrés de la caminata, se descansa con un whisky on the rocks, del Campo de Hielo Norte. Pero si hay algo por lo que se destaca este enclave turístico manso y en franco crecimiento, es por el paseo, ya sea en kayak o en lancha (eso lo determinará el tiempo), por las cavernas de mármol. A apenas unos minutos de navegación del muelle de partida, los islotes que decoran el lago invitan a pasar a su interior y conocer sus secretos. Paredes de mármol y cuevas de esta roca multicolor sirven de refugio para los navegantes. La paleta de celestes, porque el lago se funde con el cielo, la paz y el silencio abrumador hacen de estas cuevas un lugar mágico.

Es difícil nombrar cada río y lago que cruza esta carretera, tomaría el artículo entero. Pero quien se lance a recorrer el sur vecino tiene que saber que el agua acompaña el camino como un faro que marca cada puerto de llegada, aporta color y baña el valle estepario mixto (llueven 1. 000 mm por año) donde echan raíces lengas, coigües y arbustos como el calafate, ñires, tepas y nalcas.

Los cóndores anidan frente al Valle de la Luna. En el horizonte, la Argentina

Próxima estación: pesca con mosca
El lago General Carrera tiene una angostura, y desde allí decide llamarse Bertrand, donde los glaciares Huemul, Huenul y Puentes aumentan el caudal que sigue hacia el Pacífico. Espacio ideal para la pesca con mosca, todo el bañado de este espejo de agua es custodiado desde los 4. 058 metros por el cerro San Valentín, el más alto de la región. Cerca, el volcán Hudson amenaza desde su cráter, a 1. 905 metros sobre el nivel del mar. En esta zona, tres lodges ofrecen paquetes de hasta una semana a pura pesca deportiva e incluyen actividades como canopy (tirolesa entre las copas de los árboles), canotaje, cabalgatas y escalada de los cerros vecinos.

La carretera coquetea, entra y sale de la cordillera hasta su tramo final, donde decide meterse directamente entre los cerros moldeados por el hielo y terminar frente al mar. Hoy en día, con los glaciares en retroceso, la escultura de las glaciaciones formó los fiordos que, como en Noruega, son ideales para la cría del salmón, y únicos para los amantes de la navegación.

Entre coigües y lengas, ciervos, pudúes, cóndores y alpacas

Pasarela al mar
Sin miedo al frío, pero sabiendo que la valija atesora suficiente abrigo, la siguiente parada es Caleta Tortel, una de las dos puntas de esta ruta patagónica. Previo stop en la ciudad de Cochrane para comprar provisiones y mandar el último mensaje de texto a la familia, para entrar a este pueblo que podría ser escenario de un cuento fantástico, lo mejor es alivianar el equipaje y, sin opción, dejar el auto estacionado a la sombra. Ubicada sobre el fiordo Baker y fundado en 1955 sobre el cerro Tortel, es una ciudad de calles que son pasarelas hechas de ciprés de las Guaitecas (islas del norte de la región) que exigen buenos pulmones para subir y bajar por los pasadizos. Pueblo pesquero y maderero, es el punto de partida para las excursiones embarcadas hacia los ventisqueros (lengua del glaciar que da al mar) Montt y Steffens y la Isla de los Muertos, que guarda el misterio de la muerte de toda una comunidad traída a principios de siglo XX a trabajar en la explotación del ciprés.

Los recorridos hacia el hielo son un paseo entre los fiordos. Con gorra contra el viento sur y una buena campera, es un viaje hacia lo desconocido, hacia una de esas pocas zonas de este planeta que siguen desiertas. La pausa corona el recorrido: se desembarca en una isla desde donde se mira hacia el ventisquero Montt, los anfitriones hacen el asado mientras témpanos flotan alrededor. Lo del whisky ya lo sabemos.

No hay tramo de esta ruta que no asombre con sus colores, no hay pueblo que no resulte amable ni actividad que no termine por ser purificante. Es tan cerca de Argentina que la tonada chilena se suaviza y la ronda de mate, acompañada de pan caliente, se disfruta al ritmo del chamamé o alguna rancherita. Es el Chile lejano, el que sobrevive el invierno con mucha leña y buenos guisos, que invita especialemnte entre septiembre y abril, y también cuando la nieve lo cubre. Igual que en el sur argentino, pero con el mar más cerca. Porque Patagonia hay una sola, y también tiene salida al Pacífico.

Kayak, una de las actividades principales en Aysén
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
México: Aislados en el golfo


Mapa de la Isla

A 150 kilómetros de Cancún, la pequeña isla de Holbox no pierde su tradición pesquera

No es fácil llegar hasta la isla de Holbox, un rincón perdido en el norte de la península del Yucatán, justo en el lado opuesto de las famosas arenas de Cancún, Tulum y Playa del Carmen. Pero al alcanzar este pequeño pueblo de calles de arena, huérfanas de autos, uno tarda pocos segundos en darse cuenta de que el recorrido valió la pena.

Holbox tiene apenas 42 kilómetros de largo y unos 2 de ancho. Era, años atrás, un lugar donde sólo habitaban pescadores. Hoy, los botes se mezclan en una playa eterna con hoteles pintorescos escondidos entre palmeras, hamacas, pelícanos, gaviotas y palapas donde se puede disfrutar de los atardeceres entre micheladas (cerveza con jugo de limón y sal) en un espacio distendido, ideal para bajar un cambio.

Pero llegar hasta aquí es casi una aventura en sí misma. El punto de partida es Cancún. Holbox está a sólo 150 kilómetros de allí, una distancia que en los mapas es corta, pero que en el terreno puede llevar hasta cinco horas recorrerla.

Desde Cancún se puede tomar un autobús lechero o alquilar un auto para viajar hasta Chiquilá, pueblo costero que está frente a la isla. El viaje en autobús demora unas tres horas y media. Desde Chiquilá hay que tomar un ferry, que tarda unos 40 minutos en cruzar las aguas del golfo de México hasta el muelle de Holbox. Una vez en el muelle de la isla basta con tomar uno de los cochecitos de golf que hacen de taxi para llegar hasta la costa o la plaza principal, donde se encuentra la mayoría de los hoteles.

Vista aérea de la isla

Bienvenido, en maya
Ya al llegar al muelle y al cruzar el pueblo uno tiene la certeza de que está lejos del mundo de los resorts y el bullicio de las grandes ciudades costeras. Las calles están cubiertas de arena, hay un cajero automático en toda la isla, los lugareños hablan maya, y la plaza central está dominada por locales que venden artesanías y algunos restaurantes que ofrecen cebiches, pescados, tacos, pizzas o la célebre parrillada de mar, entre otros manjares. Meses atrás se inauguró el primer cine, donde todos los días se anuncia en una cartulina escrita a mano, pegada en la pared, las dos películas que se emitirán esa noche.

El colorido reina en las paredes de todas las casas de la isla, donde viven alrededor de 2000 personas dedicadas a la pesca o al turismo. Hay una pequeña comunidad italiana, dedicada, cuándo no, a la gastronomía y la hotelería.

"A los gringos les venden Cancún, no esto", dice Miguel, mientras prepara una michelada en una de las palapas sobre la playa, donde cuelga un cartel que reza Slow food. Miguel es un mexicano nacido en Oaxaca que se mudó acá hace seis años. Además de atender el lugar ofrece excursiones para ver una de las atracciones de la isla: el tiburón ballena, el pez más grande del mundo.

El tiburón ballena llega a las aguas de Holbox en el verano boreal, de junio a septiembre. A pesar de su nombre y su tamaño atemorizantes, el tiburón ballena, dicen aquí, es un pez dócil y gentil, con el que se puede nadar tranquilamente. Esa es, justamente, la experiencia que brinda Miguel, al igual que muchos otros lugareños. "La piel es como de terciopelo", apunta, luego de sonreír y asentir con la cabeza cuando se le pregunta si tocó alguno.

Holbox, que en maya significa agujero negro, ofrece además de este tipo de vivencias mucha tranquilidad y una atmósfera muy relajada. Un día típico puede empezar con una caminata por la playa para tomar el desayuno en El Cafecito, pequeño café montado por italianos, a unas pocas cuadras de la plaza principal. Para el resto del día, la mayoría de los hoteles venden tragos o cerveza para matar las horas de playa, ya sea en una tumbona, una hamaca, un box con colchón y almohadones o nada más que una toalla sobre la arena.

En el atardecer, luego del regreso de los pescadores, la playa se llena de gaviotas y pelícanos que revolotean sobre los botes de los pescadores. Esta es la mejor hora para acercarse hasta algunas de las palapas para disfrutar de una porción de guacamole o un plato de cebiche mientras el sol se pone en el horizonte dando paso a un cielo repleto de estrellas.

Muelle

Tacos y langosta
La plaza principal del pueblo y sus calles aledañas cuentan con varias opciones para cenar por menos de 20 dólares, en lugares sencillos o sofisticados. El menú de la isla ofrece comederos con algunos íconos de la comida mexicana, como los típicos tacos y quesadillas, pero también langosta, mariscos, cebiches, pescados o, si se prefiere, todo junto en una parrillada de mar.

Pero como la magia del lugar ha sido un imán para muchos extranjeros que se instalaron allí, se encuentran también platos de todas las latitudes y para todos los paladares. Edelyn, sobre la plaza, tiene en su menú una curiosa pizza de langosta. Los nostálgicos pueden acercarse hasta La Parrilla de Juan, rincón argentino en una terraza a pasos de la plaza, donde se pueden degustar bifes. Sin ser el restaurante más atractivo de la isla, Los Pelícanos, con sus pastas con salsa de mariscos, goza de una excelente reputación.

Aunque el pueblo muere a las 22, cuando el silencio se hace aún más profundo, hay algo de espacio para la vida nocturna en las barras y la música de un puñado de bares, que levanta un poco durante el receso del Spring Break norteamericano, cuando jóvenes estudiantes huyen a las playas mexicanas.

Playas

Pies en la arena
Con todo, la extensa playa de la isla, donde la blancura de la arena se pierde en aguas que oscilan entre el celeste y el turquesa, es la joya del lugar. Para quienes busquen un poco de adrenalina en las aguas se pueden tomar lecciones de kite por 75 dólares o alquilar por 25 dólares la hora tablas para remar el océano de pie.

Una larga caminata por la costa hacia el área de la reserva de Yum-Balam lleva a un paraíso tropical donde abundan las iguanas, los flamencos rosados y pelícanos. Es un lugar imperdible para los aficionados al avistamiento de aves.
Estar cerca de la playa es un poco más caro que quedarse en un hotel en la plaza del pueblo, pero vale la pena. Los precios de los hoteles oscilan entre los 75 y 200 dólares en la playa, por encima de los valores que se consiguen lejos de la arena.
Pero muchos de estos hoteles tienen un espíritu de posada, ofrecen tumbonas y hamacas en la playa, mucha madera y velas que se mezclan con telas verdes, celestes, rojas y amarillas. La playa ofrece desde opciones rústicas hasta otras más sofisticadas, pero la mayoría envueltas en la misma filosofía: poca gente, mucha personalidad y detalles de una casa bien cuidada más que de un hotel. Mawimbi es uno de los hoteles recomendables, atendido por una pareja de viajeros italianos, Carmelo y Ornella (habitaciones de 75 a 195 dólares).

Holbox es una joya escondida detrás de horas de viaje, de esas que cuesta encontrar, y que le hacen dudar a uno si será buena idea contarlo. No sea cosa que por el temor a que, dentro de muchos años, a alguien se le ocurra crear un vuelo directo a su pequeño aeropuerto, o construir uno de esos hoteles que ofrecen todo libre a precios que asustan, una avalancha de foráneos termine por espantar la magia de un lugar donde el tiempo parece, por momentos, haberse detenido.

Nadando con tiburones ballena
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Argentina: Las nuevas aventuras de Los Antiguos



La localidad, más conocida por las chacras frutales, ahora se agita con circuitos para bicicletas, rappel y salidas en kayak

El enorme espejo turquesa del lago Buenos Aires y la tierra especialmente fértil en este rinconcito santacruceño irrumpen en el árido y monocorde paisaje patagónico con cortinas de álamos verdes que delimitan las chacras donde se produce y exporta fruta fina. Es el lugar más austral de la Argentina donde se puede encontrar cosecha tardía de cerezas. Y es también un lugar ideal para combinar descanso y aventura.

Se trata de Los Antiguos, localidad en el norte de Santa Cruz sobre las márgenes del lago Buenos Aires y a sólo 3 kilómetros de la frontera con Chile. Hasta allí se puede llegar por la ruta nacional 40 que recorre las provincias cordilleranas o bien por la costera ruta nacional 3 hasta Caleta Olivia, y transitar los 359 kilómetros por la RP 43 hasta desembocar en la comarca.

Con poco más de cinco mil habitantes, Los Antiguos desarrolló su economía en torno a la fruta fina que se exporta desde las chacras y la incipiente actividad turística.

En 1991, las cenizas del volcán Hudson provocaron la partida de familias enteras que perdieron ganado y cosechas completas. Pero con el paso del tiempo el lugar se recuperó. La ceniza se mezcló con la tierra y algunos creen que hasta la mejoró. Hoy solo quedan huellas en la memoria de algunos pobladores.

En los últimos tiempos, al ya instalado circuito de agroturismo se sumó el turismo aventura. Por lo que durante el verano es posible combinar un circuito en bicicleta entre las chacras de frutas finas, remar en kayak en el transparente Buenos Aires o bien realizar un recorrido por la ruta 41, un fino camino de montaña que transita sobre el límite entre la Argentina y Chile.

Según datos oficiales, Los Antiguos cuenta con 576 plazas de alojamiento entre hosterías 3 estrellas superior, cabañas de 3 y 2 estrellas, hoteles y hostels, y algunas plazas más en trámite, además de restaurantes y lugares de comida rápida. Incluso una de las hosterías ofrece servicio de spa.

El nombre de Los Antiguos refiere a raíces culturales ancestrales y a las bondades climatológicas del lugar. Es una traducción del vocablo tehuelche I keu kenk o I keu konk, que significaría mis antepasados o los antiguos. Existe una tradición oral actual que cuenta que ese nombre hace referencia al hecho de que el lugar era elegido por los tehuelches para pasar los últimos años de sus vidas.



Frutos del país
A pie, en auto o en bicicleta se pueden visitar quince chacras que poco a poco se han ido convirtiendo al agroturismo. Sus propios dueños relatan a los turistas el proceso del cuidado de los cerezos, la floración y la recolección. El paseo suele incluir una degustación de dulces de frutos caseros y licores regionales. Al final es casi imposible no comprar alguno de estos productos.

"Creemos que va a ser una temporada muy buena, hemos tenido muy buenos fines de semana con el turismo regional y el turismo extranjero ha comenzado a venir desde noviembre", detalla, optimista, Marina Basalo, secretaria de Turismo de Los Antiguos.

El promedio de estada es de dos noches. Para alargar ese número, desde el verano último se ofrecen actividades de turismo aventura en el hotel Antigua Patagonia, en el ingreso a la ciudad sobre el lago Buenos Aires. Pero los programas no sólo están disponibles para quienes se alojan allí, sino que se abren a todos los turistas de la localidad.

"Alquilamos kayaks desde el muelle de la hostería. Cada turista sale acompañado por un instructor y se incluye el traje de neoprene porque el agua del lago suele ser muy fría, incluso en verano", cuenta Marcelo Torres, gerente de Antigua Patagonia.

Un turno de kayak por las cristalinas aguas, que en sus lugares más profundos supera los 400 metros, puede costar no más de $ 60 por persona.

Allí también, con vista al lago, si hay fuerzas y ganas de divertirse se puede intentar subir en la palestra de 4 metros con la ayuda de instructores para bajar en rappel, y suele improvisarse tirolesas para hacer más divertido el momento.
En tanto que para este año se incorporaron circuitos de cicloturismo que se adaptan a distintos gustos y grados de resistencia. Se recorren las chacras, los miradores, las vistas al lago y los dos ríos que atraviesan este pueblo con acequias que le agregan un sonido cristalino a la siesta.


Ubicación estratégica
Los Antiguos es parte del corredor de la ruta 40, que pasa a sólo 50 kilómetros de allí, en la localidad de Perito Moreno. Además se encuentra a 3 kilómetros del paso fronterizo con Chile y desde allí se visita la laguna Jeinimeni, reserva nacional chilena a la que se puede acceder con vehículos altos. El paisaje es deslumbrante y se encuentra a 60 kilómetros de Los Antiguos.

Otra opción es realizar el Paso de las Llaves, parte del recorrido sur del lago que en el sector chileno toma el nombre de General Carreras y cambia su aspecto apacible por el de profundos acantilados que caen al agua.

Desde Los Antiguos se puede, con precaución, animarse por la ruta 41, totalmente de ripio, por momentos apenas un senderito en la montaña. Es una travesía ideal para completar en un día. Si bien no son más de 170 kilómetros se puede ir parando a lo largo del camino y disfrutar el cambio de paisaje, que se registra entre los 200 metros sobre el nivel del mar hasta los 1500 metros, el punto más alto del recorrido. En la Secretaría de Turismo, una casa alpina sobre la avenida principal, se puede buscar una hoja de ruta para hacer más fácil y atractiva la senda cordillerana.

Al final del recorrido se llega a uno de los lugares más sorprendentes de la provincia: los lagos Posadas y Pueyrredón, separados por un fino istmo de tierra y comunicados por un breve arroyo. Allí podrá alojarse en las estancias turísticas de la zona o bien en la oferta de la localidad de Hipólito Yrigoyen o Lago Posadas, como le dicen los vaquianos. Desde el viaje puede avanzar en busca de la ruta 40 a sólo 90 kilómetros desde Hipólito Yrigoyen hasta llegar al parador de Bajo Caracoles. Si el día está despejado, el imponente cerro San Lorenzo romperá la monotonía del horizonte con sus cumbres de nieve eternas.

Si ninguna de estas actividades alcanza hay que recordar que Los Antiguos es un sitio ideal para la pesca deportiva en los ríos de la zona y en el lago Buenos Aires, que no tienen veda de pesca en ningún período del año.


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Argentina: Costa Atlántica 1. 200 km de playas para elegir

Encabezados por Mar del Plata, los balnearios bonaerenses se presentan muy renovados. Desde el popular San Clemente del Tuyú hasta el refinado Cariló.

Mar, médanos, sol y bosques: la Costa Atlántica bonaerense es el destino preferido por los argentinos a la hora de planear las vacaciones. A lo largo de 1. 200 km de playas, cada turista puede encontrar un balneario a su medida.

La Secretaría de Turismo de la pcia. De Buenos Aires anuncia como la “gran novedad de la temporada” el Tour de Verano 2011 de Showbol, que recorrerá las playas de la Costa Atlántica. Entre otras figuras, jugarán ex futbolistas como Sergio Goycochea, Fernando Redondo, Carlos Navarro Montoya y Ricardo Bochini.

Mar del Plata promociona su temporada como “La Ciudad de las Estrellas”, con más de cien espectáculos en cartelera. Los eventos principales de enero serán la Fiesta Nacional del Mar, la Zurich Gala de Mar (concierto gratuito, el 21 de enero en Playa Grande), y la Fiesta de los Pescadores. En febrero se entregan los Premios Estrella de Mar y se realiza la Fiesta Provincial de Mar del Plata. Fueron remodeladas la zona de Punta Iglesia, el Paseo de las Américas y algunos balnearios.

El Partido de la Costa, con su ambiente distendido y familiar, tiene atractivos ineludibles como Mundo Marino –en San Clemente–, el muelle de pesca de Mar de Ajó, la réplica de la carabela Santa María en Santa Teresita y el Laberinto de Las Toninas. Los viernes se realizará en distintas localidades el Festival Folklórico del Tuyú, con entrada gratuita, y los sábados habrá recitales de Catupecu Machu, Los Pericos, Los Cafres y La Mancha de Rolando. En febrero, Iñaki Urlezaga baila en el Festival de Danza de Mar.


Mar de las Pampas


Al Norte de San Clemente del Tuyú vale la pena visitar la Reserva Natural Punta Rasa, donde las aguas del Río de la Plata desembocan en el océano Atlántico. En esta reserva se alojan miles de aves migratorias que hacen escala en su largo viaje desde el Hemisferio Norte. Muy cerca de allí, el Faro de San Antonio invita a subir con un elevador a la cima para ver el relieve de la Bahía de Samborombón y una panorámica de los balnearios cercanos. El complejo de termas marinas del Parque Bahía Aventura es único en el país por sus aguas medicinales que provienen del océano.

Desde el Area Técnica de la Dirección de Turismo de Pinamar, Marcela Goyeneche anuncia “nuevas ofertas en alojamiento, gastronomía y recreación, aumentos del 15 al 20% en alquileres de casas y del 15 al 25% en hospedajes, respecto de enero de 2010. Los paradores y balnearios de moda serán UFO Point, El Signo, El Más Allá y CR, con el spa de playa Hemingway, en Cariló”. La temporada se inaugurará a principios de enero, con la fiesta de Bendición de Aguas, con fuegos artificiales y espectáculos. Se anuncian el Festival de Jazz en el Mar, Conciertos en el Bosque (los jueves en Cariló) y un ciclo de conferencias de escritores.

Una alternativa más tranquila y familiar en el partido de Pinamar es Ostende. El Viejo Hotel Ostende –que aún funciona– es testigo de la lucha de los pioneros belgas contra los médanos, y del paso de visitantes ilustres como Antoine de Saint-Exupéry, Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares que situaron aquí su novela “Los que aman, odian”. Sobre la playa también se puede ver La Elenita, austera cabaña de madera que perteneció al ex presidente Arturo Frondizi, quien la levantó con sus propias manos en 1935.

Villa Gesell es el balneario preferido por los jóvenes. A las playas y los paseos por la avenida 3 y la Costanera se suman paseos guiados hasta el faro Querandí, el Pinar del Norte, Mar de las Pampas, Mar Azul y Las Gaviotas.


1. San Clemente del Tuyú
Es la playa más cercana a la Ciudad de Buenos Aires (320 km). En el oceanario Mundo Marino se destacan los espectáculos de orcas, delfines y lobos marinos. También se puede conocer una colonia de pingüinos, ver cómo nadan ballenas y delfines y visitar la Casa de los Hipopótamos. Además, buenas playas y exquisitos pescados en restaurantes del centro y del puerto. Otro imperdible es la cervecería, casa de té y tortas europeas Pequeña Zurich.
https://www.lacosta.gob. Ar/


2. Pinamar
Pinamar es una ciudad jardín que ha crecido a la sombra de los árboles sobre el relieve sinuoso de los médanos. El paisaje armoniza lo urbano con lo natural. En las playas céntricas los balnearios palpitan al ritmo de la música, los torneos deportivos, los eventos y presentaciones de las grandes marcas. La zona de dunas vírgenes, con médanos de hasta 30 m de altura al norte de la ciudad, es un paseo imperdible en cuatriciclo o a pie. Es muy amplia la oferta de actividades deportivas, como paseos en 4x4, cabalgatas, sandboard, windsurf, polo en el complejo La Herradura y el golf en una cancha de 18 hoyos.
https://www.pinamar.gov. Ar/


3. Ostende
Este balneario de playas anchas fue creado por los pioneros belgas Fernando Robette y Agustin Poli a principios del siglo XX. El diseño conserva avenidas diagonales y una avenida central que termina en un hemiciclo en la zona de playas. De aquellos tiempos se conserva la llamada Rambla de los Belgas, la Maison Robette –construida por uno de los pioneros– y el Viejo Hotel Ostende. https://www.pinamarweb.com. Ar/


4. Cariló
Enmarcado por un bosque de pinos y eucaliptos, Cariló es el balneario más exclusivo de la costa argentina. Sus estrictos códigos arquitectónicos lograron armonizar las viviendas y comercios con su magnífico entorno natural. Las playas lucen agrestes, con tres balnearios y un parador. Aunque no tiene vida nocturna, Cariló es apta para la práctica deportiva, con una cancha de golf de 18 hoyos y un centro hípico. La oferta gastronómica incluye comida japonesa, alemana, italiana y mediterránea. Cariló tiene un centro comercial con una cuidada arquitectura, en sintonía con la naturaleza.
https://www.carilo.com. Ar/


5. Villa Gesell
Un clásico para familias y grupos de jóvenes en busca de diversión. Además de las caminatas por la avenida 3 y la Costanera, un paseo imperdible es el que recorre la Reserva Cultural y Forestal Pinar del Norte, donde comienza la historia de la Villa de la mano de Carlos Gesell, quien logró domesticar los médanos de la zona. Además del paseo entre eucaliptos, acacias y pinos, aquí se puede conocer el Museo creado en la primera casa de fundador, con puertas orientadas hacia los cuatro puntos cardinales, para burlar al viento y la arena. Muy cerca de allí también se puede visitar el Museo de los Pioneros, el vivero y la segunda casa de Carlos Gesell, que funciona como centro cultural. Otro de los paseos recomendados es el recorrido en 4x4 o cuatriciclos hasta la Reserva Natural Faro Querandí. https://www.gesell.gov. Ar/



6. Mar del Plata
Mientras La Perla, Bristol, Punta Iglesia, Playa Grande y los balnearios de Punta Mogotes mantienen su vigencia, playas más tranquilas y forestadas se suceden al sur, camino a Chapadmalal. A los clásicos paseos por la Rambla, el Casino, el puerto y el faro de Punta Mogotes, en la ciudad balnearia más importante del país se agrega una visita al Barrio de Los Troncos, cuyas mansiones de estilo europeo de fines del siglo XIX originaron la fama de “La Biarritz argentina”. El circuito pasa por el Centro Cultural Villa Victoria Ocampo, el Archivo Museo Histórico Municipal Villa Mitre, la Casa Los Troncos que dio origen al barrio y las calles Alem y Güemes, con restaurantes, comercios, bares y vida nocturna. También se puede recorrer el Circuito Stella Maris que incluye el Torreón del Monje, algunas villas pintoresquistas de principios de siglo, el Museo Castagnino, el Museo del Mar y la calle Güemes con sus restaurantes, bares y tiendas de marcas de primera línea. Los amantes de la naturaleza también cuentan con el bosque Peralta Ramos y Laguna y Sierra de los Padres. Con discos y pubs, las propuestas nocturnas esperan en la avenida Constitución.
https://www.turismomardelplata.gov. Ar/



7. Miramar
A 45 km de Mar del Plata, las calles y avenidas de Miramar están diseñadas para que los niños sean protagonistas. Los balnearios del centro, entre los que se encuentran 9 de Julio, Playa Morena y Waikiki, convocan familias que se instalan desde temprano a disfrutar del sol. Las playas más tranquilas están en Frontera Sur, muy aptas para el sandboard. Es imperdible un paseo por el Vivero Dunícola Ameghino, con más de 500 ha de pinos y eucaliptos, senderos para caminatas, alquiler de caballos y fogones.
https://www.mga.gov. Ar/


8. Necochea
Servicios muy completos, amplias playas y el Parque Lillo, ideal para recorrer a pie, a caballo, en bicicleta o en el Tren del Parque. En el parque se encuentran el Lago de los Cisnes, el Anfiteatro y el Museo de Historia, en una casona de la familia Díaz Vélez. La vecina Quequén ofrece el faro, las playas y el puerto. Vale la pena conocer las playas agrestes y enormes dunas de Costa Bonita, y tomar una excursión en 4x4 hasta los parajes del sur, surcados por médanos, naufragios y acantilados.
https://www.entur.com. Ar/


9. Claromecó
Los balnearios del partido de Tres Arroyos (Claromecó, Reta y Orense) son ideales para viajeros en busca de tranquilidad. Claromecó es el más visitado, gracias a sus playas extensas y buena pesca. El paisaje combina mar, bosques, lagunas, ríos, arroyos y campo. Se pueden visitar el Faro de 1922, los bosques y lagunas de la Estación Forestal y las costas del arroyo Claromecó, con fauna autóctona y siete cascadas.
https://www.tresarroyosturismo.com/


10. Monte Hermoso
Aguas cálidas, en una de las pocas playas del país donde se puede ver la salida y la puesta del sol. Para visitar, el centenario Faro Recalada (de 1906), el Museo Naval y el balneario y laguna Sauce Grande, para hacer fogones, deportes náuticos y observar aves. Una excursión llega hasta el yacimiento arqueológico El Pisadero –a 6 km de la ciudad–, donde se hallaron huellas de pisadas humanas de 7 mil años de antigüedad.
https://www.montehermoso.gov. Ar/

Clarin - Viajes
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Las Galápagos de Perú


En la Reserva Nacional de Paracas y a pocos kilómetros de las míticas líneas de Nazca, este conjunto de islotes constituye uno de los ecosistemas marinos más ricos del mundo

Hace tres años, un terremoto seguido de un tsunami arrasó con todo. El maretazo, como dicen por acá, estrelló lanchones contra las casas, arremetió contra dos tercios de las construcciones y se internó hasta 200 metros tierra adentro.

Hoy quedan pocos vestigios de aquella pesadilla en Paracas, un pequeño puerto sobre el Pacífico, 260 km al sur de Lima. Los hoteles que quedaron reducidos a escombros han reabierto sus puertas, totalmente remodelados. También se inauguraron un par de resorts cinco estrellas, se reanudó y amplió la oferta de paseos, y el turismo retomó el impulso que venía experimentando antes del cataclismo.

Porque hasta estas costas áridas y ventosas llegaban, y llegan, visitantes de todos los rincones del mundo, curiosos por conocer uno de los ecosistemas marinos más raros y ricos que existen. Es precisamente en las islas Ballestas, un conjunto de islotes salpicados a 20 km de la bahía de Paracas, donde se concentran más de 200 especies de aves marinas, algunas provenientes de puntos tan lejanos como Cabo de Hornos o el Artico.

Así, sobre las rocas de granito se apiñan cormoranes, pelícanos, zarcillos (símbolo de las islas, deben su nombre a las dos plumitas que cuelgan al costado de la cabeza, cual par de aretes) o piqueros. Este último, llamado así porque se lanza como flecha al mar en busca de alimento, es también el pájaro guanero por excelencia.

El guano es el excremento de aves marinas y un cotizado fertilizante natural, además de haber sido uno de los principales productos de exportación de Perú en el siglo XIX, hasta tal punto que fue un detonante de la Guerra del Pacífico (por la negativa de compañías chilenas a pagar un impuesto sobre el guano). Se dice además que las islas Ballestas perdieron 30 metros de altura cuando se extrajeron millones de toneladas de este peculiar abono para despachar a Europa y Estados Unidos, a mediados de 1800.

Lo cierto es que hasta el día de hoy las aves siguen depositando lo suyo en estos enclaves, y se puede ver a los trabajadores que aún extraen el guano de manera artesanal, cargando los enormes sacos o costales en botes de madera. Por suerte, la recolección está confinada a un puñado de islotes, de modo que el olor acre y penetrante que de repente invade el aire dura apenas unos minutos.

Pero además de la variedad de aves, sobre las curiosas formaciones rocosas -que incluyen túneles, bóvedas y cuevas naturales- también retozan cientos de lobos marinos, focas y pingüinos de Humboldt, entre otras especies que conforman el gran atractivo ecoturístico de la zona (ni hablar de los delfines que muchas veces acompañan a los saltos y piruetas las embarcaciones de turistas, para deleite de los pasajeros).


Tan rica es la vida en esta bahía -en gran parte debido a las corrientes frías de Humboldt, que llenan las aguas de plancton y microorganismos- que a las islas también se las conoce como las Galápagos de Perú.

Por esa razón son un área protegida donde está prohibido desembarcar, y hay que conformarse con mirar desde las lanchas las manadas de lobos marinos que aúllan, gruñen y se pelean y, en fin, terminan haciendo el show del día.

El bonus del paseo hacia las islas está en el llamado Candelabro, un geoglifo de 130 metros trazado en la arena calcárea de un acantilado, que puede verse claramente sin bajarse de la lancha.

Hay decenas de versiones sobre el origen de este dibujo (que sí, se parece a un candelabro), desde que fue trazado por habitantes de la cultura Paracas, 500 años antes de Cristo, hasta que es obra de navegantes antiguos y piratas (que lo habrían usado para guiarse en los mares), pasando incluso por las fuerzas de San Martín (según esta versión, se trataría de un símbolo masón). Y, por supuesto, nunca faltan las teorías sobre seres extraterrestres. Las mismas que hablan de una extraña y misteriosa conexión entre El Candelabro y las más famosas líneas de Nazca, a menos de 200 km.


La Loca de la Escoba
Las hemos visto cientos de veces estampadas en remeras, gorritos, afiches y cuanto producto de merchandising pueda imaginarse. Las más conocidas son El Mono, El Colibrí, La Ballena, La Araña o El Astronauta, aunque las figuras registradas hasta el momento suman más de 300.

Las míticas líneas de Nazca ahora pueden visitarse volando en avionetas Cessna desde el aeropuerto de Pisco, a sólo 15 km de Paracas, en un viaje a todas luces más corto que si se sale de Lima (el trayecto por la ruta Panamericana, además, no es particularmente un parque de atracciones).

Y cuando, después de sobrevolar durante 40 minutos una sucesión de nubes y dunas y más nubes, aparece finalmente el primer geoglifo, hay que ver cómo sobrevienen los ¡Ah!y ¡Oh! De los poquitos pasajeros que caben dentro del avión. Porque no es lo mismo apreciar este espectáculo en un documental o en una foto -por poner el ejemplo más cercano- que, desde luego, presenciarlo en vivo y en directo. Y aunque algunos puedan sentirse mareados por los giros e inclinaciones que hace el piloto (para que los pasajeros de ambos lados de las ventanillas puedan ver unos 15 dibujos), la experiencia es de esas que difícilmente pueden olvidarse.

Lo asombroso es que estas extrañas zanjas, algunas realmente gigantes (El Alcatraz y El Loro, por ejemplo, miden 200 metros cada uno), sólo pueden ser observadas en su integridad desde el aire, lo cual ha despertado todo tipo de interrogantes.

Es que sobre el origen de las imágenes, descubiertas en 1927 y Patrimonio de la Humanidad desde 1994, aún se sabe poco. La tesis científica de más peso -no vamos a perder tiempo con las versiones esotéricas que siguen circulando- dice que se trataría del calendario astronómico más grande del mundo, y una de las más tempranas manifestaciones de matemática y física avanzadas. Habría sido realizado por la cultura nazca entre los años 300 antes de Cristo y 700 de esta era, y en su construcción se utilizaron herramientas rudimentarias como cuerdas y estacas.

Esta fue la explicación que impulsó la investigadora alemana María Reiche, que consagró su vida al estudio de este enigma grabado en el suelo. La Loca de la Escoba, la llamaban, porque a principios de los años 40 se instaló en el desierto equipada con una cinta métrica, una brújula, una escalera de mano y una escoba. Con esta última barrió hasta el cansancio la arenilla que cubría las líneas, al tiempo que convencía al gobierno para que restringiera el acceso público al área.

"Tengo definida mi vida hasta el último minuto de mi existencia: será para Nazca. El tiempo será poco para estudiar la maravilla que encierran las pampas, allí moriré", confesó Reiche, también llamada la Dama del Desierto, y cumplió con su palabra. Murió en 1998, cuando las líneas habían sido descubiertas y admiradas por el mundo, en gran parte gracias a su incansable trabajo y dedicación.




DE FLAMENCOS, PLAYAS Y BANDERAS
Dicen que el General José de San Martín se inspiró en los flamencos de Paracas para crear la bandera peruana, tras notar el intenso color rosado de estas aves que, con sus alas desplegadas, dejaban ver una franja blanca en el centro. De hecho, aquí se celebra cada septiembre el desembarco del prócer argentino.

La Reserva Nacional de Paracas, donde abundan las bandadas de flamencos, fue creada en 1975 en uno de los puntos más desérticos de la costa peruana, y es la única área marítima protegida del país.

Tiene una extensión de 335. 000 hectáreas, de las cuales 200. 000 están en el océano Pacífico. En tierra, playas de arena brillante y mares tranquilos como La Mina, Yumanque, Playón o Lagunillas son las preferidas por los limeños que visitan la zona para practicar deportes como windsurf, kitesurf y sandboard.


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
10 imperdibles de México


De las playas del Pacífico y el Caribe a los mágicos pueblos coloniales Y ruinas arqueológicas, un recorrido por sus destinos turísticos más impactantes. Novedades, propuestas y consejos para planificar el viaje.

Un destino que es cientos de destinos a la vez. Así es México. Un territorio en el que conviven algunas de las mejores playas de Latinoamérica, impactantes ruinas de civilizaciones precolombinas, ciudades coloniales en perfecto estado, urbes de intensa vida cultural, montañas, selvas y desiertos. Todo eso es México, y más también. Es un paraíso para los amantes de la buena mesa, la literatura, la música y la vida al aire libre. Es el canto visceral de Chavela Vargas, los relatos desgarrados de Juan Rulfo, el aroma dulzón del tequila, la alegría de las cantinas y una puesta de sol sobre las aguas tibias del mar Caribe.

Desde hace años, México es uno de los destinos preferidos por los viajeros argentinos, una de la primeras opciones que vienen a la mente cuando llega la hora de planificar las vacaciones veraniegas. Además de su amplio abanico de alternativas, ofrece otros atractivos como la buena relación de precios.


MEXICO DF
El DF, una de las ciudades más grandes del mundo, es eterno. Como los murales de Diego Rivera o las obras de Frida Kahlo. Como la ciudad sagrada de Teotihuacan o los innumerables museos y centros culturales que pueblan sus calles, entre ellos, claro, el impresionante Museo Nacional de Antropología, con una de las colecciones más importantes del mundo.

Esta temporada la ciudad espera a 3 millones de turistas, que no deberán perderse ese increíble microcosmos que es el centro y su plaza del Zócalo, pero tampoco el Paseo de la Reforma y Chapultepec, donde se encuentran hoteles de nivel, tiendas, museos, restaurantes de clase y vistas de la ciudad. Ni un recorrido por Coyoacán y San Angel, zonas con ambientes tradicional y sofisticado. Y para disfrutar del arte, el Corredor Cultural Roma Condesa, barrios que concentran gran cantidad de galerías, tiendas de diseño y restaurantes.

Para este verano, el DF lanzó una cuponera de descuento con promociones que incluyen terceras noches gratis en hoteles (se puede descargar desde www.mexicocity.gob. Mx). Además, más de 120 prestadores como restaurantes, museos, parques de diversiones, bares, centros nocturnos, agencias de viajes, tours, compras, diversión para niños y espectáculos ofrecerán de 10% a 50% de descuento.
Información
Sec. De Turismo, Tel: (0052) 3002 6300. Infotur, Tel. 01 (800) 987 8224. www.mexicocity.gob. Mx


OAXACA
Oaxaca es una de las ciudades más auténticamente mexicanas, una urbe en la que conviven 16 etnias indígenas diferentes. Famosa por sus gigantescos mercados de flores, artesanías y comidas (como el Benito Juárez y el 20 de noviembre), es también muy visitada por su imponente casco colonial, en el que se destacan lugares como la Catedral, el bullicioso Zócalo, la iglesia de Santo Domingo, el Museo de Arte Prehispánico Rufino Tamayo y el Museo de Arte Contemporáneo. En las afueras de la ciudad (a sólo 10 km) se encuentra Monte Albán, un complejo de ruinas de lo que fue la antigua capital zapoteca, que compite en esplendor con los complejos arqueológicos Chichén Itzá y Palenque. Un poco más lejos, sobre la costa del Pacífico, se encuentra el Parque Nacional Bahías de Huatulco, un conjunto de playas y bahías de gran belleza, ideales para recorrerlas en pequeños cruceros y también para la práctica de buceo. Otro de los grandes atractivos de Oaxaca es que se encuentra a sólo 5 horas de viaje por autopista desde México DF.
Información
Secretaría de Turismo, Tel. (0052) 951-50-212-00/51 601 23/ info@oaxaca. Travel / www.oaxaca.tra vel


RIVIERA MAYA
Riviera Maya es sinónimo de Cancún, uno de los destinos más famosos del Caribe. Frente a un mar de aguas cristalinas, se encuentra esta ciudad de excelentes hoteles y resorts, intensa vida nocturna y una amplísima oferta de actividades y paseos. Es un destino ideal para los amantes del sol y la playa, y también para familias, ya que ofrece un sinfín de opciones para chicos, entre las que se destacan parques temáticos como Wet n’ Wild, Xel Ha y Xcaret. Entre sus novedades se encuentran Hidden Worlds, Aktunchen y Río Secreto, tres propuestas de aventuras en la selva, en la que se combinan actividades como el canopy y la tirolesa con recorridas por ríos subterrános, los famosos cenotes.
Hacia el sur de Cancún se encuentran lugares como Playa del Carmen y Tulum, otros dos destinos de arenas blancas, mar turquesa y muy buenos hoteles, y sitios de gran interés histórico como las magníficas ruinas mayas de Chichen Itzá. Los nuevos destinos por descubrir en la Riviera Maya son Punta Allen y la Reserva Natural de Sian Ka’an, situados bien al sur, cerca de la frontera con Belice.
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011


PUERTO VALLARTA
Por si algo le faltara, Puerto Vallarta, en el Pacífico mexicano, acaba de obtener la certificación de “playas limpias” para uno de sus principales argumentos turísticos, justamente, las playas. La ciudad, aún siendo un pequeño pueblo de pescadores, se hizo mundialmente famosa en 1963, cuando John Houston y Elizabeth Taylor filmaron aquí la pelíclula “La noche de la iguana”. Luego vendría el Crucero del amor y la célebre frase con la que finalizaba cada capítulo: “Bienvenidos a Puerto Vallarta”. El puerto mexicano se recuesta en la extensa Bahía de Banderas, en el estado de Jalisco. Son más de 30 playas pobladas por hoteles y resorts que se recortan entre un mar azul y unas sierras verdes, que en los últimos años se convirtieron en escenario para la práctica de deportes de aventura: canopy, trekking, mountaing bike, que se sumaron a las tradicionales actividades náuticas. Pero Vallarta es también arte, con el original Art Walk (Caminata del Arte), cuya temporada 2010-2011 comenzó recientemente y se extenderá hasta mayo de 2011, con la participación de 13 galerías ubicadas en el centro histórico de la ciudad.


GUADALAJARA
La segunda ciudad de México es el corazón del estado de Jalisco, el del tequila, los mariachis, los charros (gauchos mexicanos) y el espíritu festivo. Con más de 5 millones de habitantes, Guadalajara es el centro político y económico de todo el occidente mexicano, con un centro antiguo en el que destaca la catedral y sus torres simbólicas y el Teatro Degollado, de 1866. Imperdible también el Hospicio Cabañas con los murales de José Orozco y el barrio antiguo de Tlaquepaque, un gran mercado al aire libre poblado de turistas, artesanías y sabores locales. Cerca está Valle de Tequila, donde se pueden conocer los secretos de la bebida mexicana más famosa.


GUANAJUATO
Junto con su vecina San Miguel de Allende (a 100 km), Guanajuato forma parte del circuito de los “pueblos mágicos”, un conjunto de urbes encantadoras, coloniales, elegantes y llenas de historia, arte y vida cultural. Situada 360 km al norte de México DF, Guanajuato fue fundada en 1548 y posee atractivos como el multicolor Mercado Hidalgo, la casa-museo de Diego Rivera, el opulento Teatro Juárez, toda una serie de iglesias de estilo barroco churrigueresco y los hermosos edificios de la Universidad, fundada por los jesuitas. Tanto Guanajuato como San Miguel de Allende, son ciudades de población joven y con muchos artistas –tanto mexicanos como extranjeros–, y sorprenden con su gran cantidad de restaurantes (populares y de autor), sus animadas cantinas y por sus variadas opciones de actividades culturales. San Miguel de Allende, por su parte, debe ser la ciudad mexicana que más galerías de arte tiene por metro cuadrado
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011



LOS CABOS
Se podría decir que “casi todo es nuevo” en Los Cabos, un lugar que en muy pocos años se ha convertido en uno de los más solicitados destinos vacacionales de México, y que conjuga como ningún otro bellísimas playas con hoteles de lujo y los mejores campos de golf.
Ubicado en el sur de la península de Baja California, donde se juntan las aguas del Pacífico y del Mar de Cortés, Los Cabos es un destino en pleno crecimiento, con epicentros en San José del Cabo y Cabo San Lucas, conectados por un corredor de 32 km que alberga elegantes hoteles con exquisita cocina gourmet, playas de ensueño y clubes de golf profesionales. En invierno, a las costas de Bahía Magdalena llegan las ballenas grises para procrear y dar a luz; y en verano, las estrellas son el kayak, la pesca deportiva, el buceo y, especialmente, el nado con delfines.



TAXCO
A sólo 150 km de México DF se encuentra esta ciudad fundada en 1528 por los hombres de Hernán Cortés, pero que ya tenía una fuerte impronta indígena. Plagada de laberínticas callejuelas y edificios coloniales que suben y bajan entre las colinas, Taxco es conocida por la “ciudad de la plata”, ya que su esplendor estuvo siempre relacionado con las minas cercanas desde las que se extraía este material precioso. De hecho, uno de los grandes atractivos de una visita a la ciudad es recorrer sus infintos talleres artesanales de platería, donde las tradiciones se mantienen desde hace siglos. Además, está llena de monumentos como la mítica Catedral de Santa Prisca, uno de los templos más hermosos de todo México, lo que es mucho decir.


VERACRUZ
Culta y cosmopolita, Veracruz es la ciudad portuaria más importante de México. Entre sus atractivos se destaca la imponente Catedral de la Asunción, el museo de la Ciudad y el Histórico Naval y la céntrica Plaza de Armas. En sus alrededores hay amplísimas playas sobre el golfo de México y varias complejos arquelógicos de la civilización olmeca. Un consejo, no perderse el famoso carnaval de la ciudad, que tiene lugar durante febrero y marzo.


Un país de fiesta
Sólo España compite con México en cantidad y variedad de fiestas populares. Durante nuestra temporada de verano tendrán lugar varias celebraciones de primer orden, como la de la Virgen de Guadalupe (el 12 de diciembre), que tiene su epicentro en su santuario del DF. Las fiestas de Las Posadas (del 16 al 14 de diciembre) están protagonizadas por las típicas piñatas, mientras que durante la fiesta de la Candelaria (2 de febrero) se comen tamales en todas las casas y restaurantes. En Taxco resalta la fiesta de Bendición de Animales (17 de febrero), mientras que Veracruz es famosa por sus carnavales (febrero y marzo).

Ese silencioso exceso de belleza (Federico Jeanmaire Escritor )
México es colosal. Imposible de ser descripto con algún éxito. Por eso, creo, voy a intentar una argucia. Delante de la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, en Oaxaca, hay una suerte de jardín repleto de las yucas que se utilizan para preparar el mezcal, ese licor tan fuerte que en su fondo suele esconder un gusano. Pero antes de las yucas, todavía queda algún espacio para unos cuantos flamboyanes. El flamboyán es un árbol de hojas verde oscuras, más ancho que alto y que casi siempre está repleto de flores anaranjadas. Una belleza barroca. Un exceso. Lo vemos por todos lados: a la vera de las calles del DF o en el centro de Guadalajara o en la costa maya. Sin embargo, me acuerdo especialmente de los que están a la entrada de aquella iglesia. Me senté debajo de ellos a descansar del sol. Mi compañera de banco era una anciana zapoteca. Y ella fue la que, con algún esfuerzo para salir de su mutismo, me contó su nombre. Eso es México, me parece, un silencioso exceso de belleza, imposible de ser descripto.

Juan Carlos Marino
Mirta Rosa Carceles
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Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Ciudad de México

Tres ejes para desentrañar la enorme capital mexicana: el centro histórico en un año más patrio que nunca; colonia Roma, barrio de moda, y la popular lucha libre

Sin duda que en la primera impresión el D.F. Intimida: es grande, caótico, inabarcable. Pero después de unos días, las distancias parecieran acortarse y moverse por esas intrincadas calles donde a diario circulan 24 millones de personas resulta más sencillo.

Los turistas suelen quedarse en la ciudad apenas un par de días antes de huir hacia la playa, pero vale la pena estirar un poco más la estada para desentrañar una ciudad cargada de historia, museos, cultura popular, fiestas y tradiciones.

A continuación, la nueva colonia Roma, remozada y de moda; el Zócalo histórico, centro de los festejos del bicentenario, y una noche típica de lucha libre, tres ejes para sumergirse de lleno en la vida auténticamente mexicana.


Lo nuevo: Colonia Roma
La colonia Roma está cambiada. Lo advierte cualquiera y a simple vista, incluso el que visita por primera vez la ciudad. Esos bares modernos, el reluciente hotel boutique, las tiendas con ropa de diseño, las galerías de arte y el ambiente joven que revolotea en el aire se nota que son nuevos, de hace unos pocos años.

La colonia Roma está de moda. "Sigue a los anticuarios y a los gays y encontrarás los lugares de moda", me dijeron alguna vez. Y parece que la fórmula no falla, porque la Roma es el nuevo lugar del inmenso D.F. Elegido también por gays para caminar lejos de los prejuicios, en una ciudad que acepta el matrimonio homosexual.

La colonia Roma, como llaman aquí a los barrios, fue uno de los primeros en desarrollarse, más allá del centro, a principios del siglo XX, en los tiempos de Porfirio Díaz. Se construyeron grandes mansiones donde vivían familias de clase alta que paseaban su elegancia por las amplias calles. Con los años cayó en decadencia y muchas de las casas fueron abandonadas.

El gran terremoto de 1985 averió muchas construcciones y mucha más gente dejó el lugar. Incluso todavía se ven casas con fachadas resquebrajadas. Así como unos se fueron, otros llegaron: en los últimos 10 años artistas y escritores desembarcaron atraídos por el lugar, con mucho verde, plazas, casas bajas, vecinos de siempre y alquileres muy baratos.

Y resurgió para convertirse en una de las zonas más placenteras de la ciudad para pasear, sin el glamour de Polanco y un poco menos cool que La Condesa. Aquí se mezcla la bohemia con el zapatero remendón de años.

Es sábado a la tarde, los bares y restaurantes están llenos, la gente caminaba sin prisa, y el mercado de pulgas sobre Alvaro Obregón, la avenida principal, con gran bulevar en el centro, sigue ofreciendo de todo un poco.

Una tarde ideal para caminar sin prisa y descubrir lo mejor de Roma.

Se puede empezar por Colima (entre Tonalá y Cuauhtémoc), la calle por excelencia del barrio, con muchos negocios de diseño de ropa y accesorios, como Sicario, y galerías como Vértigo, especializada en diseño gráfico.

Uno de los nuevos vecinos de la colonia es el Brick Hotel, que abrió hace apenas cuatro meses. Es un hotel boutique, también de moda en México, con 17 habitaciones y decoración moderna ciento por ciento mexicana.

"Antes fue una casa de citas, después una cerrajería, también estuvo años abandonado hasta que se restauró como hotel, siempre conservando la estructura original", cuenta Carlos, uno de los conserjes del hotel que está en la esquina de Orizaba y Tabasco. La pizzería, muy concurrida, que da a la calle, se llama Olivia, por la madama de la casa de citas. Parece que todo quedó en familia.

A la vuelta, en la esquina de Orizaba y Alvaro Obregón, casa LAMM, construida en 1911, cuenta con un centro cultural, galería de arte y restaurante, pero lo que realmente impacta es la construcción, con una enorme escalera.

A pocas cuadras, la plaza Río de Janeiro, la más linda del barrio, con una enorme fuente en el centro, está colonizada por un grupo de niños boy scouts que juegan, gritan y se divierten.

En la esquina, el Café Toscano, uno de los estrella, invita a relajarse en una de las mesitas de la vereda. En la Roma, el frenético D.F. Pasa a un costado.


Lo tipico: Lucha libre
Para desentrañar el D.F. Desde un costado más popular una buena elección es ver lucha libre. Una suerte de deporte nacional (después del fútbol, por supuesto) y espectáculo. Para un extranjero será claramente un show, muy bien montado para la ocasión, pero los mexicanos se apasionan y por momentos la frontera entre deporte, combate y espectáculo se confunde bastante.

Muchos son realmente fanáticos. Hay programas de televisión; revistas especializadas; un vasto merchandising de máscaras, trajes y muñecos, y desde hace apenas unos días, hasta un videojuego, Héroes del ring , que pone en las consolas la lucha libre mexicana.

Desde fuera del Arena México, uno de los estadios cubiertos donde se realizan los combates, los martes y viernes por la noche, ya se siente el clima de fiesta, como en los alrededores de una cancha de fútbol.

Los luchadores ya están sobre el ring; la gente grita y alienta a unos y otros. Los vendedores ofrecen cerveza, golosinas, snacks. Un espectáculo para toda la familia, aunque son muchos más los adultos que los chicos.

Empieza uno de los combates de tríos con tomas extrañas (todas tienen nombre), mucha actuación y un gran despliegue de acrobacia dentro y fuera del ring.

"Eso no se vale, eso no se vale", dice gritando un nene, muy enojado con uno de los enmascarados.

Rolando Flores, un buen compañero de asiento y espectador frecuente, se encarga de aclarar un poco las cosas: "Hay dos bandos de luchadores, rudos y técnicos. Los técnicos son los que respetan las reglas y juegan limpio, serían los buenos; los rudos, los que juegan sucio, los malos".

El público en general está a favor de los técnicos, pero hay muchos que siguen a los rudos, como a quien le gustaba el Diábolo o la Momia Negra en nuestro Titanes en el ring , y por supuesto también existe la versión del árbitro William Boo mexicano.

"Tuviste suerte, hoy se presentan buenos luchadores", comenta Rolando, que conoce peso, altura y técnicas de cada uno.

En la pelea estelar de tres contra tres compiten Místico, Strongman y La Sombra contra Volador, Ultimo Guerrero y Lyger, estrellas mediáticas, aunque no tan famosas como el histórico Santo, el Enmascarado de Plata.

"Qué bueno sería que apuesten las máscaras Místico y Volador", se ilusiona Rolando.

La mayoría de los luchadores son enmascarados y mantienen su identidad oculta como un secreto que perpetúa la leyenda, pero cuando hay rivalidades personales (ficticias o reales vaya uno a saber) se pactan luchas de apuestas, donde ponen su propia máscara en juego. Perder es un deshonor, para muchos el final de la carrera; otros siguen, pero a cara descubierta.

Los días de apuesta de máscara o de cabellera, el Arena explota de gente, hay que conseguir las entradas por adelantado.

Y quizá se dé, porque la rivalidad entre Volador y Místico está en su punto justo. Volador, ganador de la Copa Bicentenario, está dispuesto a apostar su máscara para demostrar que esto no es ningún juego.

Más allá del resultado final, todos salen contentos, en busca de la máscara o el muñeco favorito que venden de a cientos en la puerta.


Lo historico: El Zócalo
Es una noche más en el D.F. , sin aparentemente nada para festejar, pero la Plaza de la Constitución, más conocida como el Zócalo, una gran explanada con sólo un mástil en el centro (de día flamearía una inmensa bandera mexicana), está muy concurrido.

Los chicos juegan con unos juguetes luminosos que vuelan por el aire, los grandes charlan y comen unos tacos, que se venden por todas partes. Una catrina (una calavera muy elegante y distinguida) se saca fotos con los pocos turistas que quedan en la plaza. Porque la muerte siempre está presente en las tradiciones mexicanas.

Frente a la catedral se alborotan los puesteros ambulantes. "Vienen, vienen", se corrió la voz entre unos y otros. Los ratoncitos de peluche que movían la cola en el piso terminan en la bolsa de la vendedora, que desaparece en cuestión de segundos.

Los que vienen son policías, que se ven permanentemente por las calles, sobre todo de noche.

Una campaña de la Secretaría de Turismo intenta deshacerse del estigma de ciudad insegura y hasta garantizan que hay menor delincuencia que en algunas ciudades norteamericanas.

Más allá de la presencia policial, las calles están poco iluminadas e intimidan a los que no están acostumbrados, pero en la Zona Rosa, La Condesa o Polanco, se puede andar sin preocupaciones a toda hora, e incluso viajar en metro, que funciona hasta casi la medianoche.

Hace un mes, en el Zócalo se realizó el estridente Grito, la celebración del bicentenario de la Independencia. Porque éste es un año patrio también en México, mucho más patrio que lo habitual.

El 15 de septiembre se cumplieron 200 años de aquella lucha del padre Hidalgo. Todavía los edificios de alrededor de la plaza lucen carteles con los colores mexicanos, que se encienden de noche. Se acuñaron monedas del bicentenario, hay circuitos históricos específicos y menús alegóricos en los restaurantes, como la patria manda.

Pero como en México todo es a lo grande, este año también festejarán los 100 años del inicio de la Revolución comandada por Emiliano Zapata y Pancho Villa contra Porfirio Díaz.

En el Zócalo hay un cartel electrónico con la cuenta regresiva de los días que faltan para la celebración del 20 de noviembre. Ya se preparan los festejos, de 14 días, que se iniciarán el 7 de noviembre, con 300 artistas en la escena del Zócalo, luces y proyecciones sobre los edificios.

Alrededor de la plaza están los sitios históricos más importantes. Hay que volver de día.

Entre los imperdibles, se destaca la catedral, con cinco siglos de historia, que cada año se hunde unos siete centímetros.

Atrás, donde están las ruinas del Templo Mayor azteca, un museo cuenta la historia de la antigua Tenochtitlan.

A otro costado, en el Palacio Nacional, a donde se ingresa en forma gratuita, hay que subir para ver los impresionantes murales de Diego Rivera, que retratan el pasado de México.

Una de las mejores formas de terminar la noche es en el Café de Tacuba (Tacuba 28), uno de los más emblemáticos, fundado en 1912, a unas pocas cuadras del Zócalo, y pedir un enchilado Tacuba con una cerveza. Los mariachis, con su repertorio tradicional, le ponen la cuota musical a la comida. A no entusiasmarse con los pedidos porque cada tema cuesta cerca de 10 dólares.

Andrea Ventura (Enviada especial )
Mirta Rosa Carceles
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Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Fort Lauderdale: diversión en la “Venecia americana”

Perfecta para los amantes del mar, Fort Lauderdale tienta con sus hermosas playas, La gastronomía y el circuito de compras.

En Oh my gauze! , un negocio de ropa y decoración en el famosísimo Boulevard Las Olas, tomar fotos de los productos puede considerarse “espionaje”. Es que esta casa vende productos ‘one of a kind’, o sea, artesanales. Y en Estados Unidos, donde casi todo se fabrica en serie, encontrar objetos únicos es un hallazgo.

Quien viaje a Miami debe reservarse un fin de semana para Fort Lauderdale, unos 36 km al norte, sobre el Atlántico. Parece una ciudad flotante, asentada so-bre cientos de canales de agua de mar, lo que le vale el nombre de “La Venecia de América”: por allí navegan góndolas de plástico que poco tienen que ver con las italianas, pero bien valen un paseo. Paraíso para fanáticos del shopping, ofrece artículos más refinados y exclusivos que Miami, con la ventaja de que, además, es un polo de diversión para grandes y chicos.


Pasarla bien aquí es fácil. El 80% de los bares, restaurantes y tiendas es atendido por sus dueños y la ciudad cuenta con transportes confortables. Hay taxis de agua, el sun trolley, que une el downtown con las playas, y los clásicos yellow cabs, que aquí no pasan de largo como en Manhattan.

De sur a norte, el Gran Fort Lauderdale tiene seis playas, cada una con su personalidad: Hollywood, Dania Beach, Ft. Lauderdale, Lauderdale By The Sea, Pompano Beach y Deerfield Beach. La más chic es Ft. Lauderdale; Pompano Beach y Deerfield Beach son ideales para familias con chicos; y para relajarse, la más tranquila es Lauderdale By The Sea. Todas tienen hoteles de diferentes categorías, cabañas con jardines fabulosos y departamentos junto al mar bien equipados, a precios accesibles.


Por dónde empezar

Reemplacemos el nunca bien ponderado city-tour por un sightseeing cruise, a bordo de un taxi-lancha, un yacht de excursión o una góndola: la idea es navegar a lo largo de la Intracoastal Waterway –un canal paralelo al mar– y el New River, para experimentar la fisonomía náutica de Ft. Lauderdale y su Puerto Everglades, donde amarran cruceros imponentes y pequeñas embarcaciones. El puerto es un punto neurálgico y un programa en sí mismo, con restaurantes, boutiques y marinas. Está a tres km del Aeropuerto Internacional Ft. Lauderdale, prácticamente en medio de la zona urbana.

“En el mar, la vida es más hermosa…” decía una viejísima canción, y Fort Lauderdale es indicadísimo para los amantes del océano. Excursiones de pesca, buceo, paseos y safaris ecológicos en airboat, viajes a la isla “All you wish to eat” (Todo lo que desea comer) en el Jungla Queen Riverboat (un barco “a paleta”, como los antiguos del río Mississippi), canotaje, windsurf, natación en el mar o en alguna de las cinco mil piscinas de los hoteles, invitan a usar traje de baño y ojotas desde la mañana hasta la noche.


En tierra firme

Con los chicos, son imperdibles las visitas a Flamingo Gardens, una reserva botánica trazada sobre bellísimos jardines con flamencos rosados, y al Butterfly World, un mariposario con ejemplares insospechados, pájaros coloridos y floresta tropical. Otra salida impostergable –mejor si es con amigos– es la del infalible drink, a la hora del crepúsculo. Las vistas más espectaculares están en los bares de los grandes hoteles, como The Atlantic Hotel, Bahía Mar, Hilton, Hyatt o Sheraton. Para jugar al golf hay varias canchas, y si se trata de azar, el Gulfstream Park o el Hard Rock Hotel & Casino. Sobra entretenimiento y frivolidad, pero también hay “perlas” como las del Museum of Art, con la mayor colección permanente de arte de Copenhague, Bruselas y Amsterdam (CoBrA).

Además de los mega shoppings como Sawgrass Mills, Galleria Mall o el Seminole Paradise, siguen siendo imbatibles las bou-tiques de Las Olas Blvd. Porque venden diseños originales y piezas únicas. Son cuadras para el asombro que van desde la playa hasta el distrito de Artes & Entretenimiento y el Riverwalk. Para comer, las opciones son varias: el St. Tropez bistró; la taberna griega Trata; la pizzería Pronto, con horno a leña; una picada oriental con hummus, tabule, langostinos y manteca de ajo en Mangos; chocolates en Schakolad; café en Kilwins –un clásico desde 1946– o en Starbucks. En Las Olas Blvd. Hay mesas en las veredas, sillones para no levantarse, iluminación cálida como la ciudad y brisa que huele a verano eterno.
En este reino de tentaciones y consumismo, da la impresión de que sólo el aire de mar es gratis. Sin embargo, el SunTrust Sunday Jazz Brunch es un concierto gratuito que se arma sobre la playa, el primer domingo de cada mes. Cada uno lleva su canasta y su silla y disfruta del pic-nic musical.

Otra opción es Las Olas Gourmet Market, en Las Olas y la 12th St. Es una feria enorme con puestos de alimentos frescos, orquídeas, verduras de quinta, miel, dulces caseros, aceites de oliva, cerámica mexicana, cupcakes. Y aunque no se gaste un dólar, sólo mirar ya es una fiesta. Fiesta que culmina con la proyección de alguna película o un baile improvisado sobre una terraza.

Sissi Ciosescu (especial)
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Chile: La gran apuesta de Añihue

Bahía Añihue

Al sur de Chile, una reserva natural de 10 mil hectáreas apuesta a consolidar la próxima tendencia en viajes: mezclar turismo y conservación. Por eso, apoyan a científicos que estudian y cuidan su biodiversidad. Y uno, claro, puede ser parte de ese proceso.

Zarpamos de Quellón hace más de ocho horas. Hemos navegado toda la noche. La barcaza Alejandrina es peor que una micro amarilla. Huele a humedad y aceite quemado. Tiene varias filas de asientos destartalados, una suerte de cafetería donde no dan ganas de asomarse y -esto es inolvidable- un par de televisores que pasan a todo volumen, sin parar, unos compilados de rock de los años ochenta, con sus letras para cantar.

Debemos llegar a Añihue, una poco conocida reserva natural ubicada justo en la desembocadura del río Palena, con 10 mil hectáreas de superficie prácticamente intocadas: fiordos, bahías, bosques, montañas, aves, lobos, delfines, ballenas. Pero, antes, hay que alcanzar Raúl Marín Balmaceda, un diminuto pueblo que apenas se ve en el mapa y que -dice la historia- se llama así en honor a un senador chileno que murió de un infarto durante una sesión en el Congreso, en los años cincuenta. La barcaza Alejandrina se ha movido con vaivenes infartantes. Pero ya estamos aquí y no sirve quejarse: estos parajes australes son, sin duda, para aventureros.


Al pisar las tierras de Raúl Marín, Felipe González (34), el hiperactivo anfitrión de Añihue, nos ayuda con los bártulos y los lleva hasta una lancha que aguarda en el muelle. En ella nos iremos por el único camino que existe hacia la reserva: el mar. Felipe González enciende el motor de la lancha. Raúl Marín Balmaceda, la dichosa barcaza Alejandrina y los compilados de rock quedan atrás para siempre. Navegamos. Todo es verde: el mar, las montañas. Tras unos quince minutos, un pequeño montículo de piedras que aparece junto a la costa nos indica nuestra próxima detención. Hemos llegado, finalmente, a su hogar: la Reserva Añihue.

Felipe González y su familia -su mujer, la arquitecta Antonieta Quirós, y sus dos pequeños hijos- viven en Añihue hace cuatro años. Para ellos, venirse hasta aquí fue una decisión radical. Debían abandonar las comodidades de la ciudad para asumir un intrincado desafío: convertir a esta reserva natural en un nuevo destino turístico de Chile. Pero no uno cualquiera: en Añihue el foco está puesto en la conservación y en la vida ecológica.

González, su familia y un par de amigos que también viven aquí -ninguno con más de 40 años- son auténticas personas "verdes": viven gracias a paneles fotovoltaicos, regulan cada uno de sus consumos eléctricos (el secador de pelo está prohibido, por ejemplo), tienen una huerta orgánica donde producen prácticamente todos los vegetales que consumen, reciclan la basura y la transforman en abono para las plantas, han construido cabañas y talleres con sus propias manos y, por supuesto, no tienen televisión (ni piensan en ella). Sus pertenencias "citadinas" son sólo películas, un devedé portátil con pantalla, internet y teléfono satelital, y -hasta ahora- un par de barritas en la señal del celular, que se captan en un punto preciso cerca del muelle.

Así es el huerto orgánico de Bahía Añihue

Sin embargo, Añihue no les pertenece. Su verdadero dueño es el empresario estadounidense Addison Fischer, quien hasta ahora no ha tenido interés de establecerse aquí (como sí lo tuvo, por ejemplo, otro de su estirpe, Douglas Tompkins, y en una zona muy cercana a Añihue: el parque Pumalín). Hace unos años, Addison Fischer encontró este rincón en la Patagonia chilena, lo compró en 15 millones de dólares y le encomendó su cuidado a Felipe González. Y éste -que ya tenía años de experiencia trabajando como guía de pesca para la familia Dufflocq, dueña de exclusivos lodges en la Patagonia- aceptó sin problemas.

"Para mí esto es un sueño", dice González mientras sortea con su lancha las olas del fiordo Pitipalena, uno de los principales de la zona. "Es una fantasía. Y, claro, queremos compartirla con todos". La fantasía de Añihue puede resumirse así: en un lugar donde todo está rodeado de naturaleza salvaje, la reserva brinda apoyo logístico a científicos interesados en investigar y crear proyectos de conservación. Y, mientras todo eso ocurre, también reciben a pequeños grupos de turistas que quieren ser testigos de cómo se hace este trabajo en terreno y experimentar la vida agraria. Pero con todas las comodidades: cabañas confortables, desayuno a la cama, almuerzos y cenas gourmet en un comedor común donde, incluso, se puede compartir con los científicos. Y, por cierto, con una atención súper personalizada.

Hoy, por ejemplo, hemos salido en busca de ballenas azules y jorobadas (cuya presencia está siendo monitoreada hace dos años por la reserva) y delfines australes (los mares de Añihue están repletos, literalmente, de delfines australes: incluso es posible verlos saltando desde los ventanales de las cabañas). Con nosotros viaja la bióloga alemana Heike Vester, fundadora del proyecto Ocean Sounds (www.ocean-sounds.com), que investiga el lenguaje de los cetáceos. Heike ha pasado ya dos temporadas estudiando delfines y ballenas en los alrededores de Añihue. Así que es parte de la casa: de hecho, ella misma ha instruido a la gente de Añihue sobre cómo se debe realizar un correcto avistamiento de cetáceos.

La zona es habitat de ballenas jorobadas y azules

Navegamos en silencio. Heike lleva una potente cámara fotográfica, un hidrógrafo (instrumento que permite escuchar y grabar los sonidos bajo el agua con gran fidelidad) y nunca se despega de sus binoculares. De pronto, un grupo de delfines aparece a nuestro alrededor. Nos acercamos de inmediato, pero se alejan rápidamente.
- ¡Vámonos! -dice la bióloga con voz firme. Felipe González, quien comanda la lancha, se aleja de inmediato. Entonces aprendo mi primera lección como "turista científico". "Si los delfines hubiesen querido estar con nosotros, se habrían quedado aquí", explica Heike. "Pero no. Se iban rápidamente. Eso es una señal: nuestra presencia sólo los estaba estresando. Así es que debemos marcharnos".

Aparte de recibir científicos y turistas, Añihue desarrolla un programa de voluntariado cuyo objetivo también es promover la vida ecológica. Cada verano, abre cupos para quienes quieran pasar un mes aislados de la civilización, pero trabajando en todo tipo de actividades de la reserva: cultivo de huerto orgánico, alimentación de animales, construcción, reciclaje de basura, investigación de flora y fauna. Ese tipo de cosas.

Los pájaros carpinteros son una de las tantas especies de la región

Lo del aislamiento no es sólo un decir. En las 10 mil hectáreas de superficie que comprende la reserva, hay sólo dos sectores habitados: a uno le llaman Toninas, donde está la casa principal y las dos cabañas para turistas; y al otro, Añihue. Los voluntarios viven en Añihue, una inmaculada bahía, rodeada de fiordos, a la que se llega tras una hora de navegación desde el sector Toninas. En Añihue sí que no hay nada: sólo un par de casas de madera y una familia, la de Francisco Gómez (32), su mujer y su hija, quienes también cambiaron para siempre el rumbo de su vida, y hoy se encargan no sólo de hacer una suerte de soberanía en la zona, sino también de guiar y traspasar sus conocimientos a los voluntarios.

Esta vez encontramos a Derek Lactaoen, un estadounidense de 20 años que está en Chile como alumno de intercambio de periodismo, y la chilena Javiera Carreño, de 24, estudiante de ecoturismo. Son los dos voluntarios del mes que, en muy poco tiempo, han debido aprender -y desafiar- la recóndita y salvaje geografía de Añihue.

"Cuando llegamos llovía sin parar. Y se mantuvo así durante varios días. Fue duro: no era lo que esperábamos", cuenta Javiera, mientras lava los platos del almuerzo, una de sus tareas cotidianas. "Aquí hemos tenido que hacer de todo: desde salir a buscar leña hasta carnear chanchos. Y ahora estamos aprendiendo sobre lombricultura. Por eso, más que trabajo, esto ha sido toda una experiencia".

A la mañana siguiente, salimos con dos buzos del equipo Frontera Azul -Eduardo Sorensen y Fernando Luchsinger-, que trabajan en un documental para TVN sobre el desconocido mundo submarino chileno.

Antes de partir en la lancha, junto a Felipe González, Felipe Delpiano (el segundo a bordo, diseñador santiaguino que también le dio un vuelco a su vida y hoy vive ingeniándoselas para construir lo que sea con maderas en desuso) y los buzos, observamos atentamente una carta de navegación, donde están marcados varios puntos en que se han visto ballenas azules.
- ¡Tal vez podamos bucear con ellas! -dice entusiasmado Sorensen, aunque sabe que lograrlo no es, para nada, tarea fácil. Subimos los equipos a la lancha. Tanques de oxígeno, cámaras de video. Felipe González enciende el motor, ajusta su GPS y zarpamos. Unos minutos más tarde estamos frente a unos islotes conocidos como Tres Marías, uno de los mejores puntos de buceo de la reserva, también indicado en la carta.

Dos delfines australes nadan con el volcán Melimoyu de fondo

"Es sorprendente la biodiversidad del fondo marino", dirá más tarde el buzo y fotógrafo submarino Eduardo Sorensen. "Sobre todo porque esta zona, desde Melinka hacia el sur, ha sido súper afectada por el tráfico de barcos y la sobreexplotación pesquera. Aquí había centollas, corales látigo, esponjas, erizos, y muy buena visibilidad. Las especies estaban muy bien conservadas".

Aunque las ballenas no hayan aparecido esta vez, las palabras de Sorensen dejan a todos satisfechos: hemos constatado, en terreno, cómo Añihue aún se mantiene intocada.
-Es la razón por la que estamos aquí -dice Felipe González, y enciende nuevamente el motor.
En la ruta de regreso, un grupo de delfines australes vuelve a aparecer alrededor. Tras varios días en la reserva, verlos juguetear junto a nuestra lancha se ha vuelto una costumbre.

El proyecto
Impulsado por la Fundación Melimoyu, un proyecto privado busca convertir toda esta zona -donde se encuentra la Reserva Añihue- en un nuevo Parque Marino y Área Marina Protegida para Chile (a la fecha, el único que existe es el Parque Francisco Coloane, en la Región de Magallanes). El objetivo es conservar la rica biodiversidad de la zona e impedir el avance de la industria salmonera. Los límites propuestos van desde el sector de Punta Yeli hasta el río Santo Domingo, frente al Golfo del Corcovado. El proyecto ya fue presentado ante la Conama y aún se encuentra en estudio.
Más información, www.melimoyufoundation.com

Hay dos cabañas para recibir turistas

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Argentina-Chubut: Show de estrellas marinas

Desde el kayac, una privilegiada butaca para admirar cómo se sumerge una ballena

Cientos de cetáceos nadan en las aguas de Puerto Madryn y también los elefantes marinos están apostados en las playas de la Península Valdés, mientras las toninas overas aguardan, en Rawson, la llegada de los visitantes: la fauna del invierno ya está lista para brindar un extraordinario espectáculo natural en las azules aguas del Atlántico sur.

Desde cerro Avanzado, 16 kilómetros hacia el sur del centro de Puerto Madryn, se divisa perfecta la redondez de la tierra sobre el horizonte marino. Sólo el ir y venir de algunas ballenas, allá a lo lejos, interrumpe la total quietud de la superficie del mar. En El Doradillo, una playa situada 17 kilómetros hacia el norte desde el centro de la ciudad, el espectáculo se repite, aunque cada vez sea único, como todo lo que tiene vida. Y desde el muelle céntrico de Madryn, una vez más, las ballenas vuelven a ser protagonistas. También las vemos desde los ventanales de Vesta, el restaurante que se levanta sobre Punta Cuevas, casi en las afueras de Madryn, exactamente el lugar al que arribaron los colonos galeses en 1865 a bordo del “Mimosa”.

Y en las aguas de la Península Valdés, examinando el mar con binoculares y a simple vista desde el mirador del sendero Arenal... Es que las ballenas, en pleno invierno, están por todas partes. No hay que salir a buscarlas, basta con querer verlas, y si es de noche –hay quienes caminan por el muelle al anochecer, o simplemente desde el bulevar costero– no se las ve, pero se las oye, con el bramido sordo que las caracteriza el expulsar su chorro de vapor en forma de V. Aquel que las distingue de cualquier otra ballena, como las distinguen sus callosidades, ese engrosamiento de la piel situado en la zona donde las personas tendrían cejas y barba, y que es la seña de identidad propia de cada ejemplar, la que permite el reconocimiento de parte de los biólogos y especialistas. Para las ballenas, no hay temporadas bajas y altas: desde que llegan, a fines de mayo, hasta que se van, a mediados de diciembre, son las reinas del Atlántico sur. Pero para los visitantes la ventaja de esta época es la menor afluencia turística, que facilita los avistajes embarcados y permite sentirse como un auténtico pionero en las desérticas tierras de la Península Valdés.

Cerro avanzado

Cerro avanzado
En las afueras de Madryn, cerro Avanzado es una de las mayores elevaciones de la región, con unos 100 metros sobre el nivel del mar. Lo suficiente como para brindar una vista magnífica sobre todos los alrededores, desde las playas del norte hasta Punta Ninfas, el lugar donde el Golfo Nuevo se comunica sobre el Atlántico. “Desde aquí arriba –explica Juani Domínguez, al volante de un 4x4 que permite internarse por el terreno en fuerte desnivel de cerro Avanzado– vemos toda la superficie del Golfo Nuevo, que se extiende sobre unos 2500 kilómetros cuadrados. Tiene unos 17 kilómetros de ancho, con unos 45 metros de profundidad promedio: hay que pensarlo como una gran pileta estancada, ya que sólo entre el tres y el cuatro por ciento anual del agua del golfo se renueva... Y a unos 80 kilómetros de aquí, en línea recta, se encuentra Puerto Pirámides. ”

El recorrido pasa por playa Kaiser, sobre una zona de médanos vivos que cada año se van desplazando por la fuerza del viento; sigue con un pequeño paseo sobre la restinga –una gran “plataforma de abrasión” donde la marea sube y baja constantemente, permitiendo un peculiar modo de vida anfibio y el desarrollo de pequeños bivalvos, lapas y caracoles “diente de perro”– y se detiene un rato en playa Paraná, uno de los sitios preferidos de la gente de Madryn para pescar distintas especies desde la costa. Más adelante, ya en la zona de cerro Avanzado propiamente dicho, llega el momento de comenzar una fascinante caminata interpretativa: paso a paso, se aprende a distinguir las diferentes especies entre la vegetación achaparrada y espinosa que a primera vista parece toda igual; se descubren simbiosis naturales como la de las avispas con una planta llamada “agalla”; se escucha que las plantas de jarilla no necesitan espinas para defenderse de los animales, porque su propia resina las vuelve demasiado amargas (y por eso mismo se echan las ramas de jarilla al fuego del asado, ya que genera un humo espeso que le da a la carne un sabor peculiar). “En las bardas –explica Juani– se ven dos colores muy marcados, que son la señal de dos ingresiones marinas en la Patagonia, hace millones de años. No se sabe si el continente se fue hundiendo o si subió el nivel del agua, pero la región estuvo cubierta por un mar durante 35-30 millones de años; fue lo que se llamó el ‘mar patagoniense’, que dejó pocos rastros fósiles.

La parte que estuvo cubierta es la que se ve más sombreada, en tanto la parte blanca son los sedimentos que se fueron acumulando en el fondo durante millones de años. Luego hubo otra ingresión marina, que abarcó desde Península Valdés hasta la provincia de Entre Ríos; la segunda franja superior más oscura es donde se acumularon los sedimentos de esta segunda invasión del agua. De este período es la mayor cantidad de fósiles que se pueden encontrar aquí. ” Le basta hundir apenas la mano en el suelo para sacar una ostra fosilizada, y luego otra, y otra más... También hay otros bivalvos petrificados, “dientes de perro”, dientes de tiburón y dientes de raya que han sobrevivido el paso de millones de años: el cañadón que horada cerro Avanzado es un verdadero tesoro paleontológico, un viaje a la prehistoria de la prehistoria donde también aparecen perdidos testimonios de los pueblos aborígenes que vivieron en la región, y dejaron sus puntas de flecha, sus boleadoras, y hasta sus hachas ceremoniales.

El paseo por cerro Avanzado se puede combinar con la visita a la lobería de Punta Loma, a pocos kilómetros del centro de Madryn, un apostadero permanente de lobos marinos donde en los últimos tiempos se está realizando en forma experimental el buceo y snorkelling con estos animales. “Los lobos son animales sociables y curiosos; les gusta interactuar. Y como desde hace tres años se realiza el buceo, ya hay tres generaciones de lobos marinos que saben que las embarcaciones no representan un peligro, de modo que están cada vez más atrevidos. Se acercan sin miedo y a veces hasta tocan o mordisquean el brazo del buceador como perritos”, cuenta nuestro guía, a medida que atardece y nos acercamos de nuevo al centro de la ciudad, cuyas luces ya brillan formando una amplia medialuna fosforescente sobre el golfo.

Avistaje embarcado. El gigantesco lomo de una ballena al alcance de la mano de los turistas

Ballenas, Ballenas

Al día siguiente, llega el esperado momento del avistaje de ballenas embarcado. Después de recorrer unos 110 kilómetros hasta Puerto Pirámides, y de haber visitado el nuevo centro de interpretación por donde se accede a la Península Valdés, exactamente frente a la famosa Isla de los Pájaros, se hace la hora de acercarse a la playa, subirse al semirrígido y adentrarse en el mar. Aunque es pleno invierno, el cielo está totalmente despejado y el Atlántico luce azul y brillante. “Estamos en una muy buena época para el avistaje: todo agosto, septiembre, parte de octubre. Han llegado todas las ballenas que tienen que llegar, y no se ha ido ninguna. A fines de octubre se empiezan a ir, hasta mediados de diciembre cuando se retiran los últimos ejemplares”, comenta Jorge Schmid, uno de los pioneros de las salidas embarcadas en Puerto Pirámides. “Me vine con un amigo en el año ’70 para 15 días de vacaciones, y ya hace casi 40 años que estoy aquí en Puerto Madryn”, agrega. En esos casi 40 años, los visitantes pasaron de siete a 115. 000 anuales... “Hay gente que hace casi 14. 000 kilómetros para venir a ver las ballenas”, subraya Schmid, y borra de un plumazo cualquier duda para recorrer los 1400 kilómetros que separan Buenos Aires de la Península Valdés.

Una vez en el agua, las ballenas cumplen: aunque cada avistaje es diferente –a veces se ven colas, a veces apareamientos, a veces saltos, y a veces simplemente “berenjenas flotando”, como definió con humor un turista español– tenemos la suerte de verlas como si estuvieran posando. A pocos metros de las embarcaciones, aceptan la presencia de la gente, se mantienen cerca de la superficie y se las puede ver junto a los ballenatos en escenas conmovedoras de cariño maternal. Además no están solas: un puñado de pingüinos algo desorientados nadan cerca de ellas, separados del grueso de aves que llegará a la reserva de Punta Tombo recién a fines de septiembre.

El mismo espectáculo, sorprendente también por su cercanía, se disfruta en las playas de El Doradillo, consideradas las mejores para hacer avistaje costero. Para Patricia, que es guía de turismo en Madryn desde hace años, es un lugar mágico: basta pararse al borde del mar para ver a simple vista las enormes ballenas a pocos metros de la orilla y escuchar el sordo bramido con el que se comunican. Desde Punta Flecha, unos metros por encima de la playa, se las puede ver y oír gracias al hidrófono instalado en un refugio de la Fundación Patagonia Natural: dueñas y señoras del océano, aunque ahora en creciente lucha con las abundantes gaviotas que las acosan sin cesar, emociona verlas en su hábitat como embajadoras de ese mundo marino cuya supervivencia depende de la acción responsable del hombre. No se puede sino recordar las palabras que se oyen en el Ecocentro de Puerto Madryn: “En el extremo sur, el Mar Patagónico es un mar vivo, enigmático, que baña las costas de la Argentina y parece interminable. Un volumen en movimiento, que sostiene la vida en la Tierra y nos afecta a todos”

Un salto de tonina overa donde rompen las olas frente a Playa Unión, en Rawson

Toninas overas

La arena de Playa Unión, en las afueras de Rawson, se ve desierta en esta época del año: es un contraste notable con los cientos de sombrillas multicolores que la invaden apenas empieza a hacer un poco de calor. Pero el agua está lejos de estar deshabitada, porque este es el lugar ideal para avistar toninas overas, el delfín blanco y negro típico de las costas del sur de la Argentina. El punto de partida de la embarcación es el puerto contiguo Playa Unión, donde algunos lobos marinos toman sol perezosamente mientras los guías van subiendo a los turistas equipados con capas impermeables y chalecos salvavidas. Es que la navegación, a diferencia de lo que sucede en Puerto Pirámides, es en mar abierto y durante la búsqueda de las toninas el movimiento del barco y el oleaje pueden causar un auténtico chapuzón. Rapidísimas, las toninas no tardan en aparecer: saltan con agilidad a pocos centímetros de las lanchas, se sumergen para volver a aparecer del otro lado y parecen jugar a las escondidas con las cámaras fotográficas de los pasajeros. Como con las ballenas, el capitán es el más atento y experto para distinguirlas sobre la superficie del agua. Pero a diferencia de otros avistajes, el de las toninas no está garantizado: la especie es más imprevisible y se mueve con más rapidez, aunque la mayoría de las veces no hay ninguna dificultad para verlas, después de no más de un cuarto de hora de navegación. En total, son casi dos horas desde la salida hasta el regreso al puerto, cuando llega la hora de disfrutar los recuerdos y las fotos tomando algo caliente frente al puerto mismo de Rawson.

Las playas de El Doradillo son consideradas las mejores para hacer avistaje costero

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 06/06/2011
Puerto Rico a fondo

Fuerte San Felipe de Morro

Un vistazo a las mejores playas y un tour por la Vieja San Juan que comienza de día y termina de noche, bien tarde, a ritmo de salsa


La escena es curiosa: en la enorme explanada que lleva al fuerte San Felipe de Morro, decenas de chicos remontan sus chiringas (barriletes), con un mar demasiado azul para ser real, vigilado celosamente por las fortalezas del Viejo San Juan de Puerto Rico.

No muy lejos de allí, las cruces del cementerio Santa María Magdalena miran el agua, estampadas entre la colina y el cielo. Ese mismo mar fue, hace siglos, escenario de feroces batallas entre quienes, en distintos momentos de la historia, pretendían ingresar a la bahía -españoles, holandeses, británicos, corsarios-. Hoy, el Viejo San Juan tiene las fortificaciones mejor conservadas del Caribe y, por la noche, despliega un menú inagotable de sitios para bailar salsa y beber el mejor ron sobre la faz de la Tierra.

Se dice que en Puerto Rico hay una festividad para todo: se celebra el Día del Plátano, de las Chiringas y hasta el Día de la Hamaca. En cierta forma, este dato ilustra el carácter alegre, alborotado y bromista de los boricuas, que se siente en todo momento mientras uno recorre la ciudad. También se sabe que tienen fama de cacheteros, denominación que conceden a aquel que exige descuento por todo y que siempre pide que le fíen. Una anécdota lo ilustra muy bien: todos los años, en Reyes, el gobernador de Puerto Rico regala juguetes a los niños más necesitados. "Vienen todos a las 5 de la mañana a buscar su juguete y no les importa pagar 15 dólares de estacionamiento ni hacer colas larguísimas frente a la casa del gobernador con tal de que les den algo gratis, aunque al fin de cuentas les costaría más barato en cualquier juguetería", bromea el fotógrafo Miguel Angel Fernández mientras recorremos el Viejo San Juan.

Casa Blanca

La fuente de la juventud
Esa vivienda frente a la que desfilan niños y cacheteros es, de hecho, uno de los atractivos de la zona, ya que fue la residencia -llamada la Casa Blanca- construida en homenaje a Juan Ponce de León, conquistador español de Puerto Rico y primer gobernador de la isla de San Juan, en 1510. Lo extraño de este hombre es que estaba obsesionado con la existencia de una isla, ubicada al Noroeste, de nombre Bimini, donde había escuchado que existía una fuente de la juventud. Incluso, en 1512 se marchó en busca de esa isla. No sólo no encontró la juventud, sino que la vida se le fue en esa empresa.

Si uno observa el Viejo San Juan desde el cielo se dará cuenta de que se trata de una gigantesca ciudad amurallada, repleta de cafés, galerías de arte, museos y tiendas sobre calles adoquinadas, con el punto más alto en el fuerte San Felipe de Morro. ¿Where is the morro?( ¿Dónde está el morro? ) es la frase con la que se divierten los boricuas para identificar a los turistas norteamericanos, con quienes, en general, parecen tener una muy compleja relación de amor y odio.

Lo mejor es comenzar el recorrido por el Old San Juan en La Casita, puesto de información de la Compañía de Turismo de Puerto Rico, al oeste del Muelle 1, frente a la bahía, y caminar dejando a la derecha los muelles de cruceros. Luego, pasando frente al hotel Sheraton, se sube hasta la plaza de Colón para llegar al fuerte de San Cristóbal, otra de las fortificaciones emblemáticas de Puerto Rico, levantada en 1783 para contrarrestar los ataques por tierra. Este castillo está compuesto por laberínticos fortines, trincheras y túneles que enloquecían al enemigo. Sus ocho grandes salones hospedaban hasta 212 soldados.

Siguiendo el recorrido por la calle Norzagaray se divisa, a lo lejos, el morro, construido en 1539. Para entender su historia hay que tener en cuenta que San Juan era la puerta al Nuevo Mundo y era asediada por constantes invasiones de flotas europeas. El morro fue edificado por soldados, esclavos e ingenieros, que convirtieron a San Juan en una fortaleza impenetrable, con una inexpugnable pared que rodeaba la ciudad y puertas que se cerraban al anochecer.

Recorrer el morro con el océano turquesa de fondo, filtrándose en los recovecos y entre las paredes, es imaginar los barcos armados hasta los dientes, intentando ingresar a la bahía bajo el rugir de los cañones. El pobre sir Ralph Abercrombie puede dar cuenta de lo mal que le fue en su intento de conquista de San Juan, en 1797. Derrotado, escribió en su bitácora que la ciudad pudo haber resistido diez veces más armamentos que los que él llevaba consigo.

Saliendo del morro y regresando a La Casita, el punto de partida, se pasa por la plaza de Beneficencia y otra vez por la Casa Blanca. Después es muy bonito bajar por la calle San Sebastián hasta la plaza San José y luego doblar a la derecha hasta la coqueta plaza de la Catedral, donde está la histórica catedral de San Juan, cuya construcción comenzó en 1521. En ella descansan los restos del conquistador Ponce de León.

Nuyorican Café

Después de hora
Todo lo que durante el día es un precioso paisaje colonial se transforma, por la noche, en un paraíso de barcitos, restaurantes y lugares para hangear (salir de farra, del inglés hang out). Un recorrido por el Viejo San Juan, pero esta vez bajo la luna, podría comenzar en el Nuyorican Café, en el callejón de la Capilla, donde se puede escuchar y bailar salsa, con un interesante mix de música electrónica muy experimental.

Si el programa es tomar un roncito para calentar motores, con un bocadillo para la ocasión, los bares imperdibles están sobre la calle San Sebastián: las barras preferidas son Nonos (con billar), La Tortuga y El Quinqué. En Dragonfly los tragos dulzones maridan muy bien (quién lo hubiese dicho) con una impensada fusión de comida asiática y puertorriqueña. Y muy cerca de allí, en el Toro Salao, las tapas resultan una maravilla. Hay que tener algo claro: en San Juan siempre habrá alguien dispuesto a llenar nuestros vasos con ron.

Los primeros martes de cada mes se realizan las Noches de Galerías, y los centros culturales permanecen abiertos hasta la madrugada, para acompañar la hangeada con un poco de historia. Dicho sea de paso, la piña colada también se las trae, sobre todo si se la bebe en el patio del Níspero, del hotel El Convento, sobre la calle del Cristo.

Pero ya basta de tragos, tapas y arte. Es hora de mover el esqueleto y participar de las clases de salsa en The Latin Roots, donde un viejito de 90 años con lentes negros -una suerte de Tony Soprano salsero y juerguista- saca a bailar todas las noches a las mujeres que se animan.

Para seguir la marcha es un buen consejo pasar de la salsa al reggaeton furioso que explota en Lazer, la disco del momento, siempre en el Viejo San Juan. Aunque también se puede tomar un taxi hasta Brava, en Isla Verde, la otra discoteca que causa sensación.

Así termina el recorrido de un día y una noche por lo más atractivo de San Juan. Y una cosa queda clara: la fama del ron puertorriqueño y de la alegría boricua está muy bien ganada.

Playa Flamenco

Una playa para cada día del año
Arenas blancas y aguas turquesas y templadas que brillan por la noche. Estos son los mejores puntos para relajarse al sol en la isla caribeña

Los puertorriqueños están orgullosos de tener playas en las que, a diferencia de otros destinos, como República Dominicana, los turistas no son prisioneros de un resort. La isla tiene muy buenos caminos y es segura en toda su extensión -se puede recorrer de Este a Oeste en menos de tres horas, y de Norte a Sur en una hora y media-, lo que permite explorarla libremente, sin estar atado a la pulserita del hotel ni a multitudinarias excursiones armadas.

Hay quienes dicen que las mejores playas de Puerto Rico están en la zona este del país, donde el Caribe se despliega en su máxima expresión, con aguas turquesas y tranquilas, bordeadas por corales. Las islas de Culebra y Vieques son dos de los secretos mejor guardados de este paraíso caliente, a las que se accede en barco desde el puerto de Fajardo o mediante una avioneta que demora 20 minutos desde San Juan. Muchas guías de turismo aseguran que, en este milimétrico cruce de coordenadas, se encuentran las costas, las bahías y los cayos más bonitos del planeta. Playa Flamenco, en Culebra, es una síntesis del edén que nos enseñaron de chicos, con un mar cristalino impreso entre el cielo azul y las colinas verdes, donde, de lunes a viernes, no se ve un alma. Si Vieques está un poco más desarrollada comercialmente, Culebra tiene un toque definitivamente bohemio. "Es la playa hippie de Puerto Rico", aseguran.

Bosque pluvial El Yunque

¡A brillar, mi amor!
Lo cierto es que pese a ese creciente desarrollo hotelero las arenas de Vieques también son solitarias y pacíficas, con la playa Sun Bay como insignia, donde los visitantes más asiduos son un puñado de caballos salvajes que asoman sin complejos sobre la orilla. En Vieques, que alberga parte del gigantesco bosque pluvial El Yunque -nominado para ser una de las nuevas siete maravillas-, uno de los mayores atractivos es la bahía luminiscente de Puerto Mosquito, una de las pocas que hay en el mundo, cuya principal característica es que resplandece a la noche como si se hubiera prendido fuego. La explicación científica es que en cada litro de agua de esa bahía existen 190. 000 organismos unicelulares fosforescentes que brillan cuando se los agita. Es una experiencia maravillosa deslizarse por esas aguas cuando cae el sol, porque los cuerpos brillan en el mar.

En la isla de Vieques ha desembarcado recientemente el primer hotel de la marca W del Sheraton, único en su tipo en el Caribe, con una inversión de 150 millones de dólares. Se trata de la línea boutique de la cadena y la noche cuesta desde US$ 300, aunque en la isla también hay otras opciones de posadas para pernoctar por menos de 100 dólares.

También en el este del país son fabulosas las playas aledañas a Fajardo, conocida como la metrópolis del Este. Allí está la Playa de Palomino, del Hotel Conquistador, y se puede acceder a los cayos de Icanos y Diablo, entre otros. El sitio es ideal hacer para paseos a vela, el snorkeling y el buceo. En Fajardo hay además una laguna luminiscente, imperdible por la noche.
Bucear y surfear

Puerto Rico es, para los buceadores, una meca a la que todos quieren llegar alguna vez. Si bien es cierto que la visibilidad bajo el agua es excelente en prácticamente toda la isla, el oeste y el sur del país ofrecen locaciones que merecen una mención aparte: por ejemplo, en la Porta del Sol (Oeste), con sus magníficos arrecifes de coral y las joyas submarinas que rodean Desecheo, una isleta deshabitada que tiene 24 lugares para bucear en un fondo rocoso, con una visibilidad de más de 30 metros. O en el Sur, donde los atractivos son la Reserva Nacional del Estuario de la Bahía de Jobos y la isla Caja de Muertos, en la costa de Ponce, que permite una aventura al estilo de la búsqueda del tesoro, con corales y una fauna marina colorida y deslumbrante. Todas esas películas y documentales que uno vio con gente nadando entre millones de peces de colores se hacen realidad al calzarse el snorkel y mirar hacia abajo. Un mundo paralelo se abre en cada una de las grietas de esos corales. Desde un enfoque borgiano, se podría aventurar que ese mar resume todos y cada uno de los mares del universo, en momentos pasados y futuros de la historia.

Pero lo máximo para los amantes del buceo es, probablemente, la Pared de La Parguera, en la costa sudoeste. Ubicada en la villa de La Parguera, se trata de una auténtica pared de 40 pies que desciende verticalmente hasta el fondo del mar. Quienes conocen el lugar pueden identificar unos 30 puntos en esta barrera, como Black Wall, Hole in the Wall, Efra´s Wall, y Fallen Rock, con sus inigualables jardines de coral.

En lo que respecta al surf, si bien muchos alaban las playas del norte del país -las olas de Hallow y Los Tubos-, en el oeste existe un paraje incomparable para los surfistas de pura cepa. Se trata de Rincón, un pueblo de 17. 000 habitantes con olas de hasta 10 metros en las playas de Sandy, Parking Lots, Little Malibu y Dogsman.

Para los que prefieren quedarse en San Juan y las playas de la capital, un par de recomendaciones: Escambrón e Isla Verde, balnearios públicos muy bellos, pero más poblados y con mayor infraestructura.

R estaurante La Casita Blanca

Pequeña guía gastronómica
La cocina boricua logró posicionarse como la más sofisticada y original del Caribe. Este es el top five de los mejores restaurantes de San Juan

Definir la comida puertorriqueña no es tarea sencilla. Influida por las inmigraciones europeas y africanas, así como por los originarios indios taínos y, más recientemente, por Estados Unidos, la comida boricua ofrece fusiones impensadas.

En San Juan es sorprendente la oferta de restaurantes de primer nivel, con la típica cocina criolla, pero también asiática, francesa, española e italiana. Lo que sigue son los cinco mejores sitios para comer en la ciudad de San Juan, según la opinión de Zain Deane, uno de los más reconocidos críticos gastronómicos del Caribe, consultado por La Nacion.

1. Pikayo: el chef Wilo Benet es conocido como un auténtico embajador de la cocina puertorriqueña por la mezcla de comida criolla con técnicas e innovaciones modernas, tanto en los sabores como en las presentaciones de los platos. El hombre es, realmente, un artista. Si visitan Pikayo no pueden dejar de probar el pegao de atún con una salsita de chipotle.

2. La Casita Blanca: este restaurante, ícono de Santurce (uno de los municipios de San Juan), es pura cocina del barrio, sin trucos ni fusiones. Escondido y lejos de la zona hotelera, es uno de los lugares favoritos de los sanjuaneros, que llenan el pequeño salón para probar platos típicos como el pastelón de carn y patitos de cerdo. El almuerzo del domingo tiene status de leyenda.

3. Delirio: aquí se luce el consagrado chef Alfredo Ayala, alumno de Joël Robuchon. Delirio ocupa un espacio íntimo en una casona antigua en el barrio de Miramar. La cocina es moderna y minimalista, y el ambiente romántico y sensual, con toques góticos.

4. Budatai: es el cuartel general del chef Roberto Treviño, una estrella que ha aparecido en programas especializados como The Next Iron Chef y en revistas internacionales del rubro como Bon Appetit. En Budatai, Treviño desarrolla una deliciosa fusión de cocina asiática y caribeña, con acentos globales. Se recomienda el churrasco con ho fun y los blinis de pato rostizado con wasabi y crema fresca.

5. Aguaviva: los cuatro restaurantes del grupo Oof! (Dragonfly, Aguaviva, Parrot Club y Toro Salao) son muy recomendables, pero el menú de Aguaviva merece una atención especial por su oferta de cebiches originales acompañados con tostones, ostras frescas y la antológica paella del Nuevo Mundo, hecha con cous-cous.

Vista aérea de San Juan