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Grupo de Tradiciones indígenas

Alejandra Almirón Cartier
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Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 24/07/2011

Gobierno boliviano evitará extinción de tribu Pacahuara en la amazonia


El Gobierno formará una comisión multidisciplinaria para evitar la extinción de la tribu Pacahuara y otras que habitan en la amazonia, informó el jueves la viceministra de Justicia Indígena Originaria Campesina, Isabel Ortega.


"Por denuncias en sentido de que algunas tribus como los Pacahuara, en peligro de extinción o suicidio fueron echados de sus tierras por las empresas madereras, nos movilizamos y por eso estamos invitando a varios sectores para ingresar a esos lugares", precisó a la ABI.


En ese marco, informó que ese despacho impulsó un taller en la ciudad amazónica de Cobija, para elaborar un documento sobre la situación de las tribus Tacana, Ese Eje, Caviñeños, Tacana Pacahuara, Yaminawa y otros de la amazonia.


Respecto a los Pacahuara dijo que un juez del departamento de Pando declaró a esa población como ilegal, presuntamente actuando a favor de las empresas madereras, que avasallaron su territorio, lo que habría ocasionada su aislamiento.



"Estamos preocupados que la tribu amazónica Pacahuara, de cinco familias en peligro de extinción, fue echada de su territorio, en el bosque a orillas del río negro", precisó.


La Viceministra Justicia Indígena Originaria Campesina anunció que después que pase la época de lluvias y rebajen los caudales de los ríos, la comisión multidisciplinaria ingresará a esas zonas para escuchar las necesidades de esa tribu, atender y hacer respetar sus derechos refrendados en la Constitución Política del Estado.






Alejandro Sosa
Ciencias medicas universidad nacional ...
Escrito por Alejandro Sosa
el 26/07/2011

Gracias Ale! Excelente debate!

Alejandra Almirón Cartier
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Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 26/07/2011

Pacahuara , Aislados, quedan once


HISTORIA. Esta cultura vive sus últimos días, aislada, en un territorio ajeno y casi forzado a fusionarse con otra etnia.

El siglo pasado estuvo a punto de ser aniquilada por siringueros


Bose Yacu es la última pacahuara que conserva rasgos de su cultura original. Ella es hija de la única familia que sobrevivió a la masacre ocasionada por siringueros, a orillas del Río Negro (Pando), a mediados del siglo pasado.


En pacahuara, su lengua originaria, Bose sabe relatar la historia de su pueblo. Con ayuda de un traductor y perturbada por su timidez, recuerda que su familia fue trasladada del Río Negro a Alto Ivon (Beni), donde habita otra etnia: chacoba.


Según el antropólogo Wigberto Rivero, que estudió a este grupo originario en la década del 80, el traslado de los pacahuara hasta Alto Ivon fue para salvar a la etnia. “Estaban siendo aniquilados como animales salvajes. Los siringueros los cazaban con rifles, como a fieras”, relató. Detalló que unos misioneros evangélicos norteamericanos los evacuaron e intentaron juntarlos con los chacobos, debido a la similitud de las lenguas que hablaban.


Bose utiliza los dedos de las manos para contar que, cuando emigraron a Beni, eran nueve los miembros de su familia.


De acuerdo al último censo indígena (validación de campo a 2003), los pacahuara son 25. EL DEBER llegó hasta su aislada aldea y constató la presencia de tres familias, que suman once personas. Es probable que los demás se hubiesen integrado completamente a los chacobos, justificó Wigberto Rivero.
A Bose la sorprendimos pescando, pero nuestra brusca presencia la ahuyentó del riachuelo que bordea su pueblo, cuyas aguas le proveen de sardinas pequeñas.


Es la única pacahuara que mantiene la nariz perforada, por donde atraviesa una tacuara pequeña que lleva dentro una pluma roja de tucán. Aún conserva el colorido collar de perlas de plástico que heredó de su progenitora y se sigue cortando el pelo tal como lo hacían sus antepasados (con cerquillo). Ella y su marido no tienen descendencia, habitan una rústica choza y crían a Shinu, una mona, además de cuatro perros visiblemente desnutridos y enfermos.


La pacahuara no supo explicar los motivos por los que no procreó hijos. Pero los estudiosos de las culturas indígenas tienen una interpretación a este tipo de casos.
El antropólogo Juergen Riester, que ha estudiado a los guarasugwe (otra etnia en extinción), sostiene que “los indígenas, en momentos de desesperanzas, dejan de reproducirse por voluntad propia”.


El día del Referéndum fue cuando EL DEBER llegó a la aldea pacahuara. De los once habitantes, el único que tiene cédula de identidad es el esposo de Bose, pero como es ajeno a todo lo que sucede en el mundo de los “blancos”, ese día el hombre se internó en la selva, de cacería.


“Es una etnia en franca extinción, su futuro está en riesgo. No pueden reproducirse porque son muy pocos”, advirtió Wigberto Rivero y explicó que para que un grupo originario garantice su reproducción normal, requiere tener como mínimo 150 habitantes.


Juergen Riester baraja dos alternativas cuando habla del futuro de esta tribu: “Es probable que desaparezca como cultura o que quede como chacoba”, opinó, aunque considera muy difícil la fusión de pacahuaras y chacobos pese a la similitud de las lenguas.


Este grupo originario no cuenta con ningún servicio básico y entre sus habitantes ronda el paludismo, enfermedad que tiene debilitada a la única niña que hay en el pueblito.


Rosmery, de once años, es sobrina de Bose. Habla sólo pacahuara y es huraña pero, al mismo tiempo, hospitalaria. La encontramos navegando en su rústica canoa y no dudó en acercarse a la orilla para transportar a los periodistas forasteros que pretendían llegar hasta su aldea. No se dejó arrancar ni una sola palabra.


La niña abandonó la escuela chacoba debido a su enfermedad. Sólo cuando la fiebre la atormenta, su madre la lleva a la posta sanitaria que hay en Alto Ivon.
Bose Yacu preserva algunos rasgos físicos, pero en general, los indígenas pacahuara han perdido sus hábitos culturales.


Desde que salieron de Río Negro nunca más volvieron a ser itinerantes (antes se trasladaban a distintos lugares de acuerdo a la actividad que querían hacer, como cazar, pescar, recolectar miel o frutos y rendir culto a sus dioses).



Eran expertos cazadores con flechas; ahora utilizan rifles y atrapan animales cuando pueden (antes lo hacían en determinadas épocas del año, cuando las presas estaba gordas). Uno de los valores que sobrevivió a los embates es la lengua pacahuara.


Esta etnia, junto a los guarasugwe, son las únicas que, de forma individual, no demandaron tierras ante el Estado boliviano, pero el pedido de títulos del territorio chacobo incluyó a la única comunidad pacahuara.


Chacobos y pacahuaras practican la agricultura de subsistencia (cultivan arroz, maíz, yuca y plátano); algunos crían animales domésticos (chanchos, ovejas y gallinas) para consumo propio y para venderlos o canjearlos por otros artículos.


Los chacobo aceptaron a los pacahuara


Los chacobo son poco más de 500 personas y tienen una aldea que alberga a la mayoría de sus 40 familias, aunque existen algunos grupos aislados de esa central. Presentaron una demanda de más de 400. 00 hectáreas de territorio y están a punto de lograr la titulación de 300. 000.


Caco Morán (58) recuerda bien cuando aceptaron el traslado de los pacahuara a su territorio. “Esa vez, (los líderes chacobos), se pusieron de acuerdo con los gringos para aceptar a los pacahuara”, relató el indígena.


La aldea chacoba cuenta con una posta de salud y una escuela primaria.








Alejandra Almirón Cartier
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Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 26/07/2011


LOS CHACOBOS

Antecedentes y organización Social:

Las primeras referencias sobre los Chacobos fueron realizadas por los cronistas del Siglo XVIII, quienes destacaron la existencia de sus "malocas" (grandes viviendas en las que vivían muchas familias).


Los Chacobos no experimentaron reducción misional alguna. En 1845 J.A. Palacios los encuentra en el río Mamoré. El 1868 Armentia los contacta sobre el río Ivon. Nordenskiold los describe el año 1909. En la década de los 60s tienen contacto con el ILV. Durante el auge de la goma (u el caucho), ellos son empleados como peones en condiciones desventajosas en todo sentido.



Actualmente, la estructura básica de la comunidad es la familia nuclear monogámica, preferentemente endogámica, de filiación y descendencia patrilineal, y residencia matrilocal.

Organización pólítica:

Antiguamente estaban liderados por un Cacique. Actualmente hay dos organizaciones: La Capitanía Grande Chacobo, estrechamente relacionada con los evangelistas, y la Subcentral Chacobo-Pacahuara reconocida por la CIRABO, apoyada por la CPIB y CIDOB.


También existe el Distrito Municipal Indígena Chacobo-Pacahuara, dependiente del municipio de Riberalta. Organización económical:

Durante varias décadas la recolección de la goma y la venta del látex fue un ingreso muy importante para la economía Chacobo.


En los últimos años se ha intensificado la explotación de la castaña, al haberse instalado en Riberalta una empresa procesadora y comercializadora de este producto (UNAGRO).


En 1989 los Chacobo de Alto Ivon organizaron una cooperativa con un almacén de acopio en Riberalta. En cuanto a sus actividades de subsistencia, al margen de la ya señalada, está principalmente la agricultura, cría de animales domésticos, caza, pesca y recolección de productos silvestres.


Simbolismo:

La mitología Chacobo tiene superabundancia de relatos que explican y justifican la existencia de todos los entes naturales y supernaturales.


El mito más generalizado es el referente a un personaje a quien se le atribuye la creación de muchas cosas. Cáco es el demiurgo que fue concebido por las relaciones sexuales entre una mujer Chacobo con un tigre. Cáco dio origen a los ríos.


El origen del ganado, que salió de las lomas de hormigueros, fue por mandato de Cáco. El origen de los Chacobo y de los bolivianos se encuentra en los tatúes que habitan la selva. Cáco ordenó que estos armadillos adquieran la forma de personas.


Es importante anotar que la cosmogonía Chacobo parte de un mundo ya creado, y que Cáco tiene solo una función de recreación.


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Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 31/07/2011

La problemática indígena del norte

Las culturas andinas han sido estudiadas a plenitud, las amazónicas no; el “qué hacer” para incluirlas, para saldar la deuda, tiene esa brecha.



Pae y Caco son dos niñitos del pueblo Chacobo, de cuatro y nueve años, que el año pasado en agosto no celebraron el aniversario patrio en su escuelita de Alto Ivon.


El 21 de julio murieron, el vómito y la diarrea segaron sus inocentes vidas, otros cinco niñitos, con similar cuadro diarreico, fueron arrebatados a la fatalidad.



La muerte recurrentemente ha signado la historia de estos pueblos. En la época de la fiebre del caucho, el genocidio eliminó físicamente a los indígenas y el etnocidio generó un caos tremendo en la sociedad originaria tradicional; la aculturación provocó procesos de desintegración, de agonía, de extinción, comprometiendo lengua y etnia.



Estas afirmaciones tienen sustento histórico y antropológico, cuyas evidencias constatan que se trata del mayor crimen cometido contra los pueblos indígenas del norte amazónico.



Para despojarlos de sus territorios que atesoraban el oro blanco del caucho, tuvieron que asesinarlos. Se ha estimado en 100 mil personas la población indígena antes de la llegada de los caucheros en 1870, ahora apenas llegan a 10 mil.



Para civilizar a los in-dío(sin Dios) les cambiaron sus deidades, desestructurando su cosmovisión mítico-religiosa. Es la síntesis trágica de una historia que no concluye. Pae y Caco —que en la mitología Chacobo es un ser que dio origen a los ríos y fue concebido del amor de una mujer y un tigre— testimonian que la muerte tiene en la intensidad de la pobreza su mejor aliado, con el agravante de atentado a la reproducción biológica de una etnia en riesgo de extinción.



Los pueblos indígenas del norte amazónico son: Chacobo, Ese Ejja, Tacana, Pacahuara, Cavineño, Araona, Yaminahua , Machinery; de los Toromona sólo existen referencias históricas( Dias Astete).


Después de haber sido pueblos libres y vigorosos, con alta capacidad de reproducción material y cultural en convivencia armoniosa con sus bosques, sus ríos y su asombrosa biodiversidad, han sido reducidos demográficamente por el rifle de repetición y enfermedades traídas por los colonizadores de origen europeo, para las que el sistema inmunológico indígena no había desarrollado anticuerpos.




Las marchas por la dignidad, el territorio, la Constituyente y otras acciones de envergadura afirmaron el respeto a su identidad y el reconocimiento del derecho colectivo a la tierra. La problemática indígena ingresó con fuerza en la agenda política nacional, brillantes intelectuales se encargaron de desnudar los contenidos coloniales de un Estado que se desarrolló contra lo indígena y cuya estructura no reconoció en su institucionalidad.





Las culturas andinas han sido estudiadas a plenitud, las amazónicas no; el “qué hacer” para incluirlas, para saldar la deuda histórica, social y política que el país tiene con ellos, tiene esa brecha y la del espesor demográfico, cultural e histórico que los muestra residuales frente a la valoración que gozan los pueblos aymara y quechua.



Ello incorpora riesgos de etnocentrismo. Las hegemonías son complejidades a la hora de formular políticas. No se trata de declararlos patrimonio cultural de la humanidad.


Indígenas, campesinos y zafreros han resistido los embates antiecológicos de la lógica depredadora del capitalismo salvaje, ahora les toca la construcción del modelo alternativo conectado a la economía mundial.



Los indígenas amazónicos están esperanzados en el tata Presidente y la Constituyente. La comunidad internacional está esperanzada en ellos, los considera guardianes del tesoro ecológico imprescindible para el planeta: la amazonia, que sin ellos, no es.

Alejandra Almirón Cartier
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Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 31/07/2011

Las primeras referencias que se tienen sobre los Chácobo han sido hechas por los cronistas que entraron por el lado de Mojos, probablemente en el siglo XVIII (ef. Chávez Suárez). En algunas de estas noticias se dice que los Chácobo vivían en las inmediaciones del lago Rogaguado y que desde allí habían tenido enfrentamientos con los Sirionó, Cayubaba y Movima, que ocupaban la parte central del actual Beni.



Durante la conquista del norte de Bolivia, por los explotadores de la goma elástica, los Chácobo fueron confundidos con varios grupos étnicos que habitaban la zona, pero que pese a pertenecer a una misma rama etnolingüística, guardaban entre sí diferencias considerables. De esta manera Antonio Vaca Díez, en un artículo publicado en 1888 en el Barracón Orthon dice que “los Chácobo son los mismos Pamas, Caripuna, Pacahuara y Sínabos”.



Heinz Kelm, considera que, el primero que da referencia comprobada sobre la existencia de los Chácobo fue Agustín Palacios en 1845, quien los encuentra en cercanías del lago Rogoaguado. En 1852, el teniente Gibbon de la marina de los Estados Unidos menciona que los Chácobo habitaban en la margen occidental del río Mamoré. Posteriormente en el año 1884, los Chácobo que vivían en las inmediaciones del río Ivon son visitados por el padre Armentia, igual que otro grupo que habitaba en el río Genes Guaya. En la crónica de su viaje, Armentia detalla que los Chácobo son un grupo bastante numeroso y que tiene bastante similitud cultural con los Pacahuara.



Así se puede establecer que los Chacobo. Se movían en un vasto territorio entre los ríos Beni y Mamoré, disputando con los Cayubaba los recursos naturales de las lagunas Guachunas y Rogoagudo, con quienes habían frecuentes peleas.



Parece que los Chácobo, nunca fueron reducidos en las misiones del Beni, de tal manera que la adopción de elementos de la “cultura de las misiones” fueron adquiridas indirectamente gracias al contacto con grupos que fueron reducidos.



Con el auge de la goma, muchos Chácobo murieron a causa de las enfermedades desconocidas para ellos, muchos grupos deciden internarse en lugares inaccesibles como los ríos Benicito y Yata.



La estructura básica de organización Chácobo de Alto Ivon es la familia nuclear, la misma que es ampliada por los parientes del hombre. La familia tiene como responsabilidad reproducirse biológicamente y transmitir la cultura; en lo económico la familia es la encargada de producir alimentos y almacenarlos para su posterior consumo.



La participación directa en la comunidad se hace a través de la familia nuclear. Los mecanismos de inserción social tipifican a los jefes de familia, quienes son los encargados de definir asuntos relacionados al bien común. Cada familia acepta la guía ética y práctica de los siri (ancianos), quienes en ciertas oportunidades pueden tener mucho poder en la comunidad.




Todas las actividades de la preparación de comida son hechas por las mujeres, traer alimento del chaco, cocinarlos, cortar y traer leña, acarrear agua. También el hilado fino es arte de las mujeres, pues ellas hacen hamacas, bandas para coletas de los hombres y adornos para los brazos, hacen la tinta para pintar sus cuerpos y para teñir el hilo, las mujeres además son encargadas junto a sus hijos, la recolección de frutas silvestres.



El cuidado de la casa y los niños es otro trabajo de responsabilidad para las mujeres. Ayudan también a sus esposos en la siembra y cosecha de los chacos. El trabajo de los hombres consiste en la construcción de las casas, desmonte y sembrado de los chacos, pesca y la caza. Además es actividad masculina, hacer bateas, canoas, sogas, recolectar frutas, telas de corteza, etc. Ahora los hombres han aprendido el trabajo del rayado de la goma.




Alejandra Almirón Cartier
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Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 03/08/2011

MAPA ETNOLINGÜISTICO

El Perú es uno de los países con mayor diversidad etnolingüística y cultural del continente americano. Sólo en la región amazónica que ocupa el 62% del territorio nacional, existen 42 grupos etnolingüísticos contactados al margen de los grupos que se encuentran en situación de autoaislamiento o de contacto esporádico (aproximadamente 7).


De acuerdo a las fuentes disponibles, el panorama es muy preocupante, ya que entre 1950 y 1997, se han ido extinguiendo 11 grupos, y actualmente tenemos 18 poblaciones indígenas en proceso de desaparición biológica y/o cultural, en buena parte por la falta de políticas orientadas a asegurar su supervivencia, en un contexto de avance implacable de la colonización cultural y económica que privilegia la extracción (legal e ilegal) de los recursos naturales y la colonización de corto plazo, no planificada, que desconoce el manejo sostenible de los ecosistemas, y avanza a costa de una rápida erosión y devastación del territorio.


Debemos añadir los siete grupos etnolingüísticos principales de la región andina cuyo origen está en dos troncos generales: quechua y jaqi-aru (aymara, cauqui y jacarú, estos dos últimos en vías de extinción). Mención especial merece la lengua mochica de la costa norte, aunque extinguida a inicios del siglo XX, aún perdura en 174 dicciones en el habla popular de la región.


Ofrecemos un mapa con información confirmada, quedando varios grupos (sobretodo en aislamiento y peligro de extinción) pendientes, por ser la información poco precisa.


A Auto denominación
FE Familia Etnolingüística
UG Ubicación Geográfica
P Población
V Vulnerabilidad


Pueblos extintos en 1950-97 (11)

Resígaro (FE: Arahuaca)
Andoque (FE: Huitoto)
Panobo (FE: Pano)
Shetebo (FE: Pano)
Angotero (FE: Tucano)
Omagua (FE: Tupi-Guaraní)
Andoa (FE: Záparo)
Aguano (FE: sin clasificar)
Cholón (FE: sin clasificar)
Munichi (FE: sin clasificar)
Taushiro (FE: sin clasificar)

Pueblos en aislamiento (7)

Kugapakori-Machiguenga (FE: Arahuaca)
Mashco-Piro/Iñapari (FE: Arahuaca)
Chitonahua (FE: Pano)
Maxonahua-Curajeño (FE: Pano)
Morunahua (FE: Pano)
Pisabo (FE: Pano)
Nahua-Yura (FE: Pano)

Pueblos en peligro de extinción (18)

Chamicuro (FE: Arahuaca)
Mashco-Piro/Iñapari (FE: Arahuaca)
Arasaeri (FE: Harakmbet)
Huachipaire (FE: Harakmbet)
Kisamberi (FE: Harakmbet)
Pukieri (FE: Harakmbet)
Sapiteri (FE: Harakmbet)
Muinane (FE: Huitoto)
Ocaina (FE: Huitoto)
Chitonahua (FE: Pano)
Isconahua (FE: Pano)
Marinahua (FE: Pano)
Mastanahua (FE: Pano)
Maxonahua-Curajeño (FE: Pano)
Morunahua (FE: Pano)
Pisabo (FE: Pano)
Nahua-Yura (FE: Pano)
Iquito (FE: Záparo)


Fuentes documentales

Región amazónica:
Brack Egg, Antonio; Carlos Yánez (coordinadores)
“Amazonia peruana. Comunidades indígenas, conocimientos y tierras tituladas. Atlas y base de datos”
GEF/PNUD/UNOPS. Proyectos RLARLA/92/G31,32,33
Lima, 1997

Región costa y sierra:
Ministerio de Agricultura; Instituto Indigenista Peruano
“Mapa etnolingüístico oficial del Perú”
Lima, 1994


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Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 03/08/2011
LOS Aguarunas( Los Nativos de la Selva )

Hay 72 grupos étnicos o comunidades nativas y aborígenes en el Perú y 65 están en la Selva, aquí algunas de ellas:
Aguaruna Bora Capanahua Chayahuita Candoshi-Murato Huitoto-MenecaHuitoto Murui Napo -Pastaza-Tigre Shipibo-Conibo Chamicuro Huitoto- Muiname Huambisa






Los 40. 000 aguarunas que viven en las selvas norte y central de Perú integran el grupo étnico más dinámico y mejor organizado del país, y sobreviven gracias a la caza, la pesca, la recolección de frutos y el cultivo de pequeñas parcelas.





Esta comunidad indígena ganó una siniestra fama en el pasado por su práctica de degollar a sus enemigos para reducir sus cabezas.






Expertos entienden que la solución al cruento enfrentamiento desatado ahora por la tenencia de la tierra es de difícil manejo para el gobierno de Toledo, que envió el jueves a esa zona a una delegación para tratar de buscar acuerdos.





Los aguarunas de San José poseen títulos de propiedad de las tierras que defienden y acudieron a la justicia en 1998, cuando comenzó la invasión por parte de colonos procedentes de las zonas andinas de Cajamarca. En sucesivas instancias judiciales, los aguarunas obtuvieron el reconocimiento de sus derechos, pero los colonos invasores desacataron las órdenes de desalojo.



Los Aguarunas son un pueblo pacífico son miles los turistas que visitan ha esta tribu que continua viva en la selva peruana ven y visita a nuestros hombres del agua
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el 12/08/2011

Amadeo, el último de los Taushiros

La selva en la que la gran nación de los Taushiro prosperó por miles de años se engulló su último pueblo, en la Quebrada Aguaruna, Alto Tigre, allá a mediados de los 90. La malaria, una enfermedad desconocida para los Taushiro hasta la llegada de los caucheros y ante la que resultaron ineficaces los remedios tradicionales, se llevó consigo a tres de los cuatro últimos Taushiro. Amadeo se salvó porque vivía en Intuto, capital del distrito de El Tigre, a día y medio en canoa aguas abajo de su pueblo, donde recibió tratamiento para la letal enfermedad.




A su antiguo pueblo se fue Amadeo por última vez para traer a su hermano enfermo, Juan, el penúltimo de la raza, quien había enterrado poco tiempo antes a su padre y a su tía. Allí quedaron cuidando las tumbas las decenas de perros que acompañaron a los Taushiro durante sus últimos años.


Dicen los cazadores que ocasionalmente visitaban la zona que los perros aullaron durante semanas al lado de las tumbas frescas, hasta que murieron de hambre, fieles a sus últimos dueños. Quizás los Taushiro criaban tantos perros para llenar el vacío de los niños que nunca volverían a corretear por las calles vacías de un pueblo fantasma.




Juan se había salvado de milagro de la primera embestida de la malaria que había acabado con su padre y su tía apenas unos días antes. José Hualinga, un cazador Kichwa-Alama que viajaba por el río Tigre, distinguió entre las brumas de la noche una canoa que bajaba al garete, aparentemente abandonada.


Cuando se acercó a mirar, descubrió en su interior a Juan, casi agonizante por la malaria. Lo llevó hasta Intuto, donde con el tratamiento de cloroquina consiguió recuperarse con gran dificultad.


Lo visité varias veces en casa de Amadeo. Hablaba apenas unas palabras de castellano, y no era muy conversador, pero me contó que, tiritando de fiebre de la malaria, y con las últimas fuerzas que le quedaban, había tenido que enterrar hacía unos días a su padre y a su tía; luego se había embarcado en su canoa y se había dejado llevar por la corriente de la Quebrada Aguaruna hasta el río Tigre, pensando que sería su último viaje.




Juan no podía acostumbrarse a la vida en Intuto y, a los pocos días, una vez recuperadas sus fuerzas, se volvió a su deshabitado pueblo en la Quebrada Aguaruna. En unos meses la malaria volvió a atacar y se llevó al penúltimo de los Taushiro. Hoy Amadeo es el último de raza pura y hablante del idioma Taushiro.




Cazador de otros tiempos

Intuto, 2008. La primera vez que vi a Amadeo, en enero de 1984, me impresionó mucho: venía caminando por una calle del pueblito de Intuto, alto Tigre, con la escopeta al hombro y con una chompa negra con cuello alto.


Me produjo una impresión de orgullo y dignidad que no es muy habitual entre los indígenas amazónicos. Yo sabía de él desde mucho antes, por el misionero español Tomás Villalobos, que trabaja en Intuto desde principios de los 70, y quien me había hablado mucho de Amadeo y de la triste historia de su pueblo, al borde de la extinción.




Amadeo tenía y tiene fama de gran cazador, y dada mi afición a la selva, aproveché sus conocimientos heredados de miles de años de sabiduría acumulada del pueblo Taushiro, para aprender sobre los animales y la selva.



Siempre me impresionaron sus conocimientos y su habilidad para detectar animales, identificarlos e interpretar sus, para mí imperceptibles, signos en el suelo del bosque y en los troncos de los árboles.




Amadeo me cuenta cómo cazaban tradicionalmente los Taushiro: “Entonces cazábamos con lanzas o rejones de pona los animales más grandes, sajino, huangana, sachavaca, y la pucuna con flechas envenenadas con ampiri (curare) servía para las aves y los monos“.


Para cazar a los sajinos y venados, los Taushiro también elaboraban una trampa cavando grandes hoyos en el suelo, en alguno de los caminos recorridos habitualmente por dichos animales, tan bien conocidos por ellos.


En el fondo ponían unas puntas de pona bien afiladas, en las que se clavaba el animal al caer al hoyo, cuya boca era disimulada con ramitas y hojas secas.




“Ahorita ya no puedo cazar con “pucuna” (cerbatana) y lanza, quedan pocos animales y son muy mañosos; ahorita sólo se puede cazar con retrocarga (escopeta de calibre 16) y bien al centro, caminando un día“, se lamenta Amadeo.


Luego rememora con nostalgia los viejos tiempos, cuando aprendió las artes de la caza y la pesca con su padre y con sus tíos. Le emociona particularmente revivir las cacerías de huangana y sajino, cuando varios hombres arreaban a las manadas de estos agresivos animales hacia la fila de cazadores que esperaba con sus lanzas listas para atravesar con habilidad a los animales a medida que pasaban despavoridos por su lado.


Y recuerda la alegría en el pueblo cuando llegaban los cazadores cargando los pesados animales a hombros; ése era un día de fiesta, en que todos comían carne hasta saciarse, durante varios días.



Amadeo, quizás como un gesto de conexión con un pasado que sabe no volverá, ha seguido fabricando ocasionalmente lanzas de pona, pucunas y gargajos con sus virotes, que me envía a Iquitos; a cambio, le envío algunas cosas que necesita, como ropa, cartuchos, pilas, machetes, etc.




Amadeo también recuerda muy bien la abundancia de animales y de maderas en la selva cuando era joven, y las hermosas canoas que hacían de cedro e, incluso de caoba, que duraban décadas.


“Los Taushiro cuidaban el bosque, porque el bosque nos daba de comer. No talábamos los árboles como hacen ahora los mestizos para juntar sus frutos; los Taushiro eran muy buenos escaladores, subían incluso los árboles grandes, como leche caspi y charichuelo“, me cuenta.




Con pena me informa que los árboles gigantes de leche caspi que dieron de comer por años a los Taushiro en los alrededores de su último pueblo fueron posteriormente derribados por cazadores de la comunidad “28 de Julio”, en el río Tigre.



Otros árboles de maderas finas fueron extraídos de la quebrada Aguaruna por los madereros de Intuto y Nauta, y los animales exterminados por los cazadores profesionales que se lucraron vendiendo sus pieles, dejando a veces pudrir su carne en el monte.


Hoy el bosque de los Taushiro está, como muchas otras regiones de la selva peruana, depredada y casi vacía de animales grandes y maderas finas, y es difícil encontrar un árbol decente para hacer una canoa. Para cazar un sajino o una huangana los cazadores tienen que internarse en la selva durante varios días.




El mijano, o migración de los peces a principios de la vaciante, es también algo que Amadeo recuerda muy bien, así como la fiesta que significaba para su pueblo la abundancia de pescado. Hoy apenas se puede encontrar peces pequeños en cantidades pequeñas.


El río fue contaminado por las compañías petroleras, que tienen pozos en el alto Tigre y el Corrientes desde los años 70, y las grandes redes de nylon de los pescadores comerciales ayudaron a acabar con esa riqueza.




De Amadeo sus hijos


Amadeo tuvo cinco hijos con Margarita Machoa, una indígena Kichwa-Alama, que luego le dejó; según se dijo en ese entonces, la razón que dio es que Amadeo era “auka”, indio, porque los suyos recién tuvieron contacto con la civilización y “mudaron ropa” en los años 40.


Una misionera-lingüista evangélica, del Instituto Lingüístico de verano - ILV, que había trabajado con los Taushiro en los años 80, cuando retornó a Puerto Rico le pidió a Amadeo que le encomendase sus hijos pequeños, a los que llevó a su país.



Se esfumó entonces la última esperanza de que alguien aprendiese y hablase el idioma Taushiro. Los muchachos fueron criados en un ambiente ajeno a la Amazonía y al pueblo Taushiro, y lo que habían aprendido del idioma de su padre en sus primeros años pronto lo olvidaron en las calles de San Juan de Puerto Rico.


Su conexión con su padre era a través del Hno. Tomás Villalobos, y algunas cartas esporádicas. Cuando llegaron a la adolescencia, dos de los muchachos (Jonathan y Daniel) resultaron tan inmanejables para la misionera portorriqueña que los devolvió a Intuto. Los conocí entonces, con unos 14-15 años. Villalobos los aceptó en su internado para jóvenes indígenas en Intuto, donde tuvieron serios problemas para adaptarse.




Un día fui a visitar a Amadeo en su casita, donde vivía solo en un extremo del pueblo.


Me habían dicho que estaba bastante enfermo. Efectivamente, no sólo estaba enfermo, estaba muy deprimido.


Desde su desvencijada tarima de pona, me habló llorando de sus hijos, que no querían ni ir a verle, que no le ayudaban en nada, que no querían prácticamente saber nada de él, ni de su origen Taushiro, ni de su idioma ni de su cultura. Me sentí tan extremadamente acongojado, que también lloré con él: en aquel hombre macilento, empequeñecido por la enfermedad y el modesto entorno de un tambo a punto de desmoronarse, estaba resumido el ocaso del antiguo pueblo Taushiro. Sentí en esos momentos el inmenso dolor que probablemente sentía ese hombre, el último de los Taushiro, de pensar que con él definitivamente se acababa la saga de su pueblo, una historia antigua e irrepetible.



Sentí el inmenso dolor, el milenario dolor de un hombre que resumía en su figura empequeñecida el dolor de un pueblo agonizante, que no tenía ya con quien conversar en su propio idioma, y que sabía que nunca lo tendría, que nunca más vería a una nueva generación, ni siquiera a un bebé, balbuceando sus primeras palabras en el idioma Taushiro y aprendiendo las leyendas de sus antepasados.





Llamé a sus hijos y, delante de la cama de su padre enfermo, con la autoridad que me daba la amistad que me unía con él y mis años de trabajo social en la zona, les increpé su comportamiento y les insté a ayudarle, a reparar el techo del tambo, que estaba totalmente desportillado. Les hice prometer que lo visitarían frecuentemente, que tratarían de aprender el Taushiro de nuevo con él. Me escucharon silenciosos, cabizbajos, aceptaron a regañadientes que tenía razón, pero no me quedé muy convencido de su compromiso. Luego su padre me contó apenado que las cosas seguían casi como antes.



Sus hijos pronto siguieron sus propios caminos y apenas tienen una relación esporádica con su padre. Uno se fue a Lima, otro vive en el río Tigre todavía, y el resto sigue en Puerto Rico. Amadeo me dice que siente mucha pena por ellos, y que no quiere morir sin ver a sus hijos reunidos por última vez.




Amadeo y la Biblia


Una de las últimas conexiones con su pueblo y con su idioma estuvo, curiosamente, en la Biblia. Amadeo, que no tiene ya con quien conversar en su propio idioma, se refugiaba en la lectura del Nuevo Testamento en Taushiro que tradujeron hace años los lingüistas del ILV, los que también le enseñaron los rudimentos de la lectura.



Todos los días, como si de un ritual sagrado se tratase, se calzaba con cuidado sus lentes de aumento y leía algún fragmento de su destartalado pero precioso libro, rememorando quizás otros tiempos de largas conversaciones en Taushiro con su gente.



En 1997 un amigo común en Intuto, Jorge Coral, me comunicó por radio desde Intuto que se había producido una desgracia: Amadeo había perdido sus preciados lentes de leer, no podía leer su Biblia y estaba muy triste. Me pedía que le enviase desde Iquitos unos nuevos. Obviamente esto no era posible, necesitábamos saber las medidas de su vista, así que no quedaba otra que Amadeo bajase a Iquitos a medirse la vista. Conseguimos convencerlo de que viajase en la siguiente lancha, acompañado con nuestro común amigo Jorge Coral.





Amadeo se alojó en mi casa. Al día siguiente le pregunté qué tal había descansado, y me confesó que no pudo dormir en la cama (que tenía un colchón de resortes) y había tenido que dormir en el suelo, ya que estaba acostumbrado a dormir sobre un simple emponado (piso de tronco de palmera). El calzado fue otro problema: Amadeo siempre había caminado descalzo y, para ir al monte de caza, con botas de jebe. Para ir al oculista le presté unas zapatillas deportivas, pero sus anchos y encallecidos pies no se acostumbraban, y luego de caminar unos metros se las tuvo que sacar y caminar descalzo: prefería quemarse las plantas con el cemento calcinado por el sol que torturar sus pies con las zapatillas.




Le conseguí unos nuevos lentes el mismo día, pero se sentía tan incómodo en la ciudad, que a cada rato preguntaba por la lancha para Intuto, que se demoró varios días en zarpar. Cuando por fin se embarcó para Intuto, juró no volver a la ciudad jamás.




Hoy Amadeo ya no cuenta más con ese su último vínculo con el idioma Taushiro. La humedad y el comején, que devoraron las últimas casas y las cruces de las tumbas de sus parientes en Aguaruna, acabaron destruyendo su preciado Nuevo Testamento en Taushiro.


La última batalla de los Taushiro



Como muchos otros pueblos indígenas que fueron en el pasado autónomos y controlaron un extenso territorio, los Taushiro tuvieron su época de autonomía y gloria, pero fueron doblegados por la sociedad occidental y sus “adelantos” de oropel


Allá por los años 50-60, cuando todavía los Taushiro contaban con varias decenas de familias, y deseosos de “mudar” ropas occidentales y acceder a herramientas y otros bienes de consumo, tuvieron su “patrón”, como se estilaba en la época entre los indígenas, llamado Felipe Vásquez. Éste les hacía trabajar duro, sacando madera, pieles de animales u otros productos selváticos, a cambio de proveerles de algunos bienes occidentales como sal, fósforo, ropa y querosene.




El Hno. Tomás Villalobos, que conserva en su memoria algunas de las últimas historias sobre los Taushiro escuchadas de ancianos hoy fallecidos, cuenta que este patrón era bastante mala gente, maltrataba a los indígenas y abusaba cuando quería de las jóvenes, e incluso de las mujeres casadas.



El último Apu o jefe de los Taushiro, cansado de sus abusos, agarró un día una lanza de pona de unos tres metros, de las utilizadas para cazar sajinos, y se la enterró en el pecho. Para suerte del patrón, la lanza se clavó justo en el esternón, pero tan firmemente que no pudieron sacársela. Le cortaron el mango y le evacuaron a Iquitos en un viaje de varios días en un bote con motor “peque-peque”, para que se la extrajesen con una operación quirúrgica. En Intuto todavía hay gente anciana que recuerda la escena del patrón con el pedazo de lanza enterrada en su pecho. Por supuesto, no volvió a explotar a los Taushiro, pero esto no evitó su decadencia.




Ésta fue la última batalla de los Taushiro, el último gesto de rebeldía de un pueblo doblegado por la avasalladora civilización occidental. Las enfermedades, la emigración de jóvenes en busca de “mejores oportunidades”, los matrimonios mixtos, sobre todo de las mujeres, con hombres de otras razas y culturas, acabaron por reducir a los Taushiro a una sombra de lo que fueron.




Todavía algunos ancianos Alama de Intuto recuerdan los primeros encuentros con los Taushiro a principios de los años 40. Cesáreo Hualinga, Félix Palla y otros Alama del pueblo de Bolognesi (en el alto Tigre), entonces jóvenes, raptaron a cuatro jovencitas Taushiro, después de emboscarlas en el bosque, aprovechando del poder que les daban sus escopetas frente a las lanzas y pucunas de los “aukas”.



De ellas, que nunca volvieron a su pueblo en la Quebrada Aguaruna, tuvieron numerosos hijos, hoy adultos. Sin embargo, la mayoría son inconscientes de su origen y nadie tiene noción ni del idioma ni de la cultura Taushiro. Varios de los primos y otros parientes de Amadeo emigraron posteriormente a Intuto y otros pueblos cercanos, y hoy sus genes están mezclados en varias familias de los ríos Tigre y Corrientes, pero el gran pueblo Taushiro, como raza y como cultura, quedó reducido a un solo hombre, Amadeo García. Del encuentro con la sociedad occidental les quedó a los últimos Taushiro el apellido García: era costumbre entre los indígenas, cuando se bautizaban, ponerse el apellido del hombre blanco o mestizo que les apadrinaba…




Una tenue esperanza: ¿Quedarán también Taushiros entre los Aukas?


Amadeo nunca perdió la esperanza de encontrar un último relicto del pueblo Taushiro entre alguno de los pequeños grupos indígenas que todavía viven en aislamiento voluntario en la frontera entre Perú y Ecuador, los que son conocidos en la zona del Tigre como los “calatos” (=desnudos) o “aukas” (=salvajes, en Kichwa-Alama).



La esperanza reverdeció cuando un joven Alama del internado de Tomás Villalobos trajo a Intuto una pequeña tinaja de barro que había encontrado con su padre en un tambo abandonado de indígenas “aukas” cerca de la frontera con Ecuador. Esta tinaja era muy similar a las toscas tinajas que fabrican los Taushiro.




Por un tiempo, a mediados de los 90, planificamos con Amadeo una expedición a esta zona para averiguar si se trataba de Taushiros, pero luego rechazamos la idea por los riesgos que implicaba, no sólo para nosotros (es conocida la agresividad de los indígenas aislados contra foráneos) sino para ellos, debido a la susceptibilidad que tienen para enfermedades transmitidas por foráneos. El recuerdo de lo que había pasado recientemente con la malaria a los tres parientes más cercanos de Amadeo nos convenció aún más de dejar las cosas como estaban.




Sin embargo, el Gobierno peruano no quiere aceptar que estos indígenas existen, y ha rechazado la creación de una Reserva Territorial para Indígenas en Aislamiento Voluntario propuesta para esta zona por la organización indígena Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP). Son muchos los intereses en juego en esta región: aquí se encuentran quizás los mayores yacimientos de petróleo en territorio peruano, y las compañías petroleras (Barret inicialmente, hoy Perenco) ya están planificando la construcción de un oleoducto para transportar los millones de barriles de crudo descubierto recientemente entre la cuenca del Curaray y la del Pucacuro (Lote 67).




Se dice que REPSOL también habría encontrado grandes reservas en el Lote 39, que cubre prácticamente toda la propuesta de reserva territorial presentada por AIDESEP. Recientemente un juez de Iquitos falló en contra de la acción de amparo presentada por esta organización contra el Estado Peruano en defensa de los indígenas en aislamiento voluntario.


Curiosamente, nadie de los pobladores locales que han visitado estas zonas, madereros y cazadores, tanto en el Curaray y Arabela, como en el alto Tigre y Pucacuro, dudan de la existencia de estos grupos indígenas aislados, y se ríen cuando los petroleros dicen que nunca los han visto. “Con la bulla que meten por el monte, y con lo hediondos que son esos shishacos, qué les van a esperar los aukas”, he oído que comentan algunos burlonamente… Pero esto no les importa ni al Estado peruano, que sigue negando su existencia y no hace esfuerzo alguno por investigar y verificar los indicios presentados por AIDESEP.



Actualmente el Pucacuro es una zona reservada, creada por el INRENA a propuesta del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP), que impulsó actividades de conservación y desarrollo sostenible en la zona en años pasados. Ambas instituciones, con fondos de Finlandia, están iniciando ahora un proyecto de apoyo a la implementación de esta joven área protegida y de apoyo a las comunidades locales vecinas, y Amadeo será sin duda un gran aliado en este trabajo.




Amadeo sigue soñando que algún día aparecerá un grupo de Taushiros de los “aislados” y podrá volver otra vez a conversar en su idioma con su gente.


Sueña con que quizás volverá a participar de nuevo con su gente sus añoradas partidas de caza de sajino y huangana, y volverá a utilizar las lanzas de pona y los virotes cebados con ampi, que ahora labra con tanto mimo, a sabiendas que nunca serán utilizadas en un animal. Sueña con que su pueblo volverá a tener un territorio propio, lleno de animales y de maderas finas para sus canoas, con quebradas llenas de peces, con pueblos llenos de niños alegres correteando por sus calles y escuchando las historias de los antiguos de la boca de los abuelos en idioma Taushiro.


Quizás en el alto Pucacuro, donde es posible que el Estado peruano reconozca en el futuro la existencia de los indígenas en aislamiento voluntario, o quizás en el curso medio del río Tigre, donde todavía hay extensos bosques de libre disponibilidad, antes de que el prurito del “desarrollo” se los entregue a compañías madereras o los transforme en plantaciones de palma aceitera…




El hecho de que el alto Pucacuro esté ahora protegido legalmente representa una tibia esperanza para Amadeo, que me comentó un día: “Aunque yo nunca les encuentre, de repente quedan algunos Taushiro por la frontera, y algún día volverá mi pueblo a vivir como antes en estos montes“.




Indígenas amazónicos, un exterminio anunciado


Desde la llegada de los Españoles al Perú a principios del siglo XVI, los indígenas amazónicos, acosados por enfermedades foráneas para las que no tenían defensas, y por explotadores de todo tipo, han ido perdiendo territorios y población hasta quedar reducidos a una fracción de lo que fueron.


El P. Manuel Uriarte, jesuita que trabajó en las reducciones del Marañón a mediados del siglo XVIII, calculaba en más de un centenar los pueblos indígenas con lengua y cultura diferentes que habitaban los dominios de la Misión Jesuítica (aproximadamente la mitad de lo que hoy es el departamento de Loreto).




Hoy quedan 57 grupos indígenas (etnias) en toda la Amazonía peruana. Varios de ellos, además de los Taushiro, se encuentran al borde de la extinción como pueblo; otro caso dramático es el de los Resígaro, en el bajo Napo, de los que quedan sólo apenas tres personas ancianas hablantes del idioma. En el Perú entre 1950 y el 2000 desaparecieron 11 pueblos aborígenes amazónicos. En el año 1500, a la llegada de los primeros europeos, se calcula que había unos 2,000 pueblos o naciones indígenas en toda la Amazonía continental. En el año 2000 quedaban menos de 400.




Los Taushiro son uno de esos pueblos de cuyo idioma no se conoce filiación alguna (no pertenecen a ninguna familia lingüística), al estilo del vascuence en España. Son lenguas llamadas “aisladas”, un misterio en términos lingüísticos.



En 1950 había 50 hablantes de Taushiro, en 1960, apenas quedaban 20. Un investigador relata que en 1975 todavía quedaban 8 niños en la comunidad Taushiro de la quebrada Aguaruna. Varios de ellos se casaron con indígenas Kichwa o con mestizos, y sus hijos ya no hablaron el Taushiro. Aunque los genes Taushiro están regados por varias familias indígenas y mestizas en las cuencas del Tigre y del Corrientes, su cultura, su idioma, los conocimientos sobre el bosque acumulados y atesorados por cientos de generaciones y miles de años, y todo aquello que les dio identidad desaparecerá probablemente con Amadeo, el último Taushiro puro.

Alejandra Almirón Cartier
Artes visuales y diseño gráfico public...
Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 15/11/2011

LOS CHAVANTI (Brasil)



Se compone por 9. 600 individuos aproximadamente, ubicados en la zona oriental del Mato Grosso, en el país de Brasil. Son alrededor de 60 aldeas en las que esta cultura se distribuye. Hablan la lengua Chavanti, perteneciente a la familia linguística del Jé.

El primer intento de pacificar a los Chavanti ocurrió en el siglo XIX, cuando el gobernador de la provincia de Goiás cercaron a muchos indígenas de esta tribu en el área natural donde se desenvolvían, instalando aldeas compuestas por otras tribus y grupos no-indígenas. Los Chavanti se molestaron ante eso, sin embargo, evitaron un enfrentamiento y se internaron en la jungla.

Fueron re descubiertos en 1930. Desde el 46 al 57, fueron oprimidos bajo la dictadura de Getulio Vargas, quien llevo a cabo el Programa de Integración Nacional, causándoles masacres y muertes, bajo el pomposo nombre de pacificación e integración. Debido a esta traumática etapa, en los Chavanti nació un fuerte rechazo en contra del hombre blanco. Casi al final de los 50, esta tribu decidió emigrar al Mato Grosso, pues ya habían empezado a ser occidentalizados, y tenían miedo de perder sus costumbre, siendo la última de las grandes tribus del Brasil en iniciar un contacto regular con el mundo exterior, reconociéndoles sus derechos y demarcándoles territorialmente su territorio, aunque ya no tan vasto como lo fue en los tiempos de antaño.

Los Chavanti son personas muy ensimismadas, agresivas y orgullosas. Se han hecho muy reconocidos por tener una estructura social dual. Existen dos clanes o tribus, Los Awaw y los Poreza ono, los cuales componen esta cultura. Los casamientos sólo están permitidos entre miembros de distinto clan. Aún en la actualidad sienten un rechazo al hombre blanco, debido a los vejámenes sufridos, por lo cual tratan con mucha cautela y desconfianza a cualquiera que no sea de la tribu.

Una aldea tradicional está compuesta por chozas en forma de herradura, dando siempre la puerta de entrada hacia al río. El lugar donde la mujer manda es en el hogar. El dominio del hombre son los lugares de encuentro en el centro de la aldea, donde se toman todas las decisiones importantes a través de un encuentro diario, en un concilio.

Los Chavanti son conocidos también por sus complejos rituales de iniciación entre los jóvenes; a los catorce años se les insertan pequeñas varas de madera en el lóbulo de la oreja. Cada año que pasa, la abertura que hacen estos adornos se van incrementando más y más hasta el fin de sus vidas.

El canasto para los bebés es un utensilio muy curioso, utilizado por las mujeres de la tribu. Se trata de un canasto extremamente pesado para llevar a los recién nacidos. Estos transportadores tienen unas correas que se ponen cruzadas por delante, mientras que el canasto queda por la espalda, dejando las manos totalmente libres a las mujeres, permitiéndoles realizar otras tareas.


Alejandra Almirón Cartier
Artes visuales y diseño gráfico public...
Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 05/02/2012

El legendario Cacique Raoni recibe el título de ciudadano honorario de París

El Cacique Raoni recibió el título de ciudadano honorario de París. Él está en Francia, en campaña para la suspensión de las obras de la represa Belo Monte. El Ayuntamiento de París dijo que la elección se hizo sobre la base de la acción Raoni en defensa de la selva amazónica y los pueblos indígenas de Brasil.

El Cacique Raoni es el 12° ciudadano honorario de París.

Está en la capital francesa desde la semana pasada. El Cacique Raoni cuenta con el apoyo en la campaña contra Belo Monte de actores como Marion Cotillard, Vincent Cassel, y el director James Cameron de la película Avatar.

Al recibir el título, llevaban traje indio. El Cacique Raoni planea permanecer en París hasta el próximo mes.

La semana pasada, al llegar a París, recibió una lista de más de 100,000 firmas en apoyo a la detención de las obras de Belo Monte. La petición fue lanzada hace cerca de un año por los responsables del sitio web “Raoni. Com”.

La construcción de la planta hidroeléctrica fue objeto de advertencias de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA). El organismo multilateral llamó a la suspensión inmediata del proceso de concesión de licencias de Belo Monte. Pero en junio, el gobierno de Brasil obtuvo nuevamente una licencia para continuar las obras.

Raoni y los representantes de los pueblos indígenas del Xingu (Brasil) piden apoyo internacional contra el proyecto de presa hidroeléctrica de Belo Monte

Raoni y los representantes de los pueblos indígenas del Xingu (Brasil) piden apoyo internacional contra el proyecto de presa hidroeléctrica de Belo Monte

Firma de la petición de Raoni

Nosotros, el pueblo indígena de Xingu, no queremos de Belo Monte. Nosotros, el pueblo indígena de Xingu, luchamos por nuestro pueblo, nuestra tierra, sino también para el futuro del planeta. El presidente Lula dijo que estaba preocupado por los indios, que estaba preocupado por el Amazonas, pero que no quería que las ONGs internacionales se opusieran a la presa de Belo Monte. No somos ONG internacionales. Nosotros, los 62 líderes indígenas de las aldeas de Bacajâ, Mrotidjam, Kararaô, Terra-Wanga, Boa Vista Km 17, Tukamâ, Kapoto, Moikarako, Aykre, Kiketrum, Potikro, Tukai, Mentutire, Omekrankum y Pokaimone Cakamkubem, ya hemos sido objeto de muchas invasiones y enfrentado muchos peligros.

Cuando los portugueses llegaron a Brasil, nosotros, los indios, ya estabamos aqui y muchos murieron, muchos han perdido sus vastos territorios, la mayor parte de sus derechos, muchos han perdido parte de su cultura y otros han desaparecido completamente.

El bosque es nuestra tienda, el río nuestro mercado. No queremos que los ríos de Xingu sean invadidos, que nuestros pueblos y nuestros hijos que seran criados de acuerdo con nuestras costumbres, esten en peligro. No queremos la represa hidroeléctrica de Belo Monte, porque sabemos que solamente traera destrucción. No pensamos sólo a nivel local, pero a todas las consecuencias destructivas de la presa: que atraerá más negocios, más explotaciones, promoverá la invasión de nuestras tierras, conflictos e incluso la construcción de nuevas presas. Si el hombre blanco continúa así, todo será destruido muy rápidamente. Nos preguntamos: “ ¿Que mas quiere el gobierno? ¿De que sirve tanta energía después de tanta destrucción? ”

Ya hemos organizado numerosas reuniones y hemos participado a grandes encuentros para oponernos al gran complejo de Belo Monte, como lo hicimos en 1989 y 2008 en Altamira, y en 2009 en el pueblo de Piaraçu donde muchos de nuestros líderes estaban presentes. Hemos hablado personalmente con el presidente Lula para convencerle de que no queremos de la presa y nos prometió que no se nos será impuesta. También hablamos personalmente con Eletronorte y Eletrobras, con la FUNAI y el IBAMA. Ya hemos advertido al gobierno que si el proyecto de presa se lleva a cabo, la guerra se declarara y el tendrá la responsabilidad. El gobierno no ha entendido nuestro mensaje y, de nuevo se ha burlado de los pueblos indígenas, asegurandoles que construiría la represa a toda costa. Cuando el presidente Lula dijo esto, él demostró que él no hizo caso a la voz de los pueblos indígenas y que no reconoce nuestros derechos. Su falta de respeto le llevó a planear la licitación de Belo Monte durante la Semana de los pueblos indígenas.

Debido a esto, nosotros, los indios de la región de Xingu, hemos invitado a James Cameron y su equipo, los representantes del Movimiento Xingú para Sempre (y el movimiento de mujeres, ISA, AmazonWatch, CIMI y otros). Queremos que nos ayuden a comunicar nuestro mensaje al mundo y a los propios brasileños que aún no saben lo que está sucediendo en el Xingu. Los invitamos porque sabemos que hay muchas personas en Brasil y en otros lugares que quieren ayudarnos a proteger nuestros derechos y territorios. Estos son los bienvenidos entre nosotros.

Luchamos por nuestro pueblo, nuestras tierras, nuestros bosques, nuestros ríos para nuestros hijos y la gloria de nuestros antepasados. También estamos luchando por el futuro del mundo porque sabemos que estos bosques son tan beneficiosos para los pueblos indígenas como a la sociedad brasileña y del mundo. También sabemos que sin estos bosques, muchas personas sufrirán mucho más que toda la destrucción que ocurrió en el pasado. Todo en la vida está interconectado, como la sangre que une a las familias. El mundo debe saber lo que está sucediendo aquí, debe darse cuenta que la destrucción de los bosques e indígenas significa su propia destrucción. Por estas razones no queremos Belo Monte. La presa significa la destrucción de nuestro pueblo.

Premiers signataires de la pétition

En conclusión, afirmamos que estamos decididos, que somos fuertes, que estamos dispuestos a luchar y recordamos las palabras de una carta que un indio norteamericano había enviado una vez a la Presidencia: “Sólo cuando el hombre blanco haya destruido todo el bosque, que haya matado los peces y los animales y que todos los ríos se hayan secado, se dará cuenta de que nadie puede comer dinero “.

Autores: Cacique Kamati kayapó, Cacique Raoni kayapó y Juruna Yakareti

Firma de la petición de Raoni

https://raoni. Com/signature-petition-contre-belo-monte. Php

https://raoni. Com/noticias-46. Php

Sara Montagne
Asiste y dicta clases en la escuela de...
Escrito por Sara Montagne
el 14/02/2012

Es excelente y emocionante todo este material, ALEJANDRA!

me está llevando mucho tiempo y no llego aún, ni a la mitad!

no quería dejar pasar más tiempo para felicitarte, este tipo de temas me conmueven profundamente desde muy pequeña, así que l0 voy atesorando sin prisa ni pausa...

adelante y muchas gracias
sara

Alejandra Almirón Cartier
Artes visuales y diseño gráfico public...
Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 06/03/2012

Muchas Gracias Sara!
Espero tu visita a este debate.

Niños enterrados vivos en el Amazonas



Aun en pleno siglo XXI, en la ribera del Amazonas , decenas de niños y bebés son enterrados vivos por varias tribus indígenas. Hasta 200 clanes practican el infanticidio vendido como sacrificio en pos de la supervivencia del grupo étnico que no pueden nomadear con las taras congénitas de los niños enfermos o huérfanos. Esta es la historia de Hakani , una niña que nació por segunda vez cuando fue exhumada viva e in extremis. Damnificada de este anacronismo irracional vive el sueño de la supervivencia lejos de la familia que nunca la quiso.



Lo sobrecogedor de esta vetusta práctica es el paradójico relativismo cultural que han ido aplicando colectivos pro-indígenas y las mismas autoridades brasileñas durante décadas; soslayando el genocidio en virtud de la defensa y conservación de acervos y tradiciones indígenas, y pisoteando con ello los más elementales derechos individuales.




El debate generado ha sido siempre pobre por la falta intencionada de datos oficiales. Afortunadamente, gran variedad de reputados antropólogos y científicos independientes (como Robert Borofsky y John Fred Peters) han recabado suficiente información para ejecutar una denuncia mediática internacional. Hakani es la mayor de todas las evidencias.

Hoy en día, aproximadamente el 4% de los decesos anuales de los Waoranis, una tribu de guerreros en peligro de extinción, son debidos al infanticidio más cruel. No hay enfermedades congénitas excusables, simplemente cuando el niño ha quedado huérfano por diferentes causas es enterrado vivo en una suerte de ceremonia ritual mientras los hombres escuchan los gemidos que emergen de la tierra





Enterrada viva mientras soñaba con un mundo mejor.

Hakani significa sonrisa. Su nombre hace justicia a una niña marcada desde su nacimiento por la desgracia y que siempre ha respondido a ella con alegría.

Pertenecía a la tribu de los Suruwaha, una etnia en peligro de extinción de la Amazonia occidental compuesta por unas 120 personas y cuyos contactos con el mundo exterior han sido tan escasos como devastadores.

En el siglo pasado un grupo de forasteros asesinaron a la mayor parte de los chamanes de la tribu acusándolos de brujería. A todos menos a uno. Lejos de defenderse, el último brujo acusó el devastador encuentro predicando, mientras se ventilaba un potente veneno, que la falta de guías espirituales sólo podía combatirse con el suicidio. A partir de ese momento el pueblo Suruwaha decidió que el suicidio era la mejor forma de tratar cualquier movimiento de ira o dolor.

Durante los dos primeros años de vida de Hakani todo parecía normal en su familia. La alegría de la niña sobresalía por encima de sus carencias hasta que, con unos 24 meses, sus padres detectaron la imposibilidad de Hakani para andar y articular palabra. Inmediatamente la presión tribal obligaba a sus padres a ejecutarla para preservar la supervivencia de un grupo incapaz de resistir lastrado por la enfermedad de la niña.

Los padres de Hakani , aterrados, tomaron por suyos el último consejo del chamán y se suicidaron, dejando a Hakani sola con sus cuatro hermanos. Fue entonces cuando la presión del infanticidio recayó en el hermano mayor de Hakani .





Su hermano Bibi la condujo al exterior de su choza y la enterró viva bajo la atenta mirada de los más ancianos. Normalmente los gritos tamizados por la capa de arena duraban un par de horas pero los de Hakani llegaron hasta el anochecer cuando su abuelo, torturado por su llanto, acudió raudo a desenterrar al infante. Sus intenciones estaban alejadas de la piedad ya que se presentó con su arco y flechas dispuesto a terminar con la vitalidad de su nieta. El abuelo disparó y erró, hiriendo a la niña en el hombro. Invadido por la culpabilidad, el abuelo tomó, de nuevo, el camino del suicidio mediante el veneno que usaba para sus flechas y así liberar con ello su atormentada conciencia.

A partir de ese momento la vida de Hakini se tornó en pesadilla. Deambulando como un paria junto a sus hermanos defenestrados por la tribu , por el infierno verde del Amazonas . Comiendo hojas, bayas e insectos, saciando su sed con agua de lluvia y sufriendo el acoso físico y sexual de sus propios hermanos.

Con el tiempo cambió la sonrisa por un grito sordo de espanto y socorro. Tres años después, cuando Hakani contaba con 5 terribles primaveras su hermano Bibi la entregó a una pareja de misioneros de la YWAM (Marcia y Edson Suzuki) junto con el relato de los hechos y ni pizca de remordimientos. Hakani pesaba entonces 7 KG y levantaba apenas 69cm del suelo, carecía de expresiones faciales y de emociones y lloraba, presa del pánico, cuando alguien le ponía un dedo encima.

Los misioneros se hicieron cargo de la niña hasta que pudieron trasladarla a un hospital. A los 6 meses había doblado su peso y recuperado la eterna sonrisa que ya nunca abandonaría. Hoy, ya con 12 años y recuperada, vive plácidamente con el matrimonio Suzuki. La pesadilla ha terminado. Podéis ver a Hakini con su madre adoptiva aquí.

La difusión de la historia de Hakani y otros tantos niños del Amazonas ha tenido sus consecuencias. A principios de 2008 el gobierno brasileño inició la rectificación presionado por una amplia comunidad de activistas y supervivientes. El congreso aprobó en junio la LEY de MUWAJI (nombre de una mujer que se negó a enterrar vivo a su bebé). Un edicto que reconoce a los pueblos indígenas como cuidadanos del mundo y merecedores de los derechos humanos fundamentales. El problema ahora es la indulgencia en la aplicación de esta ley. Nadie se pone de acuerdo en la manera de evitar el infanticidio sin vulnerar ni perturbar los delicados ‘ecosistemas’ y tradiciones indígenas. El debate está servido.

Alejandra Almirón Cartier
Artes visuales y diseño gráfico public...
Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 06/03/2012

El vídeo de Yasuní - Amazonía por la Vida presenta una visión dual en su desarrollo. Una muestra de la riqueza natural y cultural del Parque Yasuní matizada con imágenes de los daños que la explotación petrolera causa en zonas con un delicado equilibrio como esta.

El objetivo de crear el parque nacional fue la preservación de especies en peligro de extinción, proteger innumerables especies animales y vegetales, puesto que "cualquier alteración o disminución que sufran los bosques naturales conducen de un modo inevitable a la extinción o menoscabo de la diversidad genética y con ello la degradación de la biodiversidad".

https://youtu. Be/6te4JD_a59U

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Emagister Responde
Barcelona, España
Escrito por Emagister Responde
el 21/06/2017

Wow! Fantástico debate, una auténtica fuente de sabiduría. Hemos aprendido mucho aquí leyendoos