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Grupo de Apoyo psicológico y humanitario a usuarios en emergencia



TERAPIAS

Mirta
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 12/09/2010
Los mensajes de la angustia
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Pintura: "The Impasse" por Stephen Adams

Dentro del proceso terapéutico, tarde o temprano, el estado de angustia se presenta en las personas que acuden a la misma. Hay personas que acuden a terapia experimentando una fuerte angustia y hay otras que la atraviesan dentro del proceso de darse cuenta de cómo actúan consigo mismos y con los demás, al comenzar a poner luz sobre su propio actuar inconsciente.

La actitud automática con la que se suele enfrentar a la angustia es la de pedir recetas para eliminarla. La pregunta habitual es: " ¿Cómo puedo hacer para no sentir ésto que estoy sintiendo? ¿Cómo puedo quitarme de encima esta angustia?". Lo que no sabe la persona que pide semejante receta es que la clave de su salud y su bienestar está justamente en saber qué está obstaculizando dicha angustia.
El origen de la angustia se encuentra en la energía que no pudo seguir su camino de expresión para la satisfacción de una necesidad. Estas necesidades insatisfechas , sean al nivel que sean, pulsan hacia su satisfacción porque esta es su naturaleza. Al mismo tiempo los mecanismos de defensa actúan para que no se produzca esta expresión, porque en algún momento de la historia de la persona esta expresión fue experimentada como riesgosa. Por ejemplo, si una persona siempre fue "niño bueno", y durante su vida se ha "portada bien" y ha dicho sí a todo y sólo así ha sentido aceptación de su entorno, sentirá angustia ante situaciones en las que tenga que decir no; sentirá angustia ante su necesidad de manifestar rabia o enfado, porque es en ese momento en el cual se activarán los mecanismos de defensa y le dirán: "no, no puedes hacer eso, sino no serás querido y aceptado". Es por ello que la única forma de transformar la angustia en salud no se encuentra en dar recetas para evitar la angustia, sino comenzar a explorar qué nos quiere decir ese estado, qué necesidad oculta y así darle sanamente una salida.
Una clave está en vivir el presente, el aquí y ahora, porque como indicó Fritz Perls la angustia es la brecha entre el ahora y el después. Volviendo al ejemplo de la persona que siente angustia al expresar su enfado por miedo a no ser aceptado, si se encuentra en su Aquí y Ahora, siendo honesto con lo que siente, expresando lo que le pasa, sin estar en el "después no me aceptarán", la angustia desaparece.
A continuación transcribo un texto escrito por Pedro de Casso, profesor y maestro en mi formación como terapeuta, que describe con claridad la relación del aquí y ahora con la angustia.


"La maduración es el pasaje del apoyo ambiental a la autonomía. El bebé depende por entero del apoyo ambiental. A medida que crece, aprende a apoyarse sobre sus propios pies, a crear su propio mundo, a ganarse la vida, a adquirir independencia emocional. Pero en el sujeto neurótico este proceso no sigue su curso normal. El niño- o neurótico infantil- no utilizará su potencial a favor de su autonomía , sino para representar roles espurios, cuyo objetivo es movilizar al ambiente para conseguir apoyo en lugar de movilizar el potencial propio. Manipulamos el ambiente mostrándonos desvalidos, haciendo el papel de tontos, formulando preguntas, halagando y adulando a los demás. El resultado de ello es que llegamos en la vida- y especialmente en la terapia- al "punto enfermo" (como lo llaman los psiquiatras rusos), al punto que quedamos varados, al impasse. El impasse se produce cuando no podemos apelar a nuestros recursos y no obtenemos apoyo ambiental. En terapia gestáltica nos encontramos con que esto ocurre una vez, y otra, y otra.
Preferimos mantener el estatu quo: mejor quedarse en un matrimonio mediocre, mentalidad mediocre, que atravesar el impasse. Muy pocas personas entran en terapia para ser curadas; lo hacen más bien para cultivar su neurosis. Preferimos manipular a los otros para conseguir su apoyo, que aprender a apoyarnos en nuestros propios pies y limpiarnos el propio culo. Para manejar a otros nos hacemos fanáticos del control, del poder, usando todo tipo de trucos... Lo mismo se puede aplicar a los conflictos internos y a la relación entre terapeuta y paciente: podrán cambiar parejas, podrán cambiar terapeutas, podrán cambiar el contenido de sus conflictos internos, pero por lo general mantienen el statu quo.
Anticipamos el futuro porque no queremos tener futuro... Tenemos miedo al futuro. Llenamos la brecha, donde debiera haber un futuro, con pólizas de seguro, statu quo, igualdad, cualquier cosa antes que vivenciar la posibilidad de estar abiertos al futuro... Tenemos que asegurarnos de que no tengamos futuro, que el statu quo permanezca igual, incluso ser un poquito mejores. Pero no debemos arriesgarnos, no debemos estar abiertos al futuro. Algo nuevo y excitante podría ocurrir que contribuyera a nuestro crecimiento. Es demasiado peligroso correr el riesgo de crecer. Preferimos deambular por este mundo como cadáveres a medias antes de vivir peligrosamente.
Ahora bien, mi primera tesis es: la angustia es la tensión entre el ahora y el después. La brecha entre el ahora y el después es un vacío que se llena con planes, predicciones, expectativas razonables y pólizas de seguro. Se llena de repeticiones habituales.
Cada vez que dejamos la sólida base del ahora y nos preocupamos del después, del futuro experimentamos angustia... Nos llenamos de expectativas "catastróficas" por las cosas terribles que van a ocurrir, o nos llenamos de expectativas "anastróficas" por las cosas estupendas que van a ocurrir. En una palabra, no estamos dispuestos a ver este vacío fértil, la posibilidad del futuro. Si llenamos este vacío, no hay futuro,; lo único que tenemos entonces es repetición, similitud.
En terapia gestáltica... El objetivo es madurar, crecer... La palabra "neurosis" es mala, aunque yo también la uso; debería más bien llamarse trastorno de crecimiento.
Nos preguntamos ¿Cómo nos imposibilitamos el crecer?... Para mí, el madurar es el paso del soporte ambiental al autosoporte... El primer síntoma, el Impasse, es el punto crucial de la terapia, el punto crucial del crecimiento. El impasse es la situación en que el apoyo ambiental ya no llega más y el autosoporte auténtico no se ha logrado aún.
Lo que perseguimos es la maduración de la persona; el quitar los bloqueos que impiden que una persona se apoye en sus propios pies. Tratamos de ayudarle a hacer la transición desde el apoyo ambiental al autoapoyo. Básicamente hacemos esto buscando el impasse."



Pedro de Casso García, "Gestalt Terapia de autenticidad: vida y obra de Fritz Perls".
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 12/09/2010
El sonido de los cuencos tibetanos
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Desde la Antigüedad, el sonido tiene un uso “terapéutico”: estimula emociones, transmite mensajes ligados a diversos estados físicos o permite viajar más allá del cuerpo para entrar en sintonía con los planetas, cada uno de los cuales tiene una “frecuencia sonora” específica.

En los mitos de la creación, el sonido (el Verbo) es la fuente de todas las cosas visibles e invisibles, y numerosas tradiciones religiosas lo consideran un medio para poner el espíritu en contacto con las esferas celestes, ya que el hombre es una parte del Todo y aspira a equiparar su conocimiento con la conciencia universal.
Este principio está presente, por ejemplo en el chamanismo. El chamán actúa como “mediador” y utiliza las vibraciones sonoras para restablecer la armonía entre los individuos, la comunidad, la naturaleza que lo circunda y lo sobrenatural. El conocimiento de las vibraciones sonoras ya estaba difundido en el siglo V a. De C. Pero existen también huellas de pequeños cuencos de metal con forma de bóveda craneal, cuya fabricación se remonta aproximadamente a 1. 100 años antes del nacimiento de Cristo. Si se golpea primero la parte frontal de estos cuencos y después el punto que correspondería, en un cráneo, al hueso temporal, se obtienen dos tonos que difieren en una tercera.
Los místicos de todos los tiempos han atribuido a la música un lugar preponderante. El sufismo, por ejemplo, considera el sonido una fuente de inspiración para la meditación y una vía directa para acercarse a lo divino.

Los cuencos

Los cuencos tibetanos se obtienen casi siempre a partir de la aleación de siete metales, cada uno de los cuales simboliza un planeta.

· Oro: Sol
· Plata: Luna
· Mercurio: Mercurio
· Cobre: Venus
· Hierro: Marte
· Estaño: Júpiter
· Plomo: Saturno

Existen diversos tipos de cuencos tibetanos.
Su sonido varía según las proporciones de los componentes de la aleación, la forma y el espesor del metal con que están hechos. Casi todos tienen un color más o menos dorado, pero algunos están recubiertos exteriormente de laca negra.
Los cuencos pequeños, de colores brillantes, forma redonda y hechos de metal ligero son de origen japonés y emiten un sonido argentino, como el de la campanilla.

Otros modelos, procedentes de la India, tienen la base en forma de cáliz con un fondo sobreelevado llamado “fondo de botella”. Algunos presentan decoraciones en forma de circunferencias, puntos, estrellas u hojas.
Los que provienen de Nepal muestran en el exterior una inscripción en escritura devanagari que indica el nombre del propietario o la ceremonia en la cual eran utilizados.

Los efectos de las ondas sonoras.

Christiaan Huygens, un estudioso holandés del siglo XVII, observó que dos péndulos, colocados uno al lado del otro, después de cierto período de tiempo terminan por seguir el mismo ritmo. De igual manera, dos ondas distintas, pero de la misma naturaleza, tienden a unirse y vibrar al unísono. Este fenómeno se denomina “concordancia de fase”.
Cuando se percute un cuenco tibetano se crean fuertes vibraciones que se propagan a lo largo del brazo y se difunden rápidamente por todo el cuerpo, masajeándolo en profundidad. Se crea así una concordancia de fase entre el cuenco tibetano y su poseedor, que muchas veces provoca un estado de vacuidad, de unidad y de profunda paz que va más allá del simple relajamiento.

El cuerpo humano es un conjunto de vibraciones y de ondas. Los órganos sanos vibran con la frecuencia justa y están “bien afinados”, mientras que los enfermos tienen una frecuencia alterada. Es por este motivo que el ultrasonido se utiliza en tratamientos fisioterapéuticos.
Las vibraciones de los cuencos tibetanos atraen la frecuencia armónica original y estimulan el cuerpo que, al entrar en sintonía con la frecuencia de los cuencos, vuelve a encontrar por sí mismo sus propias frecuencias armónicas. Guiado por estas vibraciones, el cuerpo se une a las ondas vibratorias primordiales.

Las ondas eléctricas cerebrales

Las recientes investigaciones sobre las ondas electromagnéticas del cerebro han puesto de manifiesto cuatro frecuencias distintas, cada una de las cuales está unida a diferentes estados de la conciencia.

· Ondas beta: producidas en estado de vigilia.
· Ondas alfa: generadas por el cerebro cuando se encuentra en estado de calma y meditación.
· Ondas theta: ligadas al estado de duermevela o de sueño ligero.
· Ondas delta: asociadas al sueño profundo.

Las ondas sonoras de los cuencos tibetanos corresponden a las ondas alfa. Estas provocan un profundo relajamiento y favorecen el acceso ala dimensión interior de nuestro ser.

La elección de un cuenco tibetano.

Si estás interesado en adquirir un cuenco tibetano has de saber que todos emiten sonidos diferentes según las condiciones físicas, psíquicas y emotivas del tañedor; además, cada persona tiene una frecuencia vibratoria particular, que se refleja en el cuenco, y percibe el sonido y sus vibraciones de manera diferente.
El sonido de algunos cuencos puede parecer poco armonios a nuestros oídos occidentales, pero no hay que olvidar que ofrece beneficiosos efectos terapéuticos.

Lo esencial es adquirir uno que nos atraiga y nos produzca una sensación de bienestar, procurando no hacer una elección basada exclusivamente en criterios estéticos. En el momento de elegir un cuenco es importante fiarse de la intuición.
Una vez tengas el cuenco, lo debes colocar sobre una mesa que esté cubierta con un paño y dejarlo inmóvil, poniendo dos dedos en el centro del mismo. Cuando esté quieto, golpéalo sobre el borde externo con un martillo o con el canto de la mano y repite este gesto varias veces. Deja que el sonido se propague para apreciar su amplitud y sus matices.

También puedes poner el cuenco en el hueco de una mano con el brazo separado. Golpéalo y déjate penetrar por el sonido. Olvida este sonido y escucha con el cuerpo, que responderá con un eco a las vibraciones. Si dentro de ti se origina una sensación de rechazo, significa que en ese momento no existe armonía entre ese cuenco en particular y tú, y en tal caso es mejor no adquirirlo.
No olvides que los cuencos tibetanos tienen, sobre todo, la finalidad de provocar una sensación de bienestar físico y espiritual.


Por Sybilla
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 12/09/2010
Terapia de sonido-vibracional con cuencos de cuarzo y tibetanos
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María llegó a su sesión semanal como era habitual, solo que en esta oportunidad, vino acompañada de Juana, su hija, una hermosa niña de 5 añitos.

María llegó a su sesión semanal como era habitual, solo que en esta oportunidad vino acompañada de Juana, su hija, una hermosa niña de 5 añitos.

María: “-Disculpame que vine con Juana, es que hoy no tenía con quien dejarla, pero no te preocupes, ella vive en su mundo y no molesta”.

…y fue este “vive en su mundo” el Puente de Luz que transité para encontrarme con Juana, y descubrir que cuando Juana “molesta” en realidad, lo que está haciendo es conectarse con los otros! Desde un lugar tal vez poco frecuente para los niños de su edad, desde un lugar donde su mundo prima, y si te agachás un poquito para pasar por el umbral que está diseñado para su altura…entrás en su mundo como quien se sube al tobogán y se deja deslizar al arenero…donde todo es juego, inocencia, alegría y libertad; esa misma libertad que nos permite aceptar las diferencias cuando comprendemos que cada uno de nosotros manifiesta su existencia de un modo único y particular, aunque a veces también algo peculiar.

Esa sesión decidí hacerla diferente, en vez de dejarla solita a Juana “en su mundo” aguardando en la recepción, con sus bolitas de colores (que había traído y a las que no descuidaba ni por un segundo), opté por que ingresaran juntas a la sala donde los cuencos de cuarzo y tibetanos nos aguardaban para trabajar con sus sonidos y vibraciones, armonizando en María sus centros y cuerpos energéticos.

María: “-Que hacemos con Juana? ”- me preguntó.
Gabi : (sonriendo picaramente) “-digamos mejor, que hará Juana con nosotras. Yo me ocuparé de ella, vos como siempre, relajate en la camilla y disfrutá del sonido y la vibración de los cuencos”.

María cerró sus ojos, cediendo así el control de su entorno.
Juana sentadita junto a sus bolitas de colores, moviéndolas en un espacio que parecía contener otros objetos para mí no visibles, objetos que daban sustento a “su mundo”.

Comencé a hacer sonar el cuenco de cuarzo, que con su sonido envolvente y espiralado conecta la frecuencia de nuestra cadena de ADN y nos ayuda a elevar nuestra vibración; con la varita que usaba para gonguearlo comencé a dar pequeños golpecitos que sonaban como campanitas.
Dejé que el sonido perdurara, y tomé un cuenco de metal que apoyé sobre el pecho de María, armonizando así su corazón que pedía aceptación y perdón. Me dejé guiar por el sonido y fui desplazando el cuenco sobre su cuerpo…hasta que unos golpecitos en el cuenco de cuarzo atrajeron mi atención…era Juana!
Me emociona recordarlo…con su pequeña manito, comenzó a hacer sonar el cuenco como si lo hubiera hecho de siempre, colocó las bolitas de colores en el interior del mismo, y así nos acompañó durante toda la sesión!

Cuando María abrió sus ojos, sin saber lo que había sucedido, me dijo: “fue la sesión mas amorosa que he recibido, no se si me dormí, pero tuve un sueño, algo así como que lograba jugar con Juana y que ella me miraba y me sonreía…sentí que me perdonaba…y sentí que yo comenzaba a aceptarla”.

A partir de ese día, Juana viene a todas las sesiones. Con el tiempo dejó de traer las bolitas de colores, María le compró un cuenco y juntas se sientan a hacerlo sonar, se miran a los ojos y se sonríen…

Cuando hablamos de Terapia de Sonido-Vibracional, podemos mencionar cuencos, diferentes instrumentos y contar del trabajo que se realiza con ellos a nivel físico-mental-emocional y espiritual. Pero es la vivencia en sí misma la que nos conecta realmente con la profundidad del trabajo.
Así actúan el sonido y la vibración, misteriosamente, haciendo vibrar las fibras mas íntimas del Ser, aquellas fibras donde no llegan las palabras.
Integrando y complementándose con otros recursos.
El sonido y la vibración penetran, llegan y movilizan, liberando bloqueos energéticos que se traducen en miedos, angustias, enojos, emociones que comienzan a liberarse amorosa y armoniosamente.
Es la propia sabiduría organísmica del Ser la que resuena y absorbe los tonos armoniosos que está necesitando para trascender sus limitaciones; y el terapeuta es un instrumento que se brinda con Amor para que esta experiencia alquímica pueda materializarse, creando Puentes de Luz que transitados, nos permiten conectar con nuestra propia esencia y con la de los demás…esencia libre de rótulos.

Por Gabriela Mara Seguí