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Grupo de Psicología Forense y Jurídica



Técnicas Policiales y Forenses en la investigación criminal

Denisse
Canelones, Uruguay
Escrito por Denisse Motta
el 12/08/2013
POLICE AND FORENSIC TECHNIQUES IN THE CRIMINAL INVESTIGATION

Autor: Julio Leal Medina













RESUMEN: La curiosidad por el mundo de lo criminal, en un entorno cada vez más globalizado, no deja de asombrarnos. Observamos que las herramientas de que dispone la policía para averiguar el delito, e identificar al delincuente, están de plena actualidad. La investigación criminal ha alcanzado un protagonismo social inigualable. Así sucede con la huella dactilar, el análisis del ADN, el interrogatorio del sospechoso, las cámaras de grabación o el estudio científico del cadáver.




Resulta sorprendente la importancia que adquiere el mundo del crimen en las sociedades occidentales actuales. No es casualidad que la historia de la humanidad esté vinculada desde siempre con los delitos , y la delincuencia constituya uno de los fenómenos sociales que más nos preocupa. De ahí que sea frecuente que todos los canales de televisión dediquen al menos diez minutos al día en su espacio de noticias, a informar y trasladar a la opinión pública los asesinatos y crímenes más extravagantes acaecidos en el mundo a manos de una serie de sujetos desalmados y despiadados. Prensa escrita, radio y televisión nos sirven a diario un amplio menú de violencia , esparciendo y espolvoreando en los medios de comunicación de masas, las atrocidades a las que nos tiene acostumbrados la maldad humana. Pero no solo el descubren el hecho sin más, sino que se atreven a dar detalles puntuales de la situación en que se encuentra la investigación criminal, a señalar a los posibles sospechosos del delito y recordar las medidas adoptadas en orden a identificar al culpable y su puesta a disposición judicial. Es como si asistiéramos in situ al desarrollo de una novela del más puro estilo policial, o como si formáramos parte de una clase diaria de derecho penal, donde el lector o el oyente tuviera que conocer los entresijos y vericuetos legales por donde discurre el caso para no descolgarse del desenlace final.

El fenómeno traspasa fronteras. Y el estudio y análisis del crimen se ha introducido de forma inesperada en todos los hogares españoles. No en vano proliferan las series de televisión sobre el sistema policial o judicial, que están más en boga que nunca. Conocer las técnicas y métodos empleados en la investigación criminal, se ha convertido en una necesidad imperiosa para no perderse en el mundo moderno en que nos encontramos dominado por el auge que tienen este tipo de disciplinas y materias en las culturas democráticas, donde la curiosidad por el mundo de lo prohibido y morboso, se ha disparado.

La salvaguarda y protección moral de principios como la libertad, la justicia y la seguridad, pueden estar detrás del bombardeo constante al que nos tiene acostumbrado los medios de comunicación, ya que las crónicas sobre crímenes espeluznantes vienen a cuestionar dichos principios. Esto puede entenderse como una manera de reprobar dichos comportamientos y de aportar un contenido educativo en el conocimiento de aquello que no se debe hacer, reafirmando los valores éticos universales. Aunque también puede justificarse por el interés desmedido que despierta en todo ser humano lo perverso y el mal, lo que atrae la noticia en cuanto se conoce. Porque el delito supone no sólo la infracción penal o el reproche culpabilístico al que se anuda una sanción o castigo por ello, sino que es una conducta que socialmente destruye la convivencia ciudadana, y cercena un elemento esencial que gobierna las relaciones humanas como es la confianza. Uno confía en que su vida, en el trato diario con sus semejantes, no corre peligro y actúa en la esperanza de que sus derechos individuales no van a ser dañados. Por eso tienen tanto éxito las series de televisión relacionadas con el aparato policial o criminal, porque tocan los sentimientos y valores más íntimos del ser humano.

Pero el interés social por lo criminal, no actúa sólo, sino que cuenta con una serie de protagonistas alrededor del cual se mueve toda investigación penal. Dejando a un margen al agresor y su víctima, tenemos. Por un lado, los equipos científicos policiales especializados en el área forense. Al mando está el director del laboratorio criminal en coordinación con los inspectores encargados de las pesquisas integrados en las unidades de policía judicial. Por otro, se encuentra el director formal de la investigación, que como regla general recae en el Juez de Instrucción del lugar donde se ha cometido el crimen. Además es el garante de los derechos fundamentales en el proceso. Y en un tercer estadio tenemos al Ministerio fiscal , que como depositario de la acción pública en la persecución de los delitos, es el responsable principalmente de la acusación penal, pudiendo también dirigir la investigación en marcha, arbitrando todo tipo de diligencias a las fuerzas del orden con el fin de descubrir el hecho e identificar al delincuente, ordenando su detención, y formalmente llevarlo a juicio oral para demostrar su culpabilidad. Aunque hay otros intervinientes y actores en el desarrollo de una instrucción penal como el abogado defensor, el médico forense, el patólogo, o los peritos y los diferentes especialistas asignados al caso.

A continuación, y una vez que sabemos los motores sobre los que pivota toda investigación criminal, nos proponemos describir las herramientas de trabajo más utilizadas por la policía en la averiguación del delito e identificación del delincuente , teniendo en cuenta que su descripción no constituye una clasificación dogmática o doctrinal al uso. El objetivo es mucho más modesto. Se trata de que cualquier persona pueda contar con una serie de elementos de juicio acerca de los instrumentos legales que existen a disposición de las fuerzas del orden, con el fin de detener al culpable y llevarlo ante la justicia.

En primer lugar, por su carácter pionero en la identificación del delincuente, tenemos que hacer referencia a la huella dactilar o digital. Esta constituyó en su momento histórico, la revelación más importante que dispuso la Policía para descubrir al criminal. A través de la dactiloscopia, que consiste en el estudio de los dibujos o crestas papilares que existen en las yemas de los dedos de las manos puestas al contacto con una superficie plana entintada, fue posible la identificación física del individuo. La apertura de la ficha dactilar parte con la detención policial. Sobre los diez dedos de las manos se practica la llamada reseña decadactilar. Después, las posteriores identificaciones se acometen sobre la huella del dedo pulgar de la mano derecha. Es relevante para la identificación del sospechoso, los llamados puntos característicos que son señales o dibujos muy particulares que se pueden encontrar bajo los surcos y crestas que hay en el dactilograma del dedo. Este tipo de identificación es muy propio del mundo anglosajón. El avance de la ciencia, trajo la huella digital, que no es otra cosa que a la luz de las ventajas que ofrece la informática, apreciar las diferencias y semejanzas que existen en la huella, obtenida de cualquier superficie u objeto vinculado con el delito, y compararla para su identificación con las huellas de la base de datos de los individuos que han sido fichados policialmente, tienen antecedentes penales o se encuentran incluidos en el registro informático que maneja el ordenador. No cabe duda que la potencia y velocidad que imprimen las nuevas tecnologías, hacen de esta técnica una identificación muy valiosa y rápida, y no sólo por poder reconocer a una persona en menos de un segundo, sino porque permite realizar búsquedas en frío, es decir, localizar huellas parecidas con las huellas encontradas en el lugar del crimen sin tener en cuenta a ningún sospechoso en concreto.

Las siglas conocidas como ADN , que hacen referencia a la sustancia química conocida como ácido desoxirribonucleico, constituye actualmente el sistema de identificación científica más importante que existe. El conocimiento y descubrimiento del código genético que hay en cada una de las células humanas, y que individualiza a cada uno de nosotros, supone el mayor servicio de la ciencia a la investigación criminal. Su aplicación requiere de restos biológicos encontrados en la escena del crimen. Cuero cabelludo o pelos , sangre, semen, saliva , dientes, huesos u otros tejidos como la piel donde se localice células humanas, son los soportes orgánicos que permiten aplicar dicha técnica. El carácter científico del ADN , ha hecho posible que la identificación policial, consiga las máximas cotas de acierto y verosimilitud. Su altísimo porcentaje, en caso de ser afirmativo el cotejo de las muestras biológicas entre la víctima y el agresor, puede llegar al 99 por ciento, por lo que resulta ser una prueba directa difícil de refutar.

La descripción física del individuo y los rasgos morfológicos o antropomorfos que le definen o caracterizan pueden ser determinantes para la investigación. La altura, peso, características de los hombros, anchas espaldas, tórax prominente, complexión atlética, pícnica, o fibrosa, rasgos faciales; boca, nariz, orejas , tipo y color de ojos, barbilla, cabeza, clase y color de pelo, su falta o una calvicie parcial, son elementos fundamentales de identificación del delincuente. Además resulta interesante la longitud de los brazos, las manos grandes, si le falta algún miembro o dedo, o la existencia de cualquier otro defecto o lesión. Otro tanto se podría decir de las extremidades inferiores.

La identificación del sujeto por algún tipo de cicatriz, operación quirúrgica , o tatuajes impresos en su cuerpo, es igualmente posible. En este último caso, el tipo de dibujo realizado, su colorido, espectacularidad, o la fuerza o poder que irradia, puede ser también determinante para la investigación criminal.

Mención aparte merece la identificación por las piezas dentarias del sospechoso y las huellas dejadas sobre la víctima. La odontología forense, es una rama de la odontología que trata del manejo y el examen adecuado de la evidencia dental y la valoración de los hallazgos dentales para la justicia e investigación criminal. Es a través de las marcas que deja el mordisco del agresor sobre la piel y carne de la víctima, la que hace posible su identificación. Al sospechoso se le toma sobre un molde una muestra de su dentadura y se compara con la figura de la mordida. La posición de los dientes y el dibujo que presentan , su tamaño, ausencia, o la presencia de características individuales como fracturas, anomalías o roturas, son fundamentales. También son significativos, el ancho de las arcadas dentales y la forma geométrica de las impresiones. La aplicación de este método resulta fiable por dos motivos. El primero, porque la posibilidad de encontrar dos marcas de mordisco iguales, son similares a las probabilidades que ofrece la huella dactilar; es decir, dos y medio billones frente a una. El segundo, porque los dientes son los tejidos del organismo humano, que debido a la composición de sus elementos, mejor resisten a los diferentes agentes destructivos. Es por eso que la técnica identificativa dentaria, se ha mostrado muy útil a la Policía en los delitos sexuales graves y en aquéllos relacionados con abusos y agresiones a menores.

No es infrecuente encontrar casos criminales que se han resuelto por medio de los sonidos acústicos que han dejado impresa la voz del acusado. Bien sea por las conversaciones telefónicas, o por las cintas que se envían en los secuestros de personas con las órdenes a la familia de cómo debe hacer la entrega de dinero, la voz de los culpables queda recogida en dichos soportes. Es a partir de este dato cuando los peritos especialistas en el examen y análisis de voces de la Policía Científica pueden empezar a operar con esta técnica de identificación. Se sabe, que la voz y la palabra hablada dejan una huella de representación visual que permite su estudio. La comparación del dibujo de estas voces visuales con aquéllas que se parecen o el cotejo de una serie de sonidos simples y complejos, estableciendo las similitudes y discrepancias que existen entre ellos, es la herramienta con la que se trabaja. Aunque también es de interés criminal, el ritmo de la respiración de la voz del sospechoso, las palabras y localismos utilizados, o el acento empleado.

El interrogatorio del sospechoso o detenido , es una de las técnicas de investigación criminal más importante a disposición de las unidades de policía judicial. El investigador debe ser una persona hábil e ingeniosa, experta en la materia, capaz de sonsacar datos primordiales que permitan confeccionar el cómo, la manera y el porqué del delito. Las preguntas deben ir encaminadas a averiguar el crimen, el grado de participación y culpabilidad del sujeto y hacer que las sospechas se concreten y materialicen en indicios racionales de criminalidad y futuras pruebas. Las contradicciones en las que pueda caer el interrogado comparándolas con los datos que obran en la investigación y con los hechos conocidos hasta el momento, pueden ser relevantes indicios que hagan avanzar las pesquisas. Las omisiones o las respuestas evasivas , o la actitud del sospechoso ante el crimen , pueden ser signos valiosos para el investigador, aunque judicialmente puedan tener poca trascendencia penal, sino van acompañados de otros elementos de juicio incriminatorios. Al igual que una declaración estrictamente desafiante y provocadora, o responder a las preguntas del interrogatorio con un tiempo de espera que excede de lo habitual, son síntomas de que el sujeto puede ocultar información o miente, aunque esto por sí sólo tenga relevancia a nivel policial, ya que en la fase de instrucción penal, el juez ha de contar con algo más que conjeturas y sospechas.

El lenguaje verbal y los estados de ánimo del interrogado; ira, desprecio, rencor, placer o sorpresa, suele manifestarse en nuestro semblante con diferentes expresiones y movimientos del cuerpo, lo que no pasa inadvertido para la policía. El nerviosismo, la ansiedad, el estrés o la tensión a la hora de declarar; aumento del ritmo cardíaco, sudoración, sequedad de boca o el nudo en la garganta, suelen ser fuentes mediatas de análisis criminal. La observación directa de los gestos del procesado, el desvío de la mirada, impulsos reflejos de los músculos de la cara a la hora de contestar al investigador; un arqueo de cejas, una mueca determinada o labios presionados, son examinados a cámara lenta por los investigadores, lo que puede sugerir al instructor alguna línea de investigación en concreto. Se dice que la verdad está escrita en nuestro rostro. Los psicólogos han estudiado la forma de hablar de nuestras emociones. A través de los estímulos y señales que envía nuestra mente y aparecen externamente de manera inconsciente, la policía cuenta con una ciencia que puede resultar muy útil.

El interrogatorio judicial del detenido, es una técnica de averiguación del delito que se regula en nuestra Ley procesal , al igual que ocurre con la confesión del acusado , o el interrogatorio de los testigos.

El reconocimiento del imputado o detenido , o su identificación fotográfica a través del álbum de fotos , es otra técnica trascendental para finalizar con éxito las pesquisas criminales. La conocida como rueda de reconocimiento de presos, puede ser realizada tanto en la propia comisaría en presencia del abogado defensor y el testigo que va a señalar al sospechoso, como posteriormente ante el juez instructor. En ambos casos, el objetivo es señalar sin ningún género de dudas al procesado como el autor del delito.

La caligrafía o cuerpo de escritura, es otra forma de reconocimiento e identificación del delincuente con la que cuenta la policía científica. De esta técnica forense se ocupan los expertos en grafología, que vienen a certificar y declarar ante el tribunal, si las letras que aparecen escritas en el documento relacionado con el delito, u en otro soporte , se corresponden con las del acusado. Los grafólogos parten del hecho de que las letras y palabras expresan una idiosincrasia y forma de ser del individuo de acorde con sus experiencias y circunstancias personales. Las variaciones individuales de los estilos de letras fijos o constantes, y las características de las palabras que emplea su autor, son algunos de los elementos con los que cuentan los peritos caligráficos en la materia. Además, el estudio grafológico se ve apoyado por el análisis científico del papel y de la tinta, lo que proporciona mayor seguridad a la investigación criminal. El ámbito de aplicación de esta herramienta es significativo. No obstante, el uso de la escritura mecanografiada y sobre todo de las impresoras actuales, ha mermado el valor este tipo de análisis, cuyo protagonismo ahora corre de cuenta de los expertos informáticos.

Otro método relevante para la investigación criminal, lo constituyen la inspección ocular y la reconstrucción de los hechos. Mientras que en el primer caso, el Juez de Instrucción puede ordenar la salida del tribunal de su sede para ver directamente el lugar del delito y hacerse una composición del cómo y la manera en que se produjeron los hechos , en el segundo caso, hablamos de un supuesto donde por lo general el instructor judicial suele contar con la confesión del acusado, y únicamente se acude al escenario del crimen con su presencia física para que proceda a dar detalles puntuales relacionados con el acto criminal.

Las cámaras de grabación de imágenes, son un instrumento de identificación criminal muy valioso. Pueden ser un testigo directo y una prueba fundamental. De hecho, la presunción de inocencia, cede ante la reproducción de la película de vídeo donde se descubre y revela claramente, no sólo el delito cometido, sino los individuos que lo perpetran. Aunque la identificación, en muchos casos, puede resultar complicada si los agresores actúan con la cara cubierta, ocultando el rostro con pasamontañas o antifaces. El mundo de la tecnología ha hecho que en las grandes ciudades se sitúen multitud de cámaras. Las tenemos en las entradas de las entidades bancarias, en ciertos locales, en los parking y lugares públicos como el metro o la universidad , zonas de ocio de los grandes hipermercados, gasolineras, hoteles, ciertas avenidas, y en determinados lugares estratégicos. No obstante, hay otras muchas que no están operativas, otras están de forma disuasoria pero no funcionan, y otras simplemente no sirven para grabar imágenes, lo que viene a dificultar las tareas de identificación de los delincuentes.

Bajo el denominado cuerpo del delito se integran un conjunto de objetos, vestigios, muestras biológicas, armas del crimen, utensilios y artilugios empleados para cometer el delito o que guardan relacion con este. Además de restos orgánicos, partículas que hablan al experto forense a través de la visión que ofrece el microscopio, fragmentos de fibras, de aparatos o de materiales relevantes para la investigación criminal. El vehículo utilizado en la perpetración del delito, debe ser objeto de un profundo análisis en el laboratorio criminal. Restos de sangre encontrados en su interior, filamentos e hilos de ropa, o rastros de los golpes, abolladuras o arañazos en alguna de sus partes, son importantes. Aunque el vehículo puede no ser fuente de indicios sino ser propiamente el arma del crimen. Huellas que dejan los neumáticos sobre la tierra , o restos de su fuselaje desprendido, son de interés para la labor criminalística. Generalmente, todos los vestigios que el investigador criminal recoge del escenario del crimen, tienen entrada en el mundo judicial a través de los llamados indicios. A ojos de la Defensa pueden tratarse de pruebas circunstancias sobre el delito, que no desvirtúan la presunción de inocencia de su cliente, pero lo cierto es que la prueba de indicios tiene carta de naturaleza en el juicio oral. Para ello deben estar a disposición de las partes en el proceso penal, ser sometidos a contradicción, entrar en el debate penal, y formalizarse legalmente bajo los principios de inmediación, concentración, oralidad y publicidad como ordena el Tribunal Constitucional para que así pueda ser condenado el acusado.

La facilidad con la que se puede poner fin a la vida de una persona, es debido al uso de armas de fuego. La notoriedad que han adquirido como instrumento de matar, es asombrosa. Pero el uso de revólveres y pistolas, deja rastros al investigador que no escapa a su examen científico como cuerpo del delito, permitiendo descubrir al delincuente. Es a través del estudio de los restos, huellas y dibujos que dejan las balas sobre el percutor del fusil, cuando la identificación del asesino puede estar próxima. Los peritos en balística de la Policía judicial o científica, suelen tener numerosas armas de fuego con el que proceder al reconocimiento de las balas con la que se ha cometido el crimen.

La intimidad de todo individuo, es un derecho fundamental que se contempla en la Constitución en su art. 18. Y la intimidad del sujeto investigado, también resulta protegida jurídicamente. No obstante, la entrada y registro del domicilio del imputado , o la intervención de las comunicaciones telefónicas, así como de su correspondencia, o de los aparatos informáticos u ordenadores que posea, pueden servir a los investigadores para recoger elementos de juicio que incriminen al sospechoso. Para dicho cometido se requiere autorización judicial, salvo que estemos en presencia de un delito flagrante, o que el titular del derecho haya consentido y permitido a los investigadores el registro o la intervención de las comunicaciones.

La existencia del cadáver, y su posterior estudio y análisis por los expertos forenses para su identificación, es el primer paso para averiguar el delito y descubrir al culpable. La estadística criminal nos muestra el hecho de que un amplio número de crímenes son cometidos por algún miembro del entorno familiar o allegados a la víctima, por lo que llegar a conocer a quién corresponde el cuerpo encontrado; poner nombre y apellidos al cadáver, supone el comienzo en toda investigación criminal. El cuerpo sin vida de la víctima, puede ofrecer al médico forense y al experto, multitud de datos. Por la descomposición del cuerpo, su color de piel, hinchazón, el olor que despide, o la existencia de una gama de insectos a su alrededor , se puede deducir la hora de la muerte.

Los restos óseos, su longitud, peso, tipo, o la composición de las sustancias químicas de que están hechos, son también elementos antropológicos relevantes en la identificación de la víctima. Dentelladas y señales proporcionadas por objetos cortantes y punzantes sobre el cadáver, dejan marcas impresas en los huesos, lo que puede revelar la forma y el modo de matar del culpable, o el tipo de arma usada en el crimen. La destrucción de órganos vitales del cuerpo como el hígado o el corazón, o el análisis microscópico del contenido de las sustancias depositadas en alguno de ellos , suele ser de interés para conocer la causa del delito. Son pues detalles que describen el modus operandi del sospechoso, y por tanto, ofrecen al investigador un posible perfil psicológico del sujeto. En tal sentido, el sadismo o la violencia empleada, nos lleva a pensar en un crimen pasional que está motivado por los celos o la envidia, donde el círculo de sospechosos recaería sobre la pareja y conocidos de la víctima, o por el contrario, resultar planificado, premeditado y preordenado lo que es propio de sujetos fríos o calculadores con fuerte tendencia psicopática. Si las pruebas antropológicas nos indicaran otra línea de investigación, entonces podríamos hablar de un sujeto desorganizado y desestructurado, que puede padecer algún tipo de trastorno o alteración mental grave.

Un último comentario acerca de los móviles del delito. El asesinato siempre tiene un motivo, ya que si no hubiera una motivación no sería un acto intencionado, y por tanto dejaría de ser un crimen. Conocer la causa que impulsa el acto criminal, o las razones que llevan a una persona a matar, es fundamental para la investigación. ¿Por qué unos cadáveres estaban simplemente cubiertos con paja, o al descubierto, y otros fueron quemados? ¿Por qué parecía sospechoso el yerno de la víctima? Móviles económicos, el ánimo de venganza, las pasiones desmedidas, o aspectos emocionales exarcebados como el orgullo, la envidia, el narcisismo, la intolerancia, el rechazo o la humillación, pueden estar detrás de todo hecho delictivo.

Terminaremos este trabajo con una serie de conclusiones. La primera es que el transcurso del tiempo juega siempre a favor del delincuente y de su impunidad. Se sabe que las 24 primeras horas siguientes a la desaparición de una persona, o al acto criminal, son vitales para obtener pruebas y descubrir al culpable, lejos de ella, la investigación va perdiendo fuerza. La segunda, que una buena investigación criminal tiene que partir de la escena del crimen. El lugar del delito es la clave para resolver el caso. Su protección de intrusos e inexpertos que puedan descolocarlo o manipularlo, es fundamental para el éxito de la investigación. La recogida de muestras, objetos, armas empleadas, sustancias, restos orgánicos y biológicos, así como el interrogatorio in situ de los posibles sospechosos y testigos, es más que imprescindible. La tercera, que se deben establecer las causas del delito y confeccionar una historia o formular una teoría creíble de cómo sucedieron los hechos. La cuarta, que con los datos disponibles en la investigación criminal, resulta fundamental elaborar un perfil psicológico del sospechoso. La psicología criminal resulta muy valiosa para estos casos, ya que una personalidad inestable a causa del consumo de drogas o alcohol, o descubrir que el sospechoso es un embustero compulsivo, puede servir a la policía para que centre sus pesquisas en una línea de investigación concreta, y dedicar todos los medios y recursos a ese objetivo. En quinto lugar, que todo buen investigador debe dejar siempre la puerta abierta a nuevas pistas e indicios, en función de los derroteros por los que vaya caminando la investigación y las pesquisas criminales. En sexto lugar, que nunca se resuelve un caso por medio del empleo de una técnica de identificación concreta aunque haya sido determinante, sino que es el conjunto de elementos de pruebas encontradas, teorías aportadas, la experiencia de los investigadores o la actitud y el coraje empleados, los que al final consiguen poner fin con éxito el proceso iniciado. Es un esfuerzo coordinado e interconectado, el que da frutos. En séptimo lugar, que el fin ulterior de la investigación es averiguar el delito, identificar al culpable y ponerlo a disposición de la justicia. Establecer el quién, el cómo y el porqué. Ahí es donde termina el trabajo policial. Reunir todo este material en el atestado y entregarlo al juez.

Y por último, hay que preguntarse sobre las variables de tiempo, ocasión u oportunidad para cometer el acto criminal y relación con el escenario del crimen que pueda presentar la persona a investigar. El trabajo minucioso que cuida el detalle en busca de la verdad; indagando información de los sujetos relacionados con el delito, comprobando coartadas o estudiando las pruebas, es el que permite abrigar buenos resultados. Pero hay que reconocer que es una tarea abnegada, dura y difícil, que requiere de tesón y paciencia, ya que muchos crímenes quedan sin resolver, y en otros no se puede identificar al culpable por falta de elementos fundamentales para la investigación como son la existencia del cadáver, el arma asesina, o pruebas incriminatorias.