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Foro de Desarrollo personal



Superando el Miedo

Andrés
Economía itam
Escrito por Andrés Mares
el 28/11/2011

El miedo es uno de los sentimientos más poderosos que existen y, está siendo tan común, que podemos afirmar que se trata de una realidad que caracteriza a nuestro tiempo. ¿De dónde surge el miedo? De nuestra realidad "contingente", es decir, de nuestro ser limitado y vulnerable... De la posibilidad de experimentar pérdidas y rechazos. En un nivel más profundo, surge de la falta de amor en nuestras vidas.


Desde nuestra más tierna infancia tuvimos la experiencia del amor "condicional" y, en ocasiones, la experiencia del maltrato y menosprecio. Esto nos ha generado la idea de que, o no valemos lo suficiente, o no podemos lo necesario... , o ambas. Entonces crecemos con miedo al fracaso y/o al rechazo. El miedo cobra diversas formas y manifestaciones anímicas: enojo, tristeza, ansiedad, resentimiento, amargura por mencionar las principales.


A algunos el miedo les lleva a la parálisis, a otros, a la acción impulsiva y, a unos cuántos, a la reflexión y a incrementar su nivel de preparación para poder enfrentar la situación amenazante o riesgosa. El miedo nos aparta del presente y por lo tanto, de nuestra zona de "poder interior". No podemos muchas veces controlar todo lo que sucede o lo que está por acontecer, más siempre es posible ejercer control sobre "el instante" en el que nos encontramos, el único momento "real" de nuestra existencia: el presente.


Para superar el miedo como experiencia recurrente en nuestras vidas, es necesario "corregir" nuestras experiencias pasadas dolorosas, no en cuanto sucesos -que no podemos modificar- sino en cuanto significados. Y hay que hacerlo experiencia tras experiencia contando con los recursos de comprensión, fortaleza y fe del presente y que no teníamos en el pasado, cuando sucedió aquello que nos hizo daño.


Corregir el pasado requiere que lo confrontemos y lo "resolvamos" en el presente, con la madurez cognitiva que, de haberla tenido en nuestra infancia y adolescencia, nos hubiera permitido "no personalizar" los acontecimientos dolorosos de nuestra vida y reconocer que, con independencia de nuestros fracasos y del rechazo que hayamos experimentado antes, seguimos siendo valiosos y capaces.