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Grupo de Novela negra



Publico aquí mi segundo relato. La Duchancia: pequeño Preludio y Fuga opus 2.

david
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Escrito por David Sanchez
el 20/10/2010

La Duchancia: Pequeño preludio y Fuga opus 2.



Preludio



Para todos los que no saben que las bondades de la vida son exactamente las que hoy día a día más detestamos e ignoramos; para todos los que no saben hablar, los que no saben correr, los que no saben escuchar, que no saben jugar, que no saben entender, los que no saben que lo que creen que saben es en realidad algo que nunca sabrán; los que no saben observar, curiosear, probar, trotar, dar... Como le digo a usted amigo lector que es el que me lee ahora, para todos las personitas como usted, para todos los gusanitos que viven escarbando túneles sin encontrar salida en la guayaba moral de la bienaventuranza; para todos los que dicen que tienen colita sensible y por eso necesitan de un papel higiénico caro; para todos los que necesiten de tres jabones para limpiarse la cara; para todos los que quieren gozar del desquicio de la belleza, a todos esos cabritos de cola parada y dentadura postiza, esos, esos, esos, los que gozan de las bondades de la ducha diaria, esa que los hace fantasear con un nivel divino limpieza corporal y mugre espiritual, esa ducha que los hace sentirse siquiera por un momento del día, por un momento limpios, libres de pecado, separados de lo que en verdad son, anulando la suciedad que les impregna cada poro y les tapona la cabeza, la ensordece, la anula, esa mugre tan bien vista en nuestra amable y saludable suciedad de la limpieza, el orden, la legalidad, y demás adjetivos que sólo se arañan en el sucio momento de la duchancia, palabra que me acabo de inventar para todos los que se tienen que limpiar a diario la mugre de ser ellos mismos, esa que se acumula en el cuello, esa que asfixia, la que queda en los cuellos de las camisas, orígen de la crisis de la edad adulta, esa que se inventó el stress y las bicicletas estáticas; esa mugre que hoy todos, con mi ayuda y conocimiento sobre el descubrimiento personal vamos a aprender a limpiar.




Fuga.


Se preguntará usted amigo mío o desconocido qué es esta extraña palabra que hoy nace y que tiene una incontable cantidad de aplicaciones. La duchancia, es un concepto, cargado de significados que usted tenderá a relacionar con palabras como la estancia o como la abundancia, o peor aún con palabras más significativas como la elegancia, o más bien, y le sugiero esto porque la secuencia de repetición no me permite nombrar más ejemplos o se le va como vino la elegancia a nuestro dialogo, todo lo que usted quiera imaginar que contenga el sufijo -ancia. Esta nueva palabra a la que hoy dí luz después 18 años de pensamiento es mi obra maestra del día de hoy. Este concepto representa la cosecha de años de trabajo de campo en el campo sin trabajar en él. A pesar de que suena complicado y usted se preguntará si propongo aquí un juego de palabras le tengo que decir que no, que es así tal y como suena, sin trucos: es un trabajo de campo en el campo sin trabajar en él. Amigo (a) médico (a), abogado (a), psicólogo (a), publicista; micrista, bomberista, odontólogo (a), relacionista, managerista, simplista, educador (a), profesor (a), amigo escalista; administrador, corredor.... ¡Amigo concertista! Le sugiero a usted que sabe tanto de métodos de esta singular habilidad que se agarre bien a esta partitura porque este concepto de desarrollo que surge del trabajo de campo que nunca se hizo lo va a dejar sentado un buen rato pensando en los métodos empleados para realizarlo, para tocar esta obra que nunca fue compuesta y para escribir este libro que ahora escribo gracias a mi brillante uso y desarrollo de las herramientas y habilidades creativantes; pero, colega titulado en las artes creativas, yo creo que eso usted ya lo ha estudiado.




La duchancia amigo mío, o „Spa para chiquitos“ como yo le llamo es apta para personas tan bajas como esa musiquita que usted escucha, como la de Ricardito o la de los latinoamericanos revolucionarios que le cantan al pueblo que también se quedaron igual de ordinarios que el pueblo al que le cantan; esa que usted debe escuhar mientras se baña y se saca la mugre para después volver a ponérsela transformada en corbatas y tacones; o esa que escucha mientras se aplica el jabón íntimo y se pregunta porque dios la hizo tan imperfecta que tiene la inaplazable y casi jurídica obligación de hecharse jabones de PH neutro para mantener tranquila la bestia oculta de su zona íntima, que a juzgar por el nivel de tranquilizante que trae su jabón probablemente al adjetivo de su zona habrá que reemplazarle la T por una F. La duchancia (del Sánchez: ducha+ignorancia), enfermedad del siglo XXI que padecemos todos directa o indirectamente, enfermedad a la que rogamos pertenecer una vez conseguimos uno de esos trabajitos de lacayo, de esos que hacen ofertas biblícas de paradisiacos años venideros que como el mesías, algún día llegarán, pero a diferencia del mesías sí llegan, pero justo cuando usted vio esfumarse al frente suyo, como cuando el correcaminos arranca y sin detenerse, su vida por delante; justo cuando usted entra al baño, y se da cuenta que su hija usa jabón íntimo y usted ni siquiera se enteró cuando, cómo, o a qué horas pasó. Sí hermanito, es que yo a usted lo quiero como un hermano, trabajos bíblicos, ofertas sagradas; el evangelio de la mediocridad. Y yo, inútil y tonto que soy, maestro de la elucubración, con todo el tiempo que me sobra sólo me pregunto y me pregunto a mí lo que le debería preguntar a usted, pero como a usted no lo tengo aquí y este usted tiene tintes de pluralidad puesto que usted no es el único que va a leer esto, lo escribo y le pregunto a usted preguntándome a mí y todos al mismo tiempo usando para ello sólo un sujeto.



Ahora sí:


-Dígame usted como fue que se contagió.


- A mí me dijeron que así era la vida; a mí me dijeron que uno estudiaba y después trabajaba y entonces se pensionaba, y vivía así bien conforme a los dictámenes de nuestra suciedad.


-Negativo mi querido aprendiz, o si quiere le digo positivo pero sólo si para ello tenemos en cuenta que es el resultado que le sale a uno cuando ya le han contagiado el SIDA. Lleguemos entonces a un acuerdo positivo para los dos: positivo. ¡No, querido compatriota: Idiotra!. „Algo tan complejo como la vida no se puede resumir así“ elucubraba yo cuando tenía 10 años, y ahora que tengo 11 le cuento que yo ya renuncié a tener esos trabajitos y a estudiar esas carreritas que sólo garantizan la tranquilidad: íntimos días eternos pintados por el agudo tranquilizante del blanco pálido de la oficina y el uso del PH neutro. No niño (a), a usted, yo, que soy un vacán, inútil y lleno de tiempo libre desperdiciado en lucubraciones le voy a soltar este consejo, pero no crea que se lo voy a decir no más, así con palabras huecas y pobres como la de los cantantes, con ese sinsabor con el que habla todo el mundo que se baña a diario; no calidoso, yo no soy de esos: yo, que vivo solo, en cambio salgo a la calle a comprarme algo que me produzca alergia como por ejemplo el jabón, luego me siento frente a este pañuelo electrónico de teclas y me sueno el cerebro contra esta pantalla tan fuerte como puedo. Soplo o estornudo (válgase la aclaración que durante el estornudo expulsamos el aire de la manera más fuerte y rápida posible) tan fuerte como puedo, como cuando uno le saca los agudos a una flauta, y una a una, las goticas que vienen separadas desde adentro se incrustan paulatinamente en este pañuelo formando abstractas y artísticas figuras que al final le acaban dando vida a esta verde pero madura flema de palabras con las que a usted le acaricio la cara mientras le hago un masaje cerebral. Pero tranquilo que no soy doctor, yo no lo mato; lo dejo, como experto jugador del ajedrez de la vida y maestro de la provocación, ahogado, sin expectativas, sin retroceso, ni posibilidad de movimiento. Cojo mi alfil negro, me muevo por su tablero blanco de peones de aloe vera, caballos de rizos perfectos y damas tinturadas, y en algún momento durante la duchancia, justo cuando usted se mira en el espejo, o justo cuando usted se baña, encuentro a su rey y sin darle mate lo mato, le aplico esta vacuna intelectual o simplemente se lo clavo en el ojo; o en la zona ínfima dependiendo de la feminidad del caso.


A usted le soplo un terremoto idiomático, insoportable para sus oídos de serenatero, de mariachi, de vallenatero, o para no infringir como mencioné antes una importante regla del arte clásico, todos los géneros musicales que alcance a cubrir la grandiosidad del sufijo -ero. El terremoto, salvajemente diluído en el viento entra al oído y empieza a agrietar, como cuchillo deshuesador de carnicero cada pared cuyabra de sus huesitos del oído uno a uno: de repente su yunque se parte su martillo se martilla y el que queda pierde los estribos ¡PfFfFff! ¡¡CrkKK! Suenan sus huesitos cuando escuchan estas españolizadas disonancias, y ellas que salen y suenan sólo cuando yo las dirijo con mi batuta celestial le explican a usted como fue que lo ahogué en esta partida; ellas le explican cada turno, delicadamente y con paciencia como fue que usted se jodió, a qué horas pasó, dónde, y cómo fue que su familia creció, usted no la vió; su hija usa tranquilizante, usted ya no es pensante ; su esposa es de alto turmequé y usted no se la comé, etc. Tan terrible es esta carga sicólogica que le hizo perder los estribos al último; qué cantidad de escombros mentales los que le dejó este terremoto. Pero amigo, volviendo al tema, ya que después de haber usado mis peculiares habilidades infantilescamente-creativantes yo, que soy un vacán, que le dije de antemano como le iba a dar este consejo no creo que usted haya quedado con ganas de recibirlo, ¿Porque con qué lo va a recibir si su ciudad auditiva está en escombros? ¿Con su esquizofrénico estribo? Pero si usted insiste, si usted es de los que dice que regalado hasta un puño se lo voy a dar: no se bañe más.