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Foro de Escritura

Pamelita Villegas
Valle del Cauca, Col...
Escrito por Pamelita Villegas
el 20/10/2009

Necesito las caracteristicas de la literatura precolombina y la literatura de la la conquista

Sara Martinez
Antioquia, Colombia
Escrito por Sara Martinez
el 01/03/2010

Hay x fa ayudemen a encontrar esa respuesta.. Y gracias

Escrito por Conny Sanchez Gutierrez
el 04/03/2010

Ola mira es facil la literatura de la conquista se basa en como los españoles llegan a la india y tratan de apoderarse de ellos ofreciendoles animales,ect. Cuando los españoles llegaron se encontraron en una guerra ente atahualpa y huascar. En la palabra te lo dice todo "LA CONQUISTA" POR EJEMPLO QUE HACE UN CHICO PARA CONQUISTAR A UNA MUJER? LE MUESTRA TODO LO BUENO QUE TIENE LA TRATA BIEN LE DA REGALOS, eso es lo que los españoles hicieron para poder "adueñarse de los indion" dandoles su lenguaje, animales, costumbres, ect de ahi nace el mestizo que es hijo de indijena(indio) y de espoñol.... Espero que te sirva pero si quieres algo mas concreto...

Literatura peruana es un término que se refiere a las manifestaciones literarias producidas en el territorio del Perú . Dentro de este marco se incluye la literatura producida en el Virreinato del Perú durante el período colonial y rezagos de formas artísticas orales de poesía amerindia (vinculada a cualquiera de las diversas etnias regionales existentes en la época de la conquista, como quechuas, aymaras o chankas).

Alguien Chvr
Las Tunas, Cuba
Escrito por Alguien Chvr
el 17/03/2010

  1. Dependencia de España . - Fuimos eco de la literatura de E spaña porque se escribió con espíritu y sentimientos españoles.
  2. Alto valor histórico . - La literatura de ese entonces recogió testimonios del colonialismo que se implantó.
  3. Retoricismo . - Hubo preocupación por la expresión y la forma. Se introdujeron elementos de la preceptiva literaria española: el soneto, los versos endecasílabos, la rima, etc.
  4. Estilo Satírico . - Se usó la s átira mordaz e hiriente para criticar a personajes virreinales.
  5. Imitación . - Las corrientes o movimientos literarios de Europa tuvieron adeptos e imitadores en Perú.

Ddf Dfds
Lima, Perú
Escrito por Ddf Dfds
el 18/03/2010

Aca esta una `pagina de todo eso es facil esta sus representantes sus coplas romances cronicas caracteristicas ,etc.


Https://elmejorpuntodeencuentro.blogspot.com/2008/06/literatura-de-la-conquista. Html

Https://elmejorpuntodeencuentro.blogspot.com/2008/06/literatura-de-la-conquista. Html


Son el mismo 8=====D

Jemima Chamorro Rios
Huanuco, Perú
Escrito por Jemima Chamorro Rios
el 23/03/2010

Nesecito todo de la literatura inca porfavor

Camila Malaver
Bogotá, Colombia
Escrito por Camila Malaver
el 09/07/2010

ACA ESTA TDO LO Q HAY Q SABER DE LA LITERATURA DE LA CONQUISTA
l. El castellano en Colombia. Un idioma limpio, un castellano depurado de neologismos, es la lengua que se habla en C. , a lo largo y a lo ancho del país, desde los tiempos de la conquista española; acontecimiento que, sin embargo, no llevó consigo la fusión de razas y de lenguas. Claro está que esta afirmación no se hace en sentido absoluto. El mestizo ha eXIstido siempre en C. Pero aun el mestizo habla un castellano puro. Sólo existen matices dialectales entre los mulatos, en los pueblos de las costas atlántica y pacífica, del mismo modo que en los demás pueblos antillanos. Peculiaridades que no han influido notoriamente en la literatura colombiana. El más notable poeta costeño natural de Cartagena de Indias, Luis Carlos López (1883-1950), escribió sus Aguafuertes en el más neto castellano. También el novelista costeño Gabriel García Márquez (v. ), n. En aquellas mismas tierras en 1928, aunque al hablar no pueda sustraerse a esa especie de dialecto antillano, escribe en un castellano sin peculiaridades. Ni qué decir, entonces, de la lengua que se habla en el interior, en las montañas y en los valles, en las ciudades y en los villorrios, donde el refranero popular es el viejo de Castilla, y el quijotesco; y donde los arcaísmos castizos tienen uso frecuente.

2. Esquema de la historia literaria. La literatura colombiana puede dividirse, cronológicamente, en precolombina, de la conquista, de la colonia y de C. Independiente. No puede decirse que la precolombina sea literatura propiamente nacional, porque lo poco que se ha rescatado de las tribus territoriales, es más bien propiedad del acervo americano.

Literatura de la conquista. Es casi toda crónicas y relatos históricos. Y los escritores de esta etapa son casi todos clérigos y militares. La riqueza de sus obras es de valor histórico, y el valor literario que puedan poseer es muy poco y está en lugar muy secundario. Los primeros documentos aparecen ya en 1519, al estilo de la Suma de Geografía, de Martín Fernández de Enciso (v.). De interés informativo, sin arte alguno, porque su intención se agota en la descripción y en el recuento de los hechos.

Gonzalo Jiménez de Quesada (v. ), fundador de Bogotá, escribió varias obras; y entre ellas, unos Sermones para ser predicados en las fiestas de la Virgen. Había n. En Granada, España, en 1506.M. , leproso, en Mariquita, C. , en 1579. Licenciado en leyes, como escritor se nota en él hondo influjo del renacimiento italiano tan en boga entonces en los medios universitarios españoles; y asimilado aún más, durante su intensa temporada en Italia, especialmente en Florencia. La única obra suya que se conserva completa es la comúnmente conocida como El Antijovio (Bogotá 1575), donde «se contienen todas aquellas cosas en que Paulo Jovio, obispo de Nochera, anduvo errado... ». Producto típico del humanismo ultra-reformista. Obra erudita, clásica, en ocasiones pedante; y que no se entrelaza con lo que posteriormente habría de ser la literatura del Nuevo Mundo.

El clérigo Iban de Castellanos (1522-1607), de origen español pero arraigado en C. , en la conventual ciudad de Tunja, es autor de la obra más importante del periodo de la conquista: las Elegías de Varones Ilustres de Indias (Madrid 1589), obra ambiciosa, de 124. 870 versos; de ilimitado contorno geográfico en su paisaje; con una asfiXIante multiplicidad de sucesos y descripciones, donde la lírica y el recuento alternan indiscriminadamente; y donde la intención épica del autor desaparece para convertirse en crónica de la Historia, insustituible archivo de datos de toda índole.

Pedro de Aguado (1503-88), fray Pedro Simón (15741640) y Lucas Fernández de Piedrahita (1624-88), son los principales narradores de la historia eclesiástica y civil de la conquista. En la obra de este último, Historia General de las Conquistas del Nuevo Reino de Granada (Madrid 1688), hay ya atisbos de crítica; y más rigor científico en la búsqueda de las fuentes de información.

La obra de Juan Rodríguez Freyle (1566-1638) se sale de los moldes anteriores. El Carnero (Bogotá 1636) es un libro sabroso y ameno, casi una crónica picaresca, donde la narración de los hechos se ve condimentada por una gracia picante y burlona. Esa especie de fresco pictórico social, donde los diversos personajes discurren con todos sus defectos, señalados con cierto tinte moralista del autor, que les infunde algo perdurablemente humano, constituye, a pesar de sus deudas con la literatura peninsular, una de las más características obras de la literatura colombiana.

El periodo de la Colonia. Podría pensarse que en esta época la literatura colombiana es un apéndice de la española, pero no de la del Siglo de Oro, que llegó a C. Dos siglos y medio después, con Tomás Carrasquilla (v.). Más que el clasicismo, en la literatura colombiana dejarán impronta el conceptualismo y el culteranismo, en la obra de Hernando Domínguez Camargo (1606-59); y el desmañado estilo de Teresa de Ávila, en la obra de Josefa del Castillo (1671-1742). La exaltación de lo religioso, simbolizado en una imagen de estrepitosa suntuosidad y pompa, tan en boga entonces; y la marcada influencia culterana de Góngora (v. ), explicarán una obra como es el Poema heroico de San Ignacio de Loyola (Madrid 1666), de Domínguez Camargo, caracterizada por un barroquismo empalagoso. Más sencillo e íntimo en sus sonetos, especialmente en su soneto inmortal dedicado a Guatavita.

La obra principal de Josefa del Castillo, Afectos espirituales (Bogotá 1843), es muestra única de literatura mística en la América hispana. Su autora es, además, neto producto criollo, porque nació, vivió y murió en Tunja; y allí, también, furtivamente leyó y ensayó todas las vanidades y las profundidades de los estilos literarios. El suyo propio, sin embargo, no es mullidamente clásico El recargo de metáforas, la desmesurada afición al hipérbaton y al circunloquio, el abuso de la elipsis y de la antítesis, dejan ver claramente que Josefa del Castillo no ha asimilado con buena sindéresis el cúmulo de sus lecturas. De todos modos, tanto los Afectos espirituales como la narración de su Vida (Filadelfia 1817), dan testimonio de una vocación literaria no despreciable, sino, por el contrario, altamente reconfortante para el lector de todas las épocas, que puede recrearse en una poesía ingenua e intensa y en una narrativa hondamente humana.

Una época perdida. Hagamos una pausa, porque aquí termina la época colonial de la literatura colombiana. Y pasa casi un siglo sin señal importante del quehacer literario, y sin dejar obras que hoy se recuerden. Todo ese resto del s. XVIII fue estéril para las letras. La sociedad había comenzado una evolución cultural muy interesante, pero quizá perjudicial no sólo para la expresión literaria. Me refiero al afrancesamiento de la cultura colombiana, que ocurrió precisamente por aquella época. Transcurría la Ilustración (v.). En España era periodo de decadencia literaria. En Francia se publicaba literatura seudofilosófica. Los colombianos cultos leían a Rousseau y a Voltaire, preferentemente. Y sus intereses humanísticos no trascendían más allá de la teoría del poder político. En esta coyuntura nace el periodismo colombiano. Lógicamente, porque el periodismo como género literario se ajustaba exactamente a las necesidades de ese momento. Y así como en la conquista habían hecho la literatura militares y clérigos; y en la colonia clérigos y monjas; en adelante, y hasta la mitad del s. XII, harán la literatura los periodistas, los próceres de la independencia y los políticos.

La expedición botánica. Pero hay un claro en este periodo, y es el que hace la expedición botánica, dirigida por el sabio José Celestino Mutis (1723-1808; v. ), cuyo fruto colectivo, Flora de la Expedición botánica, es motivo de universal admiración. Francisco José de Caldas (1771-1816) aportó lo mejor a esta obra. Caldas resumía las condiciones de periodista, prócer de la independencia; y para fortuna, pésimo político; y añadía la condición de gran científico. Dirigió el «Semanario del Nuevo Reino de Granada», y alentó reuniones literarias (las célebres tertulias), de las que participaron los colombianos más esclarecidos de entonces en Bogotá.

Literatura política. De todo lo escrito por estos años, valdrá la pena recordar el Memorial de agravios (Bogotá 1809), de Camilo Torres, una de las figuras próceres más ejemplares de la nación colombiana, y muestra de los albores de la C. Independiente. Torres n. En Popayán, en 1766; m. Fusilado en 1816. Donoso estilo el del Memorial, franco y pulido al mismo tiempo; no obra de militar, sino de fino ideólogo. Es frecuente en la literatura colombiana hallar hombres como Torres, de vida agitada en lides militares y políticas, y al mismo tiempo pausados en las tareas intelectuales, cuidadosos de la forma literaria y del gesto humano en sus actuaciones sociales. La verdad es que habiendo sido gran literato el caudillo de América hispana, Simón Bolívar (v. ), y habiendo encauzado sus buenas condiciones para las letras hacia los documentos políticos, fácilmente se explica el interés de los próceres colombianos que lo acompañaron, de dejar por escrito su pensamiento acerca de la naciente república. Las cartas, las proclamas, las memorias, en fin, de los próceres de la época, llenan bibliotecas enteras. Ésa es la obra literaria de 50 años, corridos entre 1790 y 1840, año de la muerte de Francisco de Paula Santander (v. ), el hombre colombiano más caracterizado de la independencia.

Literatura de Colombia independiente. Se ha dicho que C. Es país de literatos. Y de poetas, más concretamente. Y es verdad que no puede señalarse lo mejor de la literatura de Hispanoamérica sin hablar al mismo tiempo de algunos poetas; y, sobre todo, filólogos y novelistas colombianos.

Los poetas. Fue contemporáneo de José Eusebio Caro (v. ), Julio Arboleda (1818-62), autor de Gonzalo de Oyón, único intento de épica que se ha hecho en C. Es una leyenda heroica, de asunto romántico. Quizá la falta de una acción unificante le quite interés a la obra total que, por otra parte, quedó inconclusa. Pero cada uno de sus cantos tiene un gran valor por las vivas descripciones, por la sostenida inspiración, por el maravilloso juego de lo fuerte y de lo blando en el manejo de los versos heroicos y románticos. Recuerda al Tabaré de Zorrilla de San Martín.

La poesía bucólica tuvo dos artífices a quienes prodigó alabanzas Menéndez Pelayo. Son Epifanio Mejía (18381913) y Gregorio Gutiérrez González (1826-72). La obra de aquél es breve, no cuenta más de cien páginas. El pobre poeta pasó largos años recluido en el manicomio. Gregorio Gutiérrez, en cambio, pudo escribir con sistema. Es autor de la Memoria sobre el cultivo del maíz en Antioquia (Medellín 1866). Un poema descriptivo, presentado como ensayo científico ante los socios de la Escuela de Ciencias y Artes de Medellín y que, según el crítico Gómez Restrepo, «marca el tránsito del romanticismo al realismo» en las letras colombianas. Su técnica, de gran simpleza, posee acentuada versatilidad, en medio de mesurada proyección plástica, que combina las descripciones de la exuberante naturaleza tropical y de las usanzas sosegadas de los labriegos, con la picaresca más festiva y la más intensa poesía de lo cotidiano.

Junto con Rafael Pombo (v. ), José María Rivas Grot (1863-1923), autor de Las Constelaciones; José Joaquín Ortiz (1814-92), el cantor de El Tequendama; Carlos Arturo Torres (1867-1911), traductor de Leopardi, y Diego Fallón (1834-1905), poeta del inmortal canto a La Luna, el romanticismo (v. ROMANTICISMO IV) en C. Se desarrolla fuertemente, inspirado en el francés y en la lírica de los más característicos románticos españoles, exceptuado, desafortunadamente, Bécquer (v. ), cuyos discípulos colombianos no alcanzan a ocupar sitio de preeminencia. Más que Byron (v. ), influyen Lamartine (v. ), Hugo (v. ), Musset (v. ); y en la técnica, Espronceda (v. ), Núñez de Arce (v. ) y Campoamor (v.). Un ligero tinte becqueriano se encuentra en la obra de Julio Flórez (1867-1923). Pero éste, acaso el poeta más popular de C. , nos deja una curiosa mezcla del más agudo romanticismo afrancesado y de los leit motiv y los lamentos de los poetas malditos, fin de siglo. Sus obras más señaladas son, sin duda, Gotas de Ajenjo (Bogotá 1843), Flores Negras (Bogotá 1943) y Fronda lírica (Bogotá 1910).

El modernismo. Sin embargo, no es allí, en los románticos, ni siquiera en el anterior neoclasicismo (v. NEOCLAsicisMo II, 3) de Caro, donde la poesía colombiana se hace fuerte. Es en el modernismo (v. MODERNISMO III), cuyo iniciador fue seguramente José Asunción Silva (v.). Después de Silva, Guillermo Valencia (1873-1943) entroniza totalmente la lírica moderna en las letras colombianas. El parnasiano Valencia es autor de Ritos (Barcelona 1898), y de las bellas traducciones de poesía china y japonesa publicadas en un volumen con el nombre de Catay (Bogotá 1928). Lo que existe de fluidez y agilidad verbal en la obra de Silva, halla en Valencia un ámbito distinto: ese escenario parnasiano, que tan bien contribuye a realzar lo que en el poeta hay de aristócrata, de desdeñoso y de altivo; y que regula un mundo donde la mezcla de los más disímiles elementos, ya sean traídos de la Grecia pagana, ya del más entrañable cristianismo, conforman una poesía de elaborada perfección formal; y la cargan de extraños e insólitos contenidos. Rígida. Excesivamente fría en sus motivaciones. Marcada por un sello: la elocuencia. Poesía fruto de una vasta cultura del autor, como se puede evidenciar a lo largo de todo el itinerario poético, y que no sustenta, esa cultura, su obra, potenciándola, sino que más bien la ahoga, haciéndola frecuentemente superflua.

Luis Carlos López, ya citado, es un poeta singular. Libérrimo en la forma, juega con el soneto, con la copla, y con una especie de ha ¡-kai; y en el fondo, irónico, desengañado, denunciando la mediocridad y atendiendo a los rasgos negativos para contraponerlos, engendrando conflictos explosivos, en el ambiente apacible de la provincia, del tedio y del conformismo. Su acre diatriba, manifestada generalmente en sonetos a su amaño, constituye una excepción notoria dentro del ambiente académico que ha imperado en las letras colombianas.

De 1930 a 1950. Tres grupos: Los Nuevos, Piedra y Cielo, y Los Cuadernícolas: es ése el panorama de la mejor poesía colombiana de este siglo. De Los Nuevos, León de Greiff (v. ) y Jorge Zalamea (v. ), ya camino de ser octogenarios, presentan una obra extensa e interesante. De Greiff dejó de escribir hace varios años. Pero Zalamea seguía en 1970 en la plenitud de su creación poética, como lo muestran sus dos grandes poemas del género que él ha denominado «poesía de aire libre», poesía social de nervio épico.

Del grupo de Piedra y Cielo queda una obra apreciable. Son los discípulos de Juan Ramón Jiménez (v.). No deja de ser curioso que Juan Ramón haya influido hasta ese punto en la poesía colombiana, lo que no ocurrió con García Lorca (v. ) ni con Antonio Machado (v. ); y lo que menos aún sucedió con otros poetas ingleses y franceses, ni con Tagore (v.). Los más importantes piedracelistas han sido Jorge Rojas (1911), Arturo Camacho Ramírez (1910) y Eduardo Carranza (1913).

En Los Cuadernícolas se advierte la influencia de poetas europeos modernos: de Valéry (v. ), de Rimbaud (v. ), de Michoux, etc. , aunque no hasta el punto de poder decir que la poesía colombiana ha asimilado ya ese flujo tan valioso de la gran poesía moderna. Nada hay que induzca a identificar algo más que el atisbo del genio de un Claudel (v. ), de un Ungaretti (v. ), de un Milosz, ni las formidables construcciones de esa poesía se han trasplantado a las letras colombianas. De este grupo vale la pena mencionar a Jorge Gaitán Durán (1924-62), Eduardo Cote Lamus (1925-65), Rogelio Echavarría (1924), Fernando Charry Lara (1920), Alvaro Mutis (1921) y Fernando Arbeláez (1921). Dos poetas modernos ajenos a esos grupos, cuya obra es altamente meritoria, son Aurelio Arturo (1908) y Rafael Maya (1897). Maya es uno de los escritores más completos que ha tenido C. , por su doble vocación a la poesía y a la crítica literaria, que ha hecho posible obras de la magnitud de La vida en la sombra (Bogotá 1925), Coros del mediodía, Después del silencio y, en la crítica, Consideraciones críticas sobre la Literatura colombiana y el pequeño volumen sobre el modernismo.

Entre muchísimos otros poetas de mérito para figurar en la historia de la literatura colombiana, pertenecientes a esta época, sería imperdonable no mencionar a Ciro Mendía (1892), José Umaña Bernal (1899), Juan Lozano y Lozano (1902), Alberto Ángel Montoya (1903), Octavio Amórtegui (1901) y Germán Pardo García (1904). Actualmente, los poetas ya consagrados siguen escribiendo bajo esos signos anteriormente descritos. Hay un grupo llamado de los Nadaístas, que pretende seguir los caminos de la literatura existencial, pero le falta el genio. Lo más reciente, sin embargo, lo que están publicando poetas de 18 y de 20 años, apunta como buen augurio para la poesía colombiana. Lo más valioso sigue la línea magistral de Porfirio Barba-Jacob (v. ), es decir, una lírica agresiva, fuerte, que incorpora al elemento de autenticidad (paisaje, raza), un espíritu universal: la solidaridad con el hombre, en todas sus facetas, social, religiosa, íntima, personal.

La novela y el cuento. María y Manuela son el comienzo de la novelística colombiana. La primera, obra de Jorge Isaacs (1837-95). Un idilio, menos que una novela. Pero María (Bogotá 1867) ha alcanzado el mayor éXIto universal a que una obra literaria pueda aspirar: ediciones en todos los idiomas, en todos los formatos; proyección posterior en varias literaturas, y un arraigo increíble entre el pueblo, similar sólo al que han conseguido obras como las Rimas de Bécquer. Manuela inicia un género que ha tenido en C. Buenos cultivadores: el costumbrismo (v. COSTUMBRISMO II). Fue escrita por Eugenio Díaz (1803-65). El género costumbrista, que tuvo en Tomás Carrasquilla (v. ) su más importante artífice, ha sido cultivado especialmente en las tierras de Antioquia y de Caldas, y ha producido obras tan importantes como el Guayabo Negro de Efe (Francisco) Gómez (18671938), Risaralda (Manizales 1935), de Arias Trujillo (190445), y David, hijo de Palestina (Medellín 1931), de José Restrepo Jaramillo (1903-40).

La Vorágine, de José Eustasio Rivera (v. ), inició la llamada novelística tropical, que en C. Sólo ha dado esporádicamente sus frutos, como la novelita de Eduardo Zalamea Borda, Cuatro años a bordo de mí mismo (Bogotá 1934), y las primeras obras de Manuel Mejía Vallejo, el primer colombiano galardonado con el premio Nadal (1965). Mejía Vallejo (1923), autor de La tierra éramos nosotros (Medellín 1945), Al pie de la ciudad (Buenos Aires 1958), Los Negociantes y El día señalado (Barcelona 1964), ha cultivado hasta ahora la novela regional, de carácter costumbrista, de una estructura virtuosamente lineal, que prescinde de los procedimientos más usuales de la actual narrativa. En esa misma posición se encuentra la obra de Eduardo Caballero Calderón, también galardonado con el premio Nadal (1966), con El buen salvaje (Barcelona 1966).

Ni Caballero Calderón (1910), ni posteriormente Manuel Zapata Olivella (1920) y Héctor Rojas Erazo (1923), han logrado captar en su obra ese fondo americanista (mezcla de razas, conflicto personal y social), que se encuentra en García Márquez, y que es el distintivo de la novela moderna hispanoamericana, de Cortázar, de Carpentier, de Vargas Llosa. Con Gabriel García Márquez la novela colombiana, ya en nuestros más recientes días, ha alcanzado sitio de importancia clave en la novelística americana, como una expresión más del gran auge que actualmente experimenta la narrativa en los países americanos. Sus dos obras más importantes son El Coronel no tiene quien le escriba (México 1963), de un realismo seco y lacónico; y, sobre todo, Cien años de soledad (Buenos Aires 1967), feliz creación de una desaforada imaginación que mezcla en un solo aliento el mito con la historia, para dar, hasta el momento, la recreación más válida de las letras tropicales.

El ensayo. La temática más reiterada en los ensayos ha sido, en nuestro medio, la crítica literaria, la política, la socio-economía y la historia. En un nítido primer plano debemos mencionar, entre los más notables ensayistas, a Baldomero Sanín Cano (1861-1927), Antonio Gómez Restrepo (1869-1946) y Luis López de Mesa (1884-1967). Son ellos, junto con los tres grandes filólogos, Cuervo, Caro y Suárez, la máXIma expresión del humanismo en la historia colombiana. El ensayo, como sucede en casi todas las culturas modernas, es el género más cultivado en C. Sería interminable hacer un recuento de los ensayistas, pero de todos modos debe mencionarse a Laureano Gómez (v. ) (1889-1965), en el ensayo político; a Rafael Gómez Hoyos (1920), en el tema histórico; a Javier Arango Ferrer (1905), en la crítica literaria; y a Otto Morales Benítez (1923) y Belisario Betancur (1923) en los estudios socio-económicos. En este sentido, han cumplido siempre buen papel las revistas de instituciones, especialmente las de las universidades. Desde hace 10 años se publica la rev. «Arco», para los países bolivarianos.

Los filólogos. De Andrés Bello (v. ) apuntaba alguien que «nació en Venezuela, enseñó en Chile y le aprendieron en Colombia». Esa frase, que no quiere molestar a nadie, señala el hecho de que en C. Los filólogos han marcado fuertemente los caminos de la cultura. Desde Rufino José Cuervo (v. ), pasando por Miguel Antonio Caro (v. ) (1843-1909), el traductor de Virgilio y autor del Tratado del Participio, y por Marco Fidel Suárez (v. ), hasta llegar a una numerosa colectividad de filólogos menores; y al entusiasmo por los estudios filológicos, que condujo a la fundación del Inst. Caro y Cuervo (Bogotá 1950), que presta servicios a todos los estudiosos de la América hispana y de otros países de otras lenguas. No es frecuente aludir a esta clase de literatos (los filólogos) cuando se habla de una literatura. Pero la omisión es injusta. Ellos, en C. , han mantenido vivo el interés por conservar la pureza del idioma, sin menoscabo de esos elementos folklóricos y dialectales, igualmente vivos, que lógicamente ayudan a la obra artística y a veces la nutren. La Acad. Colombiana de la Lengua fue la primera en fundarse por tierras de América. A su amparo, decenas de colombianos han trabajado silenciosamente en el desarrollo de la cultura idiomática. Actualmente es su secretario vitalicio José Manuel Rivas Sacconi (1917), también director del Inst. Caro y Cuervo, y autor de la erudita y exhaustiva obra El Latín en Colombia, verdadero bosquejo del humanismo colombiano.

Escrito por Viki Gamarra Porta
el 21/08/2010

Jajaja sabes q ¡Io tampoko se jajaajajajaa ;)

Escrito por Viki Gamarra Porta
el 21/08/2010

Sabes Q? Amitha yo tampoko se jajajaja ;)

Yesica Diaz
Albacete, España
Escrito por Yesica Diaz
el 03/09/2010

Necesito las principales caracteristicas de peru.............. Urgente.................... XD

Yesica Diaz
Albacete, España
Escrito por Yesica Diaz
el 03/09/2010

Las principales caracteristicas de peru............. Urgente...

Escrito por Juana Huapaya Hernandez
el 26/10/2010

Caracteristicas:

-Predomina el ingenio popular.

-Lectura no versada por los literatos.
Utilizan la sátira y la burla.

Escrito por Juana Huapaya Hernandez
el 26/10/2010

Caracteristicas:

-Predomina el ingenio popular.

-Lectura no versada por los literatos.
-Utilizan la sátira y la burla.

Escrito por David Bazan Fernandez
el 28/04/2011

Kiero saber el resumen de la literatura de la conquista =) (david_virgo_8@hotmail. Com)

Azulbel
Escrito por Azulbel
el 16/12/2012

Prometo tratar de conseguir, es muy interesante el tema, en breve vuelvo si consigo información!

Saludos Cordiales.