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Polisínton enfadada

Jes
Psicologia clínica/psicoanálisis ub/ua...
Escrito por Jes Ricart
el 09/05/2009

Episodio 5. Polisínton enfadada. JesRICART

Por encima de cada uno de nosotros hay alguien que se cree haber sido el hacedor del universo, el responsable de las leyendas, el pater de la patria. Estoy harta de estrategas, burócratas, planificadores y porteros (los de escaleras han sido superados en maldad por los de discotecas). Estoy harta de que alguien hable en mi nombre y por mí, sea quien sea incluidos los autores de mis días, en este caso Jes Ricart, el autor, ya que no soy el resultado de un óvulo pinchado sino de una exageración imaginaria, perdón de una imaginación exagerada. He declarado mi vocación a la ilimitabilidad y quiero ser consecuente con este principio lo cual no quiere decir que sea una narcisista soberbia que no me dé cuenta que mido uno setenta, pese 61 kilos, mi fuerza muscular se resiente si levanta más de 20 kilos y no sea ingrávida ni invisible, tampoco he inventado la teoría de la relatividad ni rengo la receta en el bolsillo para curar este mundo de taras. En resumen me puedo resumir en que soy una piba más de la vasta realidad de los ninguneados. Para creer otra cosa de mi, capaz de alcanzar todos los objetivos planteados y poder vivir consecuentemente con la critica histórica que se la ha hecho a las sociedades humanas y a sus historias debería ser una cuasi diosa y yo soy, por si no había quedado calor en anteriores episodios, una impía y una atea,

Solo los seres supra terrenos pueden hablar de la ilimitabilidad a la manera diva, la de las sopranos que rompen una copa de cristal con el solo poder vibracional de sus voces o la Uri Geller, fantasmal o no, torciendo cucharitas a distancia. Yo no tengo la suerte de ser volátil, etérea o angélica, solo soy un ser pesado, corpóreo, acuchillado por la realidad que te esculpe sin permiso confundiéndote con una masa de barro.

Mi invisibilidad ha formado parte de la estandarización en la que todos nos cruzamos en el campo visual de todos sin darnos cuenta, solo soy teatrera, pero declaro que me molesta cualquier director de escena a la vista. Quiero ser yo, yo, yo, yo,… He dicho yo. Lo repito: yo. Mientras se me encaje en ese pronombre todo irá bien. No quiero que eso suene a amenaza pero la verdad es que estoy enfadada. Patxi no para de llamarme para implorarme que sigamos viéndonos. Estos tíos mal desmamados son incapaces de aguantar una separación. No es que no lo eche a faltar, pero no estoy dispuesta a doblegarme a su dictado de machito en exclusiva. Hazme caso si quieres poner a prueba la autenticidad del afecto que te tenga cualquiera dile que el amor es universal y eso se concreta con goces sin acudir a las sombras con otros seres elegibles del planeta de los simios. Te predigo lo que pasará: eso dará lugar a una conversación civilizada y culta, incluso antropológicamente documentada, con suficiente tinta progresista para que nadie pase por estrecha. Un tiempo después cuando tu principio universal se convierta en un flirt con el amigo de tu pareja o con el vecino del rellano de abajo o con el último prosélito de la reunión a la que acostumbres a ir, por una magia negra que no controlas verás como los dardos afilados apuntarán a tu yugular, vendrán de distintos francotiradores. No comprenderás que en plena vigésima primera centuria adelantada haya gente de tu entorno confidencial que no comprenda tu liberalidad. Tú teorizarás su anhedonia y el entorno te colgará la ficha de #! @##@ Así siguen estando las cosas. Si no te dicen #! @##@ te dirán inmadura por no comprometerte con un solo hombre y un solo destino. Patxi no entiende esto. Yo quiero volar, volar, volar. Y la verdad es que de momento lo estoy haciendo. Todo fue como sacarme el chip de sujeto programado. Tras extirpármelo del coco recuperé mi auténtico yo: volví a experimentar el olor de las plantas, sentí la verdad del suelo paseando por el bosque con los pies descalzos, me quedé a gusto diciéndole a gente de opiniones y actitudes ultrajantes que es imperdonable. Imperdonable es una palabra fuerte que yo uso a cuentagotas. La verdad es que tengo que luchar contra mi propia ingenuidad y reconocer que efectivamente hay prototipos humanos imperdonables. Los celotípicos hay que reciclarlos enviándolos a una escuela de reentrenos sentimentales, a los explotadores hay que reenviarlos a un curso de economía para reestudiar el capítulo de las plusvalías, a los artistas comerciales hay que devolverles a la soledad del taller para que creen siguiendo sus pasiones sin atender a las necesidades del mercado ni doblegarse a los gustos ajenos, a los analistas hay que recordarles que el escritor que se doblega a las coyunturas y a los nombres galéricos estaciona sus móviles de creatividad para convertirse en una eco-respuesta de la realidad de la que se hace indicador. Aquí no hay más alterativa que la imaginación. Disfruto siendo una construcción imaginaria que solo existe en el grafo. Vivir en, por y para la realidad es insufrible. Prefiero ser un buen personaje imaginado que una persona condenada a la incompletud mientras viva. Pero mi código de barras determina que sea un personaje que además inventa y se inviste de personajes. Luego entonces soy o seré un multipersonaje. Me temo que soy el instrumento plástico de las frustraciones del autor de mis episodios. Lo último que le he oído decir en el ámbito de su intimidad doméstica a una amiga es que prefiere acompañarse de personajes imaginarios que perder el tiempo con personajes reales. Interesante caso el de este tipo. Que quede entre nosotras: ¿Es que se puede ser escritor y no estar loco? Ya veo por donde van a ir los tiros. Yo quiero ser yo, ya lo he dicho pero solo soy el resultado de una construcción en la que no ha tenido nada que ver la biología, por su parte mi creador no puede ser él limitado por una realidad que le prohíbe sus verdades. En consecuencia quiere hacer de mi lo que no puede hacer con él. Por el momento ya está hablando de mí como si fuera alguien de carne y hueso. Ha decidido algo que me parece extraordinario, a mí desde luego me congratula pero no sé si a él le va a complicar más su vida personal: hablar de invenciones yo mencionar la realidad o mencionarla poco. Si hasta ahora hacia de filósofo abstracto sin escuela ni academia que le rieran sus humores negros, a partir de ahora no se puede esperar grandes comprensiones. Eso explica que haya hecho de mí, de Polisínton, un ser incomprendido, con fricciones en sus ámbitos. Si rebobino mi memoria creo recordar que los tuve desde cría. En el colegio ya me sentía distinta del resto de la criaturada. Cuando abandoné la casa paterna, prematura y aceleradamente, dado el ambiente pastoso de fatalismo en el que me crié choqué con la bruma social ahí donde fuera. Al principio caí en la trampa de dividir el mudo entre los que tenían(mos) la razón y quienes no la tenían. Ha sido duro para mí comprender que nadie la tiene. La alternativa a los desmanes sociales es una ficción que ha sido reciclada por el mismo sistema para sacarle dividendos autonconsolidándose. Tantos millones de voluntarios y decenas de miles de entidades solidarias han convertido este mundo pardo en una repetición básicamente de lo mismo, un siglo y otro. Para cualquier propuesta progresista, -tal como dice Elisabet (sin hache final y con ese), un/a comentarista con el/la que podríamos hacer migas literarias, en el EMagister, uno de los foros donde escribe Jes- reacciones en cadena se inquietan en sus butacas, millones de detractores reaccionarios hacen prevalecer sus intereses para impedir el avance. Es verdad, todo lo que evolucionó el ser humano en comparación a otros primates, no digamos reptiles e insectos, por lo que hizo a su ensanchamiento craneal y su capacidad mental ahora involuciona a rabiar para impedir el innovacionismo social, En la especie humana predominan las contrafuerzas que hacen del conjunto un panorama anhedónico. ¡No sufráis gentes! ¡Cread vuestro propio modelo! Reinventad la vida, vividla imaginándola como os gustaría que fuera.

Tengo un serio problema: desde el momento en que he dejado de ser quien fui, una asalariada más en un mundo económico que no me gusta, una espectadora más en un mundo escénico que no me complace y una chica mas diluida en la sociedad empedrada, quiero decir fosilizada, en la que no me gusta residir me he quedado sin saber por dónde tirar. ¡Vale! Me complazco buscando personajitos. El día que hice de bombera con extintor apagué docenas de cigarrillos en las bocas de los fumadores. Se enfadaron claro. Pobrecitos, los fumadores, reconozco que les acompaño en el sentimiento. Si tuviera mi propia compañía de teatro podríamos hacer actos escénicos más complejos e impactantes. Una troupe de una docena de chicos y chicas llama la atención pero es tan interminable todo proceso de proyecto de grupo que he preferido hacer mis montajes sola. Por otro lado tampoco estoy segura de querer hacer montajes en el sentido técnico del término, solo quiero ser yo misma se me entienda o no. Ya que no puedo vivir como persona porque no me dejan viviré hasta las últimas consecuencias cada uno de los personajes que me vaya inventando. A eso lo llamo creatividad pero me da igual que se llame burrada, excentricidad, locura o lo que sea. Sí, sí, sí ya sé que hay un tipo de esquizofrenia que cursa queriendo dar la nota con vestuarios llamativos. Para mí las cosas serian más llevaderas si hubiera más originalidad y esta es uno de los atributos de la creatividad. Sigo sin entender que todo el mundo se agolpe a las mismas horas en el caos de tráfico de entrada y salida de la ciudad o se embuta dentro del metro sin sostener conversaciones entre sí.

¿La ausencia de pensamiento creativo es una consecuencia o una causa del estado del mundo y de sus cuestiones? Elisabet sostiene que es una consecuencia. Yo creo, es decir Jes y yo creemos, que puede ser las dos cosas. Es el punto del circulo que persigue al de delante en la línea continua e interminable sin alcanzarlo jamás. El humano bípedo (el de silla de ruedas y el de pulmón artificial también) es un animal de costumbres. Se ha acostumbrado a ser reproductor, consumidor, imitador, espectador sin ser creador, saboreador, inventor o crítico. Está perdido, completamente perdido. No deja de ser una brillante metáfora que para ser yo tenga que ser personaje y salir a la calle con tantos guiones escénicos como me apetezcan. Estoy enfadada. Otro día que no lo esté verás que tengo una vena más simpática.