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Grupo de Apoyo psicológico y humanitario a usuarios en emergencia



PERDONANDO Y SOLTANDO

Mirta
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 17/09/2010
El arte de la transformación (parte 1)
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La libertad que buscamos es la de ser nosotros mismos, la de expresarnos tal como somos. Sin embargo, si observamos nuestra vida, veremos que, en lugar de vivir para complacernos a nosotros mismos, la mayor parte del tiempo sólo hacemos cosas para complacer a los demás, para que nos acepten. Esto es lo que le ha ocurrido a nuestra libertad. En nuestra sociedad, y en todas las sociedades del mundo, de cada mil personas, novecientas noventa y nueve están totalmente domesticadas...


Lo peor de todo es que la mayoría de la gente ni siquiera se da cuenta de que no es libre. Algo en su interior se lo susurra, pero no lo comprende, y no sabe por qué no es libre. Para la mayoría de las personas, el problema reside en que viven sin llegar a descubrir que el Juez y la Víctima dirigen su vida, y por consiguiente, no tienen la menor oportunidad de ser libres. El primer paso hacia la libertad personal consiste en ser conscientes de que no somos libres. Necesitamos ser conscientes de cuál es el problema para poder resolverlo. El primer paso es siempre la conciencia, porque hasta que no seas consciente no podrás hacer ningún cambio. Hasta que no seas consciente de que tu mente está llena de heridas y de veneno emocional, no limpiarás ni curarás las heridas y continuarás sufriendo.

No hay ninguna razón para sufrir.

Si eres consciente, puedes rebelarte y decir: « ¡Ya basta! ». Puedes buscar una manera de sanar y transformar tu sueño personal. El sueño del planeta es sólo un sueño. Ni tan siquiera es real. Si entras en el sueño y empiezas a poner en tela de juicio tu sistema de creencias, descubrirás que la mayor parte de las creencias que abrieron heridas en tu mente ni siquiera son verdad. Descubrirás que durante todos estos años has vivido un drama por nada. ¿Por qué? Porque el sistema de creencias que te inculcaron está basado en mentiras. Por ello es muy importante para ti que domines tu propio sueño; éste es el motivo por el que los toltecas se convirtieron en maestros del sueño. Tu vida es la manifestación de tu sueño; es un arte. Y puedes cambiar tu vida en cualquier momento si no disfrutas de tu sueño. Los maestros del sueño crean una vida que es una obra maestra; controlan el sueño a través de sus elecciones. Todo tiene sus consecuencias, y un maestro del sueño es consciente de ellas.

Ser un tolteca es una forma de vivir en la cual no existen los líderes ni los seguidores, donde tú tienes y vives tu propia verdad. Un tolteca se vuelve sabio, se vuelve salvaje y se vuelve libre de nuevo. Existen tres maestrías que llevan a la gente a convertirse en toltecas. La primera es la Maestría de la Conciencia: ser conscientes de quiénes somos realmente, con todas nuestras posibilidades. La segunda es la Maestría de la Transformación: cómo cambiar, cómo liberarnos de la domesticación. La tercera es la Maestría del Intento: desde el punto de vista tolteca, el Intento es esa parte de la vida que hace que la transformación de la energía sea posible; es el ser viviente que envuelve toda energía, o lo que llamamos «Dios». Es la vida misma; es el amor incondicional. La Maestría del Intento es, por lo tanto, la Maestría del Amor.

Hablamos del camino tolteca hacia la libertad porque los toltecas tienen un plan completo para liberarse de la domesticación. Comparan al juez, a la Víctima y el sistema de creencias con un parásito que invade la mente humana. Desde el punto de vista tolteca, todos los seres humanos domesticados están enfermos. Lo están porque un parásito controla su mente y su cerebro, un parásito que se alimenta de las emociones negativas que provoca el miedo. Si buscamos la descripción de un parásito, vemos que es un ser vivo que subsiste a costa de otros seres vivos, chupa su energía sin dar nada a cambio y daña a su anfitrión poco a poco. El Juez, la Víctima y el sistema de creencias encajan muy bien en esta descripción. Juntos, constituyen un ser viviente formado de energía psíquica o emocional, y esa energía está viva. No se trata de energía material, por supuesto, pero las emociones tampoco son energía material, ni lo son nuestros sueños, y sin embargo, sabemos que existen.
Una función del cerebro es la de transformar la energía material en energía emocional. Nuestro cerebro es una fábrica de emociones. Y ya hemos dicho que la principal función de la mente es soñar. Los toltecas creen que el parásito - el juez, la Víctima y el sistema de creencias - controla nuestra mente y nuestro sueño personal.

El parásito sueña en nuestra mente y vive en nuestro cuerpo. Se alimenta de las emociones que surgen del miedo, y le encantan el drama y el sufrimiento.

La libertad que buscamos consiste en utilizar nuestra propia mente y nuestro propio cuerpo, en vivir nuestra propia vida en lugar de la vida de nuestro sistema de creencias. Cuando descubrimos que nuestra mente está controlada por el Juez y la Víctima y que nuestro verdadero yo está arrinconado, sólo tenemos dos opciones. Una es continuar viviendo como lo hemos hecho hasta ese momento, rindiéndonos al juez y la Víctima, seguir viviendo en el sueño del planeta. La otra opción es actuar como cuando éramos niños y nuestros padres intentaban domesticarnos. Podemos rebelarnos y decir: « ¡No! ». Podemos declarar una guerra contra el parásito, contra el Juez y la Víctima, una guerra por nuestra independencia, por el derecho de utilizar nuestra propia mente y nuestro propio cerebro.

Por este motivo, quienes siguen las tradiciones chamánicas de América, desde Canadá hasta Argentina, se llaman a sí mismos guerreros, porque están en guerra contra el parásito de la mente. Esto es lo que significa en verdad ser un guerrero. El guerrero es el que se rebela contra la invasión del parásito. Se rebela y le declara la guerra. Pero eso no quiere decir que siempre se gane; quizá ganemos o quizá perdamos, pero siempre hacemos lo máximo que podemos, y al menos tenemos la oportunidad de recuperar nuestra libertad. Elegir este camino nos da, como mínimo, la dignidad de la rebelión y nos asegura que no seremos la víctima desvalida de nuestras caprichosas emociones o de las emociones venenosas de los demás. Incluso aunque sucumbamos ante el enemigo - el parásito - no estaremos entre las víctimas que no se defienden.

En el mejor de los casos, ser un guerrero nos da la oportunidad de trascender el sueño del planeta y cambiar nuestro sueño personal por otro al que llamamos cielo. Igual que el infierno, el cielo es un lugar que existe en nuestra mente. Es un lugar lleno de júbilo, en el que somos felices, en el que somos libres para amar y para ser nosotros mismos. Podemos alcanzar el cielo en vida; no tenemos que esperar a morirnos. Dios siempre está presente y el reinó de los cielos está en todas partes, pero en primer lugar necesitamos que nuestros ojos sean capaces de ver la verdad y nuestros oídos puedan escucharla. Necesitamos librarnos del parásito. Podemos comparar el parásito con un monstruo de cien cabezas. Cada una de ellas es uno de nuestros miedos. Si queremos ser libres, tenemos que destruir el parásito. Una solución es atacar sus cabezas una a una, es decir, enfrentarnos a nuestros miedos uno a uno. Es un proceso lento, pero funciona. Cada vez que nos enfrentamos a uno de nuestros miedos, somos un poco más libres.

Una segunda solución sería dejar de alimentar al parásito. Si no le damos ningún alimentó, lo mataremos por inanición. Para poder hacerlo, tenemos que ser capaces de controlar nuestras emociones, debemos abstenernos de alimentar las emociones que surgen del miedo. Resulta fácil decirlo, pero es muy difícil hacerlo, porque el Juez y la Víctima controlan nuestra mente.

Una tercera solución es la que se denomina la iniciación a la muerte. Esta iniciación se encuentra en muchas tradiciones y escuelas esotéricas de todo el mundo. La hallamos en Egipto, la India, Grecia y América. Es una muerte simbólica que mata al parásito sin dañar nuestro cuerpo. Cuando «morimos» simbólicamente, el parásito también tiene que morir. Esta solución es más rápida que las dos anteriores, pero resulta todavía más difícil. Necesitamos un gran valor para enfrentarnos al ángel de la muerte. Tenemos que ser muy fuertes.

Por Miguel Ruiz

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 17/09/2010
El arte de la transformación (parte 2)
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Hemos visto que el sueño que vives ahora es el resultado del sueño externo que capta tu atención y te alimenta con todas tus creencias. El proceso de domesticación puede llamarse el sueño de la primera atención, porque así utilizaron por primera vez tu atención para crear el primer sueño de tu vida.


El sueño de la segunta atención

Una manera de transformar tus creencias es concentrar tu atención en todos esos acuerdos y cambiarlos tú mismo. Al hacerlo, utilizas tu atención por segunda vez, y por consiguiente, creas el sueño de la segunda atención o el nuevo sueño. La diferencia estriba en que ahora ya no eres inocente. En tu infancia no era así; no tenías otra elección. Pero ya no eres un niño. Ahora puedes escoger qué creer y qué no. Puedes elegir creer en cualquier cosa, y eso incluye creer en ti.

El primer paso consiste en ser consciente de la bruma que hay en tu mente. Debes darte cuenta de que sueñas continuamente. Sólo a través de la conciencia serás capaz de transformar tu sueño. Cuando seas consciente de que todo el sueño de tu vida es el resultado de tus creencias y de que lo que crees no es real, entonces empezarás a cambiarlo. Sin embargo, para cambiar tus creencias de verdad, es preciso que centres tu atención en lo que quieres cambiar. Debes conocer los acuerdos que deseas cambiar antes de poder cambiarlos. De modo que el siguiente paso es volverte consciente de todas las creencias que te limitan, se basan en el miedo y te hacen infeliz. Haz un inventario de todo lo que crees, de todos tus acuerdos, y mediante este proceso, empezarás a transformarte. Los toltecas llamaron a esto el Arte de la Transformación, y es una maestría completa. Alcanzas la Maestría de la Transformación cambiando los acuerdos que se basan en el miedo y te hacen sufrir y reprogramando tu propia mente a tu manera. Uno de los procedimientos para llevar esto a cabo consiste en estudiar y adoptar creencias alternativas como los Cuatro Acuerdos.
La decisión de adoptar los Cuatro Acuerdos es una declaración de guerra para recuperar la libertad que te arrebató el parásito. Los Cuatro Acuerdos te ofrecen la posibilidad de acabar con el dolor emocional, y de este modo te abren la puerta para que disfrutes de tu vida y empieces un nuevo sueño. Si estás interesado, explorar las posibilidades de tu sueño sólo dependerá de ti. Los Cuatro Acuerdos se crearon para que nos resultaran de ayuda en el Arte de la Transformación, para ayudarnos a romper los acuerdos limitativos, aumentar nuestro poder personal y volvernos más fuertes. Cuanto más fuerte seas, más acuerdos romperás, hasta que llegues a la misma esencia de todos ellos.

Llegar a la esencia de esos acuerdos es lo que yo llamo ir al desierto. Cuando vas al desierto, te encuentras cara a cara con tus demonios. Una vez has salido de él, todos esos demonios se convierten en ángeles.
Practicar los Cuatro Acuerdos es un gran acto de poder. Deshacer los hechizos de magia negra que existen en tu mente requiere un gran poder personal. Cada vez que rompes un acuerdo, aumentas tu poder. Para empezar, rompe pequeños acuerdos que requieran un poder menor. A medida que vayas rompiendo esos pequeños acuerdos, tu poder personal irá aumentando hasta alcanzar el punto en el que, finalmente, podrás enfrentarte a los grandes demonios de tu mente. Por ejemplo, la niña pequeña a la que le dijeron que no cantase tiene ahora veinte años y todavía continúa sin cantar. Un modo de superar su creencia de que su voz es fea es decirse: «De acuerdo, intentaré cantar aunque sea verdad que canto mal». Entonces, puede fingir que alguien aplaude y le dice: « ¡Oh! ¡Lo has hecho de maravilla! ». Quizás esto agriete el acuerdo un poco, pero todavía estará allí. Sin embargo, ahora tiene un poco más de poder y coraje para intentarlo de nuevo, y después una y otra vez hasta que, por fin, rompa el acuerdo.

Ésta es una manera de salir del sueño del infierno. Pero necesitarás reemplazar cada acuerdo que te cause sufrimiento y que rompas por uno nuevo que te haga feliz. Así evitarás que el viejo acuerdo vuelva a aparecer. Si ocupas el mismo espacio con un nuevo acuerdo, entonces el viejo desaparecerá para siempre, y su lugar lo ocupará el nuevo. En la mente existen muchas creencias tan resistentes que pueden hacer que este proceso parezca imposible. Por ello es necesario que avances paso a paso y que seas paciente contigo mismo, porque se trata de un proceso lento. El modo en que vives ahora es el resultado de muchos años de domesticación. No puedes pretender que ésta desaparezca en un solo día. Romper los acuerdos resulta muy difícil, porque en cada acuerdo que establecimos pusimos el poder de las palabras (que es el poder de nuestra voluntad).
Para cambiar un acuerdo, necesitamos la misma cantidad de poder. Es imposible cambiar un acuerdo con un poder menor del que utilizamos para establecerlo, e invertimos la mayor parte de nuestro poder personal en mantener los acuerdos que tenemos con nosotros mismos. Esto sucede porque, en realidad, nuestros acuerdos son como una fuerte adicción. Somos adictos a nuestra forma de ser, a la rabia, los celos y la autocompasión. Somos adictos a las creencias que nos dicen: «No soy lo bastante bueno, no soy lo suficientemente inteligente. ¿Por qué voy a molestarme en intentarlo? Si otras personas lo hacen es porque son mejores que yo».
Todos estos viejos acuerdos dirigen nuestro sueño de la vida porque los repetimos una y otra vez. Por consiguiente, para adoptar los Cuatro Acuerdos, es necesario que pongas en juego la repetición. Al llevar a la práctica los nuevos acuerdos en tu vida, cada vez podrás hacer más y mejor. La repetición hace al maestro.

La disciplina del Guerrero: Controlar tu propio comportamiento

Imagínate que te despiertas temprano por la mañana, rebosante de entusiasmo ante un nuevo día. Te sientes feliz, de maravilla, y dispones de mucha energía para afrontar ese día. Entonces, mientras desayunas, tienes una fuerte discusión con tu pareja, y un verdadero torrente de emoción sale fuera. Te enfureces, y gastas una gran parte de tu poder personal en la rabia que expresas. Tras la discusión, te sientes agotado, y lo único que quieres hacer es irte y echarte a llorar. De hecho, te sientes tan cansado, que te vas a la habitación, te derrumbas y tratas de recuperarte. Te pasas el día envuelto en tus emociones. No te queda ninguna energía para seguir adelante y sólo quieres olvidarte de todo.

Cada día nos despertamos con una determinada cantidad de energía mental, emocional y física que gastamos durante el día. Si permitimos que las emociones consuman nuestra energía, no nos quedará ninguna para cambiar nuestra vida o para dársela a los demás. La manera en que ves el mundo depende de las emociones que sientes. Cuando estás enfadado, todo lo que te rodea está mal, nada está bien. Le echas la culpa a todo, incluso al tiempo; llueva o haga sol, nada te complacerá. Cuando estás triste, todo lo que te rodea te parece triste y te hace llorar. Ves los árboles y te sientes triste, ves la lluvia y te parece triste. Tal vez te sientes vulnerable y crees que tienes que protegerte a ti mismo porque piensas que alguien te atacará en cualquier momento. No confías en nada ni en nadie. ¡Esto te ocurre porque ves el mundo a través de los ojos del miedo! Imagínate que la mente humana es igual que tu piel. Si la tocas y está sana, la sensación es maravillosa. Tu piel está hecha para percibir la sensación del tacto, que es deliciosa. Ahora imagínate que tienes una herida infectada en la piel. Si la tocas, te dolerá, de modo que intentarás cubrirla para protegerla. Si te tocan, no disfrutarás de ello porque te dolerá.

Ahora imagínate que todos los seres humanos tienen una enfermedad en la piel. Nadie puede tocar a ninguna otra persona porque le provoca dolor. Todo el mundo tiene heridas en la piel, hasta el punto de que tanto la infección como el dolor llegan a considerarse normales; la gente cree que ser así es lo normal.
¿Puedes imaginarte cómo nos trataríamos los unos a los otros si todos los seres humanos tuviésemos esta enfermedad de la piel? Casi no nos abrazaríamos, claro, porque nos dolería demasiado, de modo que tendríamos que mantener una buena distancia entre nosotros. La mente humana es exactamente igual a la descripción de esta infección en la piel. Cada ser humano tiene un cuerpo emocional cubierto por entero de heridas infectadas por el veneno de todas las emociones que nos hacen sufrir, como el odio, la rabia, la envidia y la tristeza. Una injusticia abre una herida en nuestra mente y reaccionamos produciendo veneno emocional por causa de los conceptos y creencias que tenemos sobre qué es justo y qué no lo es. Debido al proceso de domesticación, la mente está tan herida y llena de veneno, que todos creemos que ese estado es el normal. Sin embargo, te aseguro que no lo es.

Nuestro sueño del planeta es disfuncional; los seres humanos tenemos una enfermedad mental llamada "miedo". Los síntomas de esta enfermedad son todas las emociones que nos hacen sufrir: rabia, odio, tristeza, envidia y desengaño. Cuando el miedo es demasiado grande, la mente racional empieza a fallar y a esto lo denominamos «enfermedad mental». El comportamiento psicótico tiene lugar cuando la mente está tan asustada y las heridas son tan profundas, que parece mejor romper el contacto con el mundo exterior.
Si somos capaces de ver nuestro estado mental como una enfermedad, descubriremos que existe una cura. No es necesario que suframos más. En primer lugar, necesitamos saber la verdad para curar las heridas emocionales por completo: debemos abrirlas y extraer el veneno. ¿Cómo lo podemos hacer? Hemos de perdonar a los que creemos que se han portado mal con nosotros, no porque se lo merezcan, sino porque sentimos tanto amor por nosotros mismos que no queremos continuar pagando por esas injusticias.

El perdón es la única manera de sanarnos. Podemos elegir perdonar porque sentimos compasión por nosotros mismos. Podemos dejar marchar el resentimiento y declarar: " ¡Ya basta! No volveré a ser el gran Juez que actúa contra mí mismo. No volveré a maltratarme ni a agredirme. No volveré a ser la Víctima". Para empezar, es necesario que perdonemos a nuestros padres, a nuestros hermanos, a nuestros amigos y a Dios. Una vez perdones a Dios, te perdonarás por fin a ti mismo. Una vez te perdones a ti mismo, el autorrechazo desaparecerá de tu mente. Empezarás a aceptarte, y el amor que sentirás por ti será tan fuerte, que al final acabarás aceptándote por completo tal como eres. Así empezamos a ser libres los seres humanos. El perdón es la clave. Sabrás que has perdonado a alguien cuando lo veas y ya no sientas ninguna reacción emocional. Oirás el nombre de esa persona y no tendrás ninguna reacción emocional. Cuando alguien te toca lo que antes era una herida y ya no sientes dolor, entonces sabes que realmente has perdonado.

La verdad es como un escalpelo. Es dolorosa porque abre todas las heridas que están cubiertas por mentiras para así poder sanarlas. Estas mentiras son lo que llamamos "el sistema de negación", que resulta práctico porque nos permite tapar nuestras heridas y continuar funcionando. Pero cuando ya no tenemos heridas ni veneno, no necesitamos mentir más. No necesitamos el sistema de negación, porque se puede tocar una mente sana sin que experimente ningún dolor. Cuando la mente está limpia, el contacto resulta placentero. Para la mayoría de las personas, el problema reside en que pierden el control de sus emociones. Es el ser humanó quien debe controlar sus emociones y no al revés. Cuando perdemos el control, decimos cosas que no queremos decir y hacemos cosas que no queremos hacer. Por este motivo es tan importante que seamos impecables con nuestras palabras y que nos convirtamos en guerreros espirituales. Debemos aprender a controlar nuestras emociones a fin de tener el suficiente poder personal para cambiar los acuerdos basados en el miedo, escapar del infierno y crear nuestro cielo personal.

¿Cómo nos podemos convertir en guerreros? Los guerreros tienen algunas características que son prácticamente iguales en todo el mundo. Son conscientes. Esto es muy importante. Hemos de ser conscientes de que estamos en guerra, y esa guerra que tiene lugar en nuestra mente requiere disciplina; no la disciplina del soldado, sino la del guerrero; no la disciplina que proviene del exterior y nos dice qué hacer y qué no hacer, sino la de ser nosotros mismos, sin importar lo que esto signifique. El guerrero tiene control no sobre otros seres humanos, sino sobre sí mismo; controla sus propias emociones. Reprimimos nuestras emociones cuando perdemos el control, no cuando lo mantenemos. La gran diferencia entre un guerrero y una víctima es que ésta se reprime y el guerrero se refrena. Las víctimas se reprimen porque tienen miedo de mostrar sus emociones, de decir lo que quieren decir. Refrenarse no es lo mismo que reprimirse. Significa retener las emociones y expresarlas en el momento adecuado, ni antes ni después. Ésta es la razón por la cual los guerreros son impecables. Tienen un control absoluto sobre sus propias emociones y, por consiguiente, sobre su propio comportamiento.

La iniciación a la muerte: abrazar al ángel de la muerte.

El paso final para obtener la libertad personal es prepararnos para la iniciación a la muerte, tomarnos la muerte como nuestra maestra. El ángel de la muerte puede enseñarnos de qué forma estar verdaderamente vivos. Hemos de tomar conciencia de que podemos morirnos en cualquier momento; sólo contamos con el presente para estar vivos. La verdad es que no sabemos si vamos a morir mañana. ¿Quién lo sabe? Pensamos que nos quedan muchos años por vivir. ¿Pero es así? Si vamos al hospital y el médico nos dice que nos queda una semana de vida, ¿Qué haremos? Como ya he dicho antes, tenemos dos opciones. Una es sufrir porque nos vamos a morir, decirle a todo el mundo: "Pobre de mí, me voy a morir", y hacer un gran drama. La otra es aprovechar cada momento para ser feliz, para hacer lo que realmente nos gusta hacer. Si sólo nos queda una semana de vida, disfrutemos de ella. Estemos vivos. Podemos decir: "Voy a ser yo mismo. No puedo pasarme la vida intentando complacer a los demás. Ya no tendré miedo de lo que piensen de mí. ¿Qué me importa si me voy a morir dentro de una semana? Seré yo mismo".

El ángel de la muerte nos enseña a vivir cada día como si fuese el último de nuestra vida, como si no hubiera de llegar ningún mañana. Empecemos el día diciendo: "Estoy despierto, veo el sol. Voy a entregarle mi gratitud, y también a todas las cosas y todas las personas, porque todavía estoy vivo. Un día más para ser yo mismo". Así es como veo yo la vida. Esto es lo que el ángel de la muerte me enseñó: a permanecer completamente abierto, a saber que no hay nada que temer. Por supuesto, yo trato a las personas que quiero con amor porque sé que éste puede ser el último día para poder decirles cuánto las amo. No sé si voy a volver a ver a mis seres queridos, de modo que no quiero pelearme con ellos. ¿Qué ocurriría si tuviese una gran pelea con alguien a quien quiero, le lanzase todo el veneno emocional que tengo contra él o ella, y se muriese al día siguiente? ¡Ay, Dios mío! El Juez me atacaría con dureza y yo me sentiría muy culpable por todo lo que dije. Incluso me sentiría culpable por no haberle dicho a esa persona cuánto la quería. El amor que me hace feliz es el que puedo compartir con la gente que amo. ¿Por qué voy a negar que les quiero? No es importante que me devuelvan ese amor. Quizá muera yo mañana o tal vez muera alguien a quien amo. Lo que me hace feliz es hacerle saber hoy lo mucho que le quiero.

Se puede vivir de esta manera. Si lo haces, te preparas para la iniciación a la muerte. Lo que ocurrirá en esta iniciación es que el viejo sueño que tienes en la mente morirá para siempre. Sí, tendrás recuerdos del parásito - del Juez, de la Víctima y de lo que solías creer - pero estará muerto. Esto es lo que va a morir en la iniciación a la muerte: el parásito. No resulta fácil emprender esta iniciación porque el Juez y la Víctima luchan con todas sus armas disponibles. No quieren morir. Y entonces sentimos que quien va a morir somos nosotros, y tenemos miedo de esta muerte. Cuando vivimos en el sueño del planeta, es como si estuviésemos muertos. Si sobrevivimos a la iniciación a la muerte, recibimos el don más maravilloso: la resurrección. Eso quiere decir que renacemos de entre los muertos, estamos vivos, somos nosotros mismos de nuevo. La resurrección es convertirse otra vez en un niño, ser salvaje y libre, pero con una diferencia: en lugar de inocencia, tenemos libertad con sabiduría. Somos capaces de romper nuestra domesticación, recuperar nuestra libertad y sanar nuestra mente. Nos rendimos al ángel de la muerte sabiendo que el parásito morara y nosotros viviremos con una mente sana y un perfecto juicio. Entonces, seremos libres para utilizar nuestra propia mente y dirigir nuestra vida.

Esto es lo que el ángel de la muerte nos enseña en la tradición tolteca. Se nos aparece y nos dice: "Todo lo que hay aquí me pertenece; no es tuyo. Tu casa, tu pareja, tus hijos, tu coche, tu trabajo, tu dinero: todo me pertenece y me lo puedo llevar cuando quiera, pero por ahora, puedes utilizarlo". Si nos rendimos al ángel de la muerte, seremos felices para siempre. ¿Por qué? Porque el ángel de la muerte se lleva consigo el pasado para que la vida pueda continuar. Se lleva de cada momento pasado la parte que está muerta, y nosotros continuamos viviendo en el presente. El parásito quiere que carguemos con el pasado, y esto hace que estar vivo resulte muy pesado. Si intentamos vivir en el pasado, ¿Cómo vamos a disfrutar del presente? Si soñamos con el futuro, ¿Por qué cargar con el peso del pasado? ¿Cuándo viviremos en el presente? Esto es lo que el ángel de la muerte nos enseña a hacer.

Por Miguel Ruiz

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 17/09/2010
No te ates
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"Lo peor y más peligroso del que duerme es creer que está despierto y confundir sus sueños con la realidad." ¿Qué hace falta para despertarse? No hace falta esfuerzo ni juventud ni discurrir mucho. Sólo hace falta una cosa: la capacidad de pensar algo nuevo, de ver algo nuevo, y de descubrir lo desconocido.


Es la capacidad de movernos fuera de los esquemas que tenemos. Ser capaz de saltar sobre los esquemas y mirar con ojos nuevos la realidad que no cambia.
El que piensa como marxista, no piensa; el que piensa como budista, no piensa; el que piensa como musulmán, no piensa... Y el que piensa como católico, tampoco piensa. Ellos son pensados por su ideología. Tú eres un esclavo en tanto y en cuanto no puedes pensar por encima de tu ideología. Vives dormido y pensado por una idea. El profeta no se deja llevar por ninguna ideología, y por ello es tan mal recibido. El profeta es el pionero, que se atreve a elevarse por encima de los esquemas, abriendo camino.

La Buena Nueva fue rechazada porque no querían la liberación personal, sino un caudillo que los guiase.
Tememos el riesgo de volar por nosotros mismos. Tenemos miedo a la libertad, a la soledad, y preferimos ser esclavos de unos esquemas. Nos atamos voluntariamente, llenándonos de pesadas cadenas, y luego nos quejamos de no ser libres. ¿Quién te tiene que liberar si ni tú mismo eres consciente de tus cadenas?.

Las mujeres se atan a sus maridos, a sus hijos. Los maridos a sus mujeres, a sus negocios. Todos nos atamos a los deseos y nuestro argumento y justificación es el amor. ¿Qué amor? La realidad es que nos amamos a nosotros mismos, pero con un amor adulterado y raquítico que sólo abarca el yo, el ego. Ni siquiera somos aunque sean nuestros esposos o nuestros hijos.

Nos hemos acostumbrado a la cárcel de lo viejo y preferimos dormir para no descubrir la libertad que supone lo nuevo.

Por Anthony de Mello.


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 17/09/2010
La energía del perdón
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Usa a diario la Energía del Perdón, ésta Energía proviene desde Tu Presencia “YO SOY”


Visualízala descendiendo desde el Corazón de Tu Presencia, llegando hasta Tu Corazón y partiendo desde allí hacia quienes sientas que puedan haberte hecho algo que te haya molestado, envuélvelos con ésta Energía, que lleva el color de la Llama triple que está en cada corazón, mezclada y entrelazada; observa un Violeta - Dorado - Azulado; envuelve a la persona y envuélvete tu.

El Perdón debe ser sincero y no deben quedar vestigios de nada que haya sucedido, puedes lograrlo si te colocas en el lugar del otro y tratas de ver el problema desde su punto de vista; una vez que lo comprendas, actúa con todo Tu Corazón.

Recuerda que se trata de eliminar lo que envenena tu vida y la de tu hermano; hazlo con mucho Amor y agradecimiento porque vas a disfrutar al sacarte de encima la mochila que no te permitía ser libre.

Persevera en tu aprendizaje, en tus meditaciones, no esperes resultados instantáneos; recuerda que has llevado vidas causando los deterioros que hoy estás reconstruyendo y que tienes la alegría de haber empezado a hacerlo.

Perdónate a ti mismo.

Hay muchas razones para perdonar:

Los odios y resentimientos causan, entre otras cosas, una espantosa enfermedad física que llamamos cáncer.
Tus células obedecen al material mental con que tu las provees, y a partir de allí hacen un hermoso jardín (si pudieras verlas con el microscopio, comprobarías la belleza), que constantemente florece ya que está regado con abundantes pensamientos, que giran sobre el mismo problema.

Y eso es solo la manifestación física y tal vez la menos importante; la energía no circula ya que la obstrucción es grande, por lo que puede producir otras falencias. Consumes un montón de energía calificándola mal, la cual volverá a ti causando otros problemas, para que la transmutes.

Creas Karma atándote a la persona que odias; ésta atadura es mas fuerte que otras, por lo que reencarnarás con la misma persona, que puede ser tu próxima pareja, tu hijo, tu madre, o cualquier ser muy allegado a ti, exactamente para que aprendan a amarse. Ese resentimiento puede volver a aflorar en la otra vida, y como el ser es muy allegado, produciría dolores aún mayores.

Mientras alimentes ese sentimiento consumirás tu energía de la alegría y tu vida se convierte en un triste pasar.
Recuerda que pedimos de acuerdo a lo que damos, por lo que si no acreditamos en nosotros la energía del perdón, cuando lo necesitemos pues, no lo tendremos. Y recuerda que todos lo necesitamos.

El Cristo dijo: “Quien esté libre de culpas, que tire la primera piedra”

¿Podrías tirarla tu?
Eso si, no perdones por las consecuencias que puede acarrearte el no hacerlo, trata de comprender porqué la persona actuó así, y da tu perdón de corazón. Recuerda que a Él, en el peor momento le tentaron diciéndole:
“Señor, maldice a estas personas que te crucifican” y Él contestó: “Perdónalos Padre, porque no saben lo que hacen”

Como ves, ni en pleno dolor pudieron hacerle tener un mal pensamiento. Mas que adorarlo, como en la Era de Piscis, ahora en plena Era de Acuario, debemos IMITARLO.

Por Mónica Barbagallo


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 17/09/2010
Una gota más
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Unas tras otras, las gotas van cayendo. Nada parece transformarse.
El goteo es casi imperceptible. El cansancio y la desolación dicen presente.
El paisaje desértico de esperanzas crea la falsa ilusión de que nada va a cambiar.


El vacío interior se agiganta. Las gotas siguen cayendo. Expanden su vibración. La mente sostiene que todo está perdido. El corazón no se deja engañar, escucha cómo las gotas continúan brotando y ríe de felicidad. Su sabiduría le anuncia que el río está emergiendo. Libere sus compuertas. Ayude a que el agua corra. Sume para que el río de la conciencia espiritual irrumpa y limpie el valle de lágrimas que embarra nuestros pies.

Las gotas son todas aquellas cosas que nos ayudan a ser más humanos y nos permiten armonizar con la existencia. Los buenos actos son gotas. Las caricias son gotas. Los pensamientos positivos son gotas. Los abrazos, las palabras de aliento, los rostros felices... Gotas... Las acciones con conciencia, las oraciones, las meditaciones, la ayuda desinteresada, los gestos de sensibilidad... Gotas... El saber compartir, aprender a valorar, el respeto por uno mismo.... Gotas... La fe, la humildad, la confianza, la esperanza, el amor... Gotas...

Todas son gotas que reflejan una nueva humanidad. Son gotas que acrecientan y vivifican el río de la conciencia espiritual que está transformando la vibración del planeta. El futuro nace del presente. Nuestras decisiones de hoy co-crean nuestro mañana. Si en nuestra cotidianidad sólo sembramos discordia, odio, pesimismo, sufrimiento y frustración ¿Qué cree que cosecharemos? Sus gotas, aunque parezcan simples, aunque las perciba insignificantes o débiles, hacen la diferencia. Son como semillas crísticas que aportan transformación. Irradia LUZ. Ayudan a que el futuro no se manifieste de manera desalmada. Fluir con esta corriente, que conduce al océano de la existencia, entraña desafíos que nos permiten crecer y nos impulsan a continuar evolucionando. Implica aventurarse en terrenos desconocidos.

El río nos invita a desaprender para seguir aprendiendo, porque sólo lo que se vacía puede volver a llenarse. Sus piedras no son dificultades, sino oportunidades disfrazadas que nos ayudan a elevar. ¿Comprende lo que le estoy diciendo o simplemente piensa que se trata de palabras armónicamente entrelazadas para que puedan sonar bien? Sepa que las casualidades no existen. Si usted está leyendo esta nota es porque su espíritu necesitaba recordar. No permita que estas frases queden sólo en el plano mental. Tírese al agua. Arriésguese. Cuando se sumerja en este río de conciencia verá cómo las vivencias se transforman en maestras multidimensionales que le ayudarán a experimentar una realidad que transformará su vida.

Existen innumerables formas de contribuir a que este incipiente caudal se torne aún más cristalino. Si nos animamos a reconocer nuestro lado más oscuro, si trascendemos nuestras limitaciones y transmutamos los miedos que nos mantienen cautivos ya estamos ayudando. Lo mismo si ponemos conciencia en cada uno de nuestros actos y desplegamos, sin reservas, nuestro potencial para materializar una realidad que esté acorde con lo más puro de nuestro ser. ¿Por qué se preocupa tanto? Haga lo que haga, los demás siempre hablarán.

Recuerde que a este mundo vino solo y se irá del mismo modo. Absolutamente solo. Rompa la careta social, tírela. Deje que su ser interno lo guíe y lo instruya. Escuche la voz que emana desde el centro de su pecho. Siga sus consejos, son inmaculados. No importa que algunas personas se le rían en la cara y lo desacrediten. Muchos disfrazan de ese modo el temor que les provoca el cambio. No saben lo que hacen. El tiempo les mostrará quién terminó riendo último. Vamos... Anímese. Juegue. Suéltese. Disfrute. Recupere su inocencia. Mire a la vida con ojos nuevos. Explore su interior. Conózcase. Restablezca su vínculo con la naturaleza. Aliviane su mochila. Expanda su divinidad.

Despierte. Redescubra su magia interna. Equilíbrese. Ayúdese a cambiar. Permítase soñar. Sáquele el polvo a sus talentos. Multiplique sus dones. Respete su sentir. Empiece a sanar. Viva. No se distraiga. Preste atención. Sienta cómo el río de la conciencia late con cada pensamiento de luz que recorre su cuerpo. El agua renueva y purifica. Inhale su perfume, es pulsión de vida. Observe con el corazón y comprobará que no existen las divisiones. El río se compone de millones y millones de gotas que danzan en la unidad, más allá de todo ego.
Transforme su desierto. No deje que sus gotas se esfumen bajo el sol abrasador de la indiferencia y el desgano. Viértalas en el río de la existencia. Cierre sus ojos y facilite que el murmullo de las aguas guíe sus pasos.

Descubra que nunca puede encontrar afuera lo siempre estuvo dentro. Sí, ya lo sabía, es cierto. Simplemente lo había olvidado. El río está en su interior. Permita que el agua corra. Derrumbe sus compuertas. No tema. Abra su corazón de par en par. Deje que el agua penetre y lave sus heridas. Renazca. La existencia, agradecida: una gota más.

Por Julio Andrés Pagano


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 17/09/2010
Liberarnos de las dependencias
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Habla con todas las personas de quienes te sientes dependiente psicológicamente; explica lo que sientes cuando haces cosas por obligación. Ésta es una estupenda estrategia para comenzar este proceso, pues la otra persona puede que ni siquiera se dé cuenta ni que sienta que eres dependiente.


Escribe tu propia Declaración de Independencia en la que anuncies claramente ante ti mismo y para ti mismo que quieres funcionar en todas las relaciones humanas eliminando por completo las manipulaciones externas.
Pónte metas de cinco minutos de duración para tratar con la gente dominante de tu vida. Prueba una frase corta: "No, yo no quiero hacerlo" y obserba cómo reacciona la otra persona.

Cuándo te sientas empujado a hacer cosas, manipulado psicológicamente, díselo a la otra persona y actúa de la manera en que te gustaría comportarte.
Recuérdate a ti mismo que los padres, cónyuges, amigos, hijos, familiares, jefes y otros, a menudo desaprobarán tu comportamiento y que eso nada tiene que ver con lo que eres o quien eres. Es sabido que en cualquier tipo de relación habrá siempre desacuerdos. Si los esperas, no te desesperarás cuando sucedan. De esta manera podrás romper con muchas de las relaciones de dependencia que te esclavizan emocionalmente.
Incluso aunque trates deliberadamente de evitar a la gente dominante (padre,madre, cónyuge,jefe,niño), seguirás estando controlado por ellos durante su ausencia si te sientes inmovilizado emocionalmente por su culpa.

Si te sientes obligado a visitar ciertas personas, pregúntate si quisieras que otras te visiten simplemente porque se sientan obligadas a ello. Si nos así, otorga una trato correspondiente a quienes estás tratando de ésta manera y háblalo con ellos. Esto es, revierte la lógica del comportamiento y verifica la falta de dignidad que existe en una relación obligada de este tipo.
Toma la decisión de salirte de tu rol de dependencia haciendo un trabajo voluntario, leyendo, aceptando un empleo aunque no sea bien remunerado por el momento...

Insiste en tu independencia económica sin ataduras y sin tener que darle cuenta a nadie, DECRÉTALO, el Universo siempre escucha.
Reconoce tu deseo de intimidad, de no tener que compartir todo lo que sientes y experimentas con alguien. Tú eres único y privado.
Deja que la habitación del niño (si los tienes) sea realmente la suya. Dale un espacio que él pueda controlar y siempre que no sea perjudicial, deja que él decida como lo va a organizar. Una cama hecha no es más sólida psicológicamente que una sin hacer, aunque te hayan enseñado lo contrario.
Si tu tienes ganas de ir al cine y tu compañero quiere jugar al tenis, háganlo de esa manera. Permítanse más separaciones.

Haz cortos viajes solo o con amigos sin tener que sentirte atado a tu cónyuge o compañero. Se sentirán más unidos cuando vuelvas y apreciarán el hecho de funcionar independientemente.
Recuerda que no tienes la responsabilidad de hacer feliz a los demás. Los demás se hacen felices a sí mismos. Es posible que realmente disfrutes la compañía de otra persona, pero si sientes que tu misión es hacerla feliz, entonces dependerás de ella. Tu eres el responsable de tus propias emociones, y la demás gente de las suyas propias. Nadie puede controlar tus sentimientos, salvo tú mismo.

La clave de una vida mas eficiente reside en tu independencia. Quienes mas te respetarán por ser independiente serán los mismos que con mas fuerza trataron de mantenerte subordinado.

Por Adriana Alba


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 17/09/2010
Los apegos
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Nos han enseñado a estructurar la vida como si las circunstancias fueran permanentes, como si la existencia ideal consistiera en amarrarse a una experiencia estática, donde la realidad fuera inmutable. Aprendimos a buscar estabilidad para hallar felicidad. Y esta creencia falsa nos ha llevado a apreciar más la rigidez de la muerte que la fluidez del movimiento de la vida.


La tendencia marcada a querer repetir lo conocido es hoy el obstáculo más grande que tiene un hombre para alcanzar su apertura de conciencia, y representa una fórmula muy eficaz para producir estancamiento.

La vida marca ciclos de aprendizaje. Cuando uno de ellos se completa y todo se derrumba, debemos tener la sabiduría de seguir adelante sin mirar atrás. La experiencia bien vivida entrena para liberarse: dejamos ir nuestra infancia y la relación de dependencia con los padres; la adolescencia y el despertar de la primavera. Muchas veces quedan atrás también las relaciones de pareja, porque el compañero muere o se divorcia. Los hijos se van del hogar y dejan un vacío. Para todos nosotros hay tiempos de abundancia y de escasez; de alborotada juventud y de soledad en la vejez. Estos cambios son etapas que debemos recorrer inexorablemente, porque toda semilla debe nacer, crecer, florecer y dar su fruto.

En la naturaleza solo el hombre no acepta bien el cambio y la separación. Parece no saber que para poder avanzar es preciso soltar. Por eso cuando la realidad cambia, el ser que no es capaz de vaciarse de lo viejo se queda rezagado. Nadie nos enseña que hay un trabajo conciente que hacer, para liberarse de las ataduras del pasado y deshacerse del exceso de equipaje antes de continuar la marcha. Un ciclo de vida concluye y la realidad cambia, pero la mayoría de los individuos se quedan atorados en la añoranza de recuerdos que les condena a una vida sin propósito, porque están ciegos para disfrutar del regalo de un nuevo amanecer.

Cuando existe una dicotomía entre lo que es y lo que uno desearía que fuera, se crean estados de angustia, insatisfacción, dolor, miedo y resentimientos que deben ser sanados. El individuo, que vive fragmentado, debe volver a la unidad y esta solo se alcanza sabiendo cuál es la enseñanza evolutiva escondida tras cada ciclo de experiencias. Cuando lo conocido se derrumba y el horizonte cambia, es importante preguntarnos ¿Qué debo aprender ahora? ¿Cuál es la razón para que el universo me haya colocado en esta situación?

Para disolver apegos es necesario un cierre. Lo que quedó atrás y ya no tiene validez, no debe ser alimentado con la energía del pensamiento por más tiempo. No es posible avanzar por el camino con la mirada fija en el espejo retrovisor. Cuando hay obsesión con imágenes repetitivas, que vienen del pasado, es señal de que todavía queda algo pendiente por disolver y transformar. Entonces, con la ceremonia del perdón sanamos viejas heridas, aquellas que solo con el roce del recuerdo sangran nuevamente. También podemos trabajar en la aceptación de la desaparición de un ser querido. O reconsiderar nuestras quejas, que seguramente se reducen a que alguien cercano a nuestro corazón no cumplió bien con el rol que le asignamos. En este último caso hay que comprender que la culpa es solo nuestra, pues nuestra es la tarea de aceptar que cada ser nace con el derecho y la libertad de ser él mismo.

Cortar los lazos del pasado también significa renunciar a los resentimientos generados cuando las metas humanas previstas no se cumplen. A veces la vida tuerce nuestro destino para darnos la oportunidad de realizar una misión evolutiva trascendental, que el ojo humano no ve, porque el cerebro no conoce.

La práctica espiritual que hoy proponemos será la de disolver todos los apegos. Para ello recomiendo el ejercicio de la Dra. Krystal, publicado a continuación. Que con él cada ser construya su ritual sagrado de desconexión, para que, con la liberación de los lazos personales, el camino de la Ascensión se haga posible. Porque la cuna de la nueva conciencia es el vacío.

Por Hortensia Galvis Ramírez

Cortando los lazos que atan

El siguiente ejercicio es para deshacer los apegos. Debe ser repetido con regularidad cada día, hasta asegurar que el mensaje penetre tanto en tu mente subconsciente, como en la del otro ser, de quien deseas liberarte.

Cierra los ojos, después de haberte sentado con comodidad en una silla o en el suelo, imagina que estás trazando a tu alrededor un círculo de Luz dorada en el piso, con un radio correspondiente al largo de tu brazo con los dedos extendidos. Visualiza que estás sentado en el centro de ese círculo. Luego visualiza otro círculo similar que se une ligeramente al tuyo, formando la figura de un ocho. Entonces, visualiza dentro del círculo frente a ti, a la persona a la que estás apegada. Asegúrate de que cada uno quede situado en el centro mismo de su propio círculo, y no se salga de él.

En seguida visualiza una luz azul, que recorre los bordes de la figura del ocho, comenzando a fluir por el punto donde ambos círculos se unen, y avanza en el sentido de las agujas del reloj. Primero rodea el círculo en el que está tu compañero/a frente a ti, y continúa por el lado izquierdo de tu propio círculo, hasta volver al punto inicial. Mentalmente di a tu compañero/a frente a ti que un ritual, que los liberará a ambos, está por llevarse a cabo.

Ahora observa si puedes visualizar los lazos que te unen a la otra persona, mira que partes del cuerpo están unidas por esas cuerdas. Puede haber solo un lazo, o muchos. Una vez que los has localizado observa su color y textura. Lo que ves es simbólico de la relación, por lo tanto muy revelador. Busca un instrumento apropiado para cortar esos lazos. Puede ser un cuchillo, tijeras, un bisturí, o lo que desees. El primer corte lo haces en la mitad de la ligadura. Y a continuación procedes a eliminar cada extremo que une con la parte del cuerpo, primero de la otra persona y luego del tuyo. Luego lleva tu mano derecha (si eres diestro) al sitio del corte, poniendo la otra mano encima, para crear un campo de fuerza. Visualiza como tu compañero hace lo mismo. Entonces ves como desde niveles superiores surge un rayo de luz sanador. Primero baña en Luz las manos de ambos y luego penetra hacia las heridas dejadas por el corte.

Al completar el mismo procedimiento con cada uno de los lazos existentes, amontonamos los segmentos de lazos que quedaron en el centro de la figura del ocho. Primero los quemamos y luego enterramos sus cenizas. Seguidamente agradecemos a nuestro compañero/a de ejercicio su presencia en nuestra vida. Pedimos perdón por el dolor que le hayamos causado, consciente o inconscientemente. (Deja que surjan a la mente las cosas específicas por las que deseas ser perdonada, y pides perdón por cada una de ellas). Luego se perdona al compañero/a escogido por cualquier dolor o injusticia que nos haya ocasionado consciente o inconscientemente, (enuméralas). Vuelve a visualizar la Luz radiante viniendo desde niveles superiores, que esta vez forma un triángulo de Luz, que penetra en las cabezas de ambas personas. Das gracias a tu compañero por su receptividad, y finalmente le solicitas que abandone la escena, y siga adelante viviendo su propia vida.

Para completar la liberación y eliminar todo patrón de hábitos, se hace un ritual de limpieza. Visualizamos un río, o un pozo, o una cascada. Te desnudas en la orilla y penetras en el agua, donde limpias todos los restos de la vieja piel que aún quedan adheridos. Cuando sientes que lo has logrado, sales a la otra orilla. Un ser superior de Luz te alcanza una túnica blanca. Das las gracias por la ayuda del Altísimo. Y ahora, libre de resentimientos y remordimientos, te alejas hacia un nuevo horizonte. Tomas tres respiraciones profundas y vuelves a tu estado de conciencia de la vida cotidiana.

* Ejercicio extraído del libro “Cortando los Lazos que Atan” de Phyllis Krystal .


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 17/09/2010
Prisioneros de lo evitado


Hay dos maneras garantizadas de perpetuar un dolor: la primera y más obvia es aferrarnos a él, impidiendo que la vida siga fluyendo; en ese caso es como si la persona hiciera de ese dolor su identidad, rechazando cualquier alternativa que le permita elaborarlo para pasar a una instancia menos sufriente. La segunda, que es exactamente la opuesta. Sí: otro modo de garantizarnos la perpetuidad de un dolor es evitar hacer contacto con él.


A ver... Es como si la vida fuera un largo corredor con múltiples puertas (vínculos, logros, viajes, proyectos... ) y la persona entrara y saliera por cualquiera de ellas; pero hubiese UNA PUERTA cuyo umbral es de fuego; cada vez que la persona pasa cerca de ella retrocede, se distrae en otra cosa, bromea para disimular, huye... Detrás de esa puerta está lo evitado: un duelo suprimido, un miedo no reconocido, una carencia que acosa desde el fondo y preferimos no sentir, un rencor que corroe y se disfraza de sarcasmo, un sentimiento de abandono que acompañamos con cualquiera o eludimos decretando soledades...

Creemos ser libres de andar por el corredor, pero no: somos prisioneros de lo evitado. Pues el peligro no es la puerta en llamas: el peligro es su evitación, que nos limita. Y sólo atravesando ese umbral de fuego es posible apagarlo: el único modo de dar fin a la ansiedad que toda evitación produce. Cuando reconocemos lo evitado, cuando lo enunciamos o lo compartimos, cuando pedimos ayuda para transitar ese umbral, cuando ya no nos mentimos... Comienza una nueva libertad. Cada vez que afrontamos, aceptamos, asumimos, y llamamos las cosas por su nombre, estamos poniendo en marcha un proceso que limpia lo largamente fermentado; gracias a él vamos gestando, poco a poco, algo que todos necesitamos sentir: el autoaprecio que adviene por haber tenido el valor de no mentirse más, de no evitar.

Así lo dijo Eva Pierrakos:

Tras la puerta de asumir tu debilidad, reside tu fuerza.
Tras la puerta de sentir tu dolor, residen tu placer y gozo.
Tras la puerta de sentir tu miedo, residen tu seguridad y confianza.
Tras la puerta de sentir tu soledad, reside tu capacidad de tener satisfacción, amor y compañía.
Tras la puerta de sentir tu odio, reside tu capacidad de amar.
Tras la puerta de sentir tu desesperación, reside tu esperanza verdadera y justificada.
Tras aceptar las carencias de tu infancia, reside ahora tu satisfacción.

Por Virginia Gawel


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 17/09/2010
El karma en nuestras vidas


El karma no implica castigo ni fatalidad. De hecho, estamos disfrutando o padeciendo por nuestras acciones del pasado, ya sea de ésta o de otra vida. Todo pensamiento produce efectos que recaen sobre nosotros, ya sea como bendiciones, como golpes o como pérdidas, dependiendo del móvil causativo del pensamiento original.


Clásicamente, se ha considerado al karma con una visión fatalista. Se lo ha visto como algo inexorable, ineludible, que el hombre debía aceptar con resignación. Sin embargo, a medida que vamos adquiriendo una nueva conciencia, podemos entender el karma de una manera totalmente diferente.
Ahora podemos ver el karma como una oportunidad de aprendizaje y no de castigo. Es necesario volver a los orígenes de esta palabra para comprender su verdadera dimensión.
La palabra karma es de origen sánscrito y en realidad se pronuncia kárman y está compuesta por dos sílabas: kar y man . La sílaba man significa "pensador" y es el origen de la palabra inglesa man para "hombre". La sílaba kar es la raíz del verbo "hacer" y, por extensión, quiere decir "acción", "actividad". De donde kárman significa, entonces, la acción, la actividad del pensador . Y la actividad fundamental y característica del pensador es pensar.
La acción del pensador es pensar, y su resultado son los pensamientos. Ahora bien: cada pensamiento es una fuerza, una energía que se pone en movimiento. Por el principio de acción y reacción, sabemos que la acción de una fuerza genera otra de la misma intensidad y en sentido contrario.

Acción y Reacción

Y llegamos así al concepto básico y fundamental del karma:
Todo pensamiento o acción generado por el hombre-pensador vuelve sobre sí mismo.
Igual que un boomerang, las fuerzas que nosotros mismos ponemos en movimiento, ya sea con el pensamiento o con nuestras acciones, tarde o temprano vuelven sobre nosotros mismos. Aquí no hay castigo, aquí no hay fatalidad. De hecho, estamos disfrutando o padeciendo por nuestras acciones del pasado, ya sea de ésta o de otra vida. Todo pensamiento produce efectos que recaen sobre nosotros, ya sea como bendiciones, como golpes o como pérdidas, dependiendo del móvil causativo del pensamiento original. En la medida en que comenzamos a comprender las cosas que nos suceden, como viniendo de nosotros mismos, aceptando la responsabilidad que nos toca en el origen de ellas, comenzamos a tener un mayor control sobre nuestro destino. Si seguimos creyendo que las cosas simplemente nos pasan por azar o por mala suerte; si seguimos viendo a los otros como los causantes de nuestras desgracias, el karma seguirá actuando en contra de nosotros. Aceptar la posibilidad de que, en algún momento del pasado, yo fui el generador de lo que me está sucediendo, hace que la fuerza se equilibre y se detenga en su accionar.

Karma vs. Sabiduría

Los grandes maestros enseñan que la sabiduría borra el karma. El karma sigue actuando en tanto y en cuanto se siga repitiendo la misma actitud, sin pensar, sin despertar. En el momento en que acepto mi responsabilidad, comienzo a ser dueño de mi karma. Si estoy viviendo una situación difícil y dolorosa, si dentro del dolor puedo preguntarme: ¿Qué estoy tratando de aprender con esto?o ¿Qué habré hecho antes para estar pasando por esta situación? , si comprendo para qué estoy atravesando por esta experiencia, a partir de allí, mi vida se modificará.
En realidad, desde el punto de vista kármico, lo que ocurre no es importante, es anecdótico. Lo esencial es cómo reaccionamos frente a lo que nos pasa. Eso es lo que indica el nivel de conciencia alcanzado. Al aceptar la responsabilidad de mis acciones pasadas, comienzo a generar un karma diferente, comienzo a manejar mi destino más libremente.
Aquí conviene introducir un nuevo concepto: la idea de la reparación o de la rectificación de acciones.

Reparación del Sufrimiento

No hay castigo. El castigo no trae provecho a nadie. Dios, o la Energía Creadora, no se benefician en absoluto con nuestro dolor y sufrimiento. Lo que se espera de nosotros es que rectifiquemos o reparemos nuestras acciones pasadas. Si alguna vez ocasionamos algún dolor o algún perjuicio a alguien, no es necesario pasar por lo mismo. Ser maltratados no borrará el dolor a la persona que se lo causamos. Pero lo que sí podemos hacer, es reparar el resultado de nuestra acción. Si hemos hecho sufrir, podemos reparar ese sufrimiento contrarrestándolo con una actitud de servicio, ayudando o sirviendo a quienes hemos perjudicado. Si una persona fue un criminal en otra vida y mató a varios individuos, ¿Cuántas veces tendría que ser matada para pagar su deuda kármica? Necesitaría muchas vidas inútiles para ello. Sin embargo, puede llevar a cabo una vida digna y provechosa, si acepta realizar acciones de servicio en favor de aquéllos a quienes mató en otra vida. El sufrimiento y el dolor aparecen cuando nos negamos a aceptar nuestra responsabilidad y a ayudar a aquéllos a quienes hemos perjudicado en una vida anterior.

Es ahí, entonces, cuando las fuerzas del karma entran en acción y nos empujan a situaciones similares a las cometidas por nosotros mismos, para que experimentemos el dolor en carne propia y así no volvamos a repetirlo con nuestros semejantes. Todo es aprendizaje. Las situaciones las vivimos como castigo cuando nos negamos, a aprender. Entonces aparecen el dolor y el sufrimiento.
Recuerdo que en su visita a nuestro país, Su Santidad el XIV Dalai Lama, dijo en una de sus charlas: “El propósito de la vida humana es la felicidad y la alegría”. Y así es. En realidad podemos ser felices, el sufrimiento no es obligatorio. Si no somos felices es porque nosotros mismos, con nuestras acciones, con nuestro empecinamiento, nos quitamos la posibilidad de serlo.
Edgar Cayce decía que el alma siempre dispone de una alternativa: la Ley de la Gracia. Puede liberarse de las deudas acumuladas, dedicándose generosamente a hacer el bien a quienes son todavía más desgraciados.

Karma y Cabalá

También encontramos el concepto de reparación en la cabalá hebrea. En hebreo existe un término equivalente a karma: tikún. El tikún es el trabajo de corrección que debe hacer un alma encarnada sobre sus acciones pasadas. Cada uno viene a la vida física con un tikún determinado. Cada uno viene a realizar su trabajo de corrección de acciones pasadas. A veces, este trabajo suele ser un poco pesado, pero también tenemos a nuestro alrededor seres que nos acompañan y nos ayudan en este trabajo de corrección. Nuestros padres, abuelos, maestros amigos o pareja están para ayudarnos y nosotros para ayudarlos a ellos; en este trabajo de corrección de nuestros errores del pasado. De modo que cada uno está cumpliendo su tikún o su karma, como se prefiera.

Corregir, reparar el efecto de nuestras acciones pasadas. De eso se trata. No hay castigo, no hay nadie allá arriba señalándonos con el dedo. Todo lo que se nos pide es que corrijamos nuestros errores, que reparemos el dolor o la ofensa causada a un semejante. Somos tan responsables de nuestro sufrimiento como de nuestra felicidad. Si aceptamos efectuar tareas de servicio en favor de aquéllos a quienes hemos lastimado, podremos ser felices. Si, por el contrario, por orgullo, por soberbia, nos negamos a dicha tarea, no tendremos más remedio que sufrir, por cuanto nuestros ofendidos de ayer querrán cobrarse su deuda hoy. Y no lo hacen por maldad. Simplemente es la reacción a la fuerza que nosotros mismos pusimos en movimiento con nuestra acción primitiva. Así funciona el karma. Es una concatenación de causas y efectos. Si a la ofensa se responde con la ofensa, sobrevendrá una ofensa mayor, y así sucesivamente, hasta que uno de los contendientes reaccione, despierte, tome conciencia, pida disculpas y perdone. En ese preciso instante se detiene la rueda del karma. Por eso Jesús enseñaba: “Si te dan una bofetada, pon la otra mejilla”. Porque reaccionar a la ofensa significa entrar en la rueda del karma con todas sus dolorosas consecuencias. Y en este momento, me viene a la mente otra coincidencia de la cabalá, por cuanto en hebreo, el término correspondiente para reencarnación es guilgul neshamot , que significa ruedas de un alma , y no es otra cosa que la rueda del karma de los hindúes.
“El príncipe de hoy es el mendigo de mañana, y el mendigo de hoy será el príncipe de mañana. ” Son las idas y venidas de un alma, hasta alcanzar la comprensión que le permita detener el giro incesante de la rueda y salirse de ella.

Por Dr. J.L.Cabodi


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 17/09/2010
Liberando el paradigma de la víctima
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Todos tienen una historia de víctima, un recuerdo de una situación en la que se sintieron impotentes, fuera de control o indefensos. Los detalles de la historia de víctima son muy reales y sirven como un recordatorio que a pesar de nuestros mejores esfuerzos, podemos ser superados por personas o eventos y nuestra vida puede cambiar en un instante.

Sin importar cuándo comenzó por primera vez la historia de víctima, cada detalle está grabado en nuestra mente como un recordatorio que estamos a un paso del desastre. Pero esta no es la intención de nuestras experiencias de víctima. Todos nosotros pasamos por diferentes aspectos de ser una víctima en nuestra vida, comenzando con la niñez cuando somos vulnerables y dependientes, hasta la adultez en donde tratamos de lograr nuestros sueños ante lo que pueden parecer retos insuperables. Somos enfrentados con elecciones de ser una víctima o elevarnos sobre nuestras limitaciones percibidas para volvernos victoriosos y pararnos en nuestro poder. El paradigma de víctima es uno que toda la humanidad debe - y puede - superar y liberarlo es parte de nuestro viaje espiritual individual y colectivo.

Nuestra historia de víctima puede comenzar en la niñez cuando recordamos incidentes de ser intimidados por otros, donde nuestros padres no estaban disponibles emocional o físicamente o donde nuestras necesidades no fueron satisfechas de alguna manera. O quizá algo sucedió, como una enfermedad, abuso, o una vida hogareña difícil, la muerte de nuestros padres o hermanos que crearon trauma y comenzaron a crear el paradigma de víctima en nuestra vida. Sin darnos cuenta de ello, ese paradigma se convierte nuestro diseño de vida y determina el curso que nuestro camino tomará. Entonces atraemos personas y situaciones que se relacionan e incluso realzan nuestro diseño de víctima porque esa es la energía con la que vibramos. Cuando nos preguntamos por qué las personas no son respetuosas, no nos honran o parecen salirse de su camino para bloquearnos en cada esquina, o por qué la vida es difícil, no somos felices, no tenemos suerte o estamos insatisfechos, la respuesta yace en nuestro paradigma de víctima. Mientras que podemos sentirnos muy solos con nuestra historia de víctima, cada persona tiene uno. Incluso la persona más consumada alberga un miedo secreto para el que se convertirán en víctima por algún incidente pasado olvidado, un recién llegado que los ensombrecerá o se enfrentará con una lucha que revelará una debilidad.

Mientras que quizá no nos llamemos víctimas, nuestros pensamientos, creencias y acciones dicen otra historia. Una víctima tiene muchos problemas, decepciones, expectativas no logradas y sueños no cumplidos. Con frecuencia ellos piensan que otros parecen ser más suertudos, más dotados, bendecidos o conectados de lo que ellos están. Una víctima comparte sus historias de víctima con todos porque quieren compasión y saber que no están solos en su infelicidad. Ellos pueden haber recibido “entrenamiento para víctima” de su familia, lo cual pueden tener patrones generacionales de creencias de víctima. Y ellos se convierten en víctima de su propia historia de víctima. Entonces ellos atraen víctimas y a aquellos que se aprovechan de ellos porque cuando somos una víctima atraemos tiranos, personas que necesitan controlar, manipular o dominar a los demás para sentirse poderosos.

Cuando estamos operando desde el paradigma de víctima enviamos un mensaje en silencio a los demás de que no somos poderosos y que ellos son más poderosos que nosotros. Cuando necesitamos ayuda podemos encontrar a alguien que responda al llamado pero si le entregamos nuestro poder a cambio de su ayuda, estamos empujándonos más hacia el paradigma de víctima. Entonces nuestro salvador y rescatador puede convertirse en la persona que nos controle, entonces el salvador se vuelve un tirano y nos paramos de un papel de víctima a otro. ¿Cómo podemos liberar el paradigma de víctima, algo que muchos Trabajadores de la Luz han venido a hacer? Primero debemos entender la razón del paradigma de víctima y después tomar una decisión aunque podamos estar en un ciclo de víctima cuando estamos eligiendo.

Nuestro viaje espiritual puede ser comparado con la ceremonia Nativa Americana de recuperación del alma, en donde un shaman lleva al buscador en un viaje para recapturar las piezas del alma que han sido perdidas en traumas de vidas pasadas. En cada vida se nos proporcionan oportunidades para sanar traumas antiguos que están enterrados dentro de nuestra memoria del alma y ADN emocional y para regresarnos a nosotros mismos a lo espiritual y la totalidad emocional. Estas situaciones se nos revelan en formas diferentes en que nos sentimos como víctimas, en los varios entrenamientos de “victimismo” que se nos ofrecen, por aquellos que están de acuerdo en crear oportunidades de víctima para nosotros. El viaje a la totalidad comienza con nuestra habilidad para encontrar nuestro centro espiritual, en donde podemos comenzar a reconectarnos con nuestro poder y comenzar el viaje a la re-conexión con el mismo.

Esta también es la historia del viaje de la humanidad desde su inicio hasta ahora, el tiempo en el que estamos cambiando hacia nuevas vibraciones de ser. Como una familia humana tenemos la oportunidad de salirnos del paradigma de víctimas y recordad nuestra conexión con la Fuente, la divinidad y nuestro poder. Nuestras historias de víctima están basadas, de hecho, en esta vida y en anteriores. Existen situaciones en donde las personas abusaron de nosotros, se aprovecharon de nosotros o no hicieron lo que creímos que deberían haber hecho. Pero dentro de cada una de estas historias de víctima hay una lección kármica, un contrato del alma, y un punto de inicio para nuestro viaje al perdón, transformación y cierre.

Tenemos una elección para permanecer como víctima y continuar sufriendo en impotencia o unir las piezas heridas de nuestra alma y volvernos victoriosos maestros espirituales que entienden la imagen más grande y pueden elegir la sanación sobre el dolor, el momento presente sobre el pasado y una vida de abundancia y satisfacción sobre carencia y pena. A todos se nos da una oportunidad para reconocer nuestro estado de víctima y elegir otra opción, crear un paradigma de nuevo mundo en donde no haya víctimas y liberemos este paradigma de la energía de la Tierra para siempre.

Por Jennifer Hoffman