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Grupo de Victimología



Os propongo un debate sobre la victimidad ineludible en la sociedad actual (y recomiendo la lectura de este primer articulo como telón de fondo).

Jes
Psicologia clínica/psicoanálisis ub/ua...
Escrito por Jes Ricart
el 20/11/2010

La victimidad ineludible . [1]

La condición de víctima nos alcanza a todoas antes o después. Aunque la percepción de los terribles sucesos que acaecen cada día “es cosa de los demás”, una mínima reflexión lleva a concluir que eso mismo pensaba esa parte de los demás creyéndose inicialmente invulnerables a la tragedia. Una tragedia es todo revés de suficiente envergadura que frena la libertad de acción e impide seguir el curso de la vida porque un factor imperativo lo sabotea. La tragedia está más relacionada con causalidades externas pero no siempre es así (la negligencia también ocasiona tragedias: dejarse la vela encendida o el pitillo sin apagar y provocar un incendio doméstico). La causalidad externa es lo que coloca el factor de daño en otro que no sea la víctima sino el causante del daño de ésta.

La civilización está basada en unos rigurosos patrones de aceleración donde su ritmo frenético no es atenuado por muchos que sean los peligros. La velocidad urbana no se detiene por duras que sean las consecuencias. En 1928 King Vidor ya presenta esa crítica. En La multitud ( The crowd ) la niña pequeña de una pareja newyorkina que lucha por sobrevivir en la gran ciudad es atropellada al atravesar la calzada. Durante su agonía en la habitación el padre pide desde la ventana silencio a los que pasan con sus griteríos (el vendedor de periódicos y otros) hasta que baja para pedirle a la multitud ruidosa que no grite en deferencia a su pequeña. Un policía lo llama “al orden” diciéndole que no se va a detener el mundo por las aflicciones de su casa.

La calle como vía de tránsito se divide en dos sectores claramente diferenciados: el de los peatones y el de los automóviles. Se trata de dos territorios contiguos con misiones completamente diferentes y que remiten a velocidades de desplazamiento muy diferentes. Las maquinas no pueden meterse en el territorio peatonal ni los peatones pueden meterse en el territorio de aquellas. De hacerlo, en ambos casos, siempre hay quien resulta perjudicado con lesiones sumamente graves o pagándolo con la vida. De las noticias continuas de victimidad, la de tráfico sigue siendo la más constante. Conductores o no, los habitantes de la modernidad tecnológica sabemos que las probabilidades de accidente por usar transportes rodados nos afectan en un índice u otro. El margen de maniobra biográfica ha de contar con la inclusión en la probabilística de la fatalidad. Semanalmente estamos al corriente de las victimas de tráfico, también lo estamos de las mujeres muertas a manos de sus partners o expartners, de algunas guerras también se nos da el balance numérico de los muertos, y de catástrofes llamada naturales (huracanes o desbordamientos) también estamos al día. De los muertos por suicidio, silencio total; otras estadísticas de mortandad relacionadas con malos hábitos de trabajo y de alimentación, también hay bastante silencio. La discriminación estadística está extendida al campo de la muerte e indirectamente al de la vida al substraerle el conocimiento de las autenticas verdades sobre la causalidad de aquella.

Durante la mayor parte de la historia del automovilismo a las muertes en carretera se les llamó accidentes. No ha sido hasta recientemente que se contempla la criminalidad por la conducción indebida (bajo efectos etílicos, por apuestas de rallys o manejar contra-sentido). Para que haya una víctima o se produzcan víctimas no es necesario que concurra un criminal que busque personalizarla. Hay irresponsables que devienen criminales aunque esa no fuera su intención lo mismo que negligentes que se convierten en víctimas de sí mismos que no buscaban serlo pero que lo fueron a causa justamente de su negligencia.

Aparentemente nadie se propone para estar en las coordenadas de ser víctima pero resulta que hay un tipo de personalidades más propensas que otras a serlo. También hay un tipo de profesiones que propician los roles de los victimarios que por inconsciencia o desconocimiento se prestan a ser eslabones dentro de procesos de malignidad que ocasionan daños a terceros. Gwen Olsen en Confesiones de una excamella de drogas R-X habla de su experiencia como profesional cualificada del medio farmacéutico que arremetiendo contra esta industria: una de las más florecientes en relación a otros sectores de la economía USA que dopa a una considerable población: 44millones de individuos con psicótropos. Propone la autoeducación a la vez que insiste en el concepto de desorden versus al de enfermedad. Gracias a informes como el suyo de individuos que estuvieron del lado de la antiética y que subordinaron la verdad a sus beneficios o a su ranking curricular para posteriormente arrepentirse por no poder continuar como cómplices de situaciones sin escrúpulos, se confirman que las críticas contra el sistema y sus productos fraudulentos van en una buena dirección.

Vivir en sociedad, eso que era prometido como la panacea para el auxilio interindividual de las vicisitudes ante los retos existenciales, se ha convertido en el primer de los peligros. Desde que el otro es visto como un potencial enemigo en lugar de cómo un potencial colaborador los miedos a la cooperación, a la alianza y a la asociación para compartir proyectos ha crecido. Eso ha inaugurado otra época para la victimidad puesto que una víctima potencial autopreventiva para no serlo toma medidas de precaución que pasan por su auto victimización en tanto decide no poder confiar en nadie.

Sea por factores hirientes de origen externo o por cálculos autoprotectivos de origen autógeno la víctima social se configura como el perfil dominante del humano moderno. Eso representa un salto conceptual cualitativo en relación a una definición más clásica en la que para que se diera una víctima tenía que haber un causante dado. La criminología en la novela policiaca simplifica las cosas. Para Witold Gombrocicz la novela policiaca es un intento de organizar el caos. La búsqueda del criminal es una ghimkhama atenta a las pistas hasta descubrir el responsable de un asesinato. En la vida real, saturada de transacciones comerciales y servicios, la figura del criminal como individuo singularizado, se diluye en un conjunto de eslabones que subdosifican la responsabilidad de un error. El comerciante que vende un producto defectuoso, de imagen impecable y retórica excelente, buen padre y que guarda las fiestas de guardar, hincha de su club y buen marido (todo ello sacado de la cantera de los adjetivos-cliché) no se ajusta al perfil del criminal de película, el observado por ejemplo por el personaje de James Steward en La ventana indiscreta. El criminal por definición es el que no le tiembla el pulso a la hora de asesinar o de pactar productos altamente contaminantes que puedan ocasionar enfermedades a miles o millones de personas. Sin embargo, la diferencia entre el criminal mafioso (el del crimen organizado) o el criminal a sueldo o que es capaz –se dirá que en su desesperación- de atravesarle el corazón a una empleada por la recaudación de la caja y el criminal implícito no intencional ha empantanado a las administraciones de justicia en callejones sin salida y a los juristas en discusiones interminables.

Rastrear el acto criminal lleva las cosas mucho más lejos en el tiempo que la evaluación de una situación en la que haya victimas. El proceso en el que desencadena una situación de victimidad puede empezar a mucha distancia geográfica y temporal. Cuando los terremotos desmoronan unas casas (con menor cantidad de cemento en su construcción porque alguien sisó las proporciones para beneficiarse tal como ocurrió en Izmit, Turquía en agosto de 1999 con más de 17mil muertos (cifra proporcionada por el gobierno) no consta que hubiera nadie que les hubiera disparado o que hubiera ido a sus casas a dinamitarlas, sin embargo todo un proceso anterior de construcciones de habitáculos mal planteadas formó parte del problema. Es muy distinto atribuir en exclusiva la victimidad a causas naturales a hacerlo a la alianza entre éstas y la negligencia profesional. En los terremotos en los que no se caen todos los edificios cabe inferir que los que están mejor construidos resisten a un movimiento sísmico.

Hoy día la negligencia es algo tan presente en la vida cotidiana y en los consumos más elementales y primarios que ir de compras, en particular de consumos de tecnología sofisticada, es correr el riesgo de caer en trampas. Un producto cuanto más complejo es menos fácil es evaluarlo, al menos en una primera toma de contacto sensorial. Se ha instaurado además un tipo de compra por catálogo incluso cuando se va in situ a un comercio y vende lo que representa una foto sin tener en su almacén el artículo pedido. Comprar por diferido a no ser de qué se conozca el producto es siempre un riesgo. La victimidad comercial es una de las más constantes y la legislación que no para de precisar normativas para reducirla garantizando la cualidad de servicios y artículos no aspira ni siquiera a acabar con ella. Siempre aparecerá el ultimo tipo no virtuoso que confundirá el gran negocio de su vida con estafarnos a los demás.

Las cosas se han puesto de tal manera que una parte importante de los productos comprados, un alto porcentaje dejarán de funcionar bien en el primer año u ocasionarán gastos de tiempo para acogerse a su garantía. Como que el criminal queda enmascarado por una especie de mano difusa de la firma de una empresa, ni él se siente como tal ni la sociedad tiene los mecanismos de corrección imperativa para que no siga cometiendo fraudo sistemático. Desde luego hay distintas formas de victimidad y categorías de víctimas: no es lo mismo ser asaltado a mano armada en una esquina a ser engañado por el comerciante con un producto que en tanto que no es su fabricante no asumirá la responsabilidad de que no funcione.

Las formas fraudulentas de trato es de tal magnitud que en cualquier lugar donde rige la corrupción como moneda de cambio diario (y la mayor parte de África y una buena parte de Asia están aun contaminadas con ella) que de todo y con todo se victimiza a quien se puede (los padres que van a adoptar niños a Camboya son las víctimas propiciatorias para burocracias e intermediarios y los cooperantes que van a África a ayudar con su solidaridad son extorsionados por policías). En una definición extensa de victimidad no hay nadie que pueda declarar alto y con firmeza que no lo es desde el momento en que sufre los engaños informativos y las deformaciones mediáticas además de recibir los pelotazos de las trolas de sus políticos o gobiernos de turno. En una definición intensa: las victimas peores son las que no pueden contarlo. Por suerte quedamos otras supervivientes que heredamos la voz de quienes ya la perdieron para siempre porque están muertos. Me gustaría compartir la tesis de Joan Subirats [2] acerca de la globalización de las resistencias y la solidaridad entre gentes y pueblos como un hecho patente que le lleva a concluir que un nuevo relato está en marcha. Demasiado triunfalista bajo mi punto de vista. Sí hay relatos en marcha de que hay mucha energía volcada para arreglar los desaguisados y males del mundo ocasionados por otros, pero son historias en las que vienen mezcladas procesos contradictorio: lo que una mano arregla la otra mano de la misma persona desmonta. El mundo no se divide en criminales y víctimas de un modo tan nítido, como tampoco es una división acertada la de buenos-malos sino que anda escindido en actos que propician la criminalidad (aunque se cometan dentro de la legalidad) y otros que nos dejan indefensos como víctimas. Por supuesto hay un reparto de las situaciones: siendo que unos son más propensos a la victimidad y otros a ejercer roles de victimarios. La idea estrecha que configura un cuadro tópico de una víctima así inequívocamente definida por recibir la agresión de otro igualmente claramente definida por su agresión (el marido que apuñala a su pareja por ejemplo) no se corresponde con la mayoría de situaciones de victimidad. Un simple impuesto de sucesiones elige a unos (los herederos) como victimas sobre aquello de lo que por biografía ya vienen siendo posesionarios y a lo que en muchas ocasiones han contribuido como patrimonio familiar, mientras que otros más conocedores del percal se las ingenian para evitarlo por otros vericuetos legales.

La criminología por su función se encarga del acto inequívocamente lesivo y se le escapa la mayoría de situaciones criminógenas que si bien directamente no atacan a la victima son factores cómplices de convertirla en tal por eso se queda en deuda con la victimología que estudia un espectro de mayor amplitud de variables distinguiendo las discriminaciones propiciatorias de los desarreglos sociales con los actos lesivos sucediendo la paradoja que la misma categoría de acto violento puede ser justo o injusto según si es causal o autodefensivo.

La perspectiva de la victimidad potencial está tan arraigada que forma parte del cuadro de miedos con los que la sociedad educa a sus vástagos. Psíquicamente antes de que un sujeto pueda llegar a ser en el curso de su biografía víctima de un tercero puede serlo de sí mismo o por su entorno familiar con excesos preventivos que le generan inseguridad permanente. Anna Freud ( Le moi et les mecanismes de défense ) trató de hacer el inventario de los mecanismos de defensa. Además de la sublimación, considerada como tópica, ella encuentra 9 procedimientos (la represión, la regresión, la formación reactiva, el aislamiento, la anulación retroactiva, la proyección, la introyección, la autoagresión y la conversión en lo contrario. ) mediante los cuales el enfermo se defiende y que al combinarse determinan los diferentes tipos de neurosis. Como se ve, cada una de estas conductas son muy conocidas y rastreadas en los diversos tipos de personalidad dentro de una civilización llamada normal. Neurológicamente Raty Dolan encontró que la amígdala está involucrada en la mediación inconsciente de las respuestas emocionales aprendidas, cuando ni siquiera es sabido si ha sido visto al amenazador. El temor fantasmático es un hecho que ocasiona autovictimidad. Un exceso de prevención no solo no ayuda a ir contra lo que se previene sino a crear un daño mayor protegiendo a los individuos de sí mismos condenándolos al déficit de su potencialidad de creatividad. Así como un cierto tipo de orfandad y falta de caricias provocar el déficit de crecimiento (Spitz en L´hospitalisme demostraba como todo abandono puede provocar déficits fisiológicos) la inoculación del miedo al peligro además de no prevenir de este desencadena un enanismo mental con la condena a la inseguridad crónica.

De las dos clases de victimización, de una es directamente responsable el medio con sus trampas y fraudes, sus psicópatas y homicidas y de la otra los intermediarios entre el sujeto a proteger y el medio del que protegerlo. El sujeto por si mismo se ajusta a conductas aprendidas aunque bien es cierto que hay temores instintivos (a los ruidos, a los excesos de luz y calor o a los cambios bruscos corporales). En cuanto al primer grupo no todos quienes hacen daño a otro tenían la intención ni habían previsto hacerlo pero acaban matando por unas monedas o produciendo lesiones físicas irreversibles. Se ha ensalzado mucho algún tipo de código de honor de alguna clase de criminales o de clanes. Lo cierto es que el que ataca, roba, mata es una figura prototípica que está presente en todos los ecos y literaturas. Contra ella hay suficiente prevención, en cambio uno está totalmente desarmado ante el equipo quirúrgico al que se acude por una rinoplastia y se termina el resto de la vida con una parálisis total por negligencia profesional. En este caso la victimización se extiende más allá del sujeto afectado en cuanto que ha sido gravada su familia por el pago de las costas del juicio y dejando exonerado al profesional responsable de todo ese dolor. El gradiente de victimidad es tan complejo y extendido y la impunidad es tan absoluta que una víctima sabe que tiene pocas oportunidades legales –en el caso de que sobreviva al crimen- de hacer valer sus intereses e incluso teniéndolas queda comprometida toda su vida y la de su entorno.

Los tres tipos de victimidad hasta ahora referidos (la agresión externa incluida la legal, la preinscrita en el código cultural y la autoagresión) permiten enfrentarla de una forma más coordinada y eficaz partiendo de las conexiones entre ellas y de su covariación desde la posición predisponente de sufrir en una desde la concurrencia del sufrimiento en otra. Lo cierto es que hay factores de predisposición al peligro así como los hay a la autolesión involuntaria. Estudiar la recurrencia de causas endógenas y su conexión con las exógenas debería permitir hacer cálculos de reducción tanto de la victimidad como de la criminalidad.

Manel
Escrito por Manel
el 21/11/2010

Muy buenas. Verónica un efusivo saludo amiga´

Jees, daría mucho por llegar a poseer tan solo una milesima parte de tu forma de plasmar el mundo. Recibe mis respetos

A colacíon de debate, me gustaría expresar el victimismo como forma de moverse por la vida en aras de eludir la responsabilidad individual


Recuerdo hace ya años en una consulta rutinaría, a las que yo llamo de justificación. A una señora que, con cierto orgullo, se declaraba ludópata, es decir, adicta a los juegos de azar y en su caso particular a las máquinas tragaperras. A preguntas que le realizaba, la señora contaba la fascinación que sobre ella ejercían las máquinas de los bares, su musiquilla embriagadora, la emoción de ver si lograba el pleno etcetc: se jugaba el dinero de la familia la buena señora, pedía prestado, no sé, hasta las bragas se apostaba en la dichosa tragaperras. Y acababa su relato o en su defecto su consulta clamando, con indignación: ¡Esas máquinas fatales deberían prohibirlas!, me quedé patidifuso, sencillamente le contesté: "Señora, no debería usted jugar" Muchas personas entran en los bares donde hay máquinas tragaperras y no juegan o juegan sólo unas pocas monedas para entretenerse: pero la señora quería que se prohibiera a todo el mundo el objeto que le planteaba problemas a ella y a gente tan irresponsable como ella. La culpa la tenía el cacharro cantarín de plátanos ymanzanitas, no su propia manía irresponsable... En fin no sé si habré conseguido plasmar lo que quería expresar, que no es más que usar el victimismo en aras de eludir determinadas responsabilidadees.



Un cordial saludo

Pd- Entiendase que era evidente que no estabamos ante una actuación adictiva patológica, en la cual se pudiese haber actuado de otra forma más acorde, sino de una consulta en la cual se espera una justificación que respalde un comportamiento irresponsable

Jes Ricart
Psicologia clínica/psicoanálisis ub/ua...
Escrito por Jes Ricart
el 21/11/2010

Hola Manel:( entre todoas contribuiremos a un más-saber que dejaremos como legado.)

El perfil del ludópata que se queja de la máquina tragaperras donde pierde su tiempo y su dinero o de cualquier otro sitio de apuestas del que sea adicto (casinos, bingos, timbas,…) se corresponde con el de cualquier analizante que al consultar por su neurosis o su patología pone reiteradamente la responsabilidad en aquello de su elección que le ha hecho daño y no en la elección misma. Recuerda también al paseante de un cuento que ve algo en el suelo contra lo que da un puntapié (una piedra o una bolsa de plástico o papel cubriendo un puntal de hierro) y al hacerse daño despotrica contra el objeto en lugar de reconocer su burrada. La relación con el objeto inerme o impersonal desvinculado totalmente a la conducta de alguien que esté detrás que lo haya puesto como trampa, revela más la autenticidad del sujeto en cuanto a su autonomía o no, su capacidad de autocontrol o no, su inteligencia o no. Ante el objeto inerte con el que uno se hace daño solo no hay culpable a la vista a quien echarle la responsabilidad. Eso va de tropezar con una diferencia de nivel en casa que apenas se ve de unos 7cms, ocasionándose rotura de peroné y tibia y el coste de una larga convalecencia de más de un año con operaciones complicados y resultado de déficit crónico a toda relación complicada o peligrosa por negligencia en la gestión de uso de un espacio o una cosa. Claro que ahí donde hay una curva peligrosa no anunciada en una carretera de montaña o una industria tramposa para generar adictos hay una responsabilidad indirecta de quienes planificaron esas situaciones pero la última palabra la tiene el usuario en su potestad de elegir o no pasar por un lugar, entrar en un sitio, comer algo que sabe que le va a sentir mal o participar de una acción en la que no está de acuerdo. Por consiguiente los procesos de auto victimización son constantes siendo el victimismo una forma de enmascarar la responsabilidad de las situaciones tendiendo a buscarla en autorías criminales no siempre existentes ni tan directamente responsables.

María Cristina Vidal
Psicología el salvador
Escrito por María Cristina Vidal
el 21/11/2010

Si creo que muchas veces nos ponemos en papel de victimas, en vez de asumir nuestra responsabilidad, error, o equivocación, he visto y escuchado a mucha gente que siempre le hecha la culpa de todo a los demas, incluido a dios, pero muchas veces , muchas nosotros somos responsables y usamos el libre alberdio para tomar decisiones,
creo que es mucho mas sano asumir lo que no toca, reflexionar y asi podremos enmendar o no volver a cometer los mismos errores, buen debate gracias

Sara Salas Zavaleta
Educacion inicial instituto de la cesa...
Escrito por Sara Salas Zavaleta
el 22/11/2010

Gracias vero por invitarme a este debate , bueno es muy caotico todo lo que pasa alrededor de nosotros la criminalidad ha crecido enormente,lanegligencia de personas que tan inrresponsables con su vida y con las de los demas, la insencibilidad del ser humano ante el sufrimiento de otros, sabes ahora se ve muchas noticias sobre accidentes automovilisticos personas que sufren accidentes por estas personas ,mayormente originadas por estar en estado de ebriedad pero lo que pude observar hace poco es tambien la frialdad de niños ante el dolor humano por ejemplo al ver victimas ya sea por diferentes casos muertas y alrededor de ellas curiosos,y me llamo mucha la atencion de que pequeños mirando y tomando adtitudes de una frialdad unica como si lo que pasara fuera un show,viendolo bien estos niños pasan a ser victimas inconcientementes de la frialdad que ocasiona la sociedad tan violenta en la que vivimos ,hay que tomar mucha conciencia de esto yde todo lo que teje la sociedad alrededor nuestro con referente al grado de violencia en que nos sumergimos no solo en la sociedad sino en el hogares base fundamental y donde se inicia todo este circulo vicioso. Gracias una vez mas vero ,un abrazo. Sara

Ricardo Zueleiman
Ingeniería industrial. universidad ca...
Escrito por Ricardo Zueleiman
el 22/11/2010

Hola Verónica. Gracias por tu invitación.


Se me presenta una seria dificultad para abarcar el tema tal y como está planteado. Hay varios aspecto que aun teniendo diferentes orígenes confluyen en una mismo resultado: La Victimidad.



Considero que deberíamos en principio separar aquellas tragedias cuyos origen es inherente al mismo individuo que las produce y que las recibe, de aquellas que se proceden del exterior del individuo. Para tratarla por separado.



Pero hemos de considerar a su vez, como bien podemos observar que no es nada de fácil, lo que hace obligatorio individualizar cada una de estás tragedias que provienen del exterior para ser tratadas concretamente. Porque a pesar de tener una naturaleza externa tienen diferentes orígenes.



Y sobre esta referencia comenzar un discurrimiento para llegar a una conclusión que nos sea de utilidad para cambiarle la cara al asunto, que creo percibir es el fin último de tema.



Saludos y gracias nuevamente.

Vero Nica
Licenciatura psicología universidad de...
Escrito por Vero Nica
el 25/11/2010

Hola a tod@s :)


Jes , es un placer tenerte por aquí, no hay palabras para describir una mente tan brillante y una persona tan entregada y fiel a tus pensamientos, y lo mejor de todo es que tienes unos argumentos fantásticos. Te felicito por tu debate tan bueno y por supuesto, te agradezco enormemente que hayas elegido mi grupo para ello :)


Desde mi punto de vista, todos, todas, tenemos que tener bien claro que podemos ser víctimas en cualquier momento y especialmente en el momento que menos esperamos, pero tampoco es idóneo, mantenernos continuamente en estado de alerta felina, pues sino acabaremos siendo víctimas pero de suicidio provocado por nosotros mismos y nuestras condiciones insalubres. Aunque como bien refleja el artículo, es muy distinto el ser negligente y descuidado. Aquí yo creo que cabría diferenciar entre aquellas personas que son muy negligentes y todo les da igual y las que están tan obsesionadas que rozan el trastorno obsesivo-compulsivo. Como sabemos, lo adecuado siempre es el punto medio, estar atentos a cualquier indicio de prevención pero sin obsesionarse excesivamente.


Se me hace preciso destacar algo que me parece relevante en este tema y es el hecho de que TODOS, TODAS tarde o temprano acabamos siendo víctimas, ya no hablo de un podemos ser que trataba en el párrafo anterior, sino de una afirmación rotunda, SOMOS o SEREMOS. Porque somos perecederos, porque somos inmortales, porque desaparecemos, porque morimos, por eso somos víctimas, algunos viven siendo víctimas de maltrato, de desigualdad, de ultraje, de robo, de estafa,... Otros mueren siendo víctimas de un atraco, de una enfermedad, de una agresión, de un apuñalamiento, de una violación, de un accidente de tráfico... Pero a pesar de todo, a pesar del dolor que pueda producirnos la muerte de un ser querido, a pesar del sufrimiento, del vacío, a pesar de creer que el mundo se terminó para nosotros porque muere la persona que amamos o la que nos sirvió de guía en los peores momentos, es entonces cuando debemos ser realistas y ser conscientes de que las personas desaparecemos pero el mundo sigue su curso, el mundo no se detiene. Porque para mí no causa cambio alguno que muera la hija de este señor del artículo, sin embargo para él, resulta un hecho trágico y que marca su vida para siempre. Aún así, pienso que en todo momento tenemos que tener las cosas claras y no ser egoístas, lo que produce malestar o dolor para mí no puedo extrapolarlo a TODA la población mundial, porque no es así. Y si me veo incapaz de superarlo, lo intento y pido ayuda, pero no exijo que todos cambien por y para mí.


La confianza también se encuentra bastante reñida a la victimicidad. A veces confiamos en exceso en los demás y nos causan algún tipo de daño posiblemente irreparable. Por ejemplo, una persona maltratada (conmemorando el día Internacional Contra La Violencia De Género) sufre más de lo debido por exceso de confianza, por confiar que su maltratador cambiará, por confiar en que ese hecho es un suceso aislado que no volverá a darse más y que fue ocasionado por la ingesta de alguna droga, por confiar en que pasará algo que cambie su situación, o por confiar en que ese es su destino que estaba marcado para ella, cuando desde fuera sabemos que la única persona que nos puede sacar de esa situación somos nosotros mismos. Entonces, ¿Por qué confiamos tanto en los demás? ¿Por qué no elegimos por nosotros mismos sin dejarnos llevar por los otros? ¿Por qué no confiamos en nosotros?


Y lo mismo, ¿Por qué una adolescente es capaz de pasar hambre sólo para parecerse a la modelo de la televisión hasta tal punto que miente, malgasta y deja de lado su personalidad? Me pregunto: ¿Es la sociedad la que nos hace ser negligentes o los negligentes somos nosotros por dejarnos llevar por la sociedad?


Y para terminar siguiendo tu artículo propuesto, ¿Por qué hay personas (agresores) que dañan por placer? En mi opinión no creo que sea predisposición genética, creo que eso es más bien una justificación de los hechos.... Al igual que hay personas que se hacen pasar por víctimas sin serlo realmente (falsas víctimas).

Vero Nica
Licenciatura psicología universidad de...
Escrito por Vero Nica
el 25/11/2010

Mi segundo post va dirigido al resto de participantes, gracias por hacer un huequito y pasaos por aquí, estoy segura de que no os defraudó el debate y de que tampoco lo hará :)


Manel, saludo recibido :) Muy buen ejemplo el tuyo. Te agradezco la aclaración de "situación no patológica", de otra manera sabes que te me habría echado encima con mis pensamientos radicalistas de que esas cosas deberían ser tratadas por especialistas de la psicología etc... Etc... Jejejejeje. Pienso que en toda situación es mucho más fácil y sencillo culpar a los demás (objetos o personas) para justificar nuestro problema o situación y para sentirnos "moralmente" mejor. Consciente o inconscientemente, todos en algún momento dado lo hemos hecho, para "quitarnos el muerto de encima" y especialmente es en los casos de adicción al juego, a las drogas,... Donde con más facilidad encontraremos justificaciones de este tipo: culpar a la maquinita en unos casos y a la persona que la cultiva, la produce o la vende en otros. Esto es más sencillo que admitir que somos adictos y que tenemos un problema que necesita ayuda para erradicarlo, pues aún tenemos mal codificado el hecho de buscar ayuda con ser personas débiles y flojas...


María Cristina, agradezco tu participación. Me alegra leerte :) Estoy de acuerdo contigo cuando comentas que en la mayoría de los casos, nosotros tenemos la posibilidad de decidir el ser víctimas o no. Pero no debemos olvidar que hay otros casos inevitables en los que la víctima no puede evitar serlo.


Sara, gracias a ti por contribuir con un aspecto que había quedado un poco olvidado, los niños. Los niños, a menudo, son víctimas pasivas o inconscientes de lo que sucede a su alrededor; tendemos a pensar que no les afectan las cosas, que aún son pequeños para sentir dolor o para comprender las cosas, pero no, no lo son en absoluto. Aunque no entiendan porqué se produce algo, lo integran y lo aprenden y es en esa etapa, en la infancia cuando el niño comienza a forjar sus pilares base del adulto que será en un futuro no tan lejano. La educación y lo aprendido por observación mayormente, es lo que le hará discriminar a la hora de presentarse una situación decisiva para él. Eso por ejemplo es lo que hace que posteriormente, en la adolescencia, el joven decida tomar o no tomar drogas, tener o no sexo seguro,....


Ricardo, un placer leerte de nuevo. Ya echaba de menos tus post por aquí :) El artículo propuesto por Jes plantea esas tragedias que tienen orígenes totalmente distintos; sin embargo, para mí, a pesar de que el artículo es tremendamente bueno, habría otros tipos de víctimas que no se encuentran abarcadas en dicho texto, como por ejemplo las víctimas de violación con los distintos tipos de violación, las víctimas de robo y los distintos tipos de robo,... Así como el tipo de agresor: consciente, inconsciente,... Pero claro, para eso se necesitaría un libro de 100 páginas más que un artículo para poder tratar cada caso individual y clasificarlo globalmente.


Les deseo lo mejor.


Saludos.

Jes Ricart
Psicologia clínica/psicoanálisis ub/ua...
Escrito por Jes Ricart
el 30/12/2011

Nacer y residir en un sistema social basado en politicas de vasos comunicantes del lucro por el lucro sin reparar las leyes de explotación con milenios de tradición convierte a cada naciente/residente en una victima potencial en una situación u otra. El drama no termina en eso sino que sigue en un desencadenamiento de roles miméticos por los cuales las victimas se degradan a roles victimarios y los victimarios por una justicia pendular mínima también terminan por ser víctimas. Finalmente, nadie puede alegar que nunca haya sido estafado o timado de alguna manera, esquilmado en sus pagos, tributario a su pesar para engrandecer las arcas de un estado que se gastan en despilfarros, explotado en sus empleos en los que ha generado beneficios muy superiores a los salarios que ha cobrado o asaltado en un callejón a mano armada para tener que entregar su dinero a la fuerza. La casuística de la v ictimidad es tan extensa que no hay un solo sector social que no haya ejemplos de ella. El clientelismo no es un salvoconducto para evitarla, a lo mucho para preverla y reducir en lo posible el fiasco previsible.

Ese fenomeno de victimidad generaliza marca grados y no evita continuar señalando que hay una victimidad imperdonable mientras que otra forma parte de los juegos comerciales y las picarescas sociales. No cabe ninguna duda que quien haya pasado por torturas o por violaciones, por amagos de ejecución a la pena capital o por destrucciones de todos sus bienes tienen unas aventuras terribles que contar de las que otros –todavía la mayoría- hemos estado a salvo.

Jes Ricart
Psicologia clínica/psicoanálisis ub/ua...
Escrito por Jes Ricart
el 12/01/2012

La victimología: conciencia para recentrar el debate sobre la criminalidad. CdV12ene2012

Aunque las noticias de la criminalidad y de los terribles sucesos de destrucción son cotidianos el debate sobre victimología es perezoso. Se diría que hay una indisposición a hablar de ello para no cargar más las tintas y no contribuir a una desesperación generalizada. Son tantas las noticias de personas que matan ( ¿Personas? ) y personas que mueren que los datos forman parte de la sociedad del espectáculo. Aún no hemos llegado a los niveles (de los que se ha hjecho eco la filmografía estadounidense) de ir con las camaras y los micros de pera a obtener primicias de esos actos en los escenarios de los crímenes, casi adelantándonos a ambulancieros y policías pero apenas si parpadeamos al oir cada una de estas noticias mientras comemos, estamos apaciblemente en nuestros sosiegos o nos interesamos por otras noticias.

Se especula que con la resonancia mediatica regular de las noticias de muertes –especialmente de los asesinatos deliberados- se puede estar produciendo un fenomeno colateral : el de que los asesinos potenciales no sabiéndose tan distintos de otros muchos pueden optar por la opción de matar en casos de desesperación. Comparativamente, los criminalidad en las parejas es una de las mas altas en comparación a otras conflictivas que puedan darse entre socios empresariales, en campos laborales. Otras noticias de muertes (los ajustes de cuentas entre mafias o bandas, o las que se dan entre familias rivales de una etnica como la gitana) pueden ser mas espectaculares cuando se dan pero no siguen la pauta del goteo continua de las mujeres asesinadas por su partners.

Llevo preguntándome desde hace años cuando se contrabalancearán los datos de esta ultima área, es decir cuando empezarán a ser los partners masculinos los que ingresen la estadística de los muertos por desvenencias sentimentales y/o convivenciales. Sería mejor que en lugar de convertir los martrimonios y los duetos en regimenes carcelarios o de control del otro fueran vinculos permeables y abiertos.

En el fondo de la psicología de personalidad de alguien que mata a aquel con quien ha convivido durante mucho tiempo siendo por lo general la persona mas importante de su vida es porque tienen un gran temor al abandono, a la nada. Al matar y al entregarse consiguen un cruiso cambalache: terminar con un regimen de vida acompañada por otro (el de la penitenciaria).

Esos datos chorreados día a día se han convertido en gotas sulfúricas que trepanan cráneos convirtiendo a la sociedad expectada en un amasijo de sumisos del tema. A no ser de que alguien participe directamente de estudios e investigaciones del comportamiento humano, el promedio de perceptividad mayoritaria de los y las expectadores/as sociales que mas o menos siguen –o seguimos- los acontecimientos ¿Qué saben/mos realmente? Unos cuantos datos servidos en las horas de las comidas y las cenas por las teles encendidas que ni siquiera son interpretados. El debate crucial al respecto de la criminalidad y de la victimidad está aún por hacer, a lo sumo hay episódicamente reverberancias del tema en algunos espacios (entre ellos la institucion parlamentaria y segregan algo de legislación, deficiente y torpe) y un interés sospechoso de un discurso dominante en encerrar la cuestión dentro de un cajón de estadísticas pero sin desear comprender el fondo de lo que está pasando. ¿Y porque el estado, los agentes públicos o los más responsables del sistema no quieren entrar en ese análisis? Porque pondria en peligro la misma concepción estructural de este sistema, el fracaso de la industria de control penitenciario, la complicidad del sistema judicial, la amalgama de familias consanguíneas que aun funcionan como clanes, la manipulacion sibilina de un consorte por otro para sacarle la mayor tajada y –por encima de todo- el fracaso de la comunicación interhumana. A diferencia de otros perfiles criminales que se dedican sistemática a trasuntos ilegales, a la delincuencia sistemática o a timar a sus semejantes, el del asesino-varón de su cómyuge-mujer tiene una especificidad de la que no tenemos estudios desde la sociologia y la psicologóia. ¿Por qué no se trata de investigar por qué se mata y se relega a que las muerte son resultado fundamentalmente de la psicologia machista del maltratador? Esta es la tesis del feminologio: existen maltratadores de agresividad incontenible que un dia u otro acaban por matar a sus parejas. Hay toda una casuística que efectivamente avala la existencia de un temperamento no dúctil, de inteligencias un tanto limitadas que acuden a la violencia cuando no encuentran ninguna otra salida. Las investigaciones demostrarian que antes de un acto de violencia definitiva y concluyente (el de matar) hay todo un reguero previo de actos agresivos aunque no sean físicos, de amenazas y preavisos, de preparativos quevan confingurando las condiciones para aquel acto último. Entonces, la víctima advertida por esos detalles ¿Por qué continua con su victimario?

Matar no queda disculpado en absoluto, pero la muerte deliberada y violenta ha sido, es y seguirá siendo una constante del comportamiento humano (me gustaria decir que para el año 3001 los informes de entonces dirán que el planeta entero lleva décadas sin una sola guerra y ni un solo humano asesina a otro, pero no tengo la menor garantía científica para decir eso). Los hombres y las mujeres nos seguiremos matando aunque tú y yo y quienes vigilemos éticamente cada uno de los detalles que protagonizamos y que nos envuelven descartemos totalmente hacer tamaña monstruosidad. Pero de verdad que no matamos. Matar, matar vida, está en la misma condición de la existencia. Si no todas las especies animales la mayoría matan para sobrevivir. Antes he dicho que matar no queda disculpado (el dictum biblico que nos legaron decia: no matarás, no añadia que fuera a humanos; se quiso suponer que se referia únicamente a matar a humanos) y sin embargo quien no participa pasivamente de la industria de la mortandad. ¿Es que no usas zapatos de cuero? ¿No comes carne guisada? Salvo la praxis del veganismo todo el mundo disfruta de las condiciones de la mortandad industriosa. Si los animales de granja, embotados y engordados para ser proteinas alimentarias de los humanos, pudieran tomar la palabra tambi. én dirian que ellos forman parte de la victimidad. Si concienciaran eso, los animales de todas las granjas se rebelarían y nos quitarian el poder de mando a los humanos, o mas concretamente aquellos que se dedican a su explotación. (Recordemos que cuando ha ahbido problemas con vacas locas, pestes porcinas o produccion aviar, las llamadas autoridades sanitarias han corrido para emitir comunicados quitandole fuego a los problemas y asegurando que los distintos sectores productivos no entrarian en crisis. El crecimiento de la sociedad de los dos ultimos ha pasado por la institucionalización de la muerte como lo más ordinario).

Evidentementre se trata de muertes distintas. Decimos que no es comparable la muerte de un animal a la de un ser humano, lo que no quita que podamos querer mas a nuestros gatos que a nuestros vecinos. Las diferencias de apreciacion van más allá tampoco es lamisma muerte la de quien matado con premeditacion y alevosía por su asesino a quien lo es porque se sale de la calzada un coche y te aplasta contra la pared mientras estas esperando pacíficamente que el semáforo se ponga en verde para podr cruzar.

La distinción entre asesinos deliberados y homicidas por sus pocas habilidades o por sus personalidades incompetentes no ha hecho resucitar a ninguna víctima. Lo cierto es que nadie vuelve tras cruzar el umbral de la vida (salvo apariciones marianas y fenomenos poltergeist que se escapan de comentar en esta parte de la discusión) que le va mucho mejor que cuando vivía.

Lo que sabemos -y aceptamos casi unánimemente- es que nadie tiene derecho a quitarle la vida de nadie, ni siquiera un estado en un pais con una legislacion que contemple la pena capital; pero también tenemos un derecho complementario que dice que todo el mundo puede y debe defenderse ante la agresión ajena. Ese doble derecho convierte la linea divisoria entre victima y victimario en algo mas ténue de lo que se cree. ¿Y si quienes matan (o una parte de ellos) nos llegaran a contar sus biografías en las que explicaran que no habia otra solucion que hacerlo? Probablemente eso desmontaria el esquema previo de que matar en todas las situaciones y sin excepción es inaceptable. ¿También cuando te queda un instante para decidir entre el disparo o la cuchillada que te van a meter o el golpe que tu puedas devolver? La reactividad auto-defensiva a menudo es instintual e irreflesiva, pero también hay otra que puede ser preparada desde la venganza despues de pensarla durante meses o años. ¿Como explicar si no que parejas de largas convivencialidades de décadas terminen con la muerte de uno en manos de la otra persona?

La victimología como parte de la criminología tiene que ir más allá del seguimiento aritmético de la estadistica de la fatalidad y tratar de enter psicológicamente porque hay personalidades mas predispuestas a la destrucción. Esa investigación puede desbancar esquemas anquilosados que creer que matar es solo el comportamiento propio de psicologias maltratadoras. Hay otra aportación a tener encuenta partiendo de la base que la violencia es otro lenguaje y que el acto de matar es más propio de quien se cree mas vulnerable y al hacerlo está declarando una protesta por superar una relación a la que no se le ha hecho caso por otras vías. ¿Qué decir de aquellos hombres capaces de amenazar de muerte a sus parejas o exparejas por indisponer a sus hijos en contra de ellos poréstas y por la familia de estas? Llegamos a una de las hipótesis mas complejas: matar puede ser un acto sentimental. No solo por el odio y la rabia e impotencia que se haya acumulado sino por la caida de todo sentido de continuar con un itinerario biográfico. Hay quien interioriza que su vida ha sido destrozada por otra persona y que va acumulando motivos para eliminarla. Antes de llegar a concebir esa perspectiva hay otras medidas cautelares: las separaciones anticipadas en lugar de demoradas, entre ellas. Es probable que la totalidad de los crímenes bajaran a mínimos o se redujeran a cero con un solo criterio universalizado: poder prescindir de los demás (de las esposas y esposos, de los socios, de los amigos, de los conocidos, de los vecinos, de los transeúntes, de los profesionales,…) en lugar de seguir insistiendo en una continuidad de relacion fracasada, no operativa, inestable, anatagónica y dolorosa. Pero eso es tanto como decir que si cada humano fuera un eremita (con o sin cueva o hermita de lujo) o un shadu arrinconado el Himalaya quedando fuera de los circuitos de conflictividad no tenia porque temer en ser muerto a manos de alguien o en en verse en la tesitura de matar.

La discusion-eje sigue siendo, por encima de la particularidad de cada sector de violencia, ¿Por que el ser humano necesita matar para vivir? ¿No deciamos que los humanos nos diferenciabamos de los animales por haber asumido mas inteligencio? Estos siguen clavados a la dinamica de supervivencia y su comida a menudo la proporcionan los cuerpos de los de otras especies. El ser humano no podrá hablar de si mismo que ha alcanzado una cierta madurez a partir de superar esa pulsión destructiva y en lo concreto esa necesidad de comerse a los demás. Simbólicamente, si uno mata al otro (aunque sea desde la no-antropofagia) es para comerselo, eliminandolo para que otros no puedan tenerlo, saborearlo o disfutarlo ademas de los otros motivos que tengan que ver en venganza, autodefensa o protección.

Las instituciones educativas, sanitarias y culturales podrian implicarse mas en los temas relacionados de la victimología. Cuando se sectorializan algun tipo de estas violencias (la de los partners masculinos contra sus partners femeninos, mal llamandola violencia de género) sin relacionarlo con toda un enfoque estructural de una sociedad violenta no se pueden llegar a conclusiones utiles para entender la trama. Sería altamente positivo que los propios protagonistas de los crimenes participaran en calidad de invitados especiales en ese tipo de debates (con pausas carcelarias para poder asistir a esos eventos)al estilo que en jornadas sobre drogodependencias se hizpoinvitando a adi. Ctos o exadictos para transcribir sus experiencias. El hecho es que la sociedad tiene en su seno muchos tipos de discurso y de valores. Coexistimos con nuestros criminales y a menudo estan en la relaciones de proximidad sin que lo sepamos. La pregunta no es quien tiene razón cuando alguien agrede a alguien, sino ¿Por qué el ser humano continua siendo tan propenso al comportamiento violento? Cuando haya respuestas mejor construidas a esta pregunta se podrá planear la reducción de la victimidad sin olvidar uan tesis que ya venimos manejando: hay victimas que fueron victimarios y victimarios que se convierten en víctimas en un sistema en el que sus camadas estan sometidas a protocolos de sumisión y conformidad.