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Grupo de Apoyo psicológico y humanitario a usuarios en emergencia



NUESTRO MAGO INTERIOR: AUTOCONOCIMIENTO.

Mirta
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 02/09/2010
Contemplación activa
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La contemplación activa es una de las formas más sencillas y asequibles para empezar a ver la realidad sin los prejuicios y limitaciones que nos impone nuestra mente agitada. De lo que se trata es de ser cada vez más capaces de controlar el río de pensamientos que fluyen descontrolados por nuestra cabeza.


Para ello, lo mejor es empezar por esta práctica, que consiste en sentarse en algún lugar concurrido y observar todo lo que acontece ante nosotros. Más que nada, porque si comenzamos por situarnos delante de una pared en blanco nos será dificilísimo no ser víctimas de nuestros pensamientos. Para que esto no ocurra, es muy recomendable ir a un parque, por ejemplo, y sentarse en un banco.

El objetivo de este ejercicio es relajar la mente por medio de la contemplación. Al principio es normal sentir todo tipo de ansiedades interiores, que percibimos como sensaciones desagradables. Lo importante es no dejarse llevar por ellas y permanecer en silencio todo el tiempo. Eso sí, en orden a calmarnos, es útil preguntarse: ¿Qué le falta a este momento? La respuesta es “nada”, porque la finalidad de la contemplación activa es serenar la mente para ser más conscientes de nuestra paz interior.

Si la incomodidad que sentimos en el vientre persiste, es bueno recordarse que se trata de un engaño de nuestra mente, nada más. Transcurridos los primeros quince minutos, todo es mucho más fácil. Poco a poco observamos con mayor nitidez cómo las personas que nos rodean disfrutan de su ocio, fijándonos también en la naturaleza que nos envuelve.

Así, por mucho que las primeras veces nos cueste, intentamos no etiquetar ni nombrar nada de lo que vemos. Tan sólo miramos lo que nos rodea y aprovechamos para respirar por la nariz profundamente. A no ser que estemos muy descentrados, empezaremos a sentirnos más tranquilos e incluso percibiremos en nuestro interior los beneficios de este merecido descanso mental. Lo curioso es que aún estando solos, si conseguimos relajar nuestra mente nos sentiremos cada vez más unidos con la realidad que estamos observando.

Si lo pensamos detenidamente, observador y observado somos lo mismo: los dos formamos parte de la realidad. Los dos somos la realidad. Es como un pez que observa a los otros peces que habitan en su pecera. Y si no comprobémoslo estando más atentos a las reacciones de las personas a las que estamos mirando. ¿Acaso no nos echan un vistazo al pasar por nuestro lado? Nuestra presencia condiciona su forma de ser y de actuar, aunque sólo sea mínimamente.

El caer en la cuenta de esta correlación puede ayudarnos a comprender que nuestra personalidad, ego o falso yo es la que nos hace sentir como si fuéramos un ser separado de todo lo demás. Pero no es así. Al tomar más conciencia de nosotros mismos, nuestras decisiones y forma de actuar dejan de ir encaminadas a obtener nuestro propio provecho y comienzan a tener más en cuenta las consecuencias que reportan hacia los demás. Más que nada porque ellos también forman parte de nosotros. Por eso hacer el bien a otra persona desinteresadamente es tan gratificante.

La contemplación activa es, en definitiva, una práctica muy útil para empezar a dar nuestros primeros pasos para liberarnos de la tiranía de nuestra mente, que tanto nos separa y limita cuando está agitada, descontrolada e inquieta. Pero basta centrar nuestra atención en la realidad de la que formamos parte, sin hacer juicios ni valoraciones, para que lenta y paulatinamente vayamos recuperando su control y, por ende, el contacto con nuestra esencia. Eso sí, no te creas nada sin haberlo corroborado mediante tu propia experiencia.

Por Borja Vilesaca
Gracias Johnver

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 02/09/2010
Las cuatro máscaras
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Carl Gustav Jung, uno de los fundadores del moderno psicoanálisis, solía decir que todos nosotros bebemos de una misma fuente. Lo explicaba mediante toda una teoría que se remontaba al trabajo de los antiguos alquimistas, que denominaban a esta fuente el “alma del mundo” (Anima Mundi).


Según esta teoría, durante toda nuestra vida intentamos ser individuos únicos e independientes, pero una parte de nuestra memoria la compartimos con toda la humanidad. No importa a qué credo o a qué cultura se pertenezca: todos buscan el ideal de la belleza, de la danza, de la divinidad, de la música.

La sociedad, sin embargo, se encarga de concretar cómo estos ideales van a manifestarse en la realidad diaria. Por ejemplo, hoy en día el ideal de belleza consiste en estar delgada, mientras que hace miles de años las imágenes de las diosas eran gordas. Lo mismo ocurre con la felicidad: hay una serie de requisitos que, de no cumplirse, no nos permiten aceptar conscientemente el hecho de que tal vez ya somos felices. Tales requisitos no son absolutos, y cambian de generación en generación.

Jung solía clasificar el progreso individual en cuatro etapas: la primera era la Persona – máscara que usamos todos los días, fingiendo lo que somos. Pensamos que el mundo depende de nosotros, que somos excelentes padres y que nuestros hijos no nos comprenden, que los jefes son injustos, que el sueño de todo ser humano es parar de trabajar para siempre y pasarse la vida entera viajando. Algunas personas procuran entender qué es lo que no encaja, y acaban pasando a la siguiente fase: la Sombra.

La Sombra es nuestro lado negro, que dicta cómo debemos actuar y comportarnos. Cuando intentamos librarnos de la Persona, encendemos una luz dentro de nosotros, y logramos ver las telas de araña, la cobardía, la mezquindad. La Sombra está allí para impedir nuestro progreso y generalmente lo consigue, pues nos damos la vuelta y corremos a ser quienes éramos antes de empezar a dudar. No obstante, algunos superan este enfrentamiento con sus telas de araña diciéndose: “Es verdad que tengo algunos defectos, pero soy digno, y quiero seguir adelante”.

En ese momento, la Sombra desaparece, y entramos en contacto con el Alma.

Jung no entiende por Alma nada relacionado con la religión. Se refiere a un regreso al Alma del Mundo, la fuente del conocimiento. Los instintos comienzan a agudizarse, las emociones se tornan radicales, las señales que envía la vida son más importantes que la lógica, la percepción de la realidad se vuelve menos rígida. Comenzamos a entrar en contacto con realidades a las que no estábamos acostumbrados, empezamos a reaccionar de una manera que nos resulta inesperada a nosotros mismos.

Y descubrimos que, si conseguimos canalizar todo este chorro de energía continua, vamos a organizarlo en un centro muy sólido, al que Jung llama “el Viejo Sabio” para los hombres, o “la Gran Madre”, en el caso de las mujeres.

Permitir esta manifestación es algo peligroso. Generalmente, quien llega a ese punto tiene tendencia a considerarse santo, domador de espíritus, o profeta.

No sólo las personas usan estas cuatro máscaras: también las sociedades. La sociedad occidental tiene una determinada Persona, ideas que nos guían y que parecen verdades absolutas.

Pero las cosas cambian. En su intento de adaptarse a los cambios, vemos las grandes manifestaciones de las masas, en las que la energía colectiva puede ser manipulada tanto para el bien como para el mal (Sombra). De repente, por alguna razón, la Persona o Sombra ya no terminan de satisfacer, y llega el momento de dar un salto, y comienzan a surgir nuevos valores (inmersión en el Alma).

Y al final de este proceso, para que estos nuevos valores se afiancen, la raza humana entera comienza a captar de nuevo el lenguaje de las señales (el Viejo Sabio).

Es justamente eso lo que estamos viviendo ahora. Puede prolongarse cien o doscientos años, pero todo está cambiando... Para bien.

Gracias Johnver

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 02/09/2010
4 leyes básicas de espiritualidad
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Medita acerca de estas "simples" leyes y observa cuidadosamente las implicancias en tu vida.


Se dice que en la India se enseñan las "Cuatro Leyes de la Espiritualidad"

La primera dice:
"La persona que llega es la persona correcta"
Es decir que nadie llega a nuestras vidas por casualidad. Todas las personas que nos rodean y que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y ayudarnos a avanzar en cada situación.

La segunda ley dice:
"Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido".
Nada, pero nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el: "si hubiera hecho tal cosa.... Hubiera sucedido tal otra...". No. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante. Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.

La tercera dice:
"En cualquier momento que comience es el momento correcto".
Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará.

Y la cuarta y última:
"Cuando algo termina, termina".
Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución. Por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia.

No es casual que estés leyendo ésto. Si éste texto llega a nuestras vidas hoy, es porque estamos preparados para entender que ningún copo de nieve cae alguna vez en el lugar equivocado.


"Si un día tienes que elegir entre el mundo y el amor, recuerda: Si eliges el mundo quedarás sin amor, pero si eliges el amor, con él conquistarás al mundo."
Albert Einstein


Gracias Ale B.


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 02/09/2010
La pérdida de la inocencia
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podcast


Los humanos somos, por naturaleza, seres muy sensibles. Pero si tenemos una sensibilidad tan elevada es porque percibimos todas las cosas a través del cuerpo emocional. Este cuerpo emocional es como un aparato de radio que se puede sintonizar para percibir determinadas frecuencias o bien para reaccionar frente a otras.


La frecuencia normal de los seres humanos antes de la domesticación se ajusta en la exploración y el disfrute de la vida; estamos sintonizados para amar. De pequeños no definimos el amor como un concepto abstracto, sólo lo vivimos. Es tal como somos. Cuando sentimos dolor es porque hay algún problema en nuestro cuerpo, algo que es necesario examinar y sanar. En el caso del cuerpo emocional, el sistema de alarma es el miedo. Siempre que sentimos miedo es porque alguna cosa no va bien. Quizá corra peligro nuestra vida. Las emociones se perciben a través del cuerpo emocional. Los niños sencillamente "sienten" emociones, pero su mente racional no las interpreta ni las cuestiona. Esta es la razón por la que aceptan a determinadas personas y rechazan a otras. Cuando no se sienten seguros cerca de una persona, la rechazan porque son capaces de sentir las emociones que esa persona proyecta. Aprendemos a tener un determinado estado emocional según la energía emocional ue impregne nuestro hogar y de cómo reaccionemos personalmente a esa energía. A eso se debe que cada componente de la familia, aunque sean hermanos, reaccione de un modo diferente dependiendo de la manera en que haya aprendido a defenderse a sí mismo y a adaptarse a las circunstancias. Cuando los padres se pelean constantemente, falta la armonía y el respeto entre ellos, y se mienten, los niños siguen su ejemplo emocional y aprenden a ser como ellos. Y aunque les digan que no sean así y que no mientan, la energía emocional de sus padres y de toda su familia les hará percibir el mundo de una manera similar.

La energía emocional que impregne nuestro hogar sintonizará nuestro cuerpo emocional con esa frecuencia. El cuerpo emocional empieza a cambiar su sintonización y llega un momento que deja de ser la sintonización normal del ser humano. Jugamos al juego de los adultos, jugamos al juego del Sueño externo y perdemos. Perdemos nuestra inocencia, perdemos nuestra libertad, perdemos nuestra felicidad y nuestra tendencia a amar. Nos vemos forzados a cambiar y empezamos a percibir otro mundo, otra realidad: la realidad de la injusticia, la realidad del dolor emocional, la realidad del veneno emocional. Bienvenidos al infierno: el infierno que los seres humanos crean, el Sueño del Planeta. Somos bienvenidos a este infierno, pero no lo hemos inventado nosotros. Ya estaba aquí antes de que naciésemos.

Si observas a los niños podrás ver cómo se destruye el amor verdadero y la libertad. Imagínate a un niño de dos o tres años que corre y se divierte en el parque. Mamá está mirando al pequeño y tiene miedo de que se caiga y se lastime. Entonces se levanta para detenerlo, pero el niño, creyendo que está jugando con él, intenta correr todavía más deprisa. Los coches pasan cerca, por una calle próxima, y eso intensifica todavía más el miedo de mamá hasta que, finalmente, lo atrapa. El niño espera que ella se ponga a jugar con él, y sin embargo lo único que recibe es una azotaina. ¡Boom! Esto le causa un sobresalto. La felicidad del niño no era otra cosa que la expresión del amor que emanaba de él, pero después de eso es incapaz de comprender por qué su madre actúa de ese modo. Con el tiempo, este tipo de sobresalto acabará por bloquear el amor. El niño no comprende las palabras, pero aun así, se pregunta: " ¿Por qué?".

Y de este modo, correr y jugar, una expresión del amor, ha dejado de ser algo seguro porque, cuando expresas tu amor, tus padres te castigan. Te envían a tu habitación y no puedes hacer lo que quieres. Te dicen que estás siendo un niño o una niña mala y eso te hace sentir humillado, significa castigo. En ese sistema de premios y castigos existe un sentido de la justicia y de la injusticia, de lo que es legítimo y de lo que no lo es. El sentido de la injusticia es como un cuchillo que abre una herida emocional en la mente. Después, según cómo reaccionemos ante la injusticia, la herida puede infectarse con veneno emocional. Pero ¿Por qué se infectan algunas heridas? Veamos otro ejemplo.

Imagínate que tienes dos o tres años. Te sientes feliz, estás jugando, explorando. Aún no tienes conciencia de lo que es bueno o de lo que es malo, de lo que es correcto o incorrecto, de lo que deberías hacer y de lo que no deberías hacer, porque todavía no estás domesticado. Estás jugando en la habitación con un objeto que se encuentra cerca de ti. No tienes intención de hacer nada malo, ni de intentar causarle daño a nadie, pero estás jugando con la guitarra de tu papá. Para ti es sólo un juguete; no quieres hacerle el menor daño a tu padre. Pero él tiene uno de esos días en los que no se siente bien. Tiene problemas en su trabajo. Entra en la habitación y te encuentra jugando con sus cosas. Se enfada de inmediato, te coge y te da una zurra. Desde tu punto de vista, es una injusticia. Tu padre no hace más que entrar, y con su enfado, te hace daño. Confiabas plenamente en él porque es tu papá, alguien que, por lo general, te protege y te permite jugar y ser tú mismo. Sin embargo, ahora hay algo que no acaba de encajar. Ese sentido de la injusticia es como un dolor en el corazón. Te sientes vulnerable; te hace daño y te hace llorar. Pero no lloras únicamente porque te ha dado una azotaina. No es la agresión física lo que te duele; lo que te parece injusto es la agresión emocional. No habías hecho nada malo.

Ese sentido de la injusticia abre una herida emocional en tu mente. Tu cuerpo emocional está herido, y en ese momento, pierdes una pequeña parte de tu inocencia. Aprendes que no puedes confiar siempre en tu padre, y aun en el caso de que tu mente todavía no lo sepa, porque no lo analiza, sí lo comprende: "No puedo confiar". Tu cuerpo emocional te dice que existe algo en lo que no puedes confiar y que ese algo puede repetirse. Quizá reacciones con miedo; quizá con enfado o con timidez o sencillamente te pongas a llorar. Pero esa reacción ya es producto del veneno emocional porque, la reacción normal antes de la domesticación es que, cuando tu papá te da una bofetada, tú quieras devolvérsela. Le pegas o sólo intentas levantar la mano, pero lo único que consigues con eso es que él se enfade todavía más contigo. Solamente has levantado la mano, pero has conseguido que reaccione con mayor enfado y recibes un castigo todavía peor. Ahora sabes que te destruirá. Ahora le tienes miedo y dejas de defenderte porque eres consciente de que, si lo hicieses, únicamente conseguirías empeorar las cosas.

Sigues sin comprender el porqué, pero sabes que tu padre puede incluso matarte. Esto abre una herida atroz en tu mente. Antes de que ocurriese todo, tu mente estaba completamente sana; eras del todo inocente. Sin embargo, ahora, después de estos acontecimientos, la mente racional intenta hacer algo con esa experiencia. Aprendes a reaccionar de un modo determinado, de una manera particular, tuya. Guardas la emoción en ti y eso cambia tu forma de vivir. Y a partir de entonces, esta experiencia se repite cada vez con mayor frecuencia. La injusticia proviene de mamá y de papá, de los hermanos y de las hermanas, de los tíos y las tías, del colegio, de la sociedad, de todos. Con cada miedo aprendes a defenderte, pero no lo haces de la misma manera que antes de la domesticación, cuando te defendías y seguías jugando. Ahora hay algo dentro de la herida que, en un principio, no parece representar un gran problema: el veneno emocional. No obstante, el veneno emocional se acumula y la mente empieza a jugar con él. A continuación, el futuro empieza a preocuparnos un poco porque tenemos el recuerdo del veneno y no queremos que vuelva a ocurrir. También tenemos recuerdos de cuando hemos sido aceptados; recordamos a mamá y a papá siendo buenos con nosotros y viviendo en armonía. Queremos esa armonía pero no sabemos de qué modo crearla. Y, como estamos en el interior de la burbuja de nuestra propia percepción, nos parece que cualquier cosa que sucede a nuestro alrededor ha sido provocada por nosotros. Creemos que mamá y papá se pelean por nuestra culpa incluso cuando no tiene nada que ver con nosotros.

Poco a poco perdemos nuestra inocencia; empezamos a sentir resentimiento, y después, ya no perdonamos más. Con el tiempo, estos incidentes e interacciones nos enseñan que no es seguro ser quienes realmente somos. Por supuesto, la intensidad de todo esto varía en cada ser humano según sea su inteligencia y su educación. Dependerá de muchos factores. Si tienes suerte, la domesticación no será tan fuerte. Ahora bien, si no eres tan afortunado, la domesticación puede ser tan dura y causar unas heridas tan profundas que incluso tengas miedo de hablar. El resultado es: «Oh, soy tímido». La timidez es el miedo a expresarse uno mismo. Quizá creas que no sabes bailar o cantar, mas esto es sólo la represión de un instinto humano natural: expresar el amor.

Los seres humanos utilizamos el miedo para domesticar a otros seres humanos; cada vez que experimentamos una nueva injusticia, nuestro miedo aumenta. El sentido de la injusticia es como un cuchillo que abre una herida en nuestro cuerpo emocional. El veneno emocional se genera a partir de la reacción frente a lo que consideramos una injusticia. Algunas heridas se curarán, pero otras se infectarán con más y más veneno. Cuando estamos llenos de veneno emocional, sentimos la necesidad de liberarlo, y para deshacernos de él, se lo enviamos a otra persona. ¿Y cómo lo hacemos? Pues captando su atención.

Tomemos el ejemplo de una pareja corriente. Por la razón que sea, la mujer está enfadada. Está llena de veneno emocional debido a una injusticia que tiene su origen en el marido. Éste no se encuentra en casa, pero ella recuerda la injusticia y el veneno aumenta en su interior. Cuando el marido llega, lo primero que ella quiere hacer es captar su atención porque, cuando lo haga, podrá traspasarle a él todo el veneno y entonces sentirse aliviada. Tan pronto le dice lo malo, estúpido o injusto que es, le transfiere a su marido el veneno que acumulaba en su interior. Habla y habla sin parar hasta que consigue captar su atención. Finalmente, él reacciona y se enfurece, y entonces, ella se siente mejor. Sin embargo, ahora el veneno recorre el cuerpo de él y siente la necesidad de desquitarse. Tiene que captar la atención de ella a fin de librarse del veneno, pero ya no es sólo el veneno de ella: es el veneno de ella más el veneno de él. Si observas esta interacción detenidamente, comprenderás que lo que están haciendo es hurgar en sus respectivas heridas y jugar a ping-pong con el veneno emocional. De este modo, el veneno seguirá aumentando sin parar hasta que, algún día, uno de los dos estalle.

Aun así, esta es la manera en que los seres humanos nos relacionamos a menudo. Al captar la atención, la energía va de una persona a otra. La atención es algo muy poderoso en lamente del ser humano. De hecho, en todo el mundo las personas van continuamente a la caza de la atención de los demás, y cuando la capturan, crean canales de comunicación. Pero al igual que se transfiere el sueño y el poder, también se transfiere el veneno emocional. Normalmente, nos liberamos del veneno traspasándoselo a la persona que creemos responsable de la injusticia, pero si esa persona es tan poderosa que no podemos enviárselo, entonces lo lanzamos contra cualquier otra sin importarnos de quien se trate. Por ejemplo a los niños, que no son capaces de defenderse de nosotros, estableciendo así relaciones abusivas. De este modo, la gente que tiene poder abusa de los que tienen menos, porque necesita deshacerse de su veneno emocional. Hay que desprenderse del veneno, y por eso en ocasiones, no se tiene en cuenta la justicia; sólo queremos deshacernos de él, queremos paz. Esa es la razón por la que los seres humanos andan siempre detrás del poder, porque, cuanto más poderoso se es, más fácil resulta descargar el veneno sobre los que no pueden defenderse.

Por supuesto, estoy hablando de las relaciones en el infierno, de la enfermedad mental que existe en el planeta. No hay que culpar a nadie de esta enfermedad; no es buena ni mala ni correcta ni incorrecta; sencillamente, esa es la patología normal de esta enfermedad. Nadie es culpable por comportarse de manera abusiva con los demás. Del mismo modo que la gente de aquel planeta imaginario no era culpable de que su piel estuviese enferma, tú no eres culpable de tener heridas infectadas con veneno. Cuando estás herido o físicamente enfermo, no te culpas a ti mismo por estarlo. Entonces, ¿Por qué sentirse mal o culpable si tu cuerpo emocional está enfermo? Lo que sí es importante es cobrar conciencia de que tenemos este problema, ya que cuando lo hacemos así, tenemos la oportunidad de sanar nuestro cuerpo y nuestra mente emocional y de dejar de sufrir. Sin esa conciencia, no es posible hacer nada. Lo único que nos queda es continuar sufriendo las consecuencias de nuestra interacción con otros seres humanos, y no sólo eso, sino también sufrir a causa de la interacción que mantenemos con nuestro propio yo, porque también nos tocamos nuestras propias heridas con el único propósito de castigarnos.

En nuestra mente hay una parte, creada por nosotros, que siempre está juzgando. El Juez juzga todo lo que hacemos, lo que no hacemos, lo que sentimos, lo que no sentimos. Nos juzgamos a nosotros mismos de manera continua y juzgamos incesantemente a los demás basándonos en nuestras creencias y en nuestro sentido de la justicia y demás estén equivocados. Sentimos la necesidad de tener «razón» porque intentamos proteger la imagen que queremos proyectar al exterior. Tenemos que imponer nuestro modo de pensar, no sólo a otros seres humanos sino también a nosotros mismos. Cuando cobramos conciencia de todo esto, comprendemos con facilidad por qué no funcionan las relaciones: con nuestros padres, con nuestros hijos, con nuestros amigos, con nuestra pareja e incluso con nosotros mismos. ¿Por qué no funciona la relación que mantenemos con nosotros mismos? Porque estamos heridos y llenos de todo ese veneno emocional que a duras penas somos capaces de manejar. Estamos llenos de veneno porque hemos crecido con una imagen de perfección que no se corresponde a la realidad, que no existe, y sentimos esa injusticia en nuestra mente.

Hemos visto de qué modo creamos esa imagen de perfección para complacer a los demás, aun cuando ellos crean su propio sueño, que no guarda ninguna relación con nosotros. Intentamos complacer a mamá y a papá, intentamos complacer a nuestro profesor, a nuestro guía espiritual, a nuestra religión, a Dios. Pero la verdad es que, desde su punto de vista, nunca seremos perfectos. Esa imagen de perfección nos dice cómo deberíamos ser a fin de reconocer que somos buenos, a fin de aceptarnos a nosotros mismos. Pero ¿Sabes qué? De todas las mentiras que nos creemos de nosotros mismos, esta es la más grande, porque nunca seremos perfectos. Y no hay manera de perdonarnos por no serlo.

Esa imagen de perfección cambia nuestra forma de soñar. Aprendemos a negarnos y a rechazarnos a nosotros mismos. Según todas las creencias que tenemos, nunca somos lo bastante buenos o lo bastante adecuados o lo bastante limpios o lo bastante sanos. Siempre existe algo que el juez no acepta ni perdona jamás. Por esta razón rechazamos nuestra propia humanidad; es decir, esta es la razón por la que no nos merecemos ser felices; esta es la razón por la que buscamos a alguien que nos maltrate, a alguien que nos castigue. Y debido a esa imagen de perfección nos sometemos a un alto nivel de maltrato personal. Cuando nos rechazamos a nosotros mismos y nos juzgamos, cuando nos declaramos culpables y nos castigamos de una manera tan excesiva, tenemos la sensación de que el amor no existe. Parece como si en este mundo sólo existiera el castigo, el sufrimiento y el juicio. El infierno tiene muchos niveles diferentes. Algunas personas caen muy profundamente en el infierno y otras apenas están en él, pero de todos modos, ahí es donde se encuentran. En el infierno se dan relaciones muy abusivas, aunque también hay otras en las que apenas existe el abuso.

Ya no eres un niño, así que si estás manteniendo una relación abusiva es porque aceptas ese maltrato, porque crees que te lo mereces. Y aunque la cantidad de maltratos que estás dispuesto a aceptar tiene un límite, debes saber que no hay nadie en el mundo entero que te maltrate más que tú mismo. El límite del maltrato que tolerarás de otras personas es exactamente el mismo al que te sometes tú. Si alguien te maltrata más de lo que tú mismo te maltratas, te alejas, corres y te escapas de él. Ahora bien, si esa persona te maltrata sólo un poco más de lo que tú mismo te maltratas, quizás aguantes más tiempo. Todavía te mereces ese maltrato. Por lo general, en las relaciones corrientes que mantenemos en el infierno se trata de pagar por una injusticia; de desquitarse. Te maltrato a ti de la manera que necesitas que te maltraten y tú me maltratas a mí de la manera que yo necesito que me maltraten. El equilibrio es bueno; funciona. La energía atrae un mismo tipo de energía, por supuesto, un mismo tipo de vibración. Si una persona se te acerca y te dice: "Oh, me maltrata tanto" y tú le preguntas: "Bueno, ¿Por qué sigues ahí? " ni siquiera sabrá contestarte por qué. La verdad es que necesita ese maltrato porque esa es su manera de castigarse.

La vida te trae exactamente lo que necesitas. En el infierno existe una justicia perfecta. No hay nada a lo que podamos echarle la culpa. Incluso podemos decir que nuestro sufrimiento es un regalo. Basta con que abras los ojos y mires lo que te rodea para limpiar el veneno, sanar tus heridas, aceptarte y salir del infierno.

Por Miguel Ruiz


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 02/09/2010
Espejo Humeante
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podcast


Hace tres mil años había un ser humano, igual que tú y que yo, que vivía cerca de una ciudad rodeada de montañas. Este ser humano estudiaba para convertirse en un chamán, para aprender el conocimiento de sus ancestros, pero no estaba totalmente de acuerdo con todo lo que aprendía. En su corazón sentía que debía de haber algo más.


Un día, mientras dormía en una cueva, soñó que veía su propio cuerpo durmiendo. Salió de la cueva a una noche de luna llena. El cielo estaba despejado y vio una infinidad de estrellas. Entonces, algo sucedió en su interior que transformó su vida para siempre. Se miró las manos, sintió su cuerpo y oyó su propia voz que decía: "Estoy hecho de luz; estoy hecho de estrellas".
Miró al cielo de nuevo y se dió cuenta de que no son las estrellas las que crean la luz, sino que es la luz la que crea las estrellas. "Todo está hecho de luz - dijo -, y el espacio de en medio no está vacío." Y supo que todo lo que existe es un ser viviente, y que la luz es la mensajera de la vida, porque está viva y contiene toda la información.

Entonces se dió cuenta de que, aunque estaba hecho de estrellas, él no era esas estrellas. "Estoy en medio de las estrellas" , pensó. Así que llamó a las estrellas el tonal y a la luz que había entre las estrellas el nagual, y supo que lo que creaba la armonía y el espacio entre ambos es la Vida o Intento. Sin Vida, el tonal y el nagual no existirían. La Vida es la fuerza de lo absoluto, lo supremo, la Creadora de todas las cosas.
Esto es lo que descubrió: Todo lo que existe es una manifestación del ser viviente al que llamamos Dios. Todas las cosas son Dios. Y llegó a la conclusión de que la percepción humana es sólo luz que percibe luz. También se dio cuenta de que la materia es un espejo - todo es un espejo que refleja luz y crea imágenes de esa luz - y el mundo de la ilusión, el Sueño, es tan sólo como un humo que nos impide ver lo que realmente somos. "Lo que realmente somos es puro amor, pura luz" , dijo.

Este descubrimiento cambió su vida. Una vez supo lo que en verdad era, miró a su alrededor y vio a otros seres humanos y al resto de la naturaleza, y le asombró lo que vio. Se vio a sí mismo en todas las cosas: en cada ser humano, en cada animal, en cada árbol, en el agua, en la lluvia, en las nubes, en la tierra... Y vio que la Vida mezclaba el tonal y el nagual de distintas maneras para crear millones de manifestaciones de Vida.
En esos instantes lo comprendió todo. Se sentía entusiasmado y su corazón rebosaba paz. Estaba impaciente por revelar a su gente lo que había descubierto. Pero no había palabras para explicarlo. Intentó describirlo a los demás, pero no lo entendían. Vieron que había cambiado, que algo muy bello irradiaba de sus ojos y de su voz. Comprobaron que ya no emitía juicios sobre nada ni nadie. Ya no se parecía a nadie.

Él los comprendía muy bien a todos, pero a él nadie lo comprendía. Creyeron que era una encarnación de Dios; al oírlo, él sonrió y dijo: "Es cierto. Soy Dios. Pero vosotros también lo sois. Todos somos iguales. Somos imágenes de luz. Somos Dios" . Pero la gente seguía sin entenderlo.
Había descubierto que era un espejo para los demás, un espejo en el que podía verse a sí mismo. "Cada uno es un espejo", dijo. Se veía en todos, pero nadie se veía a sí mismo en él. Y comprendió que todos soñaban pero sin tener conciencia de ello, sin saber lo que realmente eran. No podían verse a ellos mismos en él porque había un muro de niebla o humo entre los espejos. Y ese muro de niebla estaba construido por la interpretación de las imágenes de luz: el Sueño de los seres humanos.

Entonces supo que pronto olvidaría todo lo que había aprendido. Quería acordarse de todas las visiones que había tenido, así que decidió llamarse a sí mismo Espejo Humeante para recordar siempre que la materia es un espejo y que el humo que hay en medio es lo que nos impide saber qué somos. Y dijo: "Soy Espejo Humeante porque me veo en todos vosotros, pero no nos reconocemos mutuamente por el humo que hay entre nosotros. Ese humo es el Sueño, y el espejo eres tú, el soñador".

... Es fácil vivir con los ojos cerrados,
interpretando mal todo lo que se ve...
- John Lennon


Por Dr. Miguel Ruiz


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 02/09/2010
Evapora tu tristeza
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Cuanto más te internas en la tristeza, más se dispersa ésta...


Estás triste.
Entra en tu tristeza.
En lugar de evadirte en alguna actividad, en alguna ocupación; en lugar de ir a ver a un amigo, o a ver una película, o encender la radio, o el televisor... En lugar de escapar de la tristeza, volviéndole la espalda, deja toda actividad, cierra los ojos, entra en ella y observa lo que es, por qué es.
Mira la tristeza, sin condenarla; porque si la condenas, no serás capaz de verla en todos sus aspectos...

Y te sorprenderás: cuanto más te internas en la tristeza, más se dispersa ésta.

Si una persona puede internarse profundamente en su pena encontrará que todas las penas se evaporan. En esa evaporación de la pena está la alegría, está la dicha.
A la dicha no se la encuentra afuera, yendo contra la pena. A la dicha hay que encontrarla en lo profundo, escondida bajo la pena misma.
Tienes que cavar en tus estados de aflicción; y así encontrarás un manantial de alegría".

Por Osho


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 02/09/2010
Esta nota es para llorar
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Hoy una amiga me escribió contándome acerca de una particular experiencia que había vivido la noche anterior y que me pareció tan valiosa que me llevó a escribir este post.


Ella me cuenta: Hoy te escribo nuevamente porque creo haber dado otro gran paso… quizás esto te suene medio “raro” pero anoche fue una noche triste, de esas noches de llanto, hacía mucho tiempo que no me pasaba, hacía muchas noches que no lloraba, fue tan raro, estaba sola mirando una peli, ya venía con algunas sensaciones raras desde el viernes y de repente me puse a llorar… y fue maravilloso (si si parece loco, pero lo que lees es lo que quise escribir, fue maravilloso! )… Fue un llanto muy sanador, fue un llanto sin reproches y sin preguntas… que fue lo que lo hizo diferente…

Cuando lo leí me resultó impactante por la perfecta definición que mi amiga pudo hacer acerca de sus lágrimas, el porqué de ellas y cuan distintas habían resultado a tantos otros llantos originados por el desconsuelo, la pérdida o la desolación. Por eso, mientras manejaba de regreso a casa, pensaba que sería importante publicar algo acerca del maravilloso efecto sanador y liberador del llanto, en este caso "bien llorado".
Una nota que leí hace un tiempo del Dr. Mauricio Palchik aportó "ingredientes" muy sabrosos e interesantes (y llorones) y transcribo algunos de sus párrafos porque creo que ustedes la disfrutarán tanto como la disfruté yo.

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Larga es la lista de científicos que han tratado el tema de las lágrimas, llantos y sentimientos: Wilhem Wundt (1832-1920), George Dumas (1866-1946), el premio Nobel Bergens (1889-1941), etc. , sin que hasta ahora se haya llegado a aclarar este fenómeno. La mayoría de los seres humanos considera la risa como algo positivo. Se clasifica al llanto como algo negativo y traumático, sin comprender que, en realidad, nos permite reparar algún estado angustioso. La acción del llanto lleva a activar la secreción de adrenalina y noradrenalina, neurotransmisores que se segregan también en una situación de estrés, produciendo un estado de relajación.
Así, pues, podemos decir que cada emoción tiene como función producir una situación que lleve al sistema de nuevo a un equilibrio, permitiendo descargar tensiones,tensiones, tratando de reparar y llevar a un alivio, a un estado orgánico más equilibrado. Obviamente, desde el punto neurofisiológico, los mecanismos que se encargan de desencadenar estas emociones están localizados en determinadas zonas del cerebro. Pocos estudios se han realizado para analizar los mecanismos específicos que intervienen cuando el llanto se produce a causa de alguna emoción. No había hasta ahora técnicas suficientemente avanzadas para estudiar esto a nivel cerebral.

Las técnicas de fMRI (functional Magnetic Resonance Imaging) y SPECT (Single Emision Computed Tomography) creo que hoy podrían aportar información sobre este tema. La repetida estimulacion del sistema simpático puede causar presión arterial alta crónica, acumulación de depósitos de grasa en las arterias de la sangre, ataques cardíacos, trombosis… Un exceso de glucocorticoides causados por el estrés puede dar origen a muchos efectos
secundarios incluyendo irritabilidad, aprensión y la inhabilidad de concentrarse. Una consecuencia más seria sería la supresión del sistema inmunológico. Los individuos que están continuamente o severamente estresados tienen niveles de ACTH y glucocorticoides altos, y se ha demostrado que esto está fuertemente relacionado a una resistencia menor a las infecciones. Siendo el llanto un proceso fisiológico en el cual se produce una mejora de la tensión, la disminución de la presión sanguínea, la relajación muscular y un efecto sedante generalizado, evidentemente restaura los niveles hormonales a valores normales originales.

Hace años que investigadores de Estados Unidos analizaron la calidad de las lágrimas en dos grupos de voluntarios: uno que lloraba viendo una película triste, y el otro cortando cebolla. Descubrieron que la composición de las lágrimas era muy distinta. Además de su contenido de agua, sales y minerales, descubrieron que las lágrimas “de pena” contenían hormonas responsables del estrés y del dolor. La conclusión es que las lágrimas emocionales ayudan a las personas a calmar el dolor y eliminar el estrés, mientras que las personas que reprimen el llanto acumulan en el cuerpo esas sustancias y mantienen la tensión física y psíquica, prolongando su malestar.

La gente y el llanto

“Llorar” deriva del latín plorare , que significa lamentarse, despertar compasión ( ¿Efecto negativo social?). Penetrar en la fantasía lagrimal exige que nos ocupemos del llanto, en el cual confluyen la efusión de lágrimas, el sollozo y los gritos o lamentos. Estos últimos pueden faltar, sin embargo, en el llanto, cuya característica principal reside en la efusión de lágrimas. Diferentes escritores y terapeutas definen la importancia del valor curativo del llanto. Thomas A. Stone es un ejemplo de ello. Él personalmente, tras una vida con problemas emocionales y físicos, se dedicó a estudiar y aplicar estos estudios a sí mismo. Stone describe los efectos protectores del llanto, partiendo de dos premisas: una, que la causa está en los recuerdos traumáticos bloqueados de la temprana infancia, y la segunda, que si recordamos estos sucesos y extremos del dolor a través del llanto, nuestro cerebro se reparará gradualmente y los síntomas disminuirán. Vivimos en una época de mucha tensión, con estrés casi permanente, que no tiene relación con el nivel económico ni social. Cada uno lo sufre por alguna causa, hay una constante sensación de amenaza –por la televisión, por la radio, por la calle, por los diarios– que nos hace sentir cansados agotados, casi viejos. Por supuesto que no podríamos vivir sin el “buen estrés” (eustress) que nos mantiene vivos y a la defensiva, pero el “estrés malo” (distress) es perjudicial para nuestra salud física y nuestro bienestar psicológico.

La percepción de que las mujeres lloran más que los hombres está muy extendida. Pero cuando hablamos de bebés o niños, ambos sexos lloran aproximadamente lo mismo. Sólo durante la pubertad las chicas comienzan a llorar más que los chicos. De acuerdo a un artículo publicado en el New York Times en 2005, al llegar a la mayoría de edad las mujeres lloran cuatro veces más que los hombres. Además las personas deprimidas lloran cuatro veces más que las no deprimidas, y dos tercios de las personas diagnosticadas con depresión son mujeres. Hay también estudios sobre la relación de la testosterona y las diferencias en la expresión de los sentimientos entre hombres y mujeres. Por efecto de la testosterona los hombres tenderían a racionalizar más los sentimientos. Las mujeres tendrían una conciencia natural de las emociones, que los hombres sólo adquieren con esfuerzo. El profesor Tom Lutz, de la Universidad de Iowa, demostró que el llanto ya no es monopolio de las mujeres, “Hoy, en muchos contextos, ser calificado como hombre sensible es un auténtico halago”, dice Lutz en su ensayo El llanto, historia cultural de las lágrimas. “Desde todos los ángulos como los culturales, filosóficos y religiosos se le atribuye al llanto un efecto de catarsis, de liberación de las emociones. ” Santo Tomás se pregunta si llorar alivia el alma; responde que sí, porque lo doloroso duele aún más cuando lo mantenemos encerrado.

Debo destacar que el llanto no es una emoción, sino la expresión de una emoción, que provoca en el otro que lo ve un efecto disparador de sus propias emociones, a veces tan fuertes, desde contagio de la pena o angustia, hasta ansiedad e ira, que utilizará cualquier estrategia para frenar al que llora. Este acondicionamiento lo aprendemos desde pequeños: la madre tratará de frenar el llanto de su bebé. Sin embargo, en deter minadas circunstancias estaría permitido llorar, tanto en la edad adulta como infantil, ante una pena objetiva: la muerte de un familiar, o la pérdida de algo; es decir: habría “permiso social” para llorar en determinados casos, pero eso sí, llorar controladamente y en su lugar. Es tiempo de tomar este tema más seriamente. Es momento de tratar de poner orden en algo que aparentemene tiene un objetivo no muy claro todavía, pero vital sin duda. Es importante recorrer todos los caminos históricos, antropológicos, fisiológicos y psicológicos para buscar las respuestas. Últimamente, cuando los japoneses estresados se quieren relajar, hay muchos que se ponen a llorar. En el país de la sonrisa, el llorar como terapia contra el estrés es un tema que está dando que hablar. Hay seminarios donde se practica el llanto. También los periódicos lo recomiendan. “Llorar le proporcionará tranquilidad”, señala la revista Dakapo. También vemos este tema en Corea del Sur, con melodramas televisivos dirigidos a un público compuesto generalmente de mujeres de mediana edad, especialmente para que lloren.

También la industria del cine colabora con películas adaptadas al tema. En el barrio Shibuya de Tokio, la cadena de alquiler de videos Tsutaya instaló una sección extra de películas apropiadas para las personas que quieren llorar. Diarios como el Mainichi Shimbun también recomiendan a sus lectores llorar mucho alguna vez. No hay duda de que hay un despertar en este sentido.
Si bien esto es tomado en forma más positiva por las mujeres que por los hombres, el hecho de ver películas
tristes y llorar es un inicio. El llorar es algo tremendo e íntimo que le recomiendo a cualquier persona, de cualquier sexo. Es una experiencia que los hombres deben aceptar y aprender a compatir con sus familias. Al reconocer mi propia necesidad de llorar, entiendo mejor los sentimientos de otras personas, pero lo más importante es que ha fortalecido y engrandecido la relación que tengo con mi esposa e hijos. “Hacer a un lado el machismo, encontrar la fuerza interna para abrir sus sentimientos para llorar, llorar, y llorar por cualquier razón. Siempre dará como resultado ser un mejor hombre. ”

Distintos niveles identificables del llanto ( en base a una experiencia con voluntarios)

Estado 1- Nivel bajo de llanto.

Presentado en momentos de presenciar cuadros tristes, películas tristes, algunas situaciones de alegría, etc. Es un llanto suave, con lágrimas en forma continua, con una disminución del pulso cardíaco, con un aparente aumento del calor corporal, con un cuadro de suave relajación muscular, silencioso, sin gemidos y coordinado con el cuadro respiratorio y manejo de la realidad externa.

Estado 2- Nivel alto de llanto.

Presentado en momentos particulares (muerte de alguien querido, después de un estado de ira, descarga posterior a una situación con un alto nivel emocional). Llanto con lágrimas, con gemidos, con respiración entrecortada, con pérdida de la sensación corporal, sin manejo de la realidad externa, con contracción muscular; produce luego un estado de aletargamiento, relajación, introyección.

Estado 3- Éste es el nivel que llamo “reparador”

Logrado después de un gran esfuerzo y entrenamiento para lograr poder acceder a él frecuentemente y a voluntad. Llanto muy profundo; el mayor tiempo que logré estar en él fue de 90 segundos. Se ingresa al mismo desde el nivel 1, junto con algún efecto gatillo externo, como un sonido musical, un pensamiento o una imagen. Es con abundante lágrimas, hay casi una pérdida de la relación externa, un estado de profundo éxtasis (lo asemejo a un orgasmo muy profundo). A posteriori, en la salida, se produce un estado de suma paz, silencio, brillo en el pensamiento, una toma de conciencia del cuerpo y la respiración, una profunda sensación de descanso (yo creo que éste es un estado de reparación; lo llamo “reparación de huellas traumáticas del cerebro”).

A mí personalmente me ha producido enormes beneficios. Los voluntarios que participaron en esta experiencia eran conscientes de padecer distintos problemas, como trastorno de estrés postraumático, fobias (terror de los estudiantes a exámenes, miedo de enfrentar un auditorio), estrés por exámenes, insomnio por estrés, cefaleas tensionales, síndrome del inmigrante (o síndrome de Ulises), síndrome de agotamiento (burnout), síntomas de depresión. Debo aclarar que no se realizó ningún tipo de análisis estadístico, que no hay registros normatizados. Las sesiones se realizaron bajo una dirección personal. Es importante remarcar que se obtuvo una respuesta muy alentadora en la mayoría de los participantes.

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Hasta aquí la esclarecedora nota del Dr. Palchik.
Indudablemente, mas allá de ciertos prejuicios sociales, educativos y de falsas creencias que arrastramos desde nuestra infancia, es necesario desterrar el concepto de que el llanto y las lágrimas deben ser evitados o reprimidos, ya que está muy claro (y avalado incluso por estudios científicos) el valioso efecto de sanación y liberación que produce en la persona el llanto "bien llorado".
Y para terminar este post (y antes de irme a llorar para seguir limpiando mi alma) les dejo algunas frases y reflexiones de conocidas celebridades, para que ustedes, que están leyendo esta nota, también se animen, dejen todo lo que están haciendo, se concentren, se "escuchen" a si mismos y se regalen un buen momento de maravilloso, refrescante y sanador llanto. Abrazos -y pañuelos- para todos!

“El llanto, arte y pasión, cada lágrima una verdad. ”
Platón

“No hay mayor causa de llanto que no poder llorar. ”
Lucius Annaeus Seneca

“Mejor aplicar el llanto siempre que sea posible, como la medicina antigua aplicaba la sangría. ” Alejandro Casona

“Quiero llorar porque me da la gana. ”
Federico García Lorca

“Cuando quiero llorar, no lloro, y a veces lloro sin querer. ”
Rubén Darío

"Los suspiros son aire y van al aire.
Las lágrimas son agua y van al mar,
dime mujer, cuando el amor se olvida,
¿Sabes a donde va?"

Gustavo A. Becquer

"Que no se sequen tus lágrimas, porque se secarán los ríos de tu alma."
Pedro Ortiz

"Las lágrimas son la sangre del alma."
San Agustín

"Muy frecuentemente las lágrimas son la última sonrisa del amor."
Stendhal

"La lluvia y las lágrimas son las corrientes que lavan la mugre de la vida."
Rihana Jamaludin

"El alma no tendría arcoiris si los ojos no tuvieran lágrimas."
John Vance Cheney

" ¡Es tan misterioso el país de las lágrimas!"
Antoine de Saint-Exupery

Por El Mago
(Dedicado a Jesica y sus lágrimas.)


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 02/09/2010
Descubre tu propio mago
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podcast


Los magos y los de su especie con frecuencia han preferido no tener nombre ni pertenecer a sitio alguno. No es de su agrado permanecer en un solo lugar, donde podrían llegar a acostumbrarse demasiado a los mortales. “Quien quiera que me llama por mi nombre es un extraño”, decía Merlín. “El hecho de que reconozcas mi rostro no significa que me conozcas”.


Los magos se consideran ciudadanos del cosmos. Por lo tanto, el sitio exacto donde se les pueda encontrar es irrelevante.
En la vida mortal, lo que nos limita en primero y último lugar son los nombres, los rótulos y las definiciones. Tener un nombre es útil — nos permite saber cuál es el certificado de nacimiento que nos pertenece — pero no tarda en convertirse en una limitación. El nombre es un rótulo. Define un lugar y una hora de nacimiento, en una determinada familia. Al cabo de unos años, el nombre define que vayamos a una determinada escuela, y que después sigamos una determinada profesión. Cuando llegamos a los treinta años, nuestra identidad está encerrada en un cajón de palabras. Las paredes del cajón podrían estar hechas de lo siguiente: “Abogado tributario católico, educado en x universidad, casado, padre de tres hijos y con una hipoteca”. Aunque es probable que esos hechos sean exactos, son engañosos. Atrapan a un espíritu incondicionado dentro de unas condiciones.

Muchas de esas limitaciones parecen pertenecernos a nosotros, cuando en realidad se refieren únicamente a nuestro cuerpo — y todos somos mucho más que un cuerpo. El mago tiene una relación peculiar con su cuerpo. Lo ve como un haz de consciencia que adopta una forma en el mundo, de la misma manera como las piedras, los árboles, las montañas, las palabras, los deseos y los sueños fluyen y adoptan una forma. El hecho de que un deseo o un sueño no tenga sustancia mientras que el cuerpo es sólido, no perturba al mago. Los magos no tienen el prejuicio común que nos lleva a pensar que ‘sólido” es sinónimo de “realidad”.
El mago no se ve a si mismo como un suceso local que sueña con un mundo más grande. El mago es un mundo que sueña con sucesos locales. No hay fronteras que lo limiten. Los mortales no podrían vivir sin fronteras. Sus cuerpos definen el lugar donde se encuentran — sin cuerpo no podrían ni siquiera saber cuál es su hogar, puesto que el hogar es el sitio a donde va el cuerpo para refugiarse y descansar.

Sin embargo, Merlín no se consideraba un ser sin hogar. Decía: “Este cuerpo es como un nido al cual llegan mis pensamientos, pero entran y salen tan rápidamente que bien Podría decirse que viven en el aire”. Suponemos que nuestros pensamientos van y vienen dentro de nuestra mente, pero, nuevamente, no podemos demostrarlo. ¿Quién ha visto un pensamiento antes de que aflore? ¿Quién sigue un pensamiento hasta el sitio a donde va después? Merlín no comprendía por qué los mortales deseaban aferrarse a sus cuerpos. “Está bien decir que esta envoltura de carne y hueso soy ‘yo”’, decía, “pero sólo si esa colina, esa pradera y ese castillo también son ‘yo”’. A los ojos de Merlín, el cuerpo mortal no era mejor que un perchero para colgar las creencias, los temores, los prejuicios y los sueños. Si se cuelgan demasiados abrigos en un perchero, éste desaparece de vista. Eso es lo que los mortales han hecho con sus cuerpos, decía Merlín. Es imposible ver la verdad del cuerpo humano — que es un río de consciencia que corre a través del tiempo —, debido al exceso de peso del pasado que se ha acumulado sobre él.

Para Vivir la Lección

Para experimentar esta lección, olvide su nombre durante un tiempo. Digamos que la pregunta ¿Quién soy yo? Es real en este momento. Escapar del nombre y de la forma implica descubrir quiénes somos en realidad. La mayor parte del tiempo nos experimentamos a través de la limitación. Representar un papel es una limitación y, aun así, todo el mundo asume y descarta papeles todo el tiempo. Recuerde cuando usted era pequeño y su madre era lo más importante del mundo. Usted no imaginaba que ella tuviera otra vida aparte de ser su mamá; la identidad de ella estaba grabada en su mente. Sólo cuando usted creció, se dio cuenta de que ella representaba otros papeles como el de esposa, hermana, hija, profesional y demás. A la mayoría de los niños les es difícil aceptar el hecho de que su mamá tenga una vida propia, y que ésta no gire totalmente alrededor de la maternidad — ése es el egoísmo natural de todos los niños pequeños. Pero con el tiempo aprendemos a meternos en nuestros propios papeles, siguiendo el ejemplo de nuestros padres.

Asumir un gran número de papeles nos parece una forma de ampliar nuestra experiencia. Una mujer que se limita a ser madre podría sentirse abrumada por la vida. En nuestra sociedad, ser “completos” significa representar tantos papeles como sea posible. Pero el mago no ve la situación de esa manera. Para él, ser completo significa liberarse de todos los papeles. “Soy un espíritu libre reducido a la apariencia de este pequeño cuerpo”, diría Merlín. “Podemos tapar el Sol con un dedo, ¿Pero acaso su luz no llena todo el cielo? ”
Dejar de representar papeles no es fácil; sin embargo, para entrar en el mundo del mago es necesario prescindir de los papeles que jugamos. ¿Cuál es, entonces, la experiencia de estar totalmente liberados de los papeles? En realidad es bastante simple. Cuando despertamos en las mañanas, hay un instante antes de comenzar a pensar en las cosas del día, un momento para sentirnos despiertos sin ningún pensamiento en la mente. Somos apenas nosotros mismos, en un estado de consciencia simple. Esta experiencia de simplicidad se repite a intervalos durante el día, pero son pocas las personas que toman nota, porque estamos acostumbrados a identificarnos con el proceso de pensamiento, el cual también tiene lugar durante todo el día. Sin embargo, en realidad no somos lo que pensamos.

Quizás le resulte difícil creer esto, pero los pensamientos que pasan por su cabeza no son suyos — le pertenecen al nombre, a los papeles que usted representa. Si usted es una mujer que piensa en su hijo, en cómo le va en la escuela, en qué prepararle para la cena, etc. , no es usted la que tiene esos pensamientos. Es la madre. Cuando en mi consulta pienso en los diagnósticos, las fórmulas y demás, es el médico el que está pensando. Los papeles de madre y médico son útiles, claro está, pero llega el momento en que terminan y entonces todos debemos confrontar el enigma de quién somos — enigma que jamás desciframos, independientemente de cuán bien hayamos representado nuestros papeles.
Sin embargo, si usted lo desea, puede trascender el nivel de los papeles en un segundo. Mientras lee, dirija su atención a quien está leyendo. O mientras escucha música, dirija su atención a quien está escuchando. O si ve un arco iris, trate de ver a quien lo está mirando. En todos los casos sentirá inmediatamente una consciencia alerta, despierta, desprendida, silenciosa y, no obstante, intensamente viva. ¿Qué es lo que usted ha hecho en realidad? Ha interrumpido el acto de la observación para vislumbrar al observador. Esta maniobra arroja una luz sobre la certeza absoluta de la existencia, porque más allá de la observación está el observador inmodificable. Este observador es el factor sin tiempo presente en todas las experiencias limitadas por el tiempo; este observador es usted.

La idea de existir fuera del tiempo puede ser atemorizante para quien se identifica fuertemente con el papel que representa. Es enorme el número de personas que se sienten devastadas cuando pierden el empleo, cuando los hijos crecen y se van, cuando fallece su cónyuge amado. Su sentido del "yo" está tan ligado a los nombres, los rótulos y los papeles, que no han dedicado tiempo para averiguar quiénes son en realidad.
El hecho de ser totalmente humanos nos hace reales. Pero la realidad no se puede definir, sólo se puede experimentar. Manténgase alerta a esos breves momentos durante el día cuando experimenta su yo fundamental detrás de una respiración, un sentimiento, una sensación.
Antes de saltar de la cama mañana, trate de capturar esa fugaz insinuación del ser puro y simple, antes de que la mente comience a conversar. Ese estado quieto, silencioso, sin nombre, es muy gratificante. No es afectado por el pensamiento, la conversación o la acción. Es el castillo cuyos muros inexpugnables protegen la bóveda donde se encuentra el verdadero tesoro de la vida.

Por Deepak Chopra


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 02/09/2010
Autoconocimiento: Clase 8 (última)
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Mi misión de vida: ¿Para qué estoy aquí?


Para finalizar nuestro mini curso de autoconocimiento y a pedido de quienes han solicitado que volvamos a tratar éste tema, hablaremos de un punto crucial: la misión. Antes de encarnar en la Tierra, y asistidos por los seres de luz que habitan en el plano no físico, tomamos varias decisiones respecto a nuestra futura vida en la Tierra. En principio, decidimos de que manera compensar el karma de vidas pasadas, pero también decidimos que lecciones y habilidades específicas venimos a aprender, en función de la particular contribución que nuestra alma quiere hacer a la Humanidad.

Programa de vida y misión

Todos encarnamos, entonces, con dos propósitos:

a) elevar nuestra propia conciencia, perfeccionarnos y ser cada vez mas luminosos, mas concientes de nuestra divinidad.
b) contribuir a la elevación de la conciencia y la iluminación de todo el planeta.


Llamaremos al primero programa de vida y al segundo propósito o misión. El programa de vida incluye el tipo de situación en el que vamos a nacer, lo que incluye quienes serán nuestros padres, nuestro lugar de nacimiento. Esto se decide teniendo en cuenta que cultura y contexto familiar favorecen mas aquellas lecciones o habilidades que vamos a desarrollar.

Ejemplos:

Algunas vidas tienen como programa aprender a aceptar las diferencias dentro de una familia, y entonces, la mejor opción es nacer en una familia donde estas diferencias sean bien marcadas. En otras el programa puede incluir desarrollar al máximo las capacidades creativas, y entonces, el contexto será propicio a ello, por ejemplo una familia de artistas. Algunas vidas pueden tener como propósito aprender a desarrollar recursos propios sin depender de los demás (tal vez para compensar vidas pasadas en que uno se apoyó mucho en los demás económicamente), y entonces el contexto puede ser de pobreza. Una persona que ha nacido con una grave discapacidad en el habla tal vez tiene como programa de vida aprender a desarrollar otras vías de comunicación.

Relación entre programas de vida y misiones

El programa de vida no es arbitrario. Tiene una profunda relación con la misión, aquel propósito final del alma, aquella contribución única que ha decidido hacer a la Humanidad. Cada vida sirve para aprender y expandir capacidades y talentos específicos que resultan fundamentales para el cumplimiento de la misión.
Por ejemplo, en el caso que comentamos de la persona que nació con dificultades en el habla y cuyo programa de vida incluye encontrar otras vías de comunicación, tal vez descubra el poder de la telepatía y pueda enseñárselo a otros, contribuyendo a desarrollar capacidades latentes en el ser humano. Esta última es la que llamaríamos la Misión o el Propósito Final de esta alma en particular.

Como encontrar la misión

En consecuencia, cada uno de ustedes, por el simple hecho de estar vivo, ya está cumpliendo su programa de vida: ha nacido en una familia determinada y en un contexto determinado, rodeado de limitaciones, oportunidades y desafíos de acuerdo a un plan que diseñó –junto a sus guías- momentos antes de encarnar. En ese sentido, pueden estar tranquilos, una parte del Plan está siendo cumplido.
Lo que tal vez desconozcan es hacia donde se dirigen tantos esfuerzos. ¿Cual es el propósito de todo esto? ¿Cual es la particular contribución que su alma desea realizar al mundo?
Todos venimos al mundo con ese propósito bien diseñado, pero al mismo tiempo, con libre albedrío para elegir cumplirlo o no. Ese libre albedrío es el que hace que nos sintamos abrumados por la aparentemente infinita gama de posibilidades. Hay tanto de lo cual elegir! Unos ejercicios simples pueden ayudar a encontrar claridad.

Ejercicio 1:

En un cuaderno, escriban cual es –en su opinión el mayor problema de la Humanidad.
Por ejemplo, una persona podría escribir "la injusta distribución de la riqueza", mientras que otro podría optar por "la falta de amor", o incluso seleccionar un problema mas puntual, como "la destrucción del medio ambiente".

Ejercicio 2:

Ahora escriban una solución al problema (aunque a primera vista parezca que no está en sus manos)
Por ejemplo, la persona que eligió como problema "la falta de amor", podría decidir que la solución es enseñar a los niños a desarrollar mas amor por si mismos y por los demás.

Ejercicio 3:

Escriban 5 formas concretas en que eso puede llevarse a la práctica. Siguiendo el caso de la misma persona, ella podría escribir: cambiar los programas de estudio en las Escuelas, generar proyectos solidarios dirigidos a los niños, escribir cuentos para niños con un mensaje de amor, diseñar video juegos en los cuales gana el que mas ayuda y no el que mas mata, etc.

Ejercicio 4:

Hagan una lista de talentos y habilidades propios. Por ejemplo, esta persona podría hacer una lista así: "hablar investigar, escribir... Etc."

Ejercicio 5:

Usando los resultados del punto 4, ¿Que acciones podrían tomar ya mismo para ayudar a resolver el problema?.
Esta persona podría resolver que dadas sus habilidades para obtener y transmitir información, puede empezar haciendo una profunda investigación y escribiendo artículos para generar conciencia sobre este tema. A partir de aquí, es probable que haya que hacer muchos ajustes: ¿Cómo hacerlo? ¿Dónde hacerlo? ¿Con quienes? Pero tendremos un camino trazado hacia el cumplimiento de nuestro propósito, haciendo de nuestro paso por la Tierra una experiencia mas rica, mas plena, mas completa.

Por Lic Flavia Carrión


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 01/08/2011


Flores de Bach y el Autoconocimiento

El que se conoce a si mismo mantiene el equilibrio


Este eficaz método que utiliza solamente elementos naturales, como flores de plantas silvestres, arbustos, árboles y hasta agua de manantial, es capaz de equilibrar estados emocionales y convertirse también en una herramienta recomendable para el autodescubrimiento.

No hay que esperar tener una dolencia física para aprovechar este recurso sino que se puede emplear siempre que el estado mental o emocional esté alterado, con la ventaja de que al mismo tiempo se podrá tomar conciencia de cuáles son las tendencias del carácter que provocan estos desequilibrios.

De todos modos nunca se deberá aplicar una fórmula teniendo en cuenta un síntoma físico sino que la prescripción se deberá centrar en los estados emocionales del presente; porque las flores no actúan preventivamente, sino en el aqui y ahora, por lo tanto es inútil tomarlas para evitar desequilibrios.

Los estados mentales alterados y las emociones negativas, como el miedo, las preocupaciones y el stress, disminuyen las defensas naturales del cuerpo y no solo contribuyen a prolongar las enfermedades sino que influyen en las funciones corporales favoreciendo la aparición de síntomas físicos y toda clase de patologías orgánicas.

Por esta razón, cuanto más se conozca la forma personal de asimilar las experiencias, mayor será la posibilidad de evitar estos hábitos nocivos de comportamiento.

Las flores cambian la forma de ver las cosas y actúan de afuera hacia adentro, o sea equilibrando primero los síntomas emocionales más superficiales para posteriormente revelar los más profundos.

Se comienza tratando las emociones que emergen en el presente, las cuales darán lugar a otras diferentes que se expresarán con síntomas distintos. De manera que paso a paso se irá revelando el conflicto real inconsciente que subyace a toda la gama de síntomas que lo están expresando.

Las flores de Bach no tienen contraindicaciones y nunca pueden provocar reacciones adversas, aún si se toman aquellas que no son las adecuadas y además son compatibles con cualquier medicamento.

La intención del doctor Edward Bach era que cada persona tuviera la posibilidad por si sola de seleccionar las flores que necesita para lograr un cambio en el modo de ver la realidad, alcanzar el equilibrio mental y la paz interior y llegar así a tener una vida más feliz.

Es importante aprender a observar las propias reacciones:

Cuando se sienta apurado, cansado o enojado, Impatiens será lo indicado.

Para la depresión Gentian o Mustard será la solución.

Si está haciendo un esfuerzo para agradar Agrimony lo resolverá.

Cuando lo invada la autocompasión Chicory es la recomendación;

Si está desatento tome Clematis al momento;

Cuando se sienta muy exigido Willow será su amigo;

Si está asustado, Mimulus lo habrá consolado.

Cuando necesite protección Vine será la acción y

Si el terror lo domina Rock Rose será la salida.

Para el que está en la duda Scleranthus lo ayuda.

Si a mucha gente necesita consultar, Cerato lo va a cambiar.

Cuando lo invadan los pensamientos White Chestnut lo liberará
del tormento

Si siente celos, envidia o desconfianza, Holly es la esperanza.

Si percibe suciedades inexistentes Crabb Apple limpiará su mente

Si desea suicidarse Cherry Plum lo hará retractarse

Y si siente culpa Pine lo disculpa.

Éstas son algunas de las 38 flores de Bach que existen en total, cada una de ellas destinadas a equilibrar los trastornos emocionales para actuar sobre los distintos estados de ánimo.

Estar alerta ante cualquier señal de cambio en la conducta es la mejor manera de llegar a reconocer cuál es el verdadero conflicto.