En este grupo En todos

Foro de Economía internacional

Joslín Juárez
Profesor de educación primaria normal ...
Escrito por Joslín Juárez
el 29/03/2010

28 de marzo de 2010

Hola Guapísima ROUTINGUER, ¿Me permites darte una ayudadita? En relación a la reflexión que haces y que leí también en un viejo libro hace ya algunos abriles, decía así.

Cuentan de un sabio que un día,

Tan pobre y mísero estaba,

Que solo se sustentaba,

Con cáscaras que recogía.

¿Habrá otro entre sí decía,

Más pobre y triste que yo?,

Y cuando el rostro volvió,

Encontró la respuesta viendo,

Que otro sabio iba recogiendo,

Las cáscaras que el arrojó.

Mi cordial saludo.

José Suárez

Joslín Juárez
Profesor de educación primaria normal ...
Escrito por Joslín Juárez
el 29/03/2010


29 de marzo de 2010 12:27 a.m.
Hola Ma. Carmen Fossati. Más clara que el agua es tu reflexión. , al decir. ”
Quien no aprende de los errores, caerá una y otra vez en el mismo hoyo”.
“Quizá nos demos cuenta demasiado tarde, cuando ya no haya vacas que muñir”.

Cuando ya no exista nadie a quien explotar” en su fuerza de trabajo y su producción, entonces que le muerdan a su dinero y que les haga buen provecho. Estas gentes no entienden, no analizan la historia para darse cuenta de cómo han terminado todos aquellos ambiciosos de poder y de dinero. A quienes la mayoría de las veces las grandes fortunas que han amasado mediante la explotación, no los salva de los daños que se ocasionan a sí mismos y mueren con el desprecio de la ciudadanía.

Cualquier sistema político-económico, nos aprieta del cuello y nos hace que halemos un poco más el cinturón cada vez y, como en las campañas políticas prometen que van a acabar con la pobreza, pues SÍ que lo están cumpliendo; ¡Matando de hambre a todos los pobres se acabó la pobreza, ¿O no? Pero pienso que hay que cambiar la forma de pensar, habrá que seguir trabajando duro y pensar positivamente con el fin de ir cambiando nuestra forma y estilo de vida.

Mi cordial saludo

José Suárez

Joslín Juárez
Profesor de educación primaria normal ...
Escrito por Joslín Juárez
el 29/03/2010

29 de marzo de 2010
Hola Jorge. En lenguaje figurado, si la vaca representa al pueblo, pues sí que la vaca tiene la culpa de su explotación y hasta de su muerte, y se sigue confirmando el dicho de que, el pueblo tiene las autoridades que se merece.

Nada quebrantará tu espíritu.
Mi cordial saludo.
José Suárez

Gabriela
Escrito por Gabriela
el 29/03/2010

Gracias
jorge buen debate
esto de las economias y como distribuyes la riqueza del pais
yo considero que la respuesta no esta en como lo distribuye el gobierno, en buena parte tambien a nosotros nos corresponde, que de lo poco o mucho dinero que nos llega como lo administramos.

hay tiempos en que hay vacas gordas y es cuando hay que aprovechar para la distribucion equitativa de lo que ganamos y no malgastarlo nadamas asi porque si.

por el contrario cuando vienen las vacas flacas, ya tenemos como solventar o sulucionar el problema, ademas que cuando nos llegan tiempos de crisos o debaluacion de la moneda debemos tomarlo como una oportunidad, esto no quiere decir que nos agamos como que no pasa nada, es lo contrario afrontarlo pero con vases.

solo un punto de vista personal

gracias

gaby
desde mi bello mexico

Tere Izquierdo Matilla
Licenciada en derecho, licenciada en s...
Escrito por Tere Izquierdo Matilla
el 31/03/2010

Hola Jorge, y así vamos! Con esta economía mundial, al final ni vacas locas tendremos.
un beso
tere

Vanessa Marín Salazar
Enseñanza del inglés i y ii ciclo uned
Escrito por Vanessa Marín Salazar
el 05/08/2010

Hola Guillermo: Que locura!

Definitivamente las vacas!

Saludos!

Jesús Rafael González García
Quiromasajista. escuela de quiromasaje...
Escrito por Jesús Rafael González García
el 11/04/2011

La mejor forma de gobernar la cual la humanidad tendrá que optar para su supervivencia

Con la llegada del siglo XXI que se aproxima velozmente, los gobiernos, las organizaciones y los pueblos están gastando enormes energías para desarrollar comunidades que sean socialmente vibrantes, unidas y prósperas. La Conferencia sobre Domicilios Humanos (Albergue II) de las Naciones Unidas, que se une a las grandes conferencias globales de esta

década, es un hito en estos esfuerzos y presagia avances mayores en el desarrollo comunitario.

Sin embargo a largo plazo los esfuerzos por construir comunidades tendrán éxito sólo en la medida en que entrelacen el progreso material con las aspiraciones espirituales fundamentales, respondan a la aumentativa entre dependencia entre los pueblos y naciones del planeta, y establezca un marco dentro del cual todos los pueblos puedan ser participantes activos en el gobierno de sus sociedades.

A éstos tres elementos fundamentales de comunidades sostenibles es que se dirigen los siguientes comentarios.

El progreso material debe reflejar los principios y las prioridades espirituales La naturaleza humana es fundamentalmente espiritual. Por lo tanto es poco probable que las comunidades lleguen a ser prósperas y sostenibles a menos de que tomen en cuenta la dimensión espiritual de la realidad humana y busquen fomentar una cultura en la cual el desarrollo moral, ético, emocional e intelectual del individuo sean de preocupación primaria. Es en tal ambiente donde el individuo tendrá probabilidad de llegar a ser un ciudadano realizándose constructivamente y dirigido al servicio, trabajando para el bienestar material y espiritual de la comunidad, y donde pueda desarrollarse efectivamente una visión en común y un sentido de propósito compartido.

Por ende los aspectos materiales del desarrollo comunitario – políticas ambientales, económicos y sociales; sistemas de producción, distribución, comunicación y transportación; y procesos políticos, legales y científicos - tienen que dirigirse por principios y prioridades espirituales.

Actualmente, sin embargo, la sustancia y la dirección del desarrollo comunitario se determinan grandemente por las consideraciones materiales. Por lo tanto, nuestro desafío es el de rediseñar y desarrollar nuestras comunidades en torno a esos principios universales - incluyendo el amor, la honestidad, la moderación, la humildad, la hospitalidad, la justicia y

la unidad - que promueven la cohesión social, y sin los cuales ninguna comunidad puede durar mucho tiempo, no importa cuán próspera sea económicamente, cuán dotada intelectualmente ni cuán avanzada tecnológicamente.

Entre las consideraciones y los principios que deben guiar esta empresa se encuentran las siguientes:

La protección de la familia y la promoción de su bienestar tienen que ser punto central de los procesos comunitarios. La familia es la institución primaria para de la sociedad y la incubadora principal de valores, actitudes, creencias y comportamientos. Cuando está sana espiritualmente contribuye significativamente al desarrollo de ciudadanos felices y responsables.

Los diseños físicos, sociales, económicos, legales y políticos de nuestras comunidades tienen que servir a todos los miembros de la sociedad, no sólo a los privilegiados. Una sociedad verdaderamente justa y equitativa requerirá una ciudadanía que comprende que los intereses del individuo y de la comunidad están inseparablemente entrelazadas; que el avance de los derechos humanos requiere pleno compromiso para con las responsabilidades correspondientes; y que cuando a las mujeres se les acepte como plenos iguales a los hombres en toda área del esfuerzo humano entonces las familias, las comunidades, y las naciones prosperarán y progresarán.

El trabajo es tanto un medio de ganarse la vida para el individuo y una forma de contribuir a la prosperidad de la comunidad entera. Como tal, ayuda a darle significado a la vida de uno. Por lo tanto, el diseño comunitario tiene que asegurar que las energías creativas del individuo tienen un paso de empleo productivo en el que puedan expresarse. Por su parte, el individuo tiene que asumir la responsabilidad de realizar su fideicomiso. El progreso en esta área dará gran empuje a la eliminación de extremos de riqueza y pobreza en el mundo.

"La religión", aseveran los Escritos bahá'ís, "es el mayor medio para el establecimiento del orden en el mundo y para el contento pacífico de todos los que allí viven." Por lo tanto, en toda comunidad tiene que asegurarse la libertad de religión, incluyendo el derecho de establecer centros de adoración. Los lugares de adoración proveen un sitio para la

oración y la meditación, actos de devoción por medio de los cuales el individuo puede acercarse al Creador, fortaleciendo así sus capacidades espirituales para el sacrificio y el servicio. Como monumentos físicos estos edificios también a menudo sirven para expresar el genio cultural de la sociedad.

La promoción de la belleza, ya sea natural o hecha por el hombre, debe llegar a ser un principio dirigente en la planificación comunitaria, pues la belleza puede tocar el corazón e inspirar el alma con nobles sentimientos y acciones.

El desarrollo comunitario tendrá que incorporar principios de preservación y rehabilitación ambientales, no sólo para llevar nuestra civilización actual a un patrón sostenible de acción, sino también para responder a la gran necesidad del espíritu humano por contacto cercano con el mundo natural. El papel primordial del agricultor en la comida y en la seguridad económica también tiene que considerarse cuidadosamente en el diseño de todo domicilio humano.

Las vastas fuerzas de la ciencia y la tecnología tienen que aprovecharse para servir las necesidades materiales, intelectuales, emocionales y espirituales de la familia humana entera. Esto requerirá que todos los pueblos se involucren en generar el conocimiento científico y en determinar sus aplicaciones. Mientras aumenta la participación las tecnologías que han tendido a desensibilizar y a enajenar, a hacer que el trabajo de satisfacción y los oficios sean redundantes, a destruir el ambiente, y a causar enfermedad o muerte, sin duda se reconsiderarán, se rediseñarán o bien se abandonarán.

La entre dependencia entre los pueblos y las naciones del mundo sólo aumentará en los años venideros Los pueblos y las naciones del planeta están atrayéndose entre sí mientras se hacen más y más dependientes unos de otros. Los domicilios en todo el mundo - desde las aldeas y pueblos hasta las ciudades y megalópolis - están llegando a ser el hogar de poblaciones más y más diversas. Esta entre dependencia aumentativa y la interacción intensificarte entre diversos pueblos crean desafíos fundamentales a antiguos modos de pensar y de actuar. Cómo respondemos nosotros, como individuos y como comunidades, a estos desafíos determinará en gran medida si nuestras comunidades han de hacerse cuidadoras, cohesivas y progresivas, o bien inhospitalarios, divididas e insostenibles.

La unidad en la diversidad es a la vez una visión para el futuro y un principio para guiar a la comunidad mundial en su respuesta a estos desafíos. Este principio no sólo tiene que llegar a animar las relaciones entre las naciones del planeta, sino también tiene que aplicarse dentro de comunidades tanto locales como nacionales si han de prosperar y perdurar.

Los efectos unificadores y saludables de la aplicación de este principio al rediseño y al desarrollo de las comunidades en todo el mundo sería incalculable, mientras que las consecuencias de fracasar en responder apropiadamente a los desafíos de un mundo que se encoge seguramente serían desastrosas.

Obviamente la humanidad tiene que estar preparada para las oportunidades y las responsabilidades que están emergiendo como resultado de esta entre dependencia aumentativa. Las personas tienen que desarrollar el

conocimiento, los valores, las actitudes y las destrezas necesarias para participar constructivamente y con confianza en formar la comunidad mundial a todo nivel, para que pueda reflejar los principios de la justicia, la equidad y la unidad. La educación desempeñará un papel indispensable en este aspecto. Tendrá que ayudar el individuo a desarrollar un sentido de lugar y de comunidad: un sentido que no se limite al nivel local ni nacional, sino que se extienda para incluir al mundo entero. Deberá cultivar la virtud como la base para el bienestar personal y colectivo, y deberá crear en los individuos un profundo compromiso para con el bienestar de sus familias, sus comunidades, sus países, y de hecho, toda la humanidad. La educación también deberá alentar el pensar en términos de proceso histórico, viendo en la historia un movimiento inexorable hacia una civilización mundial, un movimiento cuyos éxitos son el patrimonio de todos los pueblos y a cuyos desafíos debemos dirigirnos actualmente como una sola raza.

La humanidad tiene que moverse hacia procesos de gobierno más participa torios, asados en el conocimiento y dirigidos por valores.

Modelos de desarrollo comunitario que sean de arriba para abajo ya no pueden responder adecuadamente a las necesidades y aspiraciones de la actualidad moderna. La comunidad mundial tiene que moverse hacia procesos de gobierno más participa torios, basados en el conocimiento y dirigidos por valores en que las personas pueden asumir responsabilidad por los procesos y las instituciones que afecten sus vidas. Estos sistemas tienen que ser democráticos en espíritu y en método, y deben emergí en todos los niveles de la sociedad mundial, incluyendo el nivel global. La consulta

la expresión operante de la justicia en los asuntos humanos - debe llegar a ser su modo primordial de toma de decisiones.

Naturalmente las antiguas formas de ejercer el poder y la autoridad tienen que dar lugar a nuevas formas de liderazgo. Nuestro concepto de liderazgo tendrá que reformularse para incluir la habilidad de fomentar la toma de decisiones colectiva y la acción colectiva. Encontrará su mayor expresión en el servicio a la comunidad entera.

Hacia una comunidad en común, un destino en común.

En conclusión, las comunidades que crecen y prosperan en el nuevo milenio lo harán debido a que reconocen la dimensión espiritual de la naturaleza humana y se ocupan de que el desarrollo moral, emocional e intelectual del individuo sea prioridad central. Darán garantía a la libertad de religión y alentarán el establecimiento de los lugares de adoración. Sus centros de aprendizaje buscarán cultivar las potencialidades ilimitadas en la consciencia humana y perseguirán como meta principal la participación de todo el pueblo en la generación y la aplicación del conocimiento. Siempre teniendo en cuenta que los intereses del individuo y de la sociedad son inseparables, estas comunidades promoverán el respeto tanto para los derechos como para las responsabilidades, fomentarán la igualdad y la asociación de mujeres y hombres, y protegerán y cuidarán a las familias.

Promoverán la belleza, natural y hecha por el hombre, e incorporarán en su diseño principios de preservación y rehabilitación ambiental. Guiadas por el concepto de la unidad en la diversidad, apoyarán la amplia participación en los asuntos de la sociedad, y más y más se dirigirán a líderes quienes estén motivados por el deseo de servir. En estas

comunidades los frutos de la ciencia y la tecnología beneficiarán a la sociedad completa, y habrá trabajo disponible para todos.

Las comunidades tales como éstas demostrarán ser los pilares de una civilización mundial: una civilización que será la cumbre lógica de los esfuerzos de la humanidad hacia creación de comunidad a través de largos trechos de tiempo de geografía. La declaración de Bahá'u'lláh de que toda persona "nace para llevar adelante una civilización en continuo progreso", implica que toda persona tiene tanto el derecho como la responsabilidad de contribuir a esta empresa histórica, abarcadora y colectiva cuya meta es nada menos que la paz, la prosperidad y la unidad de la familia humana

entera.

Aunque se han perpetrado enormes injusticias en toda la historia, en nombre de la religión, hecha por los hombres, como una mala , egoísta, y prejuiciosa interpretación de las enseñanzas divinas; es imposible negar el papel primordial que la fe ha realizado en el progreso social, motivando a los individuos a desarrollar cualidades espirituales, apoderándoles a sacrificarse para sus semejantes y a contribuir al mejoramiento de sus comunidades.

Los centros de adoración, y las instituciones y actividades a las cuales dan lugar, deben hacerse parte fundamental de todo pueblito, aldea, pueblo y ciudad - de hecho, de todo tipo de domicilio humano en toda nación - pero tienen que contribuir a la harmonía, la paz, el bienestar, el entendimiento, y la tolerancia cabales de la comunidad. De no ser así, sólo servirán para retrasar el desarrollo de comunidades sostenibles y prósperas, y el pueblo eventualmente los abandonará al darse cuenta del papel divisivo y parroquial que desempeñan en la sociedad. De hecho, casi cualquier lugar puede servir como centro de adoración. Una de las oraciones reveladas por Bahá'u'lláh recalca este punto:

"Bendito es el sitio, y la casa, y el lugar, y la ciudad, y el corazón, y la montaña, y el refugio, y la cueva, y el valle, y la

tierra, y el mar, y la isla, y la pradera donde se ha hecho mención de Dios y se ha glorificado Su alabanza."

Sin embargo, la importancia de centros físicos basados en la comunidad para el desarrollo y la expresión de la fe no puede sobre recalcarse.

El Mashriqu'l-Adhkár bahá'í (el Punto de amanecer de la Alabanza de Dios) es un centro tal que por su propio diseño integra la adoración con el servicio, es decir, expresa lo espiritual de formas prácticas. En el centro de este complejo yace la Casa de Adoración la cual está abierta a toda persona, no importa de qué fe sea. Alrededor de la Casa de Adoración, y animados por ella, han de haber un numero de dependencias - o instituciones - dedicadas a los asuntos sociales, administrativos, humanitarios, educativos y científicos. Al desarrollarse cada complejo Mashriqu'l-Adhkár, estas dependencias incluirán "un hospital, un dispensario, un hospedaje para viajeros, una escuela para huérfanos, y una universidad para estudios avanzados. " Este modelo práctico para armonizar los aspectos moral y éticos, físicos y ambientales, económicos y sociales de domicilios humanos es digno de estudio por aquellos que estén involucrados en los procesos de creación de comunidades.

En este aspecto, la comunidad puede concebirse como un conjunto de círculos concéntricos, siendo la comunidad local la más pequeña, y la comunidad global la mayor.

El concepto de la ciudadanía mundial ayuda a integrar a todos los niveles de la comunidad: siendo un ciudadano responsable a niveles local y nacional no niega el amor por toda la humanidad; sino que estas lealtades y obligaciones de múltiples niveles forman una red fuertemente tejida, un todo inseparable.

En la consulta los participantes individuales se esfuerzan por trascender sus puntos de vista respectivos para poder funcionar como miembros de un cuerpo con sus propios intereses y metas. En una atmósfera caracterizada por tanto la honestidad como la cortesía, las ideas pertenecen no solamente al individuo quien los presenta, sino al grupo entero, para aceptar, descartar, o bien revisar según parezca mejor para servir la meta perseguida. La consulta tiene éxito en la

medida que todos los participantes apoyen las decisiones hechas, sin importar las opiniones individuales con las cuales entraron a la discusión. Bajo tales circunstancias una decisión anterior puede fácilmente reconsiderarse si la experiencia enseña cualesquier faltas.

Es interesante notar que varios de los conceptos que aparecen en este enunciado también se presentaron en el enunciado que entregara la Comunidad Internacional Bahá'í a la primera Conferencia sobre Domicilios Humanos de las Naciones Unidas en el 1976. Entre más recientes enunciados bahá'ís que aclaran el tema de las comunidades sostenibles se incluyen La Prosperidad de la Humanidad; La Ciudadanía Mundial: Una Ética Global para el Desarrollo Sostenible; y El Punto Decisivo para Toda Nación. Sobre la Comunidad Internacional Bahá'í Oficina de las Naciones Unidas...

(Comunidad Internacional Baha'i, Comunidades Sostenibles en un Mundo Integrante)

"La unidad de la raza humana, tal como la concibe Bahá'u'lláh, implica el establecimiento de una mancomunidad mundial en la que todas las naciones, razas, credos y clases estén estrecha y permanentemente unidos, en que se salvaguarden completa y definitivamente la autonomía de sus estados miembros, la libertad personal y la iniciativa de los individuos que la componen. Por lo que podemos captar de ella, esta mancomunidad tiene que contar con una asamblea legislativa mundial, cuyos miembros, en calidad de albaceas de toda la humanidad, controlarán definitiva y enteramente los recursos de todas las naciones que la compongan y promulgarán aquellas leyes que sean necesarias para regular la vida, satisfacer las necesidades y ordenar las relaciones de todas las razas y pueblos. Un ejecutivo mundial, respaldado por una fuerza internacional, llevará a la práctica las decisiones que se tomen, aplicará las leyes aprobadas por esta asamblea legislativa mundial y salvaguardará la unidad orgánica de toda la mancomunidad. Un tribunal mundial juzgará y dictará sentencia firme y vinculante en todas y cada una de las disputas que surjan entre los diversos elementos que componen este sistema universal. Se ideará un mecanismo de intercomunicación mundial, que abarcará todo el planeta, estará libre de las trabas y restricciones nacionales y funcionará con maravillosa rapidez y perfecta regularidad. Una metrópolis mundial actuará como centro nervioso de una civilización mundial, como foco hacia el que convergerán las fuerzas unificadoras de la vida y del que irradiarán las influencias energizantes. Se inventará o se elegirá entre los idiomas existentes un idioma mundial y se enseñará en las escuelas de todas las naciones federadas como auxiliar del idioma materno. Una escritura mundial, una literatura mundial, un sistema monetario, de pesas y medidas uniforme y universal simplificará y facilitará el intercambio y el entendimiento entre las naciones y razas de la humanidad. En una sociedad mundial así, la ciencia y la religión, las dos fuerzas más poderosas de la vida humana, se reconciliarán, cooperarán y se desarrollarán armoniosamente. Bajo tal sistema, la prensa, al mismo tiempo que dará plena libertad a la expresión de los diversos puntos de vista y convicciones de la humanidad, dejará de ser maliciosamente manipulada por intereses creados, sean éstos privados o públicos, y se liberará de la influencia de los gobiernos y pueblos contendientes. Se organizarán los recursos económicos del mundo, se explotarán y utilizarán al completo sus fuentes de materias primas, se coordinarán y desarrollarán sus mercados y se regulará equitativamente la distribución de sus productos.

Las rivalidades, los odios y las intrigas nacionales cesarán, y la animosidad y el prejuicio raciales serán reemplazados por la amistad, el entendimiento y la cooperación interraciales. Las causas de la lucha religiosa serán definitivamente eliminadas, las barreras y restricciones económicas serán completamente abolidas y la excesiva diferencia entre las clases será suprimida. Desaparecerán la pobreza extrema, por una parte, y la exagerada acumulación de bienes por la otra. La enorme energía disipada y derrochada en la guerra, ya sea económica o política, se dedicará a aquellos fines que amplíen el alcance de las invenciones y el desarrollo técnico humano, al aumento de la productividad de la humanidad, al exterminio de las enfermedades, a la extensión de la investigación científica, a la elevación del nivel de salud física, a la agudización y refinamiento del cerebro humano, a la explotación de recursos no utilizados e insospechados del planeta, a la prolongación de la vida humana y al fomento de cualquier otro medio que pueda estimular la vida intelectual, moral y espiritual de toda la raza humana.

Un sistema federal mundial, que gobierne toda la Tierra y que ejerza una autoridad incuestionable sobre sus recursos inimaginablemente vastos y que combine y encarne los ideales de Oriente y Occidente, liberado de la maldición de la guerra y sus miserias y dedicado a la explotación de todos los recursos energéticos disponibles sobre la superficie del planeta; un sistema en el que la Fuerza se transforme en sierva de la Justicia, un sistema cuya vida se base en el reconocimiento universal de un solo Dios y por su lealtad hacia una Revelación común; ésta es la meta hacia la cual avanza la humanidad, impulsada por las fuerzas unificadoras de la vida."

El mensaje de Bahá'u'lláh es un mensaje de esperanza, de amor, de reconstrucción práctica. Hoy cosechamos las pavorosas consecuencias del rechazo de Su llamamiento divino por parte de nuestros antepasados. Pero hoy día hay nuevos gobernantes, nuevas gentes, que quizás oigan y eviten o mitiguen la severidad de una catástrofe inminente. Con esta esperanza, y considerando que es su deber sagrado, la Casa Universal de Justicia, la institución internacional que gobierna la Fe Bahá'í, proclama nuevamente, mediante la publicación de estos pasajes seleccionados, la esencia de aquel poderoso llamamiento hecho hace un siglo. Con la misma esperanza y la misma fe, los bahá'ís de todo el mundo harán todo lo posible, durante este período centenario, para llamar la atención de sus semejantes hacia la característica redentora de esta nueva efusión de guía y amor divinos. Creemos que no se esforzarán en vano.

(Baha'u'llah, La Proclamación de Baha'u'llah)

El mejor plan de gobierno elaborado no dará buenos frutos si no está basado en la espiritualidad, pues solo lo espiritual hace que pensemos antes en los demás que en nosotros mismos.

Ama a tu prójimo Más que a ti mismo. (Bahá’u’lláh)

EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO

En la Enseñanza de Bahá'u'lláh se halla escrito: "Únicamente por medio del poder del Espíritu Santo puede progresar el ser humano, pues su poder es limitado, y el Poder Divino es infinito."

La humanidad, ya sea considerada a la luz de la conducta individual del hombre o de las relaciones existentes entre comunidades organizadas y naciones, lamentablemente se ha desviado muchísimo y ha sufrido una declinación demasiado grande como para ser redimida mediante los esfuerzos aislados de sus mejores gobernantes y estadistas, por muy desinteresados que sean sus motivos, por muy coordinada que sea su acción, por muy fervorosos que sean en su celo y devoción a su causa. Ningún esquema que todavía puedan diseñar los cálculos de los mayores estadistas; ninguna doctrina que se propongan desarrollar los más distinguidos exponentes de la teoría económica; ningún principio que puedan esforzarse por inculcar los más fervientes moralistas suministrarán, en última instancia, los cimientos adecuados sobre los que ha de erigirse el futuro de un mundo aturdido.

Ninguna apelación a la tolerancia mutua que puedan hacer los que entienden las condiciones del mundo, no importa lo apremiante e insistente que sea, podrá calmar las pasiones o contribuir a restaurar el vigor. Ni tampoco ningún esquema general de mera cooperación internacional organizada, en cualquier sector de la actividad humana y por muy ingeniosa que sea su concepción o muy amplio su alcance, logrará erradicar la causa primera del mal que ha perturbado tan bruscamente el equilibrio de la sociedad actual. Ni siquiera, me atrevo a afirmar, la acción misma de inventar el mecanismo requerido para la unificación política y económica del mundo -principio sostenido cada vez más en los últimos tiempos- podrá por sí sola proveer el antídoto contra el veneno que progresivamente va minando el vigor de pueblos y naciones organizados.

¿Qué otra cosa podemos afirmar confiadamente que no sea la abierta aceptación del Programa Divino enunciado por Bahá'u'lláh con tanta simpleza y fuerza hace168 años, el cual encarna en sus principios esenciales el esquema ordenado por Dios para la unificación de la humanidad en esta era, al que se agrega una férrea convicción de la infalible eficacia de todas y cada una de sus disposiciones; aceptación y convicción, las cuales serán finalmente capaces de resistir las fuerzas de desintegración internas; fuerzas que, de no ser frenadas, seguirán necesariamente carcomiendo las partes vitales de una sociedad desesperada? Es hacia esta meta -la meta de un nuevo Orden Mundial, Divino en su origen, universal en sus alcances, equitativo en sus principios y desafiante en sus rasgos- por la que ha de bregar una humanidad hostigada.

Sería presuntuoso, aun por parte de los que se declaran adeptos de su Fe, sostener que se han captado todas las inferencias del prodigioso esquema de Bahá'u'lláh para la solidaridad humana mundial, o que se ha comprendido su significación. Sería prematuro, aun en una etapa tan avanzada de la evolución de la humanidad, pretender vislumbrarlo en todas sus posibilidades, estimar sus beneficios futuros e imaginar su gloria.

Todo lo que razonablemente podemos intentar es esforzarnos por lograr una vislumbre de los primeros rayos del Alba prometida que, en la plenitud del tiempo, habrá de ahuyentar las tinieblas que han rodeado a la humanidad. Todo lo que podemos hacer es señalar los que, en sus más amplios contornos, parecen ser los principios rectores que subyacen en el Orden Mundial de Bahá'u'lláh, desarrollados y enunciados por 'Abdu'l-Bahá, el Centro de su Convenio con toda la humanidad, y quien fuera designado Intérprete y Expositor de su Palabra.

Que el desasosiego y sufrimiento que afectan a toda la humanidad son, en gran medida, consecuencias directas de la Guerra Mundial y atribuibles a la falta de discernimiento y a la miopía de los responsables de los Tratados de Paz, es un hecho que sólo una mente predispuesta rehusaría admitir...

Sin embargo, sería inútil sostener que la guerra, con todas las pérdidas que involucró, con las pasiones que despertó y con las injusticias que dejó tras de sí, ha sido la única responsable de la confusión sin precedentes en que se hallan inmersos en la actualidad casi todos los sectores del mundo civilizado. ¿No es un hecho -y ésta es la idea central que deseo destacar- que la causa fundamental de esta inquietud mundial es atribuible no tanto a las consecuencias de lo que tarde o temprano habrá de ser considerado el disloque transitorio de un mundo en continuo cambio, sino antes bien al fracaso de aquellos en cuyas manos se ha depositado el destino inmediato de pueblos y naciones, al no adaptar su sistema de instituciones económicas y políticas a las imperiosas necesidades de una era en rápida evolución? Estas crisis intermitentes que convulsionan a la sociedad actual ¿Acaso no se deben principalmente a la lamentable incapacidad de los líderes reconocidos del mundo para comprender correctamente los signos de la época, para librarse de una vez por todas de sus ideas preconcebidas y credos encadenadores, para remodelar la maquinaria de sus respectivos Gobiernos de acuerdo con las pautas implícitas en la suprema declaración de Bahá'u'lláh de la Unidad de la Humanidad, rasgo principal y distintivo de la Fe por Él proclamada?...

Muy patéticos son, por cierto, los esfuerzos de esos líderes de las instituciones humanas quienes, con total desprecio por el espíritu de la época, bregan por adaptar los procesos nacionales, apropiados a los antiguos días de naciones aisladas, a una época que debe lograr la unidad del mundo, tal como la esbozara Bahá'u'lláh, o perecer. En una hora tan crítica para la historia de la civilización corresponde a los líderes de todas las naciones del mundo, grandes o pequeñas, de Oriente o de Occidente, vencedoras o vencidas, prestar atención al toque de clarín de Bahá'u'lláh, e imbuidos por completo de un sentimiento de solidaridad mundial, condición sine qua non de lealtad a su Causa, alzarse valientemente para lograr en su totalidad el único esquema reparador que Él, el Médico Divino, ha recetado para la humanidad doliente. Que descarten de una vez para siempre toda idea preconcebida, todo prejuicio nacional, y que presten atención al sublime consejo de 'Abdu'l-Bahá, autorizado Expositor de sus enseñanzas. "Podrá usted servir mejor a su país", fue la respuesta de 'Abdu'l-Bahá a un alto funcionario en ejercicio del Gobierno federal de los Estados Unidos, quien le había interrogado acerca de la mejor manera de estimular los intereses de su Gobierno y de su pueblo, "si, en condición de ciudadano del mundo, trata de colaborar en la definitiva aplicación del principio de federalismo que subyace en el Gobierno de su propio país a las relaciones existentes ahora entre los pueblos y naciones del mundo".

Es necesario desarrollar cierta forma de superestado mundial, a favor del cual todas las naciones del mundo habrán de ceder voluntariamente todo derecho de hacer la guerra, ciertos derechos de gravar impuestos y todos los derechos de poseer armamentos, salvo con el propósito de mantener el orden interno dentro de sus respectivos dominios. Dicho Estado habrá de incluir en su órbita un Poder Ejecutivo Internacional con capacidad para hacer valer su autoridad suprema e indiscutible sobre todo miembro recalcitrante de la Mancomunidad; un Parlamento Mundial cuyos miembros serán elegidos por los habitantes de sus respectivos países y cuya elección será confirmada por sus respectivos Gobiernos; y un Tribunal Supremo cuyos dictámenes tendrán carácter obligatorio aun en los casos en que las partes interesadas no hayan acordado voluntariamente someter el litigio a su consideración.

"Una comunidad mundial en la que todas las barreras económicas habrán quedado totalmente derribadas y en la que se reconocerá definitivamente la interdependencia del capital y el trabajo; en la que el clamor del fanatismo y del conflicto religioso habrá sido acallado para siempre; en la que estará definitivamente extinguida la llama de la animosidad racial; en la que un código único de derecho internacional -producto de un juicioso análisis de los representantes federados del mundo- será sancionado por la intervención instantánea y coercitiva de las fuerzas combinadas de las unidades federadas; y, finalmente, una comunidad mundial en la que el furor de un nacionalismo caprichoso y militante será trocado por una perdurable conciencia de ciudadanía mundial; así es como se presenta, a grandes rasgos, el Orden anunciado por Bahá'u'lláh, un Orden que habrá de ser considerado el más hermoso fruto de una época que madura lentamente...

Que no quede ningún recelo en cuanto al propósito que anima a la Ley mundial de Bahá'u'lláh. Lejos de tender a la subversión de los fundamentos actuales de la sociedad, trata de ampliar su base, de amoldar sus instituciones en consonancia con las necesidades de un mundo en constante cambio. No está en conflicto con compromisos legítimos ni socava lealtades esenciales. Su propósito no es ni sofocar la llama de un sano e inteligente patriotismo en el corazón del hombre, ni abolir el sistema de autonomía nacional, tan esencial cuando se busca evitar los males de un excesivo centralismo. No ignora ni intenta suprimir la diversidad de orígenes étnicos, de climas, de historia, de idioma y de tradición, de pensamiento y de costumbres que distinguen a los pueblos y naciones del mundo. Insta a una lealtad más amplia, a un anhelo mayor que cualquiera de los que la raza humana haya sentido. Insiste en la subordinación de móviles e intereses nacionales a las imperativas exigencias de un mundo unificado. Repudia el centralismo excesivo por una parte y rechaza todo intento de uniformidad por otra. Su consigna es la unidad en diversidad, como el mismo 'Abdu'l-Bahá ha aclarado...

Sus implicaciones del principio de la Unidad de la Humanidad son más profundas, sus aspiraciones son mayores que las que pudieron adelantar los Profetas del pasado. Su mensaje es aplicable no sólo al individuo, sino que atañe principalmente a la naturaleza de aquellas relaciones esenciales que han de ligar a todos los Estados y naciones como a miembros de una familia humana. No constituye simplemente el enunciado de un ideal, sino que está inseparablemente vinculado a una institución apropiada para encarnar su verdad, para demostrar su validez y para perpetuar su influencia. Implica un cambio orgánico en la estructura de la sociedad actual, un cambio que todavía el mundo no ha experimentado. Constituye un desafío, audaz y universal a la vez, a las gastadas consignas de los credos nacionales, credos que han tenido su día y que, en el transcurso normal de los sucesos, modelado y controlado por la providencia, deberán abrir paso a un nuevo evangelio, fundamentalmente diferente e infinitamente superior a lo que el mundo ha concebido hasta ahora. Requiere nada menos que la reconstrucción y la desmilitarización de todo el mundo civilizado, un mundo orgánicamente unificado en todos los aspectos esenciales de su vida, de su maquinaria política, de su anhelo espiritual, de su comercio y de sus finanzas, de su escritura y de su idioma, y aun así, infinito en la diversidad de las características nacionales de sus unidades federadas.

Representa la consumación de la evolución humana, evolución que ha tenido sus orígenes en el nacimiento de la vida familiar, su subsiguiente desarrollo en el logro de la solidaridad tribal, que llevó a su vez a la constitución de la ciudad-estado y que posteriormente se expandió en la institución de la nación independiente y soberana...

Pongamos un ejemplo. ¡Qué confiadas eran las afirmaciones emitidas antes de la unificación de los Estados del continente norteamericano cuando se referían a las barreras infranqueables que cerraban el paso hacia su federación final! ¿No se declaraba amplia y enfáticamente que los intereses en conflicto, la desconfianza mutua y las diferencias de Gobiernos y costumbres que dividían a los Estados eran tales que ninguna fuerza, ya fuere espiritual o temporal, podía jamás lograr su armonía y su control? Y, aun así, ¡Cuán diferentes eran las condiciones reinantes hace ciento cincuenta años de las que caracterizan a la sociedad actual! En realidad, no sería exagerado decir que la ausencia de esas facilidades que el progreso científico moderno ha puesto al servicio de la humanidad de nuestro tiempo ha convertido al problema de la fusión de los Estados norteamericanos en una federación única, por similares que fueran algunas de sus tradiciones, en una tarea muchísimo más compleja que la que afronta una humanidad dividida en sus esfuerzos para lograr su unificación.

¿Quién sabe si, para que una concepción tan elevada tome cuerpo, no haya que infligir a la humanidad un sufrimiento más intenso que cualquiera de los que ya ha padecido? ¿Acaso algo menor que el fuego de una guerra civil con toda su violencia y sus vicisitudes -una guerra que casi desgarró a la gran república norteamericana- podría haber fusionado a los Estados, no en una unión de partes independientes, sino en una nación, a pesar de todas las diferencias étnicas que caracterizaban a los componentes? Parece muy poco probable que una revolución tan fundamental, que implica cambios de tan grande alcance en la estructura de la sociedad, pueda lograrse mediante el proceso ordinario de la diplomacia y de la educación. Sólo tenemos que volver nuestra mirada hacia la sangrienta historia de la humanidad para advertir que tan sólo una intensa agonía mental y física ha sido capaz de precipitar esos cambios trascendentales que constituyen los más grandes hitos en la historia de la civilización humana.

Aunque esos cambios del pasado fueron grandiosos y de mucho alcance, no parecen ser, al contemplarlos en la perspectiva apropiada, sino ajustes subsidiarios que anticipan esa transformación de incomparable majestuosidad y trascendencia que ha de sufrir la humanidad en esta época. Lamentablemente, se evidencia cada vez más que sólo las fuerzas de una catástrofe mundial pueden precipitar esa nueva fase del pensamiento humano. Los hechos futuros demostrarán cada día más la verdad de que tan sólo el fuego de una severa aflicción, de intensidad inigualada, puede fusionar y unir las entidades discordantes que constituyen los elementos de la civilización actual en los componentes de la comunidad mundial del futuro.

La profética voz de Bahá'u'lláh advirtiendo, en los pasajes finales de Las Palabras Ocultas, "a los pueblos del mundo" que "una calamidad imprevista los sigue y que un penoso castigo les espera", arroja una lóbrega luz sobre los destinos inmediatos de la humanidad afligida. Sólo una agobiante prueba, de la cual la humanidad surgirá purificada y preparada, logrará implantar ese sentido de responsabilidad que los líderes de una era naciente deberán asumir.

Dirijo nuevamente vuestra atención a las ominosas palabras que ya he citado: "Y cuando llegue la hora señalada, aparecerá súbitamente aquello que hará temblar a los miembros del cuerpo de la humanidad".

¿Acaso el mismo 'Abdu'l-Bahá no afirmó en lenguaje inequívoco que "otra guerra, más cruenta que la anterior, indudablemente estallará"?

De la consumación de esta empresa colosal e inefablemente gloriosa -empresa que frustró los recursos de los estadistas romanos y que los desesperados esfuerzos de Napoleón no pudieron lograr- dependerá la realización final de ese milenio al que los poetas de todos los tiempos han cantado y con el cual los profetas han soñado tanto. De ella dependerá el cumplimiento de las profecías anunciadas por los antiguos Profetas en el sentido de que las espadas se convertirán en rejas de arado y el león y el cordero yacerán juntos. Sólo ella puede introducir el Reino del Padre Celestial presagiado por la Fe de Jesucristo. Sólo ella puede echar los cimientos del Nuevo Orden Mundial vislumbrado por Bahá'u'lláh. Orden Mundial que habrá de reflejar, aunque débilmente, el inefable esplendor del Reino de Abhá sobre la tierra.

Una palabra más como conclusión. La proclamación de la Unidad de la Humanidad -piedra fundamental del dominio de Bahá'u'lláh- no debe ser comparada bajo ninguna circunstancia con algunas expresiones de piadosa esperanza pronunciadas en el pasado. El suyo no es un nuevo llamamiento proferido por Él, solo y sin ayuda, frente a la oposición implacable y combinada de dos de los más poderosos potentados orientales de su época, siendo Él un exiliado y prisionero en sus manos. Significa a la vez una advertencia y una promesa de que en ello reside el único medio de salvación de un mundo en gran sufrimiento; una promesa de que su concreción está cercana.

Pronunciado en una época en que sus posibilidades todavía no habían sido seriamente contempladas en ningún lugar del mundo, mediante esa potencia celestial que le ha insuflado el Espíritu de Bahá'u'lláh, ha pasado a ser considerado finalmente, por un creciente número de hombres reflexivos, no sólo como una posibilidad cercana sino como resultado necesario de las fuerzas que hoy actúan en el mundo.

Este mundo, reducido y transformado en un único organismo altamente complejo por el maravilloso progreso alcanzado en el ámbito de las ciencias físicas, por la expansión mundial del comercio y la industria, y luchando bajo la presión de fuerzas económicas mundiales, entre los peligros de una civilización materialista, se encuentra sin duda en la urgente necesidad de un replanteo de la Verdad que subyace en todas las Revelaciones del pasado en un idioma acorde con sus requisitos esenciales. ¿Y qué otra voz que la de Bahá'u'lláh -el Portavoz de Dios en esta era- es capaz de efectuar una transformación tan radical de la sociedad como la que Él ya ha logrado en los corazones de esos hombres y mujeres, tan diversos y aparentemente irreconciliables, que constituyen el conjunto de sus seguidores declarados en todo el mundo?

(Casa Universal de Justicia, Compilación sobre La Paz) Fe Bahái

Los problemas de la humanidad ya no pueden resolverse a base de gobiernos nacionales. Lo que hace falta es un Gobierno Mundial. Y éste puede conseguirse si se refuerza el sistema de Naciones Unidas".

A través de Sus escritos Bahá'u'lláh utiliza de manera congruente los términos "orden", "orden mundial" y "nuevo orden mundial" para describir los cambios continuos y trascendentales que están ocurriendo en la vida política, social y religiosa del mundo. Hacia finales de los años sesenta del siglo pasado, escribió: "El equilibrio del mundo ha sido trastornado por la vibrante influencia de este grandioso, este nuevo Orden Mundial. La vida ordenada de la humanidad ha sido revolucionada por obra de este único y maravilloso Sistema, nada semejante al cual ojos mortales jamás han presenciado".

Existen numerosas vías por las que una Comisión semejante, o incluso el propio Poder Legislativo Mundial, podría acometer la delimitación de fronteras justas para todas las naciones. Por abrumadora que parezca la tarea, ésta reviste gran importancia para el proceso de construcción de un nuevo orden. 'Abdu'l-Bahá escribe: "La verdadera civilización desplegará su estandarte en el mismísimo corazón del mundo cuando cierto número de sus distinguidos y magnánimos soberanos -ejemplos brillantes de devoción y denuedo- se levanten por el bien y la felicidad de toda la humanidad, con firme resolución y clara visión, con miras a establecer la Causa de la Paz Universal. Deberán hacer de la Causa de la Paz el objeto de una consulta general, y procurar por todos los medios a su alcance establecer la Unión de las naciones del mundo. Deberán concluir un tratado vinculante y establecer un convenio cuyas disposiciones sean sólidas, inviolables y definitivas. Deberán promulgarlo ante todo el mundo y recabar para él la sanción de todo el género humano. Esta empresa, noble y suprema –verdadera fuente de paz y bienestar para el mundo entero- deberá ser considerada sagrada por la totalidad de cuantos habitan la tierra. Todas las fuerzas de la humanidad habrán de movilizarse para asegurar la estabilidad y permanencia de este Más Grande Convenio. En este Pacto universal los límites y fronteras de cada nación quedarán fijados claramente, los principios fundamentales de las relaciones entre los gobiernos serán definitivamente establecidos, y todos los acuerdos y obligaciones internacionales quedarán estipulados. Asimismo, el arsenal de cada gobierno habrá de ser estrictamente limitado, pues si se consintiera el aumento de las fuerzas y preparativos de guerra de cualquier nación, ello levantaría las sospechas de los demás. El principio fundamental sobre el que reposa este Pacto solemne deberá ser fijado de modo tal que si en lo sucesivo un gobierno violase cualquiera de sus disposiciones, todos los demás gobiernos de la tierra deberían alzarse para reducirlo a completa sumisión; más aún, el conjunto de toda la humanidad debería decidir, con todas las fuerzas a su disposición, aniquilar tal gobierno. De aplicarse éste el más grande de los remedios al cuerpo enfermo del mundo, a buen seguro se repondrá de sus males y permanecerá eternamente seguro y a salvo".

'Abdu'l-Bahá, The Secret of Divine Civilization,

. Las enseñanzas bahá'ís valoran y promueven la diversidad cultural, no la uniformidad. En este momento histórico no contemplamos la posibilidad de imponer un idioma mundial. Antes bien, imaginamos que los pueblos y naciones han de mantener sus idiomas locales y nacionales, al propio tiempo que son alentados a adquirir el idioma universal.

Ciertamente tal idioma universal acabará enseñándose como disciplina obligatoria en todas las escuelas del mundo. Pero ello no debería en modo alguno ir en detrimento de las legítimas expresiones lingüísticas locales y nacionales, o de la diversidad cultural.

"Se aproxima el día cuando todos los pueblos del mundo habrán adoptado un idioma universal y un sistema común de escritura", escribió Bahá'u'lláh a fines del siglo pasado. "Cuando esto haya sido logrado, cualquiera que sea la ciudad a la que un hombre viaje, será como si entrara en su propio hogar". Bahá'u'lláh.

En una "aportación especial" al Informe de Desarrollo Humano de 1994, James Tobin, ganador del Premio Nobel de Economía de 1981, apunta que una "moneda única y permanente" eliminaría gran parte si es que no todas las turbulencias relacionadas con el impresionante cúmulo de especulación que hay en los mercados mundiales. Tras hacer notar que tal moneda única

mundial está aún muy lejos de ser realidad, propone como medida provisional un "impuesto internacional uniforme" para las transacciones cambiarias puntuales.

El principio de la seguridad colectiva fue planteado por Bahá'u'lláh hace ya un siglo en sus cartas dirigidas a los reyes y gobernantes del mundo: "Sed unidos, oh reyes de la tierra, pues en gracia a ello se apaciguará la tempestad de discordias que hay entre vosotros, y vuestros pueblos hallarán descanso, ojalá que fueseis de los que entienden. Si alguno de vosotros tomara las armas contra otro, alzaros todos contra él, pues ello no es sino justicia manifiesta".

Lo cual no significa que la prohibición de estos armamentos deba aguardar al desarrollo completo y despliegue de tal Fuerza. Apoyamos sin reservas los pasos que actualmente vienen dándose para renovar el Tratado

de No Proliferación de Armas Nucleares, así como para establecer una prohibición firme y exhaustiva de las pruebas nucleares, y cuantos esfuerzos vayan encaminados a eliminar las armas nucleares, químicas o biológicas. Igualmente, deben realizarse mayores esfuerzos para restringir el empleo de armas convencionales tales como minas, responsables de muertes indiscriminadas. (Comunidad Internacional Baha'i, Hora Decisiva para todas la Naciones)

La Cumbre Mundial para el Desarrollo Social es en sí misma prueba palpable del fracaso del actual modelo de desarrollo en cuanto garante de la seguridad y bienestar de los pueblos y naciones tanto del Norte como del Sur. La esencia de este modelo fallido se asienta en una arraigada visión materialista del propósito y naturaleza fundamentales de la persona y de la sociedad.

Satisfacer las necesidades materiales, asegurar la educación universal, crear las instituciones democráticas y los códigos de leyes en todos los niveles de nuestra sociedad mundial en aras del progreso económico y de la justicia social; todos éstos son elementos esenciales de un modelo de desarrollo universal digno del siglo XXI. Pero no son suficientes.

Hasta que las necesidades tanto materiales como espirituales y las aspiraciones de las personas no reciban su debido reconocimiento, los esfuerzos por el desarrollo continuarán viéndose frustrados en su mayor parte. La felicidad, la seguridad y bienestar, la cohesión social y la justicia económica no son meros subproductos de los logros materiales. Antes bien, éstos surgen de la interacción entre las satisfacción de las necesidades materiales y sociales y la realización espiritual de la persona.

Al vincular el progreso material a las aspiraciones espirituales fundamentales, y al apelar a los valores universales que permiten a las personas trascender sus intereses más inmediatos, los pueblos de la tierra se verán facultados para traducir los ideales y principios más elevados en actividades constructivas y constantes para su propio bienestar y el de sus comunidades.

Así pues, un modelo que aspire a procurar la prosperidad universal debe tener en cuenta la naturaleza espiritual y material de la persona y de la sociedad, y al mismo tiempo atender a la interdependencia creciente de los pueblos y naciones del planeta. Los Escritos Bahá'ís prevén el surgimiento de un nuevo modelo de desarrollo en que las regiones del mundo se "unan para compartir aquello de lo que las demás carezcan. Esta unión -se nos asegura- traerá consigo la verdadera civilización, aquella en que lo espiritual se expresa y realiza en lo material".

La Comunidad Internacional Bahá'í cree que la Declaración y el Programa de Acción pueden contribuir significativamente a un desarrollo social genuino, como demanda el siglo XXI, a condición de que tanto las necesidades espirituales como materiales y las aspiraciones de los pueblos del mundo reciban cumplido tratamiento.

Hoy en día, a las puertas del nuevo milenio, la marcha hacia la unidad mundial se ha convertido en una de los rasgos dominantes de la vida social. Está surgiendo de manera evidente una conciencia mundial. Crece el número de personas convencidas de que la construcción de un planeta pacífico y justo no sólo es posible, sino que, en verdad, resulta esencial para la supervivencia misma de la humanidad.

Simultáneamente, coexisten sectores significativos de la comunidad mundial entre ellos muchos teóricos sociales, economistas líderes religiosos y seculares, que adoptan el punto de vista según el cual los hombres son seres incorregiblemente egoístas y agresivos, y por tanto incapaces de erigir un orden social pacífico, progresivo y mundial en sus alcances. Tan cínico punto de vista sobre la naturaleza humana, con su corolario de actitudes y comportamientos, ha contribuido enormemente a los males que azotan a la sociedad actual: la pobreza, el desempleo, la lucha social, el consumismo, el nacionalismo chauvinista, la guerra, y la apatía moral y espiritual.

Si la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social ha de "sentar las bases del trabajo de las Naciones Unidas en la esfera del desarrollo social de las generaciones venideras", tal y como el Secretario General de las Naciones Unidas ha sugerido, habrá de examinar las dos cosmovisiones mencionadas, y reconocer en consecuencia que mientras que la primera de ellas proporciona inspiración e impulso a un progreso social sin precedentes, la segunda sólo alienta la sospecha y la división.

Debe lograrse que una manera de pensar y un espíritu integrador nuevos arrojen luz sobre los puntos centrales de la Cumbre. No debe permitirse que el proceso de la Cumbre se desvíe con llamadas a estrechos intereses materiales y nacionales, no importa de qué lado vengan ni en qué términos se expresen. En este punto hará falta practicar una vigilancia constante.

Para superar el particularismo y la mentalidad provinciana se necesitará contar con iniciativas audaces y gran valor por parte del Comité Preparatorio. La responsabilidad por fomentar el bienestar de todos los miembros de una sociedad particular -principio elemental del bienestar social moderno- debe ampliarse hasta abarcar a todos los pueblos de la tierra. Sólo al aceptar el principio de la unidad de la humanidad puede el Comité Preparatorio garantizar que las deliberaciones del proceso preparatorio se centren en el bienestar de la familia humana entera, ampliando el concepto de bienestar social, que de esta manera superaría las fronteras nacionales para aplicarse a la totalidad del mundo. Por lo tanto, urgimos a que el Comité Preparatorio convierta el principio de unidad de la humanidad en el "tema central y vertebrado de la Cumbre", y a que explore sus consecuencias para los pueblos y naciones de la tierra, y a que lo transforme en programas realizables y compromisos prácticos.

La unidad de la humanidad, y su corolario, la unidad en la diversidad, son de aplicación tanto para las personas como para las naciones. Constituye un criterio práctico, y a decir verdad esencial, para el reordenamiento de la vida a escala planetaria. La unidad de la humanidad es tanto una declaración de principio como meta última de la existencia humana.

Implica, pues, mucho más que una predisposición a cooperar; trasluce la añoranza que sienten las personas por un mundo impregnado de tal espíritu de comunidad, compañerismo y compasión, que torna intolerables y en su día impensables la miseria, la degradación, la violencia y la opresión. En un mundo así la paz, la justicia social y económica, la prosperidad y la libertad, estarán a la orden del día. La aceptación creciente de la unidad de la humanidad es la fuerza más poderosa que impulsa al mundo hacia la unidad.

En un mundo cuya interdependencia se intensifica día a día, ya no es posible que un pueblo o una nación logren la prosperidad a expensas de la de otros pueblos y naciones. Por tanto, el avance en los temas centrales de la Cumbre -logro de una integración social duradera, paliación de las causas básicas de la pobreza, y la expansión del empleo productivo y constante- sólo puede conseguirse mediante estrategias y actuaciones que fomenten la unidad interna y externa de las naciones de la tierra. Un compromiso firme con el principio de unidad de la humanidad servirá en gran medida para que el Comité Preparatorio elabore una "estrategia global y un plan de acción “eficaces que brinden respuesta a estos temas centrales.

Indudablemente, la educación y los programas de formación contarán con una presencia significativa en esta estrategia global y plan de acción. Dichos programas deben promover el principio de la unidad de la humanidad y hacer comprender lo inexorable, por más que turbulento, del avance de la civilización hacia una integración global. Sólo en la medida en que los pueblos del planeta hagan suyo este principio, discerniendo en los grandes cambios que afectan a la sociedad los signos de integración, podrán desarrollar su confianza en el futuro, mostrarse dispuestos a sacrificarse por el bien común, y verse facultados para desempeñar un papel activo y constructivo a nivel local, nacional y, finalmente, mundial. La capacidad de pensar globalmente se está convirtiendo en un requisito del desarrollo económico y social de toda nación y pueblo. Pues es en tal reconocimiento en donde arraiga el conocimiento, las actitudes y las destrezas necesarias para operar eficazmente en un mundo que avanza velozmente hacia su integración.

Por consiguiente, la Comunidad Internacional Bahá'í insta a que el Comité Preparatorio rechace las justificaciones de intereses nacionales y materiales de miras cortas, y a que adopte la unidad de la humanidad como piedra de toque moral para la estrategia global y plan de acción para el desarrollo social. La aceptación de tal principio integrador ha de facilitar el descubrimiento y puesta en marcha de soluciones duraderas a los abrumadores problemas sociales que tiene ante sí la Cumbre. Pues únicamente a medida que los pueblos del mundo empiecen a mirar el planeta como un solo hogar y a sus habitantes como un solo pueblo, empezarán a tomar forma la visión, la entereza moral y el compromiso necesarios para enfrentarse a los complejos retos del desarrollo social. Entonces, y sólo entonces, podrá la humanidad erigir un orden social cuyas fronteras sean los confines mismos del planeta. Dirigiéndose a esta época, escribió Bahá'u'lláh escribió: "No te gloríes de que amas tu país, sino de que amas a toda la humanidad". Sobre la Comunidad Internacional Bahá'í Oficina de las Naciones Unidas... ©1997-2001 -- The Bahá'í International Community United Nations Office