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Grupo de Música expresión social y cultural



MARTIN FIERRO

Maria Natal
Licenciatura em política social univer...
Escrito por Maria Natal Guerreiro
el 24/07/2012


.
Este debate sobre "MARTIN FIERRO" es para juntar toda la documentación hasta hoy subida al debate "Un café... Y charlar un rato" y también la que falta...

La importancia desta figura mitica así lo impone... Un debate propio!



Maria Natal Guerreiro
Licenciatura em política social univer...
Escrito por Maria Natal Guerreiro
el 24/07/2012

I


MARTIN FIERRO

Aquí me pongo a cantar

Al compás de la vigüela,

Que el hombre que la desvela

Una pena estrordinaria,

Como la ave solitaria

Con el cantar se consuela.


Pido a los santos del cielo

Que ayuden mi pensamiento;

Les pido en este momento

Que voy a cantar mi historia

Me refresquen la memoria

Y aclaren mi entendimiento.


Vengan santos milagrosos,

Vengan todos en mi ayuda,

Que la lengua se me añuda

Y se me turba la vista;

Pido a mi Dios que me asista

En una ocasión tan ruda.


Yo he visto muchos cantores,

Con famas bien otenidas,

Y que después de alquiridas

No las quieren sustentar:

Parece que sin largar

Se cansaron en partidas


Mas ande otro criollo pasa

Martín Fierro ha de pasar;

Nada lo hace recular

Ni las fantasmas lo espantan;

Y donde todos cantan

Yo también quiero cantar.


Cantando me he de morir,

Cantando me han de enterrar,

Y cantando he de llegar

Al pie del Eterno Padre:

Dende el vientre de mi madre

Vine a este mundo a cantar.




II


Que no se trabe mi lengua

Ni me falte la palabra.

El cantar mi gloria labra,

Y poniéndome a cantar,

Cantando me han de encontrar

Aunque la tierra se abra.


Me siento en el plan de un bajo

A cantar un argumento.

Como si soplara un viento

Hago tiritar los pastos.

Con oros, copas y bastos

Juega allí mi pensamiento.


Yo no soy cantor letrao,

Mas si me pongo a cantar

No tengo cuándo acabar

Y me envejezco cantando;

Las coplas me van brotando

Como agua de manantial.


Con la guitarra en la mano

Ni las moscas se me arriman;

Naides me pone el pie encima,

Y cuando el pecho se entona,

Hago gemir a la prima

Y llorar a la bordona.


Yo soy toro en mi rodeo

Y toraso en rodeo ajeno;

Siempre me tuve por güeno,

Y si me quieren probar,

Salgan otros a cantar

Y veremos quién es menos.


No me hago al lao de la güeya

Aunque vengan degollando;

Con los blandos yo soy blando

Y soy duro con los duros,

Y ninguno en un apuro

Me ha visto andar tutubiando.




III


En el peligro ¡Qué Cristos!

El corazón se me ensancha

Pues toda la tierra es cancha,

Y de esto naides se asombre:

El que se tiene por hombre

Donde quiera hace pata ancha.


Soy gaucho y entiéndanlo

Como mi lengua lo explica,

Para mi la tierra es chica

Y pudiera ser mayor.

Ni la víbora me pica

Ni quema mi frente el sol.


Nací como nace el peje,

En el fondo de la mar;

Naides me puede quitar

Aquello que Dios me dio:

Lo que al mundo truge yo

Del mundo lo he de llevar.


Mi gloria es vivir tan libre

Como el pájaro del cielo;

No hago nido en este suelo,

Ande hay tanto que sufrir

Y naides me ha de seguir

Cuando yo remuento el vuelo.


Yo no tengo en el amor

Quien me venga con querellas;

Como esas aves tan bellas

Que saltan de rama en rama,

Yo hago en el trébol mi cama

Y me cubren las estrellas.


Y sepan cuantos escuchan

De mis penas el relato,

Que nunca peleo ni mato

Sino por necesidá,

Y que a tanta alversidá

Sólo me arrojó el mal trato.


Y atiendan la relación

Que hace un gaucho perseguido,

Que padre y marido ha sido

Empeñoso y diligente,

Y sin embargo la gente

Lo tiene por un bandido.




IV



Ninguno me hable de penas,

Porque yo penando vivo,

Y naides se muestre altivo

Aunque en el estribo esté,

Que suele quedarse a pie

El gaucho más alvertido.


Junta esperiencia en la vida

Hasta pa dar y prestar

Quien la tiene que pasar

Entre sufrimiento y llanto,

Porque nada enseña tanto

Como el sufrir y el llorar.


Viene el hombre ciego al mundo,

Convirtiéndolo la esperanza,

Y a poco andar ya lo alcanzan

Las desgracias a empujones.

¡La pucha! Que trae liciones

El tiempo con sus mudanzas.


Yo he conocido esta tierra

En que el paisano vivía

Y su ranchito tenía

Y sus hijos y mujer…

Era una delicia el ver

Cómo pasaba sus días.


Entonces… cuando el lucero

Brillaba en el cielo santo

Y los gallos con su canto

Nos decían que el día llegaba,

A la cocina rumbiaba

El gaucho… que era un encanto.


Y sentao junto al jogón

A esperar que venga el día,

Al cimarrón le prendía

Hasta ponerse rechoncho,

Mientras su china dormía

Tapadita con su poncho.




V



Y apenas la madrugada

Empezaba a coloriar,

Los pájaros a cantar

Y las gallinas a apiarse,

Era cosa de largarse

Cada cual a trabajar.


Éste se ata las espuelas,

Se sale el otro cantando,

Uno busca un pellón blando;

éste, un lazo; otro, un rebenque,

Y los pingos, relinchando,

Los llaman dende el palenque.


El que era pion domador

Enderezaba al corral,

Ande estaba el animal

Bufidos que se las pela…

Y más malo que su agüela

Se hacía astillas el bagual.


Y allí el gaucho inteligente

En cuanto el potro enriendó

Los cueros le acomodó

Y se le sentó en seguida,

Que el hombre muestra en la vida

La astucia que el Dios le dio.


Y en las playas corcobiando

Pedazos se hacía el sotreta,

Mientras él por las paletas

Le jugaba las lloronas,

Y al ruido de las caronas

Salía haciéndose gambetas.


¡Ah tiempos!... Si era un orgullo

Ver ginetiar un paisano.

Cuando era gaucho vaquiano,

Aunque el potro se boliase,

No había uno que no parase

Con el cabresto en la mano.




VI



Y mientras domaban unos,

Otros al campo salían,

Y la hacienda recogían,

Las manadas repuntaban

Y ansí sin sentir pasaban

Entretenidos el día.


Y verlos al cair la noche

En la cocina reunidos,

Con el juego bien prendido

Y mil cosas que contar,

Platicar muy divertidos

Hasta después de cenar.


Y con el buche bien lleno,

Era cosa superior

Irse en brazos del amor

A dormir como la gente,

Pa empezar al día siguiente

Las fainas del día anterior.


Ricuerdo… ¡Qué maravilla!

Cómo andaba la gauchada,

Siempre alegre y bien montada

Y dispuesta pa el trabajo.

Pero hoy en el día… ¡Barajo!

No se le ve la aporriada.


El gaucho más infeliz

Tenía tropilla de un pelo,

No le faltaba el consuelo

Y andaba la gente lista…

Tendiendo al campo la vista,

Sólo vía hacienda y cielo.


Cuando llegaban las yerras,

¡Cosa que daba calor!

Tanto gaucho pialador

Y tironiador sin yel.

¡Ah tiempos!... Pero si en él

Se ha visto tanto primor.



VII



Venía la carne con cuero,

La sabrosa carbonada,

Mazamorra bien pisada,

Los pasteles y el buen vino…

Pero ha querido el destino

Que todo aquello acabara.


Estaba el gaucho en su pago

Con toda siguridá;

Pero aura… ¡Barbaridad!

La cosa anda tan fruncida,

Que gasta el pobre la vida

En juir de la autoridà.


Pues si usté pisa en su rancho

Y si el alcalde lo sabe,

Lo caza lo mesmo que ave,

Aunque su mujer aborte…

No hay tiempo que no se acabe

Ni tiento que no se corte.


Y al punto dese por muerto

Si el alcalde lo bolea;

Pues ay nomás se le apea

Con una felpa de palos.

Y después dicen que es malo

El gaucho si los pelea.


Y el lomo le hinchan a golpes

Y le rompen la cabeza,

Y luego, con ligereza

Ansí lastimao y todo,

Lo amarran codo con codo

Y pa el cepo lo enderiezan.


Ay comienzan sus desgracias,

Ay principia el pericón;

Porque ya no hay salvación,

Y que usté quiera o no quiera,

Lo mandan a la frontera

O lo echan a un batallón.




FUENTE: SEREXISTENCIAL

Maria Natal Guerreiro
Licenciatura em política social univer...
Escrito por Maria Natal Guerreiro
el 24/07/2012


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TEXTO SUBIDO POR NUESTRA QUERIDA AMIGA:



MARIA DEL CARMEN BALMACEDA ARGUELLO


Martín Fierro

El Libro se divide en dos partes, una Primera Edición "El Gaucho Martín Fierro", la cual José Hernández comienza a escribir en el año 1872, y una Segunda Edición, "La Vuelta de Martín Fierro" que la comienza en 1879.

El gaucho Martín Fierro

Martín Fierro es un poema narrativo de José Hernández, obra literaria considerada ejemplar del género gauchesco en Argentina. Se publicó en 1872 con el título El Gaucho Martín Fierro.

Narra el carácter independiente, heroico y sacrificado del gaucho. El poema es, en parte, una protesta en contra de las tendencias europeas y modernas del presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento.

Consta de trece capítulos: I Cantor y Gaucho, II Ayer y Hoy, III Sirviendo en la frontera, IV El pulpero. A buena cuenta. , V Gringos en la frontera. La estaquiada. , VI Desertor. Las ruinas del rancho. , VII Pelea con el moreno. , VIII El ser gaucho es un delito. , IX Matreriando. La lucha con la partida. , X Por culpa de una mujer. , XI A bailar un pericón. , XII Ansí estuve en la partida. , y XIII A los indios me refalo.

Leopoldo Lugones, en su obra literaria El payador calificó a este poema como "el libro nacional de los argentinos" y reconoció al gaucho su calidad de genuino representante del país, emblema de la argentinidad. Para Ricardo Rojas representaba el clásico argentino por antonomasia. El gaucho dejaba de ser un hombre "fuera de la ley" para convertirse en héroe nacional. Leopoldo Marechal, en un ensayo titulado Simbolismos del "Martín Fierro" le buscó una clave alegórica. José María Rosa vio en el " Martín Fierro " una interpretación de la historia argentina.

Este libro ha aparecido literalmente en cientos de ediciones y fue traducido a más de 70 idiomas.

En El Gaucho Martín Fierro , el protagonista es un gaucho reclutado para servir en un fortín, defendiendo la frontera argentina contra los indígenas. Su vida de pobreza en las pampas es – algo muy frecuente en la literatura de la época – romantizada; sus experiencias militares no lo son. Despues Fierro se convierte en un fugitivo perseguido por la policía. Estando en batalla contra ellos, consigue un compañero: el Sargento Cruz,que inspirado por la valentía de Fierro se une a él en medio de una batalla. Ambos se ponen en camino para vivir entre los indios, esperando encontrar allí una vida mejor. Así, concluyendo en que es mejor vivir con los salvajes que en lo que la 'civilización' les preparaba.




Aún se especula si existió efectivamente un gaucho llamado Martín Fierro en el pago y hacia el tiempo en que Hernández sitúa su poema-novela, algunos aducen que efectivamente por la zona del Tuyú e incluso de la entonces llamada Lobería Grande (actual ciudad de Mar del Plata) lugar en donde los Hernández llegaron a poseer una estancia y donde el autor pasó gran parte de su niñez y juventud, vivió un gaucho "matrero" (rebelde) con ese nombre y ese apellido (bastante comunes); la mayoría de los críticos literarios y gran parte de los historiadores sin embargo suponen al personaje del poema como un sujeto ideal y paradigmático de los gauchos hasta los años 1880, téngase en cuenta que el gaucho Don Segundo Sombra existió realmente más allá de su literaturización; en todo caso en la Costa Atlántica bonaerense, entre los cardales, dunas y, sobre todo, los densos bosquecillos de curru mamil que se encontraban en torno a la que luego sería Mar del Plata; está documentado, sobre todo tras la batalla de Caseros y en tiempos de la Guerra de la Triple Alianza, se refugiaban muchos gauchos tenidos por "vagos" (sin papeleta de "conchabo") y "malentretenidos".

José Hernández era hijo de Rafael Hernández e Isabel Pueyrredón – sobrina de Juan Martín de Pueyrredón. Pasó sus primeros años de vida en este lugar, que debe abandonar en 1840, ya que su familia debió trasladarse al interior de la provincia, por razones laborales.

Demostró ambición por el estudio en la instrucción primaria, pero debió abandonar por causas de una enfermedad repentina y se marchó al campo en busca de salud. Desde entonces todo lo aprendió por esfuerzo personal: observador entusiasta de los rudos trabajos de ganadería que dirigía el padre y desempeñaban los gauchos, también él participó de estas tareas. Siendo joven entró en contacto con el estilo de vida, la lengua y los códigos de honor de los gauchos.

Fue un autodidacto y, a través de sus numerosas lecturas, adquirió firmes ideas políticas. Entre 1852 y 1872, época de gran agitación política, defendió la postura de que las provincias no debían permanecer ligadas a las autoridades centrales establecidas en Buenos Aires.

Participó en una de las últimas rebeliones federales, la de Ricardo López Jordán, un importante movimiento cuya primera rebelión finalizó en 1871 con la derrota de los gauchos y el exilio de Hernández en el Brasil. Después de esta revolución, siguió siendo por corto tiempo asesor del general revolucionario, pero con el tiempo se distanció de él.

A su regreso a la Argentina, en 1872, continuó su lucha por medio del periodismo. También desempeñó los cargos de Diputado y Senador de la provincia de Buenos Aires. Ocupando este último cargo, defendió la federalización de Buenos Aires en un memorable discurso, enfrentándose a Leandro N. Alem.

Pero fue, sin embargo, a través de su poesía como consiguió un gran eco para sus propuestas, y la más valiosa contribución a la causa de los gauchos.




[ https://grupos.emagister.com/video/martin_fierro_un_padre_que_da_consejos/33751-1050243



Un padre que da consejos,
Más que padre es un amigo.
Ansí, como tal les digo
Que vivan con precaución:
Naides sabe en qué rincón
Se oculta el que es su enemigo.

Yo nunca tuve otra escuela
Que una vida desgraciada.
No estrañen si en la jugada
Alguna vez me equivoco,
Pues debe saber muy poco
Aquel que no aprendió nada.

Hay hombres que de su cencia
Tienen la cabeza llena;
Hay sabios de todas menas
Mas digo, sin ser muy ducho:
Es mejor que aprender mucho
El aprender cosas buenas.

Su esperanza no la cifren
Nunca en corazón alguno,
En el mayor infortunio
Pongan su confianza en Dios;
De los hombres, sólo en uno;
Con gran precaución, en dos.

Las faltas no tienen límites
Como tienen los terrenos;
Se encuentran en los más buenos,
Y es justo que les prevenga.
Aquel que defectos tenga,
Disimule los agenos.

Al que es amigo, jamás
Lo dejen en la estacada
Pero no le pidan nada
Ni lo aguarden todo de él:
Siempre el amigo más fiel
Es una conduta honrada.

Ni el miedo, ni la codicia
Es bueno que a uno lo asalten;
Ansí no se sobresalten
Por los bienes que perezcan.
Al rico nunca le ofrezcan
Y al pobre jamás le falten.

Bien lo pasa hasta entre pampas
El que respeta a la gente.
El hombre ha de ser prudente
Para librarse de enojos;
Cauteloso entre los flojos,
Moderao entre valientes.

Debe trabajar el hombre
Para ganarse su pan,
Pues la miseria, en su afán
De perseguir de mil modos,
Llama en la puerta de todos
Y entra en la del haragán.

Para vencer un peligro,
Salvar de cualquier abismo,
Por esperencia lo afirmo:
Más que el sable y que la lanza
Suele servir la confianza
Que el hombre tiene en sí mismo.

Nace el hombre con la astucia
Que ha de servirle de gula;
Sin ella sucumbiría;
Pero, sigún mi esperencia,
Se vuelve en unos prudencia
Y en los otros picardía.

Muchas cosas pierde el hombre
Que a veces las vuelve a hallar;
Pero les debo enseñar,
Y es bueno que lo recuerden:
Si la vergüenza se pierde,
Jamás se vuelve a encontrar.

Los hermanos sean unidos,
Porque ésa es la ley primera;
Tengan unión verdadera
En cualquier tiempo que sea,
Porque si entre ellos pelean
Los devoran los de ajuera.

Respeten a los ancianos,
El burlarlos no es hazaña;
Si andan entre gente estraña
Deben ser muy precabidos,
Pues por igual es tenido
Quien con malos se acompaña.

La cigüeña, cuando es vieja,
Pierde la vista, y procuran
Cuidarla en su edá madura
Todas sus hijas pequeñas.
Apriendande las cigüeñas
Este ejemplo de ternura.


Procuren de no perder
Ni el tiempo ni la vergüenza;
Como todo hombre que piensa
Procedan siempre con juicio,
Y sepan que ningún vicio
Acaba donde comienza.

Ave de pico encorvado,
Le tiene al robo afición;
Pero el hombre de razón
No roba jamás un cobre,
Pues no es vergüenza ser pobre
Y es vergüenza ser ladrón.


Es siempre, en toda ocasión
El trago el pior enemigo.
Con cariño se los digo,
Recuerdenló con cuidado:
Aquel que ofiende embriagado
Merece doble castigo.

Si entregan su corazón
A alguna muger querida,
No le hagan una partida
Que la ofienda a la mujer:
Siempre los ha de perder
Una mujer ofendida.

Procuren, si son cantores,
El cantar con sentimiento,
No tiemplen el estrumento
Por sólo el gusto de hablar,
Y acostúmbrense a cantar
En cosas de jundamento.

Estas cosas y otras muchas
Medité en mil soledades;
Sepan que no hay falsedades
Ni error en estos consejos:
Es de la boca del viejo
De ande salen las verdades.




Maria Natal Guerreiro
Licenciatura em política social univer...
Escrito por Maria Natal Guerreiro
el 24/07/2012



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TEXTO SUBIDO POR NUESTRA QUERIDA AMIGA:



MARIA DEL CARMEN BALMACEDA ARGUELLO


La Vuelta de Martín Fierro

La vuelta de Martín Fierro es un libro gauchesco argentino, escrito en verso por José Hernández en 1879. Constituye la secuela de El Gaucho Martín Fierro , escrito en 1872. Ambos libros han sido considerados como libro nacional de la Argentina, bajo el título genérico de "el Martín Fierro". En "la vuelta", Martín Fierro, quien se había mostrado rebelde en la primera parte y convertido en gaucho matrero (fuera de la ley), aparece más reflexivo y moderado, a la vez que el libro se vuelca a la historia de sus hijos.

En tanto que la primera parte, El Gaucho Martín Fierro , había terminado con Fierro y su compañero Cruz, huyendo al desierto para vivir con los indios, la vuelta, comienza con el relato de ellos dos viviendo en las tolderías mapuches. Allí Cruz muere de viruela y Martín Fierro conoce a la "Cautiva", una mujer criolla que había sido tomada por los mapuches. Finalmente Martín Fierro se enfrenta con uno de los indios que lo hospedaba, matándolo y regresando a la Argentina con la Cautiva, a quien deja en una estancia para seguir solo su camino. En una pulpería encontrará a sus hijos, al hijo de Cruz y al hermano menor del gaucho negro que asesinara en la primera parte, con quien mantendrá una famosa payada.

Entre los momentos más destacados y conocidos de "la vuelta" se encuentran, además de la payada con el negro, los famosos consejos del Viejo Vizcacha. También aquí se encuentran, probablemente la estrofa más conocida de ambos libros:

Los hermanos sean unidos
porque ésa es la ley primera,
tengan unión verdadera,
en cualquier tiempo que sea,
porque si entre ellos pelean
los devoran los de ajuera.

Los numerosos análisis del Martín Fierro han destacado, tanto las diferencias psicológicas del personaje, como los cambios del propio José Hernández entre los siete años que van de la publicación de "la ida" y "la vuelta" de Martín Fierro.

En cuanto al personaje de Martín Fierro, en la primera parte, luego de haber sido reclutado por la fuerza, aquel rompió completamente con la "civilización", asesinando a un gaucho negro, enfrentándose con la policía y finalmente excluyéndose totalmente de la sociedad premoderna de la Argentina de entonces, para irse a vivir con los indios mapuche en la pampa. En la segunda parte, en cambio Martín Fierro parece revalorizar una sociedad en transformación (en ese momento el país iniciaba su modernización capitalista y el ingreso de millones de inmigrantes provenientes mayoritariamente de Italia), haber superado su rebeldía rupturista y orientarse más hacia el futuro de sus hijos.

En el año 2007, en el marco de la Feria del Libro de Buenos Aires, el Museo del Dibujo y la Ilustración presentó su muestra "Martín Fierro: Contrapunto y algo más"; en la cual se podía apreciar la visión de los ilustradores sobre los hechos relatados por José Hernández. En la misma se expusieron originales realizados para las diferentes ediciones de Martín Fierro. Se exhibieron obras de Adolfo Belloc, Carlos Alonso, Juan Carlos Castagnino, Aída Carballo, Norberto Onofrio, Eleodoro Marenco y otros 20 artistas.


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Maria Natal Guerreiro
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Escrito por Maria Natal Guerreiro
el 24/07/2012


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Imagen ya posteada, en este debate, por Maria Del Carmen


COMPARTO ESTE ENLACE SOBRE MARTÍN FIERRO:


El Gaucho Martin Fierro

y

La Vuelta de Martin Fierro



https://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/literaturaargentina/josehernandez/MartinFierro/index. Asp

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Maria Natal Guerreiro
Licenciatura em política social univer...
Escrito por Maria Natal Guerreiro
el 24/07/2012


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Continuación con los versos "Martín Fierro"



VIII


Ansí empezaron mis males,

Lo mesmo que los de tantos.

Si gustan… en otros cantos

Les diré lo que he sufrido.

Después que uno está perdido

No lo salvan ni los santos.


III


Tuve en mi pago en un tiempo

Hijos, hacienda y mujer,

Pero empecé a padecer,

Me echaron a la frontera,

¡Y qué iba a hallar al volver!

Tan sólo hallé la tapera.


Sosegao vivía en mi rancho,

Como el pájaro en su nido.

Allí mis hijos queridos

Iban creciendo a mi lao…

Sólo queda al desgraciao

Lamentar el bien perdido.


Mi gala en las pulperías

Era, cuando había más gente,

Ponerme medio caliente,

Pues cuando puntiao me encuentro

Me salen coplas de adentro

Como agua de la virtiente.


Cantando estaba una vez

En una gran diversión,

Y aprovechó la ocasión

Cuando quiso el juez de paz

Se presentó y ay nomás

Hizo una arriada en montón.


Juyeron los más matreros

Y lograron escapar.

Yo no quise disparar,

Soy manso y no había por qué.

Muy tranquilo me quedé

Y ansí me deje agarrar.



IX



Allí un gringo con un órgano

Y una mona que bailaba

Haciéndonos raír estaba

Cuando le tocó el arreo.

¡Tan grande el gringo y tan feo!

¡Lo viera cómo lloraba!


Hasta un inglés sangiador

Que decía en la última guerra

Que él era de Inca-la-perra

Y que no quería servir,

Tuvo también que juir

A guarecerse en la sierra.


Ni los mirones salvaron

De esa arriada de mi flor;

Fue acoyarao el cantor

Con el gringo de la mona;

A uno solo, por favor,

Logró salvar la patrona.


Formaron un contingente

Con los que en el baile arriaron;

Con otros nos mesturaron,

Que habían agarrao también.

Las cosas que aquí se ven

Ni los diablos las pensaron.


A mí el juez me tomó entre ojos

En la última votación.

Me le había hecho el remolón

Y no me arrimé ese día,

Y él dijo que yo servía

A los de la esposición.


Y ansí sufrí ese castigo

Tal vez por culpas agenas.

Que sean malas o sean güeñas

Las listas, siempre me escondo.

Yo soy un gaucho redondo

Y esas cosas no me enllenan.



X



Al mandarnos nos hicieron

Más promesas que a un altar.

El juez nos jue a ploclamar

Y nos dijo muchas veces:

--“Muchachos, a los seis meses

Los van a revelar. ”


Yo llevé un moro de número

¡Sobresaliente el matucho!

Con él gané en Ayacucho

Más plata que agua bendita.

Siempre el gaucho necesita

Un pingo pa fiarle un pucho.


Y cargué sin darle más güeltas

Con las prendas que tenía.

Gergas, poncho, cuanto había

En casa, tuito lo alcé.

A mi china la dejé

Medio desnuda ese día.


No me faltaba una guasca;

Esa ocasión eché el resto:

Bozal, maniador, cabresto,

Lazo, bolas y manea…

¡El que hoy tan pobre me vea

Tal vez no creerá todo esto!


Ansí en mi moro escarciando

Enderesé a la frontera.

¡Aparcero! , si usté viera

Lo que se llama cantón…

Ni envidia le tengo al ratón

En aquella ratonera.


De los pobres que allí había

A ninguno lo largaron;

Los más viejos resongaron,

Pero a uno que se quejó,

En seguida lo estaquiaron

Y la cosa se acabó.



XI



En la lista de la tarde

El jefe nos cantó el punto,

Diciendo: --“Quinientos juntos

Llevará el que se resierte;

Lo haremos pitar del juerte;

Más bien dese por dijunto. ”


A naides le dieron armas,

Pues toditas las que había

El coronel las tenía,

Según dijo esa ocasión,

Pa repartirlas el día

En que hubiera una invasión.


Al principio nos dejaron

De haraganes, criando sebo,

Pero después… no me atrevo

A decir lo que pasaba…

¡Barajo!... Si nos trataban

Como se trata a malevos.


Porque todo era jugarle

Por los lomos con la espada,

Y aunque usté no hiciera nada,

Lo mesmito que en Palermo,

Le daban cada capiada

Que lo dejaban enfermo.


Y ¡Qué indios ni qué servicio!

¡Si allí no había ni cuartel!

Nos mandaba el coronel

A trabajar en sus chacras,

Y dejábamos las vacas

Que las llevara el infiel.


Yo primero sembré trigo

Y después hice un corral;

Corté adobe pa un tapial,

Hice un quincho, corté paja…

¡La pucha que se trabaja

Sin que le larguen ni un rial!



XII



Y es lo pior de aquel enriedo

Que si uno anda hinchando el lomo

Se le apean como un plomo…

¡Quién aguanta aquel infierno!

Y eso es servir al Gobierno

A mí no me gusta el cómo.


Más de un año nos tuvieron

En esos trabajos duros;

Y los indios, le asiguro,

Dentraban cuando querían,

Como no los perseguían

Siempre andaban sin apuro.


A veces decía al volver

Del campo la descubierta

Que estuviéramos alerta,

Que andaba adentro la indiada,

Porque había una rastrillada

O estaba una yegua muerta.


Recién entonces salía

La orden de hacer la reunión,

Y cáibamos al cantón

En pelos y hasta enancaos;

Sin armas, cuatro pelaos

Que ívamos a hacer jabón.


Ay empezaba el afán,

Se entiende, de puro vicio,

De enseñarle el ejercicio

A tanto gaucho recluta

Con un estrutor… ¡Qué… bruta!,

Que nunca sabía su oficio.




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Maria Natal Guerreiro
Licenciatura em política social univer...
Escrito por Maria Natal Guerreiro
el 24/07/2012



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Maria Natal Guerreiro
Licenciatura em política social univer...
Escrito por Maria Natal Guerreiro
el 24/07/2012
MARTIN FIERRO
A quí me pongo a cantar
Al compás de la vigüela,
Que el hombre que lo desvela
Una pena estraordinaria
Como la ave solitaria
Con el cantar se consuela.

Pido a los Santos del Cielo
Que ayuden mi pensamiento;
Les pido en este momento
Que voy a cantar mi historia
Me refresquen la memoria
Y aclaren mi entendimiento.

Vengan Santos milagrosos,
Vengan todos en mi ayuda,
Que la lengua se me añuda
Y se me turba la vista;
Pido a Dios que me asista
En una ocasión tan ruda.

Yo he visto muchos cantores,
Con famas bien obtenidas,
Y que después de adquiridas
No las quieren sustentar
Parece que sin largar
se cansaron en partidas.


Martin Fierro
Mas ande otro criollo pasa
Martín Fierro ha de pasar;
nada lo hace recular
ni los fantasmas lo espantan,
y dende que todos cantan
yo también quiero cantar.

Cantando me he de morir
Cantando me han de enterrar,
Y cantando he de llegar
Al pie del eterno padre:
Dende el vientre de mi madre
Vine a este mundo a cantar.

Que no se trabe mi lengua
Ni me falte la palabra:
El cantar mi gloria labra
Y poniéndome a cantar,
Cantando me han de encontrar
Aunque la tierra se abra.

Me siento en el plan de un bajo
A cantar un argumento:
Como si soplara el viento
Hago tiritar los pastos;
Con oros, copas y bastos
Juega allí mi pensamiento.

Yo no soy cantor letrao,
Mas si me pongo a cantar
No tengo cuándo acabar
Y me envejezco cantando:
Las coplas me van brotando
Como agua de manantial.

Con la guitarra en la mano
Ni las moscas se me arriman,
Naides me pone el pie encima,
Y cuando el pecho se entona,
Hago gemir a la prima
Y llorar a la bordona.

Yo soy toro en mi rodeo
Y torazo en rodeo ajeno;
Siempre me tuve por güeno
Y si me quieren probar,
Salgan otros a cantar
Y veremos quién es menos.

No me hago al lao de la güeya
Aunque vengan degollando,
Con los blandos yo soy blando
Y soy duro con los duros,
Y ninguno en un apuro
Me ha visto andar tutubiando.

En el peligro, ¡Qué Cristos!
El corazón se me enancha,
Pues toda la tierra es cancha,
Y de eso naides se asombre:
El que se tiene por hombre
Ande quiere hace pata ancha.

Soy gaucho, y entiendaló
Como mi lengua lo esplica:
Para mí la tierra es chica
Y pudiera ser mayor;
Ni la víbora me pica
Ni quema mi frente el sol.

Nací como nace el peje
En el fondo de la mar;
Naides me puede quitar
Aquello que Dios me dio
Lo que al mundo truje yo
Del mundo lo he de llevar.

Mi gloria es vivir tan libre
Como el pájaro del cielo:
No hago nido en este suelo
Ande hay tanto que sufrir,
Y naides me ha de seguir
Cuando yo remuento el vuelo.

Yo no tengo en el amor
Quien me venga con querellas;
Como esas aves tan bellas
Que saltan de rama en rama,
Yo hago en el trébol mi cama,
Y me cubren las estrellas.

Y sepan cuantos escuchan
De mis penas el relato,
Que nunca peleo ni mato
Sino por necesidá,
Y que a tanta alversidá
Sólo me arrojó el mal trato

Y atiendan la relación
que hace un gaucho perseguido,
que padre y marido ha sido
empeñoso y diligente,
y sin embargo la gente
lo tiene por un bandido.



Martin Fierro


Fuente:



https://www.literatura.org/Fierro/mf1. Html


Maria Natal Guerreiro
Licenciatura em política social univer...
Escrito por Maria Natal Guerreiro
el 24/07/2012

CONSEJOS DE MARTIN FIERRO


Material compilado y revisado por la educadora argentina Nidia Cobiella ( NidiaCobiella@RedArgentina. Com )

El "Martín Fierro" de José Hernández ha sido fuente de extracción de refranes, especialmente los "Consejos de Martín Fierro a sus hijos", con la intención de que ellos eviten los males por los que ha pasado su padre, un gaucho que por las circunstancias adversas que debió enfrentar, se convirtió en desertor, perseguido y matrero.

"Consejos de Martín Fierro a sus hijos"

CANTO XXXII (Segunda Parte)


Un padre que da consejos
Más que padre es un amigo,
Ansí como tal les digo
Que vivan con precaución-
Naides sabe en qué rincón
Se oculta el que es su enemigo.

Yo nunca tuve otra escuela
Que una vida desgraciada-
No extrañen si en la jugada
Alguna vez me equivoco-
Pues ha de saber muy poco
Aquél que no aprendió nada.

Hay hombres que de su cencia
Tienen la cabeza llena;
Hay sabios de todas menas,
Mas digo sin ser muy ducho:
Es mejor que aprender mucho
El aprender cosas buenas.

No aprovechan los trabajos
Si no han de enseñarnos nada-
El hombre, de una mirada
Todo ha de verlo al momento-
El primer conocimiento
Es conocer cuándo enfada.

Su esperanza no la cifren
Nunca en corazón alguno-
En el mayor infortunio
Pongan su confianza en Dios-
De los hombres, sólo en uno,
Con gran precaución en dos-

Las faltas no tienen límites
Como tienen los terrenos-
Se encuentran en los más buenos,
Y es justo que les prevenga;-
Aquél que defectos tenga,
Disimule los ajenos-

Al que es amigo, jamás
Lo dejen en la estacada,
Pero no le pidan nada
Ni lo aguarden todo de él-
Siempre el amigo más fiel
es una conducta honrada.

Ni el miedo ni la codicia
Es bueno que a uno le asalten-
Ansí no se sobresalten
por los bienes que perezcan,
Al rico nunca le ofrezcan
Y al pobre nunca le falten.

Bien lo pasa hasta entre Pampas
El que respeta a la gente-
El hombre ha de ser prudente
Para librarse de enojos-
Cauteloso entre los flojos
Moderado entre valientes.

El trabajar es la ley
Porque es preciso alquirir-
No se expongan a sufrir
Una triste situación-
Sangra mucho el corazón
Del que tiene que pedir.

Debe trabajar el hombre
Para ganarse su pan;
Pues la miseria en su afán
De perseguir de mil modos-
Llama en la puerta de todos
Y entra en la del haragán.

A ningún hombre amenacen
Porque naides se acobarda-
Poco en conocerlo tarda
Quien amenaza imprudente-
Que hay un peligro presente
Y otro peligro que aguarda.

Para vencer un peligro,
Salvar de cuelquier abismo,
Por experiencia lo afirmo,
Más que el sable y que la lanza-
Suele servir la confianza
Que el hombre tiene en sí mismo.

Nace el hombre con la astucia
Que ha de servirle de guía-
Sin ella sucumbiría,
Pero sigún mi esperiencia-
Se vuelve en unos prudencia
Y en los otros picardía.

Aprovecha la ocasión
El hombre que es diligente-
Y téngalo bien presente,
Si al compararla no yerro-
La ocasión es como el fierro
Se ha de machacar caliente.

Muchas cosas pierde el hombre
Que a veces las vuelve a hallar-
Pero les debo enseñar
Y es bueno que lo recuerden-
Si la vergüenza se pierde
Jamás se vuelve a encontrar.

Los hermanos sean unidos,
Porque ésa es la ley primera.
Tengan unión verdadera
En cualquier tiempo que sea-
Porque si entre ellos pelean
Los devoran los de ajuera.

Respeten a los ancianos,
El burlarlos no es hazaña-
Si andan entre gente estraña
Deben ser muy precavidos-
Pues por igual es tenido
Quien con malos se acompaña.

La cigüeña cuando es vieja
Pierde la vista, -y procurar
Cuidarla en su edad madura
Todas sus hijas pequeñas-
Apriendan de las cigüeñas
Este ejemplo de ternura.

Si les hacen una ofensa,
Aunque la echen en olvido,
Vivan siempre prevenidos;
Pues ciertamente sucede-
Que hablará muy mal de ustedes
Aquel que los ha ofendido.

El que obedeciendo vive
Nunca tiene suerte blanda-
Mas con su soberbia agranda
El rigor en que padece-
Obedezca el que obedece
Y será bueno el que manda.

Procuren de no perder
Ni el tiempo ni la vergüenza-
Como todo hombre que piensa
Proceder siempre con juicio-
Y sepan que ningún vicio
Acaba donde comienza.

Ave de pico encorvado
Le tiene al robo afición-
Pero el hombre de razón
No roba jamás un cobre-
Pues no es vergüenza ser pobre
Y es vergüenza ser ladrón.

El hombre no mate al hombre
Ni pelee por fantasía-
Tiene en la desgracia mía
Un espejo en qué mirarse-
Saber el hombre guardarse
Es la gran sabiduría.

La sangre que se redama
No se olvida hasta la muerte-
La impresión es de tal suerte,
Que a mi pesar no lo niego-
Cai como gotas de fuego
En el alma del que la vierte.

Es siempre en toda ocasión
El trago el pior enemigo-
Con cariño se los digo,
Recuérdenlo con cuidado-
Aquél que ofende embriagado
Merece doble castigo-.

Si se arma algún revolutis
Siempre han de ser los primeros-
No se muestren altaneros
Aunque la razón les sobre-
En la barba de los pobres
Aprienden pa ser barberos.

Si entriegan su corazón
A alguna mujer querida,
No le hagan una partida
Que la ofienda a la mujer-
Siempre los ha de perder
Una mujer ofendida.

Procuren si son cantores,
El cantar con sentimiento,
Ni tiemplen el instrumento
Por sólo el gusto de hablar-
Y acostúmbrense a cantar
En cosas de jundamento.

Y les doy estos consejos
Que me han costado alquirirlos,
Porque deseo dirijirlos,
Pero no alcanza mi cencia-
Hasta darles la prudencia
Que precisan pa seguirlos.

Estas cosas y otras muchas,
Medité en mis soledades-
Sepan que no hay falsedades
Ni error en estos consejos-
Es de la boca del viejo
De ande salen las verdades.


Consejos de Martín Fierro | Consejos del Viejo Vizcacha



Fuente:

https://www.redargentina.com/refranes/consejosfierro. Asp





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poema con el entretenimiento

Maria Natal Guerreiro
Licenciatura em política social univer...
Escrito por Maria Natal Guerreiro
el 24/07/2012



TEXTO SUBIDO POR NUESTRA QUERIDA AMIGA:



MARIA DEL CARMEN BALMACEDA ARGUELLO


Consejos de Martín Fierro a sus hijos

Un padre que da consejos
Más que padre es un amigo;
Ansi, como tales digo
Que vivan con precaución:
Naides sabe en qué rincón
Se oculta el que es su enemigo.

Yo nunca tuve otra escuela
Que una vida desgraciada;
No estrafien si en la jugada
Alguna vez me equivoco
Pues debe saber muy poca
Aquel que no aprendió nada.

Hay hombres que de su cencia
Tienen la cabeza llena;
Hay sabios de todas menas,
Mas digo, sin ser muy ducho:
Es mejor que aprender mucho
El aprender cosas buenas.

No aprovechan los trabajos
Si no han de enseñarnos nada;
El hombre, de una mirada
Todo ha de verlo al momento:
El primer, conocimiento
Es conocer cuándo enfada.

Su esperanza no la cifren
Nunca en corazón alguno;
En el mayor infortunio
Pongan su confianza en Dios;
Los hombres, sólo en uno,
Con gran precaución, en dos.

Las faltas no tienen límites
Como tienen los terrenos,
Se encuentran en los más buenos,
Y es justo que les prevenga:
Aquel que defetos tenga
Disimule los agenos.

Al que es amigo, jamás
Lo dejen en la estacada;
Pero no le pidan nada
Ni lo aguarden todo de él:
Siempre el amigo más fiel
Es una conduta honrada.

Ni el miedo ni la codicia
Es bueno que a uno lo asalten,
Ansí, no se sobresalten
Por los bienes que perezcan,
Al rico nunca le ofrezcan
Y al pobre jamás le falten.

Bien lo pasa hasta entre pampas
El que respeta a la gente;
El hombre ha de ser prudente
Para librarse de enojos;
Cauteloso entre los flojos,
Moderado entre valientes.

El trabajar es la ley,
Porque es preciso alquirir;
No se espongan a sufrir
Una triste situación:
Sangra mucho el corazón
Del que tiene que pedir.

Debe trabajar el hombre
Para ganarse su pan;
Pues la miseria, en su afán
De perseguir de mil modos,
Llama en la puerta de todos
Y entra en la del haragán.

A ningún hombre amenacen
Porque naides se acobarda,
Poco en conocerlo tarda
Quien amenaza imprudente,
Que hay un peligro presente
Y otro peligro se aguarda.

Para vencer un peligro,
Salvar de cualquier abismo,
Por esperencia lo afirmo:
Más que el sable y que la lanza
Suele servir la confianza
Que el hombre tiene en sí mismo.

Nace el hombre con la astucia
Que ha de servirle de guía,
Sin ella sucumbiría,
Pero, sigún mi esperencia,
Se vuelve en unos prudencia
Y en los otros picardía.

Aprovecha la ocasión
El hombre que es diligente;
Y téngalo bien presente
Si al compararla no yerro
La ocasión es como el fierro,
Se ha de machacar caliente.

Muchas cosas pierde el hombre
Que a veces las vuelve a hallar;
Pero les debo enseñar,
Y es bueno que lo recuerden:
Si la vergüenza se pierde
Jamás se vuelve a encontrar.

Los hermanos sean unidos,
Porque ésa es la ley primera;
Tengan unión verdadera
En cualquier tiempo que sea,
Porque si entre ellos pelean
Los devoran los de ajuera.

Respeten a los ancianos,
El burlarlos no es hazaña;
Si andan entre gente estraña
Deben ser muy precavidos,
Pues por igual es tenido
Quien con malos se acompaña.

El hombre no mate al hombre
Ni pelée por fantasía;
Tiene en la desgracia mía
Un espejo en que mirarse:
Saber el hombre guardarse
Es la gran sabiduría.

La sangre que se redama
No se olvida hasta la muerte;
La impresión es de tal suerte,
Que a mi pesar, no lo niego,
Cai como gotas de fuego
En la alma del que la vierte.

Es siempre, en toda ocasión,
El trago el pior enemigo;
Con cariño se los digo,
Recuérdenló con cuidado:
Aquel que ofiende embriagado
Merece doble castigo.

Si se arna algún revolutis
Siempre han de ser los primeros;
No se muestren altaneros
Aunque la razón les sobre:
En la barba de los pobres
Aprienden pa ser barberos.

Si entregan su corazón
A alguna mujer querida,
No le hagan una partida
Que la ofienda a la mujer:
Siempre los ha de perder
Una mujer ofendida.

Procuren, si son cantores,
El cantar con sentimiento,
No tiemplen el estrumento
Por solo el gusto de hablar,
Y acostúmbrense a cantar
En cosas de jundarnento.

Y les doy estos consejos
Que me ha costao alquirirlos,
Porque deseo dirijirlos;
Pero no alcanza mi cencia
Hasta darles la prudencia
Que precisan pa seguirlos.


Maria Natal Guerreiro
Licenciatura em política social univer...
Escrito por Maria Natal Guerreiro
el 24/07/2012


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IMAGEN SUBIDA POR NUESTRA QUERIDA AMIGA:



MARIA DEL CARMEN BALMACEDA ARGUELLO


Martín Fierro (Papel)

Maria Natal Guerreiro
Licenciatura em política social univer...
Escrito por Maria Natal Guerreiro
el 24/07/2012

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IMAGEN SUBIDA POR NUESTRA QUERIDA AMIGA:



MARIA DEL CARMEN BALMACEDA ARGUELLO




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Maria Natal Guerreiro
Licenciatura em política social univer...
Escrito por Maria Natal Guerreiro
el 24/07/2012


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A CONTINUACIÓN CON MARTIN FIERRO...


XII



Y es lo pior de aquel enriedo

Que si uno anda hinchando el lomo

Se le apean como un plomo…

¡Quién aguanta aquel infierno!

Y eso es servir al Gobierno

A mí no me gusta el cómo.


Más de un año nos tuvieron

En esos trabajos duros;

Y los indios, le asiguro,

Dentraban cuando querían,

Como no los perseguían

Siempre andaban sin apuro.


A veces decía al volver

Del campo la descubierta

Que estuviéramos alerta,

Que andaba adentro la indiada,

Porque había una rastrillada

O estaba una yegua muerta.


Recién entonces salía

La orden de hacer la reunión,

Y cáibamos al cantón

En pelos y hasta enancaos;

Sin armas, cuatro pelaos

Que ívamos a hacer jabón.


Ay empezaba el afán,

Se entiende, de puro vicio,

De enseñarle el ejercicio

A tanto gaucho recluta

Con un estrutor… ¡Qué… bruta!,

Que nunca sabía su oficio.




XIII



Daban entonces las armas

Pa defender los cantones,

Que eran lanzas y latones

Con ataduras de tiento…

Las de juego no las cuento

Porque no había municiones.


Y chamuscao un sargento,

Me contó que las tenían,

Pero que ellos las vendían

Para cazar avestruces;

Y ansí andaban noche y día

Dele bala a los ñanduces.


Y cuando se iban los indios

Con lo que habían manotiao,

Salíamos muy apuraos

A perseguirlos de atrás;

Si no se llevaban más

Es porque no habían hallao.


Allí sí se ven desgracias

Y lágrimas y aflicciones

Naides les pida perdones

Al indio, pues donde dentra

Roba y mata cuanto encuentra

Y quema las poblaciones.


No salvan de su juror

Ni los pobres anjelitos;

Viejos, mozos y chiquitos,

Los mata del mismo modo,

Que el indio lo arregla todo

Con la lanza y con los gritos.


Temblaban las carnes al verlo

Volando al viento la cerda;

La rienda en la mano izquierda

Y la lanza en la derecha,

Ande enderiesa abre brecha,

Pues no hay lanzaso que pierda.




XIV



Hace trotiadas tremendas

Dende el fondo del desierto;

Ansí llega medio muerto

De hambre, de se y de fatiga;

Pero el indio es una hormiga

Que día y noche está despierto.


Sabe manejar las bolas

Como naides las maneja;

Cuanto el contrario se aleja

Manda una bola perdida,

Y si lo alcanza, sin vida

Es siguro que lo deja.


Y el indio es como tortuga

De duro para espichar;

Si lo llega a destripar

Ni siquiera se le encoge;

Luego, sus tripas recoge

Y se agacha a disparar.


Hacían el robo a su gusto

Y después se ivan de arriba,

Se llevaban las cautivas

Y nos contaban que a veces

Les descarnaban los pieses,

A las pobrecitas, vivas.


¡Ah, si partía el corazón

Ver tantos males, canejo!

Los perseguíamos de lejos

Sin poder ni galopiar;

y ¡Qué habíamos de alcanzar

En unos bichocos viejos!


Nos volvíamos al cantón

A las dos o tres jornadas,

Sembrando las caballadas;

Y pa que alguno la venda,

Rejuntábamos la hacienda

Que habían dejao resagada.


Una vez, entre otras muchas,

Tanto salir al botón,

Nos pegaron un malón

Los indios, y una lanciada

Que la gente acobardada

Quedó dende esa ocasión.




XV



Habían estao escondidos

Aguaitando atrás de un cerro…

¡Lo viera a su amigo Fierro

Aflojar como un blandito!

Salieron como maíz frito

En cuanto sonó un cencerro.


Al punto nos dispusimos,

Aunque ellos eran bastantes;

La formamos al istante

Nuestra gente, que era poca,

Y golpiándose en la boca

Hicieron fila adelante.


Se vinieron en tropel

Haciendo temblar la tierra.

No soy manco pa la guerra,

Pero tuve mi jabón,

Pues iva en un redomón

Que había boliao en la sierra.


¡Qué vocerío! ¡Qué barullo!

¡Qué apurar esa carrera!

La indiada todita entera

Dando alaridos cargó.

¡Jué pucha!... Y ya nos sacó

Como yeguada matrera.


¡Qué fletes traiban los bárbaros!

Como una luz de lijeros,

Lucieron el entrevero,

Y en aquella mescolanza,

éste quiero, éste no quiero,

Nos escojían con la lanza.


Al que le dan un chuzaso,

Dificultoso es que sane.

En fin, para no echar panes

Salimos por esas lomas

Lo mesmo que las palomas

Al juir de los gavilanes.



XVI



¡Es de almirar la destreza

Con que la lanza manejan!

De perseguir nunca dejan,

Y nos traiban apretaos.

¡Si queríamos, de apuraos,

Salirnos por las orejas!


Y pa mejor de la fiesta,

En esta aflición tan suma,

Vino un indio echando espuma

Y con la lanza en la mano

Gritando: --“Acabau, cristiano,

Metau el lanza hasta el pluma. ”


Tendido en el costillar,

Cimbrando por sobre el brazo

Una lanza como un lazo,

Me atropeyó dando gritos.

Si me descuido… el maldito

Me levanta de un lanzazo.


Si me atribulo o me encojo,

Siguro que no me escapo.

Siempre he sido medio guapo,

Pero en aquella ocasión

Me hacía buya el corazón

Como la garganta al sapo.


Dios le perdone al salvaje

Las ganas que me tenía.

Desaté las tres marías

Y lo engatusé a cabriolas…

¡Pucha!... Si no traigo bolas

Me achura el indio ese día.


Era el hijo de un casique,

Según yo lo averigüé;

La verdá del caso jué

Que me tuvo apuradazo,

Hasta que al fin de un bolazo

Del caballo lo bajé.




XVII



Ay no más me tiré al suelo

Y lo pisé en las paletas;

Empezó a hacer morisquetas

Y a mesquinar la garganta.

Pero yo hice la obra santa

De hacerlo estirar la geta.


Allí quedó de mojón

Y en su caballo salté;

De la indiada disparé,

Pues si me alcanza, me mata;

Y al fin me las escapé

Con el hilo en una pata.



IV


Seguiré esta relación,

Aunque pa chorizo es largo.

El que pueda, hágase cargo

Cómo andaría de matrero

Después de salvar el cuero

De aquel trance tan amargo.


Del sueldo nada les cuento,

Porque andaba disparando.

Nosotros de cuando en cuando

Solíamos ladrar de pobres;

Nunca llegaban los cobres

Que se estaban aguardando.


Y andábamos de mugrientos

Que el mirarnos daba horror,

Le juro que era un dolor

Ver esos hombres ¡Por Cristo!

En mi perra vida he visto

Una miseria mayor.


Yo no tenía ni camisa

Ni cosa que se parezca;

Mis trapos sólo pa yesca

Me podían servir al fin…

No hay plaga como un fortín

Para que el hombre padezca.


Ponchos, gergas, el apero,

Las prenditas, los botones,

Todo, amigo, en los cantones

Jué quedando poco a poco,

Ya nos tenían medio loco

La pobreza y los ratones.



XVIII



Sólo una manta peluda

Era cuanto me quedaba;

La había agenciao a la taba

Y ella me tapaba el bulto.

Yaguané que allí ganaba

No salía… ni con indulto.


Y pa mejor, hasta el moro

Se me jué de entre las manos.

No soy lerdo… pero, hermano,

Vino el comendante un día

Diciendo que lo quería

“pa enseñarle a comer grano”.


Afigúrese cualquiera

La suerte de este su amigo

A pie y mostrando el umbligo,

Estropiao, pobre y desnudo.

Ni por castigo se pudo

Hacerse más mal conmigo.


Ansí pasaron los meses

Y vino el año siguiente,

Y las cosas igualmente

Siguieron del mesmo modo:

Adrede parece todo

Para aburrir a la gente.


No teníamos más permiso

Ni otro alivio la gauchada

Que salir de madrugada

Cuando no había indio ninguno,

Campo ajuera, a hacer boliadas,

Desocando los reyunos.


Y cáibamos al cantón

Con los fletes aplastaos;

Pero a veces, medio aviaos,

Con pluma y algunos cueros,

Que ay no más con el pulpero

Los teníamos negociaos.




XIX



Era un amigo del gefe

Que con un boliche estaba;

Yerba y tabaco nos daba

Por la pluma de avestruz,

Y hasta le hacía ver la luz

Al que un cuero le llevaba.


Sólo tenía cuatro frascos

Y unas barricas vacías

Y a la gente le vendía

Todo cuanto precisaba.

A veces creiba que estaba

Allí la proveduria.


¡Ah pulpero habilidoso!

Nada le solía faltar,

¡Ay juna! , y para tragar

Tenía un buche de ñandú.

La gente le dio en llamar

“el boliche de virtú”.


Aunque es justo que quien vende

Algún poquitito muerda,

Tiraba tanto la cuerda

Que con sus cuatro limetas

él cargaba las carretas

De plumas, cueros y cerda.


Nos tenían apuntaos a todos

Con más cuentas que un rosario,

Cuando se anunció un salario

Que iban a dar, o un socorro,

Pero sabe Dios qué zorro

Se lo comió al comisario.


Pues nunca lo vi llegar,

Y al cabo de muchos días,

En la mesma pulpería

Dieron una buena cuenta ,

Que la gente, muy contenta,

De tan pobre, recebía.




XX



Sacaron unos sus prendas

Que las tenían empeñadas;

Por sus diudas atrasadas

Dieron otros el dinero;

Al fin de fiesta el pulpero

Se quedó con la mascada.


Yo me arrecosté a un orcón

Dando tiempo a que pagaran,

Y poniendo güena cara,

Estuve haciéndome el poyo,

Esperando que me llamaran

Para recibir mi boyo.


Pero ay me puede quedar

Pegao pa siempre al orcón:

Ya era casi la oración

Y ninguno me llamaba.

La cosa se me nublaba

Y me dentró comezón.


Pa sacarme el entripao

Vi al mayor, y lo fi a hablar.

Yo me lo empecé a atracar,

Y como con poca gana

Le dije: --“ Tal vez mañana

Acabarán de pagar. ”


-- ¡Qué mañana ni otro día! ”

--al punto me contestó--.

La paga ya se acabó,

Siempre has de ser animal. ”

Me raí y le dije: --“Yo…

No he recebido ni un rial. ”


Se le pusieron los ojos

Que se le querían salir,

Y ay no más volvió a decir,

Comiéndome con la vista:

--“Y ¿Qué querés recebir

Si no has dentrao en la lista? ”



XXI



“Esto sí que es amolar

--dije yo pa mis adentros--.

Van dos años que me encuentro,

Y hasta aura no he visto ni un grullo,

Dentro en todos los barullos,

Pero en las listas no dentro. ”


Vide el plaito mal parao

Y no quise aguardar más…

Es güeno vivir en paz

Con quien nos ha de mandar.

Y reculando pa atrás

Me lo empecé a retirar.


Supo todo el comendante

Y me llamó al otro día,

Diciéndome que quería

Aviriguar bien las cosas,

Que no era el tiempo de Rosas,

Que aura a naides se debía.


Llamó al cabo y al sargento

Y empezó la indagación:

Si había venido al cantón

En tal tiempo o en tal otro…

Y si había venido en potro,

En reyuno o redomón.


Y todo era alborotar

Al ñudo y hacer papel.

Conocíque era pastel

Pa engordar con mi guayaca:

Mas si voy al coronel

Me hacen bramar en la estaca.


¡Ah hijos de una!... La codicia

Ojalá les ruempa el saco.

Ni un pedazo de tabaco

Le dan al pobre soldao

Y lo tienen de delgao

Más lijero que un guanaco.



XXII



Pero qué iba a hacerles yo,

Charabón en el desierto,

Más bien me daba por muerto

Pa no verme más fundido;

Y me les hacía el dormido

Aunque soy medio dispierto.



V


Ya andaba desesperao,

Aguardando una ocasión;

Que los indios un malón

Nos dieran y entre el estrago

Hacérmeles cimarrón

Y volverme pa mi pago.


Aquello no era servicio

Ni defender la frontera:

Aquello era ratonera

En que sólo gana el juerte;

Era jugar a la suerte

Con una taba culera.


Allí tuito va al revés:

Los milicos se hacen piones

Y andan por las poblaciones

Emprestaos pa trabajar:

Los rejuntan pa peliar

Cuando entran indios ladrones.


Yo he visto en esa milonga

Muchos gefes con estancia,

Y piones en abundancia,

Y majadas y rodeos;

He visto negocios feos,

A pesar de mi inorancia.


Y colijo que no quieren

La barunda componer.

Para esto no ha de tener

El gefe aunque esté de estable

Más que su poncho y su sable,

Su caballo y su deber.



XXIII



Ansina, pues, conociendo

Que aquel mal no tiene cura,

Que tal vez mi sepultura

Si me quedo iba a encontrar,

Pensé en mandarme mudar

Como cosa más sigura.


Y pa mejor, una noche,

¡Qué estaquiada me pegaron!

Casi me descoyuntaron

Por motivo de una gresca.

¡Ay juna, si me estiraron

Lo mesmo que guasca fresca!


Jamás me puedo olvidar

Lo que esta vez me pasó:

Dentrando una noche yo

Al fortín, un enganchao

Que estaba medio mamao

Allí me desconoció.


Era un gringo tan bozal

Que nada se le entendía.

¡Quién sabe de ande sería!

Tal vez no juera cristiano,

Pues lo único que decía

Es que era pa-po-litano.


Estaba de centinela,

Y por causa del peludo

Verme más claro no pudo

Y esa jué la culpa toda:

El bruto se asustó al ñudo

Y fi el pavo de la boda.


Cuando me vio acercar:

--“ ¿ Quién vívore? ” – preguntó.

-- “ ¿Qué víboras? ” – dije yo

-- “ ¡Ha garto! ” – me pegó el grito,

Y yo dije despacito:

-- “Más lagarto serás vos. ”


XXIV



Ay no más ¡Cristo me valga!

Rastrillar el fusil siento;

Me agaché, y en el momento

El bruto me largó un chumbo;

Mamao, me tiró sin rumbo,

Que si no, no cuento el cuento.


Por de contao, con el tiro

Se alborotó el abispero;

Los oficiales salieron

Y se empezó la junción:

Quedó en su puesto el nación,

Y yo fi al estaquiadero.


Entre cuatro bayonetas

Me tendieron en el suelo;

Vino el mayor medio en pedo,

Y allí se puso a gritar:

--“Pícaro, te he enseñara

A andar declamando sueldos. ”


De las manos y las patas

Me ataron cuatro sinchones;

Les aguanté los tirones

Sin que ni un ¡Ay! Se me oyera,

Y al gringo la noche entera

Lo harté con mis maldiciones.


Yo no sé por qué el Gobierno

Nos manda aquí a la frontera

Gringada que ni siquiera

Se sabe atracar a un pingo.

¡Si creerá al mandar un gringo

Que nos manda alguna fiera!


No hacen más que dar trabajo

Pues no saben ni ensillar,

No sirven ni pa caminar,

Y yo he visto muchas veces

Que ni voltiadas las reses

Se les querían arrimar.



XXV



Y lo pasan sus mercedes

Lengüetiando pico a pico,

Hasta que viene un milico

A servirles el asao;

Y, eso sí, en lo delicaos

Parecen hijos de rico.


Si hay calor, ya no son gente;

Si yela, todos tiritan;

Si usté no les da, no pitan

Por no gastar en tabaco,

Y cuando pescan un naco

Unos a otros se lo quitan.


Cuando llueve se acoquinan

Como el perro que oye truenos,

¡Qué diablos! , sólo son güenos

Pa vivir entre maricas,

Y nunca se andan con chicas

Para alzar ponchos ajenos.


Pa vichar son como ciegos:

Ni hay ejemplo de que entienden,

No hay uno solo que aprienda,

Al ver un bulto que cruza,

A saber si es avestruza

O si es ginete o hacienda.


Si salen a perseguir

Después de mucho aparato,

Tuitos se pelan al rato

Y va quedando el tendal.

Esto es como en un nidal

Echarle güevos a un gato.



VI


Vamos dentrando recién

A la parte más sentida,

Aunque es todita mi vida

De males una cadena.

A cada alma dolorida

Le gusta cantar sus penas.




. Fuente: SEREXISTENCIAL


Maria Natal Guerreiro
Licenciatura em política social univer...
Escrito por Maria Natal Guerreiro
el 24/07/2012

VERSOS DE MARTÍN FIERRO


A continuación...



XXVI



Se empezó en aquel entonces

A rejuntar caballada

Y riunir la milicada

Teniéndola en el cantón,

Para una despedición

A sorprender a la indiada.


Nos anunciaban que iríamos

Sin carretas ni bagajes

A golpiar a los salvages

En sus mesmas tolderías;

Que a la güelta pagarían,

Licenciándolo, al gauchaje.


Que en esta despedición

Tuviéramos la esperanza,

Que iba a venir sin tardanza,

Según el jefe contó,

Un menistro, o qué sé yo,

Que le llamaban don Ganza.


Que iba a riunir el ejército

Y tuitos los batallones,

Y que traiba unos cañones

Con más rayas que un cotín,

¡Pucha! , las conversaciones

Por allá no tenían fin.


Pero esas trampas no enriedan

A los zorros de mi laya;

Que el menistro venga o vaya,

Poco le importa a un matrero:

Yo también dejé las rayas…

En los libros del pulppero.


Nunca jui gaucho dormido,

Siempre pronto, siempre listo,

Yo soy un hombre, ¡Qué Cristo!

Que nada me ha acobardao,

Y siempre salí parao

En los trances que me he visto.


XXVII

Dende chiquito gané

La vida con mi trabajo,

Y aunque siempre estuve abajo

Y no sé lo que es subir,

También el mucho sufrir

Suele cansarnos ¡Barajo!


En medio de mi inorancia

Conozco que nada valgo;

Soy la liebre o soy el galgo

Asigún los tiempos andan;

Pero también los que mandan

Debieran cuidarnos algo.


Una noche que riunidos

Estaban en la carpeta

Empinando una limeta

El jefe y el juez de paz,

Yo no quise aguardar más,

Y me hice humo en un sotreta.


Para mí el campo son flores

Dende que libre me veo;

Donde me lleva el deseo

Allí mis pasos dirijo,

Y hasta en las sombras, de fijo

Que a donde quiera rumbeo.


Entro y salgo del peligro

Sin que me espante el estrago;

No aflojo al primer amago

Ni jamás fi gaucho lerdo;

Soy pa rumbiar como el cerdo,

Y pronto caí a mi pago.


Volvía al cabo de tres años

De tanto sufrir al ñudo.

Resertor, pobre y desnudo,

A procurar suerte nueva;

Y lo mesmo que el peludo

Enderesé pa mi cueva.



XXVIII


No hallé ni rastro del rancho

¡Sólo estaba la tapera!

¡Por Cristo, si aquello era

Pa enlutar el corazón!

¡Yo juré en esa ocasión

Ser más malo que una fiera!


¡Quién no sentirá lo mesmo

Cuando ansí padece tanto!

Puedo asigurar que el llanto

Como una mujer largué.

¡Ay mi Dios, si me quedé

Más triste que Jueves Santo!


Sólo se oiban los aullidos

De un gato que se salvó;

El pobre se guareció

Cerca, en una vizcachera;

Venía como si supiera

Que estaba de güelta yo.


Al dirme dejé la hacienda,

Que era todito mi haber;

Pronto debíamos volver,

Según el juez prometía,

Y hasta entonces cuidaría

De los bienes la mujer.


… … …

… … …

… … …


Después me contó un vecino

Que el campo se lo pidieron.

La hacienda se la vendieron

Pa pagar arrendamientos,

Y qué sé yo cuántos cuentos

Pero todo lo fundieron.


Los pobrecitos muchachos,

Entre tantas afliciones

Se conchabaron de piones;

Mas ¡Qué ivan a trabajar,

Si eran como pichones

Sin acabar de emplumar!



XXIX


Por ay andarán sufriendo

De nuestra suerte el rigor:

Me han contado que el mayor

Nunca dejaba a su hermano.

Puede ser que algún cristiano

Los recoja por favor.


¡Y la pobre mi mujer

Dios sabe cuánto sufrió!

Me dicen que se voló

Con no sé qué gavilán:

Sin duda a buscar el pan

Que no podía darle yo.


No es raro que a uno le falte

Lo que a algún otro le sobre:

Si no le quedó ni un cobre,

Sino de hijos un enjambre,

¿Qué más iba a hacer la pobre

Para no morirse de hambre?


¡Tal vez no te vuelva a ver,

Prenda de mi corazón!

Dios te dé su protección,

Ya que no me la dio a mí.

Y a mis hijos desde aquí

Les echo mi bendición.


Como hijitos de la cuna

Andarán por ay sin madre;

Ya se quedaron sin padre,

Y ansí la suerte los deja

Sin naides que los proteja

Y sin perro que los ladre.


Los pobrecitos tal vez

No tengan ande abrigarse,

Ni ramada ande ganarse,

Ni un rincón ande meterse,

Sin camisa que ponerse,

Ni poncho con que taparse.



XXX


Tal vez los verán sufrir

Sin tenerles compasión;

Puede que alguna ocasión,

Aunque los vean tiritando,

Los echen de algún jogón

Pa que no estén estorbando.


Y al verse ansina espantaos

Como se espanta a los perros,

Irán los hijos de Fierro,

Con la cola entre las piernas,

A buscar almas más tiernas

O esconderse en algún cerro.


Mas también en este juego

Voy a pedir mi volada:

A naides le debo nada,

Ni pido cuartel ni doy,

Y ninguno dende hoy

Ha de llevarme en la armada.


Yo he sido manso primero

Y seré gaucho matrero

En mi triste circunstancia:

Aunque mi mal es tan projundo,

Nací y me he criao en estancia,

Pero ya conozco el mundo.


Ya le conozco sus mañas,

Le conozco sus cucañas,

Sé cómo hacen la partida,

La enriedan y la manejan.

Desaceré la madeja,

Aunque me cueste la vida.


Y aguante el que no se anime

A meterse en tanto engorro

O si no aprétese el gorro

O para otra tierra emigre;

Pero yo ando como el tigre

Que le roban los cachorros.



XXXI


Aunque muchos creen que el gaucho

Tiene un alma de reyuno,

No se encontrará ninguno

Que no le dueblen las penas;

Mas no debe aflojar uno

Mientras hay sangre en las venas.



VII


De carta de más me vía

Sin saber adónde dirme;

Mas dijieron que era vago

Y entraron a perseguirme.


Nunca se achican los males

Van poco a poco creciendo,

Y ansina me vide pronto

Obligao a andar juyendo.


No tenía muger ni rancho,

Y a más era resertor;

No tenía una prenda güena

Ni un peso en el tirador.


A mis hijos infelices,

Pensé volverlos a hallar,

Y andaba de un lao al otro

Sin tener ni qué pitar.


Supe una vez, por desgracia,

Que había un baile por allí,

Y medio desesperao

A ver la milonga fui.


Riunidos al pericón

Tantos amigos hallé,

Que alegre de verme entre ellos

Esa noche me apedé.


Como nunca en la ocasión

Por peliar me dio la tranca,

Y la emprendí con un negro

Que trujo una negra en ancas.


Al ver llegar la morena,

Que no hacía caso de naides,

Le dije con la mamúa:

--“Va…ca…yendo gente al baile. ”



XXXII


La negra entendió la cosa

Y no tardó en contestarme,

Mirándome como a perro:

--“Mas vaca será su madre. ”


Y dentró al baile muy tiesa,

Con más cola que una zorra,

Haciendo blanquear los dientes

Lo mesmo que mazamorra.


--“Negra linda –dije yo--.

Me gusta… pa la carona. ”

Y me puse a talariar

Esta coplita fregona:


“A los blancos hizo Dios;

A los mulatos, San Pedro;

A los negros hizo el diablo

Para tizón del infierno. ”


Había estao juntando rabia

El moreno dende ajuera:

En lo oscuro le brillaban

Los ojos como linterna.


Lo conocí retobao,

Me acerqué y le dije presto:

--“Po…r…rudo que un hombre sea,

Nunca se enoja por esto. ”


Corcovió el de los tamangos,

Y creyéndose muy fijo:

--“Más porrudo serás vos,

Gaucho rotoso” –me dijo.


Y ya se me vino al humo,

Como a buscarme la hebra,

Y un golpe le acomodé

Con el porrón de ginebra.


Ay no más pegó el de ollín

Más gruñidos que un chanchito,

Y pelando el envenado

Me atropelló dando gritos.



.


Maria Natal Guerreiro
Licenciatura em política social univer...
Escrito por Maria Natal Guerreiro
el 24/07/2012



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XXXIII



Pegué un brinco y abrí cancha

Diciéndoles: —“Caballeros,

Dejen venir ese toro.

Solo nací…, solo muero. ”


El negro, después del golpe

Se había el poncho refalao

Y dijo: —“Vas a saber

Si es solo o acompañao. ”


Y mientras se arremangó

Yo me saqué las espuelas,

Pues malicié que aquel tío

No era de arriar con las riendas.


No hay cosa como el peligro

Pa refrescar un mamao:

Hasta la vista se aclara

Por mucho que aiga chupao.


El negro me atropelló

Como a quererme comer:

Me hizo dos tiros seguidos

Y los dos le abarajé.


Yo tenía un facón con S

Que era de lima de acero;

Le hice un tiro, lo quitó

Y vino ciego el moreno.


Y en el medio de las aspas

Un planaso le asenté

Que le largué culebriando

Lo mismo que buscapié.


Le coloriaron las motas

Con la sangre de la herida,

Y volvió a venir fusioso

Como una tigra parida.





XXXIV


Y ya me hizo relumbrar

Por los ojos el cuchillo,

Alcansando con la punta

A cortarme en un carrillo.


Me hirbió la sangre en las venas

Y me le afirmé al moreno,

Dándole de punta y hacha

Pa dejar un diablo menos.


Por fin en una topada

En el cuchillo lo alcé,

Y como un saco de güesos

Contra el cerco lo largué.


Tiró unas cuantas patadas

Y ya cantó pa el carnero.

Nunca me puedo olvidar

De la agonía de aquel negro.


En esto la negra vino

Con los ojos como agí,

Y empesó, la pobre, allí

A bramar como una loba.

Yo quise darle una soba

A ver si la hacía callar.


Mas pude reflexionar

Que era malo en aquel punto,

Y por respeto al difunto

No la quise castigar.


Limpié el facón en los pastos,

Desaté mi redomón,

Monté despacio y salí

Al tranco pa el cañadón.


Después supe que al finao

Ni siquiera lo velaron

Y retobao en un cuero

Sin resarle lo enterraron.


Y dicen que dende entonces,

Cuando es la noche serena,

Suele verse una luz mala

Como de alma que anda en pena.





XXXV



Yo tengo intención a veces,

Para que no pene tanto

De sacar de allí los güesos

Y echarlos al campo santo.



VIII


Otra vez, en un boliche

Estaba haciendo la tarde;

Cayó un gaucho que hacía alarde

De guapo y peliador.


A la llegada metió

El pingo hasta la ramada,

Y yo sin decir nada

Me quedé en el mostrador.


Era un terne de aquel pago

Que naides lo reprendía,

Que sus enriedos tenía

Con el señor comendante.


Y como era protejido,

Andaba muy entonao,

Y a cualquiera desgraciao

Lo llevaba por delante.


¡Ah pobre, si él mismo creiba

Que la vida le sobraba!

Ninguno diría que andaba

Aguaitándole la muerte.


Pero ansí pasa en el mundo,

Es ansí la triste vida:

Pa todos está escondida

La güena o la mala suerte.


Se tiró al suelo, al dentrar

Le dio un empeyón a un vasco

Y me alargó un medio frasco

Diciendo:—“Beba, cuñao. ”

—“Por su hermana —contesté—

Que por la mía no hay cuidao. ”


— ¡Ah gaucho! —me respondió—;

¿De qué pago será criollo?

“Lo andará buscando el oyo,

Deberá tener güen cuero:

Pero ande bala este toro

No bala ningún ternero. ”




XXXVI


Y ya salimos trensaos,

Porque el hombre no era lerdo,

Mas como el tino no pierdo

Y soy medio lijerón,

Lo dejé mostrando el sebo

De un revés con el facón.


Y como con la justicia

No andaba bien por allí,

Cuando pataliar lo vi

Y el pulpero pegó el grito,

Ya pa el palenque salí,

Como haciéndome chiquito.


Monté y me encomendé a Dios,

Rumbiando para otro pago;

Que el gaucho que llaman vago

No puede tener querencia,

Y ansí, de estrago en estrago,

Vive yorando la ausencia.


Él anda siempre juyendo.

Siempre pobre y perseguido,

No tiene cueva ni nido,

Como si juera maldito;

Porque el ser gaucho… ¡Barajo!,

El ser gaucho es un delito.


Es como el patrio de posta:

Lo larga éste, aquél lo toma,

Nunca se acaba la broma;

Dende chico se parece

Al arbolito que crece

Desamparao en la loma.


Le echan la agua del bautismo

Aquel que nació en la selva;

“busca madre que te envuelva”,

Se dice el flaire, y lo larga,

Y dentra a crusar el mundo

Como burro con la carga.




FUENTE: SEREXISTENCIAL

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Omaira Rodriguez
Postgrado maestria en literatura venez...
Escrito por Omaira Rodriguez
el 24/07/2012

Hermosa obra que tuve la oportunidad de estudiarla en mi carrera, martin fierro, acompañado de su guitarra canta las peripecias de su vida, quien a causa de malos tratos y acoso por parte de las autoridades se ve obligado a dejar su tierra y su familia para huir a la frontera donde comienzan sus penas. Esta obra consta de dos partes y su autor es josé hernández.

Laureano Camacho Cepeda
Filosofia y letras santo tomas de aqui...
Escrito por Laureano Camacho Cepeda
el 24/07/2012

Martin Fierro es una epopeya americana. Su lenguaje sencillo cargado de sabiduria popular enseña y corrige, pero tambien denuncia y se rebela. Y en la rebeldia contra el maltrato y la injusticia viene el dolor, el sufrimiento, consecuencia de todos aquellos que renuncian a la sumisión. Pienso que hoy sigue habiendo en nuestra America Latina, muchos Martin Fierro que no aguantan el atropello y las nuevas injusticias y por eso hoy se habla de desplazamiento y desaparición.

Maria Natal Guerreiro
Licenciatura em política social univer...
Escrito por Maria Natal Guerreiro
el 25/07/2012






HOLA OMAIRA Y LUCIANO!


MUCHAS GRACIAS POR SUS PARTICIPACIONES EN NUESTRO DEBATE!


ABRAZOS

Carmen
Escrito por Carmen
el 25/07/2012

Hola María paso por este debate de martín Fierro para aportar mi granito de arena.

Tucumanos postulados al Martín Fierro

Cinco programas de televisión y dos ciclos radiales representarán a Tucumán en los premios Martín Fierro Federal, dedicados a las producciones del interior. La entrega de premios se realizará en Puerto Iguazú (Misiones), durante septiembre. Los galardones distinguirán a lo mejor de 2011.

En TV están postulados "Manyines" (Canal 8, en el rubro Humorístico); "Pueblos del Tucumán" (Canal 10, en Cultural Educativo); "La riña" (Canal 10, Ficción); "Enganchate" (Canal 8, Infantil) y "Portal Salud" (CCC, Temas Médicos).

En tanto, los dos programas de radio son de FM Universidad: "Nostalgias de tango" (en la categoría Música Ciudadana) y "Cuenticos y alegretos" (en Infantil).

A "Manyines", que sigue este año con una nueva temporada, le tocará competir con "Tentate" (del Canal 10 de Gálvez, en Santa Fe) y con "Un torrente de alegría" (Supercanal, de Mendoza). "Nostalgias de tango" sigue emitiéndose, conducido por Félix Sandoval.

Maria Natal Guerreiro
Licenciatura em política social univer...
Escrito por Maria Natal Guerreiro
el 15/09/2012


XXXVII

Y se cría viviendo al viento

como oveja sin trasquila,

mientras su padre en las filas

anda sirviendo al Gobierno.

Aunque tirite en invierno,

naides lo ampara ni asila.

Lo llaman gaucho mamao

si lo pillan divertido,

y que es mal entretenido

si en un baile lo sorprenden;

hace mal si se defiende

y si no, se ve… fundido.

No tiene hijos, ni mujer,

ni amigos ni protectores;

pues todos son sus señores,

sin que ninguno lo ampare.

Tiene la suerte del güey,

¿Y dónde irá el güey que no are?

Su casa es el pajonal,

su guarida es el desierto;

y si de hambre medio muerto

le echa el lazo a algún mamón,

lo persiguen como a plaito

porque es un “gaucho ladrón”.

Y si de un golpe por ay

le dan güelta panza arriba,

no hay un alma compasiva

que le rese una oración;

tal vez como cimarrón

en una cueva lo tiran.

Él nada gana en la paz

y es el primero en la guerra;

no lo perdonan si yerra,

que no saben perdonar,

porque el gaucho en esta tierra

sólo sirve pa votar.


XXXVIII

Para él son los calabozos,

para él las duras prisiones,

en su boca no hay razones

aunque la razón le sobre;

que son campanas de palo

las razones de los pobres.

Si uno aguanta, es gaucho bruto,

si no aguanta, es gaucho malo.

¡Dele azote, dele palo!,

porque es lo que él necesita.

De todo el que nació gaucho

ésta es la suerte maldita.

Vamos, suerte, vamos juntos,

dende que juntos nacimos;

y ya que juntos vivimos

sin podernos dividir,

yo abriré con mi cuchillo

el camino pa seguir.

IX

Matreriando lo pasaba

y a las casas no venía.

Solía arrimarme;

mas, lo mesmo que el carancho,

siempre estaba sobre el rancho

espiando a la policía.

Viva el gaucho que anda mal

como zorro perseguido,

hasta que al menor descuido

se lo atarasquen los perros,

pues nunca le falta un yerro

al hombre más alvertido.


XXXIX

Y en esa hora de la tarde

en que tuito se adormese,

que el mundo dentrar parece

a vivir es pura calma,

con las tristezas de su alma

al pajonal enderiese.

Bala el tierno corderito

al lao de la blanca oveja,

y a la vaca que se aleja

llama el ternero amarrao;

pero el gaucho desgraciao

no tiene a quién dar su queja.

Ansí es que al venir la noche

iva a buscar mi guarida,

pues ande el tigre se anida

también el hombre lo pasa,

y no quería que en las casas

me rodiara la partida.

Pues aun cuando vengan ellos

cumpliendo con sus deberes,

yo tengo otros pareceres,

y en esa conducta vivo;

que no debe un gaucho altivo

peliar entre las mujeres.

Y al campo me iba solito,

más matrero que el venao,

como perro abandonao,

a buscar una tapera,

o en alguna bisachera

pasar la noche tirao.

Sin punto ni rumbo fijo

en aquella inmensidá,

entre tanta escuridá

anda el gaucho como duende;

allí jamás lo sorpriende

dormido la autoridá.



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