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LAS MASCOTAS Y LOS NIÑOS

Eddy
Contador publico y auditor usac - cunoc
Escrito por Eddy Marroquin
el 25/06/2010

Las mascotas pueden convertirse en el mejor aliado de padres para la socialización de niños y adolescentes. Si al gran interés por los animales de compañía se une un cuidado adecuado, estos pueden ser una fuente indiscutible de salud psíquica y social para los más pequeños. Algunos psicólogos infantiles ya usan animales en la atención a niños con diagnósticos de hiperactividad o accesos de ira.

Es un beneficio recíproco: los niños quieren a las mascotas, en general, y las mascotas -sobre todo los perros- a los niños. Gracias a esta convivencia, los pequeños de la casa en cargados de su cuidado, se hacen más responsables y adquieren una mayor competencia social. Además, los animales de compañía pueden convertirse en grandes y afectuosos amigos, tanto para los niños como para los adolescentes incomprendidos, puesto que ayudan a suplir la ausencia de los padres que soportan largas jornadas laborales. También ayudan a contrarrestar muchas horas de actividades en solitario, que favorecen la afición por los videojuegos, el computador, o las películas de vídeo.

Los niños y adolescentes que conviven con una mascota se relacionan con él de una forma lúdica y tienen una oportunidad única de interactuar, jugar y conectar con otro ser vivo, así como de educarlo. En el imaginario infantil, los niños se relacionan con distintos animales y adoptan roles o papeles diferentes: gracias a su desbordante capacidad de invención se ponen en la piel de cualquier especie, incluso, de dinosaurios extinguidos.


El mejor amigo del niño es el perro, puesto que su capacidad de interacción supera con creces a la de otros animales de compañía y porque exige más cuidados y educación, tareas en las que se puede implicar a los menores. Se ha comprobado que los perros contribuyen de forma notable a la socialización de los niños con discapacidad. Cuando se les proporciona un perro para que les acompañe, son más aceptados y los otros niños se relacionan mejor con ellos. Pero, entre los perros, ¿Cuál es el más indicado? La decisión más adecuada antes de adquirir una mascota es consultar con un veterinario.

Aunque el perro sea considerado la mascota óptima para el niño, la convivencia con un felino también es interesante durante la infancia, ya que el pequeño puede encargarse de vigilar que no le falte, sobre todo, comida ni bebida. Cuando se desea adquirir una mascota hay muchas opciones: un gato, un conejillo de indias, un hámster, un ratón, un conejo, un pájaro, peces, ponis, etc.. Estos animales, en la mayoría de los casos, requieren menos atención que los perros, pero también es posible que interactúen menos con los niños. Antes de adquirir una de estas mascotas es conveniente consultar con un veterinario. No se aconsejan los animales exóticos, puesto que se rigen por normas de protección muy rigurosas y su comportamiento es imprevisible.

Para que la convivencia con un animal en la familia sea óptima es importante recordar que una mascota no es un juguete, sino un ser vivo que merece respeto, cuidado y atención. Los bebés y los niños muy pequeños pueden no entenderlo así y manipular a los animales como si fueran un muñeco y llegar incluso a hacerles daño. No están capacitados para entender la responsabilidad que implica tener una mascota en la casa, por lo que son los padres quienes deben asumir el cuidado de la mascota.

Hay que enseñarle al niño que el perro no es un juguete, no es un camión que se pueda desbaratar o una Play Station. Es un miembro más de la familia que merece nuestro respeto: hay que sacarlo a pasear, necesita comer, beber, hacer sus necesidades y un trato normal. Los perros crecen, no son siempre cachorros, y es importante conocer estos detalles para no incurrir en el abandono de perros cuando están adultos. Quien adquiere un animal debe responsabilizarse de sus cuidados.

Cuando los niños son muy pequeños, los padres deben asumir que el animal es responsabilidad suya. Deben hacerse cargo de él y no dejar al pequeño a solas con el perro. Han de transmitirle, con insistencia, que no es un juguete, y enseñarle a coger en brazos y a manipular al perro con cuidado, a medida que crezca. La mayoría de las veces que un perro muerde a un niño, es por imprudencia de este. Antes de los seis años, los niños tratan con demasiada brusquedad a las mascotas. Superada esta edad y a medida que el niño crece, mejora su trato con el animal y su carácter se vuelve más responsable.

Una norma por la que debería regirse la convivencia entre un animal y un niño es educar al perro de manera que comprenda que, en la jerarquía familiar, el niño se encuentra siempre por encima. Otra norma básica es no humanizar al perro. El niño debe aprender a interpretar su lenguaje corporal, sus necesidades, a darle órdenes coherentes y a castigarlo con inmediatez pero con delicadeza, cuando haya cometido algún error, para que el perro lo entienda. También debe premiarlo con golosinas caninas si quiere adiestrar y enseñar al perro, entre otras cosas, a dar la pata o a sentarse.

Es fundamental que el niño no se acerque al perro mientras come o cuando lleva algo en la boca. Tampoco debe abalanzarse sobre el animal y ha de ser cuidadoso durante el juego. La familia debe mantener una actitud vigilante por si el perro ataca al pequeño. Hay que advertir al niño de que mantenga alejada la cara del hocico y que no lo empuje ni lo tire de la cola.

Otras acciones que deben evitar los niños en su trato con el perro u otros animales es: gritarles cuando no obedezcan alguna indicación; perseguirlo y arrinconarlo, ya que la mayoría de los animales se sienten atacados si se les acorrala; tirarlo con fuerza de la correa hacia un lado porque sienten pánico al quedarse sin aire y así no obedecen; pegarle con un objeto (un zapato o un periódico enrollado) ya que tienen memoria; esperar demasiado tiempo para castigarlo, puesto que olvidan pronto sus fechorías y sólo entienden qué han hecho mal si se les reprende de inmediato; o aplicar castigos que no entiendan o puedan causarles alguna enfermedad, jamás encerrarlos, dejarlos sin comida y sin agua.

Si se cumplen todas estas normas básicas, la convivencia de un niño con un perro puede ser una gran fuente de bienestar, que eleva su autoestima, los motiva y los ayuda en su socialización.

Matilde Ramirez
Patronaje y manejo de maquinas centro ...
Escrito por Matilde Ramirez
el 26/06/2010

La convivencia con las mascotas puede aportar elementos muy positivos en relación al desarrollo psicológico y a la personalidad del niño. Ayuda a que el niño desarrolle el sentido de la responsabilidad y a comprender las necesidades de los demás. Por ello convivir con una mascota desde una edad temprana puede ser una buena escuela para el niño.

Maria
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