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LA PROMINENCIA DEL AMOR

IZABELA
Magdalena, Colombia
Escrito por Izabela Diaz
el 17/09/2010

PARA LOS QUE DICEN TENER CONOCIMIENTO

1 Corintios 13 - El Amor


Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. 2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. 3 Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. 9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; 10 mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. 11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. 12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. 13 Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

I TESALONICENSES 5:19-21

19 No apaguéis el Espíritu.

20 No menospreciéis las profecías.

21 Examinadlo todo; retened lo bueno.

22 Apartaos de toda especie de mal.


¿Qué es la verdad?

“Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito. ” (Juan 18:38).

Pilato preguntó al Señor: “ ¿Qué es la verdad? ” .
Esta es una buena pregunta.
Esta pregunta ha apasionado a los hombres desde tiempos antiguos.
Los filósofos griegos se la hicieron miles de veces.
Las respuestas que dieron a ella podría llenar varias bibliotecas.
(Algunas de ellas son bien simpáticas).

Pilato pudo haber encontrado al fin la respuesta.

Sin embargo, Pilato cometió un gravísimo error:
¡Él no esperó la respuesta!
¡Dejó a Jesús hablando solo!

De Jesús había oído hablar mucho (lo había llegado a considerar un gran hombre),
pero ahora tenía delante de él a un hombre despreciable, sin ningún signo de grandeza.
Salvo que este hombre se había atrevido a decirle:
Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad.
Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz
. ”

Palabras, sin duda, audaces, pero que no lograron despertar la curiosidad de Pilato, el helenista.
¡Él no esperó la respuesta! ¡Dejó a Jesús hablando solo!

Pilato tuvo la Verdad ante sus ojos, pero no la conoció.
Su pregunta revela, no el inquisidor acercamiento de quien busca de veras conocer la verdad,
sino la de quien ya no cree que la verdad exista.
No es la pregunta anhelante que se hace a quien nos puede dar una respuesta, sino que es la pregunta escéptica de quien ya no cree en nada, ni espera creer en nada.

Muchos hay, como Pilato, que invierten una vida entera preguntándose por la verdad, sin hallarla.
¿Será que Dios se esconde de ellos?
¿Es que a Dios no le interesa que el hombre le conozca?
Han hecho muchos esfuerzos... Esfuerzos vanos. Han leído miles de libros, han conversado con muchos sabios, han meditado largas horas... Por años, ¡Pero no la han encontrado! ¿Por qué?
Ellos la han buscado desde su inteligencia –a sus ojos, portentosa– y no desde su fragilidad.

Hallar la verdad no es un asunto de lucidez mental, sino del corazón.
El buscador profesional de verdades, pierde, en esta larga búsqueda, el norte,y se dedica, como los epicúreos y estoicos de los días de Pablo, sólo a decir y oír algo nuevo.
Finalmente, cae en la rebusca de pequeñas verdades para exhibir, en un vanidoso juego intelectual, y ya no se interesa en conocer (de verdad) la verdad que salva.

Conocer la Verdad no es un ejercicio intelectual, porque ella exige que se la viva.
Hallar la Verdad es volcarse a ella.
Tener la Verdad es renunciar a todas las verdades anteriores, celosamente defendidas.

Sólo quien quiera conocer de veras la Verdad, la conocerá.
Ella no está tan lejos que no pueda ser alcanzada, ¡Está cerca!
Ella se le presentará en el momento menos pensado para nunca más abandonarle.

Quien busca la Verdad con el sincero deseo de encontrarla, conocerá que Jesucristo, el Hijo de Dios, es la Verdad.
Él dijo: “Yo soy la Verdad”.
Y nosotros decimos: “ ¡Sí, Señor, Tú eres la Verdad! ”.

Quien lo halla a Él, nunca más buscará pequeñas verdades aisladas,
sino que verá que Él es el centro de todas las verdades, y que todas ellas palidecen ante su excelencia