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Grupo de La trayectoria humana en todos los tiempos



La justa medida: ¿somos iguales hombres y mujeres?

Egard Alan
Lic. psicología. org. lic. cs. admistr...
Escrito por Egard Alan Pintado Pasapera
el 27/01/2012

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Perspectiva Científica: Artículos y Notas académicas

Dr. Egard A. Pintado Pasapera

(Lic. En Psicología Org. - Lic. Cs. Administrativas - Dr. Cs. De la Educación)

Nº.9

Para el debate y Opinión :

La justa medida: ¿Somos iguales hombres y mujeres?

La naturaleza, por donde se le mire es sabia, Dios (la vida misma) creo al hombre y la mujer con determinados rasgos característicos y capacidades especificas, pero en esa magnífica creación, a más de regalarnos, por igual, el precioso don de la vida, trató de evitar el conflicto y discriminaciones entre el hombre y la mujer, poniendo sabiamente el toque de equidad, hizo, si o si, que el uno sea el complemente, por igual, del otro, que juntos podrían disfrutar de su y la naturaleza, juntos a nada, de manera tal que ni el uno ni el otro pueda decir que es mejor , más o menos capaz que el otro. Y es que el hombre en su actuar muestra cierta incapacidad para trascender espiritualmente, es su mayor dificultad. La unión de las almas es mil veces más hermosa que la de los cuerpos. Lo valioso de la vida es que permite al uno u al otro distinguirse en la expresión del talento. Pero el hombre en esa posesión obtusa de jugar a ser Dios contradice los principios que rigen esa naturaleza. Muy bien lo dice el filósofo Jacques Rosseau (1712-1778): “Todo es perfecto al salir de las manos del autor de todas las cosas; todo se degenera en las manos del hombre.

Pasa mis queridos amigos que, somos iguales fisiológicamente, somos parecidos psicológicamente, pero el hombre, en esa confusión neurópata, por esas impulsiones socioculturales nada virtuosas asume que somos “diferentes”. Y es que, como decía, Tales de Mileto, nada es tan difícil como conocerse asimismo. Tremenda responsabilidad que el creador nos dio y que no la sabemos cumplir a cabalidad. Entonces la lógica indica que el que nos creamos diferentes, sintamos y discriminemos al otro, es solo una cuestión de la perspectiva del mismo hombre como reacción compensatoria a la ignorancia de no saber quién es. Esa obtusa falta de criterio para asumir que nada nos diferencia, que somos iguales, que debemos caminar juntos, constituyen los muros mentales, las piedras en el camino que, desde hace mucho, han lentificado nuestro desarrollo evolutivo como seres humanos en el paneta tierra.

En esta perspectiva, creo respetuosamente que, lo que menos importa es que los gatos sean negros, pardos, marrones o blancos, lo importante es que sepan cazar ratones. Que importa seamos hombres o mujeres, negros o blancos, altos o bajos, gordos o delgados, bonitos o feos, ricos o pobres, del Grupo E magister o no, etc. , si la felicidad nace en las fuentes de la vida misma.

Agradeceré a los amigos internautas, si así lo desean, alcanzar su apreciación que el suscrito agradecerá y sabrá respetarla.