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Grupo de Filosofía



La Escritura creativa

Jes
Psicologia clínica/psicoanálisis ub/ua...
Escrito por Jes Ricart
el 14/03/2009

Para una teoría literaria de la escritura creativa. Cedeuve 13marzo 2009

No es el barullo de la sala de lo que se destila el discurso sino las intervenciones verbales quirúrgicamente precisas las que destapan un contexto. El transmigrante del ágora que recorre conferencias, tertulias, asambleas, auditóriums, coloquios, sobremesas, reuniones varias y multiversionadas, aprende que el habla cumple funciones extracomunicativas y que son indispensables para protocolizar las relaciones. Eventualmente consigue contactar con un decir pletórico de contenido con el que la afinidad amiguista convoca musas y hadas para la orgia creativa que se preste. La educación popular en el habla más que en el decir ha ido erosionado el valor de la literatura oral y también en el campo del texto escrito lo publicado no siempre merita el ensalzamiento que se le hace. Es así que es posible gozar con una lectura de alguien y sufrir en una lectura de su texto siguiente, Para el que escribe no es fácil estar sorprendiendo continuamente al lector (tampoco veo que tenga que ser ese su objetivo, salvo que sea un mercantilista preocupado en las ventas) o tratar de estar en la cresta del candelero. El sosiego del anonimato no se paga con nada. Hay quien tras probar los laureles de la celebridad por la autoría de un texto reconocido ha preferido volver a su vida de puertas adentro o de puertas afuera pero en todo caso con moderación y no someterse a la diana de los flashes. Con el discurso pasa algo parecido. El discurso más ostentoso busca con zalamería los titulares: frases cortas, rabiosamente concretas, si apuntan a un enemigo nominal tanto mejor. Hay otro modo de entender el discurso literario, el de la fluencia de una creatividad escrita que puede –o no- encerrar mensajes explícitos. En cierta manera el discurso de lo escrito, es decir lo troncal o común al conjunto de discursos que concurren las plataformas de edición, pasa por la constatación de personajes e ideas en contextos de realidad cuyos dominios no los tienen en cuenta. Hay famosos personajes literarios que encierran deseos del inconsciente colectivo y que nos retratan en cierta manera o tienen propiedades que os gustaría tener. El personaje inventado supera al personaje de la realidad, incluso cuando este personaje de realidad es el autor que crea aquel. La simbiosis del creante y de lo creado sigue siendo misteriosa. El literato consigue con su personaje de papel lo que no consigue como persona de verdad. Esta no puede decir el discurso público que le apetezca donde le apetezca, el protocolo lo impide. Aquel puede ser todo lo transgresor que el imaginario de este pueda concebir. Gracias a los héroes inventados la vida tiene el concurso de una espectralidad en paralelo que da un valor a lo inmatérico superior a la misma presencialidad. Un individuo callejero no es nadie, pasamos por su lado si verlo, ni miramos ni somos mirados. Nadie se fija en nadie, salvo que con este mismo individuo coincidimos en un lugar donde es convenientemente presentado como autor de una determinada creación, entonces se enciende el chip y se hace el milagro de la atención. Aquel que era invisible pasa a ser visibilizado con todos los honores. Se lo merece. En el fondo un creador busca ser reconocido por sus creaciones ya que no lo es por sí mismo. Con eso no se dice nada nuevo, uno es lo que hace, lo que proyecta, lo que expresa. No puede esperar gran cosa ofreciéndose como un cero matemático. Ese hiato entre creación-creante se da, por otra parte, en todo. Una persona habla de lo que hace, de sus experiencias y anécdotas, de sus méritos y marcas, de sus copas o de sus títulos, de sus trabajos, de sus ligues, de sus tesoros. ¿Cómo hablar de la vida sin hablar de todo lo que hacemos en ella? Ese común denominador a todo lo humano tiende a ser especialmente mimado en la relación particular de arte y artista. La diferencia del genio creativo con el de cualquier otra persona que hace un trabajo (un artista no deja de ser un trabajador) es el que el operario hace un trabajo repetido mientras que el artista hace o se le valora en un hacer originario. Luego el análisis creativo-artístico de cada caso puede demostrar cosas desagradables como que el artista también se repite, y por tato se reitera y reproduce a sí mismo, banalizando su excepcionalidad. Empíricamente se comprueba una tendencia al segurizante más que a la exploración. Los periodos de exploración son interludios entre metas de seguridad. Eso pasa tanto en el parámetro de la vida subsistencial como en el registro creativo. Eso explica que predominen las conductas sedentarias a las viajeras por lo que hace a la relación ante el mundo geográfico. También podría explicar que la normatividad de las temáticas típicas a otros adentramientos por el surrealismo.

Si bien hay una pluralidad de géneros y es más propio hablar de literaturas que de literatura siguiendo el nuevo canon de pluralizarlo todo desde la evidencia de la heterogeneidad todavía late un deseo novicio en seguir el manual eficaz para el producto literario de éxito. Tómense dos personajes carismáticos e invéntese una trama conflictual por intereses antagónicas, rellénense los contextos con tatos personajes secundarios como el prurito de la excitación paisajística pida, colóquense la justas escenas de eros y pasión, además de las emociones bajas o altas ad hoc que corresponda y finalmente hágase intervenir unos cuantos axiomas para que todo no quede en un darle vueltas al mejunje del entretenimiento. El tema tal vez pueda esperar, la literatura prioriza la forma de tratar temas clásicas. Si hiciéramos un inventario de cuestiones cruciales en las que se vienen entreteniendo las teorías desde que la historia es historia tal vez no pasen de unas pocas relacionadas con arquetipos y mitos. El logos ha venido a poner orden en las interpretaciones de ese inventario pero no lo ha trascendido. La necesidad de seguir consumiendo héroes y seguir atentamente el desenlace de cuentos abduce la atención infantil pero también la adulta.

¿Qué fue antes el mensaje o la forma? La literatura nació a partir de las propias dificultades del mensaje. Mientras el mensaje siga estado bloqueado las formas literarias macheteará claros en la espesura de la selva para ubicar su círculo de escucha junto a un fuego. Alguien usará la voz por todo efecto especial para crear la magia de las letras y el viaje trascendido más allá del sitio físico para imaginar todo lo que la osadía inventiva permita. Antes de que la humanidad en un siglo postrero alcance los goces de cualquier asunto práctico desde mucho ates quienes se permitieron imaginar e inventar cosas anticiparon con su literatura lo que las ciencias políticas concretarían mucho tiempo después.

La teoría literaria está vinculada a la teoría del discurso siendo forma y esencia de este. La mayor significación del acto de escritura lo recoge quien lo actúa. El texto mostrado es la acción demostrada de lo que se piensa y de lo que se sabe, también, claro, de lo que no se sabe. Al hacerlo se escala algo más en el mundo espectral de la forma pero también en el registro esencial del ser que sospecha lo poco que es por mucho que se hurgue.

Después de siglos de imprenta y de textos que se han ido acumulando es difícil inventar algo nuevo bajo el sol. Cada novel sueña con escribir una obra sublime, premiada y que lo catapulte al estrellato. Vivir de la literatura es uno de los deseos de la bohemia. De pronto a todo el mundo le entran ganas de escribir un libro, su libro y alumbrar al mundo con lo que diga en sus páginas. Hay quien se pone a escribir sin haber leído lo suficiente, quien lo hace combinando ambas actividades y quien deja de leer porque la escritura no le deja tiempo. Nietzche llegó a repudiar las lecturas, lo mismo que hizo con la filosofía. Necesitaba reautentificarse para poder pensar y emitir su pensamiento sin interferencias. Su biografía no deja de ser una paradoja de lo que dijo en este puto, ya que se convertiría en uno de los filósofos más famosos y sus textos en libros muy leídos que se siguen reeditando. Mientras leer tiene que ver con la formación y la curiosidad, -condiciones indispensables para la creatividad-, que permiten estar recibiendo, escribir tiene que ver con el dar, con el contradecir y el enseñar que son maneras de complementar el decir.

La escritura creativa sirve para muchas cosas (proyección, realización, información, investigación, aclaración,…) y no tiene porque resolver grandes cuestiones planteadas por literaturas anteriores. Lo peor del objeto literario es que se presente como una aportación final y lo mejor es que admita elaboraciones que no puedan ser encorsetadas dentro de un solo tipo de forma. El hecho de que intente explicar cómo millones de palabras los fenómenos de la vida no significa que lo consiga más que otras formas de interpretación y destilación de los fenómenos, aunque sí consigue pretextos para bucear en todo ello. Un lector entrenado aprendió que un primer libro es la entrada a un número indeterminado de ellos, tatos en que no puede pensar nuca en que uno se convierta en el último. La literatura es una forma de vivir desde otros textos lo que la realidad impide desde los textos orales dominantes pero su pretensión no es tanto la de la alterativa como la de información fragmentaria que contribuya a ésta.

Pasar veladas leyendo textos de relatos imaginarios es un buen antídoto para sobrevivir a una realidad tan falta de imaginación. Definición común tato para el autor como para el lector: superviviente existencial desde el plus perceptivo proporcionado por la invención.