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Grupo de Apoyo psicológico y humanitario a usuarios en emergencia



LA ACEPTACION

Mirta
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 04/04/2011
La energía de la aceptación
Una vez escuché decir a Stephen Gilligan, conocido psicoterapeuta americano, que en su opinión uno de los grandes problemas del ser humano en occidente es que no se quiere a sí mismo o que se quiere más bien poco. No se acepta tal y como es.

A este respecto, él introduce el concepto de “apadrinamiento” o, si lo prefieres en femenino, de “amadrinamiento”. Se trata de aceptar y apadrinar aquellas partes de ti que necesitan de más cariño y cuidados y hacerlo desde tu centro. Su método utiliza el trabajo ericksoniano para profundizar en la conexión contigo mismo, con tu centro y, desde ese lugar, apadrinar y humanizar aquello que sea que la vida te envía en este momento e ir más allá, atravesarlo, para seguir creciendo.

Lo que propone Gilligan es profundizar en la conexión contigo mismo, con tu centro, con esa parte esencial de ti. Esa parte de ti que es más profundamente tú que cualquiera de los roles que interpretas en la vida (el rol de emplead@, el de pareja, etc). Ese centro con el que quizá hayas conectado más fácilmente en algunos momentos concretos de tu vida. Esos momentos en los que te has sentido más relajado, más en paz contigo mismo, en los que has visto más claro… Quizá mientras realizabas alguna actividad deportiva, tal vez mientras dabas un paseo por la playa o una caminata por el campo o mientras hacías meditación o yoga o mientras acompañabas a un moribundo o de alguna otra manera…

En general, cuando tienes un problema, tiendes a salirte de tu centro, de esa zona de equilibrio. Desde allí la visibilidad no es buena. No se detectan las razones, las intenciones positivas, las soluciones. Lo que propone Gilligan es que no cedas tu centro al problema.

En cualquier momento, puedes retornar a tu centro y desde allí mirar y ver la situación con otros ojos, con más claridad. Observar la situación con curiosidad y pregúntate como puedes apadrinar y utilizar eso respetuosamente para ir más allá y seguir creciendo, desarrollándote como persona.

Gilligan parte de la base de que todos los patrones humanos pueden ser utilizados en forma constructiva o destructiva y de que todo comportamiento humano tiene una intención positiva. Beber alcohol o tomar determinadas drogas puede tener la intención positiva de calmar la ansiedad. Tras una copa se produce la relajación y es bueno saber que hay muchas alternativas para llegar a ese estado deseado de relajación. Puedes apoyar esa intención positiva de relajarte y apadrinarla, protegerla, mantenerla. Al tiempo que encuentras otras alternativas que te permiten obtener el mismo resultado de forma no gravosa para ti.
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 04/04/2011
La energía de la aceptación
Conozco a una señora encantadora de 78 años que me relató una historia que te quiero contar. Aquí la llamaré Felisa. Su cara irradia una luz especial. Su mirada es brillante. Su sonrisa amable y serena. Aunque está muy bien de salud, sus movimientos corporales son lentos como es propio en una mujer de su edad. Felisa forma parte de una comunidad cristiana-católica y una Semana Santa le pidieron que saliera a la calle, junto con los demás miembros de su comunidad, a dar un mensaje de la Iglesia.

Aunque ella tuvo que vencer su natural timidez, lo hizo. Se lanzó a pasear por una conocida calle de Madrid y fue parando a los transeúntes para darles aquel mensaje. Quería hacerlo, le parecía una misión importante, con valor. Se llenó de amor y salió a la calle a irradiarlo. Creo que acabó por pensar: yo haré mi parte, lo que hagan los demás es la suya.

Se quedó sorprendida con el resultado. La gente se paraba a escucharla, la prestaba atención. A alguno se le llenaron los ojos de lágrimas. Una chica le dio las gracias y le dijo que aquello, aquel mensaje, era lo que más necesitaba escuchar en ese momento de su vida.

Y bien… ¿Cuál era ese mensaje?. Felisa, simplemente, se acercaba a los transeúntes y les decía:

— Buenas tardes. Me envía la Iglesia para darte un mensaje: “Jesucristo te quiere tal y como eres. ”

* * *

Hay quien cree en un Padre que juzga, castiga y premia. Quien piensa esto es que no ha entendido nada. ¿Cómo va a castigarte Dios por hacer algo que antes te ha permitido hacer? De la película “Conversaciones con Dios”.
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 04/04/2011
La energía de la aceptación


Con esta entrada acabo la serie sobre la energía de la aceptación. ¿Por qué o para qué escribir tantas anécdotas, metáforas, historias y reflexiones sobre la aceptación? Por paradójico que pueda parecer, creo que la aceptación es la llave que abre la puerta de tu transformación, del cambio que deseas en ti, de tu libertad. Es la llave de tu progreso, de tu desarrollo como persona. “Contra lo que te resistes persiste, lo que aceptas, se diluye”.

Como hemos visto a lo largo de esta serie, es importante aceptar el pasado y hacer las paces con él. Aceptar y soltar. Aceptar lo ocurrido y dejarlo marchar. El pasado no puede ser modificado, ni con oraciones, ni con maldiciones, ni con arrepentimientos. Es en ese momento en el que toca aceptar el destino absolutamente, sin mirar atrás. No hay otro modo en el que puedas ser libre. No hacerlo así es vivir esclavo de tu pasado. A veces he conocido a personas a las que les ha ocurrido algo terrible en su vida (algo que desde luego desearía que no me ocurriera a mí) y me he preguntado que ha sido peor, si lo que les ocurrió o como se han quedado enganchadas en eso, en la lamentación, en la culpabilidad, en el rencor… (en la no aceptación), viviendo esclavas de ese hecho pasado el resto de sus vidas.

Dos de los pilares de la visión de Milton Erickson sobre la psicoterapia y, más allá, yo diría que sobre la vida misma, fueron la aceptación y la utilización. Erickson aceptaba lo que ocurría en su vida y lo utilizaba para seguir creciendo, para continuar desarrollándose como persona. Erickson tuvo serios problemas de salud a lo largo de su vida que aceptó y utilizó para construirse como un ser humano más fuerte, más pleno. No estoy diciendo que sea fácil. Me temo que ese es el arte del vivir. Como decía Aldous Huxley, “la experiencia no es lo que le sucede al hombre, es lo que el hombre hace con lo que le sucede”.

Como también hemos visto, la aceptación es también lo que te permite desarrollar la fundamental emoción del apego seguro, la sensación de pertenencia al grupo, a la familia. Ello te permite después, cuando dejas de ser niño, individualizarte como persona en la confianza de que puedes ser distinto y, al mismo tiempo, seguir perteneciendo al grupo, a la familia. Educar a los hijos no es tarea fácil. Tener como prioridad aceptar a la persona (al niño) y, desde ahí, trabajar sobre la tarea (educar), te puede dar una mayor flexibilidad y eficacia a la hora de lidiar con sus problemas. También hemos visto algunas anécdotas en las que “curiosamente”, cuando la madre aceptaba el “síntoma” de la hija era también cuando comenzaba su transformación. La aceptación, el amor, es sanador en sí mismo.

¿Cuántos de vosotros no habéis sentido alguna vez no ser lo suficientemente buenos? ¿Cuántos consideráis que habéis recibido de vuestro padre o madre una aceptación incondicional tal que os ha permitido sentir ese fundamental apego seguro plenamente, sin fisuras? Quizá no muchos levanten la mano… Es como aquel niño que contesta a la pregunta del padre “ ¿Qué crees tú que has de hacer para que yo te quiera? ” , diciendo: “sacar buenas notas, comerme toda la comida del plato…”. Ah, amigo, eso es amor construído sobre resultados y eso no es lo que quieres oír… Lo que te gustaría escuchar es que te quieren por ti mismo, sin más. Lo que desearías oír es lo que el padre de la historia le contesta a su hijo: Equivocado —replicó el padre, mientras miraba a su hijo con ternura y David quedaba sumido en un silencio lleno de desconcierto—. Simplemente, inhala y exhala, hijo. Eso es todo.

Y el caso es que… No sé si alguna vez has visitado la UCI pediátrica de un hospital y visto la cara de los padres que se pasean por allí pero yo juraría que por muchas trastadas que hayan hecho sus hijos antes del ingreso hospitalario, si les preguntas a esos padres en ese momento… que necesita hacer su hijo para hacerles felices, estoy convencida que te dirían, como el padre de David: Simplemente, inhalar y exhalar. Eso es todo.

Así que quizá puedas reflexionar sobre la cara que hubieran puesto tus padres si te hubieran visto en la UCI pediátrica. Si eres creyente, recordar que “Jesucristo te quiere tal y como eres. ” Decidir, como adulto, apadrinarte y aceptarte a ti mismo. Elegir, vista su importancia, aceptar a los demás. Aprender de tu respuesta interior cuando encuentres interferencias para aceptarlos…

No podrás cambiar aquellas partes de ti que quieres cambiar, si antes no las aceptas amorosamente, apadrinándolas. Puedes aceptarte a ti mismo, a pesar del problema, a pesar de tus defectos, a pesar de tus errores. Einstein decía que se equivocaba en un 50 % de las ocasiones y ¡Era Einstein! Todos cometemos errores. De hecho, la vida es un camino de aprendizaje y el método usual de aprender es el de prueba-error-corrección. Tanto es así que creo que deberíamos hablar de exploración-resultado-avance. La perfección no existe. No existe ser humano perfecto. Recuerdo haber escuchado a Gustavo Bertolotto preguntar a sus alumnos si preferían ser completos o ser perfectos…

La aceptación del problema y la aceptación de ti mismo a pesar del problema es la llave de la transformación, del cambio. No cedas tu centro al problema. Aunque estés pasando por un mal momento, siempre existe la posibilidad de que puedas retornar a tu centro y desde allí mirar y ver la situación con otros ojos, con más claridad. Observar la situación con curiosidad y pregúntate como puedes apadrinar y utilizar eso, respetuosamente, para ir más allá y seguir creciendo, continuar desarrollándote como persona. Pensar sobre la intención positiva de tu conducta y de la de los demás (seguramente, cubrir una necesidad…), explorar la oportunidad que se esconde tras una crisis… perdonar los errores propios y ajenos y agradecer los dones propios y regalos recibidos de los demás, agradecer también a la vida el haber llegado hasta aquí. Como dice mi colega Luis Bueno, el perdón y el agradecimiento son buenos complementos de la aceptación…

Te deseo salud, paz y prosperidad en este nuevo año 2011 y por ello te deseo también que avances en tu camino de la aceptación, el perdón y el agradecimiento.
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 04/04/2011
La energía de la aceptación
Me gustaría contar este mes una pequeña anécdota de la vida de Milton Erickson, prestigioso psiquiatra americano y padre o inspirador de buena parte de la psicoterapia breve moderna. Dos de los pilares de la visión de Erickson sobre la psicoterapia y, más allá, yo diría que de la vida misma, fueron la aceptación y la utilización. Erickson aceptaba lo que ocurría en su vida y lo utilizaba para crecer. Tuvo importantes problemas de salud que aceptó y utilizó, sin embargo ahora deseo poner un pequeño ejemplo que habla de la dislexia que padeció de niño. Un Erickson ya anciano relató esta anécdota a Stephen Gilligan, uno de sus discípulos más jóvenes. Gilligan nos la transmitió en un curso impartido por él en España hace unos años.

Milton nació en 1901, hijo de una familia de granjeros en el medio oeste americano y acudió a estudiar en la escuela del pequeño pueblo donde vivía. En el colegio era conocido como el niño-diccionario. Pasaba muchas horas buscando palabras en el diccionario, en las pausas entre las clases, en el recreo, a la hora de comer. También cuando estaba en su casa, haciendo los deberes, empleaba muchas horas leyendo el diccionario. El motivo era que cada vez que quería buscar el significado de una palabra, empezaba a leer el diccionario desde la primera página. No fué hasta los 17 años que se dió cuenta de que el diccionario estaba organizado alfabéticamente y gracias a ese orden podía ir directamente en busca de la palabra cuyo significado quería averiguar. Tampoco nadie a su alrededor, padres o profesores, habían reparado en ello.

¿Cómo se sintió ese joven Milton de 17 años ante tan sorprendente descubrimiento? Cuenta Gilligan que Erickson se lo relató con su característica socarronería. El jóven Milton se quedó maravillado con su descubrimiento. Tuvo uno de esos momentos geniales, en los que uno recibe esa especie de iluminación que verbaliza en un ¡Aja! ¡El diccionario está organizado en orden alfabético! ¡Albricias, ahora podré localizar mucho más rápido las palabras que busco! También se dio cuenta de que no haberlo sabido hasta entonces había sido muy útil para él. A fuerza de leer tantas horas el diccionario, a los 17 años tenía un vocabulario tan amplio, un dominio de la lengua inglesa tan maravilloso que era muy superior al de cualquiera de sus compañeros de escuela.

El resto de la historia es de dominio público. Erickson siguió perfeccionando su dominio del inglés. Fue a la universidad y estudió medicina con la especialidad de psiquiatría. Se volvió un famoso y prestigioso psicoterapeuta. Muchos estudiosos han pasado horas analizando y escribiendo libros y artículos sobre lo que ha dado en llamarse el “lenguaje ericksoniano”, base importante de la técnica psicoterapéutica desarrollada por Milton Erickson.

Me pregunto cuantas anécdotas similares desconocemos. Cuantos otros podrían inspirarnos. Me pregunto cuál es esa energía tan poderosa que surge de la aceptación. ¿No te parece que es una energía muy amorosa?
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 04/04/2011
La energía de la aceptación

Estoy leyendo una autobiografía del Director de Teatro inglés Peter Brook llamada “Los hilos del tiempo”. Peter describe, con la distancia que da la edad, su evolución no solo profesional sino también personal. Lo hace con travesura, ternura, estética, inteligencia, profundidad… y salpicando el texto de multitud de anécdotas divertidas e interesantes. Entre ellas, cuenta la de un notable sufí africano, Amadou Hampaté Ba, a quien en una reunión de amigos en París le preguntaron si era cierta la visión oriental del destino fatalista que conducía a aceptarlo todo con pasividad.

— Por supuesto que no es cierta — contestó el notable sufí con firmeza—. Cuando estás frente a una tragedia potencial, tienes la obligación de luchar para prevenirla con todo lo que esté a tu alcance. El hombre tiene naturaleza de guerrero y puede luchar contra el destino, sin rendirse jamás. Eso es la libertad. Tan solo cambia todo cuando ocurre lo inevitable. Entonces, el pasado no puede ser modificado, ni con oraciones, ni con maldiciones, ni con arrepentimientos. Es en ese momento en el que uno ha de aceptar el destino absolutamente, sin mirar atrás. No hay otro modo en el que podamos ser libres.

En un guiño modernizador de la anécdota, Peter finaliza diciendo que Amadou hoy hubiera añadido con gentileza: — El hombre significa la mujer también.
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 05/04/2011
La energía de la aceptación
Érase una vez una mujer que quedó viuda siendo joven. Su única hija contaba entonces 9 años de edad. La mujer viuda cambió sus horarios de trabajo para poder estar más tiempo con su hija y empezó a ir a comer a casa todos los días.

La niña hacía migas con el pan, las tiraba por la mesa, las mojaba en el vaso de agua… También mojaba allí su servilleta de papel. La niña hacía siempre esto. La mesa adquiría un aspecto de gallinero y la relación de la madre con la hija se iba tensando cada día a la hora del almuerzo.

La madre también hacía siempre lo mismo. Seguía saliendo pronto del trabajo, cruzaba la ciudad para ir a comer con su hija y tenía que educar a su hija en la mesa… así que la corregía, la corregía y la corregía cada día.

Un buen día, mientras la madre y la hija estaban comiendo en la cocina, la madre abrió un paquete de servilletas de papel. Fue sacando servilletas, mojándolas en el agua de su vaso y tirándolas al aire.

— Mamá, estás loca — repetía la niña mientras observaba atentamente a su madre y reía de buena gana. La madre siguió un rato mojando y tirando, mojando y tirando servilletas al aire, riendo también.

— No estoy loca, hija — dijo finalmente —. Estoy jugando. Tú tenías razón. Esto es más divertido.

A partir de ese día, madre e hija comenzaron a disfrutar mucho de sus comidas juntas a medio día. La niña dejó de poner la mesa como un gallinero, aunque, de vez en cuando, madre e hija tiraban servilletas de papel al aire para recordar aquel día.

Aquella niña creció y cumplió 12 años. Un día su madre llegó a casa y la encontró vestida con unos pantalones vaqueros rotos y sucios y con unas zapatillas de deporte sin cordones. En aquellos tiempos apenas se veía esa manera de vestir que luego se hizo moda.

—Llevas los pantalones sucios y rotos y no tienes cordones en las zapatillas —dijo la madre—.

— Mamá, tu siempre me criticas —contestó ella mientras empezaba a llorar—

— No hija, no, yo siempre te digo lo que está mal … — y mientras lo decía y veía a su hija llorar… se dio cuenta… y cambió —.

A partir de entonces, aceptó la vestimenta de su hija y cada vez que su hija se ponía algo que le parecía “mono”, por muy pequeño que fuera, una simple pinza en el cabello, ella se lo decía. Le alababa la pinza en el pelo. Con los años, la niña dejó de ser tan desafiante con la vestimenta aunque siempre se mantuvo original.



Nota:

Estas anécdotas son de la vida real y las contó Wilma Sponti, conocida psicoterapeuta de familia italiana, en un taller que impartió en el Instituto Erickson de Madrid.

La aceptación es lo que te permite desarrollar la emoción del apego seguro, la sensación de pertenencia al grupo, a la familia. Ello te permite después, cuando dejas de ser niño, individualizarte como persona en la confianza de que puedes ser distinto y, al mismo tiempo, seguir perteneciendo al grupo, a la familia.

“Curiosamente”, cuando la madre acepta el “síntoma” de la hija es también cuando comienza su transformación.

“Contra lo que te resistes, persiste; lo que aceptas, se diluye”
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 05/04/2011
La energía de la aceptación
La Programación Neurolingüística (PNL) estudia el modo en el que se programa el sistema neurológico y el lenguaje para construir nuestro modelo de mundo, nuestro mapa del mundo.

El mapa no es el territorio. Cada uno de nosotros se ha construido su propio mapa del mundo, su propia interpretación de este.

La PNL nació más o menos en la misma época en la que aparecieron los ordenadores personales y quizá influida por esto concibió el cerebro humano como un ordenador personal que se puede programar y reprogramar, como cualquier ordenador. El hardware sería la estructura biológica y el software la manera en que se organiza el lenguaje y la neurología.

Las personas no tienen cerebros defectuosos, sino programas que no funcionan bien, que tienen algún “bug” (como dicen los informáticos) y esto se puede reprogramar.

El ordenador personal más importante y avanzado que existe en el mundo lo tenemos dentro de nuestra cabeza. Si los desarrolladores de software pudiesen programar sus ordenadores como el cerebro humano, se asombrarían. El cerebro está estableciendo constantemente nuevas conexiones neurológicas. Está siempre funcionando y aprendiendo, sin necesidad de que nosotros tengamos que hacer nada en especial. Trabaja para nosotros. Es como si dejaras tu ordenador encendido todo el fin de semana y el lunes descubrieras que ha creado nuevas conexiones que tú no habías programado. Ahí está la diferencia. El cerebro y el ordenador son reprogramables pero solo el cerebro humano tiene la maravillosa capacidad de reprogramarse a sí mismo.

Robert Dilts y Todd Epstein recogen toda esta teoría de la PNL y la aplican al aprendizaje en niños y estudiantes en un libro llamado “Aprendizaje dinámico con PNL”, del que extraigo estas notas.

— Sabemos — dice Robert — que muchos pensarán: «Vaya, pensar en el cerebro como un ordenador es muy mecanicista e impersonal. No quiero pensar en el cerebro de mi hijo o de mis alumnos como si fuera un ordenador » Sin embargo, hemos visto a personas que llevan a cabo actos profundamente inhumanos con niños y estudiantes, precisamente, por no entender su cerebro como un ordenador. Cualquiera que haya trabajado con un ordenador sabe que el ordenador no tiene malas intenciones, su propósito no es sacarnos de quicio. En general, tampoco es que su hardware esté averiado. Lo usual es que se trate simplemente de un “bug” en el programa (lo que se puede reprogramar) o incluso de hablar otro lenguaje, usar otros signos, que el programa si pueda entender. Porque cada uno de nosotros tiene sus propios programas mentales y, a veces, es necesario hacer una traducción para que dos programas puedan entenderse y comunicarse entre sí. Este enfoque nos da una mayor flexibilidad a la hora de lidiar con los problemas de aprendizaje.

— Se trata — concluye Todd — de un equilibrio entre tareas y relaciones. Te sugiero que pienses en el cerebro del niño como un ordenador para que puedas entender donde no funciona el programa. Esto te permitirá una relación más estrecha con el niño porque no proyectarás los problemas de la tarea en la relación con el niño.

Estoy de acuerdo y, además, yo iría un punto más allá en la forma de expresar esa misma idea. Creo que se trata de separar la tarea (el aprendizaje) de la persona (el estudiante). Centrarnos en crear una estrecha relación con la persona, una conexión que nos permita acercarnos a su mapa del mundo desde la aceptación que ese ser humano se merece por el solo hecho de serlo. Luego, podremos más fácilmente detectar cual es su mapa, que lenguaje utilizar para que él comprenda y, si es que su programa tiene algún “bug”, ayudarle a reprogramarlo porque él es el primero a quién le gustaría disfrutar de haber superado su problema de aprendizaje. En suma: puedes aceptar a la persona y, desde ahí, trabajar sobre la tarea. Será precisamente esa aceptación de la persona la que abrirá su oportunidad para la transformación.

Hay una frase de la sabiduría popular que, al final del camino, dice algo bastante similar y, desde luego, de manera mucho más breve: “se puede ser firme con las cosas importantes de la vida y amable con las personas”.
Mirta Rosa Carceles
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Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 05/04/2011
La energía de la aceptación

Betty Erickson, conocida psicoterapeuta americana e hija del prestigioso psiquiatra Milton Erickson a quien ya nos hemos referido en este blog, vino a Madrid hace algunos meses a impartir un taller. Durante el mismo contó muchas historias, anécdotas, metáforas… y hay una, en especial, que me gustaría traer aquí, a esta serie de entradas sobre la aceptación. La anécdota es sobre un niño que Betty atendió en su consulta y sobre la conversación que el niño y su padre mantuvieron en la misma. Utilizo nombre figurados.

David lo estaba pasando mal pero no quería hablar de lo que le ocurría — nos contó Betty —. Su padre estaba sentado en la sala de espera mientras yo hablaba con el niño en mi consulta. Finalmente, David me contó las cosas que su madrastra estaba haciendo con él. Realmente no se estaba portando bien con el niño. El chaval se había quedo huérfano y su padre viudo se había vuelto a casar con la mujer que entonces era su madrastra. El niño no le quería contar a su padre lo que su segunda esposa le hacía cuando estaban solos. Pensaba que no le iba a creer, que se pondría de parte de ella, que dejaría de quererle si se lo contaba.

Betty pensó que se la tenía que jugar. No sabía como iba a reaccionar el padre pero él estaba ahí fuera, en la sala de espera, y tenía que saber lo que estaba ocurriendo. Así que le hizo pasar y pidió al niño que repitiera delante de su padre lo que le había contado a ella. El chico así lo hizo. Afortunadamente, el padre reaccionó maravillosamente bien. Creyó lo que su hijo le contaba y, en un momento dado, mantuvo con él la siguiente conversación.

— Hijo, ¿Qué crees tú que has de hacer para que yo te quiera siempre?
— Sacar buenas notas, comerme toda la comida del plato, no molestar…—contestó David—
— Equivocado —replicó el padre, mientras miraba a su hijo con ternura y David quedaba sumido en un silencio lleno de desconcierto— Simplemente, inhala y exhala, hijo. Eso es todo.
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 05/04/2011
La energía de la aceptación
Dicen que el teatro es terapéutico y yo creo que es cierto. De hecho, lo estoy experimentando en mi misma. Acudo desde hace unos meses a un taller de teatro donde, básicamente, hacemos improvisaciones. Nuestro profesor, Pablo Messiez, nos anima a salirnos de nuestro registro habitual, a probar otros personajes distintos de nosotros mismos. Algún día he salido de allí después de interpretar a un personaje contrario a mi forma habitual de ser y, sin embargo, con la sensación de ser más yo misma… Creo que, realmente, estos experimentos resultan maravillosos.

Peter Brook, conocido director de teatro inglés, ahora ya caminando por la senda de sus ochenta y pico años, ha sido y es un gran experimentador teatral. En su autobiografía, “Hilos de tiempo”, narra muchos de los experimentos teatrales que probó con los actores de sus compañías de teatro y cuenta entre mucho otros el siguiente.

“En una ocasión probé un ejercicio que había inventado Grotowski. Parecía totalmente inocente: se invita a cada persona a imitar el tipo de persona a la que más detesta. «Pero tiene trampa», dice Grotowski. «Ya lo verá. El actor revelará su más honda naturaleza propia sin saberlo».

Andreas Katsulas, medio americano, medio griego, declaraba tener horror a la religión, y representaba un papel inestimable en el grupo, porque pinchaba cualquier solemnidad o pretensión con un irresistible ridículo. Para aquel ejercicio, escogió imitar a un piadoso monje joven, y se paseaba de acá para allá, dislocando la cara en una parodia de una santa apariencia. No obstante, gradualmente, la realidad de la imagen que estaba ilustrando fue rebasando su intención y una cualidad contemplativa, hondamente escondida en su interior, transformó su expresión, dando a su cuerpo una luminosa serenidad que le era auténticamente propia.

Los actores suelen temer que, si pierden la personalidad que conocen, se volverán blandos y anónimos. Nunca es ese el caso. (…), lo que aparece es la auténtica individualidad”.
Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 05/04/2011
La energía de la aceptación
Si quieres alegría, da alegría
Si quieres aceptación, da aceptación
Si quieres amor, da amor

Una mujer me contó una historia. Es ésta.

Una mañana de sábado leyendo a Deepak Chopra, no recuerdo muy bien como, unas palabras vinieron a mi cabeza: “si quieres alegría, da alegría”. Decidí ponerlo en práctica y bajé a la calle a hacer la compra y desayunar en una cafetería cercana. Miraba a los ojos a cada persona con la que tenía que hablar y, una vez establecida la conexión visual, simplemente decía para mis adentros: “te deseo alegría”. Sin necesidad de hablar, sólo con pensarlo, sentía la alegría dentro de mí y notaba que la irradiaba. Me sorprendí con la respuesta de mis interlocutores. Una y otra vez recibía alegría de vuelta. Hasta la cajera del Día (usualmente con el ceño fruncido) y Zaca, uno de los camareros de la cafetería que frecuento (usualmente algo seco en su expresión), me dedicaron una amplia y amable sonrisa.

Tiempo después pasé un fin de semana en un retiro de silencio, haciendo meditación, en Celorio, un pueblo precioso de Asturias. Era la primera vez que tenía una experiencia así. Es curioso como uno puede adaptarse a esa situación tan rara de no hablar, de pedir con la mirada o el gesto que te acerquen la jarra de la leche en el desayuno o la del agua en la comida o en la cena. Me sorprendió acabar viviendo esa situación como una liberación. No tenía obligación de hablar, no tenía obligación de decir nada. Podía simplemente estar allí en aquel momento. Estar presente, sin más.

No recuerdo muy bien como pero en algún momento de aquel fin de semana de silencio unas palabras vinieron a mi mente: “si quieres aceptación, da aceptación”. Así que cada vez que me encontraba con alguien en la casa de retiro, le miraba a los ojos y, establecida la conexión visual, le decía internamente: “te acepto tal y como eres”. Al cabo de unas horas realizando este ejercicio, empecé a sentir una aceptación por mí misma tan profunda como nunca antes había sentido.

La historia de esta mujer me recuerda a otra que escuché del coach americano Gary Craig, creador de Emotional Freedom Techniques (EFT). Craig decía que nos pasamos la vida pidiendo que nos quieran hasta que un buen día descubrimos que no se puede obtener amor, sino sólo darlo. Cuando das amor a otro, primero te tienes que llenar tú de amor. Sólo cuando tú sientes ese amor dentro de ti, puedes darlo. Mejor, no lo des, porque si lo das te quedas tú sin él y no se trata de eso. Irrádialo. Como una estufa que ha de mantenerse llena de calor dentro de sí para poder irradiarlo fuera.

Si quieres alegría, irradia alegría
Si quieres aceptación, irradia aceptación
Si quieres amor, irradia amor
Patty
Escrito por Patty
el 05/04/2011

Saludos Mirta!
Muy interesante debate.
Estoy contigo.
Todos necesitamos sentirnos amados y aceptados.
Pero hay que amarnos primero a nosotros mismos.
Irradiemos amor desde dentro de nuestra ALMA Y DE AHI A LOS DEMAS.


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 05/04/2011

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 05/04/2011

Gracias amiga, fijate si me estas siguiendo porque no puedo escribir en tu perfil y tampoco veo el logo del destaque del grupo. Abrazos y bendiciones.

Matilde Ramirez
Patronaje y manejo de maquinas centro ...
Escrito por Matilde Ramirez
el 03/05/2011
En el camino a la Grandeza, una de las virtudes que mas debemos mantener y cuidar en la de la Aceptación.

Pero en ese camino de cuidarla debemos saber exactamente lo que eso realmente significa. Por mucho tiempo creí que aceptar las cosas era resignarse a lo que pasara con ellas, poco tiempo vi era algo completamente distinto entendi que es una actitud que se desarrolla y se aprende desde nuestra alma hacia nuestra mente. Ella es un valor que se va desplegando a través de la práctica, en nuestras meditaciones y en nuestras oraciones y tiene que ver con ese mirar los sucesos internos y externos en el pasado y sus enseñanzas y la realidad que ellos nos proporcionan.

La Aceptación es encontrar la serenidad liberadora esa que nos permite liberarnos del pasado y todos los Errores, las caídas y los éxitos que ese tiempo nos trajo para preparar el presente y su transición con el Futuro viéndolo como una experiencia completamente distinta e impulsadora en esos ciclos que volveran a llegar.

En el camino siempre se llegan momentos duros y difíciles que aceptándolos no solo estaremos aceptando a el universo estaremos curándonos para nuevas aspiraciones y esperanzas.

La aceptación ,está unida al desarrollo de otras virtudes, que florecerán de su mano. Es la madre de la compasión y la sabiduría, ya que sin ella el amor y el conocimiento nunca crecerán.

¿Pero qué es lo que debo aceptar ahora mismo?.

Cierra tus ojos. Respira, lenta y profundamente.
Siente las sensaciones de tu cuerpo. Todo lo que ahora surge de la experiencia corporal, obsérvalo, con amabilidad.

Descubre cada rincón de tu cuerpo a través de la atención plena.
Registra las zonas más tensas y más invisibles de tu cuerpo. Lleva la conciencia hacia ellas, suavemente.

Respira, como si el aire, fuese la brisa fresca que aclara la mente, liberando tus pensamientos que pasan , aferrándose con fuerza a tu conciencia.

Observa , a qué tipo de pensamientos te aferras con más deseo, a cuáles con mayor apego. Siente cómo detrás de los pensamientos, la conciencia pura , respira.

Lleva la conciencia hacia el corazón, permite que el centro de tu pecho se abra. Siente como la carga que traes, como una piedra en el corazón , se va liberando, ahora lentamente de su peso.

Respira.

Percibe , como a medida que contactas con el corazón de la existencia, todo sufrimiento cede, abriendo la puerta, a la aceptación.

Respira. Contempla todo lo que aquí está viviendo, en este instante. Libera el pasado y no temas al futuro. Disfruta profundamente de este momento de plenitud, en que la conciencia pura y cristalina, te abre sus brazos.

Siente …el refugio sereno y cálido de tu conciencia infinita. Permite vaciarte de todo temor, angustia o tristeza, de todo anhelo, frustración o enojo que te mantengan alejado de este instante.
Acepta todo a tu alrededor , amablemente, respirando y soltando tu propia libertad.
Contempla el silencio radiante a tu alrededor.

Vive.
Disfruta.
Ama.
Suelta.
Acepta.