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Grupo de Valores humanos



influencia de los valores en la conducta

Toribio
Profesor de enseñanza secundaria comun...
Escrito por Toribio Suncion Leon
el 22/06/2009 | Nivel Avanzado

Influencia de los valores

María Cristina Vidal
Psicología el salvador
Escrito por María Cristina Vidal
el 31/12/2009 | Nivel Avanzado

Un debate muy resumido asi que sere concreta, los valores y creencias que llevamos adentro , se trasladan a las actitudes y es lo que ven de nosotros y lo que nosotros mismos vemos, una persona con buenos valores puede equivocarse, pero nunca sera una mala persona
gracias
maria cristina

Nenaira Jimenez
Inglés básico cepal
Escrito por Nenaira Jimenez
el 04/01/2010 | Nivel Avanzado

TIENES TODA LA RAZON MARIA CRISTINA, los valores y creencias van de adentro hacia afuera.
saludos.

Jesús Rafael González García
Quiromasajista. escuela de quiromasaje...
Escrito por Jesús Rafael González García
el 13/07/2010 | Nivel Avanzado

LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN MORAL Y ESPIRITUAL DE LOS HIJOS, DE LOS NIÑOS:

Aunque los niños son puros e inocentes, también tienen inclinaciones negativas. Por eso, necesitan una educación que

amorosa y pacientemente les inculque normas morales. Una educación espiritual y moral adecuada les ayuda a manejar sus

inclinaciones naturales y canalizarlas debidamente.

Aprender a leer y escribir, a realizar operaciones matemáticas y adquirir otras destrezas y contenidos académicos es muy importante para el desarrollo de nuestros hijos; sin embargo, desarrollar cualidades morales, tales como la veracidad, la honestidad, la justicia, el amor, la cortesía, el perdón, y la generosidad es mucho más importante, ya que asegura, que al crecer, nuestros hijos utilizarán todos los conocimientos y capacidades que hayan desarrollado para aportar al bienestar de la humanidad, y no para hacer daño. Cuando la educación académica y la educación moral se combinan adecuadamente, el resultado es “luz sobre luz”.

Una educación moral eficaz necesariamente va ligada a una educación espiritual, ya que la motivación más fuerte para actuar

de una manera moral nace del amor a Dios, del deseo de complacerle, y del temor de hacer algo que podría desagradarle y romper la conexión espiritual que se experimenta al vivir ese amor. Se puede ayudar a los hijos a comprender estos conceptos por medio del siguiente ejemplo. Si comparamos el amor de Dios con los rayos del sol que nos calientan en un día frío, nuestras

malas acciones son como las nubes que tapan el sol, haciendo que sintamos frío. Puesto que no queremos sentir frío, no nos

gustarán las nubes. De manera parecida, una vez que experimentemos el amor de Dios en nuestra vida, no querremos hacer nada que lo bloquee y haga que no lo sintamos. Por eso, Bahá’u’lláh exhorta:

Cuando nos esforcemos en la educación espiritual de los hijos, ésta elimina la necesidad de una disciplina drástica, ya que una

educación espiritual adecuada despierta el deseo de actuar bien en cualquier situación , basado en el amor y obediencia a Dios y a los padres. Una educación tal incluye la enseñanza de oraciones, el amor a Dios y el temor a Él, así como el desarrollo de cualidades morales. Esta educación será especialmente eficaz si va acompañada por un amor profundo entre nosotros y nuestros hijos.

Bahá’u’lláh aconseja:

El ejemplo de los padres:

Todos amamos a nuestros hijos y deseamos lo mejor para ellos. Hasta es natural que deseemos que tengan una vida mejor de lo que ha sido la nuestra. Sin embargo, con respecto a lo que es el desarrollo de cualidades y prácticas espirituales, el mejor maestro es el ejemplo. No basta que demos buenas recomendaciones a los hijos. Nosotros mismos necesitamos esforzarnos por practicar lo que estamos recomendando.

Bahá’u’lláh exhorta:

“Tened cuidado, oh pueblo, de ser de aquellos que dan

buenos consejos a otros, pero olvidan seguirlos ellos mismos. ”

Los niños aprenden principalmente por la imitación. Todo lo que viven, miran y escuchan en el ámbito familiar se graba en su ser interior y, tarde o temprano, tiende a manifestarse. Por eso: Si queremos que nuestros hijos confíen en el poder de la

oración, nosotros necesitamos orar con confianza.

Si queremos que digan la verdad, nosotros necesitamos ser veraces y evitar hasta las mentiras piadosas, así como expresiones basadas en falsedades, tales como:

“Si no me obedeces, te comerá el coco. ”

Si queremos que estén libres de la murmuración, debemos tener cuidado de no murmurar, criticar a los demás.

Si queremos que se lleven bien con personas de diferentes razas, regiones, países y religiones, nuestras palabras y actos tienen que demostrar que consideramos a toda la humanidad como una sola familia.

Si queremos que tengan una actitud de servicio, nosotros necesitamos servir.

Si queremos que ellos no consuman alcohol, nosotros no debemos consumirlo.

No importa con cuánto empeño enseñamos cualquiera de estas cualidades o conductas a nuestros hijos, si no nos esforzamos

por practicarlas nosotros mismos, no es de esperar que los hijos hagan caso de nuestras palabras.

La práctica de estas cualidades y conductas tiene que ser una parte íntegra de nuestra forma de ser. No basta con sólo practicarlas cuando estamos con los niños por el bien de ellos, y descuidarlas cuando pensamos que ellos no se darán cuenta. (de los escritos baháis)