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Inclusion del analis del riesgo, en los planes, programas y proyectos de desarrollo de inversion publica.

Eduardo
Licenciatura en ecologia y recursos na...
Escrito por Eduardo Perez
el 02/06/2010




















































































La inclusion del analis del riesgo, sus herramientas y su metodologia deben de ser considerados oblgatoriamente en los Planes, programas, proyectos de desarrollo de cada uno de los paises de Latinoamerica.

Para hacer una breve introduccion, un desastre es una situación o proceso social que se desencadena como resultado de la manifestación de un fenómeno de origen natural, tecnológico o provocado por el hombre que, al encontrar condiciones propicias de vulnerabilidad en una población, causa alteraciones intensas en las condiciones normales de funcionamiento de la comunidad. Estas alteraciones están representadas por la pérdida de vida y la salud de la población; la destrucción y pérdida de bienes de la colectividad y daños severos en el ambiente, entre otros.

Los desastres constituyen un serio obstáculo para el desarrollo sostenible al provocar grandiosas pérdidas económicas. La destrucción de infraestructura y el deterioro de los medios de subsistencia son consecuencias directas de los desastres. En los países más pobres, los costos en términos de vidas humanas, de medios de subsistencia y de reconstrucción de infraestructuras destrozadas son los más elevados. Las pérdidas por desastres pueden aplazar la inversión social orientada a reducir la pobreza y el hambre, ofrecer acceso a la educación, servicios de salud, vivienda digna, agua potable y saneamiento, o proteger el medio ambiente, así como las inversiones que generan empleo y fuentes de ingresos.

Actualmente existe un amplio reconocimiento de que los desastres se relacionan de una u otra forma con una suma de prácticas humanas inadecuadas y que son, a la vez, representaciones del déficit en el desarrollo. Así también, se reconoce que no se trata solamente de que los desastres impactan negativamente en las opciones y potencial de desarrollo de los países sino, de forma más importante, que son las mismas modalidades de desarrollo de los países con sus impactos diferenciados en la sociedad, las que nos ayudan a explicar el incremento de la vulnerabilidad, de los peligros, y en fin, del riesgo.

De ahí el argumento nos lleva a reconocer que la relación desarrollo-desastre es íntima y que un avance en la solución del problema del riesgo y desastre necesariamente pasa por un proceso en que el riesgo sea sujeto de consideración en los esquemas de planificación del desarrollo sectorial, territorial y ambiental. Con este reconocimiento, necesariamente la manera en que se considera la intervención humana a favor de manejar el problema, cambia de forma importante.

Generalmente, los procesos de planificación para el desarrollo derivan en la formulación de estrategias basadas en diagnósticos que no reportan un análisis de los peligros presentes en el territorio, ni de los factores que hacen vulnerables, frente a estos peligros, a las unidades sociales, sus infraestructuras, actividades económicas, servicios y medio ambiente; menos aún, se identifican, espacializan y se analiza el riesgo de elementos que por su importancia constituyen la base de la vulnerabilidad territorial y que al ser impactados por un fenómeno extremo, configuran escenarios de desastre y perturban el normal funcionamiento de los asentamientos poblacionales y sus actividades; limitándose así el desarrollo del territorio y el bienestar de la población.

Sergio Buitrago
Managua, Nicaragua
Escrito por Sergio Buitrago
el 02/06/2010

Recuerdo unas lecciones que recibí en un Diplomado de Derecho Ambiental, y el profesor de ese curso de apellido Jacamo, nos insistía siempre en que no debemos utilizar la palabra "desastre natural" sino "fenómeno natural que causa desastres", o sea, que la naturaleza en sí no es la que causa los desastres, sino la mal ubicación en el tiempo y espacio de las agrupaciones humanas, tal y como decís en tu escrito, como una expresión de deficit en el desarrollo.

Saludos mi estimado!




Angel Rueda
Guatemala, Guatemala
Escrito por Angel Rueda
el 02/06/2010

Estimado Eduardo: Gracias por tu valioso aporte para la incorporación de la gestión de riesgos en la planificación del desarrollo. Nuestros países en desarrollo estamos muy expuestos a muchos fenómenos naturales y antrópicos que nos hacen muy vulnerables y no estamos preparados para un evento sifgnificativo. Pero se deber cambiar el paradigma de la atención a la emergencia y iniciarlo desde la planificación territorial, analizar el territorio, regular el uso y la ocupación del territorio que es lo fundamental, especialmente si se realiza un ordenamiento territorial, porque si no hacemos lo anterior siempre estaremos condenados a la emergencia.

Saludos

Angel Rueda
Guatemala

Sandra Navarrete
Managua, Nicaragua
Escrito por Sandra Navarrete
el 02/06/2010

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Estimado amigo:

Excelente apunte, considero que todo iniciar con la voluntad de los gobiernos de hacer bien las cosas, porque el poder ya lo tienen.

Los que deben definir el análisis de riesgos en los planes y programas y proyectos de inversión publica son los gobernantes y los poderes del estado involucrados, muchas veces todos estamos conscientes de nuestra situación, pero las directrices las deben imponer los gobiernos en todos los sentidos, desde la sensibilidad de las personas involucradas, hasta las leyes que regulen este tipo de inclusiones.

Casi siempre se pasa por alto el análisis de riesgos, porque las personas que tienen el poder de decisión no están sensibilizados ante lo que vivimos, y especialmente les falta educación y conocimientos en el tema. Y lo mas doloroso, es que casi siempre hay intereses políticos y económicos de por medio, que se olvidan de su importancia..

Los gobiernos deberían establecer grupos de especialistas nacionales e internacionales que funcionen como tales, para que cada proyecto de inversión pública incluya el análisis de riesgos adecuado y especifico para cada tipo de proyecto, amparados con leyes claras y contundentes. Digo esto, porque he tenido la oportunidad de leer algunos escritos y tengo la impresión que son muy generales y hasta genéricos, esto le resta importancia y seriedad.

Recuerdo que en una oportunidad trabaje en proyectos ambientales con el estado y organismos internacionales y cuando se llenaban los cuestionarios correspondientes y se llegaba al tema de análisis de riesgos, lo pasábamos casi desapercibido. Que horror! Que ignorancia!.

:

Eduardo Perez
Licenciatura en ecologia y recursos na...
Escrito por Eduardo Perez
el 03/06/2010

QUÉ ES LA GOBERNABILIDAD

La gobernabilidad, viene del verbo latino kubernao y significa la capacidad de conducir una nave hasta puerto seguro. Es un término marítimo, pero, en definitiva, siempre se ha comparado la vida y todos sus avatares, como ese navegar sobre las olas de un mar proceloso, en continúo movimiento.

Pero para conducir una nave a puerto seguro, es necesario tener en cuenta todas las amenazas que pueden surgir de y en ese medio: mar de fondo, marejadas, tormentas, olas gigantes, vientos huracanados, arrecifes, rocas que surgen del mar etc.

También hay que tener en cuenta la preparación, motivación y estado de ánimo de los marineros, las condiciones materiales del barco y de todos los elementos de ayuda a la navegación, el tipo de mercancías a transportar, y las condiciones de transporte de cada tipo de mercancía y todo ello sin perder de vista el objetivo a alcanzar, las rutas elegidas para conseguirlo, la posición del barco y los posibles cambios de rumbo que haya que tomar, debidos al viento, al estado del mar, a la niebla, pero también a la situación de los marineros, o al estado de las mercancías.

Es decir, gobernar es conducir la nave, en este caso del Estado, hacia unas metas previstas con anterioridad, teniendo en cuenta todas las amenazas que pueden encontrarse en ese camino, y habiendo previsto los modos de sortearlas, o hacerlas frente y superarlas, si fuera necesario, sin perder nunca de vista el estado de la población que se conduce.

La meta a conseguir por cualquier gobierno consiste en mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. En una zona como América Latina en que se da la paradoja de que siendo uno de los espacios geográficos dotados por la Naturaleza de mas y mejores recursos naturales, el 44% de la población vive en un umbral de pobreza y el 19´4% en una situación de pobreza extrema, según el informe de CEPAL del 2003, lo que genera una enorme vulnerabilidad entre la población, que se encuentra inerme ante cualquier tipo de amenazas.

La desigualdad aparece como una de las razones principales de la pobreza. Un informe conjunto de la CEPAL, el PENUD, y el IPEA del Brasil (2003) señala que una leve disminución de la desigualdad contribuiría mucho a reducir las privaciones extremas que se dan en la región. Y de esta situación de injusticia histórica es cada vez más consciente la población. Así la encuesta Latín Barómetro indica que el 89% de los lati no americanos califica como injusta o muy injusta la actual distribución de ingresos en la región.

Cada vez los ciudadanos más conscientes exigen reivindicaciones más concretas: Que se erradique completamente la corrupción en todas sus formas, que las políticas económicas ayuden a los más vulnerables, que las asignaciones presupuestarias se realicen en virtud de valores éticos, y que estos valores

primen en los comportamientos tanto de los políticos, como de los empresarios, y de la sociedad civil. Y de las respuestas que se ofrezcan a estas y otras muchas demandas va a depender la gobernabilidad de un País o una Región.

DEFINICIONES DEL CONCEPTO DE GOBERNABILIDAD

La gobernabilidad se fundamenta en una forma especial de relación entre gobernantes y gobernados. No se trata de un modo determinado de ejercer el gobierno (aunque aquí estamos siempre hablando de gobiernos democráticos) lo que permite gobernar a una sociedad, y tampoco de cómo es esa sociedad considerada en sí misma lo que la convierte en gobernable o ingobernable, sino que es la compleja relación entre gobernantes y gobernados, lo que nos permite hablar de unas condiciones adecuadas de gobernabilidad.

Existen distintas definiciones de gobernabilidad. Unos autores hacen hincapié en las condiciones del Gobierno y así definen la gobernabilidad como la capacidad de las instituciones y los actores sociales para conseguir unos objetivos pactados previamente con la sociedad, y que deben ir dirigidos a conseguir el bien común y a movilizar toda la energía de sus integrantes hacia esas metas definidas con anterioridad. Aquí la gobernabilidad consiste en una propiedad de los gobiernos y de los agentes socio- culturales, que necesariamente incluyen la prevención como condición sin la que la gobernabilidad no es posible.

Otros autores consideran que la gobernabilidad supone la calidad del ejercicio del gobierno a través del tiempo ya sea un solo gobierno, o varios sucesivos, considerando principalmente la oportunidad, la eficacia, eficiencia, y la coherencia de sus decisiones.

Y supone que las acciones de un nuevo gobierno no anulen ni entorpezcan las decisiones de los anteriores, si han estado tomadas bajo estos criterios de eficacia eficiencia, transparencia y oportunidad.

Algunos opinan que hay que tener en cuenta la relación existente entre las demandas sociales y las respuestas de los gobiernos. Así se afirma que el problema central de la gobernabilidad en un sistema democrático, es que las demandas de los ciudadanos crecen cada día más, mientras que la capacidad de los gobiernos democráticos se estancan, cuando no disminuyen.

DESAFÍOS A LA GOBERNABILIDAD.

De estas definiciones se deduce que la gobernabilidad no resulta un ejercicio fácil ni cómodo para los gobernantes, ni tampoco para los gobernados. Ambos deben vencer la tentación del egoísmo, del orgullo, de la apatía, del cansancio y de la falta de compromiso. También, y a pesar deque el entorno no sea favorable, tienen que mantener la ilusión, la esperanza y la convicción de que todo lo que es, puede ser de otra manera, pero no sólo para empeorarse, sino fundamentalmente para mejorar.

Para que la gobernabilidad sea posible se necesita convertir el dualismo existente, gobernantes- gobernados, en una comunidad de diálogo, en la que todos pueden y deben hablar y escuchar, y llegar a establecer así consensos, mediante el diálogo y la negociación.

Pero hoy existen muchos factores que están haciendo imposible esta situación de gobernabilidad. Vamos a referirnos a algunos de ellos.

A) La falta de legitimidad de los gobiernos.

No significa lo mismo un gobierno legal que un gobierno legítimo. La legalidad de un gobierno se consigue a través de unas elecciones libres y democráticas, en cambio la legitimidad supone estar respaldado por la confianza mayoritaria de los ciudadanos. Max Weber considera esta legitimidad como la base de la autoridad política, sin la que la autoridad puede convertirse en autoritarismo.

La palabra autoridad viene del verbo latino augeo y significa hacer crecer. Por supuesto este sentido de autoridad es justamente lo contrario del autoritarismo. El ejercicio de la autoridad debe servir para hacer crecer a los ciudadanos como tales, y ayudar a su desarrollo en todos los aspectos, pero fundamentalmente como ciudadanos, es decir como sujetos de deberes y de derechos. Ejercer la autoridad significa asumir la responsabilidad de estar en una realidad concreta y determinada, y dedicar todo el tiempo, la energía y el esfuerzo para mejorarla.

El autoritarismo, en cambio, genera en los ciudadanos el miedo, la desconfianza, la apatía, el sentimiento de fatalidad, de que siempre han sido las cosas así y no van a cambiar nunca, que impiden su participación política, y consiguen que quienes gobiernan, puedan abusar de su poder, entregándose a cualquier tipo de corrupción.

No debemos confundir el concepto de legitimidad con los conceptos de eficacia y eficiencia. La eficacia supone el cumplimiento estricto de los objetivos programados por el gobierno en la formulación de las políticas públicas y la eficiencia hace referencia al aprovechamiento de todos los recursos disponibles, para alcanzar mejor los objetivos previstos. Pero puede darse un gobierno eficaz y eficiente que no sea legítimo, en cambio ningún gobierno ineficaz e ineficiente puede tener ningún viso de legitimidad.

Tampoco se debe confundir la legitimidad con el apoyo de la opinión pública. La opinión pública es susceptible de ser manipulada por los medios de comunicación o por la habilidad dialéctica, o el populismo del gobierno, del parlamento, o de líderes que se mueven por intereses propios, para conseguir que los ciudadanos asientan pasivamente a las acciones o a las propuestas de quienes ostentan el poder. Incluso puede cundir entre la opinión pública un modo de pensar muy negativo que consiste en la idea de que lo único que podemos hacer es elegir entre dos males posibles, por ejemplo en los períodos electorales, el menos malo.

La legitimidad se debe sustentar en la opinión informada, crítica y libre de los ciudadanos, que se sienten apoyados y defendidos por la capacidad, el interés, el esfuerzo y el sentido ético de sus gobiernos, aun sabiendo que todas sus demandas no pueden ser satisfechas, pero que se está trabajando para resolver los problemas más primarios.

Por eso la raíz de la legitimidad de un gobierno se asienta en la lucha contra la pobreza, pero también contra la ignorancia. Según un informe del BID del 2002, en América Latina sólo uno de cada cinco niños va al preescolar y el 37% de los adolescentes entre los 15 y los 17 años dejan la escuela, la mayoría sin haber terminado siquiera la primaria. Muchos abandonan porque tienen que trabajar. Según la OIT existen veintidós millones de niños menores de catorce años trabajando en condiciones de esclavitud, en América Latina, otros deben abandonar la escuela por desnutrición o enfermedades endémicas, otros porque carecen de hogar.

En este sentido el actual presidente del gobierno de España afirmó, en una reunión de Naciones Unidas, que el peor terrorismo consiste en la pobreza y la ignorancia. Y lo dijo después del 11 de Marzo de Madrid, del 2004. Porque, de la misma manera que el terrorismo es capaz de desestabilizar los gobiernos, y deslegitimarlos, al hacerles perder la confianza de los ciudadanos, en un País donde existen unas situaciones límites de pobreza e ignorancia, los gobiernos están deslegitimados, el Estado de derecho al borde de la quiebra, y los ciudadanos impotentes ante la solución de sus propios problemas.

Savater en "El valor de enseñar" afirma que uno de los ingredientes más perversos de la miseria, es la ignorancia. Donde hay ignorancia, es decir, donde se desconocen los principios básicos de las ciencias, donde las personas no saben leer o escribir, donde carecen de vocabulario para expresar sus deseos y su inconformidad, donde no pueden aprender por sí mismos a resolver sus problemas, teniéndose que entregar en manos de adivinos o falsos profetas, ahí reina la miseria y no puede haber libertad.

La democracia tiene que formar a los ciudadanos en cuya voluntad política se va a asentar su legitimidad, es decir, tiene que enseñar a cada ciudadano potencial lo imprescindible para serlo de hecho. Por eso en los sistemas democráticos la educación no puede ser opcional, sino una obligación pública que las autoridades deben garantizar y vigilar. Las democracias deben imponer la enseñanza obligatoria para asegurar la viabilidad y la continuidad de sus libertades, es decir un sistema democrático educa por instinto de conservación, lo hace en defensa propia.

Una prueba de la legitimidad de un gobierno lo constituye también la posibilidad de acceso de la población al derecho elemental de la salud. Según los datos de la Organización Panamericana de la Salud (2002) una de cada 130 madres mueren durante el embarazo o el parto en América Latina, el 18% dan a luz sin asistencia médica de ningún tipo. La OPS estima que 190. 000 niños mueren anualmente en la Región por enfermedades que se hubiesen podido controlar en otros países.

Estos datos están ligados a la baja cobertura sanitaria. Así se estima que 218 millones de personas carecen de protección sanitaria, y 82 millones de niños no reciben las vacunas que necesitan. Otro factor que repercute en la vulnerabilidad sanitaria de la población es la desnutrición. Según Inservida (2003) "La alimentación pobre en proteínas y vitaminas es el motivo de que el 24% de los niños en edad escolar presenten retrasos en su crecimiento".

El gran problema es que veamos cifras, estadísticas expresadas gráficamente, sin sentir el terrible problema humano que se esconde tras las cifras, y sin ser conscientes de qué modo estas cifras interfieren gravemente en la posibilidad de gobernabilidad de cualquier espacio donde estas situaciones sucedan.

La legitimidad, cuando se produce, no es algo estático, sino que varía con los tiempos. Por eso no se trata de una cualidad que los gobiernos posean para todo su mandato, sino que deben ganarla, día a día, en el juego dialéctico entre las demandas de los ciudadanos y las ofertas que les presentan.

En virtud de esa legitimidad, los gobiernos ordenan la vida económica, política, social y cultural de los ciudadanos. Velan por su seguridad integral, redistribuyen la riqueza mediante los impuestos, atienden a sus necesidades básicas a través de los servicios sociales, y les defienden ante cualquier peligro de orden interno o externo que pueda amenazarles.

A partir de estas consideraciones, podemos definir la gobernabilidad como la cualidad propia de una comunidad política según la cual sus instituciones de gobierno actúan eficaz y eficientemente, de un modo considerado legítimo por los ciudadanos, permitiendo así que los poderes ejecutivo, legislativo y judicial puedan ejercerse libremente, sin que los ciudadanos pongan dificultades, ni con su indiferencia y apatía, ni con sus manifestaciones continuas contra las decisiones del gobierno.

Está claro que este apoyo de la población nunca va a ser total. Siempre existirán, y deben existir, minorías, que disientan de las decisiones de los gobiernos. Estas minorías, si son respetadas, toleradas, y tenidas en cuenta, si no se cercena su libertad de expresión, no rompen la legitimidad de los gobiernos.

Solamente frente a quienes desobedecen las normas emanadas de los gobiernos, y apoyadas por la mayoría, debe entrar en acción el poder coactivo de los Estados, cuya fuerza sólo estará legitimada como consecuencia de la confianza mayoritaria del resto de los ciudadanos, y siempre que se emplee sin romper las normas de los Estados de Derecho.

B) La ausencia de legitimidad democrática

Hasta ahora hemos hablado de legitimidad sin poner detrás ningún adjetivo. Ahora vamos a habla de legitimidad democrática.

Hemos dado por supuesto que para que un gobierno sea legítimo antes debe ser legal, es decir debe haberse constituido como resultado de unas elecciones libres y democráticas. Pero han existido y existen grupos que consideran, por ejemplo, que la lucha armada, o un golpe de Estado militar, son métodos válidos para llegar a ejercer el poder, y que, posteriormente, la confianza de los ciudadanos puede legitimar estos gobiernos que no se han sometido antes a unas elecciones libres.

Pienso que ambas condiciones resultan imprescindibles. Un gobierno legal, pero que carece de la confianza de los ciudadanos, es decir que no está legitimado en su actuación cotidiana, no es democrático, como tampoco lo es quien ha utilizado otras formas de acceso al poder que no sean unas elecciones absolutamente libres y democráticas.

Este concepto de legitimación democrática es muy complejo, porque requiere interrelacionar la complejidad de la idea de legitimidad, con el concepto, nada simple, de democracia.

LA GOBERNABILIDAD DEMOCRÁTICA

La Declaración de Santiago sobre democracia y confianza ciudadana intenta lograr un nuevo compromiso de gobernabilidad democrática para América Latina. Y lo hace fijándose en tres aspectos: Aspecto político institucional, económico social, y respecto a la seguridad ciudadana.

A) En el aspecto político institucional pretende consolidar las instituciones básicas de la democracia representativa, facilitar el manejo democrático de los conflictos mediante su prevención, fomentar la cultura política democrática, fortalecer la capacidad de los actores democráticos, especialmente partidos políticos y sociedad civil para tramitar las demandas y construir los acuerdos necesarios, fortalecer el Estado de derecho, mediante la separación y el equilibrio de poderes, proteger los derechos humanos y avanzar en la lucha contra la corrupción.

Parte de la convicción de que el buen funcionamiento democrático es condición esencial para el desarrollo económico y social, porque ambos son interdependientes y se refuerzan mutuamente.

B) En materia económica social, establece que el bienestar de los pueblos requiere lograr tres objetivos estrechamente vinculados e interdependientes: crecimiento económico con equidad para reducir la pobreza; desarrollo social y gobernabilidad democrática. Se reconoce así que, entre las principales causas de inestabilidad en la región, se encuentran la pobreza, la desigualdad y la exclusión social, que deben afrontarse de forma integral y urgente, para garantizar la gobernabilidad.

C) En relación con la seguridad, se busca reafirmar los compromisos adoptados en la Declaración sobre Seguridad en las Américas y en especial el

carácter multidimensional del concepto de seguridad adoptado en la Declaración de Bridgetown en 2002.

Este programa de gobernabilidad democrática tiene cuatro grandes objetivos, para cuyo cumplimiento, recomienda una serie de acciones:

a) Para mejorar la transparencia y credibilidad de las instituciones democráticas propone:

- Promover la credibilidad y la confianza publica en las instituciones democráticas, reconociendo el carácter integrado de los aspectos políticos, sociales y económicos del desarrollo.

- Fortalecer las instituciones básicas de la democracia representativa, en particular, la pureza y legitimidad de los procesos electorales y la vigencia de los derechos humanos.

- Incrementar la transparencia y credibilidad del sistema político y de las instituciones públicas, fortaleciendo los mecanismos de lucha contra la corrupción.

- Fomentar los valores y las prácticas que acompañan una cultura democrática y de convivencia ciudadana.

- Construir instituciones públicas eficientes, transparentes y responsables y en particular, fortalecer la vigencia real de la separación y equilibrio de poderes.

b) Para fortalecer la representación política y la participación ciudadana propone:

- Promover la participación efectiva de los ciudadanos, especialmente mujeres, jóvenes, grupos minoritarios e indígenas.

- Fortalecer los actores políticos, en particular los partidos políticos y buscar que logren integrar activamente sectores minoritarios y excluidos del proceso político, económico y social.

- Fomentar la investigación y análisis respecto a la aplicación de nuevos mecanismos institucionales que ayuden a la gobernabilidad

c) Para enfatizar la interrelación entre gobernabilidad democrática y el desarrollo económico, social, cultural y de seguridad propone:

- Promover el desarrollo social, adecuando niveles de bienestar y participación social para grupos marginados, como elementos esenciales para la erradicación de la pobreza y la exclusión social.

- Trabajar para promover el acceso a un trabajo digno y productivo como condición necesaria para que las personas y las comunidades participen en la construcción de la ciudad y consigan mejorar su calidad de vida.

- Facilitar la obtención de recursos para la cooperación en esta materia y organizar la logística necesaria para su posterior distribución

- Promover el respeto y el desarrollo de la diversidad cultural en América Latina como base del desarrollo, la cohesión social y la convivencia ciudadana.

d) Mejorar la seguridad en la zona de acuerdo con el enfoque multidimensional, que incluye las amenazas tradicionales y las nuevas amenazas, desafíos y retos que el concepto de seguridad integral exige a los Estados para fortalecer la gobernabilidad democrática. Para conseguirlo propone:

- Establecer un marco de acción y normativo coherente, que coordine y organice las acciones de todas las Administraciones, en el esfuerzo por mejorar la seguridad, evitando la duplicación de esfuerzos y racionalizando sus recursos.

- Promover la cooperación, el intercambio de información y el diálogo político entre los Estados miembros en el tema de la seguridad, para garantizar la seguridad integral


LA DEMOCRACIA GARANTÍA DE LA GOBERNABILIDAD

Como sabemos, el término democracia considerado etimológicamente, significa el gobierno del pueblo. Desde el punto de vista de la ciencia política, es la forma de gobierno en la que el pueblo es titular del poder y se gobierna a sí mismo. El concepto de democracia recibió su formulación clásica de Abraham Lincoln: "Gobierno del pueblo, por el pueblo, y para el pueblo.".

Está claro que el Gobierno siempre es ejercido por una minoría, pero lo que resulta imprescindible, en una democracia, es que los ciudadanos ejerzan una influencia decisiva, en el ejercicio del poder político.

Características de un sistema democrático

El principio fundamental de toda democracia es la valoración del ciudadano por encima de cualquier otro interés, independientemente de su situación social, cultural, económica o política. De ello se deriva la igualdad de todos ante cualquier el poder, y bajo cualquier circunstancia.

La democracia debe posibilitar que cualquier ciudadano pueda desarrollarse libremente, en un clima de seguridad, proporcionado fundamentalmente por el Gobierno, pero con la colaboración de todo el tejido social.

Frente al Estado totalitario en que los individuos están al servicio de la maquinaria Estatal, en el Estado democrático, el ciudadano debe ser el protagonista de la acción política.

La Democracia reposa, pues, sobre las ideas de igualdad, libertad y responsabilidad. La igualdad de todos los ciudadanos significa, en el plano de la realidad concreta, que todos sean iguales ante la Ley, tengan las mismas oportunidades para disfrutar de todos los derechos humanos, puedan acceder a los cargos públicos, o ejercer libremente el derecho al voto, puedan disfrutar de una vida digna; sean iguales ante el deber de contribuir a Hacienda, o puedan deambular libremente por el territorio en el que estén ubicados, sin discriminación alguna por razón del sexo, la raza, la Religión, la clase social, o cualquier otra circunstancia.

Si tenemos en cuenta los datos que apuntábamos en el apartado anterior sobre los índices de pobreza o de acceso a la educación o la sanidad en América Latina, está claro que los sistemas democráticos están fallando por la base, puesto que son sistemas construidos sobre la desigualdad, y cuanta más desigualdad existe en un País, el índice de corrupción aumenta, con lo que nos encontramos ante un círculo vicioso, que deslegitima los llamados gobiernos democráticos.

El derecho a la libertad, hay que contemplarlo en sus distintas vertientes: Tradicionalmente, dentro de la cultura occidental, cuando hablamos del derecho a la libertad, nos referimos al derecho a la libertad de expresión, de asociación, de manifestación etc. Derechos que han quedado plasmados en una serie de textos que integran las distintas Constituciones.

La división de poderes, y su mutua independencia, constituye un principio liberal, que ha formado también una parte esencial de la ideología democrática, y que respalda la igualdad de los ciudadanos, ante los poderes públicos.

Estos principios han cristalizado en unas Instituciones, que encarnan las ideas democráticas que las han puesto en marcha. Así existen, desde las Constituciones, que como hemos dicho expresan fundamentalmente los derechos y deberes de los ciudadanos, hasta el Parlamento, que representando la voluntad popular, y tiene como misión legislar, ejercer un control sobre el poder ejecutivo, y aprobar los presupuestos del Estado, asumiendo en nombre del pueblo, la soberanía nacional.

Pero nos encontramos con un verdadero problema: Sin seguridad, la libertad no existe, de la misma manera que sin libertad, nada hay más inseguro que la seguridad. Cuando la población es extremadamente vulnerable y carece de la seguridad más elemental, como es la seguridad de poder sobrevivir ¿Podemos afirmar que se trata de ciudadanos libres? Y si la libertad no existe ¿Qué sentido damos a la democracia? Pero si falla la propia democracia ¿Para qué estamos hablando de la legitimación de los gobiernos?

Por eso el papel fundamental que debe cumplir un gobierno democrático, para ser tal, es garantizar, en la medida de lo posible, la seguridad de sus

ciudadanos, analizando y poniendo las medidas oportunas para disminuir su vulnerabilidad, porque de lo contrario se tratará de una democracia formal, pero nunca material.

Clasificaciones de la democracia

Han existido muchas clasificaciones del sistema democrático. La clasificación clásica reconoce tres tipos: Democracia directa, democracia representativa, y democracia participativa.

Entendemos por democracia directa aquella en que los individuos de un determinado colectivo toman las decisiones colectivamente sin delegación de representación. La forma más común es la asamblea popular

Entendemos por democracia representativa aquella en que los individuos de un colectivo delegan el poder de decidir en unos pocos, elegidos para tal fin cada cierto tiempo. El parlamento o cámara de representantes es su expresión más corriente.

La democracia participativa es aquella en que una vez elegidos los representantes por el conjunto de los individuos, se establecen mecanismos para una participación popular de manera continuada.

También hablan otros autores de la democracia semidirecta, en la que se admiten modos puntuales de participación popular, tales como el Referéndum, o el voto popular, ante circunstancias especiales.

Otros autores atienden, para la clasificación de las democracias, a la relación que existe entre las instituciones fundamentales: Parlamento y Gobierno. Cuando hay un equilibrio entre ambos, bien bajo criterios de colaboración o de separación, tenemos el presidencialismo y el parlamentarismo. Cuando este equilibrio se rompe a favor de alguna de las instituciones, tenemos el Gobierno del Parlamento, o el Gobierno del Ejecutivo.

Pero no existen formas democráticas de gobierno que sean puras. Nos vamos a ceñir a la democracia representativa, en la que se considera que los ciudadanos están representados por los políticos que han elegido en unas elecciones libres, y la democracia participativa, en la que los ciudadanos colaboran directamente en la acción política.

La democracia participativa esta estrechamente unida a la representativa, que también esta en crisis. El ciudadano no participa porque no se siente representado por los partidos políticos, ni encuentra los cauces adecuados para que pueda producirse esa participación.

Ciertamente estos dos conceptos democracia representativa y democracia participativa pueden parecer contradictorios. Porque si los ciudadanos sienten que, mediante su voto, han elegido a sus representantes, y a partir de ese

momento se desentienden de la vida política, estamos ante una democracia representativa, aunque no participativa.

Pero, en la realidad, las cosas no son tan simples. Los ciudadanos votan programas políticos, que apenas se cumplen; eligen candidatos, que apenas conocen, fiándose en las siglas de los partidos que les designan; pero casi nada saben de las luchas internas por el poder, y de las mil circunstancias por las que los aparatos de los partidos llevan a unas personas y no a otras a participar en una lista electoral.

Si además de estas circunstancias, los líderes políticos, elegidos en unas elecciones, se mantienen al margen de los deseos, inquietudes y necesidades del pueblo que les votó, los ciudadanos no se sienten representados por aquellos que dicen representarles y pierden cualquier tipo de confianza en los políticos y en las administraciones.

Otro aspecto ligado a la posibilidad de existencia de las Democracias participativas es la capacidad de control de los ciudadanos sobre la gestión pública y la actividad política en general. El parlamento como institución de control, esta en sus momentos más bajos. Las decisiones públicas, verdaderamente importantes, se le sustraen o se toman en virtud de la existencia de mayorías absolutas, sin contar con el resto de las tendencias de los ciudadanos, representadas por los demás parlamentarios.

O lo que es peor, las decisiones públicas se toman como consecuencia de pactos secretos entre representantes de los diversos grupos de poder, producidos para defender los intereses de determinados grupos, y bastante alejados del objetivo político de lograr el bien común.

Finalidad de la democracia

Stuart Mill afirmaba, que la virtud del individuo consiste en adecuarse a las normas públicas, que permiten conseguir el bien común. Y que el fin de la política democrática es la educación de los que participan en ella, creando hábitos de comportamiento, actitudes y mentalidades comprensivas, responsables y solidarias. Resumía estas ideas afirmando que el objetivo del gobierno representativo debe ser promover la virtud y la inteligencia del pueblo, porque quiéralo o no, el proceso de gobierno se moraliza con la democracia

La democracia puede no ser el mejor de los gobiernos, pero debe hacer algo que ningún otro gobierno podría realizar: extender, a través de todo el tejido social, la actividad, la fuerza y la energía capaces de conseguir el bien común.

Pero para que la democracia sea posible, la sociedad debe cohesionarse, olvidar las divisiones producidas necesariamente en la búsqueda del beneficio personal, en un mundo totalmente competitivo, y asumir los deberes y responsabilidades derivados de su condición de ciudadanos. Para ello la acción política debe hacerse más humilde y más participativa, lo que, como veremos posteriormente, implica el aprendizaje y la motivación de la participación.

Sin embargo, hoy no se está produciendo en nuestras sociedades, esta enseñanza de los valores democráticos, incluso me atrevería a decir que estos valores están en franco retroceso. La solidaridad, la generosidad, el respeto mutuo, la tolerancia, el sentido de la responsabilidad, y el compromiso social activo, cada día tienen menos valor. Creo que hay que acercar la política a los ciudadanos y los ciudadanos a la política, pero también resulta necesario introducir la ética en la política y en la cultura ciudadana. Porque renunciando a los valores cívicos y alejando la política de los ciudadanos, estamos poniendo en juego el propio sistema democrático.

Por supuesto nadie piensa que la Democracia es una forma de gobierno perfecta, ni que esta democracia que estamos construyendo puede dar solución a la cantidad de problemas y nuevos retos que debemos afrontar, pero creo que es la mejor herramienta de la que disponemos, y no podemos permitir que se deteriore.

Las amenazas que afectan a las democracias

Para que no se deterioren los sistemas democráticos es necesario reflexionar sobre los problemas que en este momento están amenazándoles e intentar poner soluciones.

Victoria Camps, en "El malestar de la vida publica"escribe:"El primer problema del liberalismo, y que une a la izquierda con la derecha, es la falta de ideas para afrontar las principales fracturas sociales y mantener el estado de bienestar, el segundo problema de las democracias liberales es la desafección de los ciudadanos por la política. La teoría de Weber según la cual la burocratización de la política creaba dos clases de ciudadanos, los políticamente activos y una mayoría pasiva, es una realidad indiscutible."

Ya hemos dicho que en situaciones de extrema vulnerabilidad de la población no podemos hablar de igualdad de derechos y oportunidades, ni de libertad, ni de posibilidad de intervención en la vida pública, porque deben atender a las necesidades primarias para poder sobrevivir. Además apuntábamos que a mayor desigualdad a mayor número de fracturas sociales, mayor posibilidad de corrupción, y esta corrupción, a veces generalizada, es uno de los mayores enemigos de cualquier sistema democrático.

Y sin embargo, a más desigualdad, se necesita más democracia, más integridad de los gobernantes, y mayor participación de los ciudadanos, porque sólo así se puede lograr mayor satisfacción para los desposeídos y marginados que, a fin de cuentas, son los ciudadanos más numerosos.

Pienso que esta teoría puede resultar convincente: si la democracia se perfecciona, si realmente todos los sectores participan en la toma de decisiones, las discriminaciones irán decreciendo puesto que serán las propias personas discriminadas las que se encargaran de luchar por su causa. Se necesita promover una discriminación positiva que permita a los marginados participar más en el

poder político. Es la estrategia recomendada para que la democracia sea cada vez más real y compartida.

Pero hoy no es así. El número de los ciudadanos sin voz, aumenta cada día. Están los marginados del sistema, los que viven en la pobreza y la miseria en medio de los países más ricos y no sólo los habitantes del llamado tercer mundo; los colectivos de alto riesgo como los ancianos, las mujeres, los niños, los jóvenes y los inmigrantes, o desplazados, que ni siquiera están protegidos por los derechos constitucionales de la libertad de expresión y manifestación, en defensa de sus intereses, al menos en alguno de los países desarrollados.

Hace falta mas control de la administración a través de una evaluación permanente de sus resultados, que lleve a cabo la población civil, del mismo modo que lo hacen las empresas para analizar la marcha de su propio beneficio; pero esta evaluación no se realiza, ni siquiera en el ámbito de las propias Administraciones, por los mismos funcionarios.

Actuar sólo bajo los parámetros de una democracia representativa, ni concuerda con el propio concepto de Democracia, ni, como vemos en la realidad cotidiana, es capaz de resolver nuestros múltiples problemas, ni afrontar los retos tan novedosos, a los que tenemos que responder.

La democracia participativa supone, por un lado, limitar el poder de las organizaciones, sean estas las instituciones publicas, o los órganos de dirección de las corporaciones, organizaciones sociales, etc. Y estos organismos suelen vivir como una amenaza la participación de los ciudadanos en un ámbito de poder que consideran suyo, e intentan impedirlo con todos sus medios.

La democracia participativa supone por otro lado, extender a todos los ciudadanos los derechos de los miembros de esas organizaciones, o de esa elite minoritaria, posibilitando que todos puedan tener voz y voto y que existan las garantías para el ejercicio de tales oportunidades.

Para poder ejercer esta participación pública el ciudadano debe estar formado, preparado y con posibilidades para ello. Evidentemente, si sus necesidades elementales para sobrevivir no están cubiertas, es imposible pedirle nada más. Aunque entremos en un círculo vicioso, pues los más débiles son los que mejor saben como resolver su situación.

Supone practicar lo que Giddens define como una política generativa, es decir, una política que permite a los individuos y a los grupos prever y provocar los acontecimientos, en lugar de esperar a que les sucedan, en el contexto de las nuevas situaciones impuestas por un mundo global.

En la primera clase hablábamos de los retos a los que debemos responder en esta era de la globalización en la que vivimos. Y junto a las amenazas naturales, hacíamos mención de las políticas, y entre ellas a la posible pérdida de poder de los Estados Nacionales, no en beneficio de una mayor democratización participativa de los ciudadanos, sino de una cesión de poder a entes

transnacionales, alejados por completo de cualquier posibilidad de control democrático.

Y hablábamos también de las repercusiones que para la seguridad integral de los ciudadanos esta globalización podía tener.

La única solución para afrontar estos retos, a mi juicio, estaría en propiciar una democracia participativa, que es la única que garantiza la gobernabilidad, y disminuye la creciente debilidad de los Estados Nacionales.

Gonzalo Bonilla Castañeda
Ingenieria agronomica generalistica un...
Escrito por Gonzalo Bonilla Castañeda
el 17/06/2010

Este tema es la nueva moda. Les sugiero que se apertrechen mentalmente sobre este tema y todos los otros referidos, no es solamente análisis de reisgo. Tampoco hay que confundir la evaluación o estudios de impacto ambiental con un estudio de peligros. La gestión de esta realidad que se hará más dinámica por el Cambio Climático y la Globalización de la economía requerirá el desarrollo de metodologías propias que se ajusten a nuestras condiciones de subdesarrollo para ser competitivos ante los nuevos retos que tendremos que enfrentar.

En internet podemos encontrar bastante y buena información. En Nicaragua, con el apoyo de COSUDE, un grupo de nacionales elaboramos herramientas metodológicas para la elaboración de los mapas de amenazas por inestabilidad de laderas, inundaciones, sequía meteorológica, erosión hídrica, sismica y volcánica y esto nos llevó un proceso de conocimiento, capacitación, desarrollo y prueba de metodologías conocidas, ajuste a nuestras condiciones y validación de estas herramientas, desde el año 2000 hasta el 2005 que pudimos y logramos hacer esta primera versión para el país. Estas metodologías están puestas gratuitamente en la página de COSUDE Nicaragua y Centroamérica, según tengo entendido, así que los invito a bajarlas.

Estos documentos los esta utilizando una universidad de Chile (si no mal recuerdo) en una maestría en gestión de riesgos.