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HUMANIDAD?

Mirta
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 13/04/2011

LIBIA, DÉJAME BOMBARDEARTE EN PAZ

Por: Pepe Escobar


Si el anterior supremo del Pentágono, el “conocido desconocido” Donald Rumsfeld, estuviera aún en el negocio, no pararía de quejarse de que Libia no ofrezca objetivos bombardeables, al igual que Afganistán en 2001. Por muy lejos que se apreste a llegar el atolladero estadounidense, Libia es mucho más grande que Vietnam, Iraq y Afganistán juntos. Aunque los posibles “objetivos” se concentran en unas cuantas ciudades a lo largo de la costa mediterránea.


El despliegue de Tomahawks que Barak Obama lanzó sobre las fuerzas de Muamar Gadafi (y sobre unas cuantas instalaciones) se acabó; ahora le toca a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) imponer la “acción militar cinética” ( neolengua de la Casa Blanca) para así forzar el “cambio de régimen”. Y en un perfecto momento Tag Heuer , el desastre está servido. A la OTAN le encantaría bombardear todo lo que aparezca ante su vista al estilo “conmoción y pavor”, pero no puede. No puede, ni siquiera, identificar en sus rádares a las fuerzas de Gadafi.


Tú no permaneces en el poder a lo largo de cuatro décadas en un país en desarrollo sin aprender uno o dos trucos militares de ilustres predecesores, como el chino Mao Zedong y el vietnamita Ho Chi Minh, por no mencionar a chapuceros como Sadam Husein en Iraq. Gadafi, tras aprender la lección de que no debía dejar sus tanques como patos sentados al sol en el desierto para que la “coalición de los bien dispuestos” (unos cuantos miembros de la OTAN + Qatar) los bombardearan a placer, está ahora combatiendo contra los “rebeldes” al estilo guerrilla con blindaje ligero


La respuesta de la OTAN era más de prever que esos puntos muertos multilingües de cada día en Bruselas: acusaciones de que Gadafi está utilizando escudos humanos, o que han “dispersado” sus tanques de un extremo a otro dentro del perímetro de la ciudad. Traducción: la guerra aérea de los Tornado/Rafale de la OTAN es inútil, a menos que puedas bombardear una columna de tanques resplandecientes bajo el sol del desierto.


Si la OTAN está furiosa, esa variopinta pandilla conocida como los “rebeldes” está aún más furiosa, acusando a la OTAN de ser incapaces de un bombardeo en alfombra de sus propias ciudades. Esto prueba que a esos mismos “rebeldes” -que están prácticamente mendigándole a Occidente que haga el trabajo sucio- les importa un ardite los “daños colaterales” entre ellos mismos. Una cosa es verdad: si la OTAN hiciera lo que los “rebeldes” quieren que haga, los daños colaterales serían de espanto. Y la opinión pública europea se desactivaría ante esa acción “cinética” de cambio de régimen.


El circo montado es un ejemplo más de cómo esta guerra no es una guerra sino una farsa en realidad. Los franceses y los británicos han comprado especialmente su propio bombo y platillo de que el régimen de Gadafi se está desmoronando. También han comprado su propia alharaca de que toda esa mezcolanza de ex leales a Gadafi, exiliados de poco fiar, yihadistas vinculados con al-Qaida, oportunistas de los negocios y jóvenes verdaderamente revolucionarios tienen coherencia militar y política y que son realmente representativos de toda Libia.


En Londres, Religare Capital Markets apuntó hace pocas semanas que había una probabilidad de un 75% de llegar a un punto muerto en Libia (con el crudo Brent alcanzando los 130$ USA por barril). Parece que el libertador francés de los árabes, el Presidente Nicolas Sarkozy, y su cohorte británico, el Primer Ministro David Cameron, no figuran en su lista de lecturas recomendadas.


Y así aparece la brillante nueva idea de que la OTAN no tenga un papel central y que sean antiguas fuerzas especiales británicas las que entrenen a los rebeldes para que se conviertan en una máquina de combate ágil y eficiente, como si esto pudiera lograrse en cuestión de días o semanas, antes de un alto el fuego.


La guerra que en efecto nadie quiere, excepto Sarko y Cameron, se está esfumando como si fuera una espantosa nueva versión de “ Los Tres Chiflados ” (se abre la veda para nominar al tercer chiflado). Eso es lo que se consigue cuando tomas parte en una guerra civil africana donde incluso los “buenos” son más turbios que las aguas del Golfo de México. El condominio Pentágono/administración Obama ha eliminado del campo todo su hardware último grito. “Misión ¡Uy, qué yuyu! ” es el nombre del juego.


Al menos en Serbia, la OTAN sabía lo que estaba haciendo. Apoyaba a un “ejército de liberación” (el ELK, Ejército de Liberación de Kosovo) infectado de asesinos y traficantes de la droga; bombardearon compañías estatales (no privadas), bombas de racimo y uranio empobrecido incluidos, para que las corporaciones multinacionales pudieran abrirse paso y que el Pentágono levantara una inmensa base militar (Campo Bondsteel) para vigilar su protectorado.


Teóricamente, la resolución 1973 de las Naciones Unidas no permite que la OTAN vaya mucho más lejos. Los miembros occidentales de esa “coalición de los bien dispuestos”, sobre todo los británicos y franceses, por no mencionar al Pentágono, no paran de rezar para que al final del túnel se encuentren con un montón de petróleo y una base estratégica del AFRICOM/OTAN en el norte de África. Pero no hay nada seguro.


La última esperanza de cordura en todo este caos podría venir de la mano de Turquía. Su Primer Ministro, Recep Tayyip Erdogan, ha propuesto su versión de hoja de ruta para la paz, estableciendo corredores de ayuda humanitaria y que la democracia vaya avanzando por etapas. Turquía está conversando con ambas partes y no postula abiertamente el cambio de régimen. En Qatar -que, como ya hemos informado, está profundamente implicado en guiar la “transición” en Libia-, el próximo miércoles, unos cuantos europeos, EEUU, unos pocos estados clientelistas de EEUU de Oriente Medio y otras tantas entidades internacionales serán quienes discutan la mencionada hoja de ruta.


Vamos a esperar. Actualmente, cualquier hoja de ruta acabaría con los bombardeos de la OTAN.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 13/04/2011

DEMONIZANDO A LIBIA

Por: Mumía Abú-Jamal

Es una medida del poderío militar de los Estados Unidos y de lo pobre que son los medios de comunicación, que el país desata guerras contra pueblos y países de los cuales no sabe nada.

Aparentemente todo lo que se necesita es una campaña de los medios llamando a alguien, monstruo, o asesino, o llamarlo con ese nombre que lo justifica todo: Hitler; y bombarderos empiezan a cruzar los cielos.

Estados Unidos hace la guerra, es castigado por eso o vencido; promete no volverlo a hacer, y, naturalmente, lo hace otra vez... Y otra vez.


Cuando los ejércitos norteamericanos atacaron Vietnam (basados en una mentira sobre un supuesto ataque en el Golfo de Tonkín), lo hizo casi como algo pasajero; para ayudar a un aliado europeo que había sido derrotado, (Francia), y en apoyo de lo que estudiosos y analistas llamaron, "la teoría del dominó," como si, si Vietnam "caía," todo Asia inmediatamente caería --como en un juego de dominó.


Esa teoría, como muchas otras que apoyan guerras Imperiales, era falsa. Décadas después, uno de los más importantes halcones de la guerra, el Secretario de Defensa, Robert McNamara, el Extraño, admitiría que los líderes norteamericanos sabían poco, casi nada, sobre Vietnam, su idioma, historia o su cultura, y que tal ignorancia hizo virtualmente imposible la victoria.


Después, Somalia. Después... Irak.


Y ahora Libia. ¿Cuántos de nosotros sabe algo sobre la guerra interna en Libia a causa de conflictos entre tribus? ¿Que una de las tribus más grandes del Este, los Senussi, perdió el poder y la influencia cuando el Rey Idris fué derrocado, en 1969, por el Movimiento de los Oficiales Libres, del cual el Coronel Kaddafi era parte? ¿Cuántos saben que muchos de ellos no quieren democracia, sino restaurar la vieja monarquía?


¿Que durante las rebeliones iniciales muchas banderas flamearon en la Casa de Idris -- un títere de occidente como lo fueron Farouk de Egipto o el Sha de Irán?


¿No les parece extraño que las así llamadas democracias occidentales estén defendiendo a reyes?


Oh -- y la atrasada y pobre Libya. ¿Sabía que Libya tiene el más alto Producto Nacional Bruto, PNB, per capita, en Africa -más alto que Sudáfrica? ¿O que tiene uno de los más bajos niveles de analfabetismo en el mundo Arabe? (Casi un 20% más bajo que Egipto.)


Yo tampoco lo sabía. Lo leí en una publicación británica relativamente oscura. Y para comprobarlo, lo investigué.

Nosotros no lo sabemos, porque no es del interés de las fuerzas corporativas que son dueñas y usan los medios, o porque no es importante que nosotros lo sepamos.


10 años después que empezó la guerra en Afganistán, y 8 años desde que comenzó la guerra en Irak, y no hemos aprendido absolutamente nada!


Mumia Abu-Jamal (nacido con el nombre de Wesley Cook el 24 de abril de 1954) es un periodista y activista político negro estadounidense, acusado del asesinato del policía Daniel Faulkner y sentenciado a muerte en 1982. Su caso ha generado campañas masivas por su liberación en Estados Unidos y el resto del mundo y las fraternidades policiacas estadounidenses han buscado activamente acelerar su ejecución. Técnicamente, estuvo esperando ser ejecutado entre 1982 y diciembre de 2001, cuando el juez federal de distrito William Yohn revocó la pena de muerte de Jamal. Sin embargo, Yohn reafirmó los cargos contra Jamal, condenándolo a cadena perpetua. El 27 de marzo de 2008, un tribunal estadounidense ordenó revisar la condena a muerte.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 13/04/2011





ESTADOS UNIDOS Y ALIADOS

COMETEN CRÍMENES MONSTRUOSOS EN LIBIA

Por: Miguel Urbano Rodrigues


Los Estados Unidos y sus aliados repiten en Libia crímenes contra la humanidad similares a los cometidos en Irak y Afganistán.


La agresión al pueblo libio difiere de las otras apenas porque el discurso que pretende justificarla, respecto a la hipocresía excede lo imaginable.


Por la mentira y perfidia, el montaje previo trae a la memoria los concebidos por Hitler en la preparación de la anexión de Austria y de las campañas que precedieron a la invasión a Checoslovaquia y a Polonia.


Michel Chossudovsky, James Petras y otros escritores progresistas -citando fuentes confiables- revelaron en sucesivos artículos que la rebelión de Benghazi fue concebida con mucha antelación, muy minuciosamente, y alertaron sobre el papel decisivo desempeñado en ella por los servicios de inteligencia de los Estados Unidos y del Reino Unido.


La supuesta duda de los Estados Unidos en apoyar la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que creó la llamada «zona de exclusión aérea», y posteriormente en asumir la «coordinación de las operaciones militares» fue también una grosera mentira. Farsa idéntica caracterizó el debate en torno a la transferencia hacia la OTAN del comando de operación llamado «Amanecer de Odisea», título que ofende el nombre y la epopeya del héroe de Homero.


El Pentágono tenía elaborado planes de intervención militar en Libia mucho antes de las primeras manifestaciones en Benghazi, cuando allí aparecieron las banderas de la monarquía fantoche inventada por los ingleses después de la expulsión de los italianos. Todo eso se estima está descrito en documentos (algunos contenidos en correspondencia diplomática divulgada por Wikileaks) que ahora comienzan a hacerse públicos por webs alternativas.


LOS CRÍMENES ENCUBIERTOS


Los discursos de los responsables de la agresión al pueblo libio y la torrencial y ominosa campaña de desinformación montada por los grandes media occidentales, empeñados en la defensa y apología de la intervención militar, son diariamente desmentidos por la tragedia que se abate sobre Tripolitania, o sea el occidente del país controlado por el gobierno.


Hoy ya no es posible desmentir más que el texto de la resolución del Consejo de Seguridad -que no hubiera sido aprobada sin la cómplice abstención de Rusia y China– fue violado desafiantemente por los estados agresores.


Los ataques aéreos no estaban previstos. Pero fueron inmediatamente desencadenados por la fuerza aérea francesa y por los buques de guerra de los Estados Unidos y del Reino Unido que, en un tiempo mínimo, dispararon más de una centena de misiles Tomahwac sobre blancos muy diferenciados.


Repetidamente los gobernantes de los Estados Unidos y del Reino Unido, de Francia y de Italia han afirmado que la «intervención es humanitaria» para proteger a la población, y que los «daños colaterales» por ella provocados son mínimos.


Mienten consciente y descaradamente.


Las «bombas inteligentes» no son ciegas. Con gran precisión han alcanzado depósitos de combustibles y de productos tóxicos, puentes, puertos, edificios públicos, cuarteles, fábricas, centrales eléctricas, sedes de televisoras y de periódicos. Redujeron a escombros la residencia principal de Muamar El Gadafi.


Un objetivo transparente fue la destrucción de la infraestructura productiva de Libia y de su red de comunicaciones.


Otro objetivo prioritario fue sembrar el terror entre la población civil de las áreas bombardeadas.


Repetidas veces el secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, y el de Asuntos Exteriores del Reino Unido, William Haggue, han afirmado que las fuerzas de aquello que llaman la «coligación» mandatada por el Consejo de Seguridad, no se desviará de las metas humanitarias de «Odisea».

Garantizan que el número de víctimas civiles ha sido mínimo y, en la mayoría de los bombardeos quirúrgicos, inexistente.


No es lo que informan los corresponsales de algunos influyentes media occidentales y árabes.


Según Al Jazeera y periodistas italianos, el «bombardeo humanitario» de Adhjedabya fue en realidad una matanza sanguinaria, ejecutada con crueldad.


Otros reporteros utilizan la palabra tragedia para definir los cuadros dantescos que presenciaron en barrios residenciales de Trípoli.


Generales y almirantes norteamericanos y británicos insisten en negar que hayan sido alcanzadas instalaciones no militares o afines. Es otra mentira. Las ruinas de un hospital de Trípoli y de dos clínicas de Ain Zara, que apuntan al cielo azul del desierto libio, expresan mejor que cualquier palabra la praxis de los «bombardeos humanitarios». Periodistas que los contemplaron y hablaron con sobrevivientes de la masacre afirman que en Ain Zara no había un solo militar, ni blindados. Y ni siquiera armas.


En una tirada de humor negro, el primer día de la agresión, un oficial de los Estados Unidos declaró que la artillería antiaérea libia, al abrir fuego contra los aviones aliados que bombardeaban Trípoli, estaba «violando el cese al fuego» declarado por Gadafi.


Cito el episodio por ser expresivo del desvarío, del fariseísmo, del primarismo de los que ejecutan la abyecta agresión al pueblo libio, definida por Berlusconi, el clown neofascista de la coligación occidental, como «nueva cruzada».


Gadafi es el sucesor de Ben Laden como enemigo número uno de los Estados Unidos y de los gobernantes que hace pocos meses lo abrazaban fraternalmente.


El dirigente libio no me inspira hoy respeto. Creo que muchos de sus compatriotas que participan en la rebelión de Cirenaica y exigen el fin de su régimen despótico actúan movidos por objetivos loables.


Sin embargo, invocar la personalidad y los desmanes de Muamar El Gadafi en el esfuerzo por presentar la criminal agresión al pueblo de un país soberano como exigencia de principios y valores de la humanidad es el objectivo repugnante de una ambiciosa estrategia imperialista.


El subsuelo libio encierra las mayores reservas de petróleo (el doble de las norteamericanas) y de gas de África. Tomar posesión de ellas es el objetivo inconfesado de la falsa intervención humanitaria.


Es deber de todas las fuerzas progresistas que luchan contra la barbarie imperialista desenmascarar el engranaje que, en el mundo, califica de salvadora y democrática la monstruosa agresión a Libia.


Siria puede ser el próximo blanco. Eso, mientras no hay una palabra de crítica a las monarquías teocráticas de Arabia Saudita, de Bahrein, de los Emiratos.


Una nota personal para terminar. Los líderes de la derecha europea, de Sarkozy y Cameron a la canciller Merkel, cultivan en estos días –repito- el discurso de la hipocresía. Ninguno consigue, no obstante, igualar en la mentira y la desfachatez la oratoria de Barack Obama, que, por sus actos, responderá ante la historia por la criminal política externa de su país, cuyo pueblo merecía otro presidente.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 21/04/2011

Libia, o cómo vender una guerra


"Avión de la OTAN"

A un mes de haber intervenido militarmente en Libia y con Muamar Gadafi aún aferrado al poder, Estados Unidos, Francia y el Reino Unido parecen comenzar a replantearse una pregunta básica: ¿Cómo se vende una guerra a la opinión pública?

La cuestión ha cobrado relevancia a medida que se descubre que el conflicto en Libia puede ser más largo, complicado y costoso de lo que muchos creían hace sólo unas semanas.

Este martes, el Reino Unido y Francia dieron un paso más en el conflicto al anunciar el envío de militares a Libia para asesorar a los rebeldes, aunque negaron que se vayan a involucrar directamente en los combates.

Pero tiempos de crisis económica, austeridad y cansancio con las guerras previas de Afganistán e Irak, los líderes de esos países enfrentan ahora el reto de mantener el apoyo de la opinión pública a otro conflicto de final incierto.

"El problema verdadero es la duración", dijo Jean-François Daguzan, experto de la Fundación Para la Investigación Estratégica, un centro de análisis basado en París.

"El riesgo es que la opinión pública vea a los países occidentales hundirse cada vez más en la guerra, como en Afganistán", agregó Daguzan en diálogo con BBC Mundo.

El mensaje y la guerra

Justificar una guerra suele ser tarea ardua, y en el caso de Libia los líderes de Estados Unidos, Reino Unido y Francia parecen dispuestos a ajustar el mensaje en la medida en que evolucionan el conflicto y la opinión pública.

De entrada, buscaron legitimar la intervención en Libia (y de paso marcar una diferencia respecto al antecedente de Irak) con una resolución de las Naciones Unidas que la avalara y tuviera el apoyo de la Liga Árabe.

En efecto, el Consejo de Seguridad de la ONU autorizó "todas las medidas necesarias" para proteger a los civiles libios de los ataques de Gadafi, pero excluyó la posibilidad de una "fuerza de ocupación extranjera" en el país.

Mientras la resolución 1973 de la ONU era aprobada el 17 de marzo, las encuestas mostraban que una amplia mayoría de estadounidenses era contraria a que su país se embarcara directamente en otra guerra.

Sin embargo, el apoyo a la zona de exclusión aérea fue aumentando con el paso de los días en Estados Unidos, a medida que el gobierno de Barack Obama insistía en que Libia era una misión pasajera y no sería otro Irak.

A fines de marzo, las encuestas mostraban que más de la mitad de los estadounidenses apoyaba la zona de exclusión aérea en Libia, aunque rechazaba la idea de enviar tropas al país.

Las encuestas también indicaban que el objetivo de la intervención internacional en Libia era incierto para una mayoría de gente en Estados Unidos, al igual que ocurría en otros países occidentales.

"Delimitado en el tiempo"

Rebeldes libios

"Rebeldes libios"

El público británico estuvo en principio dividido ante los ataques aéreos de sus aviones y los aliados en Libia: 38% los apoyaban y 35% los consideraban un error, según una encuesta para la BBC realizada a fin de marzo.

En Francia, cerca de tres de cada cinco personas rechazaba la intervención en Libia, según una encuesta de IFOP a comienzos de marzo.

Pero una vez que los aviones franceses tiraron las primeras bombas contra las fuerzas de Gadafi, en medio de un activismo sin pausa del presidente Nicolas Sarkozy, el apoyo pasó a ser rápidamente mayoritario.

Frédéric Dabi, director del departamento de opinión y estrategias de IFOP, dijo que una clave de este apoyo fue que el público percibió la intervención en Libia como algo diferente a las guerras de Irak o Afganistán.

"Se buscó mostrar que (la intervención en Libia) era algo delimitado en el tiempo", dijo Dabi a BBC Mundo.

De hecho, la salida de Gadafi pasó a ser un deseo popular en países occidentales.

Una encuesta de Reuters/Ipsos MORI indicó la semana pasada que la mayoría de estadounidenses (71%), británicos (63%), franceses (67%) e italianos (76%) cree que Occidente debe tener como meta la partida de Gadafi.

Esta fue precisamente la meta que Obama, Sarkozy y el primer ministro británico David Cameron hicieron explícita el viernes, en una carta abierta publicada en tres periódicos occidentales.

"Mostrar progreso"

Sin embargo, la guerra parece lejos de haber sido vendida definitivamente en esos países.

El cambio de régimen en Libia nunca fue una meta explícita de la resolución 1973 de la ONU.

El ministro francés de Defensa, Gerard Longuet, sugirió públicamente que eso iría requeriría un nuevo voto del Consejo de Seguridad, pero los aliados se muestran divididos sobre el asunto.

También afloraron tensiones en Occidente sobre la conducción de las operaciones en Libia, que Obama transfirió a la OTAN como prefería la mayoría de los estadounidenses, según las encuestas.

Etienne de Durand, analista de política de defensa en el Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI), advirtió que una regla básica para que la opinión pública apoye una guerra es que haya avances en el terreno.

"Generalmente, si buscamos un denominador común, la clave es mostrar progreso lo más rápidamente posible", dijo De Durand a BBC Mundo.

Sin embargo, los rebeldes libios han sido incapaces de avanzar de forma sostenida hacia Trípoli pese a los ataques aéreos internacionales contra las fuerzas de Gadafi.

"No funciona"

"Contábamos con un derrumbe del régimen ante el empuje de los insurgentes y bombardeos de la coalición, pero nos damos cuenta que eso no funciona", dijo Daguzan.

Las encuestas también sugieren que los occidentales están preocupados por los costos económicos de la intervención en Libia cuando sus propios países proclaman austeridad fiscal y reducen el gasto público.

Salir de una guerra puede resultar más difícil que entrar a la misma, como lo demostró el caso reciente de Irak, donde Estados Unidos fue aduciendo la amenaza de "armas de destrucción masiva" que no había.

En Occidente existe consenso sobre las atrocidades que Gadafi ha cometido contra su pueblo, pero cómo lograr su caída es una pregunta aún sin respuesta y la posibilidad de vender una nueva estrategia a la opinión pública ya muestra limitaciones.

Este martes, el Reino Unido y Francia anunciaron separadamente el envío de militares a Libia para asesorar a los rebeldes. Londres indicó que serían hasta una docena y París indicó que serían menos de diez.

Ambos gobiernos negaron que se vayan a involucrar directamente en los combates de tierra y el canciller británico, William Hague, sostuvo que el envío de asesores militares está "en consonancia con la resolución" 1973 de la ONU. Se agregó que proveerán "asistencia no letal" a los rebeldes, en comunicaciones y logística.

Sin embargo, como algunos políticos británicos ya lo han advertido, la intervención de Estados Unidos en Vietnam empezó cuando un presidente decidió enviar consejeros militares a ese país.