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Grupo de Argentina de cara al mundo



Homenaje a caídos en Malvinas

Maria Estela
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 07/07/2011

Escrito por Maria Estela Ramirez el 04/04/2010

La "GESTA DE MALVINAS" es un hecho histórico que estará siempre en la memoria de los Argentinos, por los valores que esa epopeya encierra y por los gestos humanos realizados para llevarla a cabo.

Es importante y necesario, entonces, recordar algunos hechos que la memoria veces olvida.

Primero, los combatientes no fueron los únicos decididos a dar la vida por la patria, como lo juraron un día en el servicio militar, también estaban el resto de los ciudadanos, mujeres y hombres que en gran número se ofrecieron como voluntarios "pa lo que guste mandar", que fueron quizás todos los ARGENTINOS que en ese 2 de abril quisieron cumplir con el deber y el derecho que prescribe el

artículo 21 de la CONSTITUCION DE LA NACION que dice "todo ciudadano argentino esta obligado a armarse en defensa de la patria". Y fueron voluntarios sin diferencias de edad, sexo, religión, afiliación política, nivel cultural, social, etc, pensando solo en la necesidad de la Patria, con honor, valor, amor al prójimo y sentido amplio de la solidaridad y el servicio.

Segundo, recordar con cariño y devoción patriótica a los muertos en combate, que dieron la vida por la justicia de la causa y que en el mar o la turba malvinera nos señalan el camino de los héroes. Ciudadanos que merecen el respeto, recuerdo y evocación de todos los Argentinos y por que no también del mundo entero. Recordar, a sus parientes, especialmente sus esposas, hijos, madres, padres y hermanos, y también a los combatientes que volvieron con o sin consecuencias, pero con el espíritu destrozado por la derrota y muchas lagrimas derramadas en la turba y en el continente al regreso. Ciudadanos, soldados de ayer y civiles de hoy, que comparten la vida diaria con todos nosotros y que podemos llamarlos VALIENTES PALADINES DE LA REPUBLICA.

Tercero, recordar a los que dieron su vida en la batalla, demostrando los mismos valores , argentinos que el llamado los coloco en el bronce de los próceres y que en un escenario límite y apocalíptico no deseado por nadie, han testimoniado sus valores personales y de todo el pueblo argentino que podemos sintetizarlos en "AMOR A LA PATRIA".

Cuarto recordar que la guerra, horror que en estos momentos vemos a diario en los medios y que como todos sabemos nadie quiere (aquí me incluyo) no es mas que la continuación de la política por otros medios, y que nuestra gesta de Malvinas fue motivada por la imposible solución pacifica y la no devolución de lo que es histórica y jurídicamente nuestro por parte del Reino Unido. Que pese a la resolución de la Naciones Unidas 2065, del 16 de diciembre de 1965, referida al programa de descolonización y a las posteriores resoluciones que proponían una solución pacifica y la devolución de las islas que consideraban Argentinas no se pudo lograr por el veto que algunos miembros privilegiados tienen.

Quinto, conocer o recordar, que cuando al criollo el clarín de la Patria lo llama está siempre listo para concurrir al mismo y que el llamado no es solo para el flagelo de la guerra sino para afrontar problemas coyunturales graves que todas las naciones tienen. Y que los ciudadanos desde sus puestos de trabajo estarán siempre dispuestos a dar todo lo que tienen para el bien de la Nación. Y como en 1982 dejar de lado banderas ideológicas partidarias y los vanos antagonismos sectoriales para mostrar al mundo una verdadera y armónica concordia nacional.

La GESTA DE MALVINAS, como dice Rosendo Fraga, fue por un lado una batalla perdida y también un desengaño o frustración social pero puso en evidencia la entrega de lo que son capaces los argentinos en momentos límites, o cuando el país se ve amenazado en su integridad.

Y para concluir, también en esta complicada e incomprensible situación que estamos pasando en el ámbito nacional, busquemos ejemplos en nuestra historia y en esta nuestra reciente GESTA DE MALVINAS, con testimonios vivos, para acrecentar las innatas virtudes y reservas morales propias, que nos permitan combatir juntos, codo a codo y lograr así el triunfo tan deseado que no es más que sentirnos orgullosos de ser Argentinos.-

El 2 de abril se conmemoró el 28 aniversarios de la guerra en Malvinas.

Los invito a que expresen lo que piensan respecto a este hecho y a ofrecerle un merecido homenaje a los caidos en Malvinas como asi también a aquellos ex conbatientes que lograron sobrevivir.

Gracias

Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 07/07/2011


Escrito por Gilda Noemí Adorno García el 04/04/2010


Hola Estela, gracias por invitarme a este debate muy importante porque nos recuerda la "GESTA DE MALVINAS" un hecho histórico que como dices estará siempre en la memoria de los Argentinos, por los valores que esa epopeya encierra y por los gestos humanos realizados para llevarla a cabo.
Mis Saludos y respetos a los hermanos argentinos.


En abril, una gesta heroica donde han muerto tantos con deseos de seguir, nunca claudicar. De las Malvinas los dueños prontos a defenderlo, se armaron de coraje, amor patrio, derecho y deber cumplidos, unidos todos en un solo latido...


El recuerdo es para aquellos que ofrendaron la vida y tambien para los que aún siguen vivos, sobrevivintes de lo que nunca debio haber sido...


Recordar los hechos, las personas, la patria es muy importante en el lugar que sea... Para que sepamos de lo que fuimos y somos capaces, que si por algún motivo la patria nos reclamara nuevamente, ahí estaremos prestos a defenderla, en su grandeza, su libertad e integridad.


Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 07/07/2011
Syl ----
----.......
Escrito por Syl ---- el 04/04/2010



Veterano de Malvinas
(Doménico Bova)

Tu rostro sigue marcado
a través de tantos años
tu tristeza no se borra
tu valentía no se olvida.
Muchacho joven aún
de niño fuiste soldado
y supiste de la guerra
sin haberla deseado.
Las vivencias te dejaron
aquellos gritos ahogados.
Tu patriotismo no se mella
aunque fuiste derrotado.
Tu grito de libertad
en las islas usurpadas
se agiganta y da un abrazo
a todos como a un hermano.
Soldado que las quisiste defender,
tus camaradas allí quedaron,
desde el cielo hoy los cubre
un manto celeste y blanco.
Con emoción te agradecemos
soldado de las Malvinas
siempre en ti y en nosotros viven
nuestras islas argentinas.


Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 07/07/2011
Escrito por Teresa De Jesús Quintero Gómez el 04/04/2010

"Ciudadanos que merecen el respeto,
recuerdo y evocación de todos los
Argentinos y por que no también
del mundo entero".

Si nos quedemos callados. ¡Denunciemos!

Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 07/07/2011
Aroldo Martínez
Diplomado periodismo, cursos de radio...
Escrito por Aroldo Martínez el 04/04/2010

Que Dios ilumine a los gobernantes de la tierra, para que los pueblos se mantengan quietos. Jamás la guerra resolverá ningún problema. Cada persona que cae en el campo de batalla, es una verdadera pérdida para la familia, y el país que defiende. Que no se repitan las guerras. Mi amor en Cristo para todos los seres humanos. Consuelo para quienes han perdido seres queridos en la guerra.

Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 07/07/2011
Leticia Mendo Alonso
Lic, en psicologia centro de estudios...
Escrito por Leticia Mendo Alonso el 04/04/2010

Emotivo acto por el 28º Aniversario de la Gesta de Malvinas




El Presidente del HCD Cazador habló durante el acto


El Padre Lovatto efectuó la invocación religiosa


El Sind. Petroleros y una ofrenda floral


Concejales junto a Fuerzas de Seguridad

Se llevó a cabo el homenaje a todos los hermanos caídos, que dieron su vida por la legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional.

"Abriré las puertas de este vacío, porque el destino me lanzó hacia arriba. Leyes viejas, más genocidas, mal presagio para la vida". El estribillo de la canción de León Gieco "Para la Vida", sirvió para darle el marco final al acto organizado por la Municipalidad de Campana, que se realizó en la mañana de ayer, en la Plaza Dr. Eduardo Costa, en homenaje y conmemoración por el "Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas", gesta en la cual nuestros hermanos, compañeros y vecinos, dieron su joven vida por un derecho soberano.

El acto fue encabezado por el Intendente Interino, Cont. Norberto Jendrulek y el Presidente del Concejo Deliberante, Carlos Cazador, junto al Secretario de Gobierno y Gabinete, Lic. Oscar Trujillo, y los integrantes del Centro de Ex Combatientes del Atlántico Sur y la Asociación Veteranos de Guerra de Malvinas.

El inicio de la conmemoración del 28º Aniversario del desembarco argentino en las Islas Malvinas, ocurrido el 2 de abril de 1982, comenzó con la entonación de las estrofas del Himno Nacional, interpretadas por la Banda Municipal de música de la ciudad y posteriormente se escucharon las estrofas de la Marcha de Malvinas.

Fue precisamente el monumento a los Caídos en Malvinas, recientemente reinaugurado tras las obras realizadas por la Secretaría de Cultura y educación Municipal, el lugar en donde la emoción tuvo su epicentro, al hacerse presentes distintos representantes y grupos de ex combatientes, locales y de diversos lugares del País.

Luego, el Lic. Fabian Sarna, Director de Gobierno y gestión Pública de la Municipalidad de Campana, hizo uso de la palabra, remarcando la lucha actual de los ex combatientes por no caer en el olvido, tras ser ignorados y ocultados durante mucho tiempo por quienes son responsables ideológicos de tan injusta guerra.

Posteriormente fue el Párroco de la Catedral Santa Florentina, Padre Hugo Lovatto, quien leyó un pasaje de la biblia y procedió a bendecir el monumento que fue reconstruido luego de que fuera derribado en parte, en diciembre pasado.

En este eterno homenaje a todos nuestros héroes que lucharon por nuestras islas, a los que dieron su vida por la Patria y que quedaron en custodia de nuestra soberanía nacional, el Presidente del HCD y cuerpo de concejales, junto a Ricardo Córdova en representación de los ex combatientes descubrieron una placa, que fue confeccionada por el HCD.

"Prohibido Olvidar" fue la consigna con la que Carlos Cazador, cerró su discurso brindado ante los presentes en dicho acto. "Después del 25 de Mayo y el 9 de Julio esta es la fecha más importante de la patria. Nuestros soldados no pensaron que estaban peleando por un territorio lejano, sino que lo hicieron por la patria grande, como nuestros próceres lo hicieron en las guerras de la independencia", remarcó el presidente del HCD.

Durante la ceremonia, la Comisión Directiva del Sindicato del Petróleo y Gas Privado de Campana, colocó una ofrenda floral en memoria de los jóvenes fallecidos, en la persona de Daniel Ibarra y Marcelo Monje. El foro legislativo local dejó su ofrenda, acompañado por el Sr. José Luis Paoloni.

También, el Intendente Interino, Cont. Norberto Jendrulek, y funcionarios municipales, junto al Sr. Luis Mendoza en representación de los Ex Combatientes, depositaron una ofrenda en memoria de los Caídos en Malvinas.

Luego, Orlando Avellaneda, integrante del Centro de Ex Combatientes del Atlántico Sur, se dirigió a los presentes y muy emocionado dijo "hoy y siempre debemos recordar a nuestros hermanos, nuestros amigos que quedaron como eternos centinelas de la soberanía nacional".

También fue orador del acto Néstor Cordero, de la Asociación de Veteranos de Guerra de Malvinas, quien agradeció a la comuna el flamante monumento a los Héroes de Malvinas, al tiempo que también tuvo palabras para los caídos y los muertos post guerra, también víctimas del conflicto de Malvinas.

El Lic. Oscar Trujillo, como historiador, también tuvo un sentido discurso orientado a los jóvenes estudiantes que se encontraban presentes, señalando que son los responsables de dar continuidad al reconocimiento y a la reivindicación de quienes dieron su vida por la Patria.

La emoción colmó el corazón de todos, cuando para finalizar y ante una llovizna que comenzaba a ser intensa, la canción "Para la Vida" de León Gieco, regaló un recordatorio y un sincero homenaje a los héroes de la Patria, ex Combatientes de Malvinas.

Del acto también participaron integrantes del Ejecutivo Municipal, concejales de los distintos bloques, autoridades de Establecimientos Educativos, representantes de fuerzas de seguridad, de la Agrupación Bajo Bandera, gremios, integrantes de la Escuela de Cadetes de bomberos, sociedades de fomento, vecinos y medios de comunicación.

Recordemos que durante la guerra hubo 649 caídos, más de la mitad de ellos murieron en el hundimiento del Crucero General Belgrano, que estaba fuera del área de guerra al momento del ataque. Eran en su mayoría chicos, pero el clima y la adversidad de la guerra los hizo hombres listos para defender a su Patria.


Ex Combatientes tuvieron su merecido homenaje


El Intendente Interino también realizó una ofrenda


El Lic. Sarna fue uno de los oradores


El Lic. Trujillo y un emotivo discurso


Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 07/07/2011
Ivan Marcelo Altamirano Correa
Ingeniro industrial, universidad tec...
Escrito por Ivan Marcelo Altamirano Correa el 04/04/2010

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Ojala no se repita esos acontecimientos negativos para la patria de argentina y sus familias solamente quedan grandes heridas imborrables y temores, Dios cuide a la Argentina.


Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de...
Escrito por Maria Estela Ramirez el 04/04/2010



QUIERO COMPARTIR CON USTEDES ESTO QUE LEI EN LA NACION Y ME CONMOVIO MUCHISIMO!

LA FUERZA AEREA ARGENTINA Q CON POCO HIZO MUCHO Y HOY EN DIA SON RESPETADOS EN EL MUNDO ENTERO!



La hermandad del honor

La espectacular aventura de Guillermo Dellepiane, un piloto que atacó el campamento inglés en Malvinas, tiró bombas sobre Jeremy Moore y al escapar vivió una odisea de película. Un hombre al que los británicos reconocen y los argentinos ignoran.



Tenía veinticuatro años, volaba a ras del mar y estaba a punto de bombardear un destructor y una fragata misilística.


Le decían Piano porque se llamaba Guillermo Dellepiane, y era alférez en una fuerza que no tenía héroes ni próceres porque jamás había entrado en combate. Se trataba de la primera misión de su vida y acababa de despegar de Río Gallegos. Su padre se había muerto sin poder cumplir el sueño de realizar en el terreno de la realidad lo que a lo largo de toda su carrera había simulado hacer: la guerra del aire.


Tan inquietante como entrar en batalla debe de resultar el hecho de consagrar una vida a un acontecimiento que no ocurrirá. Guerreros de la teoría y el entrenamiento, muchos cazadores se reciben, se desarrollan y se retiran sin haber cazado jamás una presa verdadera. El padre de Piano , cerca de la jubilación, había muerto hacía dos años en un accidente absurdo, cuando se derrumbó un ala del edificio Cóndor. Volando hacia el blanco en un A-4B Skyhawk, el hijo venía a cumplir ahora la escena deseada y urdida por el fantasma de su padre.


Era el 12 de mayo de 1982 y una escuadrilla de ocho aviones argentinos avanzaba en silencio de radio hacia dos barcos británicos. Los cuatro primeros iban adelante y dispararían primero. Los cuatro halcones de atrás, a una distancia prudencial, tendrían una segunda oportunidad o entrarían a rematarlos.

Para Piano , era una misión iniciática, la última lección de un profesional de la guerra: la guerra misma. Hasta entonces todo habían sido aprendizajes y pruebas. Alférez es el primer escalafón de los oficiales, y Dellepiane ni siquiera había experimentado el reabastecimiento en vuelo, una compleja operación que en este caso consistía en acercarse volando a un Hércules, encajar la lanza de la trompa del A-4B en la canasta de combustible y cargar tanques para seguir viaje. Muchos fallaban en ese intento: se ponían nerviosos y no podían meter la lanza. "Mirá si yo no puedo, es una vergüenza", se decía. Estaba más preocupado por ese bochorno que por la muerte. Pero cuando tuvo al Hércules frente a frente no falló, y rápidamente se unió a su jefe, un primer teniente, que ordenó bajar a menos de quince metros de las olas y avanzar a toda máquina. Volaban tan bajo que dejaban estelas en el mar.


Evadiendo misiles
Con el alma en vilo escucharon que, cinco minutos antes de llegar al blanco, los primeros cuatro aviones atacaban. En el horizonte no se veía nada pero Piano se dio cuenta en seguida de que a sus compañeros no les había ido muy bien. En dos minutos supieron que tres aviones habían sido alcanzados por la artillería antiaérea y que habían sido derribados en medio de hongos de fuego y estampidos de agua. El cuarto avión regresaba por las suyas. El sol volvía espléndido un día negro. Negrísimo. Piano vio de repente los buques enemigos. Eran efectivamente dos y les estaban disparando. En ese momento no pensaba en la patria ni en Dios, sólo veía con una cierta incredulidad esa película fantástica y en technicolor. La veía como si él no fuera parte de ella. Era un espectáculo corto y alucinante pero sin ruidos, porque en la cabina no se oía nada. Fueron fracciones de segundos: Piano contuvo el aliento verificando la velocidad y la altura, y en el momento exacto en el que pasaba por encima de uno de los dos barcos, mientras recibía y eludía disparos de todo tipo, apretó el botón y soltó una bomba de mil libras.


Las bombas impactaron en el destructor y le abrieron agujeros horribles y definitivos. Quedó fuera de servicio, pero eso Piano lo supo mucho después porque en ese instante lo único que pudo hacer fue salir rápido de la ratonera evadiendo misiles y huyendo a toda velocidad. Cuando una escuadrilla dispara, los aviones se dispersan y cada uno regresa como puede. El joven alférez se sintió solo unos minutos pero de pronto divisó la nave de su jefe y la alcanzó. No podían hablarse, porque las navegaciones aéreas eran en silencio, pero volaban juntos, como hermanos, a una distancia de doscientos metros uno del otro, con el infierno atrás y el continente adelante. Habían cumplido y volvían con la gloria; era una extraña y grata sensación.


Hasta que de repente un proyectil rasante surgido de la niebla pegó en un alerón del avión del primer teniente. Fue un golpe mortal a velocidad infinita que le hizo dar una vuelta de campana, pegarse contra la superficie del océano y explotar en mil pedazos. Todo en un pestañeo de ojos. Piano lo vio sin poder creerlo pero sin dejar de apretar el acelerador. Descendió todavía más y prácticamente aró el mar con un gusto metálico en la boca. Dependía emocionalmente de su jefe. Había bajado por un momento la guardia, pensando "me va a llevar a casa", pero ahora estaba solo y desesperado. Ahora dependía únicamente de su propia pericia, o de su suerte.


Voló un rato de esa manera, huyendo del diablo, y luego, cuando estuvo seguro de que no lo seguían, avisó al Hércules C-130, que los cazadores le llaman "La Chancha", e inició el ascenso. "La Chancha" puso la canasta y sin perder el pulso el joven alférez empujó la lanza y recargó combustible. Después voló el último tramo casi a ciegas: el mar había formado una gruesa capa de salitre en el parabrisas del avión.


El salitre de la desolación le nublaba a Piano los ojos. Lo más duro era entrar en la habitación de un compañero muerto, juntar su ropa, hacer su valija y dejarla en el vestíbulo del hotel donde pernoctaba su escuadrón. Ese ritual lo esperaba en Río Gallegos al final de aquel día en el que finalmente había tenido su bautismo de fuego en el Atlántico Sur. Los dioses, como decía la vieja sentencia griega, castigan a los hombres cumpliéndoles los sueños.


En los años sucesivos sólo recordaría esa primera misión. Y la última. En el medio únicamente quedaban vuelos de reconocimiento, incursiones en la zona del Fitz Roy, nervios terribles y más caídos y duelos. También el ánimo de los mecánicos, que siempre despedían a los pilotos de combate con banderas y aclamaciones, y el regreso de la base al hotel que, con éxito o sin éxito, con muertos o sin ellos, hacían en un jeep o en una camioneta Ford F100 cantando canciones contra los ingleses.


No tenían, por supuesto, la menor idea de cómo iba la guerra. Y cuando los trasladaron a San Julián sufrieron cierta tristeza: ocuparon una hostería y anduvieron por esa pequeña ciudad en estado de alerta total.


No eran muy supersticiosos, pero tenían cábalas y de hecho no se sacaban fotos entre ellos porque creían instintivamente que eternizarse en esas imágenes significaba un pasaje directo hacia la desgracia.


Nada pensaron, sin embargo, de aquella misión en día 13: estaba nublado y frío, y a Piano y a sus compañeros les ordenaron partir hacia las islas. Decían que los ingleses habían desembarcado y que se luchaba cuerpo a cuerpo en tierra. Los A-4B llevaban bombas, cohetes y cañones. Piano estaba, como siempre, ansioso. Aunque esa ansiedad solía terminarse cuando lo ataban en la cabina y había que salir al ruedo. Los nervios entonces desaparecían, como el torero que siente un nudo en el estómago hasta que baja a la arena y enfrenta con su capote al toro.


Pero el despegue no fue tan fácil. Se rompieron unos caños de líquido hidráulico y hubo que buscar a mil quinientos metros un avión gemelo. Al alférez lo desesperaba que su escuadrilla partiera sin él, de manera que se subió al otro A-4B y empezó el rodaje sin cargar el sistema Omega, que permitía coordinar y volar con precisión. Piano no quería quedarse en San Julián, y como los suyos ya se habían marchado llamó al jefe de la segunda escuadrilla y le pidió permiso para plegarse a su grupo. Le dieron el visto bueno y despegó sin tener bien configurado el avión. Ascendió y buscó entre las nubes el rumbo, y encontró en un momento al Hércules, que llevaba doce hombres y tenía la orden de no entrar en la zona de la batalla ni quedar al alcance de los misiles enemigos por ningún motivo.


Cargó combustible y siguió a su guía por el norte de las islas Malvinas, luego tomó dirección Este a vuelo rasante y hacia el Sur bajo chaparrones. Y se sorprendió al escuchar que el operador de radar de las islas preguntó si había aviones en vuelo. El jefe de la formación le respondió con un pedido, que les proporcionaran las posiciones de las patrullas de Sea Harriers.


Cuando llegó el informe verbal los pilotos argentinos sintieron un escalofrío. Había cuatro patrullas en el aire y una quinta al norte del estrecho de San Carlos. El cielo estaba infestado de aviones ingleses. Era una trampa mortal, y la lógica indicaba regresar de inmediato al continente.


Pero ya estaban a cinco minutos del objetivo y el día se había despejado, y entonces el guía tomó la resolución de seguir. Después descubrirían que estaban atacando un enorme vivac armado por los ingleses en Monte Dos Hermanas. Más de dos manzanas con carpas, containers y helicópteros, un campamento desde donde dirigía la guerra el general Jeremy Moore.


Todo ocurría en el término de minutos. Los A-4B iban a ochocientos kilómetros por hora y a veinte metros de distancia entre unos y otros. Los pilotos temían que una fragata misilística les cortara el paso antes de llegar al blanco. No llevaban armamento para atacar un buque; las bombas tenían espoletas para objetivos terrestres. Por la gran movilización de helicópteros de esa zona los generales de Puerto Argentino habían conjeturado que allí podía estar el mismísimo centro de operaciones de los británicos. Y no se equivocaban.


Las cartas de vuelo decían que el ataque debía hacerse a las 12. 15. Y faltaban dos minutos. Los cazadores pasaron por encima de la bahía San Luis y el operador del radar de Malvinas les advirtió que los Harriers los habían detectado y que ya convergían sobre ellos. Cuando faltaban un minuto y veinte segundos la escuadrilla casi despeinó a un soldado inglés que subía una loma. Ahora los aviones, en la corrida final, volaban pegados al suelo. Más allá de la elevación apareció el campamento. Y Jeremy Moore evacuó su carpa un minuto antes de que le cayeran los obuses.


Dellepiane lanzó sus tres bombas de 250 kilos, provocó destrozos, y percibió que les tiraban con todo lo que tenían. Desde misiles y artillería antiaérea hasta con armas de mano. Era un festival de fuegos artificiales. Y casi todos los pilotos se desprendieron de los tanques de reserva y de los portamisiles e hicieron una curva para regresar por el Norte, cada uno librado a su inteligencia.


Piano voló haciendo maniobras de elusión y acrobacias, y sintió impactos en el fuselaje. Era otra vez un espectáculo increíble y aterrador. A la altura de Monte Kent se topó con un helicóptero Sea King en pleno vuelo y le disparó. Salieron dos proyectiles y se le trabó el cañón, pero una bala pegó en las palas y obligó al piloto inglés a un aterrizaje de emergencia.


Enseguida, por la izquierda, vio que pasaban dos bolas de fuego que iban directamente hacia el avión de su teniente, así que le gritó por la radio "Cierre por derecha" y siguió virando hasta ver que los misiles pasaban de largo y se perdían. Más adelante se topó con otro Sea King y volvió a intentar dispararle, pero también fue en vano: el cañón no se destrababa. Así que en el último instante levantó el Skyhawk y pasó a centímetros de las aspas del helicóptero para evitar que el piloto de casco verde lo liquidara con su gatillo.


Fue más o menos en ese instante cuando se dio cuenta de que estaba sucediendo algo inesperado: se estaba quedando sin combustible. Un proyectil le había perforado el tanque, y tenía sólo 2000 libras. Precisaba más del doble para alcanzar la posición de "La Chancha". Pero no pensaba en ese momento crucial en llegar a ningún lado sino en escapar del acoso de los Harriers. Se desprendió entonces de los portamisiles y siguió volando un trecho pidiéndole al radar de Malvinas que le dijera, sin tecnicismos y con precisión, dónde estaban sus verdugos. Los Harriers volaban a una distancia considerable, así que ya sobre el norte del estrecho San Carlos dudó sobre si debía eyectarse en la isla o tratar de llegar al Hércules. Sus maestros, en las lecciones teóricas, le habían recomendado siempre que en una situación semejante intentara regresar. Eyectarse significaba perder el avión y caer prisionero. Cruzar significaba enfrentar el riesgo de no lograrlo y terminar en el mar. Si caía no podría sobrevivir más de quince minutos en las aguas heladas, y no había posibilidades operativas de que ninguna nave pudiera rescatarlo a tiempo.

Sus compañeros, por radio, trataban de darle consejos y sacarlo del dilema. Pero su jefe tronó: "Déjenlo a Piano que decida". Y entonces Piano decidió. Salió a alta mar, se puso en la frecuencia del Hércules y comenzó a conversar con el piloto que lo comandaba. Dos hombres hicieron ese día caso omiso a las órdenes de los altos mandos: el piloto de "La Chancha" salió de su posición de protección, entró en la zona de peligro y avanzó a toda máquina al encuentro del A-4B de Piano , y un oficial de San Julián tuvo un arrebato, se subió a un helicóptero y se metió doscientas millas en el mar a buscarlo, un vuelo completamente irregular y arriesgado que no ayudaba pero que mostró el coraje suicida del piloto y la desesperación con que se seguía en tierra la suerte de aquel cazador herido de combustible que intentaba volver a casa.

El alférez escuchó "Vamos a buscarte" y trató de mantener el optimismo, pero el liquidómetro le indicaba a cada rato que no conseguiría salir vivo de aquel último viaje." ¿A qué distancia están? " -preguntaba cada tres minutos-." ¿A qué distancia están? " La radio se llenaba de voces: "Dale, pendejo, con fe, con fe que llegás". El alférez sacaba cuentas sobre la cantidad de combustible, que se extinguía dramáticamente, y pronosticaba que se vendría abajo. Y sus oyentes redoblaban los gritos de aliento: " ¡Tranquilo, pibe, con eso te alcanza y sobra! " Sabía que le estaban mintiendo. Cuando llegó a 200 libras se dio por perdido. De un momento a otro el motor se plantaría y se iría directamente al mar. Comida para peces. Cuando llegó a 150 libras recordó que eso equivalía, más o menos, a dos minutos de vuelo." ¡No me abandonen! " -los puteó, porque había silencio en la línea-. De repente el piloto del Hércules C-130 creyó verlo, pero era un compañero. Piano pasó de la euforia a la depresión en quince segundos.

No rezaba en esas instancias, sólo le venían relámpagos del recuerdo de su padre. El fantasma estaba dentro de aquella cabina, metido en sus auriculares. "Dame una mano, viejo", le pedía guturalmente, con las cuerdas vocales y con los ventrículos del corazón.

El liquidómetro marcó entonces cero, y de pronto Piano escuchó que lo habían divisado y vio por fin a "La Chancha". La vio cruzando el cielo, hacia la derecha y bien abajo. Le pidió al piloto que se pusiera en posición y se largó en picada sin forzar los motores, planeando hacia la canasta salvadora. Cuando la tuvo enfrente le dio máxima potencia con una lágrima de combustible en el tanque y al ponerse a tiro pulsó el freno de vuelo y metió la lanza. Todos atronaban de alegría en la radio y se abrazaban en tierra. Piano también gritaba, pero quería abastecerse rápido, retomar el control y regresar a San Julián por su propia cuenta. Pronto descubrieron que eso no era posible. Todo el combustible que entraba, pasaba al tanque y caía por el orificio. "Quedate enganchado", le dijo el piloto del Hércules. No tenían alternativa. Volaron así acoplados el resto del camino, perdiendo combustible y con el riesgo de una explosión o de no llegar a tiempo.

Fue otra carrera dramática hasta que vieron el golfo y luego la base. Entonces el A-4B se desprendió y chorreando líquido letal buscó la pista. Piano intentó bajar el tren de aterrizaje pero la rueda de nariz se resistía. Estaba todo el personal de la base de San Julián esperando, y él dando vueltas, dejando estelas de combustible de avión y tratando de lograr que esa maldita rueda bajara. Finalmente bajó, y el alférez aterrizó, se desató rápido, se quitó el casco, saltó al asfalto y se alejó corriendo del enorme lago de combustible que se formaba a los pies del A-4B.

Medalla al valor
Hubo fiesta hasta tarde y felicidad desenfrenada en San Julián. Como Piano se consideraba vivo de milagro se tomó muchas copas y tuvieron que acompañarlo hasta su habitación: se durmió con una sonrisa y se despertó muy tarde. Era el 14 de junio de 1982 y sus compañeros le informaron que la Argentina se había rendido.

Gracias a una licencia providencial, dos días después ya estaba en Buenos Aires. La ciudad permanecía hundida en la ira y en la depresión. Y también en la indiferencia. Cualquiera que se cruzaba con Piano se le acercaba con precaución y al rato le pedía que contara todo lo que había vivido. Pero Piano no tenía ganas de contar nada. Durante años soñó con aquellas piruetas mortales, aquellos vuelos rasantes, aquellas muertes: insomnio pertinaz y espectros atemorizantes que lo perseguían como Sea Harriers impiadosos.

Le dieron la Medalla al Valor en Combate, y se mantuvo dentro de la Fuerza Aérea haciendo una callada carrera con foja intachable y mucha capacitación profesional. Hace dos años fue enviado como agregado aeronáutico a Londres. Los ingleses lo recibieron como un gran guerrero. En la misma tradición de Wellington y de Napoleón, los ejércitos europeos aún practican el honor para sus antiguos y respetables enemigos.



Las aspas atravesadas del Sea King que había derribado Piano en Monte Kent están en el Museo de la Royal Navy, y el helicopterista que conducía aquel día está vivo pero retirado. Piano consiguió su teléfono y conversó afectuosamente con él. "Me alegra no haberlo matado", se dijo.

Los veteranos ingleses que lucharon en el Atlántico Sur tienen un enorme respeto por los aviadores argentinos. Y sienten nostalgias por aquellos tiempos: "Fue la última guerra convencional -dicen-. Unos frente a los otros por un territorio concreto. Hoy todo se hace a distancia, metidos en terrenos sin fronteras definidas y por causas borrosas, con terrorismos atomizados y combatientes religiosos eternos. Con esos enemigos al final no podemos juntarnos a tomar una cerveza".

Aquel alférez, convertido en comodoro, fue invitado una tarde a entregar un premio en la escuela de aviación de la RAF. Por la noche, los pilotos de guerra recién recibidos y sus señores oficiales cenaban en un salón majestuoso de mesas larguísimas. Piano ocupó un lugar privilegiado, y el director de la escuela pidió silencio y habló del piloto argentino. Se sabía su currículum bélico de memoria y en su discurso mostraba el orgullo de tener esa noche a un hombre que había luchado de verdad contra ellos.

El jueves pasado Guillermo Dellepiane asumió como director de la Escuela de Guerra Aérea en Buenos Aires. Ocupa un despacho en el Edificio Cóndor, donde murió su padre. Piano es ahora un cincuentón bajo y gordito. Se le cayó el pelo, es sumamente cordial y tiene un pensamiento moderno, y por supuesto en la calle nadie lo reconoce. Nadie sabe que forma parte de la hermandad del honor, y que es un héroe imborrable de una guerra maldita.

Jorge Fernández Díaz
LA NACION


Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 07/07/2011
Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de...
Escrito por Maria Estela Ramirez el 04/04/2010



QUIERO COMPARTIR CON USTEDES ESTO QUE LEI EN LA NACION Y ME CONMOVIO MUCHISIMO!

LA FUERZA AEREA ARGENTINA Q CON POCO HIZO MUCHO Y HOY EN DIA SON RESPETADOS EN EL MUNDO ENTERO!



La hermandad del honor

La espectacular aventura de Guillermo Dellepiane, un piloto que atacó el campamento inglés en Malvinas, tiró bombas sobre Jeremy Moore y al escapar vivió una odisea de película. Un hombre al que los británicos reconocen y los argentinos ignoran.



Tenía veinticuatro años, volaba a ras del mar y estaba a punto de bombardear un destructor y una fragata misilística.


Le decían Piano porque se llamaba Guillermo Dellepiane, y era alférez en una fuerza que no tenía héroes ni próceres porque jamás había entrado en combate. Se trataba de la primera misión de su vida y acababa de despegar de Río Gallegos. Su padre se había muerto sin poder cumplir el sueño de realizar en el terreno de la realidad lo que a lo largo de toda su carrera había simulado hacer: la guerra del aire.


Tan inquietante como entrar en batalla debe de resultar el hecho de consagrar una vida a un acontecimiento que no ocurrirá. Guerreros de la teoría y el entrenamiento, muchos cazadores se reciben, se desarrollan y se retiran sin haber cazado jamás una presa verdadera. El padre de Piano , cerca de la jubilación, había muerto hacía dos años en un accidente absurdo, cuando se derrumbó un ala del edificio Cóndor. Volando hacia el blanco en un A-4B Skyhawk, el hijo venía a cumplir ahora la escena deseada y urdida por el fantasma de su padre.


Era el 12 de mayo de 1982 y una escuadrilla de ocho aviones argentinos avanzaba en silencio de radio hacia dos barcos británicos. Los cuatro primeros iban adelante y dispararían primero. Los cuatro halcones de atrás, a una distancia prudencial, tendrían una segunda oportunidad o entrarían a rematarlos.

Para Piano , era una misión iniciática, la última lección de un profesional de la guerra: la guerra misma. Hasta entonces todo habían sido aprendizajes y pruebas. Alférez es el primer escalafón de los oficiales, y Dellepiane ni siquiera había experimentado el reabastecimiento en vuelo, una compleja operación que en este caso consistía en acercarse volando a un Hércules, encajar la lanza de la trompa del A-4B en la canasta de combustible y cargar tanques para seguir viaje. Muchos fallaban en ese intento: se ponían nerviosos y no podían meter la lanza. "Mirá si yo no puedo, es una vergüenza", se decía. Estaba más preocupado por ese bochorno que por la muerte. Pero cuando tuvo al Hércules frente a frente no falló, y rápidamente se unió a su jefe, un primer teniente, que ordenó bajar a menos de quince metros de las olas y avanzar a toda máquina. Volaban tan bajo que dejaban estelas en el mar.


Evadiendo misiles
Con el alma en vilo escucharon que, cinco minutos antes de llegar al blanco, los primeros cuatro aviones atacaban. En el horizonte no se veía nada pero Piano se dio cuenta en seguida de que a sus compañeros no les había ido muy bien. En dos minutos supieron que tres aviones habían sido alcanzados por la artillería antiaérea y que habían sido derribados en medio de hongos de fuego y estampidos de agua. El cuarto avión regresaba por las suyas. El sol volvía espléndido un día negro. Negrísimo. Piano vio de repente los buques enemigos. Eran efectivamente dos y les estaban disparando. En ese momento no pensaba en la patria ni en Dios, sólo veía con una cierta incredulidad esa película fantástica y en technicolor. La veía como si él no fuera parte de ella. Era un espectáculo corto y alucinante pero sin ruidos, porque en la cabina no se oía nada. Fueron fracciones de segundos: Piano contuvo el aliento verificando la velocidad y la altura, y en el momento exacto en el que pasaba por encima de uno de los dos barcos, mientras recibía y eludía disparos de todo tipo, apretó el botón y soltó una bomba de mil libras.


Las bombas impactaron en el destructor y le abrieron agujeros horribles y definitivos. Quedó fuera de servicio, pero eso Piano lo supo mucho después porque en ese instante lo único que pudo hacer fue salir rápido de la ratonera evadiendo misiles y huyendo a toda velocidad. Cuando una escuadrilla dispara, los aviones se dispersan y cada uno regresa como puede. El joven alférez se sintió solo unos minutos pero de pronto divisó la nave de su jefe y la alcanzó. No podían hablarse, porque las navegaciones aéreas eran en silencio, pero volaban juntos, como hermanos, a una distancia de doscientos metros uno del otro, con el infierno atrás y el continente adelante. Habían cumplido y volvían con la gloria; era una extraña y grata sensación.


Hasta que de repente un proyectil rasante surgido de la niebla pegó en un alerón del avión del primer teniente. Fue un golpe mortal a velocidad infinita que le hizo dar una vuelta de campana, pegarse contra la superficie del océano y explotar en mil pedazos. Todo en un pestañeo de ojos. Piano lo vio sin poder creerlo pero sin dejar de apretar el acelerador. Descendió todavía más y prácticamente aró el mar con un gusto metálico en la boca. Dependía emocionalmente de su jefe. Había bajado por un momento la guardia, pensando "me va a llevar a casa", pero ahora estaba solo y desesperado. Ahora dependía únicamente de su propia pericia, o de su suerte.


Voló un rato de esa manera, huyendo del diablo, y luego, cuando estuvo seguro de que no lo seguían, avisó al Hércules C-130, que los cazadores le llaman "La Chancha", e inició el ascenso. "La Chancha" puso la canasta y sin perder el pulso el joven alférez empujó la lanza y recargó combustible. Después voló el último tramo casi a ciegas: el mar había formado una gruesa capa de salitre en el parabrisas del avión.


El salitre de la desolación le nublaba a Piano los ojos. Lo más duro era entrar en la habitación de un compañero muerto, juntar su ropa, hacer su valija y dejarla en el vestíbulo del hotel donde pernoctaba su escuadrón. Ese ritual lo esperaba en Río Gallegos al final de aquel día en el que finalmente había tenido su bautismo de fuego en el Atlántico Sur. Los dioses, como decía la vieja sentencia griega, castigan a los hombres cumpliéndoles los sueños.


En los años sucesivos sólo recordaría esa primera misión. Y la última. En el medio únicamente quedaban vuelos de reconocimiento, incursiones en la zona del Fitz Roy, nervios terribles y más caídos y duelos. También el ánimo de los mecánicos, que siempre despedían a los pilotos de combate con banderas y aclamaciones, y el regreso de la base al hotel que, con éxito o sin éxito, con muertos o sin ellos, hacían en un jeep o en una camioneta Ford F100 cantando canciones contra los ingleses.


No tenían, por supuesto, la menor idea de cómo iba la guerra. Y cuando los trasladaron a San Julián sufrieron cierta tristeza: ocuparon una hostería y anduvieron por esa pequeña ciudad en estado de alerta total.


No eran muy supersticiosos, pero tenían cábalas y de hecho no se sacaban fotos entre ellos porque creían instintivamente que eternizarse en esas imágenes significaba un pasaje directo hacia la desgracia.


Nada pensaron, sin embargo, de aquella misión en día 13: estaba nublado y frío, y a Piano y a sus compañeros les ordenaron partir hacia las islas. Decían que los ingleses habían desembarcado y que se luchaba cuerpo a cuerpo en tierra. Los A-4B llevaban bombas, cohetes y cañones. Piano estaba, como siempre, ansioso. Aunque esa ansiedad solía terminarse cuando lo ataban en la cabina y había que salir al ruedo. Los nervios entonces desaparecían, como el torero que siente un nudo en el estómago hasta que baja a la arena y enfrenta con su capote al toro.


Pero el despegue no fue tan fácil. Se rompieron unos caños de líquido hidráulico y hubo que buscar a mil quinientos metros un avión gemelo. Al alférez lo desesperaba que su escuadrilla partiera sin él, de manera que se subió al otro A-4B y empezó el rodaje sin cargar el sistema Omega, que permitía coordinar y volar con precisión. Piano no quería quedarse en San Julián, y como los suyos ya se habían marchado llamó al jefe de la segunda escuadrilla y le pidió permiso para plegarse a su grupo. Le dieron el visto bueno y despegó sin tener bien configurado el avión. Ascendió y buscó entre las nubes el rumbo, y encontró en un momento al Hércules, que llevaba doce hombres y tenía la orden de no entrar en la zona de la batalla ni quedar al alcance de los misiles enemigos por ningún motivo.


Cargó combustible y siguió a su guía por el norte de las islas Malvinas, luego tomó dirección Este a vuelo rasante y hacia el Sur bajo chaparrones. Y se sorprendió al escuchar que el operador de radar de las islas preguntó si había aviones en vuelo. El jefe de la formación le respondió con un pedido, que les proporcionaran las posiciones de las patrullas de Sea Harriers.


Cuando llegó el informe verbal los pilotos argentinos sintieron un escalofrío. Había cuatro patrullas en el aire y una quinta al norte del estrecho de San Carlos. El cielo estaba infestado de aviones ingleses. Era una trampa mortal, y la lógica indicaba regresar de inmediato al continente.


Pero ya estaban a cinco minutos del objetivo y el día se había despejado, y entonces el guía tomó la resolución de seguir. Después descubrirían que estaban atacando un enorme vivac armado por los ingleses en Monte Dos Hermanas. Más de dos manzanas con carpas, containers y helicópteros, un campamento desde donde dirigía la guerra el general Jeremy Moore.


Todo ocurría en el término de minutos. Los A-4B iban a ochocientos kilómetros por hora y a veinte metros de distancia entre unos y otros. Los pilotos temían que una fragata misilística les cortara el paso antes de llegar al blanco. No llevaban armamento para atacar un buque; las bombas tenían espoletas para objetivos terrestres. Por la gran movilización de helicópteros de esa zona los generales de Puerto Argentino habían conjeturado que allí podía estar el mismísimo centro de operaciones de los británicos. Y no se equivocaban.


Las cartas de vuelo decían que el ataque debía hacerse a las 12. 15. Y faltaban dos minutos. Los cazadores pasaron por encima de la bahía San Luis y el operador del radar de Malvinas les advirtió que los Harriers los habían detectado y que ya convergían sobre ellos. Cuando faltaban un minuto y veinte segundos la escuadrilla casi despeinó a un soldado inglés que subía una loma. Ahora los aviones, en la corrida final, volaban pegados al suelo. Más allá de la elevación apareció el campamento. Y Jeremy Moore evacuó su carpa un minuto antes de que le cayeran los obuses.


Dellepiane lanzó sus tres bombas de 250 kilos, provocó destrozos, y percibió que les tiraban con todo lo que tenían. Desde misiles y artillería antiaérea hasta con armas de mano. Era un festival de fuegos artificiales. Y casi todos los pilotos se desprendieron de los tanques de reserva y de los portamisiles e hicieron una curva para regresar por el Norte, cada uno librado a su inteligencia.


Piano voló haciendo maniobras de elusión y acrobacias, y sintió impactos en el fuselaje. Era otra vez un espectáculo increíble y aterrador. A la altura de Monte Kent se topó con un helicóptero Sea King en pleno vuelo y le disparó. Salieron dos proyectiles y se le trabó el cañón, pero una bala pegó en las palas y obligó al piloto inglés a un aterrizaje de emergencia.


Enseguida, por la izquierda, vio que pasaban dos bolas de fuego que iban directamente hacia el avión de su teniente, así que le gritó por la radio "Cierre por derecha" y siguió virando hasta ver que los misiles pasaban de largo y se perdían. Más adelante se topó con otro Sea King y volvió a intentar dispararle, pero también fue en vano: el cañón no se destrababa. Así que en el último instante levantó el Skyhawk y pasó a centímetros de las aspas del helicóptero para evitar que el piloto de casco verde lo liquidara con su gatillo.


Fue más o menos en ese instante cuando se dio cuenta de que estaba sucediendo algo inesperado: se estaba quedando sin combustible. Un proyectil le había perforado el tanque, y tenía sólo 2000 libras. Precisaba más del doble para alcanzar la posición de "La Chancha". Pero no pensaba en ese momento crucial en llegar a ningún lado sino en escapar del acoso de los Harriers. Se desprendió entonces de los portamisiles y siguió volando un trecho pidiéndole al radar de Malvinas que le dijera, sin tecnicismos y con precisión, dónde estaban sus verdugos. Los Harriers volaban a una distancia considerable, así que ya sobre el norte del estrecho San Carlos dudó sobre si debía eyectarse en la isla o tratar de llegar al Hércules. Sus maestros, en las lecciones teóricas, le habían recomendado siempre que en una situación semejante intentara regresar. Eyectarse significaba perder el avión y caer prisionero. Cruzar significaba enfrentar el riesgo de no lograrlo y terminar en el mar. Si caía no podría sobrevivir más de quince minutos en las aguas heladas, y no había posibilidades operativas de que ninguna nave pudiera rescatarlo a tiempo.

Sus compañeros, por radio, trataban de darle consejos y sacarlo del dilema. Pero su jefe tronó: "Déjenlo a Piano que decida". Y entonces Piano decidió. Salió a alta mar, se puso en la frecuencia del Hércules y comenzó a conversar con el piloto que lo comandaba. Dos hombres hicieron ese día caso omiso a las órdenes de los altos mandos: el piloto de "La Chancha" salió de su posición de protección, entró en la zona de peligro y avanzó a toda máquina al encuentro del A-4B de Piano , y un oficial de San Julián tuvo un arrebato, se subió a un helicóptero y se metió doscientas millas en el mar a buscarlo, un vuelo completamente irregular y arriesgado que no ayudaba pero que mostró el coraje suicida del piloto y la desesperación con que se seguía en tierra la suerte de aquel cazador herido de combustible que intentaba volver a casa.

El alférez escuchó "Vamos a buscarte" y trató de mantener el optimismo, pero el liquidómetro le indicaba a cada rato que no conseguiría salir vivo de aquel último viaje." ¿A qué distancia están? " -preguntaba cada tres minutos-." ¿A qué distancia están? " La radio se llenaba de voces: "Dale, pendejo, con fe, con fe que llegás". El alférez sacaba cuentas sobre la cantidad de combustible, que se extinguía dramáticamente, y pronosticaba que se vendría abajo. Y sus oyentes redoblaban los gritos de aliento: " ¡Tranquilo, pibe, con eso te alcanza y sobra! " Sabía que le estaban mintiendo. Cuando llegó a 200 libras se dio por perdido. De un momento a otro el motor se plantaría y se iría directamente al mar. Comida para peces. Cuando llegó a 150 libras recordó que eso equivalía, más o menos, a dos minutos de vuelo." ¡No me abandonen! " -los puteó, porque había silencio en la línea-. De repente el piloto del Hércules C-130 creyó verlo, pero era un compañero. Piano pasó de la euforia a la depresión en quince segundos.

No rezaba en esas instancias, sólo le venían relámpagos del recuerdo de su padre. El fantasma estaba dentro de aquella cabina, metido en sus auriculares. "Dame una mano, viejo", le pedía guturalmente, con las cuerdas vocales y con los ventrículos del corazón.

El liquidómetro marcó entonces cero, y de pronto Piano escuchó que lo habían divisado y vio por fin a "La Chancha". La vio cruzando el cielo, hacia la derecha y bien abajo. Le pidió al piloto que se pusiera en posición y se largó en picada sin forzar los motores, planeando hacia la canasta salvadora. Cuando la tuvo enfrente le dio máxima potencia con una lágrima de combustible en el tanque y al ponerse a tiro pulsó el freno de vuelo y metió la lanza. Todos atronaban de alegría en la radio y se abrazaban en tierra. Piano también gritaba, pero quería abastecerse rápido, retomar el control y regresar a San Julián por su propia cuenta. Pronto descubrieron que eso no era posible. Todo el combustible que entraba, pasaba al tanque y caía por el orificio. "Quedate enganchado", le dijo el piloto del Hércules. No tenían alternativa. Volaron así acoplados el resto del camino, perdiendo combustible y con el riesgo de una explosión o de no llegar a tiempo.

Fue otra carrera dramática hasta que vieron el golfo y luego la base. Entonces el A-4B se desprendió y chorreando líquido letal buscó la pista. Piano intentó bajar el tren de aterrizaje pero la rueda de nariz se resistía. Estaba todo el personal de la base de San Julián esperando, y él dando vueltas, dejando estelas de combustible de avión y tratando de lograr que esa maldita rueda bajara. Finalmente bajó, y el alférez aterrizó, se desató rápido, se quitó el casco, saltó al asfalto y se alejó corriendo del enorme lago de combustible que se formaba a los pies del A-4B.

Medalla al valor
Hubo fiesta hasta tarde y felicidad desenfrenada en San Julián. Como Piano se consideraba vivo de milagro se tomó muchas copas y tuvieron que acompañarlo hasta su habitación: se durmió con una sonrisa y se despertó muy tarde. Era el 14 de junio de 1982 y sus compañeros le informaron que la Argentina se había rendido.

Gracias a una licencia providencial, dos días después ya estaba en Buenos Aires. La ciudad permanecía hundida en la ira y en la depresión. Y también en la indiferencia. Cualquiera que se cruzaba con Piano se le acercaba con precaución y al rato le pedía que contara todo lo que había vivido. Pero Piano no tenía ganas de contar nada. Durante años soñó con aquellas piruetas mortales, aquellos vuelos rasantes, aquellas muertes: insomnio pertinaz y espectros atemorizantes que lo perseguían como Sea Harriers impiadosos.

Le dieron la Medalla al Valor en Combate, y se mantuvo dentro de la Fuerza Aérea haciendo una callada carrera con foja intachable y mucha capacitación profesional. Hace dos años fue enviado como agregado aeronáutico a Londres. Los ingleses lo recibieron como un gran guerrero. En la misma tradición de Wellington y de Napoleón, los ejércitos europeos aún practican el honor para sus antiguos y respetables enemigos.



Las aspas atravesadas del Sea King que había derribado Piano en Monte Kent están en el Museo de la Royal Navy, y el helicopterista que conducía aquel día está vivo pero retirado. Piano consiguió su teléfono y conversó afectuosamente con él. "Me alegra no haberlo matado", se dijo.

Los veteranos ingleses que lucharon en el Atlántico Sur tienen un enorme respeto por los aviadores argentinos. Y sienten nostalgias por aquellos tiempos: "Fue la última guerra convencional -dicen-. Unos frente a los otros por un territorio concreto. Hoy todo se hace a distancia, metidos en terrenos sin fronteras definidas y por causas borrosas, con terrorismos atomizados y combatientes religiosos eternos. Con esos enemigos al final no podemos juntarnos a tomar una cerveza".

Aquel alférez, convertido en comodoro, fue invitado una tarde a entregar un premio en la escuela de aviación de la RAF. Por la noche, los pilotos de guerra recién recibidos y sus señores oficiales cenaban en un salón majestuoso de mesas larguísimas. Piano ocupó un lugar privilegiado, y el director de la escuela pidió silencio y habló del piloto argentino. Se sabía su currículum bélico de memoria y en su discurso mostraba el orgullo de tener esa noche a un hombre que había luchado de verdad contra ellos.

El jueves pasado Guillermo Dellepiane asumió como director de la Escuela de Guerra Aérea en Buenos Aires. Ocupa un despacho en el Edificio Cóndor, donde murió su padre. Piano es ahora un cincuentón bajo y gordito. Se le cayó el pelo, es sumamente cordial y tiene un pensamiento moderno, y por supuesto en la calle nadie lo reconoce. Nadie sabe que forma parte de la hermandad del honor, y que es un héroe imborrable de una guerra maldita.

Jorge Fernández Díaz
LA NACION

Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 07/07/2011
Jorge Abel Espindola
Electromecanico enet n14
Escrito por Jorge Abel Espindola el 04/04/2010

ESTIMADA AMIGA gracias por recordar a NUESTROS HERMANOS CAIDOS EN CUMPLIMIENTO DEL DEBER me sumo contigo al HOMENAJE A ELLOS ,y agradesco a los amigos extranjeros que se suman a este humilde HOMENAJE gracias ESTELA jorge

Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 07/07/2011
Jorge Esteban Bonnet
Lic. En sist. De protec. C/siniestros...
Escrito por Jorge Esteban Bonnet el 04/04/2010

Hermosas tus palabras Estela y tambien las opiniones de diversos paices de nuestra latinoamerica. La guerra es el resultado del fracaso de la diplomacia nuestro ejercito, marina y fuerza aerea, demostraron al mundo la capacidad de los verdaderos hombres latinoamericanos, de los verdaderos patriotas en la gesta de malvinas asi como tambien se demostro el apoyo incondicional de nuestra america latina a excepcion de tres paices traidores que a partir de la traicion se vieron favorecidos economica y financieramente con la sangue de nuestros soldados, uno de ellos mi primo que todavia custodia y pelea en nuestro suelo usurpado. Nuestros soldados volvieron con honor y nunca el ejercito britanico estadounidence sufrio tal derrota moral y estrategica en suelo suramericano; todos sabemos que sin la ayuda de los traidores que nos rodean, los resultados hubieran sido diferentes; luego tenemos los traidores que hasta el dia de hoy nos venden a vil precio y deshonran dia a dia la sangre de nuestros soldados heroes anonimos sin mas jerarquia que el honor y la obligacion constitucional. Nuestro soldado mas honrado y su tropa, el que volvio victorioso y reconocido por el propio general more como un bastion de coraje y profesionalismo, el que volio con su bandera y todas las armas de su tropa, el que no se rindio y fue respetado por el enemigo, el Coronel Seineldin, el que fue honrado por el enemigo, aqui fue deshonrado por los traidores vendepatria que perdieron una guerra interna y nos venden y regalan a las ordas imperialistas negando la valentia y el coraje de los caidos, de mi primo y de todos los que estamos de pie.
No perdimos una guerra, solo perdimos una batalla contra belica, lo que estamos perdiendo es la guerra moral y etica, la de la identidad y la del futuro; eso nos condena y esa es nuestra debilidad y vulnerabilidad. La pacha mama hoy se cobra la sangre traicionada y los barrotes de acero nos devolveran la dignidad como pueblo.
Carlitos, primo mio, por vos y mis hermanos caidos, sere digno de esta tierra, dejare tres hijos en ella a quienes he enseñado a mirar al futuro, y no usar el pasado para ocultar el presente, a quienes he enseñado a no olvidar y respetar a quienes dejaron sus iluciones en nuestro suelo, a no olvidar y conocer la otra historia, a reconocer que la guerra es un error pero que es parte de la historia y del futuro, que todos los dias se pelea una guerra la diferencia la hacen los medios y las estrategias. A que un veterano de guerra es un heroe, colimba o profesional es un heroe y la historia de nuestro pais asi lo ha demostrado, nuestro ejercito tiene la unica bandera perdida en batalla de la guardia galeza, y los derrotados internos de hoy no podran borrar tanto honor de 1806 y de 1982, no podran aunque estan haciendo un gran esfuerzo, LAS IDEAS NO SE MATAN.

Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 07/07/2011
Lily Braun
Magisterio escuela normal superior
Escrito por Lily Braun el 04/04/2010

¡¡¡¡¡HEROES!

En esa gesta imborrable al sentimiento Argentino
vaya eterna ofrenda... A nuestros heroicos soldados...!
que tejieron para la historia,un galardón de bravura.

Contra vientos y mareas... Contra el frío glacial...
Contra el hambre y el miedo,que atenaza y anonada...
Contra la fuerza imparable del gigante colonial....!

Ellos,arremetieron audaces... Poniendo el pecho a las balas,
a las bombas,su corazón... Y lucharon con ardor...
en inferioridad de condiciones... Contra el tirano invasor...!

Sin embargo... Nuestros bisoños soldados,dieron la vida por amor...!
por amor a la bandera... A la patria.... A su honor...!



Más allá del abuso... Más allá del dolor...

Mas allá del hambre... Más allá del terror...
Más allá del frío... Más allá de todo...
El mérito es aun mayor... Y mayor aún fue el honor...!

¡¡¡¡¡SALUD! HERMANOS SOLDADOS...
¡¡¡¡¡MIS RESPETOS...! COMBATIENTES DE MALVINAS...
Y... AGRADECIMIENTO SIN FIN... POR LA EPOPEYA QUE TEJIERON...!

A NUESTROS VERDADEROS HÉROES...!
EL AMOR DE VUESTRO PUEBLO...
LOS ARGENTINOS DE LEY...!

Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 07/07/2011
David Guillermo Lara Fragachan
Rescatista profesional y respondedor d...
Escrito por David Guillermo Lara Fragachan el 04/04/2010

Desde mi hermoso país te envío mis felicitaciones porque no se pueden llamar muertos los que luchan por un bella soberanía y te digo que hoy por hoy argentina no esta ni estará más nunca sola los quiero mucho y un abrazo a mis hermanos argentinos del otro lado de norteamérica osea e.e.u.u. Que por favor no se equivoquen que dios los bendiga a todos

Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 07/07/2011
Adriana Mabel Correa
Bachillerato colegio secundario
Escrito por Adriana Mabel Correa el 04/04/2010

Hola Estela,hola a todos,

Me gratifica sentir el apoyo de los extranjeros, pero

Aún hoy, es una mezcla de orgullo y dolor por haber vivido el regreso de " NUESTROS HERMANOS".


-Ninguna guerra es justa, la guerra siempre es muerte.

Siempre será injusticia, y siempre será horror!

Si uno mata, otro muere, todo es cuestión de suerte.

¡¡Ay! SI FUERA LA GUERRA UNA EXPLOSIÓN DE AMOR...


"ETERNAMENTE GRACIAS SOLDADOS, HÉROES DE MI PATRIA".


Un abrazo

Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 07/07/2011
Sergio J. Roda
Operador de pc icat (instituto de capa...
Escrito por Sergio J. Roda el 04/04/2010

Estela:

EXCELENTE DEBATE! Realmente es un homenaje que merecen los chicos (hoy grandes hombres ilustres) que lucharon en Malvinas ya sea de forma activa como pasiva.

Saludos a todos los veteranos, ex combatientes, y bajo bandera que estuvieron en la Guerra de Malvinas.


Saludos para vos Estela y te agradezco que hayas abierto este debate.

Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 07/07/2011
Monona Toledo
Maestra educacion primaria-experta en...
Escrito por Monona Toledo el 04/04/2010

QUERIDA ESTELA, Gracias por el sentido homenjae que le brindas a nuestros HEROES CAIDOS EN cumplimiento del deber,

"Trás un manto de neblina, como un sol nuestro ideal, Las Marvinas Argentina, clama el viento y ruge el mar. Ni de aquellos horizontes nuetra enseña han de sacar. Pues su blanco está en los montes y su azul se tiñe el mar".

Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 07/07/2011
Juan Martinez Aguilar
Medicina veterinaria y zootecnia unive...
Escrito por Juan Martinez Aguilar el 04/04/2010

¡Vivan! ; Con mucho respeto a los caidos de esa guerra, por su solidaridad, espiritu de servicio; y que sirva para concientizar al mundo de que la guerra es la continuación de una mala política y negocio de unos cuantos. Que vivan en la memoria esos hombres, mujeres y niños que aprendieron a vivir con dignidad y honor.. Muestra de valores humanos. ¡Vivan!

Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 07/07/2011
Elisab Valero
Graduada como docente de educación bás...
Escrito por Elisab Valero el 04/04/2010

Gracias Estela solamente quiero brindar mi solidaridad con Argentina y recordar con tristeza a todos aquellos que dieron su vida por su patria.. Esos son los que se deben recordar eternamente y guardar su gesta y su recuerdo heroico en cada corazón de cada ciudadano argentino... Mis saludos..

Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 07/07/2011
Esteban Carbajal Arenas
Procurador universidad de la república...
Escrito por Esteban Carbajal Arenas el 04/04/2010

El heroismo le corespondio a los argentinos y no a los generale golpìstas. Y borrachos como. Galtieri. Esteban levanta sus brasos al cielo saludando ala juventud argentina que se inmolo en las malvinas. Las malvinas son argentinas. Y no inglesas.

Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 07/07/2011
Porter Casanova
Traduccion interprete simultaneo de i...
Escrito por Porter Casanova el 04/04/2010

A pesar de la diferencia de potenciales belicos, Argentina demostro el gran valor de sus soldados ante un enemigo imperialista y expancionista , ademas ayudado por las potencias europeas y estados unidos

Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 07/07/2011
Dr. Peñafiel
Médico cirujano universidad autonoma d...
Escrito por Dr. Peñafiel el 04/04/2010

Viva Argentina! Fuerza Argentina! Pais Hermano!