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Historia de la Literatura Argentina

Maria Estela
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Escrito por Maria Estela Ramirez
el 23/08/2012

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Período Colonial


Hubo sin duda una cultura y una literatura que precedieron a los movimientos de emancipación de los diversos países hispanoamericanos, organizadas casi siempre bajo el prisma de un título: "Período colonial". Sin embargo, su abordaje despierta de inmediato inquietudes. ¿Cómo discriminar entre literatura española y literatura hispanoamericana durante los siglos XVI, XVII y XVIII? ¿Con qué argumentos recortar determinados textos y asumirlos en el interior de una literatura nacional cuando la nación no existía como tal y no hay criterios estables para ordenar un corpus? Las fronteras geográficas, la nacionalidad de los autores, la lengua misma no permiten el trazado de límites precisos y estables; incluso la categoría de "literatura" se torna vacilante ante el heterogéneo conjunto de crónicas, poemas, relaciones, cartas y memorias que constituyen la bibliografía colonial.

Oficialmente, estas regiones -que configuran el mapa actual de Argentina y otros países vecinos- fueron descubiertas en el año 1516, cuando JUAN DIAZ DE SOLIS llegó a Paraná Guazú.

En 1526 Sebastián Gaboto empezó la exploración de la zona y diez años más tarde se fundó por primera vez la ciudad de Buenos Aires.

El territorio argentino integró el virreinato del Perú hasta 1776, año en que se estableció el virreinato del Río de la Plata con la ciudad de Buenos Aires como sede de las autoridades. Tierras por mucho tiempo doblemente remotas (respecto a la metrópoli y a las principales ciudades virreinales, México y Lima), tierras sin oro ni plata que sedujeran a los conquistadores. La colonización fue lenta, así como la creación de una vida literaria.

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El primer gran historiador de la literatura argentina, RICARDO ROJAS , mientras dedica dos tomos a la "Literatura colonial" en su fundacional Historia de la literatura argentina , admite que su existencia resulta -casi- una "ilusión retrospectiva": crónicas originariamente escritas en inglés o alemán; libros didácticos en latín; "una" elegía sobre la fundación de Buenos Aires; relaciones de autoría dudosa encargadas por los conquistadores; infinidad de textos producidos con el objeto de desarrollar "la conquista espiritual"; a veces, pocas páginas dedicadas a esta zona de América del Sur, en referencias fugaces de obras donde la fascinación se posa con mayor detenimiento sobre los grandes imperios de los indios aztecas (México) e incas (Perú). En gran parte, la literatura colonial argentina se establece sobre textos que asumen como objeto de relato la conquista, evangelización y fundación de ciudades en el territorio argentino, más allá de la lengua en que fueran escritos, la nacionalidad o la intención original de sus autores al redactarlos.

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Ricardo Roja s (1882-1957)

Poeta, historiador, ensayista, biógrafo, crítico literario y profesor universitario argentino, nacido en Santiago del Estero (en la provincia homónima) en 1882, y fallecido en Buenos Aires en 1957. Humanista fecundo y polifacético, preocupado tanto por la historia de las Letras como por la indagación acerca de la identidad nacional, dejó un valioso legado crítico e histórico que le convierte en una de las figuras más influyentes del panorama intelectual argentino de la primera mitad del siglo XX.

Nacido en el seno de una familia provinciana perteneciente a esa oligarquía arrinconada y empobrecida por su distanciamiento del floreciente núcleo cosmopolita que comenzaba a ser Buenos Aires, el joven Ricardo Rojas creció envuelto por una inquietud nacionalista que, en cierto modo, era fruto de la necesidad de sentirse ligado -dentro de su forzada lejanía- a una aventura histórica común. Estas circunstancias biográficas determinaron que, tan pronto como sus innatas dotes intelectuales le hubieron inclinado hacia el estudio de las humanidades, decidiera implicarse estrechamente en la corriente ideológica que, hacia 1910, se extendió por toda la Argentina bajo el nombre de "primer nacionalismo cultural".

Surgido al socaire de la celebración del primer centenario de la independencia del país austral, este movimiento intentaba dar una coherencia satisfactoria a una noción de nacionalidad que, en aquellos momentos, tenía que incluir forzosamente a la población indígena y, sobre todo, al populoso grupo humano de los emigrantes y sus primeros descendientes (nacidos ya en Argentina).

Dentro, pues, del ambicioso proyecto intelectual que se propuso desarrollar Ricardo Rojas desde su faceta de pensador e historiador de la literatura, la inserción de la población foránea que ya se sentía argentina (y que compartía, con el resto de los habitantes de aquel territorio, un mismo sentimiento de nacionalidad) constituyó una de sus principales preocupaciones, a la postre resuelta por vía de la integración cultural. Así pues, en la obra de Rojas la cultura (y, muy especialmente, una de sus más extendidas manifestaciones: el fenómeno literario) se convierte en el elemento integrador por excelencia, el que permite concebir la identidad nacional argentina como el producto de un cruce de razas y procedencias muy diversas, y el que deja lugar -bien es verdad que dentro de una escala jerárquica que recuerda su pertenencia a la rancia oligarquía provinciana- a la inclusión, en un mismo concepto de "nación", de indígenas y emigrantes.

Lógicamente, este monumental proyecto del escritor de Santiago del Estero no se desarrolló sólo por vía de la imprenta, ya que Ricardo Rojas lo alentó y sostuvo en cuantos organismos e instituciones prestó sus servicios. Fueron, en este sentido, ejemplares sus labores realizadas en las universidades de La Plata y Buenos Aires -en donde ejerció la docencia en calidad de profesor de Literatura y Filosofía-, y fomentó la creación de una cátedra que habría de convertirse en un hito histórico dentro de la andadura universitaria de la joven nación: la de Literatura Argentina. Además, impulsó de forma decisiva la creación de un instituto de investigaciones que permitió desarrollar numerosos aspectos de su propio proyecto y de otros objetivos ajenos, y ofreció un vigoroso apoyo a la publicación de documentos históricos relacionados con el pasado argentino, así como a la edición de obras literarias de toda índole (aunque con especial atención a los clásicos universales y las piezas emblemáticas del hasta entonces exiguo corpus libresco específicamente argentino). Rojas fue, en efecto, uno de los responsables de la fijación del Martín Fierro (1872), de José Hernández (1834-1886), como la piedra fundamental de la identidad cultural argentina, dentro de una más amplia concepción del género gauchesco como el elemento emblemático de una literatura específicamente argentina, y opuesta -por esta misma especificidad- a lo que, ante el crisol cosmopolita de las aportaciones de los distintos grupos de emigrantes, el propio Rojas tildó de "babelización" del país. Cabe señalar, al respecto, que todo su trabajo de reconstrucción histórica y análisis del presente descansa en dos corrientes de pensamiento plenamente decimonónicas: el romanticismo (patente en su apasionada búsqueda de las señas de identidad nacional; en la valoración ética y estética de ciertos modelos indiscutiblemente románticos -como el gaucho-; etc. ) y el positivismo (que confiere a su trabajo un acusado acento historicista, y una metodología basada en la ordenación cronológica de los distintos períodos abarcados).

Sin duda alguna, la obra que mejor define todas las características e intenciones del proyecto cultural de Ricardo Rojas es su monumental Historia de la literatura argentina (Buenos Aires: La Facultad, 1917-1922), publicada en cuatro volúmenes y considerada la primera reconstrucción histórica de las Letras australes propiamente dicha. A pesar de su importancia como instrumento imprescindible para el estudio de la literatura hispanoamericana, este valioso trabajo de Ricardo Rojas anuncia, ya desde su explícito subtítulo ( Ensayo filosófico sobre la cultura en el Plata ), un ambicioso objetivo que rebasa las meras preocupaciones del crítico literario para adentrarse en profundas reflexiones acerca de la identidad cultural de la nación.

El resto de su producción impresa se completa con otros títulos tan notables como El alma española (Valencia: Sempere, 1907); La restauración nacionalista (Buenos Aires: Ministerio de Justicia e Instrucción pública, 1909); Blasón de Plata (Buenos Aires: La Nación, 1910); Los lises del blasón (Buenos Aires: Martín García, 1911); La argentinidad (Buenos Aires: La Facultad, 1916); Eurindia (Buenos Aires: La Facultad, 1924); La historia en las escuelas (Buenos Aires: La Facultad, 1930); El radicalismo de mañana (Buenos Aires: Rosso, 1932); El santo de la espada: Vida de San Martín (Buenos Aires: Anaconda, 1933); Ollantay. Tragedia de los Andes (Buenos Aires: Losada, 1939); Un profeta de la pampa. Vida de Sarmiento (Buenos Aires: Losada, 1945). Otras obras suyas son El país de la selva y Archipiélago .

Además de estos títulos, Ricardo Rojas -cuya residencia bonaerense se convirtió, después de su muerte, en biblioteca y museo- fue autor del poemario juvenil Romance de ausencias , en el que son notables las influencias del modernismo y el neo-romanticismo.

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el 23/08/2012

Indio del litoral rioplatense. Grabado de la edición del relato de U. Schmidel publicado en 1599
Buenos Aires. Grabado de la edición del relato de U. Schmidel publicado en 1599
El hambre en Buenos Aires. Grabado de la edición del relato de U. Schmidel publicado en 1599
Ulrico Schmidel en la portada de su libro
Una aldea de los carrios. Grabado de la edición del relato de U. Schmidel publicado en 1599
Ataque a Corpus Christi. Grabado de la edición del relato de U. Schmidel publicado en 1599
Combate entre indígenas y españoles . Grabado de la edición del relato de U. Schmidel publicado en 1599
Peripecias de los conquistadores. Grabado de la edición del relato de U. Schmidel publicado en 1599
Retrato de U. Smidel con los inígenas
Primer capítulo de de la obra de Schmidel
La obra misionera de la Compañia de Jesús en las provincias del Plata, por Antonio Ruiz de Montoya, impresa en Madrid en 1639
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Siglos XVII y XVIII


En 1607, los jesuitas (que tenían su propio modo de distribución del territorio) dividen la primitiva provincia peruana y crean la "provincia paraguaya" con sede en la ciudad "argentina" de Córdoba (esta provincia religiosa comprendía entonces no sólo las tierras argentinas, sino también las chilenas, paraguayas y uruguayas). Desde ese año hasta su expulsión, en 1767, se suceden nueve cronistas oficiales de la orden jesuítica, tres de los cuales resultan particularmente importantes por sus obras históricas: Nicolás del Techo, autor de un libro originalmente escrito en latín y mucho más tarde traducido al español, Historia Paraquariae (1673, 1897); Pedro Lozano con sus Historia de la Compañía de Jesús (1754) e Historia de la conquista (publicada en 1873-75, aunque fue escrita junto con la anterior); y, finalmente, José Guevara, quien escribió la Historia del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán , obra inédita hasta que el italiano Pedro de Angelis la publicó en 1836 en su colección de documentos referentes al Río de la Plata. Otras obras de los jesuitas, de especial relevancia para la Argentina, son: Una descripción de la Patagonia y sus adyacencias en Sud América , del padre Tomás Falkner (inglés); Arte y vocabulario, gramática toba , del español Alonso de Barzana ; e Historia civil del virreynato del Río de la Plata , del santafecino Francisco Iturri.

Ricardo Rojas señaló el carácter colectivo de la producción intelectual de los jesuitas, a la vez que destacó que " son los libros e instituciones nacidos de la ´conquista espiritual´ los que primero mostraron, en la alianza cristiana de las dos razas, la lenta impregnación ". Más recientemente, el investigador Julio Schvartzman analiza en "Entrada misional y correría evangélica: la lengua de la conquista espiritual" (segunda parte del libro Cautivas y misioneros. Mitos blancos de la conquista , 1987) las operaciones lingüísticas e ideológicas realizadas por los misioneros en sus gramáticas, vocabularios, catecismos y confesionarios bilingües: la vinculación que existe entre una teoría misional específica para estas regiones y la creación de una jurisprudencia sobre repartimientos y encomiendas; el modo en que la labor lexicográfica y gramática va extirpando palabras del vocabulario americano, resemantizando términos, estimulando o imponiendo ciertos préstamos, desalentando otros; el modo en que la lengua de conquista fue ocupando posiciones ideológicas dominantes en la lengua conquistada. La conquista espiritual tuvo como objeto imperar sobre los cuerpos de los indígenas pero, ante todo, sobre sus costumbres, su lengua y sus credos. Las empresas de los conquistadores al Río de la Plata, en cambio, persiguieron con perseverante confianza la quimera de fabulosas riquezas de oro y plata, jamás encontradas. La literatura, a la vez que da cuenta del desencanto de tantos aventureros soñadores, lexicaliza esta fantasía en un nombre, "Argentina" (del latín, argentum , que significa ´plata´) con el que el clérigo Martín del Barco Centenera titula un extenso poema publicado en Lisboa en 1602: Argentina y conquista del Río de la Plata, con otros acaescimientos de los Reynos del Perú, Tucumán y estado del Brasil , texto comúnmente conocido como La Argentina . El poema de Centenera (estructurado en veintiocho cantos y compuesto por más de diez mil versos endecasílabos, dispuestos en octavas reales) acuña así el nombre de estas tierras, al tiempo que se ofrece no como obra lírica, sino como una "historia" veraz. "Poema histórico", en parte reitera los sucesos narrados por Luis de Miranda , Ulrico Schmidel y Pedro Hernández , pero se remonta también al descubrimiento del Plata y se extiende hasta la segunda fundación de Buenos Aires por Juan de Garay (1580), héroe paradigmático de este texto, como lo era Álvar Núñez Cabeza de Vaca en el de Pedro Hernández , y Domingo de Irala en el de Schmidel . Esta intención histórica está subrayada por las numerosas notas en prosa del autor, donde el texto se expande en precisiones o citas de fuentes. Sin embargo, el objetivo de "hacer historia" se cruza con la incorporación de episodios cuya lógica parece guiada por un recorte autobiográfico, haciendo derivar el texto hacia sucesos que tienen lugar en Perú -como la realización del primer concilio de Lima o un maremoto en el Callao-, episodios cuya inclusión se asienta en la fuerza del " yo vide ". La inserción de relatos fantásticos, de leyendas y mitos de probable origen indígena y la transfiguración de sucesos, a través de hipérboles, corroen también la intención histórica, en fragmentos donde el poema se desliza hacia la invención. El carácter épico que busca la descripción de hazañas militares y combates se construye sobre la asimetría entre caciques indios que el texto evoca por sus nombres pero presenta invariablemente como traidores, siempre en fuga, y una heroicidad incuestionable por parte de los conquistadores españoles. La toponimia del Río de la Plata, con sus voces de origen indígena, se encabalga en estos versos junto a las referencias a la mitología clásica. "Poema del desencanto", según el rótulo propuesto por el crítico David Viñas , los sueños de oro y plata se revelan finalmente de piedra y barro.

Bajo un título similar - La Argentina manuscrita -, el militar Ruy Díaz de Guzmán finaliza en 1612 un escrito que deviene en la primera historia argentina. Este texto permaneció inédito durante más de dos siglos. Fue un italiano, el ya mencionado Pedro de Angelis , residente de Buenos Aires, quien, en 1835, lo publicó por primera vez en el interior de una importantísima y fundacional colección de documentos referentes al Río de la Plata. Ruy Díaz de Guzmán , mestizo, es el primer escritor criollo que, al proponerse escribir una historia, está investigando y narrando el pasado de su patria en una lengua nacional, producto del proceso de cruce entre el español peninsular y las lenguas indígenas. Hijo de padre español (Alonso Riquel de Guzmán) y madre india (Úrsula Irala), la genealogía de Ruy Díaz de Guzmán condensa gran parte de las tensiones que atravesaron el proceso de conquista y colonización americana. Ruy Díaz es nieto de Domingo de Irala y una de las siete indias paraguayas con las que éste convivió -por rama materna-, y sobrino nieto de Álvar Núñez Cabeza de Vaca -por rama paterna-. Encomenderos e indias, pues, se cruzan en su genealogía, al igual que enemistades políticas casi míticas (la de Irala y Álvar Núñez ). Incluso el matrimonio de sus padres fue un recurso ideado para transformar a un enemigo político en yerno: Alonso Riquel, próximo a ser ejecutado por intentar el asesinato de Irala , recibe por parte de éste la promesa de un indulto si acepta el enlace con Úrsula, una de sus hijas mestizas.

La Argentina manuscrita está precedida por una dedicatoria al duque de Medina Sidonia como " fruta primera de tierra tan inculta y estéril y falta de educación y disciplina ". El autor, orgulloso de sus ascendientes españoles, silencia su otro origen, el indígena, y como gesto ofrece el texto al destinatario aristócrata.

A pesar de que el manuscrito original se ha perdido, el libro se conoce a través de varios códices. Entre ellos se registran divergencias, pero todos concuerdan en la división del texto en tres partes: la primera comienza con el descubrimiento del Plata hasta la actuación de Irala ; la segunda se inicia con la llegada de Álvar Núñez Cabeza de Vaca y finaliza con la del obispo Latorre; la tercera abarca el período entre 1555 hasta la fundación de la ciudad de Santa Fe. Se maneja la hipótesis de que existía todavía una cuarta parte, pero de ser así, fue extraviada. Si un plan certero de investigación y exploración en el pasado guía la escritura de esta historia, ésta incluye también episodios de veracidad incierta: son estos episodios, precisamente, los que mostrarán una indudable productividad literaria. Los capítulos XII y XIII narran la historia de "La Maldonada", una mujer que, desesperada por el hambre, abandona el fuerte, auxilia a una leona en su parto y es defendida y cuidada por ella cuando las autoridades -en castigo por el abandono del fuerte- la atan a un árbol a leguas de la ciudad para que perezca de sed y hambre. Esta trama será recreada en el siglo XIX, aunque no con la recurrencia con que se reescribe la historia de Lucía Miranda (capítulo VII), una española que provoca la "pasión desordenada" de uno de los caciques indios. Este amor -según el relato de Guzmán - desencadena primero la destrucción del fuerte fundado por Sebastián Gaboto y el asesinato de los españoles que lo ocupaban, sólo con el objeto de secuestrar a Lucía, quien -tiempo después- muere en una hoguera, castigada por el cacique que no pudo tolerar que ésta no lo amara, mientras el marido español (Sebastián Hurtado) era "fusilado" a flechazos.

En "Conquista y mito blanco", primera parte del libro Cautivas y misioneros. Mitos blancos de la conquista (1987), la investigadora Cristina Iglesia analiza el mito de Lucía Miranda y las diversas reescrituras que, a lo largo de varios siglos y en géneros muy diferentes (el teatro, la crónica, la novela), se realizaron a partir de su inclusión en La Argentina manuscrita de Ruy Díaz de Guzmán . El equilibrio imposible entre las razones blancas y las razones indias -propone Cristina Iglesia- se conjuga en el mito de una cautiva blanca que nace, en la literatura argentina, sobre la abrumadora realidad de la cautiva india. (La figura de la cautiva blanca será retomada, en el siglo XIX, por los escritores Esteban Echeverría , Lucio V. Mansilla , Eduardo Mansilla; y en el XX por Jorge Luis Borges y César Aira, entre muchos otros).

Si el "Romance elegíaco" de Luis de Miranda y La Argentina de Barco Centenera resultan las primeras producciones en verso de la literatura colonial, el cordobés Luis de Tejeda (1604-1680) puede ser considerado el primer poeta argentino. Hijo de un rico encomendero, Tejeda tuvo una educación cuidada en el colegio de los jesuitas: fue militar en los primeros años de su juventud y, ya viudo y con sus cinco hijos lejos, entró de lego en el Convento de Predicadores, para dedicarse a la vida religiosa. Escribió una obra en verso, El peregrino en Babilonia , probablemente hacia 1663, y una serie de poesías de carácter religioso comúnmente denominadas bajo el título Poesías místicas . Según su propio testimonio, debió de dedicarse a la producción poética desde su juventud, pero estas obras fueron publicadas por primera vez en 1916, cuando Ricardo Rojas las descubre; hasta este año, sus versos circularon a través de unas pocas copias manuscritas.

El peregrino en Babilonia es una suerte de confesión autobiográfica en verso. El sujeto poético recuerda las aventuras eróticas de su juventud, en episodios casi novelescos donde se narran las peripecias que rodean sus conquistas y amoríos -aun después de haber contraído matrimonio- y su vida militar en enfrentamientos contra los holandeses que habían invadido Buenos Aires (1625), portugueses y distintas tribus de indios. Suerte de confesión pública de intención didáctico-moralizadora, a esta zona del poema escrita a modo de romance (1332 octosílabos), le suceden versos más solemnes (silvas que reúnen endecasílabos y heptasílabos rimados), que evocan su conversión y arrepentimiento; el tono lírico sucede entonces al tono narrativo del comienzo.

Manuel José de Lavardén (1754-1810) es la figura literaria más representativa de la Buenos Aires virreinal. En 1778, de regreso de la Universidad de Chuquisaca, se presenta ante los círculos porteños con un Discurso en el colegio carolino . En 1786 escribe una "Sátira" contra el ambiente literario de Buenos Aires, donde se expresan las tensiones entre la ausencia de un ambiente cultural la ciudad porteña y el hueco prestigio de los versificadores de Lima: " Pues cualquier mulatillo palangana/ con décimas sinnúmero remite/ a su padre el Márqués una banana ". En 1789 estrena en el teatro recientemente creado por el virrey Vértiz la primera pieza dramática "argentina", que lleva por título Siripo . La obra (hoy en gran parte extraviada, a excepción de un segundo acto) recrea el mito de Lucía Miranda y se presenta con un éxito persistente, pues todavía varios años más tarde (1813, 1816) continúa siendo representada en los teatros de Buenos Aires y Montevideo. El 1º de abril de 1801, en el primer periódico de Buenos Aires, El telégrafo mercantil , se publica su poema más famoso, la "Oda al Paraná", texto neoclásico donde se incorpora a la vez la geografía rioplatense e invocaciones a los monarcas españoles. En 1801, también, Lavardén escribe el Nuevo aspecto del comercio en el Río de la Plata , ensayo de economía política.

Innumerables coplas, décimas, letrillas, romances, cielitos y glosas (en gran parte anónimas) circularon, reunidas en lo que se suele englobar como "Cancionero de las invasiones", a raíz de los ataques de los ingleses a Buenos Aires (1806-1807) y la reconquista de la ciudad, episodio que dio lugar, por ejemplo, a un "Romance" del padre Pantaleón Rivarola .

En 1824, Ramón Díaz publica una antología de poesías (muchas anónimas, otras de poetas ocasionales o con una obra moderada) donde recopila parte de una tardía producción poética virreinal y de los primeros años de la independencia. En ruptura con la cronología, La lira argentina se inicia y se cierra con dos textos de Vicente López y Planes (1785-1856): se inaugura con el "Himno Nacional" (1813) y se clausura con "El triunfo argentino" (1808), oda a través de la cual el autor celebraba la victoria sobre el invasor británico

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Portada de la obra de Barco Centenera , impresa en Lisboa en 160
Obra de Ruiz de Montoya sobre los misioneros, impreso en Zaragoza en 1662
Arte de la lengua Guarani, por Ruiz Montoya, impresa en el pueblo de Santa María Mayor en 1724
Primera página del poema Argentina y conquista del Río de la Plata, escrito por Martín del Barco Centenera, en su primera edición realizada en Lisboa en 1603
El cacique Cangapol y su esposa Hienne, en la Descripción de la Patagonia, por Thomas Faulkne. Eeditado en 1772



Mulita bonaerense por por Thomas Faulkner
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Lozano, Pedro (1697-1752)

Escritor, historiador y eclesiástico español, nacido en Madrid en 1697 y fallecido en Humahuaca (Argentina) en 1572.

Lozano llegó a Río de la Plata en 1714, en su camino hacia las misiones jesuitas de Paraguay. Estudió en el Colegio Máximo de Córdoba, donde llegó a ser profesor de filosofía y teología, trasladándose al Colegio de Santa Fe, en el que permaneció desde 1724 a 1730. Volvió a Córdoba como historiador de la provincia de los jesuitas.

Su obra geográfica consistió en una historia del valle de Chaco. Como muchas obras americanas de la época, es notable sobre todo por sus detalles etnográficos, aunque también merece la pena destacar los capítulos dedicados a los ríos, seguidos por uno que estudia la calidad de las tierras, con amplios comentarios sobre las plantas medicinales peculiares de la comarca, en particular la quina y el guayacán. El capítulo sobre animales contiene interesantes descripciones de la fauna del nuevo mundo y cita a José de Acosta acerca del valor medicinal de la carne de vicuña.

Sus obras más importantes son la Relación historial de las misiones de los indios que llaman chiquitos (1895), la Descripción chorográfica del Gran Chaco Gualamba (1941), y la Historia de las revoluciones de la provincia del Paraguay (1905).

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Angelis, Pedro de (s. XVIII-XIX)


Escritor y publicista, nació en Italia a fines del siglo XVIII. Después de estar agregado a la corte de Murat, fue a París en 1818, y realizó algunos trabajos literarios. Luego se trasladó a Buenos Aires, donde editó una revista con el titulo de El archivo americano y una obra con el de Colección de documentos relativos a la historia antigua y moderna de las provincias del río de la Plata .

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Tomás Falkner (1707-1784)


Marino británico, nacido en Manchester en 1707. Residió en virreinato del Perú (Argentina y Paraguay), entre 1737 hasta 1767. Recorrió gran parte de su territorio, desde el Chaco hasta las riberas patagónicas. En 1774 publicó una relación de sus viajes en A description of Patagonia , que se tradujo al alemán en 1775 y al francés en 1789. La primera edición española se reeditó en numerosas ocasiones, todas ellas defectuosas, la mejor traducción es la realizada por la Universidad de La Plata en 1911. Dejó escritas numerosas obras sobre botánica, minerales. Murió en Manchester en 1784.

Descripción de Patagonia y de las partes adyacentes de la América meridional... Con la religión, política, costumbres y lenguas de sus moradores... Y algunas particularidades relativas a las islas Malvinas escrita en inglés por Tomás Falkner que residió cerca de veinte años en aquellas tierras. - Buenos Aires: Imp. Del Estado, 1836. -(Colección de obras y documentos relativos á la historia... Del Río de la Plata, de Pedro de ángelis; 1).
Derroteros y viajes de la Ciudad Encantada o de los Césares. Derrotero desde la ciudad de Buenos Aires hasta los Césares que por otro nombre llaman «ciudad encantada»... 1760 . - Buenos Aires: Imp. Del Estado, 1836. -(Colección de obras y documentos relativos á la historia... Del Río de la Plata, de Pedro de ángelis; 1).
Descripción de la Patagonia. [Edición de] Samuel Lafone Quevedo. - Buenos Aires: Universidad de La Plata, 1911.

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Alonso de Bázana, (1528-1589)

Jesuita discípulo de Juan de Ávila, nacido en 1528 y muerto en 1589. Su labor misionera se desarrolló en la provincia peruana de Huarochiri. Enseñó en el colegio de Cuzco y predicó en La Paz, Chuquisaca y Potosí. Fue uno de los primeros misioneros de Tucumán. Dotado del don de lenguas (conoció más de una decena de lenguas indígenas), compuso numerosos catecismos, gramáticas y vocabularios.

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Martín Barco de Centenera (1544-1605)

Poeta épico español. Nació en Logrosán (Extremadura), aproximadamente en 1544. Cursó estudios en Salamanca y posteriormente embarcó con la expedición de Juan Ortiz de Zárate hacia Paraguay, donde se convirtió en arcediano de la catedral de Asunción y Villa Rica (1575-1580). Su obra Argentina y conquista del Río de La Plata, con otros acaecimientos de los reinos del Perú, Tucumán y estado del Brasil , 1602, fue escrita para competir con la Araucana de Ercilla. Su poema es considerado como documento histórico, donde narra las hazañas vividas en la expedición de Ortiz de Zárate; sin embargo, el relato de los sucesos anteriores a su llegada es de dudosa exactitud.

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Fray Luis de Miranda de Villafaña, (1500-1575)

Escritor español que nació en Plasencia, aproximadamente en 1500, y falleció hacia 1575. Llegó a Sudamérica con Pedro de Mendoza y se vio envuelto en la política de Paraguay en el bando de Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Tras el encarcelamiento de éste, Fray Luis conspiró para conseguir su liberación, y por ello fue sentenciado a ocho meses de prisión. Su obra Romance elegíaco trata de la conquista del Río de la Plata y es uno de los primeros poemas que habla del Paraguay. Su primera obra teatral la escribió en Asunción; se trata de un drama en siete actos titulado Comedia pródiga , en ella combina elementos sacados de la Celestina , con la historia bíblica del hijo pródigo.

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Schmidel, Ulrico (s. XVI) Viajero alemán del siglo XVI. Acompañó a Pedro de Mendoza a América, desde 1534 a 1553, y contribuyó a la fundación de Buenos Aires y del fuerte de Asunción. Dejó una obra titulada: Vera historia .
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Pedro Hernández (1513-?)
Escritor español nacido en Andalucía, aproximadamente en 1513, y no se tiene constancia del lugar ni la fecha de su fallecimiento. Fue historiador y secretario privado de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, gobernador de Paraguay entre los años 1540-1545. Es autor de Los Comentarios , 1554, primer libro español que narra la conquista del Río de la Plata. Los primeros 13 capítulos fueron escritos en colaboración con Cabeza de Vaca, pero los mejores son los que describen la vida cotidiana de los indios y la lucha desesperada de éstos contra los conquistadores.
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Juan de Garay (1528-1583)

Explorador y conquistador español, nacido en Villalba de Losa (Burgos) en 1528 y fallecido en las cercanías de las ruinas de Sancti Spíritus, el antiguo fuerte de Caboto, en 1583.

Perú y Bolivia.

En 1542 embarcó en la flota que se dirigía a América y tenía como objeto llegar a Perú, acompañando a su tío Juan Ortiz de Zárate, nombrado oidor de Blasco Núñez Vela quien a su vez había sido nombrado Virrey. Llegó a Perú en 1543. Una vez allí participó en diversas operaciones y campañas conquistadoras. Intervino también en las guerras civiles entre españoles del Perú, a las órdenes de La Gasca. Intervino más tarde en la conquista de Bolivia y en esa campaña colaboró en 1561 en la fundación de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Una vez asentada la fundación urbana, se le otorgó una encomienda de trabajo de indios y además fue nombrado regidor de dicho municipio.

El Río de la Plata.

Juan Ortiz de Zárate, su tío, fue nombrado gobernador y capitán general del Río de la Plata, por lo que siguiendo nuevamente a su pariente se asentó en 1568 en la población de La Asunción, en el actual Paraguay. Allí fue nombrado alguacil mayor de las provincias del Plata, cargo que ostentó hasta que en 1573 el teniente de gobernador Suárez de Toledo le encomendó la labor de fundar una ciudad a orillas del río Paraná que permitiese una mejora de la comunicación de la zona a través del mar. La expedición, poco numerosa, estaba integrada por nueve españoles y 75 nativos. Partieron desde La Asunción en abril de 1573. El 25 de noviembre fundó legalmente la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz, en la actual Argentina. Una vez allí asentado, ejerció el cargo de gobernador interino, además de colaborar en 1574 en la fundación de la ciudad de San Salvador, esta vez en el cauce del río Uruguay. Finalmente, fue designado teniente de gobernador y capitán general de todas las provincias del Río de la Plata al morir su tío Ortiz de Zárate en 1576.

Buenos Aires.

En su nuevo puesto, el adelantado Juan Torres de Vera le confirmó en sus títulos y cargos a la vez que le encargó, en 1578, la repoblación de la ciudad de Buenos Aires. Esta ciudad ya había sido fundada años antes, en 1536, por Pedro de Mendoza en el estuario del río Plata; era un fuerte que recibió el nombre de Nuestra Señora del Buen Aire, y que posteriormente fue destruido por los indios. Juan de Garay pudo realizar la tarea en 1580, cuando el 11 de junio se realizó una segunda fundación legal de la ciudad. Juan de Garay permaneció allí varios años organizando nuevamente las instituciones de la vida urbana. En el regreso a Santa Fe sufrió una emboscada de los indios guaraníes, y falleció en 1583.

Maria Estela Ramirez
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el 23/08/2012
Alvar Núñez Cabeza de Vaca (1507-1559)

Explorador español, nacido hacia 1490 en Extremadura y muerto en Sevilla en 1560. Era nieto de Pedro de Vera, conquistador de la isla de Gran Canaria. En 1527 participó como segundo de a bordo en la malograda expedición a la península de Florida dirigida por Pánfilo Narváez. La expedición de Narváez, que tenía como objetivo la búsqueda de oro, desembarcó en las costas de Florida en 1528, y se aventuró hacia el interior, donde encontró la resistencia enconada de las tribus indias. Diezmados y con las manos vacías, los expedicionarios regresaron a la bahía de Tampa, donde no encontraron sus navíos.

Según contó Cabeza de Vaca en su obra Naufragios , los supervivientes construyeron frágiles embarcaciones de cuero de caballo con las que pensaban alcanzar las costas del Golfo de México, pero naufragaron en la desembocadura del río Pánuco. El propio Narváez desapareció junto con la mayor parte de la tripulación. Cabeza de Vaca, con otros tres compañeros, entre ellos un esclavo negro llamado Esteban o Estevanico , salvó la vida. Los supervivientes llegaron a la costa de la actual Texas, donde fueron capturados por indios comedores de marisco. Cabeza de Vaca practicaba la medicina tradicional y la sanación mágica, lo que le valió fama de taumaturgo entre los indígenas. Él mismo contó en sus memorias que sanaba haciendo el signo de la cruz sobre el enfermo e invocando a María. El ascendiente que como sanador ganó entre los indios le facilitó la evasión después de 6 años de cautiverio. Junto con sus compañeros emprendió una larga travesía hacia el norte y el noroeste. Avanzando en pequeñas etapas, remontaron el valle del río Grande del Norte, atravesaron las mesetas áridas de Chihuahua y cruzaron el río Bravo a través de Sierra Madre. Fue rescatado en 1536 cerca de Culiacán, en la costa mejicana del Pacífico, dos años después de su huida, por una patrulla española enviada a la caza de esclavos y comandada por el capitán Melchor Díaz.

Su travesía por las regiones norteñas interesó a las autoridades y Cabeza de Vaca y sus compañeros fueron oficialmente interrogados. Fueron los primeros europeos en dar testimonio de la existencia del búfalo americano. Pero Cabeza de Vaca contó además historias fabulosas que pasaron a engrosar el cuerpo de leyendas referidas al Nuevo Continente. Así, su narración sobre la existencia de las Siete Ciudades Doradas de Cíbola , colmadas de oro y piedras preciosas, alentó la expedición de Alvarado en 1540. Las autoridades mejicanas le instaron a regresar al norte como conquistador, pero él rehusó. Sin embargo, el esclavo Esteban fue enviado nuevamente hacia el norte en misión de reconocimiento y evangelización.
Álvar Núñez regresó poco después a España, donde fue nombrado por Carlos I gobernador de la ignota provincia de Río de la Plata, mediante capitulaciones firmadas el 18 de marzo de 1540. El contrato le otorgaba un generoso diezmo sobre todo lo que encontrase en aquella desconocida región. Cabeza de Vaca zarpó de nuevo hacia América desde Cádiz en marzo de 1541, con gran incertidumbre sobre lo que allí le esperaba ya que no se conocía la suerte de Pedro de Mendoza, su predecesor en Río de la Plata. Los títulos conferidos a Cabeza de Vaca dependían de que Mendoza y su lugarteniente, Juan de Ayolas, siguieran con vida.

La expedición desembarcó en la isla de Santa Catalina, en Brasil, y allí Cabeza de Vaca supo que sus predecesores habían perecido en el curso de enfrentamientos con los indios. Asimismo se le informó de las penalidades de los pobladores españoles de la región de Buenos Aires y de la fundación en el interior de la ciudad de Asunción. Cabeza de Vaca partió en auxilio de estas regiones. En el camino descubrió las cataratas del Iguazú. Instalado en Asunción, se dedicó a la reorganización del gobierno y dirigió una expedición a la Sierra de la Plata, en Potosí. La empresa resultó desastrosa para los españoles, pero sirvió para alimentar las leyendas referentes a las míticas amazonas y a Eldorado .

Hombre extremadamente piadoso y comprometido en la defensa de los pueblos indígenas frente a la barbarie de los conquistadores, a su regreso a Asunción en 1544 fue expulsado violentamente del gobierno por una facción que se oponía a su política en favor de los indios. Su sucesor al frente del gobierno, Martínez de Irala, emprendió un brutal avance hacia el oeste, devastando las regiones que atravesaba y aniquilando a los pobladores indígenas. Cabeza de Vaca fue enviado a España tras su derrocamiento, juzgado y deportado a Orán.

Tras ocho años de destierro recibió el perdón de Felipe II, que lo nombró presidente del tribunal supremo de Sevilla. Posteriormente tomó los hábitos y llegó a ocupar la dignidad de prior en un monasterio sevillano, donde murió en 1560. El mismo Cabeza de Vaca dejó testimonio escrito de su azarosa vida en su obra Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Adelantado Gobernador del Río de la Plata .

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Domingo Martínez de Irala, (1509-1556)

Explorador y conquistador español, nacido en Vergara (Guipúzcoa), en 1509 y muerto en Asunción (capital de Paraguay), en 1557, víctima de unas repentinas calenturas. Ejerció el cargo de gobernador del Río de La Plata. Está considerado como una de las personalidades más notables de los primeros conquistadores españoles de América y el padre fundador del actual Paraguay. Gracias a su tesón y esfuerzo, fue capaz de abrirse paso y superar a otros caudillos conquistadores más poderosos y mejor preparados que él.

Miembro de una familia acomodada, en 1534 se trasladó a América junto con el adelantado Pedro de Mendoza en su expedición al Río de La Plata, en 1536, y participó en la primera fundación de la ciudad de Buenos Aires. Su figura comenzó a despuntar ese mismo año tras ser nombrado capitán de una de las tres naves que partieron, el 14 de octubre, de Buena Esperanza para remontar el río Paraná, al mando de Juan de Ayolas, cuya misión era descubrir la Sierra de La Plata. La expedición remontó el curso entero del Paraná hasta el lugar en el que Ayolas decidió fundar la ciudad de La Candelaria, el 2 de febrero de 1537, cuyo gobierno encomendó a Irala mientras que la expedición prosiguió el camino hacia el oeste, y se adentró en El Chaco en busca de los fabulosos tesoros que, según todas las noticias, encontrarían en aquellos parajes. A pesar de las órdenes recibidas por Ayolas de permanecer en La Candelaria a la espera del regreso de esta expedición, Irala no pudo resistir tanta pasividad y llevó a cabo una serie de pequeñas incursiones por el río hasta que, en febrero de 1538, al mando de 33 hombres, se dirigió a Asunción, ciudad recién fundada por Juan Salazar. Cuando Ayolas, cargado de riquezas y de noticias, regresó a La Candelaria se encontró sin el apoyo esperado de Irala. Toda la expedición de Ayolas fue exterminada por los indios payaguaes. Irala se defendió de las acusaciones de traición vertidas por Ruíz Galán, por lo que adujo la necesidad de abandonar La Candelaria ante la falta de víveres. Pero, lo cierto es que, una vez que llegó a Asunción, el veedor real Alonso de Cabrera, en 1539, legalizó la sucesión que en su día realizara el propio Ayolas en la persona de Irala, cuyo trágico destino aún no se conocía, al que convirtió en gobernador transitorio del Río de La Plata. En su nuevo cargo, Irala emprendió una expedición de castigo contra los indios agaces, al mismo tiempo que Gonzalo de Mendoza hacía lo propio contra los indios carios. A finales de 1539, Irala dio comienzo a una expedición cuyo objetivo principal era recabar información sobre el paradero de Ayolas, para lo cual se internó por El Chaco. Cuando por fin tuvieron noticias del triste final de Ayolas y sus hombres, Irala decidió abandonar Buenos Aires y concentrar a todos sus hombres leales en Asunción, zona mucho más fértil y apropiada para desarrollar una ciudad de nuevo cuño como era ésta. Además, en este lugar Irala encontró la colaboración de los indígenas y el lugar indicado para ejercer sin ninguna clase de trabas su autoridad. Tras una serie de ataques sin cuartel a los indígenas más díscolos, Irala pacificó toda la región y la sometió a un rígido gobierno en base a una política colonizadora. Irala mandó a todos los colonos de Buenos Aires abandonar la ciudad y trasladarse a Asunción, no sin cierta oposición por parte de éstos.

En 1542, la Corona española nombró nuevo gobernador del Río de La Plata en la persona de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, famoso ya por entonces merced a sus aventuras y expediciones corridas por buena parte de los actuales Estados Unidos de América. El nombramiento de Vaca disgustó sobremanera a Irala por cuanto que barría de un plumazo la enorme autoridad que venía ejerciendo en toda la región y porque retrasaba la expedición al Perú que Irala llevaba preparando desde hacia bastante tiempo. Cabeza de Vaca nombró a Irala maestre de campo, cargo que para nada aplacó las ansias de poder de éste ni mucho menos su rencor hacia el que, según él, le había robado un cargo que le pertenecía por derecho. Irala y un puñado de sus hombres más fieles tramaron una conspiración para desacreditar a Cabeza de Vaca en la Corte española. Para tal fin, mandaron a unos frailes al Brasil para que, desde allí, embarcaran rumbo a España y así dar noticias de las supuestas arbitrariedades y del mal gobierno de Cabeza de Vaca. Pero, los conjurados fueron descubiertos a tiempo. Todos los implicados fueron condenados a la máxima pena, excepto Irala, el más culpable de todos, al que Cabeza de Vaca perdonó por necesitar sus servicios en una empresa de conquista que el gobernado tenía en mente: explorar todo el río Paraguay hasta la frontera con el Perú, en busca de unas tierras donde se suponía que había ingentes cantidades de oro y plata, auténtica obsesión de todos los conquistadores.

En septiembre del 1543, Irala partió de Puerto de los Reyes, ciudad que antes había fundado él mismo, rumbo al Perú. En la expedición, que alcanzó las cincuenta leguas rió arriba, Irala venció a los indios guaicurnes que encontró en su camino. Pero, secundado por el contador real Felipe de Cáceres, Irala determinó desprenderse de las normas y objetivos diseñados por Cabeza de Vaca y llevar a cabo la expedición según sus propios dictados, sin nadie que frenase su crueldad para con los nativos ni las costumbres licenciosas y brutales de sus hombres, a los que prácticamente permitió que cometiese cuanto abusos les apetecieran. En marzo de 1544, Irala fue obligado a regresar a Asunción por el presidente de la Audiencia del Perú, Pedro de La Gasca, que había decretado el derecho exclusivo de la exploración y conquista de esas tierras a los españoles dependientes de LIma. Una vez de regreso a Asunción, Irala aprovechó la oportunidad y su posición en la ciudad para promover, el 25 de abril, el "motín de los comuneros". Cabeza de Vaca fue procesado y enviado a España bajo la custodia directa del veedor Cabrera, en marzo de 1545, al que de inmediato se le sumó Juan de Salazar, acusado éste de intentar proclamarse gobernador en virtud de una supuesta designación secreta de Cabeza de Vaca.

A partir de ese momento, la autoridad de Irala sobre la zona sería omnímoda e indiscutible, tras lo cual se proclamó teniente de gobernador. Junto con Nufrio de Chaves, Juan Gabriel de Lezcano, Felipe de Cáceres y Francisco de Mendoza, sus cuatro colaboradores más fieles, Irala se dedicó a gobernar despóticamente toda la región. Irala cometió abuso tras abuso y tropelías con los indígenas, a los que prácticamente redujo a la condición de esclavos. En 1547, Irala prosiguió en su empeño de llegar a la fabulosa Sierra de La Plata, lugar, por otra parte, que sólo era producto de la imaginación de los conquistadores, alimentada por las propias ansias de riquezas de los conquistadores y por las leyendas que iban pasando de boca en boca. La expedición partió del puerto de San Fernando en dirección al interior de El Chaco, donde se aplicó una marcha forzada y se abrió paso a sangre y fuego contra los indios mayas. Cuando por fin se dieron cuenta de que habían llegado sin darse cuenta al Perú, la expedición regresó a Asunción desencantada, en un trayecto de vuelta todavía mucho más brutal y salvaje que la ida. Irala fue depuesto del mando por los que anteriormente le habían apoyado; en su puesto nombró a Gonzalo de Mendoza.

Una vez en Asunción, la suerte se volvió a aliar con Irala. Los partidarios de Cabeza de Vaca destituyeron a Francisco Mendoza, que había sido puesto al mando transitorio de la ciudad mientras que durase la expedición, y le decapitaron poniendo en su puesto a un enemigo acérrimo de Irala, Diego de Abreu. Ante el cariz que había tomado la situación en Asunción, Irala fue repuesto en el mando por sus antiguos partidarios y logró expulsar, por dos veces de la ciudad, a Diego de Abreu, que acabó refugiándose en la selva. Después de una serie de intentos por atraérselo a su causa, Irala mandó a Felipe de Cáceres en su búsqueda hasta que lo encontró y lo ejecutó allí mismo, en 1553.

De nuevo en el poder y sin enemigos aparentes a la vista, Irala se dedicó a desarrollar con entera libertad y tranquilidad su política conquistadora, mucho más pausada y suavizada que la anterior. Irala llevó a cabo fundaciones de nuevos poblamientos y labores de infraestructura necesarias en la región. Por fin, ante la falta de candidatos capaces de hacerse cargo del gobierno de la región, la Corona dio por buena la autoridad de Irala y ratificó, el 4 de noviembre de 1552, su nombramiento como gobernador. En ese mismo acto se nombró como primer obispo efectivo del Paraguay a fray Pedro Fernández de la Torre, al mismo tiempo que el emperador Carlos V prohibía taxativamente a Irala la práctica de nuevas conquistas o expediciones militares.

Dueño y señor de todo el Paraguay, Irala hizo caso omiso de las advertencias reales y encabezó, a comienzos de 1553, una nueva expedición con destino a su gran obsesión: conseguir todo el oro posible. Para ello se dirigió hacia el norte, en dirección de la también mítica tierra de El Dorado, por lo que fracasó de nuevo en el empeño. Para que la noticia no fuera conocida en la Corte, mandó cerrar prácticamente los accesos naturales a la región, de tal modo que no dejó salir a nadie del país sin su consentimiento. También llevó a cabo un nuevo repartimiento de indios que no gustó a nadie, ya que el número de indígenas era exiguo en comparación con los encomendadores españoles. En una interpretación muy sui generis de la orden para no seguir avanzando más, Irala interpretó que ésta no iba en contra del acto de poblar o repoblar ciudades, por lo que, en una nueva muestra de osadía, fundó un gran número de ciudades en Xarages, al norte de El Chaco, y en la región de Guairá, al este, donde ya había fundado, en 1554, la ciudad de Ontiveros.

Domingo Martínez de Irala murió en 1556, en Asunción, víctima de unas fiebres repentinas cuando apenas había iniciado un programa colonizador consistente en fundar ciudades nuevas a las que iba repoblando con elementos españoles y mestizos, fruto de las continuas mezclas sexuales que eran permitidas y fomentadas por el propio Irala entre los colonizadores y los indígenas.

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el 23/08/2012

David Viñas



David Viñas nació en Buenos Aires, en la esquina de Talcahuano y Corrientes, en 1929. Estudió con los curas y con los militares. Fue fundador y codirector de la revista Contorno, de gran influencia en medios universitarios e intelectuales. Por su novela Un Dios cotidiano recibió, en 1957, el Premio Gerchunoff. En 1963 recibió su doctorado de la Universidad de Rosario, con la tesis La crisis de la ciudad liberal. Ya un año antes, su novela Dar la cara había recibido el Premio Nacional de Literatura, premio que volvió a recibir en 1971 por su libro Jauría. En 1972, Lisandro recibió el Premio Nacional de Teatro, y un año después Tupac-amaru el Premio Nacional de la Crítica. Según Ricardo Piglia, "uno de los ejes de la obra de Viñas es la indagación sobre las formas de la violencia oligárquica... Sobre todo la dominación oligárquica, la persistencia de esa dominación y sus múltiples manifestaciones en distintos planos de la historia nacional". Algunos ejemplos de esa temática son su Los dueños de la tierra (1958), Cuerpo a Cuerpo (1979) e Indios, ejército y frontera (1982). Entre 1973 y 1983 dio clases de literatura en California, Berlín y Dinamarca. Desde 1984 reside en Buenos Aires, donde es titular de la Cátedra de Literatura argentina de la Facultad de Filosofía y Letras (Universidad de Buenos Aires). En 1991, en una decisión que alborotó al "mundillo" cultural, David Viñas recibió y rechazó la Beca Guggenheim. "Un homenaje a mis hijos. Me costó vinticincomil dólares. Punto", diría Viñas más tarde. Sus hijos María Adelaida y Lorenzo Ismael fueron secuestrados y "desaparecidos" por la dictadura militar en los años '70.


Entre sus obras:
  • Cayó sobre su rostro (1955)
  • Los años despiadados (1956)
  • Un Dios cotidiano (1957)
  • Los dueños de la tierra (1958)
  • Dar la cara (1962)
  • En la semana trágica (1966)
  • Hombres de a caballo (1967)
  • Cosas concretas (1969)
  • Jauría (1971)
  • Cuerpo a cuerpo (1979)
  • Prontuario (1993)


Teatro
  • Sarah Golpmann
  • Maniobras
  • Dorrego
  • Lisandro (1971)
  • Tupaca Amaru

Ensayo

  • Literatura argentina y realidad política: de Sarmiento a Cortázar (1970)
  • De los montoneros a los anarquistas (1971)
  • Momentos de la novela en América Latina (1973)
  • Indios, ejército y fronteras (1982)
  • Lo anarquistas en América Latina (1983)
  • Literatura argentina y política - De los jacobinos porteños a la bohemia anarquista (1995)
  • Literatura argentina y política II - De Lugones a Walsh (1996)
  • De Sarmiento a Dios - Viajeros argentinos a USA (1998)

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el 23/08/2012
Díaz de Guzmán, Ruy ( ¿-1629)

De padre español y madre mestiza, aunque de familia noble, Díaz de Guzmán nació en Paraguay hacia 1558 y llegó a ser el primer historiador mestizo del Río de la Plata. Su Historia del descubrimiento, población, y conquista del Río de la Plata , fechada en 1612 y conocida como La Argentina manuscrita , narra la historia de la conquista desde la llegada de Díaz de Solís, en 1516, hasta 1573, con la fundación de Santa Fe. La obra se interrumpe bruscamente, por haberse perdido una parte. El nombre de La Argentina manuscrita se debe a que la obra se conoció de esta forma hasta su tardía publicación en 1835 bajo el título de Anales del descubrimiento, población y conquista de las provincias del Río de la Plata.