En este grupo En todos

Grupo de Educación secundaria



Enseñemos Formacion Civica y Etica ¿Valores vs Socieda sin Valores?

Abel
Licenciatura en ciencias naturales nor...
Escrito por Abel Espinoza García
el 04/08/2009 | Nivel Medio

En un mundo que está en constante cambio, en que "se reducen las distancias entre una generación y otra" debido a las modas de los jóvenes de derribar muros que separen a los adultos de ellos y que va más allá, el de liberarse de la dirección y tutela de los adultos y sus "valores anticuados". La evolución de la sociedad (a una "Sociedad del Conocimiento") y de las TIC,s se nos antoja como una encrucijada en la que la generación adulta se está quedando desfazada, en tanto la generación de los jòvenes avanza en el dominio de esas nuevas herreamientas, tomando conciencia de sus potencialidades en cuanto a el uso de ellas para la comunicación en un amplio sentido de la palabra. Esta toma de conciencia en el dominio de los nuevos conocimientos y de las nuevas herramientas parece influir en el cambio de actitudes de los adolescentes sobre los valores que el ser humano, en un proceso de autoreflexión, autoevaluación y de autoconciencia, debe de interiorizar e integrar a sus esquemas mentales en el area psicoafectiva. Pero también debemos destacar la influencia de los medios de comunicación masiva y de todo cuanto a través de ellos se transmiten, que condicionan a los adolescentes a tener actitudes de muy poca valoración de los comportamientos que socialmente pueden considerarse aceptables. Los estereotipos con los que constantemente son "bombardeados" los adolescentes, las formas de vestir, hablar, comportarse, pensar, imaginar, hasta llegar a influir en sus propia toma de decisiones establecen un panorama preocupante para maestros y padres de familia. En la época actual se encuentra en crisis los valores y la misma sociedad ha entrado en crisis, la familia y la escuela se encuentran frente a un reto que perturba y simbra hasta los cimientos de estas dos instituciones fundamentles. Aquí es donde la Formación Cívica y Etica tiene su gran reto, conformar e impulsar la educación en valores de las nuevas generaciones, en ello tiene su más alto reconocimiento, en la profundizaci de la reflexión sobre el cómo ,el por qué y para qué de la formación en vslores. En las estrategías de participación reflexiva y de escenificación de problemáticas en el aula se encuentra una las formas más interesantes que motivan a los adolescentes para, de manera creativa, aborden las diferentes problemáticas que como jóvenes están enfrentando o enfrentarán en algún momento de su vida. La creación de textos libres es otra forma de comprender la forma de pensar de los jóvenes de secundaria sobre actitudes, valores, problemáticas y las formas o propuestas de solución. El debate y la conferencias son técnicas que tambén dan excelentes resultados en el própósito de la educación en valores. Las excursiones o visitas a lugares que les puedan dejar una experiencia en valores pueden ser también estrategias muy valiosas, tales como visitas a hospitales, guarderias, asilos, etc. Las entrevistas a personas ya sea para conocer su trabajo su vida, sus funciones, sus formas de pensar sobre algúna problemática. En clase es muy importante escuchar sus participaciones en equipo al abordar las diferentes temáticas.

Jesús Rafael González García
Quiromasajista. escuela de quiromasaje...
Escrito por Jesús Rafael González García
el 05/07/2010 | Nivel Medio

POR UNA EDUCACIÓN MORAL, EN VALORES ESPIRITUALES, ÉTICOS…

Declaración de la Comunidad Bahá'í de España

Octubre 2002

Son muchas las voces que desde diferentes ámbitos reclaman una revisión de la educación moral que la haga más visible en la práctica educativa y que esté asentada en unas propuestas que atiendan de manera integrada a las diversas facetas de la naturaleza humana. No en vano, de acuerdo con la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, uno de los derechos más importantes que le asiste a nuestra infancia y juventud es justamente el derecho a la educación moral.

La educación moral -o educación en valores- debe constituirse en instrumento eficaz que capacite a nuestros niños y adolescentes para convertirse en sujetos éticos, es decir, en agentes activos de su propio desarrollo, personas responsables de la maduración de su carácter y de la transformación de la propia sociedad. Este proceso requiere, en justa contrapartida, una sociedad dispuesta a contribuir en todas sus esferas, y no sólo en la educativa, a la realización de ese mismo fin.

Es fundamental fomentar la concurrencia real de los diferentes actores reconocidos de la ecuación educativa. Tanto la familia, en cuanto primera educadora del niño, como los profesionales de la educación, medios de comunicación, o los propios organismos nacionales e internacionales competentes han de contribuir de forma responsable a perfilar una educación moral basada en los valores que sustentan la convivencia humana. Por consiguiente, un primer escollo que debe superarse es el que lleva a declarar impracticable -bien soto voces, o por la vía de los hechos- el consenso que debería perfilar los valores en que se dice creer. Consenso, curiosamente, que de acuerdo con esos mismos actores es pieza fundamental de la convivencia civilizada.

Es preciso reconocer con sinceridad que el puesto que debe ocupar la educación moral en nuestro sistema educativo depende también de la superación de los lastres históricos y generacionales que han llevado a concebir o rechazar la educación moral como mero adoctrinamiento (cívico o religioso), disciplina sustitutiva de la religión, o simple corsé moralizante. Mientras imperen estas imágenes estereotipadas no es de extrañar que la ética o la educación moral apenas se abran paso en el currículum realmente existente.

Al mismo tiempo, parece un hecho cierto que, en la práctica, nuestro sistema educativo sigue primando los contenidos académicos en detrimento de los éticos, sin articular métodos capaces de trascender el mero conocimiento de lo moralmente bueno. Gran parte de la información ética suministrada resulta estéril al no ir más allá de la exposición de teorías. Otra parte resulta nociva pues en el fondo se limita a dar carta de naturaleza a las inclinaciones y deseos más primarios. Además, no abundan ni se potencian los intentos innovadores que conjugan en la práctica educativa la voluntad de actuar, los valores, los sentimientos y el rigor intelectual. Las propias técnicas de sensibilización no alcanzan a inducir cambios en las formas de pensar, sentir y actuar. Es preciso, pues, un marco conceptual y una metodología que permitan convertir las buenas intenciones en buenas acciones.

Todo ello hace que nuestro sistema educativo se vea inerme, o incluso se reconozca neutral, ante hechos sociales que le afectan directa o indirectamente: acentuación de la violencia en general; aumento de la indisciplina escolar; desigualdades en la dotación material de los centros; inestabilidad y precariedad del profesorado; mayores desniveles en el diálogo intergeneracional e intercultural; aumento de las rupturas de pareja; acentuación de psicopatologías emocionales como la anorexia o la depresión; extensión del racismo y fanatismo religioso; mayor presencia de actitudes materialistas y de consumismo irresponsable. Más allá de las demandas educativas que plantea esta realidad, conviene no olvidar, además, que la globalización conlleva problemáticas novedosas con exigencias ineludibles en el plano educativo: atención a la diversidad, multiculturalitas, etc.

* * *

Bahá'u'lláh, fundador de la Fe bahá'í, invita a considerar la naturaleza del ser humano desde una perspectiva espiritual en la que además de reafirmar la dignidad de la persona y su sentido de misión en esta vida, se subrayan los estrechos vínculos entre la educación y al provecho del conjunto de la humanidad:

El hombre es el Talismán supremo. Sin embargo, la falta de una educación adecuada le ha privado de lo que posee inherente mente. Mediante una palabra procedente de la boca de Dios fue llamado a la existencia; mediante otra palabra se le guió a reconocer la Fuente de su educación; y aun en virtud de otra palabra más quedaron resguardados su estación y destino. El Gran Ser dice: Considera al hombre una mina rica en gemas de inestimable valor. Sólo la educación puede revelar sus tesoros y posibilitar que la humanidad se beneficie de ellos.

La Comunidad Bahá'í considera que la dimensión espiritual del ser humano es fundamental y que tanto sus capacidades físicas como racionales deben expresar el ingente caudal de nobles ideales acumulado por la humanidad. En palabras de 'Abdu'l-Bahá, el propósito de la religión es la procura "de la felicidad en la vida futura y el refinamiento del carácter en ésta". Por tanto, el objetivo primordial de la educación es nutrir las actitudes y prácticas de modo que liberen el potencial humano y brinden a las personas la oportunidad de alcanzar no sólo un mayor grado de desarrollo técnico profesional, sino también una comprensión de quiénes somos, para qué propósito existimos y, en consecuencia, qué principios habrán de regir en nuestras vidas, pues el ser y el hacer constituyen dimensiones inseparables de la persona. Son éstas preguntas que acompañan inevitablemente a los hombres y mujeres en el curso de sus vidas y a las que tanto la ciencia como la religión, cada una con su especificidad y en diálogo mutuo, tienen el deber de suministrar respuestas congruentes. Ninguna educación podrá decirse plenamente moral si no redunda en una mayor estabilidad emocional y en una auténtica capacidad de aportar al bienestar del conjunto de la humanidad.

De acuerdo con este planteamiento, la educación ha de capacitar a nuestros niños y, en realidad, a todas las personas (educación permanente) para que desarrollen una conciencia o discernimiento morales que les permitan hacer suyos gradualmente los valores que compartimos todos los seres humanos. Ha de ser, por tanto una capacitación, que faculte a nuestros niños y niñas a obtener una clara comprensión de su propia naturaleza espiritual, de su propósito en la vida y de cuál ha de ser su contribución al bien común. La formación moral ha de distinguirse -igualmente- por su poder para que las nuevas generaciones planifiquen su propio modo de vida y sientan que su estilo vital se adecua a sus propios intereses y armoniza con el de los demás. Tal convicción, confianza personal y sentido de libertad responsable no puede ser impuesto a las personas ni tampoco dejarse al azar.

No basta con declarar buenos principios, sino que entre todos los actores educativos deben arbitrarse medios y estrategias prácticas que ayuden a que nuestros niños los incorporen en sus vidas y los trabajen eficazmente durante su ciclo formativo. La educación ha de ser tal que ayude a que nuestros niños y adolescentes crezcan conscientes de sus derechos y responsabilidades, que sean artífices de su propio destino y se conviertan en seres autónomos y técnicamente cualificados; ha de ayudar a que sean consumidores conscientes, personas respetuosas de su entorno natural, caracterizadas por su espíritu de conciliación y diálogo. En definitiva, ciudadanos del mundo comprometidos con la transformación de la sociedad y solidarios con quienes sufren y carecen no por casualidad de estas mismas oportunidades.

Como consecuencia de la estrechísima relación entre el bienestar de la persona y el social, es necesario que los programas de educación moral impulsen procesos individuales y colectivos de transformación, de manera que cada niño pueda desarrollar los conceptos, valores, actitudes y habilidades que le permitan tomar decisiones y desplegar patrones de creatividad y cooperación en la interacción humana. Elementos clave de éste doble proceso, serán, por ejemplo, el desarrollo de la conciencia de unidad e interdependencia de los seres humanos, el aprecio de la diversidad cultural, la percepción de que el potencial de cada ser humano es imprescindible para llevar adelante una civilización en continuo progreso, y el desarrollo de un fuerte sentido de civismo y servicio comunitario que dé respuesta a las necesidades de la humanidad.

La estrecha relación entre el desarrollo moral de la persona y el cultivo de la dimensión espiritual del ser humano hace imprescindible que la escuela se ofrezca como mirador privilegiado desde el que acceder a los frutos históricos del esfuerzo humano en toda la riqueza y variedad de sus culturas. En este sentido, debería propiciarse el que nuestras niñas y niños valoren y aprecien el patrimonio espiritual y religioso de la humanidad, conozcan y aprecien los monumentos literarios y artísticos de las grandes religiones del mundo, y entiendan la dinámica de diálogo ínter cultural e ínter religioso al que está abocado nuestro planeta. La tolerancia sin reconocimiento es más bien indiferencia. Más aún, los valores humanos no pueden entenderse al margen de la historia y de la dimensión transcultural e interreligiosa que asume la realidad contemporánea. Preparar a nuestros hijos e hijas para los desafíos inherentes a esta tarea civilizadora es parte fundamental de la pacificación y planetización de los asuntos humanos (COMUNIDAD BAHÁ'Í DE ESPAÑA).

Jesús Rafael González García
Quiromasajista. escuela de quiromasaje...
Escrito por Jesús Rafael González García
el 05/07/2010 | Nivel Medio

Filosofías y analogías en Educación

Los seres humanos han sido dotados con la capacidad de articular y producir conocimiento. Esta capacidad especial los ubica por encima de los otros reinos de la naturaleza tales como el mineral, vegetal o animal y descubrir las realidades del universo. Además del poder de la mente, los seres humanos tienen también la capacidad de discernir lo bueno de lo malo. Esta dimensión espiritual también pone a los seres humanos en la capacidad especial de desarrollar actividades destinadas a su bienestar personal y colectivo.

Los procesos del conocimiento (es decir, cognición), han sido asociados con el desarrollo de un variado rango de capacidades espirituales tales como justicia, voluntad para perseverar, interés, paciencia, confiabilidad, servicio y otros. La búsqueda de formas conocimiento a través del uso de técnicas de investigación, es en sí misma un atributo que puede ser comparado con otras cualidades espirituales. Bajo esta perspectiva, las técnicas de investigación en educación no son solamente herramientas para buscar conocimiento, sino también herramientas que ayudan al ser humano a lograr su completa realización como ser superior.

A fin de lograr su instinto natural para entender el mundo y su rededor, la gente hace uso de diferentes facultades tales como predecir, observar, inferir, interpretar o medir fenómenos. Una vez que el conocimiento es formalizado, éste toma la forma de una teoría. Las teorías se basan en presunciones y hechos sobre el mundo. Tenemos teorías de aprendizaje y enseñanza, una teoría de la relatividad, una teoría de números, una teoría del sistema planetario, etcétera. Los filósofos de la ciencia indican que las teorías emergen de procesos de acumulación, acomodación o reestructuración de nuevo conocimiento. Procesos de acumulación ocurren cuando las nuevas evidencias no son compatibles con los principios de una previamente establecida teoría. Procesos de acomodación ocurren cuando teorías existentes se mezclan con nuevas evidencias en una forma que chocan con previas presunciones teoréticas. Como resultado, una teoría asimila las nuevas evidencias bajo la condición de que cierta modificación de las presunciones teoréticas han de suceder. Alternativamente, dos diferentes teorías pueden coexistir bajo dos diferentes interpretaciones de las mismas evidencias. Muchas veces sucede que la teoría existente no puede resistir los nuevos desafíos y tiene que someterse a un proceso de completa reestructuración. Cuantas veces la historia ha atestiguado que teorías que eran popularmente aclamadas de repente colapsan para abrir nuevos terrenos. Brevemente, las teorías son vehículos para observar y describir el mundo y están basadas en presunciones que son susceptibles de ser cambiadas. Las teorías no son absolutas y tienen un carácter provisional.

Probablemente debido a sus no bien definidos parámetros, la educación como una disciplina ha sido interpretada por muchas pasajeras, desorganizadas y hasta contradictorias teorías de aprendizaje y enseñanza. Estas teorías educativas han rápidamente emergido, sobrevivido, coexistido para luego decaer. Cada una de estas teorías presentó su particular vista sobre el ser humano en la forma de metáforas y analogías. Las principales teorías en el último siglo XX incluyen, entre otras, el condicionamiento clásico, conductivismo, cognoscitivismo, y el constructivismo.

La teoría de condicionamiento clásico de Pavlov comparó al hombre con un perro a fin de explicar los procesos de estímulo-respuesta, mientras Skinner utilizó la analogía de una máquina desprovista de racionalidad que puede ser fácilmente manipulada. Piaget, probablemente influenciado por su educación como biólogo comparó al hombre a una planta y a su aparato asimilatorio. Otros sicólogos del aprendizaje compararon a los seres humanos a una computadora mientras que algunos de ellos explicaron el aprendizaje como la interacción de reacciones químicas y neurológicas que suceden en el cerebro. Aún el constructivismo, el cual constituye un paradigma más avanzado al considerar a los individuos como “seres que saben”, mantiene la creencia de que somos “animales sociales”.

En todos estos paradigmas, hay una aserción errónea de la naturaleza del ser humano, porque estos paradigmas muestran que nosotros estamos aun definidos por metáforas y analogías que son muy limitantes cuando definen al ser humano. Estas metáforas y analogías encadenan nuestra imaginación cuando queremos percibir un entendimiento más amplio del ser humano.

Estas diferentes concepciones del ser humano han tenido un profundo impacto en la manera como los educadores han desarrollado sus teorías de educación en la ultima centuria. Estas teorías están impregnadas de un materialista y muy restrictivo punto de vista del ser humano así como son sus métodos de investigación porque perros, plantas, máquinas, computadoras y reacciones fisiológicas responden evidentemente a leyes físicas. Estos sistemas de creencias están incorporados férreamente en el diseño e implementación de los programas educativos actuales. Más aún, las bases conceptuales de estas teorías seguirán teniendo un efecto pernicioso hasta que perspectivas alternativas basadas en principios espirituales no sea ampliamente discutidas e incorporadas.

Teorías educativas más recientes han validado académicamente el rol de creencias, opiniones y emociones en el aprendizaje y la enseñanza. Estas así llamadas variables afectivas tienen un efecto importante en la manera como la gente se desenvuelve en el aprendizaje. Al reconocer el valor de estas variables no-tangibles que operan dentro del individuo, aún en las llamadas ciencias fácticas como matemáticas y física, este cuerpo de investigación se ha acercado más al punto de vista bahá’í de educación. Sin embargo, esa literatura aún se queda corta en reconocer la esencia del problema, es decir, el reconocimiento del componente espiritual del ser humano y por consiguiente de su ilimitado potencial. Los principios espirituales y sociales instituidos por los profetas de Dios como Mahoma y Jesucristo prueban que estos Seres no fueron el producto de sus tiempos. Más aún, Sus enseñanzas revelaron que Ellos no reprodujeron o acomodaron un nuevo sistema sino, que contradictoriamente a la lógica humana, a pesar de su aparente inhabilidad en leer y escribir y de no haber atendido ninguna escuela, fundaron civilizaciones basadas en concepciones espirituales del ser humano.

¿Qué metáfora ofrece la Fe Bahá’í a estos educadores? Bahá’u’lláh, el fundador de la Fe Bahá’í, comenta sobre este asunto:

El hombre es el Talismán supremo. Sin embargo, la falta de educación apropiada le ha privado de aquello que inherentemente posee. Por una sola palabra procedente de la boca de Dios, fue llamado a existir; por una palabra más, fue guiado a reconocer la Fuente de su educación; por otra palabra aún, su posición y destino fueron asegurados. El Gran Ser dice: Considerad al hombre como una mina, rica en gemas de valor inestimable. Solamente la educación puede hacerle revelar sus tesoros y permitir a la humanidad aprovechar de esto (Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, CXXII).

En breve, los seres humanos han sido dotados con una naturaleza dada por Dios la cual no es tomada en cuenta por las metodologías de investigación educativa de la actualidad. Esta naturaleza le permite articular una relación con Él y que también hace al ser humano diferente de otros seres en el reino mineral, vegetal o animal. La Educación es vista como un proceso lleno de significados para descubrir, pulir y mostrar esa naturaleza divina. Por tanto, los seres humanos no nacen desprovistos de cualidades, más aún, son extraordinariamente ricos y hay mucho más de lo que no sabemos porque esas capacidades están ocultas y las actuales metodologías de investigación son muy restrictivas. La carencia de esta perspectiva espiritual plantea la hipótesis de que nuestros actuales sistemas educativos des-educan más que educan.

Talismanes son objetos que se suponen tienen poderes ocultos que alteran las fuerzas de la naturaleza, traen buena suerte, tienen poderes curativos, alejan la maldad, y en general, hacen milagros. Muchas veces, gemas preciosas son asociadas a talismanes. La piedra filosofal la cual mucha gente creía podía convertir el metal en oro, era el talismán más buscado por los alquimistas de los tiempos antiguos. Esta figurativa descripción de los talismanes ciertamente nos lleva a una más noble, fructífera y alentadora concepción del ser humano la cual debe ser necesariamente articulada en las actuales teorías y sistemas de aprendizaje y enseñanza.

(*) Doctor en pedagogía. Bahá'í peruano residente en Sídney, Australia.

handal@ans.com.au