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Grupo de El rinconcito de la mujer



ELOGIO A LA MUJER BRAVA

ana cecilia
Medicina uasd-sede
Escrito por Ana Cecilia Duran Garcia
el 18/01/2011
"ELOGIO A LA MUJER BRAVA"

Para quien no lo sepa, Héctor Abad nació en Colombia en 1958 y se recibió en Literatura moderna en Italia. Regresa a Colombia en 1987 cuando un grupo paramilitar asesina a su padre (médico defensor de derechos humanos y fundador de la que ahora es la facultad de medicina), pero vuelve a Italia por amenazas recibidas. Regresa en 1993, aproximadamente, y en la actualidad reside en Bogotá.



Elogio a la mujer brava

abad-hector

Por Héctor Abad
Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas.
A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc . En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.
La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran “no más usted me avisa y yo le abro las piernas”, siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).
A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más , saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.
Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.
Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.
Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas.. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.
¡Vamos hombres, por esas mujeres bravas!
Oro por que mis 2 hijas sean de éste maravilloso grupo y encuentren hombres que sepan apreciar a esta clase de nuevas mujeres!


REALMENTE INTERESANTE....

Me identifico plenamente con el contenido de éste mensaje, y me siento muy orgullosa de pertenencer a ese grupo.

VIVAN LAS MUJERES BRAVAS, PORQUE SABEMOS LO QUE QUEREMOS, Y LO QUE NO QUEREMOS!.

Celia M. Loyola Zayas
B a en trabajo social pontificia unive...
Escrito por Celia M. Loyola Zayas
el 18/01/2011

Bravo por el señor Hector Abad!. Ha hecho un reconocimiento a la mujer moderna y describe una realidad. Todavia hay un trecho que recorrer, pues hay quienes no reconocen el valor de la mujer actual y quieren ver en su casa a la mujer sumisa, que les lave y les planche y les sirvan para el sexo cuando les de la gana. Tenemos que ser mas precavidas al escoger pareja, y vivan las mujeres bravas de verdad!

Janice Srs
Serv.soc instituto tecnologico de puer...
Escrito por Janice Srs
el 07/02/2011

Si se llegase a comprender esto todo seria mas facil y por lo tanto mas equilibrio en los hogares. Pero la realidad es otra cuando llegamos a la casa y ahi si que nos convertimos en las mujeres bravas ja,ja, que virtud tan hermosa Dios nos concedio al ser mujer.. Maravilloso tema!

Silvia Beatriz
Diseño grafico. moron/san martín.
Escrito por Silvia Beatriz
el 15/02/2011

Muy cierto amiga, me considero entonces una mujer totalmente brava porque se decir sí cuando quiero y cuando en algo no estoy de acuerdo digo no y punto, todas dberiamos ser aso, pero lamentablemente aún ahy mujeres que no se valoran, que no tienen dignidad y eso amiga mía es fundamental en la vida!.

Uno de los factores más influyentes en la autoestima de una persona es la visión que tenemos de nosotros mismos. Todas nuestras creencias sobre nosotros nos impedirán o nos impulsarán a hacer acciones durante toda nuestra vida. La manera en cómo nos veamos actuará como un limitador o como potenciador en nuestra vida. Si como te ves a ti mismo es débil, con muchos temores, que no te crees capaz de nada, vulnerable, sin iniciativa, que te influye mucho la opinión de los demás etc. Debes de tener una muy poca o nada autoestima hacia tu persona. Esto te impedirá aprovechar las oportunidades que se te presenten ya que no te sentirás con confianza para realizar prácticamente nada. Por el contrario si tú te ves a ti mismo como una persona que se cree capaz de realizar cualquier cosa, valiente, sin miedo a nada, asertiva, atractiva, a gusto y feliz con su vida… Seguramente tengas una autoestima muy alta. Esto te generará mucha confianza a la hora de realizar cosas que con una autoestima baja nunca realizarías.


Abrazos, Soraya.