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Grupo de La trayectoria humana en todos los tiempos



El rostro de Dios

Egard Alan
Lic. psicología. org. lic. cs. admistr...
Escrito por Egard Alan Pintado Pasapera
el 10/05/2014

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Dr. Egard A. Pintado Pasapera

(Lic. En Psicología Org. - Lic. Cs. Administrativas –

Dr. Cs. De la Educación)

Perspectiva Científica: Artículos y Notas académicas

Nº. 24

El rostro de Dios.

El hombre reniega de Dios, de sí mismo, de todo y hasta de su propia sombra. Culpa a Dios de sus males, desgracias, inequidades y torpezas; pero casi nunca festeja y comparte sus éxitos, logros y alegrías con él. Solo se acuerda de el para, señalarlo con el dedo acusador, en la fatalidad. Y es que su manifiesta inseguridad deviene del eslabón faltante en la cadena evolutiva del hombre. Millones de años han transcurrido y aún no tenemos idea de quién es el hombre, de quiénes somos y a dónde vamos. Acaso nos la creemos que semejante magnificencia universal es únicamente para el hombre en su actuar primitivamente te destructivo ¿ ?

Esa irresponsabilidad y falta de sensibilidad hacen que corra como caballo desbocado sin norte. Gusta compulsiva y torpemente “jugar a ser Dios” en su ignorancia de no saber quién. Sapiens delirante que deja escapar al reptil destructivo de lo único que tenemos, el maravilloso planeta tierra. Único “Dios” que sin contemplaciones depreda y destruye su maravilloso habitad, para buscar con urgencia otro planeta para “vivir”. Y qué garantiza no lo destruyamos también. Será por eso que el sabio universo le cierra las puertas de lo posible. Cualquier cosa, en la naturaleza puede ser menos peligrosa que el mismo hombre.

El hombre debe aprender a sentir y ver el rostro de Dios en la mirada de un niño, en la belleza de los animales, las plantas, observando el firmamento y entendiendo que somos parte de él, y en fin, en la naturaleza. Taponéate la nariz, los oídos, la boca y aprenderás a sentirlo. Veamos el rostro de Dios volviendo al regazo materno para escuchar- en silencio- los maravillosos latidos de su corazón. Y cuando éste como sabiendo que llegaste dispuesto a escucharlo, se pone y late feliz en una sinfonía tan hermosa que hasta el día de hoy no escuchaste jamás, y es que no existió, existe ni existirá músico alguno que la pueda imitar. Esa sinfonía solo se encuentra en el corazón materno, es el habla y el verdadero rostro de Dios.


Con el mayor respeto, agradeceré a los amigos internautas, si así lo desean, alcanzar su apreciación al respecto, el suscrito agradecerá y sabrá respetarla.