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Grupo de Culturas americanas prehispánicas



EL ROL DE LA MUJER EN LAS DISTINTAS CULTURAS ABORIGENES

Beatriz
Enfermería profesional, administración...
Escrito por Beatriz Bassino
el 11/04/2010


Una bella balarina en el la fiesta del Roto chileno, barrio Yungay Chile



El siguiente debate nos dará la oportunidad de reconocer entre todos, los distintos roles que llevó a cabo la mujer dentro de las diferentes culturas americanas prehispánicas, transmisora de los mitos, del lenguaje, de sus costumbres, fueron desvalorizadas por sus culturas? Excluidas de la toma de decisiones dentro de la comunidad,? Llevaron a cabo un matriarcado o fueron dominadas por los hombres? Las hubo guerreras como las amazonas? Que pasaba dentro de esas comunidades cuando los guerreros partían a la guerra o los cazadores salían a buscar el alimento para la tribu.


“Por mucho tiempo fuimos invisibles, por eso el desafío de las mujeres es hacer sentir que somos parte importante de la lucha de nuestro pueblo. Somos madres, esposas, comerciantes y profesionales, necesitamos nuestro lugar y fortalecer los vínculos, solas no podemos avanzar….. ” Celia Segueira, artesana wichi.


“Cada pueblo tiene una forma de pensar y entender el mundo, todas las partes son importantes y valiosas, por eso, hombre, mujeres, niños, ancianos; todos tienen su lugar y trabajo para hacer, para cuidar su familia y a la comunidad” Mujer qom.


"Para que el viento difunda mi raza y para que la tierra reproduzca mi cultura, no me muestres tu desprecio, solo dame tu mano, tu ternura y construyamos un mundo mejor" Marcela Lopez, etnia wichi.


Mujeres y hombres del grupo los invito a participar




Beatriz Bassino
Enfermería profesional, administración...
Escrito por Beatriz Bassino
el 11/04/2010

Mujer raramuri

Una mujer de la etnia tarahumara vendiendo las hermosas artesanías que elaboran, fuera de la iglesia de Cusárare en Chihuahua, México.

Beatriz Bassino
Enfermería profesional, administración...
Escrito por Beatriz Bassino
el 11/04/2010


Chinchero, Perú.
Chinchero, Perú 2009


Beatriz Bassino
Enfermería profesional, administración...
Escrito por Beatriz Bassino
el 11/04/2010

Una imagen más de Zinacantan, Chiapas, México...

El Mostrador


Beatriz Bassino
Enfermería profesional, administración...
Escrito por Beatriz Bassino
el 11/04/2010

Reparativos para desfile del Primero de Mayo 2009.
1 de mayo 2009, Santiago de Chile

Beatriz Bassino
Enfermería profesional, administración...
Escrito por Beatriz Bassino
el 11/04/2010

Desfile en la ciudad de México para conmemorar los 199 años de "independencia" (16 septiembre 2009)
Paso de Adela
Mujer Charra


Beatriz Bassino
Enfermería profesional, administración...
Escrito por Beatriz Bassino
el 12/04/2010

MAPUCHES Y TEHUELCHES

Entre los araucanos la mujer, lejos de ser una carga para el hogar, constituía la principal fuente de producción. Todas trabajaban: unas cultivaban el campo el campo, otras tejían mantas, frazadas y paños; algunas eran alfareras o diestras en la preparación de los cueros y de las pieles.


CUEROS PINTADOS


"
L a ocupación más importante de las mujeres en el campamento era la fabricación de mantas de piel, trabajo que merece una descripción detallada. Se empieza por secar al sol las pieles, estaquillándolas con espinas de algarrobo. Una vez secas, se las recoge para rasparlas con un pedazo de pedernal, agata, obsidiana, o vidrio a veces, asegurado en una rama encorvada naturalmente de modo que forma un mango. Luego se les unta de grasa e hígado hecho pulpa, y después se les ablanda a mano hasta hacerlas completamente flexible; entonces se las tiende en el suelo, se las corta en pedazos con un cuchillo pequeño muy afilado, haciendo muescas para ensamblarlas unas con otras a fin de dar más fuerza a la costura, y se las distribuye entre cuatro o seis mujeres armadas de las correspondientes agujas y hebras de hilo, que consisten en punzones hechos de clavos aguzados y en tendones secos extraídos del lomo del guanaco adulto.
Cuando la manta es grande no se la cose toda de una vez; así que la mitad esta concluida, se la estaquilla y se le aplica la pintura de la manera siguiente: se humedece un poco la superficie; luego, cada una de las mujeres toma una pastilla, o pedazo de ocre colorado, si este va a ser el color de fondo, y mojándolo aplican la pintura con gran cuidado. Una vez terminado el fondo, se pinta con la mayor precisión el dibujo de motitas negras y rayas azules y amarillas; en lo que las mujeres trabajan todo el día con la perseverancia más asidua. Concluido esto se pone a secar la piel durante una noche, y se termina debidamente la otra mitad y las alas, que sirven de mangas; después se junta todo, y una vez terminado el trabajo, la piel presenta una superficie compacta. El dibujo preferido, salvo cuando el dueño de la prenda esta de luto, es un colorado con crucecitas negras y rayas longitudinales azules y amarillas con ribetes, o con un zigzag de líneas blancas, azules y coloradas. Es sorprendente la energía infatigable con que trabajan las mujeres y la rapidez con que cosen.

Los araucanas eran polígamos y el parentesco se establecía por la filiación materna; cada madre y su descendencia formaban un grupo totémico independiente de los constituidos por las descendencias de las otras mujeres del mismo marido, a menos que ellas pertenecieran al mismo totém.

La primera mujer, la "unendomo", era la verdadera dueña del hogar y su hijo mayor era el primogénito. Las mujeres que el marido capturaba al enemigo, se añadían a la familia como simples concubinas. El adulterio de la mujer no era frecuente.

La mujer araucana era considerada impura dentro del parto, a pesar de ser muy fecunda, tenía como termino medio cuatro hijos por mujer casada. Cada mujer vivía con sus hijos, cocinaba aparte para ellos y también para el marido.

La enseñanza de las niñas corría a cargo de las mujeres de edad madura. Comprendía los quehaceres de la casa, el arte de tejer ponchos y paños, la alfarería, la fabricación de chichas, etc. Ellas mismas les enseñaban la parte del misterio totémico y de las tradiciones familiares que era lícito comunicar a las mujeres. La mujer araucana era excepcionalmente vigorosa.


Entre los Tehuelches,
luego de la llegada de los españoles (S. XVI) se adopto el caballo y la actividad de caza se convirtieron en ecuestres y masculinas; aunque las mujeres participaban formando el cerco que encerraba a las presas y se dedicaban además, a cazar presas menores como, zorrinos, maras y piches. La caza era su medio económico fundamental a la que se añadía la recolección de raíces comestibles y de algunas semillas con las que hacían harina y la consumían tostada o preparando una especie de tortas.


Los tehuelches tenían instituida la esclavitud. El esclavo era puesto a las órdenes de la mujer principal, quien le indicaba sus obligaciones domésticas. La autoridad paterna era dócilmente aceptada por los hijos ,como así también por los yernos.
El matrimonio se llevaba a cabo mediante la compra de la mujer, después de obtenido su consentimiento. El pueblo era monógamo. Los hombres, de todos modos, podían tener todas las mujeres que pudieran mantener.
Era costumbre entre los hombres mantenerse solteros hasta los veinte años, por una cuestión económica.
L
os tehuelches encerraban el fuego en vasijas de barro, y le prodigaron alimento y cuidados. Las mujeres eran las que se ocupaban de el y cuando lo necesitaban secaban brasitas y con ellas encendían nuevos fuegos... Pero, ¡Ay si se apagaba el fuego!. Muchos relatos cuentan de los terribles castigos para la mujer que se dormía o se olvidaba...


Rafael Gómez Díaz
Derecho universidad complutense de mad...
Escrito por Rafael Gómez Díaz
el 12/04/2010

Ya que has puesto este link tan interesante aprovecho para hacer una pregunta técnica, porque ya me pasó otras veces en books. Google: no habrá forma de bajarse, copiar o lo que sea los textos que se ven ¿No?

Beatriz Bassino
Enfermería profesional, administración...
Escrito por Beatriz Bassino
el 12/04/2010

Fabricio interesantisimo tus datos sobre la mujer azteca, nosotros por desgracia no tenemos tanta historia escrita como Uds. , me dejas que los envidie por eso, gracias por participar.

LAS CAUTIVAS

No se enumeró las aborígenes capturadas durante el siglo XVI, desde la empresa valdiviana hasta 1598, ni tampoco la cantidad de damas españolas que fueron cautivas de los nativos, en esos años. Este relato nos muestra, como se trataban estas mujeres, dentro de ambas sociedades.

Durante la primera mitad del siglo XVII, los enfrentamientos eran constantes. El estigma del conflicto no sólo afectó a dos ejércitos; la muerte rondó incluso a niños, ancianos y mujeres. Incendios, mutilaciones y ventas de prisioneros fueron la constante de la época. El alzamiento general de los indígenas, significó: "el desplome total de todo el esfuerzo diplomático, militar y evangelizador de España durante un siglo"

Boldrini señala que la unión hispano-indígena: "se verificará en la forma de una depredación guerrera: la violación de la vencida, el uso sexual de la sierva que junto a otros le acompaña a la guerra o en el derecho que siente por sobre la inviolabilidad física de sus encomendadas mujeres"
El valor de las piezas variaba según sexo, edad o condición de las esclavas.
El elevado precio de las mujeres y los niños se debía a que éstos eran incorporados fácilmente al trabajo doméstico y de laboreo en haciendas y minas; por otra parte no eran considerados elementos potencialmente bélicos al interior de las zonas pacificadas.

Aún en guerra justa los inocentes no podían ser esclavizados- se entendía por tales a los niños y mujeres que no acudían a la guerra con su familia. Sin embargo la honorabilidad medieval estaba en retirada por lo que la esclavitud fue extendida incluso al vientre materno: "no se contenta la codicia con hacer esclavas a cuantas indias cogen en sus ranchos en las malocas sino que después de traídas a nuestras tierras, hacen esclavos a los vientres, que allá se concibieron, y a los demás hijos que acá conciben y paren"
Las indígenas capturadas en guerra justa quedaban reducidas a una condición de dominio absoluto sobre sus cabezas, carentes de toda defensa y derecho. Se convertían en un objeto propicio para el abuso de los conquistadores que se manifestó en la desestructuración familiar, trabajos forzados, tortura física y desarraigo.
En cuanto a las condiciones del traslado, éstas eran infrahumanas, los aborígenes eran agrupados en colleras y desgobernados para evitar la fuga. El desgobierno consistía en cortarle los dedos poco antes del nacimiento del pie. Se practicaba esta operación con un machete afilado al cual se
golpeaba con un martillo, haciendo que el indio pusiese el pie en un madero firme Para evitar la hemorragia se introducía el pie del aborigen en un caldero con sebo hirviendo conteniéndose así la sangre. Se producían numerosas muertes por infecciones y gangrena. De esta forma, se les reducía a un estado de invalidez que casi no les permitía volver a la guerra y que les sometía a servir en las faenas hispanas sin esperanza de fugarse.


Rosales argumenta además que: "las indias que las llevaban a vender a tierras recibían el nombre de rabonas. Esta designación parece provenir del hecho de que marchaban en la retaguardia de la tropa.

Las autoridades hispanas consentían la situación, pues las criadas eran necesarias para las labores domésticas (buscar alimento, cocinar, lavar). Pero se oponían a relaciones más íntimas. De hecho el gobernador Rivera prohibió su existencia el año 1603 "por inconvenientes a la moralidad" además "... Si solamente sirvieran de criadas, fuera tolerable; pero ni ellas ni ellos se contentan con eso sino que usando de ellas para sus apetitos desordenados".

Constituyeron además, una mano de obra acomodaticia que reemplazó a la fuerza masculina indígena alzada en armas. Después de la conquista Imperial, los españoles decidieron edificar casas en Tucapel, donde se ocupó a las mujeres indígenas para el trabajo de pisar el barro.

En el laboreo minero no se tuvo consideración con ellas. Mariño de Lobera denunciaba que: "estando en el invierno metidas en el agua todo el día helándose de frío, como el autor testifica haberlas visto lavar el oro llorando y aún muchas con dolores y enfermedades que tenían.

El principal enemigo de la mujer indígena esclava, en la intimidad doméstica, fue la mujer hispano-criolla. Esta última, al intentar suplir la ausencia de su marido, asumió roles que, según el pensamiento masculino de la época, no le eran propios: como albacea de su esposo, tutora de sus hijos, patrona de capellanías, amén de que, en algunas ocasiones, debió desempeñarse como partera, cocinera y pulpera.
En muchas ocasiones debieron encargarse de la administración de sus encomiendas y de actividades comerciales y artesanales.
Los cuidados domésticos que por designación social debían desarrollar, los dejaron en manos de sus esclavas indígenas

Núñez de Pineda, en su "Cautiverio Feliz", hace varias alusiones con respecto al concepto que tenía la etnia rival de la mujer hispano-criolla: "... Son codiciosas y amigas de tener en sus casas a quien echar la carga y quien las sirva... ”

Un viejo cacique sobre relatos de antiguos indígenas, manifestó: " ¿No os dijeron que las señoras eran tan crueles y codiciosas, que de ordinario tenían en sus casas a nuestras mujeres y hijas, trabajando y velando todas las noches para sus tratos y granjerías? ¿No os dijeron que hubo algunas tan feroces y insanas, que no se contentaban con hacer anatomías (sic) de sus criadas cortándoles las narices y las orejas y quemándoles sus vergonzosas carnes, sino es que de esta suerte les daban inhumana muerte en las prisiones y las enterraban dentro de ellas? ”

La indígena experimenta un doble cautiverio. El primero, el propio de la sociedad patriarcal en la cual se desenvuelve; el segundo, el del dominador que la subyuga en un sistema cultural que le es ajeno e incomprensible.
En el mundo indígena el rapto, la pieza cautiva no constituía una escaramuza fortuita impuesta por los tiempos. El rapto era inherente a sus ritos y un estímulo para la guerra

El secuestro conllevaba un cambio en la situación sexual de la mujer al interior de su grupo, pero en ocasiones la captura se producía en conflictos intertribales, lo que provocaba fuertes tensiones entre diferentes etnias

Un cronista relataba al respecto: "porque hurtando un indio la hixa o hixo de otro para venderlo hacia lo mismo el ofendido con la hixa o hixo o parienta que le hurtaba la suya... Viviendo continuamente en una guerra civil por este medio”.

El guerrero aborigen aplicará en el enfrentamiento con el español, la táctica utilizada en los enfrentamientos intertribales. Era la perpetuación de una tradición.

El aislamiento en que quedan los asentamientos españoles después del desastre de Curalaba, provocó una gran inestabilidad social la que se acentuó por el rapto de mujeres blancas entre 1598 y 1604.

El impacto sicológico que implicó para el invasor la captura de sus mujeres (madres, esposas, hermanas, hijas etc. ) incorporó un nuevo conflicto que contribuyó a desgastar aun más las relaciones entre el dominador y el dominado.

Los historiadores han intentado precisar el número de hispano-criollas capturadas en las primeras décadas del siglo XVII. Las cifras entregadas son diversas, pero no descienden de las cuatrocientas cautivas llevadas a territorio enemigo

Jerónimo de Quiroga nos narra las maniobras de un cacique que se preciaba de haber capturado: "muchos españoles con sus mujeres, hijos e hijas gente principal y ordinaria, de que se servía como esclavas o como concubinas que sirviesen a sus indias como sus indias las habían servido antes a ellas”

La historiografía ha señalado que si bien los aborígenes valoraban a las mujeres españolas por sus talentos eróticos especiales, incorporaban a las cautivas a su sociedad como esclavas-concubinas, más que como esposas.

La vendetta se reflejaba en las acciones indígenas, el guerrero se sentía con el derecho y el poder para subordinar a la mujer blanca: "desnudáronlas en carnes hiciendoles viles afrentas sin que se conmoviesen los bárbaros oyendo lástimas, ruegos i lagrimas" y "davan de palos a la triste cautiva i decíanle; señora por que no barres, porque no cocinas, porque no vas a cortar leña”.

Así un jefe indígena señalaba: "vengan las hermosas españolas y las damas delicadas a moler y hacemos chicha y carguen sobre sus espaldas las tinajas de nuestro gustoso licor; aren y caben nuestras sementeras"
El trabajo más duro que realizaban, comentan los cronistas, era moler maíz; la mujer española no tenía la fuerza que había desarrollado la indígena, y este trabajo le resultaba agotador,
Los cronistas señalan que estas mujeres no tuvieron un trato preferencial al interior de la sociedad Mapuche. Su alimentación era frugal: un poco de maíz cocido en agua, porotos y yerbas del campo. Su vestimenta comprendía "... Corta manta que cubría de los pechos a los tobillos dejando sin cubierta los brazos... Y si hablaban había de ser en la lengua de los dichos indios... ”

El cautiverio convertirá a la española en esclava de su propia criada. Los celos y la aversión natural que sentían por los conquistadores se plasmaron en el trato que dieron a sus cautivas: "... Las obligan a ir a guardar el ganado haciéndolas de señoras, pastoras, obligándolas a traer haces de leña sobre los desnudos hombros, y a sus tiempos ir a cavar sus posesiones, que es oficio de las mujeres en aquella tierra, el cual hacen andando de rodillas, y así no hay una que no críe gruesos callos en ellas"

Dark Crow (foro Tradiciones Indigenas)
Atencion terapeutica de urgencia y rea...
Escrito por Dark Crow (foro Tradiciones Indigenas)
el 13/04/2010

Rafael: dejame ver que tengo de textos o archivos y los comienzo a subir en cuanto pueda. El libro lo tengo en papel. Y lo que sigue s e pone todavia mejor.

Beatriz Bassino
Enfermería profesional, administración...
Escrito por Beatriz Bassino
el 13/04/2010

MUJERES ETNIA MATSES


Las mujeres Matsés todavía practican la pintura y decoraciones
tradicionales del cuerpo. Por la tradición, ponen decoraciones en los lados de sus narices en un intento de imitar la apariencia de barbas felinas, por lo tanto su tribu con frecuencia es llamada la ¿Gente gato.? ¿Las Barbas? Se fabrican de fibras rígidas de la hoja de palma. Las mujeres no llevan siempre estas decoraciones, un ejemplo es después de una muerte en su familia inmediata y en este caso la mujer no lleva estas decoraciones durante un período de luto para varios meses.

Para complementar las perforaciones de la nariz, las mujeres usan un pedazo de madera en una perforación debajo del labio más bajo. Mujeres jóvenes realzan su
aspecto usando palitos más largos que las viejas.

Las mujeres Matses se complementan sus perforaciones tradicionales con la
pintura del cuerpo. Como la mayoría de tribus de la cuenca del río Amazonas, los Matses emplean un pigmento rojo extraído del árbol del achiote (/Bixa orellana/) para pintar sus cuerpos. Ocasionalmente, las mujeres de Matses mezclarán este pigmento rojo con la grasa animal y la combinación resultante crea una pintura de cuerpo roja brillante. La pintura del cuerpo era particularmente importante porque las
mujeres Matses no llevaron ropa antes de tener contacto permanente con las culturas europeas, igual que de la mayoría de las tribus Amazónicas tradicionales. Además de tener perforaciones y de practicar la pintura femenina del cuerpo, las mujeres Matses tienen tradicionalmente tatuajes permanentes en sus caras.

Al contrario de algunas culturas contemporáneas, se estimaba a las viejas
mujeres Matses en esta cultura, por su conocimiento íntimo de la naturaleza y de la sociedad. Es generalmente una mujer vieja que utiliza las hojas de plantas (cosechado por los hombres) y cura con los remedios herbarios.

Mujeres Matses viejas tienen mucho conocimiento de remedios tradicionales y de su relación a los espíritus animales. Como la mayoría de los pueblos Amazónicos, los Matses son animistas, creyendo que los espíritus animales tienen un papel
importante en enfermedades y determinan su bienestar.

Para esta cultura, todo se puede lograr hacer, no importa el tiempo que se ocupe, no importa la cantidad de intentos, lo importante es que se logre el objetivo, nunca están apurados. El tiempo del reloj no es importante.

El amor, entre una pareja, en muchos grupos hasta hace más o menos 10 años no era la base para el matrimonio, era el padre de la chica o el hermano el que escogía su esposo, ella tenía que acostumbrarse y luego enamorarse de su esposo.

Entre los Matsés el hombre admirado era el que tenía entre 5 a 6 esposas porque solo un hombre inteligente y trabajador podía dominar 6 mujeres y vivir en paz, solo un hombre así podía dar de comer a una familia grande y podía darse tiempo para educar a un buen número de hijos.

La mujer muestra sumisión a su esposo, escondiendo su belleza, para no llamar la atención de otros hombres. El hombre es quien llama la atención poniéndose vistosas coronas, aretes, maquillándose la cara con achiote y huito.




Indígenas del Xingu - Galería de Fotografías


Dark Crow (foro Tradiciones Indigenas)
Atencion terapeutica de urgencia y rea...
Escrito por Dark Crow (foro Tradiciones Indigenas)
el 13/04/2010

Me queda la duda de que tiene que ver la foto de la china poblana a caballo en las mujeres de culturas aborigenes?.

O es eso o una adelita bien mexicanota de la epoca revolucionaria.

Beatriz Bassino
Enfermería profesional, administración...
Escrito por Beatriz Bassino
el 13/04/2010

Solo la puse porque me gustó y bien podía ser descendiente de aquellas que contribuyeron a poblar el país, además me encantan los caballos y cabalgar, tómalo como un homenaje a la mujer fundadora de paises, como verás las mejicanas coparon las fotos, son las mas lindas que encontré, las fotos nuestras no son tan buenas

Vinak 13 Flores
Taller de “crisis y situaciones de alt...
Escrito por Vinak 13 Flores
el 14/04/2010

¿No es una soldadera? Tendria más sentido si es por motivo de las fiestas de la revolucion y la independencia

Beatriz Bassino
Enfermería profesional, administración...
Escrito por Beatriz Bassino
el 14/04/2010

No conozco mucho de la historia mejicana, la foto dice mujer charra, ahora, no se a que se refiere, tenia entendido que los charros son como nuestros gauchos, pido desasnarme al respecto, me pareció un lindo homenaje a la mujer, que resumia lo pasado con lo actual, en esa melange que estamos metidos todos los latinos americanos, con nuestras mezclas de sangres, donde se funden Europa y América desde épocas coloniales. Además noten el detalle, que ella tiene colores vivos y el resto de la población esta en blanco y negro, bien alegórico según mi punto de vista.

Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 14/04/2010

Bueno, por lo leido aqui y general, pienso con razón que eran mucho más libres y consideradas las mujeres de culturas selvaticas que las de culturas más "civilizadas".

Desde luego no era ningun privilegio entre los mexicas por lo leido anteriormente.

Veré que encuentro como aporte.

Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 14/04/2010
La mujer dentro de la sociedad inca tenia un trabajo específico, determinado a partir de una división sexual, que no sólo arraigaba en el mundo laboral sino que invadía todas las esferas dando una diferente importancia al hombre y a la mujer dentro de la sociedad.

En este sentido, y a pesar de tener un trabajo específico, el hombre estaba considerado como superior a la mujer y en la vida común del matrimonio, ello se observaba en cuestiones puntuales: la mujer no podía comer del mismo cazo que su marido, pero si que era permitido meter el morro a las llamas y otros animales domésticos.

A pesar de esta fuerte división sexual del trabajo y este rango de inferioridad, la mujer tenia un papel fundamental: La mujer se ocupaba de la casa, se dedicaba a tejer los vestidos de toda la familia, ayudaba en el campo, cuidaba de sus hijos, y se ocupaba de la comida y de preparar la chicha:

"Cuando la mujer no estaba ocupada en el campo, o bien cocinando o hilando, se dedicaba a tener hijos..."
En el campo, la mujer también tenia un trabajo concreto y principal:

"Los hombres trabajaban caminaban hacia atrás, y las mujeres les seguían dándoles el frente y rompiendo o desmenuzando los terrones con una especie de lanzadera..."
Además en época en que la cosecha podía estar en peligro por la amenaza de los pájaros que se comían la semilla, los niños y las mujeres iban a asustarlos y estas últimas danzaban pidiéndole al dios del campo su ayuda.

Es curioso resaltar que el fragmento de Garcilaso de la Vega, que expresa que la actividad de los pueblos que era distinta a la inca, era "primitiva":

"En algunas provincias muy apartadas del Cuzco, que aún no habían sido bien cultivadas por los reyes incas, iban mujeres a labrar el campo y los maridos quedaban en casa a hilar y tejer"

La mujer, ejercía su trabajo de forma muy intensa, hacía tres o cuatro cosas a la vez, incluso intentaba no perder ni un sólo momento de su tiempo; cuando por fuerza tenía que ir a visitar a una parienta de un barrio a otro o ir a trabajar al campo y su hijo era lo suficientemente pequeño para no caminar todavía, pero lo suficientemente grande para ir en la cuna, lo llevaba en la espalda en un repliegue de la capa, además se llevaba trabajo para hilar y tejer, por el camino iba efectuando lo que se llamaba "hilado".
Este constante trabajo diario e intenso, la inferioridad social frente al hombre, ha sido resaltado por diversos historiadores.

Louis Baudin se refiriere de la siguiente manera "el triste papel de la mujer"

"En la familia india de la época precolombina, la mujer era considerada inferior al hombre: ella era una cosa escribe un cronista y podía ser tratada como tal"
"La mujer india estaba absolutamente esclavizada por su marido y abrumada de ocupaciones"
"La cena era la comida final del día y se tomaba entre las cuatro y las cinco de la tarde. Los hombres se sentaban en cuclillas alrededor de las vasijas puestas sobre una manta tendida en el suelo y tomaban con los dedos el alimento de la olla o sorbían la sopa de cazuelas de arcilla cocida, las mujeres se sentaban detrás del círculo, de espaldas a los hombres"...

"Si tenían que hacer un viaje corto o ir a trabajar al campo, y su hijo era lo suficientemente pequeño para no caminar todavía, pero lo suficientemente grande para ir en la cuna, lo llevaba en la espalda en un repliegue de la capa como hacen todavía hoy. Pero si el viaje duraba más de media jornada, hasta cargaba el alimento de la familia, la jarra de chicha, las calabazas, los palitos para encender el fuego. Si conseguía tener las manos libres, mientras iba andando hilaba o masticaba maíz, de manera que no perdía el tiempo. Y cuando se acurrucaba, exhausta en el umbral de su choza, expurgaba a sus hijos, aplastando los bichos con los dientes o frotándoles la cabecita con un cocimiento de cebadilla"

El papel de las mujeres de la nobleza o del señor inca era totalmente diferente, aunque su función principal era también tejer, hilar y cuidar de sus hijos, tenía mucho más tiempo para ellas mismas, cuidar su aspecto, etc. , también se observa en la práctica de las visitas de las mujeres que se hacían unas a otras en momentos concretos, la mujer de la clase privilegiada si iba a visitar a una mujer de rango inferior no llevaba labor suya que hacer, mas después de haber entablado las primeras palabras de la visita, pedía que le diesen que hacer, dándole a entender que iba a visitar como superior a inferior, la mujer de rango inferior por gran favor correspondía dándole algo que hacer de lo que ella misma hacia o alguna de sus hijas, para no igualarle con las criadas y sí con ella.

LA COYA, la primera de las mujeres, única esposa legítima del emperador tiene a veces un papel importante en la vida del país. Es ella quien dirige Cuzco en ausencia del Inca, organiza en caso de necesidad las ayudas a los damnificados, en casos de grandes catástrofes. Pero como todas las otras mujeres, ella vive también en un estado de inferioridad bien marcada. Por ejemplo, al mínimo señal de cólera manifestada por el Inca, la Coya cae de rodillas y se ha de quedar hasta que él la invite a levantarse. Por otro lado, la Coya y sus hijas tenían acceso a las Vírgenes del Sol.

Sin duda, que la organización social inca produjo en la mujer dos tipos bien distintos en su clase de vida: la de la inca noble, destinada a vivir en lujosos palacios o en monasterios sacerdotales, a la humilde artesana o labriega.

En realidad en todos los relatos y estudios acerca de la mujer del pueblo inca, es siempre considerada inferior al hombre y como una cosa perteneciente al lote familiar... Llevaba la peor parte del equilibrio matrimonial en lo que respecta al trabajo, pues no sólo ayudaba al marido en la agricultura, sino que servía como bestia voluntaria de carga en los desplazamientos, llevando las provisiones en los brazos, porque sobre las espaldas llevaba al hijo sujeto con la manta, además de dedicarse a sus quehaceres domésticos, cocinar, hilar y tejer para toda la familia, sólo paraba para dormir.

Pero para concluir este apartado, es necesario apuntar que la situación de la mujer indígena en algunas regiones de América Latina desempeñaba tareas fundamentales en la comunidad, si bien poco antes de la conquista española, la situación de la mujer comenzó a deteriorarse con la formación de los imperios Maya, Inca y Azteca.

Algunos autores indican que, en el momento de la conquista española, los pueblos de las Altas Culturas Americanas (mayas, incas y aztecas) estaban en un proceso de transición al patriarcado. Si bien no existen estudios acerca de cómo este tipo de dominación repercutió en la pérdida de derechos por parte de la mujer.

Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 14/04/2010

Así como en el imperio de los Incas se conoció la división de clases (por un lado, el sector privilegiado constituido por la familia real, los grandes guerreros, los sacerdotes y sabios; y, por el otro, la inmensa mayoría indígena que sostenía la vida económica de la comunidad), se conoció también la poligamia dentro de un sistema estrictamente patriarcal, en el cual la hermana y esposa legítima del Inca gozaba de más privilegios que la distinguían de las concubinas.

Por ejemplo, cuando la esposa principal viajaba, ésta era llevada en andas o hamacas conforme al estatus de su esposo, mientras que las concubinas iban a pie, llevando la comida y la bebida para sus señores y toda la comitiva a su servicio. Durante las horas de comida, las concubinas servían al Inca y a su “koya” (esposa principal), a quien le hablaban de rodillas, sin mirarle el rostro, y al retirarse de ella, como de su esposo, caminaban hacia atrás.

Era tanta la discriminación contra las concubinas y tan respetado el “origen divino” del Inca y de su esposa principal que, “entre sus obligaciones rituales, estas concubinas recogían los cabellos que perdiese su señor o que le habían recortado, y asimismo las uñas cortadas, y luego se lo tragaban. Cuando el monarca quería salivar, lo hacía sobre las palmas abiertas de las manos de una de sus concubinas, quien luego lo tragaba. Incluso era deber de las concubinas recoger sobre sus ropas los cabellos de su esposo y tragarlos. El conquistador Juan Ruiz de Arce recuerda que cuando le preguntaron a Atawallpa sobre estas costumbres, respondió que su costumbre de escupir sobre las manos la tenía como signo de grandeza, y que hacía comer sus cabellos por temor a los encantamientos que le pudiesen hacer con ellos” (Ellefsen, B. , 1989, p. 133).

Al morir el Inca u otro miembro adulto de la jerarquía real, era costumbre matar a una o más concubinas predilectas del difunto para que los acompañaran en calidad de “koyas” al más allá. Las otras concubinas viudas, aparte de dedicarse exclusivamente a los quehaceres domésticos y a la crianza de los hijos, debían permanecer en castidad, sin volver a casarse ni concubinarse. Era también costumbre que las concubinas mantuvieran la ficción de tener relaciones matrimoniales, al menos simbólicas, con la momia real. Para ello se turnaban por lote para dormir en el mismo aposento del difunto, quien era enterrado con sus bienes terrenales más preciados.

Mientras esto ocurría en el Cuzco y en las capitales de provincia que estaban bajo el dominio del Inca, en algunas etnias, como entre los tallanes, mochicas y huancavelicas, se practicaba la poliandria. Estas “kapullanas” (cacicas), dueñas de señoríos, que incluían tanto tierras como “yanaconas” (servidores), no sólo tenían el privilegio de contar con varios concubinos procedentes de rangos superiores al suyo, sino que, al mismo tiempo, de gobernar sobre hombres y mujeres. Ellas eran quienes labraban los campos y beneficiaban las tierras y mieses, entretanto sus maridos permanecían en casa, tejiendo, hilando, enderezando sus armas y ropas, curando sus rostros y haciendo otras labores femeninas.

“En las costas venezolanas la mujer cultivaba los campos y se ocupaba de la casa, mientras que el hombre se dedicaba a la caza. En Nicaragua eran los hombres los que se ocupaban de la agricultura, de la pesca y del hogar; las mujeres se consagraban al comercio”. Y pese a la organización patriarcal de la cultura maya, donde la mujer estaba prohibida de ejercer cargos religiosos, militares o administrativos, las mujeres, en Yucatán, “vendían el producto de su trabajo en los mercados y se ocupaban lo mismo de los hijos que de la economía doméstica, puesto que sobre ellas recaía la responsabilidad del pago de impuestos; que organizaban bailes para ellas solas, prohibidos a los hombres; que se embriagaban en los banquetes entre ellas y que llegaban a pegar al marido infiel” (Séjourné, L. , 1976, p. 131).

Los conquistadores dan cuenta de que en el “Nuevo Mundo” —que sólo era nuevo para los europeos— existían comunidades matriarcales y matrilineales como en el Cuzco y las costas del Pacífico, enfrente de Panamá, donde el heredero de un señor era su mujer legítima y luego el hijo de la hermana. En algunas etnias, las “kapullanas” accedían al poder por la línea de descendencia materna. Es decir, heredaban los cargos que dejaban sus madres, así como lo hacían los hombres por vía paterna.

Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 14/04/2010

Otro rasgo común que caracterizó a las civilizaciones precolombinas era la mujer guerrera. Los cronistas de la época, deslumbrados por el caso, aseveraban haberse enfrentado a mujeres que peleaban con bravura. El conquistador Francisco de Orellana, quien fue el primero en explorar el río de la América meridional en 1540, encontró en las márgenes del río a mujeres que recordaban a las amazonas de Capadocia, a esa casta de guerreras que suponían los antiguos haber existido en los campos heroicos de Asia Menor.

Las amazonas, según refieren los mitos y leyendas, constituían un pueblo de mujeres que formaban un Estado gobernado por una reina; llevaban un escudo en forma de media luna, y que, luego de abandonar a sus hijos, se cortaban el seno derecho para poder tensar el arco y disparar. No en vano cantan elogios a la bella Anacaona, reina de la región más grande de La Española, quien fue quemada viva después de haber logrado imponer, por largo tiempo, en un equilibrio de fuerzas a los ocupantes; una resistencia que las huestes de Pedro de Valdivia encontraron también entre las araucanas, donde guerreó la heroica Yanequeo, esposa de Güepotán, a la vanguardia de un núcleo de puelches para vengar la muerte de su marido, y que por no renunciar a la independencia de su pueblo vivió oculta en los montes.

Si en algunas etnias amazónicas era común que las mujeres participaran en los combates junto a sus maridos, en el incario, las mujeres consideradas varoniles, tenían licencia para mantener relaciones conyugales y participar en los combates, como es el caso de Chañan Kori Koka, quien, de acuerdo a la tradición oral, peleó denodadamente cuando los chancas atacaron el Cuzco.

Otro episodio recuerda que, a la muerte de Pachakutek Inka Yupanqui, las fuerzas incásicas se enfrentaron en “Warmipukara” (fortaleza de las mujeres) a un destacamento de guerreras que vivían solas, como verdaderas amazonas.

    “A tiempo de la conquista española, se informó que entre la gente sujeta a Leuchengorna había una provincia de mujeres exclusivamente, que sólo consentían la compañía de hombres para la reproducción. Los hijos eran en su tiempo enviados a sus padres y las hijas se quedaban con sus madres. También informaron que tenían estas mujeres una reina o cacica llamada Gaboimilla, nombre que tradujeron como ‘cielo de oro’, y que además pagaban tributo a Leuchengorma, generalmente en forma de ropa

    “(... ) La administración incaica no protegía especialmente esta modalidad social, pero había sido bien conocida en las regiones próximas al lago Titicaca y aun eran festejados los contados casos de las mujeres varoniles que iban a combatir a la guerra (... ) Estas prácticas eran más frecuentes entre las etnias sudamericanas que no habían sido sometidas al dominio incaico; así, eran frecuentes en la actual Colombia, donde se capturó una joven de unos veinte años de edad que había matado ya ocho españoles” (Ellefsen, B. , 1989, pp. 308-9).

La invasión española en el siglo XVI, sin duda, modificó la situación de las mujeres indígenas, las costumbres, las creencias y el régimen comunitario de la tierra. De hecho, la administración colonial reservó para las mujeres un lugar secundario y subordinado, debilitando las relaciones de relativa igualdad existentes entre el hombre y la mujer, y asimilándolas a las nuevas modalidades del derecho de herencia.