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Grupo de Cáncer: oncología holística



El manejo del dolor en cáncer y otras dolencias.

jagc
Escrito por jagc
el 14/09/2011

El dolor, su comprensión, sus dificultades y su manejo en la Nueva Medicina Germánica


Cuando se analiza el tema del dolor en la NMG, deben distinguirse claramente dos cuestiones:

1) Su explicación según el programa especial del que forme parte.

2) Su manejo terapéutico.

Es frecuente que la mayoría de la gente confunda o superponga estas dos cuestiones, e interprete la primera en términos de la segunda, o viceversa. Esto se debe, en parte, a que el dolor se interpreta en términos éticos (como algo "malo"), y no en términos descriptivos (como algo que "es"). La NMG, como ciencia descriptiva, no asume posiciones éticas cuando estudia el origen de un fenómeno biológico; y se limita a describir su origen y las condiciones de su aparición y desaparición. Sin embargo, los médicos que practican la NMG tienen un interés práctico o aplicativo: ellos buscan usar la NMG para ayudar a sus pacientes a recobrar la salud. En este sentido, se le da a la NMG una dimensión práctica orientada y dirigida por ciertos valores (la ayuda al prójimo, el mantenimiento de la salud, la superación del dolor, etc.)

Explorar las razones por las cuáles el dolor se asocia con lo "malo" es algo que desborda tanto los límites de la NMG como los de este blog. Su estudio corresponde a la filosofía moral, la sociología o la psicología. Pero para nuestros efectos, debemos tener presente que la mayoría de la gente considera el dolor como algo malo, y en consecuencia, como algo que debe ser erradicado.

En la NMG, el dolor, biológicamente entendido, no es ni bueno ni malo. La NMG descubre que la gran mayoría de los dolores en medicina se producen después de la solución del conflicto biológico, es decir, en la fase de curación. Por tanto, un dolor producido en esta fase puede ser motivo de alegría (y solo en ese contexto se puede considerar "bueno"), ya que es un signo de que la persona solucionó el conflicto , con lo que la enfermedad está en proceso de reparación (lo que no significa que está todavía curada).

Este último punto debe ser bien entendido, porque es frecuentemente malinterpretado (casi siempre, de mala fe). Se afirma que los médicos de la NMG se alegran cuando sus pacientes tienen dolores (implicando tácticamente que tales médicos son perversos, que se alegran con el dolor ajeno). En realidad, el médico de la NMG no se alegra por el dolor en sí (ni mucho menos por el sufrimiento asociado), sino por lo que el dolor representa cuando aparece en fase de curación: que el paciente está biológicamente en vías de curarse.

Un ejemplo lo encontramos en el cáncer de hueso. Durante la fase activa del conflicto desvalorización de sí mismo, se produce una necrosis o descalcificación ósea (llamada metástasis osteoclástica cuando aparece después de ser diagnosticado un cáncer previo). Si el conflicto se resuelve, las necrosis óseas son "rellenadas", mediante la proliferación de células osteoblásticas (llamada metástasis osteoblásticas si previamente se ha diagnosticado un cáncer, por ejemplo de próstata ), y eso produce un dolor (a veces excesivo e insoportable), ya que se edematiza e hincha la membrana que recubre el hueso llamada periostio (que es muy sensitiva por la cantidad de nervios que contiene). Este dolor indica que el conflicto se resolvió, y es por ello que puede ser motivo de alegría u optimismo (y no por el dolor o el sufrimiento en sí mismo considerado)

El sentido biológico del dolor de hueso durante la fase de curación es mantener el hueso inmóvil (evitar que la persona se mueva debido al dolor), y con ello reducir las probabilidades de una fractura patológica (que es muy probable que ocurra, ya que el hueso que se está recalcificando está debilitado por las necrosis previas causadas en la fase activa del conflicto). Si se logra llegar al final de la fase de reparación, sin que el paciente reactive el conflicto o haga otros (lo que ocurre con frecuencia, ya que el dolor intenso, constante e insoportable puede propiciar nuevos conflictos biológicos), el hueso quedará fuertemente recalcificado y más sólido que antes.

Como se puede apreciar, no es el dolor en sí ni el sufrimiento como tal (como tendenciosamente se ha querido presentar con fines desinformativos) el motivo de "alegría" de un experto en la NMG, sino la constatación de que el proceso de enfermedad ha entrado en curación biológica a partir de la solución del conflicto. En la NMG, resolver el conflicto es la condición necesaria (aunque a veces no suficiente) para la curación.

Pero existen otro tipo de dolores que no aparecen en la fase de curación, sino en la fase activa del conflicto. Un ejemplo de ello es la angina de pecho . Esta se produce por “ un conflicto de pérdida de territorio” , que durante la fase activa, genera una ulceración en el interior de las arterias coronarias (con lo que el calibre o diámetro interno de las arterias coronarias se amplía, permitiendo mayor flujo de sangre, siendo este el sentido biológico). Ante la ulceración de las coronarias, el organismo produce un espasmo en la arteria coronaria afectada, y esto es lo que genera el dolor.

La medicina convencional estima que la angina es producto de una obstrucción coronaria; pero en realidad la obstrucción solo aparece en fase de curación (cuando las úlceras de las coronarias han sido "rellenadas"); lo que sucede, es que las personas con este tipo de conflictos frecuentemente recaen en él, y al activarlo tendrán los síntomas de la angina de pecho debido al espasmo coronario (aun cuando tenga obstrucción de las coronarias debida a soluciones anteriores de este conflicto). Este es uno de los múltiples ejemplos en los que la medicina convencional interpreta erróneamente lo que está ocurriendo en el organismo.

Los dolores que aparecen en la fase activa del conflicto, como en el ejemplo antes mencionado, desaparecen con la solución del conflicto. Lógicamente, si la persona recae en tal conflicto, entonces tendrá dolores recurrentes cada vez que entre en la fase activa.

Manejo del dolor en la NMG:

En los textos de la NMG la mención sobre el tratamiento del dolor es algo escasa o insuficiente. De este hecho, algunas personas deducen (erróneamente) que la NMG ignora el dolor, o lo considera irrelevante. Si a este hecho se le añade la propaganda de algunos que, maliciosamente, tergiversan señalando que la NMG se "recrea en el dolor", entonces se ha preparado el terreno para la confusión y la desinformación.

Ciertamente, deberían enfatizarse en los textos de la NMG cuál es el manejo concreto del dolor en cada caso pero esto requeriría un estudio de cada programa especial por separado, e indicaciones precisas del manejo del dolor en cada situación. Y por el momento, no parece existir ningún texto donde este exhaustivo estudio de cada programa especial sea explicado en todos sus detalles, por lo que esperamos que en un futuro se publiquen textos de la NMG que incorporen este desarrollo, orientando así mejor a médicos, investigadores y en general a toda persona interesada en la NMG.

Por el momento, solo indicaremos algunos puntos generales y fundamentales que todo interesado en la NMG debe tener presente.

Para el manejo del dolor en la NMG deben tomarse en cuenta los siguientes puntos:

1) Distinguir en qué fase del programa especial se genera el dolor. Esto es clave ya que, como hemos visto, hay dolores que aparecen en la fase activa del conflicto, y otros que aparecen en la fase de curación. Los primeros desaparecen inmediatamente que se resuelve el conflicto, siendo por tanto la solución del conflicto la primera y más eficaz medida terapéutica contra el dolor.

Los segundos, es decir, aquellos dolores que se generan en la fase de curación, deben ser abordados por medidas externas, siempre que éstas no interfieran con la fase de curación . Y aquí entramos en un capítulo muy difícil en la NMG, que analizaremos a continuación.

2) Los dolores de curación tienen, probablemente todos, un sentido biológico (digo probablemente todos, porque hasta ahora según mi conocimiento, solo se ha discernido claramente el sentido biológico del dolor en algunos casos, como el cáncer de hueso).

Esto significa que el dolor cumple una función biológica, consistente en ayudar al organismo a completar la fase de curación. Es decir que el dolor no ha surgido para "castigar" al organismo, sino para inducirlo (a la fuerza, visto en términos biológicos) a realizar ciertas conductas (ej: quedarse inmóvil), disminuyendo así los riesgos biológicos implicados en la realización de la conducta contraria a la exigida por el dolor.

Desde una perspectiva biológica, esto parece comprensible; los programas biológicos de enfermedad se desarrollaron a lo largo de la evolución sin tener presente la existencia de médicos, veterinarios y especialistas en el dolor. Estos programas se desarrollaron en una forma que fuesen lo más eficaces posible, en el contexto evolutivo concreto de las especies en su interacción constante y dinámica con el entorno.

Que desde la perspectiva intelectual y cultural del ser humano actual, tales programas biológicos sean "feos", "tiernos", "desagradables" o "injustos" es irrelevante, toda vez que la Naturaleza no tomó en cuenta esos juicios de valor al momento de desarrollar sus programas especiales. En este punto, si queremos actuar como científicos, lo más que podemos hacer es intentar comprender lo que ocurre, y dejar de lado nuestras preferencias de lo que "debió" ocurrir, según nuestros personales criterios axiológicos.

3) Pero la anterior observación puede ser satisfactoria desde un punto de vista científico, al tiempo que ineficaz desde un punto de vista práctico: quien padece un dolor intenso y constante, quiere quitárselo. Dado que la NMG tiene aplicaciones prácticas, ella debe confrontar este problema también.

La medicina convencional no tiene este problema, porque para ella es claro que el dolor hay que quitarlo como sea, y dispone de poderosos elementos e instrumentos para ello. Este hecho, sumado a la idea común de que el dolor "es malo" y por tanto hay que quitarlo como sea, es la idea básica que impide comprender la dificultad en el manejo del dolor que se plantea en la NMG (a continuación, plantearé estas dificultades, referida especialmente a los casos más graves, no a los casos leves donde el uso de analgésicos y otras medidas contra el dolor no produce dificultad alguna).

Quien conozca la NMG, entenderá que el tema es muchísimo más complicado, porque en muchos casos, los métodos convencionales para quitar el dolor interrumpen la fase de curación. Si esto es así, entonces al quitarle el dolor al paciente, se le está privando de que complete la fase de curación, y por tanto de que se cure definitivamente. Dado que la medicina convencional, como la mayoría de la gente, desconoce que el dolor forma parte de un programa especial, no ven reparo alguno en quitar el dolor como sea.

De hecho, en casos de cáncer terminal, frecuentemente se piensa " bueno, como de todas formas va a morir, al menos que muera sin sufrimiento" (con lo cual se justifica que el paciente muera tranquilo, sin dolor alguno... Pero muera). Esta visión fatalista es rechazada en la NMG, que considera que muchos de estos casos "terminales" tienen una oportunidad (ciertamente no todos los casos la tendrán), pero quizás el precio biológico que tengan que pagar para la curación sea resistir, temporalmente, un dolor intenso.

En la NMG, el objetivo es lograr la completación del programa especial para que la persona sea curada definitivamente. Solo entonces puede decirse que tal persona está "curada". Pero este objetivo nos plantea algunos problemas, como lo es que en muchos casos debemos elegir entre
1) Sentir un dolor temporal (por más intenso e incómodo que sea) mientras se completa la curación; o 2) Eliminar el dolor, pero a la vez interrumpir la fase de curación, evitando completarla; ¿Cuál cree el lector que es la opción más razonable? ¿Cuál elegiría usted, ante un dilema como ese?

Repito, el dilema anterior solo se lo puede plantear quien conozca la NMG; para quien la desconozca, al no tener conciencia del programa especial, de que el dolor forma parte de él, del riesgo de interrumpir la curación al tratar de suprimir uno de sus síntomas (el dolor), etc. Entonces tal dilema no se plantea, y la solución es tan simple como razonable: usar todos los métodos posibles para eliminar el dolor, al precio que sea (y no hacerlo sería visto como un suplicio innecesario y hasta malévolo) ya que el paciente de todas formas va a morir (en este caso, el dilema planteado para la medicina convencional en casos graves de cáncer sería entre
1) Morir con dolor; o 2) Morir sin dolor; lógicamente, nadie escogería la primera opción).

El escenario ideal sería aquél en el cuál se pudiera eliminar el dolor, al tiempo que no se interrumpa el programa especial. Si esto es posible, sin duda que esta debería ser la primera y mejor opción . El problema es que este tipo de escenarios no necesariamente existen en la realidad, y a veces ésta es más cruda y nos coloca ante situaciones más difíciles y menos idílicas.

Tomando el ejemplo anterior del cáncer de huesos, el dolor se genera como una parte integrante del programa especial, que incluye la edematización e hinchazón del periostio cercano al lugar del hueso donde se produjo la descalcificación, y ahora se produce la recalcificación. La función de ese edema, y del dolor correspondiente, es permitir la total recalcificación del hueso afectado en una forma óptima. ¿Qué pasaría si, para frenar el dolor a toda costa, intentamos destruir el edema y la inflamación? Pues que estaríamos impidiendo que el organismo pueda completar la curación, y estimularíamos una mayor edematización e inflamación de la zona, ya que el organismo haría uso de una mayor cantidad de recursos inflamatorios (con la consiguiente intensificación del dolor) para vencer la barrera que le impide completar la curación.

Como se ve, el descubrimiento de la NMG plantea una serie de dificultades en el manejo del dolor en los casos graves (especialmente en el cáncer). Estas dificultades derivan del riesgo de interrumpir la fase de curación al intentar suprimir, por medios artificiales, uno de los elementos constituyentes de esa fase, como lo es el dolor. Esta es la razón por la cual muchos médicos de la NMG, con el Dr. Hamer a la cabeza, han optado por pedir del paciente una colaboración activa para enfrentar el dolor. Dado que el dolor es subjetivo (en el sentido de ser una experiencia subjetiva, que se tiene en primera persona) y dado que él responde en muchos casos a la "percepción" del paciente, es imprescindible que el paciente entienda todo este proceso, y participe activamente en la completación de la curación de su enfermedad.

Pero aun estas medidas tienen sus problemas:

a) No todos los pacientes tienen la misma resistencia ante el dolor; y no es infrecuente que, ante un dolor intenso, el paciente entre en estado de desesperación, y pida el uso de potentes analgésicos (aun a sabiendas de que esto podría interrumpir la fase de curación, o retrasarla). Con esto, no se logra la completación de la curación, sino que se la prolonga (lo que, a su vez, genera la necesidad de repetir el ciclo)

b) El propio dolor se puede convertir, cuando es intenso, en un conflicto biológico. Esto complica el cuadro original, y puede incluso generar más dolor (si el programa especial activado incluye, en su fase activa o en su fase de curación, dolor)

c) El dolor es solo una parte del programa especial, esto debe tenerse presente. Por lo que si un médico emplea mal la NMG, o cuenta con recursos insuficientes para hacer frente a verdaderas complicaciones serias de la fase de curación (ej: el edema cerebral, complicaciones orgánicas, etc. ), entonces aun contando con la colaboración del paciente para aguantar el dolor, puede éste terminar falleciendo por las complicaciones cerebrales y orgánicas. Y aquí entonces la falsa idea de que la NMG se " recrea en el dolor " pareciera, ante el ojo ignorante o prejuiciado, confirmarse; y a la vez el reproche " si se le hubiese administrado la morfina, hubiese muerto sin sufrimiento" pareciera tener algún sentido (solo aparente, ya que tales reproches son infundados a la luz de la NMG).

Es importante comprender que no todos los analgésicos y medicamentos contra el dolor producen el efecto de interrumpir la fase de curación; y muchos de ellos son habitualmente empleados por los que conocen la NMG. Este artículo se refiere solo a los casos más graves, especialmente a los casos de cáncer, donde la intensidad de los dolores nos confronta con la discusión sobre si deben usarse o no potentes analgésicos, los cuáles, según la experiencia de la NMG, tienen la propiedad de dificultar, interrumpir o retrasar la fase de curación.

En conclusión, el manejo del dolor en la NMG implica:

1) Conocer en qué fase del programa especial se produce el dolor, para intervenir en consecuencia.

2) Usar cualquier método que el médico o terapeuta conozca para paliar el dolor, siempre que estos métodos no interrumpan la fase de curación.

3) Lograr, en la medida de lo posible, la participación activa del paciente (esto vale, en general, para todo tratamiento de la NMG)

Como nota final, me gustaría sugerir a los investigadores de la NMG lo siguiente:

1) Deben investigarse analgésicos alternativos a los ya conocidos, para determinar si ellos producen una interrupción o no de la fase de curación.

2) Debe sistematizarse el uso de tales medicamentos, según el tipo concreto de programa especial (ya que lo que funciona en uno puede no funcionar en otro)

3) Deben investigarse otros métodos, diferentes a los medicamentos, para hacer frente al dolor. Aquí no se descarta el uso de métodos psicológicos, el empleo de la acupuntura (que según algunos estudios es muy eficaz para el dolor), o de métodos naturales.

Lo anterior debe ser explorado exhaustivamente, teniendo siempre en mente la aproximación al escenario ideal antes comentado: lograr reducir el dolor lo más que se pueda, sin interrumpir con ello la fase de curación . En otras palabras: completar el programa especial con el menor dolor e incomodidad posible. (Esto, por razones prácticas y éticas; aun cuando se esté actuando contra natura , en el sentido de actuar para suprimir, o al menos modular, algo previsto por la Naturaleza como son los dolores de fase de curación. En algunos casos, como en éstos, parece existir un imperativo ético que obliga al ser humano a actuar en contra de lo que la Naturaleza ha programado)

De lograrse esto, daríamos un "salto cuántico" en la optimización de la terapia de la NMG.

https://nuevamedicinahamer.blogcindario.com/2008/11/00040-el-dolor-su-comprension-sus-dificultades-y-su-manejo-en-la-nueva-medicina-germanica. Html