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Grupo de Sociología del derecho



EL HALLOWEEN Y NUESTRAS TRADICIONES.

ALBERTO
Sociología universidad de costa rica
Escrito por Alberto Acuña Araya
el 31/10/2011

LA INCULTURACION ESTA MATANDO A LATINOAMERICA MAS QUE LAS ARMAS, Y LA CULTURA SE HA VUELTO ELEMENTO DE LAS CLASES DOMINANTES PARA LOGRAR SU OBJETIVO.

EL HALLOWEEN

Un país que no se estima a sí mismo. Eso me parece mi país, cuando veo a las gentes correr a celebrar una fiesta extraña a nuestra sensibilidad, a nuestras tradiciones, a nuestro ser latino. Hace más de 30 años vi por primera vez a los gringos de nuestros barrios elegantes de de nuestro país celebrar jubilosamente su fiesta. Iban por las casas del barrio buscando los objetos más extraños. Tenían que conseguir tres de ellos para seguir en el juego, en la fiesta. Se disfrazaban, naturalmente. Luego vi salir en lo mismo a los "pudientes" del barrio. Pasados algunos años, aumentó la cantidad de niños disfrazados. Pedían ahora chocolates, galletas. Luego dieron dinero. Poco después, niños no favorecidos por la fortuna, aprovechaban la noche para mendigar monedas vestidos con tristes harapos, no disfraces, a la voz de halloween. La fiesta se ha generalizado ahora. El otro fin de semana los periódicos estaban llenos de avisos de clubes celebrando la fiesta de los gringos. Parece de buen tono hacerlo. Un amigo gringo me hizo la observación: " ¿Por qué este país adopta tan fácilmente una costumbre típica de otro país de mentalidad y cultura distinta?". Entonces he recordado que en el extranjero nos preguntan a menudo si nosotros somos colonia de los Estados Unidos. Se recorre países grandes y chicos de América Latina y en todos ellos encuentra un pueblo orgulloso de su propia tradición, un pueblo que por ende, rechaza cuanto sea importa­ ción de costumbres extrañas. Y esto es lo que debe ser. Tener el sentido de la nacionalidad no consiste en aplaudir las frías paradas escolares y los aburridos discursos que son la celebración obligada, oficial, formal, del día patrio y alguna otra fecha nacional. El sentimiento de la nacionalidad no se enriquece recitando lugares comunes sobre nuestro país.

Esa fácil gozadera bajo el grito de "Halloween", que da tristeza oír hasta en los güilillas que nos piden un diez esa noche, acusa coloniaje espiritual, vasallaje moral, no por inadver­ tido menos peligroso. El espíritu nacional queda abolido bajo la palabra y la celebración. Vacío de tradiciones profundas, un país como el nuestro no cultiva ni música, ni canciones, ni bailes nacionales. Quienes en nuestro país se han dedicado al cultivo del folklore, escasos de genio creador y cultura artística, han convertido la falsa indumentaria que le encaraman a la pareja de campesinos, en un fardo de cintajos y colorines que corrompe más y más el gusto de las gentes ingenuas. Se escuchan además ahora unos discos en que alguien trata de imitar el supuesto canto de los hombres del campo. En ciertos programas de televisión se exhibe el pueblo nuestro con rasgos de grosería y plebeyez absoluta. El débil folklore, lo criollo auténtico, va a ser destruido precisa­ mente por los que, sin cultura y sin atenta investigación del fenómeno, lo deforman y desnaturalizan, en lugar de afinar una estilización de buen gusto, de calidad artística noble.