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El día de la Tercera Edad y Pensionados

JORGE ENRIQUE
Bachillerperiodista emilio cifuentes
Escrito por Jorge Enrique Pimentel Briceño
el 26/08/2012

A partir de Marzo de 1. 996 se estableció que el último domingo del mes de Agosto se celebrase en Colombia El Día Nacional de las Personas de la Tercera Edad y del Pensionado, en concordancia con la Ley 271 de ese año.

Para dar cumplimiento a tan generoso y humanitario acto, el Estado, las familias y la sociedad deberán aunar esfuerzos tendientes a la protección y asistencia de las personas de la denominada tercera edad. El Estado les garantizará los servicios de seguridad social integral y el subsidio alimentario en caso de comprobada indigencia.

Estas señales de humanismo contemporáneo, no son sino paliativos intrascendentes. Si hay una población de veras vulnerada es la de los adultos mayores, en forma inaudita desprotegidos no solo por sus propias familias sino por una deficitaria ayuda estatal, ante la mirada desapacible de la sociedad en que permanecen cautivos. Esa misma sociedad que ayer no más contribuyó con sus ideas, con su cerebro y músculo en la formación social que hoy disfrutan los herederos.

Y ese mismo Estado “protector” es el que trama cómo restarle ingresos a las pensiones y sacarles a todos del bolsillo, mes a mes, impuestos para halagar a los adiposos monopolios internacionales --como Creg-- que vive de chuparle la sangre, cual feroces sanguijuelas, a los pobres ciudadanos que no tienen un organismo decente que los defienda, pues el Congreso es sucio.

La descendencia de aquellos seres que coadyuvaron con esfuerzos y lágrimas en la concreción de los conceptos de nación y familia, muy pronto olvidaron esos valores.

Y las autoridades locales, departamentales y nacionales que debieran estar pilosas en el cumplimiento de las ofertas legales para que no sean una burla más de las tantas con los ancianos han experimentado en su discurrir por este insólito planeta del olvido y la injusticia, brillan por su miopía.

Imploremos porque los abuelitos vivan alejados de este mundo macondiano que les acelera nocivamente su pausado corazón, que hace lento y pausado su caminar, y que les proporciona un incontrolable temblor a sus manitas dispuestas, siempre juntas, en oración al cielo implorando a la Providencia menos olvido, menos dolor, y pocas briznas de amor y de comprensión, virtudes éstas muy lejanas, totalmente inoperantes por allá, en los límites humanos de la venerable senectud.

Jorge Pimentel Briceño.

jorgepimentelb@yahoo. Com