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Grupo de EXPRÉSATE COLOMBIA



El desamor en San Valentín también anida

JORGE ENRIQUE
Bachillerperiodista emilio cifuentes
Escrito por Jorge Enrique Pimentel Briceño
el 08/02/2014

“Una carta de amor no es el amor, sino un informe de la ausencia” M. Benedetti

Confiando en que un día regreses a la estancia que preserva tu imagen y te añora, espero que leas las notas dejadas en la memoria del ordenador, en “algo para recordar”, enseguida del último poema de Neruda, tantas veces leído y disfrutado.

Mientras ordeno las confusas imágenes que tu partida ha proyectado, inclino la cabeza sobre el hueco de la almohada en que antaño apoyabas la tuya; y me sorprende la aurora de un nuevo día con la página apenas iniciada del cruel “informe de la ausencia” de que hablara Benedetti. Ordenaré tan solo algunas ideas mientras en reverente silencio acepto lo que aprendimos de Picasso y que tiene mi cabeza dando vueltas: “el amor no es lo mejor, es lo único”.

Así es que para comenzar quiero que sepas que el célico ambiente que colmaba la estancia, ahora de grises y sombrías imágenes está poblado. Se extinguió la claridad iluminada por tu presencia, y reconozco, con melancolía, que se opacó como la luz menguante de la luna compañera; y que mi enamorado corazón, tu fervoroso amante de ayer, indómito se resiste a aceptar la sobredosis de indiferencia que me tienes recetada.

Sin desearlo, comienzo a repasar los desatinos que mediaron a tu huída, y discuto conmigo tu peregrina idea de llamarnos amigos a futuro; idea que advierto rayana en lo imposible. Confieso que debe ser una divertida charada llamarte amiga, mientras que me vedas el deseo de aspirar tu perfume, de escuchar tu cantarina voz, y cuando me robas la calidez de tu piel durazno inflamando mis sentidos. Dicha sugerencia pareciera ser un placebo para aburridos amantes en retirada, o la triste concreción de un interludio sabático, imposible de proyectar con nuestras generosas edades a cuestas. Es pretender que nos dispensemos todo el tiempo del mundo para arreglar nuestras diferencias, sin haber escanciado aún la copa que Eros nos dejó servida.

Empiezo a entender que tu ausencia está tras un fortín inexpugnable que hubiera franqueado en otras épocas, más no ahora. Desestimar los pasos que me llevaron hacia ti, olvidar los que diste hacia mí, e ignorar los que dimos entrelazadas las manos, será una tarea inútil que, a cambio, suma lastre a mi aflicción, y reafirma en mí la idea de que un día sin ti, es un día perdido

La larga historia de desenfrenada pasión y de maravillosos banquetes al amor ofrendados, fue rudamente truncada. Permanece sí, en fotografías casuales, en cuadros colgados en el estudio, en corredores y alcobas, pero como ves, congelados en el tiempo, sin vida. Hasta los punteros del reloj apuntan estáticos la aviesa hora de tu partida: eran las cinco y treinta en punto de la tarde, como en el poema de Federico García Lorca.


Como a Frida Kahlo, también en nosotros “se rompieron las horas” irremediablemente.