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Grupo de Política latinoamericana



El Antagonismo y La Represión, dos factores fundamentales para el atraso Latinoamericano

Francisco
Lic. en contaduria yucatan
Escrito por Francisco Carrysales
el 20/12/2010

Las repúblicas latinoamericanas desde su nacimiento han presentado un espectáculo de tristeza y de dolor, a los partidarios de las instituciones del mundo.


Su historia general han sido de anarquía y de sangre, con muy pocas paginas que no causen horror y disgusto, las luchas de los partidos que en cualquier país democrático del primer mundo, aparecen como tormentas al estilo Reality Show.


En nuestra latinoamericana es diferente como se han señalado anteriormente en nuestras repúblicas per-mea un espíritu de feroz intolerancia y del mas cruel antagonismo. Por lo tanto muy poco de nosotros podemos hacernos una idea justa, del contexto real.


En Latinoamerica el primer esfuerzo de un partido político no es solamente de oprimir, si no la destruir a su opositor. Y no vacila en adoptar las mas extremas medidas de confiscación, destierro y muerte para alcanzar sus miras. Tan pronto como toma el poder se hace absolutamente tirano y despotrico, el que tiene principios u opiniones contrarias a la facción dominante, ocultan sus pensamiento o acciones. Eso so pena de perder sus propiedades o la vida.


Las consecuencias son claras y evidentes el odio la intriga, la desconfianza y la revolución son la hieles que corren por nuestras tierras. Aquí con negros torrentes mediante una complicada prensa, y la energía que se agota en la forma, sin tocar el fondo o se pierde en inútiles reverberaciones, en la bóveda de nuestras salas legislativas.


Aquí se irrita el corazón del hombre que se siente victima de una proscripción u opresión. Esta intolerancia impide la existencia de los partidos políticos que se precien de serlo, y que son la salvaguarda de nuestros libres y comunes intereses, y necesariamente de su saludable existencia.


Privados de una libre expresión de opiniones, y embarazadas de un acción legitima toda oposición se dirige a promover en secreto un conclave, y sus medidas llevan la forma si no ocultas su espíritu de traición, que descubierta se sigue la persecución, la muerte, la denostacion o la humillación.


Es imposible que se conserve el hombre de la oposición aunque justo y puro, en sus procedimientos tiene necesariamente que hacerse conspirador, y cada conspirador, es por igual necesidad feroz en suspicacias que a su vez cuando llegan peligros positivos o ficticios entabla una larga serie de crueles venganzas, todo bajo su distorsionada óptica y cruel visión de la realidad.


Los desastrosos resultados de estas condiciones y de estas practicas constantes, de diferentes ideologías, son no solamente perniciosos al sistema político en general a cada una de las partes, a las instituciones, al régimen de derecho y a la ley.


Esa sagrada intangibilidad que después de dios debía recibir el respeto y obediencia de los hombres, ahí pierde su divinidad y confundida con la tiranía, y las malas pasiones, e impulso de los hombres que debiendo ser ministros imparciales, emplean su poder mas que para depravados objetos y acciones y pierde el completo respeto y dignidad.


Aquella religiosa diferencia de donde obtiene su majestuosidad y fuerza sin la cual degenera en un pretexto y es totalmente nulificada, y la sociedad se envuelve en un caos de confusión, donde los señores, se sobrepone al derecho, sean estos de una u otra ideología.


Donde ni la vida ni la propiedad son seguras, donde ni el honor ni la virtud ni la sabiduría pueden sobrevivir.


Alejandro Sosa
Ciencias medicas universidad nacional ...
Escrito por Alejandro Sosa
el 20/12/2010

Francisco, amigo, alguien me invito a este grupo, ví luz y entre a este debate.

El tema es muy interesante, por algo debes decir lo que dices, mas allá de las palabras.

Los Latinos debemos sentirnos todos satisfechos de nuestra raza y por ahí empieza la cosa.
Hay un poco de secuela de la feroz colonia ibérica que sufrió nuestra tierra, luego prolongada en sujetos que entendían que hubiesen mas dependencias, mientra tenemos todos los elementos para ser una de las regiones importantes del mundo, es más no creo que seamos " 3er mundo" en este momento, estamos en una etapa de transición, intentando crear nuestro propio modelo de funcionalismo e ideológico que no tiene relación ( a mi entender ) con las ideologías provenientes de Euroasia y de USA.

Ya que preguntas, el problema que debemos superar un poco mas es de cierta bilolaridad, hoy en la Euforia y dentro de un rato en un augero. No es así la realidad, es mas equilibrada.

La corrupción hace bastante mal en todos lados, pero a nosotros un poco más, hay que dajarla de lado, y es responsabilidad del pueblo. Claro, el pueblo, a su vez debe dejar las ilusiones y las teorías conspirativas que intentan venderle continuamente, para participar, elaborar y elegir a sus representantes.

Un abrazo, Alejandro.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 21/12/2010

Mis disculpas Francisco, estoy muy atrsada con los correos y recien lo descubro. Excelente amigo. Ya volvere por aqui.

Bendiciones.

Alejandro Sosa
Ciencias medicas universidad nacional ...
Escrito por Alejandro Sosa
el 21/12/2010

Hay que tener en cuenta el extenso sufrimiento por centurias del pueblo latinoamericano.
Quienes utilizan la represión, no hacen otra cosa que repetir lo que sufrieron sus ancestros.
Es un modelo aprendido, que no sirve más.
La reacción a la acción, como las que veo en ciertos debates acerca de una persona muy controvertida, por mas que razonables,no las comparto, pues solo es una pérdida de tiempo.

Fijense, en Argentina, el fallecimiento del ex-Presidente Kichner, lo que logró fue inestabilizar la oposición, la cúal en gran parte estaba preparada estratégicamente para enfrentarse con él.
Y la propuesta? Y el modelo?

Lo significativo, lo que da esperanza razonable, basado en un principio de realidad, es la construcción.
Construir es lo mas difícil, pero es lo que permite dejar de dar vueltas en círculos, y en cambio ir dando pasos a objetivos concretos, de cada país y cada nación lartinoamericana.

Mas allá de la ideología, nuestros países tienen problemas semjantes: Desigualdad en la distribución de la riqueza, concentración de mucho poder y dinero en manos dudosas, una clase política subdesarrollada, un periodismo veleta, probreza, indigencia, condiciones desiguales para la oportunidad de una educación, problemas con las condiciones sanitarias mínimas, etc, etc.

No es indispensable renunciar a la corrupción, no solo dejar de ejercerla, sino no ser cómplice. Basta de esto.

Debemos reconocer nuestra identidad personal con claridad, y sin renunciar a ella, trabajar sensatamente en equipo mediante acuerdos claros y con los pies en la tierra.


Un gran abrazo, Alejandro.

Alejandro Sosa
Ciencias medicas universidad nacional ...
Escrito por Alejandro Sosa
el 21/12/2010

Aprovecho, a quién este interesado, invitar a este debate continuo en el grupo Cambalache, que ya viene hace un tiempo tratando de discutir lo que sucede en el mundo, en función del Mundo Hispano Americano:

https://grupos.emagister.com/debate/panorama_politico_economico_social_hispano_americano_wikileaks_guerra_de_poderes_en_eeuu_/32721-749264

Gracias, Alejandro.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 22/12/2010
El movimiento anarquista no sólo sigue teniendo mucho para decir y hacer al respecto sino que, además, emerge fortalecido y tonificado de sus aparentes cenizas. Ello ocurre en un punto de cruce históricamente ubicable y en el que, no exclusiva pero sí fundamentalmente, se combinan la implosión del bloque soviético, el fracaso de las inflexiones neoliberales en que terminó desembocando la reestructuració n capitalista y el renovado empuje de los movimientos sociales de base como expresión de resistencia y de cambio.

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Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 22/12/2010


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 22/12/2010

Hacia principios de los años 90, los aburridos profetas del statu quo, del inmovilismo y de un mañana sin novedades decretaron, en forma optimista y desaprensiva, que había llegado el fin de la historia. Según ellos, no había entonces más incógnitas que descifrar ni sorpresas por esperar y las pautas básicas de organización del futuro se encontraban ya inscritas en forma indeleble en las experiencias de las sociedades humanas, aunque todavía no lo estuvieran en sus himnos y en sus banderas. Las utopías debían rendirse a las evidencias y ya no quedaba nada más o menos ambicioso que todavía fuera sensato discutir: el capitalismo sería la configuración culminante y definitiva, entre las muchas históricamente constatables o simplemente imaginables, de organizar la producción, la retribución, el intercambio, el consumo, la distribución, la acumulación, etc. ; y, paralelamente, la democracia representativa, liberal y parlamentaria se confirmaría como su insustituíble hermana siamesa en los términos políticos correspondientes. Los mercados “libres” territorialmente ampliados sustituirían muchas de las prerrogativas antiguamente asignadas a los Estados y los “derechos humanos” de primera generación habrían de constituirse en el desideratum superior irrebasable de convivencia y de preservación de las garantías individuales. La “globalización” económica, política y cultural -tan irrefutable como deseada- se sugería, se insinuaba y comenzaba a mostrarse cual piedra de toque y contraseña del último empuje civilizatorio que fuera posible concebir. Los EE. UU. , por supuesto, y también los países europeos más “avanzados”, eran percibidos como la realización anticipada de ese futuro universal -a la vez presentido y ya presente- y sólo restaba aguardar la fuerza de su ejemplo y el recorrido entusiasta y convincente que las demás sociedades habrían de emprender en idéntica dirección. El recetario prescrito por el llamado Consenso de Washington, debidamente administrado por los organismos multilaterales de crédito y comercio hegemonizados por los EE. UU. , recomendaba a las sociedades “rezagadas” el ascenso de Sísifo, el camino del “ajuste estructural” perpetuo como estrategia infalible de desarrollo mientras los países de vanguardia -orientados por los principios de eficiencia, lucro y progreso- se ocuparían de una incesante innovación tecnológica capaz de multiplicar hasta el infinito la productividad, la disponibilidad de bienes, la excelencia de los servicios e incluso la “calidad de vida”. El Muro de Berlín -ese inefable tributo arquitectónico a la estupidez autoritaria- se había desmoronado piedra sobre piedra y, según los embaucadores y las pitonisas de turno, con él se derrumbaban y se sepultaban irremisiblemente, ¡Confusión de confusiones! , también todas las promesas de emancipación sembradas a lo largo de los siglos por las distintas corrientes revolucionarias, libertarias y socialistas con sus correspondientes antecedentes.

Pero los tiempos que sucedieron a tanto y tan intenso extravío del pensamiento dieron un rotundo mentís a los augures de la nueva pax romana que se nos prometía. Los años que siguieron a la estrepitosa caída de esa soberbia ilusión que se acunó en el bloque soviético fueron cualquier cosa menos la satisfecha consagración del nuevo y definitivo orden mundial que se nos anunciaba. Y no se trata, obviamente, de hacer ahora una enumeración exhaustiva de los muchos desmentidos empíricos recogidos por la cansada fantasía liberal, pero bien vale la pena recordar algunos de los contrapuntos más notorios y revivir, junto al inconciente y descuidado alborozo que significó la inauguración del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México, la irrupción zapatista en las “celebraciones” del mismo desde las entrañas de la Selva Lacandona ; o las grandes huelgas que en Francia y Corea opusieron cerrada resistencia a reformas de signo “neoliberal” en el campo de la seguridad social y de los contratos laborales, respectivamente; o los levantamientos populares en Indonesia y Ecuador que pusieron en jaque los equilibrios político-institucion ales de ambos países; o, en fin, tantos otros susurrantes o clamorosos embriones que en un lado o en otro se encargaban de anunciar, soterradamente o a campo traviesa, la posibilidad de otro futuro a través de innumerables movimientos de crítica, de impugnación y de alzamiento.

Movimientos sociales aluvionales y vigorosos reclamaban aquí y allá la posibilidad irrenunciable de escribir su propia historia al tiempo que los cimientos financieros de ese mundo feliz y jubiloso comenzaba a mostrar los primeros temblores de su frágil peripecia. La Arcadia reconquistada de los “libres” mercados capitalistas, la democracia “representativa” y la “globalización” -siempre sazonada con la apropiación indiscriminada y comercial de la naturaleza- veía oscurecerse, a partir de su propia lógica de desenvolvimiento, sus efímeros días de vino y rosas: la burbuja financiera colapsaba primero en México, en 1994, con su correspondiente “efecto tequila”; luego, dejaba un profuso tendal de damnificados en el sudeste asiático durante 1997; casi enseguida, en 1998, marcaría con sus huellas a Rusia y; por último, se instalaría con sus premuras y desquicios en Brasil, Argentina y Uruguay, desde 1999 en adelante. Como confluencia y culminación provisoria de la nueva secuencia de agitación social y de la correspondiente a los problemas “internos” del mito “globalizador” , el siglo XX termina no sin antes haber testimoniado el fracaso de los intentos por avanzar hacia la conformación de un mercado mundial y, en el mismo acto, haber sumergido también en la pila bautismal al llamado, apropiada o impropiamente, movimiento “anti-globalizació n”. En diciembre de 1999, en Seattle y en ocasión de la reunión de la Organización Mundial de Comercio, se replanteaba una vez más -ahora sin centro político alguno, afortunadamente- la emergencia de una oposición “global” al nuevo orden y la confirmación apabullante de que la historia no tiene final: una contestación radical y libertarizante comenzó a extenderse por doquier y a ofrecer un renovado aliento a la utopía.


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 22/12/2010

Movimiento de multitudes y multitudes en movimiento también en América Latina y en tanto respuesta a las devastadoras consecuencias de casi tres décadas que, por doquier, se engalanaron de “ajustes estructurales” de signo neoliberal; impuestos los mismos primero a horcajadas de las dictaduras militares de los años 70 y sostenidos luego en forma imperturbable por sucesivas restauraciones “democráticas” hegemonizadas por los nuevos elencos tecnocráticos de los partidos políticos cuando no maceradas por una escandalosa corrupción. El tiempo de los Castelo Branco, de los Banzer, de los Videla y de los Pinochet es hoy un recuerdo pesadillesco cuya impronta no tuvo más significado que la de descuartizar por medio de la fuerza bruta y el crimen los niveles de organización y lucha alcanzados por los movimientos populares de base durante los años 60 y principios de los 70. Inmediatamente después, el tiempo de los Menem, los Salinas de Gortari, los Collor de Mello, los Sánchez de Lozada y los Fujimori, no hizo más que dejar tras de sí el sabor de la desolación. Acentuación de la desigualdad social y de la pobreza, discriminació n y marginación, precarización del trabajo, declinación de las funciones instrumentales y simbólicas del Estado, desequilibrios en las finanzas públicas, colosales endeudamientos, entrega de las riquezas, depredación del medio ambiente, etc. , fueron y son sólo algunos de los efectos más notorios de una crisis de mayor hondura cuya comprensión final incita ahora mismo a la reanimación y la recreación de proyectos de transformació n social profunda.

Las complejas y diversas razones que mediatizaron a los movimientos sociales -durante un período más o menos largo, pero que se sintió como interminable- parecen haber sido superadas una a una y el ánimo de la revuelta recorre una vez más estas tierras. Son las sociedades lúcida y corajudamente movilizadas las que buscan nuevos derroteros para la protesta, superan las barreras de la represión y del miedo, pasan por encima de los bretes y promesas de una izquierda burocratizada e integrada al sistema. Son las sociedades empeñosa y enérgicamente movilizadas las que una vez más asumen las condiciones que les permiten obstaculizar y frenar planes gubernamentales más regresivos todavía que los que ya tuvieron que soportar. Son las sociedades movilizadas, entonces, las que, finalmente y en el grado máximo de las tensiones alcanzadas hasta el momento, se permiten la sublime irreverencia de derribar al gobierno argentino en diciembre de 2001 y al gobierno boliviano en este octubre de 2003. Es en el seno de estas tierras latinoamericanas que renuevan sus posibilidades y apetencias transformadoras; en el seno de estas sociedades movilizadas y en ebullición; en el seno, entonces, de sus luchas concretas e inmediatas y de sus sueños de largo alcance en el que es posible y necesario replantearse una vez más los horizontes, los caminos, los sujetos, las prácticas y los problemas de un cambio social revolucionario.

El movimiento anarquista no sólo sigue teniendo mucho para decir y hacer al respecto sino que, además, emerge fortalecido y tonificado de sus aparentes cenizas. Ello ocurre en un punto de cruce históricamente ubicable y en el que, no exclusiva pero sí fundamentalmente, se combinan la implosión del bloque soviético, el fracaso de las inflexiones neoliberales en que terminó desembocando la reestructuració n capitalista y el renovado empuje de los movimientos sociales de base como expresión de resistencia y de cambio. Este nuevo flujo movilizativo a escala mundial es conciente, al menos en algunos de sus segmentos más significativos, de que, en su arsenal de opciones, ya no es posible el rescate sin más o la réplica acrítica de las alternativas revolucionarias hegemónicas durante los años 60 y 70 del siglo pasado, fuertemente emparentadas con las inflexiones estatistas, centralizadoras y militaristas de ese “socialismo” realmente inexistente que acaba de fenecer. Pero, al mismo tiempo, es un flujo movilizativo que, por lo menos en buena medida, se desarrolla también a partir de algunas nociones básicas -acción directa, autonomía, autogestión- que nos son históricamente familiares y que incluso constituyen algunos de nuestros principales rasgos de identidad. Es un flujo movilizativo que parece querer inaugurar una épica propia, más definida todavía por sus rechazos y repulsiones que por los caminos concretos que habrá de seguir; pero en el que, sin lugar a dudas, un movimiento anarquista remozado como el actual encuentra naturalmente un espacio de diálogos y de intercambios al que concurrir con su perturbadora y radical visión del futuro: incorporando sus propios recursos doctrinarios, su propia experiencia histórica y una trayectoria a la que podrán imputársele numerosos fracasos pero nunca una apetencia de poder que lejos estuvo de aflorar alguna vez.


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 22/12/2010

Sin embargo, esta época turbulenta y fermental, estos movimientos pujantes y arremetedores, nos encuentran en una situación en la que el pensamiento y las prácticas anarquistas ya no pueden cifrarse ni alentar expectativas solamente en una repetición monótona de su pasado sino, antes bien, en un intenso proceso de reactualizació n y clarificación; el que, a su vez, reclama no esfuerzos aislados sino una asunción colectiva amplia, no la pereza de quedar librado a mágicas casualidades que todo lo resuelven en un místico acto de inspiración y de genio sino la laboriosa osadía de concebirse expresamente como tal. Ese proceso de reinvención libertaria ha ofrecido ya múltiples y significativos empujes y ha permitido abrir espacios de experimentaciones y de búsquedas que no carecen de logros ciertos; pero que, incluso así, dista mucho de ofrecer todavía un producto coherente y capaz de ocupar el lugar vacante que alguna vez ostentaron el anarcosindicalismo y el “especificismo” como modelos sólidos y seguros de organización y acción. En otras palabras: ese proceso de renovación imprescindible -intuitivamente asumido como tal desde hace ya décadas- presenta altibajos notorios, no ha sido concientemente asumido por todo el movimiento con la misma intensidad y, por consiguiente, no ha consumado todavía un cuerpo de ideas que pueda funcionar como paradigma revolucionario, como referente en el que encontrar un conjunto de respuestas básicas articuladas y también una matriz desde la que procesar los problemas sobrevinientes y las elaboraciones por venir.

En el contexto de su renovación, nuestro movimiento ha dado lugar a una multitud de expresiones que a veces se nos aparece como inacabable y que exacerba hasta el infinito diferencias y matices a los que les cuesta encontrar las articulaciones y los nexos que serían de desear. El nuestro es, por lo tanto, también un tiempo en el que las crisis de orientación más generales y la fragmentación de la vida cotidiana se reflejan a su modo en la propia arquitectura interna del movimiento libertario; en sus expresiones múltiples y en la proliferación de prioridades muchas veces irreductibles entre sí. Esa diversidad y esa dispersión no tienen porqué ser vistas como una calamidad a dejar atrás cuanto antes, sino que bien pueden ser asumidas en tanto un recurso más de fecundidad toda vez que se sepa qué hacer con ellas y cómo servirse de sus potencialidades. Sin embargo, los riesgos se vuelven mayores cuando las mismas reproducen en términos organizativos y prácticos una cierta e inocultable confusión, cuando delatan un desarrollo apenas incipiente de intercambios teórico-doctrinarios que no acaban de encontrar sus cauces más provechosos y cuando ponen de manifiesto una cierta preferencia por la disipación entrópica de energía antes que por la reunión de nuestras fuerzas. Es cierto que con diferencias reales de un país a otro y con desniveles reconocibles en cuanto al desarrollo de ese proceso de renovación; pero, así y todo, creemos no estar demasiado lejos de la realidad si afirmamos que ése es el panorama general sobre el cual debemos modelar el movimiento anarquista del futuro inmediato.

Esto parece ser particularmente tangible en América Latina donde, con evidentes pero muy escasas excepciones, nos encontramos con un movimiento abrumadoramente joven; y que, precisamente por eso, todavía está tentando delinear sus perfiles básicos, su ubicación concreta en las luchas circundantes de las que forma parte y las orientaciones o prioridades que habrán de distinguirlo. La experiencia ya acumulada no es en absoluto despreciable y lo es menos todavía si incluímos en ella la larga y rica trayectoria del anarquismo histórico a la que siempre es posible y necesario apelar; pero no parece ser suficiente todavía frente a un mundo que se ha vuelto repentinamente más complejo y quizás más desconocido, delante de un paisaje cargado de incertidumbres y misterios en el que se esfuman y extravían los viejos itinerarios prefijados. Todo ello vuelve apremiante un repaso ordenado y conjunto de nuestro actual patrimonio doctrinario básico, de nuestras posibilidades y de nuestros problemas; un repaso en el cual reconocernos y que, lejos de constituir un catecismo inapelable, sea percibido como una agenda, como un orden del día provisorio y discutible a partir del cual entablar una trama colectiva de diálogos y de enriquecimientos. Ésa y no otra es la tarea impostergable a la que, con estos apuntes, se pretende contribuir.


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 22/12/2010

Pero hay aún otro aspecto que no es de provecho descuidar. Este repaso, esta imprescindible puesta a punto de nuestro actual patrimonio doctrinario básico no sólo es una agenda de discusión interna al movimiento sino que también puede y debe transformarse en una seña de identidad y en una carta de presentación de nuestra especificidad ideológico-polí tica en la ebullición social del continente. Y, lo que es tanto o más importante todavía: dadas algunas de las características de los movimientos sociales de nuevo tipo que nos son claramente familiares; dada también la ausencia de un paradigma revolucionario claramente hegemónico detrás del cual hacer confluir esperanzas y “disciplinas” militantes, como lo fuera en los años 60 y 70 del siglo pasado; dado además este manifiesto clima de experimentaciones y de búsquedas que parece sernos aproximada y tendencialmente favorable; dados, por añadidura, estos vacíos ostensibles de caminos seguros y probadamente eficaces; en virtud de todo esto, entonces, ese mero repaso puede constituirse también en una referencia que vaya más allá e incluso bastante más allá de nuestras propias “fronteras” específicas como anarquistas de tomo y lomo. Y esto no es un invento ni una quimera sino una simple constatación: hoy mismo es posible encontrar, en distintos lugares de América Latina, espacios de recreación de prácticas sindicales no burocráticas, asamblearias y de base; instancias de organización territorial que se conducen según principios de apropiación “municipalista” de su vida cotidiana; grupos estudiantiles que pregonan afanosamente una concepción distinta de la educación; núcleos ecologistas, feministas o anti-militaristas que también se orientan conciente o implícitamente desde formulaciones libertarizantes o proto-anarquistas. Nutrirse de estas experiencias, asignarles un sentido común y vincularlas en una formulación ideológica compartida es también uno de los objetivos posibles para el punteo que inmediatamente se hará y para la discusión que a través suyo se pretende detonar. Ha llegado el momento, entonces, de abordar -en su declarada condición de apuntes iniciales- esos horizontes, esos caminos, esos sujetos, esas prácticas y esos problemas del cambio social revolucionario en América Latina.


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 16/01/2012

Como no hay mas deseos de participacion.-