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Grupo de Poemas y versos de todo el mundo

David Felipe Guevara
Bachillerato cufetva
Escrito por David Felipe Guevara
el 23/04/2010


Obras

Sexo y saxofón, Trece poetas nadaístas, El oso y el colibrí, De la nada al nadaísmo, Providencia, Obra negra, Fuego en el altar, Los nadaístas, Los ratones van al infierno.

Me parece hoy sentir a Gonzalo Arango haciendo crujir sus huesos en su campo de aterrizaje, porque su amigo el poeta Jotamario insiste en exponer sus cueros al sol de la eternidad, publicando esos textos perdidos que tanto conmovieron en su momento los pálidos corazones de su generación. Porque fue toda una generación la que este nuevo flautista de Hamelin atrajo hacia el camino que no conduce a ninguna parte, y aún no acabamos de llegar.

Si Gonzalo Arango en vez de pensador hubiera sido asesino como Barba Azul, ladrón como Genet, traficante de armas como Rimbaud, para no hablar de otros delitos no por atroces menos impunes, no habría dado con su saco de huesos en la cárcel en tres ocasiones, para enfrentarse a las terribles torturas físico- patológicas que se dan en nuestras guandocas. La sociedad medellinense y la apatía nacional permitieron que nuestro profeta se fuera de bruces contra la sordidez del hampa criolla en purgación de penas, por el delito múltiple de haber concebido, redactado, firmado lacónicamente por LOS NADAÏSTAS; impreso en mimeógrafo y distribuido en una sesión académica un manifiesto cagado en contra de la solemnidad vociferante de whisky con agua bendita de los escritores católicos del sacro lar, en la por entonces ciudad de la eterna primavera y no del verano sangriento. Menos mal que la voz vibrante de Alberto Zalamea en un editorial de la Revista Semana y las gestiones de abogado de Alberto Aguirre lo salvaron a tiempo de ser pasado por las armas de los atorrantes, aunque no alcanzaron a impedir que fuera despojado de la pana de su chaqueta.

Pero como no hay condena que dure cien años ni escritor que se resista a la tentación de contar su experiencia, el trauma carcelario de Gonzalo, que tantas secuelas dejó en su buena memoria, le sirvió para escribir estas 200 páginas por encargo para el semanario Contrapunto de Jaime Soto. Este defensor de la moral y la fe pública se echo la bendición, se lavó las manos con jabón Pilatos, pero publicó puntualmente los 16 capítulos del folletón hasta que a la propia revista le pusieron su tatequieto. Con el producto de su prosa tuvo Gonzalo para comer durante cuatro meses lo que no comió en prisión. Y de paso aprovechó para enjuiciar a Colombia y a sus jueces y carceleros. Ocasión feliz además para escribir algunas de las mejores páginas elegíacas del idioma, como las dedicadas a su padre caminando de madrugada por las calles sin Dios con una maleta, las patéticas dedicadas al sacrificio de Raskolnikoff, su lobo pulgoso, o aquellas socarronas de emocionada gratitud hacia El Barroso, su defensor eficaz contra los conatos de violación y posterior ejecución de los hermanolos.

En 1972 Jaime Jaramillo Escobar me hizo donación de sus celosos Archivos del Nadaísmo que él había compuesto y guardado con su proverbial rigor durante los 13 años que llevaba el “inventito” en funcionamiento. Carpetas rotuladas año por año, periódico por periódico y poeta por poeta del movimiento, y naturalmente la obra publicada en prensa y revistas por Gonzalo era la más copiosa. Con ella preparé la antología de la obra iconoclasta del profeta, publicada por Carlos Lohle en Buenos Aires en 1975, que hoy se vende en Medellín como bazuco en la puerta de una escuela en impecable edición pirata bajo los semáforos. Trataba con este libro titulado Obra Negra , en momentos en que se nos resbalaba hacia una literatura de salvación y preñada de buenas nuevas, de rescatar para el mundo que iba quedando atrás la parte de la obra que los nadaístas remachados considerábamos eficaz de nuestro demoledor amigazo.

Dentro de esas carpetas venían las páginas recortadas con la crónica integra –aunque a decir verdad interrupta por la quiebra editorial- del paso apabullante del profeta por ese infierno que los presos llaman La Ladera. En otra carpeta aparecía una hoja con el tronco de Gonzalo pintado por Fernando Botero, su compañero en la ciudad de Antioquia y Lovaina, que se había quedado en turno de publicación en la revista Nadaísmo. Con el producto de la venta de esa hoja, que días después descubrí en la casa de un pintor avaluada en varios millones, pagué tres meses de arrendamiento de una choza en el Parque Nacional, compre una máquina de escribir igualita a la del profeta, que le envidiaba, dispuse para el alimento y me dediqué de lleno a pasar en blanco la mentada Obra Negra.

Han pasado casi 20 años –de los cuales el profeta lleva 15 en la eternidad-, y aquí estoy otra vez sentado sobre las mismas posaderas, frente a la máquina de escribir original de Gonzalo Arango que terminé por heredarle, preparando la edición de las Memorias de un Presidiario Nadaísta. Como en aquellos día, los ojos se me llenan de nubes al contemplar en perspectiva esta generación nadaísta que la vida se ha ido llevando en los cuernos. Ya empitonó al profeta, a Amilkar Osorio y a Darío Lemos, y se abren las apuestas acerca de a quién apunta la próxima embestida.

Que en este libro vea Medellín como escarneció a su profeta. “Medellín, a la que tanto amo, por la que tanto muero”. Y cómo él, en medio de su amor la maldijo entre dientes tras las rejas de su alma. Y como no hay deuda ni pena que no se cumplan ni se paguen, somos ahora testigos del Karma humano. Una ciudad que condena a su poeta a la irrisión, está condenada a su vez a ser pasto de las fieras.

Jotamario Arbeláez,
Bogotá, 1991

Este texto fue publicado en el prólogo del libro GONZALO ARANGO - MEMORIAS DE UN PRESIDIARIO NADAÍSTA, Ediciones Autores Antioqueños, Volumen 65, Medellín, 1991. Colección auspiciada por: Instituto para el Desarrollo de Antioquia –IDEA-, Fábrica de Licores de Antioquia –FLA-, Beneficencia de Antioquia –BENEDAN-, Empresas Departamentales de Antioquia –EDA-.

Texto Cortesía Fundación Casa del Nadaísmo

David Felipe Guevara
Bachillerato cufetva
Escrito por David Felipe Guevara
el 23/04/2010

MEMORIAS DE UN PRESIDIARIO NADAÍSTA

Capítulo 1

Por razones nadaístas, a veces justas y otras no, he ido aparar tres veces en la cárcel. De eso hace varios años, y para reconstruir estas memorias lo hago con ayuda de la imaginación. Es más seguro decir que la realidad es algo inventado. Pues si digo que la realidad es verdad, me llevan a la cárcel por cuarta vez. Pero yo no soy santo ni bobo para sacrificarme por esa cosa tan falsa como es “la verdad” en Colombia.

Cinco años de delincuencia

Mi carrera de delincuente extraordinario empieza en la Bella Villa de Medellín en 1960, año del Jubileo. Hacía dos, en 1958, mis amigos y yo habíamos fundado el Nadaísmo, y después de los primeros aspavientos publicitarios, empezó su fulgurante estrella a languidecer. A pesar de nuestras cabezas alocadas, peludas y desafiantes, los antioqueños se resignaron a soportarnos sin trabajar, y nos fueron olvidando. Para nosotros era una iniquidad que la prensa no hablara mal del nadaísmo siquiera una vez al día. Esto nos puso furiosos. Por lo tanto, se imponía a marchas forzadas la necesidad de un milagro para resucitar el mito, pues ya los poetas del grupo se estaban “colocando”, y algunos decididamente enamorados amenazaban con casarse. Si no poníamos otra vez de moda el viejo famoso slogan de “somos geniales, locos y peligrosos”, entonces se consumaba la devaluación del nadaísmo como “revolución al servicio de la barbarie”.

¿Qué hacer?

Gonzalo Arango por Fernando Botero.

Ateos pidiendo milagros

Como siempre fuimos muy devotos y comulgadotes, le pedimos a Dios un milagro. A los pocos días sucedió. “El Colombiano” lo anunció a siete columnas en su página de “Vida Parroquial”. Allí leímos: “ ¡Medellín, sede del Congreso Nacional de Escritores Católicos! ”. Los nadaístas nos miramos en silencio, y a pesar de que ya no creíamos en Dios “por la pica”, para vengarnos de la castidad y las torturas del Seminario-, le dimos las gracias porque se dignó escuchar nuestras plegarias.

Los Gerentes y la Curia iniciaron los preparativos para que el Congreso resultara muy solemne, según se usa en el pueblo antioqueño. Coltejer y Fabricato se disputaban con cartelones de trapo la propaganda, y de paso aprovechaban para recordar a los fieles que además de salvar el alma, buscaran el nombre de “Fabricato” en el orillo de la tela, o que “Coltejer” es el primer nombre en textiles.

El mimeógrafo de Carlos Jota

Entretanto, los nadaístas buscábamos un mimeógrafo por cielo y tierra para estampar nuestras cositas en un volante, pero nadie quería hacernos el favor. Nosotros decíamos que era para sacar unos poemas, pero nos mandaban con esa música a otra parte. Al fin fue uno de los poetas del grupo que trabajaba en Coltejer, el que arriesgó el empleo para sacar de noche el “Manifiesto Nadaísta al Congreso de Escribanos Católicos” en el mimeógrafo del primer nombre en textiles. Nosotros somos así, muy irónicos y con un alto voltaje de humor negro. Pero de esto y de todo era ignorante don Carlos Jota.

Al fin llegó el famoso día de instalación. Medellín se embanderó de sotanas de curas y de monjas. En todas las filiales de “Andi” y “Fenalco” se izó piadosa y mística la flamante bandera nacional, al lado de la antioqueña cuyos colores simbolizan: ¡Virtud y Trabajo! Era sobrecogedor. Los antioqueños y los nadaístas estábamos muy emocionados. Los escritores colombianos suspiraban felices como ruiseñores en la primavera de Junín, y el hotel Nutibara –el más oligarca de Medellín- despedía un aroma de convento medieval: poesía, concupiscencia y santidad.

En el bar, bajo los parasoles de la piscina, grupos de vates de todos los rincones de la patria susurraban y liquidaban botellas de whisky por cuenta de los industriales antioqueños, mientras sus miradas se extasiaban con beatitud en los traseros de las castas antioqueñitas que, ese día, como “por casualidad”, habían ido a la piscina a dorarse las excelsas virtudes de la raza, para inspirar a los idealistas poetas católicos. No es imposible que algunas de ellas se llamaran Teresa, en vista de la presencia de Eduardo Carranza, que precisamente se bebía todo el jerez de su madre España.

El Espíritu Santo en apuros

Ese día de gloria para la cultura antioqueña, “El Colombiano” había copado toda la edición con fotos de curas y poetas, y cada uno le decía en el saludo que era el mejor en su género. O sea, que este no era un concilio de poetas católicos, sino de poetas geniales. En fin, que bienvenidos a la cuna de la cultura católica, que era un honor, y que a nombre del inmarcesible pueblo antioqueño elevaban al cielo sus preces para que el espíritu santo iluminara sus cabezas y sus corazones, pues esos terribles comunistas y esos bárbaros nadaístas ni siquiera tenían papá.

(Yo no sé lo que pensó el pobre Espíritu Santo con semejante compromiso en que lo puso “El Colombiano”, pero si ÉL es inteligente como supongo, pienso que llamo uno de los suplentes de la Santísima Trinidad para encomendarle el trabajito).

Yo personalmente no me enojé con el insulto de que no teníamos papá. Eso era más o menos cierto, pues el mío por fortuna ya estaba muerto. En cuanto a mi madre, que en paz descanse, si estaba viva y era más camandulera que toda la Venerable Curia Arquidiocesana. Tanto que les voy a contar: Cuando el viejo se murió de 76 años, nos dejó una finquita de herencia para repartir entra la vieja y trece hijos. Valía como diez mil pesos, era toda su fortuna por haber trabajado honradamente. Cuando se lo comió el cáncer se ganaba trescientos pesos en la Contraloría. El no pudo ascender mucho porque era muy trabajador y muy honesto. Los liberales lo habían echado del puesto de telegrafista en 1930, por godo. Como se quedó más varado y más embargado que una nómina de maestro de escuela, se tuvo que ir para una finca a peoniar. Eso duró todos los días y todos los años hasta 1946, en que gracias a Dios se cayeron los liberales, y los godos le volvieron a ofrecer un puestecito. Pero la desgracia fue que durante esos dieciséis años se le olvidó la telegrafía de tanto echar azadón, por lo cual lo nombraron secretario de algo. Como no ganaba gran cosa, hubo en la familia una verdadera hecatombe de matrimonios para que los más grandes nos cedieran la cuchara, los calzones viejos, y el cartapacio para ir a la escuela.

Vargas Vila Luterano

David Felipe Guevara
Bachillerato cufetva
Escrito por David Felipe Guevara
el 23/04/2010

Vargas Vila Luterano

Mi padre se sostuvo en el puesto hasta que se lo comió el cáncer. El pobre ya estaba muy cansado y deteriorado. A pesar de que era muy religioso nunca le alcanzaba el sueldo para pagar los diezmos y primicias a la Santa Madre Iglesia, y cuando se murió, a mi madre se le metió en la cabeza que mi pobre padre se había atrancado en el Purgatorio a causa de los diezmos. Entonces decidió vender la finquita de la herencia por cinco mil pesos al contado, más o menos lo que sumaba un sueldo por año durante toda su vida. Mis otros hermanos estuvieron de acuerdo en que había que pagarle al viejo el seguro de vida eterno para que pudiera subir el otro ladrillo hacía la gloria celestial. Pero como yo ya había leído a Vargas Vila, me opuse rotundamente. Mi madre guardaba la herencia en una maleta en billetes de a cinco listos para entregarlos al padre Ferro, un cura italiano, párroco de nuestra iglesia del barrio de Boston, en Medellín, Yo, por razones vargasvilescas, me oponía a que le regalaran al cura italiano ese montón de plata. Mi madre alegaba que el viejo estaba secuestrado en el purgatorio y que según las cuentas que habían hecho ella y el padre Ferro en el confesionario, Dios Nuestro Señor lo podía poner en libertad por esa suma. Entonces yo le propuse una fórmula de conciliación, de sabor humanitario y cristiano, que consistía en enviar los cinco mil a manera de diezmo al hospital de Andes nuestro pueblo. Ella negó la fórmula alegando que una cosa era el hospital, y otra cosa era lo que había que hacer, o sea, llevarle la maleta al padre Ferro, en la casa cural de Boston.

¡Adiós dulce hogar!

La terquedad de mi madre me enfureció, y no me quedó más remedio que decirle:

-Oye mamá, ¿Y si va y el viejo está en el infierno…?

Más me valía no haber nacido, porque mi madre se puso a chillar, a rezar, a maldecirme porque yo era un hijo desnaturalizado; que como se me ocurría pensar esa cosa infernal de mi padre que era tan bueno, tan cumplidor del deber, tan practicante de los mandamientos de Dios, que precisamente sólo había cometido un pecado contra los de la Santa Madre Iglesia y que por eso se iba a morir de sed en el purgatorio, si yo no dejaba llevar la maleta ya mismo…

Como mi madre tenía fe de carbonera y se estaba volviendo loca, yo le dije:

-Está bien, haz lo que te de la gana, pero te juro que el cura se va a comprar un Cadillac con la platica del viejo, ¡Maldita sea!

Como mi madre adoraba al padre Ferro me echó de la casa por comunista y yo me fui.

David Felipe Guevara
Bachillerato cufetva
Escrito por David Felipe Guevara
el 23/04/2010

El gusto por las faldas, herencia única

Ese mismo día pagó el rescate del viejo y se sentía Dios en el paraíso. Al otro día me hizo telefonear a la universidad para decirme que me perdonaba y que volviera a casa. Pero yo estaba muy verraco y me aguanté. De noche dormía en mi oficina de la biblioteca donde trabajaba pues, quién lo creyera, yo era entonces profesor de retórica. Sólo tres días después la camisa se puso puerca y volví al hogar. Mi madre me abrazó, lloró, ahora gracias a Dios todo iba okay en el cielo. Pero lo que mi madre no sabía era que al viejo le encantaban las mujeres. Y esta debilidad del viejo fue para mí, en vista de la maleta esfumada, toda la riqueza que heredé.

Yo ya era nadaísta cuando a mi madre se la comió otro cáncer. El poeta Amilkar U, y yo, la llevábamos por la mañana a la iglesia para que no la pisaran los carros, y regresábamos por ella al anochecer. A veces se nos olvidaba y algún policía le hacía el favor de pasarla de una calle a otra. Cuando le conté a Amilkar la historia de la maleta, dijo esto:
-Para mí que doña Nena tiene el complejo de Electra Teológico con el padre Ferro.

Mi madre siempre nos decía de viaje a la iglesia que el padre Ferro era muy buen mozo y muy santo, como san Agustín, pero a mi me parecía un viejo adiposo y muy bruto, por lo cual Amilkar hacía la broma de que yo simplemente estaba celoso.

(Digo esto a ver si su reverencia ilustrísima se enoja y me envía la parte de mi herencia, pues estoy más pobre que un poeta. Su eminencia y yo sabemos que mi padre por ese asuntico de las mujeres no está en el purgatorio, sino donde sabemos).

Bueno, ésta era mi madre. Por desgracia para su alma, no dejó al morirse ninguna finquita para sacarla del purgatorio. Por lo demás, ella ya había purgado infierno y purgatorio juntos soportándome a mí sin trabajar, sin sueldo y sin hacer nada. Ella pensaba que yo me había dedicado a nadar y que por eso mencionaban mi nombre en la radio como “nadaísta”.

Como no sabía leer, nuestro único diálogo se limitaba a rezar el santo rosario, para lo cual me despertaba de mis borracheras vitalicias levantándome del pelo. Yo debía hacer todas las noches este sacrificio a cambio de la dormida, la comida y un paquete de “Pielroja” los domingos después de misa.

David Felipe Guevara
Bachillerato cufetva
Escrito por David Felipe Guevara
el 23/04/2010

Escritores Católicos

Sólo se dio cuenta de que el nadaísmo era cosa muy fea, cuando oyó en los radioperiódicos la noticia de que yo estaba preso en “La Ladera”, como un vulgar ladrón de repollos. Pero era por otra razón: por lo del bendito Congreso de Escritores Católicos, instalado solemnemente a las 3 de la tarde en el Paraninfo de la Universidad de Antioquia, repleto de frailes y de poetas, de monjas y de ministros de Dios y del trabajo. Le había tocado al pobre Otto representar al Ejecutivo en ese acto de lirismo eucarístico; lo mismo al doctor Panesso Robledo el honor de representar al liberalismo, y todos los otros inteligentes de la plana mayor de la cultura que tenían de católicos lo que yo tenía de arzobispo.

Quiero decir que todo el mundo se escandalizó de verme allí, pero yo me aterré más de ver a todo el mundo con esos aires de sacristanes arrepentidos. Al único que no vi fue a Vargas Vila, y eso porque ya estaba muerto. En una palabra allí estaban todos los que son.

Otto, al verme a veinte metros me abrazó con una cálida sonrisa episcopal, como pidiéndome disculpas, mientras el gobernador Alberto Jaramillo Sánchez consagraba la patria a la Virgen del Perpetuo Socorro, y en suntuosas metáforas pedía perdón a los curas por el indio Uribe y los otros apóstatas del azufrado Olimpo Radical, pues según sus profecías ya Colombia marchaba sobre ruedas con el Frente Nacional y con el Sagrado Corazón de Jesús a la cabeza haciendo de locomotora. Lo demás, señores y señoras, era pura paja y poesía.

Nadaístas Infiltrados

Los intelectuales católicos antioqueños (perdón por el pleonasmo) al verme muy estoico y recostado contra una pared del Paraninfo, pensaron que yo al fin me había arrepentido y me invitaron a tomar asiento al lado del venerable clero. Yo dije que no era digno de semejante honor y que para comenzar a espiar mis pecados de insurrección, prefería la penitencia de escuchar siete discursos de pie, inclusive el de Otto.

Mis amigos nadaístas si estaban sentados, mimetizando sus revueltas cabelleras en los crespones negros de infinitud de sotanas, a la espera de que el gobernador Jaramillo Sánchez –príncipe clerical del liberalismo de La Montaña- terminara su discurso y llovieran las aleluyas de la beatería, pues lo que iba a suceder sucedería durante los aplausos, o sea, el delito ese del que me hicieron reo de sacrilegio.

David Felipe Guevara
Bachillerato cufetva
Escrito por David Felipe Guevara
el 23/04/2010

Amilkar Judas

Olvidaba decir que en el plan nadaísta previamente convenido hubo un Judas que nos traicionó, el poeta Amilkar U quien no cumplió la cita en el Paraninfo. Esa tarde resolvimos expulsarlo del movimiento por cobarde, después, al saber la causa de su deserción lo perdonamos, pues resulta que la mamá le había capturado prematuramente la hojita mimeografiada del “ Manifiesto Nadaísta a los Escribanos Católicos ”, y ella lo amenazó con que si no le confesaba la verdad le daría ataque al corazón. Amilkar, que siempre ha sido un hijo cariñoso por sus años de seminario en Jericó, le tuvo que confesar la pura y santa verdad, y el ataque le dio con mayor razón, por lo cual a la hora de los discursos Amilkar estaba como loco de parroquia en parroquia buscando un confesor para su agónica muerte.

Al fin tronó, relampagueó y cayó un aguacero de aplausos sobre el religioso paraninfo, y sucedió lo que tenía que suceder. Lamenté mucho no haberme podido quedar al discurso de Otto que seguía en turno, pues con esa “literatura de alcantarilla” con que los nadaístas dimos la bienvenida a los congresistas, mi presencia allí no sólo resultaba sospechosa sino francamente un atentado contra la higiene, pues aquello empezó a perfumarse como una catedral en semana santa durante el sermón de las siete palabras. Fue por estética, querido Otto y no por tu discurso por lo que me fui, y aquí te pido perdón en esta crónica.

Supongo que mientras el risueño ministro del trabajo del señor Lleras invocaba las luces de la Divina Providencia, y sindicalizaba a los poetas bajo el obediente patrono del Niño Jesús de Praga (no el comunista sino el católico) yo iba con mi amigo Cachifo, por los lados del manicomio en un taxi, rumbo al barrio de Aranjuez, donde él tenía una amante que apodaba “La Lora”, y donde en calidad de prófugos de la poesía y la catolicidad íbamos a pedir asilo.

“La Lora”, ¡Por Cristo bendito que no era tal lora! Era una víbora. Cachifo me advirtió que era mejor no decir nada, pues la tal lora era muy rezandera como corresponde a una dama antioqueña, por demás virtuosa como la lora, a pesar del cariño que le dispensaba. Así que para que no nos llevara el diablo, mi amigo dijo a su amiga que habíamos venido de paseo. La tal visita pronto generó en una fiesta con botella de aguardiente, pasillos, bambucos, y la radionovela de rigor en La Voz de Antioquia. Y por la noche, nada menos. Ya que los nadaístas éramos por aquella época muy abnegados y solidarios, íbamos a dormir con la lora “menage a trois”, porque sólo había una cama, y para que, según el bueno de Cachifo, “ El Pobre Gonzalo no se aburra en el exilio ”. Todo era de perlas y yo me sentía feliz con tan lindas y amorosas perspectivas, si por desgracia el maldito programa de bambuco no se hubiera interrumpido para emitir un boletín extraordinario, urgente, insólito, ¡La hecatombe! El indignado locutor aullaba, pateaba, se desgarraba la garganta trasmitiendo la abominable noticia contra “un irrespeto, un increíble sacrilegio perpetrado contra el magno Congreso de Escritores Católicos por la pandilla de antisociales llamados “Nadaístas” encabezados por el sujeto Gonzalo Arango, que en este momento es perseguido por toda la ciudad para capturarlo vivo, muerto o borracho. También las magnas tradiciones católicas del pueblo antioqueño han sido ultrajadas. ¡El cielo clama venganza! Alerta, católicos de Medellín, las autoridades legítimamente constituidas para la defensa del orden y de la fe, solicitan a la ofendida ciudadanía colaborar en la captura del sacrílego apache y sus compinches, para lo cual deben llamar a los teléfonos tales y tales…

La lora parlanchina

“La Lora” se tragó la lengua al oír la noticia, y como, naturalmente su cerebro era de lora se le ocurrió la idea genial de llamar por teléfono para entregarme a la policía. Cachifo le expuso a su adorable e indignada Dulcinea todas las razones razonables que pudo inventar para que desistiera de la burrada que iba a cometer, alegando en mi favor que el nadaísmo era la cosa más espiritual del mundo, que yo era mejor poeta que Julio Flórez a quien ella tanto admiraba; que yo, allí donde me veía, o sea en su propia casa, era nada menos que amigo íntimo del doctor Otto Morales, ese que es Ministro; que yo además era dramaturgo (“ ¿Ya no recuerdas que vimos juntos en el Teatro Ópera la obra “HK-111” representada por “El Búho? ”). Y como si no fuera suficiente, él es “ el profeta de la nueva oscuridad ” o sea, el fundador del Nadaísmo, cuya definición es: “ un psiquiatra aplicando choques de insulina a la Virgen de los Milagros ”… Como “La Lora” no acababa de digerir estas locuras y persistía en su propósito, Cachifo apeló a la última razón que le quedaba, y la durmió de un tierno puñetazo en el pico.

David Felipe Guevara
Bachillerato cufetva
Escrito por David Felipe Guevara
el 23/04/2010

Perdón inesperado

Los nadaístas seguimos escondidos. Los estoicos congresistas seguían deliberando de día y emborrachándose de noche. En una de las agitadas sesiones, un grupo de poetas propuso la conveniencia de excomulgar a los nadaístas por intermedio de la Curia, pero algún iluminado tomista se opuso a la excomunión con la tesis muy radical de que precisamente era eso lo que nosotros buscábamos, o sea, el martirio, que por lo tanto, el castigo debería consistir en no excomulgarnos. Después de sacramentales debates que hicieron oscilar el destino eterno de los nadaístas entre el purgatorio y el infierno, se impuso la tesis sustentada por el poeta Carranza, a nombre del grupo de piedra y cielo, y finalmente se optó por el olvido y un piadoso perdón, lo que significaba que los nadaístas éramos condenados implacablemente a volver al cielo folclórico de Carrasquilla y de nuestros abuelos.

¡Por Cristo que fue toda una derrota para nosotros, y un triunfo nocturno para los “escribanos”! Al fin se clausuró el concilio. En las conclusiones finales los congresistas, para pagar el inolvidable weekend y el whisky del Nutibara, ratificaron una vez más la consagración de Colombia al Corazón de Jesús y propusieron como ejemplo a las futuras generaciones esos epónimos varones inmortales de la raza, paradigmas de virtud y sabiduría, sobra decir que esos eran Monseñor Félix Henao Botero y el profesor López de Mesa. Los muy canallas ni siquiera me mencionaron.

David Felipe Guevara
Bachillerato cufetva
Escrito por David Felipe Guevara
el 23/04/2010

Prisión también inesperada

Después del cóctel de clausura ofrecido por las Rentas Departamentales, a base de Ron Medellín Añejo con agua mineral bendita antes del acto por el Rector Magnífico, con el fin de que el ron no hiciera estragos en las mentes de los poetas, no fuera que se les ocurriera la pecaminosa idea de darse un paseito por las casas de perdición de Lovaina, y devolverlos castos al seno de sus esposas, que fue precisamente lo primero que hicieron al regresar a sus respectivas sedes y hogares.

Cuando la villa recuperó su ritmo industrial y todo lo del “sacrilegio” parecía haberse esfumado parejo con el humo de las chimeneas, Cachifo y yo nos montamos en el bus de retorno rumbo a Junín, exactamente al Bar Metropol, sede de nuestras reuniones convulsionarias. Qué alegres íbamos esa mañana como si nada, felices después de unas vacaciones en la casa de La Lora, que al final fue doblegada su terquedad de entregarme a la policía cuando se despertó al otro día muy encantada entre dos poetas en calzoncillos. Tuvo que reconocer que nunca se había sentido tan respetada y “atendida”, como dicen en Antioquia.

Así que, al apearnos del bus, Cachifo fue a reconciliarse con su familia, y yo me fui a tomar tinto y a tacar una partida de billar-pool para desentumecer el esqueleto después de cinco días de encierro. Ya estaba saboreando mi pocillo de café cuando noté que cuatro tipos ensombrerados me miraban muy raro desde otra mesa, como si les debiera o les cayera gordo. El más ensombrerado de todos llamó a la salonera, mi noble amiga Amantina que hasta me fiaba, y le preguntaron no sé qué. Ella me miró y dijo con la cabeza que sí. Entonces yo lo comprendí todo en un santiamén pero ya era muy tarde para huir, pues en ese momento el sombrerón mayor se me acercó, me puso unas esposas, y me dijo sinceramente:

- ¡Queda detenido!

Yo ni siquiera protesté. Todo lo que sentí en ese momento fue un deseo infinito de orinar.

Gonzalo Arango

Este texto fue publicado en el libro GONZALO ARANGO - MEMORIAS DE UN PRESIDIARIO NADAÍSTA, Ediciones Autores Antioqueños, Volumen 65, Medellín, 1991. Colección auspiciada por: Instituto para el Desarrollo de Antioquia –IDEA-, Fábrica de Licores de Antioquia –FLA-, Beneficencia de Antioquia –BENEDAN-, Empresas Departamentales de Antioquia –EDA-.

Texto Cortesía Fundación Casa del Nadaísmo

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Jorge Fritz Weldt
Magister en gestión educacional la rep...
Escrito por Jorge Fritz Weldt
el 23/05/2010

EL NADAISMO...

Precioso tu ramo de rosas blancas -símbolo emblemático de la virtud. - Rosselbery.

El nadaismo es una manifestación intelectual que nace como protesta de la vida

chusca ,isípida, vegetativa, discordante de la razón, alienante, que toman como modelo

los habitantes de este mundo, Se enraíza en el arte y la literatura. Es la reacción típica

y cíclica de los descontentos sociales, que emergen de la consciencia de la humanidad

en los paíces del mundo,dando un estado de alerta antes del caos general que se les

viene encima. Primahermana del anarco-sindicalismo,de las sociedades de socorros

mutuos, de la "sociedad de igualdad" creadas por Arcos y Bilbao en Chile a mediados

del siglo XiX. ,muestran su rebeldía en favor de los cambios sociales,a su manera desde

luego. JORGE,

Jorge Fritz Weldt
Magister en gestión educacional la rep...
Escrito por Jorge Fritz Weldt
el 24/05/2010

EL NADAÍSMO:

Los poetas y escritores,con sus aportes críticos al medio socio-político les ha tocado
vivir, sólo apartan ingredientes al estallido social ,a la Revolución -pero no la hacen
en sus cofradías y cafés, de los pueblos y ciudadesque frecuentan. Sólo fomentan el descontento social en la instancia intelectual,en los corrillos universitarios,en los
pasquines en que se les da espacios... ,son las organizaciones obreras,campesinas
estudiantiles e intelectuales que,bajo una dirección política central,conduce aquel
movimiento o al fracaso o a la victoria... JORGE.

Rosselbery Arboleda Ayudémonos Siempre Con Gratuidad
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Gracias mi ternuras por ayudarme con tus comentarios tan importantes, no te olvides de estar SEGUIR VISITÁNDOME, me encanta tu forma de expresión, sabes? Eres muy intelectual mi querido señor, te quiero mucho amiguito, me sonrío cuando apareces, esto porque me agrada verte, gracias de nuevo.


Silvia Rodriguez
Criminalistica deempresa
Escrito por Silvia Rodriguez
el 27/05/2010

EL NADAISMO



En Medellin, una de las ciudades más tradicionales de Colombia, apareció en 1958, en la papeleria y tipografia Amistad, un folleto de 42 páginas titulado Manifiesto Nadaista, firmado por gonzaloarango (sic). El diseño de los títulos era pueril y varias de las ideas perfectamente razonables. Pero a partir de allí un vasto movimiento de agitacion intelectual iba a ocupar un papel preponderante en el panorama cultural colombiano.

"El Nadaismo, en un concepto muy limitado, es una revolucion en la forma y en el contenido del orden espiritual imperante en Colombia. Para la juventud es un estado esquizofrenico consciente entre los estados pasivos del espiritu y la cultura", anunciaba la primera página del texto, el cual procedía luego, aduciendo en su respaldo citas o menciones de Mallarme y Sartre, Breton, Kierkegaard, Kafka, Gide y Spencer, a formular un vasto programa de subversion cultural (estetico, social y religioso) que, apoyándose en la duda y en los elementos no racionales, y teniendo como armas principales la negacion y la irreverencia, el desvertebramiento de la prosa y el inconformismo continuo, buscaba el cuestionamiento de una sociedad, la colombiana, en la cual "la mentira está convertida en orden".

Había, ciertamente, elementos de gran validez en esa formulacion y una conciencia muy aguda de sus limitaciones: "La lucha será desigual considerando el poder concentrado de que disponen nuestros enemigos: la economia del país, las universidades, la religion, la prensa y demás vehículos de expresion del pensamiento. Y además, la deprimente ignorancia del pueblo colombiano y su reverente credulidad a los mitos que lo sumen en un lastimoso oscurantismo (...). Ante empresa de tan grandes proporciones, renunciamos a destruir el orden establecido. Somos impotentes. La aspiración fundamental del nadaismo es desacreditar ese orden".

Esta generación "frustrada, indiferente y solitaria", como se autocalificaba, que coqueteaba con el suicidio y encontraba en La nausea de Sartre su Biblia, se proponía en consecuencia "no dejar una fe intacta, ni un idolo en su sitio", mediante una actitud iconoclasta que se expresaría simultáneamente en dos campos: el literario y el vital. El primero gracias a la revista Nada, anunciado organo del movimiento que sólo habría de volverse realidad doce años después con la aparición de Nadaismo 70 (8 números entre 1970 y 1971), y lo segundo a través de un comportamiento humano abierto y en ocasiones desenfrenado que ya desde el primer momento buscaba mediante su vinculación con los jóvenes, los coca-colos de entonces, una vasta irradiacion.

Este combate, que tomaba en cuenta tanto las precarias condiciones de la educacion colombiana como las limitaciones de una literatura oscilante entre lo folklorico y lo regional (combate condenado de antemano tanto por los defensores de "lo autoctono" como por los partidarios de "la realidad histórica y social"), tenía el atractivo de presentarse como algo exento de dogmas. Apertura que hallaba su punto de partida no en una idea abstracta sino en una realidad exacerbadamente personal. Así las páginas finales estaban dedicadas a un bastante narcisista "Esquema para una definición de mi existencia", en el cual gonzaloarango a los 26 años (tenía, en verdad, dos más) repasaba, a todos sus niveles, su vida, para concluir en una esperanza de superación mediante una nueva fe y una nueva belleza ("-El Nadaismo-. Mi última oportunidad"), como no dejaba de proclamar, en tono algo melodramatico.

Más valiosas en realidad resultaban las líneas finales del citado Manifiesto, en las cuales, preguntándose hasta dónde llegarían, respondía en forma premonitoria: "El fin no importa desde el punto de vista de la lucha. Porque no llegar es también el cumplimiento de un destino". Esta permanente indefinición es la que a lo largo de los años les ha permitido continuar en la brega. Las 12 líneas que monsieur Larousse (según dicen ellos) les pidió para su diccionario nunca fueron escritas y en dicho humor, exasperante para los hombres de una sola pieza, reside quizá una de las mayores virtudes de este movimiento, en ocasiones singularmente creativo y en otras completamente erratico y, lo que es más grave, filosofante y trascendental, como lo atestiguan varias disquisiciones "humanisticas" y "metafisicas" de su fundador.

Silvia Rodriguez
Criminalistica deempresa
Escrito por Silvia Rodriguez
el 27/05/2010

https://www.tareaescolar.net/tareaescolar/espanol/EL%20NADAISMO. Htm


Gonzalo Arango (1931-1976) y el clima nadaista

¿Quién era entonces el autor de estas páginas, en las cuales la agudeza convivía con la retorica y la exaltacion tendía a convertirse en slogan? ¿Quién había redactado esas frases felices en las cuales el razonamiento subyacente dejaba, en realidad, bastante que desear -que contagiarían de entusiasmo a un buen número de adolescentes allí en Medellin y más tarde suscitarían, a todo lo largo y ancho del país, el fervor y el rechazo, infundiéndole a nuestro anemico horizonte vital indudables fulgores y osadias?

Había nacido en Andes, Antioquia, el 18 de enero de 1931, en medio de una familia puritana de provincia. Clase media burguesa, anota él mismo. Su padre, telegrafista primero y más tarde burócrata conservador, ganaba a su muerte, en 1953, 300 pesos mensuales para sostener trece hijos. Estudiante de primaria con los Hermanos Cristianos y más tarde estudiante de bachillerato en el Liceo Antioqueño de la Universidad de Antioquia, donde tuvo como compañero al pintor Fernando Botero, Gonzalo Arango alcanzó hasta tercer año de derecho en la citada universidad, abandonando su carrera, según diría más tarde, debido a cierta inclinación suya a torcerlo todo.

Profesor de literatura y bibliotecario en la ya mencionada universidad, sus primeras colaboraciones aparecen en el suplemento literario de El Colombiano, periódico conservador cuyo suplemento dirigía Eddy Torres. Allí escribe reseñas convencionales, como la que el 6 de octubre de 1955 dedica a analizar la influencia de Mientras agonizo de William Faulkner en La hojarasca de Gabriel Garcia Marquez , a la cual sin embargo elogia de modo caluroso.

Se había unido antes, en 1953, al MAN, la tercera fuerza que el entonces presidente de la república por golpe militar, el general Gustavo Rojas Pinilla, promovió, en contra de los dos partidos tradicionales, liberal y conservador. Corresponsal del periódico La Paz, organo de dicho movimiento, y miembro suplente de la Asamblea Nacional Constituyente, el 10 de mayo de 1957, al caer la dictadura dé Rojas Pinilla, quien mediante dicha Asamblea quería legalizar su permanencia en el poder, se pide, entre otras cosas, que la cabeza de Gonzalo Arango cuelgue de las rejas de la Avenida Junin, en Medellín. 0pta, entonces, por un discreto exilio en el Valle del Cauca, en Cali, donde redacta el Primer manifiesto, el cual conlleva también un viraje suyo en el campo político. Alaba allí la juventud que el 10 de mayo "aportó su sangre y el sentido heroico del sacrificio para derrumbar una tiranía castrense que al fin de cuentas fue una vergüenza que defraudó la fe de los colombianos y cubrió de ignominia la libertad y la cultura". Primera de sus varias autocriticas.

Sólo que sus vaivenes ideologicos iban a desaparecer muy pronto tras el estruendo de sus primeros escandalos: convoca a sus amigos al parque Berrio de Medellín y luego de leer un discurso escrito en papel toilette, discurso en que elogiaba a Pablo Alquinta, jinete del popular concurso hípico del 5 y 6, en detrimento de Miguel de Cervantes, procede a quemar los libros de su biblioteca. Acto semejante, o el mismo acto -la crónica, infortunadamente, no es muy exacta-, se repite en el atrio de la Universidad de Antioquia, como parricidio simbólico enfrente de su propia casa de estudios, y en uno de ellos arroja al fuego el manuscrito de su primera novela, Después del hombre, escrita en un interregno campesino de dos años durante su trunca carrera de derecho. El influjo erostratico de Sartre, a través de El muro, había llegado hasta la capital de esa lejana provincia colombiana. Pero era en realidad Camus, a nivel de sensibilidad y escritura, la presencia más detectable en la prosa de Arango a todo lo largo de su trayectoria. Así, esta mezcla de surrealismo y existencialismo un tanto primitivos puede situarse en los orígenes de su proyecto desmitificador. Tales actos, la difusión del Manifiesto, reproducido por el periódico El Tiempo, y la convocatoria a colaborar con la hipotética revista Nada -locura, viscosidad, revolución, desorden, belleza nueva, verdad desvestida, como proclamaba el aviso- fueron agrupando en torno suyo, en la errancia de calles y al amparo de bares y cafés (El Metropol, La Bastilla, La Clinica Soma), a un grupo de jóvenes que habría de adquirir relieve en el campo de las letras nacionales.

Silvia Rodriguez
Criminalistica deempresa
Escrito por Silvia Rodriguez
el 27/05/2010

ovenes que desertarían de empleos y seminarios para solicitar su ingreso en la nueva religion. Jóvenes que en muchos casos habrían de conocer reformatorios y clinicas psiquiatricas en aras de su nueva fe. Pero también algunos esporádicos hampones y derelictos se acercaron a ellos, con gran complacencia del grupo, buscando, más que cambiar el tono de las letras nacionales, un clima permisivo para sus hazañas: las drogas y los tímidos intentos de amor libre figuraban en el decalogo de estos rebeldes ahora con causa.

Un detonante manifiesto, seguido de un pestilente saboteo en contra de un congreso de "escribanos catolicos", tal el apelativo, congreso inaugurado con toda la pompa hispanizante que distinguía a Eduardo Carranza , motivó que Gonzalo Arango fue se detenido y encarcelado en el tercer patio, el más peligroso, de la carcel de La Ladera, en Medellín. Un acto sacrílego, más tarde, en la basilica de esta misma ciudad, al clausurarse la Gran Mision Catolica que por aquellos años había recorrido el país -comulgaron y guardaron las hostias en un libro-, suscitó el furor de los fieles, quienes estuvieron a punto de lincharlos. Estos dos actos consolidaron su fama a nivel nacional y dieron pie a una serie de giras por todo el país: Manizales, Pereira, Cali (1960), Bogotá (1961). En Cali, donde pidieron la sustitución del busto de Jorge Isaacs por el de Brigitte Bardot, se unieron al grupo antioqueño los caleños J. Mario y Elmo Valencia, y así la nómina del nadaísmo agrupó en un primer momento a Gonzalo Arango, los poetas Jaime Jaramillo Escobar, Darío Lemos, el novelista Humberto Navarro, los cuentistas Amilcar Osorio (alias Amílcar U. ) y Jaime Espinel, el futuro cineasta Diego León Giraldo y los hermanos Jorge Orlando y Moisés Melo. Posteriormente otros escritores se aglutinarían alrededor de él: en 1963 13 poemas nadaístas, antologia del grupo, acogía a todos los poetas y cuentistas mencionados, junto a Mario Rivero. Tres años después, al aparecer De la nada al nadaismo, una suerte de fichero del grupo, la nómina anterior se ampliaba con los nombres de Fanny Buitrago, Elkin Restrepo, David Bonells y Armando Romero.