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Grupo de Apoyo psicológico y humanitario a usuarios en emergencia



DESPERTANDO CONCIENCIA

Mirta
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 02/09/2010
Eterno presente
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El mundo se alimenta del pasado y del futuro. Necesita, literalmente para vivir, al pasado, para tener una base de información sobre la cual proyectarse a lo que por inferencia, especulación o miedo, cree que va a suceder en el futuro, y basa todo su andamiaje en el tiempo. El tiempo lo sustenta y el mundo se alimenta del tiempo.


Si al mundo (que es lo mismo que decir la mente colectiva) le quitáramos el tiempo, colapsaría, se desplomaría automáticamente. Imaginen una película que está siendo proyectada, cuyo aparato proyector se detiene, ¿Qué sucede? La imagen en la pantalla se paraliza, podría durar los instantes en que la electricidad la mantuviese visible, pero como esa electricidad también es parte del mundo y necesita un tiempo y una distancia para trasladarse, también cesaría y todo lo que estábamos viendo dejaría de existir. Sin embargo, nosotros sí estamos, sí existimos, somos, aunque la proyección externa termine.

¿Cómo sabemos que estamos todavía nosotros? Porque en cada respiración vamos más y más profundamente a la fuente de todo poder. Esa fuente creadora de lo que parecía tan real en la pantalla.

¿Qué hacemos entonces? Podemos crear nuevamente el mundo. Solo que ahora lo hacemos desde la comprensión de la verdad de la cual no éramos concientes, ya no repetimos formulas creadas en un bajo nivel de conciencia. Somos creadores en un nivel de conciencia superior. Todos los mundos están siendo creados y destruidos en este instante. Creados y destruidos sin interrupción. La creación no termina, es expansión perfecta. Los conceptos de tiempo y distancia son limitaciones mentales nacidos de laboratorios igualmente mentales para ordenar pensamientos limitantes que no captan la conciencia creadora en su plenitud.

moebius.jpg ¿Qué haría la mente si supiera que ya no tiene tiempo? ¿Qué harías vos ya mismo si supieras que no te queda más tiempo? Ningún tiempo posible. ¿Qué harías? Ni siquiera podes pensarlo porque no hay tiempo ni para pensar. Lo único que podríamos hacer es SER. Ser lo que somos, ese ser que ha estado cubierto, velado por el tiempo. Por un pasado que lo marcó y por un futuro que lo perturba y atrapa. Ese ser, de golpe está libre de pasado y futuro, entonces solo puede ser lo que es en este instante. Ya no responde a nada fuera de si, solo es responsable de si mismo, vive su único estado posible. Éste. Ya.

Eso es lo que somos y eso es lo que el mundo no quiere que seamos, porque si despertamos, el mundo pierde todo control, pierde todo poder.

¿Cómo puede el mundo controlar a una persona que sabe que es libre, que ya sabe que no hay nada que puede o no, sucederle en el futuro, porque todo futuro depende del ser en estado presente? Un ser que expresa su capacidad, su libertad, desconoce, todos los atributos de las limitaciones sobre las que se basa la sociedad. Como no responde al tiempo, se quita automáticamente toda información del pasado, es decir el sufrimiento acumulado que nos convierte en peones patéticos de un partido de ajedrez que ya esta perdido de antemano.

Un ser que despierta, que se recrea, que solo usa la mente para recordarse a si mismo en su estado puro, verdadero, libre, trascendente, ya no tiene mas miedo al futuro ni dudas respecto a el, ni siquiera deseos de ser feliz porque ya lo es en este instante, no tiene nada que lograr porque ya lo es todo, no tiene nada ni nadie de quien esconderse, porque no ve nada ni nadie separado de sí o en conflicto con el momento presente.

Un ser así, no se identifica con su cuerpo y lo recrea mientras lo está utilizando en el momento actual. Y por sobre todo no le tiene miedo a la muerte, porque sabe que no puede morir. Un ser así llega a un estado tan sublime, tan real, que solo vive y genera vida en cualquier plano y situación en la que se exprese y manifieste.

Un ser así es lo que tu eres.

Por Claudio María Dominguez

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 02/09/2010
Fantasmas
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Inventamos nuestros propios fantasmas. Esta es una vieja historia japonesa (donde aparece un acto de psicomagia):


“Al agonizar, una esposa le dijo a su marido: ‘Quiero que seas fiel a mi recuerdo. Si te casas con otra, mi fantasma vendrá a molestarte! ’ El juró ser fiel. Cuando ella murió, guardó luto. Pero al cabo de un año se enamoró de otra mujer. El fantasma apareció para decirle: ‘ ¡Te vigilo! ¡Sé lo que dices, qué regalos le das y puedo repetir las palabras con que la cortejas! ¡Te prohibo que la sigas viendo! ’ Sintiéndose así vigilado, el pobre hombre no podía hacer nada. Fue a consultar con un monje. El monje le dijo: ‘El fantasma dice que sabe todo lo que haces. Entonces, la próxima vez que aparezca, toma un puñado de arroz y pregúntale cuántos granos tienes en la mano. Si te responde exactamente, es un fantasma de verdad. Si no te responde, significa que tú lo has inventado’. Cuando apareció el fantasma, el hombre le preguntó cuántos granos de arroz tenía en el puño. ¡El fantasma se disolvió! ”

Creemos vivir libres en el presente y sin embargo estamos condicionados, maniatados, inhibidos por recuerdos. Estos recuerdos, impresos en nuestro cerebro, se nos manifiestan en la vida bajo forma de fantasmas. Creemos ver la realidad cuando en verdad sólo vemos imágenes de nuestra memoria. ¡Hay que desafiar esos fantasmas! Ver qué es real y qué es producto de nuestro miedo a desobedecer prohibiciones. No podemos ser un adulto cabal si no abandonamos esos fantasmas infantiles. Estos espectros interiores nos dicen a cada momento: “ ¡La vida es peligrosa, cuidado, huye, no la enfrentes tal cual es, disfrázala! ”. Y es así como la mayor parte de nosotros, por temor al mundo, lo transforma en ilusiones, con mentiras, drogas, actividades superficiales, conciencia dormida. El monje de la vieja historia nos dice: “En tu puño tienes un número preciso, objetivo, de granos de arroz: debes saber cuántos granos tienes”, es decir, venciendo tu subjetividad, debes saber cuál es la realidad objetiva, afrontarla, trabajar en lo que amas, amar lo que haces y construir una vida verdadera, sin temor a ser lo que en verdad eres.

Para vivir en el “mundo”, como dijo el filósofo Bertrand Rusell, tienes que aceptar que es horrible, horrible, horrible… Aceptando lo “horrible” del mundo, puedes luchar en él, sin huirle, comenzando a convertirlo en el paraíso que debe ser todo presente real.

Por Alejandro Jodorowsky

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 02/09/2010
La espiritualidad como experiencia práctica
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Como todos sabemos, son muchos los que hablan de espiritualidad. Algunos intentan apropiarse de ella, otros se presentan como gurús que dicen conocer el único camino posible.


Mi experiencia personal y la que me han compartido algunos pacientes, parece señalar con claridad que cuanto mas complejos y sofisticados son los requisitos exigidos, mas errado es el camino. Por tanto, si nuestro objetivo es la búsqueda de la espiritualidad, lo mas sencillo y primario es ponerse a caminar, dispuestos a aprender mientras avanzamos.

En efecto, el camino de la espiritualidad es siempre una búsqueda, aunque al decir de los que lo recorren, nadie sabe que es exactamente lo que busca, salvo alguna que otra respuesta a esas preguntas que resulta incómodo dejar de contestar.

La búsqueda en cuestión:

* es un camino sin metas pero con grandes satisfacciones.
* es un recorrido sin mapas pero con un rumbo.
* es un sendero único y personal, pero abierto a todos.
* es una ruta sin final, pero que puede dejarse en cualquier momento.
* es un viaje que algunas veces no es el resultado de una elección y que, a pesar de eso, está siempre lleno de decisiones.

Y aquí se ven reflejados dos de los principios fundamentales de cualquier búsqueda iniciática: primero, que cada paso constituye la base y el cimiento sobre los que deberán apoyarse los siguientes, y segundo, que todo apunte de referencia a una búsqueda como ésta solo le puede servir a quién lo hizo. Dicho de otra manera, que el recorrido solo podremos encararlo en persona y que no deberíamos prescindir de nada de lo aprendido antes.

Por Jorge Bucay


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 02/09/2010
Cree en la poesía
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Lo suave siempre vence a lo duro. Lo suave está vivo, lo duro está muerto. Lo suave es como una flor, lo duro es como una roca. Lo duro parece poderoso pero es impotente. Lo suave parece frágil pero está vivo.


Cualquier cosa viva es siempre frágil, y cuanta más elevada la calidad de vida, mayor su fragilidad. De manera que cuanto más ahonden, más suaves se volveran, o cuanto más suaves se vuelvan, más ahondarán. El núcleo más interior es absolutamente suave. Esa es toda la enseñanza de Lao Tse, la enseñanza del Tao: sean suaves, sean como el agua; no sean como una roca. El agua cae en la roca. Nadie puede imaginar que al final el agua vaya a ganar. Es imposible creer que el agua va a ganar. La roca parece tan fuerte, tan agresiva, y el agua tan pasiva. ¿Cómo va a ganar el agua sobre la roca?

Pero con el tiempo la roca desaparece. Poco a poco lo suave continúa penetrando en lo duro. De modo que permitan que sea un recordatorio constante. Siempre que empiecen a sentir que se vuelven duros, relajense de inmediato y vuelvanse suaves, sin importar las consecuencias. Aunque sean derrotados y momentáneamente vean que va a ser una pérdida, dejen que así sea, pero vuelvanse suaves... A la larga, la suavidad siempre gana.

Cree en la poesía

El amor es la única poesía que hay. El resto de la poesía es simplemente un reflejo de él. La poesía puede estar en el sonido, en la piedra, en la arquitectura, pero, básicamente, eso es reflejo del amor capturado en diferentes medios. Pero el alma de la poesía es el amor, y aquel que vive el amor es el verdadero poeta. Puede que nunca escriba poemas, quizá nunca componga música, es posible que jamás haga nada que la gente considere arte, pero el hombre que vive el amor, el que ama por completo, totalmente, es el verdadero poeta. Y esta es la poesía de la que está hecha o debería estar hecha la religión.

La religión es verdadera si hace nacer el poeta en nosotros. Si mata al poeta y crea al así llamado santo, no es religión. Es patología, una especie de neurosis ataviada con términos religiosos. La verdadera religión libera poesía en nosotros, y amor, arte y creatividad, nos vuelve más sensibles. Palpita más, nuestro corazón late con un nuevo ritmo. Nuestra vida deja de ser un fenómeno aburrido y estancado. Resulta una sorpresa constante y cada momento abre nuevos misterios. La vida es un tesoro inagotable, pero solo el corazón del poeta puede saberlo. Yo no creo en la filosofía, no creo en la teología, pero sí creo en la poesía.

Por Osho


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 02/09/2010
El ángel negro
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¿Ha recibido usted la visita de un ángel negro disfrazado de gran pérdida? La cadena de sucesos que cada día vivimos, se parece a una noria de la feria con espirales entrelazadas. Pareciera que detrás de los acontecimientos se hallase una ley de ciclos y elípticas vitales que, como mínimo, merecen cierta mirada, sobre todo cuando llegan a nuestra vida las llamadas “desgracias”.


Uno se pregunta, ¿Por qué mirar el meollo de la desgracia?, ¿Acaso no es mejor recurrir a la técnica del avestruz y evitar amargarnos, desviando ligeramente la mirada? Resulta fundamental tomar consciencia, primero porque al observar la ley que subyace, captamos un Plan sutil pleno de Inteligencia. En realidad tras la cadena de adquisiciones y pérdidas, pareciera existir un hilo conductor de maduración y consciencia. En segundo lugar y a poco que miremos, no tardamos en descubrir que “todo pasa”, y que todo está bajo la ley de provisionalidad e impermanencia, cosa que no solo alivia cuando vienen bajas, sino que también nos alerta y despierta.

¿Acaso alguien piensa que el Universo juega a los dados con los átomos, las estrellas y las personas?, ¿Acaso todavía sentimos que detrás de la escena hay un juego maldito por el que, de pronto, nos “cae” una ruina, un cáncer o la muerte de un alma amada?, ¿Acaso todavía cree alguien en ese “azar” que motoriza al Universo como amenazante ruleta? No se trata de revocar la imagen de incertidumbre en la que vive el reducido nivel lógico de la persona, sino abrir un canal de intuición translógica que permita chispazos de comprensión y estados transpersonales de confianza. En realidad, conforme la ciencia avanza, hasta resulta predecible el lugar y tiempo exacto en el que surcará el cielo un meteorito o un cometa.

Todavía no sabemos cuando nos llegarán las llamadas venturas o desgracias, sin embargo, lo que sí podemos saber es que lo que está por llegar se anuncia mediante ecos intuitivos en el alma, y que todo lo que sucede, por atracción o rechazo que produzca en nuestra yoidad pequeña, es lo que en algún metanivel precisa nuestra perenne existencia.

Conviene vivir preparados para perderlo todo, sin dejar un instante de vivirnos en la Presencia. En realidad no tenemos más que el momento presente, y lo que sí es cierto es que en unas horas, podremos haber muerto o simplemente haber perdido la consciencia.

¿Por qué todavía el victimismo es la tortura de algunas personas? , a veces uno piensa que, en tales casos el problema no es otro que ignorancia e inconsciencia. Tal vez nadie escape a las mil y una llamadas que la vida nos hace para seguir expandiendo, amando y haciendo florecer al alma, llamadas ante las que a menudo se responde con un abanico de aplazamientos y resistencias, es entonces cuando el cielo activa un ángel negro por designio de amor e inteligencia… un ángel que de pronto, se disfraza de accidente, enfermedad o pérdida amorosa.

Tras la visita del ángel, de pronto sucede que nuestra vida entra en crisis, al tiempo que el pequeño imperio personal se desmorona, los viejos hábitos caen y nada es igual de lo que antes pasaba. El mundo se detiene, y todo un programa de crecimiento y profundidad se pone en marcha. Ante esto, uno puede entrever la intencionalidad evolutiva o entrar en un mundo de negación, quejas y resistencias. En realidad lo que dure la aceptación de lo sucedido, durará el duelo en el nivel persona. Será entonces cuando convenga recordar al peregrino, ese caminante que recorre la vida con poco equipaje, paso a paso, desde un corazón inundado de observación y confianza.

¿Conoce al ángel negro?
Si viaja con mucho equipaje, viva atento, tal vez reciba una visita que le devuelva al ahora...


Por José María Doria


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 02/09/2010
El fin del mundo
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Oleo sobre tela de Melina Litauer

¿Todavía cree alguien que en el 2012 o 2022 o 2044 se acabará el mundo? ¿Acaso imaginamos grandes olas, terremotos o explosiones atómicas? Según los analistas de Google, una de las frases más repetidas entre los buscadores de los cinco continentes, es “fin del mundo”.


Tres palabras que actuando como tenebroso mantra, inquietan a solitarios navegantes de la noche, anunciando un vago sentimiento de pérdida, un sentimiento que, de alguna forma, anuncia el final del algo que nos deja.

¿El final de qué?

Unos dicen que del mundo, otros que de los tiempos, otros… que de la vida sobre la Tierra. Lo que sí parece repetirse es el sentimiento vago de que algo se acaba… Si a esto unimos películas y cómics que muestran grandes sequías, ciudades en ruinas, y supervivientes sumidos en la violencia… poco a poco, ese indefinible sentimiento de final, hace aflorar lo que unos llaman Jinetes del Apocalipsis, u otros Lemuria o Atlántida, continentes sumergidos que albergaron culturas de alta tecnología sin el justo grado de consciencia. No faltan también los que predican amenazantes el castigo de la madre naturaleza al ser humano que desoye las señales de la Tierra… Toda una película que se ve reforzada por la ley de los ciclos y las grandes profecías de la Historia.

¿Qué hay más dentro?

Conforme se afina la intuición y se observa, no tardamos en captar que el fin del mundo es tan solo una lectura incompleta, una lectura que dice adiós a la vieja identidad que se aleja. Un adiós a las formas que dieron gloria, y que sin embargo contemplamos abrumados como hoy ya no funcionan. En realidad, en el reino de lo visible es el cambio lo que nunca cambia, y paradójicamente, la misma fuerza que a la evolución impulsa, es a su vez la fuente de sabotajes y de mil y una resistencias.

El fin del mundo puede no ser otra cosa que la intuición de un sentimiento de muerte y posterior renacimiento que amenaza a la mente caducada, el ocaso del viejo programa y el amanecer de una vibrante sutileza.

Un sentimiento de final por el que se despide una identidad que antes de ser atravesada, se resiste y se aferra. En realidad el final del tiempo acontece cuando se deja atrás la mente que, a su vez, al propio tiempo crea, un momento clave en el que despierta el eterno ahora. El final del mundo señala que el personaje se rinde al corazón y se deja inspirar permanentemente por el alma.

Entonces, ¿Qué hacer con el sentimiento de final que a veces amenaza?

Conviene saber que ese Apocalipsis cuyo término deriva del griego kalipto, no significa destrucción, sino “cubrir”, por lo que a su vez apokalipto señala la acción de “levantar el velo y descubrir”. Puede afirmarse que Apocalipsis no es otra cosa que revelación, un hecho por el que darse cuenta de que nuestras proyecciones mentales convierten en un sueño a la vida ordinaria. El Apocalipsis es un proceso que un día nos encuentra disfrazado de pérdida inesperada, una pérdida a veces oculta tras la traición, tras la muerte de un ser querido, tras una grave enfermedad del cuerpo o del alma… una pérdida en cuyo duelo ocurre el milagro de la consciencia, un milagro que disuelve condicionamientos y hace nacer el amor de la esencia. El Apocalipsis es un proceso de parto de la joven consciencia, proceso por el que se trasciende la vieja hegemonía de la mente periférica. El “final del tiempo” es el final del juego de una mente que no para de recorrer el pasado y anticiparse a las cosas venideras, en realidad es un despertar a la presencia que a menudo llega a nuestras vidas entre brisas de muerte y esperanza soterrada.

Todo ser humano que se resiste al cambio, tarde o temprano está “condenado” a crecer aunque no quiera, un proceso similar al de aquel río que cuando se estanca, grandes lluvias lo desbordan, renovando su fluir por avenidas insospechadas.

Conviene elegir pensar que ese delicado proceso de ampliación que a todos en algún momento llega, no sucede a la Humanidad de forma simultánea, sino que nos visita uno a uno, en íntima y silenciosa crisálida. Sin embargo a nivel global, imaginemos un mundo que cada día se renueva, imaginemos un espacio planetario en el que los problemas del progreso, es el propio progreso el que los soluciona. Elijamos vivir un mundo en el que la revolución de la conciencia se realiza individual y silenciosa, una revolución sin líderes ni masas que la sustentan. Sin duda un suceso por el que el virus de lucidez que circula preciso, un día no lejano, nos encuentra.

¿Ha llegado ya su Apocalipsis personal?
¿Acaso su corazón todavía vive protegido tras una coraza?
¿O por el contrario, se rindió, y ya fluye el río de la vida, de dentro a afuera?


Por José María Doria


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 02/09/2010
El Viaje
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En uno de sus raros escritos, el sabio sufí Hafik comenta la idea de Viaje: "Acepta con sabiduría el hecho de que el Camino está lleno de contradicciones...


... El Camino muchas veces se niega a sí mismo, para estimular al viajero a descubrir lo que hay más allá de la próxima curva. Si dos compañeros de viaje están siguiendo el mismo método, esto significa que uno de ellos se encuentra en la pista falsa. Porque no existen fórmulas para alcanzar la verdad del Camino, y cada cual necesita correr los riesgos de sus propios pasos. Sólo los ignorantes intentar imitar el comportamiento de los otros. Los hombres inteligentes no pierden su tiempo con esto, y desarrollan sus habilidades personales; saben que no existen dos hojas iguales en un bosque de cien mil árboles. No existen dos viajes iguales en el mismo Camino".

La vida es como una gran carrera de ciclismo, que tiene por meta el cumplimiento de la Leyenda Personal. En la salida, estamos todos juntos – compartiendo camaradería y entusiasmo. Pero, a medida que se desarrolla la carrera, la alegría inicial da paso a los verdaderos desafíos: el cansancio, la monotonía, las dudas sobre la propia capacidad. Nos damos cuenta de que algunos amigos han abandonado el desafío; aún están corriendo, pero sólo porque no pueden parar en el medio de una carretera. Son numerosos, pedalean al lado del coche de apoyo, conversan entre sí, y cumplen con una obligación. Terminamos distanciándonos de ellos; y entonces nos vemos obligados a enfrentar la soledad, las sorpresas con las curvas desconocidas, los problemas con la bicicleta. Y, al cabo de algún tiempo, empezamos a preguntarnos si merece la pena tanto esfuerzo. Sí que vale la pena. Tan sólo hay que perseverar.
Y por si esto fuera poco, si parásemos de pedalear, acabaríamos cayéndonos.

Por Paulo Coelho


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 02/09/2010
Felicidad y vocación
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“Tu vocación reside ahí donde se cruzan tu talento y las necesidades del mundo”
Aristóteles


Una verdad que es obvia y no podemos discutir; toda la humanidad busca lo mismo: ser feliz. Cuando observamos la vida en este planeta nos parece mentira que ese anhelo del corazón que es la búsqueda de un bien tan preciado como la paz y el bienestar, esté tan lejos del alcance del común de las personas. Es como si todos hicieran a propósito lo contrario de alcanzar dicho anhelo. Parece un mundo caótico y desenfrenado.
Cuando comencé a darme cuenta de que por algo importante estaba encarnado en este momento de mi vida, sospechaba que Dios quería algo bueno para mí. Pero no sólo que me fuera bien, en general, así como quien dice: ¿“Cómo estás”? “Yo bien, gracias”. Sino algo así como que: “ ¡¡¡Estoy superbien, y me siento muy feliz y doy gracias a la vida! ” En ese entonces parecía que mi búsqueda iba a contramano de todos. La gente se empeñaba en mostrar que siempre algo no andaba bien, y que Dios nos castigaba por todo y que la vida es un eterno sacrificio.

Mi rebeldía resistía firmemente este concepto, pensando que si Dios es amor, quería lo máximo para mí. Con el tiempo, vi que, aunque las personas no hacían mucho por lograr su bienestar interior, en realidad todos buscaban lo mismo. Entonces, me di cuenta de que no estaba tan equivocado. Un concepto filosófico que me ayudó en mi perspectiva mundana, para saber si un cambio era bueno para alguien, era el de aplicarlo a toda la humanidad. Por ejemplo: Si yo no estoy seguro de si es bueno violar un semáforo en rojo, digo: ¿Cómo sería si todo el mundo lo hiciese? ” La respuesta, que en este caso es negativa, me muestra que mi actitud, por lo menos en general, no es buena para mí. Yendo más allá, y viendo que realmente quería encontrar el verdadero sentido a mi vida y que quería manifestar mi vocación, me hice la misma pregunta: “ ¿Cómo sería si todo el mundo realizase su vocación? ” Claro ¡¡¡Qué buena respuesta ¡¡¡Todo el mundo sería feliz y viviríamos en total armonía. El colectivero sería amable con los pasajeros por que haría su trabajo con amor, el recolector de residuos sería conciente del servicio que da a la comunidad, el ama de casa sería valorada en su total dimensión, y así, todas las actividades humanas. No habría conflictos y mucho menos guerras.

Y todos seríamos absolutamente felices. La vocación, que es una palabra religiosa en la que Dios inspira a realizar alguna actividad, es aquello para lo cual tenemos plena disposición y sabemos que nos hará feliz el realizarla. Es la energía de expresión del corazón que al ser manifestada imprime un estado de bienestar natural en la persona que la ejerce. Es, justamente, el ejercicio y realización de la Misión Personal.


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 02/09/2010
Ser... O la imagen
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Si alguien me preguntase quién soy, para darle datos tendría que referirme a cosas registradas en la memoria...


Tendría que formar una imagen llena de etiquetas, y yo no soy nada de eso. Yo soy. Un ser imprevisible como la vida misma, que no cabe en ninguna imagen porque mis formas son cambiantes, y mi verdadero ser es inaprensible, imposible de referir. Cuando vivimos dormidos, llevamos con nosotros una imagen propia, un yo ideal que nos hemos fabricado con trozos de recuerdos y otras cosas soñadas por nuestro idealismo. Cuando alguien dice de mí algo que no me gusta, es la imagen lo que se ofende, pues nadie puede herir al que no tiene imagen propia. Yo no soy nunca la imagen que tengo de mí mismo ni la que tienen los demás de mí. Yo soy, y el ser no cabe en ninguna imagen porque las trasciende todas.
Es peligroso vivir de la memoria, del pasado. Sólo el presente está vivo. Es el ahora lo que importa, porque ahora es la vida, ahora todo es posible, ahora es la realidad.

Por Anthony de Mello.


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 02/09/2010
Vivir en la luz
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La persona más pobre en cosas exteriores puede ser la más rica interiormente. Sólo es necesario que viva espiritualmente y no se deje llevar por deseos insignificantes que no tienen ningún valor real.


Aunque parezca incoherente, cuando Dios quiere hacer a una persona espiritual empieza por vaciarla, pero lo hace como quien saca de un bolso las monedas de cobre para llenarlo luego con monedas de oro. Dios le da la luz de la consciencia y la desprende de su egolatría, la deshincha de lujuria, soberbia y de vanidad y, cuando el egoísmo sale por la puerta de atrás, la consciencia y el amor entran por la puerta principal. Cuando el corazón se llena del amor de Dios se siente a la vez el más puro y más tierno amor humano. Si una persona espiritual, evolucionada y superior encontrara en su corazón una sola fibra que no perteneciera a Dios obraría inmediatamente de la manera más adecuada. Dios ha creado tanto el cielo como la Tierra. Si bien muchas sectas dan un valor infinitamente menor a la Tierra que al cielo.

Nunca insistiremos bastante en que no es lícito ni adecuado despreciar el valor de este mundo en favor de una dimensión que normalmente se desconoce. Las extravagancias no conducen a nada útil, y si hay terreno en el que puedan nacer con facilidad es en donde crece la “religión”. Por eso las personas espirituales no suelen chocar demasiado con los prejuicios de su época y se convierten así en los mayores bienhechores de la humanidad. No se deben imitar las extravagancias, aunque las aconsejen determinadas personas. El buen sentido dice que no se tienen que pretender capacidades extrasensoriales ni carismas especiales, que Dios concede a quien quiere y como quiere, sino que cada uno debe tratar por todas sus fuerzas de ser plenamente conscientes en todos los momentos de su vida, obrar siempre en justicia y permitir así que nazca una virtud fuerte y flexible como el acero, sólida como el granito, valerosa y digna de un soldado espiritual. Pero además amable, simpática y atrayente como todas las cosas bellas y buenas. Es un gran error imaginarse que fuera de los muros de los monasterios pertenecientes a las diferentes sectas todo es mundo hay egoísmo y deseos materiales, y que dentro de ellos todo es cielo, amor y bienestar.

No se debe considerar ni elogiar tanto a las comunidades religiosas ni a los lugares destinados a la oración o a la meditación, ni pensar que éste género de vida no tiene sus grandes inconvenientes y miserias. Muchos alaban esa forma de vida y seducen a otras con sus palabras, pero pronto se descubre la verdad de las cosas y entonces llega el desengaño y, muchas veces, la amargura. Es necesario tener un concepto claro, una idea lo más exacta posible de lo que debe ser la persona espiritual. Una persona espiritual es aquella que vive de la manera más consciente que le permiten sus facultades y obra siempre de la manera más adecuada. Aunque sin un corazón lleno del amor de Dios toda “espiritualidad” se vuelve estéril y deslucida, se convierte en negación y en hipocresía, daña más que aprovecha, fracasa y acaba por hundirse en la corrupción. La espiritualidad tiene muchas formas de concretarse en la vida cotidiana, pero no todas sus formas convienen por igual a todas las personas. Cada uno debe adoptar inteligentemente la forma objetiva que sea conforme a su vocación y a sus circunstancias. La espiritualidad no consiste en el cumplimiento riguroso de ciertas normas, “el hábito no hace al monje”.

Es un gran error pensar o decir que la vida espiritual es incompatible con la vida del militar, con la habilidad del diplomático, con las ceremonias del cortesano, con los sudores del trabajador o con las intimidades de la familia. La espiritualidad debe iluminar, como lo hacen los rayos del sol, tanto los palacios de los reyes como los hogares más humildes. La espiritualidad no consiste en la austeridad de los alimentos, ni en la sencillez o elegancia de los vestidos, ni en lo religiosa que pueda parecer alguien, ni en lo cuantioso de las limosnas que se puedan dar, ni siquiera, aunque suene a paradoja, en la frecuencia de las visitas y retiros a los lugares de oración y meditación. La espiritualidad consiste en ser conscientes y en obrar de forma adecuada. Todo lo demás es accesorio y superficial. Si alguien concibiera de otra forma la espiritualidad, además de concebirla de un modo imperfecto, se haría ridículo y dejaría de obrar todo lo adecuadamente que debiera. Este error es más frecuente de lo que se podría imaginar, y causa verdaderos estragos en medio de las personas que no saben distinguir entre la verdadera espiritualidad, que es una subida a las cumbres más altas de la nobleza y de la perfección humana, y el tumor maligno y egoísta que suele crecer en el interior de la mística y de la religión.

Vivir espiritualmente supone permanecer en un estado interior de consciencia y de amor plenos que se concreta en obras adecuadas; consciencia, amor y obras que vienen de Dios y que son el fundamento de toda virtud. Con esto no pretendemos condenar, muy al contrario, algunas formas de vida y algunos procedimientos que cada persona debe practicar según su vocación personal. Las mayores dificultades se llevan en el interior. Todas nuestras obras, sin el espíritu de Dios, son como la nada de una cueva oscura, pero extraviarnos en planos internos supuestamente “espirituales” también significa perderse. La espiritualidad que se reduce a experiencias interiores se hunde y las obras sin consciencia ni conocimiento provocan injusticias. Existen personas espirituales, llenas de amor y virtuosas, en medio del ambiente frívolo del mundo. Ellas se conservan limpias e intachables, se semejan a aquellos insectos que vuelan alrededor de la llama y no se queman nunca. Si bien lo más normal es que se encuentren, tanto en los individuos como en los grupos que éstos forman, tumores espirituales que intentan devorar el alma. Estos son los diferentes egos, como la envidia, la lujuria o la ira, que anidan en su interior.

Sin embargo, ni tenemos que permitir que sucedan ocasiones peligrosas en las que puedan vencernos estos egos, ni es lícito seguir a estas impurezas del alma cuando surjan en nosotros, de ningún modo.

Por José Manuel Molina Ruiz y David Subirons Vallellano