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Grupo de Política latinoamericana



DEMOCRACIA LATINOAMERICANA

Mirta
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 20/06/2010

acaso esta en crisis?

A que se considera democracia?

Los latinoamericanos, sabemos vivir en democracia?

Espero vuestras opiniones. Gracias y bendiciones.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 20/06/2010

Carlos Fuentes ®

"El País", el gran periódico de España, celebra esta semana veinticinco años de existencia con un debate sobre la democracia en el nuevo milenio. La primera sesión, dedicada al tema de la profundización del proceso democrático, la presidió Lord Dahrendorf con la participación, entre otros, de Felipe González y Jorge Castañeda, quien fungió, asimismo, como orador especial del almuerzo. Europa unida y libre fue el tema presidido por Hugh Thomas con la participación de Javier Solana y Dominique Moisi, y Federico Mayor dirigió los debates de la mesa dedicada a los retos futuros de la democracia, junto con, inter alia, Claudio Escribano, Bernard Kouchner y Giovanni Sartori.

Me tocó participar en la mesa, presidida por Julio María Sanguinetti, sobre la democracia y la nueva agenda latinoamericana. Siempre es difícil hablar de Latinoamérica como unidad. Hay varias Américas Latinas, tan diferentes como pueden serlo naciones tan distantes como Honduras y Uruguay, o tan vecinas como Chile y Bolivia. Pero de una nación pequeña, Nicaragua puede surgir un enorme poeta, Rubén Darío, y de países muy grandes, dictadores muy pequeños: Pinochet, Videla... Hay, a pesar de todo, rasgos que nos unen. La lengua castellana. El mestizaje en diversos grados. Una cultura compartida que rehúsa los casilleros nacionalistas: Darío, Martí, Neruda, Borges, Orozco y Niemeyer, Carlos Gardel y Agustín Lara, son de todos. Y una difícil, empinada y empeñosa lucha por la libertad.

En el primer foro Iberoamérica celebrado en México a fines de noviembre pasado, el Presidente Sanguinetti dejó para la posteridad (valga la redundancia) una frase célebre: El futuro ya no es lo que era antes. En efecto, el nuevo paradigma, como lo llamó en esa misma ocasión Felipe González, ha cambiado y desafía a nuestras imaginaciones.
Pero si un pueblo tiene derecho a su futuro, según Michelet, también tiene derecho a su pasado. Y en la América Española, el pasado está vivo, a veces como advertencia dolorosa, a veces como promesa perseverante, siempre como registro de una cultura.

Si contásemos nuestro cuento, empezaríamos diciendo "Había una vez un vasto imperio colonial, el más grande conocido hasta entonces, que se extendía de la Alta California al Cabo de Hornos"... Durante tres siglos, el imperio español del Nuevo Mundo pasó por la conquista y evangelización de los pueblos sometidos, pero también por su defensa y protección. Se crearon grandes ciudades, imprentas, universidades y al arte del barroco. Se crearon grandes servidumbres en la mina y en la hacienda. Y se fueron integrando sociedades de grandes desigualdades, con el peonaje indio y la esclavitud negra en la base y con la élite criolla en la cima.

Los Austrias, hasta 1700, gobernaron a sus colonias de manera lejana y paternalista. Los Borbones, a partir de la Guerra de la Sucesión española, gobernaron de manera entrometida, exigiendo que las colonias sirvieran a España y no a sí mismas, expulsando a los jesuitas e irritando a la élite criolla, protagonista de las revoluciones de independencia que culminaron hacia 1821 con la unidad colonial prácticamente intacta, pero sin el techo protector de la corona de España. A la intemperie, improvisamos leyes para una nación ideal y nos olvidamos de la nación real. "La Constitución de Colombia fue escrita para los ángeles, no para los hombres", escribió Víctor Hugo. Culturalmente, le dimos la espalda a la tradición española por opresiva y a las tradiciones negras e indígenas, por bárbaras. Incurrimos en lo que Gabriel Tarde llamaría la "imitación extralógica". A la intemperie, oscilamos dramáticamente entre la anarquía y la dictadura, entre la libertad y el miedo, como dijese el recientemente desaparecido Germán Arciniegas.

El vacío sólo podía ser llenado por la cultura, el Facundo de Sarmiento y el Martín Fierro de Hernández, los retratos de Bustos y los grabados de Posada, las novelas de Blest Gana y Manuel Payno, la poesía de Darío y los modernistas, los estudios de Mora y Bello. El abismo sólo podía ser colmado por la creación de estados nacionales. En México, de Juárez a Cárdenas pasando por la revolución. En Brasil de Río Branco a Getulio Vargas, pasando por el corporativismo. En Argentina de Mitre a Irigoyen, pasando por la educación, la inmigración y la exportación. En Chile, pasando de la democracia para la aristocracia de Portales al Frente Popular de Aguirre Cerda, Hispanoamérica se dotó de instituciones de estado alrededor de las cuales se articularon la sociedad civil y la vida política.

Crecieron la producción, la infraestructura, las relaciones comerciales con el exterior, la urbanización. Lo que no creció fue el acceso de los pobres al crédito, al salario justo, a mejores niveles de vida y a mayores oportunidades de trabajo. Subsistió, en general, la división entre "las dos naciones": la moderna y la tradicional, la próspera y la marginada.
El Estado nacional se hizo grande, pero no fuerte. Debió atender a demasiadas clientelas: el sector público, el sector privado, el sector militar, la clientela popular organizada, la clientela extranjera de acreedores... La guerra fría complicó y a veces paralizó el encuentro de Estado, sociedad y democracia. En aras de la doctrina de seguridad continental de los EE. UU. , todo reclamo social fue tachado de "comunista" y toda dictadura militar de "salvadora".

El fin de la guerra fría dio lugar a rápidos avances hacia eso que Sanguinetti ha llamado "la extravagante normalidad democrática". El Estado se adelgazó se abrió al mundo y siguió políticas estrictas en la macroeconomía. El tercer sector -la sociedad civil- se organizó cada vez más y mejor, abriendo oportunidades más allá de las actividades propias del Estado y del sector privado.

Pero a veinte años de la crisis de la deuda y a diez del término de la guerra fría, la democracia latinoamericana está en peligro. Persisten la anormalidad de la injusticia y de la pobreza. Ciento noventa y seis millones de latinoamericanos sobreviven con ingresos de sesenta dólares o menos al mes. Noventa y cuatro millones se hunden en la pobreza extrema con ingresos menores de treinta dólares al mes. (Informe de la Comisión Aylwin a la Conferencia de Copenhague). El veinte por ciento de la población más rica percibe ingresos doce veces mayores al veinte por ciento más pobre, la tasa de la mortalidad infantil es de treinta por mil versus seis por mil en los países de la OECD y el promedio educativo es de sólo cinco a siete años. (Informe de Guillermo Ortiz, director del Banco de México). Añade la Comisión Aylwin: Crecen el desempleo y la marginación urbana. Descienden los salarios. Quiebran las clases medias. Nos recuerda Raúl Padilla: el cincuenta por ciento de los latinoamericanos que inician la primaria, no la terminan. Un maestro de primaria latinoamericano gana en promedio cinco mil dólares al año. Su equivalente alemán o japonés, cincuenta mil dólares anuales. Añade Oscar Arias: Un avión de combate para una fuerza aérea latinoamericana cuesta tanto como ochenta millones de textos escolares y un solo tanque de guerra equivale a siete millones de vacunas infantiles. Y nos recuerda Federico Mayor que tan sólo un 1 por ciento de rebaja de gastos militares en el mundo bastaría para dar escuela a todos los niños del mundo el año que viene. Y culmina, mundialmente, el presidente Bill Clinton hablando ante la Asamblea de la ONU el año pasado: Un millón y medio de seres humanos viven con menos de un dólar diario y cuarenta millones de hombres, mujeres y niños mueren de hambre cada año en el mundo.

Con razón se pregunta, una y otra vez, el diplomático sueco Pierre Schori: " ¿Cuánta pobreza tolera la democracia?"
En la América Latina corremos un riesgo. Si las instituciones democráticas no producen pronto resultados económicos y sociales para la mejoría de las mayorías, para superar el abismo entre pobres y ricos y estrechar los espacios entre la modernidad y la tradición, podemos temer un regreso a nuestra más vieja y arraigada tradición, que es el autoritarismo. Hugo Chávez en Venezuela es una prueba de esta tendencia. El criminal dúo Fujimori-Montesinos en el Perú, simulacro de cómo la corrupción y el autoritarismo pueden disfrazarse y engañar al mundo. La trágica situación de Colombia, doloroso ejemplo de cómo la alianza non sancta de guerrillas marxistas aliadas al imperio de la droga aliado a paramilitares de derecha y a mandos del ejército, pueden corroer y destruir un Estado nacional que, presidido por Alfonso López Pumarejo, fue ejemplo para Latinoamérica hace medio siglo.

El Estado nacional no es dispensable en la era de la internacionalización económica. Todos los países prósperos tienen estados fuertes. Hay que anclar, como pide Federico Reyes Heroles, a nuestras repúblicas en la legalidad y, en la legalidad, coordinar seriamente los esfuerzos del sector público, el sector privado y el tercer sector civil, para defender a nuestras nuevas, incipientes y anheladas democracias. Tenemos derecho al futuro.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 20/06/2010


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 20/06/2010

América Latina es escenario de importantes cambios políticos. Por un lado, existe la convicción de que es posible construir el socialismo de Estado a través de reformar la normativa constitucional; es decir que, desde este punto de vista, las Revoluciones son posibles dentro de la democracia. Esta es el pensamiento con el que se han identificado los gobiernos de Evo Morales, en Bolivia; de Rafael Correa, en Ecuador; y de Hugo Chávez, en Venezuela. Sin embargo, la oposición política advierte sobre la emergencia de nuevos autoritarismos asentados en la base populista.

Ciclo organizado en colaboración con la embajada de la República Bolivariana de Venezuela.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 20/06/2010

El colapso de la democracia en Latinoamérica

El colapso de la democracia en Latinoamérica


Augusto Zamora R.



Argentina está en crisis. El país andino se debate en una prolongada
crisis política, económica y social que ha provocado un éxodo sorprendente
a raíz de la bancarrota del Estado. Hace un siglo, era una de las 20
naciones más ricas del planeta en una lista que dejaba fuera a muchos
países europeos, entre ellos España. Hoy, el 30% de sus habitantes desea
abandonar Argentina, sobre todo los jóvenes. El país otrora receptor de
emigrantes, sinónimo de esperanza y de progreso económico, se ha
convertido en tierra de emigración y desesperanza. Pero el colapso
argentino no es el único.
Hace apenas un mes, se celebraba en Costa Rica la XXXI Asamblea General de
la Organización de Estados Americanos (OEA), que pasó por los medios
españoles con más pena que gloria. El tema más relevante de la agenda -la
aprobación de la llamada Carta Democrática- quedó pospuesto para la
próxima reunión, que se celebrará en Perú en octubre de este mismo año. El
mismo día de la inauguración de la asamblea, el secretario general de la
organización, el ex presidente colombiano César Gaviria, advertía sobre
«las amenazas a la democracia en nuestro hemisferio». Se refería a las
crisis que habían afectado en los últimos años a Ecuador, Guatemala, Haití
y Perú. Corto se quedaba Gaviria en la lista de países, obligado a no
herir demasiadas susceptibilidades.
Con excepción de cuatro países (Chile, Uruguay, Costa Rica y Panamá) y la
singularidad de otro (Brasil), cuya inmensidad territorial le permite
disfrazar el impacto de las desigualdades (al costo de vender extensiones
de territorio mayores que Irlanda, deforestar la Amazonía y sacrificar a
los pueblos aborígenes), América Latina ofrece un panorama desolador de
desigualdad, pobreza, endeudamiento, emigración y, consecuentemente,
volatilidad política y social.
Nada ilustra mejor el fracaso de los sistemas imperantes que la marejada
migratoria que desvertebra a la región, de la Patagonia al río Bravo. No
son únicamente argentinos los expulsados de su patria. No es Ecuador, con
sus 800. 000 emigrados, el país que ostenta el récord del éxodo
poblacional. De El Salvador han huido en los últimos seis años un millón y
medio de personas. De Nicaragua, un millón.
México, merced a su vecindad con el imperio, se beneficia de la tolerancia
hacia la riada de desheredados (18 millones de mexicanos han emigrado),
gracias a lo cual el sistema, aunque cruje, no estalla. Haitianos y
dominicanos, desamparados en su insularidad, huyen como y hacia donde
pueden. Los haitianos, a República Dominicana y al mar. Los dominicanos, a
EEUU y España. Centroamérica se ha convertido en zona de paso para miles
de ecuatorianos y peruanos. Colombianos y venezolanos intentan el acceso
directo a EEUU. La región, con las excepciones indicadas, expulsa a
millones de hijos en el mayor drama humano de su historia desde la
independencia.
Las consecuencias del colapso latinoamericano están cotidianamente en los
medios de prensa, aunque poco o nada suele decirse sobre sus causas. Tras
décadas de dictaduras feroces y gobiernos represivos que en Chile,
Paraguay y Guatemala siguen pasando factura, la región vio el advenimiento
de sistemas más o menos democráticos. Se creyó que, al fin, prosperidad y
libertad podrían convivir dentro de sistemas políticos y económicos donde,
por una vez, cupieran todos. Retornaron centenares de miles de refugiados
y perseguidos políticos, desapareció el horror a ser arrestado, muerto o
desaparecido. El fin de la Guerra Fría permitió acabar con los conflictos
armados -algunos duraban décadas-, que asolaban a varios países. Se pensó
que, concluidas las crisis internas, retornarían los capitales evadidos,
mejorarían los intercambios económicos con otras regiones y países,
disminuirían las atroces desigualdades y habría más oportunidades.
No fue así. Bajo la ola neoliberal y la presión de los organismos
financieros multilaterales, de las multinacionales y de los gobiernos de
los países ricos, las naciones latinoamericanas sacaron a subasta sus
riquezas. En un tiempo récord desmantelaron los estados, privatizaron
empresas públicas, recursos naturales y servicios sociales. Las empresas
extranjeras realizaron negocios escandalosos comprando a precio de saldo
el patrimonio estatal y nacional. El desarme arancelario provocó la
quiebra de miles de pequeñas y medianas empresas nacionales, incapaces de
enfrentar la competencia de poderosas transnacionales.
España fue uno de los países que aprovechó mejor las rebajas. Bancos y
empresas privadas y públicas -algunas oportunamente privatizadas-
invirtieron más de 40. 000 millones de dólares logrando crear en pocos años
emporios inimaginables (además de crisis internas con consecuencias
políticas como la de Aerolíneas Argentinas). A las privatizaciones seguían
despidos masivos.
En Argentina y Brasil, las ciudades industriales alcanzaron niveles
desconocidos de desempleo superiores al 20%. En medio del festín, la
corrupción se hizo endémica, provocando, además del desarme moral, un
incremento espectacular de las desigualdades en una región ya célebre por
ello.
Las relaciones entre la Unión Europea y Latinoamérica ejemplifican el
aumento de la desigualdad en el ámbito internacional. Desde 1993 el
intercambio birregional ha pasado del superávit (que en 1990 era de 12. 884
millones de dólares sólo para MERCOSUR) al déficit (que alcanzó los 16. 000
millones en 1998) con una particularidad: Latinoamérica importa productos
de alto valor añadido y exporta materias primas (café en grano, plátanos,
petróleo crudo, minerales). Este modelo reproduce la clásica estructura de
los intercambios Norte-Sur.
La tasa promedio anual de crecimiento de las exportaciones europeas hacia
América Latina fue del 12,5%, frente al exiguo 1,7% de las importaciones.
El intercambio entre la UE y Mercosur (80% del intercambio birregional) es
cada día más asimétrico: entre 1993 y 1997, las exportaciones de la UE
crecieron un 343%. Las del Mercosur un 25%. El intercambio desigual se
manifiesta de otra forma. En Latinoamérica, las empresas extranjeras se
benefician del desarme arancelario. EEUU y la UE, por el contrario, oponen
un duro proteccionismo a los productos agrícolas dejando fuera de juego
uno de los sectores más competitivos de la región.
En 1998 la OCDE se gastó 362. 000 millones de dólares en subvencionar el
sector agropecuario so pretexto de proteger la agricultura europea. En la
otra orilla, según informe del BID de abril de 2000, la pobreza rural ha
empeorado con relación a 1980. La ruina y degradación del campo ha
multiplicado el éxodo hacia las ciudades, agravando la crisis de servicios
y empleo en unas urbes ya de por sí saturadas. Por otra parte, la
celebración de elecciones rituales -que quienes no sufren pobreza ni
marginación consideran prueba suficiente de democracia- hace olvidar que
los gobiernos electos no dudan en usar la represión para sofocar el
descontento social. En Venezuela, desde 1994, Rafael Caldera gobernó con
poderes de emergencia y en 1995 amenazó con recurrir al Ejército para
aplacar las protestas sindicales. En Bolivia, en abril de 1995, el
presidente Sánchez de Losada decretó el estado de sitio. El Gobierno de
Fujimori, en Perú, degeneró en dictadura. La firma de la paz en Guatemala
no ha logrado que desaparezca el terrorismo de Estado. Colombia vive bajo
estado de emergencia permanente. En Nicaragua las protestas sociales han
dejado una decena de muertos en los últimos años y el país está sumido en
la parálisis y el caos. En Brasil, en 1996, la Policía Militar disparó
contra 1. 500 campesinos del Movimiento Sin Tierra matando a 19 e hiriendo
a 70.
La incapacidad de los sistemas políticos de dar respuesta a las
necesidades sociales explica un fenómeno inédito en un subcontinente
marcado por el caudillismo: el derrocamiento o destitución de presidentes
por medio de revueltas populares. Collor de Melho, en Brasil, inauguró la
lista. Las protestas en Ecuador tumbaron a dos presidentes. Otros cayeron
en Guatemala y Paraguay. Fujimori fue el último. Poca atención se ha
prestado a la causa última del fenómeno, que no es otra que el descontento
generalizado ante la escandalosa corrupción, el fracaso de los modelos
económicos y la extensión de la pobreza y el desempleo. Las revueltas
contra los presidentes deben entenderse como sublevaciones contra el
sistema por ellos representado, frustradas por la acción combinada de las
Fuerzas Armadas, ciertos gobiernos extranjeros y las cleptocracias
gobernantes para mantener un modelo fracasado.
El malestar creciente y la desesperación de los desfavorecidos están en la
base de dos de los acontecimientos más singulares de los últimos años. En
primer lugar, el triunfo electoral de Hugo Chávez en Venezuela, que puso
fin al decrépito sistema bipartidista instaurado en 1959 que arruinó al
país a pesar del maná petrolero. En segundo lugar, el fin de 70 años de
priísmo en México, que sería imposible de explicar sin el shock provocado
por las políticas neoliberales de Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo que
enterraron el sistema paternalista que caracterizó la política del PRI,
sobre todo desde el gobierno de Cárdenas. Cabe recordar que
privatizaciones y desarme arancelario provocaron que el salario cayera un
23% y que la pobreza se extendiera a más de 40 millones de mexicanos.
El éxodo latinoamericano es la expresión más dramática del fracaso de las
democracias neoliberales, excluyentes y corruptas. La autodestrucción de
la Unión Soviética, la parálisis de la izquierda y la memoria viva de los
horrores sufridos bajo las dictaduras fascistas han provocado que el
descontento mayoritario y la ruina económica no desemboque -con excepción
de Venezuela- en revoluciones, ya democráticas, ya violentas.
El descontento, que antes se canalizaba hacia la militancia política o la
insurgencia, toma hoy forma de éxodo, que es la opción de quienes han
perdido toda esperanza de que el país pueda cambiar o el sistema mejorar.
El éxodo hará más profundo el subdesarrollo y el atraso, pues los
emigrantes pertenecen a los sectores más dinámicos.
Podrán los países ricos elogiar los sistemas políticos latinoamericanos en
la medida en que han permitido el enriquecimiento de sus empresas
nacionales. Para los países latinoamericanos, sin embargo, esos sistemas
han significado un cúmulo sin fin de fracasos, lo que recuerda que sigue
abierto el reto de inventar y construir sistemas políticos propios, que
junten democracia política y democracia económica; desarrollo económico y
justicia social. La crisis regional confirma lo sabido: si las imitaciones
sirven para poco, los remedos acaban en catástrofe. Los sistemas políticos
funcionan cuando resultan de cada realidad nacional. Para servir a los
pueblos, no para destruirlos; para promover el bienestar general, no para
enriquecer a minorías nacionales y extranjeras. Por eso mismo, vistos los
resultados y atendiendo a las perspectivas inmediatas, hablar del éxito de
la democracia en Latinoamérica sabe a burla. A sumar, a los cuernos,
palos.


(*) Augusto Zamora R. Es profesor de Derecho Internacional y Relaciones
Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid

EL MUNDO

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 20/06/2010

Gracias patricia. El tema es importante y para mucha exposicion.

Por eso pregunto: estamos preparados para vivir democraticamente?

Los argentinos sabemos vivir en democracia o somos hijos del rigor?

Hace años estamos viviendo con gobienos democraticos, elegidos por el pueblo y ninguno ha funcionado.

No deberenos cambiar nosotros como pesonas?

Si conocemos las legalidades y deberes, por que debemos vivir llenos de carteles?

Prohibido: bla, bla, bla, lo que todos conocemos.

Como dijo el negro gonzalez oro en su proghrama de radio en hn5 en su conmovedor mensaje a los argentinos (video quie subire ya) y los quiero compartir con ustedes.

Antes de juzgar, no es mejor vernos como personas y empezar por casa, pues de otra manera, nunca tendremos el pais que deseamos.

Tenemos a una sra. Presidente, maria cristina fernandez de kischner, en democracia, con libertad de expresion, buena vision de nuestro pais en el muindo. Nadie escucha bien sus culturales discursos y su polenta patriota, defendiendo sus posturas y por logica el bienestar del pueblo. Pero lo unico que se mira, es como va vestida a las reuniones. Acaso debe ir como una saparrastrosa. Es nuestra imagen al exterior y al pueblo. Ver video. Bendiciones.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 21/06/2010

Patricia. Tambien me pregunto a veces, si no estariamos mejor siendo colonia, quizas seriamos atendidos de otro modo y no nos seguirian usurpando lo que es nuestro. Es verdad que es un pais muy rico y que hay de todo y lamentablemente hambre (cuando cada yuyo que nace es alimento), pero despues de tantos desfalcos vividos, nadie puede hacer un milagro. No seria conveniente que reportaran todo el dinero que llevaron al exterior con guante blanco, desde muchos años atras? Y QUE SE TERMINE LA CORRUPCION. Pues es como en una familia, si la discordia, los revoltosos y los ladrones estan en casa, para que necesitamos alarmas o custodias? Bendiciones.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 21/06/2010

Si Patricia, somos colonia, pero no declarada, sino desbastada y ante Nelson Mandela me quito el sombrero, pues se necesitarian muchos personajes humanitarios y luchadores por su pueblo como el. Que ha pasado la mayor parte de su vida prisionero por su causa y aun en la vejez y ya muy enfermo, no claudica en su postura y pensamientos. En cuanto al capitalismo internacional, tambien debemos considerarnos culpables, por ser sumos consumidores de sus especies y tecnologias, que no nos han civilizado. NOS HAN (O HEMOS) IDIOTIZADO. Por lo que veo, estamos solas aqui. Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz. Bendiciones.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 21/06/2010

Gracias Alejandro. No te habia visto. Jajajajajajaja. Amo a nuestro pais, pero tambien soy realista. Has visto el video de Gonzalez Oro que subi? Bendiciones.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 21/06/2010

Alejandro amigo. No estamos aqui, en contra de la democracia, muy por el contrario, si, sobre si estamos preparados para disfrutarla, pues tampoco debemos olvidar las oportunidades que hemos tenido y que perdimos. De ARGENTINA hablo, claro esta. Gracias y bendiciones.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 21/06/2010

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 21/06/2010

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 21/06/2010

Latinobarómetro es un estudio de opinión pública que aplica anualmente alrededor de 19. 000 entrevistas en 18 países de América Latina representando a más de 400 millones de habitantes.

Corporación Latinobarómetro es una ONG sin fines de lucro con sede en Santiago de Chile, única responsable de la producción y publicación de los datos.


Latinobarómetro es un estudio de opinión pública que aplica anualmente alrededor de 19. 000 entrevistas en 18 países de América Latina representando a más de 400 millones de habitantes. Corporación Latinobarómetro es una ONG sin fines de lucro con sede en Santiago de Chile, única responsable de la producción y publicación de los datos.

LA DEMOCRACIA EN AMÉRICA LATINA


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 21/06/2010

Desigualdad, pobreza y exclusión: impotencia, fatiga y asedio en las democracias latinoamericanas ( I )*

Fernando Filgueira y Cecilia Rossel

Si América Latina no logra en el futuro cercano acompasar la democracia con el crecimiento y la igualdad su destino no será, ciertamente, democrático, al menos no en ningún sentido que se aproxime a las ideas básicas de democracia que el sentido común puede imaginar


Introducción

Al finalizar el siglo XX casi la totalidad de los países latinoamericanos presentaban regímenes políticos competitivos que en principio nadie dudaría en considerar democracias. Sin embargo, ni el político, ni el ciudadano, ni el analista que observa la región está dispuesto a aceptar la premisa de que las democracias están "consolidadas" (1) . Esta percepción de no consolidación combina dos evaluaciones bastante diferentes. Por un lado, existe la desconfianza acerca de la perdurabilidad de estas democracias en lo que hace a sus mínimos procedimentales. Por el otro, una sospecha de que las democracias de la región son un animal diferente a aquel que uno tiene en mente cuando habla de la democracia de los países centrales. Ambas evaluaciones contribuyen a esta noción de que en materia política no hemos llegado a un punto final en el desarrollo y madurez de nuestros regímenes democráticos.

Esta tendencia a no dar el tema por saldado no responde a la admisible premisa de que toda realidad es mejorable, ni a aquella que considera estos problemas como propios de un "estadio" de desarrollo democrático. No. La sospecha definitiva y clara es que si bien se ha avanzado y mucho en materia política en la región, algo no está del todo bien, algo no encaja. Hay razones suficientes para esta desconfianza. Si bien las democracias electorales han persistido, y si bien no estamos en presencia de regímenes abiertamente autoritarios, también es posible constatar al menos cuatro procesos que erosionan y con razón la confianza en los regímenes democráticos, en su estabilidad, en su calidad y en definitiva en su sustancia (2) .

a. Muchos de los países de la región debieron enfrentar durante la década de los noventa crisis políticas de enorme magnitud, algunas de las cuales se reencauzaron sin mayores problemas por las sendas democráticas, en tanto otras transitaron los peligrosos caminos de las democracias plebicitarias o los autoritarismos "constitucionales". Este desafío puede ser denominado como el de la estabilidad liberal de la democracia. En la base de este desafío se encuentra no sólo la premisa Dahliana de reglas de juego acordadas para la disputa del poder por parte de las elites sino también un muy importante déficit de representación de los actuales sistemas partidarios en muchos de los países de la región. Este es precisamente el segundo desafío.

b. En efecto, en un conjunto nada menor de países se ha producido un proceso creciente de apatía, desinterés y desconfianza por parte de los ciudadanos en los mecanismos democráticos y en algunos casos una abierta elección por los canales no partidarios ni electorales de expresión ciudadana. Estas expresiones en muchos casos han seguido parámetros organizados y esencialmente positivos en materia de incorporación ciudadana, en tanto en otros casos se han manifestado en forma anómica y violenta, afectando la estabilidad de los gobiernos electos, cuando no de los propios regímenes. Este desafío se sintetiza en la idea de déficit de representación y participación y el problema de la anomia social y política de las masas. Este déficit de
representación también posee raíces claras en otro problema que se discute a continuación, y es el marcado proceso de deflacción ideológica que dominó el final de los ochenta y buena parte de los noventa, generando un pérdida de sentido sustantivo en la alternancia político-electoral.

c. La paradoja de la democracia en la segunda mitad del siglo es que en tanto esta significó alternativas distributivas y de poder reales la misma fue profundamente inestable. Luego de los años ochenta con un fuerte proceso de deflacción ideológica y una creciente aceptación de los límites de la transformación por parte de todos los actores partidarios relevantes, la democracia se ha tornado indudablemente más estable. Este problema central puede ser definido como el de ausencia de "alternancia significativa". Si bien esta pérdida de "alternancia significativa" también se encuentra presente en los países centrales, la misma se apoya sobre niveles de incorporación básica a las formas de ciudadanía civil y social con que
América Latina no cuenta. La apatía o la anomia de la población de América Latina respecto a la política democrática, no es aquella que se manifiesta en las democracias afluentes. Su naturaleza es radicalmente distinta y responde en buena medida a esta ausencia de sustancia en la alternancia, en tanto otra parte de la explicación descansa en los extremadamente altos niveles de pobreza y desigualdad que signan a estas sociedades.

d. La mayor parte de los países latinoamericanos presenta niveles de desigualdad y pobreza que una década de democracia no ha logrado abatir en forma significativa (en muchos casos ha aumentado la pobreza -o se ha mantenido en niveles inaceptablemente altos- y en casi todos ellos ha aumentado la desigualdad). Esto coloca un doble desafío al futuro democrático de la región: el de fortalecer o más aún, construir las bases sociales de la democracia y el de lograr demostrar a la ciudadanía una cierta función social de la democracia. Este último desafío no implica el logro de igualdad socioeconómica entre los ciudadanos, pero sí la demostración de que en el largo plazo la democracia busca proteger a las mayorías en contextos de crisis, e intenta lograr que las mismas se beneficien de períodos de expansión.

En este documento se argumentará que estos últimos dos desafíos sintetizados en el punto (d) constituyen una clave fundamental en el futuro de las democracias latinoamericanas. Lo que es más, los problemas de " estabilidad liberal de la democracia ", " déficits de participación y anomia " y de " alternancia significativa " aparecen fuertemente afectados por el deterioro de las bases sociales de la democracia y son a su vez causa y efecto de " la invisibilidad de la función social de la democracia ".


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 21/06/2010

Eventualmente la estabilidad de los regímenes democráticos puede volver a verse severamente afectada y no deben descartarse soluciones autoritarias, que no por diferenciarse de las pasadas dejen de ser soluciones autoritarias. El otro riesgo real aparece como el vaciamiento definitivo de las democracias, en donde el título honorario poco tiene que ver con la realidad. Aquí es importante hacer un fuerte argumento conceptual y doctrinario. El que los regímenes políticos de la región no devengan en autoritarismos no quiere decir que sean democráticos. Es absurdo y empobrecedor considerar que existen solamente dos tipos de régimen político. Aún el que los regímenes que eventualmente se erijan en la región sean mejores que un sistema autoritario no quiere decir -nuevamente- que sean democráticos.

Si América Latina no logra en el futuro cercano acompasar la democracia con el crecimiento y la igualdad su destino no será, ciertamente, democrático, al menos no en ningún sentido que se aproxime a las ideas básicas de democracia que el sentido común puede imaginar.

1. La modernidad esquiva: democracia y desarrollo en el siglo veinte en América Latina


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 21/06/2010

a. El experimento fallido

América Latina ha constituido por mucho tiempo un laboratorio único para el estudio del desarrollo social y político (3) . Ninguna región del mundo ha abrazado y al mismo tiempo fracasado tantas veces en su intento por emular al occidente rico . Si por un lado las colonias de asentamiento blanco y raíz anglosajona son ejemplo de logro en esta materia, Asia y África lo son de rutas alternativas al modelo occidental. Sólo América Latina puede mostrar tantos intentos como fallas para ser "occidental" durante el siglo veinte. Intentos republicanos transformados en oligarquías, esfuerzos democráticos reducidos a formas dictatoriales, búsqueda de orden para caer en crónica inestabilidad y anarquía. También la región quiso ser socialmente moderna, buscando la industrialización y urbanización de sus sociedades, para llegar a megaciudades caracterizadas por la exclusión social de sus ciudadanos. Forjó también la utopía de clases medias sólidas que rara vez se completó. Y abrazó la ilusión educativa , que luego de los años cincuenta se desvaneció, siendo la región testigo impotente de los logros educativos superiores primero de la Europa mediterránea, luego del impulso asiático, y actualmente de la recientemente transformada Europa del este. Mientras tanto, la región se alejaba más y más de su norte occidental de poblaciones crecientemente educadas.

La actual ola democrática iniciada en los años ochenta y la hegemonía de la ideología de mercado de la últimas dos décadas y media representaron, a juicio de muchos, una nueva promesa de crecimiento, bienestar y estabilidad política y democrática. El inicio del siglo ha hecho añicos otra vez esta ilusión. Con la excepción de Chile, que efectivamente parece encaminarse a un modelo socio-político relativamente moderno y estable, apoyado en una economía que parece haber superado el clásico síndrome de ciclos de " stop and go ", el resto de la región muestra enormes problemas económicos, sociales y políticos. Argentina enfrenta la peor crisis económica y social de su historia, en tanto el sistema político intenta sobrevivir a sus propias disfuncionalidades y a la ira de unos y desafección de otros ciudadanos. Venezuela se debate entre el autoritarismo "constitucional" y la incertidumbre activa de la oposición. La mayor parte de los restantes países de la región presentan escenarios confusos, en donde si bien la democracia no parece estar en cuestión, in totum , si lo están su calidad, gobernabilidad, así como la honestidad y aptitud de sus elencos gobernantes. Aún Chile y México, que presentan en la actualidad realidades notoriamente mejores en estos aspectos, enfrentan los desafíos de disminuir sus niveles de pobreza y abatir ominosos grados de desigualdad .

Quienes comparten la idea de que la riqueza nacional es la clave para la persistencia y perfeccionamiento de la democracia, se afilian a una tesis de tipo "locomotora". En tanto la región siga abriendo sus economías y apueste a la responsabilidad fiscal, las economías crecerán y la democracia se fortalecerá. Este argumento no es cierto al menos por dos razones y es inútil por una razón adicional. La primera se esgrime en el punto que sigue, e indica que desde 1970 a la fecha la región no presenta relación alguna entre riqueza y democracia. Esta relación, constatable entre 1950 y 1970, desaparece en fechas posteriores. La segunda razón es más compleja, y para su discusión se requiere explorar los vínculos de ida y vuelta entre desarrollo social y desarrollo político de la democracia. A ello se aboca la segunda parte de este trabajo.

Finalmente la inutilidad del argumento se da por la simple razón de que los países no eligen sus tasas de crecimiento. Tampoco lo hacen los economistas. Lamentablemente y a la luz de la evidencia de los últimos 20 años, lo único que tenemos como guía de ruta de las razones del crecimiento económico en la región son explicaciones a posteriori de los fracasos, y un caso ejemplar, Chile, hoy disputado como ejemplo de políticas neoliberales y neodesarrollistas.


Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 22/06/2010

Gracias Cecilia amiga. Me alientas mucho, pues hay mucha gente que no ha comprendido la referencia de este debate. Y si bien se ha luchado por vivir en democracia y seha logrado en diversas oportunidades, que hemos perdido, yo cuestiono: VERNOS NOPSOTROS COMO PUEBLO Y SI EN REALIDAD ESTAMOS PREPARADOS PARA VIVIR EN ELLA.? POR ESO SUBI UN VIDEO: conmovedor mensaje a los argentinos, que me ha conmovido mucho, pues es muy realista. Esto se asemeja a culpar a Dios por los terremotos, cuando estamos los humanos, destruyendo el medioambiente. Un abrazo y bendiciones.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 29/06/2010

Gracias Walter. Bendiciones.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 30/06/2010

Los sujetos de la democracia: instituciones e individuos.

Es habitual en las Ciencias Sociales, cuando se trata de analizar o explicar ciertos fenómenos, optar por algunas variables a las cuales se atribuye un peso explicativo relativo mayor, y dejar de lado otras. Esto es justo, porque la selección sistemática e indiscriminada de posibles causas directas o indirectas de un fenómeno nos llevaría, irremediablemente, a la Historia Universal. En este artículo vamos a seleccionar las variables que nos parecen más relevantes para el destino de la democracia en América Latina. Para eso nos ocuparemos de evaluar las variables seleccionadas por diferentes corrientes de análisis y vamos a postular la importancia de otras que todavía no han sido recogidas en la literatura de la teoría democrática, pero que surgen, cada vez con mayor nitidez, como condicionantes del destino de la democracia en nuestro continente.

En principio tomaremos en cuenta las variables incorporadas al análisis por los institucionalistas y neo-institucionalistas, que jerarquizan el peso de las instituciones y reglas de juego en la suerte de las democracias. Pero, principalmente, trataremos de desentrañar las lógicas de acción de los individuos, integrantes de las sociedades y de las élites, que consideramos como los sujetos centrales de los regímenes políticos democráticos en América Latina.

De esta manera construiremos un escenario de observación donde podamos ver el peso de reglas, instituciones y procedimientos de funcionamiento de la democracia y también las necesidades de los individuos, y cómo la democracia, u otros conceptos políticos rivales, pueden ofrecer satisfacción a las necesidades de esos individuos.

Como tesis de este análisis proponemos que la suerte de la democracia en América Latina depende, primariamente, del grado por el cual este tipo de régimen garantice ciertos derechos elementales de los ciudadanos: trabajo, alimentación, salud, educación, seguridad o integración a la sociedad. De manera secundaria, su consolidación y su eficiencia consideramos que se vincula al buen funcionamiento de sus instituciones políticas y al comportamiento democrático de sus élites.

Entre las variables del primer tipo seleccionamos, en principio, el grado de exclusión social. Si mantenemos el actual grado de exclusión y marginalidad en las sociedades latinoamericanas, o si ésta aumenta, la democracia se reducirá de manera sensible, dando paso a las múltiples formas de autoritarismos o neoautoritarismos que, ya en el presente, han surgido o comienzan a surgir en el continente.

Otros dos factores sociales son de primera magnitud explicativa en el destino de la democracia: el desempleo y la seguridad ciudadana. Con muy altos índices de desempleo, marginalidad y ampliación de los niveles de pobreza, especialmente si se producen cambios de registros abruptos y negativos, se abren las puertas a estallidos sociales de resultados lesivos a la estabilidad de las democracias. La ausencia de seguridad, especialmente a través de la violencia anómica u organizada, sea por el hampa, narcotráfico o por organizaciones de guerrilla, legitima las formas violentas de cambio o de control social y las alternativas antidemocráticas de dominación.

Entre las variables institucionales de la democratización deben figurar, en primer término, las técnicas electorales que aseguren la pureza del sufragio. Mientras existan técnicas que dejen abiertas las puertas al fraude electoral, al engaño y a la estafa de la voluntad de los ciudadanos, la democracia no existirá, o no existirá como régimen consolidado. Es probable que la extraña definición de las últimas elecciones norteamericanas abra un importante espacio de debate para el mejoramiento de estas técnicas. También sería importante, a la luz de esta experiencia, que los países latinoamericanos dejaran por un momento la costumbre de mirar a los Estados Unidos como ejemplo de democracia, y observen las técnicas desarrolladas por otros países latinoamericanos que aseguran una limpieza, pureza y sinceridad practicamente absoluta del voto.

Consideraremos también otras variables institucionales. La adecuación entre sistemas de partidos y sistemas de gobierno, señalada por los institucionalistas, tiene un cierto valor predictivo del posible éxito o fracaso de las democracias de nuestro continente.

Por último retendremos otro conjunto de variables concernientes a los comportamientos de las élites políticas. Ningún diseño institucional funciona bien si las élites políticas no tienen un comportamiento democrático, que circule dentro de ciertos umbrales de aceptabilidad. La estabilidad democrática depende de ciertos comportamientos tales como el consenso en torno a las reglas de juego políticas, tolerancia, negociación, compromiso, pragmatismo. Muchas veces estos comportamientos son aprendidos o reaprendidos a partir de experiencias traumáticas, mediante un proceso que se instala en la memoria de las élites y de las sociedades en los diferentes países.

Mirta Rosa Carceles
Perito mercantil colegio nacional tres...
Escrito por Mirta Rosa Carceles
el 30/06/2010

Lejos de los ojos, lejos del corazón. La democracia a domicilio.

Longe dos olhos, longe do coraçao, dicen en Brasil. Lo que no se ve, lo que no está presente en la vida cotidiana, no se quiere. Es imposible que la democracia se quiera, se valorice y se defienda si no llega a la casa de las personas mejorando sus condiciones de vida.

La suerte de la democracia, con su itinerario de éxitos o de fracasos, está directamente vinculada a la capacidad de este régimen político de satisfacer ciertas demandas básicas de los individuos que componen las sociedades. Esta precondición de la vida democrática ha sido, sin duda, percibida por los organismos internacionales orientados al desarrollo como el BID o el PNUD, los cuales promueven políticas sociales tendientes a reducir la pobreza, medida en términos de necesidades básicas insatisfechas. Ciertas limitaciones de estos programas y de las políticas sociales que se implementan localmente, problemas a los que no están ajenos la hegemonía prácticamente excluyente de los economistas y de las metodologías cuantitativas, han determinado una cierta reducción de la pobreza pero, al mismo tiempo, el mantenimiento de altísimos niveles de marginalidad. Precisamente esta marginalidad, en sus diferentes dimensiones, es hoy el principal desafío social a la consolidación y al éxito de las democracias en América Latina.

La marginalidad tiene diferentes vertientes y dimensiones en América Latina. Muchas veces se presenta como marginalidad urbana, vida en asentamientos irregulares y viviendas de emergencia, con aculturación y pérdida de referentes y valores, propios del emigrado rural que pasa a vivir en los cordones de miseria de las grandes ciudades. Este contexto es fértil para generar vínculos con antimodelos sociales o políticos, con organizaciones del hampa, del narcotráfico o con agrupaciones políticas extremistas y violentas, de variados signos ideológicos y de contenidos invariablemente antidemocráticos.

En muchos países de América Latina, a estos problemas comunes a todo el continente se suman elementos de alienación social y de contraidentidades basadas frecuentemente en una pertenencia étnica común, indígena, con una larga historia de marginación.

Es frecuente que importantes masas marginalizadas se activen políticamente mediante la incorporación de ideologías, las cuales son portadoras muchas veces de contenidos violentos, debido a que son las que mejor se adaptan a la representación del mundo de los excluídos. Esta “marginalidad ideologizada” parece ser, en ciertos casos, una de las amenazas más serias a la estabilidad política de algunas democracias del continente.

Vinculadas con estas formas de marginalidad social, varios países de América Latina han visto surgir nuevas formas de autoritarismo. Esta suerte de neo-autoritarismo se sustenta en una mezcla muy heterogénea de recursos políticos y comunicacionales. Hay espectáculo, medios de difusión, marketing, Internet, plebiscitos, reelecciones insconstitucionales legitimadas por un poder judicial adscripto al poder ejecutivo, ciertos contenidos ideológicos nacionalistas o indigenistas y, sobre todo, un sustento muy fuerte en los sentimientos antisistema y en las demandas de los excluídos sociales.

En su dimensión social, las perspectivas para la democracia no son buenas, por lo menos para los próximos cinco años. Los efectos, sin embargo, de la deslegitimación social de la democracia no son en estos años tan desestabilizadores como pudieron haberlo sido en otras épocas, porque otras variables políticas antidemocráticas, nacionales e internacionales, no actúan con la misma intensidad. Es probable que en los próximos cinco años se propaguen, con idas y venidas, flujos y reflujos, algunas formas autoritarias o neo autoritarias, preocupadas sin embargo de mantener la denominación de democracias, y encargadas de satisfacer autoritariamente algunas de las demandas más fuertes generadas por la exclusión social.

Es probable que la próxima década se complete con datos más favorables para los componentes sociales de la democracia, debido a un recentraje de las políticas sociales llevadas a cabo en el continente, y a una preocupación mayor por la disminución de la marginalidad.