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Foro de Ciencias sociales



DEL HUMANISMO ATEO AL SOCIALISMO CRISTIANO

Jacobo
Escrito por Jacobo
el 02/06/2010

La asociación de palabras “Humanismo ateo” encierra una contradicción interna, porque el Ateísmo niega y destruye no sólo lo más propio y hondo de nuestro ser de hombres, la semejanza con Dios, sino el auténtico humanismo como tal; y aunque el título del presente artículo sugiera en sí mismo la transición de una a otra doctrina, mi interés real va dirigido a seccionar una parte de la historia moderna, que pone actualmente a nuestra disposición, después de una larga maduración, los insumos necesarios para la construcción de una sociedad cuyas bases sean constituidas por un Humanismo positivo, vital para la realización de nuestros más sublimes anhelos.

La característica de amplios sectores de la vida intelectual de los tiempos modernos consiste en consagrar su interés central en el hombre. De ahí que muchos pensadores quieran llamarse “humanistas”, por el hecho de profesar solemnemente esta primacía científica y teórica del problema del hombre. Y a sus concepciones filosóficas las designan con el nombre de “Humanismo”, pese a que desfiguran totalmente la imagen del hombre, incluso negando por completo su relación con la trascendencia.

Algunas tendencias filosóficas creen que el hombre está tan supeditado a la naturaleza, que le niegan el conocimiento espiritual y la libre voluntad. Y otras creen que el hombre está totalmente a merced de los poderes de la economía y de la técnica.

Por ello, para introducirnos adecuadamente al compendio de estos pensamientos filosóficos y su correspondiente análisis, evocaré una frase de Bacon de Verulam: “El gustar superficialmente la Filosofía puede conducirnos talvez al ateísmo, pero el saborearla profundamente hace retornar a la religión”.

Contrario al Humanismo de la Edad Media, en el cual se procuraba primordialmente el conocimiento de Dios, y posteriormente, a la luz de este conocimiento, el estudio de todos los demás problemas; el Humanismo Moderno centra su interés fundamentalmente en el Hombre, dejando a la luz de éste, y en un plano secundario, el problema de la existencia de Dios.

Es así como la mayoría de concepciones filosóficas actuales se precian de “Humanistas”, constituyendo éste el núcleo de sus disquisiciones, apartándose de su acepción antigua, y convirtiéndose en un vocablo de exiguo significado.

El Individualismo y el Liberalismo; el Marxismo y el Comunismo; el Materialismo y el Biologismo, son formas muy diversas de este Humanismo ateo.

A través del Liberalismo se pretende romper la vinculación entre Dios y el mundo, profesando la doctrina de una pura inmanencia cósmica, acentuando cada vez más la independencia y autonomía de los diversos ámbitos de la cultura, así como la completividad del hombre en sí mismo y su absoluta libertad. Se despoja al Derecho y a la Moralidad de todas sus notas trascendentes. Para ellos, la ciencia debe rehusar a la teología todo derecho a manifestarse. En la economía, lo único que interesa es la ganancia; y en la política, el poder. En general, el hombre puede determinar a capricho nuevos valores y nuevas normas; es decir, la cultura y el hombre son independientes y absolutamente autónomos.

Por otra parte, el Individualismo afirma que cada hombre es un individuo y está llamado a desarrollar sus aptitudes y cualidades individuales, y es válida cualquier intención o medio, orientados a defender su individualidad contra cualquier colectividad.

Sin embargo, esta comprobación no capta toda la esencia del hombre, pues lo verdaderamente esencial para el hombre es su personalidad: el estar dotado de espíritu y ser semejante a Dios. Si bien es cierto, la persona es completa en sí misma en relación a que posee valor propio, mas no está cerrada hacia el exterior, es decir, no se basta a sí misma ni puede considerarse a sí misma como meta final. La persona es sin duda un ser individual, pero es también un ser social que está destinada a convivir y cooperar con los demás hombres, de tal manera, que sin esa comunidad humana, el hombre no puede llegar a la maduración ni mucho menos a la plenitud de su ser y de la propia individualidad. Cuando el individuo niega toda relación de dependencia con la trascendencia, y quiere absolutizarse, entonces se priva a sí mismo de todo el enriquecimiento personal que le viene de parte de Dios y de la sociedad Humana.

Las experiencias del siglo pasado y las de estos últimos años, nos enseñan que el Individualismo capitalista constituye la realización más total de la materialización de la actividad humana, su sumisión a las cosas y al dinero, por lo que es radicalmente incapaz de promover una sociedad de hombres libres. Esta clase de sociedad está dominada por los tecnócratas que hacen del poder financiero el medio del poder total, cuyo proyecto es la multiplicación de los bienes de consumo, con una falsa “democratización” de sus ideales de lucro, haciendo sucumbir a los hombres a la tentación de la pura eficacia económica.

Ha sido evidente que el Individualismo no ha propiciado las condiciones para que cada cual alcance un nivel de vida compatible con la dignidad humana, ni el ejercicio de las responsabilidades necesarias para el completo desenvolvimiento del ser humano; lejos de ello, ha suscitado el candente problema social y provocado las soluciones extremas teóricas del Marxismo y Comunismo.

Para el Marxismo y el Comunismo, teorías que se aferran al Materialismo, modificado con ayuda de la dialéctica Hegeliana, toda fe deberá sustentarse en las doctrinas de la eterna fuerza creadora de la materia, del autodinamismo de la naturaleza, de la autoconfiguración del hombre por medio de la progresiva transformación de la naturaleza y de la sociedad. Consideran refutada y absurda cualquier manera de pensar y querer, en cuanto a su armonización con la religión. De esta manera, se destrona voluntariamente a Dios y entronizan en su lugar a una materia dotada de infinito poder creador. Consideran que no puede existir un Dios que sea principio y fin de todas las cosas, y que el mundo tiene que buscar en sí mismo su propio fundamento. El Hombre, por tanto, ha de ser libre, y configurarse libremente a sí mismo.

La práctica del Socialismo, que no ha consistido en la transición hacia el comunismo como afirma el marxismo, ha ido sumando elementos enriquecedores en diversas doctrinas sociales, a tal punto que la iglesia misma ha debido reconocer las grandes aportaciones del Socialismo como forma de encaramiento de la realidad histórico-social, y se ha constituido ya como posible opción de los cristianos en su obligado compromiso con este mundo que está exigiendo su presencia, su testimonio, su acción. En el área político-económica , el Socialismo ha significado la semilla de la evolución natural del sistema capitalista hacia formas cada vez más socialistas, de tal suerte que el capitalismo ha ido asumiendo gradualmente, valores y mecanismos de tipo socialista para evitar su autodestrucción, evidenciado por las cada vez más frecuentes intervenciones de los Estados ante las crisis provocadas por el Capitalismo. Sin embargo, éste último jamás podrá cambiarse en Socialismo por evolución progresiva, pues no puede querer la disgregación de su propio fundamento: el lucro.

Tampoco el Socialismo por sí mismo ha llegado a desarrollarse plenamente, porque los motivos fundamentales de su construcción no llegan a enraizarse suficientemente en los hombres, revistiéndose de un cascarón de pretensión metafísica. De ahí la responsabilidad asumida históricamente por algunos cristianos religiosos y laicos, de infundir a la idea socialista un contenido plenamente humano, penetrando la inteligencia de la realidad, y propiciando la abertura de las personas a las exigencias de la trascendencia. Conscientes a su vez de que, dondequiera que el hombre está crucificado por la pobreza de su condición y por el egoísmo de los privilegios, la Iglesia institución ha estado escandalosamente ausente. Es por ello que, a través de este ya identificado Socialismo Cristiano, se consagra en alguna medida el retorno de la iglesia católica al mundo que se ha separado de ella y del que ella se ha separado.

Puedo concluir en que han asumido el objetivo de cargar lúcidamente con el fenómeno de la socialización, dominándolo, y obligándolo a ponerse al servicio de la persona. Respetando la primacía de lo espiritual, han posicionado al hombre como proyecto, y lo impulsan constantemente a que descubra y asuma progresivamente, los valores espiritualizantes de los derechos humanos que él hace suyos y los deberes que de ellos se deducen.

Jacobo Rafael Gattás Villacorta

Lucio Quincio Cincinato
Ciencias sociales de florencia
Escrito por Lucio Quincio Cincinato
el 12/06/2010

La actual crisis financiera en ningún caso ha sido provocada por políticas liberales que, por cierto, nunca se han aplicado, puesto que el prototipo liberal es incompatible con la clase política tal como hoy la entendemos.

Los principales culpables de todo son los políticos intervencionistas y sus juguetitos llamados bancos centrales (instituciones socialistas por antonomasia) que gracias a sus intervenciones arbitrarias, como la de los tipos de interés, nos han llevado al desastre. Ésta es la primera prueba de que ni el mercado libre ni el liberalismo político existen.

¿A que se han dedicado en las últimas décadas el FMI, El Banco Mundial, la OMC, la Reserva Federal norteamericana, la ONU, los Bancos centrales, el G8, el G20, la Comisión Europea y toda la patraña de organismos intervencionistas públicos? Sobran reglamentos y controles, y falta, cada vez más, libertad individual en un escenario global de economía de mercado y Estado de derecho.

Casi la totalidad de la casta política corrupta lleva años y años implementando políticas intervencionistas cuyo tufillo es propio de un rancio marxismo. Políticas que sutilmente disfrazan en lo que viene a llamarse socialdemocracia. Sólo la Libertad es fuente de prosperidad, justicia y bienestar. Esto lo saben muy bien todo pseudocomunista de jamón ibérico de jabugo pero que no van a vivir a Cuba para no tenerse que comer el hueso

Por otra parte, el consumismo es algo que hace feliz a la gente porque satisface necesidades y crea empleo, ¿Tienes algo contra la felicidad?. El comunismo es todo lo contrario, hace desgraciada a la gente, pasa hambre e iguala a todos en la miseria.

Debes saber que para que en una sociedad se pueda acabar con la miseria tiene que crearse empleo y producir bienes que satisfagan necesidades.

Para ello necesitamos inversiones no surgidas bajo privilegios sino las que compiten en igualdad de condiciones en un entorno de libertad y seguridad jurídica. Es decir necesitamos gente que arriesguen sus ahorros con la seguridad de que nadie le va a expropiar las ganancias, pero que si se equivocan en su apuesta deben asumir las pérdidas.

Todo lo contrario a lo que se está haciendo ahora que el gobierno de turno facilita el negocio a sus amiguetes y si va mal las pérdidas las asume el Estado, o sea, los contribuyentes con el dinero que se les ha robado vía impuestos.

Es importante que el Estado esté limitado al mínimo para que sea poco intervencionista. Esto es lo que realmente acaba con la pobreza. A los inversores y a los consumidores los debe proteger un sistema judicial independiente no un Estado totalitario donde la separación de poderes no exista.

El socialismo de derechas o de izquierdas además de machacar el incentivo de obtener beneficios, la libre competencia. La igualdad ante la ley, la propiedad privada de los medios de producción; es incapaz de planificar o coordinar la economía; generando siempre un pifostio allá donde mete sus pezuñas, no sólo político, sino de tipo social y económico.

Es típico que con el socialismo se destruya el sistema de precios fijado por el mercado, fruto de millones de consensos entre consumidores y empresarios. Con el socialismo la totalidad de decisiones se concentran y centralizan en un solo ente que siempre está inmerso en la mediocridad: El órgano planificador central, encarnado por el típico déspota e ignorante, preso de sus sueños pueriles al que siempre le rodea una camarilla de palmeros.

Es un hecho frecuente, entre ilusos dictadores y aprendices a tiranos, el querer planificar un sistema económico. Pero afortunadamente planificar un sistema económico, ¡Casi nada! , no está al alcance de nadie lo que garantiza que los sueños mesiánicos del déspota de turno siempre fracasen; pero con un alto coste en miseria y muerte.

Esto es así porque en todo sistema económico existe un gran número, variedad y localización de los distintos protagonistas de la producción, diferentes opciones tecnológicas para una misma demanda productiva, numerosos procedimientos factibles de las necesidades de producción y miles de millones de genuinas y diversas necesidades personales.

Toda planificación económica necesita la colaboración de todos los que concurren en el sistema económico. Y sólo esto es posible que se dé en un entorno de Libertad y economía de mercado donde, a diario, los emprendedores planifican teniendo en cuenta la relación pérdida/ganancia y los consumidores, satisfacen sus necesidades en base a buscar el mejor producto con relación a su calidad/precio.

El mercado no es violento, el mercado libre siempre fomenta la paz entre los pueblos. Son las fronteras, el proteccionismo, el intervencionismo y los totalitarismos los que traen la miseria y las guerras.

Si existiera en el mundo un libre mercado al 100%, sin que aparecieran esos destructivos totalitarismos bananeros o esos despreciables mercantilismos que lo corrompen todo, es decir, esa forma capilar de corrupción, según la cual los negocios se hacen por el favor y con el beneplácito del poder y a espaldas de los consumidores, sería inimaginable el bienestar, el progreso y el desarrollo de los pueblos del mundo.

¡¡Incluso todavía tenemos que aguantar las memeces de algún que otro mediocre pseudoprogresista que se cree que alguna vez ha habido libre mercado puro, o culpa al liberalismo como el causante de la crisis económica mundial!.

En hacer posible ese 100% de libre mercado estamos unos cuantos que aún creemos en la libertad y el verdadero progreso de los pueblos.

Te quiero aclarar que lo que tu llamas capitalismo con desprecio es realmente mercantilismo o capitalismo de Estado, típico de gobiernos intervencionistas. El capitalismo democrático, que defendemos los anarco liberales asilvestrados como yo, y el mercantilismo son cosas bien distintas, es decir antagónicas.

Con el mercado libre son las sociedades quienes a través de sus demandas por ciertos bienes dirigen el destino de los recursos. En contra, en una economía mercantilista quienes gobiernan la dirigen. Por ello se dice que el mercado libre es democrático, mientras el mercantilismo es autocrático, típico de dictaduras, algunas enmascaradas en falsas democracias.

Con el mercantilismo los gobiernos intervencionistas manipulan el precio del dinero (el tipo de interés) y con su monopolio controlan la oferta de dinero, produciendo grandes desajustes que llevan a crisis económicas como la que estamos padeciendo.

Por si fuera poco, el mercantilismo y sus extensas regulaciones vigila las operaciones financieras, no tanto para proteger derechos de los consumidores sino intereses espurios de sus empresarios afines. Para colmo, algunos empresarios irresponsables pierden la mesura, pues confían en que gobiernos intervencionistas les salven de sus errores. ¡Y vemos que si les salva, pero a costa del contribuyente!.

Lodicecincinato. Tk