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De la mecánica automotriz a la pastelería

Francisco José
Ciencias contables y económicas autodi...
Escrito por Francisco José Rodríguez Valero
el 09/07/2012

Cuando se mudó a la nueva sede de Pastelmanía, una panadería y dulcería en La Pequeña Habana, Joel Rodríguez contaba con $370 en la cuenta bancaria. Acababa de hacer una inversión de $47,000 en la remodelación del local y en la compra de nuevos equipos de panadería. Le sobraban, sin embargo, inmensas ganas de trabajar.

“Limitamos los gastos del hogar al mínimo y le dije a mi esposa: después de que abramos las puertas todo va estar bien…’’, recordó.

Fueron semanas difíciles, pero Rodríguez, que nació en Perico, Matanzas, dice que nunca miró hacia atrás.

Hoy, después de un año y medio de esa mudanza, se siente agradecido. Las personas se agrupan frente a su negocio a esperar que sean 7 de la mañana para que abra las puertas. Quieren comprar el pan caliente, la caja de pasteles o croquetas cubanas para llevar y compartir en la oficina o simplemente tomar el desayuno antes de ir al trabajo.

Desde las tres de la madrugada empieza el movimiento en la trastienda de Pastelmanía, cuando se encienden los hornos y se hornea el pan, que su panadero, Rodolfo Alvárez, ha dejado la noche anterior armado para que la levadura surta su efecto.

Se empiezan entonces a aprovisionar las vitrinas con bandejas de pasteles de guayaba, galletas, croquetas y pan cubano, así como los croissants y las facturas, una variedad de masas dulces tradicionales en Argentina, donde nació su esposa, Jessica. También, se prepara el pan de los sandwiches de la hora del almuerzo y las 35 docenas de pan que le vende a La Camaronera, un restaurante vecino.

Rita Briel, cubana, quien vive en el vecindario es una clienta fiel.

“Vengo al desayuno y a comer un sandwich de pan con lechón al almuerzo, por el cafecito y también le encargo los cakes de las celebraciones, todo es delicioso”, declaró.

Elsa Gómez, de Honduras, acude a diario por el pan y los pandebonos.

Rodríguez recuperó su inversión y se prepara, además, para abrir, en tres meses, una nueva sede de Pastelmanía en el área de Pinecrest, en un local que describe más moderno y al que añadirá una barra de smothies .

“La panadería es un negocio que no tiene horarios de oficina, es a tiempo completo, pero del cual las personas salen contentas si le ofreces un buen producto; no es como en la mecánica automotriz, en que la gente queda con dudas si se le cobró mucho o si el carro quedó bien”, comparó Rodríguez, que conoce bien los dos negocios.

El vino con su familia de Cuba a Miami, a la edad de ocho años. Se graduó en mecánica automotriz en Miami Lakes Technical School y durante varios años se desempeñó como gerente de taller de una compañía internacional de autos deportivos. Sin embargo, en el 2001, la compañía mudó la sede a California y, aunque le ofrecieron un traslado, él decidió quedarse en Miami.

En busca de un nuevo empleo, motivado por un amigo, decidió probar suerte en el negocio de la panadería.

“En mi vida había hecho nada con harina, pero en mi carrera como mecánico había tenido que estudiar mucho, así que apliqué esa disciplina para aprender el oficio”, dijo.

Se metió varias semanas en la biblioteca a leer sobre cómo hacer pan y compró varios libros especializados.

“Gracias a eso, si un día sale mal el pan puedo saber a ciencia cierta si la harina estaba mala, si tenía demasiada sal o cual fue el error”, aseguró.

En un comienzo, Rodríguez se empleó en una dulcería cubana, hasta que abrió su primer negocio, en el 2003 con los ahorros de su trabajo como mecánico.

“Compré una panadería que estaba a punto de cerrar, la remodelé y la eché de nuevo a andar. Yo hacía de panadero, pastelero y limpiaba el piso; al principio hacía $77 al día, pero siempre tuve fe. Un día no me renovaron el contrato de alquiler y tuve que mudarme a donde estoy ahora”, contó.

En su sede actual también descubrió la existencia del programa “mejores fachadas”, patrocinado por la ciudad de Miami y administrado por Camacol.

“Gracias al programa pude poner nuevos todos paneles de huracanes y cambiar los vidrios amarillentos”, indicó.

Hoy su negocio cuenta con un panadero, un pastelero y una persona que se encarga del horno. Aparte, varios miembros de su familia trabajan en diferentes oficios. Y, si alguien falta, Rodríguez lo reemplaza, gracias a que conoce toda la cadena de producción.


Fuente:

Pastelmanía está localizada en 2015 W. Flagler St. , Miami.