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CULTURA FERROVIARIA

Francisco
Sociologo/gestión empresarial. garcila...
Escrito por Francisco Núñez Gonzáles
el 12/07/2011

Cultura Ferroviaria

EL VALOR INVISIBLE DEL TREN

*. Soc. Francisco Núñez Gonzáles

Cuando se aprecia una obra ferroviaria como el Tren Eléctrico nos llama la atención a primera vista la monumentalidad de su estructura, tan imponente como todas las construcciones ferroviarias. Por cierto, estas edificaciones en el Perú y en el mundo son mayormente para tramos largos y para transportar grandes volúmenes de carga y de pasajeros, y por consiguiente, las inversiones para su construcción exigen también inmensos recursos económicos que el sector privado siempre estuvo incapacitado a emprender, inversiones que el largo plazo resultan rentables económica y socialmente.

Bien, sobre esta inmensa obra urbana ferroviaria, recientemente en operación, de la línea 1 y tramo 1, muchos expertos solo se han limitado a exponer las externalidades que caracterizan a este servicio de transportes, como el ahorro de energía, mayor seguridad y confort, mejor uso espacio, menor contaminación, entre otras fortalezas visibles e importantes de este servicio ferroviario necesario para una mega ciudad como Lima.

No obstante, los atributos que nos puede brindar un Sistema Ferroviario son cualitativamente mucho más; y para entender esta realidad oculta haremos una retrospección al siglo XIX, concretamente a 1875, época en que la Ciudad de los Reyes producto de un proceso de modernización a efectos de la construcción de los ferrocarriles derrumbó sus muros físicos y mentales, así como los rezagos de una sociedad colonial que se resistía sobrevivir.

En efecto, la penetración del ferrocarril a la Lima Señorial fecundó una nueva sociedad moderna, le inyectó un mayor dinamismo comercial e impulsó el incipiente desarrollo industrial incorporando los productos de la II revolución industrial como el teléfono, electricidad y su emblemático producto: la locomotora a vapor.

A esta época Lima llegó a construir una red ferroviaria urbana e interurbana que recorría de norte a sur y de este a oeste, brindando una mejor integración, comunicación y fomento del comercio con el puerto del Callao y Lima balnearios, y cubrió el transporte de productos agrícolas y ganaderos de las haciendas que bordeaban a la urbe capitalina.

Dicha red ferroviaria comprendía los tramos ferroviarios de Callao – Lima, Lima – Chosica, Lima – chorrillos, Lima – Magdalena, Lima – Ancón y Lima – Lurín.

La dimensión del ferrocarril era tal que generó el orden en la capital. El sistema ferroviario que daba cobertura a todo el territorio urbano e interurbano se convirtió en un elemento regulador que organizó el ritmo citadino del poblador limeño y del labriego de su entorno, y ya no era el lechero, el aguador, la tamalera, bizcochero, tisanera, mazamorrera, mixturero, heladero, sino las puntuales partidas y llegadas del convoy ferroviario, basado en estrictos horarios de trenes que alcanzó dirigir la vida cotidiana, laboral, social y comercial de la capital.

El paso estremecedor y exacto del tren asignó un trajín más veloz y dinámico frente a un poblador acostumbrado al ritmo del pregonero, de las carretas y de las campanas de las iglesias. De pronto el tren se entronizó en el mundo del habitante limeño y definió el ritmo de su vida cotidiana y pudo instalar los hábitos de la puntualidad, la exactitud, el orden y la planificación de sus actividades.

Ciertamente, para ser eficientes había que vivir a tono del tren, es decir, organizar la agenda personal, comercial, industrial y recreativa. Todo corría ajustado al horario que marcaba el movimiento de los trenes; por ello aún queda en la memoria colectiva las frases “A todo tren”, “Súbete al tren” que expresa fuerza, destino seguro, innovación, éxito social.

En efecto el ferrocarril estableció un nuevo medio socio económico que dio mayor y nueva vida a la urbe. Trajo nuevos hábitos y conceptos que impactó favorablemente en el individuo y la sociedad. El tren contribuyó de modo gravitante a gestar un nuevo orden social, a nuevas formas de vivir, de hacer y pensar; su impacto no solo fue material sino también mental y actitudinal.

Otro valor igualmente menos visible son los conceptos de conjunto, de sincronía y sinergia que induce el tren en movimiento, es decir, un tren en movimiento es también un convoy de vagones acoplados a una locomotora, y cuando se requiere una mayor capacidad de araste se sincroniza con otras locomotoras, lo que genera una sinergia superior a una simple suma de las fuerzas de dos o más locomotoras. El contraste de esta realidad es el sistema carretero donde se avista una larga fila de carros con tiempos distintos y fuerzas dispares.

Por ello, el tren genera un conjunto de valores y conceptos que no se racionaliza y que inconscientemente se instalan en nuestro cerebro y se expresan en hábitos de calidad.

La Lima de hoy, con 8 millones 291 mil habitantes, necesita un organizador, un agente urbano que fomente los hábitos de la puntualidad, el respeto a las reglas, el valor del tiempo, del orden y la planificación. Ese nuevo agente urbano le corresponderá asumir al Tren Eléctrico que por su naturaleza intrínseca técnica y operativamente es un medio que gestiona con precisión el justo a tiempo, un exacto movimiento y parada de trenes; esto permite que en el sistema ferroviario no haya cabida a rutinas improductivas generadoras de caos, tales como “parar más allá”, “en la otra esquina”. El tren no puede retrasar su recorrido, menos aún salirse de su ruta; por ello el tren no evade ni invade, no viola ni violenta, no desarticula, no atropella. Por lo mismo que el sistema ferroviario deviene a ser un medio anti estresante respecto a la cultura combi donde reina el caos, la informalidad, temeridad, inseguridad y mayor mortalidad.

Precisamente, la operatividad de los trenes tiene un sustento técnico, pues estos funcionan así por la rigidez del sistema ferroviario, cuyo tránsito es por una única estructura vial basado en un sistema mecánico con una poderosa fuerza tractiva generada por sus locomotoras, que al desplazarse por vías fijas y lizas, rectas y horizontales con una baja gradiente las fuerzas de resistencia al movimiento resultan bastante bajas, por lo que su velocidad es programada en estrictos horarios y velocidades.

En resumen, el sistema de transportes ferroviario es una herramienta que crea cultura productiva, desarrolla valores, conceptos y hábitos de la calidad, no solo nos ordena en el plano material, sino también en plano subjetivo, en los niveles individual y social.

El sistema ferroviario se constituye en un reloj para la productividad, organizador de la vida, de la actividad económica y social, promueve un modus vivendi más armónico y seguro, es el medio que no solo transporta bienes y personas, sino también produce valores. Esa es la diferencia sustancial respecto a los otros medios. Es el Perú Sobre Rieles que todos deseamos.

1/7/2011

* . Presidente de la Sociedad Amantes del Ferrocarril

Secretario de la Promotora de la Promotora Museo Ferroviario

Email: pacoxauxaperu@yahoo.e