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Grupo de Tradiciones indígenas

Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 24/02/2011
Poema En el interior del cielo de Nezahualcóyotl de Texcoco



Sólo allá en el interior del cielo
tú inventas tu palabra,
dador de la vida.
¿Qué determinarás?
¿Tendrás fastidio aquí?
¿Ocultarás tu fama y tu gloria en la tierra?
¿Qué determinarás?

Nadie puede ser amigo
del dador de la vida.
Amigos, águilas, tigres,
¿A dónde en verdad iremos?

Mal hacemos las cosas, oh amigo.
Por ello no así te aflijas,
eso nos enferma, nos causa la muerte.
Esforzáos, todos tendremos que ir
a la región del misterio.

Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 25/02/2011

Isondú. La leyenda de las luciérnagas

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Isondú fue el hombre más hermoso entre todos los guaraníes. El más alto, el más fuerte, el más hábil. Había que verlo disparando una flecha, remando en la canoa, bailando en las ceremonias de los payés.

Cuando era chico, no había madre en su tevy que, al verlo reírse, no le hiciera una caricia y, cuando le llegó la hora del tembetá ya había muchas indiecitas que querían casarse con él. A todas les gustaban sus manos diestras, su mirada penetrante y su perfume a madera.

Junto con el amor que despertó en tantas muchachas, se despertó también la envidia de los hombres. Los que habían jugado con él sobre las hojas de palmera y más tarde en los claros o en el río ahora le tenían rabia. Por eso prepararon la emboscada.

A Isondú lo esperaron un atardecer. Temprano habían cavado el pozo en el camino y lo habían disimulado bien: ya se sabe que los guaraníes eran especialistas en cazar con trampas, y esta ya estaba lista. Después se sentaron a esperar, y a tomarse la chicha de maíz que habían llevado.

Isondú volvía de la aldea vecina, donde tenía parientes. Venía solo, pensando en una chica que había conocido allí, la única muchacha que estaba seguro de poder querer. Sin duda pronto se casaría con ella, ya se la imaginaba junto a él, con el cuerpo adornado con pinturas y una flor - la orquídea más hermosa que él pudiera encontrar - en su largo pelo negro. Contento y cansado iba por los caminos de la selva, espantándose los mosquitos de tanto en tanto. A él, tan grande y fuerte, se lo veía pqueño al lado de los árboles inmensos.

Cuando faltaba poco para llegar a su aldea, empezó a escuchar las risas y los gritos de sus enemigos. Pero no se inquietó, porque era joven, no le tenía miedo a nada y había sido siempre demasiado dichoso como para suponer que se acercaba la desgracia. Cuando escucharon sus pasos, los otros se quedaron callados. De pronto, Isondú tropezó entre unas lianas y cayó en el pozo.

Los otros salieron enseguida de sus escondites y empezaron a reírse y a burlarse de él:

- ¡Isondú! ¡Isondú! ¡Te cazamos como a un tapir!

- A ver, ¿De qué te sirve ahora ser tan valiente?

- ¡Isondú! ¡Ahí va un anzuelo para que muerdas! ¿O querés que llamemos a tu mamita para que te salve?

Y mientras tanto le tiraban palitos, frutos y unas bolitas de arcilla dura con las que cazaban ratones y los pájaros.

Isondú les gritaba:

- Pero, ¿Qué hacen? ¿Qué les pasa? ¿Qué les hice yo, cobardes? - Y desde abajo les devolvía los proyectiles.

Uno de los agresores le contestó:

j- Ya vas a ver si somos cobardes. - Y agarró su maza y le pegó a Isondú en un hombro, en la cabeza, en la espalda... Los demás se envalentonaron y entre insultos hicieron lo propio: el cuerpo de Isondú se fue llenando de cardenales y de sangre, y allí quedó, acallado, caído sobre un costado en el fondo del pozo.

En la selva era casi de noche. Los asesinos seguían en el borde de la trampa, paralizados por el miedo. De pronto vieron confusamente que Isondú se movía, que su cuerpo tomaba de a poco la forma de un insecto y que en el lugar de cada herida se encendía una lucecita. Isondú agitó sus alas y salió volando: ya estaba libre.

Un momento después centenares de Isondúes se dispersaban en la selva, debajo del techo que forman allí los árboles, los helechos y las lianas, iluminando intermitentemente la noche guaraní. Muchos de estos insectos traspusieron los ríos, dejaron atrás la selva y se perdieron en el campo.

Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 14/03/2011

La Leyenda de Nicté-Ha

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Cuenta la leyenda que en las tierras del Mayab, vivía en Nan Chan, un guapo príncipe hijo del rey; el nombre de aquel príncipe era Chacdziedzib que significa Pájaro Carpintero. El estaba destinado para casarse con una princesa, de tierras lejanas a la que un día conocería. Así tenía que ser ya que un día el sería rey.
Pero el corazón del joven príncipe, ya había elegido a su dueña; resulta que se enamoró perdidamente de una plebeya, de la hermosa Nicté-Ha, que era hija del guardián del Cenote Sagrado.


Los padres de los jóvenes ignoraban el amor que ellos dos se profesaban, igual ignoraban que se reunían en secreto todas las noches, junto al espejo de agua para declararse su amor.

Chacdziedzib portaba siempre una túnica roja, además escribía hermosos poemas y canciones para su amada, los cuales le leía cuando estaban juntos, y se sentían inmensamente felices.


Pero sucedió que el Gran Sacerdote los descubrió, con gran envidia a la vez que con preocupación veía como florecía ese amor. ¡Jamás una plebeya se convertirá en reina de Nan Chan! Se dijo; y así fue como comenzó a planear un trágico final para esa historia de amor.
Nicté-Ha debía de desaparecer para siempre, pero ¿Cómo hacerlo? Se preguntaba el Sacerdote, para que nadie se diera cuenta que el era el autor, el culpable de la desaparición de Nicté-Ha. Sólo la nana del príncipe que lo había cuidado desde niño, lo conocía demasiado, además lo amaba y estaba dispuesta a hacer todo lo posible para que el joven príncipe fuese feliz; se dio cuenta del malévolo plan y advirtió a su señor, entonces Chacdziedzib, envió a la nana en busca de la joven para que la trajera a palacio, donde el pensaba que podía hacerla su esposa en secreto.
Dándose cuenta el Gran Sacerdote, siguió a la nana y la asesinó para impedir que diera aviso a Nicté-Ha.
El príncipe al ver que la vieja no volvía, se puso su capa roja y salió, mientras apresuraba sus pasos, su corazón le gritaba que su amada estaba en peligro.
Mientras tanto Nicté-Ha que no sabía nada acerca del plan, esperaba como todas las noches a su amado sentada junto al cenote, contemplándose en el inquieto espejo, que le devolvía la imagen de su gran hermosura.

Cuando Chacdziedzib llegó y la vio tranquila, respiró aliviado y la estrechó entre sus brazos; sólo que este no fue el final de la historia.
Porqué el malvado ya aguardaba en la oscuridad, a la sombra de un espantoso chechem, preparó su arco y busco entre sus flechas envenenadas y sin esperar más, dirigió la más envenenada al corazón de la joven doncella, atravesándolo de un solo golpe. Nicté-Ha con la fuerza del flechazo, resbaló y cayó dentro del Cenote Sagrado, hundiéndose rápidamente, desapareciendo así de la vista de su amado, al poco rato solo flotaba en el agua su blanco huipil.
El príncipe sin poder contener su dolor, lloraba amargamente y lanzaba gritos lastimeros.
- ¡Oh, Dioses! ¡Por qué permitieron este cruel final para nuestro amor! ¡Tengan piedad de mí! ¡Tengan compasión de este enamorado! No quiero perderla ¡Escúchenme! ¡Quiero estar con mi amada, quiero estar con ella para siempre! Rogaba el joven príncipe entre sollozos desgarradores y elevando sus negros ojos al cielo.

Y así fue; el blanco huipil se fue convirtiendo en una hermosa y aromática flor y Wayon, el dios de los pájaros, convirtió al príncipe en un pájaro rojo; el pájaro cardenal.
Así es como desde entonces todas las mañanas, se puede ver al pájaro cardenal bajar a los cenotes y posarse cerca de los lirios.
Dicen que bajo ese aspecto el sigue cantando y recitando poemas de amor a la flor, a la bella flor que flota en el agua, a la hermosa Nicté-Ha la flor acuática.

Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 23/03/2011

Yaguar Shimi (Boca de sangre)

Este singular personaje es muy conocido a lo largo del dilatado callejón interandino, y por cierto es tan temido por los tenorios criollos que preferirían vérselas antes con su suegra que con él. Pero aclaremos, “él” no es él sino ella. Y ella es una joven y hermosa mujer dotada de infinito poder de seducción.

Alta y esbelta, posee unas piernas maravillosas finas y largas, de aquellas que no se las ve todos los años. Cuando camina, con frecuencia por los caminos solitarios, su cimbreante talle adopta el rítmico y ondulante balanceo de una palma mecida por la brisa vespertina. También su rostro, como se puede suponer, pertenece a los privilegiados, a aquellos que distinguían a las niustas (princesas) consagradas a Inti (sol). Una negra y abundante pelambrera enmarca su faz ovalada provista de unos ojazos también negros, cual frutos maduros de capulí, y de una boca coronada por jugosos y rojos labios, tan rojos como la sangre. Pues debido a esta particularidad dan en llamarla “Yaguar Shimi”.

La moda que a menudo convulsiona la manera de vestir hasta en las sociedades semisalvajes y más apartadas del orbe, parece no hacer mella en nuestro personaje. Va vestida siempre como en su origen, es decir: continúa llevando el mismo atuendo con el cual la vieron por primera vez en la ya lejana época del asesinato del emperador Atabalipa. Un batín blanco, sin mangas y de falda corta, profusamente bordado, con hilo de oro, caracteres incásicos y ceñido por un ancho cinturón encarnado es todo cuanto lleva encima.

Al hombre que tiene la oportunidad de encontrarse con la Yaguar Shimi, verla y enamorarse le resulta una sola cosa. Desde luego, también la bella mujer no manifiesta actitud diferente. Se nuestra encantada de poder complacer sin reservas los requerimientos más caprichosos de su amante. Es generosa y experta en el arte del amor. Sin embargo, adolece de un pequeño defecto, que consiste en el de devorar a su pareja.

Y no obstante que en casi toda la serranía temen a la susodicha devoradora de hombres, ya que a través del tiempo ha dejado imborrables recuerdos en su geografía, es en la población de Isinliví donde a todas luces sentó sus reales en fechas que aún se mantienen frescas. En ese pintoresco poblado, custodiado por los Ilinizas y el Quilotoa, según la arqueología, de raigambre tan antigua como Roma, existe una casa algo apartada del perímetro urbano y en un estado de total ruina, a la cual nadie se acerca por creerla maldita. Sus dueños la abandonaron después de que uno de sus hijos, un jovencito vivaracho y con pretensiones de Don Juan, resultase devorado por la dama, a quien tuvo la ocurrencia de invitar a compartir su lecho, creyéndola enamorada perdidamente de él. Ciertamente, las características de la antropófaga coincidían plenamente con las de la Yaguar Shimi, según se asegura.

Más tarde, en el corto lapso de siete meses, fueron encontrándose en aquel mismo lugar, una detrás de otra, las osamentas de tres desdichados más. Ellos eran forasteros y a los tres, en diferentes ocasiones, los vieron en compañía de la fatal mujer.

Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 30/03/2011
Poema Eres tú verdadero de Nezahualcóyotl de Texcoco




¿Eres tú verdadero...?



¿Eres tú verdadero, tienes raíz?
Sólo quien todas las cosas domina,
el dador de la vida.
¿Es ésto verdad?
¿Acaso no lo es, como dicen?
¡Que nuestros corazones
no tengan tormento!

Todo lo que es verdadero,
lo que tiene raíz,
dicen que no es verdadero
que no tiene raíz.
El dador de la vida
sólo se muestra arbitrario.
¡Que nuestros corazones
no tengan tormento!

Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 30/03/2011
Leyenda de la flor Mutisia

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Hace mucho tiempo, en la zona del volcán Lanín, existían dos tribus enemigas irreconciliables que guerreaban a menudo y se guardaban mucho rencor.

Un día, el joven hijo del Cacique de una de las tribus y la hija del Cacique de la otra se enamoraron locamente. Pero dado el intenso odio que existía entre las familias, no podían tratarse a menudo y verse abiertamente.

Una oscura noche, la machi (hechicera), vigilaba junto al rahue (altar) mientras se realizaba el Nguillatún. De repente rompió el silencio el graznido del pun triuque (chimango de la noche). La machi se estremeció, pues sabía que ese era un grito de mal presagio.

Miró a su alrededor y escuchó un ruido sospechoso. Observando atentamente, vio a la querida hija del cacique que escapaba sigilosamente con el hijo del cacique enemigo. En ese momento la machi se dio cuenta que ese era el peligroso suceso anunciado por el pájaro agorero.

La machi creía que esa acción merecía ser castigada, pero antes de comunicar al padre la fuga de su hija, consultó con el pillán o deidad de su devoción: - ¿Debo o no dar parte de rapto al padre de la niña?

-Sí- contestó el Pillán.

La machi corrió al toldo del cacique y delató la fuga. Enseguida se escuchó por segunda vez el alarmante grito del pun triuque.

El padre, muy enojado, ordenó la persecución y captura de los enamorados que pronto fueron apresados, juzgados y condenados a muerte.

Ambos jóvenes fueron atados a un poste y con lanzas y machetes todos se arrebataron contra ellos dándoles la más cruel de las muertes.

A la mañana siguiente, los ejecutores de este bárbaro crimen, quedaron asombrados al ver que en el lugar del suplicio de los jóvenes enamorados, habían nacido unas flores de pétalos anaranjados nunca vistas.

¡Quiñilhue! – gritaron los primeros

que la vieron, y con ese nombre, “quiñilhue” se conoce la flor que produce una enredadera que se abraza y trepa por los árboles, como se abrazan los jóvenes enamorados.

Avergonzados y arrepentidos, los mapuches empezaron a venerar esa flor llamada Mutisia por los blancos. Las almas de los jóvenes amparados por la Futa Chao en el país del cielo, se amaron por siempre mientras esa delicada flor de pétalos rojos nos recuerda el martirio de los jóvenes dado por los hombres injustos.


Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 06/04/2011
Leyenda del Lago Aluminé

https://www.argentour.com/images/lago_alumine.jpg

Se cuenta que Nguenechén decidió un día que Antú (dios del sol) y Puyén (diosa de la luna) fuesen marido y mujer y en su nombre reinaran sobre la Tierra.

Cumpliendo con los designios de Nguenechén, se los veía siempre juntos marchar por el espacio.

Luego de pasado un tiempo, Antú se volvió desamorado y caprichoso, Puyén le reprochó su injusto proceder y Antú reaccionó indignado y le propinó un golpe en la cara. Este altercado provocó la separación de los dioses. Desde ese momento él sigue como único astro del día y dueño absoluto del universo, mientras Puyén recorre sola su senda , mostrando en el rostro las huellas de sus cicatrices. Así se la veía rondando por las noches, deteniendose en las nieves, filtrándose entre las frondas, besando tiernamente las mutisias y demás flores dormidas o recostada sobre las superficies de los lagos.

Un día Puyén, ansiando una reconciliación, decidió apurar su viaje y alcanzar a su inolvidable Antú antes de que este se ocultase para entregarse al reposo.

Cuando estaba por postrarse a sus pies, entre los arreboles del poniente, contempló a Antú besando apasionadamente al lucero de la tarde de quien se había enamorado. El dolor le provocó un llanto tan copioso, que una noche, sus lágrimas cayeron en la tierra del Neuquén y con ellas se formó el Lago Aluminé.

Lago y río tienen desde entonces la pureza y dulzura de la diosa.

Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 23/04/2011

Leyenda del Lago Lolog

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Hace muchísimo tiempo, donde hoy se halla el Lago Lolog, había un lago muy pequeño rodeado por menucos y pantanos. Lo llamban Paila Có (agua tranquila) por la serenidad que siempre reinaba en él. Cerca de allí vivía una familia mapuche que tenía una hermosa hija que acostumbraba peinarse todos los días a la orilla del laguito.

Sucedió que una fresca mañana de otoño la jóven escuchó una voz que la llamaba desde el lago: - soy un joven rey y estoy solo en mis dominios, si vienes conmigo serás una reina rica y feliz.

La niña, hechizada, decidió seguir al joven de relucientes vestiduras y voz cautivante sin escuchar los gritos y ruegos de sus padres que la llamaban para que no los abandonara.

Después de un año de lo acaecido, la jóven apareció en la ruca (casa) de sus queridos padres ataviada con ricos vestidos y joyas de oro y plata.

- ¡No estén tristes! - les dijo- Yo soy feliz y cada año vendré a verlos, pues lo único que me falta es el cariño de ustedes. Ahora tengo que irme.

El padre desesperado, tomó fuertemente a su hija para impedir su partida, diciéndole- ¡No te dejaré ir sin nosotros, eres nuestra única hija!

De repente, se escuchó un fuerte temblor y un viento huracanado se llevó a la muchacha. Al mismo tiempo, la ruca fue uniéndose al menuco junto a los angustiados padres.

El lago se fue agrandando hasta llegar a lo que hoy es el Lolog. Allí en el fondo están aún viviendo felices, con su hija de larga cabellera y el joven rey.

Cuentan los pobladores más antiguos, que en los días muy calmos se puede observar a través de las profundas aguas transparentes, la vieja Ruca y sus felices moradores.

Y que si alguna vez, añorando su querida tierra verde, suben a la superficie para recordar, el lago se estremece y se desencadenan tormentas que sacuden las tranquilas aguas.

Nadie se atreve a acercarse al Lolog y menos navegar por sus aguas.

Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 04/05/2011
Poema Eres tú verdadero de Nezahualcóyotl de Texcoco




¿Eres tú verdadero...?



¿Eres tú verdadero, tienes raíz?
Sólo quien todas las cosas domina,
el dador de la vida.
¿Es ésto verdad?
¿Acaso no lo es, como dicen?
¡Que nuestros corazones
no tengan tormento!

Todo lo que es verdadero,
lo que tiene raíz,
dicen que no es verdadero
que no tiene raíz.
El dador de la vida
sólo se muestra arbitrario.
¡Que nuestros corazones
no tengan tormento!

Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 14/05/2011

Baiguana



En el pequeño poblado de Yucayo cuentan que formaba parte de la tribu, la bella india Baiguana la cual con su voluptuosidad atraía la admiración de todos los jóvenes que procuraban a toda costa su atención y que ella solícitamente otorgaba.
Pero el cacique Manguaní, preocupado por los coqueteos de la seductora joven y que ocasionaban el abandono de los renglones fundamentales de subsistencia de la tribu fue en busca del río Canimao y allí hablar con el dios Baguá para procurar una inmediata solución.
El dios brindó pronta respuesta a los requerimientos del cacique y puso en sus manos un pez mágico, el cual sería regalo exuberante para la bella Baiguana. Nadie le advirtió a Baiguana de los peligros que corría y solícita ingirió el exquisito manjar. La magia del pescado le provocó un sueño muy profundo y la joven buscó abrigo a la entrada de su bohío ubicado en la cima de una loma que mira desde una altura prodigiosa al mar que baña la gran bahía.

Envuelta en el perfume de las flores silvestres y el brillo de la luna, su cuerpo fue convirtiéndose lentamente en una piedra gigantesca con forma de mujer, es la india dormida de Matanzas que adorna coqueta y casquivana la inmensidad de las azules aguas que envuelven a la que siempre ha sido la Atenas de Cuba.

(leyenda taína)

Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 23/05/2011

Leyenda de los nevados Huascarán y Huandoy...

Cuenta que había una tribu laboriosa y pacífica que colindaba con otras similares a ella. Nada alteraba el orden de la vida en aquel lugar armónico, hasta que un día llegó a la tribu un soldado muy malherido con un encargo para el gran jefe. Se hizo la entrevista y en ella el soldado manifestó que unos guerreros de origen cusqueño habían saqueado su pueblo, matando y violando sin piedad. Decía, además, que estos cusqueños andaban con dirección a esta tribu, y que era menester prepararse para recibirlos.

El gran jefe había quedado anonadado. ¿Podían de verdad hacerle frente a un enemigo tan poderoso? No lo sabía. El soldado le había contado cosas monstruosas sobre esos cusqueños que ahora iban rumbo a su tribu. Bastaba ver el estado del soldado: había hecho su último esfuerzo para llegar hasta él, y con ello había gastado el último aliento de vida que le quedaba.

Se debía tomar acción. Luego de meditarlo con cuidado, el gran jefe ordenó a sus mejores guerreros ir en busca del jefe de los cusqueños y exponerle una política de paz. Así fue. Días después, los soldados volvieron con Huáscar, el más reconocido guerrero de la tribu invasora, quien había sido encargado por su líder llevar un mensaje de no agresión. A parte de ello, Huáscar debía quedarse en la tribu del gran jefe hasta que la comitiva cusqueña llegara, de manera que con su presencia garantizaba las relaciones de paz.

Al recibir la noticia del joven guerrero cusqueño, el gran jefe se alegró tanto que mandó le dieran al huésped la mejor habitación, comida y vestimenta. Todo iba perfecto y la relación entre el gran jefe y el joven era ideal, hasta que un día apareció, jugando en un pozo de agua, una bella muchacha de 15 años. El cusqueño quedó prendido: pronto averiguó su nombre, Huandy, y con ello supo también que era la hija del mismísimo gran jefe. ¿El inicio de la desgracia? Probablemente sí. Pero lo peor para Huáscar no fue que él la había mirado ni que era hija del jefe, sino que ella lo había mirado también, ruborizándose y sonriendo al viento en su inocencia. ¿Era correcto un amor en semejante contexto? Huáscar no lo sabía, y tal vez no le importaba saberlo. Y, según se daba cuenta, a la muchacha tampoco.

Se conocieron por primera vez una tarde que ella le llevó los alimentos. Conversaron, se enamoraron y acordaron encontrarse en la orilla del río, cuando la noche estuviera en su apogeo. Sucedió tal y como lo planearon. Aquella noche se entregaron su amor y se prometieron el uno al otro no abandonarse jamás. Huandy entonces reaccionó: ¿Su padre la dejaría quedarse con un hombre que no era de su tribu? No, no lo haría nunca. Si de verdad querían que ese amor floreciera, debían huir, y debían hacerlo cuanto antes. Y huyeron, pero no llegaron muy lejos. Por su parte, el gran jefe ya estaba al tanto de los sucesos. Decepcionado de la poca deferencia del invitado para con su cortesía y de la desobediencia extrema de su hija, dejó que escaparan para luego atraparlos en el camino y mostrarles ahí su verdadera furia. Y así los atrapó; los humilló y, ya satisfecho, los ató a palos colocados en lugares estratégicos, desde donde uno podía ver al otro sufrir hasta la muerte. Huáscar, en su delirio, pensó que su gente, al llegar y verlo así, lo salvaría. Era su única esperanza.

Pero su tribu no hizo nada, y por el contrario, alabó la determinación del gran jefe. Ya sin ilusiones, viendo como su amada moría, viendo que sólo un riachuelo lo separaba de ella, sintiendo la impotencia de la resignación, juró entonces vengarse algún día de aquellos que no les permitieron ser felices. Empezó a llorar, y ella también lloró, y lo hizo hasta secarse por dentro; de las lágrimas de la doncella se formó el lago Chinanchocha (laguna hembra), y de las de Huáscar, el lago Orconcocha (laguna macho). Fue el último aliento.

Al ver tanto amor, el dios sol se compadeció de ellos y apoyó en la venganza de Huáscar. Lluvias, trueno, rayos y granizo fue lo que envió a las tribus en cuestión, y fue tanta y por tanto tiempo que cubrió a los cadáveres, convirtiéndolos así en los nevados Huascarán (por Huáscar) y Huandoy (por Huandy). Pero la venganza no quedó ahí: en 1970, el Huascarán dejó caer 10000 toneladas de hielo sobre los pueblos de los descendientes de las tribus de antaño, cumpliendo con ello su promesa de venganza.

Según dicen, se cree que en 100 ó 200 años los nevados se quedarán sin nieve y Huáscar y Huandy revivirán y se encontrarán nuevamente, pero esta vez ya para toda la eternidad.

Webgrafía:

https://wiki.sumaqperu.com/es/Lagunas_de_Llanganuco

https://2.bp.blogspot.com/_wab-6zIjzck/TKUpPj-HXuI/AAAAAAAACZA/6Enlagohazc/s1600/035.jpg

Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 25/05/2011
Leyenda de Iztarú

Trata sobre la división de poder entre el cacique Coo (Norte) y el cacique Guarco (Sur). Coo fue derrotado y murió, dejando en mando a Aquitaba. Cuando este vio que iba a ser derrotado por Guarco, tomó a su hija "Iztarú", la llevó al monte más alto de la parte norte de la región y la sacrificó a los dioses, implorando la ayuda para la guerra.
Estando en una dura batalla con Guarco, Aquitaba imploró la ayuda de "Iztarú" sacrificada; del monte más alto salió fuego, ceniza, piedra y cayeron sobre los guerreros de Guarco que huyeron. Del costado del monte salió un riachuelo que se convirtió en agua caliente destruyendo los palenques de Guarco.
Una maldición cundió y se decía que los habitantes de Guarco trabajarían la tierra, haciendo con ella su propio techo (teja); el pueblo se llamó luego Tejar de Cartago, la región Norte Cot, y el monte alto volcán Irazú.

Creación de los Sikuas (gente blanca)
Relato de la tradición de los indígenas Bribris.
Sibo hizo la tierra del cuerpo de Iriria, Iriria era una niña gordísima que no podía caminar. Sibo pensó “quiero crear seres vivos, pero estos no van a poder vivir porque sólo hay piedras”, entonces decidió ir a visitar a la familia danta; para convencerlos le dijo a Naítmi, madre de Iriria, -voy a hacer una gran ceremonia y te vengo a invitar pero necesito que lleves a la niña, le haré curaciones para que pueda caminar-. Aunque no fue fácil convencerla, pero al fin aceptó. Cuando Iriria cayó al suelo y murió su madre y su abuela lloraron mucho y estaban muy enojadas con Dios y le decían: -eres un mentiroso, nos engañaste, por eso nosotros no queríamos venir-, pero Sibo las consolaba diciéndoles –Iriria no está muerta, ella está viva y les prometo que va a caminar en muchas personas que van a nacer de ella-. Pero la madre y la abuela no creyeron y se fueron muy tristes. Pero Sibo tenía que cumplir con la promesa que les había ofrecido. Por eso formó del cuerpo de Iriria a las personas blancas. De igual manera sucedió con Mulurtmi, la mar, que después de muerta de su estómago brotó un árbol, pero a Sibo no le gustó este árbol, porque crecía y crecía y le estaba destruyendo la casa, por esta razón lo mandó a cortar, cuando cortaron el árbol sus flores flotaron en el mar y de estas flores nacieron personas blancas, sikuas. Para darles sabiduría, Sibo les dio la inteligencia de un ser espiritual de nombre Ple Akekol, tiene figura de hombre y también de hormiga. Este ser caminó por primera vez sobre la tierra recién hecha y del polvo que caía de sus pies nacieron las hormigas zompopas. Estas hormigas rápidamente empezaron a cortar las hojas de los árboles, a construir sus nidos, a hacer caminos y dejar el lugar en donde viven bien limpio, a veces su carga es más grande que su cuerpo, siempre están trabajando sin descansar. Por eso los sikuas limpian todo y eliminan la vegetación donde quiera que trabajan.

El Rey de los Tapires
Igual que los cerdos de monte y los venados, los tapires tienen también su rey. Una vez dos indios fueron a cazar al bosque, llevando cada uno su arco y sus flechas. Se encontraron con un tapir blanco y trataron de matarlo, pero no tuvieron éxito. Ambos echaron a correr detrás del animal, pero perdieron sus huellas, y uno de los indios desapareció sin que se supiera cómo. El otro lo buscó por todas partes pero no lo encontró. Entonces volvió a su casa y preguntó por su compañero, y como no había regresado, todos pensaron que había caído en una trampa y había perdido la vida. Pero el desaparecido corrió y corrió detrás del tapir hasta que lo perdió de vista; entonces se paró para descansar. Pronto sus oídos percibieron el canto de un gallo. Creyendo que se encontraba cerca de alguna casa, se acercó para ver y se encontró con un palenque muy grande. Entró en el palenque y se halló en la presencia de un hombre de fornida apariencia. "Heme aquí, ¿Quién eres tú? " dijo el indio. Y el otro contestó: " ¿A qué has venido? " Entonces el indio cazador le contó cómo había apuntado a un tapir y cómo lo había perdido. En respuesta el hombre del palenque le habló en estos términos: " ¿Por qué haces un juego de cacería? Cuando dispares hazlo para matar, de manera que la pobre bestia no caiga herida para ser comida por los gusanos". "Sin embargo, veo que estás cansado; pasa y siéntate". Le trajo la chicha y le dio de comer carne del tapir al que el cazador había disparado sin alcanzarlo, pero que el dueño de la casa había matado. Y después que hubo descansado, bebido y comido, el cazador dijo que ya había hecho una visita bastante larga. El anfitrión le contestó: "Toma este pedazo de la caña y plántalo en tu casa, y cuando la caña crezca hasta su tamaño natural otra vez, entonces, pero no antes de eso, podrás hablar otra vez". Cuando el cazador volvió a su casa, no pudo decir una palabra y entonces sembró la caña; y ésta creció, y cuando hubo alcanzado su tamaño normal, el cazador pudo hablar otra vez y contó a todos lo que le había pasado. El hombre a quien había visitado era el rey de los tapires y por eso le había tratado así.
Beatriz Bassino
Enfermería profesional, administración...
Escrito por Beatriz Bassino
el 20/06/2011

POESIA PATAGONICA


Liliana Ancalao


Nació en Comodoro Rivadavia (Chubut) en 1962. Su nombre Liliana tiene origen latino y es una flor blanca, lirio; el apellido, Ancalao, es mapuche y significa "en el medio del lago". Es profesora en Letras y poeta. Descendientes de mapuches, pertenece a la comunidad Ñankulawen. Ha publicado Tejido con lana cruda (Edición de Autor, Comodoro Rivadavia, 2001).



"Feichi lali müllen ñi nontual katrütuleufün"
Lali nien ñi femagel katrütuleufün
Chem trewa ngiyulaenew, nielan trewa
Trongli trewa nümüalu ñi llükanten
amuay ina inche
Kushe mülleay nontuwe mew
Eluafiñ epu llanka
ñi nontuaetew
Ti pu kura folilentuel
ñi kütikun mew
ñi pütra mew
ifümüchikekura kutranpiwkelelu
wirarün pepi wirarünoel
feichi ñi pu nge yifüingu
ka inche koilatufun ñi mongen
Elutukuafiñ tüfa
yom nielaay chem no rume
Mupiñ kechi pu külleñu
pepi pelafilu ñi llumümel ta ti mongen
amulu
pu alwe ñi furi mew
kintualu pu düwen
pu lalün
pu metawe
pu tapül
falilulüay kushe?
Prayu ñi trewa iñchiu
nontuwe pinguzay rupanantü
ngulu mew
Fentepuyu
Müley ñi müleael ñi pichilamngen tie mew
müley ñi müleael
ti lan pepi ngelay kiñe chem no rume ti kiñeishim
ney wiri kütral
Fey nieay pu pefalañken pu nge mew
yom pu refnge
kintuayngu inche mew
entuenew pu wayun
kolotuwüenew ti pu changüll mew
kiñe choikepünon
üiay kütral wente kallfükekura
winüngkü piwketuyu
mollfün mew inche ñi lamngen wiriay
kiñe kultrun ankawenu
Feymew kimlayan
kiñe kawellungeli
ka kiñe neyüngeli
kurufngele kiñe trutruka
tripaayu wirafülu
püdümlu leufü ñi puwangelen
ka awün mew
kimuan kiñetu
chem ngey ngelu kiñe kona leflu kiungen lan mew
chem perimontu iüfueyew
Wiñoyu mallin mew
kütral mew niey ti che
pu kuyulchalla ka küyen
pu Alamo ñi filltapül wilüfülu
Feymew konümpafiñ
fentren kamapu
latuan
pu barrio rukawe
tremlu uyülonkon mew
waria afpun mapu mew
pu nylonwallka ka pu wangelen tie mew
pu cable kompuchepelomtuwe

* * *

"Cuando me muera deberé cruzar el río"
Cuando me muera deberé cruzar el río
Qué perro hará de guía si no tengo
un perro flaco que olerá mi cobardía
irá a mi lado
Y estará la vieja en la balsa
Le entregaré dos llankas
para que me cruce
Las piedras arrancadas de cuajo
de mi garganta
de mi estómago
crecidas en los dolores
en los gritos que no pude gritar
cuando se agrandaban mis ojos
y hacía que vivía
Entregaré esas piedras
y no habrá más
seguro lágrimas
porque no pude encontrarle el secreto a esta vida
porque me fui
detrás de los fantasmas
buscando tramas
y arañas
y cántaros
y hojas
reconocerá la vieja su valor?
Subiremos con mi perro
La balsa se deslizará en la tarde
hacia el oeste
Arribaremos
Y tiene que estar allí mi hermana menor
tiene que estar
no puede ser la muerte una nada para un pájaro
para quien ha pintado con pinceles el fuego
Ella tendrá cicatrices visibles en los ojos
sus ojos más certeros aún
hurgarán en mí
hasta sacarme las espinas
me dibujará el rostro con sus dedos
una huella de choique
arderá el fuego sobre piedras azules
comeremos corazones palpitantes
y mi hermana pintará un kultrun en el aire
con la sangre
Después no sabré
si soy un caballo
a un resuello
si es el viento una trutruka
y saldremos galopando
a desparramar las estrellas del río
y en el movimiento circular
sabré de una vez
qué es ser un guerrero que corre libre hacia la muerte
qué visiones lo ardían
Regresaremos al mallín
y habrá la gente alrededor del fuego
Entonces me recordaré
de ellos tan lejos
y moriré de nuevo
de los barrios planes de vivienda
creciendo en vértigo
en la ciudad con horizonte
las bolsas de nylon y las estrellas allí
entre los cables del alumbrado público.



Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 22/06/2011

Es preciosa Bea! Gracias por compartirla.

Besos

Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 22/06/2011

EL ZORRO Y EL HUAYCHAO

Cuentan que el zorro tenía hace muchos años la boca menuda y discreta. Un día que andaba de paseo vio sobre un cerro cantando a un huaychao. Era este menudo como un zorzal, de plumaje gris claro y cantar movía alegremente las plumas blancas de su cola. El zorro se quedo mirando el pico largo y aflautado del ave y le dijo modosamente :

- ¡Que hermosa flauta amigo huaychao y que bien tocas! ¿Podrías prestármela sólo por un momento? Yo la tocaré cuidadosamente.

El ave se negó, pero el zorro zalamero insistió tanto que al fin el huaychao le prestó el pico, recomendándole que para tocar se cogiera el hocico a fin de que la flauta se adaptara mejor, y así sobre el monte, el zorro se puso a cantar soplando la flauta largo y tendido, después de algún rato, el huaychao reclamo su pico, más el zorro se negó Decía clave :

- Yo sólo lo uso de hora en hora tú la tocas sin descansar.

El zorro no entraba en razones y soplaba incansablemente para un público de pequeños animales que se habían congregado en su alrededor.

Al ruido despertaron unos añases y salieron de sus cuevas y subieron al cerro, al ver al zorro tocar se pusieron bailar y con ellos bailaron todos los animales del campo.

El zorro al verlos no pudo contener la risa y rompió al reír y al hacerlo se le descosió el hocico, mucho más de la medida y se le quedó grande y rasgado de oreja a oreja. El huaychao antes de que el zorro saliera de su sorpresa recogió su pico y se echo a volar. Desde allí se dice quedaron los zorros con la boca enorme en castigo de su abuso de confianza.

Beatriz Bassino
Enfermería profesional, administración...
Escrito por Beatriz Bassino
el 05/07/2011

POEMA 1

JOSEFINA MATIENZO

Puedo vivir
sintiendo a cada momento
el sigiloso misterio.
Puedo vivir
con el pensamiento oculto,
con los ojos entrecerrados
... El corazón latiendo...
Puedo permanecer inmóvil
con el ajetreo interminable
de las aves dentro,
con el vaivén de las aguas
que fluyen del manantial interno.
Puedo vivir
sabiendo reconocer
tu voz, entre tantas voces...
Imaginando... Entretejiendo
Mil sueños, mil fantasías
¡Tantos versos!


Kausayta atini
kaullaspa sapa pachat
upallasqa mana rejsisqat.
Kausayta atini
yuyayinita pakaspa,
ñawikunay yaka huiskasqaan
... Sonqoy chukukuspa...
Qasi tiayta atini
pishokunap purinankuna
mana pitikuspa ukupi,
yakupa rin amuynin sutuspa
uku pujiomanta.
Kausayta atini
yachaspa rimanayquit rejsiyta
sujkuna rimanakuna ukupi...
Yuyarispa... Aapuraspa
Huaranqa mosqoyta,huaranqa llullanata
¡Ashka arawinkuna

Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 06/07/2011

El cuento tradicional del tlacuache y el tigre

Por Filoberto Guzmán Arcos

Había una vez en medio de la selva un tlacuache. Estaba encaramado en una mata de coconabe comiendo la fruta, cuando en un momento dado andaba paseando por ahí un tigre.
Al escuchar un ruidito alzó la vista y logró ver al tlacuache, y le hizo una pregunta:
— ¿Qué andas haciendo en esa mata de coconabe?

El otro le respondió que estaba comiendo fruta.

El tigre volvió a preguntar:
— ¿Qué es esa fruta?

A lo que le respondió:
—Son los coyoles

Entonces el tigre decidió comer uno también para saber si es sabroso el fruto.

Le pidió al tlacuache que aventara uno para que lo probara. Entonces como el tigre llevaba mucha hambre lo quiso tragar entero, pero no pudo, quedó trabado en su garganta, de allí se quedó privado hasta que se sacó la fruta. Cuando se recuperó empezó a perseguir al tlacuache para comérselo. Pero como el tlacuache andaba deteniendo una piedra para construir su casa, cuando llegó el tigre, éste le preguntó qué estaba haciendo. Entonces el tlacuache le pidió ayuda al tigre para que él pudiera ir a buscar unos palos. Pero de allí ya nunca volvió, entonces el tigre decidió soltar la piedra, pero como le había dicho que no fuera a soltarla porque se quedaría aplastado, no lo hizo, pero se había cansado, entonces la soltó y pegó un brinco pero la piedra siguió en su lugar.


Entonces el tigre se enfureció y persiguió al tlacuache hasta encontrarlo. Al fin el tigre encontró una galera en medio de un cañaveral, y allí estaba el tlacuache cruzado de piernas, tocando guitarra porque allí iba a realizarse una fiesta de boda. Entonces el tlacuache dijo al tigre que si quería tocar la guitarra, porque él iba a alcanzar al padre y a los que iban a contraer matrimonio. Pero le dijo que no dejara de tocarla y que no fuera a voltear la vista hasta que escuchara el primer cuetazo, y así lo hizo, cuando escuchó ese ruido volteó la vista, pero estaba rodeado de fuego, entonces dejó tirada la guitarra y se echó a correr saliendo todo chamuscado y muy molesto, iba con mucha decisión de encontrar al tlacuache y comerlo, por lo que se dedicó a perseguirlo.

Por fin llegó a una lagunita y casi en medio de ella se encontraba un árbol, entonces el tigre quiso tomar un poco de agua, cuando de pronto se dio cuenta que el tlacuache estaba allí, debajo del agua, entonces el tigre se puso a beber toda el agua, pero no pudo terminarla, se llenó mucho de tanta agua. Se acostó boca arriba, y se dio cuenta que arriba del árbol estaba trepado el tlacuache. Entonces el tigre le dijo que bajara de allí, pero el tlacuache no quiso. Entonces el tlacuache dijo que sí, pero que el tigre se lo tragara entero, y así lo hizo el tigre, se lo tragó vivo y entero. Al rato el tigre fue a arrojar, y ahí quedó tirado el tlacuache por un momento, y después le dijo al tigre:

—Te gané de nuevo.

Al volver la vista el tigre, vio cómo salió corriendo el tlacuache.

Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 07/07/2011
Poema He llegado aquí de Nezahualcóyotl de Texcoco




He llegado aquí,
soy Yoyontzin.
Sólo busco las flores,
sobre la tierra he venido a cortarlas.
Aquí corto ya las flores preciosas,
para mí corto aquellas de la amistad:
son ellas tu ser, ¡Oh príncipe!,
yo soy Nezahualcóyotl, el señor Yoyontzin.

Ya busco presuroso
mi canto verdadero,
y así también busco
a ti, amigo nuestro.
Existe la reunión:
es ejemplo de amistad.

Por poco tiempo me alegro,
por breve lapso vive feliz
mi corazón en la tierra.
En tanto yo exista, yo, Yoyontzin,
anhelo las flores,
una a una las recojo,
aquí donde vivimos.

Con ansia yo quiero, anhelo
la amistad, la nobleza,
la comunidad.
Con cantos floridos yo vivo.

Como si fuera de oro,
como un collar fino,
como ancho plumaje de quetzal,
así aprecio
tu canto verdadero:
con él yo me alegro.

¿Quién es el que baila aquí,
en el lugar de la música,
en la casa de la primavera?
¡Soy yo, Yoyontzin!,
ojalá lo disfrute mi corazón.

Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 11/07/2011

  • La leyenda de Ojo de Águila


En los comienzos, Ojo de Águila tenía el fuego en tierras lejanas del sur, más allá de los márgenes del gran curso de agua. En efecto, las gentes de la región no conocían el fuego real, aunque sí poseían una apariencia de fuego, en realidad inservible. No servía para calentar ni para guisar los alimentos, por lo que se mantenían a base de verduras y pescado crudos. Al Oeste, sí existía el fuego, pero tampoco servía para cocinar. En el Norte y en el Este vivían muchas personas, pero carecían asimismo de un fuego eficaz. Todos se preguntaban dónde se hallaba el fuego sin saber cómo podían descubrirlo. Una noche, todos los habitantes de la comunidad, mujeres y niños incluidos, fueron en busca del fuego, cubriendo un amplísimo territorio, pero a pesar de escudriñarlo todo no pudieron encontrar e1 fuego. A continuación se celebró un consejo de los jefes de la comunidad india, y al final determinaron que el mas valiente de entre ellos debía descender al Infierno, donde era seguro que había fuego, un "buen" fuego. Fue Ojo de Águila quien bajó por un hoyo oscuro que después se ensanchaba en forma de embudo invertido. Cuando llegó al infierno, donde vio centenares de espíritus malignos, que atizaban el fuego que llameaba por doquier, Ojo de Águila se puso al acecho, aguardando su oportunidad. De este modo transcurrieron varios días, al parecer, puesto que el tiempo no pasa igual en aquel reino malvado que en la Tierra, hasta que, durante una ceremonia infernal, que reunió a todos los malos espirirus del lugar, consiguió apoderarse de unas llamas que, ante su gran extrañeza, no le quemaban a pesar de su gran intensidad y del calor insoportable que despedían. Luego nunca supo de qué manera había salido del infierno y llegado a su tribu, portador del fuego. El hechicero de la comunidad reclamó las llamas, puesto que, según el, era necesario purificar aquel fuego procedente del infierno, donde reina todo el mal. Acto seguido, reunió a los ancianos y jefes de la comunidad y procedió a ejecutar, después de ataviarse debidamente para la ocasión, una danza ritual, cuya duración fue de tres días, al cabo de los cuales declaró que el fuego estaba ya purificado, por lo que podía ser utilizado para los usos cotidianos de toda la tribu. De esta manera, las tribus indias de America del Norte empezaron a disfrutar de los beneficios que el fuego proporciona a la Humanidad.

(c) R.R. Ayala, Mitos y leyendas de los indios americanos.

Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez
el 19/07/2011

  • Esta leyenda pertenece a las tribus llamadas del Noroeste. Hace muchísimo tiempo había dos tribus muy próximas, solamente separadas por un bosque no muy extenso aunque sí sumamente frondoso, en cuyo centro había un claro en forma de prado. Las tribus, pese a su vecindad, o tal vez a causa de la misma, llevaban muchos siglos enemistadas, hasta el punto de que los dos últimos jefes respectivos de ambas tribus, igual que sus antecesores, se odiaban a muerte de modo personal. Mas dio la casualidad de que cierto día, estando Rayo Veloz, hijo de Asta de Ciervo, jefe de una de las dos tribus, en el bosque, vio pasar a una bellísima muchacha, que resultó ser Lirio Florido, hija de Gran Vendaval, jefe de la otra tribu. Tan pronto se vieron ambos jóvenes, quedaron prendados uno del otro, y aquella misma noche en su primera entrevista celebrada en el claro del bosque, a la luz de la luna, se prometieron amor eterno. Sin embargo, sabían que debido a la enemistad de sus respectivas tribus, su amor era imposible. Rayo Veloz, no se conformó, no obstante, con su desdicha, y decidió, de común acuerdo con su adorada, ver a su padre y contarle toda la verdad, pidiéndole su bendición. Poco después, Rayo Veloz se hallaba en presencia de Asta de Ciervo.
    -Padre mío, debo revelarte algo que deseaba comprendieses en tu infinito amor paternal.
    -Habla -se limitó a gruñir Asta de Ciervo.
    Acto seguido, Rayo Veloz le contó a su severo padre lo relativo a sus amores con Lirio Florido. Al oírle, Asta de Ciervo montó en cólera.
    - ¡Jamás! ¡Jamás consentiré en tamaño desafuero! ¿Casado tú con la hija de mi cruel enemigo? ¿Acaso ignoras que sus indios pisotean nuestros prados, que irrumpen en nuestro cotos de caza y matan nuestras manadas? ¡No, olvídate de este amor o dejarás de ser hijo mío!
    Rayo Veloz, ante esta andanada proferida con acentos iracundos sintióse morir en lo más hondo de su alma.
    Por su parte, Lirio Florido había mantenido con su padre, Gran Vendaval, una escena muy semejante a la anterior.
    Aquella noche, los dos amantes decidieron unir sus vidas para toda la eternidad, en la muerte. Sin titubear ni un solo momento, Rayo Veloz extrajo su puñal de caza del cinto y cortó las venas de las muñecas de su amada, y luego procedió a realizar la misma operación con las suyas. La sangre empezó a gotear primero lentamente y después, como dos torrentes de fuego, regando la tierra del claro del bosque. Los dos enamorados no tardaron en caer en tierra, exangües.
    Cuando sus cuerpos fueron encontrados, las dos tribus prorrumpieron en llantos y lamentos desgarradores, no siendo los menos desdichados los de ambos padres. Sin embargo, la enemistad tribal continuó todavía por unos días, hasta que alguien se dio cuenta, harto maravillado, que en el claro del bosque, en el mismo lugar donde la sangre de los dos enamorados había empapado el suelo, empezaba a brotar un árbol que, milagrosamente, en unas cuantas semanas apenas, adquirió una gran corpulencia, al tiempo que de su grueso tronco salían dos ramas, llenas de hojas que no tardaron tam poco en entrelazarse profusamente.
    Naturalmente, los chamanes declararon que aquellas dos ramas eran las almas de los dos enamorados, simbolizadas en el árbol. Los dos jefes, Asta de Ciervo y Gran Vendaval, decidieron fumar la pipa de la paz y sellar una nueva amistad, que debería ser tan duradera como el amor eterno de Rayo Veloz y Lirio Florido.

    (c) R.R. Ayala, Mitos y leyendas de los indios americanos. Edicomunicación. Barcelona, 1998, pp. 129-130.