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Grupo de Jorge Luis Borges

Sergio J. Roda
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Escrito por Sergio J. Roda
el 01/05/2011

La voy a buscar de vuelta en internet aunque ya lo intenté hace unos años y no la encontré. La novela yo la encontré en librerías de segunda mano porque es difícil conseguir nuevas ediciones en argentina de ese autor. Ya me pongo a buscar la novela a ver si tengo suerte.

Sergio J. Roda
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Escrito por Sergio J. Roda
el 02/05/2011

No encontré la novela digitalizada. Encontré otra del mismo autor pero no ésta. Si queres la dejamos a un lado y seguimos con otro de los cuentos del libro "Los lentes azules"

Sergio J. Roda
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Escrito por Sergio J. Roda
el 02/05/2011

Que pasa con la gente? No se acercan al debate? Pueden preguntar lo que deseen. Vamos, acérquense sin miedo.

Alejandra Almirón Cartier
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Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 03/05/2011

Sergio, me parece bien continuar con otro cuento, te dejo la elección....


Daphne Du Maurier

London 1907-1989


Reconocida mundialmente a partir del éxito que supuso Rebeca, llevada al cine por Alfred Hitchcock, gozó de un ambiente refinado desde su nacimiento.


Hija de actores célebres, con poco más de veinte años escribió su primera novela. Durante un largo periodo de su vida residió en el Castillo de Menaville en la costa de Cornualles, escenario de alguna de sus obras. Varias de ellas y algún relato, además de la indicada Rebeca, fueron adaptadas al cine en la década de los años cuarenta del pasado siglo, como La posada de Jamaica, Mi prima Rachel, El chivo expiatorio o más tardíamente Los pájaros.


Bésame otra vez, forastero


La novela corta El manzano y los dos relatos que acompañan esta edición Bésame otra vez, forastero y El joven fotógrafo calificadas como “historias” en su edición inglesa, tienen como elementos comunes una gran concisión en la configuración de sus personajes que rebaja el énfasis romántico de sus novelas más ambiciosas.

Intriga, crimen y fantasías paranoicas, descienden a espacios humildes o lujosos, como en el escenario de una pesadilla
Alejandra Almirón Cartier
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Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 03/05/2011
Rebecca Film de Alfred Hitchcock

Novela de Daphne du Maurier


El síndrome de Rebeca


Daphne Du Maurier, es una de las escritoras más leídas del mundo.

Sus novelas, recomendables sin ninguna reticencia, se sitúan entre la mejor literatura popular del siglo XX. Gracias a Alfred Hitchcock, tres de sus narraciones ( La posada de Jamaica , Rebeca y Los pájaros ) son, además, obras de consulta obligada por parte de los cinéfilos.
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Alejandra Almirón Cartier
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Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 03/05/2011


Los amores crean espejismos, los espejismos crean fantasmas, y a veces, los fantasmas se rebelan y adquieren vida propia.


Pensemos en Peter Ibbetson languideciendo en su celda. La luz tenue que penetra en su interior no tarda en provocarle un plácido sueño. Un sueño en el que se reencuentra con su amada Mary, la duquesa de Towers.


¿Pesan lo mismo todas las condenas? Para Peter, no. Disparó al celoso duque, y un juez dictó sentencia, pero él aún disfruta de la compañía de Mary. Para esta pareja, el viaje al más allá no solo es posible, sino aconsejable.


El texto original de Peter Ibbetson , escrito por George du Maurier, fue expedido a Hollywood, donde lo filmaron en dos ocasiones y sin sorpresas. Tanto Forever (1921), de George Fitzmaurice, como Sueño de amor eterno (1933), de Henry Hathaway, definen el deseo y sus dilemas según las convenciones de la novela gótica.


Del libro de Du Maurier puede decirse lo mismo. Buen amigo de Henry James, Mr. George revisó sus fuentes románticas y llevó a cabo un atrevido asalto a ese territorio donde no basta con distinguir a los vivos de los difuntos, porque, a veces, ambos invierten sus papeles (Cosas de los ingleses).

Sergio J. Roda
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Escrito por Sergio J. Roda
el 03/05/2011

Bueno encontré un cuento entre mis libros de género fantástico pero la mala noticia es que tampocó hallé el documento digitalizado. Aún así lo voy a comentar ya que es un cuento breve que me resultó interesante analizar.


LA RESIDENCIA DEL OLVIDO (Don Mark Lemon)


El protagonista sufre el dolor por la pérdida de su amor; eso lo lleva a hacer un gran descubrimiento de cómo lograr olvidar el sufrimiento de una ruptura en la pareja; y de ese modo ayuda a muchos desamorados a olvidar el recuerdo de la persona que amó con locura.



Sergio J. Roda
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Escrito por Sergio J. Roda
el 03/05/2011

Subí el cuento, está entre los documentos esperemos que algunos invitados se acerquen. Alejandra recibiste el cuento? Bueno. Sigo.


Luego del dolor de la pérdida del ser que más amaba, logra descubrir un método para hacer olvidar a quien lo desee, mediante un sistema que el llama. El Rayo Purpúreo. Mientras hace olvidar a todos los que viajan de diferentes lugares remotos para olvidar sus penas de amor, él decide mantener su memoria y recordar y sufrir cada día por el amor que jamás volverá a estar a su lado. Recuerda tener sabrazado u cuerpo frío y recuerda todos los días como besó su rostro pálido cubierto de la sal del mar. Esos recuerdos los alimentaba todos los días, la muerte de su amada seguiría vigente en su memoria a cada segundo pero a cambio de su dolor ayudaría a muchos a quitarle lagonía que provoca un desamor.

Una de las tantas peregrinas que recibe llega con el rostro cubierto por un velo. Luego que la mujer sale del cuarto donde se halla el rayo purpúreo y que le haría olvidar absolutamente todo, el hombre le pregunta si se siente mejor. La ve tan triste que le pregunta si acaso no era mejor para ella continuar recordando. Ella casi no habla, sino es en voz baja y melancólica. Entonces el hombre la guía hacia el cuarto donde se halla el final de los recuerdos que le hieren el alma.

Al instante de salir de la habitación en la cual se expuso al Rayo Purpúreo se nota un gran cambio en su ánimo. Ella demuestra un humor excelente y canta de alegría. Se quita el velo al no poder recordar, ya, la razón que la motivaba a usarlo. Su angustia completa había desaparecido. Había vuelto a ser feliz.

Alejandra Almirón Cartier
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Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 03/05/2011

Sergio, muchas gracias por subir el cuento, ya lo estoy leyendo para poder opinar.

A las 18 hs tengo que dar clases en la Facultad pero cuando regrese continúo.

Saludos querido amigo!

Sergio J. Roda
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Escrito por Sergio J. Roda
el 03/05/2011

Cuando ella se quita el velo, él la reconoce y la llama por su nombre. Ella era el amor que él nunca quiso olvidar. Un sólo nombre, MORELLA, nos traslada inmediatamente al cuento de Edgar Allan Poe y allí comprendemos los signos que al autor nos deja al describir en uno de los párrafos como le quita desesperadamente a besos la sal del mar de su rostro.


la mujer finalmente al darse cuenta que ella es la razón de la angustia de él (aunque no recuerda nada) le dice una frase con la cual sellan los dos su agonía y su amor. La dama le dice: "Olvide que yo olvidé" y así es como el olvido se convierte en un protagonista más (si alejandra me lo permite ver así) que se interpone entre el amor de ambos.

Quizá muchos (me incluyo) no verá el final tan sorpresivo. Ya desde el inicio del cuento ese final es predecible. Pero no es tanto el final predecible del cuento sino el modo dramático en el que ambos amantes se separan, y aún sabiendo los dos quienes son, se dan cuenta que de nada sirve volver a estar juntos si ella no siente ni uno de los momentos agradables que compartieron juntos. Peor que el olvido es saber que alguien ya no siente nada por uno. Y al descubrir que Morella ya no le queda ningún sentimiento hacia él decide también él olvidar.

Alejandra Almirón Cartier
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Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 04/05/2011


Un dato curioso e interesante para destacar: En el año 2004, se estrenó Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos -
Eternal Sunshine of the Spotless Mind , en inglés), una película onírica e ingeniosa, que trata los temas de la memoria y el amor.

La crítica fue muy generosa con este filme: brillante, original, complejo, son algunos de los calificativos que le ha dado.

Estas valoraciones están más que justificadas, ya que la película se nutre del conocimiento que hasta ahora tenemos del cerebro, la memoria y las funciones cognitivas y enlaza todo esto en una poética historia de amor.
Eterno Resplandor , ya que, en 1907, un escritor estadounidense actualmente poco conocido llamado Don Mark Lemon, había publicado un cuento titulado “The Mansion of Forgetfulness” que también habla sobre células, recuerdos y mansiones de olvido. y en la crítica no se ha mencionado su relación.


La brillante idea central de la película (los recuerdos pueden ser borrados selectivamente) no surgió, sin embargo, por primera vez con

No hay evidencia de que los realizadores del filme conocieran la existencia de este relato


Sin embargo, la pasmosa capacidad de antelación del cuento (ejemplo logradísimo de la ciencia ficción) y los vínculos que se pueden establecer entre él y la película, son un espacio rico para el análisis.


Además, el cuento ofrece un elemento singular: su personaje femenino se llama Morella, igual que el personaje femenino del relato homónimo de Edgar A llan Poe.

De manera que, uniendo todos estos elementos narrativos, se puede ofrecer una lectura crítica de las tres obras: Eterno Resplandor, “La residencia del olvido” y “Morella”.

Alejandra Almirón Cartier
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Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 04/05/2011

Lemon es un escritor estado unidense que vivió entre 1876 y 1961.

Se dedicaba a la narrativa
fantástica y de ciencia ficción.

Pu
blicó varios de sus relatos en re vistas de la época como The Black Cat y The Thrill Book. Fue en la primera que publicó “La residen cia del olvido".


Narrado en tercera persona,
el cuento relata una historia de amor.

A cierto lugar, llegó la noti
cia de que Herbert Munson había descubierto un rayo que destruía

ciertas células humanas de la me moria sin dañar otras.

Además, el
científico había construido la Resi dencia del Olvido, un lugar donde podían acudir todos aquellos que necesitaran olvidar.

Todo tipo de
amantes, apasionados y sensatos, acudían al Rayo Purpúreo para borrar de su memoria los recuer dos.

Además, se relata un evento
que había ocurrido cuatro meses antes: un hombre había visto en el mar, por última vez, “la figura helada de su Amor".

Sergio J. Roda
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Escrito por Sergio J. Roda
el 04/05/2011

Incluso iban visitantes que querían olvidar actos inmorales que habían cometido. Pero el rayo purpúreo no funcionaba para borrar de la memoria los pecados cometidos, sólo funcionaba para un bien común que en este caso correspondía a eliminar los recuerdos de los sentimientos para evitar que el alma sufriera por la pérdida de un amor (ya sea por una ruptura o definitivamente)

Alejandra Almirón Cartier
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Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 04/05/2011

La residencia del olvido ” es breve en la descripción de Morella.


La dama que asiste a la Residencia del Olvido parece ner­viosa al entrar.


Cuando habla con Munson se oculta bajo una capu­cha, pero luego de
someterse al Rayo Purpúreo, muestra su cara: “ un rostro joven y exquisitamente bello ” (Lemon 1978: 34).
Munson, que la creía muerta,
se había afe­rrado a su recuerdo y sufría mucho, pensando que había perdido a su único amor.


En ambas obras el tema del amor es un eje de acción.

La pérdida del ser amado es la causa de los ma­yores sufrimientos de los persona­jes.

Munson le declara a Morella: “ Mi amor, me vuelves el mundo más negro que para la mirada de quien agoniza ” (Lemon 1978: 35). Joel no deja de amar a Clementine hasta que descubre que ella lo bo­rró y él decide borrarla también.


Se negaba por ella a olvidar igual que todos los que lle­gaban a su mansión.

Pienso que el punto de quiebre en la identi­dad de esta Morella, es que al llegar a la residencia, Munson no la reconoce porque ella se oculta bajo una capucha.

Alejandra Almirón Cartier
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Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 04/05/2011

Sergio! Pareciera que estamos solos en un Isla del Pacífico, en cualquier momento llega el tsunami y desparecemos nosotros también... ja.ja.ja

Mientras tanto continúo con este análisis de cómo están enlazadas las tres obras, como verás me interesa desde este punto de vista.

En “Morella", “La residencia del olvido" y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, las tres hablan de la posibilidad de un individuo de perpetuarse en el tiempo a través de una nueva vida o de la memoria.


Las frases populares que relacionan la muerte y el olvido, muestran la idea de que vivir es permanecer en el recuerdo de los otros.

Fueron el narrador de Poe, Munson y Joel quienes impidieron la dilución de sus amadas en el tiempo.


Podría parecer que las obras sugieren la continuidad de los seres, de una esencia del individuo que se reproduce en nuevos contextos (en Poe es clara una sugerencia de metempsicosis; en “La residencia del olvido" y Eterno Resplandor es el recuerdo el que impide la separación de las personas).


Estos seres relatados en las historias son capaces de reconstruir el pasado y negarse a la desaparición.



La Morella de Poe lanza sobre él la maldición de su futuro, condenándolo a la desdicha. El recuerdo de Clementine en la mente de Joel no solo es una imagen borrosa del pasado, sino un ser consciente y lúcido que puede actuar sobre su existencia; la Morella de Lemon es apenas un espectro, pero podría ser menos inocente de lo que una primera lectura del cuento indica.



Finalmente, el aspecto más importante por resaltar en las piezas es el valor de “La residencia del olvido" como intertexto y antetexto de Eterno Resplandor, un antetexto sometido a la permanencia en el tiempo y en el conocimiento cultural, dado que, al menos en la bibliografía consultada, nadie parece haber vinculado las dos obras.


Alejandra Almirón Cartier
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Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 04/05/2011

“La residencia del olvido" constituye el preámbulo exacto de Eterno Resplandor, concibiendo la memoria como fuente de felicidad o infelicidad y adelantándose casi un siglo a los procedimientos tecnológicos actuales de análisis cerebral.


“La residencia del olvido" se nutre de las tendencias en apogeo de su época: recién en 1864, Broca comunicaba sus conclusiones acerca de las relaciones entre el hemisferio izquierdo y el lenguaje, dándole asidero científico a la idea del localizacionismo y de la especificidad cerebral.



Asimismo, el filme y el cuento contribuyen a crear la fabulación de la memoria: cómo recordamos, por qué sufrimos por el recuerdo, cómo podemos reconstruir la felicidad mediante el olvido.



El imaginario sobre la memoria y la búsqueda de una forma verosímil de plasmar en imágenes lo que puede constituir el flujo del pensamiento, constituye uno de los elementos mejor logrados de Eterno Resplandor, aunque en el intento no satisfaga completamente un análisis escrupuloso que busque realismo y consistencia en la resolución de las paradojas del recuerdo.


Sin embargo, una lectura más fantasiosa permite considerar

la película como un logro estético y poético que señala, como una mano escudriñadora, los recovecos de la memoria y de una vida significativa.


Considero que " Eterno Resplandor" continúa lo que inició “La residencia del olvido" y obliga a repetirnos que la existencia se traduce en el recuerdo.



Por último, se debe destacar que, aunque Lemon parece haber sido el primer autor en plantear el tema del borrado selectivo de la memoria, su original cuento cayó también en el olvido.


Es muy probable que a esto contribuyera el hecho de que, luego de ser publicado en 1907, solo fuera reimpreso dos veces: la primera al ser traducido al español y publicado en Argentina en 1978, y la segunda en 1986, cuando fue incorporado en la antología 101 Science Fiction Stories (Greenberg et al. 1986).


A lo anterior se añadió también que, con
su énfasis en la parte sentimental y no en la base científica, el cuento se apartó de las corrientes principales de ciencia ficción dominantes en Estados Unidos hasta la década de 1960 (Cardoso 2001: 129-143).


Cuando nuevos tipos de ciencia ficción empezaron a abordar temas como los planteados por Lemon en 1907, el cuento, dadas las limitaciones propias de la época en que fue escrito, apenas si podría ser visto como un ante
cedente lejano y tecnológica y científicamente ingenuo.


Después de Eternal Sunshine, y gracias en buena medida a esta película, es posible recuperarlo como algo más que eso.

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Alejandra Almirón Cartier
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Escrito por Alejandra Almirón Cartier
el 01/08/2011
La misa de las sombras
[Cuento. Texto completo]

Anatole France

He aquí lo que el sacristán de la iglesia de Santa Eulalia, en Neuville-d'Aumont, me contó bajo el emparrado del Cheval-Blanc, una hermosa velada veraniega, mientras nos bebíamos una botella de vino añejo a la salud de un muerto muy acomodado, que aquella misma mañana había llevado con honor al cementerio, bajo un paño sembrado de lágrimas de plata:

«Mi difunto padre (es el sacristán el que narra) ejerció el oficio de sepulturero. Era de espíritu agradable, sin duda como consecuencia de su oficio, pues se ha demostrado que las personas que trabajan en los cementerios son de carácter jovial. Yo que le estoy hablando, señor, entro en un cementerio por la noche tan tranquilo como bajo el cenador del Cheval-Blanc. Y si, por casualidad, me encuentro por la noche con un aparecido, no me inquieto, pues pienso que debe ir a sus asuntos lo mismo que yo voy a los míos. Conozco las costumbres de los muertos y su carácter. Sé a ese respecto cosas que ni los mismos curas saben. Y si le contara todo lo que he visto, se quedaría bastante sorprendido. Pero todas las verdades no se deben contar y mi padre, al que sin embargo le gustaba contar historias, no reveló ni la vigésima parte de lo que sabía. En cambio, repetía con frecuencia los mismos relatos y, en mi opinión, narró lo menos cien veces la aventura de Catherine Fontaine.

Catherine Fontaine era una vieja solterona que él recordaba haber visto cuando era niño. No me extrañaría que vivieran aún en la comarca unos cuantos ancianos que recuerden haber oído hablar de ella, pues era muy famosa y de buena reputación, aunque pobre. Vivía en la esquina de la calle de las Novicias, en la torrecilla que aún puede verse y que depende de un viejo hotel ya casi destruido que da al jardín de las Ursulinas. En esa torrecilla hay figuras e inscripciones medio borradas. El padre Levasseur, el difunto párroco de Santa Eulalia, aseguraba que en ellas se decía en latín que el amor es más fuerte que la muerte. Lo que, añadía, debía referirse al amor divino.

Catherine Fontaine vivía sola en esa pequeña vivienda. Era encajera. Usted sabe que los encajes de nuestra región eran en otros tiempos muy famosos. No se le conocían ni parientes ni amigos. Se decía que a los dieciocho años había amado al joven caballero d'Aumont-Cléry, con el que había estado secretamente comprometida. Pero las gentes de bien no querían creer nada de esto y afirmaban que se trataba de un cuento que alguien había inventado porque Catherine Fontaine tenía más aspecto de señora que de obrera, conservaba bajo sus cabellos blancos los restos de una gran belleza, tenía expresión de tristeza y porque llevaba en el dedo una de esas sortijas en las que el orfebre coloca dos pequeñas manos enlazadas que, antiguamente, se acostumbraba a intercambiar cuando dos jóvenes se comprometían. Usted sabrá dentro de nada de qué se trataba.

Catherine Fontaine vivía santamente. Frecuentaba las iglesias y, cada mañana, hiciera el tiempo que hiciera, asistía a la misa de las seis en Santa Eulalia.

Y sucedió que, una noche de diciembre, mientras dormía en su pequeño cuarto, se despertó al oír las campanas; sin dudar de que sonaran para la misa primera, la piadosa mujer se vistió, y bajó a la calle, donde la oscuridad era tan intensa que no se veían las casas ni brillaba el menor resplandor en el cielo negro. Y era tal el silencio de aquellas tinieblas, que no se escuchaba ni a un perro ladrar en la lejanía, y que uno se sentía separado de cualquier criatura viviente. Pero Catherine Fontaine, que conocía cada una de las losas en las que posaba el pie y que habría podido ir a la iglesia con los ojos cerrados, llegó sin problemas a la esquina de la calle de las Novicias con la calle de la Parroquia, allí donde se levanta una casa de madera que tiene un árbol de Jesé esculpido en una viga. Una vez llegada a este punto, vio que las puertas de la iglesia estaban abiertas y que salía de ella una gran claridad de cirios. Siguió andando y tras cruzar el porche, se encontró con que una asamblea numerosa llenaba la iglesia. Pero no reconocía a ninguno de los asistentes, y estaba sorprendida de ver a todas aquellas personas vestidas de terciopelo y brocado, con plumas en el sombrero y llevando la espada al estilo de tiempos antiguos. Había señores que tenían altos bastones con pomos dorados y damas con cofia de encaje sujeta por una peineta en forma de diadema. Caballeros de la orden de San Luis le daban la mano a damas que ocultaban tras el abanico un rostro maquillado, del que no se veía sino la sien empolvada y una mosca en el rabillo del ojo. Y todos iban a colocarse en su sitio sin ruido, y mientras andaban no se oía ni el ruido de sus pasos sobre el pavimento, ni el roce de los tejidos. Las naves laterales estaban repletas de jóvenes artesanos, de chaqueta parda, pantalón de bombasí y medias azules, que sostenían por la cintura a jóvenes muy bonitas y sonrosadas, con los ojos bajos. Y cerca de las pilas del agua bendita, las campesinas de falda roja y corpiño encordonado, se sentaban en el suelo con la tranquilidad de los animales domésticos, mientras que los jóvenes zagales, de pie tras ellas, abrían grandes ojos dándole vueltas entre los dedos a su sombrero. Y todos aquellos rostros silenciosos parecían eternizados en el mismo pensamiento, dulce y triste.

Arrodillada en su lugar habitual, Catherine Fontaine vio al sacerdote avanzar hacia el altar, precedido de dos ayudantes. No reconoció ni al sacerdote ni a los clérigos. La misa comenzó. Era una misa silenciosa en la que no se oían ni el sonido de los labios que se movían, ni el tañido de la campanilla inútilmente tocada. Catherine Fontaine se sentía bajo la mirada y la influencia de su misterioso vecino al que miró casi sin girar la cabeza y en el que reconoció al joven caballero d'Aumont-Cléry, que la había amado y que estaba muerto desde hacía cuarenta y cinco años. Lo reconoció por una pequeña señal que tenía por debajo de la oreja izquierda y sobre todo por la sombra que sus largas pestañas negras formaban en sus mejillas. Estaba vestido con el traje de caza, rojo con galones dorados, que llevaba el día que la había encontrado en el bosque de Saint-Léonard, le había pedido que le diera de beber y le había robado un beso. Había conservado su juventud y su buen aspecto. Su sonrisa mostraba aún sus dientes de joven lobo. Catherine le dijo en voz baja:

-Señor, que fuisteis mi amigo y a quien antaño le entregué lo más valioso que tiene una joven. ¡Que Dios os tenga en su gloria! Que Él pueda por fin inspirarme pesar por el pecado que con vos cometí; pues es cierto que, canosa y cerca de la muerte, no me arrepiento aún de haberos amado. Pero, amigo difunto, mi bello señor, decidme quiénes son las personas vestidas a la antigua usanza que asisten a esta silenciosa misa.

El caballero d'Aumont-Cléry respondió con una voz más débil que un soplo y sin embargo más clara que el cristal:

-Catherine, estos hombres y mujeres son almas del purgatorio que ofendieron a Dios pecando como nosotros por amor, pero que no por ello quedaron definitivamente separadas de Dios, porque su pecado, como el nuestro, fue sin maldad. Mientras que, separados de todos los que amaron sobre la tierra, se purifican en el fuego lustral del purgatorio, sufren los males de la ausencia, y éste es para ellos el más cruel sufrimiento. Son tan desgraciados que un ángel del cielo se apiada de su pena de amor. Con el permiso de Dios, reúne cada año durante una hora por la noche, al amigo y la amiga, en su iglesia parroquial, donde se les permite que oigan la misa de las sombras tomados de la mano. Ésta es la verdad. Si se me permite verte aquí antes de tu muerte, Catherine, es algo que no se realiza sin el permiso de Dios.

Y Catherine Fontaine le contestó:

-Me gustaría morir para volver a ser bella como en los días en los que te daba de beber en el bosque, mi difunto señor.

Mientras ellos hablaban en voz baja, un canónigo muy viejo hacía la colecta y presentaba una gran bandeja de cobre a los asistentes que dejaban caer en ella antiguas monedas que no están en curso hace ya mucho tiempo: escudos de seis libras, florines, ducados de oro y ducados de plata, jacobus ingleses, nobles à la rose, y las monedas caían en silencio. Cuando la bandeja le fue presentada, el caballero depositó un luis que no sonó más que las demás monedas de oro o de plata.

Luego el canónigo se detuvo delante de Catherine Fontaine, que buscó en su bolsillo sin encontrar en él ni un ochavo. Entonces, no queriendo negar su ofrenda, se quitó del dedo el anillo que el caballero le había regalado la víspera de su muerte, y lo depositó en la bandeja de cobre. Al caer, el anillo de oro sonó como un pesado badajo de campana, y tras el ruido retumbante que produjo, el caballero, el canónigo, el celebrante, los clérigos, las damas, los caballeros, la asamblea entera se desvaneció; los cirios se apagaron y Catherine Fontaine permaneció sola en la oscuridad. »

Al concluir su relato, el sacristán bebió un gran trago de vino, permaneció por un instante pensativo y luego prosiguió en estos términos:

-Le he contado esta historia como mi padre me la contó en reiteradas ocasiones, y creo que es verdadera porque coincide con todo lo que yo he observado de los usos y costumbres concernientes a los difuntos. He frecuentado mucho a los muertos desde mi infancia y sé que acostumbran a volver a sus amores. Así, los muertos avariciosos vagabundean de noche junto a los tesoros que ocultaron en vida. Montan guardia en torno a su oro, pero los esfuerzos que realizan, lejos de servirles para algo, actúan en su contra y no es raro encontrar dinero enterrado cavando en el lugar frecuentado por un fantasma. De igual modo, los maridos difuntos vienen de noche a atormentar a sus mujeres casadas en segundas nupcias, y podría mencionar a muchos que, después de muertos, han guardado mejor a sus esposas de lo que habían hecho en vida. Éstos son criticables pues, en buena justicia, los difuntos no deberían sentirse celosos. Pero le cuento lo que he observado. Por lo que considero que hay que tener cuidado cuando uno se casa con una viuda. Además, la historia que he contado quedó probada como sigue: Por la mañana, después de esta noche extraordinaria, Catherine Fontaine fue encontrada muerta en su habitación. Y el pertiguero de Sainte Eulalia encontró en la bandeja de cobre que servía para la colecta una sortija de oro con dos manos unidas. Aparte de eso, yo no soy aficionado a contar cuentos de risa. ¿Y si pidiéramos otra botella de vino...?

FIN