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Grupo de Música y poesía

Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
Promotora de salud-taller de primeros ...
Escrito por Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
el 03/08/2013

Cuento de hadas enviado por Raquel

Érase una vez un marinero llamado Derec el joven, una noche mientras recogía la red de pescar vio una cola muy grande salir del agua, pensaba que una cola tan grande no podía ser de un pez pero él pensaba que podría ser de una sirena pero creía que solo era una leyenda de marineros nadie le creyó pero lo que el no sabia que era verdad lo que contaba la sirena se llamaba Marian pero todos le llamaban Mar le gustaba subir a la superficie a tocar el arpa y cantar cantaba como los ángeles Derec se despertó por la noche por que no podía dormir y escucho a alguien cantar intrigado cogió una barca y fue de donde venia el ruido y vio a Mar la sirena le dijo que no gritara y en cuanto se miraron se enamoraron pero su amor era imposible quedaron en que todas las noches se verían en ese mismo sitio a cambio de que no dijera nada a nadie la sirena no podía dejar de pensar en el todos los días una noche le dijo el marinero que conocía a una hechicera que podría convertirlo en sirena le dijo que mañana vendría convertido en un sirena la hechicera le dijo que le convertiría si todas las noches gritaba al viento que su amor esta en el mar pero que lo tenia que hacer a las doce sino morirá le hizo el hechizo y se reunió con ella convertido en sirena todo el mundo se preguntaba quien era se casaron y tuvieron un hijo que le pusieron de nombre Ulises una noche cuando tenia que subir para gritar al viento que su amor esta en el mar cuando un barco pasaba no podía subir y iban a dar las doce y murió Mar sabia que algo le avía pasado y se sentó donde siempre se reunían con el bebe en los brazos gritando que donde estaba su amor.

Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
Promotora de salud-taller de primeros ...
Escrito por Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
el 07/08/2013

El bote

El bote

Él siempre supo que la amaba más de lo que ella a él.


Ella jamás lo engañó. Podía ofrecerle un cariño grande, tal vez algo parecido al amor, pero no ese amor con mayúsculas que él tanto deseaba. A él no le importó. La amaba demasiado como para fijarse en “pequeñeces” y ella se dejó querer.

Fueron sinceros desde el comienzo y eso ayudó a una hermosa relación. ¿Por qué está conmigo si bien sé que no soy el amor de su vida? Se preguntó él más de una vez. Jamás encontró la respuesta y nunca se lo preguntó a ella, no fuese cosa que no supiese bien qué hacer con lo que ella le contestase.

Como fuere, estaban juntos hacía ya bastante tiempo. Tenían una hermosa familia y una vida armoniosa.

De todos modos, él siempre sintió que en ese bote en el que ambos navegaban la vida, él remaba más y con más fuerza.

Sorteaba vientos y tempestades y en esos momentos -los más difíciles- él redoblaba su fuerza y el bote no se había hundido jamás. Nunca zozobraron porque su amor era tan grande que alcanzaba para llevar el bote a destino, más allá de las aguas furiosas y los vientos impiadosos que la vida suele ofrecer.

¿Y ella? Ella se dejaba llevar. Disfrutaba de ese viaje en bote muchas veces como espectadora, muchas otras sabiendo que por algo, ése era su lugar en la vida.

No todos los amores son iguales, tampoco todos expresamos el amor de la misma manera, ni remamos con la misma fuerza o entusiasmo.

Cierto día, las fuerzas de él se debilitaron y algo parecido al cansancio lo invadió. Su amor no había mermado, pero ¡Hacía tanto tiempo que sentía que remaba solo…! Los años pueden no hacer mella en el amor, pero sí en la energía y en la manera de encararlo.

Y comenzó a remar más despacito, tal vez por primera vez en su vida preguntándose si tanto esfuerzo puesto en ese bote había valido la pena.

Y ella se dio cuenta de su lentitud, pero también se dio cuenta que ese viaje calmo que él le había ofrecido como vida, había sido hermoso.

Y fue entonces, cuando ella supo que era su turno de remar, que él le había ofrecido una vida feliz y por sobre todo, un amor incondicional.

Fue entonces cuando reafirmó que, por algo, su lugar en la vida era con él y lo defendió. Ahora el bote dependía de ella y no zozobrarían tampoco esta vez. Ella remó con todas sus fuerzas y esta vez, él se dejó llevar un poquito.

Y así, equilibraron sus fuerzas, ella remó más, él remó un poco menos, sólo un poquito y el bote, nunca, jamás navegó más tranquilo.

Él supo que sí había valido la pena remar solo hasta esa instancia y ella corroboró que ese bote era su lugar en el mundo.

Porque no hay dos amores iguales, ni dos personas que lo demuestren de la misma manera, así como no hay dos botes que naveguen igual las aguas de la vida.

Fin

Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
Promotora de salud-taller de primeros ...
Escrito por Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
el 09/08/2013

El burrito descontento


Había una vez, en un frío día de invierno, un Burrito al que tanto la estación, como la comida que su dueño le daba, desagradaban profundamente. Cansado de comer insípida y seca paja, anhelaba con todas sus fuerzas, la llegada de la primavera para poder comer la hierba fresca que crecía en el prado.


Entre suspiros y deseos, llegó la tan esperada primavera para el Burrito, en la que poco pudo disfrutar de la hierba, ya que su dueño comenzó a segarla y recolectarla para alimentar a sus animales. ¿Quién cargo con ella? El risueño burro, al que tanto trabajo hizo comenzar a odiar la primavera y esperar con ansia al verano.


Pero, el verano tampoco mejoró su suerte, ya que le tocó cargar con las mieses y los frutos de la cosecha hasta casa, sudando terriblemente y abrasando su piel con el sol. Algo que le hizo volver a contar los días para la llegada del otoño, que esperaba que fuera más relajado.


Llegó al fin el otoño y con él, mucho más trabajo para el Burrito, ya que en esta época del año, toca recolectar la uva y otros muchos frutos del huerto, que tuvo que cargar sin descanso hasta su hogar.


Cuando por fin llegó el invierno, descubrió que era la mejor estación del año, puesto que no debía trabajar y podía comer y dormir tanto como quisieran, sin que nadie le molestara. Así fue, como recordando lo tonto que había sido, se dio cuenta de que para ser feliz, tan solo es necesario conformarse con lo que uno tiene.

Laura
Escrito por Laura
el 09/08/2013

-Te amo.

-Yo a vos. Tres meses después. -Te amo. -Tenemos que hablar. Ya no siento lo que antes. Y la felicidad que tenía se escurrió.

Laura
Escrito por Laura
el 09/08/2013


Celtas Cortos - Cuentame Un Cuento

CRISTIA NE CÓMO SE QUE TE GUSTA ESCUCHAR MUSICA A LA PAR QUE LES LOS CUENTOS AQUI TIENES A MIS PAISANOS DE VALLADOLIDDDDDDDD

Ade Salinas
Contador publico fusac, inc. uac
Escrito por Ade Salinas
el 10/08/2013


Manolo De La Vi?a Jimenez
F.p. ii centro de formación profesional
Escrito por Manolo De La Vi?a Jimenez
el 10/08/2013

Hola Laura.

El cuento es corto, Recuerdo haber recorrido antes esta trocha (camino) antes, mucho tiempo ha.

Se aprecia que era hembra y parió, le han salido retoños en abundancia.

Un abrazo, Manolo.

Griselda Susana Ordoqui
Prof en humanidades, especialidad filo...
Escrito por Griselda Susana Ordoqui
el 11/08/2013

Gracias Laury por invitarme a este hermoso debate de la amiga Christiane.


El Otro Yo
[Cuento. Texto completo]

Mario Benedetti

Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la nariz, roncaba en la siesta , se llamaba Armando . Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.

El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada , se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse inc ómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.

Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo qu é hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañana siguiente se había suicidado.

Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.

Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas.

Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».

El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo , sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.

Griselda Susana Ordoqui
Prof en humanidades, especialidad filo...
Escrito por Griselda Susana Ordoqui
el 11/08/2013

PUESTA A PUNTO

María Carvajal

Todos estábamos nerviosos aquel día. Había tres personas con ella. Le dieron un baño de agua de rosas. Le pusieron el vestido de novia y los zapatos blancos de tacón. Adornaron su cuello con la gargantilla de perlas engarzadas que había heredado de su madre. Tras secar sus cabellos, los rizos dorados y perfectos caían bailando sobre sus hombros. Pintaron sus ojos de miel con tonos ocres y peinaron sus pestañas con rimel. Maquillaron sus mejillas con colorete y pusieron un poco de gloss rosado sobre sus labios carnosos.

Estaba preciosa. Nunca había visto a una mujer tan bella el día de su entierro.

………..

María Carvajal nació en Mérida (Badajoz), en 1977. Cursó estudios de Filología Inglesa en la Universidad de Extremadura . Sus poemas y relatos se han publicado en varios blogs y revistas digitales así como en los libros corales de la editorial Rumorvisual Trece (2009) y Un rato para un relato (2010). Con ese mismo sello editorial publicó en 2011 su primer libro, Mis días con Marcela . La autora interviene asiduamente en recitales poéticos. Es coeditora de la revista digital Ombligo.

Griselda Susana Ordoqui
Prof en humanidades, especialidad filo...
Escrito por Griselda Susana Ordoqui
el 11/08/2013

novia vistiéndose

Griselda Susana Ordoqui
Prof en humanidades, especialidad filo...
Escrito por Griselda Susana Ordoqui
el 11/08/2013
EL GESTO DE LA MUERTE
Jean Cocteau

Un joven jardinero persa dice a su príncipe:

- ¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche , por milagro, quisiera estar en Ispahán.

El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:

-Esta mañana ¿Por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?

-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahán esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahán.

Griselda Susana Ordoqui
Prof en humanidades, especialidad filo...
Escrito por Griselda Susana Ordoqui
el 11/08/2013

muerte-jean-cocteau

Griselda Susana Ordoqui
Prof en humanidades, especialidad filo...
Escrito por Griselda Susana Ordoqui
el 11/08/2013

J.E.Z.


LA ROSA

Juan Eduardo Zúñiga, España, 1929

Ante el estudiante, un coche pasó rápidamente, pero él pudo entrever en su interior un bellísimo rostro femenino. Al día siguiente, a la misma hora, volvió a cruzar ante él y también atisbó la sombra clara del rostro entre los pliegues oscuros de un velo. El estudiante se preguntó quién era. Esperó al otro día, atento en el borde de la acera, y vio avanzar el coche con su caballo al trote y esta vez distinguió mejor a la mujer de grandes ojos claros que posaron en él su mirada .

Cada día el estudiante aguardaba el coche, intrigado y presa de la esperanza: cada vez la mujer le parecía más bella. Y, desde el fondo del coche, le sonrió y él tembló de pasión y todo ya perdió importancia, clases y profesores: sólo esperaría aquella hora en la que el coche cruzaba ante su puerta.

Y al fin vio lo que anhelaba: la mujer le saludó con un movimiento de la mano que apareció un instante a la altura de la boca sonriente, y entonces él siguió al coche, andando muy deprisa, yendo detrás por calles y plazas, sin perder de vista su caja bamboleante que se ocultaba al doblar una esquina y reaparecía al cruzar un puente .

Anduvo mucho tiempo y a veces sentía un gran cansancio, o bien, muy animoso, planeaba la conversación que sostendría con ella. Le pareció que pasaba por los mismos sitios, las mismas avenidas con nieblas, con sol o lluvias, de día o de noche, pero él seguía obstinado, seguro de alcanzarla, indiferente a inviernos o veranos.

Tras un largo trayecto interminable, en un lejano barrio, el coche finalmente se detuvo y él se aproximó con pasos vacilantes y cansados, aunque iba apoyado en un bastón. Con esfuerzo abrió la portezuela y dentro no había nadie.

Únicamente vio sobre el asiento de hule una rosa encarnada, húmeda y fresca. La cogió con su mano sarmentosa y aspiró el tenue aroma de la ilusión nunca conseguida.

Misterios de las noches y los días , Madrid, Alfaguara, 1992, págs. 121-122

Griselda Susana Ordoqui
Prof en humanidades, especialidad filo...
Escrito por Griselda Susana Ordoqui
el 11/08/2013

EL MÁS CORTO CUENTO CRUEL

Desfile patriótico. Cuando pasa la bandera, un espectador permanece sin

Descubrirse. La muchedumbre rezonga, luego grita: " ¡El sombrero! " y se lanza

Contra el recalcitrante, que persiste en menospreciar el emblema nacional.

Algunos patriotas le darán su merecido. Se trataba de un gran mutilado de

Guerra que tenía amputados los dos brazos.

Auguste VILLIERS DE L'ISLE-ADAM (Francia, 1838-1889)

Griselda Susana Ordoqui
Prof en humanidades, especialidad filo...
Escrito por Griselda Susana Ordoqui
el 11/08/2013

ón GÓMEZ de la SERNA (España, 1888-1963)

LA MANO

El doctor Alejo murió asesinado. Indudablemente murió

Estrangulado.

Nadie había entrado en la casa, indudablemente nadie, y aunque el doctor

Dormía con el balcón abierto, por higiene, era tan alto su piso que no era de

Suponer que por allí hubiese entrado el asesino.

La policía no encontraba la pista de aquel crimen, y ya iba a abandonar el

Asunto, cuando la esposa y la criada del muerto acudieron despavoridas a la

Jefatura. Saltando de lo alto de un armario había caído sobre la mesa, las había

Mirado, las había visto, y después había huido por la habitación, una mano

Solitaria y viva como una araña. Allí la habían dejado encerrada con llave en el

Cuarto.

Llena de terror, acudió la policía y el juez. Era su deber. Trabajo les costó

Cazar la mano, pero la cazaron y todos la agarraron un dedo, porque era vigorosa

Como si en ella radicase junta toda la fuerza de un hombre fuerte.

¿Qué hacer con ella? ¿Qué luz iba a arrojar sobre el suceso? ¿Cómo

Sentenciarla? ¿De quién era aquella mano?

Después de una larga pausa, al juez se le ocurrió darle la pluma para que

Declarase por escrito. La mano entonces escribió: “Soy la mano de Ramiro Ruiz,

Asesinado vilmente por el doctor en el hospital y destrozado con ensañamiento en

La sala de disección. He hecho justicia”.

Ramón GÓMEZ de la SERNA

Griselda Susana Ordoqui
Prof en humanidades, especialidad filo...
Escrito por Griselda Susana Ordoqui
el 11/08/2013

Animación en rosa

Griselda Susana Ordoqui
Prof en humanidades, especialidad filo...
Escrito por Griselda Susana Ordoqui
el 11/08/2013

Gracias Laury por la invitación y Christiane por este debate.


Hasta pronto, un abrazo.



Laura
Escrito por Laura
el 14/08/2013


Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
Promotora de salud-taller de primeros ...
Escrito por Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
el 21/08/2013

La Tetera



Había una vez una tetera muy orgullosa; tan orgullosa estaba de sus formas y de todos los elementos que la formaban, que no paraba de presumir de su hermosura. De todos menos de su tapa encolada y rota a causa de un mal golpe. Una tapa que ella admitía como su más terrible secreto y que pensaba que era usada por los demás para reírse de ella.


-Mira esas tazas tan perfectas y relucientes-pensaba para sí misma- se creen tan bonitas, que no ven todos los fallos que tiene su decoración. Menos mal que yo sé diferenciar entre mis cualidades y mis defectos, admitiendo estos últimos con humildad.


En todas estas cavilaciones estaba la tetera durante su dorada juventud. Un mal día, mientras cumplía su misión en la mesa, una mano bastante torpe, la hizo caer al suelo y perder su preciosa asa y su extraordinario pitón. Mientras el contenido se escapaba por las grietas, todos sus compañeros se reían de su lastimosa apariencia.


-Que ingrato recuerdo-exclamaba la tetera al recordar aquel episodio-. Ese fue mi fin, ya nunca volvieron a usarme y a los pocos días, abandone mi hogar en las manos de una mujer que vino buscando algo de comida. Me deprimí enormemente, pues había perdido toda mi categoría, pero un tiempo después, descubrí que podía seguir siendo útil. Rellenaron mi cuerpo de tierra y enterraron en ella un pequeño bulbo, que comenzó a crecer en mi interior, descubriéndome una vida nueva llena de luz y color, en la que lo que más me importaba era mi precioso compañero.


Tan bonito era, que alguien pensó en que yo no era la mejor maceta y que para encontrarle un hogar más adecuado, había que partirme por la mitad. Eso sí que fue doloroso, sobretodo, porque a mí me lanzaron al patio trasero, donde ya solo soy un puñado de trozos viejo. A pesar de todo, lo recuerdo con cariño y eso es algo que nadie podrá arrebatarme.

Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
Promotora de salud-taller de primeros ...
Escrito por Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
el 23/08/2013

El embustero


Había una vez, un hombre muy enfermo y sin recursos, que desesperado se comprometió a sacrificar la cantidad de cien bueyes a los dioses, si estos le ayudaban a curarse completamente.


Los dioses, a los que siempre les gusta probar a los mortales, decidieron ayudarle y comprobar si era cierto lo que el hombre decía.


Recuperado por completo de sus dolencias y al no tener los animales, ni el suficiente dinero para darles la ofrenda prometida a sus benefactores, fabricó cien bueyes de sebo y los llevó al templo para que fueran sacrificados.


-Oh Dioses, aquí tenéis lo que os había prometido.


Al verse engañados, trazaron un plan para darle una buena lección a este hombre tan embustero. Mientras dormía, se introdujeron en uno de sus sueños, mostrándole una gran bolsa con mil monedad de plata en una playa cercana.


Extasiado ante esa enorme fortuna, se despertó inmediatamente, dirigiéndose todo lo rápido que pudo hasta la playa. Allí, no solo no encontró ninguna bolsa, sino que además fue capturado por unos piratas, que lo vendieron como esclavo en la ciudad más cercana, obteniendo por su venta mil monedas de plata.


Moraleja: aquel que engaña a la personas, siempre acaba siendo engañado.