En este grupo En todos

Grupo de Música y poesía

Christiane ,
Escrito por Christiane ,
el 25/05/2013




Maria del Carmen. Buenos dìas ¡ . Que maravilla tu cuento!.


Aburrimiento



``La lluvia cae sin cesar sobre el parque desolado......


me encanta como empieza




Laura
Escrito por Laura
el 25/05/2013

No cierres los ojos

cuentos de terror No cierres los ojos



El pequeño Mateo estaba muy afectado, su madre lo había encontrado en la bañera a punto de ahogarse, estaba distraído, como inmerso en su propio mundo, ni siquiera lloraba, solo estaba ahí sentado en medio de la cama, sin decir nada, con un vacio inmenso en sus ojos que no debería tener un niño de su edad. Pasó así toda la noche, ni si quiera se recostó, con nada podían hacerlo reaccionar, ni sus juguetes favoritos lo sacaban de su estado de shock.


Su madre estaba muy preocupada, así que no se separaba de él ningún momento, el pequeño no había querido probar bocado, y el médico ya venía en camino, cuando el hombre llegó a revisarlo, la madre que lucía ya un poco cansada por velar toda la noche, tuvo un momento de descanso y decidió tomar un baño, cuando el niño la vio con la toalla en mano reaccionó de inmediato: -No mama no entres al baño- pensando que se trataba de una reacción normal por lo que le había sucedido el día anterior, intentaron calmarlo explicándole que nada malo pasaría, pero el niño estaba demasiado nervioso e inquieto, lloraba de la desesperación, hasta que entre sus sollozos alcanzaron a escuchar: -El está ahí y te atrapara si cierras los ojos- . El Doctor presumiendo de sabiduría, se decidió por un caso práctico, entrar al baño, dejar la puerta abierta para que el niño pudiera ver desde su cuarto que si cerraba los ojos no pasaría nada malo, completamente vestido se metió en la tina y hacía gestos de que se duchaba, cuando fingió cubrirse el rostro con jabón y cerró los ojos, la madre y el pequeño observaron horrorizados que una pálida mano se posaba sobre su cabeza, no podía verse algún cuerpo al que perteneciera, simplemente la mano, que apretó fuerte la cabeza del doctor, que sin saber que pasaba echo a gritar.


La puerta se azotó cerrándose solo por un par de segundos, cuando la señora abrió la puerta, lo único que pudo ver fue la corbata del médico asomándose por el desagüe, la familia guardo el secreto, y por supuesto viven con una advertencia permanente: “No cierres los ojos”.


Tenga cuidado cada vez que vaya a la ducha, pues si cierra los ojos, nunca se sabe que pueda encontrarse cuando los abra de nuevo.

Christiane ,
Escrito por Christiane ,
el 26/05/2013


Conocerse a uno mismo
[Cuento. Texto completo]

Anónimo hindú


Un niño de la India fue enviado a estudiar a un colegio de otro país.

Pasaron algunas semanas, y un día el jovencito se enteró de que en el colegio había otro niño indio y se sintió feliz. Indagó sobre ese niño y supo que el niño era del mismo pueblo que él y experimentó un gran contento.

Más adelante le llegaron noticias de que el niño tenía su misma edad y tuvo una enorme satisfacción. Pasaron unas semanas más y comprobó finalmente que el niño era como él y tenía su mismo nombre. Entonces, a decir verdad, su felicidad fue inconmensurable.

FIN


Christiane ,
Escrito por Christiane ,
el 26/05/2013


De instante en instante
[Cuento. Texto completo]

Anónimo hindú

Era un yogui muy anciano. Ni siquiera él mismo recordaba sus años, pero había mantenido la conciencia clara como un diamante, aunque su rostro estaba apergaminado y su cuerpo se había tornado frágil como el de un pajarillo. Al despuntar el día se hallaba efectuando sus abluciones en las frescas aguas del río. Entonces llegaron hasta él algunos aspirantes espirituales y le preguntaron qué debían hacer para adiestrarse en la verdad. El anciano los miró con infinito amor y, tras unos segundos de silencio pleno, dijo:

-Yo me aplico del siguiente modo: Cuando como, como; cuando duermo, duermo; cuando hago mis abluciones, hago mis abluciones, y cuando muero, muero.

Y al concluir sus palabras, se murió, abandonando junto a la orilla del río su decrépito cuerpo.

FIN


Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
Promotora de salud-taller de primeros ...
Escrito por Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
el 26/05/2013

Un Elefante Ocupa Mucho Espacio
-por Elsa Bornemann-



Que un elefante ocupa mucho espacio lo sabemos todos. Pero que Víctor, un elefante de circo, se decidió una vez a pensar "en elefante", esto es, a tener una idea tan enorme como su cuerpo... Ah... Eso algunos no lo saben, y por eso se los cuento:
Verano. Los domadores dormían en sus carromatos, alineados a un costado de la gran carpa. Los animales velaban desconcertados. No era para menos: cinco minutos antes el loro había volado de jaula en jaula comunicándoles la inquietante noticia. El elefante había declarado huelga general y proponía que ninguno actuara en la función del día siguiente.
- ¿Te has vuelto loco, Víctor? - le preguntó el león, asomando el hocico por entre los barrotes de su jaula.- ¿Cómo te atreves a ordenar algo semejante sin haberme consultado? ¡El rey de los animales soy yo!
La risita del elefante se desparramó como papel picado en la oscuridad de la noche:
-Ja. El rey de los animales es el hombre, compañero. Y sobre todo aquí, tan lejos de nuestras selvas...
- ¿De qué te quejas, Víctor? -interrumpió un osito, gritando desde su encierro. ¿No son acaso los hombres los que nos dan techo y comida?
- Tú has nacido bajo la lona del circo... -le contestó Víctor dulcemente. La esposa del criador te crió con mamadera... Solamente conoces el país de los hombres y no puedes entender, aún, la alegría de la libertad...
- ¿Se puede saber para qué hacemos huelga? -gruñó la foca, coleteando nerviosa de aquí para allá.
- ¡Al fin una buena pregunta! -exclamó Víctor, entusiasmado, y ahí nomás les explicó a sus compañeros que ellos eran presos... Que trabajaban para que el dueño del circo se llenara los bolsillos de dinero... Que eran obligados a ejecutar ridículas pruebas para divertir a la gente... Que se los forzaba a imitar a los hombres... Que no debían soportar más humillaciones y que patatín y que patatán. (Y que patatín fue el consejo de hacer entender a los hombres que los animales querían volver a ser libres... Y que patatán fue la orden de huelga general...)
- Bah... Pamplinas... -se burló el león-. ¿Cómo piensas comunicarte con los hombres? ¿Acaso alguno de nosotros habla su idioma?
- Sí -aseguró Víctor. El loro será nuestro intérprete -y enroscando la trompa en los barrotes de su jaula, los dobló sin dificultad y salió afuera. En seguida, abrió una tras otra las jaulas de sus compañeros.
Al rato, todos retozaban en los carromatos. ¡Hasta el león!
Los primeros rayos de sol picaban como abejas zumbadoras sobre las pieles de los animales cuando el dueño del circo se desperezó ante la ventana de su casa rodante. El calor parecía cortar el aire en infinidad de líneas anaranjadas... (los animales nunca supieron si fue por eso que el dueño del circo pidió socorro y después se desmayó, apenas pisó el césped...)
De inmediato, los domadores aparecieron en su auxilio:
- Los animales están sueltos! - gritaron acoro, antes de correr en busca de sus látigos.
- ¡Pues ahora los usarán para espantarnos las moscas! - les comunicó el loro no bien los domadores los rodearon, dispuestos a encerrarlos nuevamente.
- ¡Ya no vamos a trabajar en el circo! ¡Huelga general, decretada por nuestro delegado, el elefante!
- ¿Qué disparate es este? ¡A las jaulas! -y los látigos silbadores ondularon amenazadoramente.
- ¡Ustedes a las jaulas! -gruñeron los orangutanes. Y allí mismo se lanzaron sobre ellos y los encerraron. Pataleando furioso, el dueño del circo fue el que más resistencia opuso. Por fin, también él miraba correr el tiempo detrás de los barrotes.
La gente que esa tarde se aglomeró delante de las boleterías, las encontró cerradas por grandes carteles que anunciaban: CIRCO TOMADO POR LOS TRABAJADORES. HUELGA GENERAL DE ANIMALES.
Entretanto, Víctor y sus compañeros trataban de adiestrar a los hombres:
- ¡Caminen en cuatro patas y luego salten a través de estos aros de fuego! ¡Mantengan el equilibrio apoyados sobre sus cabezas!
- ¡No usen las manos para comer! ¡Rebuznen! ¡Maúllen! ¡Ladren! ¡Rujan!

- ¡BASTA, POR FAVOR, BASTA! - gimió el dueño del circo al concluir su vuelta número doscientos alrededor de la carpa, caminando sobre las manos-. ¡Nos damos por vencidos! ¿Qué quieren?
El loro carraspeó, tosió, tomó unos sorbitos de agua y pronunció entonces el discurso que le había enseñado el elefante:
-... Con que esto no, y eso tampoco, y aquello nunca más, y no es justo, y que patatín y que patatán... Porque... O nos envían de regreso a nuestras selvas... O inauguramos el primer circo de hombres animalizados, para diversión de todos los gatos y perros del vecindario. He dicho.
Las cámaras de televisión transmitieron un espectáculo insólito aquel fin de semana: en el aeropuerto, cada uno portando su correspondiente pasaje en los dientes (o sujeto en el pico en el caso del loro), todos los animales se ubicaron en orden frente a la puerta de embarque con destino al África.
Claro que el dueño del circo tuvo que contratar dos aviones: En uno viajaron los tigres, el león, los orangutanes, la foca, el osito y el loro. El otro fue totalmente utilizado por Víctor... Porque todos sabemos que un elefante ocupa mucho, mucho espacio...

Christiane ,
Escrito por Christiane ,
el 26/05/2013

Leyendo , Leyendo



El compositor, cantante y pianista Edwin Joseph Bocage, más conocido por su nombre Eddie Bo

Para el ambiente mientras leemos. O entre dos cuentos



Eddie Bo 2004.jpg
Eddie Bo
(2004 en Nueva Orleans)


Edwin Joseph Bocage ("Eddie Bo") (September 20, 1930 – March 18, 2009) [ 1 ] was an American singer and New Orleans-style pianist . Schooled in jazz , he was known for his blues , soul and funk recordings, compositions, productions and arrangements. He debuted on Ace Records in 1955 and released more single records than anyone else in New Orleans other than Fats Domino .

Laura
Escrito por Laura
el 29/05/2013

"Christiane , Christiane escribió:


De instante en instante
[Cuento. Texto completo]

Anónimo hindú

Era un yogui muy anciano. Ni siquiera él mismo recordaba sus años, pero había mantenido la conciencia clara como un diamante, aunque su rostro estaba apergaminado y su cuerpo se había tornado frágil como el de un pajarillo. Al despuntar el día se hallaba efectuando sus abluciones en las frescas aguas del río. Entonces llegaron hasta él algunos aspirantes espirituales y le preguntaron qué debían hacer para adiestrarse en la verdad. El anciano los miró con infinito amor y, tras unos segundos de silencio pleno, dijo:

-Yo me aplico del siguiente modo: Cuando como, como; cuando duermo, duermo; cuando hago mis abluciones, hago mis abluciones, y cuando muero, muero.

Y al concluir sus palabras, se murió, abandonando junto a la orilla del río su decrépito cuerpo.

FIN


"



Me ha encantado!

Laura
Escrito por Laura
el 29/05/2013

Un aguador de la India tenía sólo dos grandes vasijas que colgaba en los extremos de un palo y que llevaba sobre los hombros. Una tenía varias grietas por las que se escapaba el agua, de modo que al final de camino sólo conservaba la mitad, mientras que la otra era perfecta y mantenía intacto su contenido. Esto sucedía diariamente. La vasija sin grietas estaba muy orgullosa de sus logros pues se sabía idónea para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba avergonzada de su propia imperfección y de no poder cumplir correctamente su cometido. Así que al cabo de dos años le dijo al aguador:

-Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir por tu trabajo.

El aguador le contestó:

-Cuando regresemos a casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.

Así lo hizo la tinaja y, en efecto, vio muchísimas flores hermosas a lo largo de la vereda; pero siguió sintiéndose apenada porque al final sólo guardaba dentro de sí la mitad del agua del principio.

El aguador le dijo entonces:


- ¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Quise sacar el lado positivo de tus grietas y sembré semillas de flores. Todos los días las has regado y durante dos años yo he podido recogerlas. Si no fueras exactamente como eres, con tu capacidad y tus limitaciones, no hubiera sido posible crear esa belleza. Todos somos vasijas agrietadas por alguna parte, pero siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados.

Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
Promotora de salud-taller de primeros ...
Escrito por Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
el 31/05/2013
En la estatua del Ángel

cuentos de terror angel

La vida en aquel pueblo era muy tranquila, tal cual como cada quien la quería y lo más perturbador que llegaba a suceder, eran los griteríos de los pequeños al salir de la escuela.

Por la casa de de Don Pancho, pasaba todos los días Flor, una niña de apenas ocho años, que el viejo quería profundamente, pues se le parecía mucho a una nieta fallecida a la cual también adoraba. El anciano le decía de forma amorosa “Niña Bonita” y ella lo nombraba “Cabeza de algodón”.

Debido a la avanzada edad del Señor, un día cayó en cama, y no pudo levantarse mas, la niña bonita pasaba por su casa a diario para pedirle que se recuperara pronto e ir juntos a la plaza.

Al paso de tres semanas, el abuelo tuvo fuerzas para levantarse, buscando darle una sorpresa a Flor, se dirigió a la plazuela y esperó en la estatua del ángel donde se conocieron, pues la usaban como punto de reunión. Ese día le colocaban una placa nueva al monumento, el viejo se acercó a leerla, pero no llevaba consigo sus anteojos, y su vista tan gastada no le permitió distinguir ni una sola palabra. Esperó largo rato pero la niña no vino.

Así que Don Pancho volvió a casa, poco antes de entrar, escuchó el ruido del columpio en el jardín trasero. Ahí lo esperaba Flor con la cabeza cabizbaja y escondiendo algo entre sus manitas.

El anciano le pregunta la razón de su tristeza y ella se levanta del columpio y con la roca que escondía entre las manos le parte la cabeza al pobre viejo diciendo: -No podemos vernos mas, porque descubriste mi secreto, te vi leyendo la placa del ángel de la plaza-. Y continua golpeándolo con gran furia hasta dejarlo muerto…

Al siguiente día el conserje del pueblo lee la placa mientras la limpiay esta dice: “En memoria de Flor Martínez, fallecida en trágico accidente, durante la construcción del Quiosco en 1912″.

Autor: Cuentos Cortos.


Laura
Escrito por Laura
el 01/06/2013

CUENTO CORTO

Nadie recuerda aquel día en el que el sol se harto de huir de la luna todas las noches; no pudieron verlo, quedaron eclipsados.

Christiane ,
Escrito por Christiane ,
el 01/06/2013

.. Un pausa entre dos cuentos.



Desencadena mi corazón
Nena déjame ser
Porque no te importo
Así que, por favor,
Déjame en libertad

Desencadena mi corazón N
Nena déjame ir
Desencadena mi corazón
Porque tu no me quieres ya más

Cada vez que te llamo por teléfono
Algunos compañeros me dicen
Que no estás en casa
Desencadena mi corazón
Déjame en libertad

Desencadena mi corazón
Nena déjame ir
Desencadena mi corazón
Porque tu no me quieres ya más

Me tienes cosido como un
suave estuche
Pero dejaste que mi amor

se desperdiciara

Laura
Escrito por Laura
el 02/06/2013

Mira Cristhiane a mí si me traes a mi tío Joe,ya me dejo de CUENTOS!

Wauuuuuu!


Joe Cocker - Suelte mi corazón - YouTube
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Laura
Escrito por Laura
el 02/06/2013

Había una vez un hombre, que no era muy rico, que se casó con una BELLA MUJER. Una noche de invierno, sentados junto al fuego, comentaban la felicidad de sus vecinos que eran más ricos que ellos.

- ¡Oh! -decía la mujer- si pudiera disponer de todo lo que yo quisiera, sería muy pronto mucho más feliz que todas estas personas.

-Y yo -dijo el marido-. Me gustaría vivir en el tiempo de las hadas y que hubiera una lo suficientemente buena como para concederme todo lo que yo quisiera.

En ese preciso instante, vieron en su cocina a una dama muy hermosa, que les dijo:

-Soy un hada; prometo conceder les las tres primeras cosas que des een ; pero ten gan cuidado: después de haber deseado tres cosas, no le s concederé nada más.

Cuando el hada desapareció, aquel hombre y aquella mujer se hallaron muy confusos:

-Para mí, que soy el ama de casa -dijo la mujer- sé muy bien cuál sería mi deseo: no lo deseo aún formalmente, pero creo que no hay nada mejor que ser bella, rica y fina.

-Pero, -contestó el marido- aún teniendo todas esas cosas, uno puede estar enfermo, triste o incluso puede morir joven: sería más prudente desear salud, alegría y una larga vida.

- ¿De qué serviría una larga vida, si se es pobre? -dijo la mujer-. Eso sólo serviría para ser desgraciado durante más tiempo. En realidad, el hada habría debido prometer concedernos una docena de deseos, pues hay por lo menos una docena de cosas que yo necesitaría.

-Eso es cierto -dijo el marido- pero démonos tiempo, pensemos de aquí a mañana por la mañana, las tres cosas que nos son más necesarias, y luego las pediremos.

-Puedo pensar en ello toda la noche -dijo la mujer- mientras tanto, calentémonos pues hace frío.

Mientras hablaba, la mujer cogió unas tenazas y atizó el fuego; y cuando vio que había bastantes carbones encendidos, dijo sin reflexionar:

-He aquí un buen fuego, me gustaría tener un alna de morcilla para cenar, podríamos asarla fácilmente.

Tan pronto como terminó de pronunciar esas palabras, cayó por la chimenea un alna de morcilla.

- ¡Maldita sea la tragona con su morcilla! -dijo el marido-; no es un hermoso deseo, y sólo nos quedan dos que formular; por lo que a mí respecta, me gustaría que llevaras la morcilla en la punta de la nariz.

Y, al instante, el hombre se percató de que era más tonto aún que su mujer, pues, por ese segundo deseo, la morcilla saltó a la punta de la nariz de aquella pobre mujer que no podía arrancársela.

- ¡Qué desgraciada soy! -exclamó- ¡Eres un malvado por haber deseado que la morcilla se situara en la punta de mi nariz!

-Te juro, esposa querida, que no he pensado en que pudiera ocurrir -dijo el marido-. ¿Qué podemos hacer? Voy a desear grandes riquezas y te haré un estuche de oro para tapar la morcilla.

- ¡Cuídate mucho de hacerlo! -prosiguió la mujer- pues me suicidaría si tuviera que vivir con esta morcilla en mi nariz, te lo aseguro. Sólo nos queda un deseo, cédemelo o me arrojaré por la ventana.

Mientras pronunciaba estas frases corrió a abrir la ventana y su marido, que la amaba, gritó:

-Detente mi querida esposa, te doy permiso para que pidas lo que quieras.

-Muy bien, -dijo la mujer- deseo que esta morcilla caiga al suelo.

Y al instante, la morcilla cayó. La mujer, que era inteligente, dijo a su marido:

-El hada se ha burlado de nosotros, y ha tenido razón. Tal vez hubiéramos sido más desgraciados siendo más ricos de lo que somos en este momento. Créeme , amigo mío, no deseemos nada y tomemos las cosas como Dios tenga a bien mandárnoslas; mientras tanto, comámonos la morcilla, puesto que es lo único que nos queda de los tres deseos.

El marido pensó que su mujer tenía razón, y cenaron alegremente, sin volver a preocuparse por las cosas que habrían podido desear
.

FIN

Christiane ,
Escrito por Christiane ,
el 03/06/2013


La fe y las montañas
[Minicuento. Texto completo.]

Augusto Monterroso

Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios. Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.

La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio. Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de fe.

FIN

Christiane ,
Escrito por Christiane ,
el 03/06/2013

Para acompañar este cuento E. SATIE


Jean-Yves Thibaudet plays Satie - Je Te Veux

Jean-Yves Thibaudet plays Satie - Je Te Veux

Cuentos pasionales

Alfonso Hernàndez Càta

LA VERDAD DEL CASO DE ISCARIOTE Su sombra, curvándose en el terreno desigual, se alargaba detrás de él, y en la quietud soporífera de la tarde sólo se oían los murmullos vagamente dísonos de la ciudad, y las ráfagas caliginosas que luego de agitar los vergeles y los gallardos sicomoros erguidos a las márgenes del Cedrón, venían a estremecer el desbordamiento gris de su barba y a turbar sus meditaciones. Aquellas tibias ráfagas henchidas de aromas le recordaban los alientos capitosos de Marta y de María la de Magdal. Había salido de Jerusalén después de la colación de mediodía por la puerta de Efraím, ansioso de expandir en la soledad la turbulencia de sus ideas. Y marchaba con lentos pasos, abatida la cabeza, que sólo de tiempo en tiempo alzaba para mirar a su diestra la mole del monte Oh- veto y la verde extensión del valle, donde, sobre el reposado ondular, las anémonas y los lirios abríanse como un florecimiento de purezas. Su pensamiento, saltando los sucesos cercanos, iba hasta la bienhadada hora en que la luz entrando en su espíritu, antes todo tinieblas, habíale hecho abandonar el regalo familiar en su al dea de Ka ri ot h, par a se gu ir al su bl im e ma es tr o. An da ba, an dab a, ol vi dan do co n su s meditaciones las fatigas de su cuerpo. Y sus pensamientos eran una bendición para los ojos de su materia que habían visto los prodigios de leprosos sanados y de muertos alzados con vidas de sus tumbas, y era un epinicio para los ojos de su alma, que habían logrado conocer en el nazareno enfermizo, de laberíntico platicar y de carácter extraño que iba desde la mansedumbre máxima hasta las iracundas violencias, al hijo de Aquel que en el Cielo todo lo creó y todo desde allí lo rige. Andaba, andaba, y cuando sus pies descalzos se hundían en las pequeñas abras del camino, la túnica, estremeciéndose, acusaba su musculatura viril, y en la bolsa cantaban argentinamente los siglos, oblaciones hechas a la divina compañía por las caritativas mujeres. Al fin sentóse a reposar, y mientras miraba lejos de él, hacia la puerta de los Rébanos, un fariseo que lanzaba con su honda guijarros a un águila mientras ésta describía rápidas espirales imperfectas en torno del cadáver de una alimaña, un anciano, cuya llegada no advirtiera, sentóse en un peñasco próximo y le saludó con la palabra Paz. –Sea la paz contigo, hermano. Y hablaron. El anciano habló al apóstol, con segura voz impregnada de sabiduría, de todas las ciencias, de todas las artes, de todas las filosofías, afirmándole conocer otras lenguas que él, sólo sabedor de la aramea, no sospechaba que existiesen. Y en tanto que de los labios desconocidos fluía la plática, el tesorero divino se preguntaba si rio sería la conversión de aquel hombre de figura majestuosa y de talento profundo como el Tiberiades y caudaloso como el Hinnon, el mejor tesoro que pudiera ofrendarle al maestro. – ¿Eres escriba?... ¿No? Entonces descarrías –como el rebaño que desoyendo las voces del pastor que le muestra la buena senda con su lanza, se precipita en los barrancos– las luces que te dio el Padre del que es mi maestro, siguiendo las idólatras falsedades de los Nicolaístas, de los Gnósticos o de los Simoníacos

Christiane ,
Escrito por Christiane ,
el 03/06/2013

Sigue..

Cuentos pasionales

Alfonso Hernàndez Càta

El viejo movía negativamente la cabeza. Y el santo no veía en sus ojos un sulfúreo brillo, ni en su frente, bajo los largos cabellos nazarenos, la insinuación de dos protuberancias córneas, ni veía en la tierra que hollaban sus pies las marcas bisulcas de unos cascos de macho cabrío. –Mi religión no te es conocida. ¿Crees que el mundo está entre tu aldea y el mar Muerto y entre el monte del Mal Consejo y el mar de Mármara? El mundo es inmenso y hay en él muchos hombres y muchos dioses. –No hay más Dios que uno: el Galileo es su hijo y deber creer en él. Ha ordenado a las aguas, ha multiplicado los alimentos y ha vuelto la vida a cuerpos ya pútridos. –Tu Dios es de debilidad. Si es fuerte y todopoderoso, por qué no aniquiló a los escribas y a los saduceos que se burlaron de él cuando les dijo en el pórtico del templo que era el hijo de Dios? ¿Por qué no convierte a los judíos que le llaman impostor y se niegan a reconocerle por el Mesías? –Porque nuestra religión no ama el rigor, sino la fraternidad. Pero oyéndole, muchos han visto la luz y han besado sus pies y le han llamado por su nombre: Hijo del verdadero Dios. –Sólo ha convertido a débiles y a mujeres. Y él, que reverencia a su Padre, ha obligado a otros hijos a que abandonen hermanos y deudos para seguirle. Pudiendo hacer el mundo perfecto, ha hecho que los animales para vivir se tengan que devorar los unos a los otros, Ama la adulación y se deja ungir los pies con perfumes, permitiendo que Juan y Jacobo murmuren de ti, porque propusiste la venta de ese sándalo para repartir a los menesterosos el producto... En vuestra peregrinación nada habéis hecho de divino. Esos milagros son naturales, y llegará el día en que sean comprensibles para todos los hombres. Los convertidos por vuestras predicaciones son pobres de espíritu, y por cada varón que habéis arrancado a Tyro y a Sidón y a Samaria, han olvidado el culto de sus hogares muchas mujeres para quienes la divinidad de tu maestro sólo está en la barba rizada, en la elocuencia de sus frases, en los amplios ademanes imperativos y en el fuego de sus miradas que habla de otros fuegos concupiscentes. – ¡Herejía, herejía! Y mientras en la quietud vesperal temblaban los acentos demoledores, Judas meditaba cómo aquel viejo sabía las calumnias de que era víctima por parte de Jacobo y de Juan, Insinuó el desconocido: –Y si es ciertamente el Salvador, las Escrituras no podrán cumplirse: Santiago, Juan, Felipe, Mateo y Andrés han tenido tentaciones y se han negado a vender al Galileo. Hasta ahora, vuestra religión es sólo de vanidad y de triunfo. Falta la profetizada acción de mansedumbre; falt a que el Galileo, que ya ha demost rado ser un gran hombre, muest re a sus enemigos y a su propio rebaño que es Dios. – ¡Es Dios! Es el hijo de Dios, y con el Santo Espíritu es uno solo. No hay más Dios que él y siendo tres es uno siendo uno domina todo el Universo. Y encendida en el fuego de la fe su mirada húmeda, buen Judas narró cómo con la sola virtud de su palabra había el hijo de María alzado de la tumba a Lázaro y al unigénito de Jairo. Y sin ame dre ntar se por la son ris a fos for esc ente y gen tíl ica del vie jo, ref iri óle , una a una, las sorprendentes parábolas del convite de los judíos, de la perla, del Samaritano y la del trigo y la cizaña, Y aun, sin hacer caso del incrédulo musitar, le dijo cómo siendo un niño había triunfado con su sapiencia de la de los doctores y cómo en la puerta del templo había respondido a la salutación de un mendigo tullido con estas milagrosas palabras: “No tengo oro ni plata, pero te doy lo que poseo: levántate, que ya estás sano. ” Pero el viejo seguía murmurando...................


Christiane ,
Escrito por Christiane ,
el 03/06/2013

Alfonso Hernández Catá

Era hijo del coronel español Ildefonso Hernández y de la cubana Emelina Catá. Sin cumplir aún el año de vida regresa con su familia a Cuba y reside en Santiago . A los 16 años ingresó en el Colegio de Huérfanos Militares de Toledo pero, nada inclinado a la carrera militar de su padre, se escapó y trasladó a Madrid, donde fue aprendiz de ebanista e ingresó en la bohemia del Modernismo . Estudió idiomas, lo que le sirvió de momento para trabajar como traductor y más tarde para ingresar en la carrera diplomática; cursó también Psicología (de lo que hay huella en sus caracterizaciones, sobre todo en los relatos cortos) e Historia. En 1907 publicó su primer libro, Cuentos pasionales , con éxito

Christiane ,
Escrito por Christiane ,
el 03/06/2013




Sì esta es mejor. ¡Fenomenal!.. De vez en cuando es bueno cambiar de ritmo..

Joe Cocker - Suelte mi corazón - YouTube




Laura
Escrito por Laura
el 04/06/2013

Desencadena mi corazón, nena, déjame ser
Porque ya no te importa, por favor, libérame

Desencadena mi corazón nena, dejame ir
Desencadena mi corazón
Porque ya no me amas más
Cada vez que te llamo por teléfono
Algún hombre (amigo) me dice que no estás en casa
Desencadena mi corazón, libérame

Desencadena mi corazón, nena, déjame ser
Desencadena mi corazón
Porque ya no te importo más
Me cosiste como una funda de almohada
Pero desperdiciaste mi amor
Desencadena mi corazón, libérame

Estoy bajo tu hechizo
Al igual que un hombre en trance
Sabes muy bien que no tengo ninguna oportunidad
Desencadena mi corazón me, déjame seguir mi camino
Desencadena mi corazón, me preocupas día y noche
Yo vivo una vida de desgracia,
Y no te importo un comino,
Desencadena mi corazón, déjame libre

Solo

Estoy bajo tu hechizo
Al igual que un hombre en trance
Sabes muy bien que no tengo ninguna oportunidad
Desencadena mi corazón me dejame seguir mi camino
Desencadena mi corazón me preocupas día y noche
Yo vivo una vida de miseria
Y no te importo un comino
Desencadena mi corazón, libérame

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Es casi un poema verdad,Cristhi?

Gracias,preciosa,todo de ÉL,me encanta

Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
Promotora de salud-taller de primeros ...
Escrito por Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
el 05/06/2013
Para Miriam Raquel, siempre de nueve años

A las madres todos los años se nos muere un hijo. Cuando el hijo cumple dos años, ha muerto uno de un año. Cuando el hijo cumple tres años, ha muerto uno de dos. Cuando cumple nueve, ha muerto uno de ocho. Cada apagón de velitas en el reino de los bonetes de colores y los globos que parecen lunas infladas por los angelitos, significa un niño que no volverá nunca, el nacimiento de otro ser diferente que pensará, hará y sentirá otras cosas.

Y, además…, cuando ya los hijos son grandes, cuando ya son hombres o mujeres…, los que caminan adentro del corazón de las madres no son los pasos de zapatos de tacos ni de enormes abotinados número cuarenta… sino los pies menudos de un chiquillo que todavía se trepa a los sillones nuevos y hace añicos el florero de cristal y les corta las hojitas nuevas a los largos helechos de las macetas. Oímos a las madres hablar de sus hijos mayores…; no recuerdan cuántas veces, después de los dieciocho, llevaron el pelo largo o corto, rojo, castaño o rubio…, pero hablan con primoroso celo del vestidito celeste con las motitas blancas bordadas por la tía, que el viento de la ronda abría como una sombrilla en las tardes de plaza. Y el agua del recuerdo va lavando los ojos y dejando tan nuevos los colores…: campanillas de enredaderas, que eran mucho más violentamente azules cuando Pablo era chico…; las pestañas de Clarisa, que eran tan largas que casi le tocaban las cejas, pero ahora, después de tanto leer y estudiar para recibirse de abogada…; y la vocecita de Adrián recitando en la escuela aquel verso sobre la patria, pelo engominado, delantal de espuma…

El agua del recuerdo se mete entre canteros donde, en lugar de flores, crecen chocolatines, chupetines redondos pintados de arco iris, y va llevando un canto arrullado en su vientre de cristal.

Miriam Raquel: mamá te vio apagar las velitas de tus nueve años, y después…, nada más…, hacia adelante, solamente un aire vacío de tu tibieza, unos vestidos que nunca van a contenerte, una polvera, un rouge, un muchachito dispuesto a enamorarse…, todo lo que no vas a estrenar nunca.

Porque mamá no tendrá nunca una hija de quince años. Eso lo sabemos vos y yo, Miriam. Pero nunca dejará de tener una hija de nueve. Siempre de nueve años, siempre de pelo largo y rezongando un poco porque “ese peine me tira”…, y las rodillas donde parece que es de noche y una esponja enjabonada las hace amanecer…, y los ojos descubriendo bichos de luz en las nochecitas de verano, y la vuelta en bicicleta prestada de la nena de al lado…, y las ganas de seguir durmiendo un rato más en vez de ir tan temprano a la escuela.

Miriam Raquel, no vas a crecer nunca, no vas a estrenar llantos amargos, no vas a tener que apretar fuerte los párpados para no ver injusticias, no vas a tener que luchar empecinadamente.

Saltarás la rayuela, pisarás levemente, con la fragilidad de un pétalo caído, la media luna cielo; se abrirá tu sonrisa de nubecitas blancas…, andarás por los bellos jardines del corazón de mamá, con la muñeca preferida apretada contra el pecho y el vestido liviano que el viento te planchaba…

Presente, tierna, tibia, detenida en la infancia, detenida en el tiempo, arrullada por las mismas canciones con que mamá te dormía…, porque ella las sigue cantando para vos, y vos hacés el compás moviendo la cabeza…, y te gusta que mamá te cante…, y te acurrucás contra su pecho, desde el lado de adentro, desde donde galopa la sangre, en esa región que te pertenece y de la que sos la pequeña habitante de nueve años de luz y de ternura para siempre. Esa región en la que mamá te cuida, te conversa, te protege y te acuna sin alejarse nunca de su nena…, de su nena de “arrorró pedazo de mi corazón”.

Poldy Bird
Del libro “Cuentos para leer sin rimel”