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Grupo de Música y poesía

Christiane ,
Escrito por Christiane ,
el 23/08/2013

El rey sabio
[Cuento. Texto completo.]

Gibrán Jalil Gibrán


Había una vez, en la lejana ciudad de Wirani, un rey que gobernaba a sus súbditos con tanto poder como sabiduría. Y le temían por su poder, y lo amaban por su sabiduría.

Había también en el corazón de esa ciudad un pozo de agua fresca y cristalina, del que bebían todos los habitantes; incluso el rey y sus cortesanos, pues era el único pozo de la ciudad.

Una noche, cuando todo estaba en calma, una bruja entró en la ciudad y vertió siete gotas de un misterioso líquido en el pozo, al tiempo que decía:

-Desde este momento, quien beba de esta agua se volverá loco.

A la mañana siguiente, todos los habitantes del reino, excepto el rey y su gran chambelán, bebieron del pozo y enloquecieron, tal como había predicho la bruja.

Y aquel día, en las callejuelas y en el mercado, la gente no hacía sino cuchichear:

-El rey está loco. Nuestro rey y su gran chambelán perdieron la razón. No podemos permitir que nos gobierne un rey loco; debemos destronarlo.

Aquella noche, el rey ordenó que llenaran con agua del pozo una gran copa de oro. Y cuando se la llevaron, el soberano ávidamente bebió y pasó la copa a su gran chambelán, para que también bebiera.

Y hubo un gran regocijo en la lejana ciudad de Wirani, porque el rey y el gran chambelán habían recobrado la razón.

FIN


Gibran Jalil Gibran fue un poeta , pintor , novelista y ensayista libanés nacido en Bisharri , Líbano , el 6 de enero de 1883 y fallecido el 10 de abril de 1931 en Nueva York

Su habilidad por el dibujo y la pintura lo llevó a crear obras tan importantes que se exhibieron en varias partes del mundo y llegaron a compararse con trabajos de Auguste Rodin o William Blake .

Christiane ,
Escrito por Christiane ,
el 23/08/2013
Hola Laura.. Fuì a buscar tu foto en el perfil ya que me equivoquè al pinchar.. Y saliò solo... Es pura magia :ni lo habìa pensado
Gracias por los Paisanos.. No conocìa.. Pensaba que eran amigos tuyos:una vecina llamaba paisano a toda persona que venìa de España.
Para escuchar mùsica.. Casì el dìa entero.. Y si no tengo una.. Estoy de mal humor (exagero)
Un saludo

Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
Promotora de salud-taller de primeros ...
Escrito por Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
el 31/08/2013

Ana y Dana


Ana y Dana, volvían a casa junto a su abuela y sus padres en autobús. Mientras sus padres tenían que ir de pie, ellas consiguieron sentarse en dos de los asientos que quedaban libres. Ana, la más tranquila, se acomodó en uno y Dana, que era totalmente opuesta a su hermana, se sentó sobre las piernas de su querida abuela.


Como el tráfico era muy denso y el autobús tenía que ir muy lento, las piernas de la abuela comenzaron a cansarse del peso de su nieta. Para descansar un poco, dejo a Dana en el asiento, para ponerse de pie. Al ver esto su otra nieta, le dijo:


-Abuelita, quédate con mi sitio porque ya me he cansado de estar ahí y no quiero que te hagas daño.


Al ver este gesto, su padre se dio cuenta de que no estaban educando a sus hijas por igual, ya que mientras Ana le dejaba su asiento a su abuela, la otra hermana permanecía ajena a la situación, prestando atención a lo que pasaba en el exterior.


Cuando llegaron a casa y la cena hubo concluido, reunió a toda la familia en torno suyo y comenzó a decir:


-Familia, desde que hemos llegado a casa, he estado reflexionando sobre una cuestión. Creo que debemos intentar modificar algunos de nuestros comportamientos con las personas.


Lo que ha hecho hoy Ana con la abuela, me ha hecho pensar, en que esta familia no es capaz de prestar ayuda a las personas cuando lo necesitan. Es por eso, que a partir de hoy, todos nosotros comenzaremos a mejorar nuestros modales, así como aprenderemos a ser mucho más considerados con los demás, ya que nosotros también nos haremos mayores y necesitaremos que alguien nos trate con respeto.

Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
Promotora de salud-taller de primeros ...
Escrito por Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
el 08/09/2013

Ricitos de oro


En un bosque muy lejano, vivía hace mucho tiempo, una familia de osos en una preciosa y espaciosa casa. Un buen día, cuando todo estaba listo para desayunar, la mamá osa se dio cuenta de que la leche se había calentado demasiado. Para no aburrirse esperando a que se enfriase, salieron a dar un agradable paseo por los alrededores del bosque.


Mientras los osos disfrutaban del aire puro, una niña de pelo rubio y rizado llamada Ricitos de Oro, que había salido a recolectar flores para su hogar, se encontró con una casa muy bonita, de la que salía un apetitoso olor a pan recién tostado. Como tenía mucha hambre y no vio a nadie por el lugar, se introdujo en la casa para coger algo de comer.


Una vez dentro, descubrió 3 cuencos de diferentes tamaños, llenos de deliciosa leche. Primero, atacó al tazón más grande, pero la leche estaba casi ardiendo. Después probó el mediano, pero tampoco le gustó porque la leche estaba helada, pasándose al más pequeñín, que sorpresivamente tenía la temperatura adecuada.


Saciada su hambre, se dirigió hasta la habitación contigua para seguir curioseando. Allí, se encontró 3 sillas diferentes, que no pudo dejar de probar. La más grande era demasiado incómoda, la mediana era demasiado alta y la pequeña, al igual que el caso anterior, la ideal para ella. Desgraciadamente, no estaba preparada para aguantar su peso y se rompió a los pocos minutos.


Agotada ante tanto ajetreo, buscó un en el piso de arriba la habitación de los osos para descansar. Otra vez tuvo que probar las tres camas con las que se encontró, quedándose dormida en la más pequeña, que era la que más se parecía a la suya.


Un rato después, los osos volvieron del paseo, encontrándose con que alguien o algo habían entrado en su casa.


-Alguien ha probado mi leche-dijo el padre enfadado-.


-La mía también la probaron-dijo mama osa-


-Se bebieron toda mi leche-dijo muy triste el osito-


Acto seguido, pasaron a la siguiente habitación, en la que se volvió a repetir la misma situación.

-Alguien se ha sentado en nuestras sillas-dijeron los padres osos al unísono-


-Mi silla está rota-exclamo el osito con lágrimas en los ojos-.


Sin encontrar una explicación a todo aquello, subieron hasta su habitación, en la que descubrieron a la causante de todas estas desgracias, Ricitos de Oro, a la que la presencia de los osos dio tanto miedo, que se escapó como pudo de la casa y jamás se volvió a colar en ningún lugar sin permiso.

Laura
Escrito por Laura
el 09/09/2013


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Christiane ,
Escrito por Christiane ,
el 09/09/2013

Literatura
[Minicuento. Texto completo.]



Julio Torri


El novelista, en mangas de camisa, metió en la máquina de escribir una hoja de papel, la numeró, y se dispuso a relatar un abordaje de piratas.




No conocía el mar y sin embargo iba a pintar los mares del sur, turbulentos y misteriosos; no había tratado en su vida más que a empleados sin prestigio romántico y a vecinos pacíficos y oscuros, pero tenía que decir ahora cómo son los piratas; oía gorjear a los jilgueros de su mujer, y poblaba en esos instantes de albatros y grandes aves marinas los cielos sombríos y empavorecedores.

La lucha que sostenía con editores rapaces y con un público indiferente se le antojó el abordaje; la miseria que amenazaba su hogar, el mar bravío. Y al describir las olas en que se mecían cadáveres y mástiles rotos, el mísero escritor pensó en su vida sin triunfo, gobernada por fuerzas sordas y fatales, y a pesar de todo fascinante, mágica, sobrenatural.

FIN


Julio Torri ( Saltillo , Coahuila , 27 de junio de 1889 - Ciudad de México , 11 de mayo de 1970 ). Maestro , cuentista y escritor mexicano . Fue miembro de la Academia Mexicana .

Fue fundador y jefe del Departamento de Bibliotecas de la SEP , y después director del Departamento Editorial. También fue profesor, principalmente de literatura española, en la Escuela Nacional Preparatoria durante 36 años, y en la Facultad de Filosofía y Letras hasta 1964. En 1933 se doctoró en Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México . El 14 de enero de 1942 fue nombrado miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua , el 21 de noviembre de 1953 fue nombrado miembro numerario y ocupó la silla XII.

En reconocimiento a su alta calidad literaria, la librería del Centro Cultural Universitario de la UNAM lleva su nombre, así como el Premio Nacional (México) de Cuento Joven , organizado por el Conaculta y el Instituto Coahuilense de Cultura.

Obras:

  • La literatura española , para la colección de Breviarios del Fondo de Cultura Económica ;
  • Ensayos y poemas (1917);
  • De fusilamientos (1940);
  • Prosas dispersas (1964);
  • El ladrón de ataúdes (1987; edición póstuma recopilada por Serge I. Zaïtzeff).

Tradujo al español Las noches florentinas de Heinrich Heine (1918) y los Discursos sobre las pasiones del amor de Blaise Pascal (1942).

Christiane ,
Escrito por Christiane ,
el 09/09/2013


Polemistas
[Minicuento. Texto completo.]

Luis Antuñano

Varios gauchos en la pulpería conversan sobre temas de escritura y de fonética. El santiagueño Albarracín no sabe leer ni escribir, pero supone que Cabrera ignora su analfabetismo; afirma que la palabra trara * no puede escribirse. Crisanto Cabrera, también analfabeto, sostiene que todo lo que se habla puede ser escrito.

-Pago la copa para todos -le dice el santiagueño- si escribe trara.

-Se la juego -contesta Cabrera; saca el cuchillo y con la punta traza unos garabatos en el piso de tierra.

De atrás se asoma el viejo Álvarez, mira el suelo y sentencia:

-Clarito, trara.

FIN




Christiane ,
Escrito por Christiane ,
el 10/09/2013



Hola Laura... Un super cuento el de la Luciernagas.






Christiane ,
Escrito por Christiane ,
el 12/09/2013

Los dos sastres
[Cuento. Texto completo.]

Anónimo europeo


Dos sastres trabajaban el uno frente al otro desde hacía muchos años. Cortaban y cosían incansablemente, hablando de vez en cuando de distintas cosas.

Uno de dijo al otro:

- ¿Irás de vacaciones este año?

-No -contestó el segundo tras un momento de reflexión.

Regresaron a su silencio. Más tarde, el segundo sastre dijo de repente:

-Fui de vacaciones hace veinte años.

- ¿Fuiste de vacaciones hace veinte años? -preguntó el primero, muy sorprendido.

-Sí.

Entonces el primer sastre, que no recordaba ninguna ausencia de su compañero, le dijo:

- ¿Y adónde fuiste?

-A la India.

- ¿A la India?

-Sí. Fui a cazar el tigre de Bengala.

- ¿Fuiste a cazar el tigre de Bengala? ¿Tú?

Los dos hombres habían dejado de trabajar y se miraban. El segundo sastre, que parecía muy tranquilo, retomó la palabra para contar lo siguiente: Los dos sastres

-Partí al alba sobre un magnífico elefante que un gran príncipe me había prestado. Armado con cuatro fusiles de culatas de plata y acompañado por una escolta de ojeadores, me aventuré en una montaña solitaria. De repente un tigre enorme se levantó rugiendo frente a mi montura, el tigre más grande que nunca se había visto en aquella región de Bengala. Mi elefante, asustado, se tiró para atrás, me caí en unos matorrales espinosos y el tigre se me echó encima y me devoró.

- ¿Te devoró? -preguntó el primer sastre, que había estado escuchando estupefacto.

-Me devoró... Por completo, hasta el último pedazo de carne.

-Pero bueno, ¿Qué me cuentas? ¡Ningún tigre te devoró! ¡Sigues vivo!

Entonces el segundo sastre retomó el hilo, retomó la aguja y le dijo al primero:

- ¿A esto le llamas vida?

FIN

Christiane ,
Escrito por Christiane ,
el 14/09/2013



Los cuentos vagabundos

Ana María Matute


Pocas cosas existen tan cargadas de magia como las palabras de un cuento. Ese cuento breve, lleno de sugerencias, dueño de un extraño poder que arrebata y pone alas hacia mundos donde no existen ni el suelo ni el cielo. Los cuentos representan uno de los aspectos más inolvidables e intensos de la primera infancia. Todos los niños del mundo han escuchado cuentos. Ese cuento que no debe escribirse y lleva de voz en voz paisajes y figuras, movidos más por la imaginación del oyente que por la palabra del narrador.

He llegado a creer que solamente existen media docena de cuentos. Pero los cuentos son viajeros impenitentes. Las alas de los cuentos van más allá y más rápido de lo que lógicamente pueda creerse. Son los pueblos, las aldeas, los que reciben a los cuentos. Por la noche, suavemente, y en invierno. Son como el viento que se filtra, gimiendo, por las rendijas de las puertas. Que se cuela, hasta los huesos, con un estremecimiento sutil y hondo. Hay, incluso, ciertos cuentos que casi obligan a abrigarse más, a arrebujarse junto al fuego, con las manos escondidas y los ojos cerrados.

Los pueblos, digo, los reciben de noche. Desde hace miles de años que llegan a través de las montañas, y duermen en las casas, en los rincones del granero, en el fuego. De paso, como peregrinos. Por eso son los viejos, desvelados y nostálgicos, quienes los cuentan.

Los cuentos son renegados, vagabundos, con algo de la inconsciencia y crueldad infantil, con algo de su misterio. Hacen llorar o reír, se olvidan de donde nacieron, se adaptan a los trajes y a las costumbres de allí donde los reciben. Sí, realmente, no hay más de media docena de cuentos. Pero ¡Cuántos hijos van dejándose por el camino!

Mi abuela me contaba, cuando yo era pequeña, la historia de la Niña de Nieve. Esta niña de nieve, en sus labios, quedaba irremisiblemente emplazada en aquel paisaje de nuestras montañas, en una alta sierra de la vieja Castilla. Los campesinos del cuento eran para mí una pareja de labradores de tez oscura y áspera, de lacónicas palabras y mirada perdida, como yo los había visto en nuestra tierra. Un día el campesino de este cuento vio nevar. Yo veía entonces, con sus ojos, un invierno serrano, con esqueletos negros de árboles cubiertos de humedad, con centelleo de estrellas. Veía largos caminos, montañas arriba, y aquel cielo gris, con sus largas nubes, que tenían un relieve de piedras. El hombre del cuento, que vio nevar, estaba muy triste porque no tenía hijos. Salió a la nieve, y, con ella, hizo una niña. Su mujer le miraba desde la ventana. Mi abuela explicaba: «No le salieron muy bien los pies. Entró en la casa y su mujer le trajo una sartén. Así, los moldearon lo mejor que pudieron. » La imagen no puede ser más confusa. Sin embargo, para mí, en aquel tiempo, nada había más natural. Yo veía perfectamente a la mujer, que traía una sartén negra como el hollín. Sobre ella la nieve de la niña resaltaba blanca, viva. Y yo seguía viendo, claramente, cómo el viejo campesino moldeaba los pequeños pies. «La niña empezó entonces a hablar», continuaba mi abuela. Aquí se obraba el milagro del cuento. Su magia inundaba el corazón con una lluvia dulce, punzante. Y empezaba a temblar un mundo nuevo e inquieto. Era también tan natural que la niña de nieve empezase a hablar... En labios de mi abuela, dentro del cuento y del paisaje, no podía ser de otro modo. Mi abuela decía, luego, que la niña de nieve creció hasta los siete años. Pero llegó la noche de San Juan. En el cuento, la noche de San Juan tiene un olor, una temperatura y una luz que no existen en la realidad. La noche de San Juan es una noche exclusivamente para los cuentos. En el que ahora me ocupa también hubo hogueras, como es de rigor. Y mi abuela me decía: «Todos los niños saltaban por encima del fuego, pero la niña de nieve tenía miedo. Al fin, tanto se burlaron de ella, que se decidió. Y entonces, ¿Sabes qué es lo que le pasó a la niña de nieve? » Sí, yo lo imaginaba bien. La veía volverse blanda, hasta derretirse. Desaparecería para siempre. « ¿Y no apagaba el fuego? », preguntaba yo, con un vago deseo. ¡Ah! , pero eso mi abuela no lo sabía. Sólo sabía que los ancianos campesinos lloraron mucho la pérdida de su pequeña niña.

No hace mucho tiempo me enteré de que el cuento de la Niña de Nieve, que mi abuela recogiera de labios de la suya, era en realidad una antigua leyenda ucraniana. Pero ¡Qué diferente, en labios de mi abuela, a como la leí! La niña de nieve atravesó montañas y ríos, calzó altas botas de fieltro, zuecos, fue descalza o con abarcas, vistió falda roja o blanca, fue rubia o de cabello negro, se adornó con monedas de oro o botones de cobre, y llegó a mí, siendo niña, con justillo negro y rodetes de trenza arrollados a los lados de la cabeza. La niña de nieve se iría luego, digo yo, como esos pájaros que buscan eternamente, en los cuentos, los fabulosos países donde brilla siempre el sol. Y allí, en vez de fundirse y desaparecer, seguirá viva y helada, con otro vestido, otra lengua, convirtiéndose en agua todos los días sobre ese fuego que, bien sea en un bosque, bien en un hogar cualquiera, está encendiéndose todos los días para ella. El cuento de la niña de nieve, como el cuento del hermano bueno y el hermano malo, como el del avaro y el del tercer hijo tonto, como el de la madrastra y el hada buena, viajará todos los días y a través de todas las tierras. Allí a la aldea donde no se conocía el tren, el cuento caminando.

El cuento es astuto. Se filtra en el vino, en las lenguas de las viejas, en las historias de los santos. Se vuelve melodía torpe en la garganta de un caminante que bebe en la taberna y toca la bandurria. Se esconde en los cruces de los caminos, en los cementerios, en la oscuridad de los pajares. El cuento se va, pero deja sus huellas. Y aun las arrastra por el camino, como van ladrando los perros tras los carros, carretera adelante.

El cuento llega y se marcha por la noche, llevándose debajo de las alas la rara zozobra de los niños. A escondidas, pegándose al frío y a las cunetas, va huyendo. A veces pícaro, o inocente, o cruel. O alegre, o triste. Siempre, robando una nostalgia, con su viejo corazón de vagabundo.

FIN


Ana María Matute Ausejo ( Barcelona , 26 de julio de 1925 ), 1 novelista española , que es miembro de la Real Academia Española , donde ocupa el asiento k y la tercera mujer que recibe el Premio Cervantes , obtenido en 2010. Ha sido profesora invitada en las universidades de Oklahoma , Indiana y Virginia . Matute es una de las voces más personales de la literatura española del siglo XX y es considerada por muchos como una de las mejores novelistas de la posguerra española.

Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
Promotora de salud-taller de primeros ...
Escrito por Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
el 20/09/2013

En un bosque muy lejano un pobre Lobo, iba arrastrando su pobre cuerpo en busca de algo con lo que poder alimentarse. Al llegar a un claro, se encontró con un precioso y orondo Perro, al que se acercó rápidamente para conocer su secreto.


-Oye perro-dijo el Lobo- ¿Cómo has conseguido esa saludable apariencia?


-Trabajando muy duro para mi dueño.


-Vaya ¿Y no tendrá tu amo un hueco en su casa para mí?


-No creo que tenga nada para ti, pero sí que conozco un lugar en el que necesitan a alguien de tus características. Acompáñame de vuelta a casa y con gusto te llevaré a tu nuevo hogar, en el que no habrá de faltarte bocado si cumples con tu cometido.


-Suena muy bien Perro. ¿Cuál será mi trabajo?


-Depende de lo que tu dueño necesite, ya que en cada época del año suelen asignarte una nueva labor, pero fundamentalmente tendrás que defender la propiedad y evitar que entren en casa gentes extrañas.


-Creo que podré hacerlo a la perfección.


Contento con la certeza de poder volver a llenar su estómago de comida, marchó feliz junto al perro de vuelta a casa. Mientras continuaban su alegre conversación, el Lobo se dio cuenta de un extraño elemento.


-Amigo Perro, te he estado observando y he visto que llevas algo en el cuello ¿Podrías decirme que es?


- ¿Esto? - dijo señalando su cuello- Tan solo es el collar con el que mi dueño me agarra a la cadena.


- ¿Una cadena? –preguntó el Lobo muy sorprendido- Acaso pretendes decir que no tienes libertad para moverte a donde gustes.


- Hay algunas veces que sí y otras que no. ¿Por qué te interesa tanto saberlo?


-Pues yo soy un animal que goza de la libertad y si para poder comer todos los días, he de renunciar a ella, prefiero morir de hambre antes de verme preso.


Y tras decir esto, sacó las pocas fuerzas que le quedaban para volver a huir al bosque.

Christiane ,
Escrito por Christiane ,
el 20/09/2013






Maria del Carmen tu cuento. Me Gusta.... Es un. Elogio a la libertad....

Amigo Perro, te he estado observando y he visto que llevas algo en el cuello ¿Podrías decirme que es?


- ¿Esto? - dijo señalando su cuello- Tan solo es el collar con el que mi dueño me agarra a la cadena.


- ¿Una cadena? –preguntó el Lobo muy sorprendido- Acaso pretendes decir que no tienes libertad para moverte a donde gustes.


Christiane ,
Escrito por Christiane ,
el 20/09/2013

Adeline Virginia Woolf (Stephen de soltera; Londres , 25 de enero de 1882 Lewes , Sussex , 28 de marzo de 1941 ) fue una novelista , ensayista , escritora de cartas, editora, feminista y escritora de cuentos británica , considerada como una de las más destacadas figuras del modernismo literario del siglo XX .


Lunes o martes
[Cuento. Texto completo.]

Virginia Woolf

Perezosa e indiferente, sacudiendo con facilidad el espacio de sus alas, conocedora de su camino, pasa la garza sobre la iglesia, bajo el cielo. Blanco e indiferente, ensimismado, el cielo cubre y descubre sin cesar, se va y se queda. ¿Un lago? ¡Quítale las orillas! ¿Una montaña? Sí, perfecto, con el oro del sol en las laderas. Cae desde lo alto. Helechos o plumas blancas, siempre, siempre...

Deseando la verdad, esperándola, destilando laboriosamente unas pocas palabras, deseando siempre (se inicia un grito a la izquierda, otro a la derecha; ruedas golpean divergentes; omnibuses se conglomeran en conflicto), deseando siempre (el reloj asevera con doce claras campanadas que es mediodía; la luz vierte escamas de oro; niños se arremolinan), deseando siempre verdad. Roja es la cúpula; de los árboles cuelgan monedas; el humo sale lento de las chimeneas; ladrido, alarido, grito. «Compro metal»... ¿Y la verdad?

Como rayos orientados hacia un punto, pies de hombres, pies de mujeres, negros o con incrustaciones doradas (Esa niebla... ¿Azúcar? No, gracias... La commonwealth del futuro), la luz del fuego salta y deja roja la estancia, salvo las negras figuras y sus ojos brillantes, mientras descargan una camioneta fuera, la señorita Thingummy sorbe té en su mesa escritorio, y las vitrinas protegen abrigos de pieles.

Cacareada, leve cual hoja, rizada en los bordes, pasada por las ruedas, plateada, en casa o fuera de casa, reunida, esparcida, derrochada en diferentes platillos de la balanza, barrida, sumergida, desgarrada, hundida, ensamblada... ¿Y la verdad?

Recordar ahora junto al fuego del hogar la blanca plaza de mármol. De las profundidades de marfil se alzan palabras que vierten su negrura, florecen y penetran. El libro caído; en la llama, en el humo, en las perecederas chispas; o ya viajando, la bandera en la plaza de mármol, minaretes debajo y mares de la India, mientras los espacios azules corren y las estrellas brillan... ¿La verdad? , o bien, ¿Satisfacción con su proximidad?

Perezosa e indiferente la garza regresa; el cielo cubre con un velo sus estrellas; las borra luego.

FIN


Laura
Escrito por Laura
el 30/09/2013

La Sonrisa Del Anciano


El anciano, mirando sin ver, a un punto lejano, más

allá del horizonte. Hasta pareciera que sus ojos cerrados estaban dormidos y su mente perdida en los laberintos del sueño, del descanso, del olvido y la paz y sólo una pesadilla podía rondar por su vieja mente cansada, fatigada, en sus últimos tramos de este mundo...

Pero no es así; el anciano recordaba trozos, de su vida en la cual fue feliz y hoy, como una película, dejaba que las escenas pasara por su mente y él, con alegría, gozaba, que ocupa sus pensamientos volviendo el tiempo atrás...

Sentado bajo el árbol, acompañado del trinar de los gorrienes, una sonrisa que en sus labios jugueteaba, recordando su vida pasada y los tiempos felices, que no quería olvidar...

Y así las horas morian y la alegría llegaba a este hombre de edad, que vivió su tiempo junto a su compañera, hasta que ella partió y al quedarse solo y los años pasaron, mientras el iba envejeciendo; pero no estaba solo

los recuerdos volvían a su mente y en ellos encontraba consuelo a su soledad...

En el silencio de la tarde, escuchaba a su propio corazón, eso le avisaba

la vida que en su cuerpo había y le daba tiempo a recordar y ser feliz; la sonrisa que jugaba en sus labios eran signos de tiempos pasados, pero no olvidados...

¿Que más pedirle a la vida?

Su corazón se detuvo y él viajó al espacio al encuentro de sus seres queridos...

¡La sonrisa viajó con él!

Laura
Escrito por Laura
el 30/09/2013

La Vela de la Inspiración La Vela de la Inspiración

Hervía y bullía mientras el fuego llameaba bajo de la olla, era la cuna de la vela de sebo, y de aquella cálida cuna brotó la vela entera, esbelta, de una sola pieza y un blanco deslumbrante, con una forma que hizo que todos quienes la veían pensaran que prometía un futuro luminoso y deslumbrante; y que esas promesas que todos veían, habrían de mantenerse y realizarse.

La oveja, una preciosa ovejita, era la madre de la vela, y el crisol era su padre. De su madre había heredado el cuerpo, deslumbrantemente blanco, y una vaga idea de la vida; y de su padre había recibido el ansia de ardiente fuego que atravesaría médula y hueso… y fulguraría en la vida.

Retrato de Hans Christian Andersen / THE BETTMANN ARCHIVE

Sí, así nació y creció cuando con las mayores, más luminosas expectativas, así se lanzó a la vida. Allí encontró a otras muchas criaturas extrañas, a las que se juntó; pues quería conocer la vida y hallar tal vez, al mismo tiempo, el lugar dónde más a gusto pudiera sentirse. Pero su confianza en el mundo era excesiva; este solo se preocupaba por sí mismo, nada en absoluto por la vela de sebo; pues era incapaz de comprender para qué podía servir, por eso intentó usarla en provecho propio y cogió la vela de forma equivocada, los negros dedos llenaron de manchas cada vez mayores el límpido color de la inocencia, que al poco desapareció por completo y quedó totalmente cubierto por la suciedad del mundo que la rodeaba, había estado en un contacto demasiado estrecho con ella, mucho más cercano de lo que podía aguantar la vela, que no sabía distinguir lo limpio de lo sucio… pero en su interior seguía siendo inocente y pura.

Vieron entonces sus falsos amigos que no podían llegar hasta su interior, y furiosos tiraron la vela como un trasto inútil.

Y la negra cáscara externa no dejaba entrar a los buenos, que tenían miedo de ensuciarse con el negro color, temían llenarse de manchas también ellos… de modo que no se acercaban.

La vela de sebo estaba ahora sola y abandonada, no sabía qué hacer. Se veía rechazada por los buenos y descubría también que no era más que un objeto destinado a hacer el mal, se sintió inmensamente desdichada porque no había dedicado su vida a nada provechoso, que incluso, tal vez, había manchado de negro lo mejor que había en torno suyo, y no conseguía entender por qué ni para qué había sido creada, por qué tenía que vivir en la tierra, quizá destruyéndose a sí misma y a otros.

Más y más, cada vez más profundamente reflexionó, pero cuanto más pensaba, tanto mayor era su desánimo, pues a fin de cuentas no conseguía encontrar nada bueno, ningún sentido auténtico en su existencia, ni lograba distinguir la misión que se le había encomendado al nacer. Era como si su negra cubierta hubiera velado también sus ojos.

Mas apareció entonces una llamita: un mechero; este conocía a la vela de sebo mejor que ella misma; porque el mechero veía con toda claridad -a través incluso de la cáscara externa- y en el interior vio que era buena; por eso se aproximó a ella, y luminosas esperanzas se despertaron en la vela; se encendió y su corazón se derritió.

La llama relució como una alegre antorcha de esponsales, todo estaba iluminado y claro a su alrededor, e iluminó al camino para quienes la llevaban, sus verdaderos amigos… que felices buscaban ahora la verdad ayudados por el resplandor de la vela.

Pero también el cuerpo tenía fuerza suficiente para alimentar y dar vida al llameante fuego. Gota a gota, semillas de una nueva vida caían por todas partes, descendiendo en gotas por el tronco cubierto con sus miembros: suciedad del pasado.

No eran solamente producto físico, también espiritual de los esponsales.

Y la vela de sebo encontró su lugar en la vida, y supo que era una auténtica vela que lució largo tiempo para alegría de ella misma y de las demás criaturas.

Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
Promotora de salud-taller de primeros ...
Escrito por Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
el 01/10/2013

El avaro mercader


Érase una vez que se era, un viejo mercader al que los años habían vuelto tan avaro que, en lugar de comprarle un buen pienso al asno que utilizaba para acarrear sus productos, le ponía por encima una piel de león, para que asustara a la gente y pudiera alimentarse gratuitamente en los cultivos de la zona.


Hartos de esta situación, se armaron de valor y de sus instrumentos de trabajo, para intentar ahuyentar de una vez por todas a tan molesto animal.



Cuando el pobre burro, vio a tal marea de gente dirigirse hacia el lugar en el que se encontraba comiendo, rebuzno con tal fuerza que todo el mundo se quedó parado por unos instantes.



-Hay que ver lo tontos que hemos sido-dijeron los campesinos- al dejarnos llevar por la primera impresión y no comprobar si se trataba de un león de verdad. Vayamos tras él, para descubrir quien ha sido el causante de nuestros males.



Tras largo rato persiguiendo al asno sin descanso, llegaron al fin a la morada del mercader. Cuando el tacaño comerciante salió de casa para ver que era todo ese estruendo, los campesinos le dieron una paliza tan grande, que jamás volvió a dejar a su animal pastar en un lugar que no le pertenecía.

Laura
Escrito por Laura
el 10/10/2013

Se trataba de un hombre que llevaba muchas horas viajando a pie y estaba realmente cansado y sudoroso bajo el implacable sol de la India. Extenuado y sin poder dar un paso más, se echó a descansar bajo un frondoso árbol. El suelo estaba duro y el hombre pensó en lo agradable que sería disponer de una cama. Resulta que aquél era un árbol celestial de los que conceden los deseos de los pensamientos y los hacen realidad. Así es que al punto apareció una confortable cama.

El hombre se echó sobre ella y estaba disfrutando en el mullido lecho cuando pensó en lo placentero que resultaría que una joven le diera masaje en sus fatigadas piernas. Al momento apareció una bellísima joven que comenzó a procurarle un delicioso masaje. Bien descansado, sintió hambre y pensó en qué grato sería poder degustar una sabrosa y opípara comida. En el acto aparecieron ante él los más suculentos manjares. El hombre comió hasta saciarse y se sentía muy dichoso. De repente le asaltó un pensamiento: “! Mira que si ahora un tigre me atacase! ” Apareció un tigre y lo devoró.

Moraleja

Cambiante y descontrolada es la naturaleza de la mente. Aplícate a conocerla y dominarla y disiparás para siempre el peor de los tigres: el que mora dentro de ella misma.

Laura
Escrito por Laura
el 10/10/2013

Cristhiane estás bien amiga?

Vuelve pronto a decirnos algo

Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
Promotora de salud-taller de primeros ...
Escrito por Maria Del Carmen Balmaceda Arguello
el 13/10/2013

Hola Christiane..... Como dice Laury , nos llama la atencion tu ausencia.. Esperamos que estes bien y que pronto tengamos novedades tuyas... Un abrazo amiga!

Laura
Escrito por Laura
el 18/10/2013
Fábula - Jean de la Fontaine - La encina y la caña

Fábula de La Fontaine
La encina y la caña




Dijo la Encina a la Caña: “Razón tienes para quejarte de la naturaleza: un pajarillo es para ti grave peso; la brisa más ligera, que riza la superficie del agua, te hace bajar la cabeza. Mi frente, parecida a la cumbre del Cáucaso, no sólo detiene los rayos del sol; desafía también la tempestad. Para ti, todo es aquilón; para mí, céfiro. Si nacieses, a lo menos, al abrigo de mi follaje, no padecerías tanto: yo te defendería de la borrasca. Pero casi siempre brotas en las húmedas orillas del reino de los vientos. ¡Injusta ha sido contigo la naturaleza! –Tu compasión, respondió la Caña, prueba tu buen natural; pero no te apures. Los vientos no son tan temibles para mí como para ti. Me inclino y me doblo, pero no me quiebro. Hasta el presente has podido resistir las mayores ráfagas sin inclinar el espinazo; pero hasta el fin nadie es dichoso. ”Apenas dijo estas palabras, de los confines del horizonte acude furibundo el más terrible huracán que engendró el septentrión. El árbol resiste, la caña se inclina; el viento redobla sus esfuerzos, y tanto porfía, que al fin arranca de cuajo la Encina que elevaba la frente al cielo y hundía sus pies en los dominios del Tártaro.