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Foro de Ecología



CRONICAS SOBRE LAS ANIMAS DEL AUQUEHUATO de OYOLO- PERU

Eduardo Maximiliano
Ingeniero zootecnista universidad naci...
Escrito por Eduardo Maximiliano Narrea Huamaní
el 14/06/2010







Autor: Ingeniero Zootecnista EDUARDO MAXIMILIANO NARREA HUAMANI cuyo nombre literario es "Chifú, EL CACIQUE DE LOS ANDES", Esta leyenda es parte de muchas leyendas que están escritas en el libro "VICTOR ARRIERO DE LOS ANDES" que es un libro de los arrieros oyolinos que le dan grandiosidad al Perú y a los arrieros de los Andes de América, escrito en Houston, Texas, “The Energy Capital of the World” (“la capital mundial de la energía”).

DEDICATORIA: a mi madre Catalina Huamaní Alata viuda de Narrea que nos contaba cuando niños las leyendas del distrito de Oyolo .

1.0 INTRODUCCION

Estas crónicas del distrito de Oyolo sobre las ánimas del Auquehuato, le sucedieron a un arriero llamado Víctor Huamaní Chamana que viajaba acompañado de su hija, la niña Catalina Huamaní Alata, acaeció aproximadamente en el año 1937, ellos se dirigían montados a caballo para visitar a un pastor de ovejas llamado Antonio, y que el arriero le llamaba de cariño hermano Antonio, porque le recordaba a uno de sus once hermanos varones, era quechua hablante y vivía en el pueblo en Aypatinco, cerca de Lagora en Huancarane, cuidaba una manada de ovinos del arriero y los criaba al partir, es decir los corderos que nacían eran mitad para el arriero y la otra mitad para el encargado de cuidar las ovejas. La niña Catalina frecuentemente acompañaba a su padre a diferentes lugares cercanos al pueblo montando a caballo, su padre le había enseñado a montar a los potrillos, ella cabalgaba como si fuera una amazona, antes del viaje Catalina se preparaba y en su chacra de Chuspini que es el valle sagrado de Oyolo, cultivaba cebollas, ajos y rocotos que son los ajíes picosos peruanos y al llegar a las alturas los cambiaba con huachitos, que son los corderitos no deseados por sus madres, de esta manera ella en su regreso traía en sus alforjas cuatro o cinco borreguitos que los criaba amamantándoles con biberones de leche de cabra o leche de vaca.

Ese era un día nublado en la pradera de Oyolo, había solo destellos de luz solar y después de trotar a caballo por subidas y cuestas empinadas, en el horizonte se podían ver el pastorear del ganado vacuno y de ovejas en verdes tierras comunales, en ellas las mujeres son las pastoras, ellas no pierden el tiempo mientras el ganado se alimenta a campo abierto, están cantando y tejiendo el vellón de lana de alpaca o de ovino formando un ovillo con una rueca de mano, este es un incansable trabajo diario y ellas lo toman más como una distracción que como una obligación, los comuneros y campesinos alto andinos en esos tiempos no tenían la oportunidad de ir a las tiendas para comprar sus ropas, ellos la confeccionaban con los hilos tejidos a mano que después eran teñidos con raíces para darles vistosos y fuertes colores. Las mujeres todo el tiempo pueden estar conversando pero sus incansables manos se están moviendo con un arte ancestral muy peculiar , hasta ahora en pleno siglo XXI, las mujeres oyolinas, producen sus hilos y lo guardan como un tesoro, llamado madeja, de allí lo usan para tejer a su gusto, y es una característica muy especial de las mujeres del pueblo de Oyolo y de muchos pueblos del Paucar del Sarasara, cada familia confecciona sus propias ropas como: chalinas, chompas, pullover, ponchos, frazadas y huaracas multicolores.

2. 0 CRONICA SOBRE LOS SEMPITERNOS GENTILES DEL AUQUEHUATO.

Todavía faltaba medio camino para llegar a las punas de Oyolo , cuando el cielo se comenzó a oscurecerse repentinamente, las nubes oscuras mostraban sus cargas pesadas de vapores de aguas frías y comenzaron a caer unos copos de nieve que blanquearon el sombrero de los viajeros y sintieron mucho frío en sus manos, oídos y cara, se inicio una tempestad de nieve y tuvieron que buscar un refugio para protegerse, ellos viajaban con dos caballos y una mula de carga -este periplo se repetía una vez por mes para abastecer de víveres a la familia de los ovejeros. - , La inclemencia del clima los hizo que ingresaran rápidamente a una cueva en la garganta de un cerro y después de bajar las cargas, allí buscaron leña y prendieron una fogata y se sentaron a la manera india alrededor del calor del fuego y secaron sus ropas húmedas, pernoctaron allí por toda la noche, y en las afueras de la cueva que los protegía la nevada era intensa, en sus alforjas siempre llevaban sus ponchos y unos pellejos de ovino para ponerlos al piso sobre un pillon que era una alfombra tejido con pelos de la cola del caballo, este era como un tapete en el cual no pasaba frio y era impermeable, y se quedaron dormidos por el cansancio del viaje, pero sorpresa para ellos a la media noche, escucharon unos ruidos muy fuertes, se despertaron asustados al relinchar de los caballos, escucharon unos ruidos prolongados en la oscuridad silente de truenos, parecía que pasaba un ejército, estaban pasando unos arrieros de llamas, eran los llamados sempiternos gentiles del Auquehuato. El arriero Víctor le dijo al oído a la pequeña Catalina , en voz muy baja, -hija no vayas a hablar- , has silencio que son espíritus, son las ánimas, son los espectros de los arrieros llamichos, están cruzando la quebrada – y en voz muy baja y casi susurrando le dijo al oído-: Están llevando los tesoros del Inca para esconderlo al pie del cerro Auquehuato. Eran muchas llamas las que pasaban y ellos escucharon los pasos finos de los cascos ligeros de los auquénidos alto andinos, y los hombres iban a pie, arriándolos con sus silbidos y don de mando característicos, eran los silbidos de los llamichos y el sonar de sus huaracas en el aire, estas soguillas tejidas multicolores emiten un sonido en el aire que al reventar las puntas desplazan el aire con muchas ondas sonoras que hizo que Catalina se tapara con un poncho para no escuchar los ruidos y ellos que estaban en la cueva - Sintieron temor y respeto por las ánimas de los hombres del Auquehuato-. Acto seguido no pudieron dormir por el susto, de madrugada cayeron rendidos pegándoseles los ojos, hasta que los despertó el canturrear de las aves silvestres y los primeros rayos del sol que al ingresar por la quebrada fulguroso hería sus pupilas, al aparecer entre los cerros, después de un rato desayunaron un fiambre frío, que consistía en cancha (maíz tostado) y queso duro, ensillaron sus caballos y colocaron la carga en la mula, enrumbaron a su destino y en el camino, Víctor converso con algunos caminantes que herramientas al hombro iban a sus chacras a pie a iniciar sus faenas agrícolas diarias, ellos decían, al escuchar al arriero, que posiblemente en ese gran cerro florido llamado el apu Auquehuato en algún lugar este escondido muchas cargas de oro que fue recaudado en Parinacochas.

Dice la historia que en los primeros tiempos de la conquista española, los chasquis del imperio trajeron una mala noticia a estas tierras lejanas después de haber recorrido dos mil kilómetros, en una carrera de postas, de Cajamarca al distrito de Oyolo, un joven atleta chasqui comunicó su triunfal llegada tocando el sonido de un pututo, instrumento musical confeccionado de un caracol marino - del género Strombus caracola- que emite sonidos muy profundos, este instrumento fue utilizado en forma rutinaria por los chasquis para enviar mensajes y como señal de guerra. Preguntando a los comuneros busco al cacique de la comarca y al encontrarlo delante de él, se arrodillo a sus pies y secándose con sus manos el sudor de su frente y las lagrimas de sus mejías, le dio una mala noticia, a él y a todos los pobladores de esa región sobre la muerte del Inca Atahualpa, y les suplico que entierren todas las riquezas de esta comarca porque los conquistadores, los mistis españoles, son hombres malos y ambiciosos de las joyas de oro y de plata del Imperio. Los Caciques Cajamarquinos ya conocen muy bien a Francisco Pizarro y a todos los españoles, los han bautizado como los conquistadores “pukapuka de barba blanca” , -ellos han matado al todo poderoso hijo del sol bajo la pena del garrote- Estos viracochas extraños montan unos enormes equinos llamados caballos, tienen armas mortíferas y utilizan la pólvora para destrozar el cuerpo de sus enemigos, solo quieren el oro y la plata, han llegado para saquear nuestro Imperio y llevarse en barcos nuestras riquezas.

CONCLUSION:

Estas crónicas sobre las animas del Auquehuato inmortaliza al distrito de Oyolo, fue una acción de desprendimiento de esa comunidad para pagar el rescate del Inca Atahualpa en Cajamarca, ya que Atahualpa ofreció pagar un cuarto lleno de oro y dos cuartos de plata hasta donde alcanzara su mano, y la leyenda del Auquehuato contada por los nativos de estas tierras nos recuerda que doscientas llamas cargadas de oro, aproximadamente unas seis toneladas del metal más preciado del mundo en forma de artesanía como vasos, anillos, brazaletes, aretes, collares fueron recaudadas y después escondidas al pie del cerro Auquehuato, en cantaros de arcilla, allí está enterrado el multimillonario tesoro de los Caciques Incas de estas comarcas de Parinacochas y del Paucar del Sarasara, muchos compatriotas ignoramos que las riquezas están escondidas bajos nuestros pies por eso estas tierras del cerro Auquehuato son encantadas, allí posiblemente estén atesoradas las riquezas de los Caciques Wari de Puma tambo, Achumani, Oyolo ayllu y de otros pueblos y anexos.

Terminado de escribir el 31 de Mayo 2010 Houston, Texas U.S. Derecho de autor: ING. Eduardo Maximiliano Narrea Huamaní, “Chifú, El Cacique de los Andes”, eduardonarrea@hotmail. Com