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Grupo de Sucesos económicos. Análisis e interpretación



Crónica de un fracaso anunciado : las políticas económicas que se implementan en Europa

Erasmo
Maestría en teoría económica y maestrí...
Escrito por Erasmo Rodrã­guez Rivera
el 25/11/2010

Los países de la Unión Europea se han dado la tarea de reducir el déficit público en un tiempo record, y lo harán en un contexto generalizado de débil crecimiento y elevado desempleo. Cuán realista es esta política? , en qué medida esta política puede acrecentar los desequilibrios existentes en las economías nacionales? Y hasta qué punto estas políticas terminará por acrecentar las disparidades al interior de las sociedades nacionales?

Hoy día el gobierno Irlandés ha publicado su programa de austeridad, el cual sigue al de Grecia, mañana otro país europeo seguirá la misma suerte, y pasado será otro. Para enfrentar ese riesgo los gobiernos se apresuran a poner en órden de batalla planes de austeridad, pero en realidad esos planes estarían creando las condiciones para que la crisis se amplifique?

Rafael Gómez Díaz
Derecho universidad complutense de mad...
Escrito por Rafael Gómez Díaz
el 26/11/2010

Entonces deduzco que te alineas con los que propugnan políticas expansionistas en momentos de crisis, entre ellos el premio Nobel que ha sido tan debatido aquí.

En suma, ¿Cuáles serían tus recetas?

Erasmo Rodrã­guez Rivera
Maestría en teoría económica y maestrí...
Escrito por Erasmo Rodrã­guez Rivera
el 27/11/2010

Vasto programa, sin la pretención de dar recetas, creo que los puntos que señalaré son capitales. Pero ante todo porque es suicidario hacer la rigor?

Las políticas de rigor constituyen un grave error por razones evidentes. Van a deprimir la demanda al interior de la zona Euro y hacer más difícil la vuelta progresiva a un relativo equilibrio de los gastos públicos, que es el objetivo que se persigue.

Tal fue por otra parte el resultado de políticas similares que se condujeron en Europa y en otros lugares a principios de los años treinta. Tengamos en cuenta que estas políticas no hacen más que comenzar;

No es necesario hacerse ilusiones al respecto: la Unión Europea entra en una lógica de deflación competitiva. A los programas griegos, españoles, irlandeses, portugueses, británicos vendrán a añadirse otros planes de austeridad. La demanda interna será deprimida, al desempleo que tira hacia abajo el consumo privado se sumará la compresión de la gasto público, en esas condiciones, imposible de imaginar que las empresas aumentarán sus gastos en inversión y, como en la zona todos los países tiran hacia abajo la demanda, no habrá quien tire las exportaciones nacionales hacia arriba. Bonjour la deflación!

Si no queremos repetir el error de política económica de los años 30, hay que hacer todo lo posible por relanzar la dinámica económica y al mismo tiempo crear el cuadro institucional que asegure la perennidad del crecimiento económico.

Desde mi punto de vista , la primera medida a adoptar es a una restructuración coordinada de la deuda pública en la zona Euro. Los gobiernos no tienen los medios para financiar la amortización y el pago de los intereses de sus compromisos financieros sin afectar el financiamiento de otros puestos cruciales del presupuesto público y sin contraer la inversión pública. Restructuración acompañada de una política monetaria europea voluntarista

Es posible que la consecuencia de ello sea la aparición, en el futuro, de primas extras sobre las obligaciones emitidas por agentes públicos españoles, portugueses, griegos, italianos. Pero esto es el precio a pagar por la restructuración y que a fin de cuentas es lógico. En los Estados Unidos de N.A. , los estados de la unión pagan intereses distintos, pese a que todos emiten en dólares, los cuales son función de la apreciación por parte del inversionista del riesgo que le hace correr cada estado o municipalidad.

En Europa, hasta meses atrás, España, Grecia o la misma Francia, pagaban intereses que de una manera u otra correspondían al riesgo generado por Alemania, lo cual desde un punto de vista financiero es una aberración. Lo que la crisis ha revelado no es tan sólo la inexistencia de un gobierno económico europeo, también ha puesto en lustre la disparidad de grados de desarrollo y de regulación los cuales generan perfiles de riesgo diferentes.

La segunda medida a implementar es la crear programas de inversiones públicas a fuerte efecto multiplicador y generadores de empleo. Es imprescindible estabilizar el empleo y crear un clima de confianza.

Una tercera medida, crucial a mis ojos, es la reforzar la regulación y el saneamiento del sector financiero. Lo que requiere auscultar los balances y hors balances de las instituciones financieras. Cerrando las que no poseen los medios para sobrevivir, consolidando las otras, y sometiendo todo el sector a un control cerrado de las operaciones y exigiendo una recapitalización de las que lo requiriesen.

A situación excepcional, medios excepcionales, el Estado puede evaluar la posibilidad de crear institutos financieros o abrir ventanillas de crédito en los bancos existentes dirigido hacia las pequeñas y medianas empresas. Es importante de asegurar la transmisión de la política monetaria europea hacia el sector real de la economía.

Un punto crucial, a nivel europeo, es la de comprometerse al retorno a un sendero virtuoso de finanzas públicos a un horizonte de mediano plazo. Es crucial que la Unión Europea envíe señales claras en cuanto a la estabilidad de las finanzas públicas a un horizonte considerado adecuado.

Rafael Gómez Díaz
Derecho universidad complutense de mad...
Escrito por Rafael Gómez Díaz
el 05/12/2010

Creo que este artículo, publicado hoy en el suplemento "Negocios" de El País, puede contribuir a responder inquietudes enunciadas en el encabezamiento del debate:

¿Cómo evitar el contagio?


GUILLERMO DE LA DEHESA, presidente del Centre for Economic Policy Research, CEPR

NEGOCIOS - 05-12-2010

El sistema creado por la eurozona para evitar la insolvencia de Grecia primero y de Irlanda ahora muestra una contradicción intrínseca. Si un país miembro llega a una situación en la que su deuda deviene insostenible, tanto por incumplir el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PAC), por sufrir una fuerte recesión o por tener que absorber un elevado endeudamiento privado, lo lógico es imponerle medidas de consolidación fiscal y reformas estructurales para aumentar su crecimiento potencial. Pero una fuerte contracción fiscal no ayuda a medio plazo a repagar su deuda ya que tiende a reducir su tasa de crecimiento. Es preferible ayudarle a salir de la recesión permitiendo que el resto de los países miembros tomen parte de su deuda temporalmente hasta que recupere una tasa de crecimiento suficiente para repagarla.

Sin embargo, la sociedad Facilidad Europea de Estabilidad Financiera (EFSF) no le compra parte de su deuda hasta que pueda recuperarse, sino que le da préstamos a un tipo de interés elevado que tiene que repagar en un máximo de cinco años, con lo que aumenta todavía más su volumen de deuda. Por ello, los inversores han pasado de preocuparse por su nivel de deuda a hacerlo por su tasa de crecimiento, constatando que va a ser muy difícil que esta sea suficiente para evitar el impago de su deuda, y preocupándose asimismo de la falta de gobernanza económica y de liderazgo político en la eurozona.

Para complicar más esta situación, la canciller alemana Merkel ha propuesto que el rescate de dichos países que tienen que pagar los contribuyentes esté acompañado por un sistema de reestructuración ordenada de las deudas soberanas en caso de impago que obligue a sus acreedores privados, bancos europeos, a soportar parte de las pérdidas, desencadenando con ello otra ola de incertidumbre y de venta de deuda soberana por parte de los inversores que está empezando a contagiar a otros países de la eurozona.

¿Cómo detener este contagio? Primero, convendría aclarar que parte de la reacción vendedora de los inversores en la deuda de estos países (cuya mayoría está en manos de los bancos privados de la eurozona bien a vencimiento o para la venta) ha sido lógica, al limitarse a descontar del precio actual de la deuda las probables futuras pérdidas que les provocaría la propuesta de Merkel, y qué parte ha consistido más bien en una estrategia especulativa de ir atacando un país tras otro provocando finalmente un efecto dominó, lo que sería peligroso para la supervivencia de la eurozona y del euro.

Los inversores están también desconfiando de la política actual de fuertes contracciones fiscales, sin que exista una política de liquidez compensatoria más activa por parte del BCE, mientras las expectativas inflacionistas estén por debajo de su objetivo, que aligere la carga de su deuda y permita mejorar su tasa de crecimiento. Estiman que, si no hay crecimiento, será muy difícil que los objetivos de déficit para 2013 puedan cumplirse y que finalmente la deuda se pague. Hay que reconocer, que los inversores han reemplazado al PAC, que no ha funcionado, como nuevos garantes de la disciplina fiscal y además han forzado a algunos países a hacer reformas que no querían o que no contaban con el apoyo político para acometerlas.

La propuesta de Merkel es correcta en el fondo, aunque no en la forma ni en el tiempo. Lo lógico es que, como ocurre en las intervenciones del FMI, los países que muestran problemas de sostenibilidad fiscal a corto o medio plazo (ya que a largo casi todos los tienen como consecuencia del envejecimiento de la población) reciban ayudas para no tener que salir a endeudarse en los mercados a cambio de llevar a cabo una contracción fiscal para poder sostener su deuda y unas reformas estructurales para mejorar su crecimiento potencial, y si esto no fuera suficiente, pasen, más adelante, a reestructurar su deuda. Sin embargo, ha sido muy perjudicial anunciarla ahora, cuando se había afirmado lo contrario en mayo.

Para evitar el contagio, habría que tomar las siguientes medidas: a muy corto plazo, sería muy conveniente que el BCE, que está llevando una política muy eficaz de compra de bonos soberanos, a través de su programa SMP, dé una señal clara a los mercados comprando deuda soberana de los países atacados tan pronto como los especuladores inicien sus ventas en corto, para provocarles pérdidas o ninguna ganancia, lo que además beneficiaría a sus inversores a largo plazo. El poder de compra del BCE, con un balance de dos billones de euros es suficiente para evitar que dichos especuladores no lo vuelvan a intentar, evitando así que, otros muchos fondos, bancos y aseguradoras, que no especulan, les lleguen a imitar desarrollando comportamientos de rebaño y provocando un efecto dominó.

A corto plazo, sería necesario que el BCE acelerase y aumentase sus compras de bonos de los países que están contagiados. Hasta ahora, el BCE solo ha comprado unos 70. 000 millones de euros de deuda soberana (solo un 3,5% de su balance) y además los ha esterilizado en su totalidad, cuando la Reserva Federal está realizando inicialmente compras por 900. 000 millones de dólares sin esterilizar para evitar una deflación. De no ser esto posible, habría que permitir que sea el EFSF el que compre dicha deuda.

A medio plazo, convendría encontrar soluciones más estables para evitar futuros contagios y efectos dominó. En primer lugar, tras haber conseguido aprobar el EFSF en mayo, bajo la presión de los mercados, ahora hay que renovarlo y ampliarlo, antes de que se extinga en 2013, mejorando y reforzando, al mismo tiempo, el PAC, dando un mayor peso a la deuda que al déficit, considerando la deuda neta y haciendo que las sanciones sean propuestas por la Comisión Europea y no por los Gobiernos y que estos solo puedan rechazarlas por mayoría cualificada.

En segundo lugar, tras haber dado ya un enorme paso hacia una política fiscal coordinada (aunque todavía no única) al aceptar cada uno de los países miembros garantizar el EFSF de acuerdo con el porcentaje de su PIB en el total de la eurozona, el siguiente paso debería ser la creación de un bono común en euros, que estuviese garantizado por todos los países de la eurozona, preferiblemente de forma solidaria o al menos y provisionalmente, de forma similar a la del EFSF.

Su aprobación crearía un mercado de más de cuatro billones de euros, un tamaño cercano al de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, con una enorme liquidez, profundidad y amplia diversificación. Este atraería a la gran mayoría de los inversores que desean una alternativa estable al dólar que les permita asegurarse del riesgo de cambio, al tener ambas monedas una correlación inversa. Este bono común mejoraría notablemente los spreads de los bonos actuales ya que se acercarían o incluso llegarían a igualar a los del bono alemán, mejorando notablemente la sostenibilidad fiscal de todos los países miembros y haciendo que el euro fuese un mayor competidor del dólar como moneda internacional.

El bono común haría imposible que los mercados pudieran atacar a un país determinado y además sería un paso decisivo para conseguir una política fiscal común y quizá única más adelante. Esta sería la solución más lógica y estable para la supervivencia y consolidación a medio plazo de la eurozona y del euro.


Erasmo Rodrã­guez Rivera
Maestría en teoría económica y maestrí...
Escrito por Erasmo Rodrã­guez Rivera
el 05/12/2010

El problema con la compra de bonos soberanos por parte de la BCE es que ello significa acrecentar el pasivo de la BCE, pasivo que necesariamente tiene que repercutir sobre las finanzas de los socios de la BCE, es decir los países miembros del Euro. Y en primer lugar Alemania.

Para explicar esto, es necesario tener en cuenta, lo siguiente : la moneda es una pasivo del país que lo emite. En el caso del Euro, como no existe una Federación Europea, son los países asociados en la creación del Euro quienes responden con sus activos de la deuda que contraiga la BCE en su nombre propio.


De allí que para que la BCE pueda comprar bonos emitidos por los países de la UE, es necesario que políticamente Alemania dé su consentimiento, y es allí dond se encuentra el nudo jordiano : el gobierno alemán no quiere comprometer la capacidad de ahorro de los alemanes.


Rafael Gómez Díaz
Derecho universidad complutense de mad...
Escrito por Rafael Gómez Díaz
el 06/12/2010

Bien visto. Y además es completamente razonable. En el fondo todos estamos chupando de Alemania.
De todas formas tampoco se debe perder de vista que Alemania no hace lo que hace por amor al arte (antes de su actual postura). Hay que estar a las duras y a las maduras.

Erasmo Rodrã­guez Rivera
Maestría en teoría económica y maestrí...
Escrito por Erasmo Rodrã­guez Rivera
el 07/12/2010

Hola, Rafael,

Hoy día la señora Merkel rechazó la idea de aumentar la talla de recursos del cual dispone el fondo europeo de estabilización, fondo que fué creado para ayudar a Gracia y a Irlanda. Como vemos, los alemanes empujan la zona europea a la disciplina fiscal, mi temor es que esa política conduzca a la deflación toda la zona. Por supuesto, excepto Alemania, cuyo crecimiento económico depende del comercio exterior extra europeo.

Erasmo

Rafael Gómez Díaz
Derecho universidad complutense de mad...
Escrito por Rafael Gómez Díaz
el 07/12/2010

Pués sí. Hay un serio problema en eso de querer que todos seamos alemanes (que sería magnífico si lo sintiéramos). Porque yo no creo que el tema de la displina fiscal alemana sea producto de de su actividad económica o de sus mercados; sino de eso, de disciplina pura y dura. Y eso vale para todos.

Estoy seguro de que tienes razón en que, en una primera fase, conduciría a la deflación (sobre todo en los paises mediterráneos); pero no estoy tan seguro de que eso no sea bueno a la larga.

Rafael Gómez Díaz
Derecho universidad complutense de mad...
Escrito por Rafael Gómez Díaz
el 08/12/2010

No deja de ser curioso que, hablando de disciplina fiscal, parece que nos oyeron y hoy hay una buena tesis en la prensa:

El coste de la supervivencia del euro

Cuando Alemania apenas crecía, el BCE le garantizó tipos bajos. Ahora, si ese país no reforma su política económica nacional, el futuro del euro dependerá del sacrificio de los países de la periferia como España

JOSÉ FERNÁNDEZ ALBERTOS, científico titular del CSIC en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos.

EL PAÍS - Opinión - 08-12-2010

Nadie sabe con certeza cuál será el desenlace final, pero lo que sí sabemos es que la moneda única está ante el primer gran examen desde su nacimiento, y de cómo salga de él dependerá el futuro político y económico del continente. Los libros de historia tendrán un capítulo para los acontecimientos que, en 2010, pusieron en jaque el proyecto de construcción europea.

Hasta hace bien poco, el enorme capital político invertido en la construcción del euro por las élites europeas era considerado la mayor garantía de la irreversibilidad de la unión monetaria. Todos éramos conscientes de que la moneda única llevaba asociados ciertos riesgos, al imponer una única política monetaria a un grupo de países insuficientemente integrados económica e institucionalmente. Pero como el coste económico y político de abandonar el euro una vez creado sería tan grande, los políticos estarían dispuestos a hacer lo que fuera por mantenerlo vivo. El economista Barry Eichengreen popularizó en círculos académicos una variante de este argumento: como el mero anuncio de la reintroducción de una moneda nacional provocaría "la madre de todos los pánicos bancarios", ningún país tan siquiera consideraría la posibilidad de abandonar el euro, cualesquiera que sean los costes de mantenerse en él.

La palabra clave es "cualesquiera". ¿Y si mantenerse en el euro obliga a los países a realizar ajustes fiscales draconianos como los que estamos viendo en Grecia o Irlanda? ¿Y si los inversores, ante el cada vez más posible caso de que algún país declare el impago parcial de la deuda, exigen cada vez tipos de interés más altos para prestar a estos países, lo que hace que los sucesivos programas de ajuste sean sucesivamente más y más duros? ¿Y si el temor a que en el futuro algún país abandone la unión monetaria por no poder pagar los costes políticos asociados a estos ajustes hace que los depósitos bancarios de ese país se vayan vaciando, lo cual a su vez reduciría el coste para los Gobiernos de reintroducir las monedas nacionales? El mismo Eichengreen ha dejado de creer a pie juntillas en la invulnerabilidad del euro.

No sabemos hasta dónde están dispuestas a aguantar las autoridades griegas o irlandesas, o en el futuro las portuguesas, españolas o italianas, y sus respectivas opiniones públicas. En las anteriores crisis cambiarias europeas, como la de los noventa, la pregunta era hasta dónde iban a ser capaces los Gobiernos de sostener las subidas de tipos de interés que requería la estabilidad de los tipos de cambio, con las consecuencias contractivas para la economía que ello tenía. El banco central sueco llegó en otoño de 1992 a subir los tipos de interés a corto plazo al 500%. Pero los inversores sabían que los Gobiernos tendrían algún límite en su capacidad de infligir sufrimiento a su propia economía y, llegados a ese límite, acabarían cediendo y devaluarían su moneda, con independencia de las veces que hubiesen repetido antes que nunca cederían a las presiones de los mercados. Ahora que los tipos de interés no están bajo el control de los Gobiernos, la pregunta es hasta dónde pueden endurecer los Gobiernos la política fiscal, con efectos contractivos sobre la economía similares a las subidas de tipos. Es verdad que declarar el impago de la deuda o abandonar el euro ahora es más difícil que devaluar la moneda en los noventa, pero también es cierto que los ajustes fiscales actuales -que implican reducciones de gasto y aumentos de impuestos- son políticamente más costosos para los Gobiernos que las subidas de tipos de interés del pasado.

Un problema añadido es que estas políticas fiscales cada vez más restrictivas no tienen nada que ver con las reformas estructurales que estos países necesitan para salir de la crisis, a pesar de la retórica con la que normalmente se acompaña la introducción de cada nuevo plan de ajuste. Se ha repetido hasta la saciedad, pero aún muchos siguen sin entenderlo o sin quererlo entender: la crisis fiscal de los Estados no es la causa del derrumbe financiero, sino su consecuencia. Irlanda y España han sido países fiscalmente disciplinados (no así Grecia). En la historia de la unión monetaria, han infringido las directrices del pacto de estabilidad mucho menos que Alemania o Francia. Solo cuando la crisis financiera ha llevado a Irlanda a garantizar el pasivo de los bancos, y a España a reducir ingresos e incrementar gasto, es cuando han crecido los déficits y los mercados han empezado a dudar de la sostenibilidad de las cuentas públicas de estos países.

A la incertidumbre sobre la capacidad de sacrificio de los países de la periferia se une la poca colaboración de los países centrales de la eurozona. Cuando se señaló que una forma obvia de corregir los desequilibrios comerciales dentro de la UE (Alemania tiene enormes superávits comerciales generados en parte por el espectacular aumento de la demanda en la periferia) y de estimular la salida de la crisis de los países con problemas era el incremento de la demanda interna alemana, el Gobierno alemán se negó por motivos puramente domésticos.

Puede sonar demagógico, pero en los años en los que Alemania apenas crecía, el Banco Central Europeo le garantizó una política de tipos de interés extremadamente bajos -política que, por otra parte, contribuyó a alimentar las burbujas en los países que estaban siendo fiscalmente disciplinados-. Pero cuando el resto de Europa necesitó de una política fiscal más expansiva en aquellos países que como Alemania se la podían permitir, esta fue bloqueada por una poderosa coalición formada por el Gobierno alemán, su banco central, su tribunal constitucional, y una opinión pública cada vez más beligerante contra los supuestamente manirrotos europeos del Mediterráneo. El último golpe ha sido la propuesta de Merkel y Sarkozy de legitimar las quitas en las emisiones de deuda. Como ha escrito en estas páginas De Grauwe, esto no ha hecho sino alentar los ataques especulativos contra los bonos de los países en dificultades.

Se pueden hacer dos interpretaciones del comportamiento de Alemania. La primera admite que Alemania no está dispuesta a dejar fracasar el euro. Si la política hoy dominante -que la carga del ajuste caiga en los países periféricos- acaba siendo inviable, a Alemania no le quedará más remedio que volverse europeísta y arrimar el hombro. Pero solo lo hará cuando el euro esté en situación crítica, porque solo entonces Merkel podrá convencer a la sociedad alemana de las impopulares decisiones que habrán de tomarse, como la europeización de la deuda pública, la creación de un Fondo Monetario Europeo o el cambio de las reglas de gobernanza macroeconómica en la eurozona. Cuanto más se pueda retrasar ese momento endureciendo las políticas fiscales de la periferia, mejor. El problema de esta interpretación es que no está nada claro que para Alemania acabe siendo menos gravoso salvar el euro cuando las economías europeas estén al borde del abismo que atajando desde el principio las dudas sobre la solvencia de estos países, bien mediante estímulos fiscales en Alemania, o mediante garantías más creíbles a sus emisiones de deuda.

La otra interpretación es que, sencillamente, lo que hemos presenciado es una muestra de que Alemania no está dispuesta a sacrificar los principios orientadores de su política económica nacional para salvar la unión monetaria. Si así fuera, el futuro del euro quedará en manos de la capacidad de sacrificio de las economías y sociedades de los países de la periferia en términos de desempleo, recortes en Estado de bienestar y estancamiento económico. Y como bien saben quienes están especulando en los mercados de deuda de estos países, la capacidad de aguante de las sociedades democráticas no es infinita.