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Grupo de Pequeñas y grandes cosas de la vida



Argentina Historia y Presente

Maria Estela
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 18/05/2011

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POBLACIÓN, ASENTAMIENTO Y SOCIEDAD.

Aplacadas las convu1siones de las guerras civiles que siguieron a la independencia y lograda la unidad nacional, se crearon las condiciones económicas internacionales necesarias para aprovechar las riquezas potenciales del suelo argentino.


Hacia 1860 el país disponía de todo lo necesario para dar surgimiento a la segunda Argentina, la "Argentina universal" capaz de enviar los productos de su tierra fecunda al viejo mundo y gozar de la euforia de una riqueza ilimitada.


Sólo le faltaba la mano de obra. La frase de Alberdi, "gobernar es poblar", revela rápidamente su carácter profético. Las élites nacionales se abocan a atraer los recursos humanos necesarios para introducir al país en la era del crecimiento económico y el mundo de las curvas ascendentes.


El éxito de una vigorosa política de fomento de la inmigración europea - tal como lo estipula el articulo 25 de la Constitución- modifica en menos de cincuenta años la fisonomía social de la Argentina, volcada desde entonces a la economía de exportación

Maria Estela Ramirez
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Escrito por Maria Estela Ramirez
el 18/05/2011
Una nación de inmigrantes

A fin de integrarse al mercado mundial en el marco de la "división internacional del trabajo establecida a mediados del siglo XIX, la Argentina recibe a millones de trabajadores europeos. Entre 1861 y 1870 llegan 160. 000 extranjeros; el número de inmigrantes asciende de 841. 000 entre 1881 y 1890 a 1.764.000 de 1901 a 1910. En total, entre 1857 y 1930, el "desierto argentino" recibe a 6.330.000 inmigrantes; teniendo en cuenta la partida de los trabajadores estacionales - los llamados golondrinas- que cruzan el Atlántico en la época de las cosechas, queda un saldo de 3.385.000 inmigrantes. De acuerdo con el primer censo, efectuado en 1869, la Argentina contaba con 1.737.000 habitantes. Estas cifras demuestran el peso de los extranjeros en la formación de la Argentina moderna, a través de una transfusión poblacional que fue, en términos relativos, la más alta de todos los países del nuevo mundo, incluido Estados Unidos.


Parecía evidente que la oleada inmigratoria ininterrumpida provocaría una duplicación de la población cada veinte años. Efectivamente, así sucedió desde principios de siglo hasta la gran crisis de 1930. Había 3.954.000 habitantes en 1895, 7.885.000 en 1914 y 14.484.000 en 1939. Pero a partir de entonces el flujo de inmigrantes se detuvo y el crecimiento demográfico se volvió muy lento. Entre 1947 y 1980 la población aumentó de 16,1 millones de habitantes a apenas 27.720.000.

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Escrito por Maria Estela Ramirez
el 18/05/2011
Población argentina

Fin del siglo XVIII (estimación) 300.000-380.000

1869 1.877.490 hab.

1895 3.954.911 hab.

1914 7.885.227 hab.

1939 14.484.657 hab.

1947 16.108.573

1960 20.959.100

1970 23.375.000 hab.

1980 27.720.000 hab.

1990 (proyección) 32.356.000 hab.

Maria Estela Ramirez
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Escrito por Maria Estela Ramirez
el 18/05/2011

A principios de siglo lo más asombroso no es el crecimiento del potencial demográfico nacional sino la elevada proporción de extranjeros en la población nacional: 30 %, de acuerdo con el tercer censo, realizado en 1914, pero en algunos centros urbanos la proporción se eleva al 70 u 80 %. En 1914 más del 50 % de los habitantes de la ciudad de Buenos Aires no son argentinos. Y aun en 1970 el 18 % de la población de la muy cosmopolita Capital Federal son extranjeros. La mayoría de sus habitantes sólo son argentinos de primera o segunda generación. Pero en las provincias mediterráneas pobres, alejadas de las zonas dinámicas del litoral y la pampa, como Catamarca o Santiago del Estero, la proporción de extranjeros jamás superó el 3 o 4 %. Por otra parte, nueve de cada diez extranjeros se radican en la región pampeana , y el 62 % de éstos en la Capital Federal o en la provincia de Buenos Aires.


La mayoría de los países europeos aportan su cuota de inmigrantes. Los franceses (principalmente vascos y bearneses) forman por su importancia numérica el tercer grupo, aunque son apenas el 4 % del total. Los siguen los rusos, en su mayoría judíos que huyen de los pogroms zaristas - razón por la cual "ruso" es sinónimo de "judío" en la Argentina- y los súbditos del imperio otomano, llamados genéricamente turcos aunque en su mayoría eran sirio-libaneses cristianos. Los visionarios positivistas de la "organización nacional", particularmente Sarmiento y Alberdi, fascinados por el auge de los Estados Unidos, querían atraer hacia el Plata a las "razas dinámicas" del norte de Europa, pero sus esperanzas se vieron frustradas por cuanto el 80 % de los inmigrantes fueron italianos y españoles . Casi la mitad de los nuevos habitantes (47,4 %) son de origen italiano. Y el conocido dicho de que los argentinos son italianos que se creen ingleses y hablan el español con acento genovés o napolitano no carece por completo de fundamento.


La gran mayoría de estos inmigrantes latinos son agricultores, campesinos que cruzan el Atlántico para mejorar su situación, es decir, conseguir tierras para cultivar. Los atrae el espejismo del enriquecimiento rápido (los salarios son más altos que en el sur de Europa, como lo demuestran los trabajadores golondrinas) en un país de tierras fértiles donde faltan hombres. Pero en realidad las mejores tierras públicas ya están vendidas. La distribución del suelo pampeano habla concluido en 1885, a través de la adquisición de propiedades inmensas. Esta concentración no facilita las cosas. Por otra parte, la elite esclarecida que fomenta la inmigración sólo aspira a conseguir la mano de obra indispensable para valorizar sus campos, no sólo a través de la agricultura, sino también mediante la construcción de equipos de infraestructura y la prestación de servicios. Lo cual imprime a los nuevos habitantes una gran movilidad. Los amos de la tierra, que ven en la inmigración un mal necesario cuyos beneficios recogerán, no desean favorecer el arraigo de los extranjeros.


Por ese motivo en ningún momento se encara una política oficial de colonización sistemática que hubiera podido dotar al país de una población estable y equilibrada y sentar las bases de un desarrollo armonioso de la economía. En general los únicos inmigrantes que pudieron acceder a la propiedad de la tierra fueron una minoría que disponía de cierto capital. Sea como fuere, aunque sólo afectó a regiones relativamente marginales, la colonización no dejó de ejercer su influencia sobre la formación de la sociedad argentina. Organizada en grupos nacionales, dio surgimiento a comunidades prósperas y atractivas, como la de los piamonteses en Santa Fe y los judíos en Entre Ríos. El éxito de la colonia de franceses del departamento de Aveyron en Pigué, en el sur de la provincia de Buenos Aires, es un buen ejemplo de una migración colectiva organizada con inteligencia. Los galeses asentados en Chubut y, posteriormente, los viñateros italianos en Mendoza y los colonos alemanes del Chaco y Misiones son testimonio de lo mismo.


A las dificultades del acceso a la propiedad deben agregarse las condiciones especiales del arrendamiento, escasamente aptas para atraer al inmigrante. En la zona pampeana y el litoral los contratos de arrendamiento rural son muy breves. Puesto que en la primera época la agricultura estaba subordinada a la ganadería, se trataba más bien de contratos de servicio de cuatro o cinco años de duración que dejaban escasa libertad de acción al hombre que trabajaba la tierra. El propietario lo obligaba a roturar la tierra, cultivar cereales y, al vencer el contrato, a devolverla sembrada con forrajeras. En la mayoría de los casos el agricultor pasa sin dejar rastro, ni siquiera un árbol. Es un trabajador nómade hasta que se promulgan las leyes de 1944 y 1949, que prorrogan los contratos.


Es así como una inmigración masiva de origen rural desembarca en un enorme país despoblado para asentarse, paradójicamente, en las ciudades, sobre todo en la más grande de todas. La sobreurbanización de la Argentina y la hipertrofia de su capital, Buenos Aires, a partir de principios de siglo, son la consecuencia de este fenómeno singular que luego se acentuará por otras razones.



Maria Estela Ramirez
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Escrito por Maria Estela Ramirez
el 18/05/2011
Un país de ciudades

La Argentina vive de la tierra, pero es una sociedad sin campesinos que habita en las ciudades. Las aldeas, pequeñas aglomeraciones de casas en torno al campanario de una iglesia prácticamente no existen. El hábitat está conformado esencialmente por casas aisladas y aglomeraciones urbanas. En 1869 la población urbana era apenas el 33 % del total, pero alcanza el 42 % en 1895 y el 58 % en 1914. Compárense estas cifras con las de Francia, donde en 1946 un 50 % de la población era rural. En 1938, con un 74 % de población urbana, la Argentina sólo era aventajada en grado de urbanización por dos países industriales: Gran Bretaña y Holanda; esta tendencia, absolutamente atípica en la América Latina de esa época (México contaba con un 67 % de población rural) ha avanzado aún más. En 1980, el 85,7 % de los argentinos vivía en ciudades de más de 25. 000 habitantes.


El congelamiento de las estructuras agrarias, que obliga a gran parte del flujo inmigratorio a radicarse en las ciudades, también modificó el hábitat y el paisaje. La urbanización vinculada a la economía agroexportadora provoca una distorsión de la población activa y contribuye a modelar específicamente la estratificación social. El 68,5% de los inmigrantes italianos y el 78 % de los españoles se establecen en las ciudades. A falta de acceso al codiciado suelo de la pampa, los extranjeros se dedican al comercio y la artesanía y tratan de salir adelante. En 1914 los inmigrantes constituyen más de la mitad de los sectores secundario y terciario: sobre algo más de 47. 000 empresarios industriales, 31. 500 no son argentinos. La modernización económica y la expansión preindustrial dotan a la población activa de 1914 de ciertos rasgos inesperados por tratarse de un país agrario: sector primario, 28%; secundario, 35%; terciario, 35,9%. Corresponde, grosso modo, a la estructura de la población activa de Francia en 1954, con la diferencia de que la Argentina en esa época no poseía un gran número de manufacturas ni, menos aún, una industria pesada. El sector terciario se ve inflado por el comercio minorista, la intermediación y principalmente los servicios de todo tipo que exigen la opulencia de las ciudades y el lujo de los particulares.


A partir de 1930 el éxodo rural reemplaza a la inmigración de ultramar y la Argentina se convierte cada vez más en un país de grandes ciudades. Una decena de ciudades del interior alcanzan o sobrepasan los 200. 000 habitantes y comprenden, junto c~ la Capital Federal, el 70% de la población total. La vieja ciudad colonial y clerical de Córdoba, ubicada en la confluencia de los Andes del noroeste con la pampa, capital de la industria automotriz desde los años cincuenta, es la más grande, con 900. 000 habitantes, seguida por Rosario, capital agraria de la pampa del norte, ciudad italiana y comercial, antes rival de Buenos Aires, que perdió el segundo lugar por falta de auge industrial y cuenta con 750. 000 habitantes. La aglomeración de Mendoza, verdadera metrópoli andina con alardes de elegante ciudad sudeuropea, tiene 500. 000 habitantes. Tucumán supera los 350. 000, mientras que Mar del Plata, Buenos Aires: una ciudad, un mundo: Buenos Aires no es tan sólo una capital ni menos aún un sitio geográficamente privilegiado. Es ante todo una historia y, para los argentinos, el reflejo del auge nacional.


El emplazamiento de la capital argentina sobre la margen ligeramente escarpada del río, sobre un terreno absolutamente plano donde el llano culmina en el agua, parece más bien artificial. Su clima no es de los más favorables. Ciudad húmeda, caracterizada por bruscos cambios de temperatura y vientos, Buenos Aires está situada en una especie de corredor entre dos zonas de presión antagónicas y su clima es sumamente inestable. No es infrecuente que en un lapso de pocas horas el viento del norte, húmedo y asfixiante, sea reemplazado por el pampero, frío, seco y violento. Ciudad portuaria por excelencia, cuyos habitantes se autodenominan porteños, Buenos Aires goza de un cuasi monopolio del comercio exterior - los ferrocarriles y rutas conducen todas las riquezas del país hacia ella- pero su ubicación es mediocre. Durante un largo periodo los buques de alta mar debían permanecer alejados, mientras se desembarcaban hombres y mercaderías en lanchas. En la actualidad llegan a los muelles de Buenos Aires por un estuario de 200 kilómetros a través de canales dragados constantemente y a gran costo para mantener una profundidad de apenas 10 metros. La Argentina aún no posee el puerto de aguas profundas que exigen su comercio y el tonelaje de los buques.


La fortuna de Buenos Aires, simple apostadero colonial en la ruta del Alto Perú convertido luego en sede de un virreinato se debe al comercio Atlántico y a una burguesía mercantil que impuso su monopolio sobre el intercambio con Europa. Al desplazar a otros puertos, mejor situados pero menos dinámicos y emprendedores, las elites porteñas, unión de comerciantes y dueños de la tierra, se aseguraron el control de la aduana, que durante el periodo de construcción de la Argentina moderna fue la principal fuente de ingresos del Estado. Las guerras civiles que sobrevinieron tras la independencia tuvieron por objeto el control de esos ingresos fiscales. Del monopolio del comercio importador que ejerce Buenos Aires se deriva la extraordinaria concentración de actividades, funciones y poder que han hecho de esa salida a Europa lo que es.


En 1869 Buenos Aires era apenas una "gran aldea" sumamente austera de unos 200. 000 habitantes, casas de una sola planta y calles polvorientas. En 1914, con cerca de dos millones, se había convertido en la "capital de un continente". El auge de Buenos Aires, con su infraestructura y sus servicios públicos data del gran período de asentamiento y valorización de la pampa húmeda. Esta metrópoli de la "belle époque" es la vidriera del país. A tono con la euforia económica que conoció la Argentina hasta 1930, la Capital Federal no tiene nada que envidiarle, en lujos y comodidades, a las capitales europeas a cuya imagen se construyó. Ese "segundo París", que hace más bien pensar en Londres, lleva también la impronta de la desmesura americana. Administradores que pensaban en grande hicieron construir la "calle más larga del mundo", una ópera más grande que el Palacio Garnier, la de París, la avenida más ancha, que aún hoy sigue sin terminar. Los urbanistas más renombrados, los arquitectos más eminentes, los escultores más destacados viajaron de Europa junto con el mármol, la piedra y la madera. Nada era suficiente para la "perla del Plata". El ostentoso lujo de los palacetes finiseculares construidos por los estancieros simboliza la riqueza nacional. Esos monumentos a la vanidad encarnan el proyecto transformado de la elite positivista que quiso imponer el triunfo de la "civilización" europea sobre la "barbarie" americana.


Abierta en abanico hacia el interior a partir de un centro a la vez político y financiero donde se alzan los imponentes edificios de los Bancos de la city, de espaldas al puerto, la ciudad se caracteriza por el cosmopolitismo de su población. Jamás existieron guetos nacionales, pero los inmigrantes de la primera generación tendían a agruparse. Los primeros inmigrantes italianos se apiñaron en el barrio de pescadores de la Boca, donde construyeron casas cubiertas de chapas multicolores para luego ubicarse en barrios más alejados del centro como Balvanera, Villa Devoto, Nueva Pompeya, Villa Mazzini.


Los sirio-libaneses se concentraron cerca de plaza San Martín, en la zona vecina al puerto, los "rusos", en su mayoría israelitas, en los alrededores de la estación del Once. Pero la distribución es social y funcional, más que nacional. Los ingleses, alemanes y algunos franceses habitan los hermosos barrios de la zona norte y Belgrano, porque son en su mayoría ejecutivos y jefes de empresas. Los italianos, que constituyen la mayoría de los inmigrantes proletarios, habitan los barrios obreros del sur.

Ciudad de administración y comercio, de servicios y poder, la Capital Federal posee demasiadas ventajas como para no ser asimismo el centro industrial del país. Las fábricas de carne que son los mataderos frigoríficos se instalan cerca del río. La concentración de la población atrae a las industrias de alimentos y se multiplican los talleres. Este proceso se acelera con el desarrollo de la industria sustitutiva de los años treinta y luego del peronismo: las empresas mecánicas, eléctricas y químicas proliferan y se instalan anárquicamente en un espacio urbano desorganizado. En la actualidad la aglomeración del Gran Buenos Aires, inflada por el éxodo rural y las migraciones internas, abarca el 55 % de la mano de obra, el 45 % del consumo y la producción de energía eléctrica, el 45 % de los establecimientos industriales. Es lícito afirmar que la Argentina sufre de hidrocefalia. El centralismo "porteño" es un fenómeno sin parangón en América Latina y el mundo entero, habida cuenta de la población y la superficie del país.

Maria Estela Ramirez
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Escrito por Maria Estela Ramirez
el 18/05/2011
Identidad nacional y grupos sociales.

Se ha dicho que los argentinos son un pueblo "transplantado", similar en ese sentido a las poblaciones de Norteamérica y Nueva Zelanda, esto significa olvidar los innegables aportes autóctonos y fenómenos tales como el mestizaje cultural o étnico. Es verdad que en términos relativos la inmigración europea es el signo distintivo de la población argentina y que ha jugado un papel decisivo en la conformación de la sociedad nacional. Pero la multiplicidad de sectores que desembarcaron en las márgenes del Plata no dio lugar a un mosaico de comunidades étnicas a la manera norteamericana. La Argentina, a diferencia de sus vecinos del subcontinente, no padece de un problema de minorías. Ello se debe en gran medida a la extraordinaria fuerza de. Absorción del país. No sólo no hay una yuxtaposición de pueblos en esta nación de inmigrantes, sino que el crisol nacional ha producido una homogeneidad social y cultural sin igual en las Américas. Aparte de algunos casos numéricamente irrelevantes, la Argentina, a diferencia de Brasil, no conoce vigorosas colonias extranjeras que se aferran a su lengua y tradiciones y resisten la asimilación. Es frecuente que los argentinos de primera generación desconozcan la lengua de sus padres. En la actualidad no faltan quienes lamentan la nivelación de las comunidades étnicas que siguió a la erradicación de las culturas indígenas y rurales y la desaparición de las particularidades regionales. Esta rígida homogeneidad, esta imposición de valores urbanos y europeos a todo un país es producto de una historia, incluso de un proyecto de transformación nacional instrumentado a partir de 1880 con el propósito de introducir la "civilización europea" en el país de los querandíes y ranqueles.


Sin embargo, esta vigorosa asimilación es consecuencia de las características del fenómeno migratorio más que de una política deliberada de las elites modernizadoras. En efecto, es de destacar que alrededor del 80 % de los inmigrantes son de origen latino, es decir, culturalmente cercanos a la sociedad receptora. La naturalización de los extranjeros, en un principio alentada por ley, en la práctica se lleva a cabo de manera parsimoniosa y muy limitativa. A principios de siglo la proporción de naturalizados sobre extranjeros adultos no superaba el 2 a 4 %. La elite no aspiraba a integrarlos al electorado por miedo a desequilibrar la vida política "criolla", lo que podría poner en peligro su primacía. En 1880 el presidente Roca afirmaba que la inmigración masiva era un "espectáculo reconfortante", ¡Pero que las cosas se complicarían cuando llegara el momento de gobernar a los hijos de los inmigrantes!


Es por ello que la educación primaria, gratuita por disposición de la Constitución de 1853, se vuelve obligatoria en virtud de una ley de 1884. Para los gobernantes argentinos, temerosos de los peligros de la "desnacionalización", la escuela es un medio para arraigar a los hijos de los extranjeros. La escolarización amplia tiene por objeto consolidar la cohesión nacional. A falta del apego a la tierra, que pocos poseen, la admiración por los prohombres de la patria elegida por sus padres al huir de la ancestral miseria europea es el medio para inculcar en los nuevos argentinos la defensa de los valores nacionales. El dogma patriótico también es transmitido por el servicio militar obligatorio, instituido en 1901. La conscripción es el antídoto del cosmopolitismo. El ejército educador debe neutralizar el virus de la disolución social que viene del viejo mundo, argentinizar al hijo del inmigrante y forjar a un ciudadano a imagen de la elite modernizadora y paternal que preside la construcción del país.


La configuración de los grupos sociales en la edad de oro de la república pastoral, de 1880 a 1930, fue forjada por el mismo proceso histórico. Fue, de alguna manera, la resultante de dos formas contradictorias: la herencia de la colonización española y el impacto de la inmigración masiva. La crisis general que se abate sobre el país a partir de la Segunda Guerra Mundial también hunde sus raíces en la compleja estructura de una sociedad sin terminar, pero de mecanismos fácilmente perceptibles.


Brechas cronológicas en función del arribo de las comunidades europeas al país, sutil discriminación nacional en función inversa de la participación en el contingente inmigratorio, exclusivismo social de la elite establecida, desarrollo desmesurado de las clases medias, exclusión social y moral de los habitantes primitivos del territorio argentino y sus descendientes mestizos: tales son los grandes rasgos del paisaje social en el apogeo de la Argentina.


El grupo dominante está conformado por los primeros europeos que ocuparon y trabajaron las tierras sin dueño y aquellos que construyeron la economía agropastoral volcada hacia el viejo mundo y administraron el proyecto civilizador de la Argentina extravertida. Es una elite única y natural, que llevó la prosperidad al país y reveló a éste ante el mundo. Apoyados en ese éxito, estos "patricios", provistos de una legitimidad perfecta e indiscutida, consideran que tienen derecho a regir los destinos del país. Liberales y cosmopolitas, "laicos" y progresistas, estos "eupátridas" ejercen sobre la Argentina una dominación ilustrada. Desde luego que la base económica de su poder social es la propiedad terrateniente. La producción agropecuaria es el motor de la prosperidad y la tierra ennoblece a quien la posee. Pero estos "amos de la tierra", enriquecidos en muchos casos mediante el comercio y las finanzas, no se limitan a poseer vastas extensiones de tierra y enormes manadas. Tienen en sus manos los recursos decisivos de la actividad nacional y se esfuerzan por aprovechar su posición privilegiada en su exclusivo beneficio.


En la cima de la pirámide social se ubican las "viejas familias", de antigüedad bastante relativa. Un europeo llegado antes de 1880 puede reivindicar linaje de antigua cepa. Pero el extranjero que viene mezclado con la turba de inmigrantes pobres de 1890 no es más que un gringo, un recién venido que a lo sumo podrá llegar a ser un parvenu. Salvo que pertenezca a una nacionalidad favorecida por los prejuicios locales, en cuyo caso podrá incorporarse a la "buena sociedad". Un anglosajón, aunque haya llegado ayer, puede aprovecharse de la fama de que gozan los laboriosos súbditos de Su Majestad Británica; Asimismo un lechero vasco podrá ascender en la sociedad gracias a la abundancia de apellidos euzkara en el Gotha argentino. En cambio el italiano, emprendedor pero apto para todo servicio, ocupa el nivel más bajo de la escala del status. Al español se lo mira con cierto desdén. Los Fernández y Pérez llegados a mediados del siglo XIX son "criollos" notables, pero sus homónimos que arribaron a partir de 1890 son meros gallegos, perdidos en la multitud de mozos de cordel y peones provenientes de las provincias más pobres del norte de la madre patria.


Si bien el acceso al grupo dominante, capa social cerrada y hereditaria que constituye una auténtica oligarquía, es muy restringido, los escalones inferiores de la sociedad argentina se caracterizan por cierta fluidez. No puede ser de otra manera en un país de inmigrantes. La aspiración de los recién venidos de mejorar su situación afecta toda la vida social. La lucha por la vida y el éxito es tan despiadada como en Estados Unidos. El individualismo a ultranza proviene del desarraigo de la mayoría de los habitantes. Esta esperanza tenaz se ve favorecida por la urbanización y la importancia del sector de los servicios. Hoy, como ayer, la Argentina se muestra como un país de clase media. Incluso se puede afirmar que el concepto de clase media es uno de los mitos motores, eje ficticio de la sociedad nacional. Los hijos de los inmigrantes y de las clases urbanas en general buscan el ascenso social en los títulos universitarios y en el ejercicio de profesiones liberales. La enorme afluencia a las universidades y la saturación de la sociedad urbana del litoral en número de abogados y médicos son, entre otras cosas, una manifestaci6n de ese conformismo ascendiente. El deseo de movilidad, hoy fuente de tensiones, sirvió para distender el clima social durante el periodo de la inmigración masiva. En esta tierra acogedora y generosa se daba por sentado que la lucha de clases sólo podía ser un producto importado del viejo mundo en decadencia. Los trabajadores manuales, que a su arribo estaban dispuestos a aceptar cualquier empleo por rudo que fuera, trataron luego de mejorar su situación individual. La esperanza o ilusión de que la condición de obrero es puramente transitoria se vio alimentada por ascensos tan innegables como meteóricos, reflejados en la literatura de la época. La clase media es el objetivo y el grupo referente. En cuanto a los alborotadores, portadores de ideologías disolventes, hasta 1958 la ley preveía su deportación a sus países de origen.


Los descendientes de los habitantes primitivos son excluidos en forma oficial. El proyecto nacional de la Argentina moderna está teñido de darwinismo social. La civilización es europea; las "razas americanas" son irremediablemente inferiores. Su presencia en suelo argentino no es sino un obstáculo para el triunfo de las "luces" y el progreso. Una vez exterminados los indios, la ola inmigratoria europea desplaza a los mestizos que se ven relegados a las faenas rurales tradicionales. El indomable gaucho se convierte en peón. No se puede hablar de mestizos en el "único país blanco al sur de Canadá"; un rastro de sangre indígena en la Argentina de la "belle époque" era una tara para cualquier familia decente. Sin embargo, la presencia del "criollo" de tez cobriza no pasará inadvertida para el observador atento no bien ponga un pie fuera de Buenos Aires.


La dinámica de la prosperidad argentina garantiza la cohesión del conglomerado social, fuertemente imbuido de la ideología del crecimiento hacia afuera. El éxito del proyecto de desarrollo agroexportador da legitimidad a las clases superiores, responde a las aspiraciones de los inmigrantes y disminuye las tensiones sociales. Todo esto se trastorna con la gran crisis de 1929. La desorganización de las corrientes comerciales pone fin tanto a la preponderancia británica como a la inmigración. El desarrollo de una industria nacional que permite producir lo que el país no puede adquirir afuera romperá el equilibrio social al atraer hacia las ciudades a las masas criollas hasta entonces marginadas de la vida nacional.


A partir de 1930 el progreso vertiginoso y sin término se vuelve cosa del pasado. Pero no surge ningún grupo dirigente con un proyecto de recambio capaz de reorganizar la sociedad nacional. La "oligarquía", convencida de que se trata de una crisis pasajera, defiende por todos los medios el status quo; su incapacidad para proponer una estrategia de desarrollo coherente y a largo plazo la despoja de su hasta entonces incuestionada legitimidad. Las clases medias contemplan atemorizadas la invasión de los arrabales de las ciudades por un proletariado de sangre mestiza al que se apresura a bautizar peyorativamente de cabecitas negras o directamente negros. A partir de entonces todos esos seres en busca de rol y seguridad aguardarán un milagro autoritario y alimentarán la inestabilidad social. Una nación de inmigrantes no puede admitir fracasos: se comprende, pues, que la frustración provocada por las crisis en serie y el estancamiento económico recurrente haya quebrantado el sentimiento nacional. La fórmula de los fundadores de la nacionalidad, ubi bene ibi patria, se vuelve contra su propio proyecto. Así recupera su actualidad el interrogante de Alberdi, de silos argentinos son "ciudadanos o habitantes" de la Argentina.

Maria Estela Ramirez
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Escrito por Maria Estela Ramirez
el 18/05/2011
Problemas demográficos

La Argentina es un país subpoblado y parece destinado a seguir siéndolo. La aspiración de llegar a la clase media, el estilo de vida europeo y la hiperurbanización también caracterizan al perfil demográfico del país. A pesar de un ligero repunte a fin de la década de 1970, la tasa de natalidad argentina viene en descenso desde hace más de sesenta años. El número de nacimientos fue de 37,9 º/oo habitantes en 1910-1914; hoy supera apenas el 21,4 º/oo y podría descender al 17,4 en 1995. La tasa de natalidad de los países latinoamericanos - dejando de lado a Chile, Uruguay y Cuba- oscila entre el 36 y 42 º/oo. En las provincias más ricas y la Capital Federal las tasas son aún más bajas (15 º/oo en la provincia de Buenos Aires), y se compara solamente con las de los países desarrollados: Estados Unidos, 14,7 º/oo; Francia, l3,60 º/oo en 1978.


La tasa de mortalidad excepcionalmente baja de 1967 (8,7 º/oo, mientras que la francesa fue del 11 º/oo), fruto de las buenas condiciones de higiene, muestra una tendencia reciente a aumentar debido a la disminución de los gastos sociales. En la actualidad es del 9,1 º/oo. Este dato no merecería una mención si no fuera que la mayoría. De los países vecinos muestran una mejoría en ese sentido (México, 8,7 º/oo; Venezuela, 7 º/oo). La mortalidad infantil, que ha disminuido en la mayor parte del continente, experimentó un ligero aumento en la Argentina, país que se encontraba al tope de la estadística hace quince años. La tasa de mortalidad infantil en la Argentina aumentó del 58,3 º/oo en 1967 a 59 º/oo en la actualidad, mientras que en el mismo período la de México bajó del 64,2 º/oo al 48,2 º/oo. (Francia, 12,6 º/oo; Suecia 8,3 º/oo).

También en este terreno aparecen grandes disparidades regionales, que van de algo menos del 40 º/oo en la Capital Federal al 120 º/oo en la provincia subtropical de Jujuy.


Sea como fuere, con su tasa de crecimiento demográfica del 1,6 % anual en 1970-1980 - contra el 2,6 para el conjunto de América Latina, varios de cuyos países superan el 3 %, el envejecimiento de su población y la explosión demográfica de algunos de sus vecinos, la Argentina se halla en una situación delicada. Su inmenso territorio muestra una densidad de 9 habitantes por kilómetro cuadrado. Los cálculos oficiales prevén apenas 35 millones de habitantes para el año 2000. La Argentina, que siempre ha aspirado al liderazgo regional, pasará del tercer al cuarto lugar, detrás de Brasil, México y Colombia. Ni su economía ni su clima político permiten suponer que el país podría compensar su débil crecimiento demográfico con un reinicio de la inmigración internacional. Tanto más por cuanto el país de inmigrantes se ha convertido desde hace algunos años - temerariamente, sin duda- en una nación de emigrantes: los trabajadores bolivianos y paraguayos fueron ahuyentados por la desocupación; los intelectuales y técnicos que huyeron de la represión política durante la última dictadura militar conforman una brillante diáspora a través del mundo. ¿No será que la Argentina, con sus inmensas riquezas, es un país excesivamente poblado?

Jesus Perez
Jujuy, Argentina
Escrito por Jesus Perez
el 18/05/2011

l Proceso de construcción del territorio argentino

¿Cómo se va organizando un territorio?

large1.gif (28631 bytes) Nuestro país, como la mayoría de los países, no ha sido siempre como lo vemos hoy. Su paisaje se ha transformado tanto en las ciudades como en el campo. En otras épocas la mayoría de la población vivía en arcas rurales y las diferencias sociales y económicas entre las distintas zonas del país no eran tan marcadas como ahora.

Los cambios que se van produciendo en el territorio no son producto de la casualidad, ni se deben exclusivamente a las condiciones naturales. A veces, estas ejercen cierta influencia sobre la organización del territorio. Pero desde hace varias décadas el avance tecnológico ha hecho posible modificar muchas de las condiciones naturales adversas (relieve abrupto, bajas temperaturas o escasez de precipitaciones), para facilitar la instalación humana o la realización de actividades económicas.

Las transformaciones que sufre el territorio se deben principalmente a los cambios que se producen en la propia sociedad que lo habita: es ella quien lo construye y organiza a lo largo del tiempo... Su organización social, política, económica y cultural y las relaciones que establece con otras sociedades del mundo, producen cambios en la organización del territorio. Por un lado las condiciones naturales y por otro lado el territorio construido en el pasado, constituyen la base para las organizaciones territoriales presentes y futuras.
Para explicar este proceso de construcción del territorio debemos tener en cuenta, entre otros, los siguientes elementos: la actividad económica o productiva, cl papel del Estado y las relaciones con el exterior.

Todos los integrantes de la sociedad (trabajadores, empresarios, comerciantes, funcionarios del Estado) participan en dicho proceso. Sin embargo, no todos tienen el mismo poder de decisión. Por ejemplo, las decisiones que toma un gobernante o un empresario son distintas de las de un obrero, porque pueden afectar a una considerable porción de territorio y a una gran cantidad de personas... Los propietarios de tierras, de empresas industriales, de medios de transporte, entre otros, toman decisiones sobre qué cultivar y dónde, sobre la posibilidad de abrir o cerrar una fábrica aquí o allá, sobre si se crea un nuevo ramal ferroviario o una nueva línea de colectivos, etcétera.


Estas decisiones y muchas más van modificando la organización del territorio, el tamaño de las ciudades, el tráfico de mercaderías y de personas, el paisaje rural.

A partir del progreso en las comunicaciones, las relaciones con el exterior son cada vez más estrechas y, por lo tanto, a través del comercio y de la adquisición de nueva tecnología se profundiza la influencia de unos países sobre otros, incluso sobre su organización territorial.


En la actualidad, un problema o una crisis que afecta a un conjunto de países (especialmente en cl caso de los llamados países desarrollados) repercute en cada economía nacional. Por ejemplo, la posibilidad de que los empresarios o los gobiernos obtengan, a través de préstamos, el dinero necesario para llevar adelante sus planes, depende cada vez más de las condiciones impuestas por grandes bancos internacionales.


Jesus Perez
Jujuy, Argentina
Escrito por Jesus Perez
el 18/05/2011

SEGUNDA ETAPA


COMIENZA EL CICLO AGRÍCOLA


En 1892 el estanciero Benigno del Carril descubre que la rotación de cultivos (repetir el mismo tipo de cultivo en forma inmediata) es un buen método para mejorar los campos. En esencia, su propuesta consistía en arrendar el campo a inmigrantes italianos, dividido en pequeños potreros, para que cultivaran el suelo y lo dejaran sin malezas y cubierto de pasturas para un posterior uso ganadero.

El ciclo comenzaba, según el contrato de arrendamiento, con la siembra de lino, seguía con trigo al año siguiente y terminaba al tercer año con alfalfa mezclada con algún cereal. Cumplido este ciclo agrícola, se mandaba a1 colono a otro campo o se lo despedía, y se reemplazaba la agricultura por ganadería. Ante la escasez de agricultores nativos se recurrió a grandes contingentes de inmigrantes europeos mediante formas de colonización organizada.


En cuarenta años llegaron al país casi dos millones de inmigrantes, de los cuales el 90%

se radicó en el Litoral.

Hacia mediados del siglo pasado, surge un proyecto político basado en los intereses de los grandes propietarios pampeanos. Para apropiarse de nuevas tierras y ponerlas en producción, se llevó a cabo el desalojo de sus territorios y el exterminio de los pueblos indígenas mediante campañas militares. Esto incrementó el poder económico y político de los productores rurales.

El posterior proceso de ocupación y poblamiento de la región pampeana con centro en Buenos Aires, y en menor medida en el puerto de Rosario, fue acompañado por la inversión de capitales ingleses- en INFRAESTRUCTURA vinculada al transporte y al embarque de la creciente producción agropecuaria con destino a Europa.

transp.gif (15597 bytes) La incorporación de la Argentina al mercado mundial, como productora de materias primas, se explica a partir de las necesidades de los países europeos. Cueros y carne salada primero, lana, grasa y ganado vacuno más refinado después. Y, a partir de 1880, cereales. En 19l4 nuestro país llegó a ser el tercer exportador mundial de granos.

Las inversiones se concentraron en la región pampeana y particularmente en la ciudad de Buenos Aires, lo que implicó un crecimiento económico y poblacional de esta región notablemente superior al del resto del país.

Este crecimiento desigual fue el resultado de un modelo económico y político que dejaba libertad de maniobra a los sectores de mayor poder económico. Se beneficiaron así las áreas productivas más aptas y modernas para competir en el mercado internacional, marginando al resto de las producciones tradicionales.


Algunas pocas actividades regionales comenzaron a desarrollarse: la vid en Cuyo, el azúcar en Tucumán, el algodón y la explotación forestal en el Chaco. Sin embargo, las regiones de Cuyo, del Noroeste y del Nordeste quedaron relegadas frente al área pampeana, que fue la receptora privilegiada de las inversiones y de los inmigrantes.. De esta etapa proviene la identificación inmediata entre Argentina y Pampa, tan difundida en el resto del mundo.


El modelo económico basado en la exportación de productos agropecuarios comenzó a mostrar síntomas de debilitamiento cuando se completó, a principios de este siglo, el proceso de ocupación de los territorios conquistados a los pueblos indígenas, y a medida que aumentaba la demanda de alimentos por parte de la creciente población argentina.


Los fines de la década del veinte pusieron un limite a las exportaciones argentinas, en razón de la caída de la demanda externa y del descenso de los precios de las materias primas. Por lo tanto, al disminuir las exportaciones, Argentina no contaba con las divisas necesarias para adquirir productos manufacturados del exterior. Se cerraba así un período en el que predominó una economía basada en el mercado externo, característico de esta etapa agroexportadora.


El proceso de industrialización, que cobra un fuerte impulso en la década del veinte, le permite a nuestro país responder a la crisis del modelo agroexportador. A partir de entonces, se produjo el fortalecimiento del proceso de industrialización, apoyado en el desarrollo del mercado interno.

Jesus Perez
Jujuy, Argentina
Escrito por Jesus Perez
el 18/05/2011

TERCERA ETAPA

A partir de 1930 y hasta principios de los años setenta se produce una creciente industrialización de la economía nacional, lo que marca el agotamiento del modelo económico agroexportador. Durante la década del treinta se va delineando un nuevo modelo económico centrado en la industrialización para sustituir las manufacturas importadas.

Los grandes propietarios de tierras, ante la caída de las exportaciones agrícolas, orientaron sus inversiones hacia la industria local.

swift.gif (20535 bytes) El aumento de la actividad económica acrecentó la demanda de artículos de todo tipo, especialmente de BIENES DE CONSUMO (alimenticios, textiles). Las mejoras salariales y otras conquistas del movimiento obrero organizado permitieron a los trabajadores incrementar su capacidad de consumo y, por lo tanto, se incrementó la actividad industrial para satisfacer la expansión de la demanda.

A partir de mediados de los años cuarenta, se desarrolló un nuevo proyecto político (el justicialismo) liderado por el general Juan D. Perón, que se propuso ampliar la experiencia de industrialización de los primeros tiempos de esta etapa (basada en la producción de bienes para sustituir las importaciones), para dar paso a nuevos rubros: los BIENES INTERMEDIOS (metalurgia, siderurgia, química), los BIENES DE CAPITAL (vehículos, maquinarias) y los BIENES DE CONSUMO DURABLE (artefactos eléctricos).

Hasta mediados de la década del cincuenta, el Estado fue aumentando su participación en la política económica, a diferencia de la etapa anterior, y se hizo cargo de numerosas actividades mineras e industriales, especialmente en el campo de la producción de acero y derivados del petróleo. También comenzó a actuar como prestador de algunos servicios (transporte, energía, telecomunicaciones) de donde desalojó al capital extranjero (preferentemente inglés) mediante una fuerte política de nacionalizaciones.

Desde el punto de vista territorial, se reforzaron las desigualdades entre la región pampeana y el resto del país, ya existentes desde el modelo agroexportador.

La mayor concentración de personas, infraestructura e industrias se localizó en el Gran Buenos Aires y otras grandes ciudades como Rosario y Córdoba. Importantes grupos de inmigrantes provenientes de las zonas rurales del interior del país, eran atraídos hacia estas ciudades industriales por la posibilidad de conseguir empleo y mejorar sus condiciones de vida.

Hacia la década del sesenta, el proceso de industrialización se profundizó con una nueva oleada de ingreso de capital extranjero, esta vez preferentemente estadounidense, que se orientó hacia el sector de productos de consumo durables (lavarropas, heladeras, televisores, etcétera) y a la industria siderúrgica, petroquímica, electrónica y automotriz.

Las empresas que se instalaron en esta época eran multinacionales, y trabajaban con tecnología de avanzada, lo cual disminuyó la demanda de obreros industriales.




Estas empresas enviaban al exterior gran parte de los beneficios obtenidos sin realizar nuevas inversiones en el país. La dependencia con el exterior no sólo tenía lugar en la actividad productiva, sino también en el sistema bancario, la tecnología y la comercialización.




El Estado realizó inversiones en infraestructura (acceso al agua, energía, vías de comunicación) para favorecer la instalación de industrias y servicios en los alrededores de las zonas urbanas, y en algunos casos en sitios no industrializados ni suficientemente poblados.


Neuquén, Río Negro, Santa Cruz, Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires fueron las provincias que más crecieron en esta etapa, mientras que en el resto del país se multiplicaban las áreas expulsoras de población (aquellas en las que el número de personas que salen del área es mayor que el número de las que ingresan).

Jesus Perez
Jujuy, Argentina
Escrito por Jesus Perez
el 18/05/2011

CUARTA ETAPA

La economía argentina comenzó a estancarse (y por momentos a declinar) entre 1975 y comienzos de los años 90, época que coincide con una etapa de crisis a escala mundial. La extensa duración de la crisis argentina se explica fundamentalmente por la ausencia de un proyecto político y económico que contemple el bienestar social, y por la escasez de inversiones destinadas a modernizar la producción.

obrela.gif (13119 bytes) Durante los primeros años de esta etapa, la dictadura militar que ocupo el poder político entre 1976 y 1983 se propuso reducir los salarios y los beneficios sociales de los trabajadores; además, afectó los intereses de los pequeños y medianos productores rurales e industriales. Los intentos de transformación de la economía ensayados por esa dictadura sólo beneficiaron a un grupo de grandes empresas de capital nacional y de capital extranjero (empresas multinacionales).

La economía argentina sufrió perjuicios durante este período. Por ejemplo, aumentaron considerablemente las deudas de nuestro país con otros países u organismos financieros internacionales (FONDO MONETARIO INTERNACIONAI, Club de París, etcétera); se registraron aumentos de precios de los bienes y servicios y se abrió el mercado nacional al ingreso de manufacturas importadas, lo que dejó fuera de competencia a muchos establecimientos industriales argentinos. Así, se fue generando una sociedad dividida entre ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres, mientras buena parte de los sectores medios fue ingresando a la cátegoria de empobrecidos o nuevos pobres.

Los gobiernos democráticos que sucedieron a la dictadura no lograron revertir en forma inmediata la situación de estancamiento económico heredada del gobierno anterior. Frente a la persistencia de la crisis, el nuevo modelo socioeconómico (que recién en los años noventa comienza a definirse de manera más nítida) prioriza la estabilidad de la moneda, la disminución de los gastos del Estado (especialmente en salud, vivienda, educación, etcétera) y una mejora de la colocación de los productos argentinos en el mercado mundial.

Como consecuencia de esta situación, las economías regionales declinaron durante esta etapa: algodón en el Chaco, caña de azúcar en Tucumán, fruticultura en el Alto Valle del Río Negro y Neuquén, vid en Cuyo. Lo mismo ocurrió con ramas de la producción industrial textil automotriz, alimentaria, etcétera, que operaban en los grandes centros industriales del país (Orán, Buenos Aires, Córdoba, Rosario). Para eludir la crisis, buena parte de estas industrias se refugiaron en las ventajas que ofrecían los regímenes de promoción industrial (reducción de impuestos y tarifas), por 1o que se trasladaron a provincias tales como La Rioja, Catamarca, San Luis o Tierra del Fuego, creando en ellas miles de puestos de trabajo. Esto desaceleró la tendencia a la concentración de infraestructura, establecimientos industriales y personas en la región pampeana, que venia sucediendo desde la etapa de la Argentina agroexportadora.

NUEVAS

EXPERIENCIAS INDUSTRIALES


En la mayoría de las provincias beneficiadas por la promoción industrial hubo un descenso en los procesos de emigración, ya que no eran tantos los que partían hacia las zonas industriales en busca de trabajo. Incluso provincias como La Rioja y San Luis, tradicionalmente expulsoras de población, se convirtieron en áreas receptoras. El caso de Tierra del Fuego muestra también que los trabajadores de la industria local orientada hacia la producción de artículos electrónicos, son recientes pobladores de la provincia así como ocurre con la mayoría de los que trabajan en el área de salud, educación, comercios, bancos y transporte. En realidad, la mayor parte de los habitantes de la isla son inmigrantes recientes.


Los conflictos entre los sectores tradicionales de la sociedad local y los nuevos pobladores, son algunos de los problemas aparecidos a raíz de la llegada de nuevos grupos de población a estas provincias, a los que se sumaron las dificultades en materia de vivienda e infraestructura urbana (calles y caminos, agua potable, luz eléctrica, cloacas, etcétera).


Andrea Fernandez
Experto: desarrollo de colecciones de ...
Escrito por Andrea Fernandez
el 18/05/2011

ARGENTINA VIOLENTA



El Proceso de Reorganización Nacional.



El "Proceso de Reorganización Nacional",



Que comienza el 24 de marzo de 1976, va a proponerse objetivos milicos.gif (12699 bytes) más amplios respecto de los otros gobiernos militares habían intentado. Básicamente, estos objetivos tenían un elemento común: una nueva organización para el país tanto política como economía y social. Aunque el golpe había sido apoyado por gran parte de civilidad, esta vez el papel fundamental el la "reorganización nacional" sería encargado por miembros de la institución militar.



La ocupación ocupación de los puestos fundamentales del Estado Nacional se compartieron, siguiendo este criterio, en partes iguales para las tres fuerzas armadas. En el gabinete nacional, un solo civil ocupa un lugar en el Ministerio de Economía: Dr. José Martínez de Hoz.




Los objetivos del proceso, como nos dice su proclama inicial, se resumían en dos:


- acabar con el fenómeno subversivo.


- desterrar la corrupción en los ámbitos gubernamentales.


Redondeando la economía de acuerdo con los dictados del "mundo moderno".



Se establece un " Estatuto " que se ubica primero en la jerarquía legal, por encima de la Constitución Nacional. El poder del que dispone es más total que el de otros gobiernos militares anteriores; se encuentran sin plazos en el tiempo y sin adversarios políticos.




El segundo objetivo, la " transformación económica y social"

fue mucho más complicado para el gobierno hoz.gif (8431 bytes) militar. La consigna era acabar con el Estado "ineficaz" y "burocrático", que distribuiría lo que no había, asemejando al peronismo. Para esto último se recurriría a la gestión del Ministro de Economía, quien encararía una política de restricciones salariares y liberalismo económico, es decir: abrir la economía del país al resto del mundo.



Este militar, que intentaría una suerte de apertura política para buscar más bases de apoyo, fue rápidamente desplazado a fines de ese años por los sectores más duros.



Una nueva etapa se abre en el Proceso:
Finalizar la lucha contra la guerrilla, y frente a la pérdida de apoyo popular, la mirada de régimen se dirigió contra un adversario extranjero .

Andrea Fernandez
Experto: desarrollo de colecciones de ...
Escrito por Andrea Fernandez
el 18/05/2011

LA HISTORIA
DE LA IMPUNIDAD ARGENTINA (1976 / 1989)
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E L G O L P E :
(LA LEGALIZACION DEL TERRORISMO DE ESTADO)

"En la vasta pirámide erigida sobre la República por el aparato represivo, en sus cámaras subterráneas prosperan los centros clandestinos de detención. Allí, en las sombras de la nocturnidad desarrolla su macabra tarea el lumpen consagrado a la tortura, la violación y el asesinato. Ellas serán las cloacas donde el sistema perverso habrá de evacuar su peores excrecencias abonadas con las carnes laceradas de miles y miles de desdichados. En la cúspide, los comandantes lucirán sus mejores entorchados, ajenos a sus ojos al horror subterráneo, al olor putrefacto sus olfatos, imperceptibles sus oídos al grito desgarrador de los atormentados; pero, plenos conocedores de este submundo donde reina el espanto.........





Andrea Fernandez
Experto: desarrollo de colecciones de ...
Escrito por Andrea Fernandez
el 18/05/2011

¿¿Utopías?

1. - Nuestro país adopta para su Gobierno la forma Representativa, Republicana y Federal , con base en la división de los Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial.


El Poder Legislativo está constituido por dos Cámaras, una de Diputados de la Nación y otra de Senadores de las Provincias. Y de la Ciudad de Buenos Aires.


La Cámara de Diputados se compone de representantes elegidos directamente por el pueblo de las Provincias, de la ciudad de Buenos Aires y de la Capital.


El Senado se compone de tres Senadores por cada Provincia y tres por la Ciudad de Buenos Aires, elegidos en forma directa y conjunta.


La formación y sanción de las leyes es una función que, con las modalidades que prevee nuestra Constitución Nacional corresponde exclusivamente al Poder Legislativo.


El Poder Ejecutivo está a cargo de un ciudadano que con el título de Presidente de la Nación Argentina es elegido directamente por el pueblo, en doble vuelta, según lo establece la nueva normativa.


La misma Constitución establece el procedimiento que debe aplicarse para el desempeño del Poder Ejecutivo cuando surjan circunstancias especiales: en caso de enfermedad, ausencia de la Capital, muerte, renuncia o destitución del presidente, el Poder Ejecutivo será ejercido por el Vicepresidente de la Nación. En caso de destitución, muerte, dimisión o inhabilidad del Presidente y Vicepresidente de la Nación, el Congreso determinará que funcionario público ha de desempeñarse en la Presidencia, hasta que haya cesado la causa de inhabilidad o un nuevo Presidente sea electo.


El Poder Judicial es ejercido por una Corte Suprema de Justicia y por los demás Tribunales inferiores que el Congreso estableciere en el territorio de la Nación.


Los Magistrados son nombrados por el Poder Ejecutivo con acuerdo del Senado por dos tercios de sus miembros presentes, en seción pública y con respecto a los Tribunales Federales Inferiores el Poder Ejecutivo nombra a los Jueces en base a una propuesta vinculante en terna del Consejo de la Magistratura con acuerdo del Senado y en sesión pública, esto último según lo ha dispuesto la nueva Carta Magna.

Andrea Fernandez
Experto: desarrollo de colecciones de ...
Escrito por Andrea Fernandez
el 18/05/2011

En ningún caso el Presidente de la Nación puede ejercer funciones judiciales, arrogarse el conocimiento de causas pendientes o restablecer las fenecidas.



Si bien la nueva Constitución confeccionada recientemente en la ciudad de Paraná recepta en su art. 36 que " Esta Constitución mantendrá su imperio aún cuando se interrumpiera su observancia por actos de fuerza contra el orden constitucional y el sistema democrático, considerándose estos como insanablemente nulos ", lamentablemente no ha receptado que los Crímenes de Lesa Humanidad sean considerados imprescriptibles, como lo dispuso la Convención Nacional Constituyente del Paraguay ( 1991-1992 ) en su Art. 5 : " Nadie será sometido a torturas ni a penas, ni a tratos crueles, inhumanos o degradantes. El genocidio y la tortura, así como la desaparición forzada de personas, el secuestro y el homicidio por razones políticas son imprescriptibles..........".



born.gif (10960 bytes)2.-. Durante mucho tiempo, nuestro país ha vivido una prolongada inestabilidad jurídica, política, social y cultural que ha dado lugar a profundas crisis institucionales; al nacimiento de gobiernos de facto con características profundamente totalitarias; a la implementación de la pena de muerte; a modificaciones sustanciales en los procedimientos de organización de los tres Poderes del Estado; a la promulgación y ejecución de legislaciones represivas.



El último gobierno constitucional que terminó normalmente su mandato fue el de Juan Domingo Perón ( 1946-1952 ).


Ni siquiera el mandato constitucional del Dr. Raúl Alfonsín pudo terminar normalmente, que debió retirarse, aunque por otras causas, algunos meses antes de su culminación.



El Dr. Carlos Saúl Menem , de acuerdo a la nueva carlos.gif (15559 bytes) Constitución, es recién, el segundo Presidente Constitucional que culminaría su período en forma normal.



Las dictaduras militares fueron las encargadas de impedir la terminación normal de los mandatos legales, ya que, salvo las excepciones mencionadas, ningún gobierno pudo completar su gestión originada en la elección popular.



Cuando se producen los descalabros institucionales, los derechos y garantías que corresponden a una adecuada protección del ser humano y de los pueblos y a sus valores supremos son alterados, confundidos y casi siempre violados.



El ordenamiento jurídico vigente se ve modificado por el NUEVO GOBIERNO.


Gladys Rodriguez
Bachiller,administracióny gestión,inst...
Escrito por Gladys Rodriguez
el 18/05/2011

MANRTENIENDO VIVA LA MEMORIA DE LA REPÚBLICA ARGENTINA


























Pequeño Homenaje en imagénes de nuestra patria Argentina

Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 20/05/2011
En su enorme superficie de 3.757.407 km2, la Argentina ofrece todas las variedades de climas y paisajes: desde el cálido tropical, siempre lluvioso y lleno de colorida vegetación, hasta el frío polar, con su aspecto sobriamente blanco gracias a la nieve y el hielo.
Ubicada en el sur en relación al ecuador y al oeste con respecto al meridiano de Greenwich, la República Argentina es, además, un país bicontinental, ya que su territorio ocupa parte de América y también una porción de la Antártida.
Argentina en el mundo
Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 20/05/2011

Regiones geográficas
Zonas Geográficas Regiones geográficas

La Argentina presenta regiones muy diferentes entre sí. Hay llanuras y cadenas montañosas, bosques y selvas, terrenos áridos y otros pantanosos o arcillosos. Y es que recorrer este país en el sentido de su latitud (3. 694 km) es un largo camino.


Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 20/05/2011

Hidrografía
Río de la Plata Hidrografía
Gran cantidad de ríos recorren el país, en su mayoría navegables, algunos de ellos tienen una gran importancia hidroeléctrica.

Maria Estela Ramirez
Lic, en administracion de empresas de ...
Escrito por Maria Estela Ramirez
el 20/05/2011

Clima
Zonas climáticas Clima
Una de las características más salientes del territorio Argentino es la variedad de climas que posee; húmedos, secos; calor tropical o frío nival, pasando por diferentes tipos de templados. Nada queda fuera de las posibilidades que ofrece la Argentina en materia cli