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Grupo de La trayectoria humana en todos los tiempos



¿La creación del hombre es a imegen y semejanza de Dios?

Egard Alan
Lic. psicología. org. lic. cs. admistr...
Escrito por Egard Alan Pintado Pasapera
el 19/12/2010

Grupos.emagister.com

Perspectiva Científica: Artículos y Notas académicas

Dr. Egard A. Pintado Pasapera

(Lic. En Psicología Org. - Lic. Cs. Administrativas - Dr. Cs. De la Educación)

Nº.7

Para el debate y Opinión : ¿La creación del hombre es a imagen y semejanza de Dios?

Amigos internautas de Emagister, hace poco departíamos con unos colegas de la universidad, el análisis reflexivo respecto del misterioso paradigma respecto de: “el hombre es la creación a imagen y semejanza de Dios”. El suscrito sintetiza las interrogantes y reflexiones suscitadas en ese muy breve pero interesante debate.

Nuestro maravilloso habitad planetario, la tierra, el Ser humano, tanto como el universo resultan insondables, complejos, incomprensibles y desconcertante para el hombre… somos tan pequeños para ser únicos dueños del universo. Pequeñez demostrada en el incomprensible salvajismo del hombre por el hombre, del hombre hacia el ecosistema…hacia su propio habitad.

¿Quién creo el universo? , entendiéndose que el planeta tierra y el hombre son en suma una ínfima parte inherente del mismo. Sin duda alguna, un solo Dios, eterno, infinito, universal. Reza un paradigma místico “La creación del hombre es a imagen de Dios su creador”. Acaso concuerda esta relación, acaso revela la verdad, por un lado un Dios hacedor, supremamente inteligente, benevolente, creador de todos los tipos de vida, y por otro, el hombre a veces bueno y otras terriblemente e insensible destructor de sí y de la vida misma. En este contexto lógico, el único Dios del hombre y de todas las cosas inimaginables es el Dios supremo universal. El hombre solo “juega” ser Dios. La pregunta que llamó a la reflexión, y que encendió la acalorada polémica surgió del ¿Por qué el hombre ha de recurrir a los representantes de Dios, los santos, los querubines, las imágenes, hombres representantes de las iglesias, etc. , si bien éste pudiera llegar al padre hacedor de todas las cosas directamente, sin intermediarios y con las mismas estrategia y formas de comunicación? ¿Acaso el Dios universal priva al hombre de hacerlo? ¿Qué padre podría no permitir que los hijos se dirijan con confianza, directa y abiertamente hacia él? ¿Quién resuelve finalmente nuestras plegarias, ruegos, petitorios, y demás? ¿Qué certeza habría de que estos representantes las lleven, tal cual al creador?

O es acaso que al Ser humano le falta preparación y perfectibilidad para poder hacerlo directamente, en tanto, no le queda más que recurrir a los que están a vuestro alcance?. Se discutió y reflexionó éste tema con el mayor respeto y tolerancia.

Amigos hablar del universo es hablar del mismo hombre como un enigma, sin embargo, el universo no ha sido creado para felicidad exclusiva del hombre, sí la tierra y por ello debemos honrarla, amarla y cuidarla. El suscrito, cree en el talento, en la búsqueda, sin temor, de su realidad, por ello, aprecio y respeto la fe y las creencias de las personas sin distingo alguno. Por ende, exijo ese mismo sentimiento a mi fe y creencia en la existencia de un Dios supremo y creador universal, más sí expreso mis dudas respecto de que el “hombre haya sido creado a semejanza de éste”.

Muchas gracias.

19-12-2010

Jesús Rafael González García
Quiromasajista. escuela de quiromasaje...
Escrito por Jesús Rafael González García
el 27/12/2010

El conocimiento de la Realidad de la Divinidad es imposible e inalcanzable; no así el conocimiento de las Manifestaciones de Dios, que es equivalente al conocimiento de Dios, ya que las generosidades, esplendores y atributos divinos están manifiestos en Ellas. La persona que logra conocer a las Manifestaciones de Dios, alcanza el conocimiento de Dios. Si esa misma persona se muestra negligente en conocer a las Santas Manifestaciones, se verá privada del conocimiento de Dios. Queda entonces confirmado y probado que las Santas Manifestaciones son el centro de la munificencia, los signos y las perfecciones de Dios. ¡Benditos sean quienes reciben la luz de la munificencia divina de los luminosos Puntos de Alborada! (Abdu´l Bahá). Pero al fin desperté de mi sueño profundo al descubrir que nada se encuentra más alejado del entendimiento humano que aquello que al mismo tiempo se encuentra presente para él, y nada está más presente para él que aquello que es universal, anterior y superior… ¿Qué cosa hay más omnipresente que DIOS mismo, en quien vivimos, somos y actuamos? Y sin embargo. ¿Qué cosa hay que este más remotamente situada respecto a la esfera de nuestra compresión?... Emmanuel Swedenborg.

Krishna-3000 antes de Cristo. Moisés-1500 a.c. Zoroastro-900 a.c Buda-500 a.c. -Jesucristo- Mahoma-622 después de Cristo. El Báb- 1844 d.c. Y Bahá’u’lláh(La gloria de DIOS) 1863 d.c.

Entre las pruebas de la existencia de Dios se encuentra el hecho de que el hombre no se creó así mismo. Al contrario, su creador y diseñador es otro y no él mismo.
El conocimiento que el hombre tiene de DIOS:

Sabe que existen dos clases de conocimiento: el conocimiento de la esencia de una cosa, y el conocimiento de sus cualidades. En realidad, la esencia de un ser se conoce por sus cualidades; por lo demás, permanece desconocida y oculta.
Puesto que nuestro conocimiento de las cosas, incluso de las cosas creadas y limitadas, es un conocimiento de las cualidades y no de la esencia ¿Cómo es posible comprender la esencia de la Realidad Divina, que es ilimitada? Porque la esencia íntima de algo no puede ser comprendida, tan sólo sus cualidades lo son. Por ejemplo, si bien ignoramos cuál sea la esencia del sol, empero, conocemos de éste cualidades como el calor y la luz. Análogamente, la esencia íntima del hombre no es evidente ni conocida; pero al hombre se le puede llegar a caracterizar y conocer por sus cualidades. De este modo todas las cosas nos son conocidas no por su esencia, sino por sus cualidades. Por más que la mente, al abarcar todas las cosas, adquiera conocimiento sobre las realidades exteriores, éstas no obstante permanecen ignoradas en lo que respecta a su esencia; tan sólo nos son conocidas en lo que respecta a sus cualidades.
¿Cómo es posible, entonces, que el Señor eterno y sempiterno sea conocido en Su esencia, santificado como está de toda comprensión y concepción? Siendo así que las cosas sólo son cognoscibles por sus cualidades y no por su esencia, resulta indudable que la Realidad Divina permanece asimismo desconocida en Su esencia, y que únicamente es conocida en cuanto a los atributos. Además ¿Cómo se concibe que la realidad fenoménica aprehenda o abarque a la Realidad Preexistente? Pues la comprensión se obtiene al abarcar, para que haya comprensión debe existir antes abarcamiento, y solamente la Esencia de la Unidad lo abarca todo sin ser abarcada por nada.
Por otro lado, las diferencias de condición propias del mundo de la existencia impiden la comprensión. Por ejemplo: esta piedra pertenece al reino mineral y por mucho que progrese jamás podrá comprender lo que es el poder del crecimiento. Las plantas y los árboles, por más que avancen, se revelan incapaces de concebir lo que son la vista y los restantes sentidos. Tampoco el animal sabe cuál es la condición del hombre, es decir, sus poderes espirituales. Por tanto, las diferencias de condición constituyen un obstáculo para el conocimiento: el grado inferior no puede comprender al grado superior. Según eso ¿Cabe imaginar que la realidad fenoménica alcance a comprender a la Realidad Preexistente? Por consiguiente, conocer a Dios significa conocer y comprender los atributos divinos, no la Realidad de Dios. Dicho conocimiento de los atributos no es algo absoluto, sino que es proporcional a la capacidad y poder del hombre. La filosofía consiste en la comprensión de la realidad de las cosas tal como son, en proporción a la capacidad y poder del hombre. Pues la realidad fenoménica que es el hombre no tiene otra vía para comprender los atributos preexistentes que hacerlo en la medida de su propia capacidad. El misterio de la Divinidad está santificado y purificado por encima de la comprensión de los seres, ya que cuanto se le ofrece a la imaginación humana es sólo lo que el hombre entiende. Las luces humanas no abarcan la Realidad de la Divina Esencia. Todo lo más que una persona es capaz de entender son los atributos de la Divinidad, el esplendor de los cuales aparece y se hace visible en el mundo y dentro de las almas de los hombres.
Puesto que la realidad de las cosas es un reflejo de la Realidad Universal, cuando observamos el mundo y las almas de los hombres, vemos signos, maravillosos, claros y evidentes de las divinas perfecciones. La Realidad de la Divinidad es comparable al sol que desde las gloriosas alturas brilla sobre todos los horizontes. Cada horizonte y cada alma reciben una parte de su refulgencia, pues que de no existir tal luz y tales rayos, los seres tampoco existirían. No hay ser que no reciba y manifieste algún rayo de esta luz. Mas los esplendores de las perfecciones, generosidades y atributos de Dios brillan y resplandecen en y desde la realidad del Hombre Perfecto, esto es, el Único, la Manifestación Suprema de Dios. Los demás seres reciben solamente un rayo; pero la Manifestación Suprema es el espejo donde se tornan diáfanos todos los atributos, perfecciones, signos y maravillas del Sol.
El conocimiento de la Realidad de la Divinidad es imposible e inalcanzable; no así el conocimiento de las Manifestaciones de Dios, que es equivalente al conocimiento de Dios, ya que las generosidades, esplendores y atributos divinos están manifiestos en Ellas. La persona que logra conocer a las Manifestaciones de Dios, alcanza el conocimiento de Dios. Si esa misma persona se muestra negligente en conocer a las Santas Manifestaciones, se verá privada del conocimiento de Dios. Queda entonces confirmado y probado que las Santas Manifestaciones son el centro de la munificencia, los signos y las perfecciones de Dios. ¡Benditos sean quienes reciben la luz de la munificencia divina de los luminosos Puntos de Alborada! (Abdu´l Bahá).
En las escrituras baháis DIOS no es solamente el Creador acerca de quien Bahá u lláh declara: “ ¿Qué poder puede poseer la efímera criatura al estar cara a cara con Aquél Quien es el increado? ” si no también el Hacedor y el modelador, “el Hacedor de la tierra y el cielo”, en otras palabras, de lo visible, lo tangible, y lo invisible, lo espiritual. DIOS es también el “Modelador del Universo”, lo que expresa un sentido de artesanía, de un artista y su obra, de una consciencia directa de lo que Él llama “el Antiguo Ser”, interesado en Su obra, no un Ser antropomórfico (referente, a las cualidades del hombre), sino una “Esencia Infinita”, una “Eterna Esencia de Esencias”, una “Esencia incognoscible”, Quien es el “Origen de todas las cosas”, a Quien Bahá u lláh se dirige como:
El Orbe central del universo, su Esencia y Fin último.
¡Tú, en cuya mano están los dominios de la revelación y de la creación y los reinos de la tierra y del cielo!
¡OH DIOS, que eres el Autor de todas las Manifestaciones, el Origen de todos los Orígenes, la Fuente de todas las Revelaciones, el Manantial de todas las Luces!
El “Manantial de todas las Luces” tiene casi consecuencia científica si se piensa en las nebulosas y los millones de universos-isla, pero para Bahá u lláh es una descripción de DIOS. También lo es “el Poseedor de la creación entera”, Aquél que está “más cerca de todas las cosas que lo están ellas de si mismas”. Por cierto es una relación muy personal la que aparece en las Palabras ocultas de Bahá u lláh): “Amé tu creación, por eso te creé”. DIOS es Aquél “a Cuyo conocimiento nada escapa y a Quien nadie puede frustrar”.

Aquél con Quien nadie puede compararse, a Quien no puede ser unidos socios, El Soberano
Protector de todos los hombres y el encubridor de sus pecados.
“Todo cuanto existe en el cielo y la tierra, lo he ordenado para ti, no a si el corazón humano,
Que lo he predestinado como aposento de mi belleza y de Mi gloria, más tú has dado a otro Mí
Albergue y mi morada. Y siempre que la Manifestación de Mí santidad, ha buscado su propio
Hogar, ha hallado ahí un extraño y se ha apresurado sin abrigo al Santuario del Bien amado,
No obstante he guardado tu secreto no he deseado tu vergüenza y más de un amanecer desde
El Reino del infinito Me he presentado a tu morada encontrándote en el lecho del ocio
Entretenido con otros. Entonces, como un destello del Espíritu regrese a la esfera de la Gloria
Celestial y en Mi Reino no lo di a conocer a las huestes de los Santos. (Baháulláh).
La manera fundamental mediante la que nos ponemos en contacto con la realidad de las cosas es comprendiendo cual es su propósito; Nuestro propósito es conocer y amar a DIOS. Nuestra realidad es expresar ese conocimiento y amor, reflejando los atributos de DIOS, una capacidad que senos ha dado.
Habiendo creado el mundo y todo lo que en el vive y se mueve, Él, por intermedio de la acción directa de su ilimitada y soberana voluntad, escogió conferirle al hombre la distinción y capacidad única de conocerle y amarle, una capacidad que debe necesariamente ser considerada el impulso generador y el objetivo primordial que sostiene la creación entera… Sobre la más íntima realidad de cada cosa creada, Él ha derramado la luz de uno de sus nombres y la ha hecho un recipiente de la gloria de uno de sus atributos. Sobre la realidad del hombre, sin embargo, Él ha concentrado el esplendor de todos sus nombres y atributos y ha hecho a esta un espejo de su propio Ser. De todas las cosas creadas solo el hombre ha sido escogido para recibir tan gran favor y tan perdurable generosidad. (Bahá ´ u ´ lláh).
Bahá ´ u ´ lláh, muestra la interrelación que existe en toda la creación en el hecho de que cada cosa ha sido creada con la capacidad de reflejar uno de los atributos de DIOS y uno de sus nombres, y en el ápice de la creación se encuentra el hombre que ha sido dotado con la capacidad de reflejar todos sus atributos. Por lo tanto, el saber cuales son estos atributos y que es lo que hemos de hacer para desarrollarlos es una parte vital del proceso de comprender cual es el propósito de DIOS para el hombre.
Sin tal comprensión no podemos tener conciencia de tener un destino, ni poder para cambiar el mundo.
¡OH hijo del Ser!
A mame, para que YO te ame. Si tú no Me amas, Mi amor no puede de ningún modo alcanzarte.
Sábelo, OH siervo. (Baháulláh; Las palabras ocultas).

La relación entre DIOS y la humanidad, Sus criaturas:
Todas las criaturas emanan de Dios, o lo que es igual, todas las cosas se realizan por medio de Dios y por su intermedio todos los seres han sido llamados a la existencia. La primera emanación de Dios es esa realidad universal que los filósofos de la antigüedad llamaban "Mente Primordial" y los bahá'ís denominan "Voluntad Primera". Dicha emanación, en lo que concierne a su acción en el mundo de Dios, no está limitada ni por el tiempo ni por el lugar; no tiene principio ni fin (principio y fin, respecto de Dios, son uno). La preexistencia de Dios es una preexistencia esencial y temporal. Por otro lado, la accidentalidad de lo contingente es esencial y no temporal.

Aunque la "Mente Primordial" carece de principio, no por ello es copartícipe de la preexistencia de Dios, pues la existencia de la realidad universal, en relación con la existencia de Dios nada es, y no tiene capacidad de llegar a ser socio de Dios ni de ser como Él en cuanto a la preexistencia.
La existencia de los seres vivientes consiste en composición; su muerte, en descomposición. No obstante, no cabe destrucción o aniquilamiento absoluto de la materia universal y de sus elementos. Más bien su inexistencia consiste en una transformación o reversión. Por ejemplo, cuando el hombre muere, se convierte en polvo; pero no se convierte en la nada absoluta, sino que continúa existiendo en forma de polvo. Mediante su transformación, lo que era una realidad compuesta se descompone accidentalmente. Lo mismo cabe decir de la aniquilación de los demás seres, por cuanto la existencia no se convierte en la inexistencia absoluta, y la existencia absoluta no deviene existencia. (de la Fe, Religión Bahái)


Jesús Rafael González García
Quiromasajista. escuela de quiromasaje...
Escrito por Jesús Rafael González García
el 27/12/2010

El conocimiento de la Realidad de la Divinidad es imposible e inalcanzable; no así el conocimiento de las Manifestaciones de Dios, que es equivalente al conocimiento de Dios, ya que las generosidades, esplendores y atributos divinos están manifiestos en Ellas. La persona que logra conocer a las Manifestaciones de Dios, alcanza el conocimiento de Dios. Si esa misma persona se muestra negligente en conocer a las Santas Manifestaciones, se verá privada del conocimiento de Dios. Queda entonces confirmado y probado que las Santas Manifestaciones son el centro de la munificencia, los signos y las perfecciones de Dios. ¡Benditos sean quienes reciben la luz de la munificencia divina de los luminosos Puntos de Alborada! (Abdu´l Bahá). Pero al fin desperté de mi sueño profundo al descubrir que nada se encuentra más alejado del entendimiento humano que aquello que al mismo tiempo se encuentra presente para él, y nada está más presente para él que aquello que es universal, anterior y superior… ¿Qué cosa hay más omnipresente que DIOS mismo, en quien vivimos, somos y actuamos? Y sin embargo. ¿Qué cosa hay que este más remotamente situada respecto a la esfera de nuestra compresión?... Emmanuel Swedenborg.

Krishna-3000 antes de Cristo. Moisés-1500 a.c. Zoroastro-900 a.c Buda-500 a.c. -Jesucristo- Mahoma-622 después de Cristo. El Báb- 1844 d.c. Y Bahá’u’lláh(La gloria de DIOS) 1863 d.c.

Entre las pruebas de la existencia de Dios se encuentra el hecho de que el hombre no se creó así mismo. Al contrario, su creador y diseñador es otro y no él mismo.
El conocimiento que el hombre tiene de DIOS:

Sabe que existen dos clases de conocimiento: el conocimiento de la esencia de una cosa, y el conocimiento de sus cualidades. En realidad, la esencia de un ser se conoce por sus cualidades; por lo demás, permanece desconocida y oculta.
Puesto que nuestro conocimiento de las cosas, incluso de las cosas creadas y limitadas, es un conocimiento de las cualidades y no de la esencia ¿Cómo es posible comprender la esencia de la Realidad Divina, que es ilimitada? Porque la esencia íntima de algo no puede ser comprendida, tan sólo sus cualidades lo son. Por ejemplo, si bien ignoramos cuál sea la esencia del sol, empero, conocemos de éste cualidades como el calor y la luz. Análogamente, la esencia íntima del hombre no es evidente ni conocida; pero al hombre se le puede llegar a caracterizar y conocer por sus cualidades. De este modo todas las cosas nos son conocidas no por su esencia, sino por sus cualidades. Por más que la mente, al abarcar todas las cosas, adquiera conocimiento sobre las realidades exteriores, éstas no obstante permanecen ignoradas en lo que respecta a su esencia; tan sólo nos son conocidas en lo que respecta a sus cualidades.
¿Cómo es posible, entonces, que el Señor eterno y sempiterno sea conocido en Su esencia, santificado como está de toda comprensión y concepción? Siendo así que las cosas sólo son cognoscibles por sus cualidades y no por su esencia, resulta indudable que la Realidad Divina permanece asimismo desconocida en Su esencia, y que únicamente es conocida en cuanto a los atributos. Además ¿Cómo se concibe que la realidad fenoménica aprehenda o abarque a la Realidad Preexistente? Pues la comprensión se obtiene al abarcar, para que haya comprensión debe existir antes abarcamiento, y solamente la Esencia de la Unidad lo abarca todo sin ser abarcada por nada.
Por otro lado, las diferencias de condición propias del mundo de la existencia impiden la comprensión. Por ejemplo: esta piedra pertenece al reino mineral y por mucho que progrese jamás podrá comprender lo que es el poder del crecimiento. Las plantas y los árboles, por más que avancen, se revelan incapaces de concebir lo que son la vista y los restantes sentidos. Tampoco el animal sabe cuál es la condición del hombre, es decir, sus poderes espirituales. Por tanto, las diferencias de condición constituyen un obstáculo para el conocimiento: el grado inferior no puede comprender al grado superior. Según eso ¿Cabe imaginar que la realidad fenoménica alcance a comprender a la Realidad Preexistente? Por consiguiente, conocer a Dios significa conocer y comprender los atributos divinos, no la Realidad de Dios. Dicho conocimiento de los atributos no es algo absoluto, sino que es proporcional a la capacidad y poder del hombre. La filosofía consiste en la comprensión de la realidad de las cosas tal como son, en proporción a la capacidad y poder del hombre. Pues la realidad fenoménica que es el hombre no tiene otra vía para comprender los atributos preexistentes que hacerlo en la medida de su propia capacidad. El misterio de la Divinidad está santificado y purificado por encima de la comprensión de los seres, ya que cuanto se le ofrece a la imaginación humana es sólo lo que el hombre entiende. Las luces humanas no abarcan la Realidad de la Divina Esencia. Todo lo más que una persona es capaz de entender son los atributos de la Divinidad, el esplendor de los cuales aparece y se hace visible en el mundo y dentro de las almas de los hombres.
Puesto que la realidad de las cosas es un reflejo de la Realidad Universal, cuando observamos el mundo y las almas de los hombres, vemos signos, maravillosos, claros y evidentes de las divinas perfecciones. La Realidad de la Divinidad es comparable al sol que desde las gloriosas alturas brilla sobre todos los horizontes. Cada horizonte y cada alma reciben una parte de su refulgencia, pues que de no existir tal luz y tales rayos, los seres tampoco existirían. No hay ser que no reciba y manifieste algún rayo de esta luz. Mas los esplendores de las perfecciones, generosidades y atributos de Dios brillan y resplandecen en y desde la realidad del Hombre Perfecto, esto es, el Único, la Manifestación Suprema de Dios. Los demás seres reciben solamente un rayo; pero la Manifestación Suprema es el espejo donde se tornan diáfanos todos los atributos, perfecciones, signos y maravillas del Sol.
El conocimiento de la Realidad de la Divinidad es imposible e inalcanzable; no así el conocimiento de las Manifestaciones de Dios, que es equivalente al conocimiento de Dios, ya que las generosidades, esplendores y atributos divinos están manifiestos en Ellas. La persona que logra conocer a las Manifestaciones de Dios, alcanza el conocimiento de Dios. Si esa misma persona se muestra negligente en conocer a las Santas Manifestaciones, se verá privada del conocimiento de Dios. Queda entonces confirmado y probado que las Santas Manifestaciones son el centro de la munificencia, los signos y las perfecciones de Dios. ¡Benditos sean quienes reciben la luz de la munificencia divina de los luminosos Puntos de Alborada! (Abdu´l Bahá).
En las escrituras baháis DIOS no es solamente el Creador acerca de quien Bahá u lláh declara: “ ¿Qué poder puede poseer la efímera criatura al estar cara a cara con Aquél Quien es el increado? ” si no también el Hacedor y el modelador, “el Hacedor de la tierra y el cielo”, en otras palabras, de lo visible, lo tangible, y lo invisible, lo espiritual. DIOS es también el “Modelador del Universo”, lo que expresa un sentido de artesanía, de un artista y su obra, de una consciencia directa de lo que Él llama “el Antiguo Ser”, interesado en Su obra, no un Ser antropomórfico (referente, a las cualidades del hombre), sino una “Esencia Infinita”, una “Eterna Esencia de Esencias”, una “Esencia incognoscible”, Quien es el “Origen de todas las cosas”, a Quien Bahá u lláh se dirige como:
El Orbe central del universo, su Esencia y Fin último.
¡Tú, en cuya mano están los dominios de la revelación y de la creación y los reinos de la tierra y del cielo!
¡OH DIOS, que eres el Autor de todas las Manifestaciones, el Origen de todos los Orígenes, la Fuente de todas las Revelaciones, el Manantial de todas las Luces!
El “Manantial de todas las Luces” tiene casi consecuencia científica si se piensa en las nebulosas y los millones de universos-isla, pero para Bahá u lláh es una descripción de DIOS. También lo es “el Poseedor de la creación entera”, Aquél que está “más cerca de todas las cosas que lo están ellas de si mismas”. Por cierto es una relación muy personal la que aparece en las Palabras ocultas de Bahá u lláh): “Amé tu creación, por eso te creé”. DIOS es Aquél “a Cuyo conocimiento nada escapa y a Quien nadie puede frustrar”.

Aquél con Quien nadie puede compararse, a Quien no puede ser unidos socios, El Soberano
Protector de todos los hombres y el encubridor de sus pecados.
“Todo cuanto existe en el cielo y la tierra, lo he ordenado para ti, no a si el corazón humano,
Que lo he predestinado como aposento de mi belleza y de Mi gloria, más tú has dado a otro Mí
Albergue y mi morada. Y siempre que la Manifestación de Mí santidad, ha buscado su propio
Hogar, ha hallado ahí un extraño y se ha apresurado sin abrigo al Santuario del Bien amado,
No obstante he guardado tu secreto no he deseado tu vergüenza y más de un amanecer desde
El Reino del infinito Me he presentado a tu morada encontrándote en el lecho del ocio
Entretenido con otros. Entonces, como un destello del Espíritu regrese a la esfera de la Gloria
Celestial y en Mi Reino no lo di a conocer a las huestes de los Santos. (Baháulláh).
La manera fundamental mediante la que nos ponemos en contacto con la realidad de las cosas es comprendiendo cual es su propósito; Nuestro propósito es conocer y amar a DIOS. Nuestra realidad es expresar ese conocimiento y amor, reflejando los atributos de DIOS, una capacidad que senos ha dado.
Habiendo creado el mundo y todo lo que en el vive y se mueve, Él, por intermedio de la acción directa de su ilimitada y soberana voluntad, escogió conferirle al hombre la distinción y capacidad única de conocerle y amarle, una capacidad que debe necesariamente ser considerada el impulso generador y el objetivo primordial que sostiene la creación entera… Sobre la más íntima realidad de cada cosa creada, Él ha derramado la luz de uno de sus nombres y la ha hecho un recipiente de la gloria de uno de sus atributos. Sobre la realidad del hombre, sin embargo, Él ha concentrado el esplendor de todos sus nombres y atributos y ha hecho a esta un espejo de su propio Ser. De todas las cosas creadas solo el hombre ha sido escogido para recibir tan gran favor y tan perdurable generosidad. (Bahá ´ u ´ lláh).
Bahá ´ u ´ lláh, muestra la interrelación que existe en toda la creación en el hecho de que cada cosa ha sido creada con la capacidad de reflejar uno de los atributos de DIOS y uno de sus nombres, y en el ápice de la creación se encuentra el hombre que ha sido dotado con la capacidad de reflejar todos sus atributos. Por lo tanto, el saber cuales son estos atributos y que es lo que hemos de hacer para desarrollarlos es una parte vital del proceso de comprender cual es el propósito de DIOS para el hombre.
Sin tal comprensión no podemos tener conciencia de tener un destino, ni poder para cambiar el mundo.
¡OH hijo del Ser!
A mame, para que YO te ame. Si tú no Me amas, Mi amor no puede de ningún modo alcanzarte.
Sábelo, OH siervo. (Baháulláh; Las palabras ocultas).

La relación entre DIOS y la humanidad, Sus criaturas:
Todas las criaturas emanan de Dios, o lo que es igual, todas las cosas se realizan por medio de Dios y por su intermedio todos los seres han sido llamados a la existencia. La primera emanación de Dios es esa realidad universal que los filósofos de la antigüedad llamaban "Mente Primordial" y los bahá'ís denominan "Voluntad Primera". Dicha emanación, en lo que concierne a su acción en el mundo de Dios, no está limitada ni por el tiempo ni por el lugar; no tiene principio ni fin (principio y fin, respecto de Dios, son uno). La preexistencia de Dios es una preexistencia esencial y temporal. Por otro lado, la accidentalidad de lo contingente es esencial y no temporal.

Aunque la "Mente Primordial" carece de principio, no por ello es copartícipe de la preexistencia de Dios, pues la existencia de la realidad universal, en relación con la existencia de Dios nada es, y no tiene capacidad de llegar a ser socio de Dios ni de ser como Él en cuanto a la preexistencia.
La existencia de los seres vivientes consiste en composición; su muerte, en descomposición. No obstante, no cabe destrucción o aniquilamiento absoluto de la materia universal y de sus elementos. Más bien su inexistencia consiste en una transformación o reversión. Por ejemplo, cuando el hombre muere, se convierte en polvo; pero no se convierte en la nada absoluta, sino que continúa existiendo en forma de polvo. Mediante su transformación, lo que era una realidad compuesta se descompone accidentalmente. Lo mismo cabe decir de la aniquilación de los demás seres, por cuanto la existencia no se convierte en la inexistencia absoluta, y la existencia absoluta no deviene existencia. (De los escritos fe, religión bahái)


Jesús Rafael González García
Quiromasajista. escuela de quiromasaje...
Escrito por Jesús Rafael González García
el 27/12/2010

La Creación y la Evolución del hombre.

Bahá'u'lláh nos enseña que el universo no tuvo principio en cuanto a tiempo. Es la perpetua emanación de la Gran Causa Primordial. El Creador siempre tuvo Su creación y siempre la tendrá. Mundos y sistemas pueden venir y desaparecer, pero el universo permanecerá. Todas las cosas que experimentan composición, con el tiempo tienen que sufrir descomposición; pero quedan los elementos componentes. La creación de un mundo, una margarita o un cuerpo humano no es "hacer algo de la nada", sino el proceso de reunir elementos que antes estaban dispersos, el hacer visible algo que antes estaba oculto. Poco a poco los elementos se dispersarán de nuevo; desaparecerá la forma, pero nada se habrá perdido o destruido: nuevas combinaciones surgirán otra vez de las ruinas de las viejas. Bahá'u'lláh confirma a los sabios que aseguran que la Tierra no fue creada hace seis mil años, sino millones y billones de años. La teoría de la evolución no niega el poder creativo. Sólo trata de describir el método de su manifestación; y la maravillosa historia del universo material que el astrónomo, el geólogo, el físico y el biólogo están gradualmente revelando ante nuestra admiración es, si se la aprecia justamente, capaz de despertar una más profunda reverencia y adoración que el crudo y simple relato de la creación que nos dan las Escrituras Hebreas. El antiguo relato en el libro de Génesis tuvo, sin embargo, la ventaja de indicar, por medio de unos cuantos toques audaces de simbolismo, el significado espiritual esencial del relato, así como un gran pintor podría, con unas pocas pinceladas, expresar aquello que otro menos hábil, con el más laborioso detalle, fracasaría en representar. Si los detalles materiales nos ocultan el significado espiritual, entonces es mejor evitarlos; pero si hemos podido comprender el significado espiritual de todo el designio, entonces el conocimiento de los detalles dará a nuestro concepto una maravillosa riqueza y esplendor y lo convertirá en un cuadro magnífico en vez de un simple bosquejo.

'Abdu'l-Bahá dice:

Has de saber que una de las verdades espirituales más abstrusas es ésta: que el mundo de la existencia -es decir, este universo infinito- no tiene principio...

Has de saber que... Un creador sin criatura no puede existir; un proveedor sin nadie a quien proveer no puede concebirse, pues todos los nombres y atributos divinos suponen la existencia de seres. Si nos imaginamos que en alguna época no hubo seres, tal imaginación sería la negación de la Divinidad de Dios. Además, la no existencia absoluta no puede llegar a la existencia. Si los seres no existieran en absoluto, la existencia no habría llegado a ser. Por lo tanto, como la Esencia de Unidad -esto es, la existencia de Dios- es eterna e inmortal -es decir, no tiene principio ni fin-, es indudable que este mundo de la existencia... No tiene principio ni fin. Posiblemente alguna de las partes del universo, una de las esferas, por ejemplo, se forme o se desintegre, pero las otras interminables esferas aún existen... Como cada esfera tiene un comienzo, necesariamente tiene un fin, porque todo lo compuesto -ya sea en forma colectiva o individual- debe necesariamente descomponerse; la única diferencia radica en que algunos se descomponen rápidamente y otros más lentamente; pero es imposible que algo compuesto no se descomponga con el tiempo. (Contestación a unas preguntas por Abdúl-Bahá).

La Evolución del Hombre:

Bahá'u'lláh también confirma al biólogo que encuentra en el cuerpo del hombre una historia que data, a través del desarrollo de las especies, de millones de años. A partir de una forma sencilla y aparentemente insignificante, el cuerpo humano muestra un desarrollo etapa por etapa en el curso de incontables generaciones, haciéndose más y más complejo y cada vez mejor organizado, hasta que llega al hombre de nuestros días. Cada cuerpo humano, individualmente, se desarrolla a través de tal serie de etapas, de un insignificante átomo gelatinoso hasta llegar al hombre completamente desarrollado. Si esto es cierto en el caso del individuo, como nadie puede negar, ¿Por qué hemos de considerar denigrante para la dignidad humana el admitir un desarrollo igual para la especie? Esto es muy distinto a declarar que el hombre desciende del mono. El embrión humano puede en cierta época parecerse a un pez con agallas y cola, pero no es un pez. Es un embrión humano. Así la especie humana,200 en las diferentes etapas de su largo desarrollo, puede haberse parecido, a primera vista, a las especies de animales inferiores, pero siempre fue la especie humana, poseyendo un misterioso poder latente de desarrollarse en hombre como lo conocemos ahora; aún más, de desarrollarse en el futuro, como lo esperamos, en algo más elevado.

'Abdu'l-Bahá dice:

Es evidente que este globo terrestre, en su estado actual, no se formó repentinamente, sino que... Atravesó diversas fases hasta que, finalmente, quedó adornado con su perfección actual...

El hombre, al comienzo de su existencia y en la matriz de la tierra -igual que el embrión en la matriz de la madre-, gradualmente creció y se desarrolló, y pasó de una forma a otra... Hasta que apareció con esta belleza y perfección, esta fuerza y este poder. Seguramente en el principio no tuvo esta belleza, hermosura y elegancia, y que no alcanzó esta forma, aspecto, belleza y hermosura sino gradualmente.

La existencia del hombre en esta tierra -desde el principio hasta que alcanza este estado, forma y condición- necesariamente es de larguísima duración... Pero desde el comienzo de su existencia el hombre ha sido un género aparte... Admitir que en realidad existen (en el cuerpo humano) vestigios de órganos que han desaparecido, no constituye prueba de que el género no tenga permanencia o que no sea original. A lo sumo, prueba que la forma y la figura y los órganos del hombre han progresado. El hombre fue siempre un género aparte: hombre, no animal.

El espíritu del hombre aparece y se manifiesta en la condición de embrión y por supuesto de la niñez, llegando a tener un desarrollo sin límite en esta vida con su cuerpo material y después de dejar su cuerpo material, en otros mundos de Dios, en otros planos, su evolución es indefinida, el espíritu humano o el alma es eterno y siempre viviente.

El espíritu debe ayudar al cuerpo en ciertas circunstancias, porque por sí mismo, el cuerpo no resiste la presión de ciertas penalidades. En la medida que el cuerpo humano es débil , el espíritu del hombre es fuerte, posee una fuerza sobrenatural que trasciende todo lo contingente, tiene vida inmortal que nada puede destruir o pervertir... ¡Cuán poderoso es el espíritu del hombre en comparación con su débil cuerpo! (Addul-Baha).

EL UNIVERSO NO TIENE PRINCIPIO

EL ORIGEN DEL HOMBRE

Has de saber que una de las verdades espirituales más abstrusas es que el mundo de la existencia, es decir, este universo infinito, no tiene principio.

Ya hemos explicado que los mismos nombres y atributos de la Divinidad requieren la existencia de seres. Aunque este tema ya ha sido tratado con detalle, volveremos a hablar de él brevemente.

Has de saber que un educador sin alumnos resulta inconcebible; un monarca sin súbditos sería una imposibilidad; un maestro sin estudiantes no tendría sentido; un creador sin criaturas sería contradictorio; un proveedor sin alguien a quien proveer no se explicaría. Los nombres y atributos divinos requieren la existencia de seres. Si pudiera imaginarse un tiempo cuando los seres no existían, tal imaginación sería la negación misma de la divinidad de Dios. Por otro lado, la inexistencia absoluta no puede devenir existencia. Si los seres no existieran en grado absoluto, la existencia no hubiese llegado a ser. Por tanto, como la Esencia de la Unidad (esto es, la existencia de Dios) es sempiterna y eterna, o sea sin principio ni fin, resulta indudable que este mundo de la existencia, este universo sin límites, no tiene ni principio ni fin. Por supuesto, es posible que alguna de las partes del universo, una de las esferas, por ejemplo, pueda haberse formado, o pueda desintegrarse, pero las demás incontables esferas continuarían existiendo sin que por ello el universo se viera convulsionado o destruido. Por el contrario, la existencia es eterna y perpetua. Así como cada esfera tiene su comienzo, necesariamente tendrá un final, porque todo lo compuesto, ya sea en forma colectiva o individual, debe necesariamente descomponerse. La única diferencia es que algunas cosas se descomponen rápidamente, y otras más lentamente; pero es imposible que un ser compuesto finalmente no se descomponga.

Por lo tanto, es menester conocer qué fueron originalmente cada una de los seres de esta exaltada existencia. No cabe duda de que en el principio el origen era uno: el origen de todos los números es el uno, no el dos. Luego resulta evidente que en el principio hubo una materia única y que esta materia única adquirió una forma determinada en cada elemento. De esta manera, surgieron formas diferenciadas; formas diferenciadas que a medida que se producían iban independizándose. Los elementos se especializaban. Pero este proceso de independización no ocurrió, ni se consolidó, ni llegó a la existencia perfecta sino después de muchísimo tiempo. Los elementos se ordenaron, organizaron y combinaron en una infinidad de formas; o más bien, de la composición y combinación de estos elementos, aparecieron innumerables seres. Esta composición y ordenamiento se convirtió en un orden natural merced a la sabiduría de Dios y a su poder preexistente. Puesto que dicho orden natural se compuso y combinó con una unidad perfecta a tenor de una sabiduría y ley universales, resulta evidente que ese orden es obra de Dios, y no una composición y ordenamiento fortuitos. Por esta razón, de toda composición natural puede surgir un ser a la existencia; no así, en cambio, de una composición accidental. Por ejemplo, si un hombre, por medio de su propia mente e inteligencia, reúne y combina algunos elementos, ningún ser surgirá a la existencia, por cuanto el sistema no es natural. Esta es la respuesta a la pregunta implícita referente a si las existencias se producen por composición y combinación de elementos, dado que no es posible que reuniendo y mezclando esos mismos elementos se pueda crear un ser viviente. Tal suposición no tiene fundamento, pues el origen de esta composición proviene de Dios. Es Dios el que realiza la combinación de acuerdo con el sistema natural; pues de cada composición se genera un ser y se crea una existencia. Ya que el hombre no puede crear, una composición realizada por éste no produce nada.

En resumen, hemos dicho que de la composición y combinación de elementos, de su composición y proporciones así como del influjo que reciban de otros seres, han surgido formas, realidades infinitas e incontables existencias. Sin embargo, es obvio que este globo terrestre o existencia universal no adquirió su forma actual súbitamente, sino que atravesó gradualmente por varias etapas, hasta quedar engalanado con su actual perfección. Las existencias universales se asemejan y pueden ser comparadas con las existencias particulares, pues ambas están sujetas a un sistema natural, a una ley universal, y a una organización divina. Así hallarás que los más pequeños átomos del sistema universal son similares a las más grandes existencias del universo. Es notorio que estas últimas se crean en el seno una fábrica única y poderosa, bajo un mismo orden natural y una misma ley universal. De ahí que unos y otros sean comparables. Por ejemplo, en la matriz de la madre el embrión humano suele crecer y desarrollarse gradualmente, pasando por diferentes estados, hasta que, finalmente, cuando se encuentra en el apogeo de la belleza, logra la madurez haciendo acto de presencia con perfecta apariencia y con la mayor gracia. De igual modo, la semilla de esta flor que observas no era al principio más que un ser humilde e insignificante; pero creció y se desarrolló en el seno de la tierra, apareció en diferentes formas, hasta que dio con esta condición de lozanía y gracia perfectas. De igual manera, es evidente que este globo terrestre, tras haber alcanzado la existencia, creció y se desarrolló en el seno del universo, atravesando una variedad de formas y condiciones, hasta lograr gradualmente su actual perfección, y llegar a engalanarse con incontables seres y aparecer como una organización consumada.

Por consiguiente resulta claro que la materia original, al igual que un embrión, estuvo constituida por elementos combinados y compuestos primordiales. Dicha composición creció y se desarrolló gradualmente durante el transcurso de numerosas edades y ciclos, pasando de un aspecto y condición a otro, hasta aparecer con la perfección, orden, disposición y concierto actuales gracias a la suprema sabiduría de Dios.

Pero retornemos al objeto de nuestro tema, a saber: que el hombre, al comienzo de su existencia en la matriz de la tierra, al igual que el embrión en la matriz de la madre, creció y se desarrolló gradualmente, pasando de una forma a otra, de una condición a otra, hasta manifestarse con la belleza, perfección, fuerza y poder presentes. Seguramente, en un principio el hombre no poseía ese encanto, gracia y elegancia. Sólo de manera gradual llegó a poseer la figura, forma, belleza, gracia y elegancia. No hay duda de que el embrión humano no apareció de una vez con el aspecto actual, ni fue entonces la manifestación de las palabras; "Bendito, por tanto, sea Dios, el más excelente de los Creadores. " De un modo escalonado atravesó condiciones y estados varios, hasta dar con la forma, belleza, perfección, gracia y encanto de ahora. Queda probado, pues, que el desarrollo del hombre sobre la tierra hasta su estado de perfección actual es comparable al crecimiento y desarrollo del embrión en la matriz de la madre: gradualmente transitó de una condición a otra, de una forma a otra, de un aspecto a otro, pues ello está de acuerdo con los requisitos de la ley divina y de un orden universal.

Es decir, el embrión pasa por diferentes estados y atraviesa numerosos grados hasta que los signos de la razón y la madurez aparecen y hasta alcanzar esta forma actual en la que se hacen manifiestas las palabras: "Alabado sea Dios, el mejor de los Creadores". De igual manera, la existencia del hombre en esta tierra, desde el comienzo hasta que logra el estado, forma y condición presentes, data necesariamente de mucho tiempo atrás y ha atravesado muchos grados antes de llegar a esta condición. Ello no obstante, el hombre constituye desde el comienzo de su existencia una especie diferente. De igual modo, el embrión humano posee al principio una forma extraña en la matriz de la madre; luego el embrión pasa de una forma a otra, de un estado a otro para finalmente manifestarse con la mayor belleza y perfección. Pero aun estando en la matriz de la madre, con esa forma extraña, enteramente diferente de la que será su figura, continúa siendo el embrión de una especie superior y no de un animal. Su rango y esencia no sufren cambio alguno. Ahora bien, admitir que existen vestigios de órganos que actualmente han desaparecido, no constituye prueba de la transitoriedad y falta de singularidad de las especies. A lo sumo, prueba que la forma, figura, órganos humanos han progresado. El hombre fue siempre una especie distinta, hombre no animal. De modo que si el embrión humano pasa en la matriz de la madre de una forma a otra, al punto de que la forma posterior en nada se parece a la anterior ¿Es esto acaso una prueba de que la especie haya cambiado, de que al principio fuese un animal y de que sus órganos hayan progresado y se han desarrollado hasta convertirse en el hombre? ¡No, por cierto! ¡Cuán trivial y carente de fundamento es tal pensamiento! La prueba de la singularidad del género humano e independencia de la naturaleza humana resulta evidente y notoria.

(Abdu'l-Baha, Contestación a unas preguntas)

Bahá'u'lláh: Significa "La gloria de Dios". Profeta Fundador de la Fe Bahá'í y la Manifestación de Dios para este Día. Nació Mírzá Husayn-'Alí el 12 de noviembre de 1817 a una familia de la nobleza del distrito de Núr en Mazindarán, Persia. Su madre fue Khadíjih Khánum y su padre Mírzá Buzurg-i-Vazír, un cortesano. Padeció cuarenta años de sufrimientos, encarcelamientos, tribulaciones, destierros y cautiverio. Era el Prometido del Báb. Falleció en la Mansión de Bahjí a la edad de setenta y cuatro años el 29 de mayo de 1892. En su Testamento. "El Libro de Mi Convenio". Bahá'u'lláh nombró a su hijo mayor, 'Abdu'l-Bahá como Sucesor e Intérprete autorizado de sus Enseñanzas. Los Escritos de Bahá'u'lláh son numerosos y pasan de 15. 000 Tablas ya coleccionadas.

'Abdu'l-Bahá: Literalmente significa el Siervo de la Gloria (Bahá). El Hijo mayor de Bahá'u'lláh. En el "Kitáb-i-Ahdi" (el Libro de Mi Convenio) Bahá'u'lláh lo nombró como el sucesor e Interprete autorizado de sus Escritos, el Ejemplo perfecto de su Fe y el Centro de su Convenio. Era también "la Más Grande Rama". Nació el 23 de Mayo de 1844 y falleció el 28 de Noviembre de 1921. Sus restos descansan en una bóveda en el Santuario del Báb sobre Monte Carmelo en Haifa, Israel.

(Libros Baha'is, fe bahái Baha'u'llah y la Nueva Era JE Esslemont)


Jesús Rafael González García
Quiromasajista. escuela de quiromasaje...
Escrito por Jesús Rafael González García
el 27/12/2010

El hombre no puede llegar directamente a DIOS, si no es atravez de sus manifestaciones divinas.

El mundo de la existencia precisa extremadamente de un educador, y que su educación debe llevarse a cabo por medio del poder divino. No existe duda de que este poder sagrado es la revelación, y que el mundo ha de ser educado por medio de ese poder, un poder que se encuentra muy por encima del poder humano. (Contestaciones a unas preguntas, Abdul´ l Bahá).

Krishna-3000 antes de Cristo. Moisés-1500 a.c. Zoroastro-900 a.c Buda-500 a.c. -Jesucristo- Mahoma-622 después de Cristo. El Báb- 1844 d.c. Y Bahá’u’lláh(La gloria de DIOS) 1863 d.c.

Bahá'u'lláh enseña que Dios ha ido educando a la humanidad a lo largo de la historia, mediante el envío de Mensajeros o Profetas a distintos pueblos y naciones. Cada uno de estos Mensajeros o Manifestaciones de Dios ha traído las enseñanzas de Dios adecuadas a la mentalidad o coyuntura histórica del pueblo para el que fueron reveladas. Cuando la civilización evoluciona y requiere nuevos conocimientos y leyes, un nuevo Mensajero surge entre los seres humanos para revelar nuevas enseñanzas. Por esta razón no hay motivo para la discordia religiosa, pues todos los grandes Mensajeros provienen de un único Dios y obedecen a un mismo propósito. Bahá'u'lláh, el Mensajero de Dios para nuestra época, declara: ''No puede haber duda alguna de que los pueblos del mundo, de cualquier raza o religión, derivan su inspiración de una única Fuente celestial y son los súbditos de un solo Dios. La diferencia entre las ordenanzas a las que están sometidos debe ser atribuida a los requisitos y exigencias variables de la época en la que fueron reveladas. ‘‘


La religión es una escuela espiritual en la cual la humanidad recibe enseñanzas divinas y progresa en cuerpo y

alma. El fundador de esta escuela es Dios. Los seres humanos tienen que pasar por esta escuela divina si es que buscan el progreso y la felicidad. La religión debería unir a todos los corazones y hacer que las guerras y las

disputas se desvanecieran de la faz de la tierra, dando nacimiento a la espiritualidad, confiriendo vida y luz a cada corazón. Si la religión se convierte en causa de aversión, de odio y de división, sería mejor no tener ninguna y apartarse de semejante religión sería un acto verdaderamente religioso. Pues está claro que el propósito de un remedio es curar; pero si el remedio sólo sirve para agravar la enfermedad sería mejor desecharlo. Una religión que no sea causa de amor y unidad no es una religión. Todos los santos profetas fueron como médicos para el alma; prescribieron un tratamiento para la curación de la humanidad; por tanto, cualquier remedio que cause enfermedad no proviene del gran Médico Supremo. (Abdu'l-Baha)


La necesidad de un Educador Divino:

Cuando reflexionamos acerca de la existencia, vemos que los reinos mineral, vegetal, animal y humano requieren un educador.
La tierra inculta se convierte en una selva donde crecen las malezas; pero si se encuentra un agricultor que la cultive, produce cosechas con que alimentar a las criaturas vivientes. Por tanto, es evidente que el suelo requiere la labranza del agricultor. Fíjate en los árboles: si no tienen quien los cultive no llegan a fructificar, y sin fruto resultan inútiles. En cambio, si reciben el cuidado de un jardinero, los árboles antes estériles dan frutos. Gracias al cultivo, los abonos y los injertos, los árboles que sólo entregaban frutos amargos los entregan dulces. Estos son argumentos racionales. Hoy día los pueblos del mundo necesitan argumentos basados en la razón.
Sucede lo mismo con respecto a los animales. Observa el modo como el animal se vuelve dócil cuando se le amaestra. Así también con el hombre: si no recibe educación se vuelve bestial. Es más, si permanece bajo el dominio de la naturaleza, llega a ser inferior al animal, mientras que si es educado, se convierte en un ángel. La mayor parte de los animales no devoran a los de su propia especie; pero los hombres del Sudán, en África Central, se matan y devoran entre sí.
Ahora bien, observa que es la educación la que hace que Oriente y Occidente estén bajo la autoridad del hombre; la que produce industrias maravillosas; la que difunde las gloriosas ciencias y artes; la que hace que se manifiesten nuevos descubrimientos e instituciones. Si no existiera un educador, no habría humanidad, civilización o comodidades. Un hombre abandonado en un yermo donde no llegara a conocer a ninguno de sus semejantes, se convertiría a no dudarlo en una simple bestia. Resulta evidente, pues, que hace falta un educador.
Ahora bien, la educación es de tres clases: material, humana y espiritual. La educación material se ocupa del progreso y desarrollo del cuerpo (mediante el alimento, comodidad y tranquilidad materiales). Tal educación es común a hombres y animales.
La educación humana comporta civilización y progreso, o lo que es lo mismo, administración, obras benéficas, comercio, artes y oficios, ciencias, grandes inventos, descubrimientos e instituciones especiales, actividades todas propias del hombre y que lo distinguen del animal.
La educación divina es la que procede del Reino de Dios. Se trata de la verdadera educación y consiste en la adquisición de las perfecciones divinas. En efecto, en ese estado el hombre se convierte en el centro de las bendiciones divinas, en la manifestación de las palabras "hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza".
Necesitamos un educador que sea al mismo tiempo educador en los dominios material, humano y espiritual, cuya autoridad sea eficaz en todas las condiciones. En este sentido, si alguien adujese "yo poseo comprensión e inteligencia perfectas; no necesito tal educador", negaría lo que es claro y evidente. Sería como si un niño dijera "no me hace falta la educación; voy a actuar de acuerdo con mi entendimiento e inteligencia y así obtendré las perfecciones de la existencia"; o como si un ciego afirmase "yo no necesito los ojos pues hay ciegos que viven sin problemas".
A tenor de lo dicho, resulta evidente que el hombre necesita un educador que sea incuestionable e indudablemente perfecto en todo respecto, un educador que se distinga por sobre todos los hombres. De no ser así, si fuese como el resto de la humanidad, no sería su educador. Ello resulta tanto más cierto si se tiene en cuenta que el educador lo es en lo material, humano y espiritual. Es decir, el educador debe enseñar a los hombres a conformar un orden social, a organizar y conducir los asuntos materiales de modo y manera que la solidaridad y la ayuda mutua tomen cuerpo, y los asuntos materiales sean organizados en previsión de cualquier eventualidad. Análogamente, el educador ha de serlo en lo humano, en otras palabras, debe educar la inteligencia y el pensamiento de modo tal que alcancen un desarrollo completo, para que así la ciencia y el conocimiento se ensanchen, y la realidad de las cosas, los misterios de los seres y las propiedades de la existencia lleguen a ser descubiertos; para que día a día la educación, los inventos y las instituciones mejoren, haciendo posible que partiendo de las cosas perceptibles puedan extraerse conclusiones intelectuales.
Además, el educador, debe impartir la educación espiritual, para que la inteligencia y la comprensión lleguen a penetrar en el mundo metafísico, y beneficiarse mediante la brisa santificadora del Espíritu Santo y establecer relación con el Concurso Supremo. Debe educar de tal manera la realidad humana que ésta se convierta en el centro de la aparición divina, en grado tal que los atributos y nombres de Dios resplandezcan en el espejo de la realidad del hombre, cumpliéndose así el santo versículo "hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza".
Es evidente que el poder humano no alcanza a cumplir una misión tan elevada, y que la razón por sí sola no podrá asumir una responsabilidad tan pesada. ¿Cómo es posible que una persona completamente sola, sin ayuda ni respaldo alguno, establezca los cimientos de tan noble construcción? Para acometer esa tarea se requiere alguien que dependa de la ayuda del poder espiritual y divino. Una sola Alma Santa confiere vida al mundo de la humanidad, muda el aspecto del globo terrestre, hace que progrese la inteligencia, establece los criterios de la vida nueva, establece nuevos cimientos, organiza el mundo, reúne a las naciones y religiones bajo la sombra de un mismo estandarte, libera al hombre del mundo de las imperfecciones y vicios para inspirarlo con el deseo y la necesidad de las perfecciones naturales y adquiridas. A decir verdad, nada que no sea un poder divino podría realizar tamaña empresa. Deberíamos sopesar lo dicho con justicia, pues tal es la función de la justicia.
¡Sin ayuda ni concurso ajeno, una sola Alma Santa puede promover una Causa que los gobiernos y pueblos del mundo se hayan visto incapaces de difundir valiéndose de todas sus fuerzas y ejércitos! ¿Hay acaso poder humano capaz de conseguir esto? ¡No, en el nombre de Dios! Por ejemplo, Cristo, solo y desasistido, enarboló el estandarte de la paz y la equidad, hazaña ésta que los gobiernos victoriosos, con todas sus huestes, no habrían logrado realizar. Piensa en el destino de tantos y tan diferentes imperios y pueblos: el Imperio Romano, Francia, Alemania, Rusia, Inglaterra, todos ellos fueron congregados bajo un mismo pabellón. Es decir, la aparición de Cristo produjo una unión tal entre esta diversidad de naciones como para que, bajo su influjo, algunas llegasen a sacrificar sus vidas y posesiones en aras de las otras. Después de la era de Constantino, responsable de la exaltación del cristianismo, surgieron divisiones en el seno de la cristiandad. Me explico, si bien Cristo unió a estas naciones, poco después de cierto tiempo, los gobiernos se convirtieron en fuente de discordias. Dicho de otra manera, Cristo sostuvo una Causa que los reyes todos de la Tierra no lograron establecer: unió las distintas religiones, cambió las costumbres ancestrales. Considera cuán grandes eran las diferencias que existían entre los romanos, griegos, sirios, egipcios, fenicios, israelitas y otros pueblos de Europa. Cristo eliminó tales diferencias transformándose en causa de amor entre los citados pueblos. Si bien pasado algún tiempo, los gobiernos destruyeron la unión así lograda, la obra de Cristo fue llevada a término.
Por consiguiente, el Educador Universal debe serlo al mismo tiempo en lo material, humano y espiritual, y debe poseer un poder sobrenatural para ocupar la posición del maestro divino. Si no manifestase ese poder santificado, no podría educar; pues si fuese imperfecto ¿Cómo habría de conferir una educación perfecta? Si fuese ignorante ¿Cómo podría conferir sabiduría a los demás? Si fuese injusto ¿Cómo podría conseguir que otros se volvieran justos? Si fuese mundano ¿Cómo habría de hacer para que los demás se volvieran celestiales?
Reflexionemos entonces con imparcialidad: ¿Han estado dotadas o no han estado dotadas las Manifestaciones Divinas de los citados requisitos? Si no hubieran poseído tales requisitos, no habrían sido verdaderos Educadores.
Por tanto, ha de ser nuestra la tarea de demostrar a los reflexivos, mediante argumentos racionales, la condición profética de Moisés, de Cristo y de las demás Manifestaciones Divinas. Las pruebas que aportamos no se basan en argumentos tradicionales, sino en argumentos racionales.
Ya se ha demostrado con argumentos racionales que el mundo de la existencia precisa extremadamente de un educador, y que su educación debe llevarse a cabo por medio del poder divino. No existe duda de que este poder sagrado es la revelación, y que el mundo ha de ser educado por medio de ese poder, un poder que se encuentra muy por encima del poder humano.
(Contestaciones a unas preguntas, Abdu´ l Bahá).



Jesús Rafael González García
Quiromasajista. escuela de quiromasaje...
Escrito por Jesús Rafael González García
el 27/12/2010

El espíritu Santo

Es el mediador entre Dios y sus criaturas. El Espíritu Santo atavía al mundo del ser con vestidura digna de alabanza, disipa la oscuridad de la ignorancia y provoca la irradiación de la luz de las virtudes. Todas la Manifestaciones Divinas, están investidas con el mismo y único Espíritu Santo. Todas las Manifestaciones Divinas, Profetas, Fundadores de la grande religiones que en definitiva es la misma religión de Dios, revelada progresivamente y de acuerdo a las necesidades de la época, trayendo éstas Revelaciones, leyes y enseñanzas para el progreso de la humanidad tanto material, como, espiritual: Enob(Sabeanismo),

Krishna(Hinduismo). Abraham,Moisés(Judaísmo),Zoroastro(Zoroatriana),Buda(Budismo),Jesucristo(Cristianismo),

Muhammad(Islam),EL Báb(Babismo) y Bahá’u’lláh(Fe Bahai).

Todas las Manifestaciones Divinas, acampadas por el poder celestial y por las huestes de la vida sempiterna, han establecido el trono del Reino Divino en el centro del mundo y por el poder del Espíritu Santo han revivido las almas, estableciendo así un nuevo ciclo. Por eso, Dios, solo puede ser comprendido y conocido en una parte proporcional al entendimiento humano, como parte de la creación, a través de Las Manifestaciones Divinas. La Realidad de la Deidad (Dios) está santificada y se encuentra más allá de toda alabanza.

La totalidad de los atributos supremos de los grados de la existencia comparados con este plano, no son sino imaginaciones. Dicha realidad es invisible, incomprensible, inaccesible, constituye una esencia que no cabe describir, pues la Esencia Divina abarca todas las cosas. Verdaderamente lo abarcador es más grande que lo abarcado y lo abarcado no puede abrazar a lo que abarca ni comprender su realidad por mucho que la mente progrese, aunque alcance la cima de la comprensión y el límite del entendimiento, tan sólo ha de llegar a contemplar los signos y atributos Divinos del mundo de la creación, no los del mundo Divino, pues, la esencia y los atributos del Señor de la unidad, ocupa la cima de la Santidad.

No hay manera de que las mentes y la comprensión sean capaces de aproximarse a esa posición. Comprobamos que todo lo que es inferior se revela impotente para comprender la realidad de lo que es más elevado, así, la piedra, la tierra y el árbol por más que evoluciones, no pueden comprender la realidad del hombre ni entra en ellos el imaginar los poderes de la vida, oído y demás sentidos, si bien todos ellos son igualmente creados, por tanto ¿Cómo puede el hombre, habiendo sido creado, comprender la realidad de la Esencia pura de su Creador. Ese plano es inalcanzable para el entendimiento humano. No hay explicación que lo haga comprensible, ni poder que lo señale. Los ojos no Le ven (a Dios), más Él ve a los ojos. Él es el Omnisciente, el Conocedor.

Todas las perfecciones, mercedes y esplendores que provienen de Dios se tornan visibles y manifiestos en la realidad de las Santas Manifestaciones, tal como el sol resplandece en un limpio espejo con todas sus perfecciones y sus gracias. Así pues todo lo que la realidad humana conoce, descubre y comprende de Dios, se refiere a las Santas Manifestaciones.

El espíritu del hombre aparece y se manifiesta en la condición de embrión y por supuesto de la niñez, llegando a tener un desarrollo sin límite en esta vida con su cuerpo material y después de dejar su cuerpo material, en otros mundos de Dios, en otros planos, su evolución es indefinida, el espíritu humano o el alma es eterno y siempre viviente.

Jesús Rafael González García
Quiromasajista. escuela de quiromasaje...
Escrito por Jesús Rafael González García
el 27/12/2010

La Manifestación de Dios:
Algo común a todos los fieles de cualquiera de los sistemas religiosos del mundo es el convencimiento de que a través de la Revelación Divina el alma entra en contacto con el mundo de Dios y que es esta relación la que da un sentido verdadero a la vida. Algunos de los pasajes más importantes de los escritos de Bahá'u'lláh son los que exponen extensamente la naturaleza y el papel de aquellos que son los canales de esta Revelación, los Mensajeros o "Manifestaciones de Dios". Una analogía que se encuentra repetidamente en estos pasajes es la del sol físico. Mientras éste comparte ciertas características con otros cuerpos del sistema solar, difiere sin embargo de ellos en que es, en sí mismo, la fuente de luz del sistema. Los planetas y satélites reflejan la luz, mientras que el sol la emite como un atributo inseparable de su propia naturaleza. El sistema gira alrededor de este punto focal y cada uno de sus miembros no sólo es influido por su composición particular, sino también por la fuente de luz del sistema.
Del mismo modo, afirma Bahá'u'lláh, la personalidad humana que la Manifestación de Dios comparte con el resto de la humanidad se diferencia de las otras de tal modo que la hace adecuada para servir como canal o vehículo para la Revelación de Dios. Las referencias aparentemente contradictorias respecto a esta doble posición atribuida, por ejemplo, a Cristo han sido una de las muchas fuentes de confusión y disensión religiosas a través de la historia. Bahá'u'lláh dice sobre el tema:
Todo lo que hay en los cielos y todo lo que hay en la tierra es una prueba directa de la revelación de los atributos y nombres de Dios. En un grado sumo, esto es verdadero acerca del hombre, quien, entre todo lo creado, ha sido señalado para la gloria de tal distinción. Pues en él están revelados potencialmente todos los atributos y nombres de Dios en un grado que no ha sido superado ni excedido por ningún otro ser creado. Y de todos los hombres, los más perfectos, los más distinguidos y los más excelsos son las Manifestaciones del Sol de la Verdad. Más aún, todos, excepto estas Manifestaciones, viven por la acción de Su Voluntad y se mueven y existen por las efusiones de Su gracia.
A través de la historia, la convicción de los creyentes de que el Fundador de su propia religión ocupaba una posición única ha tenido el efecto de suscitar una intensa especulación sobre la naturaleza de la Manifestación de Dios. Tal especulación ha sido, sin embargo, seriamente obstaculizada por las dificultades de interpretar y resolver las alusiones alegóricas de las escrituras del pasado. El intento de cristalizar la opinión en forma de dogma religioso ha sido una fuente de división más que de unión en la historia. De hecho, a pesar de la enorme energía dedicada a las actividades teológicas -o tal vez a causa de ello- existen hoy día profundas diferencias entre los musulmanes respecto a la posición precisa de Muhammad, entre los cristianos respecto a la de Jesús y entre los budistas respecto al Fundador de su propia religión. Como es demasiado evidente, las controversias creadas por estas y otras diferencias dentro de una determinada tradición han demostrado ser al menos tan profundas, como las que separan dicha tradición de sus religiones hermanas.
De particular importancia para la comprensión de las enseñanzas de Bahá'u'lláh sobre la unidad de las religiones son Sus declaraciones acerca de la posición de los sucesivos Mensajeros de Dios y sobre la función que han realizado en la historia espiritual de la humanidad:
Las Manifestaciones de Dios tienen, cada una de ellas, una doble posición. Una es la posición de abstracción pura y unidad esencial. En este sentido, si tú las llamas a todas Ellas por un solo nombre y Les asignas los mismos atributos, no te desvías de la verdad.
La otra posición es la de distinción y pertenece al mundo de la creación y sus limitaciones. Respecto a esto, cada Manifestación de Dios tiene una individualidad distinta, una misión definidamente señalada, una revelación predestinada y limitaciones especialmente designadas. Cada una de Ellas es conocida por un nombre diferente y se caracteriza por un atributo especial, cumple una misión definida.
Vistas a la luz de la segunda posición manifiestan servidumbre absoluta, máxima pobreza y completo olvido de Sí mismas. Tal como Él dice: "Soy el siervo de Dios. No soy más que un hombre como vosotros..."
Si alguna de las Manifestaciones universales de Dios declarase: "Yo soy Dios", diría ciertamente la verdad y no cabría duda alguna de ello. Ya que a través de Su Revelación, Sus atributos y nombres manifiestan en el mundo la Revelación de Dios, Sus nombres y Sus atributos. Y si alguno de Ellos pronunciase la expresión: "Yo soy el Mensajero de Dios," también diría indudablemente la verdad. Contemplados bajo esta luz, se ve que todos Ellos no son más que Mensajeros de ese Rey ideal, de esa Esencia inmutable. Y si dijesen: "Somos los siervos de Dios", esto también es un hecho manifiesto e indiscutible. Pues se han manifestado en condición de total servidumbre, una servidumbre tal que ningún hombre puede alcanzar.
De este modo, cualquiera que sea su expresión, ya pertenezca al Reino de la Divinidad, o a la posición de Señor, Profeta, Mensajero, Guardián, Apóstol o Siervo, todo es cierto, sin la menor sombra de duda. Por lo tanto, estos dichos [... ] tienen que ser atentamente considerados, para que las expresiones divergentes de las Manifestaciones del Invisible y Auroras de Santidad dejen de agitar al alma y confundir la mente. (Baha’u’llah)


Egard Alan Pintado Pasapera
Lic. psicología. org. lic. cs. admistr...
Escrito por Egard Alan Pintado Pasapera
el 15/02/2012

Hola Jesús Rafael.

Para saludarte y expresarte mi agradecimiento por participar en el debate al artículo escrito. Quiero referirme, con el mayor respeto, que guardo por las peronas que abren o pretenden abrir ventanas de comunicación. En realidad Rafel todo es bueno, pero nada por exceso ni por defecto. Es decir, un debate consiste en sostener ideas, en el marco de la filosofía o la racionalización, por ello el mejor de los criterios es que se debe ser contundente, sintético, sincrético, claro, lúcido y objetivo.

Usted envia demasiada y amontonada información, a la larga , para mí confundible y poco entendible, lo que me hace sentirme mal porque no me motiva a leer su abarrotada y atolondrada información, que con mucho respeto, para mi, es intrascendente en relación al debate que propongo. En ese marco ahuyentó a los internautas a participra en este debate. Recuerde que no siempre todos los lectores dominan el montón de códigos que usted expresa. Y esto no es adecuado , mi querido amigo, porque de esa manera los debates termina siendo simples monólogos. Ya ve usted escribe y nadie le refuta ¿ ?.

Es un consejo de un amigo conejo. Para este y otros debates, agradeceré a considerar los consejos que aquí alcanzo con la mejor voluntad.

Saludos.

Egard Pintado

Jesús Rafael González García
Quiromasajista. escuela de quiromasaje...
Escrito por Jesús Rafael González García
el 17/11/2012

Mire señor, si no le motiva a leer mi larga exposición, eso demuestra en primer lugar una falta de respeto, de tolerancia, de educacion, de valores... Su presentación no es nada abreviada y un servidor la ha leido, si le molesta que alguien le pueda responder a todas sus interrogaciones, es su problema de tener un gran ego, y creese el centro del mundo, no me extraña que nadie haya seguido participando en el debate despues de haberme constestado a mi al unico debatiente, de esa forma tan mal educada prejuiciosa, cualquiera se atreve a debatir, no por mi si no por su intoleancia, y arrogancia, lo que ha tenido usted que hacer por educación, y miramiento, es haber leido y habar debatido, lo que no se puede es poner normas, de escribir mucho o poco pues ya le digo que su presentación del debate usted no se queda corto y el monologo lo ha hecho usted, el de su larga presentación y no querer responder, y debatir, y de volutad no benga a presumir, pues no la ha tenido para leer lo expuesto por mi, mientras yo si he leido su largaaaaaaaaaa introducion al debate...

Jesús Rafael González García
Quiromasajista. escuela de quiromasaje...
Escrito por Jesús Rafael González García
el 17/11/2012

Y de sicologia, vamos escasito, la licenciatura da un diploma, no da que usted sea un buen profesional , el sicologo nace no se hace, o se tiene sicologia o no se tiene, como usted ha demostrado, usted de sicologia tiene lo que yo de ateo....

Egard Alan Pintado Pasapera
Lic. psicología. org. lic. cs. admistr...
Escrito por Egard Alan Pintado Pasapera
el 18/11/2012

Sr. Rafel

Le expreso mi saludo y respeto su opinión. Usted como yo somos libres de decidir con quién debatir. Si usted cree ser muy caballerito, entonces debe respetar mi derecho. Agradeceré, si le molesto, evite comunicarse conmigo.

Muchas gracias por su comprensión.

Egard.

Jesús Rafael González García
Quiromasajista. escuela de quiromasaje...
Escrito por Jesús Rafael González García
el 19/01/2013

Sr Egard, uste no me molesta, por eso no evito comunicarme con usted, y lo que le mando ahora es corto, tan solo pude escuchar, a si no se cansara mucho, su corta capacidad intelectua, para centrarse a leer algo que por lo que se ve esta fuera de su alcance de compresión y toleracia, por lo que es usted un prejuicioso, con bastante ego, e ignorancia.
Https://www.youtube.com/watch? V=rggrfYsLLd4

Egard Alan Pintado Pasapera
Lic. psicología. org. lic. cs. admistr...
Escrito por Egard Alan Pintado Pasapera
el 24/08/2013

Estimado Rafel.


Para saludarlo, y la verdad le entiendo y también le comprendo. De esta manera usted debe hacerlo para conmigo y no tiene porque molestarse e increparme muchas cosas. Y es cierto debo tener muchos defectos... Es que soy Ser humano. Y si eso le moelsta, con el mayor respeto, simple no me escriba. Yo invito a los internautas de buena fe a hacerlo. Yo no escribo un artículo a debate para pelearme o molestarme. Yo solo he sido muy sincero con usted, y hace mucho tiempo se lo dije, usted escribe demasiadas cosas algunas incomprensibles, pues no todos tenemos la excelente capacida y el conocimiento como el suyo. Por ello es que no leo los casos que usted escribe. Recuerde que este es un debate y se requiere de lucidez, claridad y sincretismo.

Y no lo tome a mal, no he querido ofenderlo, no es mi intención... Es más, no me interesa ni nada me impulsa ofenderlo. Solo que soy sincero, usted escribe muchísimo sobre muchas cosas que los mortales, tal vez, menos inteligentes que usted, no captamos porque no es de nuestro interés.

Rafael, yo me imagino que usted es una buena persona y además inteligente, por ello, para usted no ha de ser nada difícil hacernos entender su opinión utilizando el poder de la sinteisis. Creame es fácil amigo.

La verdad, que si por tonterías y sin conocernos se va a molestar su vida no tiene sentido caer en ese juego que para los demás internautas podemos caerles en lo ridículo. Yo ppor ejemplo jamás le he respondido nada de nada por respeto y deferencia.... Eso era nada más mi querido amigo.


Gracias por su comprensión.


Egard Pintado.