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Grupo de Panadería y bollería



“Científico y comprobado” (¿?)

Francisco José
Ciencias contables y económicas autodi...
Escrito por Francisco José Rodríguez Valero
el 16/06/2010

16/06/10. - En pleno centro de Caracas hay un espacio secreto donde el tiempo se detiene, las costumbres cambian y el vértigo y cualquier miedo desaparecen. Hay café, comida, arte y relax. El plato más caro cuesta 13 bolívares fuertes y el servicio es de primera.

El sitio no tiene ventanas, porque no tiene paredes. Es al aire libre, absolutamente integrado con los jardines, cuyas matas tratan de llegar a las sillas. Un techo bien diseñado, que casi no se nota, guarece del sol, de la lluvia y de un viejo reglamento sanitario que prohíbe servir comida a cielo abierto. Un perro, que no asusta a nadie, cuida la entrada. Si hubiera que esperar por una mesa, no hay angustia, no hay coleados.

Se crean distintos ambientes por ligeros desniveles de no más de un escalón que soportan entarimados de madera barnizada, y los comensales pueden elegir entre mesas y sillas clásicas o grandes sillones de mimbre y almohadones para estirarse a sus anchas. Los bigbags o puffs están disponibles para los más atléticos.

La acústica es inmejorable, pues la ausencia de paredes y los desniveles de madera la facilitan. No hay bulla y recuerdo haber escuchado una música venezolana a un volumen realmente humano, que permite disfrutarla, pero también escuchar los susurros de amor del o de la acompañante.

Entusiasmo versus lucro

El impulso del lucro no está presente en este local.

Cierta vez, un amigo portugués me confesó que en su panadería colocaba la música muy alta, porque cuanto más alta, más vendía. “Científico y comprobado”, me dijo antes de relatar: “Durante un mes, un día sí un día no, cuando pongo música alta, la caja se llena más rápido”.

“Pero si tú quieres te la bajo. A mí también me molesta”, terminó. Y la bajó.

A diferencia de esa panadería, el Café Venezuela está impulsado por el entusiasmo de los jóvenes que lo manejan y no por el “despiadado capitalismo”. La propiedad es del Ministerio del Poder Popular para el Comercio y sigue aquella idea de las areperas que tanto le criticó la oposición al “despiadado” ministro Eduardo Samán.

Quiénes vienen y cuánto pagan

Parejas y parejitas. Familias de tres “más el novio”. Mamá sola con su niñita de ojos enormes, buscando papá. El papá (74) y el hijo (44). Parejas en reconciliación y la pequeña gran familia de dos más el recién llegado. Participantes de un curso de Guías de la Ciudad raquetean carteras y bolsillos para juntar y pedir alguna de las delicias. La tarea no es difícil, porque con conseguir tres bolívares fuertes se puede llamar a Juan Fernández, el más joven de los mesoneros. Entre ellos se aconsejan: “ ¡Los jugos valen tres! ”, “ ¡Los deditos de queso valen siete cincuenta! ”.

Por fin fue papa rellena por cinco. Y para completar un arroz con pollo por BsF 13

Acercándose al fuego

El chef es Henry González, graduado en el Inces hace tiempo (pero no tanto por lo joven), quien comparte responsabilidades con la primera cocinera, Ana Albornet, de papá francés “que sabía pedir” lo que su mamá (y ella desde los 15 años) cocinaban. Orgullosa, “siempre trabajó en las cocinas” y sus preferencias –aprendidas en el camino– son la cocina criolla, la española y la portuguesa. (El señor Albornet no dejó tradición). Teoría del Inces y práctica de Albornet se combinan para resultados deliciosos.

Para llegar

Un “tranvía” sin rieles ni cable espera a nivel de la calle y cada 15 minutos llega, en 5 minutos, al Café Venezuela. También, a dos cuadras de la estación Capitolio del Metro, pasando el liceo Fermín Toro, está el acceso por las clásicas escalinatas del parque Ezequiel Zamora, antes llamado El Calvario, cruzando la calle desde Miraflores.

Detallitos

El Café Venezuela está abierto todos los días menos lunes y martes, de 10am a 7 pm. Viernes y sábado hasta las 10 pm. El fin de semana hay arte, baile, cine. No todo es color de rosa. El Café Venezuela necesita ayuda con algunas cosas como, por ejemplo, una línea de teléfono para conformar los cheques, una nueva aducción de agua. Entre los usuarios abundan los elogios tras la experiencia. Algunos se permiten solicitar que el tranvía pase más seguido. Y si es sin parar mucho mejor.

Jorge Solé/Especial Ciudad CCS

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